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10 Características generales de la psicopatología infantil y de la adolescencia

Los objetivos de la psicopatología son el estudio de los fenómenos psíquicos, el


conocimiento de las organizaciones y dinámicas psicológicas que (están a la base de)
subyacen a las perturbaciones del psiquismo, logrando así un mayor conocimiento de sus
determinantes, evolución y de las consecuencias que un trastorno puede originar en el
desarrollo. Para lograr estos propósitos utiliza los diferentes aportes proporcionados por
los enfoques psicoanalítico, conductual, cognitivo y sis- témico. El enfoque sistémico
contribuye en forma relevante al entendimiento de la interacción de los diferentes
sistemas que conforman el entorno en que el individuo se desarrolla. Estos enfoques
proporcionan, generalmente, visiones parciales del desarrollo al privilegiar determinados
aspectos de éste. El hecho de que tanto el desarrollo psíquico normal como el perturbado
sea multide- terminado y que la personalidad resultante sea de gran complejidad, motiva
al psiquiatra infanto-ju- venil a buscar integraciones entre estos diferentes enfoques, para
lograr una mejor comprensión del desarrollo y sus desviaciones. También han sido muy
importantes en el desarrollo y progreso de la psicopatología los aportes procedentes de la
psiquiatría, neurociencias, neurodesarrollo, genética, sociología, antropología cultural y
epidemiología.
La psicopatología consta de un elemento descriptivo (fenómeno) y un elemento dinámico
(interacción entre los diferentes componentes de la organización psicológica). La
psicopatología del niño y del adolescente se preocupa tanto del estudio transversal de la
manifestación psiquiátrica (enfoque sincrónico), como del estudio longitudinal de los
cambios que éste experimenta con el desarrollo (enfoque diacrónico).
En el proceso de determinar la normalidad o anormalidad psicológica infanto-juvenil, es
necesario utilizar, además de los criterios habituales de normalidad (estadístico, de
aprobación social, axiológico), el criterio de normalidad del desarrollo. Este último criterio
constituye la temática de la psicología evolutiva, la que describe las características de
normalidad para cada etapa de la vida. La psicología evolutiva permite conocer cuándo la
visión de sí mismo y la imagen del mundo, corresponden a la esperada para la edad, lo
que implica cierta calidad de la percepción, de la simbolización, del pensamiento, de las
formas de integración afectiva y de las relaciones interpersonales, entre otras áreas. Para
precisar la existencia de la anormalidad psicológica es necesario comprender de qué
modo el proceso del desarrollo se aparta de lo esperado para la edad cronológica.
Características de la psicopatoiogía del desarrollo
La psicopatología del niño y del adolescente comparte con la psicología del mismo
período etario, el interés por el estudio del desarrollo psíquico y el hecho de ser ambas
genéticas, evolutivas y dialécticas.
La afirmación que la psicopatología es genética, señala que ésta se preocupa de los
orígenes de las alteraciones del desarrollo psíquico que ocurren al perturbarse, ya sea los
aspectos genético- disposicionales y/o los ambientales o la interacción entre ambos. Es
evolutiva porque describe los cambios que experimenta la patología por la acción del
desarrollo, ya sea que ésta se supere espontáneamente -lo que puede ocurrir con las
perturbaciones de la maduración-, se atenúe por efectos del tratamiento -como ocurre con
los trastornos específicos del lenguaje y del aprendizaje-, o persista y se complejice -lo
que sucede en los trastornos graves de la conducta social y trastornos del desarrollo de la
personalidad, entre otros-. Es dialéctica, porque se refiere a la interacción recíproca entre
el individuo y el ambiente que permite que surjan manifestaciones psicopatológicas y que
éstas a su vez se vayan modificando en el transcurso del desarrollo, pudiendo ser
superadas, mantenidas o acrecentadas, o que el desarrollo sufra regresiones, inhibiciones
o desviaciones significativas.
Las manifestaciones clínicas del desarrollo psíquico anormal indican la coexistencia de
áreas de funcionamiento perturbado que definen la patología y áreas de funcionamiento
normal que facilitan la adaptación.
En la práctica psiquiátrica, la correcta delimitación de un trastorno, el diseño de una
estrategia de intervención eficaz y la apreciación pronostica de la evolución de éstos, es
facilitada por el análisis psicopatológico de los síntomas que los conforman, de la
organización del desarrollo y de las secuencias de las interacciones interpersonales
recurrentes con los otros, las que pueden resultar originadoras, atenuantes,
mantenedoras o agravantes de estos trastornos. Una manifestación depresiya (tristeza,
desgano u otras) puede tener distintos significados. Puede ser la expresión de una crisis
normal en un adolescente, en relación a pérdidas de imágenes idealizadas de la infancia
al confrontarlas con las nuevas formas de percibir la realidad. También puede ser la
expresión de una situación de duelo normal o patológico originada por la pérdida actual o
lejana de una relación significativa (ruptura sentimental, muerte de un familiar); o ser la
expresión de un trastorno de adaptación con sintomatología depresiva, o ser la expresión
de una depresión mayor o de una distimia depresiva. Cada una de estas patologías tiene
una estrategia de intervención y un pronóstico distinto.
Consideraciones etiopatogénicas: factores protectores y de riesgo de la salud
mental
La salud mental y la psicopatología resultan de la interacción recíproca entre los factores
protectores y de riesgo a que está expuesto el individuo en su desarrollo. La salud mental
ocurre cuando predominan los factores protectores sobre los de riesgo, y la resiliencia
individual permite que el equilibrio se mantenga. Por el contrario, cuando predominan los
factores de vulnerabilidad o de riesgo y se produce un desequilibrio que la resiliencia
personal no puede compensar, se manifiesta la psicopatología.
Los factores de riesgo pueden ser predisponentes (vulnerabilidad biológica), precipitantes
(experiencias
de vida), mantenedores y agravantes (representados principalmente por las respuestas
familiares, escolares o sociales a las manifestaciones clínicas del individuo), o
determinantes, se refieren al protagonismo del sujeto al no asumir o no adaptarse a las
situaciones perturbadoras.
Las diferentes manifestaciones psiquiátricas, tanto en el niño como en el adolescente,
resultan del predominio en la interacción de factores de vulnerabilidad biológica,
psicológica y sociocultu- ral, los que pueden actuar como predisponentes, facilitadores,
precipitantes y determinantes. En algunos casos pueden actuar como agentes
protectores, que contribuyen a atenuar o inhibir el impacto de los anteriores (Figura 10-1).
Dentro de los factores psicopatogénicos de origen biológico, señalaremos las anomalías
genéticas causadas por un gen o combinación de genes, trastorno cromosómico o
herencia multifactorial, que pueden provocar en el niño trastornos cog- nitivos y
conductuales. Las influencias biológicas no genéticas se refieren a efectos congénitos,
trastornos adquiridos que pueden ocasionar daño orgánico cerebral. El temperamento
tiene una base biológica y puede ser un factor protector o perturbador en el desarrollo.
Entre los factores psicológicos destaca la potencialidad psicopatógena de experiencias
vitales normales: como ingreso al colegio, nacimiento de un hermano o experiencias más
perturbadoras, como la muerte de uno o ambos padres, separación parental, enfermedad
crónica de un miembro de la familia, el maltrato infantil, la institu- cionalización y las
psicopatologías parentales: alcoholismo, depresión, esquizofrenia y otras). El desarrollo
psicológico sano es favorecido por un sistema familiar funcional que estimule, en forma
adecuada, el desarrollo cognitivo y socioafectivo.
De los factores socioculturales psicopatogénicos destaca la pobreza, el bajo nivel
sociocultural de los padres, la marginalidad y el aislamiento social, las violaciones a los
derechos humanos y la discriminación social. A la inversa, la presencia de fuentes de
trabajo, de leyes sociales y de instituciones que se preocupen por la salud y bienestar de
los ciudadanos es un factor protector del desarrollo.
Estos factores interactúan de diferentes modos en las distintas personas, por lo que,
frente a las mismas situaciones, los sujetos pueden desarrollar distintas manifestaciones
sintomáticas y viceversa. Así por ejemplo, en una familia, el duelo por la pérdida de un
padre puede expresarse en un niño por ansiedad de separación, en otro por encopresis, o
por trastorno de conducta u otras manifestaciones. En un niño, los síntomas depresivos
pueden ser desencadenados por duelo, disregulaciones biológicas, dificultades del
rendimiento escolar, abuso sexual y cambios de ciudad o de colegio, entre otros.
Los factores psicopatógenos pueden ser de mayor o menor duración e intensidad, y la
reacción del menor estará en estrecha relación con estas características. En general,
mientras más intensos, contingentes y transitorios sean, la respuesta tenderá a ser más
llamativa y notoria, en tanto que si son menos intensos, pero más durables la respuesta
será menos llamativa pero más persistente, afectándose los aspectos relaciónales y el
desarrollo psíquico del niño.
La vulnerabilidad del niño frente a los factores psicopatógenos varía en los diferentes
momentos del desarrollo, de modo que, dependiendo de la etapa evolutiva en que se
encuentre el menor, un mismo estimulo psicopatógeno puede desencadenar diversas
reacciones que varían en intensidad, duración y profundidad. Por ejemplo, los trastornos
de la vinculación afectiva durante la primera
infancia tienen un impacto más profundo y duradero en el desarrollo que cuando ocurren
durante la segunda infancia.
El impacto de los agentes psicopatógenos en el desarrollo del menor también está influido
por la interacción con los factores protectores presentes en un momento dado. Si
predomina la acción de los factores psicopatógenos sobre los protectores, se altera el
desarrollo y surgen las manifestaciones sintomáticas (Tabla 10-1).
Tabla 10-1. Salud mental y psicopalogía
Factores personales Factores protectores Factores de riesgo
Constitución Procesos regulatorios Trastorno regulatorios:
normales Hiporreactivos
Hiperreactivos
Temperamento Fácil adaptación Dificil adaptación
Expresión emocional Satisfactoria Restringida, cohibida
Visión de mundo Optimista Pesimista
Realista Nihilista
Relaciones interpersonales Satisfactorias Insatisfactorias
Límites Definido y respetados Indefinidos, invasivos
Antecedentes mórbidos No relevantes Retardo mental
Trastorno orgánico-cerebral
Trastorno del desarrollo
Enfermedades crónicas
(diabetes, insuficiencia
renal, neoplasia)
Experiencia de vida Integradas Disociadas
Normativas Traumáticas