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Espacio y Sociedad

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Espacio urbano y homosexualidad:


El ejemplo del Marais, “el gueto gay de Paris”. *

Michel Sibalis

Introducción

Durante las últimas décadas, los “guetos gays” han aparecido en muchas grandes
ciudades en Norteamérica y Europa occidental. La palabra gueto se origina en la
Venecia del siglo XVI, e inicialmente se refería a un área de la ciudad donde las
autoridades locales forzaron a residir a los judíos. Los sociólogos americanos de la
Escuela de Chicago, se apropiaron de la palabra en 1920 para designar a los distritos
urbanos habitados predominantemente por minorías raciales, étnicas o sociales, ya sea
por compulsión o por elección. En 1970, los sociólogos aplicaron el término “gay gueto”
para hacer referencia a barrios caracterizados por la presencia de instituciones gays
(bares, librerías, restaurantes y tiendas de ropa), una eminente y dominante sub-
cultura gay que esta socialmente aislada de la comunidad en general, y una población
residente que es sustancialmente gay (Levine, 1979, p. 364), tales como West Hollywood
en los Ángeles y el West Villaje parte de Greenwich Village en New York.

El clásico (y más estudiado) gueto gay es el ya conocido de San Francisco. Una


comunidad homosexual que apareció en la ciudad entre los años 1920 y 1930, más
notablemente dentro de la atmósfera bohemia de North Beach. A principios de los
años 60, los hombres gays comenzaron a mudarse al bario Eureka valley, un barrio de
clase media irlandesa católica, cuyos habitantes lo abandonaron, por estar en el centro
de la ciudad, para ubicarse en los suburbios. Los hombres gays renovaron las
dilapidadas (y sin embargo aún lujosas) casas victorianas, abrieron nuevos negocios,
entre los que se incluían bares gays, y crearon un barrio visiblemente gay (más tarde
denominado “el castro” por Castro Street), que el sociólogo urbano Manuel Castells ha
descrito como ”no solamente un espacio residencial, sino también como un espacio de
interacción social, para actividades comerciales de todo tipo, para ocio y placer, para
festejos y política” (Castells y Murphy, 1982, p. 246; Castells, 1983, pp. 138- 170; Duggins,
2002; Stryker 2002.). El patrón de San Francisco, en apariencia, ha sido replicado (con
variaciones) en varias partes, llevando a la formación de guetos gay en muchas otras
grandes ciudades norteamericanas, tales como Bay Villaje en Boston (Pattison 1983), el
barrio Marigny in New Orleans (Knopp, 1990) y Cabbage Town en Toronto
(Bouthillette, 1994). Tras la construcción de sus propios enclaves urbanos, los hombres
gays se han convertido en “figuras relevantes” del “renacimiento urbano” – que
implicaba el redesarrollo y la gentrificación del centro de la ciudad- (Lauria y Knopp,
1985). Un barrio atractivo y centralmente localizado, pero en mal estado, es preparado

*
Publicado originalmente Sibalis, M. (2003) Urban Space and Homosexuality: the
Example of the Marais, París Gay Ghetto. Urban Studies (41: 9) 1739-1758]. Traducción
Nahuel Contreras.

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para la gentrificación, en la cual los gays no solamente han respondido a los incentivos
económicos (bajas rentas y buenos precios inmobiliarios), sino también, han buscado
crear un territorio, en el que poder habitar y controlar, y donde se puedan sentir en
casa dentro de una comunidad independiente apartada del mundo que los percibe de
manera indiferente e incluso hostiles. Su presencia anima la apertura de bares y otros
negocios que atraen a la clientela gay. Un gueto gay los provee de una base territorial
para el desarrollo de un movimiento gay, el cual puede convertirse en una fuerza
dentro de las políticas municipales.

Gran Bretaña, también tiene sus guetos gays, sin embargo, enclaves residenciales, han
aparecido más lentamente que en Norteamerica. En Londres, “The gay villaje” de Soho
y especialmente Old Compton Street (“las 100 calles más gays en gran Bretaña”), son
un barrio comercial y no residencial respectivamente (Binnie, 1995, p. 194- 198). La
escena gay de Newcastle's es “predominantemente no residencial en el centro de la
ciudad, a excepción de un gran número de apartamentos compartidos en Waterloo
Street, de los cuales muchos residentes son gays” (Lewis, 1994 p. 90). El “gay villaje” de
Manchester, está ubicado sobre Bloom Street y Canal Street y son reconocidas como
las más grandes en Bretaña además de las ubicadas en Londres, compuestas de bares,
clubes, negocios y centros comunitarios que sirven a la población gay de la ciudad,
pero otra vez es primariamente una escena social más que un distrito residencial, sin
embargo, muchos hombres solteros, han empezado a mudarse hacia el centro de la
ciudad en los 90' (Hindle, 1994, pp. 17- 22; Quilley, 1997).

Francia solo ha tenido un gueto gay en el distrito histórico de Marais en el centro de


París. Este artículo, es un estudio de caso de Marais. No sólo busca arrojar luces sobre
las similitudes por las cuales los guetos gay tienden a aparecer en todas partes, si no
también, examina esas características que hacen única a la experiencia francesa. El
Marais gay comparte ciertas características de las gay villaje británicas, las cuales son
primordialmente comerciales, y el gueto gay norteamericano, los cuales son
comerciales y residenciales. Como sus contrapartes británicas y americanas, el Marais
ha sido largamente un producto de fuerzas económicas impersonales (el mercado de
bienes raíces) y cambios sociales contemporáneos (la aparición de una importante
población gay urbana con su propia sub- cultura distintiva). Sin embargo, también hay
notables diferencias. El gueto gay de París es resultado de largas decisiones políticas
motivadas por pocos hombres de negocios que intencionalmente se establecieron a
finales de los 70' para promover un estilo de vida abiertamente gay en Francia. Otra
diferencia clave es la reacción hostil provocada por el gueto en Francia. Mientras el
desarrollo urbano de enclaves gays ha traído algún grado de tensiones políticas y
sociales en sus inicios, solo en Francia, donde el discurso político dominante rechaza el
multiculturalismo y los derechos de las minorías a favor de “lo universal”, valores
presumiblemente compartidos por todos los ciudadanos, hace que la existencia de un
gay gueto sea percibida como una amenaza a las propias bases de la solidaridad
nacional lo que lo convierte en un problema de relevancia ideológica significante.

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Este artículo comienza con una descripción del carácter histórico específico del
distrito de Marais, y cómo éste ha sido modificado por el desarrollo urbano y los
cambios económicos a través de varios siglos. La Gentrificación y la proliferación de
sitios gays, constituyen solamente la más reciente fase de la muy larga historia de este
barrio. Después de examinar la relación entre hombres homosexuales y el espacio
parisino durante el siglo XX, el artículo indaga los factores económicos y sociales que
permitieron el desarrollo de Marais como un gueto gay en los años 80' y 90', y más
notablemente los motivos y el papel de ciertos hombres de negocios gays que
financiaron dicha transformación. El artículo entonces muestra la relación entre el
gueto gay (territorialidad) y el nuevo sentido de identidad en la emergente comunidad
gay francesa. Finaliza con un detallado resumen de las disputas que se han suscitado
alrededor de la existencia de Marais y la “guetizacion” de la vida homosexual que
supuestamente representa, asunto que han hecho de Marais el blanco de virulentas
críticas fuera y dentro de la comunidad gay.

El Marais:
El Marais, situado en el centro de parís sobre el flanco izquierdo del río Sena, es el
distrito más viejo de la ciudad que ha sobrevivido a través de los siglos, relativamente
intacto. (Chatelain, 1967) Marais significa “marismas” y ciertamente gran parte de
Marais fue un pantano hasta que fue drenado en el siglo VIII, pero en tiempos
medievales, la palabra también hacía referencia a la tierra utilizada para el cultivo de
vegetales; la prevalencia de esta actividad en el área explica de mejor manera su
nombre. El Marais ocupa dos de los veinte arrondissements (distritos administrativos),
en compañía de gran parte del tercer arrondissement (casi todo excepto las partes al
oeste de la Rue Beaubourg o el norte de la Rue de turbigo) y cerca de la mitad del cuarto
arrondissement (excluyendo lo que se encuentra al oeste de la Rue Du Renard, el sur del
banco derecho del río Sena, al este del Boulevar Enrique IV). La muralla fortificada del
rey Felipe Augusto (construida entre 1190 y 1215), tomó solamente la parte sur de este
área, y órdenes religiosas construyeron conventos y monasterios en los campos
aledaños a ésta. Además el desarrollo urbano seguido tras la construcción de un nuevo
muro por Carlos V, en la mitad del siglo XIV, ubicó por completo a Marais dentro de
los límites de la ciudad. En la primera década del siglo XVII, Enrique IV, decidió
reformar el Marais como un lujoso distrito residencial. En su apogeo, en la mitad del
siglo XVII, el Marais estaba invadido por numerosos palacios y mansiones habitadas
por ricos aristócratas, altos oficiales del estado y financistas (Babelon, 1997; Faure, 1997,
pp. 7- 51; Gady, 2002, pp. 9- 21). El resultado fue un relativamente homogéneo paisaje
urbano en lo concerniente tanto a época y estilo. Las mansiones de la aristocracia
fueron colocadas aparte de los edificios de sus subalternos – el ensamble completo, es
un ejemplo apropiado de la configuración del modo de vida del siglo XVII (Kain, 1981,
p. 209).

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La elite social comenzó a abandonar el Marais luego de que Luis XIV trasladó la corte
real a Versalles en 1680. El proceso continuó rápidamente en los siglos XVIII y XIX,
cuando los aristócratas prefirieron vivir en los nuevos distritos al oeste de parís: el
Faubourg Saint-Germain sobre el lado izquierdo del Sena y el Faubour Saint- Honore
sobre el derecho (Le Moel, 1997). Su partida “dejo campo abierto para una nueva
ocupación social del espacio” por tenderos, artesanos y trabajadores. (Prigent, 1980, p.
19). Hacia finales del siglo XIX, la instalación de pequeñas industrias y comercios en el
Marais y la subdivisión de sus mansiones en apartamentos, transformó la mayoría del
Marais aristocrático en un barrio bajo sobrepoblado y venido a menos. En 1965, el
Marais seguía siendo la residencia de cerca de 7000 negocios (especialmente
manufacturas y ventas al por mayor, en joyerías, óptica, cuero y vestimenta)
empleando 4000 personas (Kain, 1981, p. 239). En 1975, solo el 17,3% de todas las casas
parisinas fueron construidas antes de 1871, pero en el Marais lo estaba el 65.1%; es decir
uno de cada cinco apartamentos parisinos habían sido construido desde 1948, pero
solo uno de cada 20 había sido construido desde esta fecha en el Marais (Prigent, 1980,
pag 32). Por lo tanto, era inevitable que el Marais con su belleza arquitectónica, su
ambiente tranquilo y su relativa locación central algún día regresaría a su status
original como un distrito de moda y riqueza (Emenson, 1979, pag. 320).

Esto resultó gracias a la ley Malraux del 4 de agosto de 1962 (Stungo 1972). Esta fue “una
de las más importantes e influyentes piezas de legislación sobre la conservación en
Europa”, la cual “declinó un” gran diseño “ por el renacimiento de los distritos
históricos de las ciudades francesas” (Kain, 1981, p. 200). La meta no era preservar
solamente edificios individuales y monumentos, si no una zona urbana completa, para
mantener el carácter tradicional del barrio, al mismo tiempo que se modernizaban las
condiciones de vida de estos. En 1964/65, la Ciudad de París, con el apoyo del gobierno
nacional, designó 126 hectáreas de el Marais como un sector de “protegido” para la
preservación y renovación ( Kain, 1981, pag 200).

La gentrificacion entonces, comenzó en 1960 y despego rápidamente hacia finales de


los 70 y principios de los 80. De hecho, el Marais tiene la tasa más alta de gentrificación
de cualquier barrio de la capital durante el periodo 1975 a 1982 (Winchester y White,
1988, p. 47). La población disminuyó aceleradamente (en 1950) cuando la clase
trabajadora emigró a otros sectores de la ciudad, entonces la clase media y el
trabajador de “cuello blanco”, se mudaron al Marais. El Marais perdió cerca del 40% de
sus habitantes, entre los años 1970s. y finales del siglo XX, como es indicado por todas
las gráficas de población del tercer y cuarto arrondissement 1968: 110281; 1975: 82172;
1990: 68903; 1999: 65979 (Le Clere, 1985, pag 649; INSEE, 2000, pp. 75/3). El sector
protegido tiene ahora cerca de la mitad de su población

Los gobiernos nacionales municipales, promovieron la transformación de Marais a


través de la renovación de muchos edificios públicos en el sector y condonando las
deudas de aquellos dueños que mejoraran sus propiedades. Inversiones de

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desarrolladores inmobiliarios, compañías comerciales y ciudadanos individuales,


también jugaron un papel importante (Kain 1981, p. 214; Carpenter y Less, 1995). Lo que
fue una vez un “área sobrepoblada y de pobreza urbana” se convirtió en “un paisaje
gentrificado para el consumo” en el cual por otra parte, “consumismo… es asociado
solamente con lo “mejor” o lo que está más de moda” (Noin y White, 1997, pp. 212/213),
un cambio que desalienta a algunas personas nostálgicas por el paisaje colorido de “
trabajadores argelinos en los pequeños hoteles de Rue Du Roi-de Sicile, o judíos que
hablan polaco alrededor de Rue des Rosiers” y “los pequeños talleres que cortaban las
telas para las casas y palacios del siglo XVII” (Cobb, 1985, pag 193). Lo que nadie
anticipo, fue que el “oasis estético reservado para la burguesía”, creado por la
renovación urbana (Prigent, 1980, p. 96) también traería una inundación de hombres
gay e incluso algunas lesbianas al distrito. Pero de hecho, los gays parisinos, como los
gays en cualquier parte del mundo, han tenido su parte en los procesos de
gentrificación, como un empresario recientemente ha recordado con cierta
exageración:
“Yo he visto como en 20 años, los precios inmobiliarios se han multiplicado por
10… yo conocí el Marais cuando todo estaba descuidado y no había ni siquiera
buzones de correo en los edificios, si el distrito ha cambiado, es indudablemente
porque ha habido un esfuerzo municipal, pero también y por encima de todo, por
las inversiones de los gays. El ejemplo parisino se asemeja a los de otras ciudades
capitales: los gays siempre se ocupan de los distritos más deteriorados viejos y al
mismo tiempo los más bonitos” (García 2002, p. 14).

Hombres gays y el espacio urbano en París:


Los hombres gays, han tenido una relación especial con el espacio urbano. En ciudades
donde hay suficiente cantidad de hombres homosexuales, se permite la aparición de
una comunidad independiente con sus propios locales comerciales, organizaciones
políticas y sociales y una subcultura distintiva (Harry y De Vall. 1978, Pp. 134- 154). En
las palabras del sociólogo Henning Bech, “ser homosexual… es… una forma de ser, una
forma de existencia”. Los homosexuales pertenecen a un sinnúmero de mundos
sociales (Bech no identifica los otros) pero todos estos son esencialmente urbanos:
ellos son ampliamente mundos de extraños y no solamente de conocimientos
personales; ellos dependen en parte del flujo no personal y libre de signos e
información, así como también de la combinación de extraños, ya sea por alistamiento
y/o reproducción; ellos ocupan porciones de tiempo-espacio en la ciudad, y necesitan
escenarios urbanos para manifestarse (Bech, 1997, pp. 153- 156).

Se conoce mucho acera de los espacios urbanos usados por los homosexuales parisinos
(generalmente llamados sodomitas o pederastas antes del 1900), desde inicios del 1700,
tanto en espacios públicos (parques, jardines, riberas, muelles y calles) y espacios
interiores (tabernas, bares, clubes y restaurantes). En el siglo XVIII y XIX, estaban
dispersos por toda la ciudad, pero la mayoría se encontraban en su periferia, ya sea

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literalmente en lo físico o figurativamente en los barrios más pobres (Sibalis, 2001) y


estigmatizados. A principios de 1880, no obstante, los locales comerciales provistos
para los homosexuales, fueron agrupados en el distrito Montmartre al norte de Paris,
conocido por ser un espacio bohemio y de actividad sexual ilícita, incluyendo la
prostitución femenina. En los años 1920 y 1930, otros distritos como el Rue De Lappe,
cerca de la bastilla o Montparnasse en el sur, también se convirtieron en una parte
importante de la subcultura homosexual de París. Después de la Segunda Guerra
Mundial, los homosexuales frecuentaban los bares, clubes y cafés del flanco izquierdo
del distrito de Saint-Germain Dess- Press, el centro de la vida intelectual de la
posguerra. En los años 1970, la vida nocturna homosexual, migró del Sena a las calles
entre el Palais-Royal y la Opera y más famosamente a la Rue Saint-Anne. En contraste
con Montmartre y Saint- Germain, este fue un pequeño barrio residencial y de locales
comerciales, casi desierto luego de las jornadas de trabajo, la posibilidad de salir en
relativo secreto, es lo que probablemente atrajo a los clientes gays a sus locales (Sibalis,
1990, pag 26- 41).

La popularidad de Rue Saint-Anne duró algo más de una década. En junio de 1983, un
periodista gay, escribió que la geografía homosexual de la capital había cambiado
dramáticamente. Saint Germain y la Rue Saint-Anne ya no estarán de moda, los
reemplazaran Les Halles y especialmente el Marais (Jaller, 1983, pag 35).

Diversos factores explican el cambio. El primero de todos, era la accesibilidad del


Marais, centralmente localizado y de fácil acceso a través del transporte público. A
unos cuantos metros al este se encuentra Les Halles, el antiguo mercado de París, que
fue trasladado hacia los suburbios en 1969. En los 1970s., Les Halles, bajo un gran
redesarrollo comercial, el cual incluyo la construcción de una estación subterránea
(abierta en diciembre de 1977) para vincularse con el sistema de subterráneos y el RER
(Reseau Express Regional), una red de trenes suburbanos que sirven al 60% de la
población de París (Michel, 1988). La cercanía con la avenida Victoria, que va entre el
ayuntamiento y Chatelet, es también la principal parada de los buses nocturnos que
funcionan entre las 01:30 am a las 5:30 am.
Segundo, el renovado Marais tiene un atractivo estético indudable. En la exagerada

retórica, un poco pomposa, de una reciente guía inglesa de turismo se dice:

“No hay otro área de París que tenga tan fuerte personalidad en términos de su
diversidad (arquitectónica). La misma belleza de sus habitantes puede ser vista
en cada calle, el mismo refinamiento de las piedras, la misma calidez de sus
espacios públicos y en todas partes la misma poética poesía (sic). El Marais…
tiene un espíritu, un alma, una existencia inmaterial, más allá del espejo de la
vida” (Auffray, 2001, pag 8).

El atractivo aumento ocurrió en los 1970s. y 1980s., cuando el Marais se convirtió en un


importante distrito cultural y artístico. El centro Pompidou (un nuevo museo nacional

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de arte contemporáneo), fue abierto en la ribera occidental en 1977 y la apertura o


remodelación de los otros museos y la proliferación de galerías comerciales de arte
pronto le siguieron.

Hay un tercer factor que explica cómo y por qué el Marais se convirtió en el centro de la
vida gay parisina. Los empresarios gays reconocieron que el Marais, con bajas rentas y
precios inmobiliarios era una oportunidad de inversión. En lo que respecta, el Marais
gay como las Gays Villages y guetos en Gran Bretaña y norte América, se desarrollaron
espontáneamente, en respuesta a las condiciones favorables del mercado. Pero los
inversionistas gays en París estaban preocupados, no solo por el balance de sus
finanzas, sino también por crear un nuevo distrito gay de acuerdo a sus convicciones
personales, y no por una evidente oportunidad comercial.

Empresarios y el “Gay Marais”:


Joel Leroux abrió el primer bar gay en Marais, en diciembre de 1978. Un contador
aburrido de su trabajo, Leroux decidió “cambiar de piel”, y compró por una ganga un
pequeño café sobre La Rue Due Platre, que renombro Le Village por Greenwich Village
en New York, reabriéndolo como un bar gay. Le Village, fue algo nuevo para París.
Donde la mayoría de locales gays, solo abrían entrada la tarde y durante la noche,
incluso en horas de la madrugada hasta las 2:00 am. Le Village, abría directamente
sobre la calle, como cualquier otro café en la ciudad, y cobraba precios regulares por
café y cerveza. Los bares y clubes gays, usualmente eran protegidos con puertas
cerradas custodiadas por guardias; los clientes solicitaban derecho de admisión,
también abonaban un cargo extra y precios exagerados por el privilegio de entrar y
consumir. “empezando por el principio, que nosotros (gays) no tenemos nada que
ocultar”, Leroux, explica, “yo quería que las personas que estuvieran dentro, fueran
capaces de ver que lo que sucedía afuera y viceversa” (Le Parisien, 2001). Su bar fue un
éxito inmediato y tuvo que hacer dobles turnos en menos de un año: “había una
clientela de los clubes de Saint-Germain mezclada con otra clientela que salía con
menos frecuencia y clientes heterosexuales que regresaban al bar” (Le Parisien, 2001).
En 1980, Leroux vendió Le Village que aun sobrevive bajo otro nombre, y abrió un bar
gay más amplio, “Le Duplex”, cerca a la Rue Michel-Le Comte, del que es actualmente
propietario (Jallier, 1983, p. 36).

Maurice McGrath, un marinero retirado de la marina real y dueño de una agencia de


viajes parisina, noto que “el bar Le Village, comenzó a mejorar y el Marais se estaba
convirtiendo en la versión francesa del Greenwich Village” (Le Douce, 1983, p. 40),
dispuesto a embarcarse en una nueva aventura de negocios, como el mismo explica:
“yo descubrí en el Marais, una gran cantidad de establecimientos que habían estado a
la venta por mucho tiempo. Estos cafés ya no eran frecuentados, porque estaban mal
situados, y la población del distrito estaba cambiando” (Roland- Henry, 1983). El señor
McGrath y otros asociados, abrieron un bar en la Rue due Perche, en noviembre de

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1979, pero en septiembre de 1980, el se separó y abrió uno propio, bajo el nombre de
“Bar Central”, en la intersección de Rue de la Bretonnerie (Le Douce, 1983). Como
Leroux, McGrath creía que “era necesario cambiar la escena gay en Francia… la idea de
un bar abierto durante el día, había sido iniciada con The Village y yo aproveché la
oportunidad… una de las metas que me impuse tras la apertura de Le Central, era
hacer la vida homosexual parte de la vida diaria” (Roland Henry, 1983): “Mi ambición
entonces era hacer de la homosexualidad un lugar común, hacerla visible a pleno día”
(Chayet, 1996).

Para hombres como Leroux y McGrath, abrir un local gay en el Marais, fue
evidentemente una decisión de negocios y una declaración política. Sus bares
personificaron un nuevo tipo de cultura gay, basado en la escena contemporánea
americana: militante y afirmativa; los días de la clandestinidad y la vergüenza
internalizada, estaban definitivamente acabados, pero la militancia, no termina en un
sentido sagaz para los negocios ni en un ojo para la oportunidad financiera. Como un
periodista lo menciono:
“Tras la creación de establecimientos manejados por y para ellos mismos, gays…
han agrupado en el mismo sector, actividades interdependientes, por razones
prácticas, sin desconocer los motivos propios que hacen parte de un negocio: han
puesto juntos en el mismo lugar oferta y demanda (Madesclaire, 1995, p. 48).

Bernand Bousset, es hoy uno de los más exitosos de estos empresarios gays que
construyeron el Gay Marais, negocio tras negocio. Comenzó su carrera administrativa
en Saint-Tropez, en los años 1960s. y eventualmente adquirió un sauna gay en Paris, el
IDM, en el noveno arrondissement En abril de 1987, abrió Le Quetzal, un bar gay sobre la
Rue de la Verrerie en el Marais, y pronto adquirió otros negocios en el distrito. En 1990,
fundó el SNEG (Sindicato Nacional de Empresarios Gays) un grupo de empresarios
gays que él lideraría durante la primera década de su existencia (Neuville, 1995).
Gradualmente, más y más bares, cafés, y restaurantes orientados predominantemente
a una clientela gay aparecieron en el Marais (Martel, 1999, pag 171- 173), mientras otros
negocios con propietarios gays o “gays friendly” abrieron para vender libros (Les Mots
a la Bouche, la librería más gay de la ciudad desde 1980, se mudó a el Marais en 1983,
negocios de ropa, muebles, arte, antigüedades, decoración para el hogar y así
sucesivamente. Incluso ha existido una farmacia gay en el Rue du Temple, desde
mediados de los 1990s. Su propietario explica, en palabras que cualquier empresario
gay puede hacer eco, que la Farmacie Du Village usa su ubicación geográfica, en el
corazón de Marais, para apuntar a una clientela gay ganando su confianza y
estableciendo complicidad con sus clientes (Laforgerie, 1997, p. 26).

La presencia de dichos establecimientos, inevitablemente tuvieron repercusiones para


otros establecimientos en el distrito como “la visibilidad gay expresada libremente en
el espacio público, pero también en aquellos negocios vecinos” (Bordet, 2001, p. 136).
Un buen ejemplo de este despliegue ocurre sobre la Rue Desarchives. En 1995, los

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dueños de un tradicional café al 17 de Rue Desarchives, sobre la esquina de la Rue


Sainte Croix de la Bretonneire, preocupados por el declive en sus actividades regulares,
se transformaron para atraer a la nueva clientela gay presente en el vecindario
cambiando su decoración y renombrándolo como el “open bar”, “para mostrar que
somos abiertos a todos: homos, lesbianas, heteros, sin ninguna distinción” (Ulrich,
1996). Bouseet pronto los compró, renovó el lugar y lo renombró como “open café”: en
verano se colmaba y durante algunas tardes la Rue Desarchives parecía haberse
convertido en la terraza del “open café” (Garcia 2002, pag 11). El año 1995, también vio
la apertura del café Cox, al lado del 15 de la Rue Desarchives, debido a la proximidad de
estos dos cafés gays, cuatro locales no gays en la calle (un restaurante chico en el
número 16, una pizzería en el número 12 y dos cafés ordinarios en los números 8 y 18)
pronto se encontraron así mismos recibiendo clientes gays todo el día e incluso a
tempranas horas de la mañana.

El desarrollo del gay marais, coincide con la aburguesamiento de la “economía rosada”


en Francia- el mercado gay de negocios, está destinado a crecer. (Wharton, 1997). Tras
el cambio de siglo, los hombres gay se han convertido en una clientela selectiva” (Revel,
2001) con edad promedio de entre 25 y 40 años, con un poder adquisitivo estimado en
un 30% más alto que un consumidor heterosexual promedio (Corneving, 1996). El
Marais se ha convertido en un “imán” en el que 184 bares “gays friendly” , restaurantes
y tiendas atraen en promedio 2000 clientes al día. Esto genera 1000 trabajos directos y
otros 1500 indirectos, “lo que convierte a los negocios gays como la principal fuente de
empleo de los cuatro arrondissements ” (Garcia, 2002, p. 10). Como lo ha dicho un
reportero en un periódico:
Para el grueso de los dueños de restaurantes, todo flota en sus manos y tratan de
ganar a esta clientela conocida por su alto poder adquisitivo. “ellos compran sin
mirar el precio”, señala Maryse, vendedora de una tienda de muebles en Maison
de Ville (Le Parisienne 2001).

Como la cita anterior indica, a gran mayoría de la clientela gay del Marais son
hombres. Hay presencia de no más de tres o cuatro bares lésbicos en el Marais. Las
mujeres pueden entrar, (no a todos), los bares de los hombres, ellas rara vez se sienten
bienvenidas en estos lugares. A pesar de que los cafés, restaurantes y tiendas, dan la
bienvenida a las mujeres, éstas, no son más que una clara minoría. En general, las
comunidades lésbicas son menos territoriales que las comunidades gays masculinas y
la socialización lésbica, se da mucho más allá de los bares y los clubes, cosa que no
sucede entre los hombres homosexuales (Lockard, 1985; Retter, 1997). Un estudio
publicado 15 años atrás, sugiere que mientras las lesbianas son mayormente aceptadas
entre los residentes del centro de París, “lugares lésbicos” (bares, restaurantes y clubes
nocturnos, pero también centros sociales, cines y tiendas de libros) son menos
geográficamente concentrados que aquellos que son hechos para hombres gays,
(Winchester y White, 1988).

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Incluso, solo teniendo en cuenta a los hombres homosexuales, la expresión Gay Marais
es de alguna manera engañosa. Ante todo, los gays no han tomado el control entero del
Marais. El conjunto de negocios gay, están relativamente ubicados en pocas calles,
principalmente en la esquina sur-oeste de este distrito, lo que equivaldría
aproximadamente a los primeros 200 metros de la Rue Desarchives o los relativamente
cortos 300 metros de la Rue de la Saint de Croux de la Bretonnerie, la cual ha sido
llamada por un periódico “la vidriera gay de París” (Baverel, 1996). Segundo, si bien los
homosexuales van allí a consumir y a socializar, solo una pequeña minoría se ha
mudado al Marais., el gueto es primordialmente comercial (Chaiet, 1996).

Actualmente, observaciones y evidencias documentales, sugieren que muchos


hombres gays de hecho viven en el Marais, pero las altas rentas y los precios
inmobiliarios del centro de París, dificulta para todos el mantenerse allí, pero en
general les va bien. Como resultado, probablemente, haya más hombres gays viviendo
en los distritos aledaños, y de alguna manera más baratos, como el arrondissement 11,
que en el Marais mismo. Más allá de eso, muchos gays prefieren poner distancia entre
el lugar donde viven, y el lugar donde salen a socializar, así homosexuales pueden ser
encontrados en cualquier parte de la ciudad (Bordet, 2001, pag 116). En tercer lugar, el
Marais no es el único escenario gay en París.

El Marais tenía la pretensión de ser Castro Street (en San Francisco) o Cristopher
Street (New York). Esto nunca sucedió por completo… la vida gay está dispersa y varias
décadas han creado lugares de reunión en los cuatro extremos de la ciudad (Vanier,
1991, pag 56).

Para poner algunos de los ejemplos más obvios: Le Palace, el cual abrió en 1978 y se
convirtió en el club gay parisino más famoso de los 1980s., está ubicado en la Rue du
Faubourg Montmartre, bastante lejos de Marais; mientras Le Queen, inaugurado en
1994, el club gay mas exclusivo de los años 1990s., está incluso mucho más lejos, en los
campos elíseos. La Rue Keller, en el arrondissement 11 y a aproximadamente 1500 metros
al este de los bares gays del Marais, ha crecido de manera independiente desde los años
1970, para convertirse en un centro alternativo de los clubes y bares gays; incluso el
centro para gays y lesbianas de la ciudad, se trasladó allí a comienzos de los 1990s.

Emmanuel Redoutey, en el estudio de la introducción geográfica de los espacios gays y


“gays friendly” a través de París, ha usado la imagen de un cono :“como la punta de un
iceberg, la concentración de establecimientos en el distrito el Marais, donde los
autodefinidos homosexuales ejercen un tipo de supremacía sobre negocios y sobre la
vida de muchas de sus calles, las cuales también son atesoradas por turistas, permiten
que juegue un rol central en la vida gay” (Redoutey, 2002, pag 60).

En recientes estimaciones, el 40% de locales gay o “gay friendly”, están localizados en


los arrondissements 3 y 4. Alrededor de 40 establecimientos “ocupan una zona amplia en
el corazón de París” éstos son los arrondissements cercanos a el Marais. Estos lugares,

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usualmente menos obvios para los transeúntes, que aquellos localizados en Marais,
son principalmente saunas y “sex bars” con cuartos oscuros, donde los clientes pueden
tener relaciones sexuales. (También hay algunos clubes nocturnos y discotecas en estas
zonas, que Emanuel Redoutey olvida mencionar). Finalmente la amplia base del cono
comprende espacios al aire libre (baños públicos, calles, muelles sobre el Sena y sus
canales y parques públicos) que hombres homosexuales usan para conocerse y tener
anónimas y semi-públicas relaciones sexuales. Esta gran base cubre la ciudad
completa, así como también los parques con abundante forestación en las afueras de la
ciudad: “los chicos de Bolonia”, al Oeste, y los chicos de Vincennes al Este. Para
Redoutey, el Marais, muestra una homosexualidad socialmente “aceptable” en
contraste con “una homosexualidad oculta y dispersa en saunas, sex clubs y espacios
exteriores de encuentros, los cuales ocupan las esquinas oscuras de la ciudad”
(Redoutey, 2002, pag 63). Pero es en el Marais, precisamente, porque es más visible y
más aceptable, en donde el público centrará su atención, representa el estilo de vida
gay dentro de un mundo heterosexual, y a su vez sirve como la base territorial para la
construcción de una comunidad gay.

El Marais y el nacimiento de una comunidad


El Marais se ha convertido en un espacio gay claramente delimitado en el corazón de
París, donde los hombres gays y las lesbianas pueden pasear agarrados de las manos e
incluso besarse en la calle sin vergüenza o sin riesgo de ser hostigados. En la
complicada jerga de un geógrafo, tales demostraciones públicas de afecto constituyen
una apropiación y territorialización (de un distrito) por una clientela gay, quienes con
su comportamiento en la calle y establecimientos confrontan el carácter hétero-
céntrico de los espacios públicos dándole así a el Marais una territorialidad evidente
(Bordet, 2001, p. 119).

El homosexual promedio lo explicaría de manera más simple. De acuerdo a un hombre


ga,: “Uno se siente más en familia aquí (en el Marais) más que en cualquier otra parte
de París. Probablemente eso sea lo que nosotros entendemos por comunidad” (Darne,
1995).Y para otro, quien recientemente se mudo desde Lille a París, el Marais
representa la bofetada financiera de la comunidad:
“Yo estaba encantado por ver que les pédés (“maricas” o “maricones”) tuvieran
dinero y pudieran abrir peluquerías o salones de belleza. Estaba agradecido de
pertenecer a algo organizado, algo que representa cierto poder económico”.
(Laforgerie, 1998, p.20).

Su entusiasta apreciación sobre el gueto es una actitud relativamente reciente e


incluso hoy en día no es compartida por todos los gays y lesbianas. Hacia 1964, la
revista mensual Arcadie, perteneciente a la asociación política conservadora francesa,
el Club de Literatura y de Ciencia de Países Latinos; aconsejó a los homosexuales
franceses acerca de copiar lo que estaba pasando en EE.UU al crear un pequeño

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mundo artificial, cerrado y sofocante, donde todo fuera homosexual: no solo los bares,
restaurantes y los cines, sino también las casas, las calles (en New York varias calles
están habitadas casi en su totalidad por homosexuales), los barrios… Un mundo donde
se podría vivir una vida entera sin ver nada más que homosexuales, sin saber otra cosa
que la homosexualidad. En Europa esto son llamados guetos… Repudiamos esta falsa,
dañina y grotesca concepción de la homosexualidad. (Daniel. 1964, p.387).

Militantes gays radicales de los años 1970s., tienen en común con aquellos referentes
homófilos, pero, ellos también denuncian los guetos gays, en tanto el “gueto
comercial”, representados en los bares de Saint Germain o los ubicados en la Rue Saint
Anne; y el “gueto salvaje” constituido por los parques, jardines y baños públicos donde
hombres homosexuales salen al encuentro por una aventura sexual (Martel, 1999, p. 77).

Los radicales creían que los guetos animaban una identidad homosexual separatista (J.
Girard, 1981, pp 132- 133), estos, deseaban que los homosexuales participen en la
transformación revolucionaria de la sociedad en su totalidad: “En vez de cerrar a todo
el mundo en su propio espacio, necesitamos cambiar el mundo, para así encontrarnos
a nosotros mismos todos juntos” (Boyer, 1979/80, p. 74).

Algunos gays radicales, sin embargo, eventualmente cambiaron su pensamiento y


reconocieron el potencial político del gueto gay. Guy Hocquenghem, (1946- 88), el
emblemático activista radical de los años 1970, dijo en una entrevista a un medio
americano en 1980: “nosotros no tenemos una comunidad gay en Francia, esto quiere
decir, que tenemos un movimiento gay- con varias organizaciones trabajando
activamente por los derechos políticos, como se hace en todos los países occidentales-
pero la gente no se siente parte de la comunidad, ni tampoco existe un cierto grupo de
personas viviendo en ciertas partes de la ciudad, como si sucede por ejemplo en New
York o San Francisco. Esta es la diferencia más importante, y el aspecto más
significante de la vida gay en EE.UU: no solamente poseen un movimiento, sino
también un sentido de “comunidad” -incluso si esta toma la forma de gueto- que es su
base” (Blasus, 1980, p. 36).

La relación evocada por Hocquenghem- enlazando territorio, identidad colectiva y


activismo político- es muy compleja. El militante veterano Jean Le Bitoux, por ejemplo
ha sostenido que la comunidad gay apareció primero y luego apareció el gay Marais: "la
comunidad homosexual que exitosamente estaba apareciendo… quería completar su
surgir social en los 80 con un espacio “para expresar una identidad” (un espacio
identitario). Una nueva comunidad necesitaba un nuevo anclaje geográfico”. (Le
Bitoux. 1947, p. 49).

Otros análisis invierten aquella ecuación, es decir, insisten en que el Marais creó una
comunidad gay y no a la inversa. Por ejemplo, Yves Roussel, ha notado que no importa
cuál sea el campo político, los activistas homosexuales de los años 1950s. al 1970s.,
rechazaron la formación de una comunidad gay distintiva (los más conservadores

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defendían la asimilación dentro de la sociedad, mientras los radicales buscaban


recomponerla), hacia los 1990s., una nueva generación abrazaba las “identidades
políticas”:“muchos son los hombres y mujeres que se ven a sí mismos como
pertenecientes a un grupo minoritario, el cual es víctima de un proceso de exclusión;
este sentimiento de exclusión ha sido combinado con un intenso deseo por constituir y
estructurar una comunidad homosexual” (Roussel, 1995, p. 85). Se ha atribuido este
cambio a diversos factores, incluida la necesidad de movilizarse en contra de la
“epidemia del SIDA” , pero un factor que ha sido particularmente determinante es “el
nacimiento de un vasto ensamble de emprendimientos comerciales gay, que han
permitido la formación de una comunidad de consumidores homosexuales con un
característico estilo de vida” (Roussel, 1995, 107). Jan-Willem Duyvendak ha concluido
algo similar, eso es “a mediados de los años 1980s., la concentración de clubes y bares
gays, como los ubicados en el Marais de París, proveyeron una cierta infraestructura
para una comunidad”, sin embargo, minimiza su activismo político: “los militantes
aprovechan la ocasión para ir a bailar en vez de manifestarse” (Duyvendak, 1993, p. 79),
los empresarios gay, comparten la mirada de que sus locales han contribuido al
crecimiento del sentimiento de comunidad entre los gays franceses. A mediados de los
1980s., el empresario gay David Girard, respondió a aquellos activistas que lo criticaron
por su espíritu descaradamente capitalista, aludiendo que: “el dueño del bar quien, en
el verano, abre una terraza al aire libre, a la que asisten docenas de hombres… que se
conocen abiertamente, es al menos tan militante como ellos… yo pienso que he hecho
más por los gays que lo que han hecho ellos” (D. Girard, 1986, p. 164).

Incluso les decía a sus clientes: “esta es la vida gay que está más presente y
diversificada en París,… la cual, ante todo ustedes crearon por el consumismo” (D.
Girard, 1983). Este fue precisamente el mensaje publicado en una campaña publicitaria
del SNEG en 1996: “el consumir gay es afirmar tu propia identidad”. El propósito de la
campaña, declarado por sus miembros era “que esta fuera igualmente una campaña
comunitaria, así como una forma de atraer al hogar de las personas de forma visible a
los establecimientos gays” (Primo. 1998).

Argumentos como este, son ciertamente solo de utilidad por parte de los empresarios
que toman ventaja de esto, lo que no significa que no tengan merito alguno. Como
Scott Gunther recientemente ha destacado:
“el renovado Marais de los 80, proveyó un espacio para el desarrollo de una
identidad gay que no existía antes en Francia. Como la comunidad creció, los
gays por si mismos ganaron una reputación como respetables, ingeniosos y
opulentos… a través de los 80, la aparición de la identidad gay y el espacio
geográfico del Marais, se hicieron inseparables y al comenzar los 90' parecía
imposible imaginar la existencia de uno con el otro. La comunidad resultante, la
cual estaría definida inicialmente por una orientación sexual se convirtió
extremadamente unida por compartir gustos, referencias musicales y comidas e

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incluso un “Marais look” distintivo entre los hombres gays habitantes de dicho
barrio” (Gunther, 1999, p. 34).

No resulta en absoluto sorprendente que la proliferación y crecimiento de la visibilidad


de los establecimientos gays en el Marais y el desarrollo paralelo de una comunidad gay
consciente de sí misma hayan traído como resultado conflictos con los antiguos
residentes quienes se resienten de la constante influencia de los gays y de los
dramáticos cambios que han tenido que tolerar en su barrio. También hay discordia
entre homosexuales y lesbianas, muchos de quienes desaprueban el Marais o se
sienten excluidos por sus valores culturales dominantes.

Disputa del Territorio


El cambio repentino en un barrio, generalmente alarma a sus residentes, un problema
que no sólo es propio del Marais. En el distrito Butte- aux Cailles los artistas, escritores
y personas de clase media, quienes tomaron lo que fue alguna vez un barrio de clase
trabajadora en los años 1980s., hoy se quejan de que se ha convertido en el nuevo lugar
de encuentro de los jóvenes parisinos… todo el año, la música proveniente de los bares
y las risas estridentes invaden las calles hasta muy tempranas horas de la mañana. Esta
vida nocturna se ha convertido en una pesadilla para ciertos habitantes (Yenay, 2003).

En el distrito Popincourt del arrondissement 11, constituye la “invasión China” de los


vendedores de ropa al por mayor provenientes de dicho país, que molestan a los
residentes, quienes encuentran a los inmigrantes como “discretos, amables y
simpáticos”, pero insisten en que “han matado al distrito” tras haber tomado cada
local, convirtiéndolos en un mercado, dando como resultado, menos tiendas,
pastelerías y restaurantes (Goudet, 2003). Pero ningún lugar en París con el carácter
cambiante de un barrio, ha tenido más antipatía y hostilidad que en el Marais.

Los homosexuales han tenido relativamente pocos problemas con el Marais, a


comparación de otras minorías, como sí lo han tenido los judíos ortodoxos quienes
viven en y cerca de la Rue des Rosiers sobre el límite del barrio gay. Cuando la única
tabacaleria judía sobre La Rue Vieille Du Temple se convirtió en un bar gay en 1983, “los
judíos estaban furiosos de que se hubieran apropiado de este lugar sagrado en su
territorio”, Maurice McGrath ha recordado: “rápidamente pudimos fraternizar”.
Incluso, los negocios gays, han ayudado a proteger el distrito durante la ola de
terrorismo antisemita de 1986 (Chayet, 1996). En contraste, ha habido una larga
disputa con los habitantes de clase media del Marais, quienes no contentos con la
influencia gay, se han expresado algunas veces con palabras que contienen mensajes
explícitos o implícitos de homofobia.

La asociación Aubriot Guillemites, ha estado a la cabeza de la lucha en contra de los


negocios gays. Fundada por residentes y nombrada por dos pequeñas calles del Marais
en 1978, establece que ” para proteger el área… del daño a la calidad arquitectónica de

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los edificios y el ambiente, del ruido (especialmente durante la noche); incomodidades,


varios inconvenientes y en general cualquier cosa que pueda afectar la paz y
tranquilidad de la anterior área mencionada” (circular de la asociación, 1996,
reproducida en Mereaux, 2001, apéndice).

Hacia mediados de los 1990s., la asociación denunciaba “la gran alteración en la


atmósfera en el distrito producida por la proliferación de negocios homosexuales” y
también hacía un llamado a sus miembros para que denunciaran “los múltiples
incidentes que dan señas de la acelerada degradación de la vida diaria en nuestro
distrito: ruido, contaminación sonora, asistencia de menores, prostitución y relaciones
sexuales en la vía pública”. (No hay ningún hecho o evidencia para ninguno de estos
cargos). La asociación advertía que “un pequeño grupo sueña hacer de este distrito el
equivalente de los distritos homosexuales de ciertas ciudades americanas, lo cual sus
habitantes no quieren a ningún costo. (Razemon y Galceran, 1996a y 1996b; Remes,
1996). En 1997 fueron mucho más lejos al declarar que “ningún ciudadano
normalmente constituido, sea homosexual o heterosexual, puede aprobar la
multiplicación de estos bares especializados… el resultado inevitable de esto es el
segregacionismo y discriminación bajo el solo propósito de no hacer más que explotar
económicamente la homosexualidad” (E-m@le magazine, 1998).

Bajo la presión de la asociación Aubriot- Guillemites, el alcalde del arrondissement ,


Pierre Charles Krieg, dijo a sus habitantes en 1996 que “una comunidad homosexual
estructurada ha recibido recientemente cobertura en los medios que es
desproporcionada y peligrosa para la armonía de la vida local”. Mientras el deploraba
“las ideas simplistas y racistas de los homofóbicos” también criticaba “el proselitismo,
la ostentación y las amenazas” abiertamente manifestadas por los hombres gays del
barrio (Krieg, 1996). Un gaullista conservador; incluso, una consejera municipal
socialista declararon que este “era generalmente hostil al comunitarismo, a fortiori
(con mayor motivo) si existe el riesgo de crear un gueto” (Petter, 1993, pp 51- 52). La
disputa se cristalizo en el “duelo de las banderas”. En julio de 1995, Bernard Bousset,
como presidente del SNEG, sugirió que los negocios gays y gay friendly, izaran la
“bandera arco iris” (bandera de la diversidad sexual), símbolo del reconocimiento
internacional de los gays, en sus fachadas, y cerca de 15 negocios lo hicieron. La
asociación Aubriot Guillemites, rechazo la exhibición de este símbolo y en abril de 1996,
la policía invoco una ordenanza hecha por la prefectura policial en 1884 y ordeno la
remoción de las banderas (las cuales el alcalde Krieg describió como “trapos
multicolores”), bajo el argumento de que el agrupamiento y casi sistemático despliegue
de emblemas altamente peligrosos, podrían causar reacciones hostiles. Y en estas
circunstancias, no era necesario esperar a que ocurra un problema para imponer una
prohibición (Baverel, 1996; Berthemet, 1996; Razemon y Galceran, 1996a).

Las banderas pronto fueron reemplazadas por calcomanías de arco iris mas discretas,
adheridas sobre las ventanas y puertas, pero la disputa fue símbolo de una

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preocupación más persistentes y profunda. A finales de los 1990s., un nuevo


comisionado de policía, determino poner fin a “diez años de relajamiento”, y comenzó
a clausurar bares por ruidos molestos en los barrios, lo cual provoco que los dueños de
bares denunciaran “acoso policiaco” sobre sus establecimientos (Rouy, 1990; Illico,
1991). Entre 1995 y 1996, los bares gays en el Marais, sufrieron otra ronda de acoso
policial, incluyendo reportes por “molestar la paz nocturna”, aunque, estos fueran
hechos durante la mañana temprano o incluso mediante la tarde (Remes, 1996). Una
serie de reuniones fueron llevadas a cabo en 1997 por la policía, funcionarios
municipales y representantes del SNEG, acordando tras largas negociaciones:
“disminuir las molestias para los residentes por parte de los establecimientos
“nocturnos” (Paris Centre, 1997). Otra serie de discusiones continuaron en la primavera
de 1999, luego de las renovadas quejas acerca de bares ruidosos y clientes que se
ubicaban por fuera de las puertas de ciertos establecimientos obstaculizando las calles
y a veces impidiendo la circulación de automóviles. La asociación de co-propietarios en
el distrito Marais, incluso aconsejó a los bares a que cerraran a las 11:00 pm en vez de
las 2:00 am; una publicación gay, observó que “estos problemas señalaron la necesidad
de un verdadero redesarrollo del distrito por parte de los residentes, dueños de
negocios, policías y administradores”, pero la solución propuesta no fue realista: “la
creación de distritos designados para fiesta, descanso y lugares de socialización” (Abal
1999). En 2003, la municipalidad, tuvo que poner remaches metálicos sobre el
pavimento, para delimitar las terrazas exteriores de los restaurantes y cafés que se
extendían más allá del pavimento de la Rue Des Archives(Laforgerie, 2003, pp. 31- 32).

A pesar de que en la pasada década, la prensa francesa ha sido generalmente favorable


a las demandas gays por igualdad de derechos, la cobertura de asuntos gays ha estado
raramente libre de prejuicios, especialmente cuando el Marais está en el centro de
dichas noticias. Como David Caron ha señalado, en el encabezado de un artículo sobre
el Marais publicado en un periódico- “la bandera gay flamea en la Rue Saint Croix de la
Bretonnerie” (Baverel 1996)- típicamente una “ una metáfora que hace referencia a una
invasión extranjera”, para describir la presencia gay en el Marais (Caron, 2001, p. 251).
Los periódicos tienden a ignorar a las lesbianas, muestran a los hombres gays como
hedonistas y obsesionados con el sexo, como así también a la visibilidad homosexual
como una provocación hacia los heterosexuales y describen el Marais como un gueto
metafórico y geográfico y como el epicentro del “corporativismo, comunitarismo, o el
apartheid militante gay de parís” (Huyez, 2002). Como estas observaciones indican, el
conflicto con el barrio sobre el uso del espacio urbano, ha traído tanto implicaciones
ideológicas tanto de una manera particular, como así también mostrando cómo la
sociedad francesa se conceptualiza así misma.

El asunto de la “guetización”:
En otras palabras, el reciente desarrollo en el Marais, evoca la noción de “guetización”,
un término que posee una evidente aplicación a muchos grupos minoritarios

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diferentes, pero, es más sistemáticamente aplicado a la concentración de gays y


negocios gays en un solo distrito de París (Sibalis, 2003; Caron, 2003). El geógrafo Jean
Robert Pitte, profesor de la Sorbona, ha sido uno de los más fuertes críticos de la
“guetizacion” del Marais:

“nacida en San Francisco, Amsterdam y Londres, la “guetizacion” (homosexual),


ha llegado a París… el desarrollo de guetos es obviamente peligroso, en tanto que
arruina la sociabilidad y la urbanidad… tal como una Nación, una ciudad, puede
sobrevivir solo si permite poblaciones variadas viviendo juntas, asimilando a los
recién llegados o a las minorías, la misma noción de ciudad es negada cuando las
autoridades permiten e incluso animan la creación de agrupamientos étnicos o
culturales… esto ocasiona que nadie se atreva a aventurarse mas allá de su propio
minúsculo territorio” (Pitte, 1997, p. 52).

Lo que un periodista ha llamado “la tentación de un gueto homosexual” (Guichard,


1996) es mucho más que una cuestión de territorio. También es el deseo implícito de los
homosexuales de sustraerse a sí mismos del mundo heterosexual. Frederic Martel, ha
denunciado “esta tontería hiper moderna que consiste en la creación de un gueto
cultural y gay… es un proyecto para imponer barreras, no para abrirse al mundo”
(Martel 1997). Martel, ve al habitante del gueto gay como alguien que “vive, por así
decirlo, en un planeta gay que es inaccesible para los heteros” (Guichar, 1996, p. 93).

El debate acerca del gueto gay en Francia forma parte de una controversia más amplia
sobre el universalismo contra el comunitarismo (ver Caron 2001, pp 149- 161). El
francés considera, raza, etnia, religión y orientación sexual, como asuntos
estrictamente privados que no poseen un rol legítimo en la esfera pública. Se espera
que los individuos vivan como ciudadanos libres, iguales y autónomos. Bajo la
autoridad del Estado-Nación y se apropien de su valores culturales dominantes. Sin
embargo, tras el surgimiento, dentro de la colectividad Nacional, de algunas minorías
francesas, demandan ahora, el reconocimiento oficial de sus comunidades, buscando
derechos especiales, además de acuerdos moderados). De acuerdo a un panelista,
“estamos siendo testigos de la victoria… de una comunidad sobre la sociedad. La
comunidad es el nuevo ídolo ante el cual nos debemos arrodillar. ¿Y quiénes son estas
“minorías culturales”', primero estan las feministas, después los gays, que están en
“segundo rango” de influencia, seguidos por los franco-árabes, franceses negros con
corsicanos, los discapacitados y así sucesivamente. Cediendo a sus demandas, Francia
esta progresivamente abandonando “los valores de la República”, “el poder de la
ciudadanía y la igualdad”” (Minc 2003, pp. 17- 18). El Marais es un gueto gay en el
centro histórico de la capital Nacional, que se ha convertido en la materialización física
de fuerzas que presuntamente amenazan con arruinar las bases de la República
Francesa. Estas peligrosas fuerzas subversivas, están claramente identificadas con los
EE.UU, el cual representa una sociedad multicultural, fragmentada y disfuncional por
razones de raza, etnia, religión y orientación sexual. Dichas comunidades han

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rechazado la asimilación de un crisol de razas y ahora hacen lobby por derechos


especiales y privilegios.

Los hombres gays y las lesbianas están fuertemente divididos dentro del gueto,
mientras muchos lo reivindican como un espacio seguro para divertirse y socializar,
otros lo rechazan y creen que el separatista y superficial estilo de vida que este
representa, limita las posibilidades de vivir fuera del gueto y en un mundo más amplio.
Por ejemplo, Patrick Schindler, un militante anarquista, ha dicho que:

“el Marais es un lugar de beneficios económicos. Es un lugar para beber y nada


más… yo espero… sobre todo, no guetizar mis amistades ni mis encuentros… no
es por donde pasa mi vida”. ( Bourdet, 2001. p. 110).

El periodista de radio Gerard Lefort, dice: “hay personas que están solas, y solo les
queda la opción de buscar a otros que son como ellos. Pero… esto es muy triste”. El
describe que el Marais es como “un juego perverso” y “un poco parecido a Jurassic park:
alguien mantienen a todos los monstruos juntos” (Gac 2000, p. 25). Incluso algunos
gays de las provincias francesas, donde los homosexuales alguna vez han soñado
mudarse a París, se han unido en coro de disidentes. En septiembre de 1998, una
revista gay publico en la Francia occidental, un articulo “París está muerta”: “el Marais
es un mercado de oportunidades como ningún otro… los comercios gays están, en su
gran mayoría, en manos de extorsionistas, que son tanto astutos como avaros”. El
artículo describe la conformidad que presuntamente reina en el Marais: “si por
infortunio un gay en el Marais se desvía del “aspecto reconocido”, es inmediatamente
objeto de reprobación y es mirado con indiferencia. Y señala que los gays tienen más
diversión en sus provincias por que “nuestros bares regionales son para convivir, son
familiares y amistosos” y “ los clubes nocturnos provinciales no caen en el espíritu del
gueto, ellos aceptan a los heterosexuales con los brazos abiertos” (Fauconnier, 1988).

Los comentarios más acérrimos provienen de las militantes lesbianas y algunas


minorías de la propia comunidad gay. En el curso de los recientes debates, la socióloga
lesbiana Marie- Elene Bourcir, sostiene que los gays de clase media buscan imitar la
organización heterosexual de la sociedad (por ejemplo, las demandas por los derechos
de adopción) y esta clase media está: “muy bien representada en el Marais”. Para ella,
“la visibilidad en el Marais… sirve, a un solo tipo de identidad, masculina, burguesa y
blanca”. Fouad Zeraoui, una franco- árabe, agrega “el Marais simboliza, una cultura
que es joven, blanca, musculosa, viril, al punto de llegar a ser fascista… para mi, el
Marais,… previene a nuestra comunidad de las preguntas reales acerca del rol esencial
e incluso subversivo de la homosexualidad en la sociedad” (Garcia, 2002, p 14). Un
hombre gay discapacitado, que usa una silla de ruedas, ha incluso culpado al Marais
por la discriminación que él vive y experimenta: “me gustaría tener una vida social,
una vida amorosa, la cual me ha sido negada porque no cumplo con los estereotipos del
Marais” (Berger, 2003).

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Preocupado por las críticas al Marais, Cristophe Girard , quien se encuentra


actualmente a cargo de la Secretaria de Cultura de la Municipalidad, señala que “no
podemos aceptar ser reducidos a clichés… paremos de darle tanta importancia al
Marais, que solo es un distrito de París, donde las personas van a beber, comer,
caminar y divertirse. Nada más” (Royer, 1998).

Pero si los clichés, son por definición simplistas, ellos no dejan de tener elementos de
verdad. Los gays que residen y socializan en el Marais, ¿realmente quieren vivir
aislados del mundo? Improbable. ¿Son todos ellos, hombres jóvenes, blancos,
musculosos y consumidores adinerados? Los locales gay de Marais, ciertamente
promueven un estilo orientado a los hombres que poseen un pequeño lugar para las
mujeres, el pobre o el viejo, el no atractivo, el afeminado, el gordo, quienes no forman
parte de los cánones actuales del deseo homosexual, pero incluso el más común de los
observadores, no puede evitar notar que lesbianas, hombres mayores y minorías
visibles estén mucho más presentes en los bares del distrito, o sentados en las terrazas
de los cafés.

Conclusion:
Como este articulo ha demostrado, el Marais, es tanto, un barrio real, con todos los
convenientes e inconvenientes asociados con la vida urbana moderna; y también es un
escape imaginado dentro de la ciudad que la gente interpreta bajo la luz de sus propios
prejuicios, deseos y aspiraciones. Un gueto gay se ha formado en el Marais en los
últimos veinticinco años debido a la confluencia de múltiples factores: un sitio de
atractivo histórico, un exitoso programa de renovación urbana llevado a cabo por los
gobiernos municipales y nacionales, una estratégica ubicación en el centro de París,
rentas y precios inmobiliarios inicialmente bajos para atraer inversiones, un creciente
mercado gay disponible para satisfacer a (la economía rosada), la determinación de
ciertos empresarios de promover un estilo de vida gay más abierto y animar a las
nuevas generaciones a su apropiación. El destino del Marais, durante los años
venideros, será similarmente determinado por la intersección de muchas y complejas
fuerzas sociales y económicas, que hacen imposible definir exactamente que pasara.

Las presiones financieras, podrían muy bien destruir, o al menos dispersar, el Marais
gay, forzando a más y más negocios gays hacia otros barrios. De hecho, un artículo
reciente, ha sugerido que el Marais hoy está en “crisis”, que sus lugares gays, son
“víctimas del éxito del distrito”. Debido a la notable vacilación de los clientes, que
siempre están en busca de algo nuevo, los negocios gays necesitan recuperar sus
inversiones rápidamente (dentro de los cinco primeros años). Pero los altos costos
actuales para comprar un negocio ya existente o establecer uno nuevo en el Marais,
tiende a desalentar a nuevos inversionistas, especialmente cuando ellos deben
enfrentar una competencia fuerte por parte de los comercios ya existentes. Por su
propia parte, el presidente de SNEG, insiste confiadamente que el futuro del Marais

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como el gueto gay de París está asegurado: “no es posible reproducir en otro distrito de
París, lo que ha sucedido en Marais. ¿Qué otro distrito hoy es central, accesible por el
RER y el subterráneo, con altos niveles de seguridad y barato?, estas son las
condiciones particulares que han permitido el nacimiento del Marais gay”. (Laforgerie,
2003, p. 32).

En contraste, hay muchas personas que creen (o incluso esperan), que el gueto, se
vuelva gradualmente irrelevante y se disuelva a sí mismo para que los gays sean
progresivamente aceptados e integrados a la sociedad (por ejemplo París tuvo un
alcalde gay en el 2001). Además la reticencia de los homosexuales a frecuentar el gueto
-de hecho la amenaza de hostilidad en el Marais manifestada por un numero
significante de gays y lesbianas- podría eventualmente, perjudicar su viabilidad
económica. En contraposición, el gueto podría continuar prosperando, e incluso
expandirse tras la diversificación de sus lugares con el fin de atraer a aquellos que
ahora se sienten excluidos.

El punto, es, que, en el análisis final, la continua existencia de un gueto gay parisino-
ya sea en el Marais, o quizás algún día en algún otro barrio- dependerá de factores más
intangibles que el fácil acceso a este lugar y los precios del mercado inmobiliario. El
surgimiento del Marais como un gueto gay en el corazón de París, no puede ser tenido
en cuenta solo por factores materiales, los cuales producen más o menos guetos
similares en la mayoría de las ciudades occidentales. Los motivos de los inversionistas,
las actitudes de los clientes y las percepciones subjetivas de las personas, dentro y fuera
de la comunidad gay, han sido igualmente (y a veces mucho mas) importantes, para
darle forma al gueto gay de París y determinantes en las respuestas del público. Estas
cuestiones, son todas derivadas de la cultura nacional francesa. Este estudio de caso,
sugiere, sin embargo, que cada gueto gay, debe ser estudiado no solo en términos
económicos o sociales, si no también bajo el contexto de cada cultura en particular, y
un ambiente político y social determinados.

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