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INSTITUCIÓN EDUCATIVA BOSQUES DE LA ACUARELA

ANTROPOLOGÍA

EL HORIZONTE DE LA NUEVA EDUCACIÓN

PRESENTADO POR

ARIEL OSPINA ZAPATA

FECHA:

1 DE JUNIO DE 2018
AGRADECIMIENTO

A todos aquellos quienes entregan diariamente su vida al servicio de la educación…


CONTENIDO

El horizonte de la nueva educación…………………………………………………….1

La escuela que nos educ󅅅………………………………………………………2

La otra escuela………………………………………………………………………….4

A manera de conclusión………………………………………………………………..8

Bibliografía……………………………………………………………………………..9
EL HORIZONTE DE LA NUEVA EDUCACIÓN

“Es responsabilidad del educador provocar el deseo de aprender”

“No nos podemos contentar con dar de beber a quienes ya tienen sed.
También hay que dar sed a quienes no quieren beber”.

Philippe Meirieu

El presente texto pretende vincularse al ya nutrido debate en torno a la necesidad de


proponer cambios en el quehacer pedagógico de la escuela; dada las recientes y aceleradas
transformaciones de la sociedad en diferentes aspectos, no es la escuela la llamada a relegarse de
las transformaciones que se vienen generando en el mundo, por el contrario, es la escuela el
espacio que debe impulsar dicha transformación y dinamizar los cambios de la sociedad. ¿Cuáles
son los cambios que deben generarse en el quehacer pedagógico, para que sea la escuela quien
pueda generar una verdadera transformación con sentido social, que impulse el desarrollo y
bienestar de los seres humanos? Tal es el interrogante esencia de este ensayo.

Los cambios deben hacerse en la forma de comunicarnos en medio de la escuela, deben


transformarse los roles de cada uno de sus miembros, deben propiciarse espacios en el aula para
la construcción permanente de nuevas formas de significación y de sentido, deben transformarse
los ambientes para la interacción permanente entre comunidades académicas, deben hacerse
transformaciones que propicien la inserción de los jóvenes a un mundo que cada vez reclama más
humanización.

El texto tiene básicamente se compone de dos momentos; al inicio se plantea la educación


como ha sido y como es; el segundo momento explora las necesidades de transformación que
requiere la educación de hoy; al final del texto se plantean algunas conclusiones que permiten
sintetizar lo expuesto e hilar las ideas que pudieran parecer desarticuladas. Cómo base conceptual
del análisis se tendrán algunos pensadores latinoamericanos, especialmente Paulo Freire, quien
con su pedagogía liberadora marca el sendero por donde la nueva pedagogía debe transitar.
La escuela que nos educó

Es un hecho cierto que la escuela en la que nos educamos debe transformarse; lo que
llamamos escuela tradicional debe dar paso a una escuela renovadora, dinámica, que genere
procesos liberadores entre sus integrantes. Lo que llamamos en nuestro contexto educación
tradicional es lo que otros (Freire) han llamado educación “bancaria”, donde los roles entre
educandos y educadores está plenamente determinada por la superioridad y autoridad del uno
sobre el otro. Al respecto leemos:

En vez de comunicarse, el educador hace comunicados y depósitos que los educandos,


meras incidencias, reciben pacientemente, memorizan y repiten. Tal es la concepción
“bancaria” de la educación, en que el único margen de acción que se ofrece a los
educandos es el de recibir los depósitos, guardarlos y archivarlos. Margen que solo les
permite ser coleccionistas y fichadores de cosas que archivan (Freire, 2004)

En este sentido, el educando es un sujeto pasivo, quieto, estático; su formación desde


temprana edad lo ha llevado a mantenerse tímido, carente de iniciativa para generar preguntas e
interrogantes que promuevan transformaciones importantes en los procesos académicos de los
cuales “hace parte”.

Tal como parece afirmar aquí Freire, en el proceso comunicativo los estudiantes se limitan
a escuchar un monólogo constante, que es en lo que se convierte infortunadamente el acto
comunicativo del docente. Sólo se escucha, se pierde la posibilidad de dia-logos y se reduce todo
proceso comunicativo al mono-logos; en últimas, se pierde la posibilidad de encontrarse con el
otro en el proceso comunicativo y por tanto de crecer.

Según Freire, el estudiante se limita a recibir pasivamente los contenidos “depositados” en


él por el docente; la analogía de la cuenta bancaria es precisa, el docente hace depósitos en
efectivo (conocimientos) en una cuenta vacía (estudiante) que no contiene capital.

Tal figura es similar a la imagen planteada por Philippe Meirieu cuando en su Frankestein
educador plantea la idea la educación como fabricación; en este sentido nos dice:

Frankenstein, es evidente, reduce la educación a una poiesis: para él, la acción termina
con la fabricación. El cuerpo no es más que un conjunto de órganos, la información de
una combinación eficaz de sensaciones y conocimientos; el sujeto es el simple resultado
de procedimientos técnicos que basta con poner en obra a partir de principios elementales
de la “filosofía natural”. La fisiología y la psicología, la construcción del cuerpo y el
adiestramiento social, basta para hacer “hacer un hombre”. (Meirieu, 1998)

Se ha concebido la escuela entonces, desde esta perspectiva, como un espacio análogo a la


fábrica, cuyo producto son los estudiantes y quienes los producen los docentes. Es lo que puede
llamarse una educación instrumental, donde lo intelectual ha prevalecido sobre otras formas de
inteligencia, otras formas de ser y de hacer en el acto educativo; en palabras de Howard Gardner,
hemos perdido la oportunidad de desarrollar y de poner en práctica el desarrollo de las
Inteligencias múltiples, y por tanto hemos dejado lo enteramente humano inexplorado.

“La concepción bancaria de la educación, entendida como adquisición y acumulación de


conocimientos” (Fernando de la Riva, Seis paisajes con Paulo Freire al fondo) es la base para que
la brecha entre educadores y educandos sea cada vez más amplia, a la vez que lejana se vuelve la
posibilidad de reencontrarlos y fundirlos en el acto mismo de la educación; sus roles se vuelven
tan disonantes y separados, tan distantes el uno del otro que terminan por no percibirse siquiera
en el aula de clase.

El docente es quien sabe, conoce, predice, ordena, organiza, planea, ejecuta, inicia,
reprime, dirige, clasifica, señala, establece, promueve, castiga, reúne, pregunta, responde,
articula, llena, vacía, ilumina, dinamiza, genera; el educando es el alumno, en el sentido clásico,
el sin luz; él es quien espera pasivamente en medio de su oscuridad, de su ignorancia al maestro
que llega para darle la luz que le falta y que a éste le sobre. Es en esta idea de la educación como
nos hemos formado. Se ha creído que el estudiante está abajo y el maestro arriba; que el
estudiante ignora mientras el maestro sabe, que el docente es quien ordena para que el estudiante
obedezca; que el maestro planea para que el estudiante ejecute; que el maestro es el centro del
proceso mientras los estudiantes son simples satélites que se nutren de la eterna luz del maestro.
Los cual aniquila por completo la posibilidad hasta de pensar por sí mismo, o peor aún aún, de
pensar. Tal como parece señalar Cajiao Restrepo:

… a los niños y las niñas de la escuela elemental no se les enseña a pensar, ni se les
permite pensar, porque todo tiempo tienen que estar fuera de sí (enajenados, ajenos a su
propio sentido), siguiendo instrucciones de unos maestros cuya evaluación de desempeño
no depende de cuánto talento descubran, cuánto entusiasmo despierten o cuánta alegría
cultiven sino de cuánta lectura enseñen. Así, la relación entre maestro y niños es una
especie de batalla por la supervivencia en vez de ser una complicidad y una búsqueda de
significados del mundo (Cajiao, 2010)

En este sentido, hoy más que nunca se hace indispensable generar cambios en el quehacer
pedagógico cotidiano, en la forma de hacer el acto educativo; estos cambios deben repercutir en
la manera como los jóvenes contemplen, comprendan y vivan el mundo, de manera que puedan
transformarlo y hacer de la existencia humana una experiencia sublime puesta al desarrollo y
bienestar de la sociedad.

La otra escuela

Si bien se hace necesario plasmar en la práctica cambios en la forma de realizar el acto


educativo, no por ello deja de ser problemática la realización de dicha transformación. Esto por
varias razones, una de ellas, tal vez la fundamental, es que quienes pretenden hacer
transformaciones han sido formado en el mismo paradigma que tratan de transformar.

Los cambios deben ser en todos los sentidos del hacer de la escuela: los roles de
estudiantes y maestros deben replantearse, así como el de los otros miembros de la comunidad
educativa; los espacios y las dinámicas deben transformarse, de manera que queden abiertas y
dispuestas a nuevas formas de desarrollo; las leyes deben acomodarse a los nuevos
requerimientos contextuales y nos los contextos a la legislación vigente; en fin, todo el quehacer
pedagógico debe transformarse, con lo cual se dice que lo anterior no sirve, solo se hace evidente
que los contextos han variado y así deben varias las prácticas al interior de la escuela. Tal ha sido
la reflexión de grandes pensadores latinoamericanos y europeos; frente a lo que debemos hacer al
respecto, en una entrevista Philippe Meirieu, plantea:

Pienso que hace falta interrogarse sobre la obsolescencia del modelo tradicional que
constituye la clase, es decir, un grupo de unas 30 personas que hacen la misma cosa al
mismo tiempo y dentro del cual hay extremadamente poco trabajo de acompañamiento
individual.

La clase fue perfectamente adaptada al sistema escolar a finales del siglo XIX. Hoy, la
clase se ha convertido en un freno a la evolución del sistema escolar; por una parte,
porque hay actividades que deben hacerse con grupos más numerosos y, por otra parte, y
sobre todo, porque lo que necesitan los alumnos con grandes dificultades es el apoyo
individual, tiempos de acompañamiento personal, tiempos que permiten a los enseñantes
detectar y remediar esas dificultades. Este acompañamiento personal de los alumnos es
algo absolutamente fundamental. (Entrevista a Philippe Meirieu, 2007)

Sin embargo, en nuestro contexto tal tarea se vuelve imposible; en nuestras instituciones
educativas hay grupos de estudiantes hasta de 60 alumnos. Esta idea, de plantear una educación
más individualizada, más personalizada es la tarea que deben emprender nuestros líderes; esto
permitirá por fin que el docente conozca las verdaderas necesidades particulares de sus
estudiantes, a la vez que puede contribuir mejor en los procesos académicos que estos
desarrollan.

Así como el número de estudiantes en el aula puede ser una variable en los procesos de
mejoramiento de la calidad de la educación; no es menos importante señalar que el rol del
educando y del educador deben variar si es que se quiere que la escuela de verdad sea un espacio
para la construcción permanente y el mejoramiento de los individuos.

Las transformaciones deben hacerse hasta en lo más mínimo; la disposición de los estudiantes en
filas determina cierto tipo de prácticas, de comportamientos fundados en cierta concepción de ser
humano; las sillas y mesas en cierta dispuestas de una forma u otra, el lugar del tablero y el profe
adelante, son el resultado de una forma particular de pensar el acto pedagógico; si se quiere
mejorar el “hacer” en la escuela, se debe comenzar también por cambiar el espacio donde se
desarrolla la práctica pedagógica cotidiana.
La más importante transformación ha de darse en el rol de cada uno de quienes
desarrollan e intervienen en el proceso educativo. Una educación renovada debe transformase y
estar al servicio de los educando; debe implicar un cambio en el paradigma educativo; como lo
expresa Philippe Meirieu, es necesario un giro copernicano en la educación:
En suma: la verdadera revolución copernicana en pedagogía consiste en volver la espalda
resueltamente al proyecto del doctor Frankenstein y a la “educación como fabricación”.
Pero, con ello, no hay que subordinar toda actividad educativa a los caprichos de un
niño–rey. La educación, en realidad, ha de centrarse en la relación entre el sujeto y el
mundo humano que lo acoge. Su función es permitirle construirse a sí mismo como
“sujeto en el mundo”: heredero de una historia en la que sepa qué está en juego, capaz de
comprender el presente y de inventar el futuro. (Meirieu, 1998 )
Así pasa el estudiante a ser el centro del proceso educativo. Bajo la nueva perspectiva ya
no es el educador quien siempre educa ni el educando es el educado; en este caso quien enseña
aprende y quien es educado también enseña en el proceso. Esta idea, socrática en alto grado, está
determinada por una concepción renovadora del estudiante; en este caso tanto el estudiante como
el maestro son susceptibles de aprender y de enseñar de manera recíproca y de manera
permanente. Desde esta perspectiva encontramos lo siguiente:
Es preciso… que desde los comienzos del proceso vaya quedando cada vez más claro que,
aunque diferentes entre sí, quien forma se forma y re-forma al formar y quien es formado
se forma y forma al ser formado. En este sentido, enseñar no es transferir conocimientos,
contenidos, ni formar es la acción por la cual un sujeto creador da forma, estilo o alma a
un cuerpo indeciso y adaptado. No hay docencia sin discencia, las dos se explican y sus
sujetos, a pesar de las diferencias que los connotan, no se reducen a la condición de
objeto, uno del otro. Quien enseña aprende al enseñar y quien aprende enseña al aprender”
(Freire, 2004 )

Otro cambio fundamental debe darse en la idea de disciplina; el docente es quien


disciplina y el educando es quien es disciplinado; la norma debe concertarse con el estudiante
para que él sienta que deambula en un espacio construido por sí mismo y por los otros con
quienes desarrolla el acto formativo. La norma que se impone sin construirse no genera actos
libres, por el contrario en cada acto no hay voluntad sino temor.
En la construcción de la norma concertado se abre el sublime espacio del dia-logo, del
encuentro con el otro en el terreno comunicativo. La nueva educación debe buscar dilapidar la
idea según la cual es el educador quien habla y el estudiante quien escucha; bajo la idea de
Mockus, en Las fronteras de la escuela, maestros y alumnos son pares académicos. En cuanto
pares académicos los procesos comunicativos no pueden ser unilaterales ni unidimensionales. Se
habla de igual a igual, seres al mismo nivel; no se habla entre seres en niveles distintos; no hay
superior ni inferior en el proceso comunicativo.
Bajo esta idea se abre la posibilidad de construir el currículo con los otros, de plantear
contenidos y de transformar los planes de estudio, de hacer evaluaciones y elaborar instrumentos
conjuntamente. De esta manera, la escuela se desarrolla en función de los sujetos para quienes fue
hecha, para los educandos. Al respecto afirma Cajiao:

Hay que cambiar esto, y ahí es donde adquiere sentido la educación pública, educación
pública es educación para los niños, no se ofendan, es que el aparato educativo no se hizo
para los maestros, los maestros son los servidores de la comunidad, Noel fin de la
educación. Esto parece una tontería, pero parece que hay que recordarlo de cuando en
cuando, porque la escuela toda está construida para el maestro y no para los niños, por eso
hay horarios, como el maestro no puede estar en dos salones al mismo tiempo, entonces se
hacen horarios para que el maestro pueda echar el rollo en todos los salones, si la escuela
estuviera hecha para los niños, el maestro estuviera disponible para atender
simultáneamente grupos que tienen inquietudes distintas; por ejemplo tonterías de estas,
los horarios no son para los niños, ¿ustedes se imaginan a Mozart componiendo por
horario? De 8:00 a 8:35 Sinfonía y luego recreo… no, y luego hablamos de creatividad,
cómo inventamo y reinventamos la escuela yo creo que es el gran reto (Cajiao 2000)

Tal es pues la tarea de escuela: trazar el nuevo horizonte de la educación. La escuela debe
explorar nuevas maneras de desarrollar su quehacer con los niños; la escuela debe transformarse
para que pueda servir realmente con su función: construir seres responsables del desarrollo de la
historia

A manera de concusión
Se mostró la escuela que desarrolla su quehacer pedagógico bajo una perspectiva
tradicional, o en términos de Freire, una educación bancaria; en esta los roles de los implicados
en el proceso formativos está determinado por una visión vertical del acto educativo,
jerarquizado, unidimensional y unilateral, basado en la autoridad y la concepción cosificada del
educando donde solo hay un sujeto. Luego se mostraron algunas ideas que vienen teniendo
sentido en las nuevas prácticas de los maestros; en esta nueva visión de la educación y de la
escuela los roles quienes desarrollan el acto educativo adquieren una nueva perspectiva,
adquieren una visión más esperanzadora y más humanizante del acto educativo.
BIBLIOGRAFÍA

Cajiao Restrepo, Francisco (2000). Educación y movilización social en Colombia. En


Educación para el próximo milenio. Ed. Ateneo Fondo editorial. (pp. 75-90) Medellín.
Cajiao Restrepo, Francisco (2010). La reinvención de la escuela. En Formación de
maestros y contexto social. Ed. Litoimpresos y servicios Ltda. (pp. 13-26) Medellín.
Cuadernos de pedagogía 47. N° 373 Noviembre de 2007. Entrevista a Philippe Meirieu.
http://es.scribd.com/doc/12975819/Meirieu-Philippe-Entrevista-CP
De la Riva, Fernando (1998), Seis paisajes con Paulo Freire al fondo. En Educación y
transformación social. Homenaje a Paulo Freire. Ed. Laboratorio educativo. (pp. 167-
182). Caracas.
Freire, Paulo (2004). Pedagogía de la autonomía. Ed. Paz e terra S.A. Sao Paulo.
Freire, Paulo (2004). Pedagogía del Oprimido. Ed. Siglo XXI. México
Meirieu,Philippe (1998). Frankestein educador. Leartes S.A. Barcelona
Zapata Rojas, Irene de J. y Zapata Vasco, Jhon Jairo (2011) Por una escuela sin fronteras.
La pedagogía social en la formación de maestros y maestras. Ed. Artes y letras S.A.S.
Medellín.