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“Lo que calló el estagirita”

Dionisio, poesía yámbica y Kátharsis, la otra Kátharsis


Por Matías Moscoso Salvo

“Agua Llevaba ella -¡qué engañosa intención!-


en una mano, pero en la otra fuego.”
(Arquíloco de Paros, fragmento 184)

Aristóteles –en su Poética- nos habla sobre la estructura y contenido de un arte poético que aspire
conseguir –de forma bella- los efectos que busca. Así, nos habla de la tragedia, de las artes la más
elevada, que por su composición puede conseguir la Kátharsis (purificación) de los sentimientos de
terror y compasión.

Sin embargo, la concepción del estagirita de la Kátharsis parece insuficiente a la hora de considerar
las posibilidades y efectos totales del arte, pues al omitir de la reflexión otros tipos de formas
poéticas presentes de la época da paso libre para acomodar el concepto dentro de su sistema de
pensamiento -marcado por la elevación a lo universal, la contemplación y la virtud - dejando de lado
otros aspectos de la purificación.

A partir de la investigación de la poesía yámbica en el mundo cultural griego –en especial su relación
con los cultos dionisíacos- busco moverme por el silencio aristotélico sobre las posibilidades
purificadoras de este tipo de composición artística; dialogando a su vez con las palabras que
pronunció respecto al arte –en especial su relación con lo universal.

Así, el siguiente ensayo comenzará con las palabras que anteceden el silencio del estagirita: sus ideas
de composición y efectos de la tragedia y la vinculación de éstas con la ética y la universalidad.
Después pasaremos al silencio: los cultos dionisíacos, los yambos dentro de ellos y luego fuera de
ellos, su composición general y sus efectos. Finalmente y ya el ritmo marcado por ambos, una suerte
de síntesis en las conclusiones.
1. Composición y Kátharsis en la Poética de Aristóteles

Aristóteles en su tratado sobre las formas poéticas –la Poética- es bastante claro al referirse a la
Tragedia como aquella expresión artística más elevada. Como toda arte (Techné) es mimesis de la
realidad, pero a diferencia del resto –como la comedia o la poesía yámbica- se refiere a temas
elevados moralmente y es capaz de producir Kátharsis (purificación) de los sentimientos de terror y
compasión, por medio de la producción de estos dentro de la obra.

La mimesis (imitación) de la tragedia es la de acciones humanas, aquellas moralmente elevadas y


marcadas por el paso de la felicidad a la desdicha. Esta condición es lo que le per-mite alcanzar lo
universal, a diferencia de artes como la comedia o los versos satíricos, que por su condición moral
más baja, solo son referidos a lo particular. A través de esta imitación de acciones el poeta debe
esforzarse en componer una obra capaz de suscitar el placer que causa la purificación de los
sentimientos de terror y compasión.

Dicha composición del argumento debe seguir una serie de reglas y estructuras que permitan que
alcanzar la belleza, entendida por Aristóteles en términos de armonía y proporciones: “un objeto
bello, ya se trate de un animal o de una cosa compuesta por partes, requiere no solo de un
ordenamiento de sus partes constitutivas sino también de una extensión, por cuanto (…) depende de
la extensión y magnitud”. Esto será clave para poder reconocer la acción y los sucesos del
argumento. El riesgo de no cumplirlo es que no se logre el efecto de reconocimiento. Ejemplo de esto
son los problemas de sobre exagerar la actuación o una dicción dificultosa al auditor, generando
efectos contrarios, como la ridiculez o la incomprensión.

Sintetizando, para el estagirita es clave esta relación: la tragedia imita una acción – no cualquiera,
sino aquellas de condición moral elevada, que permita ir de la particularidad humana a lo universal-
la cual debe ser compuesta de tal manera –ordenada y con determinada extensión- que permita
generar los efectos de mejor manera (Kátharsis) y con ello la purificación del terror y la composición.

En Poética, sin embargo, Aristóteles no profundiza mucho más en la Kátharsis. Se dice que los
manuscritos que contenían la segunda parte de este tratado se perdieron y con ello las palabras del
filósofo sobre el tema. ¿Por qué el terror y la compasión es lo que se busca? ¿Cuál es la función de la
Kátharsis en la vida social? ¿Cómo a través de ella llegamos a lo universal? Quizás son algunas
preguntas perdidas y que ahora constituyen silencios.

Sabemos por sus palabras que la creación poética implica placer, pues viene de dos fuentes que la
producen: el acto mismo de imitar y la propia de la armonía y el ritmo. Ahora, estas palabras no
bastan para contestar las preguntas, pues no le pertenecen de forma exclusiva a la tragedia –en la
producción de yambos ya están contenidas estas cosas, sin embargo no es “elevado”. Es necesario,
entonces, que indaguemos en las relaciones con lo universal y con el orden natural para esbozar una
respuesta.
2. Imitación, belleza y virtud1:

Como bien menciona Covarrubias en su artículo sobre la relación entre “Mimesis, Analogía y
Semejanza”, Aristóteles -a diferencia de su maestro Platón- no incorpora en su concepto de imitación
una mediación con lo divino, sino más bien es parte de una búsqueda, implicada en el desarrollo de la
virtud y relacionado con los conceptos de analogía y semejanza.

Para el estagirita la mimesis es una imitación de la realidad, pero que no se queda en una simple
réplica, sino que es una oportunidad de recreación del orden natural. Está, así, relacionada de tal
forma que imita al orden, apunta a la sustancia última, a la unidad siendo ella “realidad actuante
dirigida a su fin”. Relación que comparte con otros conceptos: analogía y semejanza.

Por una parte, la analogía, continúa Covarrubias, plantea una nueva forma de ver las causas de las
cosas y que nos permite una comprensión jerárquica de la realidad, pues al entenderse como “todo lo
que es como una cosa en orden a otra”, otorga un principio de unidad última a todo lo que es real,
unidad que es entendida como ser o substancia. Esto se relacionará con la mimesis entregándole una
dirección, ya que su acción en la realidad, como imitación de ésta, le permite no solo ser mero
reflejo, sino que acción inserta en esta jerarquía cuya dirección última es la substancia. La semejanza,
por otra parte, la debemos entender, como parte del llamado a los hombres a guiar su actividad por la
actividad divina, un llamado a alcanzar el máximo de perfección que es posible en el hombre
mediante la contemplación y el desarrollo virtuoso de ésta. Así entendido, sus acciones están
posicionadas de tal forma en la jerarquía universal que pueden llevarlo a desarrollarse hacia su fin
más perfecto.

La relación de esta tríada de conceptos será, de este modo, clave para entender su pensamiento sobre
el arte y la Kátharsis. Al ser mimesis de la realidad, al ser imitación del orden natural, está llamada a
asemejarse a lo más elevado, a la unidad última de lo divino, mediante el desarrollo de la virtud. La
tragedia sería así –quizás- el arte más elevado, puesto que en su composición y efecto está la
posibilidad de reconocer aquel orden natural, trascendiendo con ello nuestra particularidad.

Pero podría no responder a ese llamado y rechazar el planteamiento del estagirita. Esta relación entre
los conceptos y el especial énfasis de Aristóteles en el desarrollo de la virtud y en la búsqueda de lo
más elevado hace que calle frente a lo que pasa en otros ámbitos artísticos que –al igual que la
tragedia- permiten ejecutar la mimesis, el ritmo y la armonía, pero que, a diferencia de ésta, se refiere
a ámbitos o personajes de baja condición moral y marcadas por lo particular. A continuación, me
acercaré a ese silencio, el de los cultos dionisíacos, tan importantes para la tradición griega, su
particular modo de llegar a la Kátharsis y su particular modo de trabajarla. Ya estando ahí, nos
referiremos a la poesía yámbica como arte poética involucrada en su búsqueda.


1
Para este apartado nos hemos basado principalmente en el artículo de Andrés Covarrubias “Mimesis, Analogía y Semejanza
como vías de acceso a lo divino en la obra de Aristóteles”. Revista de Filosofía. Vol. XXXV – XXXVI (1990)

3. Cultos Dionisíacos y poesía yámbica

Entenderé por cultos dionisíacos a uno de los cultos mistéricos celebrados en Grecia, donde se
celebraba la reconstrucción y vuelta a la vida del dios Dioniso, tras su despedaza-miento por las
fauces de los titanes cuando niño. Estas celebraciones se realizaban generalmente en la noche al aire
libre e incluían: música y bailes, exhibiciones sexuales y orgías, recitación de cantos y poesía,
además de mucho vino. El objetivo principal de los rituales era alcanzar la Kátharsis. “A través de los
bailes, cantos y bebidas, se purgaba al individuo de repulsas racionales”, Menciona E.R Dodds en su
célebre ensayo “Los griegos y lo irracional”. Un ritual infeccioso, causante de histeria colectiva y
explosiones de danza, que llevaba al individuo a salir de sí por medio del éxtasis.

Como se ve, la descripción de la Kátharsis buscada en los cultos a Dioniso es una apelación directa al
éxtasis y el desenfreno individual dentro de un colectivo. El dios del culto se ofrece como una
alternativa a la libertad: “Olvida la diferencia y hallarás la libertad” -dice Dodds- era la frase con que
se identificaba a la deidad. Lo que hace tomar el rumbo fuera de uno hacia el colectivo: Dioniso
como necesidad social en donde eran llamados a compartir todos y volverse uno en el éxtasis, sin
distinción ciudadanos, mujeres y esclavos accedían al goce del vino y la orgía, de la poesía y la
música.

Es dentro de estos ritos que nos encontramos con el origen de la poesía yámbica, llamada así tanto
por su composición métrica como por su contenido: yambo es un pie de poesía estructurado por dos
sílabas, una breve y otra larga, y yambo también es sátira, su etimología original viene de iambikos,
relacionado con el verbo iambizo, que significa satirizar. De ritmo rápido, permitía asemejarse a la
música y con contenidos acordes con el ritual. Esta poesía fue utilizada principalmente por dos cosas:
por un lado, poesía de escarnio público, sometía a insultos, diatribas y obscenidades a distintos
personajes políticos y de las clases altas. Por otro, en compañía de otros cantos y poesías de formas
métricas similares, como los cantos fálicos, poemas en ditirambos o satirikones, declamaba versos
abiertamente sexuales: apelaciones directas a los órganos sexuales y sus disposiciones, relaciones y
sexo.

Pero la poesía yámbica no siempre se mantuvo dentro del ambiente ritual y su salida pudo significar
una mayor definición de ella como arte poética. Emilio Suárez de la Torre, en la introducción a su
traducción: Yambógrafos, señala como fue evolucionando la poesía yámbica desde el ambiente ritual
hasta alcanzar una mayor autonomía cerca del VII a.C, de la mano y voz del poeta Arquíloco de
Paros, quien otorga una impronta literaria a los yambos como género poético. Bajo esta nueva forma
literaria más autónoma, vemos como se va consolidando un tipo de arte poética que se hace cargo de
producir la Kátharsis propia de los cultos a Dioniso. Su mimesis será la del éxtasis sexual y la crítica
social descarnada, su ritmo y armonía: la estructura rítmica musical y la velocidad coloquial. Se erige
así un arte poética con un camino alterno a la purificación del individuo, no el del dolor por cierto,
sino el de reconocerse como ser gregario y social.
4. Conclusiones

Comencé este ensayo haciendo alusión a la Kátharsis trabajada por el estagirita Aristóteles en su
poética, la purificación que logra la mimesis trágica de las acciones humanas por medio del
reconocimiento de los sucesos, en definitiva, las palabras que nos legó respecto del arte poética más
elevada y sus efectos. Para los silencios – y por tanto preguntas-que nos dejó, intenté decir algo
mediante la vinculación que realiza el filósofo entre mimesis y el llamado al hombre a asemejar sus
acciones a las acciones divinas, proponiendo entender desde aquella aspiración la mirada del
estagirita de la Kátharsis y su silencio frente a los efectos de las artes de “baja condición moral”.

A partir del espacio dejado por el filósofo propuse un acercamiento a una de esas artes poéticas de
baja condición moral, la poesía yámbica, que al igual que la tragedia, posee una marcada estructura
rítmica y como toda arte, es mimesis, pero que a diferencia de ésta, la Kátharsis a la cual propone
llegar –y el modo de realizarlo- pareciera ser diferente.

Ahora, cabe entregar una síntesis en la que converjan esta serie de palabras y silencios. Pensar lo
tratado por el estagirita sobre los sentimientos de terror y compasión causadas por la tragedia,
mientras se revisa la descripción de Kátharsis que buscaban los cultos dionisíacos, genera una
sensación de contradicción. Por un lado, la apelación del filósofo a sentimientos que por medio de un
dolor ponen al hombre frente a la fragilidad y suerte de las acciones humanas. Por el otro, el llamado
a purgar la racionalidad individual, a la exaltación y el llamado a la libertad mediante el éxtasis, la
desinhibición y la sátira.

Sin embargo, las diferencias entre las Kátharsis mencionadas se van diluyendo a medida que uno se
va acercando a sus llamados y efectos. En estos reside un elemento que sería capaz de darles unidad,
y con ello, elaborar una idea del arte en la Grecia antigua. Me refiero a la capacidad del arte poética
de conmover al espectador e invitarlo a salir de sí mismo hacia el orden de las cosas. Ya sea
mediante entender las acciones humanas en tensión con el destino y por tanto entender la posición
frágil del hombre ante la vida –como en la tragedia- o bien, mediante el llamado a exaltar aquello que
hace del hombre menos un individuo y más un animal social: la sexualidad y el escarnio político a lo
que amenace dicho orden.

El yambo que abrió esta reflexión como epígrafe pertenece a Arquíloco de Paros. Una muchacha
lleva en una mano agua –engañoso- pues en la otra tiene el fuego capaz de quemarnos. Esta imagen
nos permite graficar la propuesta de más arriba. El arte en la Grecia antigua nos trae algo a la
inmediatez, algo que nos deleita, pero a la vez, tiene la capacidad de hacernos salir de nosotros
mismos, de quemar los límites. El silencio de Aristóteles, finalmente, fue ese, el de no advertir que la
muchacha no solo llevaba yambos en una mano.
Referencias bibliográficas
− BENTUÉ, ANTONIO. “Dios y dioses: historia religiosa del hombre”. Eds. Universidad Católica
de Chile. Santiago. 2004
− COVARRUBIAS, ANDRÉS. “Mimesis, Analogía y Semejanza como vías de acceso a lo divino
en la obra de Aristóteles”. Revista de Filosofía. Vol. XXXV – XXXVI. 1990
− DODDS, E.R “Los griegos y lo irracional”. Alianza. Madrid. 1980
− NIETZSCHE, FRIEDRICH. “El Nacimiento de la Tragedia”. Alianza. Madrid. 2003
− SUÁREZ DE LA TORRE, EMILIO. “Yambógrafos”. Gredos. Madrid. 2002