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MANDAMIEI\TOS

Manual para la vida cristiana

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Tftulo original: Tte Ten commondments: Mantnljor the ctvistínn l;ife Autor: Jochem Douma

Publicado por P&R publishing Co., NewJersey, @ tgg6

Tftulo: I-os Diez Mandamientos: Manual para la üda crisüana Traducido por: José María Blanch Revisado por: Alejandro Pimentel

Impreso en los EE.UU.

Diseño de cubierta: JosuéTorres

Para las citas de la Biblia se usó la Nueva versión Internacional o lggg.

Libros Desafio es un ministerio de cRC Rrblications, casa de

publicaciones de la Iglesia cristiana Reformada en Norteamérica,

Grand Rapids, Michigan, EE.UU.

Publicado por

T TRRoS DESAFÍo

285O Iklamaz¡oAve. SE

Grand Rapids, Michigan 49560

EE.UU.

O 2OOO Derechos reserwados

ISBN r-558a3-t20-7

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Contenido

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Prefacio

7

ElprólogodelosDiezMandamientos ....

9

Elprimermandamiento

25

Elsegundomandamiento

49

Eltercermandamiento

93

Elcuartomandamiento

133

Elquintomandamiento

193

El sorto mandamiento

.245

El séptimo mandamiento

Eloctavomandamiento

335

Elnovenomandamiento

......

367

Eldécimomandamiento

......

395

Apéndice: El uso de l¡a Biblia en la éüca

.

.

.

.

.

.415

Índicegeneral

...

455

indicedematerias

.....

461

Índicedeautores

......

469

Índice de citas bíblicas

.475

Prefacio

e>

El Profesor Dr. J. Douma es ministro de la Iglesia Reformada Libre de

Holanda (wijgemaakt), y desde 1970 ha sido profesor de ética en la

Universidad Teológica en Kampen, Holanda. El Dr. Douma ha escrito una serie en quince volúmenes titulada Re¡fleruin Moral (Ethische bezhnirg), en la que analiza diversos temas firndamentales y actuales de la esfera de la ética. Entre estos temas se encuentran el aborto, matrimonioy sexualidad,

el estilo cristiano de üda, homosexualidad, medio ambiente y tecnologia,

responsabÍlidad política y armas nucleares. Tres de estos quince volúme-

nes fueron un comentario de los Diez Mandamientos, volúmenes que luego se integraron para publicarlos como uno solo. El Dr. Douma goza de respeto internacional por su interpretación pro- funda y aplicación cúdadosa de la Escritura, de los credos y de la historia

de la i$esia, en relación con problemas morales contemporáneos. En este volumen ofrece un comentario moderno sobre los Diez Mandamientos, que

siguen siendo en nuestros días un manual para lavida cristiana. Finalmente, esta edición incluye un apéndice titulado: oEl uso de la

Biblia en la éticao. Este útil ensayo sería provechoso estudiarlo antes de leer la exposición y comentario de los Diez Mandamientos, ya que en él el

Dr. Douma explica los principios y método hermenéuticos, con una expo-

sición de cuatro maneras eficaces en que se puede usar la Biblia para

reflexionar sobre la moral.

Nelson D. Kloosterman Mid-America Reformed Seminary

Dyer,Indiana

EE.UU.

El prólogo de los

Diez Mandamientos

'eu

Yo sog eLfurrlrtutDíos.

Yote saqué de Wtpto, del Wis donde eras esclnuo.

Éx. zo:z)

EL PROLOGO DE I,OS DIEZ MANDAMIENTOS

Carta constitucional del pacto

Cualquier tratado de los Diez Mandamientos debe ocuparse del prólogo o preámbulo, ya que es evidente que forma parte de las palabras que Dios pronunció cuando proclamó los Diez Mandamientos en el Monte Horeb. I-os judíos ortodoxos le atribuyen tanto valor a estas palabras que hacen de ellas el primer mandamiento. Pero esto dificilmente puede ser así, ya

que en el prólogo no se prescribe nada. Antes bien, Dios comienza a decre- tar en las palabras subsiguientes: <No tengas otros dioses además de mí, (Éx. 2O:3). Además, para poder llegar a que los mandamientos sean diez,

los judíos se ven obligados a combinar varios mandamientos posteriores. Al igual que los católicos y los luteranos, combinan en uno solo los que nosotros consideramos como primer y segundo mandamientos, y luego

identifican los demás, del tercero hasta el décimo, de la misma forma que los creyentes reformados. Esperamos demostrar en nuestra ex¡rosición del

segundo mandamiento que esta combinación es incorrecta. De momento,

sólo diremos: no hagan del prólogo un mandamiento por separado, pero préstenle mucha atención. ¿Por qué? Porque este prólogo ayuda a iluminar el hecho de que en el Decalogo tenemos una carta del pacto que Dios estableció con Israel en el

Sinaí. Como leemos en Deuteronomio 4: 13, el Señor dio a conocer su pacto: <El Señor les dio a conocer su pacto, los Diez Mandamientos, los

cuales escribió en dos tablas de piedra,. Por fuentes extrabíblicas sabemos

que durante este período, otras naciones también utilizaron tablas para establecer un pacto. Además, también hay puntos sorprendentemente parecidos entre lo que encontrarnos en los Diez Mandamientos como documento de un pacto y lo que encontramos en otras partes, Por ejem-

plo, un rey hitita podía comenzar de esta manera el tratado en forma de pacto que establecía con sus vasallos: nAsí habla el rey Sol Mursilis, el

gran rey, el rey de la tiera de Hatti

...

r

Esto hace recordar la magnífica intro-

ducción del pacto con Israel: oYo soy el Señor tu Dios

Un príncipe pode-

... roso se presenta a sus subditos. El convenio en forma de pacto podría

,

11

I¡S DIEZ MANDAMIENTOS

seguir describiendo los favores que el gran rey hubiera otorgado a sus príncipes vasallos. En forma parecida leemos que el Señor ha liberado a Israel de Egipto, la casa de esclavitud. El soberano hitita pasaría luego a

estipular las obligaciones que debÍan cumplir sus vasallos. En un sentido parecido, encontramos en el Decá{ogo, con su repetido nnoo, las regulacio- nes que Israel tenia que observar para ser fiel a su pacto con el Señor.'

Dios

-

überación

vida santa

-

Examinemos más de cerca los tres elementos que acabamos de mencio-

na.r.

En primer lugar, Dios se anuncia en toda su majestad. Su revelación en

el Sinaí se acompañó de truenos y relámpagos que pusieron na temblar a

todos los que estaban en el campamento> (Éx. 19:16). A los israelitas los

inütó a que se reunieran en la montaña envuelta en un fuego que alcan- z,abael mismo cielo, para que escucharan las palabras de Dios (para que

aprenda a temerme todo el tiempo que viva en la tiera, y para que enseñe

esto mismo a sus hijos, (Dt. 4:lO). Tenían que honrar a este Dios (Sal.

24:7,9: 29:l-2:

96:6- 1O). El hijo honra al padre y el siervo a su amo. Por

esto Dios podía decir: oahora bien, si soy su Padre, ¿dónde está el honor

que merezco? Y si soy Señor, ¿dónde está el respeto que se me debe?" (Mal.

l:6). Este mensaje no es menos válido para la iglesia del Nuevo

Testamento. Esta i$esia, según el autor de Hebreos, no se ha acercado a

una montaña fisica envuelta en fuego. cubierta de tinieblas y acosada por

vientos tempestuosos; pero está llamada a servir a Dios con el mismo

honor y respeto, (porque nuestro Dios es fuego consumidor, (Heb. f 2:18-

2r,29).

Segundo, advertimos que Dios se anuncia como el gran Libertador. En el prólogo del Decálogo, no es como un rey hitita déspota que obliga a sus vasallos a que 1o respeten. t^a instancia a que Israel lo tema y honre, tiene

[*"

un sabor especial. En el prólogo, Dios se presenta como el Señor, como

Yahvé, que ha sacado a Israel de Egipto, el lugar de esclavitud. Por esta razórt,se llama Yahvé. Este nombre quiere decir: nYo soy el que soy,; o sea, rYo soy el que salva y libera, el que cumple las promesas que

hice a sus padres Abraham, Isaac y Jacob,. Dios se habia obligado a sí

  • I J. L. Koole, DeTíenGeboden" 2a ed. (Kampen, 1983), IO-11; también G. van Rongen, Zgn

uast uerbond" (Goes, 1966), pp. 5 lss.

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T2

EL PROI,OGO DE LOS DIEZ MANDAMIENTOS

mismo con el juramento aAbraham, promeüendo multiplicar su descen-

denciay convertirla en una bendición para todas las naciones de la tierra (Gn.22:15-18). cuando se presentó a Moisés, Dios estaba pensando en ese pacto. El Dios de Abraham, Isaac y Jacob no contempló con desinte-

rés a sus descendientes oprimidos en Egipto. Demostró quién era: el Dios

activo, que actuaba para demostrar al Faraón y a Israel que cumplia sus

promesas. Dios escuchó el lamento de Israel en Egipto y recordó su pacto

con Abraham, Isaac y Jacob. vio cómo los israelitas er¿rn oprimidos y lo

que se les estaba haciendo (8x.2:23-25).

El pacto, establecido mucho antes con los padres, se renovaba aquí en el sinaí. Ia nación había sido liberada de Egiptoy sabía qué clase de Dios

los había liberado: nYo soyyahvé, aquel a quien han conocido como el Dios

que cumple su pactor.

Esta liberación se presenta con relieves todavía más pronunciados cuando recordamos que Yahvé liberó a los Israelitas apesarde su propia conducta. Fueron obstinados cuando su liberación de Egipto no llegó con

la rapidez que querían (Ex. 5:21-23; 6:9). Se volüeron contra Moisés a ori_ llas del Mar Rojo:

oEntonces le reclamaron a Moisés: ¿Acaso no había sepulcros

en Egipto, que nos sacaste de allá para morir en el desierto?

¿Qué has hecho con nosotros?

¿para

qué nos sacaste de

Egipto?Ya en Egipto te decíamos: .¡Déjanos enpaz! ¡preferimos servir a los egipcios!' ¡Mejor nos hubiera sido servir a los egipcios

que morir en el desierto!, (Éx. l4:ll-12) Esta mentalidad saldría muchas veces a relucir en el desierto. o¡Desde

que los conozco han sido rebeldes al señorr (Dt.9:24). El deseo de regre-

sar a la vida licenciosa de Egipto resultaba a menudo más fuerte que el

deseo de llegar a laTierra prometida. En el sinaí, fue necesaria la interven_

ción de Moisés para impedir que Dios destruyera a su pueblo. pero ahÍ

vemos de inmediato y con claridad por qué Dios perdonó a su pueblo. Así

es como Moisés intercedió ante Dios por su pueblo: n¡Acuérdate de sus

siervos Abraham, Isaac y Jacob! pasa por alto la terquedad de este pueblo,

y su maldad y su pecado ...

Después de todo, ellos son tu propia heredad;

son el pueblo que sacaste con gran despliegue de fuerza.y de poder, (Dt.

9:26-29)- El pacto, del que los Diez Mandamientos son la carta, es un pacto de gracia, y ¡la liberación de Egipto es una liberación inmerecida!

13

I.OS DIEZ MANDAMIENTOS

En tercer lugar, Dios se anuncia como kgislador. Al prólogo le siguen los diez mandamientos que los Israelitas debían obserwar.2 pero a la luz de

lo que sucedió antes, estos mandamientos revisten un carácter muy espe- cial. No son los mandamientos de un déspota que dicta su ley en el sen-

tido de uobedezcan y calleno, porque son los mandamientos de yahvé el Liberador, que quiere que su pueblo Wrnarez-calibre. primero se da el éxodo hacia la libertad, luego la ley. Aquí se funden la libertad y sus lími-

tes. Pa¡a poder crecer, elpez esta limitado avivir en el agua, su elemento. Así también, las personas son übres, como elpez en el aguay el pájaro en el aire, sólo cuando escuchan la ley de Dios. En su epistola, Santiago des- cribe a la ley como una ley de libertad (Stg. l:25).

En ese contexto, debeúamos mencionar Deuteronomio 6:2O-2b como

un pasaje muy pertinente. En generaciones posteriores, cuando un hijo le

preguntaba a su padre, o¿Oué significan los mandatos, preceptos y nor-

mas que el Señor nuestro Dios les mandó?, el padre tenía que contar pÉ

merola historia de la liberación de Israel de Egipto, antes de llegar a los mandamientos mismos. El propósito de cumplir con estos mandamientos

es suficientemente claro: nEl señor nuest¡o Dios nos mandó temerle y obe- decer estos preceptos, para que siempre nos vaya bien y sigamos con vidar (Dt.6:20-25| Al que cumpla la ley, todo le irá bien. Éste es un tema que

se repite (Dl. 4:4O; 1O:13; L2:28, para menciona_r unas pocas referencias). como alguien ha dicho, la ley es la melodía cuyas notas consisten en una

üda gozosa delante de Dios.3 se compusieron poemas para alabar la ley (sat. 19; 119). Hablando en forma metafórica, no es el trueno sino el rocío

lo que mejor caractertza ataley dada en Horeb.n Al frente de la ley no mar- cha su rigor, sino su preocupación por impedir que el que ha sido liberado

regrese a la esclaütud.

A esto debemos agregar la obserwación de que la üda seg¡rn la ley es una

vida santcr- sobre todo en el libro de Levitico se nos dice con claridad que
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esta vida santa está íntimamente ligada a la liberación de Egipto. En este

opino que no causa diferencia alguna hablar de las Diez palabras o de los Diez

Mandamientos. Encontramos npalabras, JÉx. zo: t; Dt.

S:22) o odiez palabrasr (véase el

hebreo de Éx. 34:28:Dt,4:13; l0:4); pero también se puede hablar de áos tablillas de pie-

dra que contienen la leyy el mnnda¡níento(Dx.24:12).véase también Mt. 19:17-19 y Ro. 13:9. Todo se reduce a cómo se interpreta el concepto de mandamiento.

  • 3 J. W. Tunderman,'tBegínselder eeutuíge uretgle (Goes, lg4g), 2:f lO.

  • 4 H. Veldkamp, ondngsl<índeren" 3a ed. (Franeker, 1957), 2:138.

T4

EL PRÓI,OGO DE I,OS DIEZ MANDAMIENTOS

  • I libro de la Biblia, escuchamos con reguladdad la resonancia del prólogo de

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los Diez Mandamientos, a menudo en relación a la exhortación: <Sean,

pues, santos, porque yo soy santor (Lv. 11:45; véase l9:2;22:31-33). ¿8ué

quiere decir esto en concreto? Indica que Israel no puede comporlarse

]

como el pueblo de Egipto, e incluso menos como los quevivian en Canaán, hacia donde se dirigía Israel (Lv. 18:3). Yahvé había apartado alsrael de las naciones para que este pueblo le perleneciera (Lv. 20:26). Yatrvé mismo es santo, lo cual significa que es completamente diferente de todos los otros dioses; pero entonces también su pueblo ya no podía üvir según el esülo de Egipto, la tierra de la que habían sido sacados. Israel tendría que prac- ticar otro estilo en todas las dimensiones de su vida, un estilo diferente de los que había encontrado tanto en Egipto como entre la población pagana

de Canaárr. Disfrutar de la libertad significa vivir la antítesis.5 A un Dios

aparte pertenece un pueblo aparte: <un reino de sacerdotes y una nación santar, (Éx. f9:6).

Del Antiguo al Nuevo Testamento

Los tres sorprendentes elementos en el prólogo que acabamos de mencio-

nar destacan todavía con mayor relieve cuando pasamos del Antiguo al

Nuevo Testamento. Moisés, el mediador del antiguo pacto en el SinaÍ, deja

su lugar a Jesús, el Mediador del nuevo, y mejor, pacto {Heb. 8:6; 9:15; 12:24). Fundamentalmente, el pacto mejor no es otro pacto, ni siquiera en

relación con los Diez Mandamientos. Hemos escrito en otro lugar acerca de

lavalidez permanente de los Diez Mandamientos.u Junto con Calvino, insisümos en que el pacto con Israel no difiere en uesencia y sustancia, del pacto del Nuevo Testamento, sino que difieren

entre sí sólo en cuanto a su respectiva administración. El nuevo pacto ya no se establece con una sola nación (Israel) sino que se extiende a los cre- yentes y a sus descendientes de todas las naciones del mundo (Hch. 2:39; Ro.9:24-26:Ef .2:ll-22).Además, las prácticas de culto asociadas con los

sacerdotes, los sacrificios de animales y las fesüvidades concluyeron cuando todas estas nsombras), se sustituyen al aparecer la realidad de

  • 5 J. L. Koole, DeTienGeboden pp.2S-26.

  • 6 Chvistian Morals and- Ethícs Winnipeg, I 98 1 ) . No volveremos a analiza¡ en este volumen

lo que expusimos ahi, a saber, lavalidez permanente del Decálogo, la ley como norma de

vida más que como camino de salvación, y los tres usos de la ley.

15

I,OS DIEZ MANDAMIEMIOS

todas estas cosas en Cristo (Col. 2:16-17; Heb. b-l0).' Debido a esos y

otros cambios, ya no es posible hablar de los Diez Mandamientos sin rela-

cionarlos con la obra de Jesucristo. Ahora reciben una interpretación más amplia y profunda que lo que fue posible a los pies del Monte Sinaí.

Esto debemos tenerlo presente cuando leemos el prólogo. señalamos

antes que, en primer lugar, Dios se anuncia en el prólogo en toda su majes- tad. sujetos a esta majestad están no sólo Israel, sino todo el mundo. Esto

también fue así cuando Yahvé estableció su pacto con Israel en el sinaí, porque incluso entonces decla¡ó que todo el mundo le pertenecía (Éx.

19:5). Pero con la luz del Nuevo Testamento vemos mejor cómo todas las cosas le pertenecen y existen por él y para él (Ro. I l:86), y cómo es digno

de recibir gloria, honor y poder de todas las naciones (Ap. 4:II; 2I:26).

Vemos también cómo toda autoridad en los cielos y en la tierra ha sido

dada a cristo (Mt. 28:18), y que delante de él toda rodilla debe doblarse y toda lengua debe confesar que rdesucristo es el Señor para $oria de Dios Padrer (Fil. 2:lO-f l).

Más aún, lo que el prólogo dice acerca de Dios como gran Libertador adquiere un contenido más profundo en el Nuevo Testamento. ya el Antiguo Testamento fue más allá de la impresionante liberación de Egipto. Jeremías anunció que llegaría el día en que el pueblo ya no diría: npor la vida del señor, que hizo salir a los israelitas de la tierra de Egiptor, sino, ttPor lavida del señor, que hizo salir a los israelitas de la tierra del norte, y de todos los países adonde los había expulsado, (Jer. 16:14-lb). pero la gran liberación lograda por medio de Jesucristo superaría cualquier otra liberación. t a antigua Pascua se sustituye con la nueva, para la que cristo

mismo se ha converlido en el cordero sacrificado (l co. 5:z).r,aliberación

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de Egipto se convirtió en nuestra liberación del poder de las tinieblas, de la esclaütud del pecado, de modo que pudiéramos tener un lugar en el reino de Cristo (Col. 1: 13; I P. 2:9). También en esto, debe impresionarnos el carácter gratuito de esta libe-

ración: nPor gracia ustedes han sido salvados mediante la fe; esto no pro-

  • I cede de ustedes, sino que es el regalo de Dios, no por las obras, para que

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  • 7 La relación entre elAntiguo y Nuevo Testamentos es crucial para la ética cristiana. Entre losmejoresanálisisestáJuanCalvino,

IrstihrcióndelaRelígíónCristirutqnuevaed.revi-

sada, trad. cipriano de valera, Fundación Editorial de Literatura Reformada,

2vol. (1967),2.I1.329-341,

oDiferencia entre los dos Testamentoso.

16

EL PRÓI,OGO DE LOS DIEZ MANDAMIENTOS

nadie se jacte, (Ef. 2:8-9). Del mismo modo que Israel no se apartó de la

esclavitud de Egipto por sus propios esfuerzos, también la gran liberación que Cristo ha real2ado debe describirse como no merecida. Una vez más, las promesas que hace mucho fueron dadas a Abraham y a sus descen-

dientes, llegan a cumplirse. Dios demostró su misericordia en Cristo a

Abraham y a sus descendientes para siempre (Lc. I :55), y recordó el jura-

mento hecho a Abraham (I*. 1:73). Lo que Dios declaró una vez a

Abraham

¡¡¿o (Gn.

medio de ti serán bendecidas todas las familias de la tie-

-u¡por

I2:3)- ahora logra su plenitud entre aquellos que creen en

Cristo. En este sentido, las distinciones entre judÍo y griego, esclavo y libre,

hombrey mujerya no importan. Son uno en Cristo, y quien esté en Cristo

es hijo de Abraham y heredero según con la promesa (Gá. 3:7-14,28-29).

En tercer lugar, debemos ver con claridad que el Dios que se anuncia

como Legislador, lo hace como nuestro Salvador en Cristo en forma más

explicita que bajo el antiguo pacto. Invocando las misericordias de Dios,

Pablo nos inüta a que presentemos nuestras üdas a Dios como sacrificio

santo (Ro. 12:1). Hemos sido escogidos con etfnde quepodamos vivir en

forma santa y sin tacha delante de Dios (Ef. f :4). Dios nos ha creado en

Cristo parahacer buenas obras, que ha preparado de antemano para que andemos en ellas (Ef.2:lO). Primero está el evangelio, luego la ley. El pue- blo debe mantenerse firme en su libertad y no permitir ser esclavizado de nuevo (Gá. 5: 1). Debemos decir adiós a la vida vieja, pecaminosa y no per- mitir que nos seduzcan los deseos de otro tiempo cuando no sabíamos cómo era todo. Porque así como Aquel que nos llamó es santo, así también nosotros debemos ser santos en todo lo que hagamos, como dice Pedro, recurriendo aI versículo del Antiguo Testamento: uSean santos, porque yo

soysanto, (f P. 1:15-16).

Esa condición de vida también contrasta con la forma mundana de la

que hemos sido liberados. Debemos ser irreprochables y sin mancha, hijos que viven sin faltas en medio de una generación deshonesta y perversa, y

debemos ser estrellas brillantes en el mundo (tenebroso) (Fil. 2:15). I-a" libe-

ración de Egipto, y de cualquier otra tierra de esclaütud a cualquier

pecado, exige una antítesis visible en estilo de vida entre el entonces y el

ah.ora.

I7

I,OS DIEZ MANDAMIENTOS

No es teología de la überación

Escribir acerca de los Diez Mandamientos implica escribir acerca de los

mandatos de Dios y de su leg, q'ue no han perdido su importancia en el

nuevo pacto. Pero no podemos ex¿rminar adecuadamente esta ley sin hablar también constantemente acerca de libertad y liberación. El prólogo nos impide convertir el Decálogo en un conjunto de prescripciones utiliza- das para dominar a esclavos. son más bien re$as para la vida del pueblo liberado, pueblo que no debe ser tan necio como para regresa_r a la escla-

ütud.

sin embargo, se puede escribir acerca de esta liberación de Egipto, y acerca de los Diez Mandamientos dados en relación con dicha liberación,

en una forma que nos conduzca por la senda equivocada. pensamos en la

moderna teología de la liberación. El punto fundamental de esa teología es

la liberación de diversas injusticias sociales. Así como Israel salió de

Egipto, asi también la humanidad oprimida debe destronar a varios opre- sores. tos grupos oprimidos tienen que huir de la dominación del apar-

theid, del capitalismo, de la sociedad patriarcar, de la moral heterosexual,

y cosas parecidas. Los habitantes negros de África del sur, los pobres de Hispanoamérica, las mujeres, los homosexuales, todos quieren ser libres.

Los teólogos acuden en su ayuda con el mensaje de que Dios es el gran Libertador, quien liberta de toda clase de esclavitud. ¡Tan sólo tenemos que

escuchar el tema del éxodo en la Biblia! Sin duda que la palabra olibertad, es importante en relación con la inter-

pretación del prólogo y de los Diez Mandamientos mismos. por esto, en lo que sigue, utilizaremos esa palabra a menudo. Las leyes de Moisés tienen

implicaciones sociales para forasteros, esclavos, huérfanos y viudas (p.

ej., en Dt. 15 y 24). Todo el que ha sido liberado de Egipto debe caer en la cuenta de cómo deben ser tratados el forastero y el esclavo. pero por esa

  • L razón, puede ser muy unilateral $ también muy inaceptable en su aplica- ción) hacer del Decalogo la Carta Magna de la liberación.8 ¿por qué?

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Porque conüerte incorectamente a la liberación humana en el tema

principal del Decálogo. El prólogo no dice: o(Jstedes son los liberados a los

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rl,

i

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  • 8 Este término lo uüliza J. M. I¡chman, wegu:eisuttg derFleitreit (Gütersloh,

1979), p. 17.

  • i El libro de Lochman es un claro ejemplo de interpretación del DecáLlogo dentro del contexto de una teolo$a (moderada) de la liberación. Nuestra valoración

y críticas de esta obra

(19g2): pp. 72ss.

aparecen en oLactualité de l'éthique du Décalogue,, Lo,reuLeréforméess

k.^

l8

EL PROI-OGO DE I.OS DIEZ MANDAMIENTOS

que he liberado de Egipto, la tierra de esclavitudr, sino (Yo soy el Señor tu

Dios. Yo te saqué de Egipto, del país donde eras esclavo,. Esto, o más bien

é1, es el tema principal del Decálogo. Esto se confirma cuando, inmediata-

mente después del texto de los Diez Mandamientos (según Dt. 5), leemos

acerca del meollo del asunto: el temor de

Yahvé.

.Ama al Señor tu Dios con

todo tu corazón y con toda tu alma y con todas tus fuerzas" (Dt. 6:2, 5).

Cuando cita este texto, Jesús lo llama el primero y principal mandamiento

WIt,22:38). Pero colocar a la libertad humana en el centro conduce a una interpretación del Decáüogo que es antropocéntricaerrvez de teocéntrica.

El respeto por Dios es algo único, con sus propias expresiones de fe, gra-

titud y aJabanza. Los primeros cuatro mandamientos no están ahí por

accidente. I-a. teología de la liberación no es una verdadera teo-logSa, pot- que sobredimensiona la liberación humana y subdimensiona la condiciÓn indispensable para toda liberación genuina: la entrega completa a Dios.

En la Biblia aprendemos precisamente lo opuesto. Pedro conocía el pesado

yugo que cargaban los súbditos y esclavos. Pero sin presuponer que

debían liberarse de este yugo, Pedro parte de la premisa de que sus lecto-

res ya poseínnla libertad. Estaban llamados a vivir como personas libres y a servir a Dios con su libertad {l P.2:13-20).

Además, no debemos interpretar la liberación de Egipto como un

enfrentamiento sociopolítico entre los que tenían y los que no, o entre los que gobernaban y los gobernados. Si hubiera sido un asunto sociopolítico,

¿por qué entonces no hubo en Egipto, en ese üempo, miles de esclavos

más también liberados?n Por otro lado, ya hemos visto que si hubiera

dependido de ellos, los israelitas nunca habúan salido de Egipto. ¡Ias ollas de carne, el pan y el pescado, y todos los melones (véase Éx. 16:3 y Nm.

11:5-6) resultaban más atractivos que los riesgos que implica confiar en

Yahvé!

Cualquier búsqueda del punto principal del Éxodo tendrá que ofrecer más que una simple resistencia a un Faraón déspota y a su Jrugo de escla- vitud. En la época en que Israel todavía estaba bien en Egipto, José, quien no era esclavo, sino príncipe, anhelaba la tierra de Canaán, obteniendo el juramento de que sus huesos serían llevados allá cuando Dios un día se

sintiera conmovido ante la dificil situación del pueblo de José (Gn.5O:24-25).

  • 9 F. H. von Meyenfeldt,Tientegeneen(Flilversum,

1978), l:58ss.

19

l,c.SDIE,Z MANDAMIEMTOS

Y Moisés, quien disfrutó de una posición igualmente destacada en la corte

de Faraón, habría preferido sufrirjunto con el pueblo de Dios que disfru-

tar de los placeres pasajeros del pecado. Consideró eI reproche de Cristo más valioso que los tesoros de Egipto (Heb. 1l:24-26). El éxodo de Egipto no puede servir como modelo de distintos movimien-

tos de liberación, sino que siwe más bien como modelo de libertad genuina, que descansa en las promesas de Dios, de la esclavitud del

pecado y de éxodo de esa esclavitud por medio de Crústo. Quien haga caso

omiso de estos aspectos ofrecerá tan sólo un análisis superficial deléxodo

de Israel de Egipto. Clamará con los israelitas a causa de la esclavitud (Ex. 2:23), pero luego se quejará fácilmente con ellos en el desierto cuando la

libertad y el pan estén inextricablemente vinculados a la fe y obediencia hacia Dios.

Finalmente, la teología de la liberación no puede ser nuestra guía

cuando se trata de laüda santa, a la que el Decálogo nos inüta. ta liber- tad es un llamamiento, pero no debe utilizarse