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Dirigido por Andrés Ortiz-Osés y Patxi Lanceros

Diccionario interdisciplinar de

Hermenéutica
HG. Gadamer E. Dussel
P. Ricoeur L.A. Schokel
G. Durand M. Frank
G. Vattimo E. Neumann
J.L. Aranguren M. Maffesoli
R. Panikkar E. Coreth
J. Rof Carballo L. Cencillo
E. Trías J.L. Abellán
J. Oteiza J. Gómez-Tabanera
C. Moya M. Beuchot
X. Rubert de Ventós C. García Gual y otros

Quinta edición revisada y ampliada

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2006
Universidad de Deusto
Bilbao

......___
N1m111r1.-J prirlP de e,tJ publicJción, incluido 01 d1s0ño rlP lri rnb1Prt.-J, puPdP
ser reproducida, ;,lmrirPn.-Jd.-Jo tr.-J11c,111itid.-J
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Metáfora
«Tratar de la metáfora», escribía U. Eco, «entraña siendo así que «agotar» y «cortar» son dos maneras
como mínimo tratar también (y la lista es incompleta) de quitar; d) por analogía: cuando el segundo térmi-
de: símbolo, ideograma, modelo, arquetipo, sueño, no [de la comparación] es al primero como el cuarto
deseo, delirio, rito, mito, magia, creatividad, paradig- al tercero. Por ejemplo: dado que existe la misma re-
ma, icono, representación; y también, como es obvio: lación entre la tarde y el día que entre la vejez y la
lenguaje, signo, significado, sentido»'. Cumplir talco- vida, podré reemplazar la tarde por la vejez y hablar
metido en un artículo que se requiere breve es a to- de la tarde como de «la vejez del día» y de la vejez
das luces imposible, por lo que se impone restringir el como de «la tarde de la vida» 3 .
área del discurso seleccionando aquellos conceptos La metáfora ha sido entendida, comúnmente, a
que resultan imprescindibles para la elucidación del partir de Aristóteles, como «comparación condensa-
tema que nos interesa: la función hermenéutica de la da», pero la insuficiencia de tal definición ha sido
metáfora. Y entendiendo que la investigación lleva en puesta de manifiesto ampliamente 4• La consideración
sí, desde su inicio, las condiciones de sus logros, em- de la metáfora como una figura de lenguaje destina-
pezaré con una definición concluyente: la metáfora es da simplemente a establecer una comparación la eli-
el núcleo hermenéutico que nos permite diseñar mun- mina como posible valor fundante de la creatividad,
dos posibles. La actividad metafórica es la condición a no ser, claro está, que se le concediera a la analo-
de posibilidad de toda producción creadora a la vez gía funciones mucho más amplias. Si, tomando el
que de la apertura comprensiva que permite dicha ejemplo de U. Eco', hablo del «pico» de la montaña,
producción. Las claves de la actividad metafórica son estoy, efectivamente, suponiendo una semejanza en-
aquellas que explican el mecanismo que nos permite tre el «pico» y la «cima», pero el hecho de reempla-
construir imágenes comprensivas del mundo, es decir, zar «cima» por «pico» supone algo más: la interven-
dar sentido. ción de un cuarto elemento en la relación: la cabeza
La objeción a este planteamiento es fácil: apa- del pájaro. Pues, ciertamente, el ejemplo, aunque de
rentemente, es ésta una manera sui géneris de en- tres términos aparentemente, sigue el planteamien-
tender la metáfora, cuya definición resulta bastante to cuarto de Aristóteles: el pico es a la cabeza del pá-
más simple desde el punto de vista de la lingüística. jaro como la cima es a la montaña, como la vejez a la
Tal vez se esté aplicando el término inadecuadamen- vida y la tarde al día. Si bien es cierto que toda com
te, tal vez se esté confundiendo un proceso psicológi- paración supone la existencia de alguna semejanza,
co con una función gramatical.. Deshagamos, pues, lo que está claro es que no podría existir semejanza
equívocos. alguna entre dos cosas idénticas, por lo que el hecho
de poder comparar supone ante todo la existencia dP
ciertas desemejanzas, y la intención del sujeto que
1. Semejanza y desemejanza. La naturaleza metaforiza hace algo más que establecer una com-
de la metáfora: l. La metáfora como analogía. paración: está procurando que entren en juego témino1
11.La metáfora como tensión y simultaneidad de~en11•j,1111<•, .:i p.irtir di' la indic¡¡ción d" una seme
janza. L.i 111,:,taford tr .:ib.:iJapreri,amente con la mm
Etimológicamente. el trrrn,no mpf¡jfora (¡,, 1" ,},~1u) tración equivrn" d,• la diforE>ncia m@dinnt@ la aproxi
significa «transporte u, «tr .u1~frrrnc inn, 1~traslación», y mación fi< tití,, d•• lo< dm términos -o de los dm
es éste el sentido propuesto ror Ar i,t()tele, cuando la ámbitos- (lUP <,.lt f PlclfÍOtl.lrl, dproximaCÍÓn que Sf
define' como epifora. es decir. (orno tra,IMión a una realiza median\!! l.1 s,>l<•cción do> una uirncteristica
cosa de un nombre que de"'l"" .i ntr;,. SP trataría, que parete fWlt<'rwu•rl.,, ., ambos. 5i In cima y el
pues, de un tropo o tigura de lr11q11i1JP qu"' consistiría pico son sem<'jdr-.t.,,, lo '"' .'In un una o mAs cualida-
en reemplazar simplemente Lllld pal,1hrñ por otra que des, no en tod,w l'II Id «.:iqude7a» en est@ cnso. Por
quarde con aquella cierta relación. La, forrna, r,Mi- un lado, si la semej,.ir11a fu"'" total, no habría metá-
lJlt•s d<• 0,ta relación serían cuatro: a) del género ,1 1,, fora posible y, por otro, 1i 1e tO<J''-''" l.:, totalidad de
especie: si Ul<JO«mi nave está detenida» y la palabriJ lds ,arMtPristicas del significante del v<'fli<ulo' (,•I
«detenida» reemplaza «.intlada», siendo asi que estar pico todo entero. rnn todas rns características) se
detenido es una manera de estar anclado; b) desde la perjudicaría la interpretación del enunciado. En Pito
especie al género: si digo «Ulises ha llevado a cabo último cifra M. Le Guern 7 la diferencia que existe en-
miles de acciones bellas», siendo así que «miles» re- tre el símbolo y la metáfora: el símbolo, dice, «es lo
emplaza a «muchos»; c) de la especie a la especie: si que representa otra cosa en virtud de una correspon-
digo «habiendo agotado su vida con la espada de dencia analógica», mientras que en la relación meta-
bronce» y «habiendo cortado con su duro bronce», fórica sólo e& aplicable un rasgo de similaridad. que

1 Eco, U., Semiótica y Filosofía del lenguaje, Barcelona, Lumen, s Eco, U., op. cit., p. 180.
1990, p. 168. 6 Desde la perspectiva epifórica o comparativa, se denomina vehícu-

2 Aristóteles, Poética, 1457 b, 7-32. lo al elemento principal de la metáfora, y tenor al elemento pasivo.
3 Los cuatro ejemplos son de Aristóteles. 7 Le Guern, M., Metáfora y metonimia, Madrid, Cátedra, 1976, 44

4 Para una relación más exhaustiva de autores y de los distintos tra-


tamientos que le han dado al tema, puede consultarse Maillard, Ch.,
La creación por la metáfora, Barcelona, Anthropos, 1992, cap. 3.
353 Metáfora

suele ser el atributo dominante. De ahí concluye Le La actividad metafórica comparte pues con el arte
Guern que lo que diferencia al símbolo de la metáfo- ese aspecto de lo lúdico que integra la simulación: la
ra es que, en ésta última, la imagen o representación ficción. Y lo que no conviene olvidar es que quien jue-
mental no es necesaria, mientras que sí lo es en la re- ga y quien finge es un sujeto, que no existen «objetos
lación simbólica. de lenguaje» sino acción comunicativa y comprensiva,
La metáfora es, pues, el resultado de una tensión: que el lenguaje es algo vivo, y que el sujeto hablante
un «es (como), pero no es». Y si la metáfora elide el realiza su actividad con ciertas intenciones, por lo que
nexo comparativo (el «como»), lo hace en razón de será pertinente preguntarse cuál es la intención del su-
lo que ella misma pretende: aunar lo desemejante jeto que metaforiza. Y lo primero que se nos puede
para poder formar, como diría Ortega, un «nuevo ocurrir es que la pretensión del hablante sea la de
objeto». Prescindir del «como» significa hacer hinca- traspasar lo literal, a menudo insuficiente para dar ra-
pié en esa identidad que, como decía W.A. Urban con zón de las intuiciones.
respecto al símbolo, contiene al mismo tiempo ver- A partir de la constatación de que la metáfora es
dad y ficción. La verdad y la ficción, lo veremos más ante todo una actividad del sujeto, OrtPga llegaría a la
adelante, son concE!ptos qu¡, pn>sl'ntan problPmas de , on<iu,ión d¡; que t•I nútl<'o del juego metafórico resi-
límirns. dt• t•n Id Jmbigüedad del «es. pero no es». o sea, en la
El «nUPVO ob1tcHU}) quu Id lflt.'tjforcl <Ori\l 1 9uircí for- tensión que surge al pretender forzar una identidad
l))dí ~Qícl H!l..Ult..JdU d(I l_ll_.~ «VdiVQn d{J propiPtf.-ldP~>>, ilt•9itirnJmente propuesta. El «nuevo objeto» se logra-
~Qqún l.a oxprt:!~1011 dü Eco. «Id (lll)d \P VU{IIVt• Fllc'p.• r l.i m¡;didnl<' Id destrucción de los «objetos reales» que
,rnimlll y org.an1c,1, l'I pico adquwrn un.i prop1<Jd.Jd ,,ntrdn t•n rt>ld( 1ón, µ.u..i lo ( udl, en primer lugar. se des-
mineral»" y @ste es. desde luego, el primer p,1so para tac~ra Ull.] ~Qfl)Ojdf1Ld lff(lll'V.HtlL•,UUI c,e
.J J}cHtirdv Id

trasladarnos desde la interpretación epifórica de la afirmMá, indE!bidamente, la 1dent1dad .,h,olut.i dP .1111


rnetMor" (la epifora fue definida por Ph. Wheelwright bos. Por supuesto, dada l,1 irrelevancia de la serneianza,
( orno 1~'HJprrcn 1ón y rxtf"n")1Ón drl ,igniti( fido median éstos se resistíri\n a la identificación. rechazándose
h· lt1 ron1para( 1onn 9) ,1 \Hh'I 1ntrrpretauón d1dfórica: mutuamente. Sin embargo -y en esto consiste la se-
rn palabra') del ce(ft',H 1ón de nuevo~
n11'ln10 flutor: gunda operación-. se tratará de insistir en la identi-
·,,·nt,dm mediante la yuxtaposición y la síntesis»"'. Ha- dad. la cual, por supuesto, no podrá efectuars¡, <>nPI
bremos de matizar más adelante: slntesis y actividad ámbito de lm objetos rPales sinn quP h.ibrá d" reJlizar~e
,imultán!'a. en otro ámbito. aquel al que Ortega denomina «lugar
Lo que permitió dar el giro hacia una fórmula diafó- sentimental», por lo q1JPPSI' «nuPvo objPto» será no
rica debió ser el tener en rnenta que 1." el peso de lil un «objeto redl» sino un «objeto estético». El «lugar
dlCión metafórirn no descansa en uno sólo de los ele- sentimental» no les corresponde a los conceptos, dado
mE!ntos que intervienen en ella sino en ambos, y que que cada unidad conceptual ocupa un lugar determi-
2.º se trata, efectivamente, de una acción. antes que nado que no puede compartir con un concepto distinto.
de un resultado. Los lugares «reales» son refractarios a la simultanei-
La vieja costumbre, presente aún en algunos lin- dad de las imágenes que los conceptos representan.
güistas, de tratar los distintos elementos del lenguaje Conceptuadas, las imágenes adquieren la fijeza de lo
como objetos de estudio, hace que se olviden de que repetible, de lo universal, y de lo ideal. En cambio, el
el lenguaje es ante todo una actividad desarrollada lugar sentimental es aquella dimensión donde los ob-
por un sujeto y que, por tanto, sus manifestaciones jetos adquieren valor de presencia activa y donde se
no pueden ser investigadas independientemente de actualizan en la síntesis efectuada por el sujeto, extra-
las condiciones de dicho sujeto y las relaciones que conceptualmente.
establece con su entorno. C.M. Turbayne, por ejem- La teoría orteguiana pone de manifiesto, claramente,
plo, tuvo esto en cuenta cuando puso de manifiesto tres cosas: 1.0 que la semejanza es tan sólo un ardid para
eso tan obvio y tan importante de que sin la concien- poner en juego términos o ámbitos que no se correspon-
cia a) de la dualidad de sentido de la expresión meta- den mutuamente; 2.º que de dos términos que no se re-
fórica -es decir: de que no se trata de una expresión sisten a la identificación, no resulta metáfora alguna, y
literal-, y b) de la simulación de que tal dualidad no 3.0 que el resultado del proceso es un sentimiento pro-
existe, la metáfora no es tal 11 • Sólo habrá metáfora ducido por la sincronicidad de imágenes activas.
cuando un sujeto sea capaz de comprender el juego Por lo que puede concluirse que el carácter innova-
metafórico. Así, la expresión «las perlas de su boca» dor de la metáfora no radica tan sólo en el hecho de
sólo tendrá sentido metafórico para quien entienda que se amplíe un determinado concepto o ámbito al
que la persona en cuestión 1.º no lleva perlas en su permitir en ellos la intromisión de ciertas caracterís-
boca además o en vez de dientes; 2.º que con «per- ticas pertenecientes a un contexto ajeno, sino en que
las» se ha pretendido decir «dientes» -y algo más-, procura la asimilación de dos conceptos o ámbitos
y 3.0 que quien lo dice también sabe que las perlas dispares y que de ello resulta, la disposición de nue-
no son dientes. vos engarces que le permitirán, al sujeto, adoptar un

/bid., 181.
8 vo, y el interactivo. Los dos primeros pueden entenderse como epi-
Wheelwright. Ph., Metáfora y realidad, Madrid, Espasa-Calpe,
9 fóricos, mientras que el último se correspondería con la interpreta-
1979, 73. ción diafórica.
10 /bid., Black, M., en Modelos y metáforas (Madrid, Técnos, 11 Turbayne, C.M., El mito de la metáfora, México, F.C.E., 1974, 26.

1966), contempla tres posibles enfoques: el sustitutivo, el comparati-


Metáfora 354

nuevo enfoque, una nueva manera de ver a partir de vida, cosa que no puede lograrse sin un «tratado de
la cual surgirán nuevos modelos o interpretaciones y, paz», es decir, sin el establecimiento de unas conven-
por tanto, también, nuevos objetos. De ahí que pueda ciones que habrán de establecerse lingüísticamente:
decirse que cuanto más distantes sean las imágenes toda convención exige la utilización de universales:
que se ponen en conexión, más innovadora será la conceptos. La «verdad», por tanto, no será sino el re-
metáfora. sultado de una exigencia social que a su vez responde
Claro que no todo contacto de lo dispar dará lugar a la necesidad o el ansia de vivir socialmente: de con-
a ese salto cualitativo, y desde luego no se dará en to- vivir. Se le dará el nombre de «verdad» a estas conven-
dos los individuos por igual. Que la metáfora resulte ciones cuando su génesis se haya olvidado, y el mante-
eficaz -y la eficacia de la metáfora deberá medirse nimiento de la verdad y la erradicación de la mentira
por el grado de apertura de la visión que es capaz de responderá a un movimiento de preservación del tra-
procurar- dependerá de la experiencia vital, del tipo tado de paz. La verdad, dirá Nietzsche, es un conjunto
de cultura y de la información de que disponga la de metáforas gastadas, «una suma de relaciones hu-
persona, además de su disposición receptiva. Puede manas que han sido realzadas, extrapoladas y adorna-
que de la conexión entre un viejo paraguas y una má- das poética y retóricamente y que, después de un pro-
quina de coser (Lautréamont) no resulte ninguna me- longado uso, un pueblo considera firmes, canónicas y
táfora para algunas personas, pero es seguro que en vinculantes; las verdades son ilusiones de las que se ha
otras muchas la imaginación, rescatando recuerdos e olvidado que lo son; metáforas que se han vuelto gas-
imágenes dispares, efectúe conexiones que hagan tadas y sin fuerza sensible, monedas que han perdido
emerger una impresión nueva, distinta de las que es- su troquelado y no son ahora ya consideradas como
tas mismas imágenes le procurarían por separado, im- monedas sino como metal.» 15
presión que no tardará en germinar si se la cuida y se La otra «verdad», la «verdad pura, sin consecuen-
la deja. El «nuevo objeto» no será necesariamente cias»16 es extralingüística; pertenece, podríamos decir,
una nueva imagen, podría ser un ámbito nuevo, y los al orden del silencio, del «gesto» no interpretado.
ámbitos son estados o disposiciones del espíritu: mo-
dos en que el sujeto asimila los estímulos y se dispone
Verificación del planteamiento de Nietzsche atendiendo
para la visión.
a la presente descripción de la metáfora y a la diferencia
aludida entre símbolo y metáfora
2. Metáforas muertas y conceptos vivos. 1. La cosa en sí y el lenguaje: Los saltos entre una
Metáfora, lenguaje y metafísica esfera y otra serán metáforas si se entiende que existe
alguna semejanza entre el impulso nervioso y la ima-
En el opúsculo póstumo Sobre verdad y mentira en gen, por un lado, y entre la imagen y la palabra, por
sentido extramoral, Nietzsche quiso mostrar que lo que otro. Pero, de hecho, difícilmente puede averiguarse
llamamos «verdad» no es sino el uso habitual de unas ese carácter semejante si originariamente sólo teníamos
metáforas cuyo engranaje tonforma las convenciones el impulso nervioso, en el primer caso, y la imagen.
destinadas a mantener el pacto social. El lenguajP se- en el segundo caso. Para que h.iy.i rnet,Hora es preti10
ría el resultado de un doble salto cualit<1tivo: lo extra que,,. d<'-lil relMión entre los dos objetos. De modo que
polación de un impulso nervioso a una imagen: prime m/,s bien deberidmo, rleur q1w se tratad¡, 1ma trilduc-
ra metáfora y, seguidamente. la transformación de la ción. o sec1.de un proce,o dr 51mbnli,,i<1on. El lrtHJllil-
imagen en sonido: segunda metáfora. Las palabras no je es símbolo. no rnet/ifor,1
dan razón, nunca, de «la enigmática x de la cosa en 2. Form.Jción de concepto,· ,Purdr drrn,r qur lo,
si»"· Los conceptos, por tanto. esos elementos del len- conceptos ,ean metóforn,' Lo operouon , omeptualita
guaje que se convierten en el material con el que trn- dora e~ un protedirn1cnto que pretendr taptar ulo r\f"n
b.i¡,u á "I investigador, se formarían «por equiparación cialn, es decir. lo que tienen en comém lm ind1v1dum ele
dl' tdsos no igual"s» 13 y por el abandono de las dife- un conjunto de cosas. El concepto se refiere a e,to, , ,r,
rer1lia1 individu,1IP,, "' dP<ir, ,•I olvido dP la, notas dis- gos comunes. Es un procedimiento frío. que no pretende
tintivas y «reale!»-n. ((Ld rldtUrdltiLdn, dH P N1Pt1<..rhP, activar, que no activa, de hecho, la función creadora. No
«no conoce formas ni conceptos» 14 • ~e lr .it.i, µJr d olJtener un con, epto, de aunar lo di«into
Que cuando hablamos de verd<1d estamos movién- (aunque las cosas de las que se parta sean distintas), 1i11u
donos en el campo de la ficción significa, para Nietzs- solamente lo idéntico. Un concepto es la formulación de
che, 1 _º que no estamos hablando, que no podemos una identidad bajo la cual podrían acogerse todos los
hablar de las cosas reales. El uso del lenguaje implica objetos -realmente diferentes- que participan de es-
la ficción, es decir, el paso de un orden real donde lo tas características. De manera que la activación volcánica
que hay son las impresiones inmediatas, no codifica- propia del procedimiento metafórico no tiene lugar. es-
das, a un orden representativo; y 2.º que la ficción es trictamente, en la formación del concepto.
el resultado de un impulso, regido por la necesidad Así pues, y si nos atenemos, por supuesto, a la formu-
o el ansia de prolongar la existencia, de mantener la lación anteriormente propuesta, creo que es legitimo

12 Nietzsche, F., Sobre verdad y mentira en sentido extramoral, 14 !bid.


Valencia, Teorema, 1980, p. 8. 1s Nietzsche, F., op. cit., p. 10.
13 /bid., p. 8. 16 /bid., p. 7.
355 Metáfora

pensar que Nietzsche, al hablar de metáfora, se refería entendemos el funcionamiento del lenguaje. Por su-
más bien al símbolo, lo cual no resuelve, ciertamente, el puesto, aquí se está hablando de metáforas filosóficas,
problema, pero lo sitúa en un ámbito más concreto. no poéticas, es decir, de aquellas que dan lugar a filo-
El problema al que apunta Nietzsche es al menos sofemas. Estos filosofemas surgirían, según Derrida,
doble: el de la voluntad de ficción, por un lado, y el de quien sigue, en esto, el rastro de Nietzsche". al des-
la referencia lingüística, por otro. gastarse las metáforas. La idea de que la filosofía fun-
Lo primero abarca, en el propio Nietzsche, un campo cione con metáforas gastadas llevará a Derrida a operar
mucho más amplio que aquel al que se refiere en el un proceso de destrucción de las mismas, procedimien-
opúsculo citado 17 • La voluntad de ficción, entendida to que Ricoeur entiende como una táctica más dentro
aquí como la «ilusión artística» que lleva a transformar de su estrategia de desconstrucción. La critica de Ri-
un impulso nervioso en imagen para la posterior forma- coeur pondrá de manifiesto el hecho de que un con-
ción del concepto, es esa misma voluntad de poder que cepto es algo más que una metáfora muerta, por lo
como voluntad de apariencia, de ilusión, de engaño, de que «reavivar la metáfora muerta no es en absoluto
devenir y cambio «es más profunda y más "metafísica" desenmascarar el concepto»" porque «el concepto no
q11r lñ vol11ntad dr verdml. de re,1lid,1d, dr wr» 18 . M,'" enUJe"ntrc1 -,u génesi5 integral en el proceso por el que
metatisica, probablemente porque el hombre superior, la metáfora se ha lexicado» y que si hay filosofema es
.al arnmir i,I in1>vitabl1>carácti,r pi>rsp1>ctivista de la vi porqup uun concepto puPdP <;.Pr<1ctivo (In cuanto pen
s1611. tom..i corKientia de su propia tdpdtid.id pdra com- ~drniento en una rnetáfor.i ya muerta»''· El concepto
truir el mundo en que vive, y que esto supone el paso tiene su propia vida, su historia, y más aún: vivP.P.nco-
-dr,p11rs drl nih1li,rno--" una ontolngia herrnrnr11ti- nPx1ún <on lo'> dem/t"> e<HH,~pto">que c.onforman el en
cu radical que. dispersando los rescoldos de la metafí· tramado del lenguaje tilosótico. De una metáfora gas-
síca tradicional, abre la vía a una «intraflsica» que no tada nace un concepto vivo.
wr;i, al fin y al cabo, sino un;i nueva nwtafisica. Por otr d fJ<Hte y l)rt e~to tJrnb1ún refutd Ri(oeu,
Lo segundo apunta al problema crucial de la teoría a Derrida 14 - no puede hablarse ya de metáfora -ni
del conocimiento en general y enlaza con otra proble por tanto de su efitatia - - tratándose de metáfora
mátíca: la legitimación de «la» metafísica. gastada, puesto que las metáforas muertas están
El problema de la referencia lingüística nos introduce muertas por el hecho de haberse convertido en ex-
de lleno en el problema de la metaforicidad de la filo- presiones literales_ Para que una metáfora sea tal
sofía que se ha centrado en la relación entre metáfora y metáfora, es preciso que se dé el contraste entre la
metafísica, lo cual es lógico si se tiene presente la idea interpretación literal del enunciado y la constatación
del pensamiento posmoderno de que el pensar filosó- de su impertinencia en el contexto; es preciso que se
fico desde los griegos hasta la actualidad se engloba manifieste la tensión. Hay que añadirle a esto el he-
bajo una denominación única: «la» metafísica". El pro- cho de que la literalidad no hace referencia, dice Ri-
blema podría enunciarse, mal y pronto, de la siguiente coeur25, a lo original, sino a lo usual; el sentido literal
manera: la metafísica tendría un origen metafórico por es el que está lexicado y «el empleo en el discurso, y
cuanto se trata de una traslación de lo sensible a lo no la fascinación de lo primitivo o de lo original, es lo
intelectual, de lo visible a lo invisible. Siguiendo el que especifica la diferencia entre lo literal y lo meta-
planteamiento de Nietzsche, podría decirse que la me- fórico. Más aún, la distinción entre lo literal y lo me-
tafísica es el resultado del desgaste de la «física» en la tafórico no existe más que por el conflicto de dos in-
metáfora. terpretaciones: la primera, al no utilizar más que
La referencia inmediata de esta discusión no es, sin valores lexicados, sucumbe a la impertinencia semán-
embargo, Nietzsche, sino Heidegger, con su afirma- tica; la segunda, al instaurar una nueva pertinencia
ción de que lo metafórico sólo se da en la metafísica. semántica, exige a la palabra una torsión que despla-
Esto, según Ricoeur, significa tres cosas: a) «que la on- za su sentido. »26
tología implícita a toda la tradición retórica es la de la Según esto, la destrucción de esa verdad social de
"metafísica" occidental de tipo platónico y neoplató- la que hablaba Nietzsche mediante el análisis de su
nico, en que el alma se traslada del lugar visible al in- génesis no sería suficiente, no sería suficiente la a/e-
visible»; b) «que meta-fórico quiere decir transposición theía: el no-olvido o recuperación del sentido -o,
del sentido propio hacia el figurado»; y c) «que ambas mejor dicho, del no-sentido- de la impresión origi-
transposiciones son una sola»'º· Lo primero, es decir, naria, para comprender enteramente el concepto. El
la transformación de la metafísica, sería la base del concepto vive en ese mundo creado independiente-
pensar occidental. Lo segundo es la manera en que mente de la realidad, independientemente, pues,

17 Para las matizaciones que ofrecen las obras posteriores de 20 Ricoeur, P., op. cit., p. 381.

Nietzsche al tema de este ensayo, pueden verse, por ejemplo, el tra- 21 Derrida, J., «La mythologie blanche», en Marges de la phi/o-

bajo de Vaihinger, H., «La voluntad de ilusión en Nietzsche)), publi- sophie, Paris, Ed. de Minuit, 1972, pp. 247 ss.
cado conjuntamente con el opúsculo en Cuadernos Teorema, Valen- 22 Ricoeur, P., op. cit., p. 396.
cia 1980, y Vattimo, G., Más allá del sujeto (Barcelona, Paidós, 1989), 23 /bid.

pp. 40-45. 24 Una contestación de Derrida a las críticas de Ricoeur se en-

1s Nietzsche, F., Werke. Kritische Studienausgabe, Colli, G. y cuentra en «La retirada de la metáfora», en la desconstrucción en
Montinari, M. (comp.), Berlín, de Gruyter, 1980, vol. 13, 14 (18), p. 226. las fronteras de la filosofia (Barcelona, Paidós, 1989).
19 Contra esta idea pueden leerse las conclusiones de Ricoeur, P. 2s Ricoeur, P., op. cit., p. 393.
en La metáfora viva (Madrid, Ed. Cristiandad, 1980), pp. 421-423. 26 /bid., p. 394.
Metáfora 356

del referente primero, y la red creada por los con- Interpretar es simbolizar; ambos términos se refieren
ceptos que pertenecen a un mismo ámbito o juego a una acción mediadora.
lingüístico (por qué no recuperar esta maravillosa La metáfora, en cambio, no representa sino que
expresión wittgensteniana) adquiere valor de verdad presenta, y lo que presenta es -ha de ser si se trata
interna por la mutua coherencia de los elementos de una metáfora viva: activa- algo nuevo. (Por eso
que lo integran. sorprende y atrae la atención; participa, en esto, del
El poder innovador del mundo metafórico estriba mismo mecanismo que el humor.) El acto de presen-
precisamente en el hecho de que, habiéndose indepen- tación que la metáfora opera es una activación de
dizado del referente, el universo interpretativo que ha las potencialidades creadoras, lograda mediante la
derivado de él puede generar sus propios engarces, sus superposición y la simultaneidad: síntesis de imáge-
propias derivaciones, sus propias reglas para el movi- nes en un espacio y un tiempo. Al poner en juego las
miento interno, sus propias propuestas para las fugas facultades de representar, la acción metafórica en-
incluso, a partir de las cuales tendrá lugar la formación sancha la disposición comprensiva de quien se entre-
de nuevos campos metafóricos cuando los elementos ga a ella.
fugados entren en contacto con elementos fugados Por ello, podemos entender que la tarea hermenéu-
también de otros ámbitos. Y esta independencia para tica lleva, como dice U. Eco27 , a recorrer el mundo
con el origen sensible de sus elementos no es privativo como un bosque de «símbolos»: de símbolos, no de
del juego filosófico: también la ciencia tiene sus len- metáforas. Para hablar de metáfora dentro de una
guajes, que se habrán gestado igualmente a partir de teoría hermenéutica, es menester establecer claramen-
metáforas gastadas. te la distinción entre una hermenéutica de descubri-
Si es que se trata de metáfora, realmente, y no de miento y una hermenéutica constructiva, y aceptar la
símbolos. Esta precisión no eliminará, indudablemente, idea de que pueda seguir hablándose de hermenéuti-
el problema planteado, como tampoco lo eliminaba ca en un panorama constructivista, es decir, en una
en el caso de Nietzsche, ni tampoco le restará interés, teoría de la simultaneidad. Dicha hermenéutica, fun-
pero puede aportar un elemento de juicio importante damentalmente comprensiva, sustituiría la noción de
al señalar la dependencia de la metafísica tradicional historia por categorías como las de presente continuo,
con respecto a la existencia de un universo referencial. superposición, superficie, horizontalidad, etc. Toda
Tiene, por tanto, su importancia, sobre todo en lo que hermenéutica reveladora o desveladora es deudora de
respecta al planteamiento de la metáfora como núcleo un pilsado mitrco y de un origen: de una verdad. por
fundante de la creatividad. tanto, a la que se tratará de traducir.
Hemos aludido, más arriba, a la diferencia que es- Cierto es que la hermenéutica reveladora admite o
tablecía M. Le Guern entre el ,imbolo y la metáfora. puede admitir la S1multdneidad de las 1nterpretac10
La metáfora, decíamos, no sólo no requiere que el nes, pero esto no es suficiente: para que el símbolo
PIPmPnto tr.111,port.ido (PI Ví'hirulo) Pst/> todo PntPro \P truPquP pnr nlPt.Hor d y que lo\ univ~r\O\ ~i,nboli
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se dirige a aquél con la expresión «mi león gene- ¿¡¡caso no consiste en eso el pi!so d@ «lil» m@ti1físio1"
roso». y entendemos que lil compilíución 11b11rrntodo un11epistemoloqí11 rndirnl: en el 11b11ndonode 111idea
PI lt>ún, e on lfl \IHTl.t ch-' \IJ\ .-1tr1b11c lfHlt'\ (e iHfllVCHO, drl ,nnbolo y lil ildopc 1011d!' lil nwtilforil' Y, yrndo
habitante del bosque, de duro pelaJe, etc.), la figura un poco más lejos, ¿no habremos de ver en ello el
dP HPrn.1ni \P .1IPj,Hí.1 b.1\l.1nlP dP lo quP q1Jit•rP d.u mi\nH1 qiro qlH' .-JtpJPI qut! \UJHJ\U I.J tuuríd t.Jt1l.-1Vl'
a entender LOn ello la protagonrsta. hta claro que rosim1l1tud de Aristótl'll's, l'n l'I arte dr,1mát1co, rn11
la comparación. en este caso. se efectúa a partir de respecto a li! t@oríil pli!tónicil d@I@ntusiilsmós7 Ahondar
una o. a lo sumo. dos atribuciones: las de fuerza y va- !'n !'Sta cu!'stión nos llevaría muy ll'jos. por lo qu .. de
lentiil. jaré simplemente apuntada la idea. y acompañada de
El simbolo. en c<1111bio.
requiere de lil presenc1c1de la e')ttl otrt:1: lu teoríu de lu coherencia interna como
imagen completa: la corona es símbolo de la realeza verdad del arte. en Aristóteles. podría recuperarse
aunque los reyes no lleven, actualmente, corona. La para una hermenéutica que se aplicara a los modelm
realeza es representada por la imagen «corona»; la co- científicos y a las concepciones del mundo, una her-
rona toda entera representa. menéutica que entendiese las interpretaciones del
Pero esto nos lleva algo más lejos: el símbolo es mundo como ficciones, y su verdad como coherencia
siempre producto del contacto con una realidad (o interna.
«verdad») cuya intuición sentimos la necesidad de Una hermenéutica constructiva utilizará la metáfora
traducir o de representar. Símbolo es todo aquello porque no pretende plasmar ni acceder a ninguna ver-
que representa o interpreta algo que, por demasiado dad exterior a ella, sino que procura construir mode-
abstracto o por demasiado real e inmediato, se que- los: ficciones cuyos elementos estén bien engarzados,
da siempre más allá de los limites de lo comunicable. de tal modo que su conjunto resulte eficaz.

n Eco, U., op. cit., p. 266.


357 Metamorfosis literaria

3. La validez de la metáfora comentar dicho artículo en sus Manifiestos, abogar


por la formación absolutamente inconsciente de estas
La validez de la metáfora puede determinarse des- imágenes poéticas. Los surrealistas, y Breton entre
de uno de estos dos componentes, o desde ambos: la ellos, no tenían en cuenta los muy distintos niveles de
eficacia, que se medirá por la apertura de espacios conciencia que la palabra «inconsciente» encubría, pa-
comprensivos, y el placer estético, que procede del labra ésta con la que creían, por aquel entonces, po-
componente lúdico que esta actividad posee. der abrir la zona en sombra de lo humano y auscultar
La eficacia. por supuesto, se entenderá de manera la cara oculta de la razón. Así, la escritura mecánica,
distinta según se trate de la configuración de modelos pudiendo tal vez procurar la disposición de receptivi-
científicos. de la creación artística, u otros. Con respec dad atenta necesaria para el juego creativo, no era, sin
to a los modelos científicos, la eficacia depende de la embargo, un camino seguro para la consecución acer-
funtionalidad: un modelo es eficaz si es operativo, y el tada de un enlace creador. De hecho, a menudo logra-
horizonte comprensivo que abre está en función de ba t11n ~ólo plasmar la in(Psantf' vPrborrt'ñ dt> lm con-
los resultados que se puedan obtener II p11rtir di' 111~ tf"n ido~ ""f')t"'rfic"inlf"\ df" l.-, mrntP, ft'"t1d1Jo\ dt> lt1
operaciones que se efectúen. En la creación artística, experiencia cotidiéuld quP \e t orwc Inri por .--1\ot 1.1< 10-
la eficacia se cumple siempre que la apertura, prelógi- nes automáticas, como los suenos de su1wrficif'. ~,tt>
ca en la mayoría de los casos. procura un ensancha- material podría dar lugar a que se formasen casual-
miºnto d{_1 Id vit,.i(.u1 mente imágenes interesantes cuya síntesis llegaría a
El pl.J(Qf éi;tútlfO .)l Ufllpdfld d l.i .ll tivid ..ut 1t1Pt.1fúr i 0..t'f pfp( tiv.-1, fH1 f0 ÍlJPf ./el {'', fPC CHlOCYf que no toda
Cil si@mpre qu@ éstil di! lugilr ¡¡ metilforas «bien conse- combin.;ic1on e~ metafora y qut~ l.1 t.H ult.uJ e r l'.idor d
quidHs». es d ..cir. si,.mpr,. qu,. se cumple la eficacia. no actúa simplemente por casualidad sino, en todo
Ln mrtáforn «bien ,nmeuuidd» implirn en el procem caso. por azar: esa ley interna -dhármica- que rige
d,v~r'")tl"ifnrultndf"''"I, f'I mc,tmto lúdu o, In irnr1om,u 1ón \,1\ rnnrxinnr .. rn rl h,nrr-.r y rlr"".h,1rrr">f' rlr In<, f'IC'
representativa y creadora, el impulso d.-, vida qll<' ,,, mrnlo\.
traduce en el requerimiento de lo nuevo, y la libertad, Llegarno., d\Í, p,Hd coruluir, n lo d,·f1rw1011 qur d,1
entre otras. En realidad, podría decirse que una metá- bamos al inicio de este tr..ibñjo: 1.-,rnrt.,fo,., r, rl n11-
fora o está bien conseguida " no <'S nit'tiifo,,,. 1,, prr- c lP0 h....-rrnrru-"11ticoq11t>no\ prrmitr lfr)efi.ir mundo~
ci,ión, sin rmhanJo, no t''"J innt>Cf'\drirt, pue~. dadd lu posibles. y la actividad metafórica. la condición de po-
ndturalezc1 combinHtoria de la metáfora. es tácil con- sibilidad de toda producción creadora a la vez que de
fundirla con cualquier otro tipo de asociación. Y, <i la apPrt11r.1 comprrnsiva que permite dkha produc-
lm,n es tierto que los enlates rnet.ifóriws pueden sur- ción ... a lo que ahora podemos añadir: mediante la
gir por azar, también es cierto QUI' el il7ilr --o mejor tensión que se establece al simultanear y rnperponer
deberíamos hablar de casualidad- no es nunca inde- dos imágenes dispares, forzando connotativamente
pendiente de la historia personal (renwrdos, aprendí sus limites.
zajes, obsesiones) del individuo que los efectúa. Es típi- No se libra, la metáfora, de aparecer como el resul-
co, por ejemplo, del movimiento surrealista confundir tado de un movimiento dialéctico, pero -dicho sea
el monólogo mental con el poder creador no cons- para neutralizar la crítica posmoderna- las síntesis
ciente. Reverdy describió la imagen poética (Nord-Sud que efectúa no tienen valor jerárquico; son simple-
n.º 13, 1918) como el acercamiento de dos realidades mente nuevas opciones, las cuales se ofrecerán a su
que producirían una imagen tanto más fuerte cuanto vez para ser combinadas, dando cuenta, de este modo,
más alejadas estuviesen dichas realidades entre sí. de esta tendencia compulsiva del universo a la remo-
Huelga indicar que esta definición coincide perfecta- delación perpetua de las formas. El instinto creador,
mente con el resultado de la actividad metafórica, tal fundamentalmente lúdico, no es, en el individuo, sino
como la hemos descrito en este ensayo. la constatación activa del mal que todos padecemos:
Dicha imagen poética era, para Reverdy, una crea- ese vértigo que nos invita a perdernos en aquello que
ción pura del espíritu pues solamente el espíritu ten- brota de nuestros ojos -el universo se desborda en
dría la capacidad de captar las relaciones o la distancia toda mirada- tratando de conocerlo: una variante, al
entre los dos objetos. Pero Reverdy no decía si había fin y al cabo, del mal que padecía Narciso.
de entenderse ese «espíritu» como facultad consciente
o inconsciente, lo cual aprovecharía A. Breton para, al Chanta/ Maillard

Metamorfosis literaria
Asegura la Academia y reitera el Liceo que «los (presunta) incompatibilidad entre el artificio litera-
poetas mienten mucho». Se trata de un tópico más rio y la racional sobriedad del texto científico: cuan-
viejo incluso que los dos grandes maestros del pen- do de la verdad se trata, sólo la ciencia sabe, sólo la
samiento occidental, una especie de lugar común só- ciencia puede. Pero incluso fuera del ámbito episté-
lidamente establecido ya en la Grecia clásica y cuyo mico, la literatura es nociva; no sólo confunde, tam-
eco llega hasta nosotros. A su través se expresa la bién corrompe: «Todavía -afirma Platón (República