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Hasta hace poco, el matrimonio entre personas de diferentes religiones, conocido

como matrimonio mixto (entre cristiano católico y cristiano no católico, ejemplo bautista o

metodista) o matrimonio con disparidad de culto (entre católico y un judío, o musulmán) era

algo que casi nunca se daba o de lo que nunca se oía hablar. Y si acaso se daba, se

celebraba de una manera secreta y en la sacristía.

Pero en los últimos años esto ha cambiado. En nuestra sociedad más abierta, son cada vez

más los casos de matrimonios entre cristianos católicos y cristianos no católicos, y entre

católicos y no cristianos. Para la Iglesia católica Hasta hace poco, el matrimonio entre

personas de diferentes religiones, conocido como matrimonio mixto (entre cristiano católico y

cristiano no católico, ejemplo bautista o metodista) o matrimonio con disparidad de culto (entre

católico y un judío, o musulmán) era algo que casi nunca se daba o de lo que nunca se oía

hablar. Y si acaso se daba, se celebraba de una manera secreta y en la sacristía.

Pero en los últimos años esto ha cambiado. En nuestra sociedad más abierta, son cada vez

más los casos de matrimonios entre cristianos católicos y cristianos no católicos, y entre

católicos y no cristianos. Para la Iglesia católicael ideal es el matrimonio entre dos católicos.

Con todo, invita a las parejas con diversidad de fe o culto a considerar los acuerdos

previos que deben hacer cuando no comparten la misma religión y credo, y en razón de

eso, otorga, como algo excepcional, el permiso para celebrar dichas uniones matrimoniales

En el número 1124 del Derecho Canónico se lee por ejemplo lo siguiente: “Está prohibido, sin

licencia expresa de la autoridad competente, el matrimonio entre dos personas, una de las

cuales haya sido bautizada en la Iglesia católica…, y otra adscrita a una Iglesia o comunidad

eclesial que no se halle en comunión plena con la Iglesia católica” (Véase, Iglesia

Católica. Código del Derecho Canónico. Edición bilingüe comentada por los profesores de la

Facultad de Derecho Canónico de la Universidad Pontificia de Salamanca. Dirección Lamberto

de Echeverría. Biblioteca de Autores Cristianos BAC, Madrid, 1983, p. 547)


La licencia para que una persona católica se case con una persona de diferente religión se le

conoce como “dispensa” y es dada por el obispo de la diócesis donde se encuentra la

parroquia en la que los novios contraerán matrimonio. La Iglesia católica no obliga a que el

contrayente no católico se convierta, sino que, con respeto, da la libertad al otro para

que siga practicando su fe, pero le pide unas condiciones de igual respeto a la fe del

contrayente católico. Es decir, para que el matrimonio mixto o con disparidad de culto sea

válido la Iglesia católica pone las siguientes condiciones:

 Que el contrayente católico no se sienta forzado o inducido por su pareja a abandonar

su fe.

 Que los dos prometan que los hijos que lleguen a tener sean bautizados y educados

en la Iglesia católica.

 Que el contrayente no-católico conozca a qué se compromete un católico cuando se

casa (Entrega total a imitación de Cristo, fidelidad e indisolubilidad del matrimonio) y

que los dos sean instruidos sobre los puntos importantes del matrimonio. (Código de

Derecho Canónico, Ed. BAC, Madrid 1983, p. 548)

Es un hecho que en los matrimonios mixtos (cristiano católico y cristiano no católico) la

convivencia conyugal presenta un gran reto por la diferencia en sus comunidades

eclesiales. Por eso es bueno que haya un buen diálogo ecuménico entre las Iglesias

interesadas para que den apoyo a la pareja, y así puedan vivir su fe en mutuo respeto.

Es todavía más desafiante la convivencia de los cónyuges en los matrimonios con

disparidad de culto (católico y no cristiano), pues hay diferentes mentalidades religiosas y

a veces diferentes concepciones de lo que es el matrimonio mismo; también es un gran reto y

fuente de grandes tensiones llegar a un acuerdo acerca de la manera de educar a los hijos y

la fe que se les ha de transmitir. Estas tensiones no sólo pueden afectar la vida de pareja sino

que pueden llevar a la pareja y los hijos a que caigan en la indiferencia religiosa.
Por eso la Iglesia debe preparar y atender a estas parejas con especial cuidado para que sea
la fuerza del amor, “que todo lo puede”, la que les dé un marco sólido desde el cual puedan
manejar sus diferencias.
 ¿Qué piensas de las parejas mixtas?
 ¿Por qué se considera que los matrimonios mixtos implican un reto para los esposos y
para la religión católica en la actualidad?
 ¿Es posible que desaparezcan las creencias religiosas de los católicos que se unen en
matrimonio con personas no bautizadas?

Respuesta: Definitivamente es un reto por que


entrarían a compartir sus culturas, su religión esto
implica realmente un reto, esto traería muchas
complicaciones pero también muchos beneficios
podríamos cambiar nuestra forma de pensar y
nuestras creencias.

Los matrimonios mixtos no son tan infrecuentes ni tan extraños como a simple vista
podría parecer. Muchos de nosotros conocemos parejas casadas en las
que los esposos pertenecen a distintas religiones, razas, idiomas, países o
culturas. Nuestro mundo es ahora un “mundo globalizado” debido a los avances que la
ciencia y la tecnología han experimentado en estos últimos 20 años, principalmente en los
medios de comunicación y de transporte. Hoy podemos ver que las distintas
naciones están más cerca y que los habitantes de nuestro planeta se interrelacionan de
una manera nunca antes imaginada. Gracias a los flujos migratorios de
personas podemos conocer y convivir en nuestra sociedad con gente de otras culturas,
lenguas y folklore y podemos sorprendernos al observar tanta diversidad de colores de
piel y de facciones que tenemos los seres humanos.
En un sentido amplio, el matrimonio mixto podría entenderse como el contraído
entre personas pertenecientes a países distintos, razas distintas, culturas distintas,
idiomas distintos o religiones e iglesias distintas. El matrimonio mixto está permitido en
la religión católica, mientras que en algunas otras religiones está prohibido como en
el judaísmo, tanto en el caso de un judío que se casa con una no judía como el de una
judía que se casa con un no judío. En el primer caso los hijos no son judíos, mientras que
en el segundo sí lo son. El derecho musulmán acepta que un hombre musulmán pueda
casarse con una mujer no musulmana (a condición de que no sea atea o politeísta), es
decir, puede casarse un musulmán con una judía, católica o cristiana pero en este caso
los hijos deben ser necesariamente musulmanes, porque es el padre el que transmite la
religión y no puede ser válida una decisión distinta de los padres. Ahora bien, se niega
totalmente la posibilidad de que una mujer islámica pueda casarse con un hombre de otra
religión que no sea la musulmana, puesto que el matrimonio de una musulmana con un
no musulmán se considera inválido.
Los protestantes declaran una apertura incondicional a los matrimonios mixtos, tanto entre
cristianos como entre diversas religiones. La única condición que pone el pastor
protestante a un matrimonio mixto es la siguiente: «el cónyuge no cristiano no debe
oponerse a la posibilidad de que sus futuros hijos oigan hablar de Cristo». La posición
budista, a nivel matrimonial, parece ser la de que entre los budistas y católicos no hay
mayores problemas dado que el budismo no da mayor importancia al matrimonio (al
contrario de lo que sucede con los funerales). Más bien, en una pareja mixta del budismo
zen japonés, «la aceptación y el apoyo que cada esposo da a la práctica religiosa del otro
son directamente proporcionales a la sinceridad y a la profundidad con la que cada uno de
los dos se compromete con su propia fe». En la religión hinduísta son los padres quienes
deciden con quién han de casarse los hijos, quienes disponen todo lo relativo a la boda
y se sabe que los hinduistas no permiten el casamiento entre personas de diferentes
castas.

Joven cristiano, no te cases con alguien que no pertenezca a la iglesia de Cristo. Ni


siquiera con un recién bautizado porque no sabes si pasará las pruebas. Si eres
mujer, ten paciencia para esperar a ese cristiano que te hará feliz toda tu vida.
Pídele a Dios ayuda en esto: el Señor intervino para que Rebeca se casara con
Isaac, Gén. 24. Si eres hombre, no tienes ninguna razón para buscar a alguien del
mundo: existen muchas jóvenes cristianas en la hermandad para escoger a la futura
madre de tus hijos. Tú puedes visitar muchas congregaciones, si no la encuentras
en la congregación local donde eres miembro. Vale la pena tomarse el trabajo de
buscar y escoger bien. Los riesgos son enormes.
La Iglesia católica regula la preparación, celebración y acompañamiento posterior de
estos matrimonios en el Código de Derecho Canónico (cánones 1124 a 1129) y ofrece
orientaciones en el actual Directorio de Ecumenismo (números 143 a 160), velando así
por la dignidad del matrimonio y la estabilidad de la familia cristiana. El fiel católico ha de
declarar que está dispuesto a evitar los peligros que le aparten de su fe, prometer que
hará lo posible por bautizar y educar en la Iglesia católica a sus hijos e informar a la parte
no católica de la declaración y promesa hechas. Siempre se prohíbe, antes o después de
la celebración canónica, otra celebración religiosa para emitir o renovar el consentimiento
matrimonial.

El Código de Derecho Canónico pretende proteger, mediante el impedimento de disparidad de


cultos, tanto a la parte católica, como a la prole del matrimonio, además de a la sociedad
eclesiástica. De reflejo, también se protege a la parte no católica.

Parece evidente que a una persona le resultará más difícil vivir su fe si no la comparte con su
cónyuge. Quien se casa con una persona que profesa otra religión, deberá vivir su fe en adelante
en solitario, deberá ir solo a la iglesia muchas veces, cumplirá el precepto dominical en solitario.
Puede que le resulte difícil ayudar a su cónyuge en las prescripciones de su fe, y con facilidad se
encontrará con barreras culturales y rituales e incomprensiones. La mentalidad de ambos
cónyuges será muy distinta, así como los condicionamientos culturales. Siendo las propias
creencias una de las facetas más íntimas del propio pensamiento, que conforma indudablemente
la personalidad, se encontrará en muchas ocasiones sin nadie con quien compartir sus
experiencias. No se trata sólo de católicos que viven profundamente su fe: el católico que
apenas practica también se encontrará con las barreras culturales y rituales, puesto que la fe,
aunque no informe su actuación diaria, sí le ha formado su mentalidad, e imperceptiblemente le
ayuda a vivir su vida ordinaria. Habrá muchas cosas que no podrá compartir con su cónyuge.
Aunque la buena voluntad de ambos se da por supuesta, de vez en cuando la fe distinta les
separará.

Se puede casar con quien quiera siempre y cuando siga las leyes de Dios

1 Corintios 7:39: 39 La mujer casada está atada á la ley, mientras vive su marido, mas
si su marido muriere, libre es: cásese con quien quisiere, con tal que sea en el Señor.
Se distingue entre “matrimonio mixto” estricto (matrimonio entre un católico y un
cristiano no católico) y matrimonio “dispar”, a veces también llamado “mixto” en
sentido amplio (católico con un no-cristiano). El Catecismo de la Iglesia Católica,
en el número 1634, señala que para el caso de los matrimonios mixtos, la
“diferencia de confesión entre los cónyuges no constituye un obstáculo insuperable
para el matrimonio, cuando llegan a poner en común lo que cada uno de ellos ha
recibido en su comunidad, y a aprender el uno del otro el modo como cada uno
vive su fidelidad a Cristo”. Pero al mismo tiempo indica que “las dificultades... no
deben tampoco ser subestimadas”. ¿Cuáles son esas dificultades? Ante todo, “los
esposos corren el peligro de vivir en el seno de su hogar el drama de la desunión
de los cristianos”.

En el caso en que el matrimonio sea entre una parte católica y otra no cristiana
(disparidad de culto), se “puede agravar aún más estas dificultades”. Es evidente
porque aquí tenemos no sólo divergencias en algunos puntos de la doctrina
cristiana, sino incluso divergencias “en la fe” y “en la concepción misma del
matrimonio”. Piense, tomando el caso que usted me consulta del matrimonio con
un cónyuge musulmán, en la dificultad que implica el que la otra parte del
matrimonio no acepte ni el matrimonio monógamo, ni indisoluble, ni la igualdad
sustancial entre el hombre y la mujer, ni el derecho a la educación cristiana de los
hijos, y ni siquiera (en algunos casos) se permita la práctica de la religión. Como
indica muy bien el catecismo, “una tentación que puede presentarse entonces es la
indiferencia religiosa”.

Por este motivo, la Iglesia con sabiduría exige la licencia del ordinario del lugar
(obispo o quien hace las veces de él) para la licitud del matrimonio mixto y la
dispensa de disparidad de culto para la validez del matrimonio dispar. El
fundamento de este requisito radica en “el peligro para la parte católica de perder
la fe y de que los hijos habidos en el matrimonio no sean educados conforme a las
pautas doctrinales y morales de la religión católica. A estos peligros se añade que
la diversidad de religión constituye un obstáculo para establecer el ‘consorcio de
toda la vida’ o ‘la íntima comunión de vida’ que es el matrimonio, dadas las
diversas concepciones sobre el mismo que tienen el contrayente católico y los que
profesan otras religiones cristianas o no cristianas” (Manzanares, Mostaza, Santos,
“Nuevo Derecho Parroquial”, B.A.C., Madrid 1990, p. 458).