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Discovery Salud 76, Out. 2005

EL PAR BIOMAGNÉTICO: CÓMO TRATAR LAS ENFERMEDADES ¡CON DOS SIMPLES


IMANES!
Según la Teoría del Par Biomagnético del doctor Isaac Goiz buena parte de las enfermedades son
producto de la combinación de alteraciones fundamentales del pH en los órganos internos y la
presencia de virus y bacterias. De hecho, Goiz afirma que toda patología se inicia en dos puntos
relacionados entre sí que poseen las mismas características bioenergéticas aunque estén situados en
distintos lugares del cuerpo. Es lo que llama "par biomagnético" y asevera que mientras en uno de
esos puntos se produce acidificación en el otro se produce alcalinización. Y eso hace que ¡en uno se
acumulen los virus y en el otro las bacterias! Es más, asevera que basta colocar dos simples imanes en
esos puntos para que los virus y bacterias que pueden afectar negativamente al organismo ¡pierdan su
capacidad patógena!

Cuenta la leyenda que fue un pastor griego llamado Magnes la primera persona en descubrir el poder de los
imanes en Occidente. Se dice que un día, mientras llevaba su rebaño a pastar, la punta férrica de su bastón
fue atraída de improviso por una gran piedra situada en medio del camino. Y bien por superstición, bien
porque tuvo una inspiración genial, cuenta la leyenda que insertó pedazos de la piedra en las suelas de sus
sandalias y desde aquel momento pudo caminar largas distancias sin experimentar fatiga. Sus
contemporáneos llamaron tan la extraña piedra "la piedra de Magnes" siendo de ahí de donde deriva la
palabra magnet (inglés) y, por ende, magnético. Por otra parte, el término imán procede de la palabra latina
adamas/adamantis que significa 'piedra dura'.
Obviamente, la investigación sobre los efectos terapéuticos de los imanes en la salud no se ha detenido
desde entonces. Son reseñables por ejemplo las investigaciones que hicieron los investigadores japoneses
Takahashi y Nakagawa sobre su beneficio en dolores articulares; los trabajos del doctor J. M. Boboc en
1980 para el tratamiento del dolor de espalda; las investigaciones del doctor Baron - reputado
neurooftalmólogo y director de investigación en el CNRS francés- que concluyeron en 1982 que los imanes
eran muy eficaces para tratar el síndrome mesencefálico (sus experimentos le llevaron a descubrir el aspecto
relajante del polo Norte de un imán); los trabajos del doctor P. Orengo, un cirujano ortopédico que trató
miles de patologías en las articulaciones con imanes y que en colaboración con el doctor M. T. Couchard
demostró las propiedades contra el dolor del polo Norte de los imanes; los trabajos del doctor Valade quien
concluyó que eran muy eficaces en el tratamiento de los dolores de cabeza (la neuralgia de Arnold); y los
estudios efectuados en el Hospital Saint Michel de París donde un equipo probó la efectividad de los campos
magnéticos en la parálisis facial. Sin olvidar los numerosos trabajos sobre la eficacia de los campos
magnéticos pulsantes de los que hemos hablado ya varias veces en la revista (lea esos artículos en la sección
Reportajes de nuestra web).
La verdad es que podríamos mencionar una interminable lista de trabajos realizados sobre el magnetismo en
todo el mundo pero no harían sino confirmar lo ya descubierto... y desvelar que aún queda mucho por
descubrir. Y es que como ya hemos analizado en multitud de ocasiones en nuestra revista, tanto con motivo
de artículos sobre la antiquísima Acupuntura como sobre las modernas tecnologías de diagnóstico y
tratamiento, la Moraterapia o el Papimi el ser humano no deja de ser un complejo sistema electromagnético.
Ahora bien, es preciso recordar que los campos magnéticos son anteriores a los eléctricos ya que no precisan
un impulso inicial para su desarrollo y está en su naturaleza comportarse como lo hacen. Dicho esto, hoy es
sabido que cada órgano genera su propio campo magnético y que éste está expuesto a continuos estados de
actividad y descanso así como a influencias externas como las que llegan a través de la comida, la bebida,
las emociones... ¡y la contaminación electromagnética! Y que, obviamente, para mantener un estado
saludable es necesario que esos campos magnéticos se hallen en equilibrio. Especialmente porque cualquier
distorsión constante en el campo magnético de un órgano durante cierto tiempo puede afectar gravemente al
mismo... ¡y a todo el organismo!
Y son desde luego muchos los campos externos con los que cada día le toca al ser humano interactuar. El
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primer campo magnético con el que nuestro organismo tiene que estar en perfecto equilibrio es el de nuestro
propio planeta. M. H. Halpern ya demostró su importancia para los organismos vivos al aislar a ratones del
campo magnético terrestre introduciéndoles en jaulas especiales. El resultado es que los ratones enfermaron
rápidamente y en tres generaciones habían muerto todos víctimas de distintos tipos de hipoplasia (una
disminución significativa del número de células en los tejidos del órgano afectado). La NASA detectaría
luego que al abandonar el campo magnético de la Tierra los astronautas padecían la denominada
"enfermedad espacial" caracterizada por el desarrollo de osteoporosis y deficiencias en el sistema inmune.
No debe extrañarnos pues que hoy sean cada vez más los investigadores que se preguntan si el gran número
de nuevas patologías que se diagnostiscan -muchas de ellas articulares- no se deberá a la suma de la
disminución progresiva del campo magnético de la Tierra denunciada por los investigadores japoneses
Kawai y Ritake (un 5% anual) y la enorme contaminación electromagnética que sufrimos. En esta línea, ya
en 1958, el antes mencionado doctor Nakawaka acuñó la expresión "Síndrome de deficiencia de campo
magnético" para definir la dolencia de aquellos pacientes que presentan síntomas como rigidez de hombros,
espalda y base del cuello, dolor en la parte baja de la espalda, migrañas, vértigos, sensación de pesadez,
insomnio, estreñimiento crónico, lasitud general y desequilibrio del sistema nervioso autónomo. Nakagawa
estaba convencido de que tales síntomas se debían a un desequilibrio de los campos magnéticos de los
pacientes y de hecho obtenía muy buenos resultados cuando les sometía a tratamiento con imanes.
"Todas las funciones biológicas -afirmó por su parte el cirujano francés Ornego- son sumamente sensibles a
la influencia de los campos magnéticos. Las membranas, las mitocondrias intercelulares, las reacciones
enzimáticas, los fosfolípidos, el metabolismo basal... Todo confirma el concepto de que la vida en la Tierra
está sumergida en un mar de fuerzas magnéticas y que la persistencia de vida depende de que esas fuerzas
permanezcan intactas."
En resumen, la investigación acumulada hasta el momento demuestra que los sistemas vivos son muy
sensibles a los campos magnéticos y que sus efectos alcanzan hasta el último rincón de nuestro organismo a
causa del carácter penetrante del magnetismo. Y precisamente porque el cuerpo entero esta movido a nivel
celular por impulsos eléctricos y los campos magnéticos existen en cada una de sus células los imanes,
adecuadamente aplicados, ejercen un efecto positivo al equilibrar los campos magnéticos. Lo que a la vista
de lo que hoy sabemos podría contribuir a corregir los desequilibrios metabólicos que están en el origen de
buena parte de las enfermedades. Hay que decir, sin embargo, que nunca hasta ahora los imanes habían sido
utilizados como propone el doctor mexicano Isaac Goiz. Lo explicamos.

EL DOCTOR ISAAC GOIZ


Isaac Goiz es el creador de la teoría del Par Biomagnético, una concepción que supone un paso adelante en
lo que hasta ahora se conocía sobre el uso de imanes, su colocación y su relación con el pH. Y es que con la
colocación de los polos positivo y negativo de imanes naturales de especial potencia en puntos concretos del
organismo interrelacionados entre sí Goiz ha conseguido aumentar los beneficios de los campos magnéticos
en un amplio rango de enfermedades. Obviamente, como ocurre con muchas otras terapias novedosas, sus
trabajos no han sido aún estudiados por otros colegas y no cuentan por tanto con el respaldo de la llamada
"comunidad científica" -una entelequia, por cierto, que sólo existe en la mente de algunos-. Así lo reconocía
el doctor J. K. Crellin -de la Universidad de New Foundland en Cánada y especialista en Historia de la
Medicina- cuando tras conocer sus trabajos le contestó: "Su teoría no puedo aceptarla en principio como
una terapia y menos aún certificar su efectividad a pesar del número de pacientes que usted ha tratado; sin
embargo, es digna de publicarse porque se está metiendo de lleno en un capítulo totalmente nuevo, la
Bionergética, e independientemente de los resultados es el futuro de la Medicina y la Medicina del futuro".
Por el momento, además de su propia experiencia clínica y la conseguida en otros países del mundo -sobre
todo en Chile-, Goiz ha contado con el aval de la Universidad de Loja (Ecuador) a los hallazgos que
describió en su obra El fenómeno tumoral sobre la etiología y tratamiento del cáncer, y la participación de
virus y otros gérmenes en su desarrollo.
Médico cirujano, mientras trabajaba en el Instituto Nacional de Neumología de México en 1970 Goiz se vio
obligado -por severas deficiencias en el suministro de materiales- a trabajar con prácticas médicas
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alternativas o poco conocidas para él como la Acupuntura, la Auriculoterapia, la Reflexología, la


Enzimoterapia y otras que le convencieron de la existencia de soluciones terapéuticas eficaces en el mundo
de las denominadas terapias alternativas. Posteriormente, en 1988, recibiría una invitación para asistir al
primer curso sobre Biomagnetismo que organizó la Sociedad de Medicinas Alternativas de Guadalajara
(México) teniendo la oportunidad de oír hablar allí al doctor Richard Broeringmeyer sobre terapias
energéticas, la Terapia Polar y la importancia del pH en la salud. Un conocimiento que sería la base que
terminaría dando lugar a su teoría del Par Biomagnético.

EL PH Y LOS IMANES
Como en su día explicamos cada órgano del cuerpo -y todos sus tejidos- tienen un mayor o menor grado de
acidez o alcalinidad. Algo que se conoce midiendo la concentración de hidrógeno -es decir, el potencial de
hidrógeno, lo que abreviadamente conocemos como pH-. Se trata de un dato útil porque la mayoría de las
personas enfermas tienen un exceso de iones electropositivos (toxinas, radicales libres...) que acidifican las
células, los órganos, la sangre y las secreciones. El pH normal de la saliva de una persona con una dieta
naturista libre de productos químicos y que consume alimentos no procedentes de animales muertos es igual
al de la sangre: 7.4. Es decir:, ligeramente alcalino (el pH neutro es de 7.0.) Sin embargo, la mayor parte de
la gente enferma tiene un pH que oscila entre 6.0 y 7.0 (de ácido a neutro). Y cuanto más enfermos más
ácido suele ser su pH. Así, las personas con cáncer terminal o metástasis masiva tienen por lo general un pH
muy ácido (entre 5.5 y 6.0).
Son muchos los investigadores y médicos que sostienen que para buscar el equilibrio cuando el organismo
está acidificado éste hace básicamente dos cosas: buscar las sustancias que precisa para contrarrestar los
radicales libres y expulsar del cuerpo toxinas (radicales libres y toxinas son las dos principales causas de la
acidificación). Es decir, usa las vitaminas, minerales y oligoelementos antioxidantes que tiene a su alcance
y, paralelamente, se deshace de las toxinas a través de las vías naturales de eliminación del cuerpo: las
heces, la orina, las mucosidades y el sudor. Proceso de desintoxicación que cuando es intenso a veces da
lugar a problemas dermatológicos -eccemas, acné, dermatitis, psoriasis y otros desórdenes de la piel- al salir
las toxinas a través de la piel y que a veces es diagnosticado como una "enfermedad" cuando en realidad no
constituye sino la consecuencia del rápido proceso de desintoxicación. Y otro tanto ocurre con las llamadas
enfermedades agudas o recurrentes que no serían en muchos casos sino la consecuencia de las disfunciones
que produce en tejidos y órganos la carencia de las sustancias antioxidantes que el cuerpo se ha visto
obligado a extraer de ellos para combatir la acidificación -cuestión de prioridades- algo que no habría tenido
que hacer si la persona dotase periódicamente a su cuerpo de ellas mediante una alimentación adecuada o
una suplementación inteligente. Evidentemente si esa aportación sigue sin tener lugar durante mucho tiempo
aparecen las llamadas enfermedades crónicas ya que los tejidos y órganos empezarían a tener carencia de las
sustancias que el organismo se ve obligado a "robarles" para combatir la acidificación y podrían producirse
daños importantes que produzcan disfunciones.
La gran aportación de Goiz para tratar de solucionar la acidificación es el uso de la influencia de los imanes
sobre el intercambio celular de iones. El proceso de desequilibrio del pH comienza a nivel celular con el
intercambio de iones a través de la membrana celular, acción bioeléctrica que se da en todas las células del
cuerpo. Pues bien, si recogemos una muestra de sangre, eliminamos el fluido hasta quedarnos sólo con los
glóbulos rojos y acercamos un imán podremos ver al microscopio cómo las células giran y apuntan en una
dirección. El imán, en pocas palabras, ¡polariza los iones de las células! (un ión es un átomo con un electrón
de más o de menos).
Es más, comprobaremos que el polo Sur fuerza a los fluidos a girar en el sentido de las agujas del reloj,
aumenta la producción de iones de hidrógeno, ofrece una carga positiva (+) de energía, acelera la actividad
celular, refuerza los componentes ácidos, estimula la producción de proteínas y acelera el proceso de
maduración. El polo Norte, en cambio, proporciona una carga negativa de energía (-), reduce la velocidad de
la actividad celular, incrementa la alcalinidad, actúa para sosegar o inhibir el dolor, aumenta los iones de
potasio, disminuye los iones de calcio anormales y disminuye la concentración de iones de hidrógeno. Desde
este punto de vista, pues, puede afirmarse que el principal efecto del magnetismo en la salud es actuar sobre
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el ión de hidrógeno.
El caso es que Isaac Goiz decidió aplicar en la práctica diaria las teorías de Broeringmeyer sobre la Terapia
Polar del potencial de hidrógeno, el deterioro de los órganos y los imanes. Sólo que ante la imposibilidad
tecnológica de conseguir una medición externa del pH interior de nuestros órganos comenzó a trabajar con
mediciones indirectas. Y es que Broeringmeyer le había abierto la puerta al documentar el uso de los tests
musculares utilizados en Kinesiología para diagnosticar con precisión el funcionamiento de las glándulas y
órganos del cuerpo, un método de diagnóstico a través del principio de "respuesta muscular inteligente" que
fue descubierto por el Dr. George Goodheart en los años sesenta.
"En 1988 -escribió Goiz- acepté que debido a la interacción de un campo magnético de polaridad bien
definida con la carga biomagnética de un órgano éste se distorsiona hacia un pH anormal alcalino y se
produce un acortamiento del hemicuerpo derecho constatable de forma objetiva; y que, por el contrario, el
hemicuerpo derecho se alarga ante la presencia de un órgano con pH acidótico. Las mediciones se hacen
en el hemicuerpo derecho porque el izquierdo no sufre estas variaciones ya que es recorrido 80 veces por
minuto en condiciones normales por una corriente electromagnética generada por la actividad autónoma
del corazón y, por lo mismo, sirve como marco de referencia bioenergética para entender e identificar los
pares biomagnéticos".
Recomendamos a quien dude de la eficacia de este tipo de tests musculares un simple ejercicio casero:
extienda hacia el lado un brazo de forma perpendicular al cuerpo. Pídale luego a alguien que trate de bajarlo
mientras ofrece la mayor resistencia posible y observe el grado de dificultad y resistencia. Coja ahora con la
otra mano un recipiente con un producto tóxico -por ejemplo, un frasco de amoníaco o de lejía-, acérquelo al
cuello y acto seguido realice otra vez el ejercicio anteriormente propuesto. Comprobará que su fuerza
mengua notablemente. Y es que el campo tóxico interfiere decisivamente en su energía.
Pues bien, a partir de los métodos de diagnóstico que ofrece la Kinesiología Goiz comenzó a trabajar sobre
los efectos de los imanes en el pH y en octubre de 1988 -trabajando con un enfermo de sida- daría con un
sorprendente descubrimiento: que en su cuerpo había dos puntos concretos que se caracterizaban por tener
distinta polaridad. Uno ubicado en la parte media del esternón y otro en la parte distal del coxis. A esos dos
puntos -uno de polaridad positiva, el otro de polaridad negativa- los denominaría "par timo-recto" y desde
entonces identifica el Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida (sida). El posterior trabajo con miles de
pacientes le llevaría a encontrarse con que en la práctica totalidad de las enfermedades existen "pares
biomagnéticos"; es decir, que en cada patología existe un campo magnético propio con sus polos "norte" y
"sur" -como en una pila-. Y con tiempo y paciencia identificó todos esos polos. Es más, descubriría que el
desequilibrio de esos campos magnéticos da origen a la aparición de patologías concretas. Según Goiz el
polo positivo -que se genera por exceso de H+ (iones de hidrogeno)- tiende hacía la acidificación y da lugar
a la presencia y desarrollo de virus. Por su parte, el polo negativo se genera por déficit de H+ y por la
presencia de radicales libres, tiende hacia la alcalinidad y lo que propicia es la presencia y desarrollo de
bacterias y otros gérmenes.
De hecho, a día de hoy -como en el caso de los puntos de acupuntura- la ubicación en el organismo de esos
pares biomagnéticos está ya completamente definida. Y constatada su relación con patologías concretas. Los
pares biomagnéticos descubiertos son cerca de 250.
"El par biomagnético puede definirse -escribiría Goiz- como el conjunto de cargas que identifican una
patología y que está constituido por dos cargas principales de polaridad opuesta que se forman a expensas
de la alteración fundamental del pH de los órganos que las soportan".
Es decir, según Goiz cada enfermedad tiene su propio par biomagnético y ello permite tratarla. ¿Cómo? Pues
actuando sobre los polos adecuados en cada caso mediante imanes. Luego volveremos sobre esto. Antes
debemos decir que de esa dualidad bioenergética se desprende -siempre según Goiz- otro principio
fundamental al que llamó Nivel Energético Normal (NEM) y que define los límites bionergéticos en donde
se llevan a cabo correctamente todos los procesos metabólicos celulares de los organismos humanos en
estado de salud y que, en razón de temperatura, no pueden salirse de un grado (de 36 a 37), en razón de su
absorción electromagnética está en el orden de los 400 amstrongs y en razón del pH está muy próximo al
valor neutro de la escala convencional con una tolerancia de apenas tres décimas en ambos sentidos. En
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otras palabras, para que el organismo funcione correctamente la temperatura del cuerpo debe estar entre 36 y
37º, el pH entre 7,1 y 7,7 y el grado de absorción electromagnética ser de alrededor de 400 amstrongs.

DIAGNÓSTICO Y TRATAMIENTO
Uno de los principales problemas con los que Goiz se encuentra para que sus colegas acepten su trabajo es
que hasta el momento la medición de los polos biomagnéticos es de orden cualitativo e indirecto a través,
como ya se ha explicado, de la combinación de tests de Kinesología e imanes. Dicho esto, hay que explicar
que de acuerdo a los principios de la práctica de la terapia -fruto del trabajo de muchos años por parte de
Goiz- la mejor forma de rastrear los polos biomagnéticos (la enfermedad) es situar al paciente en decúbito
supino sobre una base firme, especialmente de madera o material aislante para evitar interferencias con los
imanes. Se aconseja que el paciente mantenga puestos sus zapatos ya que éstos permiten valorar el
acortamiento o la elongación del miembro inferior derecho. Una vez tumbado el paciente boca arriba se
rastrean los puntos denominados de diagnóstico. Basta colocar sobre ellos el polo negativo de un imán y
comprobar en cada ocasión si las piernas tienen la misma longitud o una parece más corta que la otra. Para
ello se toman los talones del paciente y se levantan las piernas unos 30° ya que así es más fácil constatar
cualquier alteración. Si así sucede, es decir, si la pierna derecha parece más corta que la otra -la diferencia
puede oscilar entre 1 y 5 centímetros- es que ese punto está alterado.
"La verdad -confiesa Goiz- es que no entendemos aún -cuando lo entendamos se acabarán todas las
enfermedades- por qué se polariza en un instante todo un órgano hacia el lado positivo por exceso de iones,
cayendo en un estado de acidez en su totalidad y eso, a su vez, condiciona -como consecuencia
necesariamente lógica- la polarización de otro órgano en sentido opuesto, es decir, hacia la alcalinidad por
déficit de hidrogeniones y presencia de radicales libres complejos con polaridad negativa. Aun cuando las
consecuencias finales de ambos polos son las mismas, la degeneración de la materia, dicha degeneración es
diferente en su manifestación. En el caso de los polos biomagnéticos con polaridad positiva la degeneración
es de tipo retráctil o cicatricial y en el segundo es de lisis y dispersión del tejido".
Ahora, bien aunque es cierto que algunas enfermedades están relacionadas especialmente con un par
determinado, en general la gran mayoría de las enfermedades implican más de un par biomagnético y por
tanto la participación sincrónica de distintos gérmenes, ya sea virus, bacteria, hongos o parásitos. Sergio
Córdova, director del Centro de Terapias Naturales Ohani en Santiago de Chile y uno de los centros con
más experiencia en este campo nos confirmaría este punto: "Los alumnos de Goiz frecuentemente
encuentran alrededor de 7 pares en promedio en cada sesión (dentro de los 250 pares posibles) pero
también es cierto que comúnmente se encuentran más de una dolencia ya sea visible o en potencia.
Curiosamente al propio Dr. Goiz le salen sólo 3 en promedio."
Una vez encontrados los polos afectados se procede a buscar sus pares en el dibujo donde Goiz tiene
reflejados todos los pares biomagnéticos. Luego basta colocar en ambos polos unos imanes naturales de una
potencia que puede oscilar entre los 1.000 y 50.000 gauss (son suficientes unos veinte minutos). Según Goiz,
como las cargas energéticas del par biomagnético tienen la misma intensidad, el mismo número de partículas
elementales y la misma frecuencia bioenergética al enfrentar una carga con su polaridad contraria se anulan -
por efecto de la inducción magnética- sus potenciales respectivos. ¡Y ello lleva a restaurar el equilibrio
natural del pH de los órganos afectados! Tras la sesión el terapeuta podrá comprobar cómo las piernas
recuperan su simetría normal levantando las piernas del paciente.
En cuanto al número de sesiones depende del tipo de dolencia así como de su gravedad y antigüedad pero la
práctica parece indicar que una secuencia inicial de tres sesiones -una a la semana- basta para obtener una
gran mejoría en la mayoría de los casos.
"Durante dos años y medio de práctica continua del Biomagnetismo con nuestros pacientes - nos contaría
Sergio Córdova, director del Centro de Terapias Naturales Ohani en Santiago de Chile- hemos podido
constatar que la gran mayoría de las enfermedades siguen un patrón común que comienza con la
acumulación de conflictos emocionales y/o estrés que producen una disminución de la eficiencia del sistema
inmunitario. Esto permite que proliferen microbios -virus, bacterias, hongos y parásitos- que están
parapetados en puntos específicos del cuerpo y que se corresponden con los distintos pares biomagnéticos.
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Pues bien, es en este nivel, en el que los gérmenes se han potenciado combinándose de diversas formas,
donde el Biomagnetismo tiene su acción más visible y contundente. A pesar de que hemos visto resultados
en una amplia gama de enfermedades de difícil tratamiento con la medicina oficial -cáncer, SIDA, diabetes,
fibromialgia, esclerosis múltiple, lupus eritematoso, artritis, psoriasis, hepatitis, herpes, etc.- en una rápida
encuesta nuestros ocho terapeutas en Biomagnetismo refirieron notar mejores resultados en psoriasis,
fibromialgia, cáncer, diabetes y problemas estomacales y pulmonares diversos. Un reporte curioso fue que
todos ellos concordaron en haber sanado rápidamente dolores de cabeza crónicos con el Biomagnetismo".

IMANES Y MICROORGANISMOS
En este marco de relaciones entre cargas positivas-negativas y pH, Goiz da un paso más. Afirma que cuando
estos pares se desequilibran, en el punto del par polo sur-positivo (de ambiente ácido) se encuentran
determinados virus mientras que en el punto del par polo norte-negativo (de ambiente alcalino) se hallan
ciertas bacterias. Virus y bacterias han sido identificados por Goiz a lo largo de su investigación y puestos
en relación a través del campo magnético que forma cada par biomagnético.
"De acuerdo al concepto teórico del Par Biomagnético -escribe Goiz- el virus patógeno tiene dos elementos
morfológicos: cápside y virón. El primero con carga negativa puesto que se trata de una mucoproteína. Y el
segundo con carga positiva puesto que se trata de una porción de nucleoproteína y, específicamente, de
ADRN. En el polo positivo se generan los virus patógenos o estructurales en su función de virón; y en el
negativo la mucoproteína que les es específica ya que en el polo negativo o Norte las bacterias tienen pleno
desarrollo y madurez y no se ocupan de su propio metabolismo sino de hacer resonancia vibracional y
energética con los virus que les son afines y de producirles la proteína cápside que los hacen patógenos".
De esa manera Goiz logró establecer que entre ambos focos de virus y bacterias existe una comunicación -en
forma de ondas electromagnéticas- que define como biorresonancia magnética y que permite una relación
energética entre dichos microorganismos de tal manera que cuando el órgano se desequilibra se potencian su
virulencia y capacidad de resistencia frente a los anticuerpos del sistema inmune.
Siguiendo la teoría de Goiz y la relación entre el pH, la acidificación y los microorganimos, cuando sobre
los puntos correspondientes de los pares origen de una determinada patología se colocan imanes de una
fuerza superior -de 1.000 a 50.000 gauss- el par biomagnético se despolariza y la vuelta al equilibrio en el
pH alterado supone -según la Teoría Biomagnética- una interrupción de la retroalimentación energética entre
virus y bacterias. Esto, a su vez, produce el exterminio de los mencionados microorganismos que pierden su
sustento energético. "Al inducir a los virus campos magnéticos superiores a 1.000 gauss -sostiene Goiz-
pierden su capacidad patógena y cede la sintomatología viral en tiempos críticamente cortos. En el caso de
las bacterias, al precisar éstas un medio alcalino para su reproducción en el momento de su neutralización
ceden en su capacidad patógena".
Expongamos algunos ejemplos de lo que Goiz afirma haber confirmado en el tratamiento de pacientes
durante los últimos 17 años. Por ejemplo, en el caso de la diabetes Goiz sostiene que la mayor parte son
"falsas diabetes" producidas por microbios como estafilococos aureus, Chlamydia Trachomatis,
espiroquetas, algunos virus, salmonella typhi, amebiasis intestinal parasitaria, etc. Que pueden originar
"falsas" diabetes por diversos motivos, como el deterioro químico de la insulina contaminada por los
desechos metabólicos tóxicos de estos gérmenes, que pueden estar en el páncreas o no. Bueno, pues según
Goiz el tratamiento adecuado con los imanes en el par duodeno-riñón permite la alteración del nivel
patógeno de los microorganismos y, por tanto, la resolución de la enfermedad.
Por su parte, el Par Biomagnético para el tratamiento de la hepatitis B es pleura-hígado... en el hemisferio
norte. Y es que ¡la polaridad varía en función del hemisferio de la Tierra en el que uno habite! La pleura
soporta la polaridad negativa-alcalina y el hígado la positiva-ácida; esto quiere decir que el virus responsable
de la patología se ubica en el hígado y la bacteria que hace resonancia y lo activa en la pleura. Bien, pues el
adecuado tratamiento convertiría al paciente en un portador del virus asintomático.
Otro ejemplo: Goiz asegura tratar el Sida con magníficos resultados mediante la aplicación de imanes en el
par timo-recto. En el par positivo-ácido (recto) se aloja el virus VIH y con él hace resonancia la bacteria E-
Coli presente en el polo negativo-alcalino (timo). Y Goiz asevera que es precisamente la bacteria la que
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activa el timo causando la inmunodeficiencia que termina por producir el conjunto de síntomas conocido
como Sida. En un organismo en el que, por el contrario, las posiciones estuvieran invertidas el VIH se
encontrará presente en un timo alcalinizado y la E-coli en un recto acidificado... con lo que existirían
alteraciones del sistema digestivo -diarrea, gases, etc.- pero no se darían las condiciones para la aparición del
síndrome. Siguiendo con los tratamientos de Goiz, en la familia de "enfermedades" que constituyen los
distintos tipos de reumatismo, artritis o artrosis los desechos liberados por diversos microorganismos serían
los encargados de atacar la membrana sinovial que cubre el cartílago de las articulaciones produciendo así
inflamación, luego degeneración y finalmente graves deformaciones. Pues bien, Goiz afirma que al tratar el
reumatismo articular en el par nervio inguinal derecho-articulaciones se consigue no sólo un efecto
analgésico y una disminución de la inflamación y del tiempo de reparación de los tejidos dañados.
Obviamente según la teoría del Par Biomagnético muchos otros microorganismos son los causantes de
enfermedades de difícil abordaje para la medicina alopática como algunos tipos de Parkinson, Alzheimer,
esclerosis múltiple, psoriasis, etc., que estarían especialmente causadas por virus fármaco-resistentes. Y
todos ellos pueden ser reforzados en su efectos patógenos -tal y como sostiene también la doctora Ulda
Clark- por otras sustancias tóxicas como metales pesados -el mercurio de las amalgamas, plomo, aluminio,
etc.-, algunos conservantes, colorantes, drogas, pesticidas y otras sustancias presentes en los alimentos
industrializados.
Recordemos que la toxicidad aumenta la acidificación del órgano -el ambiente donde mejor se desarrollan
los virus- al tiempo que el desequilibrio provoca que en el otro polo del par el ambiente progresivamente
alcalino permita la acción de las bacterias lo que, según Goiz, completa el círculo que pone en marcha la
acción tóxica de los virus. Razón por la cual para volver al equilibrio inicial es de especial importancia la
aplicación de imanes naturales en los pares biomagnéticos.
Lo aquí expuesto no es, como el lector podrá suponer, más que una simple introducción a la Teoría del Par
Biomagnético. Es mucho lo que queda por desarrollar: los distintos pares, los ejes magnéticos presentes en
el ser humano, la importancia de los ejes según los hemisferios de la Tierra... Todo un campo de estudio que
se abre ante quienes están interesados en la influencia de los campos magnéticos en la salud. Aunque lo
realmente importante de la misma es que su aplicación es sencilla, carece de contraindicaciones y es fácil de
comprobar en sus resultados. Probablemente el Biomagnetismo no sirva para curarlo todo pero el porcentaje
de alivio y mejoría que los pacientes experimentan es lo suficientemente notable como para justificar su
conocimiento y uso, idealmente en conjunción con otras terapias que, en combinación con el área
emocional, ayuden a elevar las defensas del sistema inmune.

Elena Santos

Discovery Salud 112, Jan. 2009

ISAAC GOIZ Y LA TEORÍA DEL PAR BIOMAGNÉTICO

Isaac Goiz, médico internacionalmente conocido por su teoría del Par Biomagnético, afirma que toda
patología se inicia en dos puntos relacionados entre sí que poseen las mismas características
bioenergéticas aunque estén situados en distintos lugares del cuerpo. Es lo que llama "par
biomagnético" y asevera que en toda patología mientras en uno de esos puntos se produce
acidificación en el otro se produce alcalinización y eso hace que ¡en uno se acumulen los virus y en el
otro las bacterias! Y afirma también que basta colocar dos simples imanes en esos puntos para que los
virus y bacterias que pueden estar afectando negativamente al organismo en ese momento ¡pierdan su
capacidad patógena! Hemos hablado con él.
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Isaac Goiz - médico cirujano- trabajó en la década de los 70 del pasado siglo XX en el Instituto Nacional de
Neumología de México y es autor de E l Sida es curable (1993) -libro en el que aporta su punto de vista
sobre cómo el biomagnetismo puede detectar y destruir el VIH- y de El fenómeno tumoral (2004) -publicado
por la Universidad de Loja (Ecuador) sobre el origen del cáncer y la participación de múltiples agentes
patógenos en su desarrollo: toxinas, parásitos, hongos, bacterias y virus, entre otros. Y su presencia en
España para impartir el curso que impartió en Madrid en noviembre pasado dirigido a médicos y otros
profesionales de la salud sobre su teoría del Biomagnetismo Médico y la práctica del tratamiento del Par
Biomagnético vuelve a situarnos -una vez más- ante el dilema del significado real del término evidencia
aplicado a la Medicina. Porque, ¿evidencia no es la suma de resultados clínicos -es decir, de las curaciones o
mejoras logradas- aún cuando la teoría en la que se apoya el tratamiento esté aún sometida a discusión en
lugar del cumplimiento de protocolos paliativos normalmente basados en fármacos cuyos mecanismos de
acción muchas veces ni siquiera se conocen y donde los resultados -de mejoría o curación- son casi siempre
escasos o nulos?
Goiz no ofrece teorías indemostrables ni apoya lo que dice en ensayos clínicos controlados. Pone sobre la
mesa sus resultados clínicos: cientos de miles de pacientes tratados con buenos resultados durante 20 años.
Y cursos sobre lo que sabe impartidos a médicos y otros profesionales de la salud -más de cinco mil a estas
alturas- que aportan también sus propias experiencias con curaciones o mejoras que a veces rozan lo
asombroso dada la simplicidad de la terapia. Luego, ¿por qué las instituciones no le escuchan? Pues
probablemente porque los resultados que obtiene se basan en una teoría que rompe los esquemas médicos
conocidos y deja obsoletos muchos de los tratamientos que propone la medicina occidental.
"El tratamiento con el Par Biomagnético, el Biomagnetismo Médico -nos diría Goiz en Madrid- tiene cuatro
defectos. Primero, que apenas cuesta dinero; y eso es gravísimo. Segundo, que cura. Tercero, que lo puede
aprender cualquier persona, no solamente médicos. Y cuarto, que lo descubrió un mexicano. Sin embargo,
llevamos trabajando con ello 20 años, hemos dado 82 cursos por todo el mundo y han asistido a ellos unos
5.300 alumnos. Por lo que a Europa se refiere en Alemania, Italia y ahora España; en cuanto al continente
americano en Estados Unidos solemos darlos en Nueva York pero también los hemos impartido en Ecuador
y Chile además de en todo México, obviamente. Mis colegas médicos empiezan por fin a admitir el método
porque los resultados están ahí. De hecho en México la mitad de los alumnos son ya médicos y la otra mitad
terapeutas. Médicos que cuando trabajan con nuestro método inmediatamente lo avalan. Los que no lo
avalan son las autoridades sanitarias ni los médicos más ortodoxos".
Y de nuevo cabe preguntarse: ¿qué importa más? ¿Los resultados que se obtienen con los imanes o discutir a
nivel teórico su fundamentación? Obviamente, a los pacientes, los resultados. Al fin y al cabo tampoco
saben el mecanismo molecular de actuación de un antibiótico y se lo toman.
"¡Esto es científico! -manifestaba en la televisión ecuatoriana el doctor Alex Escandón, ginecólogo que
práctica el Biomagnetismo Médico en el Nuevo Hospital de Los Valles, uno de los centros hospitalarios más
modernos de Quito (Ecuador)-. Está demostrado. Usted tiene un problema, se le hace la evaluación, se
confirma con los exámenes, hacemos el test con los imanes, se hace el tratamiento y vemos los resultados. Y
en la mayoría de los casos funciona. Hablamos incluso de casos de cáncer. Hemos visto a pacientes en los
que se comprobaron con imágenes los tumores, a los que se ha hecho luego el tratamiento del par
biomagnético y cómo después ya no aparece tumor alguno en las imágenes. Hemos entrado en la sala de
operaciones -porque soy médico ortodoxo, tengo mi cabeza con formación científica, cuadrada y tengo que
confiar en lo que estoy viendo- a hacer cirugía y realmente no encontramos nada. Sacamos los tejidos, los
mandamos al laboratorio y no queda nada. O si queda es algo completamente diferente".
Suponemos que el lector no entenderá que ante esto el sistema sanitario se niegue siquiera a investigarlo.
Pero así es. Y eso que Goiz nos reiteró en persona que está dispuesto a someter sus resultados a la crítica
médica en cualquier hospital. De hecho asegura haberlo intentado sin éxito -incluso en España- a pesar de
que al no hacer ingerir nada a los pacientes se trataría de una demostración sin el más mínimo riesgo. Lo que
no obsta para que él continúe empeñado en que le dejen demostrar la validez de su tratamiento. "Necesito
simplemente -nos diría- un centro clínico que aporte algunos pacientes con el diagnóstico ya hecho. Veinte,
treinta, cien... los que sean. Y que me digan por ejemplo: tienen tuberculosis. Y entonces nosotros los
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testamos, les ponemos los imanes en el par correspondiente a esa patología -que, por cierto, es
supraespinoso- supraespinoso- y constatamos cuántos se curan. ¿Que se cura uno solo? Pues es obvio que
mi planteamiento no es correcto. Pero, ¿y si se cura el 90%? Es sencillo, luego ¿por qué no me permiten
mis colegas demostrarlo? "

LAS BASES DEL BIOMAGNETISMO MÉDICO O TEORÍA DEL PAR BIOMAGNÉTICO


Resumiendo someramente lo que ya expusimos con amplitud en el nº 76 de la revista recordaremos que los
elementos fundamentales sobre los que se basa el tratamiento del par biomagnético son el pH del organismo,
el papel que juegan en él los microorganismos en la aparición de enfermedades, la existencia de una serie de
puntos energéticos en el cuerpo que están relacionados entre sí -como los dos polos de una pila- y el uso de
campos magnéticos provocados por imanes de una potencia superior a 1.000 gauss.
Como en su día explicamos cada órgano y tejido del organismo tiene un grado de acidez o alcalinidad. Y el
pH global del mismo se sabe midiendo la concentración de hidrógeno -es decir, el potencial de hidrógeno, lo
que abreviadamente conocemos como pH- en saliva, orina o sangre. Se trata de un dato útil porque la
mayoría de las personas enfermas tienen un exceso de iones electropositivos (toxinas, radicales libres...) que
acidifican las células, los órganos, la sangre y las secreciones. Pues bien, el pH de una persona sana es de
7.35, es decir, ligeramente alcalino (se considera neutro un pH de 7). Sin embargo, la mayor parte de las
personas enfermas tienen un pH que oscila entre 6.0 y 7.0 (de ácido a neutro). Y cuanto más enferma se
encuentra más ácido suele ser su pH. Por eso las personas con cáncer terminal o metástasis masiva tienen
por lo general un pH muy ácido (entre 5.5 y 6.0) y cada vez más investigadores apuntan que en realidad la
acidificación orgánica es la auténtica raíz de todas las enfermedades.
Hecha esta introducción explicaremos que, convencido también de que eso es así, Goiz comenzó a valorar
hace ahora 20 años las teorías de Richard Broeringmeyer sobre la validez de las terapias energéticas, su
Terapia Polar y la importancia del pH en la salud. Éste había descubierto que los campos magnéticos
permiten descubrir el pH interno de los órganos mediante unos sencillos tests musculares de Kinesiología
que se basan en el principio de respuesta muscular inteligente descubierto por el Dr. George Goodheart en
los años sesenta. Es decir, el test -que es el que usa hoy el Dr. Goiz y sus discípulos- permite conocer el
estado de acidificación de cualquier parte del organismo con un simple imán de potencia suficiente. Basta
colocarlo en la parte derecha del cuerpo e ir desplazándolo lentamente por encima porque cuando debajo hay
una zona ácida la pierna derecha se encoge instintivamente uno o más centímetros. Y, por el contrario, si lo
que hay es una zona demasiado alcalina la pierna se alarga.
Posteriormente Goiz, gracias a su experiencia clínica diaria, acabaría constatando que la dualidad que marca
toda la vida (vigilia-sueño, día-noche, norte-sur, yin-yan, ácido-base, etc.) también se da a nivel orgánico. Y
que a cada punto-órgano-tejido donde se da una situación de acidez le corresponde de manera automática
otro punto-órgano-tejido (siempre el mismo) con un desequilibrio similar en intensidad de alcalinidad. Ello
le permitió con los años llegar a la constatación práctica de la existencia en el cuerpo de más de 200 pares
biomagnéticos que además se corresponden con patologías diferentes -desde la gripe al cáncer- y no tienen
nada que ver con lo conocido por la medicina convencional ni por la Medicina Tradicional China. No se
trata pues de los nadis y meridianos energéticos. Asimismo descubrió que cada par se asocia a una patología
y, a la vez, a determinados microorganismos. Verificando luego que en el polo "positivo" de entorno ácido
se acumulan los virus y los hongos mientras en el polo negativo de entorno alcalino se encuentran las
bacterias y parásitos. Y que en cada patología están presentes los mismos microorganismos patógenos
conformando siempre el mismo par. En otras palabras, cada enfermedad tiene su correspondiente par y sus
microbios.
El último paso que dio Goiz fue aprender cómo afrontar las enfermedades sabiendo todo esto. Y descubrió
que podía hacerlo aplicando en los "polos" de cada par unos imanes de potencia superior a 1.000 gauss.
Basta situar el polo positivo del imán en el polo positivo del par y el polo negativo en el par negativo. Ello
crea una corriente magnética que empuja las cargas positivas contra las negativas hasta neutralizarse. Lo
que igualmente neutraliza el pH y acaba con los microorganismos promotores de la correspondiente
patología.
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Cabe agregar que si una persona padece varias patologías los imanes deberán colocarse en cada uno de los
pares detectados. De veinte a treinta minutos por sesión son suficientes. Y si bien muchas veces basta con
una sesión otras requieren tres o cuatro.
Claro que aunque todo parece muy simple lo cierto es que hay que saber dónde se halla cada par, cuál es el
polo positivo y cuál el negativo en cada uno de ellos y qué microorganismos hay en ellos relacionados con
cada patología.

IMANES Y PH
A los médicos -a pesar de que Goiz lo es- todo esto les parece inconcebible y por eso la mayoría lo rechaza.
Claro que nadie les ha hablado jamás de ello. Es más, choca con todo lo que les han enseñado y han
aprendido. Bueno, no todos. Los pocos que se han molestado en estudiarlo -y, sobre todo, en conocer los
resultados- tienen ya otra opinión. Entre ellos los que asistieron en Madrid a finales de noviembre pasado al
seminario que impartió Goiz a 72 profesionales de la salud gracias a lo cual tuvimos oportunidad de
conversar con él.
-¿Cómo define usted el Biomagnetismo?
-Como una disciplina médica nueva. Sí, podría decirse que es una nueva medicina porque nos permite
entender la enfermedad desde el punto de vista energético, vibracional, ya no químico, ya no clínico, ya no
biológico. Nosotros, como seres vivos, al igual que las plantas o los animales que nos rodean, tenemos un
pH que se acerca a lo neutro. El pH define lo que es ácido, alcalino o neutro en los organismos. Pues bien,
hay fenómenos que alteran ese pH y conducen los órganos hacia la acidez o hacia la alcalinidad. Una
alteración que puede llevar a la enfermedad. Luego, con el tiempo, entendí que al igual que todo en el
universo la dualidad está presente en el cuerpo y descubrí los pares biomagnéticos, su relación con la
acidificación y los microorganismos patógenos, cuáles están implicados en cada patología y cómo resolver
el problema. Nacería así el Par Biomagnético del que sé que ya han hablado en su revista. El problema es
que mis colegas médicos son muy ortodoxos y no aceptan que un campo magnético pueda curar. Solo que
en realidad tienen razón ya que no es el campo magnético el que cura sino la corrección con imanes del pH
alterado.
-Lo primero que llama la atención viéndole trabajar es la forma de testar los puntos afectados en el
paciente. ¿ Por qué la pierna se acorta o se alarga reaccionando tanto al imán como a las palabras
cuando pronuncia en voz alta los pares biomagnéticos?
-El sistema de diagnóstico parte de la Kinesiología. La acidosis en un órgano acorta la materia y, por tanto,
decrece en sus dimensiones. Acidosis que con el tiempo hace además que el órgano empiece a funcionar
incorrectamente hasta que aparecen los fenómenos degenerativos. Todo ello en presencia siempre de virus,
por cierto. En el polo negativo ocurre lo contrario: la alcalosis lleva a la distensión del órgano y
posteriormente a la disfunción y a los procesos degenerativos. Pero en este caso siempre en presencia de
bacterias. Bueno, pues esos cambios internos se reflejan externamente en el acortamiento o alargamiento de
la pierna en el lado derecho cuando sobre la persona tumbada realizamos el test con el imán o se enuncian
verbalmente los puntos de búsqueda.
-¿Y por qué se testa sólo el lado derecho del cuerpo?
-Las mediciones se hacen en el hemicuerpo derecho porque el izquierdo no sufre esas variaciones ya que es
recorrido 80 veces por minuto -en condiciones normales- por una corriente electromagnética generada por la
actividad autónoma del corazón. Y, por lo mismo, sirve como marco de referencia bioenergética para
entender e identificar los pares biomagnéticos. En el caso de la gonorrea, por ejemplo, si se coloca el imán
en el mentón se acorta la pierna mientras que si se pone en la rama mandibular el acortamiento se corrige.
Siempre se colocan dos imanes, positivo y negativo. El polo negativo del imán se debe situar en la parte
alcalina -donde al ponerlo se encoge la pierna- y el positivo en el punto que hace resonancia.
-¿Y cómo llegó a relacionar cada polo con un pH diferente?
-Siguiendo el trabajo de Richard Broeringmeyer que fue quien descubrió el fenómeno en forma monopolar.
El descubrió que se puede medir la hiperacidez o la hiperalcalinidad de un órgano con campos magnéticos.
Lo demostró. Lo que yo descubrí fue sólo la dualidad del fenómeno. Siempre que hay algo positivo hay algo
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negativo. Además en lugar de extraer las cargas como él propuso yo las impacté internamente para que se
anularan entre ambas. Porque entendí que lo que falta en un lado sobra en otro. Es decir, lo que aquí son
hidrogeniones allí son radicales libre u oxidrilos. Y así se conjugan, se neutralizan y desaparece esa
información.
-La acidez orgánica y el aumento del pH puede tener múltiples orígenes, desde lo que comemos o
bebemos a la incapacidad metabólica para eliminar los residuos tóxicos de nuestro interior. ¿Es la
acidez el caldo de cultivo de los microorganismos causantes de las enfermedades?
-Las toxinas, los metales pesados, las radiaciones electromagnéticas de las torres de alta tensión y los
transformadores, las antenas de televisión y hasta un simple móvil al igual que cualquiera de los aparatos
eléctricos que nos rodean contribuyen a modificar nuestro pH. Pueden pues favorecer o agravar el problema
pero a mi juicio no determinan la presencia de las bacterias y virus. Bacterias que necesitan un medio
alcalino para sobrevivir lo mismo que los virus requieren un medio ácido. En suma, todos esos factores
pueden contribuir pero pienso que no son determinantes.

VIRUS Y BACTERIAS EN SIMBIOSIS


-Quizás lo más difícil de entender es la relación que usted establece entre los distintos pares y los
microorganismos patógenos: virus, bacterias, hongos y parásitos.
-Cuando comencé a trabajar con los campos magnéticos me llegó un día un paciente con VIH certificado por
el Instituto Mexicano del Seguro Social que había sido sometido a los tratamientos convencionales:
antirretrovirales, mucolíticos... Lo clásico. Cuando me llegó estaba muy mal. Le dije que lo único que le
podía ofrecer era revisar su organismo y localizar posibles distorsiones en el pH de su cuerpo. Lo hice y me
encontré con que en el timo había un foco energético alcalino. Seguí revisando y en el recto encontré un
foco ácido. Así que pensando no como médico sino como físico me dije: "Aquí hay acidez y allí alcalinidad,
luego si 'empujo' las cargas lo mismo impactan y se neutralizan". Y funcionó. Al paciente le desapareció el
VIH. Y, claro, empecé a investigar las posibilidades clínicamente, con pacientes. Una investigación que se
convertiría en tragedia porque cuando comuniqué a las autoridades sanitarias que había tratado a 18
pacientes de Sida en un año y todos se habían curado me respondieron que estaba loco. El segundo paciente
fue un niño con tuberculosis diagnosticada en el Instituto Nacional de Enfermedades Pulmonares de
México. Tenía un absceso en el cuello por una tuberculosis ganglionar y supuraba. Le testé, vi que se trataba
del par supraespinoso-supraespinoso que acusa el fenómeno ácido-alcalino, le puse los imanes y a los ocho
días el niño estaba curado. Eso cambió todo lo que pensaba sobre virus y parásitos. De hecho fue lo que me
llevó a investigar y empezaron a aparecer en los tests todo tipo de microbios. ¡Cada uno en un punto
específico del organismo! Ahí empezó todo. Pasaron los años y yo seguí curando no ya el Sida sino la
tuberculosis, la gonorrea, la sífilis, la clamidia... Toda una amplia serie de patologías que sanaban sin
necesidad de medicamentos ni protocolos exagerados. Simplemente poniendo unos imanes en puntos
específicos.
-Lo que dice usted echa abajo muchas creencias médicas.
-Mi "teoría" se basa en 20 años de experiencia clínica. Y de acuerdo a ella dentro de una célula el virus
codifica partículas de ADN para generar virones de virus específicos que una vez excretados se asocian con
cápsides producidas por bacterias no patógenas. Así es como una vez asociados infectan otras células para
continuar el proceso en forma exponencial. Virus y bacterias están en resonancia vibracional y energética.
Pero independientemente de que exista esa resonancia para su génesis, metabolismo, maduración y
reproducción lo que importa más que nada es su manifestación patógena y su asociación morbosa dentro de
los seres humanos. Por otra parte, l os parásitos requieren bacterias, tragan bacterias. Si no hay bacterias no
hay parásitos. Lo mismo que si no hay virus no hay hongos. Y esto lo podemos comprobar clínicamente
porque si en una micosis eliminamos el virus que la está soportando desaparece el hongo. Y, de la misma
manera, si eliminamos la bacteria desaparece el parásito correspondiente. A los médicos se nos ha enseñado
que los microorganismos entran en el cuerpo y se ubican en las mucosas, en los epitelios. Bueno, pues no es
así. Lo que descubrí gracias al VIH o Virus de la Inmunodeficiencia Humana es que cada virus o bacteria
que entra en el organismo se establece en un lugar específico y ahí se empieza a reproducir. Y luego, cuando
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se ha reproducido, da lugar a los síntomas que es lo que percibimos enfermos y médicos. Pero se ignoraba el
origen del fenómeno. Bueno, pues yo he descubierto el código que permite identificar los virus, bacterias,
hongos y parásitos patógenos, las disfunciones que provocan y cómo resolver todos esos problemas.
-¿Cuántos pares biomagnéticos han asociado ya a diferentes patologías?
-En estos momentos más de 200. Y conociéndolos se pueden superar el 99% de las enfermedades. Luego
tenemos pares especiales que identifican alteraciones no producidas por microorganismos, pares
disfuncionales que identifican alteraciones de las glándulas internas y de su producción hormonal y,
finalmente, pares de reservorio que identifican órganos o tejidos donde se aloja indefinidamente un virus en
tanto no se instale en su par específico. Conocemos más de doscientos microorganismos asociados a
enfermedades pero algunos son difíciles de localizar con imanes.
-¿Cada patología se corresponde con un par o hay varios pares para una patología?
-Depende de la patología. Si es regular hay uno sólo pero hay patologías complejas como la diabetes, la
psoriasis, la fibromialgia y otras en las que se asocian virus y bacterias. Como en el cáncer, que es lo más
florido en cuanto a asociación de microorganismos. Aunque aquí nos encontramos con otro conflicto y es el
hecho de que muchos de los casos que se diagnostican como cáncer no lo son. Nosotros hemos constatado
que en el cáncer está presente siempre el bacilo de la lepra. Luego si no lo está lo que padece esa persona no
es cáncer. Lo mismo pasa con la diabetes: hay demasiadas falsas diabetes. Según la ortodoxia médica uno es
diabético cuando sube el nivel de azúcar en sangre y el organismo es incapaz de reducirlo. Es decir, el
páncreas está sano pero no produce suficiente insulina o ésta no cumple su misión. La verdad sin embargo es
que se trata de una bacteria que se alimenta de insulina. Y basta eliminarla para que la presunta diabetes
desaparezca.

CÁNCER Y SIDA
-Perdone, pero ¿qué tiene que ver la lepra con el cáncer?
-Hemos descubierto que en todos los casos de cáncer primero existe algún virus que lastima la membrana de
alguna célula, luego aparecen bacterias que introducen en su citoplasma toxinas con lo que ésta crece y,
finalmente, aparece el bacilo Mycobacterium leprae que a través de la liprosina llega hasta el núcleo, lo
revienta y da comienzo así a lo que conocemos como cáncer. Luego sólo en tales casos puede hablarse de
cáncer. A mi juicio pues el 97% de lo que se diagnostica como cáncer no lo es. Suele tratarse de simples
abscesos que aparecen cuando se infecta un área de tejido y el sistema inmunitario trata de combatirlo. Los
glóbulos blancos se mueven a través de las paredes de los vasos sanguíneos hasta el área de la infección y se
acumulan dentro del tejido dañado, proceso durante el cual se forma pus que no es sino una acumulación de
líquidos, glóbulos blancos vivos y muertos, tejido muerto, bacterias y otras sustancias. Abscesos que pueden
formarse casi en cualquier parte del cuerpo y cuya causa son microorganismos infecciosos y sustancias
ajenas al organismo. Y como abscesos se curan. Es verdad que a veces aparece la denominada masa tumoral
pero se trata de un fenómeno secundario. Además sabemos que si logramos eliminar los patógenos
desaparece el tumor. Y lo grave es que se están diagnosticando muchos casos de cáncer que no son sino
abscesos y envenenando a esas personas con radiaciones y fármacos enormemente tóxicos.
-Y lo que usted denomina cáncer auténtico, ¿tiene tratamiento con los pares?
-Se cura también pero es otra asociación más morbosa. Para empezar, como digo, tiene que estar presente el
bacilo de la lepra; si no, no hay cáncer. Por otra parte, cada tipo de tumor tiene una variedad diferente de
bacterias y virus que varían de una persona a otra. Y efectivamente se pueden abordar con los pares. Lo
increíble es que se curan. Este año, hasta el 11 de octubre, llevo tratados 192 casos de cáncer. Y todos ellos
se han curado. Con el diagnóstico de cáncer de sus médicos, no hecho por mí. Ahora bien, ninguno se había
sometido a quimioterapia ni había sido radiado. Fruto de mi experiencia con el cáncer escribí de hecho una
tesis titulada El fenómeno tumoral en la Universidad Nacional de Loja de Ecuador porque un grupo de
médicos que vino a uno de mis cursos hace seis o siete años me invitó a hacerlo. En suma, no solamente se
cura el cáncer, se curan los abscesos, las displasias y todos los fenómenos pre y postumorales.
-Por lo que dijo antes entendemos que también el Sida es tratable...
-El Sida es curable con el tratamiento del Par Biomagnético adecuado: el timo-recto. Es cierto que el VIH es
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un virus patógeno. Se aloja en el recto -por eso no lo han encontrado- pero no destruye los linfocitos T. La
culpa es de una bacteria que resuena con el virus. Mire, tal vez ésta haya sido mi mayor aportación:
descubrir que siempre que hay un virus hay una bacteria que le hace el juego, que le fabrica la mucoproteína
que le convierte en patógeno. Los virus siempre han existido. Son partículas de ADN que requieren
simplemente que se les adhiera una mucoproteína para convertirse en un patógeno. Y esa mucoproteína la
fabrica una bacteria que en el caso del VIH se llama Esqueriquia Colli y que se aloja en el timo
degenerándolo. No es que por eso deje de fabricar linfocitos T -de eso encarga cuando somos pequeños-
porque cuando somos adultos ya no lo hace. Lo que provoca es que deje de ordenar su producción a los
ganglios y otras estructuras. En suma, no destruye el timo pero impide que éste induzca la producción de
linfocitos T.
-¿Hay alguna patología que no se pueda curar con su sistema?
-Suelo decir que la estupidez humana. Hablando en serio, las orgánicas prácticamente todas. Y con el
sistema que estamos desarrollando podremos tratar también aspectos psicológicos, actuar sobre los
problemas emocionales.
-¿Y si tras un tratamiento con el par biomagnético vuelvo a enfermar?
-Le volvemos a curar. Mire, cuando un médico extirpa un tumor o un órgano deja ahí la información. Y por
tanto puede regresar la enfermedad. Pero si quitamos la información que está produciendo un tumor éste ya
no regresa. Verá, la medicina alopática diagnostica atendiendo a los síntomas: dónde duele, cuánto, desde
cuándo... Y a partir de ahí diagnostica: es una colitis, una rinitis, una dermatitis, etc., o un tumor. Pero no
sabe decirte por qué. Yo explico el porqué, el cómo y el cuándo. En una patología simple o cuando aparece
un tumor. Y actúo sobre la causa. Si alguien tiene una bronquitis le explico que se debe a un neumococo o a
un enterobacter. Si tiene una pancreatitis que tienen el adenovirus 36. Y así sucesivamente. Identificamos el
origen de esa pancreatitis, de esa psoriasis, de esa diabetes, de ese reumatismo que padece el enfermo que
viene a nosotros... y luego eliminamos la causa.
Solo nos resta decir que las caras de satisfacción de los asistentes el curso del Dr. Goiz eran significativas.
Se les veía claramente satisfechos. Uno de ellos, el doctor Santiago de la Rosa -presidente de la Comisión
de Médicos Naturistas del Colegio Oficial de Médicos de Madrid y miembro del Consejo Asesor de
Discovery DSALUD- fue muy explícito: " Es realmente sorprendente -nos diría-. Eficaz, útil, sencillo de
aprender, fácilmente constatable... Y encima sin potenciales efectos secundarios negativos ni
contraindicaciones. Ni siquiera hay que depender de sofisticado aparato alguno. Basta algo de destreza
para localizar en el paciente los polos magnéticos y aplicar los imanes. El Biomagnetismo me parece muy
interesante. Especialmente teniendo en cuenta la casuística clínica presentada durante el curso por el
doctor Goiz. Pienso sin duda incorporarlo a mi práctica médica. Aunque de momento seguiré
usando igualmente la Acupuntura, la Homeopatía, la Dietética, la Fitoterapia, la Nutrición Ortomolecular,
la Biorresonancia y otras técnicas no convencionales porque todas ellas son complementarias y me
permiten, por sus propias características, atender las máximas del naturismo médico: Primun Non Nocere -
ante todo no hacer daño- y Vis Natura Medicatrix -ir siempre a favor de la naturaleza".
Terminamos comentando que en un rincón de la localidad de Guayaqui -concretamente en el área 19- el
Gobierno ecuatoriano ha puesto recientemente en marcha una experiencia ejemplar, el Centro Médico
Guamaní, donde los pacientes pueden tratarse con métodos tradicionales que responden a evidencias y
experiencias sustentadas en prácticas indígenas milenarias así como con métodos complementarios más
modernos. Y entre esas posibilidades los enfermos pueden optar por tratarse con la terapia del Par
Biomagnético. ¿Con qué resultados? " ¿Hasta ahora los resultados son muy buenos -ha declarado
públicamente a la prensa el Dr. Fausto Molina, médico que aplica en él la terapia-. Y s e trata de resultados
documentados ".
Y es que desde que el mundo es mundo las teorías cambian pero los hechos permanecen.

Antonio F. Muro
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Juan Carlos Albendea, pionero en España en la utilización del Par Biomagnético


Juan Carlos Albendea -miembro del Consejo Asesor de Discovery DSALUD y promotor del curso
impartido por Isaac Goiz en Madrid- fue uno de los primeros profesionales de la salud en practicar el
Biomagnetismo Médico en nuestro país. Su primer contacto con la teoría del Par Biomagnético tuvo lugar
hace ahora catorce meses pues saber que existía un método de curación tan sencillo, práctico y sin
medicación le pareció algo tan extraordinario que decidió viajar hasta México para asistir a un curso con
Goiz. Y desde entonces, una vez en España, la terapia forma parte de su práctica diaria.
"Algunas patologías -nos diría explicándonos su experiencia- mejoran rápidamente. De hecho no conozco
ningún sistema tan rápido de sanación. En las patologías más complejas el único problema es el del testaje
porque hay que tener mucha paciencia para localizar todos los puntos rastreando al máximo posible el
cuerpo. Es sencillo pero requiere tiempo. Además hay que practicar mucho hasta que uno adquiere la
suficiente experiencia y confianza. En la actualidad estoy trabajando con dos listas de pares. Una básica de
225 pares -los primeros descubiertos y más testados que ofrecen solución al 90-95% de los problemas de
salud- y otra más extensa de 450 pares sobre la que aún están trabajando terapeutas de distintos países.
Obviamente en la primera visita sigo la básica -aunque eso depende también de lo que tenga el paciente- y
en la segunda o posteriores la más extensa. Debo decir que no se trata por supuesto de una panacea pero
de lo que conozco es lo más eficaz y rápido. Y sin efecto secundario alguno. Porque ni aunque se pusieran
mal los imanes -invirtiendo por error los polos- existe perjuicio para la persona. Y como no se da ningún
producto ni a nadie se le dice que deje la medicación no interferimos con ningún tratamiento. Lo que pasa
es que cuando el médico que ha recetado los fármacos ve la mejoría suele decidir retirarlos".
Albendea nos aclararía que él sólo habla de los casos que él mismo ha tenido la oportunidad de tratar. No de
mejorías o curaciones ajenas. Y añadiría en ese sentido que las patologías en la que ha visto una mejoría más
rápida sin medicamentos se encuentran casos de fibromialgia, hepatitis, diabetes, infertilidad -afirma que
ésta se resuelve en apenas una o dos sesiones -, psoriasis, lupus eritematoso, problemas óseos como la
espondilitis anquilosante -en estos casos se comienza a mejorar desde la primera sesión-, reumatismo
pluriarticular, osteoporosis -esta patología precisa un seguimiento largo-, esclerosis múltiple -no se
resuelven los efectos de la degradación de la mielina pero puede detenerse su progresión-, todos los
problemas digestivos, la endometriosis y las migrañas.
"Hay algunas patologías que pueden resolverse en una sola sesión -nos aseguraría - pero el Dr. Goiz
también señala que en este tipo de tratamientos suele haber un 'efecto pantalla'. En la primera visita, con un
buen rastreo, puedes eliminar microorganismos y a la semana siguiente encontrarte con que ese 'efecto
pantalla' había ocultado otros microorganismos que permanecían ocultos ante la importancia de los
anteriores. Por eso el protocolo que normalmente seguimos es el de ver a cada persona tres o cuatro veces;
una vez a la semana. Y en patologías como la osteoporosis hacer revisión al menos una vez al mes durante
tres o cuatro meses".
Juan Carlos Albendea -que pasa consulta en Madrid (91 542 91 96)- está encantado con los resultados pero
no es optimista sobre la expansión rápida de la terapia del Dr. Goiz. Ni siquiera entre los profesionales más
abiertos a las terapias alternativas. Su extrema sencillez -basada en la práctica clínica del profesional y no en
ningún tipo de aparato o medición difícil de explicar al paciente- y el hecho de que rompa con los moldes de
la medicina convencional van a dificultar a su juicio su divulgación. A pesar de que quienes la practican
obtienen resultados sorprendentes a diario, incluso en patologías catalogadas como incurables. "Yo mismo
tuve un resultado realmente sorprendente en Sida -nos contaría al finalizar nuestra charla-. La carga viral
del paciente le bajó un 50% y desde entonces está asintomático sin haber tomado ningún medicamento. No
ha tenido que tomarse ni un solo día de baja laboral. Solo viene de vez en cuando a que le haga un rastreo.
Nunca aceptó tomar los antirretrovirales y prefirió desde el principio confiar en este procedimiento. Y está
encantado. Al igual que yo".

Francisco San Martín


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LA TERAPIA DEL PAR BIOMAGNÉTICO, SOMETIDA A PRUEBA CON MÁS DE 200


ENFERMOS
Discovery Salud 118, Ago. 2009
El pasado mes de mayo el Dr. Isaac Goiz, creador de la teoría del Par Biomagnético y del tratamiento
de todo tipo de enfermedades con simples imanes, accedió a poner a prueba su terapia en la clínica
que dirige en Marbella (Málaga) el Dr. Raymond Hilu y más de doscientas personas fueron tratadas
en apenas cuatro días. A la mayoría se le recogió una muestra de sangre antes del diagnóstico con los
imanes y de ser tratados los pares correspondientes y otra después para así comprobar si los
microorganismos señalados como responsables de sus patologías estaban realmente presentes en
sangre después del tratamiento. Les contamos los resultados.

La difusión en España del método de diagnóstico y tratamiento del Par Biomagnético creado por el médico
mexicano Isaac Goiz (vea en nuestra web –www.dsalud.com- los artículos que hemos publicado al respecto
en los números 76 y 112) ha prendido en apenas unos meses con tanta rapidez que resulta sorprendente.
Claro que no es de extrañar dado el éxito que los médicos y terapeutas que la han incorporado ya en sus
consultas están obteniendo. Ciertamente no se trata de una cura milagrosa que resuelva todas las patologías
pero en manos de profesionales bien formados se ha revelado como un método de posibilidades
insospechadas –especialmente cuando la causa es una infección- cuyos límites están aún por conocer.
De hecho el doctor Goiz reclamó durante años que se constatase la eficacia de su tratamiento mostrándose
dispuesto a cualquier tipo de ensayo o prueba a la que quisieran someterle los colegios médicos, propuesta
que en nuestro último encuentro en Madrid reiteraría: “Necesito simplemente –nos diría- un centro clínico
que aporte algunos pacientes con el diagnóstico ya hecho. Veinte, treinta, cien... los que sean. Y que me
digan por ejemplo: tienen tuberculosis. Y entonces nosotros los testamos, les ponemos los imanes en el par
correspondiente a esa patología –que, por cierto, es supraespinoso-supraespinoso- y constatamos cuántos
se curan. ¿Que se cura uno solo? Pues es obvio que mi planteamiento no es correcto. Pero, ¿y si se cura el
90%? Es sencillo, luego ¿por qué no me permiten mis colegas demostrarlo?” El silencio había sido siempre
la respuesta. Hasta ahora…
Primero fue el doctor Santiago de la Rosa -miembro de nuestro Consejo Asesor- quien de una forma muy
pragmática se planteó estudiar la capacidad microbicida de los imanes sobre distintos microorganismos ¡in
vitro! Para lo cual se cultivaron durante 24 horas en un laboratorio especializado una serie de bacterias y
hongos –concretamente Escherichia coli, Klebsiella pneumoniae, Streptococcus agalactiae, Proteus
mirabilis, Haempphylus influenzae y Candida albicans- en los medios apropiados (agar sangre, agar
chocolate, agar MacConkey y Saboraud cloranfenicol) y pasado ese tiempo se colocaron dos imanes encima
y debajo de las placas durante otras 24 horas para observar si había crecimiento microbiano o éste se
detenía. La prueba demostraría que in vitro los imanes no son capaces de frenar el crecimiento de esos
microorganismos patógenos constatando así que sólo actúan sobre el bioelectromagnetismo propio de los
organismos vivos complejos.
Porque en éstos sí funciona. La respuesta por tanto tiene que estar fuera de las probetas, en las complicadas
interacciones que se dan en el organismo humano, en el pH del terreno vivo necesario para la proliferación o
no de los microorganismos. Había por tanto que subir un escalón más en la investigación y analizar el
comportamiento del método en un numeroso grupo de enfermos. Y eso es lo que decidió asumir el doctor
Raymond Hilu en el instituto que lleva su nombre. “Sinceramente –nos diría-, lo hice por incredulidad.
Había asistido un par de días al curso que hace unos meses impartió en Madrid y ustedes anunciaron y lo
que el Dr. Goiz explicó en él me pareció demasiado bueno para ser cierto. Si es verdad, me dije, se trata de
un descubrimiento fantástico y hay que darlo a conocer, elevar su práctica a la enésima potencia. Y si no lo
es hay que decirlo públicamente para que nadie se haga vanas ilusiones. Así que le propuse hacer la prueba
que pedía con numerosos pacientes a la vez. Sabía que la idea le iba a gustar porque me consta que lo
había intentado en varias ocasiones sin conseguirlo”.
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Y Goiz aceptó el reto: testar con su método -lo que finalmente se hizo en el centro que dirige en Marbella
(Málaga) entre el 14 y el 17 de mayo pasados- a ¡más de doscientos pacientes! de las más diversas
patologías en presencia como observadores de médicos de otros países. Pues bien, aunque los resultados
estadísticos aún se están elaborando Hilu ya habla abiertamente de “éxito rotundo” del método. “Se trata –
afirma con rotundidad- de una de las terapias más eficaces con las que me he cruzado en todos los años que
llevo de praxis médica. Lo más sorprendente es su sencillez. Y su principal ventaja que carece de efectos
secundarios. Lo único que choca a veces es el diagnóstico porque el de Goiz difiere a menudo del que trae
el paciente. Algo que no me preocupa porque lo importante es que el enfermo mejora con el tratamiento. Y
a mí lo que interesa no es tanto saber qué tenía realmente como si tras el tratamiento mejora o se cura. Me
importa que el resultado final es positivo y beneficioso para el paciente.”

PREPARANDO EL ESTUDIO
Dicho esto adelantamos desde ya que las pruebas realizadas en mayo pasado en Marbella no serán admitidas
como un “ensayo” por la comunidad médica. Pero lo cierto es que lo que allí ocurrió no puede ni debe ser
obviado pues el Dr. Hilu intentó que fuera lo más objetivo posible. De hecho se aseguró de que los pacientes
que acudieran allí no fueran sólo suyos sino de médicos y terapeutas de diferentes países: Estados Unidos,
Inglaterra, Alemania, Francia, Suecia, Finlandia, India y, por supuesto, españoles. E invitó a algunos de sus
colegas a acudir como observadores; fue el caso de los doctores italianos Conte y Limontini y de la doctora
británica Mary Staggs. Asimismo habló con dos laboratorios independientes que se pudieran hacer cargo de
analizar la sangre de los pacientes antes de ser tratados por el Dr. Goiz o por los dos colaboradores que le
ayudaron en esta singular experiencia de forma absolutamente altruista y en jornadas auténticamente
maratonianas –Juan Carlos Albendea y Águeda Iribarren- para confirmar si existían los patógenos que se
detectaban con el test kinesiológico y a los quince minutos de finalizar el tratamiento recoger de nuevo una
muestra de sangre para compararla con la primera. Al final no pudo ser.
“Para mí es un misterio –nos diría el Dr. Hilu-. No entiendo qué ha pasado. Primero hablé con un
importante laboratorio de Barcelona al que le propuse encargarse del asunto y me confirmó verbalmente
que estaría encantado de colaborar. Es más, me pidieron que les pasase por escrito la relación de los
posibles patógenos que tendrían que buscar para tener los reactivos preparados así que como yo había
hecho el curso de Goiz cogí una lista de todos los patógenos que pueden detectarse y se la mandé. Tardaron
bastante en estudiarlo. Hasta que al final, después de varios e-mails, me dijeron que sí, que tenían
capacidad suficiente. Sin embargo, cuando se acercó la fecha de la prueba les llamé para sellar por escrito
el compromiso y entonces, para mi sorpresa, me contestaron que cada analítica les iba a salir por unos
2.000 euros y se traba de un coste que no podían afrontar. Mire, yo he pedido en multitud de ocasiones
hacer análisis de patógenos a los laboratorios y sé que no cuesta eso. Finalmente, un par de semanas antes
de que llegara Goiz, rechazaron cualquier tipo de colaboración. Me dijeron que la „filosofía del
laboratorio‟ –expresión textual que usaron-, tras unirse a otro francés de carácter multinacional, no les
permitía abordar ese trabajo”.
Hilu nos explicaría que lo intentaría entonces con un laboratorio de Valencia. Y de nuevo se encontró con la
misma respuesta. Primero le dijeron que sí y después, por razones nada convincentes, que no. También
fallaría un último intento con un laboratorio más pequeño de Marbella.
Hilu decidió entonces modificar la estrategia y solicitó rápidamente a los pacientes que se habían apuntado
al estudio que trajeran la documentación médica que acreditara sus diagnósticos añadiendo luego un
elemento comparativo más: la realización del estudio de la sangre en su propio centro para verificar los
resultados mediante varios métodos de diagnóstico: campo oscuro, contraste de fase y test de coagulación. A
fin de cuentas su sistema de microscopía morfológica celular permite llegar a los 60.000 aumentos y ver
todo tipo de bacterias, hongos y parásitos con absoluta claridad e identificarlos siguiendo la estela del
trabajo de Antoine Béchamp quien demostró que la sangre no es estéril. (vea el recuadro adjunto).
Además, cuando se consideró necesario se añadieron al estudio elecrocorporogramas, electrocardiogramas,
oximetría o ecografías. El resto era el test diagnóstico de Goiz, los imanes sobre los puntos señalados y la
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prueba posterior en el propio centro que se completaría con un seguimiento de los pacientes una vez
regresaran a sus hogares.

LA SANGRE VIVA
En suma, más de doscientos pacientes pasaron por las instalaciones de Raymond Hilu. Como María, que
llegó con un diagnóstico de hepatitis. Hilu la sentó y con un simple pinchazo le extrajo una gota de sangre
que pasó a analizar a través del microscopio. Lo singular es que la imagen de la misma pudo luego seguirse
a través de una pantalla de plasma de 40 pulgadas instalada en la pared; en ella, a los pocos minutos, todos
los presentes pudieron ver cómo los glóbulos rojos, flotando en el líquido extracelular, aparecían
apelmazados, formando columnas a modo de monedas apiladas, con escasa movilidad. “Problemas de
circulación”, apuntaría Hilu. Y siguió buscando mientras iba cambiando filtros de luz. Aparecerían así
diversas formaciones que Hilu identificaba en cada caso como hongos o bacterias. Y antes de terminar allí
vimos unas estructuras de apariencia pétrea contra las que los escasos glóbulos que aún mantenían cierta
movilidad se estrellaban y rodeaban. “Microtrombos”, diagnosticó Hilu. A continuación observó la placa
donde otra gota de sangre se había coagulado y enseguida apareció una figura característica en forma de rosa
-que el doctor definió como significativa de estrés cardíaco- y unos bordes grisáceos formados por la
acumulación de tóxicos que muy bien podían corresponderse con un problema de mal funcionamiento
hepático.
A continuación llegaría el turno de Goiz. Con la paciente tumbada en la camilla, sujetando los pies por los
talones, muy atento a cualquier diferencia entre los mismos, comenzó a recitar su particular mantra de los
distintos pares posibles para después preguntar por las más diversas patologías directamente en voz alta al
organismo que tenía entre manos esperando siempre la respuesta en forma de alargamiento o acortamiento
de las piernas. Su diagnóstico final ampliaba el que la paciente llevaba: cirrosis hepática y cálculos renales.
Le situó los imanes y la paciente se quedó en reposo durante doce minutos. Pasado ese tiempo el doctor Hilu
le extrajo de nuevo dos gotas de sangre: una para verificar una vez coagulada y otra que pasó a observar
directamente al microscopio. Y así, a través de la pantalla instalada en la pared, los pacientes y observadores
pudieron presenciar el espectáculo de la sangre viva. Sólo que donde antes había como “pilas de monedas”
tras el tratamiento lo que se veían eran glóbulos bien diferenciados, perfectos en su individualidad,
moviéndose con alegría. De las bacterias y hongos ni rastro por más que se buscaron; en cambio allí estaban
aún los microtrombos de apariencia granítica. Todo parecía haber mejorado menos eso. En la sangre
coagulada la figura en forma de rosa significativa de estrés cardíaco había igualmente desaparecido. No así
los bordes de acumulación tóxica que, aunque algo menores, todavía permanecían visibles. Sólo tras el paso
de los días con el hígado funcionando normalmente, tal y como sostenía Goiz, podría apreciarse su
eliminación. Antes de marcharse el doctor Hilu decidió recomendar a María que para prevenir posibles
problemas de trombos tomara pastillas de magnesio. Quizás también hubieran desaparecido sin más con el
paso de los días pero lo mejor era completar el tratamiento. El propio doctor Hilu quedó sorprendido: “Para
eliminar las bacterias, hongos, trombos y mejorar la circulación hasta ese punto hubiera necesitado en
condiciones habituales más de seis medicamentos y seguir un tratamiento de varios mese”.
Y sin embargo, ¡lo que es la vida! A los pocos días Hilu recibía una llamada: esa paciente había sido
ingresada con una trombosis. Había optado por ignorar la recomendación de las pastillas de magnesio… o se
le había pasado. Afortunadamente, nada grave. El ingreso sirvió además para comprobar que el resto de
parámetros hepáticos se encontraba bien.
Indudablemente uno de los aspectos más novedosos de la teoría de Goiz es la presencia de los virus-hongos
y bacterias-parásitos en polos opuestos como causantes de enfermedad. Por tanto resultaba todo un reto
saber si a través de la microscopía utilizada por Hilu podían encontrarse restos de los mismos en la sangre. Y
así fue. “En más del 80% de los casos -no tengo aún las estadísticas terminadas, explicaría Hilu- encontré en
las muestras de sangre de los pacientes los mismos parásitos que Goiz señalaba utilizando el Par
Biomagnético”.
En todo caso, curaciones y mejorías aparte, lo que más llamó la atención de Hilu fue el comportamiento de
la sangre antes y después de aplicar los pares. “Obviamente –nos diría- la mayor parte de los pacientes que
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aceptaron acudir a este estudio estaban muy enfermos. Y al examinar su sangre antes de ser tratados por el
doctor Goiz pudo verse que era la propia de alguien enfermo, con una circulación de muy mala calidad,
con muchos patógenos, toda clase de suciedad en la sangre y comportamientos anómalos de las defensas
con los neutrófilos inutilizados. Sin embargo, a los quince minutos de haber sido tratados volvía a mirar la
sangre y veía una historia completamente diferente. Parecía sangre de otra persona que no tuviera que ver
con el mismo paciente. Todas las anomalías morfológicas sanguíneas quedaban corregidas. En muchos
casos los neutrófilos, estáticos antes, se mostraban muy activos después. Los microorganismos vivos,
intraeritrocitarios antes, habían sido expulsados. Seguían moviéndose unos minutos y luego morían.
Además, al observar la sangre a los 15 minutos del tratamiento pudimos ver cómo había aumentado la
oxidación celular y mejorado la circulación, excepto las plaquetas. Y en los casos de cirrosis hepática, al
analizar la sangre bajo el microscopio después de poner los pares -y ha supuesto una auténtica novedad
para mí-, vimos una especie de cicatrices hepáticas en gran cantidad sueltas en la sangre como efecto del
tratamiento porque entre medias no había habido más que los imanes. Ya había visto antes el fenómeno y
por eso sé que se trata de excrecencias hepáticas pero no lo había visto con tanta frecuencia y con un efecto
tan rápido”.
La única constante que no se modificó en ningún caso -y a la que Hilu piensa dedicar un estudio más
profundo- fue la presencia de trombos.
¿Y el pH, núcleo central de la teoría de Goiz? La tecnología del Instituto Hilu no utiliza coloraciones para
las muestras de sangre ya que considera que de esta manera se pueden adulterar las muestras. En su lugar, y
para no perder las ventajas que puede aportar la tinción a la hora de apreciar distintos fenómenos, se utiliza
tinción por luz. Por eso al ir cambiando los filtros de luz pudimos presenciar en directo diferentes aspectos
de la sangre. “Una de esas tinciones lumínicas que utilizo –nos diría Hilu- me permite ver el pH de la propia
sangre en vivo. No ha habido ningún caso de sangre con tendencia a la alcalosis lo cual, con la gran
cantidad de pacientes que hemos tratado, es un indicio más que habla del territorio ácido como base de la
enfermedad. Sí hemos visto muestras de sangre con el pH tendiendo hacia la acidosis y cómo después de ser
tratados por Goiz la acidosis en esas muestras de sangre desaparecía por completo. Sin excepción. En todos
los casos. Sólo con los imanes y en quince minutos.”
Sorprendente. Pero no menos que los resultados.

CONCLUSIONES
En suma, la presencia de microorganismos parece dar la razón a los argumentos de Goiz pero, lo que es más
importante, los resultados vienen a avalar el uso del Par Biomagnético en una lista larguísima de patologías.
El estudio, las frías cifras -que incluyen el seguimiento a distancia de los pacientes- aún no está concluido
pero el doctor Hilu tiene ya claras algunas conclusiones.
-¿Cuáles han sido globalmente los resultados obtenidos con los más de 200 enfermos diagnosticados y
tratados?
-Ha habido muy pocos casos, muy puntuales, en los que no ha habido ni reacción ni mejoría. Y desde luego
no ha habido empeoramientos. Los casos donde mejor respuesta se obtuvo se dieron entre quienes vinieron
con diagnóstico de esclerosis múltiple, un diagnóstico con el que Goiz no coincidía porque para él todos
ellos sufrían una infección bacteriana por estreptococos y clamidias. Y todos ellos, ante los ojos de quienes
allí estábamos, se marcharon con un grado de mejoría muy notable. Hasta el punto de que algunos que
llegaron con una movilidad totalmente limitada, que apenas se podían poner de pie para tumbarse en la
camilla, salieron por su propio pie. Para mí ha sido lo más impactante. Los siete u ocho casos tratados
experimentaron una mejoría sustancial.
-Imposible detenerse en cada una de las patologías tratadas pero por incidir en otra especialmente
significativa y grave, el cáncer, sobre el que Goiz mantiene un enfoque muy diferente: ¿cómo les fue
con los casos que les llegaron diagnosticados como cáncer?
-Podríamos decir lo mismo respecto a la mejoría general pero en los casos de cáncer hay que hacer una
salvedad: a excepción de un caso que el doctor Goiz confirmó que era cáncer verdadero todos los demás que
vimos eran a su juicio cánceres falsos, mal diagnosticados. Se trataba de abscesos, quistes, hematomas,
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bolsas de pus u otro tipo de reacciones fisiológicas a la presencia de microorganismos; por bacterias como la
Enterobacter colacae o la Listeria, por ejemplo. Honestamente asumo que el sentimiento, la esperanzadora
reacción del paciente al pensar que lo suyo nunca había sido realmente cáncer, puede tener que ver con una
cierta mejoría. El doctor Goiz afirma que al terminar con el problema causado por los patógenos que dan
origen a su sintomatología el paciente está curado y la recuperación será progresiva. Yo debo decir que en
las revisiones que hemos hecho primero aparecían los parásitos y tras el tratamiento habían desaparecido.
Apreciamos incluso la mejora instantánea de otros parámetros. Por ejemplo, en los casos de cáncer de
próstata vimos cómo tras el tratamiento con los imanes el marcador PSA bajó en todos los casos.
En los días posteriores pedimos a los pacientes que se hicieran con sus médicos nuevas analíticas, nuevos
informes y nos los hicieran llegar. Y según los que ya se nos han remitido –no hemos cerrado el estudio
precisamente porque estamos pendientes de los casos de cáncer- las mejorías son evidentes.
-¿Y cómo debemos interpretar que en el Avance de los resultados aparezca ya un caso de melanoma
como curado, una leucemia como curada y un cáncer de próstata como curado? ¿Debemos deducir
que esa persona fue a su médico y éste le ha dicho que su cáncer ha desaparecido?
-No, no ha sido así. Lo que ha ocurrido con esos pacientes es que han ido a sus médicos, les han pedido que
les realizaran nuevas pruebas y a la vista de los nuevos resultados éstos les han dicho que nunca habían
tenido cáncer, que el diagnóstico estaba equivocado. Analicemos el caso del cáncer de próstata. El tamaño
de la próstata, visualmente, era grande y su PSA estaba disparado. Bueno, pues tras tratarse con los imanes
el PSA se había equilibrado y en la ecografía se apreciaba un tamaño normal de la misma. Cualquiera diría
que se trataba de un claro caso de reducción del tumor, ¿no? Bueno, pues el médico de ese paciente prefiere
decir que se trataba de un error de diagnóstico. Así que ya sabe, con los imanes no se curan cánceres sino
que se detectan errores de diagnóstico. Sin comentarios.
-¿Y se encontró en algún caso el bacilo de la lepra, causante según Goiz de los únicos casos auténticos
de cáncer?
-Con cáncer verdadero sólo apareció un paciente. Un caso en fase IV en el que Goiz señaló la presencia del
bacilo de la lepra y de clamidias. En ese caso sí pude comprobar la existencia del bacilo de la lepra. En el
resto coincidí con Goiz en la localización de microorganismos a los que él hace responsables de patologías
que luego son diagnosticadas como cáncer.
-¿En todos los casos los resultados han sido positivos?
-En la lista de casos analizados aquellos diagnosticados como cálculos renales y tumor cerebral, por
ejemplo, no responden. También ha habido un caso complicado con un dolor testicular muy agudo causado
por una infección producida tras depilarse los testículos y a pesar de todo lo que se hizo el dolor persistió.
En el resto, en todos y para todas las patologías tratadas, hubo mejoría o curación.
Raymond Hilu estaba exultante. Nosotros vamos a esperar a que finalice el estudio y se tengan todos los
datos. Pero ya avanzamos que el doctor Hilu ha demostrado tener mucho valor. Llevar adelante una
experiencia como la realizada no era fácil y corría además el riesgo de tener en frente a sus compañeros más
convencionales. De hecho la mayoría de éstos preferirá ignorar tan singular y enriquecedora experiencia
pero estamos seguros de que a muchos otros les va a abrir los ojos y se animarán profundizar un poco más
en esta herramienta terapéutica simple, eficaz y de nulos efectos secundarios. Como ya han hecho muchos
otros colegas. Dicho esto debemos manifestar nuestro convencimiento de que los resultados finales
dependerán de la pericia del médico o terapeuta que practique la terapia y del desarrollo de la enfermedad
porque cada persona es un mundo.
Finalizamos recordando que el doctor Isaac Goiz será ponente en el III Congreso Internacional sobre
Medicinas Complementarias y Alternativas en Cáncer que bajo el patrocinio de Discovery DSALUD y el
aval de la World Association for Cancer Research (WACR) tendrá lugar en Madrid los días 31 de octubre y
uno de noviembre de este año.

Antonio F. Muro
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El Par Biomagnético, a modo de recuerdo


Los elementos fundamentales sobre los que se basa el tratamiento del Par Biomagnético son éstos:
-El pH del organismo, el papel que éste juega en la aparición de enfermedades y su aprovechamiento por los
microorganismos, causa o efecto de la enfermedad.
-La existencia en el cuerpo de una serie de zonas energéticas -siempre las mismas, ácidas o alcalinas-
relacionadas entre sí por pares (como los polos de una pila).
-La creación de campos magnéticos mediante el uso de unos imanes de potencia superior a 1.000 gauss a fin
de neutralizar el pH y eliminar los microorganismos patógenos.
Como hemos explicado en otras ocasiones cada órgano y tejido del organismo tiene un grado de acidez o
alcalinidad pero el pH global del mismo se sabe midiendo la concentración de hidrógeno –es decir, el
potencial de hidrógeno, lo que abreviadamente conocemos como pH- en saliva, orina o sangre. Y se trata de
un dato útil porque la mayoría de las personas enfermas tienen un exceso de iones electropositivos (toxinas,
radicales libres...) que acidifican el terreno extraceular, los órganos, la sangre y las secreciones.
Cabe añadir que el pH de una persona sana es de 7.35 -es decir, ligeramente alcalino (se considera neutro un
pH de 7)- mientras la mayor parte de las personas enfermas tienen un pH que oscila entre 6.0 y 7.0 (de ácido
a neutro). Siendo más ácido el pH cuanto más enferma está. De ahí que las personas con cáncer terminal o
metástasis masiva tengan por lo general un pH muy ácido (entre 5.5 y 6.0) y cada vez más investigadores
apunten que en realidad la acidificación orgánica es la auténtica raíz de todas las enfermedades.
Pues bien, mediante un sencillo test kinesiológico y un imán de potencia suficiente el Dr. Goiz y sus
discípulos pueden conocer el estado de acidificación de cualquier zona del organismo. Basta colocarlo en la
parte derecha del cuerpo e ir desplazándolo lentamente por encima porque cuando debajo hay una zona
ácida la pierna derecha, de forma refleja, se encoge instintivamente uno o más centímetros. Y, por el
contrario, si lo que hay es una zona demasiado alcalina la pierna se alarga.
Agregaremos que según Goiz a cada punto-órgano-tejido donde se da una situación de acidez le corresponde
de manera automática otro punto-órgano-tejido (siempre el mismo) con un desequilibrio similar en
intensidad de alcalinidad. Siendo eso lo que le permitió con los años llegar a la constatación práctica de la
existencia en el cuerpo de más de 200 pares biomagnéticos que además se corresponden con patologías
diferentes, desde la gripe al cáncer. Asimismo descubrió que cada par se asocia a una patología y, a la vez,
cada polo del par a determinados microorganismos. En el polo “positivo” de entorno ácido se acumulan los
virus y los hongos mientras en el polo negativo de entorno alcalino se encuentran las bacterias y parásitos. Y
en cada patología están presentes siempre los mismos microorganismos patógenos conformando el mismo
par en cada ocasión. En otras palabras, cada enfermedad tiene su correspondiente par y sus correspondientes
patógenos.
Una vez detectados los pares afectados el último paso consiste en aplicar en los “polos” de cada par unos
imanes de potencia superior a 1.000 gauss. Basta situar el polo positivo del imán en el polo positivo del par
y el polo negativo en el par negativo. Ello crea una corriente magnética que empuja las cargas positivas
contra las negativas hasta neutralizarse. Lo que igualmente neutralizaría el pH -el terreno- y acabaría con los
microorganismos promotores de la correspondiente patología.
Cabe agregar que si una persona padece varias patologías los imanes deberán colocarse en cada uno de los
pares detectados. La sesión puede variar en función del campo magnético del lugar donde se realice en el
tratamiento; así, en Ecuador una sesión dura menos de diez minutos y en España entre doce y quince. Y si
bien muchas veces basta con una sesión en otras ocasiones se requieren tres o cuatro.

La microscopia morfológica celular


El doctor Raymond Hilu considera fundamental en su trabajo diario la Microscopia Morfológica Celular
como herramienta de enorme valor preventivo. Y es que le permite ver y diagnosticar a partir de una simple
gota de sangre aquellos fallos celulares que en el momento del análisis son causa de los síntomas del
paciente y pueden ser causa de futuras enfermedades.
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La lista de científicos que han utilizado la Microscopía Morfológica Celular la encabeza probablemente el
doctor alemán Günther Enderlein (1872-1968) quien investigó a fondo con él el mundo del pleomorfismo
identificando diferentes morfologías sanguíneas que sirvieron para establecer la base de la medicina celular.
Mientras según el monomorfismo –doctrina mayoritariamente aceptada hoy- la sangre y los tejidos sanos
son estériles de modo que es imposible el desarrollo de microbios o bacterias y poca o ninguna importancia
tiene el estado del terreno en el que se encuentre el microorganismo… el pleomorfismo afirma todo lo
contrario. Los pleoformistas entienden que todo microorganismo puede transformarse a fin de adaptarse a
las condiciones cambiantes del terreno en el que vive. De tal forma que puede llegar a transformarse en
bacteria u hongo -su fase final- pasando por distintas formas intermedias que dependen del pH del terreno en
el que se encuentre. Por lo que es posible apreciar todo tipo de bacterias y simbiontes moviéndose por el
plasma.
En nuestros días destaca por su experiencia en el uso de la Microscopía Morfológica Celular el Bradford
Research Institute de Estados Unidos mientras otros profesionales -sobre todo alemanes- utilizan la
Microscopía de Campo Oscuro para estudiar la sangre desde el punto de vista del pleomorfismo basándose
en los estudios de Enderlein. Sin embargo, otros muchos profesionales en el campo de la Medicina no
apoyan esta técnica.
Los mejores resultados se consiguen utilizando un microscopio óptico de unos 60.000 aumentos, con una
potente fuente de luz (cerca de 150 Watios) y varios objetivos, especialmente de campo oscuro, contraste de
fase y de luz directa. Tiene especial importancia el objetivo de contraste de fase ya que permite jugar con la
luz de tal manera que permite ver partículas que serían invisibles con otros objetivos. Al no utilizar ningún
tipo de tinción (sólo la lumínica) se obtienen resultados no adulterados, al contrario de lo que ocurre cuando
se añade cualquier producto a la muestra que se estudia. En cuanto a la morfología de coagulación sanguínea
es importante poder distinguir entre la fibrina soluble y la fibrina no soluble para determinar, sobre todo, el
riesgo de padecer enfermedades degenerativas o cardiovasculares, entre otras.
Con esta tecnología se pueden llegar a prevenir muchas enfermedades, especialmente las cardiovasculares.
“Incluso con más de 50 años de antelación –señala Hilu-, al contrario de lo que ocurre con un simple
electrocardiograma, aunque muy necesario muchas veces resulta insuficiente. Se han reportado muchos
casos de pacientes con un electrocardiograma perfecto que luego han sufrido un ataque al corazón y
fallecido a los pocos minutos u horas de haberse hecho la prueba. Esto no significa que su corazón haya
enfermado de repente y que de estar totalmente sano haya pasado a pararse sino, simplemente, que la serie
de fallos celulares que pudieran llevar a un paro cardíaco no se tuvieron en cuenta, que sólo se tuvieron en
consideración posibles fallos eléctricos.” En cabeza de la lista de prevenciones estarían algunas
enfermedades cardiovasculares (50 años de antelación), respiratorias (10 años), hepáticas (10 años), renales
(8 años), cáncer (5 años), psiquiátricas (5 años), circulatorias (1 año), autoimunes (6 meses), linfáticas (6
meses), etc.
Al analizar una gota de sangre del paciente con el sistema de medicina celular pueden descubrirse en menos
de 20 minutos todos los desarreglos celulares que están dando pie a una o varias patologías -o que pueden
llegar a causarlas- entre las 180 morfologías defectuosas diferentes que pueden distinguirse bajo el
microscopio. Y después actuar en consecuencia.
El procedimiento es sumamente sencillo: se extrae una gotita de sangre del dedo y se coloca en un porta
donde se deja coagular. Posteriormente se saca otra gota de sangre y se observa en un microscopio de campo
oscuro y alta potencia que la muestra en una pantalla de televisión. A través de la prueba con sangre
coagulada se pueden estudiar 40 condiciones patológicas pero por lo general se centra sobre todo en la
detección de procesos inflamatorios, toxicidad intestinal y disbiosis. Con el estudio de la sangre fresca se
pueden identificar hasta 43 factores distintos, entre los que destacan la situación nutricional, la presencia de
microorganismos como bacterias, hongos o parásitos, la viabilidad del sistema inmune, etc.