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Alianza Universidad. Textos


Marvin Harris

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Otros títulos del mismo autor en ALIANZA EDITORIAL:

LB 755 Vacas, cerdos, guerras y brujas


Introducción a la
Los enif!,mas de la cultura
AU 324 El materialismo cultural
antropología general

Versión española. de
Juan Oliver Sánchez Fernández

O4 JUH. 1985 .
C-1?'=- P5-)l3/
. \:--

Alianza
Editorial
,
Título original: INDICE
Culture, Peop/e, Nature - A n Introduction to General
Anthropology
3rd. Edítion. Publicado con autorización de Harper & Row,
Publishers, Inc., New York

Primera edición en "Alianza Universidad. Textos": 198 1


Segunda edición en "Alianza Universidad. Textos": 1982
Tercera edición en "Alianza Universidad. Textos" : 1983 (septiembre)
Cuarta edición en "Alianza Universidad. Textos": 1983 (diciembre)
Quinta edición en "Alianza Universidad. Textos": 1984

Prólogo a la tercera edición . . . . . . . . . . . . . . . . .. 11

Capítulo l. ¿Qué estudian los antropólogos? _. .. . . . . . . . . . . . . . . . 14


¿Por qué la antropologfa?, 15.-La diversidad de teorías antropológicas, 16.-Resumen, 18.

Capítulo 2. La evolución orgánica . . . .. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 19


Reproducción, herencia y sexo, 19.-Genes y cromosomas, 20.-La herencia de los ge·
nes, 22.- Genotipo y fenotipo, 25.- Genes dominantes y recesivos, 26.-Las fuerzas de
la evolución, 27 .~La selección natural y la • lucha por la supervivencia», 28.-Adapta·
ción y evolución general, 29.-Resumen, 30.

Capítulo 3. Genealogía y naturaleza humanas 31


Del animal al primate, 31.-EI orden de los primates, 34.-El suborden de los antropoides
frente al suborden de los prosimios, 37 .-Las superfamilias de los antropoides, 37 .-
Caracter!sticas de los hominoides, 38.- La familia de los homínidos frente a las famil ias
de los póngidos y los hilobátidos, 40.-La sexualidad de los hom!nidos, 48.- Lenguaje
y cultura, 49.-Resumen, 50.

Capítulo 4. Los primeros homínidos . . . . . . . . . . . . . .. . . . . . . . . . 53


© 197 1 by Thomas Y. Crowell Co. Un reloj evolutivo, 53 .-Del hominoide al hom!nido, 55.-Los homínidos del Plio-Pleis·
toceno, 57.-Los australopitecinos, 60.-H omo babi/is, 62.-Los útiles y los hom!nidos
© Ed. cast.: Alianza Editorial , S. A., Madrid, 198 1, 1982, 1983, 1984 del Plio-Pleistoccno, 65.-Uso de útiles entre monos y simios contemporáneos, 66.-La
Calle Milán, 38; "n' 200 00 45 cultura infrahumana y el problema de las múltiples especies, 70.-Cooperación sexual,
reducción de caninos y cultura, 72.- La pérdida de controles instintivos sobre el domi-
ISBN: 84-206-8037-0 nio y la agresión, 74.-La caza y los homínidos del Plio-Pleistoceno, 76.-Resumen, 80.
Depósito legal: M. 33.090-1984
Compuesto en Fernández Ciudad, S. L. Capítulo 5. Los orígenes del H omo sapiens .. . . . . . . . . . . . . . . . . . .. 82
Impreso en Hijos de E. Minuesa, S. L.
El Homo ereclus. 82.-¿Fue Africa el jardín del Edén?, 86.-Culturas del Homo erec-
Ronda de Toledo, 24 - Madrid-5 lus, 87.-Consecuencias culturales de la caza mayor, 91.-EI Homo sapie11s arcaico, 93.-
Printed in Spain Una especie, un mundo. 104 .-Resumen, 104.

7
8 Indice
Indice 9
~Capítulo 6. Los orígenes de las variaciones raciales ........... . 106
Las razas como poblaciones, 106.-Frecuencias frente a arquetipos, 107.-Vnriflcioncs 'Capítulo 14. La organización de la vida do1néstica ... 261
dentro de las poblaciones, 108.-Categorfas raciales, 108.--C!inas, 110.-Los gnipos san-
guíneos y la raza, 112.-La cxplícación de los polimorfismos humanos, 114.-Antigiicdad La esfera domútica de la cultura, 261.-La familia nuclear, 262.--··Altcnrntivas a la
de las razas actuales, 115.-EI caso del color de la piel, 118.-Resumcn, I20. familia nuclear, 263.-La poligamia y la familia nuclear, 264.,.-La familia extensa, 265.-
Los grupos domésticos con uno solo de los padres, 267.--¿Qué es el matrimonio? 268.---
La legitimidad, 270.--Funciones del matrimonio, 271 .--El matrimonio en las familias
• Capítulo 7. La naturaleza de la cultura .............. . 123 extensas, 272.--Los grupos domésticos y la evitación del incesto, 274.-Los matrimonios
prefcrenciales, 278 ....-Jlesumen, 279.
Definiciones de cultura, 123.-Enculturación y relativismo culturnl, 124.-Umirnciones
del concepto de encult.uración, 125.---La difusión, 127 .-Aspectos mentales y conduc-
tuales de la cultura, 12_8.-Aspectos emic y etic de Ja cultura, 129.-El patrón univer-
sal, 130.-Estrategias alternativas de investigación, 132.-La estrategia del mMerialismo "Capítulo 15. Parentesco, residencia y filiación 282
cultural, 133.-Resumen, 134.
El parentesco, 282.-La fí!iación, 282.-.,Las reglas de filiación, 284 ..-.. Grupos de filía·
ción cognaticfa: variedad bí!a1eral, 287.-Grupos de filiación cogirnticia: variedad ambi·
Capítulo 8. El Paleolitico del Viejo Mundo . . . . . . . . . . . . . . . . .. lineal, 288.-Grupos de filiación unilineal, 289.··-·Pautas de residencia postmarítal, 290.--
Causas de la filiación bilateral, 291.-Determinantes de Jos linajes y clanes cognati·
El «despegue» cultural, 136.-- Períodos prehistóricos, 137.-Desanollos del Paleolítico cios, 292.--·Determinantes de los linajes y danes uni!ineales, 293.-Causas de fa patri-
Inferior, 138.-Desarrollos del Paleolítico Medio, 141.-El Paleolítico Superior, 144.-- localidad, 294.~-·Causas de la matrilocalidad, 295.-Causas de la avuncu!ocalidad, 297.··-·
El fin del Paleolítico, 149.-Resumen, 154. Terminologías de parentesco, 299,---La terminología esquimal, 299.-La termínología ha·
waiana, 300.-La terminología iroquesa, .301.-·-Resumen, 303.
Capítulo 9. El Neolítico y la aparición de ciudades y estados . . . 156
El Neolítico, 156.-El Neolítico en el Oriente Medio, 157.-Los orígenes de la a¡;ricuJ.
tura, 159.-La domesticación de animales, 160.-Las causas del Neolítico, 163.-E! Neo·
Capítulo 16. La organización política en las bandas y aldeas ... 305
Htico y las «revoluciones» urbanas, 165.-La difusión del Neolítico, 167.-El Neolítico
en el este de Asia, 168.---El Neolítico en el Sudeste asiático, 169.-El Neolítico ;1íri· La ley y el orden en las sociedades organizadas en bandas y aldeas, 305.-El «con1unismo
cano, 171.--Resumen, 171. prirnicivo», 306.-Movilización de Ja opinión pública: el dudo de canciones, 307.-
J\Iol'ilizacíón de la opinión pública: acusaciones de brujería, .309.--El lidera;;go de los
cabecillas, 311.-La oposición complementaria, 313.-Las vcngan;;as de sangr~·, 315.--
J\sociaciones no basadas en el parentesco·. las ~sociacioncs no residenciales, 316.-Re·
Capítulo 10. La segunda Tierra 173 sumen, 317.
¿Cuándo se descubrió América?, 173.-El Paleolítico del Nuevo Mundo, 175.-El «Neo·
lítico» del Nuevo Mundo, 177.~-La secuencia mesoamericana, 179.-·El papel de Jos ani·
males domesticados, 181.-El desarrollo de los estados, ciudades e imperios del Nuevo -Capítulo 17. El control y el origen del Estado . . . . .. 319
J\hmdo: las tierras bajas mesoamericanas, 182.--El desarrollo de los esrndos del Nue.
vo JV!undo: las tierras altas mesoamericanas, 185.·--Los desarrollos al norte de Méxi·
co, 187.-El desarrollo de esrndos en América del Sur, 188.-El significado de la La gran transformación, 319.-Los sistemas de «grandes hombres», 320.-Los "grandes
«segunda Tierra», 189.-Resumen, 191. hombres» y la guerra, 321.-Jcfes, guerreros >' r<'dislribución: trobriandeses y chero·
kce, 322.-Lirnitaciones del poder de Jos jefes, 324.-De la jefatura al reino, 325.--
Un reino africano: Bunyoro, 327.-EI feudalismo, 328.-Un ímperio americano autóc·
Capítulo 11. Energía y ecosistema 194 tono, 329.-El Estado y .d conuol del penrnmicnto, 330.-EJ control del pens1uniemo
en contextos modernos, 331.-EI Estado y Ja coacción física, 334.-Resumen, 3.35.
La energla, la ecología y los ecosistemas humanos, 194.-La influencia de la tecnolo·
gía, 195.-La influencia del medio ambiente, 196.--Sistemas de energ(a alimentaria, 197.-
Un sistenia de energía alimentaria de cna y recolección, 198.---Llmite.s ambie.ntales al Capítulo 18. Los grupos estratificados ..
rnmaño de Ja banda, 199.-La capacidad de sustentación y la ley de los rendimientos 338
decrecientes, 200.-Expansión, íntensificaci<ín y cambio te<:nológico, 201.-Un sistema
energético de agricultura dependiente de las lluvias, 203.-Un sistema de energía ali· Clase y poder, 338.-Sexo, edad y clase-, 339.---Las dimensiones emic y Nic y la con-
mentaria de tala y quema, 203.-El elevado costo de Jos cerdos, 206.-Un sistema de ciencia de clase, .3.JO.-La .explotacíón económica, 342.- -La clase dfrigente en los Es·
cnergla alimentaria de agricultura de regadío, 206.-Energía y pastoreo nómada, 208.-.. tados. Unidos y Ja Unión Soviética, 343,-La concentración de. Ja rique?.a, 345.--Clnse
Sistemas industtíales de energía alimentaria, 208.-·El mito del incremento del ocio, 210.-- y esu!o de vída, 3'18.--·Clases cerradas y abiertas, 349.·-·~Límires de la movilidad de las
Resumen, 211. clases, 350.-Minorías y mayorías, 351 .. .,.J\simílación frente a pluralismo, 352.-Plura-
lismo )' «P<.,dcr negro,,, 354.-~El chauvinismo étnico frente a la conciencia de clase, 356.-·
Las castas vistas desde arriba y desde abajo, 357.--Resumen, 360.
Capítulo 12. Regulación demográfica y guerra ... 215
Controles culturales sobre el crecimiento demográfico, 215.··--Las técnicas anticoncepti·
vas, 216.-Técnicas empleadas después de la concepción, 217.-·-La influencia de las en· Capítulo 19. Desarrollo y subdesanollo .. 363
fermedades, 218.-La presión demográfica, 219.-La guerra entre los pueblos cazadores
y recolectores, 220.-La guerra entre _agricultores aldeanos, 221.-L~ gucrrn y la regula- Definición de desarrollo y subdesarrollo, .363.-Las causas de la revolución índus·
ción del crecimiento demográfico, 222.-Goerrn, población y ecología: los maring, 224.- nial, .366.-La tecnología en China, 366.--Despotisnw oriental e industrialización, 368.-
Explicaciones alternativas de Ja guerra en Nueva Guinea, 227.--:--Pro1d1rns animales y Capirnlísmo y tecnología, 369,-EI capítalismo y la ética protestante, 370.-Colonialismo
guerra: Jos yanomamO, 229 .-¿Por qué las proteínas anímales?, · 2.3) .-A~pectos adaptati- y subdesarrollo, 371.-lndonesia y Japón, 372.-Japón, 374.--Alternativas al subdesarrollo
vos e inadaptativos de la guerra, 232.-Resumen, 233. en la era postindustrial, 376.--~La revolución verde, 378.-·Los límites de Ja tecnificación
y el crecimiento industrial, .381.-Bueyes fre:ite a tractores, 382.-Población y dcsarro·
Capítulo 13. Econo1nía, intercan1bio y control 236 Jlo, 383.-Resum;n, 386.
Definición de economía, 236,-El intercambio, 2.37.-Los intCrcambios rcdprocos, 237.·-·
El problema de los aprovechados, 238.-La reciprocidad }' el conwrcio, 240.-·EI Capítulo 20. Pobreza y cambio cultural ..... .
Kula, 241.--El intercambio redistríbutivo, 242.~.La reciprocidad frente a ln r<'distribu· 389
ción, 243.-La ecología cultural de la redistribuci6n y la reciprocidad, 2<15.--E! origen
de Jos potlatches destructivos, 245.-La redistribuci6n estratificada, 247 ..... EJ intercmnbio La imagen de la limitación de Jo bueno, 389.-El sisal en Brasil, 391.-San Pedro: una
de mercado: la compra-venta, 248.-EJ dinero, 249.-EJ capitalismo, 251.---El capita- historia con éxito, .391.-La cultura de Ja pobre?.a, 39<1.-1.a gratí(icación diferida y la
lismo sin estado: el caso de los kapauku, 252.-La propiedad de la tierra, 254.-La futílidad del trabajo, 396.-Entonccs, ¿quién tiene la culpa?, 398.-·Emborracliarse en
economía poiltica de Ja vida campesina, 255.-Resumen, 258. Den\'er, 400.-Emborracharse en Truk: ('guerreros de fin de semana», 401.-Valores
y familia matrifocal: Jos Flats, 402.--·El destino de !as bandas ~, aldeas preestarnlcs, 404.-
Resumen, 406.
10 J ndicc PROLOGO A LA TERCERA EDICION
Capítulo 21. Variedades de experiencia religiosa ... 409
El animismo, 409.-Las tres almas de Jos jívaros, 410.-Animatismo y mana, .¡¡/ l.u
natural y lo sobrenatural, 412.-Lo sagrado y lo profano, 413.-Magi;\ y tdigi,'m, ·11·1
La organización de las creencias y prácticas religiosas, 415.-··Crccnci;ls y ri1u:1ks indivi
dualistas: Jos esquimales, 417.·--La organi~ación de las creencias y ritll;lks íudi\•id1"i
listas, 417.-Los cultos chanrnnistas, 419.-EI chamanismo tapirnpl~, ·!20. Cln1m.11w~.
brujería y caza de brujas, 421.-Los cultos comunitHios, 423.--Ritos com11ni1,11i<" ,¡,.
solidaridad: el totemismo, 423.-Ritos comunitarios: los ritos Je ¡rnso, 11/.5. La ci1nm
cisión, 425.-Los cultos eclesiásticos, 427.-La religión de los aztecas, 428. H1·s1rnw11, ·110.

Capítulo 22. La religión como adaptación ...... 433


Religión y economfa política: Jos dioses supremos, 433.····La religión impl'iia!, ·D~.
El sacríficio humano y el rnnibalismo entre los aztecas, 436.···-Los movimienws d(' n•vi
tali:tación, 438.--La revitalización entre Jos americanos nativos, 439.·---Los cultos «Car·
gO>>, 441.---Cristianismo y revitalización, 443.-Revitali?.acione~ en Europa, 4'1<1. Talní,
religión y ecología, 446.-La vaca sagrada, 4·18.-Resumen, 451.

Capítulo 23. Lenguaje y cultura ... 4.54


La universalidad semántica, 454.-La arbitrariedad, 456.·--La dualidad de organi?.a·
ción, 457.-... Sistcmas fonémicos, 458.-Los morfemas, 460.~--Gramática: reglas que rigen
Ja construcción de morfemas, 460.--Gramática: sintaxis, 461.-La estrlictura profun-
da, 462.··-Los simios y el lenguaje, 462.---·La adquisición del lenguaje, 464.-La equiva.
lencia de todas las gramáticas, 464.-·Gcncraiidad y especificidad, 465.-Lenguaje, clas<'
social y ernicidad, 467.-·--.Lenguaje, pensamiento y causalidad, 468.--EJitismo y sexismo
obligatorios, 470.-El cambio Jíngi.iístico, 472.-·Lenguaje y conciencia, 474.~-Resumen, 475.

Capítulo 24. El animal artístico . . . . . . . .. . .. 478 El contenido y organización de este libro tienen con10 objetivos princi-
¿Qué es el arte?, 478.-EI arte como categoría cultural, 479.--Arte e invención, 480.- pales: (1) preservar la unidad de la anrropología como disciplina y (2) vincu-
Arte y organización cultural, 482.·--Arte y religión, 485.-Ane y política, 486.--~La evo·
lución del arte, 487,-La complejidad del arte primitivo: Ja retórica campa, 488.-··EI lar los hechos y teorías de la antropología con importantes cuestiones con-
mito y los contrastes binarios, 490.-EI fútbol frente a Ja música rock, 492.-Resu. temporáneas. Estos objetivos son ínterdependientes. Sólo centrándonos en
men, 493.
cuestiones impor.tantes se puede preservar la unidad de la antropología. Y
Capítulo 2.5. Roles sexuales y personalidad ...... 495 sólo preservando la unidad de la antropología, con sus perspectivas globales
sobre los procesos hun1anos, culturales y naturales, los estudiantes conse-
Cultura y personalidad, 495.-Educación infontil y personalidad, 496.--Paurns y te·
mas, 498.-~Personalidad básica y cHácter nacional, 499.·-Edipo y personalidad, 500 .... guirán hechos y teorías sobre cuestiones que les atañen.
Personalidades alternativas masculinas y femeninas, 501,---Un complejo de suprenrncfa
masculina: Ja política, 50.3.-Política sexual y contaminación, 505.-Re!ígión y política La fragmentación de la perspectiva antropológica está estrechan1ente re-
sexual, 507.···-Supremacfa masculína y organización doméstica, 508.-La guerra y el lacionada con la periodi.zación del curso universitario. Cuanto más corto es
complejo de supremacfa masculina, 509.-Mascu!inidad, guerra y complejo de Edi·
po, 512.-Ritos de iniciación masculina, guerra y roles sexuales, 512 ..-La anatomía no . el curso, mayor la tentación de concentrarse únicamente en una o dos sub-
es el destino, 514.--Modalidades de experiencias sexuales, 515.-La homosexualidad, 517.-
Roks sexuales en Ja sociedad industrial, 518.--Rolcs sexuales parn el futuro, 520.-- disciplínas, ya que los profesores no pueden examinar, en el breve tie1npo
Resumcn, 521.
de que disponen, todos los materiales de la antropología física, la arqueo-
Capítulo 26. Herencia) cultura y libertad 524 logía, la lingüística y la antropología sociocultural. De ahí que se haya des-
arrollado una tendencia a escribir textos introductorios consagrados a una
La raciología científica, 524.--Etnografh y genes, 526.-El nuevo racismo científico:
la lntellgencia, 527.--Los primeros tests de ínteligencia, 527.-Tests recientes de inteli- o dos subdisciplinas, especialmente) la antropología social o cultural, por una
gencía, 529.-La medición de J¡¡ heredabi!idad, 530.-Heredabilidad y cultura, 531.-La parte, y la antropología física y la arqueología, por otra. Estos cursos más
elevación del C. I., 532.-C. I. y cultura, 533.-La naturalc~a hu111ana, 536.-La SOCÍO·
biología, 536.-La socíobiología y Ja naturaleza humana, 538.-La escala de conduc-
ta, 542.-E! caso del infanticidio fcmeníno en el seno de la élite, 5<13.-Detenninismo,
cortos y especialízad0s se in1parten con la esperanza de que los estudiantes
ciencía e indíviduo, 545.-Causalida<l probabilística, 545.-Rcsumen, 547. completarán su co1nprensión de lo que la antropología tiene que ofrecer
inscribiéndose en cursos complementarios de las demás subdisciplinas. Con
Apéndice. Algunas estrategias de investigación alternativas .5 .50 demasiada frecuencia) sin embargo, este primer contacto con un curso intro-
ductorio de antropología constituye para el estudiante la única oportunidad
Bibliografía 554 de conocer los te1nas de vital importancia de que tratan) conjuntamente, los
subca1npos de la antropología. Además) aunque el estudiante reciba un se-
Glosario ..................... .. 592 gundo curso introductorio, el uso de un libro de texto diferente y la propia
11
12 Introducción a la antn>po!ogía general Prólogo a la tercera edición 13

perspectiva de estudio reducen en buena medida el ín1pacto. del punto de nuevas introducciones y resú1nenes n1e obligó a ptestar atención a los prin-
vista antropológíco general. cipales puntos tratados en cada apartado, al tenia de todo el capítulo y a la
Este libro está indicado para profesores de cursos íntroductnrios tanto relación de cada capitulo con la estructura del libro en su totalidad. Es-
largos como cortos. No se ha intentado dar repaso a todas las n1ntcrias de pero que esto lo acerque 1nás al tipo de libro sobre el que los estudia11tes
los distintos subcatnpos. En vez de ello, los subca1npos se presentan en nunca tendrán que preguntarse: «¿Por qué tene1nos que aprender es_~o?1>
relación con sus respectivas aportaciones, sustantivas y teóricas, a Ja expli- Otra innovación que, a n1i entender, acrecienta la legibilidad y Cohe~
cación de la condición hun1ana y de las causas de los principales fenó1ne- rencia de esta edición es la discusión de las principales estrategias de in-
nos socioculturales. Pattin1os de la pren1isa pedagógica de que la función vestigación y Ja cxp1ícítación de las propias tendencias estr~tégicas del
de un curso introductorio de antropología no consiste en ensefü1r a los autor. I-Ie hecho esto, espero, sin elín1inar enfoques alternativos, de tal
estudiantes cón10 hacerse antropólogos (ésta es tarea de cursos avanzados). modo que aquellos que discrepen del 1nío no tengan que experin1entar n1al-
La función prünordial de una introducción a la antropología es propor- estar alguno al n1anejar esta edición.
cionar a tantos estudiantes co1no sea posible una con1prensión antropoló-
gica de cuestiones clave. De acuerdo con esta pre1nisa, he recurrido a cada MARVIN IIARRIS
subcan1po sólo en la inedida en que había cuestiones vitales de sustancia
y teoría directan1cnte ligadas a, o dependientes de, un conocíniiento de los
materiales implicados. Se ha prestado especial atención al problema de la
continuidad entre apartados y capítulos en relación con su pertinencia in-
telectual. Materiales anteriores llevan a análisis ulteriores; inateríales pos-
teriores ren1iten a análisis anteriores. Pocos puntos de interés puran1ente
gratuito se hallarán; a lo largo de tocia la obra se ha procurado poner el
acento no sin1ple1nente en la descripción, sino en la explicación. Para los
profesores que disponen de un curso introductorio inás largo, Ja coheren-
cia del enfoque, el énfasis en la causación y la unidad lógica del todo han
de abrir posibilidades creadoras de discusión y nuevas lecturas.
Este libro también presenta diferentes opciones para pi-ofesores limi-
tados a cursos tnás cortos de carácter ttin1estral, cuatrünestral o se1nestra1.
Puede que deseen abteviar el libro de conforn1idad con sus propias prio-
ridades intelectuales y profesionales 1 escogiendo algunos capítulos y apar-
tados y on1itiendo otros. Prescindiendo de la opción que elijan -dar sólo
parte del libro o ponerlo con10 lectura general obligatoria o recon1enda-
da-1 los estudiantes no pueden n1enos que beneficiarse de la exposición
a una n1uestra tepresentativa niás an1plia de in1portantes cuestiones antro-
pológicas. Probablc1nente, no sufrirán el n1alentendido de que la antro-
pología es sólo huesos) o vasijas, o costun1bres inatrin1oniales prin1itivas.
Y lo que es inás in1portante, será n1ás probable que se gradúen en la uni-
versidad conscientes de que deben to111ar en serio la antropología sí pre~
tenden tener opiniones infounadas acerca de la relación entre raza 1 lengua
y cultura; el origen de la estratificación social; y las causas de la guerra, el
subdesarrollo, la pobreza y otros fenón1enos socioculturales significativos.
Casi una tetcera parte del contenido de esta edición es nuevo o ha sido
puesto al día. Se han incluido inuchos estudios nuevos en los cuatro can1pos.
Por lo de1nás, con la cooperación de los nuevos editores (Harper and Ro\v))
he intentado hacer un libro tnás legible y coherente.
IIe supriinido buena parte de la jerga profesional, añadido introduc-
ciones y resú1nenes a los capítulos y trasladado te1nas, tales co1no la lin-
güística y los roles sexuales, a lugares n1ás apropiados. La redacción de las
-~~-

Capítulo 1 ¿(Jué estudian ios antropólogos? lJ


¿QUE ESTUDIAN LOS ANTROPOLOGOS? ,1:-a __~~-'!u_~()~qg_í_q___ ª,ñJtde una dimensión crucial a esta empresa. J2.~sente1:_r_a_1~_-
d()_Josyestígí9ede cuhurae._4e. épocas pasadas, los arqueólogos-~stUdian
secuencias de la ey9_llifí_Qp__ .$_Q_f_i_a_l_ :y-_éulturi,_l_- _l)ajo diversas condiciones natura-
l~~y__s;_yJt_~g-ªl_c:s. Su aportación a la comprensión de las características ac-
tuales de la existencia hurnana y a la contrastación de teorías sobite la
causación histórica es indispensable.
~ª- ling_µfsti~_a ~nt_ro_pológicq aporta otra perspectiva crucial: el e_st_l}_di_o
de lágran •. dfoeisidad (je]e11ggae habladas Porlos ... seres humill1os. Los
IiiiglHS.úis '"de orientación antropológica íntenta_n _r~~o11_~t_r_lli_~·-_ lfl ___ bi_s_t_Ória de
e:_~!.fl~.J~pgu_<_l~__ Y.. . ~<:. f~P?_i_l_i_ a.§_)~gg~f~_~i~~--8- ___ (;!I}t~Fªs:-s-e--·1"i1tC. resan pÜr la fonna en
que el lenguajeinlluye y esinfluido por otros aspectos de la vida humana,
por la reiición enue la evolución del lenguaje y la evolución del Hamo Sa·
piens así como por la ~).§fiÓP. . . ~_t1_~_1:~_ J_? _ _ ~yq_l_u_cj_Q.p _ _ d~_ J?~_.le;11guas y _lg _evo-
1

lución de las diferentes culturas.


·-L--;¡-;¡;;¡,:opolOgfa f!Sii:aTundamenta los demás campos de la antropolo-
gía ·e~· ·nu·es·trO.Origen· -anilñ~l y nuestra naturaleza biológicamente detenni-
nada. Los antropólogos físicos t.~:ª-~~p._ de reconstruir_ el_ c:ur_so de_ la _evolució_n_
hu1nana n1ediante _el estudi9 __ q~_ Jc:i_~_ res_t_()S JcS_sH_<::,s ___Q_~_ --~-§P~<:_i_~_§___<1_n_t_ig~~as. Asi-
misn10, intentan descri}J_ir _}~ _____dís~_ribuci_ón _d_~ _ l_as ___ var_ia<:i_(}_J]es_ h~.r<:'.dit_f¡_r_iªs
La antrppología es el estudio de la huinanidad, de los pueblos antiguos ent~·~.)~-~--PS'._9_l_~c_i_o11~s:~c_9nye_tpp_q_i:a~-~-ª.5-' y "déSilndai-· y --n1edl1: i;~· -~~;~~·tacio;1.eS
y rnodernos, y de s_u_s estilos de vida . Dada la an1plitud y co1nplejidad del tema, relativas de la herencia, la cultura Y CI medio ambiente a la vida hun1ana.
las diferentes punas de__la an_tropología se centran en distintos aspectos ~L~QPJ_q_~n-~¡:;_Lón _ _ d_e_ Jo.s_ _ cu.au·.o _c.arnpo.s"..de . Jª-·---ªntx.upillogía _ _ sc;! __ denonüna
o dí1ncnsioncs de la experiencia hu1nana. Algunos antropólogos estudian qntrop_()logía_ gen_~ral. Este libro es una introducción a los principales ha-
la evolución de nuestra especie, denominada cicntífican1ente I-lomo sapiens, 1raz·go-s en estOS.--Cüa--tro can1pos y, por tanto, a la antropología general.
a partir de especies n1ás antiguas. Otros investigan cón10 el I-Jon10 sapiens
ha llegado a poseer la facilidad exclusivamente hurnana pata el lenguaje,
el desarrollo y diversificación de los lenguajes y los n1odos en que las lenguas ¿Por qué la antropología?
1nodernas satisfacen las necesidades de la comunicación hu1nana. Otros,
por último, s~ o_c_llp_an de las tradiciones aprendidas de _pensa1niento y conducta
qll<; __denominaffios culturas, investigando cómo surgieron y se diferenciaron ~u~h-~-~ ___ ot_r_as _d_is_c_ipUp_a_s_, _ ~_<,l_e_111á_s_ d_~___ la, __ a_n_q:9p9lqgía,, __se oc_upan del es-
las culturas antiguas_, y_ cón10 y por qué ca1nbían o per1nanecen iguales tudi()~d"e._lQs _seres hu1nanos. Nuestra naturaleza animal es objeto de intensa
las culturas 1nodernas, investigación por parte de 1'.i<)lqg9s, genetistasyfisiólogo,. Sólo en la me~
DC-llirO..CfC. TOs dC}:iartamentos de antropología en las principales universidades 9.i.<:1.D.~, centenares de especialistas investigan el cuerpo hun1ano; y los psi-
de Estados Unidos las diferentes perspectivas de la antropología suelen estar quiatras y psicólogos buscan juntos la esencia de la mente y el espíritu
representadas por c;i.;i~_tro campos de estudio: ·ªnt_r_opología cultural (a _v~_~_e_s_ humanos. 1\1\lc.ha' otras disc;ipli11as -entre ellas la sociología, la geografía
l_la1na<:Ia _ ai:itropología _social),_ a_rqu_eología, li11güjstica antropológica --, hu1nana, la psicología social, la hi~toria, la ciencia política, la economía) la
y antropología física (Fried, 1972) *.
lingüística, la teología, la filosofía, la musicología, el arte, la literatura y la
arquitectura- s.~ ocupan _de ___ nuestr_o _ compoxt.amie.nto_J;11JtJH:5.1,L _ i_n_t~_I~_ctual__ y
G_~!~!if.9· Están, además, los llamados «especialistas en áreas») que estudian
J,a.qnt1·9pología cultural se ocupa de la descripción y aná)isis de las ..
las lenguas y estilos de vida de determinados pueblos, naciones y regiones:
c.ulturas -la9Jrndi'°iones.~9ciaJ1nei1tcaprendidas- del )1asaclo y del pre· «latinoamericanistas», «indianistas», «sinólogos», etc. &11.áJ__~_:;;___ e;_.p_to11_ces
sent~-~- l;:._'9: ____etn°-grqfía_ ~~QQjs_c_ipl_~I!a _suya, se consagra a la descripción síste~-
1

·ni~i"tlca ·de CúTtüi:cúi-"contetnpo~án~_a_s. La con1paración de estas descripciones


el rasgo distintivo .. de.la.. antropología?
···--···-r:.o___911e diferenc_ia _a nu_estra _disc_ip_l_ip_a_ el~_ l_iiS 91t:ª$_ J~_s, ___§_ll c¡lrácte_r gl_9_bal
ProPOrC-íO-na··-ia--base para hipótesis y teorías sobre las causas de los estilos
de vida humanos. y co~par_ativo. Otras ran1as del s_aber abordan únicam_ente __µn s_egn1ento__con~"
c_ret_(l___ ~e ___ la ____experien_cia_ ~um_a_1:1ª o una época o fase concretas de nuestro
* Véase p. 554 para una explicación del sistema de citas usado en este libro. desarrollo cultural y biológico. :(,<l~_h!!lLazgq¡. (jeJaantropología, en. caJ11l1j9,
no se basan j_a1nás en __ ~l-- . ~~tvdio de____µna __ sol_a_ pob_l_aci9_~, ra?_á, ___t~i~ .ll1.._~~-~-s~,
14
16 Introducción a la antropología general ¿Qué estudian los antropólogos? 17

nac1on, tie111po o luga_r. Los _____aJ?trgp_~logos insís_ten, ante todo, en que se que los biólogos han descubierto las causas de la evolución biológica o los
cg_13_!~:ª_s_!_S:.~.J~_s____ :;:g_g~:.J11,_s,_ig_n.~~S-~_CX_tr:¡;¡ía_as_ del___ ~s_tucli9 __de __un __ gr_up_o hun1ano __() __ q_e_ n1eteorólogos las causas del clima. Pero incluso los antropólogos que creen
~l!ª·---º-c::_t~qn_i_p<;ld_a_ --~j_y_i_li_~_a_~ió_I)_____c:qp_ ___c:l_a.to_s ___ provenientes __ de ___ otros grup_ü_$ __ Q __ c!- que las instituciones y los estilos de vida tienen causas definidas discrepan
y_iJi??_~i_9g~s. De esta nianera, la itnportancía de la antropología trasciende acerca de lo que puedan ser estas causas. '"
los intereses de cualquier tribu, raza, nación o cultura concretas. Desde la Los tipos de investigación que realizan los antropólogos y las co¡)clu-
perspectíva____ ~t?_t~·(}pql_Qg_i_c:_a_, todos los pueblos y culturas revisten el 111is1_11_0 siones que extraen están fuertemente influidos por sus ideas básicas en
iiiieréTco1noobjetos de. estudio. Por ello, la antropología se opone al pun· J?. ._
torno ~~..!-~. PS'._~:!_~!:encia de la ~!e_nc:ta. _ pa~·~ __ e;~p~1:i_~1_1_c_~_a _1_1u1n_ana y en torno
to de vista de los que creen ser los únicos representantes del género hu- ~-}a pres_~}.~_<;_i_~-- --º---~y_s_e_n~ia d_~ diferentes ___clas_~_s ___d_~ _proCCs_()_~ _- c_~-~-~-~l~s. Estos
mano, estar en el pináculo del progreso o haber sido elegidos por Dios o súPtie'SfOs básicos 1nantenidos' por anifOj:íOIOgós· de diferen.iCS co11Vicciones
la Historia para inoldear el inundo a su in1agen y setnejanza. teóricas se deno111inan e~_t_rqt_~_g_ia~-- d~ ____i1_1_ ~~stiga,~_ió_11
Para el antropólogo, ~J _ _ ~11_i~o__I~1g49 ___d_~---ª_l_c_a_n_~a1~ __ t11_1 __ conocitniento pro- 1-I.~~-JjJ¿JQ. __9~--t~-~to ci'ue de cB.bidii. a· tOdas 'las 'éstrategias de investigación
flln<Jo de la hu111anidad consiste en estudiar tanÍ:o -las tierras lejanas c_oi,119 con vigencia en la actualidad y que dispense a todas un trat_a_n1_iento ünpar-
Ias·_:P_t_?_~_Ífr1:_a_s, tant<)_ _l_as ___ép()_cas ___re111otas con10 la_s___ actua~e_s_. Y adoptando esta ~~-ª~-- y de idéntica a111plitud .~~--!1~-~olutan1e11_t_e _ i1_1~_0_11_c_~_9_~_!:?I~.: En los---CaTiffü10S
vislón a1nplíi dC.. Ia-e·xperiei1cia hun1ana, quizá 1ogren1os arrancarnos las an- tjue siguen he realizado un esfúerZo consciente por incluir puntos de vista
teojeras que nos imponen nuestros estilos de vida locales para ver al ser alternativos sobre cuestiones controvertidas. Sin e1nbargo, es inevitable
hu1nano tal co1110 realtnente es. que n1i propia estrategia de investigación do1nine la exposición. I~l punto
Debido a su perspectiva biológica, arqueológica, lingüística, cultural, de vista seguido a lo largo de toda la obra se llan1a ~7-1:Cl._(erial_i5-!JZO_ . _r;:_u_!t~f_1,'q{;f
comparativa y global, l?,_. ªJ!_~~:<J:PC?J.t::'.gí¡¡_ ~Q-~_ t12_nta_ _l_a_ cl_'-1.YG __d_~___n1J1~b_as_ cuestion.es y pertenece al grupo de las estrategias de investigación que sostienen que
fu1~-~~.n~_l!_!al~_§. Los antropólogos han realizado in1portantes aportaciones la. t3rsaLundamenraLc;!e __ Iaan_tropología es. darexplic_a,:ionS:$ <;amales deJm;
'para co1nprender el significado de la herencia animal de la hu1nanidad y, c~ífere_n_c_ías y_ sc1nejgnz_~s e1_1 el pensa1niC-nto y __ la ~0_1_1d~1_<:l,_é\____ q~1_e _____ ha_l__la_11_1q§.
por tanto, def~nir _)_9 ___ _qu_e ___ i.::s ____ ~~r_ac:terís_~í_~a_1ri~_t1_~~ ...b~1_1~1_a}19_ Gil __ la natu_r_<:1Je;;:_a. ~Í1tre lüs ___gr_l:lf'?S_ -hu1na_~C)-~· Sin e111bargo, al contrario dé ·otras ·es"t~·ategias
hu1n_ana. La esti:ategia antropológica reúne e11 sí los elen1entos necesarios de investigación con una 0-rientación científica, el n1ateríalisn10 cultural
i)ál·á ·a-¡;·alízar el significado de los factores raciales en la evolución de las parte del supuesto de que el n1ejor 1nodo de realizar esta tarea consiste en
culturas y en la conducción de la vida conten1poránea. Ta1nbién posee la estudiar las constricciones n1ateriales a que está sujeta la existencia hu1na-
clave para <:.olI1Pl'conder .los orígenes de la _desigualdad social e.n forma de. na. Estas constricciones provienen de la necesidad de producir alin1entos,
1·~~!. ~})}.Q_)__ "~f;.X_i_~_J}}9 1_ ---~-?i:P-1.9.~.ª-c;_i9p ,__ pobre_za y __$__\J_b_d<:;_s.a,rro_l_l() in tern_~cional. abrigo, útiles y n1áquinas y reproducir las poblaciones hun1anas dentro de
Co1110 señala Frederica de Laguna: - los lí1nites fijados por la biología y el n1edio a1nbicnte. Califica1nos a estas
constricciones o condiciones de 111ateriales para distinguirlas de las in1pucs-
La antropología es la única disciplina que ofrece un esquen1a conceptual para tas por las ideas y otros aspectos n1entales o espirituales de la vida hun1a-
todo el contexto de la experiencia hu1nana ... Es como la estructura de sustenta-
na, corno los valores, la religión y el arte. Para los n1ateríalistas culturales,
ción en la que pueden encajar todos los diversos co1nponentes de una educación
liberal, y que, al organizar la carga, la hace 1nás 1nanejable y susceptible de ser
las causas 1nás probables de variación en los aspectos n1entales o espirituales
llevada (1968: 475). de la vida hu111ana ·son las variaciones en las constricciones n1atcriales que
afectan a la manera en que la gente afronta los problen1as de satisfacer sus
necesidades básicas en un hábitat dado.
La diversidad de teorías antropológicas A estos supuestos estratégicos responde la otganízación de los tenias
que serán tratados en los siguientes capítulos y el hecho de que se otorgue
Aunque todos los antropólogos subrayan la importancia del enfoque prioridad a la consideración de los aspectos de1nográficos, tecnológicos, eco-
tnultidin1ensional, atnplio, con1parativo y global, a n1enudo discrepan en nó111icos y ecológicos de la exístencia hu1nana, pasada y presente. Sólo tras
·otros aspectos sobre la 1nejor manera de explicar y con1prender la condición haber especificado estos factores 111ateriales básicos se intenta describir y
hu1nana. No todos están de acuerdo en que las se1nejan%as y diferencias en explicar las n1odalidades de instituciones do111ésticas y políticas y los valo-
el pensan1icnto y conducta humanos se produzcan de fonnas científican1en- res 1norales, las creencias religiosas y los cánones estéticos de pueblos con-
te co1nprensibles. Algunos sostienen que los fenón1enos hun1anos no pueden cretos. Esto no significa que considere los aspectos 1nentales y espiritua-
y no deben ser estudiados de la mistna n1anera en que los científicos estu- les de las culturas co1no inenos significativos o in1portantcs que la produc-
dian los fenómenos naturales. Otros, en ca1nbio, inantienen que la antro- ción, Ja reproducción y la ecología. Los valores n1orales, las creencias
pología puede descubrir los procesos causales que son responsables de la religiosas y los cánones estéticos son, en cierto sentido, las n1ás significati-
continuidad y diversidad de los fenón1enos hun1anos del mis1no 1nodo en vas y distintiva111ente hu111anas de todas nuestras experiencias vitales. Su
18 Introducción a la antropología general Capítulo 2
importancia está fuera de discusión. El quid de la cuestión es cuál es la LA EVOLUCION ORGANICA
n1ejor inanera de explicar, si es que poden1os hacerlo, por qué detenninadas
poblaciones poseen detenninados conjuntos de valores, creencias y cánones
estéticos, 1nientras que otras tienen conjuntos diferentes. En el capítulo 7
ampliaremos la información sobre el tnateríalis1no cultural.

/ Resumen

. La antropología es el estudio de la hun1anídad. Sus cuatro rarnas prín-~


c1pales son la antropología cultural o social, la lingüística antropológica, la
antropología física y la arqueología. Su enfoque distintivo radica en su
perspectiva global, con1parativa y 1nultidin1ensional. El enfoque co1nbi-
nado de los cuatto campos se llama antropología general. Dentro de la
antropología hay n1uchas estrategias alternativas de investigación. La es-
trategia de investigación seguida en este libro es el materialisn10 cultural.
f] objetivo de esta estrategia es descubrir las causas de las diferencias y
sen1ejanzas en el pensa1niento y la conducta, característicos de poblaciones
humanas concretas) mediante el estudio de la influencia de las condiciones
1nateriales.
Este capítulo trata de los principios básicos de la herencia y la evolución
biológicas. Estos principios son esenciales para co1nprender có1no surgió nuestra
especie y có1no adquirió su naturaleza hun1ana distintiva. Sólo se tocarán
los aspectos n1ás básicos de los mecanismos de herencia y las fuerzas
de la evolución.

Reproducción, herencia y sexo

Los organisrnos, como los coches, se desgastan, sufren accidentes y de-


jan de funcionar. La reproducción es un 1nedio de asegurar la continuidad
.Je cada «modelo» garantizando la preservación de los planos para hacerlo.
Estos planos constituyen las instrucciones hereditarias de un organisn10. Sin
reproducción, tanto las instrucciones hereditarias con10 el propio organis-
mo podrían extinguirse en un breve período de tie1npo.
l,~- repr99tJ~ción es, pues,_ el proce~_o por el,, qu_e___ un organisn10 hace una
copi9. de sí misn10 y de sus--planos o instrucciones hereditaria_s. Todos los
Ürganis1nos superiores (y ta1nbién muchas fonnas shnples de vida) se repro-
ducen sólo después de transferir fragmentos de sus instrucciones heredi-
tarias a otros organismos. Cuando la reproducción ilnplíca tales transferen-
cias se la califica de sexual.
¿A qué obedece el sexo? La reproducción sexual es ventajosa porque
permite a los organis1nos con1partir pequeñas diferencias en sus instruccio-
nes hereditarias y combinarlas en ferinas nuevas. En otras palabras, la re-
producción sexual incre1nenta la variabilidad de las instrucciones heredita-
rias que se transn1íten de generación en generación. Esta variabilidad incre-
19
20 Introducción a la antropología general La evolución orgánica 21

menta a su vez la capacidad de sucesivas generaciones para resistir cambios hija dividiéndose por la mitad (fig. 2.2). En este momento los cromosomas
ambientales adversos y aprovechar nuevas oportunidades ambientales be- se asemejan a bastones; en otros, se asemejan a filamentos largos y del-
neficiosas. Las ventajas de la reproducción sexual se harán más claras cuan- gados .
do analicemos más adelante en este capítulo las fuerzas de la evolución. Durante los intervalos entre las divisiones celulares, los cromoso.UJas
desaparecen totalmente de la vista. Se cree que estas alteraciones corres-
ponden al arrollamiento y desenrollamiento de largas cadenas de á~ido
Genes y cromosomas desoxirribonucleico : en forma de bastones cuando se arrollan estrechamen-
te, en forma de filamentos que se vuelven invisibles cuando se desenrollan.
Los mecanismos para preservar y tran~mitir las instrucciones heredit?- Los lugares en los cromosomas, los loci, que dirigen la síntesis de todas las
rias durante la reproducción son esencialmente similares en todos los ani- ~ sustancias complejas necesarias para la conservación y reproducción de cada
males. La información necesaria _está codificada en diferentes secuencias de célula, así como el crecimiento, conservación y reproducción de todo el
moléculas de la sustancia llamada ácido desoxirribonucleico (ADN) (fi- organismo, se llaman genes. Los genes son las unidades básicas de ]~he:
gura 2.1). Estas moléculas son los principales componentes de las estruc- renda.
turas celulares denominadas cromosomas. Los cromosomas son visibles en
el núcleo de las células poco antes y poco después de producir una célula

FIG. 2.2.-División de los cro-


mosomas. Durante la división
de células distintas de las se-
xuales cada mitad o célula
hija obtiene una copia de cadn
-par de cromosomas en vez
de W1 miembro de cada par
seleccionado aleatoriamente.
Este proceso se denomina mi-
tosis y aquí se muestra en el
núcleo de una célula de ce-
bolla. [Struwe, Monkmayer
Prcss Photo Service.]

Los seres human0s tienen 23 cromosomas en sus células sexuales ma-


duras (y 23 pares de cromosomas en sus células somáticas) (fig. 2.3 ). Las
moscas de los frutos sólo tienen cuatro cromosomas. Muchos organismos
FIG. 2.l.-Modelo de ADN en forma de doble hélice poseen más cromosomas que nosotros; por ejemplo, los tarseros (véase
C = Citosina; T= Timina; G = Guanina; A = Ade· página 37) tienen 80. Pero nadie sabe el número total de genes en ninguna
nina. La secuencia de estas sustancias químicas deter
mina el mensaje portado por el ADN de los cromci. especie. Los cromosomas humanos pueden poseer hasta un millón de loci
somas. activos en uno u otro estadio del proceso reproductor.
22 Introducci6n a la antropología general La evolución orgánica 23
La herencia de los genes pura cuestión de azar. La partición en dos de los 46 cro1nosomas de cada
uno de los padres se realiza durante la producción de las células sexuales
Para co1nprender cómo evolucionaron las especies, hay que compren- en los testículos y ovarios. Los cro1noson1as se alinean en el centro de las
der cómo los cromosomas y sus genes se ttansmiten de los padres a la células sexuales y fonnan pares. Depende totaltnente del azar que el n1ien1-
prole. bro del par que ha aportado el padre o la madre del individuo se alíriee a
Dentro de las células so1náticas ordinarias, los cromoson1as sien1pre se la derecha o a la izquierda. Los cro1noso1nas se dirigen después hacia los
presentan en pares. En los organismos que se reproducen sexualincnte, un lados opuestos de las células (23, uno de cada par, a ~ada lado), y la célula
inie1nbro del par representa la aportación del padre, y el otro, Ja aportación se divide entonces en dos. Cada nueva célula sexual contiene, así, una nueva
de la tnadre. Así, los seres humanos tene1nos 46 crornosomas, de los que disttibucíón del 1naterial hereditario creada por la co1nbinación de los cro-
1noson1as hotnólogos -es decir, los cro1noson1as portadores de genes si-
1nilares-, procediendo unos de la n1adre y el resto del padre en una pro-
porción aleatoria.

· .·.·1·.·,'· ·.· .· .•· .•·. · · ;' · ·• ,· 1; .., ., ·U.' ··


tll .•.. .•.•,....
El hecho de que los cro1noso1nas se distribuyan independienteinente
durante la división reduccional (fig. 2.4) de las células sexuales (la reduc·
ción de 46 cro1noso1nas a 23) es un principio básico de la genética. La
¡.::<> ~:v ··--·.,¡

3. 4.

.
,,• •
¿••;·

>·: :<<::_::.
11 '
'

p' ~1·!,~ Los cromosomas son visibles


como filamentos largos y ·
Los cromosomas homólogos
se emparejan y se vuelven
los cromosomas se
presentan claramente en
Cada par se dirige al centro
de la cólula. El awr
_··:--··.'.-:·.-.'. ·-, bien separados; no aparecen más cortos y gruesos. doble hebra. La membrana determina qué miembro
en dob!e hebra, aunque otros nuclear empieza a de cada par se alinea a la

11' ':., .•.


indicios seiiafan que la
replicación ya se ha
desaparecer. derecha o a la izquierda.

" ' " producido.

FIG. 2.3.-Cariotipo de cron1oso111as hut1N<no. El conjunto de cro111osomas de una espe-


cie se denornina su cariotipo. Aquí se n¡.uestran los 23 pares de cro1noso1nas humanos.
El x y el y, o cron1oso1nas sexuales, fonnan la pareja vigesimotercera. [Rokter, Taurus.]

Los cromosomas en doble Se forman nuevos núcleos. Se divide la célula. La célula empieza
23 se heredan del padre y 23 de la madre. Nuestra naturaleza hereditaria hebra se separan hacia los cromosomas aparecen Cada célula tiene un
conjunto diferente
a dividirse de 11uevo.
polos opuestos. en doble hebra.
se deter1nina en el 111omento en que un espennatozoide portador de 23 croH de cromosomas.
1nosomas se une con un óvulo que contiene otros 23. Poco después de
esta unión, los cro1nosomas del espermatozoide y el óvulo de estructura
sünilar se einparejan y comunican conjuntamente sus instrucciones heredi~
tarias a las primeras células del nuevo individuo, lla1nado cigoto. El cigoto
procede a dividitse y diferenciarse hasta que se construye un e1nbrión en~ Cada célula h!ja recibe La división reduccional ha concluido.
los mismos cromosornas las células sexuales están listas para
tero y un nuevo ser hu1nano está listo para nacet. que la célula madre. combinarse con células sexuales
Con10 se requieren 23 + 23 = 46 cromosomas para crear un nuevo de otro individuo y restablecer así
el número completo de cromosomas.
ser humano, es obvio que sólo la 1nitad de los 46 cro1noso1nas del padre o
de la madre puede transn1itirse a un nifio deter1ninado. Cuáles serán los FIG. 2.4.-División redi1ccional. Repn:scntación esquemática de los pasos responsabks
de la distribuci6n aleatoria de los cromosomas de los padres en las células sexuales de
n1ie1nbros transn1itidos de cada uno de los 23 pares de cron1oso1nas es
un individuo.
La evolución orgánica 2.5
24 Introducción a la antropología general
Genotipo y fenotipo
distribución independiente significa que la inforn1ación hereditaria de un
cro1noso1na se transtnite con independencia de la inforn1ación que porten Cuando los genes en el misn10 locus de un par de cro1noson1as _ho~1~­
los den1ás cron1oson1as. Tarnbién significa que, aunque la 111itad de nues- logos contienen exactan1ente la misn1a información, se dice que el 1nc21v1-
tros cro1noso1nas proceden de nuestro padre y la otra ini tad de nuestra duo es homocigoto para el carácter controlado por este gen. A 1nen~1do,
inadre, no hay garantía alguna de que una cuarta parte proceda de cada sin embargo, los dos genes diferirán ligera1nente. Se ~ice entonces qúe el
uno de nuestros abuelos, y no es probable que u~1a octava parte, exacta- individuo es heterocigoto. Los genes variantes localizados en un locus
mente, proceda de cada uno de nuestros bisabuelos. Es muy probable que determinado se denotninan alelos.
algunos de los 64 antepasados directos de la sexta generación ascendiente Como la distribución de los cro1noso1nas en las células sexuales se rige
no hayan aportado ningún cro1noson1a a nuestros 23 pares. Esto debería ... por el azar, es posible predecir las proporciones probables con las que dos
tener un efecto n1oderador en las personas que se deleitan en hacer ren1on- o más alelos acaecerán en los hijos de padres y madres cuyos tipos ge-
tar sus «raíces» inás allá de la cuarta generación hasta la realeza, los pri- néticos se conocen. Por ejen1plo, suponga1nos que hay dos alelos en un
1neros pobladores u otros dignatarios.
locus: A y a. Debido a los procesos responsables de la distribución indepen-
La situación sería incluso 1nás lúgubre para estos genealogistas si no
diente, esto significa que se pueden producir rres tipos de individuos: AA>
fuera por el hecho de que los cro1noson1as homólogos interca tnbian seg1nen-
tos (genes) entre sí. Este fenó111eno se lla1na sobrecruzanziento [crossing Aa y aa. Cada una de estas combinaciones se llama genotipo. Se puede
over], y se produce justo antes de la división reduccional en el rnotnento calcular la proporción con la que se producirán los genotipos mediante un
en que los 23 pares de cron1oso1nas se alinean en el centro de la célula sencillo mecanis1no conocido co1no cuadrado de Punnett. Sí un óvulo y un
(fig. 2.5). Debido al sobrecruza1niento, los cron1oson1as que aporta un ante- espermatozoide tienen la misma probabilidad de poseer ambos alelos, el
cigoto tiene un 50 por 100 de probabilidades de ser heterocigoto (Aa o
aA), un 25 de ser homocigoto (AA) y otro 25 de ser homocigoto (aa). El
siguiente cuadrado de Punnett muestra que podemos esperar que aparezcan
tres genotipos en la razón 1 AA: 2 Aa : 1 aa.

xo ex X • o
X Ovulo
xFl Rx
.y
o • z ;i~I 1:1:
YO y o • y
z¡o ez z
A

·r
1

uo •/u u¡of leju


1
U ur,

vo v'o/ l.Jv
~:
• V V O FIG. 2.5. - Sobrecruzt11Nie11.

~w
1 to. Representación csqucnnÍ· Cuando el cigoto n1adura y el organismo nace, c~·ece y muere, sus car~c­
wo w8 ~w
'
w~
tica de un par <le cron10. teres genéticos interactúan con el entorno en que tienen lugar .sus pe~uha.
so1nas hoinólogos intl'.rcain·
biando algunos de sus gen<:s res experiencias vitales. La interacción de los genes con ~l medio amb1en.te
durante la división red u<.:. produce el fenotipo: la manifestación externa del organ1s.mo. L.os organis-
lal (b} (el cional. mos que tienen genotipos similares pueden mostrar fenotipos diferentes, y
viceversa. Por eje1nplo, las personas predispuestas por la herencia a acumu-
lar grasas pueden adelgazar si se someten a dietas rigurosas, mientras ~ue
pasado concreto no pennanecen intactos a lo largo de todas las generaciones. otras predispuestas por la herencia a la delgadez pueden engordar si se
Así, varios antepasados diferentes pueden aportar genes a cada uno de los sobrealimentan. La lección importante de esto consiste en que ningún orga-
46 cron1oson1as poseídos por uno de sus descendientes, quedando abierta nismo es un producto de su naturaleza puramente hereditaria; pero tampoco
la posibilidad de que cada uno de los 64 antepasados pudiera haber apor- lo es de su experiencia vital en un ambiente dado. Antes bien, todos los
tado algunos genes a sus descendientes por línea directa de la sexta gene- individuos son producto de la interacción entre sus genes y su medio am-
ración. Sin en1bargo, es sun1an1ente ünprobable que su aportación fuera biente.
exactamente ele 1/64.
26 Introducción a la antropología general
La evolución orgánica 27
Genes dominantes y recesivos
racteres nocivos. Sin embargo, en algunos casos, los individuos heterocigo-
Los individuos que son heterocigotos para un carácter no siempre se tos tienen ventaja sobre los homocigotos con alelos dominantes, aun cuando
pueden identificar como tales por su manifestación externa. Según parece, los individuos homocigotos con alelos recesivos puedan ser víctimas de en-
algunos alelos no surten ningún efecto sobre la manifestación externa de fermedades mortales. La resistencia contra la malaria de que gozan perscmas
un carácter si están en una condición heterocigota. Se dice que tales alelos heterocigotas para la anemia de células falciformes es un ejemplo clásic~ de
son recesivos. Los alelos emparejados con los recesivos se dice que son superioridad heterocigota. Hay que subrayar que no todos los alelos recesi-
dominantes. vos son nocivos. El equilibrio de alelos en una población no está determi-
En el ejemplo anterior, supongamos que A es dominante y que a es re- nado por el hecho de que sean dominantes o recesivos, sino por las fuerzas
cesivo. La razón de los genotipos no cambiará, pero los individuos AA, Aa _ de la evolución.
y aA poseerán el mismo fenotipo (bajo similares condiciones ambientales).
Este descubrimiento fue realizado por primera vez por Gregor Mendel,
Las fuerzas de la evolución
fu~dador de la genética moderna. Cruzando guisantes de flores rojas con
guisantes de flores blancas, Mendel obtuvo una generación de guisantes En grandes poblaciones la frecuencia de los genes permanecería estable
todos ellos de flores rojas: de no ser por ciertas fuerzas. '!'Ocio proceso que altera la frecuencia de los
b b genes en una población es una fuerza evolutiva. En general, los biólogos
identifican cuatro grandes fuerzas evolutivas.
R
R

*
La razón de esto estriba en que todos los guisantes de flores blancas
eran homocigotos para el gen recesivo b, y todos los guisantes de flores
rojas eran homocigotos para el gen dominante R. Ninguno· de los fenotipos
1. Deriva de genes.-Las proporciones de genes en cada generac1on
pueden diferir simplemente como consecuencia de factores azarosos en
la forma en que se heredan genes y cromosomas. En caso"s extremos, inclu-
yendo poblaciones muy pequeñas y bajas frecuencias génicas, los alelos pre-
sentes en una generación pueden desaparecer totalmente en la siguiente.
Supongamos que, en una población aislada, sólo un individuo de una po-
blación total de 'cien porta un alelo para el cabello rizado. Podría darse la
mostra~a, l~ presencia del gen recesivo. Entonces, cruzando los guisantes casualidad de que ninguno de sus hijos heredara este alelo y, a resultas de
h.eteroc1go:1cos de flores rojas entre sí, Mendel demostró que el gen rece- ello, ya no habría ninguna persona con cabello rizado en esta población.
s1vo todavia estaba presente en el genotipo: Otra forma de deriva puede producirse cuando par te de una población emi-
gra y se lleva a su nueva residencia un pool de genes que no es represen-
R b tativo del grupo originario. Por ejemplo, podría suceder, accidentalmente,
_ que todos los individuos de pelo rizado emigraran al mismo tiempo de una
R isla a otra. Todos lqs cambios en las frecuencias génicas que provienen sen-

* cillamente de la naturaleza estadísticamente no representativa de genera-


b ciones sucesivas o de grupos migratorios son ejemplos de evolución por
deriva de genes.
Aproximadamente una de cada cuatro plantas de guisantes -las homo- 2. Flu;o de genes.-Como !~_poblaciones que co~titu~n una esp~­
cigotas para el gen recesivo b- daba ahora flores blancas. cie nunca están totalmente aisladas unas- e otras, normalmente hay algún
Aunque el anterior cuadrado de P unnett indica tres genotipos que acae- cruzamiento entree lla5." Cuando el c ruzamiento entre poblaciones se pro-
cen en la razón 1: 2: 1, sólo hay dos fenotipos que acaecen en la razón duce en gran escala, muchos alelos pueden presentarse en nuevas propor-
3: 1. ~uchos caracteres humanos -tales como el color de los ojos y el ciones en el nuevo pool génico. Por ejemplo, a causa del flujo de genes, la
daltomsmo, así como la hemofilia, la anemia de células falciformes y otras población del Brasil moderno tiene frecuencias génicas que no fueron
enfermedades hereditarias- se rigen por sistemas de genes dominantes y características de los africanos, europeos y americanos nativos que han
recesivos en los que los individuos heterocigotos no se pueden distinguir fe- contribuido a la formación de dicha población.
notípicamente de los que son homocigotos para un alelo dominante Esto
hace a menudo que los individuos heterocigotos sean «portadores» de ca- 3.. Mutaciones.-Estas son alteraciones o «errores» en la secuencia
o estructura de las moléculas de ADN que producen nuevos alelos o ero-
28 Introducción a la antropología general La evolución orgánica 29

mosomas. Muchos factores físicos y químicos pueden intervenir en la no ~xpaE_sión de ~a población se realiza muy rápidamente. E n p.Qco tiempo ya
replicación de un gen o de un cromosoma entero. La radiación, por ejem- no l:iay suficiente espacio, energía o nutrientes _químicos comq_para permi-
p~o.' es una causa bien conocida de mutación en muchas especies. Bajo con- tir que todos los miembros de la población se reproduzcan con la misma
d1c1ones naturales, las mutaciones pueden producirse desde un máximo de tasa . :Algunos genotipos, lasque gozañde una mayor eficacia biológica,.·Ue-
una vez cada 20.000 duplicaciones hasta un mínimo de una vez cada 10 mi- garán a constituir una parte creciente de la población. Es decir, serán obfeto
llones de duplicaciones. Altos índices de mutación tenderán a alterar la de la selección natural. ·
composición del pool génico. Seal cual sea su índice de aparición sin La eficacia biológica está asociada a muchas clases diferentes de fac-
e~bargo, las mutaciones, si son ventajosas, pueden constituir la ma'teria tores. Puede estar relacionada con la capacidad del organismo para resistir
pruna para un extenso cambio evolutivo. las enfermedades, conquistar o defender espacios con más seguridad y ob-
tener energía en cantidades mayores o más seguras, así como con una ma-
4: Selecc~ón natu?·al.-Con __Elucho la fue~a más poderosa para el yor eficiencia y seguridad en algún aspecto del propio proceso reproductor.
cambio evo~uvo proviene <k. la eficacia biológica [/itness] variable de ge- Fueron Charles Darwin y Alfred Wallace quienes formularon los prin-
nes y aleío~. La eficacia biológica se refiere pura y simplemente al número cipios básicos del modo en que la selección natural podía dar por resulta-
de descendientes, el éxito reproductoE, asociado a los alelos en un locus tado la evolución orgánica. Sin embargo, bajo la influencia de la filosofía
concreto. Cuanto más alto es el número de descendientes que se reprodu- dominante de la competencia económica, Darwin y Wallace aceptaron el
cen, más alta es la eficacia biológica. Los alelos relacionados con eficacias concepto de «lucha por la supervivencia» de Thomas Malthus como princi-
biológicas más altas aumentarán su frecuencia a expensas de los alelos de pal fuente de selección para el éxito reproductor. Así, en el siglo xrx, la
menor eficacia. Este proceso de sustitución se llama selección natural. La selección natural se describió incorrectamente como la lucha directa entre
selección natural designa cualquier cambio en la frecuencia génica provo- individuos por recursos escasos y compañeros sexuales, e incluso como la
cado por el éxito reproductor diferencial. La selección natural puede actuar depredación y destrucción de unos organismos por otros de la misma es-
sobre las mutaciones o sobre el repertorio de genes existente. Cuando pecie. Aunque la muerte y la competencia dentro de la propia especie in-
actúa sobre las primeras, puede incrementar rápidamente la frecuencia de fl uyen a veces en la evolución orgánica, los factores que fomentan el éxito
un nuevo alelo, incluso si la mutación sólo se repite una vez cada millón reproductor diferencial no están relacionados, en general, con la capacidad
de duplicaciones. Si determinadas alteraciones de las condiciones ambienta- de un organismo . para destruir a otros miembros de su propia población
les favorecen a alelos ya presentes en el pool .génico, la selección natural o impedirles que obtengan nutrientes, espacio y compañeros sexuales.
también puede aumentar rápidamente su frecuencia. Un ejemplo de la Hoy en día, los biólogos reconocen que la selección natural favorece
capacidad de la selección natural para incrementar la frecuencia de un gen tanto la cooperación dentro de las especies como la competencia. En las
raro es la evolución de cepas de bacterias resistentes a la penicilina. Los especies sociales la perpetuación de los genes de un individuo a menudo
alelos .que confieren resistencia están presentes en poblaciones normales de depende tanto del éxito reproductor de sus parientes próximos como de su
bacterias, pero sólo en un pequeño porcentaje de individuos. Como conse- propia supervivencia y reproducción . Muchos insectos sociales tienen inclu-
cuencia ?el éxit.o reproductor diferencial de estos individuos, sin embargo, so «castas» estériles que aseguran su propio éxito genético criando la prole
el genotipo resistente se convierte rápidamente en el más frecuente. de sus hermanos fértiles (véase p. 538).

La selección natural y la «lucha por la supervivencia» Adaptación y evolución general

La información contenida en el código genético no basta para producir Debido a la selección natural, se puede decir que los organismos se
un nuevo organismo. Para ello, los genes necesitan espacio, energía y sus- adaptan a las necesidades y oportunidades existentes en su medio ambiente.
tancias químicas. Estos ingredientes vitales deben obtenerse del medio Un carácter adaptativo es aquél que Coñfiere niveles relativamente altos de
ambiente de acuerdo con las instrucciones contenidas en los genes. eficacia biológica. Es importante recordar que no hay ningún nivel absoluto
A no ser que un organismo progenitor muera inmediatamente después y fijo de eficacia biológica que garantice la perpetuación de una especie. La
de producir una sola copia de sí mismo, la reproducción tiende a incremen- esencia de la evolución orgánica es su oportunismo. En cualquier momento
tar e} tamaño de una población . Cuando crece una población,_más pronto dado, una extensa gama de experimentos naturales se está llevando a efec-
o mas tarde se alcanzará un punto en el que el espacio, energía y sus- to, lo que conduce inevitablemente a la modificación y sustitución de espe-
~cias guímic~ necesarias _para_sonstruir nuevos organismos se vuelven cies hasta entonces muy bien adaptadas (cf. Alland, 1970). Debido a
1!1ás difíciles de obtener. Si cada organismo produce copias de sí mismo:-Ja cambios en los medios físico y orgánico, los caracteres que antes eran adap-
30 Introducci6n a la antropología general Capítulo 3
tativos pueden volverse inadaptativos. El registro evolutivo n1uestra que GENEALOGIA Y NATURALEZA HUMANAS
cuando can1bian las condiciones, las espeCIC-S. .inejor adaptadas sustituyen a
las _peor adaptadas o inadaptadas. En la mayoría de los casos, estas nuevas
especies no ___ :pu~den considerarse tnás o menos con1plejas, <~avanzadas~> o
«eficientes~) que sus predecesoras. Sencillamente, están n1ejor adaptadas a
las circunstancias.
Sin embargo, pese a la naturaleza pura1nente local, pragn1ática y opor-
tunista de la mayor parte de la evolución orgánica, ha habido una dírección
global en el proceso evolutivo de la Tierra. Esta dirección, que se deno1nina
evolución general) ha consistido en la ocupación y utilización graduales de~
todos los hábitats capaces de sustentar la vida, empezando poi- los n1ares
poco profundos y extendiéndose hasta los océanos, las costas, la atinósfera
y el interior de los continentes. Al llenarse de vida cada uno de estos há-
bitats, han aparecido estructuras y sisten1as orgánicos cada vez tnás con1-
plejos: primero las criaturas unicelulares, después las pluricelulares, a con-
tinuación los organisn1os con algunas partes del cuerpo especializadas, final-
mente las fonnas que tienen cientos de órganos altan1ente especializados y
finamente articulados. En la serie que se extiende desde los protozoos hasta
los peces, anfibios, mamíferos y seres hu1nanos, la adaptación ha produ-
cido nervios, glándulas y cerebros cada vez inás especializados. Los organis- Este capítulo aborda aspectos relativos al proble1na de la definición
111os «superiores» o más complejos, incluida nuestra propia especie, han de la naturaleza hu1nana. Describe, en pri1ner lugar, los rasgos anatómicos
evolucionado a partir de prototipos «inferiores» o más sitnples gracias a la y conductuales que co1npartin1os con nuestros parícntes lejanos del reino anin1al.
selección automática de innovaciones genéticas tclativan1entc ventajosas para Después, se centra en los rasgos anatón1icos y conductuales que co1nparti1nos
el éxito reproductor. Los tres capítulos siguientes se ocupan de la secuencia con nuestros parientes animales 1nás próxin1os. Por últin10, identifica aquellos
concreta de adaptaciones y transformaciones ~volutivas que condujeron al rasgos que sólo los Seres hun1anos poseen.
surgimiento de nuestra especie, el Hon10 sapiens.
Del animal al primate
Resumen
Los biólogos clasifican los organismos sirviéndose de un conjunto es-
El Hanzo sapiens es un producto evolutivo. La evolución organ1ca es ~andarizado de 21 categol·ías cada vez n1ás inclusivas, que ascienden desde
una consecuencia de la interacción de procesos reproductores y evolutivos. la especie hasta el reino. Los diferentes tipos de organismos dentro de cada
Los procesos reproductores dependen de la replicación de la información categoría se deno1ninan taxones. El objetivo de esta categorización consiste
genética codificada en las moléculas de ADN halladas en loci activos de los en agrupar a todos los organis1nos que poseen un antepasado común en el
cromosomas. En los seres humanos y otros organismos que se reproducen n1isn10 taxón. Así pues, si uno está interesado en la pregunta ¿qué es la
sexualrne.nte, los genes se combinan aleatoi-iamente durante la división naturaleza hu1nana?) parte de la respuesta radica, sin duda, en conocer los
reduccional. Esto da lugar a la distribución independiente de los caracteres taxones a los que pertenecen nuestros antepasados. Todos estos taxones han
hereditarios. El conjunto real de genes en los cromosomas de un organismo aportado algo a la naturaleza hu1nana.
constituye su genotipo; el fenotipo, su manifestación externa, es conse- Co1no nluestra la tabla 3.1) nuestra especie tiene una genealogía defi-
cuencia de la supresión de los alelos recesivos y de la interacción del ge- nida por 14 categorías taxonó1nícas pertenecientes al reino anin1al. Los
notipo con el medio ambiente. La evolución biológica se inicia con cam- espacios en blanco que siguen a ciertas categorías indican que, en dichos
bios en la frecuencia de genes hallados en una determinada población. Cua- niveles taxonómicos, no se distinguen convencionaln1ente taxones contras-
tro grandes fuetzas explican los can1bios en la frecuencia génica: deriva de tantes en nuestra genealogía.
genes, migración, mutación y selección natural. De éstos, la selección na- Los seres humanos son animales: organismos móviles y pluricelulares
tural es el más poderoso porque explica la adaptatividad de las especies que obtienen energía de la ingestión («comida»). Los animales son radical-
así corno las tendencias evolutivas generales.
31
32 Introducción a l'a antropología general Genealogía y naturaleza hu111anas 33

TABLA 3.l en la garganta; (3) una cuerda nerviosa hueca que ten11ina en un cerebro.
Categorías y taxones de la genealogía hun1ana (Mostran1os los dos prin1eros rasgos sólo cuando son1os en1btiones.) Los
cordadas contrastan radicalinentc con unos 24 filos diferentes de anin1ales,
con10 las esponjas, las n1eclusas, los plateln1intos, los acáridos, los 1noluscos
Categoría Taxón Descripción conttin y los arttópodos (insectos, crustáceos, 111iriápodos, arácnidos).
Asiinisn10, los seres hun1anos son vertebrados, que se singularizan i'de
Reino Aniinalia Ani111ales otros subfilos de los cordados 1nerced a dos rasgos: (1) en todos los verte-
Chordata Animales con notocordios
brados adultos el notocordio está rodeado o se halla sustituido por una
Filo
colu1nna de discos cartilaginosos y óseos (las vértebras); (2) eJ cerebro está
Subfilo Vcrtebrata Aniinales con espina dorsal encerrado dentro de una cubierta ósea (el cráneo).
Superclase Tetrapoda Ani1nalcs con cuatro pies Dentro de los vertebrados pertencccn1os a la superclase de los tetrá-
podos, que literaln1ente significa «de cuatro pies», diferente a su vez de
Clase iVlan101alia Aniinales con pelaje y glándulas n1ainarias
la superclase de los peces. Los tetrápodos se dividen en cuatro clases: anfi-
Subclase Thcria Mainíferos que conciben crías fetales bios, reptiles, aves y 111an1Íferos. Nuestra clase, los n1an1íferos, se distingue
Infraclase Eutheria Mainífcros que aliinentan al feto en el útero de las otras por: (1) glándulas n1an1arias que secretan leche; (2) pelaje, y
(3) dientes incisivos, caninos y 111olares para cortar, desgarrar y triturar res-
Cohorte
pectivan1ente. Aden1ás, los n1a1níferos con1parten con las aves la capacidad
Superorden de n1antener su inedio son1fítico interno a una ten1peratura constante.
Orden Prin1ata * l,os n1an1íferos se dividen norn1aln1ente en dos subclases: los tcrios, n1a-
Anthropoídea ~< Todos los n1onos, silnios y hu1nanos 111íferos con10 nosotros que no ponen huevos, y los prototerios, 111.nn1íferos
Suborden
que ponen huevos, de Jos que el equidna (Echidna) y el ornitorrinco (Orni-
Infraorden thorhynchus) son los géneros representativos 111ejor conocidos y los únicos
Superfa1nilia I-Ion1inoidea * Sitnios supervivientes. I~l equidna y el ornitorrinco sólo se encuentran en J\ustra-
F<1.1nilia I-Io1ninidac ·:: Los hum.anos y sus antepasados in1nediatos lia, 'l'as111anía y Nueva Guinea. 1'icncn glándulas 111a1narias, pero no pezo-
nes, pelaje (en forn1a de púas en el caso del equidna) y un tern1ostato
Subfaniilia so111ático rudin1entario. El ornitotrinco copula en el r¡gu::t e incuba sus
Tribu huevos en una 1nadriguera durante diez días) aproxin1ada1nente. El equidna
vive 1nás bien en tierra y tiene una bolsa en la que coloca a su cría una vez
Sub tribu
que ha salido del huevo.
Género l-Ionio Mícn1bros actuales y extintos de la especie La subclase de los terios, que no pone huevos 1 se divide en dos infracla-
hun1ana
·ses vivientes: los n1et<Herios, o 111arsupiales, y nuestra propia infraclase 1 los
Subgénero eutcrios. La característica principal de los euterios es la presencia de la
Especie I-Ion10 stlpiens Especie hun1ana 1noderna placenta, una singuhu· estructura nutricia y de intcrcan1bio de desechos que
asegura el desarrollo del feto dentro del cuerpo de la niadr.e. Los n1etaterios
Subcspecie I-Jo1no sapiens sapiens Todos los seres huinanos conte1nporáneos
carecen p;Jrcial o totaln1cnte, de estructura placentaria. En efecto, 1nuchos,
1

aunque no todos 1 tienen una bolsa externa en la que la din1inuta cría recién
* Los vocablos prhnate, antropoide, hominoide y homínido se emplean a menudo nacida co1npleta su desarrollo fetal. Ade1nás de ejen1plos fan1iliarcs, con10
con10 términos informales. el canguro y la zarigüeya, los n1ctaterios presentan una variedad dcslun1-
brante de fonnas. Muchos viven una vida arborícola, alin1entándose de in-
sectos y frutos; unos son depredadores; otros excavan túneles; algunos
mente diferentes de los 1niembros del reino vegetal, de las bacterias, de las son acuáticos; otros saltan y se deslizan. lTay n1arsupiales que se parecen a
criaturas unicelulares (protistos) y de los hongos. . los ratones y otros recuerdan a los zorros, los visones, los lobos y las ar-
1~an1bién pertenecen1os al filo anÍlnal de los cardados c~yos 1n1en1bros dillas. Estas sen1cjanzas revisten gran interés teórico porque no se deben
poseen: (1) un notocordio, una estructura en fonn~ de bastan que propor- al hecho de descender de un antepasado co1nl1n 1 sino a adaptaciones a
ciona soporte interno al cuerpo; (2) bolsas bl'anquzales, aberturas laterales condiciones ecológicas sin1ilares.
34 Introducción a la antropología general Genealogía y naturaleza hu1nanas 35
Nuestra infraclase, los euterios, co1nprende 16 órdenes, incluyendo, der _s_us extremidades delant~ras. Esta capacidad explica la distinción entre
por eje1nplo, los insectívoros, carnívoros y roedores. El orden al que per- brazos y patas. Los brazos, en conjunción con una rnano prensil, ?.~----~-~_ap­
tenece1nos nosotros se lla1na prin1ates, un taxón que abarca a n1onos, si- tan _~~-~n a las funciones de explorar el espacio bajo las hojas y entre las
mios, tarseros, lé111ures y otros parientes cercanos. r?_t:ria_s_,__de _aga_rr_?J y acercar frutos y bayas, y de capturar pequeños_ a1)]1!1a-
les e insectos.
El orden de los primates

Los tnamífetos prin1itívos tenían garras, el pulgar y el prüner dedo del


pie no oponibles y ojos colocados lateralmente. La principal dirección d<>
la e_volución de los prin1ates se caracteriza por la sustitución de las garras
por uiías planas, los pulgares y dedos del pie no oponibles por pulgares y
dedos. oponibles y los ojos colocados lateralmente por ojos colocados de~
lante. dela cara (cf. Schwartz y otros, 1978). Estos cambios solían explicarse
como adaptaciones a un estilo de vida propio de hábitats boscosos que Musarniia arboricola
implicaba trepar y saltar profusamente: los dedos oponibles y sin garras
para asir las ra1nas y saltar de árbol en árbol; los ojos orientados frontal-
111ente para la visión estereoscópica con el fin de correr y saltar a gran altura
por enciina del suelo. :p~r9 __ la vida arborícola no es suficiente para explicar
las _priin_eras fas_es de la evolución de los prin1ates. Por ejen1plo, las ardillas
c·arecen de los tres rasgos anteriores y, sin e111bargo, son consun1ados acróba-
tas aéreos. Parece probable que las funciones de asin1iento de las 111anos y
pies Je los prin1ates evolucionaron para facilitar 111ovÜTIÍentos cautos, bien FrG. 3.1.-Fonnas de asir de los pri?nates.
controlados, en busca de pequeños anin1ales e insectos entre las ran1as y
hojas más bajas de los hábitats boscosos. La v!sión estereoscópica de los pri-
111atcs se asemeja a la de los gatos y aves depredadoras, que tan1bién han 3. Agudeza visual.-~0~ ___9j9_~ . -sie_ los __ ptünates _son gran9~s y proporcio-
evolucionado en relación con la depredación de pequeños anünales e in- nados a la superficie facíál, y están siJJJJ!<l_os __ not111alinente__en la parte de-
sectos (Cartmill, 1974). La aportación de los primates a la naturaleza hu- lantera ~e la cabeza en vez de a los lados. ~--?.~?- _disposición sirve para
111ana se puede sintetizar en siete enunciados, cada uno de los cuales está Producir la visión estereoscópica y la capacidad para evaluar distancia.s, que
r.~Jaci_onado, hipotéticarncnte, con la necesidad de alirnentarse, desplazarse resultan vitales en un _hábitat bo_scoso. La n1ayor parte de los prunates
o reproducirse en un hábitat boscoso. iíl~111b-léri -\;e- -foS colores·. Pero en contraste con su bien desarrollado sentido
de la vista, su olfato es relativan1ente pobre. Muchos otros 111:p11íferos ob-
l. Manos y pies prensiles.-Los primates se desplazan subiendo y ba- tienen la niayor parte de su ínfor111ación olfateando el n1edio an1biente y
jando por los troncos de los árboles y a través de las ramas de los árboles los ojos se localizan detrás de sus hocicos. Los p_<,::xros. 1 por ejen1plo, carecen
1nediante rp_a_110.s____ y __ pie_s c_ap_aces de coger _y agarrar. Se dice, por eso, que de visión estereoscópíca y sólo ven en tonos blancos y negros. S911 litcral-
sus dedos flexibles, en especial el pulgar y el dedo gordo del pie, son pren- 1:ii_e11t.e ___c_onducidos poi· sus _narices. _El e111plaza1niento de los ojos en los pri~
silu._ En muchas especies de primates, el dedo gordo del pie, además del niates está relacionado con la prensilidad y n1ovilidad de sus extren1idades
Pulgar, es tan1bién oponible: su ye1na puede tocar las de los den1ás dedos. delanteras. La -~Ji_1nen_t_ ac::i_ón típica de los prünates ün_plica_ una_ acción de
Estrechan1ente asociada a la prensilídad está la ausencia o reducción de las asÍlniento p_ara-- Ifevarse los objetos a Ja boca, donde _son exan1inados por
gatras utilizadas por otros órdenes de 1na1níferos para trepar, depredat y los ojos antes de ser ingeridos. En can1bio, 19_;;, _n1a_1)1íferos con hocico exa-
defenderse. En efecto, la niayor parte de los pritnates tienen ufias planas, 111inan su alin1ento fundan1entaltnente n1ediante el sentido del olfato.
que refuerzan y protegen las puntas de sus dedos sin obstaculizar la prensi-
lidad (fig. 3.1). 4. Un núniero __1_·_ed_u.c;__id,q ___ de _cría_s por P_Cltto,_._-A un ?~ti yo n1a111ífero
arborícolíl<iú-e_--:·1:e_c_o_1T~ __ l_a_rgas distancias_ le resultaría difícil cuidar de una __ _
2. Fuucioues especializadas de las extremidades delanteras.-Los pri- gran ca1nada. J)ebido a ello 1 los prin1ates no suelen tener niás de dos o
1nates tienen una c_~P-ªS_i_q_a_d ___1nuy desatrollada para girar, flexionar y extcn- t.~-~e_s_ c_~J~_s_ p9i: _p_ax.to_ y 1 _ en, 1nuchas especies, la regL1__ es i¿n_g___ ~ol_a _cría.
36 Introducción a Ja antropología general Genealogía y naturaleza huinanas 37
5. Prolongación de la gestación y la infancia.-1.. a n1ayor parte de los prÍlnates n1ás sociales. Nuestro cerebro es, sobre todo, una consecuenci11
órdenes de 1na1níferos cuyo éxito reproductor depende de un gran nún1ero evolutiva de nuestra excepcional sociabilidad.
de crías por parto tiene cortos períodos de gestación seguidos por un rápido
inicio de la n1adurez sexual y del estado de adulto. En este tipo de n1an1í-
feros los elevados índices de natalidad sirven para con1pensar los naci1nien- El suborden de los antropoides
tos anonnales. Un~ alta_ proporción de los individuos de la can1ada nacen frente al suborden de los prosimios
inuertos o son ellininados poco después del nacin1iento con10 consecuencia
de- la cü111petencia entre los con1pañeros de can1ada por la leche, protección ~l _orden de los prin1ates con1prende dos subórdenes: .antropoides ___ y
y cuidados de la n1adre. ~g~ __ pr,ít}?:~~e~-~--cn ca1nbio, _se _concentra11 en.una sola prosun1os. ~os 1_11011os, _los gtandes siinios _y los_ seres hun1anos pertenecen
criatura a la vez y le proporcionan grandes cuida4os hasta que se desarrolla ... a~ pri1nero de estos s~bgrupos. El de los prosin1ios se halla integrado por
10 _ ?tlficíente con10 para ·poder ali1nentarse por sí n1isn1a. Con1paradas con len1ures, tarseros, lor1s y (tal vez) 1nusarafias arborícolas. Estos prin1os
C-1 l·Csto del reino a~í1nal, todas-las 1nadres pritnates 111ünan a sus crías. nuestros nlenos conocidos se encuentran en Afríca, Madagascar, India y
el Sudeste asiático .. Desde los puntos de vista biológico y conductual, nlu-
6. Co1nplejidad de la conducta social.~Otra de las consecuencias de chos de los prosinuos parecen estar a tnedio can1it10 entre los antropoides
no tener grandes camadas es que 1ª~_ _ p_au_ta~ de con_ducta de los_ prÍlnates y el orden n1an1ífero de los insectívoros. Por otra parte, a los antropoides
so_n __n1_uy sociales. Se deriva esto de la pr_olonga_da relación n1adre-hijo y de se 1~s deno1nina a veces «prin1ates superiores». 'l'icnen cajas craneanas
los __ i_1_~~ens.os cuicl_ados _pi:o_digados a cada crí_a. _La destreza 1nanual ta1nbién relat.1van1entc 1nás grandes y redondas, caras nlás planas y labios superiores
iñC-ren1enta la interdependencia social, puesto que pertnite a los priinates nlóvtle_s separa~os de las encías. Esto últín10 es in1portante para producir
a_<)calarse ___1nutuan1ente. La n1ayor parte de los prin1ates pasa su vida con10 expresiones faciales, que a su vez figuran en el desarrollo de las forn1as
i~1{en1bro de un grupo (no necesariaincnte aquél en que ha nacido) que 1nás avanzadas de la v!da social de los prin1ates. Los 1oris y los lé111urcs
~oopera en la b(lsqueda de alin1entos y en la defensa contra los depredado- (pero no los tarseros) tienen sus labios superiores unidos cxtcrnan1entc a la
res._ La vi_da en grupo se ve facilitada por siste1nas de con1unicación relati- nariz por una tira el.e piel hú1ncda Jlan1ada rhinariunt que ta111bién se puede
va111~_11__te__ c91nplejos, consistentes.en señales que indican la presencia de alí- observar en los hocicos de gatos y perros. Los hun1anos alardea1nos de una
rííCJ11:os, .Peli_gro, interés sexual y otras cuesti.ones cruciales. Los pri1nates nariz seca y de un labio superior seco y velloso. Pero los caballetes vertica-
neccsítan con1pafieros sociales no sólo para sobrevivir física1nente, sino tan1- les que conducen a nuestra nariz sugieren que alguien en nuestro árbol
genealógico tuvo un rhi11ariu111.
bién para n1adurar einocíonalinente. Muchos estudios han de1nostrado que
los n1onos criados en aislan1iento 1nanifiestan graves sínto1nas neuróticos,
con10 titnidez o agresividad excesivas (cf. I-Iarlo\v y otros, 1966). Las superfamilias de los antropoides

7, De.s_arroll9 de.l cerebro.~La n1ayor parte de los prín1ates presenta El suborden de los antropoides se con1pone de tres superfa1nílias:
una razóñ·-·alta entre los pesos cerebral y corporal. Cada una de las anterio- (1) los ccboides, o n1onos del Nuevo Mundo; (2) los cercopítecoides, o mo-
res consecuencias de la __ v~Q_a __arborícola proporciona la oportunidad o la nos del Viejo Mundo, y (3) los h 0 minoides, que comprenden todas las espe-
i:!_~_ce_si_cfad _de cerebros 1TiáS- cotnplejos. El 1nedio arbóreo, con su follaje azo- cies. _f.ósi_les y conten1poráneas de sin1ios y seres hun1anos ,., . Los 1nonos del
tado por el viento, rociado por la lluvia y n1oteado de luz, requiere una Viejo y del Nuevo Mundo tienen diferentes estructuras dentales que indi-
constante labor de vigilancia y de interpretación. Las 1naniobras explorato- can una antigua separación del tronco pritnate o prositnio co1nún. Los tno-
rias de las extren1idades delanteras y d~dos, así con10 su capacidad de acer- nos del Viejo Mundo tienen la lla1nada fórn1ula dental cercopitccoide:
car los objetos a los ojos para su exainen, requieren tan1bién con1plejos cir- 2.1.2.3
cuitos neurales. Pero el factor 1nás itnportante de todos es el alto nivel de (fig. 3.2). Las cifras encima de la línea designan, de izquierda a
interacción social. No es accidental que lq_s___ p_ritp_<ltes sean los n1a1níferos 2.1.2.3
1nª.s--....~<_cexebrales» y 1nás sociales. La depe-ndCl1cía prolongada de las crías detecha, el nún1ero de incisivos, caninos, pre1nolares y 1nolares en un cua-
¿;fin1ates, el gran volun1en de inforn1ación auditiva, visual y táctil intercan1- drante superior del inaxilar; las que están debajo, su número en un cua-
biada entre n1adte y prole, los juegos entre los adolescentes y el acicala-
111iento mutuo entre los adultos pr_esuponen una considerable capacidad ,., Algunos taxono1nistas distinguen dos infraórdenes dentro de los antropoides: ca-
para adquirir, al1nacenar y recordar infor1nacíón. No es tatnpoco casualidad tarrinos Y platirrinos, perteneciendo las superfamílias de los ccrcopitecoides y ceboides
al primero y al segundo respectivainente. No hay ningún acuerdo, sin embargo, en
que los hun1anos, los inás inteligentes de los primates, sean ta1nbién los
que esta distinción sea pertinente para Ja ascendencia de los homínidos.
38 Introducción a la antropología general Genealogía y naturaleza humanas 39
drantc inferior. (EJ nún1ero total de dientes es igual a dos veces su nú!Tiero alcanzar las ramas niás altas poi- encin1a de sus cabezas y con la propulsión
en el cuadrante superior n1ás dos veces su nú1nero en el cuadrante inferior.) iniciada por Jos brazos a través de espacios abiertos. Este balanceo de ran1a
2.1.3.3 2.1.3.2 en ran1a 1nediante los brazos se llan1a braquiación.
'Todas las fan1ilias ccboides tienen estructuras del tipo o --- . Tres de los hominoides vivientes -el Homo sapiens, el gibón '): el
2.1.3.3 2.1 .3.2 s1a1nang- rara vez se desplazan a gatas. El gibón y el sian1ang son iinte
(Si les han salido las 1nuelas del juicio, pueden descubrir que co1npartcn todo braquiadores que se balancean de ra1na en ran1a con las patas enco-
2.1.2.3 gidas contra sus cuerpos, propulsados a través de graciosas trayectorias
con los cercopitccoidcs la estructura ----.) gracias a sus brazos, extraordinarian1ente largos y fuertes.
2.1.2.3

FrG. 3.2.-Dentición de los


lllonos del Vicio Afundo (arri-
ba); dentición de los 111011os
del Nuevo Mundo (abajo).
FIG. 3.3. -Gorila (izquí~rdaJ;
'Hon;o sapiens (derecha). Hombre
Características de los hominoides

Los honJinoides difieren de los antropoides por la forma de desplazarse Aunque el chin1pancé, el gorila y el orangután ta1nbién tienen brazos
y_ pól:'~fa~ posturas que adoptan cuando se alüncntan. La n1ayor parte de largos, los individuos adultos son den1asiado grandes y pesados para bra-
los antropoides son capaces de una gran variedad de 111ovitnientos y pos- quear con energía. Sin e1nbargo, sacan partido de sus largos brazos cuando
turas, tales como andar, correr, ir a gatas o 111antenerse de pie; suspender- practican la alin1entación en suspensión: se suspenden con la ayuda de
se de una, dos, tres o las cuatro extren1idadcs; balancearse con uno o los los brazos y los pies prensiles, estirándose para arrancar sabrosos bocados
dos brazos; saltar y brincar. Pero otros prí1nates realizan sólo algunas de de ran1as que no podrían aguantar su peso. Ade111ás, los siinios africanos
estas posibilidades. A diferencia de los hominoides, la mayor parte de los han desarrollado forn1as especiales de andar en el suelo destacando 1 en
monos son pequeños anünales arborícolas que se deslizan a gatas por las este sentido, el chilnpancé y el gorila, que pasan la n1ayor Í)arte de sus días
ramas de los árboles y que, para alimentarse 1 se sientan erguidos sobre una sobre el suelo. En esto se parecen a los 1nonos que viven pertnanente1nente
ran1a. Algunos de los n1onos 1nás grandes han desarrollado colas prensiles) en el sue10 1 con10 los babuinos. Pero 1nientras que los babuinos 1nantienen
que les ayudan a agarrarse a las ran1as pequeñas cuando se abren paso en su forn1a de andar cuadrúpeda can1inando sobre las paln1as de las 1nanos 1

busca de ra1nitas con frutos y hojas delicadas. En algunas especies n1ás los gorilas y los chitnpancés andan sobre los nudillos: sus largas extren1ída-
grandes, la forn1a de andar cuadrúpeda se con1ple1nenta con la capacidad de des delanteras se unen en el codo fonnando una línea recta rígida y su 1
Introducción a la antropología general Genealogía y naturaleza hun1anas 41
40

peso hacia delante descansa sobre los nudillos. Los orangutanes, que pasan su oponíbilídad. Mientras que el pie de los póngidos puede ser utiliz,1do
1nucho 1nás ticn1po en los árboles 1 andan norn1aln1entc apoyándose sobre para tocar y asir objetos, el pie de los hu111anos se ha especializado en estar
de pie, andar y correr (fig. 3.4). ·
los diversos lados de Jos puños durante sus raras visitas al suelo ('futtle,
1969; Napier, 1970). Los largos brazos móviles de todos los póngidos vi-
vientes (siniios) sugieren que sus antepasados fueron poderosos braquia-
dores que practicaban la alin1entación en suspensión.
'fa1nbién es posible que el !Jonio sapiens tuviera antepasados braquia-
dorcs que practicaban la alünentación en suspensión, puesto que ta1nbién
teneinos brazos n1óviles bastante largos en co1nparación con la longitud
de nuestros troncos. En nuestro caso, sin e1nbargo, la capacidad de bra.:'
quíacíón fue casi totaln1ente abandonada en favor del bipedisnzo. Esto ha
llevado al alarga1niento de nuestras piernas hasta un punto que no conoce
parangón entre los hominoides (fig. 3.3).
l'iay que añadir tal vez que los hon1inoides son probablen1ente 1nás in-
teligentes que los de111ás prÍlnates, con10 sugieren los recientes experünen-
tos con la enseñanza de for1nas de co111unicación a gorilas y chiinpancés Dedo pulga• Calcáneo
(véase cap. 23).

La familia de los homínidos frente a la familia de los póngidos


y los hilobátidos

La superfamilia de los hominoides comprende tres familias: (1) los


Ho111inidae todas las variedades de hon1ínidos de los que el Flon10 sapiens
1

es el único representante superviviente; (2) ·Jos póngídos, todas las varie·


dades, conten1poráneas o extintas, de si111íos, salvo el gibón y el sia111ang,
y (3) los hilobátidos, el gibón y el siamang y sus antepasados fósiles.
Desde un punto de vista anatón1ico, las diferencias n1ás llan1ativas entre
los homínidos y los póngidos están todas relacionadas con el desarrollo del
bípedis1110 entre los hoinínidos. Con10 veren1os con 111ás detalle en el si-
guiente capítulo, los ho1nínidos abandonaron la alin1entación en suspen-
sión y la braquiación en favor de una vida que transcurría, en su n1ayor
parte,_ en el suelo y en un hábitat relativan1ente abierto o del tipo de la
sabana. De este catnbio básico de hábitat y niodo de andar surgieron una FIG. 3.4.-Ph, ht11ncu10 (arri-
serie de adaptaciones anatótnicas y conductuales que separaron a los hon1í- ba); pie de gorila (abajo).
nidos de los grandes sitnios. Para con1prender quiénes son1os debe111os en1-
pezar por el suelo. Al principio fue el pie.
2. Brazos _y 1na11os.-La gran ventaja del bipedisn10 de los hon1ínidos
estriba en que deja libres las n1anos y los brazos. El" goríla 1 el chi111pancé
l. El _pie.-La forma de andar bípeda fue posible graCias a una ex-
y el orangután dependen de sus brazos para la braquiación o para andar
tensión hacia atrás del hueso del talón y a una realineación del dedo gordo
en posición sen1icrecta. Los ho111ínidos son los únicos anin1ales que pueden
del pie. La fuerza de elevación de los músculos de la pantorrilla levanta el
recorter có111oda1nente largas distancias en el suelo 111ícntras llevan objetos
hueso del talón. Después, el apalancarniento contra el dedo gordo del pie
pesados en sus n1anos. Adcn1ás, la destreza n1anua1 de los hon1ínidos es
transmite un in1pulso hacia delante y hacia arriba. Los arcos que se extien-
insuperable; en el gibón y en el orangután, las necesidades de trepar y de
den desde la parte delantera a la trasera y de lado a lado mantienen elásti-
braquiación han reducido el ta111año y destreza del pulgar. El chi111pancé
ca la acción. El dedo gordo del pie humano, a diferencia del de los póngi-
y el gotila son bastante diestros, pero nuestro pulgar es n1ayor 1 1nucho n1ás
dos, se alinea con el resto de. los. dedos y ha perdido prácticamente toda
42 Introducción a la antropología general ( ;cncalogía y naturaleza hu1nanas 43

1nusculoso y n1ás flexible. La longitud y fuerza del pulgar hunu1no· nos anirnal que se desplaza a gatas se ttanstnite por la pelvis a las extre1nidadcs
penniten un asin1Íento extraordinaria1nente preciso, fuerte pero delicado. traseras. Entre los póngidos, las extre111idades traseras soportan un por-
Este asin1icnto, que es casi un rasgo tan distintivo de la hun1anidad con10 centaje 1nayor del peso total del cuerpo. La pelvis del chiinpancé, por
el bipedisn10 y el ta111año del Cerebro,_ ha ayudado a convertirnos en los eje1nplo, 1nuestra cierto aplananliento y robustecin1iento debido al íncr~-
supren1os artesanos del reino ani111al. 1nento de la función de sostener pesos. Pero en los hon1ínidos, la p~lv1s
tiene for1na de cuenca, y el centro de gtavedad del cuerpo pasa dir~cta­
3. Las extreniidades ínferiores.-En relación con la longitud del mente por ella (fig. 3.5). La conformación de la pelvis humana en forma
tronco, las piernas hun1anas son las n1ás largas entre los ho1ninoides de cuenca se con1pleta con vértebras que se doblan hacia adentro y liga-
(fig. 3.3). La gran pantorrilla de nuesttas extrcn1idades inferiores es dis- n1cntos en la base de la colun1pa vertebral que cierran la parte inferior de
tintiva; los grandes sitnios carecen de n1úsculos pron1ínentes de la panto-.. la cavidad pélvica. Unaimportante función de la pelvis consiste en propor-
trilla. Aún es n1ás hu111ana la in1ponente n1usculatura glútea que, cuando no cionar acopla1nientoS a los fuertes n1úsculos que controlan las piernas. La
nos sentan1os sobre ella, proporciona gran parte de la fuerza para can1inar forina de cuenca o anillo de la pelvis hu1nana con sus dos cías a 1nodo de
cuesta arriba, enderezarse después de agacharse, correr y saltar. anchas hojas incre1nenta la fuerza efectiva de toda la 1nusculatura que
4. El cinturón pélvico.-En los 1nan1íferos cuadrúpedos, la pelvis pre- interviene en la posición erecta. Los tnlisculos fijados a estas cías y a otras
senta el contorno de un estrecho tubo al que se fijan las cxtren1idades partes de la pelvis ta1nbíén proporcionan gran parte de la fuerza para mover
traseras forinando casi un ángulo recto. Casi la niítad del peso de un las extre1nidades inferiores.

llium

.F1G. 3.5.-Pelvis hun1a11a (arriba);


pelvis de chi111pancé {abajo). F1G. 3.6.-Columna vertebral de gorila (izquierda); columna vertebral htonana (derecha).
45
44 Introducción a la antropología general c;encalogía y naturaleza huinanas

5. La colunn?t1 vertebral.~Para posibilitar la postura erecta, la co- occipitales están muy próxin1os al centro de gravedad de la ca?eza. Nuestra
lun1na vcrtcbnd hun1ana ha desarrollado una singular curva en la región cabeza casi se balancea por sí sola en lo alto de la curva cervical; por ello,
lu111bar (fig . .3.6). Aquí, la colu1nna se encorva hacia delante por cncin1a sólo necesiu11nos en el cuello unos 111úsculos relatíva1nente pequefios; te-
del ccnlro de L1 pelvis y, al encontrarse con la pelvis, vuelve en sentido nen1os un cuello distintivan1ente largo y delgado.
inverso para [orinar una hoz con el 1nango arriba. Sin esta curva, el centro
de _gnn1cdad del cuerpo se alteraría> y la gente tendería a dcsplo1narse hacia 7. El cráneo -La pa1te posterior del c1áneo a la que se fijah los
atrás. Aunque es capaz de soportar setecientas libras o i11ás, nuestra c0Ju111- músculos del cuello se llama el plano de la nuca (fig. 3.8). Entre los pón-
na vertebral est<i sujeta a un funcionan1iento defectuoso. Las fuertes pre-
siones sobre los discos cartilaginosos entre las vértebras producen hernias,
alinean1íentos defectuosos y «dolores de espalda» específican1ente hu111a-..
nos. En su extre1no superior {la región cervical) la colun1na vertebral
hu1nana se curva hacia delante, después hacia arriba y ligeran1cnte hacia
atrás, y se articula con nuestro cráneo en un punto próxin10 a su centro de
gravedad. Las vértebras cervicales del hon1bre carecen de las largas pro- Toro
supraorbitario
longaciones espinosas hacia atrás que sujetan los grandes 111úsculos del
cuello del gorila (Harrison y Montagna, 1969).
Arco
6. El cuello.-I..a cabeza gira en lo airo de la columna vertebral sobre cigomático ...,..,
un par de protuberancias óseas situadas en la base de nuestros cráneos.
Estas protuberancias se ll.an1an cóndilos occipitales (fig. 3.7). En los pón- ~'Jd~/¡·f
't:
. '·
-·'"..·O- Ramus
·1
i
Plano de la nuca
gidos la mayor parte del peso de la cabeza se desliza hacia adelante de los ::.:" :' J Foram~n magnum
puntos giratorios. Los fuertes n1úsculos del cuello necesarios para la estabi- ' :::_JI
lidad oscurecen totaln1ente el contorno esquelético de la región cervical Mandibula
del gorila. Los hon1ínidos n1odernos son diferentes; nuestros cóndilos

FrG. 3.8. ~Cráneo hunuino


(arriba); cráneo de gorila
(abajo).
·f
. ~ ··.
gidos, este área es n1uy grande y se eleva fonnando un ángulo .abrupto con
el resto de la cabeza en la cresta de la nuca. En el Ilo1110 saptens la cresta
de la nuca está ausente, el área del plano de la nuca se ha reducido. 1nucho
y su posición se encuentra debajo, en vez de en la par~e post~r~or, <lel
cráneo. Esta nueva disposición proporciona un contorno lrso, esfenco ª.,la
parte posterior del cráneo hu1nano. La redondez continúa en la regton
Fit>. 3.7.-Base del cráneo
htonano. frontal y está claramente relacionada con el hecho de que nuestro cerebro
46 -Introducci6n a la antropología general Genealogía y naturaleza humanas 47

es el más grande y pesado de los cerebros de los primates. Visto desde no tienen que ser masticados tan vigorosamente como los crudos, puede
atrás, nuestro cráneo se distingue por sus escarpadas paredes laterales. Su ser el factor responsable del reducido tamaño de nuestros maxilares.
anchura máxima se alcanza encima, en lugar de por debajo, de los oídos.
La cabeza de un gorila es más imponente que la nuestra, pero el espacio 9. Maxilares y dientes.-Nuestro equipo masticador es uno de nues-
disponible en su interior es mucho más pequeño. G ran parte de su cráneo tros rasgos más importantes y distintivos. Nos basamos en los fragmentos
se halla ocupado por gruesos huesos y prominentes crestas, que sirven fosilizados de maxilares e incluso de dientes sueltos para trazar la filo~enia
como acoplamiento para los músculos y como refuerzos estructurales. Tales de los homínidos y distinguir entre taxones de homínidos y póngidos. Los
crestas, como veremos en el siguiente capítulo también se hallan en algunos póngidos modernos tienen una arcada dental en la que largas hileras en
homínidos extintos . paralelo de molares y premolares se unen por una curva de caninos e inci-
sivos en forma de U . P or contraposición, la arcada de los homínidos es
8. La cara y el maxilar superior.-Entre los póngidos, la cara conti- parabólica o redondeada y está muy comprimida para conformarse a su
núa extendiéndose más allá del plano de la frente. El corrimiento hacia ade- ortognatismo. Los incisivos y caninos de los póngidos son grandes en
lante continúa en el maxilar superior, lo que da lugar a una forma deno- comparación con sus molares e imponentes en comparación con los incisi-
minada prognatismo (véase fig. 3.8). En cambio, el maxilar superior de vos y caninos de los homínidos; los incisivos y caninos de un homínido son
los seres humanos actuales es ortognato; se alinea verticalmente con la pequeños en comparación con sus molares (fig. 3 .9).
frente, directamente bajo las cuencas de los ojos. En los gorilas, hay una
gran barra sobre los ojos denominada toro supraorbitario. Esta estructura Estas diferencias implican adaptaciones alimentarias radicalmente dife-
protege la parte superior de la cara de la enorme presión provocáda por rentes. E l imponente tamaño de los dientes delanteros de los póngidos
los imponentes maxilares y los poderosos músculos masticadores del gorila. está probablemente relacionado con el uso de los incisivos y caninos para
Con la excepción de ciertas especies extintas, los homínidos tienen maxi- cortar y desgarrar la cubierta exterior de vegetales leñosos, como el
lares más pequeños, músculos masticadores menos poderosos y un toro bambú, y la cáscara dura de los fru tos del bosque y el apio silvestre. La
supraorbitario más reducido. La introducción de alimentos cocinados. que estructura dental característica de los homínidos (incisivos y caninos pe-
queños en relación con grandes molares) sugiere una dieta diferente, basa-
da en sustancias q ue los dientes delanteros transforman fácil mente en
trozos del tamaño de un bocado, pero que después deben ser trituradas y
molidas durante· bastante tiempo antes de poder ser ingeridas. Tras sus
estudios sobre babuinos que comen hierba y semillas, Clifford Jolly (1970)
ha desarrollado la teoría de que . los rasgos distintivos de la dentición de
los homínidos eran adaptaciones a alimentos pequeños y duros como semi-
llas de gramíneas, tallos y raíces arenosas. Esta dieta exige la transforma-
ción de grandes cantidades de productos pequeños y/o arenosos. Para sub-
sistir, el animal debe afimentarse con frecuencia, y los molares deben utili-
. zarse casi ininterrun:ipidamen te, moliendo y triturando las semillas y tallos.
La importancia de los dientes para moler y triturar en la adaptación de
nuestros antepasados viene sugerida por el modo flexible en que está en-
cajado nuestro maxilar inferior, lo que permite movimientos rotatorios de
atrás hacia delante y de lado a lado cuando masticamos.
O tro rasgo evocador de la pauta de moler y triturar es el brote retar-
dado de los molares en los homínidos de tal forma que cuando se desgastan
los molares delanteros, se sustituyen por molares jóvenes en la parte de
atrás . Un aspecto final de esta pauta consiste en que los molares de los
homínidos son más altos que anchos o largos. Este es otro rasgo que pro-
porcionaría una ventaja selectiva al resistir el desgaste producido por una
Pre. 3.9. - Maxilar de gori-
acción prolongada de moler (Simons, 1968; Simons y Ettel, 1970.)
la {arriba) ; maxilar humano Otro rasgo definitorio de la dentición de los homínidos consiste en que
(abajo). nuestros caninos sólo sobresalen un poco o nada por encima del nivel de
48 Introducción a la antropología general Genealogía y naturaleza humanas 49

los dientes adyacentes. Por contraposición los caninos de los póngidos, en


1
celo, sino que pueden servir con10 base para la for.n:ación de ví~culos
especial, los caninos superiores, son tan grandes que necesitan espacios en la sexuales de laroa duración. Al 111is1no tíe1npo, la debilidad de los r1tn1os
arcada opuesta para que los n1axilares cierren herinétican1entc. Estos cani~ biológicos que ;igen la sexualidad supone que las relaciones varón-hen1bra
nos son cspecialincntc visibles entre los 1nachos de los póngídos. Aden1ás son n1ás fáciln1ente n1ol<lcables por convenciones culturales. Estos rasgos~de
de desgarrar tallos y frutos, se usan para an1enazar a los depredadores, y la sexualidad hun1ana contribuyen a explicar el hecho de que los s~res
a las hen1bras y n1achos 1nás jóvenes. I)ucsto- que no tenc1nos ni grandes hun1anos sean los únicos anin1ales que co1nbinan las dos siguientes fori'nas
caninos ni otros grandes dientes, nuestros inaxilares han perdido la capaci~ de cooperación entre los sexos:
dad defensiva u ofensiva a que sirven en 1nuchos otros anímales (Sheets y
Gavan, 1977). l. An1bos sexos traen con regularidad diferentes alí1nentos para su
La estructura básica de la dentición de los hon1ínidos no corrobora el- n1utua distribución y consuinen en coinún las conüdas resultantes (Isaac,
estereotipo popular, de que nuestros antepasados eran «siinios n1atadores» 1978).
sedientos de sangre. De hecho, la verdad parece ser justan1ente lo contrarío 2. An1bos sexos proporcionan en con1ún con1ída y refugio a los recién
(véase p. 76). Los seres hu111anos, privados de caninos, provistos de ufias nacidos y jóvenes.
en los dedos de las 1nanos y los pies en lugar de garras, so1nos, aunque
parezca extraño, criaturas anatón1ican1ente inofensivas. Desnudos, sin arn1as
o conocin1ientos de judo o kárate, nos resultaría práctica1nente ünposible Lenguaje y cultuta
111atar a cualquier anin1al grande, incluidos nuestros propios congéneres
adultos. (Los puños, tan Ílnportantes en las peleas de las películas nor- Muchos anín1ales poseen tradiciones aprendidas q1.Jc se transn1itcn de
tea1nericanas, son den1asiado frágiles para causar heridas 1nortales, y los generación en generación y que constituyen una forn1a rudilnentaria de
que pegan patadas descalzos se ron1pen los dedos.) cultura. Con10 veren1os en el siguiente capítulo, los chiinpancés y otros
prin1ates fabrican y cn1plean útiles con10 consecuencia de este aprendizaje.
Sin e1nbargo, sólo entre los ho1nínidos la cultura se ha convertido en una
La sexualidad de los homínidos fuente pri1naria de conducta adaptativa, niás in1portante que la evolución
biológica que in1plica can1bios en las frecuencias génicas. Segura1:1ente, lo.s
I:n todos los prin1ates, salvo en los seres .hun1anos, la hen1bra sólo se hon1ínidos 1nás antiguos, con su capacidad para sostenerse .de pie y canu-
n1ucstra sexualn1cnte receptiva durante unos días antes y después de que nar erguidos y sus extren1idades delanteras con1pletan1ente libres de la fun-
el óvulo rnaduro pase del ovario al útero. Este es el período en que se ción de locon1oción y sostén, fabricaban, transportaban y en1pleaban con
debe producir la fertilización para que el óvulo quede in1plantado en la eficiencia un repertorio de útiles con10 1nedio principal de subsistencia. Los
pared del útero. Con la n1aduración del óvulo, la he1nbra de los prin1ates n1onos, en can1bio, sobreviven pcrfectan1ente sólo con el inventario n1ás
1nuestra una receptividad sexual de acuerdo con ritn1os n1ensuales o esta- sin1ple de tales útiles. L.os hon1ínidos, antíguos y rnodcrnos) probabl.en1en.te
cionales. Mediante señales olfativas y visuales atrae ~d n1acho a la copula- han dependido sien1pre de alguna forn1a <le cultura para su propia exis-
ción. En algunos prin1ates) las hen1bras en celo 1nuestran hinchazones tencia.
policron1a::; en la región del ano y de la vagina. Por ejen1plo, la receptívídad Estrechan1ente ligada a la capacidad de adaptaciones culturales está la
sexual en los chin1pancés se exterioriza nicdiantc una hinchazón de color capacidad exclusivan1cnte hun1ana del lenguaje y de sisten1as de pcn~an1ie.n­
rosado brillante en la piel ano-genital, y durante este período se ha llegado to dependientes del lenguaje. Aunque otros prilnates usan con1ple¡os s1s-
a observar hasta veinte n1achos copulando con una n1isn1a hen1bra (Van ten1as de señales para L1cilitar la vida social, el lenguaje hun1ano difiere
La\vick-C;oodall, 1965). Sin en1bargo, algunos chin1pancés fonnan parejas cualitativan1entc de todos los den1ás sistcn1as de con1unicación anii11al. Los
de consortes durante este tien1po. rasgos privativos del lenguaje hun1ano, que analizaren1os en .el capítulo 23,
Aunque el ciclo inenstrual de la he1nbra hun1ana se parece en n1uchos provienen indudablcn1cnte de adaptaciones genéticas relacionadas con la
aspectos al de los póngidos y otros prin1ates, no hay signos externos que creciente dependencia de los hon1ínidos pri1nitivos de la cooperación social
indiquen el período de 111áxín1a fertilidad. De hecho) norn1aln1ente las 11111- y de n1odos de subsistencia cultnraln1entc adquiridos. l,as criaturas hun1a-
jeres no se dan cuenta de su propia ovulación. Co1no no hay signos claros nas nacen con un sisten1a de circuitos neurales que hace que aprender
del período fértil, la adaptación reproductora dC:' las hen1bras hun1anas de- a hablar sea algo tan natural para ellas con10 aprender a andar. f:',stos
pende de su receptividad sexual durante todo el ciclo del estro. Las circuitos a su vez representan el tipo de «instalaciÓJl» n1ental útil para una
relaciones sexuales hun1anas no tienen por qué ser, pues, esporádicas y criatura que necesita aln1acenar y transn1itir gran cantidad de ínforn1ación
discontinuas co1no en los anin1ales que tienen estaciones o períodos de no en los genes, sino en el cerebro.
50 Introducción a Ja antropología general Genealogía y naturaleza humanas 51

Resumen vínculos sexuales y a una n1ayor cooperación entre el varón y la hen1bra en


la subsistencia y en el cuidado y alünentacíón de los niños.
1:.':l I-101110 sapiens con1partc algunos rasgos con todos los aniinales. Los El rasgo inás característico de los hon1ínídos, o al 1nenos del Iion20
anin1alcs con los que con1partin1os 1nás rasgos son los cordadas, vertebra- sapiens, es su capacidad lingüística y cultural. En tanto que otros prin1ates
dos, tett·ápodos, n1an1íferos, terios, cuterios, prünates, antropoides y ho- poseen tradiciones aprendidas y, por consiguiente, culturas rudin1entari_íls,
n1inoídes. Los antepasados de cada uno de estos taxones fueron ta1nbién los en los hon1ínidos la cultura eclipsa a la herencia genética co1110 fuente ide
nuestros. Nuesttos parientes evolutivos 111ás cercanos son los den1ás n1ie111- can1bios adaptativos. Esta dependencia de la cultura está estrecha111ente
bros del orden de los prín1ates, en especial los n1icn1bros del suborden de relacionada con la singular capacidad humana para el lenguaje, y ambas
los antropoides. Co1npartin1os los siguientes rasgos con otros prín1ates: están relacionadas a su vez con la destreza manual conseguida gracias al
(l) manos prensiblcs; (2) piernas y brazos especializados en diferentes fun~ bipedis1no, la sustitución de maxilates y dientes por útiles y una coopera-
ciones; (3) visión estereoscópic'a y de los colores; (4) una o dos criaturas ción social intensa y a largo plazo basada en los vínculos sexuales.
por parto; (5) embarazos prolongados y un largo período de dependencia
infantil; (6) intensa vida social, y (7) grandes cerebros en relación con el
ta1nafio del cuerpo.
Es probable que todos estos rasgos representen respuestas evolutivas
con valor de adaptación a la vida arborícola en los bosques tropicales. El
suborden de los antropoides con1prende n1onos, siniios y seres hun1<H1os,
todos los cuales descienden de un antepasado prin1atc con1ún. Entre los
sin1ios, los póngidos -gorilas, chi111pancés y orangutanes -son los que
111ás se parecen a los ho111ínidos. Al igual que los póngidos, los hon1ínídos
probablcn1cntc tuvieron un antepasado braquiador que se alin1entaba en
suspensión, pero que después desarrolló otros n1odos especializados de an-
dar sobre el suelo. La 1nayor parte de los rasgos que distinguen a los
ho1nínidos de los póngidos están funcionalincntc relacionados con su pecu-
liar bipedismo, adoptado por los homínidos cuando abandonaron el hábitat
boscoso para trasladarse a un inedia 111ás abierto.
Del hecho de que los hon1ínidos tengan grandes n1olares y pequeños
dientes delanteros cabe deducir que, en un principio, su dieta se con1ponía
principaln1ente de scn1illas y otros alimentos arenosos n1ás que de carne o
frutos selváticos. Las adaptaciones distintivas de los hon1ínidos asociadas
al bipedismo y a la vida en un hábitat de sabana son: (l) un pie con doble
arco y dedo gordo no oponible y un hueso del talón de gran ta111año;
(2) n1anos y brazos especializados en asir con fuerza y precisión y trans-
portar objetos pesados; (3) grandes piernas con fuertes 1núsculos en la
pantorrilla y las nalgas; (4) pelvis en forn1a de cuenca o anillo para soste-
ner el peso de la parte superior del cuerpo y su jetar los músculos de las
extre1nidades inferiores; (5) curva lun1bar para niantener la postura erecta
del tronco y la cabeza; (6) pequeñas vértebras en el cuello debido a la
ausencia de grandes inúsculos; (7) un cráneo de superficie lisa y for111a
globular que se balancea sobre el cuello; (8) cara y maxilares ortognatos
relacionados con la cabeza globular y los reducidos n1Úsculos niastícadores,
y (9) caninos planos, reducción de los dientes delanteros y énfasis en los
n1olares especializados en rnoler y triturar pequeños alí111entos arenosos.
Los ho111ínidos ta1nbién poseen un distintivo ciclo de estro en el que
no hay signos externos de ovulación, asociado a un estrechan1iento de los
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52 Introducción a la antropología general Capítulo 4


LOS PRIMEROS HOMINIDOS

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Este capítulo se centra en los indicios fósiles de la evolución de los prin1cros
ho1nínidos. Los fósiles son vestigios de aspecto pétreo íonnados por la sustitución
de huesos y tejidos por 1nincralcs y que, por tanto, preservan la fauna de un
organisn10 hace ticn1po extinto. Los fósiles de nuestros antepasados 1nás antiguos
nonnahncntc sólo se hallan en frag1ncntos. De ahí que se desboque la curiosidad
popular. ¿Quiénes fueron los prin1cros seres hun1anos? ¿Dcscendcn1os de feroces
y carnívoros «sÍlnios n1<1tadorcs» o de vegetarianos con suaves n1odales?
El ritn10 en que aparecen nuevos descubri1nientos relativos a estas cuestiones
se acelera de afio en año. En el n1on1ento actual sólo se pueden extraer
conclusiones provisionales, y el estudiante debe estar preparado para afrontar
interpretaciones contrapuestas ofrecidas por diferentes expertos,

Un reloj evolutivo

Los geólogos dividen la historia de la Tierra en eras que, a su vez, se


subdividen en períodos y épocas. La vida con1enzó, probablen1ente, hace
unos tres o cuatro niil niillones de años, pero los pritneros n1icroorganís-

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111os no se fosilizaron y desaparecieron sin dejar huellas que podan1os des-
• ~i cubrir en la actualidad. I-Iace unos 600 111illones de años aparecieron los
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!}¡, e:~~ priineros anin1ales lo bastante grandes y duros con10 para dejar abundan-
tes tes tos fósiles. Como muestra la figura 4 .1, el filo de los cardados, el
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subfilo de los vertebrados y la superclase de los tetrápodos estaban presen-
tes en el período devónico, hace unos 300-400 111illones de años. Los 1na-
.¡¡~ ' ~~ 111íferos aparecieron durante la era 1nesozoica hace unos 200-150 n1illones
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de años. Hubo prí1natcs hacia finales del Mesozoico o principios del Ceno-
zoico, hace 70-60 millones de años. Durante el Oligoceno, en el lapso
53
54 Introducción a la antropologfa general Los prüneros ho1nínidos 55

co1nprendído entre hace 40 y hace 25 rnillones de afios, en1pezaron a abun-


dar los antropoides. En la época siguiente, el 1v1ioceno, los hon1inoides se
habían propagado extensan1cnte. Los prin1eros ho1nínídos inconfundibles
no aparecieron hasta el Plioceno. Probablemente hubo homínidos bípedos
Homo erectus
Homo sapiens
que vivían en el suelo y empleaban útiles durante toda la época del Plioce-
Hominidae_ Homo sapiens sapie11~ no. El género Ho1no apareció en la transición del Plioceno al Pleistoce1~0 y
53 nuestra propia especie, el Honto sapiens1 a finales del .Pleistoceno. Sí el reloj
evolutivo desde el origen de la vida hasta el presente se reduce a la escala
de un año) los seres hu111anos hacen aparición, aproxin1ada111ente> a las
PÍeistoceno 8 p.m. de Nochevieja.
Plioceno

Del hominoide al homínido

S}_111_i_os _y_ n1onos exí_stieron ya en Africa durante el Oligocen,o, hace


30 nüllones de años, y posible111ente en el Eoceno en Binnania. Los cono*
cinüentos sobre "los inonos y sinüos del Oligoceno se basan, sobre todo, en
nu111erosos fósiles de la región del_ Fgyu1n, en el norte de i~gip_ t(). Un grupo
2.1.2.3
de monos del Fayum presenta la fórmula dental del Viejo Mundo - - -
2 .1.2 .3
Los sünios de la región del Fayun1 pueden diferenciarse de los n1onos por
su ta111año y por la estructura de las cúspides de sus n1olares. Los 111olares
de sin1ios y hon1inidos tienen cinco cúspides dispuestas en una estructura
en fonna de Y, tníentras que los inonos tienen cuatro cúspides dispuestas
Animalia en hileras paralelas. El fósil del Fayun1 de estructura Y-5 n1ás pronunciada
se denomina Aegyptopithecus (iig. 4.2). Con su cráneo de 4 pulgadas de
soo largo y sus caninos salientes se parece a un diininuto gorila. Otro fósil
parecido a los simios, el Propliopithecus (fig. 4.3), se asemeja al Aegypto-
pithecus) salvo que los <:aninos son n1ás pequcüos. Cualquiera de estos gé-
neros podría haber sido el prin1ero de los hon1inoides. Un tercer sin1io del
Oligoceno) el Aeolopithecus (fig. 4.4), inuestra 1nuchos rasgos parecidos a
los del gibón y ha sido descartado por nn1chos expertos co1110 posible ante-
pasado de los simios o de los homínidos (Simons, 1968).
180 Durante el Mioceno 1 los hon1inoides aparecen co1no forina frecuente en
Mammalia
muchas partes diferentes del Viejo Mundo. Se han diferenciado dos gran-
400
des grupos: los dryopitecinos y los ramapitecinos (Pilbeam, 1978). Especí-
225 Chordata n1enes de <lryopitecinos (fig. 4.5), cuyo non1bre significa «sin1ío de los bos-
Vertebrata ques», han sido encontrados en zonas de Africa oriental, Europa, Oriente
Tetra poda
Medio, URSS, India y China que estuvieron cubiertas de extensos bos-
270
3SO
ques. Aparecen por priinera vez a finales del Oligoceno. Los rainapitecinos
no lo hacen hasta finales del Mioceno, y al haber sido identificados por
primera vez en la India, se les ha dado el nombre del dios indio Rama. El
más antiguo del grupo es el Ranzapithecus de Kenia, que vivió hace unos
14 millones de años (fig. 4.6). Pero al igual que los dryopitecinos, los
FrG. 4.1.-El reloi evolutivo. ra111apitecinos forn1aban un grupo muy variado que sobrevivió durante un
56
Introducción a la antropología general
Los primeros ho1nínidos 57

F1G.4.2.-Aegyptopithecus Zeuxís
[E. L. Sünons].

F1c . ..f.6.-Ra111apithecus. Ma"


xilar inferior con cráneo rc-
constniido.

F1G. 4.3.-Propliopithecus Flaecke!i


[Eric Ddson]. período de tic1npo que co1nprende varios 1nillones de afios. Oscilaban
en tan1aíi.o desde el pequeño l\a112apithecus (de altura inferior a los 90 cen-
tín1etros) hasta el Gigantopithecus, una variedad asiática cuyos tnaxilares,
dientes y cuerpo eran casi dos veces 1nás grandes que los de un gorila
(fig. 4.7). Lo que los ra111apitecinos tienen en co1nún es que todos, proba-
blen1ente) estabai1 adaptados a una vida fuera de los bosques y a comer
alin1entos vegetales duros y menos nutritivos que exigían 1nucha trituración
y molienda antes de poder ser deglutidos. Esto se puede deducir de la
espesa capa de esmalte de sus dientes, del estado de desgaste de los mola-
res y del 1nayor tarnaño de éstos por con1paracíón con los dientes delan-
teros. Co1no estos tasgos ta111bién son distintivos de los ho1nínídos (véase
infra), es probable que lino de los ramapitccinos fuera el antepasado de los
FrG. 4.4.-Aeolopithecus Chirohates
[E. L. Sitnons]. "'ho1nínidos y, posiblc1nente, ta1nbién de los póngidos. Durante cierto tiem-
po1 el pequeño Ranzapithecus fue el candidato 1nejor colocado para este
«honor». Sin e1nbargo) recientes hallazgos han mostrado que el Ra1napithe-
cus tenía un 1naxilar con una fonna de V de1nasiado acusada con10 para
ser considerado el antepasado de los ptinleros ho1nínidos, y así una vez
más queda en el aire la pregunta de cuál de los ra1napítccinos dio lugar)
si es que alguno lo hizo, a la línea que finalinente condujo al I-Ion20 sapiens
(cf. Leakey y Lewin, 1978: 32; Pilbeam, 1978; Zilman y Lowenstein,
1979).

Los homínidos del Plio-Pleistoceno


Frc. 4.5.-Dn,opithecus Fontani
[Eric l)clsonj. Los candidatos más plausibles para el puesto de pdmer homínido de-
finido son los fósiles hallados en Laetolil, Tanzania (M. Leakey y otros,
58
Introducci6n a la antropología general

1976) y Hadar, Etiopía, entre 1972 y 1977. E:gascolecciones compren-


den los restos de un esqueleto .llamado «Lucy» (fig. 4.8), cg111JJ!eto en un
4.0 por 100, y partes de 35 individuos distintos. La antigüedad que se les
calcula oscila entre--~__,_?_ y,._3 ,8 inilloncs de afias, En opinión de l)on Johan-
son y Tim White (1979), estos fósiles representan una única especie de
homínidos para la que han propuesto el nombre de Australopithecus afa-
~·_{!_!J_s_is (p9_~~ ____1_a __ regi_ón de _Afar) en Etiopí11, en la que están ubicados los
yacimientos de Hadar). Según Johanson y White, el Australopithecus
llfarensis fue el antepasado de dos líneas diferentes de homínidos. lJl)a __de
e_s_~-ª-~ Jí_1_1_Cf!S co11_dujo _a_l__ prÍ!ner mie1nbro del género Il anta, a saber, el f1_9_1_17cr
~abilis (véase infra). La otra desembocóen las criaturas extintas llamadas
Au!~ralqp_ithecus afric:anus y Australopithecus robustus. Dentro d_e la lí-
ñCa ·que···condujo al 1-101110 habilis (y, finalinente, al ·Hanzo sapiens), se
h1~-~<;_1~~-<:.f1:~_9_)_ª·--c-~pflcjc1_a_d del cere_bro, los dientes y 1naxilares pe_nnanecieron
p_e_qt_1eños y --~~- ~1aptar()n a una dieta on1nívora, y__ _J~----~onstitución ___física
c_ontí_nuó siendo delgada'. En can1bio, dentto de la línea que condujo a
A. a_/1,/cq_nus y A. robustus) la capacidad del cerebto pennaneció_ e_sta_ciqna-
_ri_~1 "l<;:i~· __ Q_i_i,::nt<::s y n1_axilares se volvieton n1ás grandes y progresivan1ente
n1ás _adaptados para_ inasticar 1naterias vegetales toscas, el cráneo desarro-
lló crestas y protuberancias con10 las del gorila, z_Jª---·S:º-~~-~-ti_t_u_ci_ón_ física --~e
volvió iinpone11te. l .. a__ separación_ d_c:_ Jfl _línea lateral __extinta,._Australopithe-
c:z1§1_____ $_e __produjo _ entie hace 3 y 2,5 tnillone_s de años y la transición del

fIG. 4.8.-«Lucy». Enco1;~~·,1


FIG. 4.7. - Gigantopithecus. do por Don Johanson y l un
Molares (derecha) con1¡x1ra- Whitc en liadar; propuesto
clos con molares de humanos con10 antepasado del lféne~o
modernos. [Musco An1ericano IIonio. [Museo de 1-hstonn
de I-Iistoria Natural.] Natural de Clevcland.]
60
Introducción a la antropología general Los prirneros hmnínidos 61

~:. ___cif1/(q__!1_t1,s_, __ª_l __4_, _ _ _r9hustus


esta l' , / ¡------- hace· unos
·, - 2- n1illones de a1-1os.. La' e· x t.·1ncron
·' j
ee dernas he111bras hun1anas haya reducido la eficiencia de la actual articula-
S' Inea se C011SUl110 1ac~ aptOX1111ada1nente ll11 1nillón de afias. ción de la cadera. A este respecto, los 111o<lernos n1achos bun1anos con aber-
~: 1 e.inba~·go, el esc:~!-1~,rt_() ___:::yolu_t_iy<:J _d_ ~~ J_ohanson y White es discutible turas pélvicas n1ás pequeíías y caderas 1nás estrechas que las he1nbras se
La pt~nci~al intcrprctac1011 altern.ativa de los datos fósiles para ef )CríOd¿ parecen n1ás a los australopitecinos que las 1nodernas hen1bras hun1anas
[ºnjpien~td~ ct~re ¿lace 4 Y 1 trnllón de afias es la defendida por fuchard (Lovejoy, 1974; Lovejoy, Heiple y Bmstein, 1973). Con todo, otras autq-
A ca:~~· ~1un ea/ ey, l?s restos clasificados por Johanson y White co~ 110 ridades insisten en que la postura de los australopitecinos difería de la de
us.1a opttJecus a ·arensts no pertenecen todos al n1isn10 taxón Leakey los hu1nanos (Jenkins, 1972). De todas forn1as, todos los australopitecinos
sosl!enc que al menos dos . b bl , ·
existían ya hace 3 ó 4 '11 y ~10 ~ ~tnent~ tres lineas de ho111ínídos poseían los n1axílares y dientes característicos de los hon1ínidos. Su arcada
la especie H , h b . . nu on~s e anos. !almea Flomo representada por dental era redondeada; sus pequefios caninos sobresalían poco o nada;
d 1.da ya en 'os 1º'''º a l/1s y la !mea del Australopithecus posiblemente divi: sus incisivos eran relativan1ente pequcfios en con1paración con sus pren10-
ia·--.-(:----------ir------ ---·-- -. . ' A · rnb tts ¡ us Y A . a¡r1ccznus.
especies · '
Lcakey considera que
r.::ak~",s,.l 97e;) R~xrnperon du;·ante varios millones de años (\l(la!ker y
antt.guo Y' d
rama.
· xan11ne1nos inas de cerca el «reparto de pa¡)eles» en este

·Los australopitecinos

Ray111S odn;Jf Dart descubrió el primer espécimen de Australopithecus en


Taung, u a nea en 1924 (fig 4 9) !' '] · 1 b · , F1G. 4.10.-I--Iuella del f;rilner hontínulo.
g ~ .· d A '. l . · · . · . ~e e quien o autizo con el no111bre La serie de huellas descubiel'tas en Lac:tolil.
enhe11co e ttstd1a o~tthecus1 que s1gn1fica «siniio del sur». Desde entonces Tanzania, pot Mary Leakey den1uestran la
Se
··Ian . encontra
h od cientos
. de d'ten tes y 1111·¡ es e¡e ¡Tag111entos de cráneos ' existencia de hoinínidos bípedos hace 1nás
max1 ares, uesos e p1er-nas pi 1· ' ' de tres 1nillo11es de años. [UPl.]
dos a los au 1 . . y es, pe vis y otras partes del cuerpo atribui-
Eran primiti~~: }p1te;1~Js. Ab_pedsar de. su. n?n1br:, no se trataba de siinios.
101111 n 1 os 1pe os, n1 s11111os. 111 hu1nanos
II
- asta 11a ; · lares y i11olares. Por otra parte, el volun1en de sus cajas craneanas es infe-
era incomple~: por:º J~: et:!ª Ju~ la l?º:tura bípeda de. los australopitecinos rior a la capacidad hu111ana. Sin e111bargo, el intento de identíficat diferentes
. Y yo11a e os libros de texto af1rn1aban c¡ue «¡1od1'a11 taxones de australopítecínos continúa bajo el signo de la controversia (Wol-
canunar con los pies pei- . . · ; - : '
. . d '¡ ,
1os ana 11s1s e a artic 1 o· ,e1an
, to1pes can11nantes b1pedos» Sin enibai·go poff, 1974b). Pronto se puso de manifiesto que algunos de los australopi-
d, ¡ d h · · ' '
tecinos eran 111ás <~robustos» -1nás grandes y pesados- y otros tnás
P itecinos estab an b"ten uadac1ond apta os
e a ca era an niostrado que los australo-
al biped1· Ad ' ] d ·
en ] t J"d d h 11 smo. emas se 1an escub1erto «gráciles» -1nás pequeííos y ligeros-. Los robustos tenían in1ponentes
a ac ua t a ue as reales de homínidos bípedos (fio 4 10) p d n1axilares y enorn1es die11tcs 111olares, gruesas crestas superciliares, así co1110
que el desarrollo de la salida pélvica (el canal del nacimie~;toi" en .las L:~o~ rebordes y cres'tas óseos destacables a lo largo de· la" parte superior y las
paredes laterales de sus cráneos a los que se fijaban los grandes n1úsculos
n1asticadores; en la variedad grácil los dientes y 1naxilares eran n1ás redu*
cidos 1 y las crestas niás pequeíías o inexisten~es (fig. 4.11). El vohunen
craneano medio de estos últin1os era de 442 c1113 , 111ientras que la media
de los robustos era de 517 cm 3 (Holloway, 197 3 ). (El volumen craneano
del moderno gorila oscila entre 420 y 752 cm 3 , y el de los humanos de
nuestros días entre 1.000 y 2.000 cm3 .) Probablemente, algunos de los
gráciles apenas pesaban 45 libras, en tanto que el peso de cíettos especí-
menes robustos tal vez rebasaba las 150 (Robinson, 1973). Según Henry
McHenry (1974), la altura media de los gráciles de Africa del Sur era de
4 pies 9 pulgadas, la de los robustos de Africa del Sur, 5 pies, y la de
F~?· ~4.9.-A1andi~u!a de nifio de Taiotf,. El los robustos de Africa Oriental, 5 pies 4 pulgadas.
p111ner Australopithecus descubierto. [f<oto de
Alun R. I-I~gl.1es, reproducida con penniso del Es probable que estas diferencias indiquen la presencia de dos especies,
profesor Ph1ll1p V. Tobias.] que han sido denominadas Australopithecus africanus (los gráciles) y Aus-
62 Inttoducción a la antropología general Los prüneros hon1ínidos 63

FrG. 4.11.-Australopitecinos. Los sapiens. Con su andar bípedo, dentición práctica1nen~e hu1nana Y. ;erebro
gráciles (izquierda) tenían maxi- del ta1naño del de los siinios, el Australopithecus afrzcanus cun1pl10 n1ara-
lares, dientes y crestas 1nás pe· villosa1nente los requisitos de un «eslabón perdido» entre sitnios y seres
queños que los robustos (<ll.:!re-
cha). [Izquierda: foto de molde hu1nanos. Pero el veterano cazador de fósiles Louis Leakey se opuso fuer-
de cráneo de australopitecino, cor· te1nente a este punto de vista, arguyendo que no había transcurr~do tie1~­
tesía de la Fundación \Xh.'nJH::r- po suficiente entre los australopit~cinos más recientes/ y la es,pec1e Ilonto
Grcn y con pcnniso de C. K.
Brain, Transvaal Muscum. !)ere· inás antigua que se conoce (es dec1r 1 I--!01110 erectus; vease capitulo 5) para
cha: Hichard Leakey, copyright que los primeros fueran antepasados de la segunda. En 1961, Leakey
Museuin Trustees of Kenya.] descubrió varios frag1nentos craneanos en el estrato I en el fondo del des-
filadero de Olduvai en el norte de Tanzania, que según él pertenecían a
un hon1ínido distint~ y tnás avanzado que cualquier australopítecíno. Final-
tralopithecus robustus. (Algunas autoridades distinguen, ade1nás, distintos
tipos de robustus y en1plean la designación Austratopithecus boisei para 1nente bautizó a este individuo (espécimen OH 7, o sea, I-íon1ínído 7 de
los del Africa oriental, reservando el tér1nino de robustus para las forn1as Olduv'ai) con el nombre de Ilomo habilis (fig. 4.12). Como la antigüedad
n1eridionales.)
liay indicios de que los robustos y los gráciles tal vez vivieran en
estrecha proximidad durante el período con1prendido entre hace 3 y 2 n1i-
llones de años al n1enos en una localidad -a saber, East J..,ake 'furkana,
Kenia (antes Lago Rudolph)- y de que coexistieron en la niís1na región
en otro lugar (Howell y Coppens, 1976). Sin embargo, con el descubri-
miento de los fósiles de Laetolil y Hadar -Australopithecus afarensis-
la teoría de que la forn1a grácil fue el antepasado de la robusta 1 está co-
bl'ando creciente aceptación. «Lucy» (fig. 4.8) sólo n1ide unos 3 pies de
alto y su dentición y otros rasgos se ase1nejan n1ucho al A. africanus. Con
arreglo a este punto de vista 1 el A. africanus fue a su vez el antepasado del
A. robustus, y estas dos especies no se solaparon durante un período de
tie1npo considerable. Su aparente coexistencia durante el período con1-
prendido entre hace 3 y 2 1níllones de años se explica con10 una indicación
del tipo de variabilidad que cabe esperar de un linaje que evoluciona con
gran rapidez.
Indudable1nente, la extinción de la línea de los australopitecinos hace
aproxitnadan1ente un inillón de años estuvo relacionada,> de una fonna
F1G. 4.12.-0I-Il. Hovto habilis,
u otra 1 con el 1nayor éxito del género F-Jon10. El Australopithecus rohustus 1 original del desfiladero de Oldu·
probablen1ente, no era mucho n1ás inteligente que los niodernos chin1pan- vai. [Cannon, Anthro-Photo.]
cés o gorilas. Su hábitat en las sabanas y llanuras coincidía con el de los
priineros n1ie1nbros del género Honio, cuya inteligencia y inodo cultural
de adaptación con1pensaban su constitución física n1cnos ünponente. Cuan~ del estrato I de Olduvai ha sido calculada por el método de desimegrac_ión
do creció la población de los descendientes del Ilomo habilis y se diversi- del potasio-argón (véase el cuadro de la p. 69) en 1)5 nullones de an?s,
ficó su gan1a de actividades, la línea de ho1nínidos con peguefios cerebros esto significaba que ni el Australopzthecus afrtcanus ni el robustus pod1.a~
llegó a su fin. considerarse antepasados del Ilomo, puesto que ellos y el H~mo habdzs
eran contemporáneos. Esta afirn1ación en favor de u~1a tercera ~1;1ea se con-
solidó cuando Richard Leakey (hijo de Mary y Lou:s) descubno los resws
Horno habilis de un cráneo notable111ente avanzado en Turkana oriental, Ken1a, con~c1do
en la actualidad por su número de catálogo: KN/vl 1470 (Museo Nacional
Varias décadas después del descubritniento original de Dart en Taung> de Kenia 1470). Este cráneo tiene o 1,6-1,9 ó 2,5 millones de ant1guedad,
la n1ayor parte de los expertos habían forn1ado la opinión de que los aus- pero su volumen (alrededor de 775 cm3) es considerablemente mayor que
tralopitecinos, en especial la variedad grácil, eran los antepasados del F!onio el de cualquier australopitecino (fig. 4.13).
64 Introducción a la antropología general Los pri1nc:ros hotnínidos 65

Sin embargo, el descubrimiento del grupo de Hadar y Laetolil ha puesto Los útiles y los homínidos del Plio-Pleistoceno
una vez 111ás en tela de juicio la creencia de la familia Leakey de que una
línea diferente de honünidos 1 distinta de la de los australopitecinos, se Las pruebas de la existencia de 2 ó 3 líneas diferentes de hon1ínidos
ren1onta a la época del Plio-Plcístoceno. Con todo, no cabe extraer ningu- que vivieron en la 1nis1na región general durante n1ás de 2 n1illones de ai1,9s
han desbaratado las concepciones ti·a<lícionales sobre las fuerzas respon-
sables de la evolución de .los seres hu1nanos. Durante algún tien1po, d~as
el dcscubrin1iento de los prüneros australopítecinos, estas fuerzas parecían
evidentes. Se pensaba que los hon1ínidos 1nás antiguos eran aniinalcs bípe-
dos, de cerebro pequeño, que habían abandonado la seguridad del bosque
para forrajear, recoger desechos y cazar en las praderas y sabanas. I~stos
ani1nales relativan1ente n1enudos, con sus caninos visible1nentc pequeüos,
se habían adaptado a su hábitat 1nediante útiles y annas fabricados. Dart,
el prin1ero que descubrió los australopitecinos, creía que fabricaban n1ti-
chas clases de instru111entos a partir de huesos, astas y dientes. '!'ras el des-
cubrüniento de útiles líticos n1uy antiguos y sin1ples (111ás de un n1illón de
años de antigüedad) en Olduvai, en J\rgelia y en yacin1ientos de Africa orien-
tal y Sudáfrica la posibilidad de que los australopitecinos fabricaran útiles
pareció ganar terreno. Sin cn1bargo, los restos fósiles de los australopiteci-
nos y los artefactos de piedra nunca aparecieron juntos en un yacin1icn10
concreto. Y los útiles de hueso, asta y dientes de Dart pronto fueron tacha-·
dos por 1nuchas autoridades de restos de alin1entos consu1nidos por carní-
voros en vez de útiles fabricados por hon1ínidos (I3raín, 1978).

FIG. 4.13.-KNM-ER 1470. Este crá-


neo tal vez tenga una antigüedad de
2,5 inillones de años; su vohunen es
superior al de los australopitecinos qut
vivieron durante esta nüsina época.
Vista frontal (arriba); perfil (abajo).
[Richard Beatty. Iv1useu1n Trusle.cs
of Kenya.]

na conclusión segura respecto a qué punto de vista es correcto. Richard


Leakey todavía espera encontrar datos que avalen la existencia de una línea
diferente de homínidos que desemboca en el Hamo habilis hace 5 millones FIG. 4.14.-Choppcr de Olduvai. Uno F1G. 4.15.~Utiles de ()1no. La antigüe-
de años. Y dado el sorprendente éxito de la familia Leakey como cazadores de los útiles básicos presumiblemente dad de estos útiles descubiertos en Omo,
fabricados por el Tlon;o habi!is. [Nicol- Etiopía, tal vez se remonte a tres 1ni-
de fósiles, los puntos de vista de Richard Leakey todavía pueden triunfar. son, Anthro-Photo.] lloncs de años. [1-I. V. lvlcrrick.]
66 Introducción a la antropología general J ,os primeros hoinínidos 67

Finaltnente, en 1959, Louis Leakey descubrió un cráneo de australo- cuando una gaviota abre una concha de alineja dejándola caer sobre una
pitecino robusto en el estrato II de Olduvai, que estaba rodeado de una roca, esta últiina no sería un útil. l)ero cuando un buitre deja caer una
vadedad de choppers (figs. 4.14 y 4.15), raederas, percutores y otros útiles piedra sobre un huevo, la piedra, que ha sido transportada, sf lo es. Aná-
líticos. Esto podría haber den1ostrado de una vez para sie1npre que los loga1nente, un chin1pancé que golpea un fruto contra una piedta no está en1~
australopitecinos eran los fabricantes de los útiles 1n<Ís antiguos si no fue- pléando un útil; pero el que golpea una piedra contra el fruto sí lo .está
ra por el hecho de que tan1bién descubrió, sinniltánea1nente los restos haciendo. Muchos anin1ales son capaces de atrastrar o levantar objetos
del primer Hamo habilis 6 pulgadas por debajo del espécimen 'robustus (y
por tanto inás antiguo que éste). De esto dedujo que el J~Jo1no habilis ha-
t enganchados a enredaderas o cuerdas. Para que estas actividades constitu-
yan uso de útiles, el propio anünal Jebe crear la conexión entre la enre-
bía fabricado los útiles y los había usado para capturar y devorar a los dadera o la cuerda y el objeto (atándolo, envolviéndolo o colgándolo).
australopitecinos. Sin einbargo, pronto se descubrieron en 'furkana Orien- I.Jos enfoques experi1nentales de la conducta 1nuestran que la n1ayor
tal y On10, Etiopía, útiles de piedra cuya antigüedad se ren1ontaba a 2 1ni- p<ll'te de los nian1íferos y las aves son lo bastante «inteligentes» con10 pata
llones de años y que, por ende, eran 111uy anteriores a los de ()Jduvai. Co1no :1prender a fabricar y en1plear útiles sencillos en condiciones de laboratorio.
estos útiles eran un n1illón de afias 111ás antiguos que los I-lonto httbilis de En condiciones naturales de libertad, la capacidad de hacer y usar útiles se
Olduvai, era bastante lógico que se les atribuyese a los australopitecinos, expresa con 1nenos frecuencia debido a que la n1ayot parte de los orga-
cuyos testos tan1bién fueron hallados en Turkana y 01110 en estratos geo- nisn1os pueden arreglárselas con gran eficiencia sin tener que recurrir a
lógicos de una antigüedad con1parable o 111ayor. Pero, una vez n1ás, con el ayudas artificiales. La selección natural les ha adaptado a su hábitat par-
hallazgo de los restos del nuevo I-Jo1no afarensis u Hanzo habilis en I-Iadar ticular dotándoles de partes son1áticas tales co1no hocicos, garras, dientes,
Y Lnetolíl, el status de los australopitecinos con10 fabricantes y usuarios de pezuñas y colinillos. Pero la selección natural ha favorecido en ocasiones
útiles ha vuelto a quedar en entredicho. el uso de útiles con10 n1odo nor111al de existencia 1 incluso entre los insectos.
J_,a opinión de Richard Leakey es que la fabricación y el c1npleo de Por eje1nplo, la avispa Annnophilia urnaria inartillea las paredes de su
útiles fueron telativa111ente -insignificantes para los australopitecinos, pero 1nadriguera con un guijarro que sujeta con sus n1andíbulas. Diversas espe-
iinportantes para el F101110 hahilis. Richard Leakey ha sugerido, ade1nás, cies de aves 111anifiestan, al parecer, una predisposición a servirse de
que el I-Jonio habilis practicaba una «econo1nfa 111ixta» en la que las he111- l1tiles co1110 con1plen1ento de sus picos. Por eje1nplo, los pinzones de las
bras recolectaban los alünentos vegetales y los n1achos cazaban y recogían
c;aJápagos cortan pequeñas ramas, que utilizan para desalojar a ciertos in-
desechos, reuniendo a1nbos sexos su botín _diario en un can1pa111ento base.
sectos de agujeros y hendeduras inaccesibles. Jane Van Lawick-Goodall
En una econon1ía de esta naturaleza los bastones de cavar y los recipientes
( 1968) ha observado cón10 los buitres egipcios ron1pían huevos de avestruz
habrían revestido mayor in1portancia que los útiles líticos. (Desgraciada-
por el sisterna de arrojat sobre ellos piedras que transportaban con sus
1nente, sólo los útiles líticos han sobrevivido a los estragos del tie111po.)
Esta teotía confiere al Hon10 habilis un estilo de vida radicaln1ente distinto picos. El Ptilonorhynchus violaceus (pájaro glorieta) pinta el interior de
del de los australopitecinos. Sin embargo, ahonda el misterio que rodea al su nido con la ayuda de una bolita de corteza sujeta entre las puntas de
desarrollo del bipedismo en los homínidos. Si éste no fue seleccionado por su pico. El en1pleo ocasional de útiles entre los 1namíferos tan1bién está
sus ventajas adaptativas respecto al uso de útiles y a las capacidades de docun1entado: los· elefantes rascan su 101110 con ran1as que sujetan con
transporte de la 1nano, ¿por qué sui-gió? la tron1pa; las nuttias 1narinas parten conchas de inoluscos a fuerza <le
golpearlas contra piedras colocadas sobre su tórax. Es muy probable que
todas las actividades que entrañan uso de útiles entre aves y n1a111íferos
Uso de útiles entre monos y simios contemporáneos dependan del aprendizaje y la socialización. Los pinzones criados en aísla-
1niento, por eje111plo, no adquieren la técnica de usar ra1nitas (Pronko,
Los datos paleontológicos y arqueológicos no den1uestran de forina 1969; Fellers y Fellers, 1976).
concluyente que los hon1fnídos 111ás antiguos usaran útiles. Pero estudios de Aunque los priinates son lo sufíciente111ente inteligentes con10 para
anin1ales actuales respaldan la conclusión de que tanto los australopitecinos fabricar y en1plear útiles, su anaton1ía y 1nodo de existencia norn1al no les
co1no el Honio afarensis (antes llan1ado Australoafarensis) u Ho1110 hahilis inducen a desarrollar extensos repertorios de uso de útiles. Entre los 1110-
fabricaron y usaron útiles. nos y sin1ios la participación de la 1nano en el uso de útiles se ve inhibida
Un útil es un objeto, no una parte del cuerpo del usuario, que éste por la in1portancia de las extre111idades delanteras en la loco1noción. A
sujeta o transporta durante o justan1ente antes de su uso, y que se e1nplea esto se debe, probablen1ente, que la conducta 1nás frecuente de uso de
para alterar Ja forn1a o localización de un segundo objeto con el que ca- útiles entre n1uchas especies diferentes de n1onos y sin1ios consista en repe-
recía de conexión previa (cf. Beck, 1973). Con arreglo a esta definición~ ler a los intrusos con una andanada de nueces, piñas, ratnas) frutos, heces
68 Introducción a la antropología general Los primeros homínidos 69
o piedras. Arrojar tales objetos sólo requiere una pérdida momentánea de con notable precisión. En condiciones semicontroladas, se les ha obser-
la capacidad de correr o trepar si amenaza el peligro. vado manejar largos palos con puntería mortífera. Un investigador (Kort-
El chimpancé es el usuario de útiles más consumado entre los primates landt, 1967) preparó un leopardo disecado cuya cabeza y cola podían mo-
que viven en libertad. Jane Van Lawick-Goodall ha estudiado durante un verse mecánicamente. Colocó al leopardo en un campo abierto habitado
largo período de tiempo la conducta de u na población de chimpancés que por chimpancés, y cuando éstos aparecieron, accionó las partes móvil~s
vivían en libertad en el Parque Nacional de Gombe, Tanzania. Uno de del leopardo. Los chimpancés atacaron al leopardo con gruesos palos, lo
sus descubrimientos más notables fue que los chimpancés «pescaban» hor- hicieron trizas y arrastraron los restos hacia los matorrales.
migas y termitas. La captura de termitas implica, en primer lugar, cortar Se sabe desde hace tiempo que los chimpancés en zoos y laboratorios
una ramita o una enredadera, podarle las hojas o ramas laterales, y des- pronto desarrollan pautas de conducta complejas que comprenden el uso
pués localizar un termitero idóneo. Los termiteros son duros como el-
cemento e impenetrables, salvo por algunas entradas de Ja galería, sólo
ligeramente tapadas. El chimpancé rasca la delgada cubierta e introduce la
METODOS DE DATACION DE FOSILES
rama. Las termitas muerden el extremo y el chimpancé la extrae, lamiendo
las termitas que se han quedado agarradas a ella. Especialmente impresio- Carbono 14 (C 14 ) .-Cierto porcentaje del carbono en el cuerpo de todo orga-
nante es el hecho de que los chimpancés primero preparen la rama y des- nismo se compone del isótopo C1 4 • Este isótopo se desintegra a una velocidad
pués la lleven en sus bocas de termitero en termitero mientras buscan una constante en un isótopo de nitrógeno. Pero la razón entre el C1 4 y el C' 2 se man-
entrada idónea a la galería. La captura de h ormigas constituye una varia- 1iene constante mientras el organismo renueva sus provisiones de C'4 al comer
ción interesante sobre este tema. Los chimpancés de Gombe pescan una y respirar. Sin embargo, cuando muere, la razón entre el C14 y el C' 2 e.mpieza a
espec~..: je hormiga conductora nómada agresiva capaz de infligir una mor- descender a una velocidad constante concretamente se reduce a la mitad cada
dedura dolorosa. Tras dar con el hormiguero subterráneo temporal de es tas 5.730 años. Conociendo la razón ent~e el C'4 y el C' 2 , se puede calcular el año
hormigas, los chimpancés fabrican un útil con u na ramita verde que intro- en que murió el organismo. Este método no es fiable más allá de 70.000 años.
ducen por la entrada del hor miguero. Cientos de feroces h ormigas trepan Potasio-argón (K1º-AR4º).-Durante las erupciones volcánicas se deposita
por ella para repeler al invasor: 11na capa de ceniza que contiene el isótopo de potasio, K40 . Este isótopo se des-
in1egra en el isótopo de argón, AR40, reduciéndose a la mitad cada 1.310 millones
El chimpancé observa su progreso, y cuando las hormigas casi han alcanzado su de años. A los fósifes hallados por debajo o por encima de las capas fechadas
mano, el útil es rápidamente retirado. En una fracción de segundo, la mano de ceniza volcánica se les puede asignar, pues, fechas superiores o inferiores.
opuesta lo recorre con rapidez... cogiendo a las hormigas en una masa revuelta l ~ste método es fiable hasta varios millones de años, pero los fósiles no siempre
l'S l!Ín convenientemente intercalados entre capas de cenizas volcánicas ( Fleming,
entre el pulgar y el índice. Después las introduce en la boca, que las espera ya
abierta, y las mastica ansiosamente (McGrew, 1977: 278). 1977 ).
Datación de huellas de fisión.- El isótopo más abundante de Uranio, lJ238,
También observó que los chimpancés confeccionaban «esponjas» para deja huellas microscópicas · cuando espontáneamente se fisiona en sustancias
absorber agua de un agujero inaccesible en un árbol. Arrancaban un puña- vflreas asociadas a la actividad volcánica. Cuanto más antiguo es el espécimen,
mnyor el número de huell~s. Como el ritmo ?e, fisi~n. es constante, todo ,1<;> que
do de hojas y las introducían en su boca, masticándolas brevemente. Des- hay que conocer es la cantidad de lJ238 que ex1st1a .ongma~me1~te en el especunen.
pués colocaban la masa de hojas en el agua, la dejaban empaparse, lleva- l·:sta se determina mediante técnicas de laboratono que implican un bombardeo
ban las hojas a sus bocas y chupaban el agua. Empleaban una esponja de neutrones. Según la riqueza en U238 del espécimen, este método puede P.ropor-
similar para lavar su piel, eliminar sustancias pegajosas y limpiar el trasero cionar fechas exactas que oscilan entre varios cientos de años y 3.000 millones
de las crías. Asimismo, los chimpancés de Gombe utilizaban palos a modo de años (Macdougall, 1976).
de palancas y útiles de cavar para abrir hormigueros arbóreos y ensanchar Datación geomagnética.- Durante la historia de la Tierra, los polos magn~-
la entrada de colmenas de abejas subterráneas. 1icos han alterado su posición de vez en cuando. Las fechas de estos «aconteci-
Otros observadores han presenciado en otras partes cómo los chimpan- mientos magnéticos» han sido calculadas ~or vari?s métodos de desintegración
cés en sus hábitats nativos muelen o martillean frutos d e piel dura, semillas de isótopos. Los minerales en estratos sed1mentanos responden a campos mag-
y nueces con palos y piedras. En el bosque Budongo, en Uganda, un néticos y apuntan a la posición de los polos magnético~ c~ando se dep<;>sitaron
chimpancé fue observado utilizando una hoja sobre una ramita como espan- y solidificaron. Así contienen un registro de los acontec1m1entos magnet1cos da-
tamoscas (Sugiyama, 1969). 1ndos que ocurrieron durante su formación.
Los chimpancés parecen estar más avanzados que otros primates en lo También se pueden utilizar otros métodos de datación y se están incorpo-
que al uso de armas y proyectiles se refiere. Arrojan piedras, heces y palos rnndo otros l'luevos todos los años.
70 Introducción a la antropología general Los primeros ho1nínidos 71

de útiles. Si se les proporciona una caja a la que puedan subirse, palos 1niteros, es harto improbable que ésta ocurra. El ingrediente ausente es la
que e1npaltnan unos con otros y bananas fuera de su alcance, rápidan1ente inforn1ación sobre captura de tennitas y horn1igas aln1acenada en los cere*
aprenden a en1pujar la caja hasta colocarla bajo las bananas, ensan1blan los bros de los chimpancés adultos. Esta inforn1ación es trans1nitida a las crías
palos, se suben a la caja y derriban las bananas. Asi1nisn10, los chin1pan- por sus 1nadres. Entre los chiinpancés de Gon1be Strea111, las crías sólo
cés cautivos e1nplean espontánean1ente palos para abrir cajas y puertas cinpiezan a capturar tennitas cuando tienen de dieciocho a veinte n1ese~·. Al
cerradas y romper la red sobre sus jaulas. Belle, una hembra de la Delrn principio su conducta es torpe e ineficaz y sólo adquieren destreza cuando
Regional Prin1ate Station, solfa li1npiar Jos dientes de su con1pafi.ero con tienen, aproxitnada1nentc, tres años. Van La\víck-Goodall presenció 1nuchos
un objeto parecido a un lápiz fabricado con una ran1ita (McGre\v v Tutin, casos de criaturas que observaban con atención a los adultos que captura-
1973). . ban tennitas. A 1nenudo, los principiantes recogían los palos abandonados
Los tipos de conducta de uso de útiles que n1anifiestan los prirnates por los adultos e intentaban hacerlo por sí solos. La captura de horn1igas,
cautivos fuera de su hábitat nativo son quizá todavía 1nás significativos con el riesgo de mordeduras, exige un tien1po de aprendizaje n1ás largo. El
que los que 1nuestran norinal1nente en su entorno natural. Para que el chin1pancé diestro inás joven tenía ya cerca de cuatro años (McGre\V,
uso de útiles se convierta en parte integral del repertorio de conducta de 1977: 282). La conclusión de que la captura de horn1igas es un rasgo cul*
un aniinal, debe contribuir a la solución de pi-oblen1as cotidianos que el tural se ve corroborada por el hecho de que los chin1pancés de otros luga-
ani1nal no puede resolver con la 1nisn1a eficiencia si recurre a las partes res no explotan a las hor1nigas conductoras, pese a que la especie se halla
de su propio cuerpo. La facilidad con que los chin1pancés y otros prin1ates n1uy extendida por todo el continente africano. Al n1isn10 tien1po, otros
an1plían su repertorio de uso de útiles fuera de su hábitat nor1nal es, así, grupos de chitnpancés explotan otras especies de horn1igas y en forn1as que
sun1a1nente significativa para evaluar el potencial para el uso de útiles entre difieren de la tradición de Go111be. Así, los chin1pancés de las niontañas
Mahali) 170 k1n al sur de Gon1be, introducen ran1itas y corteza en los
los hon1ínidos del Plio-Plcistoceno. F,s probable que no fuera necesaria una
honnigueros de hormigas arborícolas que los chin1pancés de Go1nbe ig-
reorganización radical del cerebro o un crecin1iento rápido de la inteligencia
noran (Nishida, 1973 ).
para que los ho1nfnidos a1npliasen su conducta de uso de útiles. J_,os austra- J,,,os estudios n1ás extensos sobre la cultura infn1hun1ana se han llevado
lopitecinos no necesitaban ser «Jnás inteligentes» que el chin1pancé ordi- a cabo con n1acacos japoneses. Los prin1atólogos del Instituto de Investi-
nario para en1plear habitualn1ente palos y proyectiles para repeler a los gación de Prilnates de la Universidad de Kyoto han descubierto entte las
depredadores) piedras para aplastar huesos y rasgat pieles, y bastones para n1anadas locales de 1nonos una gran variedad de costu1nbres e institucio-
arrancar rafees y tubérculos. nes basadas en el aprendizaje social. Por eje1nplo, los 1nachos de algunas
1nanadas se turnan en el cuidado de las crías n1ientras sus tnadres con1en.
l~sta vigilancia de las crías es característica sólo de las tnanadas en Taka-
La cultura infrahumana y el problema de las múltiples especies
snki-yan1a y Takahashi. Ta1nbién se han observado otras diferencias cul-
La gran novedad evolutiva que representa la cultura consiste en que las turales. Cuando los 111onos de Takasald~yan1a co1nen el fruto del árbol
«capacidades y hábitos» de los anin1ales portadores de cultura se adquieren 1uuku, o bien tiran el duro hueso de su interior, o bien lo tragan y excre-
por herencia social y no por el proceso 1nás antiguo de la herencia biológica tan en sus heces. Pero los n1onos de Arashi-yan1a ro1npcn el hueso con sus
(véase p. 123). Por «herencia social» se entiende la conforn1ación de la dientes y co1nen la pulpa del interior. Algunas nianadas consun1en 1narisco;
conducta de un ani1nal social de acuerdo con la inforn1ación aln1acenada en otras) no. Ta1nbién se han apreciado diferencias culturales en lo que se
los cerebros de los de1nás 1nien1bros de su sociedad. Tal inforinación no se refiere a las distancias características que los ani1nales inantienen entre sí
aln1acena en los genes del organisn10. (Sin e1nbatgo, hay que subrayar que 1nientras co1nen y en cuanto al orden de línea guardado por n1achos, hen1*
las respuestas culturales que se dan en Ja realidad sien1pre dependen, en bras y jóvenes cuando las manadas se desplazan por el bosque.
parte 1 de capacidades y predisposiciones genétican1ente predetett11ina<las.) Los científicos del Instituto de Investigación de Prín1ates han podido
No parece que haya ninguna específica infonnación genética responsable observar el proceso real por el que se difunden las innovaciones conduc-
de la captura de tern1itas y horn1igas entre los chín1pancés. Para que se tuales de un individuo a otro y pasan a fonnar parte de la cultura de una
produzca esta conducta, las capacidades hereditarias de aprendizaje, niani- 1nanada de un niodo independiente de la trans1nisión genética. Con objeto
pulación de objetos y ali1ncntación 01nnívora deben estar presentes en las de atraer a los monos n1ás cerca de la orilla para poderlos observar con
crías de los chünpancés. Pero estas capacidades y ptedisposíciones biológi- mayor facilidad, se colocaron batatas en la playa. Un día del año 1953, una
cas de carácter general no pueden explicar la captura de tennitas y hortni- hen1bra joven etnpezó a lavar la arena de las batatas, sun1ergiéndolas en
gas. Si sólo disponen1os de grupos de crías de chiinpancés, ra111itas y ter- un pequefio arroyo que corría por la playa. Esta conducta de lavado se
72 Introducción a la antropología general J,os pri1neros hoinínidos 73

difundió por todo el grupo y sustituyó graduahnente el hábito anterior de :1 los inachos de su ptopio grupo co1no para defender al grupo frente a los
frotar. Nueve años más tarde, del 80 al 90 por 100 de los animales lava- peligros externos.
ban sus batatas, unos en el arroyo, otros en el n1ar. Cuando se dise1ninó Así pues, los pequeños caninos de los hon1ínidos del Plio-Pleistoceno
trigo sobre la playa, los n1onos de Koshiina pasaron al principio 1no1nentos 1;¡J vez fonnen parte ele un ca1nbío fun<la111ental en las relaciones sociales
difíciles separando los granos de la arena. Muy pronto, sin e1nbargo, uno entre 1nachos y hen1bras y entre 1nachos y jóvenes. J_,a con1parabilidacl_~de
de ellos inventó un proceso pata separar la arena del trigo) y esta conducta los dientes delantctos de ho1nbres y 1nujeres se integra en la tendericia
fue adoptada por los de1nás. La solución consistió en sun1ergir el trigo en general de los hon1ínidos a no regirse por las expresiones genéticainente
el agua: el trigo flota y la arena cae al fondo (Itani, 1961; Miyadi, 1967; controladas de don1inio y subordinación que son características de nuestros
Itani y Nishimura, 1973). _ p!'in1os los póngidos. A su vez esto iinplica una conducta de n1ayor coope-
r:1ción entre 1nachos y hen1bras hon1ínidos, espccialinente por lo que se
Dada la presencia de culturas rudin1entarias entre monos y sin1ios con-
reíícre a la alin1cntación en con1ún de las crías y jóvenes. Co1no se indicó
ten1poráneos, no hay razón para negar que los australopitecinos bípedos
en el capítulo 3, los seres hun1anos son los únicos pritnates cuyos n1achos
poseyeran repertorios bastante atnplios de respuestas socíal1nente condi- ¡;astan regularn1ente una parte significativa de su energía en obtener ali-
cionadas, incluidos la confección y el uso de útiles. Sin en1bargo, no hay 1ncnfos que son consu1nidos por hen1bras y jóvenes. Los chin1pancés son
razón alguna para suponer que todos los hon1ínidos del Plio-Pleistoceno lns que n1ás se parecen a nosotros. Con10 relata \Tan La\vick-C;oodall) los
dependían por igual del aprendizaje cultural. La dependencia de diferentes t'hiinpancés se piden frecuentc1nente alin1ento unos a otros. Pero el resul-
co1nbinaciones de tradiciones culturales y prograiriación instintiva para la tado es incietto:
fabricación de útiles y las relaciones sociales puede explicar por qué varias
especies de hon1ínidos coexistieron durante el Plio-Pleístoceno. Probable- Un individuo que pide puede estirarse hasta tocar el alin1ento o los labios de su
1ncnte el fl 01no ha bilis dependió de la cultura con10 n1eJio de organizar poseedor, o puede alargar sus Jnanos hacia él (con la paln1a hacia arriba), ctni·
tiendo a veces pequeños ge1nidos ... La respuesta a estos gestos variaba según
su total existencia social n1ás que los den1ás. La dependencia cada vez los individuos afectados y la cantidad de ali1ncnto. A inenudo, el poseedor apar-
n1ayor de la cultura in1plica una dependencia inenor de la prograrnación taba bruscamente el ali1nento del inendígo o le ainenazaba ... Casi sie1npre que
genética. los chilnpancés extendían sus inanos hasta la boca del poseedor, este últi1no
acababa echando un trozo de con1ida seinitnasticada ... (1972: 1979).

Cooperación sexual, reducción de caninos y cultura l.,a práctica humana de co1npartir los ali1nentos tiene evidentes venta-
jas ndaptativas para la supervivencia del grupo en épocas de escasez crítica.
Uno de los aspectos n1ás sorprendentes de la trayectoria evolutiva de L:is hen1bras hu111anas contintían alí111entando a sus hijos 111ucho tien1po
los ho1nínidos es por qué los caninos perdieron práctica1nente toda utilidad después de haber cesado la lactancia. Y en vez de n1onopolizar los recursos
con10 arn1as o con10 elen1entos en el display de an1enaza. Una explicación disponibles los varones continúan aprovisionando a las he111bras y jóvenes
de este fenó1neno postula una especie de atrofia de los dientes delanteros de los que' depende la ~ontinuidad del grupo. ¿Por qué, cabe preguntarse,
con la progresiva dependencia de los hon1ínidos que vivían en el suelo ha de ser este sisten1a tan raro entre los prin1ates? Parte de la respuesta
respecto de útiles y atn1as artificiales. Ahora bien, ¿por qué tuvieron que estriba en que la vida social de la mayoría de las especies de prin1ates se
perder los dientes delanteros su utilidad con10 artnas sünple1ncnte porque hnlla regulada por co111plejas jerarquías de do1ninio, basadas a su vez en
se podía disponer de arn1as cultutales? Si esgrín1ir un palo podía disuadir expresiones genétican1ente deter1ninadas de do1ninio y subordinación. Esas
a los depredadores, esgriniír caninos de una pulgada de largo aun1entaría jcn1rquías 1nantienen el nivel de violencia intragrupal bajo control y facili-
el efecto. Otra posibilidad consiste en que los grandes caninos habrían entor- tan tanto la pauta de forrajear en con1ún con10 la defensa del grupo, pero
pecido la acción rotatoria de triturar y n1oler de los n1olares ho1nínidos. Sin snn incon1patibles con la práctica de con1partir y la cooperación en el apro-
einbargo) esta teoría tan1bién ha sido desacreditada por estudios que inues- visiona111iento, sobre todo cuando escasea el aliinento. Aunque todo grupo
tran có1no Jos babuinos, que disponen de grandes caninos, pueden 1nasticar hu1nano posee pautas de <lon1inio y subordinación, las jerarquías· hu1nanas
de un n1odo bastante eficaz con n1ovi1nientos rotatorios (Jungers, 1978). se basan en factores distintos del ta1naño de nuestros dientes, el peso de
Puede que la reducción del tainaño de los dientes delanteros en los nucsttos cuerpos o la ferocidad de nuestros ceños. Entre la mayor parte
hon1íni<los estuviera relacionada con una reducción general en la diferencia de los primates) los anin1ales 1nás débiles en la escala jerárquica deben ceder
de estatura, peso y fuerza entre 1nachos y hen1bras. Los babuinos 1nachos, el paso a los n1ás fuertes, las crías y los jóvenes a los adultos, las he1nbras a
pal' eje1nplo, pesan el doble que las he1nbras. Ade111ás, los prin1eros utili- los n1achos. De ahí que co1npartír el alitnento (salvo a1nan1antar a las crías)
zan sus caninos tanto para intinüdar a las hen1bras y jóvenes y subordinar sólo ocurra nonnal1nente cuando los animales n1ás débiles se ven forzados
75
74 Introducción a la antropología general Los priincros ho1nínídos

a enttegar su alünento a los n1ás fuertes. La práctica opuesta -esto es) en algún moniento ten1prano de la evolución de la naturaleza hun1a.na, la
cuando el n1ás fuerte da de n1odo regular al n1ás débil- tuvo que entrañar h,tsc genética para ín1c1a1 e inter1u1np1r la conducta ag1es1va, o bien se
un profundo ca1nbio en las glándulas endocrinas y en los circuitos neuronales petdíó totalmente, 0 bien quedó 1cleg~d~ a la insignificancia en compara"
que controlan la agresividad. A su vez esto estuvo, probablen1entc, relacio- ción con los controles socialinente adqu1r1dos. .
nado con la trasferencia del control sobre la agresividad de la conducta No es necesario recordar la ferocidad que a veces exhiben los s_~re_s
genética a la conducta basada en el aprendizaje social en algún n101nento huinanos. en sus co1nbates. Sin einbargo, nada sería n1ás e:1~a~oso que ¡ttr1-
del Plio-Pleistoceno. huir la doininación sexual hu1nana, la agresividad, el ho1n1c1~10 y la guerra
Cabe especular que el H 01110 habilis fue más lejos que los demás en :i
111 ecanistnos instintivos. Por supuesto, la ira que exper11nenta1nos en
la dirección de una reducción del diinorfisn10 sexual y de un control cultu- ciertos tipos de co1nbates es controlada por sistcn;as neurales y horn1o_na-
ral sobre las jerarquías de dominio. Esto habría per1nitido que los n1achos lcs involuntarios sin1ílares a los de todos los inan11.feros. Cuando la testos-
y hcn1bras del }íon10 habilis con1partieran el alimento entre sí y con sus terona (honnona masculina) y la adrenalina. :e hber~n en el cuerpo, e.s
hijos. Cuando los individuos subordinados tienen que entregar su ali1nento probable que se desencadenen pautas de acc1on agre~1va. Pero las .c?nd1-
a los individuos don1inantes, no se 1nolestan en traer algo consigo de sus cioncs que provocan la puesta en 1narcha de ~os inecan1sn1os de a.gres1on <l:
expediciones de recolección. l)ero si esperan recibir tanto como van a dar, nuestro cuerpo no están esttecha1nente relacionadas con un con!unto ~efi­
entonces les resulta ventajoso traer algo para los de1nás. Esta práctica de nido de situaciones sociales. Cuando un a1na de casa nortea~er1can~ sirve
co1npartir tendría un efecto de refuerzo o retroalin1entacíón positiva en el priniero a sus huéspedes en la cena y por últiino a su n1ar1do, a este no
desarrollo de los circuitos neuronales necesarios para adquirir y aln1acenar se le eriza el pelo de la nuca. El cartero qu~ suJ:e por el s~ndero de ::na
infonnación culturalinente significativa. cisa excita de tal 1uodo al perro del prop1etar1<? q_ue en1Ite un ladrido
agresivo, pero los hu1nanos que allí residen .n~, s1qu:era se preocupan .de
levantar los ojos de sus aparatos de telev1s1on. En . algunos contextos
La pérdida de controles instintivos sobre el dominio y la agresión hunH1nos n1írar fija1nente se considera grosero o peltgros_o, pero entre
niflos n1antener la niirada puede convertirse en un jt!ego inocente Y los
La mayoría de los n1an1íferos exhiben de vez en cuando una conducta novios 1nuestran su a1nor n1írándose fijatnente a los OJOS. La consulta ?el
agresiva hacia n1ie1nbros de su propio grupo social o especie. En concre- dentista es un lugar idóneo para co1nprobar el grado en que se han pe1~d1do
to, los prin1ates se entregan a muchas peleas dentro del grupo; pero, en Jos controles innatos sobre la agresividad hun1ana. La gente se s.1enta
condiciones naturales, los encuentros agresivOs dentro de las sociedades de voluntaríainente en el sillón del dentista, abre de par. en par sus 1:1axilares
rnonos y sin1íos rara vez provocan 1nuertes. En la mayor parte de las v no vacila en aguantar dolores atroces, sin dar s1qu1era :in niord1s~.~ a la
ocasiones, las relaciones ordenadas dentro de los grupos de priinates se inano ofensora. Este resultado es posible porque nuestra 1nterpretac1on ?e
mantienen no tanto mediante con1bates reales con10 1nediante displays de si una situación exige la niovilización de los niecanismos corp?1:ales d_e ira
conducta amenazadora. v agresión ha pasado casi totaln1ente bajo el control del cond1c1ona1111ento
En n1uchos pri1nates, los displays agresivos cotnptenden erizar el pelo ~:11ltural. . d · h
en la parte posterior del cuello y brazos (lo cual confiere al atacante una Una prueba nHls de la base no hereditaria de la con ucta agresiva u-
apariencia de ta1naño desco1nunal); n1ostrar los caninos; gritos o gruñidos inana la aporta nuestra capacidad, privativa de los seres hun1~nos1 de n1a·
específicos que indican una preparación para la a1nenaza o el ataque; agitar tarnos unos a otros sin que nuestras víctin1as nos hayan of:n?1do o an1ena·
ran1as, y arrojar hojas, heces u otros objetos contra el anÍinal ofensor. A zado directamente. Los verdugos, generales y ot~·os especialistas en 1nat~r
menudo, la transición de la an1enaza al ataque se pospone con signos instin- seres humanos cuinplen 1nejor sus funciones sociales cuando. matan segu.n
tivos de sun1isión: indicaciones vocales de ten1or y sun1isión, huida, desviar ~ 111 plan que cuando lo hacen en respuesta ~ en1ociones atávicas. La. rabia
la n1irada y presentar la gtupa con10 en la relación sexual. Si estas señales «instintiva)> y ciega es totalniente inco1npauble coi: la n1atanza 1na~1va dl
resultan insuficientes para ünpedir la agresión, de todas for1nas el atacante la guerra moderna. Un fusilero que tien1bla de calera no acerra::_a en e
rara vez acosa al anÍ!nal 1nás débil hasta el punto de incapacitarlo o n1a- hlanco; y son ordenadores, no la adrenalina, l_os que da~1 la senal pa.ra
tar!o. Como ha sugerido Konrad Lorenz (1966), este tipo de agresión tuvo el lanzainiento de n1isiles. No se puede recurrir a .los d1splays de ag1e-
un alto valor de supervivencia para el grupo: una vez establecido el sión y las pautas de ataque de los pri1nates para explicar la conduct~ d~ las
orden de don1inio las peleas intragrupales y el nún1ero de individuos
1 tripulaciones de los bornbarderos, que nunca ven a la g;n~e que an1qu~lan.
n1uertos o heridos se reducen al n1ínín10. La clave de este resultado con- Una consecuencia distíntiva1nentc humana de la per~1da de cont1oles
siste en que la ira agresiva se desconecta 1nedíante circuitos neuronales inna" genéticos sobre la agresividad es la incapacidad <l.e. ~a víct1n1a hu1nana. p~ra
tos cuando la víctima 1nuestra signos de sun1isión o lesión. Es evidente que influir sobre el agresor niostrando signos de su1n1s1on. Los 1nonos y s11111os
76
Introducción a la antropología general
Los primeros homínidos 77
responden automáticamente a 1 - l d d
cuando. un a~imal subordinado ~ss ~::n:szad~ p~:·o~:r; d~~~~~~~;i:~t~, Y El lugar lógico donde buscar pruebas que avalen el papel de la caza
~ohra, Echsttlla, g11i;lote.a, presenta la grupa o camina de espaldas hacia' el ag;:~ como fuente principal de subsistencia entre los homínidos del Plio-Pleisto-
· e no so o Interrumpe el at · · ceno está en sus bocas. Los mamíferos que consumen grandes cantidades
abrazar al animal subordinado E aque, sd1.n ? que me1uso puede acariciar o de carne como parte de su adaptación evolutiva básica poseen una estruc-
herido o a d . ·. n con rc1ones naturales, si un primate
Y matado 1Ae~aza o mtendta huir, es harto infrecuente que sea perseguido tura dental inequívoca : grandes caninos para perforar y desgarrar; prertio-
. , . . s1 pues, cuan o echamos la culpa del asesinato 1 lares desarrollados en forma de hojas largas y estrechas para cortai~, y
~~~Ull~i~~natohu~~~~s;v~t;t:s~~;dº: l~esvi~·tuan~o asre~to fund:m:n~ar<l:ª
el 1:
molares pequeños y estrechos. El examen de cualquier gato doméstico sólo
revelará url molar pequeño en cada cuadrante. Nada podía ser más inade-
simios no conocen nada parecido a );rs~:~.~~va evo .ut1va. ~os monos Y los cuado a las necesidades de un «simio matador» que el conjunto de 12 im-
su conducta agresiva es instintiva ,., ~l pr bloderna ~rec1samente porque-- ponentes «muelas» planas con altas coronas qoe poseen los Homo habilis,
capacidad de herir . o ema consiste en que nuestra
sólo puede ser cone!ra~a~rd al haberd rebasafo los controles instintivos,
los australopitecinos y, en menor grado, el Homo sapiens. Estos son clara-
mente los rasgos dentales de un animal con afinidades herbívoras más que
el. que los descendientes dels~~~~a habi~i~ :e c~!u~a. y a est.d se debel carnívoras.
animal más peligroso del mundo (Givens, 1975). Y n convert1 o en e Por lo demás, los estudios sobre los modernos pueblos cazadores tam-
bién ponen en duda la teoría de que la caza fuera la principal fuerza rectora
de la evolución de los primeros homínidos . Con la excepción de los esqui-
La caza y los homínidos del Plio-Pleistoceno males y otros pueblos árticos, los «cazadores» contemporáneos son cazado-
res-recolectores (en realidad, se debería decir «recolectores-cazadores»), y la
G . El. drabaturfo Robert Ardrey ha escrito un best seller titulado A/rica cantidad más importante de las calorías alimen ticias, así como la mayor par-
enes~s ~o re e t~ma de que los australopitecinos, a diferencia de todos le de las proteínas, consumidas por estas poblaciones provienen de la reco-
1
S~s ú~s1A10S~ anteriores, eran matadores armados con armas mortíferas. lección de raíces, fibras, semillas, frutos, nueces, larvas de insectos, ranas,
co~ ~ tey, (somos un «d7predador cuyo instinto natural es matar lagartos e insectos (véase capítulo 11) . Sobre la base de analogías con lo
un arma» 196 1: 316). Sm embargo, hay que señalar que el énfasis que realmente se sabe sobre el estilo de vida de los cazadores-recolectores
en la caza entre los australopitecinos 0 los H omo h b·t· contemporáneos,. es probable que la expansión más antigua de la tecnología
rod · . . a z zs no tuvo por qué
P uc1r necesariamente una naturaleza más feroz 0 sedienta de cultural de los homínidos implicara perfeccionamientos en artículos tales
la de los si ·
. m1?~ Y monos contemporáneos, la mayor parte de sangre que
los cuales como recipientes (¿bolsas de piel?) e instrumentos de excavar en vez de
bd?ptan sm d1fic~ltad dietas cárnicas. Los chimpancés, así como los ba- armas de caza. No es inconcebible que los instrumentos líticos más antiguos
umos Y otros primates, atacan y comen de vez en cuando e ueños ani- se emplearan para fabricar plantadores : ramas afiladas en un extremo para
~ales te-~:restres (Hami~t?n y Busse, 1978; McGrew y otros, f9f9).
Duran- extraer tubérculos y raíces silvestres. Al carecer de garras para excavar u
hocicos para hurgar, lqs homínidos del Plio-Pleistoceno no podían haber
b un ano, de observac~on cerca de Gelgil, Kenia, Robert Harding (197 5)
explotado esta valiosa fuente alimentaria sin útiles. Por desgracia, no es
~ servó co~o los babu111os mataron y devoraron 47 pequeños vertebrados probable que encontremos instrumentos de excavar y recipien tes que se
u. presa mas común eran las crías de gacelas y antílopes. Se sabe que e~ remon ten a las épocas del Plioceno y el Pleistoceno, puesto que la madera
d~~~~~~valo de una d~cada, .los chimpancés del Parque Nacional de Go:nbe
9
on 5 pequenos animales, en su mayor parte crías de babuinos
y la piel son perecederas. Asimismo, los australopitecinos o el Homo habilis
pudieron haber fabricado otros instrumentos de madera, tales como palos,
m?nos Y ,cerdos. salvajes (Teleki, 1973). También se ha observado a lo~ lanzas y palancas, que no han dejado huella en el registro fósil o arqueo-
chimpances ~bmiendo carne Y cazando animales terrestres en hábitats bos- lógico.
coso~ .Y semi osc?sos ~Suzuki,, 1975) . P or tanto, es casi seguro que los Actualmente, los indicios más completos concernien tes al consumo de
hf~midos del Pho-Ple1stoceno eran hasta cierto punto «cazadores». Pero carne por los homínidos del Plio-Pleistoceno provienen del estrato I de
f ~ ,cande Y la naturaleza de esta caza, así como su significado para la evo- Olduvai y de T urkana oriental. Los huesos de animales hallados en asocia-
d
~1c10?d e 1ª cultura, son problemas que, en gran medida aún están por
I uc1 ar. '
ción con ú tiles líticos dejan fuera de toda duda que algunos o todos los
homínidos más antiguos comían carne. Sin embargo, la mayor parte de los
huesos proceden de antílopes y cerdos de tamaño mediano, aunque tam-
(Y. *G~:iaTI~~~~~).de primates se atacan y matan entre sí bajo condiciones de stress bién aparecen algunos grandes animales, como jirafas, búfalos o paqui-
dermos. Nadie sabe si los fabricantes de útiles mataron a todos o algunos
de estos animales. Si efectivamente lo hicieron , se desconoce el modo en
78
Inttoducción a la antropología general l ,\\s pri1ncros ho1nínidos 79

que lo llevaron a cabo. Ninguno de los útiles son annas de caza. No hay
puntas de flecha. La interpretación 1nás plausible de los inás antiguos
yaciinientos-n1atadero en los que aparece caza inayor consiste en que los
hon1ínidos del Plio-Pleistoceno devoraban los restos de reses n1uertas aban-
H~d3r •.
donadas en sus cacerías por carnívoros o que atacaban a anünales viejos Tcndaho

o moribundos que habían quedado atrapados en el lodo (Isaac, 1~78).


George Sballer y Gordon Lowther (1969) descubrieron que, caminando
por la llanura de Serengeti, podían recoger 1nás de 500 kg de carne por

-~
se1nana de anÍinales enfern1os o reses n1uertas abandonadas en las cacerías
de leones. SUDAN
'• "º" "'"',..__,---
El indicio de caza n1ás fiable es la presencia de artefactos líticos junto a 8 $)} ~O!l /
•.· <::'l
<
gran nútnero de huesos de una o dos especies. Tales yacirnientos se pueden 1 • sn ¿ tTIOPIA

interpretar co1no prueba de antiguos ojeos o estan1pidas en las que los Murs•
formacion de/ ./ 0t;;' ~
Shungtor3 lJ
anin1ales quedaban atrapados en el fango o en callejones sin salida, circuns-

~
·1
tancia que los cazadores podían aprovechar para 1natarlos a palos o con Mursi
SUDAN
lanzas. Los yacin1íentos 1nás antiguos con estas características son el estra-
to JI de Olduvai, Olorgesailie (Kenia), y Torralba y Ambrona (Espafia). •
Sin en1bargo, todos estos yacin1ientos datan del .Pleistoceno Medio -es lleret'
decir, de hace unos 1 15 1nillones de afias o incluso inás recientes-, y por
tanto no aportan pruebas de caza durante los nüllones de años de evolución lago TurkJnJ EsU:
Koobi fora
hon1ínida en las épocas del Plio-Pleistoceno. Ade1nás 1 la interpretación de
estos yacin1ientos con10 escenas de estan1pidas provocadas o de capturas en
tran1pas no es del todo segura puesto que la acun1ulación de huesos en un
terreno pantanoso o una ciénaga podría representar un bajo nivel de dc-
ptedación durante décadas o siglos. A este respecto, es iinpoi-tante ser1alar
que 1nuchos antiguos yacin1ientos de útiles presentan pocos huesos de
anin1ales y que algunos carecen por co1npleto de ellos. Así pues, los casos
/~;· . '-· ()~~°'"' '"'"
de Olorgesailie y Olduvai tal vez no aporten sino indicios de una actividad
KENIA
cinegética esporádica e intern1itente, dependiente de la conjunción fortuita ~.,
de cazadores 1 anitnales y tra1npas naturales. En general 1 dado el carácter UGANDA

telativan1ente duradeto de los restos óseos y la caducidad de los alitnentos


vegetales, el registro arqueológico tiende a exagerar el consu1no de carne.
Gilynn Isaac ( 1971: 294) concluye que da caza rara o ninguna vez ha sido
el sostén en sentido exclusivo de la vida de los homínidos»:
1 Ruslnga
El registro a1·queológico, tal con10 es, parece encajar mejor con n1odclos de la
evolución hu1nana que acentúan las pautas de subsistencia de especcro a1nplio ~ /.ago VócroriJ

en vez de las que i111plican una depredación intensiva y voraz.

Aunque en todas las 1nodernas sociedades de cazadores y recolectores


'J: t1·
los hon1bres se especializan en la caza y las n1ujeres en la recolección, no
podemos concluir que éste fuera el caso entre los homínidos del Plio-Plcis-
l~·
Olduvai •
toceno. En la n1cdida en que el Hanzo habilis practicó una caza lin1itada 1 TANZANIA • Lactolil
tanto los varones co1no las he1nbras pudieron haber participado en ella. Y ~

no hay razón alguna para suponer que las hembras del Hamo habilis no
recogietan desechos con la 1nis1na eficacia que los n1achos. El requisito fun-
so
Millas
100
"" ¿J o ~o
Millas
81
80 Introducción a Ja antropología general Los primeros homínidos

damental para alcanzar el status de homínido avanzado no fue la división culturales, con la consiguiente disminución de la .~epende~ci.a de pau~as
sexual del trabajo entre machos cazadores y hembras recolectoras, sino genéticamente programadas o instintivas de agres1on, domm10 y relacio-
la reunión en común de los alimemos para las comidas. Todos los demás nes sociales. .
primates consumen sus alimentos en el momento mismo de su recolección. Asimismo, las comparaciones con modernos grupos humanos y pnm~~
Los homínidos, en cambio, posponen su consumo y llevan una variedad tes, nos permiten suponer que la mayor dependencia de 1~ cultura. se orir
de alimentos al campamento. En tiempos de escasez crítica, este sistema ginó ante todo en las ventajas que aportan el compartir los al un entd's
posee ciertas ventajas sobre el de consumo inmediato. Pero para que fun- entr~ varones y hembras y el aprovisionamie~to en ,c~mún ~e ~iños por lo~
cione con eficacia la práctica de posponer la gratificación y compartir los adultos de ambos sexos. Nada hay en el registro fosil que indique que set
alimentos, es necesario que el grupo dependa fuertemente de tradiciones un «simio matador» sea algo propio de la naturaleza humana: Antes bie~,
culturales que regulen y coordinen numerosos aspectos de la vida social. - el rasgo definitorio de nuestra n~turaleza es q~e so?1os e~ animal que mas
depende de tradiciones sociales para su supervivencia y bienestar.

Resumen

Este capítulo trata de la evolución de los hominoides y los homínidos


desde la época del Oligoceno (hace unos 35-25 millones de años) hasta la
del Plio-Pleistoceno (entre hace unos 5 y 1,5 millones de años). Aunque
los primeros «simios» y monos del Viejo Mundo aparecieron durante el
Oligoceno y tal vez en el Eoceno, no es posible identificar un linaje de
homínidos hasta mucho más tarde. A finales del Mioceno y principios del
P lioceno (entre hace unos 12 y 8 millones de años), había dos grandes gru-
pos de hominoides: los dryopitecinos, adaptados a hábitats boscosos, y los
ramapitecinos, adaptados a hábitats de campo abierto. Estos últimos pre-
sentan varios rasgos homínidos y sobrevivieron hasta el Plioceno (entre
hace 12 y 3 millones de años). Sin embargo, todavía no se conoce la
relación entre los hominoides del Mioceno y los primeros póngidos y
homínidos.
Los primeros homínidos definidos han sido descubiertos en Laetolil
(Tanzania) y Hadar (Etiopía). Se ha propuesto el nombre de Australopi-
thecus afarensis para este grupo, que algunos expertos consideran el ante-
pasado de todos los homínidos posteriores, incluidos el Homo habilis y los
australopitecinos. Otros expertos sostienen que los fósiles del A. afarensis
no incluyen un solo taxón y que los antepasados del Homo habilis y de
los australopitecinos ya se habían separado hace más de 4 millones de
años.
Todos estos homínidos eran totalmente bípedos, vivían en hábitats de
sabana y eran, primordialmente, vegetarianos dotados de grandes molares.
Sobre la base de analogías con el uso de útiles entre los monos y simios
contemporáneos, es probable que tanto los australopitecinos como el Homo
h.abilis fabricaran y utilizaran algunos tipos de útiles, aunque no necesa-
riamente los útiles líticos hallados en los yacimientos de mayor antigüedad.
A partir de analogías con los primates modernos, cabe inferir también que
tanto los australopitecinos como el Homo habilis disponían de tradiciones
sociales o culturas. Sin embargo, el Homo habilis, con el gran desarrollo
de su capacidad craneana, probablemente había avanzado más que los otros
homínidos hacia modos de subsistencia y de vida social basados en pautas
Capítulo 5 Los orígenes del I-lon10 sapiens 83
LOS ORIGENES DEL HOMO SAPIENS Eugene Dubois, n1édico holandés, descubrió el ptiiner espec11nen de
I-/01110 erectus en 1891, cerca de 'frinil en la isla de Java, Indonesia. Con-
sistía en un casquete craneano con gruesas crestas supercilíares y una bóve-
da craneana baja, y en un hueso de pierna parecido al del moderno I-Ion¿o
sapiens. Dubois dio a este hallazgo el nombre de Pithecanthropus erectus
1
u «hon1bre-si1nio erecto».
Al descubrimiento del Píthecanthropus I siguió el hallazgo en Java
de los Pithecanthropus II, III, IV, V, VI, VII y VIII. Todos, salvo los
Pithecanthropus IV (fig. 5.2) y V (fig. 5.3), provienen de los estratos de

Fste carítulodse ce?tra en la evolución de los hon1ínídos desde el Plio-Pleistoceno


1
~sta e pa~a o ~ec1~nte. Expone l~s datos concernientes a la extinción
fe los australo_pttec1nos y la p~stcr1or evolución del Ho;no habilis hacia Jos tipos F1G. 5.2.-Pithecanthropus IV. [Foto de
duiranc:s y
~iode1:n?s, que constituyen la única especie subespecie
e 101n1n1dos v1v1cntes el }Jonio sapiens sapiens.
molde cortesía de la Fundación \X!enncr-
e_;rcn y con penniso de su dueño,
1
CT. 1-I. R. von Kocnigs\vald.]

El Hamo erectus Trinil, que datan de hace 750.000 a 500.000 años (von Koenigswald,
1975; Philbeam y Vaisnys, 1975). El Píthecanthropus VIII, el de mayor
~ace 1,5 inillones de años, el Ho1no habzlis evolucionó hacia una uunaño de la serie, posee un volumen craneano que sobrepasa los
Jspec1e co.n n1ayor cerebro llan1ada H.on20 erectus. La diferencia niás evi- 1.029 cm3 (Sartono, 1975). Los Pithecanthropus IV y V provienen de los
ente entte el Hon10 ere~tus y los pt1n1eros hon1ínidos es su 1nayor volu- estratos geológicos de Djetis, cuya antigüedad se cifra entre 750.000 y,
men cr~neano: . una 111ed1a de 1nás de 900 c1113 en con1paración con los posiblen1ente, 2,5 1nil1ones de años.
750 c1n, ~pro~11nadan1ente 1 del Ho1no habilis y los volún1enes, considera- Fósiles muy similares a los del Pithecanthropus erectus han sido halla-
ble1nente_. inferiores, de los australopítecinos. Algunos cránei;:is de Honto dos en China, Europa y Africa. En reconocinüento del hecho de que todos
er~ctus tienen volúmenes que casi coinciden con los del l-Jo1no habilís estos especímenes son indudable1ncnte n1ien1bros del género [Jonio, se
111 les ha asignado el no1nbre de Ho1110 erectus (una descripción arbitraria, pues-
( f .1entras que los de otros son casi coincidentes con los del Honto sapien;
1g. 5.1). to que, co1no he1nos visto, el Hotno habilis era totaln1entc bípedo).

FIG. 5.1. - Cavidades craneanas. FIG. 5.3.-Pithecanthropus V. También llamado J-101110


Hon10 crectus (izquierda) y I-Jon10 1nodjokel'tensis. [Poto de molde, cortesía de la Funda-
sapiens (derecha). ción \Xlenner-Grcn y con permiso de su dueño, G. I--1. R.
von Koenigswald.]
82
84 Introducción a la antropología general Los orígenes del Horno sapiens 85

Et Horno erectus en China tice, Checoslovaquia (un fragmento de di~nte);, Vértesszollos, ~u~gría
(fragmentos de occipitales); Petralona, Grecia (craneo y cara); y Bi.lzmgs-
~l H?mo erectus en China se denominó en un principio Sinanthropus lcben (fragmentos de cráneo y dientes) y Mauer (mandíbula con dientes)
pekmenszs. Se han hallado alrededor de 14 individuos representados por en Alemania (Vlcek, 1978). Aunque los útiles líticos hall~d.os en l~ <?rot_Ee
fragmentos de cráneos y dientes en Choukoutien, cerca de Pekín; de ahí du Vallonet, en la Riviera francesa, indican que los hommidos exisuan vn
el nombre de «hombre chino de Pekín». Su volumen craneano empieza Europa hace ya un millón de años, los huesos del Hamo ere_ctus europfo
alre~edor del extre~o superior de la gama de capacidades de los pitecan- parecen datar principalmente de hace 700.000 a 400.000 anos.
tropmos de Java. Tiene por término medio aproximadamente 1.050 cen-
tíme.tros cúbicos, con un límite superior d~ 1.300 cm3 , muy ~ercano a la
media humana actual. Los huesos de la bóveda craneana son más delgados Et Horno erectus en A/rica
que l?s de los pitecantropinos de J ava; las crestas superciliares son algo
re.duc1das y el área de detrás de la sien menos comprimida. Mas otros r estos El Homo erectus ha sido hallado en tres regiones diferentes de Africa.
almean claramente a los fósiles de Choukoutien junto a los del Homo erec- En el norte, se recuperaron grandes maxilares sin mentón, antes ~tribuidos
tus de)ava y otro~ lugares: la bóveda craneana baja y alargada; las crestas al género Atlanthropus, en Ternifine, Argelia, con antigüedades estimadas en
s~perctliares prommentes; el fuerte maxilar sin mentón, y la cara prognata no más de 800.000 años. Se calcula que el volumen craneano del Hamo
(f1g. 5.4). Aunque no se ha logrado una datación exacta, existe acuerdo erectus del norte de Africa había alcanzado los 1.300 cm3 .
gene:al en que es:os fósiles no son tan antiguos como los de Java y que Durante muchos años J. T. Robinson sostuvo que una mandíbula des-
provienen del periodo comprendido entre hace 700 .000 y 300.000 años cubierta en Swartkrans y que había bautizado con el nombre de Telan-
(Aigner, 1976). thropus, era más avan;ada que los australopitecinos robustos hallados en

El Horno erectus en Europa

En lo que respecta a Europa, existen diversos yacimientos en los que


se han identificado provisionalmente los huesos del Homo erectus: Prezle-

Horno erectus de Java (macho)

Pie. 5.5.-El Homo erectus más antiguo


(KNM-37 33). Este miembro del género
f lomo, encontrado al Este de Lake Tur-
kana y datado provisionalmente en hace
1,6 millones de años, fue contemporáneo
de los australopitecinos. [De «The H o·
minids of East Turkana», de Alan Walker
FIG. 5.4.-Homo erectus. Macho & Richard Leakey, Scientific American,
de Java (arriba) y hembra de agosto, 1978. © 1978, Scienti/ic Ameri-
Horno erectus de China (hembra) Pekín (abajo). c(l11 Innc.]
86 Introducción a la antropología general Los orígenes <lcl J'1on10 sapiens 87

este lugar. Telanthropus era probablemente una antigua versión sudafricana


del Hamo erectus (Clarke, Howell y Brain, 1970), pero su datación es
dudosa.
En Africa oriental, se conoce el l-lo1no erectus por restos en Olduvai y
Turkana. El espécitnen africano 1nás antiguo que se conoce se co1npone de
una cara y cráneo de adulto bien preservados (KNM-3733) hallados al
este de Lake Turkana en 1975 (fig. 5.5). Su capacidad craneana es de FIG. 5.6.~Meganthropus. [Foto de inolde, c?ncsía
de la Fundación Wenner-Gren y con penn1so de
unos 900 .c1113 y ha sido provisional1nente datado en hace 1 ,6 n1illones su dueño, G. H. R. van Koenigs\vald.]
de años. Muestra un sorprendente parecido en todos sUs rasgos con el
Hamo erectus de Pekín. La característica n1ás espectacular de este hallazgo
es que entierra de una vez para sie1npre la teoría de que existió una sola l'ithécanthrnpus V, también llamado Homo modiokertensis (fig. 5.3).' un
especie de ho1nínídos durante el Plio-Pleistoceno, ya que ta1nbién se han cráneo infantil tan1bién hallado en los yacin1íentos javaneses de D1et1s.
recuperado varios cráneos y mandíbulas de Australopithecus robustus en l~ste espéciinen tiene un volu1nen craneano estimado en al.rededor de 601-
los mismos estratos en los que apareció el KNM-3733 (Walkerd y Leakey, 673 cm3 (Riscutia, 1975), que lo coloca dentro de la vanedad del Homo
1978). habilis. El otro contendiente es un casquete craneano y un 1nax1lar supe-
rior hallados en Lantien Shensi China, y que pueden tener una antigüe-
1 1

dad de 1 5 millones de años. Su volun1en craneano interior oscila alrededor


¿Fue Africa el jardín del Edén? de los 750-800 cm3 . Una vez más, aunque estos dos posibles Hamo habilis
no son tan antiguos como el KNM-1470 (véase fig. 4.13) ni como los
Los cazadores de fósiles sie1npre abrigan la esperanza de que sus des- cspecín1enes de Hadar y Laetolil, hay que reconoce~ ta1nbíé_n que la b.ús-
cubrimientos representarán el n1ás antiguo espécin1en de un género o de queda de fósiles de homínidos en China, India o Indonesia no ha sido
una especie concreta. Es lógico, pues, que la pregunta acerca de dónde tan intensa como en Afríca Oriental.
aparecieron el Iio1no habilis y el Hon10 erectus por prin1era vez se vea
siempre rodeada de controversias. En opinión de los Leakeys y otros que
han buscado los orígenes hu1nanos en Africa, fue en este continente donde Culturas del Horno erectus
einpezó la vida humana. Otros reivindican este título para Indonesia,
China, India o Europa, según el lugar en el que hayan realizado sus exca- Parece claro que el }-fonio erectus poseía una nia?or. capacidad para. ,la
vaciones. La solución a esta poléniica radica en datar y confinnar con conducta cultural que el [-fonio habilis o los australopitec1nos. La reducc1on
mayor precisión la identidad de algunos fósiles mal preservados o frag1nen- en el número de diferentes linajes de homínidos hacia el 1.000.000 B.P. ''
tarios. sugiere que los hon1íni4os estuvieron ~01neti?<:s a una intensa sele.cción
Richard Leakey sostiene que el Hamo habilis evolucionó hacia el I-Iomo que premió un uso de útiles niás co111ple10 y ef1c1en:~ y paut~s .d.e, subsisten-
erectus en Afríca, y no en otra parte. Niega que el Hon10 habilis o cual- cia socíaltnente adquiridas basadas en la cooperac1on, la d1v1s1on del tra-
quiera de los australopitecinos vivieran alguna vez fueta de A frica ( 197 6: bajo y la práctica de compattir .los alin1en~o.s. , .
574). Sólo después de su evolución en Africa, el }Jonio erectus c1nigró En el desfiladero de Olduvar, los deposrtos mas antiguos (estratos 1
hacia los restantes continentes del Viejo Mundo. A este punto de vista y 11) contienen una industria de útiles líticos lla1nada olduvaiense. !-{asta
se oponen Von Koenigswald y Tobias (1964). Estos mantienen que el frag- ahora se han recuperado varios cientos de útiles de los estratos I y II, la
mento de una mandíbula gigante con tres dientes y otros dos frag1nentos niayor parte de los cuales pertenecen a la categor.ía denon1ü.1ada choppers
de mandíbula denominados Meganthropus paleo¡avanicus («gigante de la (fig. 5.7). Los choppers olduvaienses fueron fabncados haciendo sa~tar a
antigua Java») han sido mal clasificados y en realidad constituyen los res- golpes dos lascas del extremo de una pieza de roca de lava del tamano de
tos de un Australopithecus robustus indonesio (fig. 5.6). Estos especíme- una pelota de tenis. Hay tan1bién toscas raederas. Y, pos1ble!11ente percuto-
nes provienen de los estratos de Djetis y pueden tener una antigüedad res de piedra. Transcurrieron alrededor de un 111111011 ~e anos ~urante los
próxiina a los 2 n1illones de años; es decir, no son tan antiguos con10 los cuales sólo se produjeron refinatnientos sin in1portanc1a que dieron lugar
prin1eros australopitecinos africanos, pero sí lo bastante co1no para sugerir a la industria llamada olduvaiense desarrollada. Probablemente, el Hamo
que la distancia entre an1bos grupos todavía se puede acortar gracias a
nuevos descubri111íentos en años venideros. En cuanto al Honio habilis 1 * B.P.: abreviatura de «before the present» -esto es, «hace x años»- aceptada
hay dos hallazgos fuera de Africa que se le asemejan. Uno de ellos es el internacionalmente (N. del T.).
88
Introducci6n a la antropología general
Los orígenes del Horno sapiens 89
habilis fue el fabricante de estos útiles, pero por las razones antes a un-
~~~as l no t~~ que dEescartar la posibilidad de que los australopitecinos fam- Durante los 500.000 años comprendidos entre hace aproximadamente
ten _ os 1c1eran. 1 olduvaiense desarrollado desapareció hace un millón 1,5 y 1 millón de años, las tradiciones olduvaiense y achelense parecen ha-
d e anos. ber coexistido en Olduvai. No disponemos de una explicación concluyente
de este fenómeno. Caben diversas posibilidades: que la olduvaiense y la
achelense fueran industrias de útiles asociadas a diferentes tipos de c~n1-
pamentos en los que los mismos grupos de Homo erectus hacían di feren~es
cosas; que representen dos culturas «tribales» diferentes de Homo erec-
l11s ; que una de ellas sea prototípica de las culturas menos desarrolladas
J e los australopitecinos y la otra de las más desarrolladas del H omo erec-
lus; o por último, que tengan su origen en el uso de diferentes ma terias
primas (Janes, 1979; Stiles, 1979 ).
Instrumentos achelenses similares a los hallados en el desfiladero de
O lduvai forman parte de una tradición de útiles de piedra muy extendida
(Feifar, 1976). Se le ha dado el nombre de la localidad francesa en la que
... f ucron identificados por primera vez. Se han hallado bifaces achelcnses a
FtG. 5.7.-Choppers olduvaienses. lo largo y ancho de un área enorme que se extiende por toda Africa, E uro-
pa nororiental, meridional y sudorienta!, Oriente Medio y el sur de Asia
hasta los estados indios de Bihar y Orissa. También aparecen esporádica-
. El hecho de que _Ja .ª~arición de una segunda tradición de útiles, deno- mente en la cultura pajitaniense de Java . Probablemente, los bifaces eran
minada achelen:e, ~o.inc1d1era .con el surgimiento del Horno erectus resulta instrumentos para varios fines que servían para romper el suelo y las raíces,
en extremo entgmattco. Sus instrumentos característicos son los bifaces: cortar ramas y desmembrar la caza. Normalmente, el utillaje achelense
cantos r?dados y/o grandes lascas trabajados por ambas caras para producir
una vanedad de puntas Y filos bien formados que servían para cortar ras-
par Y perforar. De éstos, el más típico es el hacha de mano (fig 5 8)
1
instrumento pa7a varios fines que probablemente evolucionó a par.tir del
chopper olduva1ense, aunque no necesariamente en el mismo Olduvai (M
Leakey, 1975). ·

~ientras l~s fabricantes de útiles olduvaienses simplemente modificaban Ja


c1rcunferenc1a de los cantos rodados en su esfuerzo por producir un útil lo
artesanos achelenses solían transformar por completo los cantos rodado ¡ s
fragmentos de núc_leo º. las grandes lascas de modo que, en Ja actua;lda~:
a menudo ~e~ulta 1mpos1ble determinar la clase o la forma del objeto con el
que se fabnco un hacha de mano (Butzer, 1971: 437).

PIG. 5.9.-Fabricación de 1111 bifaz. Se sostiene el núcleo con una mano y se descargan
los golpes 1, 2, 3 con un percutor de piedra sujeto en la otra. Se da la vuelta al núcleo
y se descargan los golpes 4 y 5 creando un filo cortante. El hacha de mano achelcnse
FrG. 5.8.-Hacha de mano acbete11se del des/1/adero de Olduvai. (abajo ) se hacía de esta manera. Las lascas (no mostradas en el dibujo) también se
han podido utilizar como útiles.
90
Introducción a la antropología general Los orígenes del I-Io1no sapiens ~l
con1prendía ta1nbién útiles sobre lasca in, -
1nadera, cortar carne y tend ª~ pequenos pata desbastar la Sin embargo, el Hamo erectus de Pekín parece haber dado un paso
los su bproductos naturales de ones, Y raspar pieles Tal 1
Ja f b .· . , d ·, . es . ase.as no son sino cultural todavía más itnportante que la fabricación esn1erada de instrutnen-
Lo.s desperdicios de alimentos \~\f:c10n e utiles bifaciales (fig. 5.9). tos de piedra. Las profundas capas de fragmentos de carbón vegetal y pie-
son as1n11s1no indicativos de lo . _ doi5 en los yac11n1entos achelenses zas de huesos carbonizados indican que los hon1ínídos de Choukou tien fueron
tus; huesos de elefantes, cabal~o~re~~~:~s og~os. culturnles del Homo erec- de los primeros en dominar el uso del fuego. La variedad de animales
feros aparecen con cierta frecuen~· p. bs bt va1es y otros grandes inamí- hallados y el uso de fuego invalidan la teoría de que los grupos de Hamo
males fueron n1atados con lan· ~ª· I~{ a f1nente, algunos de estos ani- erectus orientales estaban culturalmente 111ás retrasados que sus conte111po-
En Clacton, Essex (Inglatena)zªla e macera 1echas con útiles sobre lasca. ráneos occidentales que en1pleaban bifaces. Las técnicas de caza mediante
de tejo de 300.000 años d ' ... ~a1~e delantera de una lanza de madera fuego o trampas, las lanzas endurecidas al fuego, los artefactos de asta y
tecida al fuego es la evide e ~nt1g~e a ! cuya punta pudo haber sido endÚ- hueso y otras tecnologías relativamente avanzadas no se reflejan forzosa-
se parece a un~ lanza co1n1p1f~~ 111das antd1gua dde tales lanzas. Este fragn1ento mente en el inventarío de titiles líticos. Ade1nás, hay algunos yacünientos
d urec¡.d a a1 f uego que fue 1all ad e maL era . d e 1argo en-
h . e te¡·o de 8 pies europeos con la n1isn1a antigüedad que tienen un con1plejo sin1ilar de
de un tipo de elefante extü~to a a en .. ~ ringe~) c!avada entre las costillas choppers y lascas. Así, en Vértesszi:illos (cerca de Budapest), Hungría, hay
hacia el 125.000 B p Tambº' que vdv10.en Sajoma, Alemania Occidental millares de núcleos de choppers y lascas, indicios del uso primitivo del fue-
<lera de pino hallada~ en elen ~ua~· a cierta sen1ejanza con piezas de Ina~ go y fragtnentos craneanos de Hon10 erectus, pero ningún bifaz.
comparable a la del espécime~adm1Ce1l1to de (TBorralba, cuya antigüedad es
E Ch l . e acton utzer 1971)
n
h~ber cazado grandes man1íferos l.
oucout1en (cerca de p l º) l .· ' ·
<t~ 1 e . Ho111~ erectus ta1nbién parece Consecuencias culturales de la caza mayor
b~sonte, caballo, rinoceronte el~fa~u1 os 1eJ~os inclu?en huesos de ciervo,
b1faces están claramente au;ent e,Colso,l 11e1:a y tigre. Ahora bien los La inferencia de que el Honto erectus era un cazador de grandes anima-
P a1·t e de1 este y sudeste de A . es Len ~ 1ou , . ' as1' co1no en 1a n1ayor
··1 (Outren '
les 1nás regular y diestro que los Ho1no habilis o los australopitecinos se
n1arcan en una tradición d s1i. os uu hs hticos de Choukoutien se en- ve avalada por datos de distinta procedencia. Co1no .se ha señalado antes,
(fig. 5.10). Sólo tras la a aric~ón ª:J°]s y e oppers toscos e improvisados en yaciinientos como Olorgesailie, en Kenia; 1'erra An1ata, en Francia, y
y el Sudeste asiático útile; el . _, e. ,Ho1110 sap1e11s se encuentran en China rforralba y A1nbrona, en España, las grandes acu111ulaciones de huesos de
e e¡ecucion con1parable a los achelcnscs.
una sola especie sugieren la práctica de acorralamientos y ojeos. Ade111ás,
la presencia de depósitos de anin1ales cada vez n1ás nu1nerosos y concentra-
dos asociada a relatívan1cnte pocos útiles es indicativa de prácticas inás efi-
cientes para obtener carne. Por lo de1nás, el dominio del fuego haría más
eficientes los ojeos y acorrala1nientos, y habría pennitido la fabricación
de lanzas de madera endurecidas al fuego. Finalmente, el nivel de artesanía
n1aterialízado en los artefactos líticos achelenses sugiere que un utillaje de
caza eficiente, con10 bolas, 1nazas de n1adeta, redes, cuerdas, tran1pas y
hoyos ocultos, estaba al alcance de la competencia tecnológica del Ho;no
erectus.
Muchos antropólogos estiman que el probable aumento de la caza tuvo
· 1(111,' ""~~-~r.)":C,f;:, . un efecto profundo y específico en la organización de la vida social del

~l\~j:~~ii
I-101no erectt-ts. Al cazar grandes man1íferos, los grupos locales no podrían
ya desplazarse como una unidad a la 1nanera de las manadas de n1onos
cuando ra1nonean o recolectan bayas, frutos y otros alin1entos vegetales.

~.~:''.:~
Los niños son un estorbo para los cazadores) que deben moverse velozn1en-
te para acechat y perseguir a grandes ani1nales capaces de asestar heridas

"""'"~~· --':'2'.=:--: ~
mortales.
,,, ~--...._::::;..----- Entre los modernos pueblos cazadores y recolectores, los hon1bres son
invariable1nente los que se encargan de la caza 111ayor. La cacería tiene lugar
FrG, 5.10.-Utiles de niveles de Sinanthropus de la cueva de Choukoutie11. lejos de la «base residencial» o can1pa1nento. Norn1aln1ente, la presa es
desn1embrada in situ y, si es 1nuy grande, se lla1na a las 1nujeres y niños
92 Los orígenes del I-Io1no sapiens
Introducción a la antropología general 93

para ayudar a transportar la carga al can1pan1ento. En vez de aco1npañar al control inasculino·de la tec~ología cí~egética y bélica tuvieran su origen
a los hon1bres en la caza, las inujcres y Jos niños se dedican a buscar ali- en tien1pos relativa1nente tec1entes (vease cap. 12).
n1entos vegetales, larvas, insectos y pequefios anin1ales. 1'odos los grupos
conten1poráneos de cazadotes n1uestran esta división del trabajo (aunque
las actividades de recolección de las n1ujeres son n1ás intensas en las regio- El Homo sapiens arcaico
nes ttopicales y tc1npladas que en el Artico). I)or tanto, se supone que los
grupos de cazadores y recolectores de Honio erectus debieron organiza-tse D d l ace 500 000 años sólo una especie de hon1ínidos ha vivido en
de forn1a sin1ilat o, al inenos, que fueron seleccionados pern1anente1nente la Tierra. '' ·
es e Gradualn1ente '
se produjo · ·, e¡e¡ .H-· 01~10 .erectus
una trans1c1on · ..al
según su capacidad para otganizarse de esta inanera. Es 1nás, a n1enudo se priiner Flonto sapiens, y de éste a la 1noderna subespe_c1e, !~~nto sapzen~
supone que el problen1a de organización y co111unicación planteado por 1; sapiens, a la cual todos nosotros pertenecen1os. Es_ta trans1c1~)'? ,con~luyo
prolongada ausencia de los varones durante las expediciones de ca:;;a habría hace unos 35.000 años. J_,a variedad de I-Jon10 saptens que _v1v10 du1ante
conducido a una selección favorable a la previsión inteligente y perfeccio- · la transición del flonto erectus al l-Ion10 sapiens se denon11na I-Jonto sa-
nado la conducta lingüística, ya que el disponer de un conjunto con1partido piens arcaico.
de expectativas y proyectos explícitos habría simplificado las idas y venidas
de los co1npafieros de catnpamento.
Este intento de proyectar la organización social y los roles sexuales de El Hon10 sapiens arcaico africano
los pueblos cazadores conte1nporáneos sobre la población de Ho1110 erec-
tus que vivió hace 1.000.000-500.000 afios debe enjuiciarse con una bue- Durante el JJeríodo inicial de la invesugac1on ?ntropológíca sobr_e lo_s
na dosis de·escepticisn10. No hay absoluta1nente ninguna prueba directa de orígenes del Ho; 110 sapiens, los estudios fueron rcah~ado: en su 11~1;1 ~1 !)ª
1"
que los varones se encargaran exclusiva o principa1n1ente de la caza n1ayor; te por científicos eutopeos a los que resultaba 111as, co1nodo tla ~¡a1_ en
tan1poco las hay de que sólo las n1ujeres cuidaran de los niños. Por razo- Europa que en otras partes. Con10 consc.cucncia, el nu111ero ~Ie espec1111ene~
nes fisiológicas, cabe esperar que las 111ujetes con un en1barazo avanzado fósiles europeos del Fion'?O sapiens arcaico es n1ucho 1nayo1 que el .dd
l~s
o que an1an1antan a criaturas recién nacidas lin1iten su aportación econón1ica de cualquier otra región. Con10 señala Buet~ne1:-Ja1:~sch, ~st~ ha p10 uc_ij
a actividades relativa1nente sedentarias en Ia proxin1idad del can1pan1ento 0l¿;
d n iniagen sesgada del ptoceso de sap1entJzac1on: «Eu1opa no _es e
y no fue el centro de los principales acontecin1ientos, en partic_ular
]~~ ;,rincipales
11
o base residencial. Sin en1bargo, en otros n101nentos las inadres no tendrían
n1ayor dificultad para participar en expediciones de largo recorrido. Pre- acontecimientos de transición, de la evolución de lo:/''~f'~­
cisa1nente, se ha observado este tipo de desplazan1iento entre los chi1npan- tes y los humanos» (197.3: 258). Aunque los hallazgos p:ocedentes e , !l-
cés, en los que el grado de participación de las he1nbras en grupos hetero- ea y Asia no son tan abundantes con10 los de Europa, si_ los. ha? ,en nun1e-
ro suficiente conio para sugerir que los procesos de sap1~nttzac1011 se des-
sexuales de recolección depende de que estén en1barazadas o an1an1antando
arrollaron de forina paralela y cronológican1ente coordu:ad~ en _tod~ el
a crías (J. K. Brown, 1970; Williams, 1971; Van den Berghe, 1972; Wi- · M U11(¡O. E. 11 todas
lliams, 1973). Por lo demás, se dispone de elementos de juicio cada vez
V.IeJO ~ ·partes ' el Fíon10 erectus evoluc10110
· J hacia
J tipos
··
árcaicos de sapiens, a.lgunos de los cuales se_ asen1e¡a1: n1uc 10 a os. tipos
más nun1erosos de que en algunos grupos conte1nporáneos de cazadores y arcaicos de Europa y Oriente Medio) y estos tipos continuaron evolucionan-
recolectores el rol de «tnujer cazadora» no es insignificante (Marren, 1.973; do hacia poblaciones modernas. ¡
Lcacock, 1973). No existe ningún in1perativo biológico que restrinja por E n Af ·
· Trca, e¡es de el Sahar··i
' ' hasta
' el cabo de
. Buena .Esperanza,
·¿ . as
naturaleza la caza n1ayor a los varones. Una base residencial habitada ex- poblaciones de }Jonio erectus fueron o estaban siendo sustitu1 as p_o1 P_º~
clusivan1ente por n1ujeres y niños no es teórica1nente n1ás adaptativa que blaciones de IIonio sapiens arcaicos en_ fecl_1as cuando ine_n?.s dtad ~en1p1as
un ca1npan1ento habitado por rnujeres lactantes, niños y varones que nas conio en Europa. Las anteriores est1n1ac1ones de la an~1gue a e e t~po,
relativainente prin1itivos tales co1no el «h~n1bre rhodes1an~», u~ ~rane~
0
aguardan Ja vuelta de las partidas de caza integradas por hon1bres y n1uje-
res. La selección favorable a los lazos sociales, la conducta planificadora de robusto con baja coronilla y una capacidad crane,ana e l. c1~1
cooperación y la con1petencia lingüística habría sido igual de intensa si, (fi . 5.11), y el «hombre de Saldanha», un contemporaneo de. aspectoª'.ºº
ade1n;ls de los varones, ta1nbién las hen1btas hubieran participado en Ja g
inenos b ru t a¡ !1 'allaclo
<
a' 90 millas
'
del cabo de Buena- Espernnza,
bl · habian
caza. El hecho de que éstos controlen las annas de caza y guerra en todos sugerido que todavía vivían en Afríca hace 30.000 anos .P?~ ac1ones_ ape-
los grupos hun1anos contemporáneos conocidos no respalda la creencia nas diferentes del Honio erectus (Coon, 1962). Esta op1111on es. casi con
de que esto también sucediera en las poblaciones de Hamo erectus. Hay seguridad inexacta. Aunque siguen sin conocerse las fechas pr:cis~s, una
que considerar la posibilidad de que las creencias y prácticas asociadas reeva l uac1on
· ' d e ]os datos 1·elativos a los artefactos y la fauna rnchca que
94 Introducción a la antropología general J .os orígenes del !-lomo sapiens 95

Java tiene gruesas crestas superciliares 1 frente inclinada, capacidad cra-


;,eana pequeña ( 1.100 cm3 ) y antigüedades calculadas en 7 5 .000 afias
(fig, 5.12),

FJG. 5.12.-f-Ion10 soloensis. l101no sapien.1


arcaico de Ngandong, Java. [Foto de n10J-
FrG. 5.11.-«l-lontbre de Rho- de. cortesía de la Fundación \\!enner-Gren
desia». [Dirección del Iv1usr.:o y con pernúso de su dueño, G. ll. R. von
Británico - Ilistoria Natural.] Kocnigs\vald.]

las poblaciones rhodesianas y saldanhienses vlV!eron hace más de 125.000 .l2n la Cueva Superior de Choukoutien aparecieron variedades locales de
ª?os (Klein, 1973). Aden1ás, saben1os hoy en día que sapiens arcaicos vi- l lon10 sapiens sclpiens hace unos 25.000 años. Uno de los I-Ionto sapiens
vieron en las regiones de Omo y Afar en Etiopía hacia el 12.5.000 B.P. .l'rl/JÍens 1nás antiguos del inundo proviene del Sudeste asiático. Se ha hallado
(Butzer, 1971: 444; Conroy y otros, 1978). 1111 cráneo plena1ncnte 111oderno, con una antigüedad según el Carbono 14
Al igual que en Europa y en Oriente Medio, las poblaciones de Homo de 35.000 años, en la Cueva de Niah, en la isla de Borneo. Está claro,
s~piens arcaicos ptobable1nente vivieron en Africa en el período con1pren- pues 1 que el proceso de sapientízación se desarrolló de forn1a sincrónic~ a
d1do entre el 150.000 y el 40.000 B.P. Se han hallado fósiles con orandes lo largo y ancho de toda l~urasia y Africa y que ningún continente o región
cerebros pero cejas bajas en Jebe! Ighoud, M~uruecos, con una ant~üedad avanzó hacia el stitus de Ilonio sapiens sapiens con n1ás rapidez que otro.
de 43.000 afias, Hava Fteh en Cirenaica, Libia (40.000 B.P.), y Florisbad, c:ierta1nente, diferencias con10 las que existen son de esperar en una es-
estado libre de Orange (44.000 B.P.). No se dispone de elementos de juicio pecie que se había distribuido tan cxtensan1ente por el globo y que estaba
que respalden la opinión de que el desarrollo del JI amo sapiens atcaico adaptándose a una variedad tan grande de hábitats.
africano n1archara con retraso; de que los sapiens arcaicos subsistieran n1ás
tie1np~ en ~fr~c~ g~1e en otras ,partes; ni de que el flonio sapiens sapiens
apatcc1era s1gn1ficanva1nente 1nas tarde en Afríca que en otras partes. Res- J.;l Hon10 sapiens arcaico ·en Europa y Oriente lviedio
tos de Hon10 sapiens sapiens plena1nente n1odernos han sido datados en
En Eu1opa los fósiles n1ás anttguos de Hon20 .saptens arcaicos datan
hace 23.000 afias en Singa, Sudán. La bahía de Nelson, 300 millas al
de hace unos 250.000 aii.os Son: S1oansc<J?nbe (fig. 5 13), en Inglaterra,
este de la Ciudad del Cabo, estuvo ocupada por generaciones de cazadores
Y recolectores físican1ente 1nodernos 18.000 años antes de que los prín1eros
colonos europeos llegaran a Sudáfrica.

El Horno sapiens arcaico en Asia

En Asia, Ilonto sapiens arcaicos 1 sin1ilares en n1uchos aspectos a los de


Europa y Africa, empiezan a aparecer en el registro fósil en niveles n1ás
o tnenos ~onte1nporáneos. El más antiguo tal vez se halla en Mapa, K\van-
tung (Chma). Los fragmentos de ctáneo de Mapa, datados en hace unos
1.25.000 años, apuntan a un individuo robusto 1 con bajas cejas y una capa- FIG. 5.13.-Swanscornbe. [Dirección del
CJdad craneana dentro de la gama moderna. La población de «Solo» de Museo Británico - llistoria Natural.]
97
J,o::. orígenes del II01no sapiens
96 Introducción a la antropología general

y Steinheint (fig. 5.14), en Ale1nania. Estos fósiles fragn1entarios parecen


haber tenido capacidades craneanas dentro de la ga1na de los sapiens, pero
su bóveda craneana y el grosor de sus huesos sugieren un estadio intern1e-
dio entre el !-lanzo erectus y el Ilonto sapiens.
Se han hallado en Europa n1uchos otros restos de I-Ionzo sapiens arc:ii-
co con antigüedades comprendidas entre el 250.000 y el 150.000 B.P. Se
ha encontrado un grupo de fósiles prin1itivos en I~rancia en la cueva
Arago (cerca de Tautevel), La Chaisc (cerca de Charente), Le Lezaret (cer-
ca de Niza), Montmaurin, Orgnac-l'Aven y le Rafette. Entre el 150.000 y
el 75.000 B.P., otras poblaciones de !101110 sapiens arcaicos vivieron ..en '·'
~\_"j_ - - --·- Aamus
Fontéchevede, Malarnaud y Monsen1pron 1 en Francia; EhringsdorC en
Ale1nania; Saccopastore y Quinzano, en Italia; Ganovce) en Checoslova-
/
quia; Bañolas, en España; y Krapina, en Yugoslavia. Menciono todas estas
localidades para dar alguna idea de la complejidad de la tarea que debe
afrontar el antropólogo físico al intentar clasificar estas poblaciones en ta-
xones n1ás o n1enos dírectainentc ancestrales del 1noderno Ilo1120 sctpiens
sapiens (de Lumley y de Lumley, 197 4 ).

FIG. 5.15.-Neander~al clásic_o, (arriba) r


J1o 1no sapiens (aba¡q). Adv1ertase como
F1c. 5.14.-Steinheún. Fonna i1ücnnc> el tercer molar del neandertal se halla por
dia entre Ilon10 erectus y neandcrtal. delante del ramus. Este rasgo tal vez. re-
fleje un énfasis en mascar pieles de an1ma-
ks. [W. W. Howells, 1973.]
Enue el 75.000 y el 40.000 B.P. vivió en Europa y Oriente Medio un
grupo de I-1.onio sapiens arcaicos llan1ados neandcrtales. I~l prirner nean-
dcrtal fue descubierto en J 856 en el Neander-Tal (Valle de Nc;rnJcr), Moustier y La Chapelle-a.ux-Saínts, en Francia; y Monte Circero, en Italia
Ale1nania ,., . L.os neandertales tienden a ser n1arcadan1cntc prognatos con (fig. 5.16). l
gruesas crestas superciliares, 1naxi.lares robustos y· sin n1cntón y bajas Uno de los diagnósticos 1nás iinportantes de los neandertalcs es a
cejas que recuerdan al I!rnno erectus. Sin en1bargo, su capacidad cr<lneana posición inarcadal.T1e~te adelantada de su dentadu1a en co1npa1ac1ón tanto
n1cdía (1500 cin 3) era, sorprendenten1ente, superior a Ja de la 1nayor parte con anteriores poblaciones arcaicas europeas co1no c.on el 1nod:rno flon10
de los liorna sapiens sapiens (fig. 5.15). Se han realizado hallazgos en sapiens sapiens. En los neandertales, la hilera de dientes con11enza dos o
muchas localidades lü11ítrofes a los glaciares que cubrían el norte de Euro- tres centítnetros más hacía adelante de la parte ascendente (ran1us) de la
pa durante el Pleistoceno Superior; poi- ejen1plo, en Spy, Bélgica; Le inandíbula que en el Fionto erectus o en el I-f.onto s~piens sapiens__(I-Io-
wells, 1975). Se ha sugerido que este rasgo puede refle1ar una sele;cron de
·1< «En 1864, cuando King introdujo el taxón Ho1no net1nderthalensis, la ortografía

del non1bre vulgar seguía la ortografía aleinana aceptada. 'Thal', que significa valle, 1naxílares útiles para inasticar pieles de anÍlnales y para otras actividades
se escribía con una 'h' que no se pronunciaba. l\!Iás tarde se modificó el uso estable- industriales propias de climas fríos. Todas las au raridades están de acuerdo
cido y desapareció la 'h' n1uda en palabras tales con10 'thal', 'thor', etc. Así, hombre en que los neandertaloides de Europa eran 1níe1nbros . del género I-1 on20,
de Neandertal debería escribirse sin la 'h', aunque, según el código internacional, el pero algunos continúan clasificándolos co1no una especie separada: Hon10
taxón flo1no 11eanderthalensis debe continuar escribiéndose como se propuso por pri- neanderthalensis. El consenso que parece estar surgiendo es que todos los
mera vez. Puesto que los hablantes ingleses tienden a pronunciar la 'h', es de esperar ncandertales «clásicos» pertenecen a una subespecie arcaica llatnada 1-101no
que en futuras discusiones sobre Jos neandertaJes.. se escriba el término sin ella»
sapiens neanderthalensis.
(Mann y Trinkaus, 1974: 188).
98 Introducción a la antropología general Los orígenes del Hon10 sapiens 99

Una razón controvertida para seguir dudando de que los neandertales CN CN


deban considerarse como Ho1no sapiens consiste en que, al igual que el
f!o1no erectus, sus largas y bajas bóvedas craneanas y su prognatismo fa-
cial tal vez estén asociados con una incapacidad parcial para e1nitir sonidos
humanos, Philip Lieberman y sus colaboradores han mostrado que el con-
ducto vocal humano posee una capacidad única para producir ciertos soni- F ·-
dos vocales y consonantes en función del dilatado tamaño de nuestra farin-
ge: la caja de resonancia de nuestras gargantas entre las cuerdas vocales y
la parte posterior de la boca (Lieberman, Crelin y Klatt, 1972), Por ejem-
plo1 el tama?o comparativa1nente pequeño de la faringe de los chimpancés
parece explicar por qué bernos podido enseñarles a comunicarse con
no;otros 1nediante el lenguaje de los signos, pero no mediante palabras
(vease p, 462), El conducto vocal de los neandertales se asemeja mucho cv cv

CN

~~il!.--- co
;/¡T--l

F1G. 5.17.-Paso del afre por el


aparato fonador en chimpancé (a~ri­
ba izquierda), neandertal (arnba
derecha) y humano (abajo), (F=fa-
ringe· CN=cavidad nasal; L=len-
FrG. 5.16. - J\leandertal de gua; 'A=abertura de .la laringe a
Monte Circeo. la faringe; CV = cuerdas vocales;
CO=cavidad oral.) cv

al de los chimpancés (fig. 5.17), Esta semejanza está relacionada con el


cuello corto y el prognatismo de los neandertales. Lieberman concluye que otros expertos ponen en tela de juicio la validez de las técnicas e1npleadas
sólo con la aparición del cráneo totalmente redondeado y el prognatismo por Lieberman para reconstruir el conducto vocal de los neandertales
reducido del moderno Homo sapiens sapiens, el conducto vocal de los (Carlisle y Siegel, 1974; Lieberman y Crelin, 1974; Mann y Trinkaus,
homínidos alcanzó la forma necesaria para emitir sonidos tales como [i], 1974; Lieberman, 1978),
[u] o [a], que son componentes esenciales en todas las lenguas hu1nanas. Según algunas autoridades, los neandertales, pese a su gran capacidad
Esta teoría reviste un especial atractivo, puesto que explica por qué Ja craneana) no pertenecían al linaje que desembocó en el Hamo sapiens
fonna del cráneo hu1nano continuó 1nodificándose, pasando del cráneo lar- sapiens sino que constituían una especie local o subespecie adaptada a se-
1

go, bajo y abultado de los neandertales al cráneo compacto y globular del veros hábitats glaciares que se extinguió entre el 50,000 y el 40.000 B.P
1noderno Hanzo sapiens sapiens1 pese a que los neandertales ya nos habían De acuerdo con otras opiniones, los neandertales clásicos fueron extern1i-
alcanzado o sobrepasado en cuanto a la capacidad craneana. Con todo, nados por el Homo sapiens sapiens, el cual se expandió a Europa desde el
100 Introducción a la antropología general
Los orígenes del I·Io1no sapiens 101
Oriente Medio durante un intervalo cálido de la últin1a glaciación conti-
nental. Pero incluso si se produjo esta catástrofe (para los neandertalcs),
parece poco probable que los neandcrtales no hayan aportado algunos de
sus genes a sus sustitutos n1ás 1nodcrnos (Saban, 1977).
No hay duda de que los neandertales desarrollaron peculiares especia-
lidades anató1nicas adaptadas al frío. Pero durante los cientos de n1íles de
años de su existencia, inigracíones, n1ovin1íentos y contran1ovi111ientos de-
bieron provocar, una y otra vez, flujos de genes con poblaciones distintas.
Los neandertales eran cazadores de grandes ina1níferos n1igratorios en un
n1edío a111biente son1etido a tre111enclas variaciones ecológicas locales. E.s
difícil írnaginarles aislados durante el ticn1po suficiente con10 para produ- Fic. 5.19.-Mandíbula de Ta-
cir una única especie consanguínea. Parece n1ucho 111ás probable que evolu- ln111. Un ncandcrtal de transi-
cionaran hacia tipos hun1anos inodernos con10 consecuencia del flujo de ción encontrado en lvlonte Car-
mclo, [Dirección del 1VIuseo
genes y la selección natural. ]~ritánico · I1istoría Natural.]

del Monte Carmelo llamada Skhul. Los fósiles de Skhul, cuya antigüedad
se calcula en 36.000 aí'íos, son casi indiscernibles del 1noderno Hanzo sa-
picns sapiens (fig. 5.20).
l~studios que indican una transición gradual entre los neandertales euro-
peos y sus inodernos descendientes se han ido acu111ulando en los últünos

F1G. 5.18.-l\1eandertal de Sha-


nidar. Descansa en el suelo de
la cueva e111potrado todavía en
la matriz. [Ralph S. Solecki.]

Respaldan este punto de vista datos procedentes de yac1m1entos de


Iraq e Israel. En la cueva de Shanidar, Iraq) se han recuperado varios fósi-
les de neandcrtales, datados por el carbono 14 en hace 47 .000 afias o más
de antigüedad (fig. 5 .18). Algunos de los especímenes de Shanidar son
similares a los neandertales europeos (Solccki, 1971). Unos 5.000 afias
n1ás tarde y a sólo 600 millas de distancia, vivió en la cueva de Tabun en
el Monte Cannelo, Israel, una mujer que difícíln1ente podía haber «pasa-
do» por neandertal (fig. 5.19). Tenía un cráneo bajo y gruesas y continuas !·"IG. 520.-'--l\1eandertal de Skhut.
crestas supercíliares, pero era considerable111ente n1enos robusta que su pre-
decesor de Shanidar. Otro yacimiento n1ás o menos conten1poráneo en
Israel, Amud, cerca del Mar de Galilea, parece haber estado habitado por ;ul.os. En Yugoslavia, por ejen1plo, se ha logrado <lernostrar el alto grado de
poblaciones muy similares al neandertal de Tabun (Suzuki y Takai, 1970). variedad que presenta una serie de fósiles neandertales de Krapína, los cua-
La fase final del proceso de sapientizacíón puede observarse en otra cueva les 111anifiestan notables sen1ejanzas tanto con las poblaciones inodernas de
Croacia como con los neandertales (Jelinek, 1969). Es más, nuevos estudios
102 Introduccíón a la antropología general Los orígenes del Hoino sapiens 103

RELACION CRONOLOGICA DE LOS PRINCIPALES FOSILES DE HOMIN!DOS llll i'I 1 ISTOCENO


EUROPA SUDESTE ASIATICO ASIA ORIENTAL /\! UJCA ORIENTAL SUDAFRICA AFRICA ORIENTE
... \' ETIOPIA DEL NORTE MEDIO
Mi!foncs Glaciaciones Estratos Estratos fósiles
Fósiles y cuevas Cuevas Fósiles J 'l!.llO~ Glaciaciones Mil!ones
de años B. P. europeas fósiles Fósiles europeas de años B. P.
fi,;ilcs Fósiles Cuevas Fósiles Fósiles Fósiles
-'·~

0,010 Cálido 0,010


.~
0,035 8.o Frío Cro-Magnon
Cueva
H. sapie11s M/1/fr
Singa Jebd Sklrnl 0,35
~ Superior
o Cueva H. Ighoud Amud

.º~
de Niah sapiens sapie11s l-lavah Tabun
0,050 Cálido
0,050
Ftch Shanidar
¡;;
0,075 Frío Ncandcrtalcs Solo
(H. sapfr11s arcaico) Würm 0,075
clásicos
1
0,125 ~ Cálido II. sapie11s Mapa
(H. saph'ns aff;lk· 0,125
arcaicos

0,145 Frío Afar·Om0·Kibish Riss 0,145


y de Rhodcsia
1 (//. sapíe11s arcaico)
Stcinheim Saldanha
0,300 Cálido {H. sapie11s arcaico)
Swanscombc 0,300
o Cueva Inferior
]
0,400 :,¡ Frío Vértcsszüllüs
oo Choukouticn Si11a11throf,1J1 Mindcl * 0,400
o ~ (H. erect111)
Bi!zingslcbcn
0,700
8
.~ Cálido
Mauer
t
o
Trinil
Pitbecanthropus
1, JI, III, Vl, IV OH 12 At/a111brop11s Hazorea 0,700
¡;;" VII, VIII (H. erectus) (H. ertctus) (H. erectus/
Prczlcticc '
o (H. erect11s)
1 Frío
" '"
:J
lll
(H.
OH9
erec/11s)
Günz * 1

1,3 Cálido (,)


11 (A. robustus) 1,3
Calabrensc
- '
1,75 Fdo 1 Lantian OH 7 Tcfa111hrop11s
1 1 Kromdraai (/-l. ercctus) Donau '' 1,75
(H. erectus ?) {H. habilir)
1 Swartkrans
a 1
2 ." Cálido Dictis Pithecanthropus V A11stra/opi1hec11s
~
¡ rob11s1us 2
(modjokcrtcnsis) KNM 3733
ee Vi!lafrand1cnse (H. erec/11s)
Pi!beca11throp11s IV ru1kana
2,5 ~ Frío
Mega11tbrop11s l >1 i(·ntal KNM 1470 2,5
:o (H. babi/is?)
·o
¡;;
A11stra/o.
' i !11111 l.a,·wlil A11stra/opitbec11s
Stcrkfontcin
Makapansgat pitbec11s
africa1111s
3

l l.ulou afarensis

4 e 4

5
-~
¡;;
5
.•>
'" «Estos términos son tan polémicos que ... deberían dejar de emplearse» (Butzer, 1971: 23).
104 Introducción a la antropología general Los orígenes del Ho1no sapiens 105

sobre diversos in~ivíduos de tipo neandertal y sobre flon10 sapiens sapiens proceso general de sapientización cuyo resultado es la aparición de cráneos
europeos. tan a~t1g\los con10 los de Croniagnon han revelado que algunas de tan1año constanten1ente inayor y forn1a paulatinan1ente 1nás globular. La
de sus diferencias habían sido exageradas (Mann y Trinkaus, 197 4). principal fuerza evolutiva que operó a lo largo de este período fue una
selección favorable al incre1nento de la capacidad cultural que se expi:.esa
en una inteligencia y facilidad lingüística crecientes. No saben1os cuándo se
Una especie, un mundo hablaron las priineras lenguas, pero se dispone de ciertos elc1nentos de'.jui-
cio, basados en hechos anatón1ícos) que sugieren que el aparato verbal hu-
I-Ioy en día. se ~a~e con certeza qu~ el pro~eso de sapientización operó n1ano no se perfeccionó hasta que la transición al Ilonto sapiens sapíens
de u1:a, fonna s~ncro~11ca en toda Euras1a y Afr1ca y que ningún continente estaba ya muy avanzada.
o r~eg10~ avanzo h.ac1a. el .s,tatus de Honio sapiens sapiens con 1nás rapídez- La fecha en que aparece el Honio sapíens sapiens no varía 1nás que
que ot10 .. La sap1ent1zac1on fue a la vez resultado y causa de la 1nayor unos cuantos n1íles de años en las distintas regiones del Viejo Mundo en
dependencia de Ja cultura con10 fuente de innovaciones adaptativas. En las que se desarrolló el proceso de sapientízación. En opinión de a·lgunos
todas partes, y símultánea1nente, los seres hu1nanos fueron seleccionados expertos, el I-Io1no sapiens arcaico, con10) por ejen1plo, el flon10 sapiens
por su capacidad . para vivir como anín1ales culturales, lo cual in1plica 11ea11derthalensis, evolucionó directan1ente hacia el I-101110 sapiens sapiens.
que fuero~ s~le~~;o17ados segL:n sus capacidades cerebral y vocal y su Otros consideran que especies o subcspecies co1no los neandertalcs o los
con1petenc1~ l~ngu1suca. Aden1as, cuanto 1nayor era la dependencia de la tipos rhodcsiano, omoense o soloense co111prendcn poblaciones especializa-
cultura, 1nas 11nportante resultaba que los grupos to1nasen contacto con das y aisladas de carácter divergente que se extinguieron sin contribuir al
grupos vecinos a fin de sacar partido de las innovaciones en el acervo pool génico del l-íonto sapiens sapiens. Sin en1bargo, todos coinciden en
total de adaptaci~n.e,s culturales. Entre los n1ecanisn1os culturálcs para fo- que hace 35.000 años sólo sobrevivió en el n1undo una especie de ho1níni-
1nentar la trans1n1s1on de la cultura tal vez se incluyese alouna fonna de dos y que) desde un punto de vista biológico, ninguna población hu1nana
~xoganúa .º intercan1bio sisten1ático de cónyuges entre grup;s locales. I~ste contcn1poránca se puede considerar 1nás o inenos hun1ana que otra.
intercambio habría estünulado el flujo de genes así con10 la difusión de
rasgos culturales, y explicaría las uniforn1idades destacables a nivel conti-
nental en los tipos de útiles y en las especies fósiles .
.~n la actualidad, sólo hay una especie humana, y no existe ninguna
reg1on del mundo habitada por hon1ínidos cuya naturaleza sea inenos hu-
mana que la del resto.

Resumen

Los hon1ínidos del Plio-Pleistoceno fueron ree1nplazados por homíni-


dos de cerebros pogresiva1nente n1ás grandes y 1nayor destreza cultural. El
flo?;º erectus, el más pri1nitivo de estos hon1ínidos, habitó una vasta
regr?~ que co1nprendía el continente africano, la mayor parte de la Eurasia
me:·1d1onal e Indonesia. Dio origen a una tecnología de útiles líticos carac-
t~1:izada po.r las tradiciones de bifaces y el hacha de mano achelense, apren-
d10 a do1111nar el fuego y a cazar grandes animales. Los expertos no han
llegado ~ un acuerdo en lo que respecta a su lugar de origen, y es posible
qu~ hub1eta un desarrollo paralelo en Africa y la Eurasia meridional. Des-
pues del 500.000 B.P., el Hamo erectus evolucionó hacia formas arcaicas
de Honi? sapiens. ~esulta in1posible precisar el lugar y fecha exactos en
qu~ surgieron los primeros [{onza sapiens, ya que las forn1as arcaicas n1ás
antiguas ?uardan una estrecha semejanza con el Honio erectus. Según pare-
ce, ademas, hubo desarrollos paralelos a lo largo y ancho del Viejo Mundo
en Europa. Asia, Africa e Indonesia. De ahí que se pueda hablar de un
Capítulo 6 Los orígenes de las variaciones raciales 107

LOS ORIGENES DE LAS VARIACIONES RACIALES ración con grupos hu111anos vecinos. Este concepto no precisa cuánto tiein-
po ha durado el aislamiento reproductor ni cuántos genes tienen frecuen-
cias distintivas. Sin ernbargo, el térn1ino raza se halla tan atraigado en el
discurso antropológico tradicional que resulta difícil analizar la varias:ión
hereditaria humana sin emplearlo.

Frecuencias frente a arquetipos

La definición de raza con10 una población en la que aparecen uno o


1nás genes con una frecuencia detenninada pone en tela de juicio las nocio·
nes populares, aceptadas en otro tíe1npo por la ciencia, sobre las divisiones
raciales del FI01no sapiens. Según la concepción tradicional, el Ho1110 sa-
piens se componía de un nú1nero fijo de razas, cuya identidad se podía
descubrir niediante técnicas de medición y con1paración adecuadas. Se supo·
nía que las niis1nas razas existentes en la actualidad habían existido en el
pasado, tal vez desde el inicio niis1no de la evolución de los hon1Ínidos.
Es tnás, se pensaba que todo auténtico inien1bro de una raza poseía un con·
junto específico de caracteres hereditarios que pern1Ítirían identificar en
Este capítulo pone punto final al exa1nen de la evolución de los hon1ínídos, todo mon1ento su origen racial.
ccnttándosc en las variaciones biológicas hereditarias o poliinor/isn1os que Estos caracteres tradicionales definidores de la raza consistían en carac-
caracterizan a las diferentes poblaciones de I-lon10 sapiens sapiens en el n1undo. terísticas externas fácihnente observables, tales como la coloración de la
Estas variaciones son la fuente de los conceptos, tanto científicos con10 piel, cabello y ojos; la forma del cabello; la cantidad de vello en el cuerpo,
populares, de raza. ¿Cóino se originaron estas variaciones y cuál es su cara y cabeza; el grosor de los labios y la forma de la nariz; la estatura y
significado biológico? .
n1asa corporal) etcétera.
La existencia de varias razas de ámbito continental se puede inferir a
Las razas como poblaciones partir de la presencia de «paquetes» de estos caracteres. Así, los europeos
tienen una alta frecuencia de piel pálida, cabello lacio u ondulado, mucho
En las taxono1nías biológicas, una raza denota una población geográfí~ vello en el cuerpo, nariz de anchura estrecha a inedia, y estatura media o
camente aislada dentro de una especie que ha tenido poco o ningún flujo alta. Entre los nativos· del Africa central la piel es inorena oscura o negra;
de genes con otras poblaciones durante un largo período de tiempo. Tal la fotma de su cabello es rizada y tiesa, y la cantidad de vello corporal
población se puede considetar con10 una especie incipiente. Si continuara inedia; los labios )' la nariz son relativan1ente gruesos, y la estatura vatía
su aisla111iento co1110 unidad reproductora, y si estuviera so111etida a pre· de inedia a alta. Un tercer «paquete» de caracteres aparece con alta fre-
siones selectivas no halladas en otras partes, con el tie111po podría ttansfor- cuencia entre los asiáticos orientales. Aquí la inayor parte de la gente tiene
marse en una especie divergente. piel de pálida a morena clara, cabello negro lacio, estatura de baja a media
Las modernas poblaciones hu1nanas no poseen el grado de aíslan1iento y caras relativamente carentes de vello.
reproductor que iinplica la categoría taxonó1nica de raza. En los 1nárgenes En cuanto tér1ninos no científicos, las razas continentales pueden cum-
de todos los continentes habitados hay considerables indicios de un anti- plir fines sociales útiles. Pero quienes usen estos términos o equivalentes,
guo y moderno flujo de genes. De ahí que, estrictamente hablando, el térmi- co1no blanco, negro o an1arillo, deberían ser conscientes de sus deficiencias
no de raza no debería aplicarse a ningún grupo huníano conten1poráneo co1no taxones científicos. Estas deficiencias co111prenden ( 1) desconocünien·
(Montagu, 1934; Fried, 1968). Al hablar de las variaciones en las frecuen-
to de la variabilidad dentro de la raza; (2) omisión del gran número de
cia? génicas que caracterizan a diferentes grupos de individuos, sería pre·
personas que no encajan en las divisiones raciales tradicionales; (3) énfasis
fenble emplear la palabra población. Una población humana es cualquier
grupo de personas cuyos mie1nbros se cruzan con una frecuencia más que excesivo en el grado de aislamiento de las razas (o) lo que es lo mis1110, des·
aleatoria y que muestran diferencias en las frecuencias génicas por compa· conocitniento de la naturaleza gradual de sus divisiones), y ( 4) desconocí·
tniento de los rasgos genéticos cuya distribución no se conforma .a la de
106
108 Introducción a la antropología general Los orígenes de las variaciones raciales 109

los caracteres ttadicionaln1ente usados para atribuir identidades raciales. Uno de los defectos n1ás patentes de las categorías raciales tradicionales
Estos puntos se discuten en los siguientes apartados. consiste en que no se pueden aplicar a los cien tos ele n1illones de personas
alíe no viven en I~uropa, Africa central o Asia oriental. l~~n 1492, la n1itad
de la población del mundo estaba distribuida por el norte de Africa, Af_rica
Variaciones dentro de las poblaciones 1netídional, Oriente Medio, Europa oriental y Asia occidental, India y
Ceilán, Indonesia, Nueva Guinea, Micronesia, l)olinesia, Australia )1 el
Uno de los conceptos erróneos n1ás frecuentes sobre la raza es el de Nuevo lvlundo. Con la posible excepción de los an1ericanos nativos, resul-
que existen individuos de «pura sangre», i11ás representativos que otros de taría in1posible asignar n1uestras aleatorias de individuos procedentes de
la «esencia» o tipo racial. Por ejen1plo, hay una tendencia a considerar estas regiones a una raza europea, africana o asiática.
a los europeos de pelo rizado 1 labios gruesos y piel oscuta con10 híbridos .. En todas estas i-egíones viven gentes con «paquetes» de caracteres que
o n1enos genuinan1cnte europeos que los de piel y ojos claros. Pero para no figuran en los estereotipos populares. Por ejcn1plo, en el norte <le
tener validez científica las razas deben fundan1entarse no en caracteres de Africa viven 1nillones de personas con finos labios, nariz delgada y cabello
individuos, sino de poblaciones. Todo individuo cuyos genes fonnan parte ondulado, pero piel de n1orena oscura a negra. Los habitantes nativos del
del pool génico de una población es niien1bro de la n1isn1a. Cuando se dice Africa n1eridional tienen pliegues epicánticos, piel de n1orena clara a 1norena
que el cabello de los europeos varía de lacio a ondulado, no hay que oscura, y cabello en forn1a de espiral apretada. En la India habitan niíllo-
olvidar que el de n1uchos nüe1nbtos de la población reproductora europea
ncs ele individuos con cabello lacio u ondulado, piel de nJorena oscura a
es bastante rizado. Análogan1ente, un pequeño porcentaje de europeos tie-
negra, labios finos y nariz delgada. I~n las estepas de Asia central, los plie-
nen pliegues epicánticos -pliegues de piel que cubren el ángulo interior
gues epicánticos se con1binan con cabello ondulado, ojos claros, n1ucho
del ojo-, que son n1ás frecuentes entre los asiáticos. Los europeos que
1níden n1enos de 1,50 n1etros no son nienos europeos que los que n1iden vello en el cuerpo y la cara, 1nanchas 1nongóJicas y piel pálida. En Indo-
2 n1etros. IguaJ1nente, tanto los pign1eos n1buti de Ituri, con su 1,40 1ne- nesia hay una alta frecuencia de pliegues epicánticos, piel de clara a n1orena
tros de altura, coino los \Vatusi, c_¡ue alcanzan los 2 nietros, son africanos. oscura cabello ondulado nariz v labios gruesos. Entre los habitantes de las
Je
1

Si se ignora a los individuos que no se ajustan a los caracteres externos que islas Oceanía encont ran1os 'co1nbinaciones variadas de piel de n1otena
se suponen propios de un «africano típico», se viola el concepto de raza a negra, con forn1as y cantidades n1uy diversas de cabello y rasgos faciales.
co1no población. l,os genes de todos los individuos en el pool génico de la Uno de los «páquetes» de caracteres n1ás interesantes se halla entre los
población tienen el n1ísn10 peso al detern1inar las frecuencias génicas de Ja aínas del norte del Japón, que tienen piel clara, gruesas crestas supcrciliares
1nisn1a. y figuran entre las gentes n1ás velludas del n1undo. Finaln1ente, en Australia
Debido a la enor1ne variación dentro de las poblaciones continentales, encontran1os un color de la piel de n1oreno pálido a n1orcno oscuro y cabello
los antropólogos físicos dividen a veces estas grandes unidades en subgru- ondulado de rubio a n1oreno.
pos. Así, se han propuesto algunos esquen1as para dividir a los europeos El absurdo de trat.ar de agrupar todas las poblaciones bajo el modelo
en bálticos, nórdicos, alpinos, dináricos y 1nediterráneos. Si se añaden sub- de tres o cuatro categorías raciales queda bien ilustrado por el sisten1a de
grupos sin1ilares de todo el inundo, se obtienen clasificaciones con decenas identidad racial einpleado actualn1ente en los Estados Unidos. T~n la taxo~
o incluso centenares de grupos. Pero dentro de todos estos subgrupos, ras~ non1ía popular an1ericana, si uno de los padres es «negro» y el otro «bl.an-
gos con10 la forn1a del cabello, el color de la piel y la estatura experiinen- CO», el hijo es «negro» pese al hecho de que, según las leyes de la genéuca,
tan grandes variaciones. Incluso si considera1nos cada una de las aproxüna- la 1nitad de los genes del niño provienen del genitor blanco y la otra n1itad
da1nente 2.000 «tribus» que han sido estudiadas por los etnógrafos con10 del negro. La práctica de agrupar a la gente en casillas raciales se vuelve
«razas», será in1posible encontrar individuos que representen al tipo incluso inás absurda cuando la ascendencia negra se reduce a un solo bisa-
auténtico o puro de sus grupos (IIiernaux, 1969). buelo o abuelo. Esto da lugar al fenó1neno del «blanco» que es socíaln1ente
clasificado con10 «negro». La arbitrariedad de esta práctica se extiende a
niuchos estudios, aparenten1ente científicos, sobre «negros» y «blancos».
Categorías raciales La n1ayor parte de los negros an1ericanos han recibido una parte significa-
tiva de sus genes de recientes antepasados europeos. Cuando se estudian
Pese a la variabilidad interna de las poblaciones continentales, norn1al- n1uestras de negros a1nericanos (con10 en los test de inteligencia; véase
n1ente resulta fácil identificar a los individuos nacidos en Europa, Africa capítulo 26), es incorrecto el supuesto de que genétican1ente representan a
central o Asia. No sucede así, sin en1bargo, con las restantes regiones los africanos. En esta cuestión los científicos y los profanos harían bien en
del mundo. e1nular a los brasilefios, quienes identifican los tipos raciales no n1edíantc
1
Los orígenes de las variaciones raciales 111
110 Introducción a la antropología general

tres o cuatro tér1ninos, sino mediante 300 ó 400 (M. Harris, 1970; Mein·
tel, 1978).

Clinas

Los genes responsables de las diferencias en el color de la piel, forma


del cabello y otros caracteres utilizados para definir las categorías raciales
no se distribu~1en al azar en el globo. Norn1aln1ente, aparecen con ftecuen·
cia gradualn1ente creciente o decreciente de una población a otra. 1'ales dis· ..
tribuciones se denon1inan clinas. Por ejcn1plo, la frecuencia de los genes
responsables del color oscuro de la piel crece gradualtnente cuando nos
desplazamos desde el sur de la Europa mediterránea a lo largo del Nilo o
a través del Sahara hasta Africa central. No hay rupturas bruscas en punto
alguno del recorrido. Asin1is1no, la incidencia de los pliegues epicánticos
aun1enta graduahnente del oeste al este a través de Asia, n1ientras que la
frecuencia del cabello ondulado se incre1nenta en dirección opuesta, hacía
Europa.
Para el 1noderno antropólogo físico la existencia de estas clinas ha de rrccuoncias de B

i
entenderse no sitnple1nente con10 resultado <le la «tnczcla racial» (que es manos de O, 10
un cjen1p]o de flujo de genes), sino en térn1inos de todas las fuerzas de la 0.10·0,20
evolución. La deriva de genes, la 1nutación y la selección natural desen1pe- 0.20·0.30

Frecuencias de A.
,.
i:roctienciils de O
menos de 0.50

1
0.50·0,60
m'"°' do o. W 0,60·0,70
0,10·0.20 l
0.70·0,80
0.20·0,30
0,80·0,90
; 0.30·0.40
0,90·1,00
más de 0,40
112 Introducción a la antropología general Los orígenes de las variaciones raciales 113

ñan un papel tan importante como el del flujo de genes. Además, cada OISTRIBUCION DE LA
dina debe ser tratada por separado y puede tener su propia explicación MALARIA DE P. FALCIPARUM ,..
1 N EL VIEJO MUNDO
diferente de las demás.

Los grupos sanguíneos y la raza

La distribución de la mayor parte de los alelos entrecorta las divisiones


raciales tradicionales. A este respecto son del máximo interés los alelos que
controlan las reacciones inmunoquímicas de la sangre . En un tiempo se
pensó que estos alelos eran la mejor fuente posible para una clasificación
genética de las razas. A diferencia de caracteres tales como el color de la
piel o la forma del cabello, el mecanismo genético preciso para la herencia
de los grupos sanguíneos se conoce bien, y en todo el mundo se han realiza-
do millares de estudios controlados sobre grupos sanguíneos. La serie mejor
conocida es el sistema ABO, que se basa en tres alelos, A, B y O, en un
mismo locus. Todos los seres humanos tienen un genotipo que los coloca
en el fe notipo del grupo sanguíneo A, B, AB o en el de O. (Pasaremos
por alto la complejidad de los subtipos que en cualquier caso hacen toda-
vía más irregular la distribución. ) La relación entre alelos y fenotipos es la
siguiente:

Fenotipo del grupo


Genotipó
sanguíneo
OISTRIBUCION DEL
CARACTER DE LA ANEMIA
00 o DE CELULAS FALCIFORMES

AO A
AA A
BO B
BB B
AB AB

El alelo O tiene la distribución más extensa, estando presente en todos


los continentes y entrecortando todas las divisiones raciales (véase mapas
pp. 110-111). Aparece con una frecuencia del 70-80 por 100 en Escocia,
Africa central, Siberia y Australia. Análogamente, el tipo A hace también
caso omiso de las fronteras raciales tradicionales. Africa, India, la China
septentrional y meridional tienen frecuencias del 10-20 por 100, mientras Frecuencia
que Japón, Escocia y gran parte de la Australia aborigen entran en el grupo

ii
<0.01 60
del 20-29 por 100 . Los asiáticos tienen frecuencias del tipo B que oscilan 0.01-0.os
entre el 10 y el .30 por 100; sin embargo, los americanos nativos cuyos 0,05·0,20
antepasados eran asiáticos oscilan entre O y 5 por 100, frecuencia que com- > 0.20
114 Introducción a la antropología general Los orígenes de las variaciones raciales 115

parten con los aborígenes australianos. El Africa occidental y la Europa Otro polimorfismo interesante es la capacidad de degustar la sustancia
oriental tienen frecuencias del tipo B que oscilan, aproximadan1ente entre1 amarga llamada feniltiocarbamida o PTC. Los degustadores tienen el alelo
el 15 y el 20 por 100. Distribuciones similares, que tampoco se ajustan a doniinante T 1nientras que los no degustadores son ho1noc1gotos para el
las divisiones raciales, son características de otros siste1nas sanguíneos con10 alelo recesivo t. La frecuencia de t oscila entre un 60 por 100 entre .los
MNS y Rh (cf. Hulse, 1973; Kelso, 1974), aunque se puede obtener indios y un 10 por 100 entre los americanos nativo~. Una posibl~ expl~e,a­
cierto grado de e1npareja1níento utilizando la técnica deno1ninada análisis ción puede estar en el hecho de que el boe10, producido por una disfunc10n
multivariado (Cavalli-Sforza y Edwards, 1965; Stern, 1973: 319). de la glándula tiroides, es más frecuente entre .los no degustadores que
entre los degustadores. El PTC se asemeja quín11camente a c:ertas sustan-
1
cias que inhiben la función del tiroides. De ahí que la capacidad para de-
La explicación de Jos polimorfismos humanos gustar el PTC co1no sustancia a1narga pueda estar relac1~nada con la
capacidad para detectar algunos ali1nentos que afectan negauvan1ente a la
Se esti1na que hasta un 30 por 100 de todos los loci tienen uno o más función del tiroides (Cavalli-Sforza y Bodmer, 1971: 215).
alelos. Las variaciones resultantes en los genotipos y fenotipos se deno1ni- La deficiencia de lactasa constituye tatnbién otro polünorf~smo. La. ca-
nan polin1orfísn1os. Las ideas tradicionales sobre la raza contribuyen tnuy pacidad de digerir leche depende de la capacidad de producir b enzuna
poco a la con1prensión de por qué se producen estos poliinorfis1nos y por denominada lactasa que descompone la comple¡a lactosa del azucar de la
qué se distribuyen de una fonna desigual de una población a otra. Por leche en azúcares niás simples. La n1ayor parte de los n1an1íferos adultos,
cjen1plo 1 se dispone de cle1nentos de juicio que indican que la serie ABO incluida la mayoría de Hamo sapiens, pierd.e esta capacidad al alcanzar la
se encuentra relacionada con diferentes resistencias a cnfern1edades capaces pubertad o la madurez, y sufre graves ind1g~st1ones cu~ndo in.g1ere gran
de afectar al éxito reproductor, co1no la viruela, la peste bubónica y el cantidad de leche sin fermentar. Cabe presu1n1r que esta incapac1.da~ ~osee
envencnan1iento de alín1entos por bacterias tóxicas. ('l'ainbién hay cone- valor de adaptación, puesto que impide la con1petencía entre .1nd1v1duos
xiones con la úlcera de duodeno y el cáncer de cstón1ago, pero estas cnfer- maduros y niños por la leche 1naterna. Sin e1nbar?o en poblaciones ~uya
1

1nedades se producen den1asiado tarde en la vida con10 para afectar al éxito subsistencia depende de la ingestión de gran cantidad .de leche de ongen
reproductor.) Por ello, la explicación del polin1orfisn10 del tipo sanguíneo aniinal se da una 1nayor incidencia del alelo que pet1nlte a los adultos se-
tal vez deba buscarse 1nás en la historia de las exposiciones transitorias de guir p;oduciendo lactasa. Se cree que la Ílnportancia. de los productos l?c-
diferentes poblaciones a diferentes enfern1edades que en Ja esencia duradera teos y el consun10 de leche entre las antiguas poblaciones eu~·opeas explica
de una estirpe racial. el hecho de que un alto ·porcentaje de personas de ascendencia europea sea
Uno de los casos más interesantes de politnorfismo es el alelo respon- suficiente en lactasa (Harrison, 1955).
sable de la enfermedad que se conoce por el nombre de anemia de células
falciformes. Los glóbulos rojos de las personas aquejadas de este defecto
congénito tienen forn1a de hoz en vez de ser redondas y no pueden trans- Antigüedad de las razas. actuales
portar las cantidades norinales de oxígeno. Un individuo es víctin1a de este
defecto, potcncialinente letal, sólo cuando an1bos padres son portadores del Antaño los científicos creían que las razas que venias en l~, actualidad
alelo de la falcemia. Los individuos que han heredado el alelo de uno de existieron en el pasado. Esta idea se puede ren1ontar a los btolog?s pre-
los p~dres sólo 1nuestran sínto1nas benignos. El alelo de la falcen1ia se dar\vinianos) quienes pensaban que las cspecie.s no estab~~1 relacrona?as
observó por prin1era vez entre africanos y a1nericanos de ascendencia afri- entre sí y que cada especie tenía su naturaleza inmutable ~i¡ada por Dios.
cana. Sus frecuencias 1nás altas, alrededor del 20 por 100, acaecen en el Aunque ningún antropólogo propone que los ta~o~es racial.es sean abso-
Africa central, pero se descubrió que tan1bién estaba presente en Grecia, lutainente inmutables, sin embargo 1 algunos contlnuan. aduciendo que las
Turquía, Ye1nen 1 India y Birinania. En cada uno de estos países el alelo de principales razas de la humanidad existían ya hace cientos de 1111les de
la falccn1ia aparece con niás frecuencia en zonas de 1nalaria endén1ica años (Coon, 1962: 658).
(véase mapas p. 113). Se descubrió que individuos que presentan el alelo El principal defecto de este punto de vista es que nuestro concepw
deletéreo en su fonna heterocigota n1uestran un alto grado de resistencia a de raza moderna se basa principaln1ente en caracteres externos y superfi~1a­
esta enfern1edad. En áreas de inalaría endén1íca, el alelo en forrna hetero- les tales como el color de la piel, forma del cabello, color de los OJO'.,
cigota protege a 1nás individuos contra la 1nuerte provocada por esta enfer- etcétera. Estos no dejan huellas en los cráneos y huesos fósiles que co~stl­
1nedad que los que n1ata en su fonna homocigota con10 consecuencia de la tuyen la única fuente de nuestro conocimiento ~obre ~l Ho:no sap!e1:s
anetnia. Así 1 parece probable que la selección natural sea responsable de la arcaico. Por tanto, nadie sabe qué gan1a total de diferencias rac~ales ex1st1a
distribución de tal carácter. hace 50.000 años. Las iinágenes n1odernas de los caracteres raciales no de-
116 Intro<lucción a la antropología general Los orígenes de las variaciones raciales !17

ben proyectarse sobre nuesttos antepasados ren1otos. Probable1nentei la Se han estudiado las distribuciones de algunos de los caracteres racia-
n1ayor patte de nuestros antepasados no fueron ni negros, ni blancos, ni les 1nás in1portantes en busca de las claves ~e su posible significación ad~p­
asiátícos, ni nada que nos resulte fan1ilíar. tativa. 1-Iasta ahora los resultados han siclo poco concluyentes. \lanas
El concepto de raza con10 subespecie capaz de durar n1ilenios incalcu- estudios interesantes han relacionado las diferencias raciales con la te1nps:-
lables se ve de nuevo contradicho si se consideran las causas del poli111orfis- ratura la hu1nedad y otros factores clin1atológicos. l)or ejen1plo) la nariz
n10 aniinal. Con10 acaba1nos de ver, los nlisn1os procesos que rigen la evo- larga ~ estrecha de los europeos pudo tener su origen en la necesidad He
lución biológica en general probablcn1ente intervienen en el cstablecin1iento
de algunas de las frecuencias génicas de las que dependen las distinciones
raciales hu1nanas. En los grupos aislados parcial o ten1poral111ente, los re-
pertorios genéticos están sujetos a presiones selectivas locales. La frecucn- ..

G
cia de los genes adaptativos au111enta en tanto que disn1ínuye la de los ina-
daptativos. l)or consiguiente) cuando se eli111inan las barreras reproducti-
vas y se incten1enta el flujo de genes, puede que las frecuencias de los
alelos adaptativos no can1bien en absoluto. Por ejen1plo) supongnn1os que
un grupo con baja frecuencia de células falciforn1es se desplaza hacia un . "'
Volumen "" 65 pies cúbicos L......:
área de n1alaria endén1ica en la que viven individuos con una alta frecuencia Area superficial '·"' 79 pies cuadrados
de alelos portadores de la falcen1ia. Después ele varias generaciones (predeci- Volumen ""' 67 pies cúbícos
Area superficial := 96 pies cuadrados
bles por ecuaciones genéticas) la frecuencia de las células falcíforn1es au1nen-
tará entre los in1nigrantcs y tras un tien1po relativan1ente corto) los nativos
y los innügrantes no se distinguirán en cuanto al carácter de la falcen1ia.
Sin en1bargo, en otros aspectos pueden continuar difiriendo de fonna bas-
tante considerable.
Así, un «paquete» de diferencias raciales que es sun1an1ente adaptativo
no se puede utilizar co1no prueba de continuidad filogenética. Este hecho
suscita serias dudas sobre la antigüedad de las·principales razas, puesto que
es posible que varios de los diagnósticos convencionales de la filiación
racial fueran biológican1cnte adaptativos en un pasado no 111uy lejano. Nilóflco
Esquimal
Una distorsión todavía tnás rápida de las relaciones filogenéticas se
producirá si intervienen fuerzas culturales aden1ás de naturales en favor de
un genotipo y en contra de otro. La selección cultural puede entrar en la esfera y el cilindro tienen volúmenes idénticos, peto el cilindro tiene un ?rea superfici.al mayor;
juego en forn1a de un trata1niento diferencial de los recién nacidos o de Por tanto, irradia el calor de forma más eficaz qu~ la. esfera. la cornplex1on del esquimal esta
adaptada para conservar el ca_IOr', la del nilótico para Irradiarlo.
los con1pafi.cros sexuales potencial~s sobre la base de algún carácter que
puede estar vinculado, directa o indirecta111ente, a consecuencias biológicas
adaptativas. \
A n1oclo de ejen1plo hipotético, supongan1os que los pliegues epicánticos '
confieren una ventaja adaptativa a los pueblos que viven y cazan bajo

o
la luz deslu1nbrante de las nieves árticas. 1~1 rnayor éxito del cazador con
gruesos párpados recibiría gradualrnente reconocüniento en fonna de una
tendencia estética favorable a los individuos con el carácter epicántico.
Coino el infanticidio fue probable1nente uno de los inedias n1ás in1portan-
tes de control demográfico durante la prehistoria (véase p. 217), este
prejuicio estético pudo influir en la decisión de no criar un determinado / \ ~1---1
nifi.o. Si este tipo de selección cultural se agrega al n1ayor índice de niorta-
lidad de los cazadores que carecían del pliegue epicántieo, el resultado l
sería un cambio muy rápido en las frecuencias génicas) ya que las pobla-
ciones hu1nanas arcaicas eran niuy pequeñas. FIG. 6.1.-Dispersión del calor y fonva del cuerpo.
'-.,.,.,.,

118 Introducción a la antropología general Los orígenes de las variaciones raciales 119

calentar el aire, sun1amente frío y húrnedo, a la te1nperatura corporal antes raquitísmo 1 abunda en las dietas ricas en pescado, 111antequilla y carne. I\1as
de que alcanzase los pulmones. La figura generalmente rechoncha de los como los pobres suelen consunür menos de estos alin1entos que los ricos 1
esquin1ales puede considerarse co1no otro tipo de adaptación al frío, ya que y con10 el reparto de la riqueza en Gran Bretaña y Estados Unidos tiende
una forn1a esférica presenta un máxirno de n1asa corporal y un 1nínüno de a estar correlacionado con el color de la piel, no poden1os sabet hasta qpé
superficie corporal, relacionando la 111áxima producción de calor con su punto se debe la incidencia del raquitis1110 a diferencias genéticas o_· a
máxima conservación (es decir, cuanto 1nayor es la bio1nasa, más calor se diferencias dietéticas. I)ara con1plicar aún n1ás el cuadro) la exposición
genera; cuanto 1nás pequefia el área de superficie tnenos calor se pierde). a la luz solar fluctúa con la moda, la profesión y el ocio disponible. Casos
Por el contrario, una forn1a corporal alta y delgada conjuga un n1ínüno de de raquitís1no tatnbién se dan en los trópicos, entre poblaciones de piel
inasa corporal con un máxin10 de superficie corporal, lo que origina una oscura. La dosificación de radiaciones ultravioletas en los hospitales ha
pérdida de calor máxima (fig. 6.1). Esto puede explicar las características· sido eficaz en la cura de enfern1os raquíticos de piel oscura sin ninguna
de los altos y delgados africanos nilóticos que viven en regiones de calor intervención dietética. Por últin10, tan1poco es cierto que los africanos ten-
seco e intenso. Finalinente, algunos antropólogos físicos explican las espira- gan índices n1ás bajos de cáncer de piel por unidad de radiación ultravioleta
les estrechamente arrolladas deno1ninadas granos de piinienta, halladas en comparación con los blancos (Kendall, 1972; Dent y otros, 1973).
entre los pueblos nativos de Sudáfrica) como adaptaciones para la disper- Sin einbargo, pruebas controladas han 1nostrado clara1nente que la piel
s1on del calor. Dejando espacios vacíos en la cabeza, el grano de pünienta oscura supone una desventaja, al n1enos, en un aspecto Ílnportante para
«facilita la pérdida de calor a una temperatura alta» (Coon, 1965: 112). las poblaciones que viven en los trópicos. Bajo el sol del inedíodía, la piel
negra absorbe un 15 por 100 más de calor que la piel blanca quemada
por el sol, lo que hace que los negros sean inás propensos a la insolación
El caso del color de la piel que los europeos (Baker, 1958).
Aún caben otras objeciones contra las explicaciones de las diferencias
La teoría de que la distribución geográfica de los genes del color de en el color de la piel basadas en la selección natural. Por ejcn1plo, se
la piel tuvo su origen en procesos adaptativos es una de las sugerencias ha señalado que los asiáticos y los an1erindios tienen nlás o n1enos la 1nisn1a
más agudas de este tipo. I-Iasta cierto punto, las pieles más oscuras se pign1entación de pálida a inorena vivan en una región ártica, desértica,
correlacionan con latitudes subtropicales y tropicales. La base para estas ten1plada o tropical. Frente a esta objeción, se ha propuesto que los asiá-
distribuciones geográficas puede Ílnplicar una relación entte el color de ticos, an1erindios y esquin1ales no están pigmentados con10 debieran por-
la piel y el componente ultravioleta de la radiación solar. El color oscuro que han e1nigrado de1nasiado recientemente co1no para que la selección hu-
de la piel es provocado por la presencia del pigmento denominado mela- biera podido operar.
nina. Cuando la piel está fuerte1nente pigtnentada es resistente a la penetra- L. L. Cavalli-Sforza (1972) ha sugerido una hipótesis ingeniosa para re-
ción de la radiación ultravioleta. Esta radiación puede ser, según la dosis en conciliar estas anon1alías con la teoría de la selección de la vita1nina D. Tal
que se reciba, útil o perjudicial. Sin una inínin1a exposición a la radiación vez el desarrollo de la piel blanca fue un subproducto de la difusión de la
ultravioleta, el cuerpo hun1ano no puede sintetizar la horn1ona calciferol
agricultura hacia el norte de Europa. Mientras las poblaciones que vivían
(vitamina D,). La carencia de ésta inhibe la absorción del calcio, lo que
en las latitudes de Europa con inviernos largos y nebulosos y días cortos
produce a su vez la enfermedad del raquitis;no, que itnpide el crecin1iento
de los huesos (T. C. B. S., 1973). Durante los largos y nebulosos inviernos n1antuvíeron un estilo de vida basado en la caza y la recolección, el color
curopeos 1 sólo la reducción de los efectos filtradores de la inelanina per1nite de su piel pudo pern1anecer relativa1nente oscuro, ya que obtenían su vi-
obtener un nivel adecuado y beneficioso de radiación ultravioleta; a eso se tanüna D de fuentes dietéticas. Así 1 los esquin1ales, que consun1en grandes
deben las 1nejíllas sonrosadas de los europeos nórdicos. Por otra parte, cantidades de pescado crudo y n1an1íferos n1arinos, tienen poca necesidad
una sobredosis de radiación solar puede perjudicar a las glándulas sudo- de radiación solar y el color de su piel puede permanecer relativa1nente
ríparas o provocar el desarrollo del cáncer de piel (Blum, 1964; Bakos y oscuro. Sin e1nbargo 1 hace unos 10.000 años, pueblos agrícolas y pastores
Macmdlan, 1973); esto explicaría la dosis extra de melanina entre los emigraron desde el Oriente Medio hacia el norte y el oeste de Europa
africanos, adquirida co1no consecuencia de la protección que proporciona (Menozzi, Piazza y Cavalli-Sforza, 1978). La dieta de estos inmigrantes era
contra los rayos directos del sol tropical. relativa111ente pobre en caza y pescado, y por consiguiente tan1bién en vi-
Por desgracia, la base fáctica en que se apoya esta teoría resulta difícil tainina D. Esta teoría encaja bien con la explicación de la baja incidencia
de interpretar. Los an1ericanos de ascendencia africana y los ciudadanos de la insuficiencia de lactasa entre los europeos, lo que sugiere que hubo
británicos de procedencia hindú o paquistaní n1uestran de hecho índices una intensa selección en Europa en favor de adultos capaces de digerir la
de raquitis1no n1ás altos que los blancos. La vitan1ina D que contrarresta el
1
leche, una excelente fuente de vítan1ína D. Un corolario fascinante de esta
120
Introducción a la antropología genera! Los orígenes de las variaciones raciales 121
explicación es que sitúa el origen del color pálido d 1 . 1
más allá del 10.000 B.P. ' e a pie europea en no razas. Con su iinplícación de subespecie a punto de bifurcarse para forn1ar
una especie nueva, el térn1ino de raza no es, estríctan1ente hablando, una
1
. 1~ lb
1
vcl
Ja explicación de las distribuciones anómalas del color de la
pie , .e, a Juscarse .en Josefectos de la selección cultural en vez d 1
designación taxonó1nican1ente adecuada para cualquier población hun1ana
conten1poránea.
~~1~ecc1~n, n~tural. S1gu1c~1?0 la línea de conjetura usad11 en el caso d~l c1~lie~ Los conceptos 1nodernos de población y ptocesos genéticos no se plje~
~íal ~~~f~n/1~~~;1sli~i::1~~~c;~~- ~~~1~ural en. fadvot de una ~)ig1nentación difefren- den reconciliar con la división tradicional de la especie en tres o cuatro
t bJ . ,1 l ' especie e «resonancia» cultural Si se cs- grandes razas. Desde el punto de vista tradicional, estas razas eran arqueti-
·a cc10 cu tura inentc una prcfetencia ]Jor el e 1 . , . . ,
de 1 .el , . f1 . , o o1 i11as oscuto o in as claro pos cuya esencia se n1anifestaba en individuos de «pura sangre» y cuyo
en ~f:~e;t~:t~o11~~0 Lll~J1ª.
_,.. .
e? u1_1~ l1:epro1 ducc1f'ón y supervivencia diferenciales
111 ant1c1c JO) a en ·er111edad1 el aparea111ient r 1-
carácter distintivo eta tan antiguo con10 la especie. Sin en1bargo, en cuanto
poblaciones, grupos co1no los europeos, los asiáticos orientales y los africa-
gueua gue nada tienen que ver con la radiac·, , 1 . U · ?) a
este proceso de selección cultut 1 . d / 10~1 so al. na ve_z 1n1c1ado, nos no poseen tales atributos. En prin1er lugar, no existe individuo que se
If
posi ti?ª que produciría pareen t~ jc~e1de1 ei~1~ti ~~esct~e~~~osrctrobf 1n1cn tación pueda considerar un «pura sangre» n1ás representativo de una población
que otros de «sangre niezclada1>. Para tener alguna validez científica, la
supcn.ores a los que la s:Iección natural, por sí sola, hub~era a~~i~~n~~¿1 caracterización de una población debe aludir a frecuencias génicas, y los
1 Dicho de lotro 111odo, s1 algunas poblaciones adoptaron el patrón ;stétic~ individuos no tienen frecuencias génicas. Segundo, los tradicionales taxones
«o negro es :er1noso» y otras el de· «lo blanco es hern1oso» 'r si or r raciales no se pueden reconciliar con la existencia de clínas genéticas aso-
nes. que no tienen relación alguna con el color de la p· Í ) bp _azo- ciadas a frecuencias génicas intern1edias o de transición, características de
tuv1eran éxito en la . . , ¡ . , . ' ie , an1 os tipos
brían suroido orand-1e~:fc.ucc1.on, en un espacio de tien1po brevísin10 ha- poblaciones que constituyen la n1ítad de los efectivos <len1ográficos en el
(1973) l n n 'd es 1 erencrns en el color de la piel. Frederick Hulse mundo. No hay justificación alguna para considerar estas clínas co1no el
condicio1~:s sug~r1 o c~t~e la invención de la agricultura qui:.::á aportó las producto de una hibridación entre hipotéticas razas puras que existieron en
fonna dcspr¿~or~~1~~~~t1ero1~ a alg~nas /p?blaciones pequefias contribuir de el pasado. En vez de ello, las clinas indican la existencia de frecuencias
Mundo Así .., '¡a a dos poo.s gen1cos de los continentes del Viejo génicas constante1nente ca1nbiantes que son resultado de la selección natu-
. ' ,.un en e caso e que no se c d . l ral, el flujo de genes, la mutación y la deriva de genes. Por último, las
al color de la piel 1 .· . l once a venta Ja ac aptativa alguna
la actualidad tal ,: . as p11nc1pa es razas ~~! n1undo, tal con10 se conocen en divisiones raciales tradicionales se basan en un «paquete1> de caracteres
A ' ez no tengan una ant1guedad supetior a Jos 1o 000 - que no varían coordinadan1ente con las frecuencias génicas de otros genes,
. unque todas las proposiciones concernientes a los procesos. selec~~~~~; tales como los implicados en los grupos sanguíneos ABO. Estas distribu-
~:~~:~~1s1:bl~~sfbn!~:dca~·acteres \acialesdson especulativas, en conjunto des~ ciones no coincidentes con las divisiones raciales tradicionales son predeci-
)oblacio1 . . . d eHque a gu:10 e nosotros conozca real1nente qué bles según la ley de la distribución independiente de MendeJ.
l ' ies a1ca1cas e anta sapiens 1 a . d , Dejando a un lado el concepto tradicional de raza, los antropólogos
tipos individ l y .. . . i n apoi ta o n1as a nuestros geno-
ua es. esto sin contar con las an1b· .. d d ~ 1/ . físicos pueden situar el. estudio de los p0Ii111orfisn1os humanos sobre una
que son especíaln1ente cal'acterísticas de todas 1 ' ibglue. a es ge1:ea ogrcas sólida base genética y evolutiva. Los grupos sanguíneos ABO, la anen1ía de
Nuevo Mundo con1 . . . . as po ac1ones recientes del
raciales ,· d o consecuencia de niov11111entos n1igratorios y niezclas células falciformes y la capacidad de degustar el PTC constituyen ejemplos
s n prece entes. de polimorfis1nos cuyos mecanismos genéticos son bien con1prendidos. La
Concluiré este capítulo sin exan1inar Ja cuestión de 1 . 1 ., continuación de la investigación en este ca1npo permitirá con el tien1po
raza conduct · t l. · a ie ac1on entre
' ,d, , a, In e 1genc1a Y otros fenón1enos culturales Esta di'scus 1·0- 11 explicar la distribución de los alelos responsables de estos caracteres en
ten ra n1uc110 111' ··d · '
causas de 1 d'fas_ se1:u o una \~ez que hayan1os intentado con1prender las terminas de selección natural y en relación con factores médicos y nutri-
. . 1 as l e1elnc1a,s y sen1,e1anzas culturales en su adecuado contexto tivos. La implicación de tales factores en la explicación de niuchos poli-
espacia y tcn1pora (vease capitulo 26).
morfismos pone en tela de juicio el punto de vista de que la humanidad
sie1npre se ha dividido en un pequeño nú1nero de grupos raciales. La selec-
Resuinen ción puede rápida1nente alterar la frecuencia de un alelo en una dirección
convetgente entre poblaciones que han estado genéticamente aisladas, o en
direcciones divergentes en poblaciones que tienen altas tasas de flujo de
genes. En los intentos de enjuiciat la antigüedad de las divisiones raciales
tradicionales hay que tener en cuenta también la selección cultural. Queda
por ver el grado en que rasgos co1110 la estatura, la for1na del cabello y la
122
Introducci6n a la antropología general Capítulo 7
nariz, y el pliegue epicántico pueden ser explic d .
v~s .. ~as fuer~as clin1áticas han sido considerada~ ~~n;~rp~~fbkssofu~~apta~1- LA NATURALEZA DE LA CULTURA
p1es1on. selectiva para estos caracteres. Un con1ple'o con' t d . tes e
adap.tatlvos en los que iiitervíenen la n1eJanina la i'.adiaci¿~n º1 _e pro;esos
de piel y la deficiencia de vitamina D han sido' implicados es~ ai' el clanc;r
entre piel pálida y hábitats nórdicos. n a corre ac1on

En este capítulo sentamos las bases para el estudio de la evolución cultural


y de las diferencias y semejanzas culturales. Examinaremos ciertos rasgos
generales de las culturas humanas, y describiremos una estrategia para
el estudio de estas diferencias y semejanzas.

Definiciones de cultura

Como hemos vistoi la cultura alude al cuerpo de tradiciones socialmente


adquiridas que aparecen en forma rudimentaria entre los mamíferos espe- 1

cialmente entre los primates. Cuando los antropólogos hablan de una cul-
tura hun1ana notmalmente se refieren al estilo de vida total, socialmente
adquirido, de un grupo de personas, que incluye los modos pautados y
recurrentes de pensar, sentir y actuar.
Al definir la cultura como consistente en pautas de actuar (conducta) y
de pensar y sentir, sigo el precedente sentado por Sir Edward Burnett
Tylor, fundador de la antropología académica y autor del primer libro de
texto de antropología general.

La cultura ... en su sentido etnográfico amplio, es ese todo complejo que com-
prende conocimientos, creencias, arte, moral, derecho, costumbres y cualesquie-
ra otras capacidades y hábitos adquiridos por el hombre en tanto miembro de
la sociedad. La condición de la cultura en las diversas sociedades de la humani-
dad, en la medida en que puede ser investigada según principios generales, cons-
tituye un tema apto para el estudio de las leyes del pensamiento y la acción
humanos (1871: 1).
123
124
Introducción a la antropología, general La naturaleza de la cultura 125

Al?unos antropólogos, en1pcro, restringen el significado de «cultura» lAl enculturación se basai principaltnente) en el control que la generación de
exclus.1van1cnte a las reglas n1entales para actuar y hablar con1partidas por 1nás edad ejerce sobre los 1nedios de prenüar y castigar a los niños. Cada
l?s nuen1bros de ~na deter1ninada sociedad. Estünan que estas reglas cons- generación es progra1nada no sólo para replicar la conducta de la genera-
tituyen una especie de gra1nática de la conducta y consideran las acciones éión anterior, sino ta1nbién para pren1iar la conducta que se conforrna a
con10 fenón1enos de índole «social» n1ás que «cultural». Esta es la distinción las pautas de su propia expei-iencia de enculturación y castigar) o al n1e1\us
que a!guno~ antropólogos tratan de establecer cuando diferencian la antro- no premiai-i la conducta que se desvía de éstas. .
pologrn social de la cultural (W. Goodenough, 1970). Ninguna confusión El concepto de enculturación (pese a sus lin1itaciones) que anahzare1nos
~e ?env~ de la definición ~1ás inclusiva) síe1npre que se tenga cuidado en 1nás adelante) ocupa una posición central en el punto de vista distintivo
indica:~ s1 se habla de las ideas culturaln1ente deten11inadas pertenecientes de la antropología 1noderna. L_~ __incon1prensión del papel que dese1npeña
a la vid~ n1ental de la gente, de las activídades culturalinente detern1inadas en el tnantenin1iento de las Palitas de conducta y pensa1niento de cada
que realizan con sus cuerpos, o de an1bas cosas. grupo füiú:i.a · el núcleo del fenó1neno que lla111an1os etnocentris1110. El
Otro tipo de distínción entre «social» y «cultural» es ta111bién bastante CTiibcentris1no es la creencia de que nuestras propias pautas de conducta
frecuent~. Algunos so~iólogos y antropólogos en1plean el térn1ino «social» son sien1pre nafli.i31Cs)...buena·s;- Ji¿·~1nosas o in1portantes 1 y que los extra~os)
para d~s1g~a.r la rcl~c1ón entre los distíntos grup?.s,_de una sacie.dad. Para por el hecho de actuar de inanera diferente 1 viven según patrones salvajes,
estos .c1entificos sociales, la «~ultura» se refiere, a los estilos de Vida- de inhu1nanos, repugnantes o irracionales. Las personas intolerantes hacia las
los 1n1en1bros de una sociedad, :pero no a la estrúC'türa: g:"J_·üpal de· ésta. Con diferencias culturales) normaln1ente, ignoran el siguiente hecho. Si. hubie~
a;Teglo al uso que seg~írem?s en este libro) los grupos sociales y sus i·ela- ran sido enculturados en el seno de otro grupo 1 todos estos estilos de
c1ones n1utuas se. c.ons1dera1~an con10 aspectos de la cultura (1nental y con- vida supuestan1ente salvajes 1 ínhu111anos, repugnantes e irracionales serían
ductual). La fa.n11ha, por eJen1plo, es un grupo social que se ajusta a la ahora los suyos. El descn111ascara1niento de Ja falacia del etnocentris1no
cultura. de la vida do1néstica de una sociedad concreta, pero que tan1bién lleva a la tolerancia y curiosidad por las diferencias culturales. Una vez
la refle¡a.
co1nprendido el enonne poder que la enculturación ejerce sobre toda con-
.. ¿Cuál es entonces la definición de sociedad? El término sociedad sig- ducta hun1ana, ya no se puede despreciar racíonalinente a aquellos que han
nifica un grupo de personas que con1parten un hábitat co111ún y· que depen- sido enculturados según pautas y prácticas diferentes de las nuestras.
den unos de otros para su supervivencia y bienestar. Debido a Ja existencia Todos los antropólogos culturales son tolerantes y sienten curiosidad
de pautas r:strictívas de aparean1iento cultura1n1ente in1puestas, las socie- por las diferencias culturales. Algunos 1 no obstante, han ido 1nás lejos y
dades no s1en1pre fon:1an una única población reproductora aunque lo 1 adoptado el punto de vista conocido con10 relativ.isn10 cultural, con arreglo
noi-n:al. es que los lín11tes entre sociedades diferentes se definan por dis- ¿¡- cüal toda pauta cultural es, intrínsecan1ente tan digna de .res~e.to como
1
cont1nu1dadcs en el aparean1iento y una disn1inución en las tasas de flujo las de1nás. Aunque el relativisn10 cultural es una n1anera c1ent1f1ca1nente
de .genes. No hay reglas rígidas para identificar los lfn1ites exactos de las aceptable de referirse a las diferencias culturales, no constituye la _única
sociedades o subsociedades o de sus correspondientes culturas y subcultu- actitud cíentífican1ente ad1nisible. Co1no todo el inundo, los antropologos
ras: Con todo, rara vez es necesario definir los lín1itcs exactos de alguna ta1nbién se forn1an juiciós éticos sobre el valor de las diferentes clases de
soc1e?ad Y cul~ura p~ra poder con1prender los procesos que explican las 'pautas culturales. No hay por qué considerar el canibali:'Jnoi la guerra, el
sen1e1anzas y d1ferenc1as culturales.
sacrificio hu1nano y la pobreza con10 logros culturales valiosos para llevar a
cabo un estudio objetivo de estos fenón1enos. Nada hay de .1nalo en trat.ar
de estudiar ciertas pautas culturales porque se desee can1b1arlas. La obJC-
Enculturación y relativismo cultural tividad científica no tiene su origen en la ausencia de prejuicios -todos
so1nos parciales.,----) sino en tenei- cuidado de no per1nitir que los propios
La cultura de una sociedad tiende a ser sin1ilar en n1uchos aspectos de prejuicios influyan en el resultado del proceso de investigación (cf. Jorgen-
una generación a otra. En parte 1 esta continuidad en los estilos de vida sen, 1971).
?e n1antiene gracias al proceso conocido co111o:)iíii:idturaci6n. La encultura-
ción es. una e~periencía de ~apr~.n?_í:aje parcíaf1nente consciente y parcial-
'.~1ente 1ncon~c1ente a través ~dé' la cual la generación de n1ás edad incita, Limitaciones del concepto de enculturación
mduce yobhga a la generación más joven a adoptar los modos de pensar
_._Y_ c?n1portarse tradicionales. Así, los niños chinos usan palillos en lugar de En las condiciones del mundo actual no se requiere ninguna sabiduría
tenedotes) hablan una lengua tonal y aborrecen la leche porque han sido especial para con1prender que la enculturación no puede explicar una parte
enculturados en la cultura china en vez de en la de los Estados Unidos. considerable de los estilos de vida de los grupos sociales existentes. Está
126 Introducción a la antropología general La naturaleza de la cultura 127

claro que la replicación de las pautas culturales de una generación a otra La difusión
nunca es completa. Las antiguas pautas no síempte se repiten con exactitud
en generaciones sucesivas, y continuamente se añaden pautas nuevas. En los Mientras que laf enculturación :hac_e _refe_re_ncía a .la _transmisión de
últimos tiempos, este fenómeno de innovación ha alcanzado tales propor- rasgos culturales por \;ía gCheracionál,\ l~ difusión '¡'desí~n~ la transn1isión ?e
ciones en las sociedades industriales que los adultos, programados como r~_~gos culturales de una cultura y sociedad a otra distinta. Este proceso
estaban para la continuidad intergeneraciona1) se han sentido alarmados. c~s taD. frecuente que cabe afírn1ar que la znayoría de los rasgos hallados en
El fenómeno en cuestión ha sido denominado «abismo generacional». Co1no cualquier sociedad se han originado en otra. Se puede decir, por ejen1plo,
explica Margaret Mead: que el gobierno, religión, derecho, dieta y lengua del pueblo ~e los Esrnd?s
lJnidos son «préstamos» difundidos desde otras culturas. Asi, la trad1cion
Hoy en día, en ninguna parte del mundo hay ancianos que sepan lo que los judeo-cristiana proviene del Oriente Medio, la de1nocracia parlan1entaria de
niños ya saben; no importa cuán remotas y sencillas sean las sociedades eñ E,uropa occidental, los cereales de nuestra dieta -arroz, trigo, maíz- de
las que vivan estos niños. En el pasado siempre había ancianos que sabían más civilizaciones antiguas y re1notas, y la lengua inglesa de una amalgama de
que cualquier niño en razón de su experiencia de maduración en el seno de un
sistema cultural. Hoy en día no los hay. No se trata sólo de que los padres ya diversas lenguas europeas.
no sean guías, sino de que ya no existen guías, los busquemos en nuestro pro· A principios de este siglo, la difusión era considerad~ por :nuchos an-
pio país o en el extranjero. No hay ancianos que sepan lo que saben las per- tropólogos corno la explicación más ünportante de las d1feren~ias y sem;-
sonas criadas en los últimos veinte años sobre el mundo en el que nacieron janzas culturales. Los persistentes efect~s de este pu:ito de vista todav1a
(Mead, 1970: 77-78). se pueden apreciar en intentos de expl1.car las seme1anzas entr~ gr~ndes
civilizaciones como consecuencia de derivar unas de otras: Polinesia de
Evidente1nente, la enculturación no puede explicar el «abismo genera- Perú o viceversa· las tierras bajas de Mesoarnérica de las altas; China de
cional»; más bien hay que suponer que ha habido una ruptura en el pro- Euro~a, o viceve¡·sa, etc. No obstante, en añ~s recientes) la difusión ha
ceso de enculturación y que un número cada vez mayor de adultos no perdido fuerza como principio explicativo. Nadie duda de que 0 en general,
ha sabido inducir con eficiencia a sus hijos a replicar sus propias pautas de cuanto más proxin1as están dos sociedades, tanto mayores s~ral! sus se~e­
pensamiento y conducta. Por tanto, la enculturacíón sólo puede explicar janzas culturales. Pero estas semejanzas no se pueden atr1bu1r, senc1lla-
la continuidad de la cultura, no su evolución. 111ente a una tendencia automática a la difusión de rasgos. Es probable
Incluso en lo que atañe a las pautas replicadas, los mecanismos de que s~cíedades próximas en el espacio ocupen ~1;-ibientes ~i~1ilares; de. ahí
enculturación se hallan sujetos a importanteS limitaciones. No se dispone que sus semejanzas puedan deberse a la adaptacion a cond.1c1ones parecidas
de elementos de juicio que respalden la idea de que toda pauta replicada (Harner, 1970). Existen, además, numerosos casos de so~iedades ~n estr:-
sea resultado de la programación de una generación por obra de otra. cho contacto durante cientos de años que mantienen estilos de vida rad1-
Muchas pautas replicadas son producto de la reacción de sucesivas gene- calniente diferentes. Por ejemplo, los incas del Perú tuvieron un gobierno
raciones ante condiciones de vida social parecidas. La programación reci- de tipo imperial, mientras que las vecinas sociedades de la selva carecían
bida puede incluso diferir de las pautas reales; es decir, la gente puede de cualquier forma de liderazgo centralizado. Otros casos son el de los
ser enculturada para con1portarse de cierta manera y verse obligada, a causa cazadores africanos del bosque Ituri y sus vecinos, los agricultores bantúes,
de factores situacionales o funcionales que escapan a su control, a compor- y en el suroeste de Norteamérica el de los sedentarios indios pueblo Y sus
tarse de otra. Ponga1nos un ejemplo trivial: la enculturación es responsa- vecinos los apaches, merodeadores nómadas. Además, aun cuando se acepte
ble de la replicación de las pautas de conducta asociadas a la conducción la difusión como explicación, todavía no se ha resuelto la pregunta de por
de un automóvil. Otra pauta replicada la constituyen los atascos de tráfi- qué el rasgo difundido tuvo su origen en el primer lugar. Finalmente, la
co. Es evidente que a los conductores no se les programa para provocar difusión no puede explicar muchos casos notable.s en los qu: ?entes 9u: se
embotellamientos, sino para circular con fluidez y eludir los obstáculos. Sin sabe nunca han tenido medio alguno de contacto inventaron utiles y tecn1ca.s
embargo, el resultado situacional de esta programación es un fenómeno bastante similares y desarrollaron formas de matrimonio y creencias reli-
cultural sumamente pautado. giosas notablemente parecidas. . .,
El fenómeno de la pobreza exige, como habrá ocasión de constatar, un En síntesis la difusión no es más satisfactoria que la enculturac1on
análisis similar. Muchos pobres se alojan en viviendas, alimentan, trabajan como explicación de rasgos culturales similares. s~ en la detern1ina~i/ón
y constituyen familias según pautas que replican la cultura de sus padres de la vida social humana sólo interviniesen la difusión y la e~cultu~ac,10~,
no porque se hayan enculturado según estas pautas, sino porque han sufri- lo lógico sería esperar que todas las culturas fueran y permanecieran 1dentl-
do los mismos condicionamientos políticos-econó1nicos (véase capítulo 20). cas; pero esto no es así.
128 Introducción a la antropología general 129
La naturaleza de la cultura

No hay que concluir, e1npero, que la difusión no desempeña papel las reglas referentes al vertido de bas.uras, a los niodos de realizar depósitos
alguno en la evolución sociocultural. La proxin1idad entre dos culturas a bancarios a la violación de la propiedad, etc.).
menudo influye en la dirección y el ritmo de los cambios, y moldea detalles Sin e~nbargo, la cultura hu1nana, con10 las rudünentaria~ ~ulturas de
específicos de la vida sociocultural, aunque tal vez no logre moldear los otros prín1ates) ta1nbién se co111pone de actividades y a~ontec1n11e~1t?s con~
rasgos generales de las dos culturas. Por eje111plo, la costun1bre de fumar ductuales. Algunos antropólogos- no creen que sea P?s1~1le dcscr1b1r est~s
tabaco se originó entre los pueblos nativos del he1nisferio occidental y actividades y aconteciinientos conductu~les ~un nac11111en~o, un. funer~l,
después de 1492 se difundió a los rincones más apartados del globo. Esto un matriinonio, una expedición de caza- sin conocer las 1ntenc1one~) .r..e-
no hubiera sucedido de haber permanecido América aislada de los demás glas y planes n1entales de los nativos que ton1a:1 parte en ellos. La pos1c1on
continentes. Sin c111bargo, el contacto, por sí solo, aporta una explicación adoptada en este libro es diferente. De la 1?11s1na r~anera, qu~ se puede~1
parcial, puesto que cientos de otros rasgos originarios de Atnética (conw describir las rudiinentarías culturas de los chunpances en tern11nos de acti-
vivir en tiendas de ca111paña o cazar con arco y flecha) no fueron asinüla- vidades tales como capturar tern1ítas u horn1ígas, tan1.bién se pue?e des-
dos ni siquiera por los colonos que se establecieron en la vecindad de los cribir el niundo de las actividades del ser hu1nano con 1ndependenc1a de la
pueblos nativos. vida n1ental que le acornpaña.

Aspectos mentales y conductuales de la cultura Aspectos emic y etic de la cultura

En los estudios sobre sociedades de prÍlnates sólo existe una n1anera La distinción entre elen1entos 1nentales y conductuales no da respuesta
de observar científica1nente la vida en grupo. Un priinatólogo no puede al interrogante de có1no describir adecuada1nente tanto los a~pectos nien-
interrogar a los 1nien1bros de las sociedades de priinates para que le den uiles y conductuales de la cultura con10 la cultura en su totalidad . ~l pro-
cuenta de lo que hacen y piensan. No hay forn1a alguna de preguntar a un bleina estriba en que los pensa1nientos y la conducta de los part1c1pantes
chin1pancé o a un babuíno cón10 obtiene su provisión de ali1nentos. Decirle pueden enfocarse desde dos perspectivas contrapuestas: desde la de los
a un n1acaco: «Lléva1ne a vuestro líder», no hará progresar la compren- propios participantes y desd~ l~l de los observadores. En a1nbos casos, las
sión de la estructura jerárquica de su sociedad, y cualquier intento de con- descripciones científicas y ob¡ettvas de los can1pos 111ental y conductua~ s?n
versar con un babuino acerca de por qué sus congéneres no comen tnás posibles. Pero en ·el prin1ero) los observadores e1nplean c?1:ceptos Y distin-
carne o con1parten su hierba unos con otros; o acerca de lo que experünen- ciones que son significativos y apropiados para los par~1c1pantes; Y en el
tan cuando ven a un extraño, llevaría a un n1onólogo inútil. Los científicos segundo, conceptos y distinciones significativos y apropiados para los ob~
que pretenden estudiar a los seres hu1nanos afrontan una perspectiva radi- servadores. El prin1ero de estos dos n)odos de estud1.ar la c~ltura se lla~~
caln1ente distinta. Hablando con Ja gente los antropólogos se enteran de un enúc y el segundo etic (véase capítulo 23 para ~a ~ttmologta ,d~ _est~s. te1-
vasto inundo interior de pensa1nientos y sentí1nientos. úiinos). La prueba de la adecuación de las descripciones Y. ~nalts1s e111t~ es
Este niundo interior existe en diferentes niveles de conciencia. Hay, en su correspondencia con Lina visión del inundo que los particrpant~s nat1:ios
priiner lugar, pautas 1nuy alejadas de la conciencia. Las reglas gran1aticales aceptan co1110 real, significativa o apropiada. Al llevar.ª. cabo la tn~,e~ttga­
son un ejen1plo de tales «estructuras profundas» (véase capítulo 2.3). En se- ción en el 1110 do eniic, los antropólogos tratan de adqu1r1r un conoc11n1~nto
gundo lugar, existen pautas n1ás próxilnas a la conciencia, que se pueden de las categorías y reglas necesarias para pensar y actuar como un na~1vo.
conocer fácil1nente planteando las preguntas adecuadas. Por ejemplo, se Intentan averiguar, por ejen1plo) qué regla subyace en el uso del m1sn10
puede obtener, preguntando a los infortnantes, reglas de conducta, valores término de parentesco para la madre fla hermana de la madre entre los
y «norn1as» para todos los acontecinüentos culturales. Cuando se le pide, bathonga; o cuándo es apropiado hu1n~llar a los huéspedes entre los
la gente puede forn1ular un código de conducta apropiada para actividades k\vakiutl; o cuándo se puede citar para salir a un muchacho o a una n1ucha-
con10 destetar bebés, cortejar a tnien1bros del sexo opuesto, elegir líderes, cha norteatnericanos. .
tratar enfer111edades, recibir a huéspedes, clasificar a parientes, rendir culto En cainbio, la prueba de la adecuación, de las ,<lescripciones _ .etzc es,
a Dios, etc. No obstante) hay veces en que estas reglas, proyectos y valores sené:illamente) su capacidad para generar te?r1as f~uct1feras ~esde un ~unto
no están for1nalízados o no son plenan1ente conscientes. Finaln1ente, exis- de vista científico sobre las causas de las diferencias y sen1e1anzas soc1?cu~­
ten reglas de conducta y enunciados de valores, proyectos, objetivos y aspi- 'tUralCs. En vez de en1plear conceptos que sean necesaria1nente reales, :1gn1-
raciones plena1nente conscientes, explícitos y forn1ales que pueden ser dis- ficativos y apropiados desde el pu.nto de vista del .nati..vo.1 el antrop?lo~o
cutí dos en el transcurso de conversaciones ordinarias, estar escritos en se sirve de categorías y reglas denvadas del lengua¡e fact1co de la .c1encrn
códigos de derecho o ser anunciados en reuniones públicas (por eje1nplo, que a menudo le resultarán poco fa1niliares al nativo. Los estudios etzc
130 Introducci.5n a la antropología general La naturaleza de la cultura 131

co1nportan con frecuencia la n1edición y yuxtaposición de actividades y positivos culturales de índole conductu~~ y 1nental l?ªrª. ;atisfac.er l~s nec:-
acontecí1nientos que los infot1nadores nativos encuentran inadecuados o sidades de la subsistencia, la rcproducc1on 1 la organ1zac101; ~el 1nte1can1b10
carentes de significado. Je bienes y trabajo, la vida en el seno .<le grupos ~lo111est1cos _? grande,s
l~l siguiente ejernplo, ton1ado de n1i propio trabajo de ca1npo, den1ues- coinunidades así con10 los aspectos creativos, expresivos, deportivos, este~
tra la í1nportancía de la diferencia entre el conocimiento de tÍl)O en1ic y el ticos n1orale~ e intelectuales de la vida hun1ana. Sin einbargo) no hay ac~er~
de tipo etic. F~n el distrito de 1,rivandru111 del estado de Kerala, en la Jo s~bre cuántas subdivisiones de estas categorías debi:n rec.ano~;rs~, ,nr
India n1eridional 1 1nantuve entrevistas con agricultores sobre las causas de sobre qué prioridad ha de otorgárseles a la hora, de l~ 111vcsttgac1on. lal
1nuerte de su ganado vacuno. 'fados los agricultores insistían en que nun- con1o fue fonnulado por (]ark \X'issler, el patron t:n1_versal se con:ipone
ca acortarían delibcradan:iente la vida de uno de sus anin1ales, en que nunca Jel lenguaje> los rasgos 1nateriales, el atte, los conoc1n11entos, la sociedad,
lo 1natarían ni lo dejarían n1orir de ha111bre, afirn1ando así la prohibición la propiedad, el gobierno y la guerra .. Geotge Pet.er Murd,ock y sus colabo-
hindü contra el sactifício del ganado vacuno. Sin c111bargo, entre los agri- radores organizaron los 1}.u111a11 Relatzons Area Files en tern11nos de 88 ca-
cultores Kerala la tasa de mortalidad de los terneros es casi el doble que tegorías básicas (Murdock y otros, 1961). Otros han opera~o, al menos.de
la de las crías de sexo contrario. l)e hecho 1 el nú1nero de he111bras de un nlodo in1p1ícito, solan1ente con un esquen1a bipartito: nucleo y supe1es-
0-1 años supera al de los 111achos del 1nisn10 grupo de edad en una propor- tmctura (cf. Steward, 1955).
ción de 100 a 6 7. Los 1nis1nos agricultores son plena111ente conscientes de
que los segundos tienen n1ás probabilidades de n1orír que las prin1eras,
pero atribuyeri la diferencia a la relativa «debilidad» de los niachos. «Los ¡... os co1n ponen t es etl·c l' co11d11ctuales del patrón universal
111achos -suelen decir- enfet111an 1nás a nlenudo.» c=uando les pregunté
cón10 explicaban esta propensión, algunos sugirieron que los 01achos con1Ían
111enos que las he1nbras. Finalinente, varios de ellos adn1itieron que esto se INFRAESTRUCTURA campamentos, casas, apartainentos
debía a que sólo se les pern1itía pern1aneccr unos pocos segundos junto u otros n1arcos do1nésticos.
a las ubres de la n1adre. A nadie, e1npero, se le ocurrió afir111ar que> dada AJodo de producci611. La tecnología Estructura fainiliar.
y las prácticas ~in~)lcadas para . , División do111éstica del trabajo.
la escasa de111anda de anii11alcs de tiro en Kcrala, se decide sacrificar a los incren1entar o lunitar la producc1on Socialización do1néstica, enculturación,
1nachos y criat a las he1nbras. J_,a perspectiva e111ic de la situación es que básica de subsistencia, en especial educación.
nadie, consciente o voluntarian1ente, acortaría la vida de un ternero. Una Ja producción de alimentos y otra.s . Edad y roles sexuales.
fonnas de energía, dadas las restncc10- Jerarquías de disciplina do1néstica,
y 111il veces oí decir que todas las crías, indcpcndienten1ente de su sexo,
ncs y oportunidades p~·ovocad~s por . , sanciones.
tenían «derecho a la vida». Pero Ja din1ensión etic de la situación es que una tecnología especifica que 1nteractua EcononlÍa política. La organización
la proporción de sexos del ganado -la tazón entre bueyes y vacas- se con un hábitat detern1inado. de la reproducción, producción
ajusta de un 111odo siste1nático a las necesidades de la ecología y la econo- Tecnología de subsistencia. 1

intercmnbio y consun10 dentro y entre


Helaciones tecno-ainbientales.
1nía locales 111ediante un «bovicidio» preferencial de los n1achos. Aunque Ecosisteinas.
bandas, poblados, jefaturas, estados
no se sacrifican los terneros indeseados) se los deja n1orír de ha1nbre con e iinperios.
Pautas de trabajo. Organización política,. facciones, clubs,
tnayor o n1enor rapidez. En otras regiones de la India, en donde predo1nínan 1Hodo de reproducción.- La tecnología asociaciones, corporaciones.
diferentes condiciones ecológicas y econón1icas, se practica un «bovicidio» y las prácticas e1npleadas para División del trabajo,
etic que afecta a las hen1bras en ve% de los 111achos 1 dando lugar en algunos incren1entar Ji1nitar y n1ai1tener Siste1na de i1npuestos, tributos. . ,
estados a una proporción de n1ás de 200 bueyes adultos por cada 100 vacas d tainafio d~ la población. Socialización política, enculturac1on,
J)en1ografía. educación.
(véase capítulo 22 para una discusión niás detenida sobre los aspectos en1ic Pautas de aparcan1íento. Clase, casta, jerarquías l:rbanas~ ;-urales.
y etic del ganado vacuno en la India). Fertilidad natalidad y n1ortalidad. Disciplina, control policial y 1nilttar.
Nutrición' infantil. Guerra.
Control 1nédico de pautas deinográficas.
El patrón universal Antíconccpción, aborto, infanticidio.
SUPERESTRUCTURA
Para poder comparar las culturas 1 el antropólogo tiene que recoger y ESTRUCTURA Superestructura conductual. Arte,
organizar los datos referentes a las n1ismas en relación con aspectos o partes música, danza, literatura, propaganda.
P,conontfa don1~s,tica. La or~~niza,ci.ón Rituales.
del todo sociocultural presentes en todas las culturas. La estructura de estas de la reproducc1on y producc1on bas1ca, Deportes, juegos, hobbíes.
partes recurrentes se deno1nina patrón universal. La tnayoría de los antro- intercaiubio y consu1110 dentro de Ciencia.
pólogos coincidirá en que todas las sociedades hun1anas han de tener dis"
132 Introducción a la antropología general La naturaleza de la cultura 133
En este libro se utilizará un patrón universal integrado por tres divisio~ radas. Ninguna estrategia puede reivindicar la posesión del n1onopolio
nes principales: infraestructura, estructura y superestructura (véase cua~ exclusivo de la verdad.
dro). La infraestructura se co1npone de las actividades etíc y conductuales
1nediante las cuales toda sociedad satisface los requisitos n1ínünos de la
subsistencia (1nodo de producción) y regula el crcciiniento de1nográfico La estrategia del materialismo .cultural *
(ntodo de reproducción). La estructura se halla constituida por las activida~
des econó111icas y políticas de tipo etic n1ediante las cuales toda sociedad Se ha indicado en el capftulo 1 que este libro sigue la estrategia de
se organiza en grupos que distribuyen, regulan e íntercan1bian bienes y investigación de tipo no1notético denon1inada n1aterialísn10 cultural. Co1no
trabajo. Se puede hablar de eco110111ías do111éstícas o eco110111ías políticas csta1nos a punto de iniciar nuestro análisis de la evolución de los sísten1as
con10 con1ponentes universales en el nivel estructural, según se centre el socioculturales, deben1os explicar los principios básicos de esta estrategia.
foco .de organización en los grupos don1ésticos o en las relaciones internas c:on10 su no1nbre sugiere, el 1naterialis1110 cultural se interesa por la bús·
y externas de la sociedad global. Cabe inferir, en tercer lugar, la existencia queda de f~ctores 1nateriales co1no causa de las diferencias y se1_i1ejanzas
universal de una conducta que co1nprende actividades creativas, expresivas, socioculturales. Estos factores 1nateriales no son otros que el con1unto de
estéticas, deportivas, religiosas e intelectuales. Estas forn1as de conducta, -(:01nponentes etic y conductuales del pa{rÓn universal, pero especíahnente
junto con todos los aspectos 1nentales y e112ic de la estructura e infraes- de la infraestructura etic y conductual. El principio teórico básico del
tructura conductuales, constituy.en la superestructura de una cultura. n1aterialis1no cultural es que los niodos etic y conductuales de producción
y reproducción detern1inan probabilísticcunente la estructura, la superes-
tructura y todos los con1ponentes entic y 1nentales de los sisten1as socíocul·
Estrategias alternativas de investigación turnles. E,ste es el principio del detenninisn10 infraestructttl'al (véase capí-
tulo 26 para un exaincn de la relación entre libertad individual y detern1i-
Los antropólogos no concuerdan sobre cuál es la mejor 1nanera de ex" nis1no cultural).
plicar la evolución de las culturas y la gran variedad de diferencias y sen1e· La in1portancia de un principio estratégico con10 el del deterniinisnio
janzas culturales. Coino en cualquier otra disciplina, siguen diversas estra· iu/raestructural es que proporciona un conjunto de prioridades y directrices
tegias de investigación, es decir) niodelos básicos o paradíginas integrados para la fonnulación y contrastnción de teorías e hipótesis sobre las causas
por principios que organizan y guían la recogida de datos y la for1nulación de los fenón1enos socioculturales. Los inaterialistas culturales conceden
de hipótesis y teorías (Kuhn, 1970; Lakatos, 1970; Clarke, 1972; Lauden, n1<Íxiina prioridad al esfuerzo de forn1ular y verificar teorías en las que
1977). Las principales alternativas se pueden clasificar en dos grupos: las las variables infraestructurales son los principales factores causales. No
estrategias ídiográ/icas y las no1notéticas. Las de tipo idiográfico son aque- quiete esto decir que las prioridades alternativas tengan poco que aportar,
llas que suponen que el azar y la espontaneidad hun1ana don1inan todos sino sünplen1entc que es nienos probable que proporcionen teorías non1oté-
los fenó1nenos hu1nanos y que, por ende, es inútil buscar un gran proyecto !icas verificables de alcance y coherencia con1parables. El n1aterialisn10 cul-
en la historia o relaciones repetitivas de causa y efecto para explicar las turnl no se opone al r}unto de vista de que los dc1nás con1ponentes del
diferencias y sen1ejanzas socioculturales. patrón universal (la estructura, la superestructura y los factores entic Y
Las estrategias non1otéticas parten, en can1bio, del supuesto de que incntales) influyen en la infraestructura conductual-etic. Sirnple1nente con·
existe un considerable grado de unífonnída<l y regularidad en los fenó1ne" cede prioridad al principio del detern1inisn10 infraestructura! para asegurar"
nos culturales. IIacen hincapié en los aspectos recurrentes de las experien- se de que no se io-nora la influencia que esta últin1a ejerce.
cias sociales y culturales del ho1nbre, más que en los de carácter singular Suponga111os, ;or eje1nplo 1 que quere1nos con1prender los ca1nbi~s que
e irrepetible. Sin e1nbargo, difieren an1plía1nente en cuanto al grado de se están produciendo en las relaciones entre los sexos en Estados Unidos Y
orden que esperan encontrar y en la in1portancía causal que otorgan a los en otras naciones industrializadas. Co1no todo el niundo sabe 1 las últin1as
distintos niveles y categorías del patrón universal. décadas han conocido un incren1ento en las relaciones sexuales pre1natri-
1noniales, en el nún1ero de parejas que viven juntas sin estar casadas y en
La existencia de estrategias alternativas de investigación es lógica y
el nún1ero de parejas casadas que no tienen hijos o sólo tienen uno. l)esde
natural en cualquier disciplina, con10 ta111bién lo es la necesidad de elegir
la perspectiva del inaterialís1no cultural 1 no basta con atribuir estos can1bios
entre ellas. De hecho, los filósofos de la ciencia han sugerido que ésta
a 1nodíficacíones en las ideas y valores en torno al sexo, el n1atrí1nonio y
sólo progresa con10 consecuencia de la cotnpetencia entre estrategias alter-
nativas de investígación. Ahora bien, la adopción de una estrategia concreta
·1< Los estudiantes interesados en una breve descripción de algunas de las princi"
no significa que las de1nás nada tengan que aportar y que puedan ser igno-
pales estrategias alternativas de investigación deben consultar las páginas 550-553.
134 Introducción a la antropología general
La naturaleza <le la cultura lJ)
la ta111ilia. E,i proble1na consiste en descubrir por qué han ca1nbiado estas
ideas y valores. tos de la enculturación en la vida hun1ana. Sin en1bargo, la enculturación
Co1110 vercn1os en el capítulo 25, donde se analiza por extenso este no puede explicar có1no y por qué can1bian las culturas. Por lo de111ás, no
problc1na 1 los actu<llcs ca1nbíos en los roles sexuales son interpretables todas las replicaciones culturales en diferentes generaciones son consect¿en-
con10 respuestas a factores infraestructurales con10 la transición de una cia de la enculturación. Algunas son producto de reacciones ante condicio-
econo1nía agrícola a otra industrial, el coste creciente de la crianza de los nes o situaciones siinilares. (
níños, la disn1inución de los costos de la anticoncepción y Ja necesidad En tanto que la cnculturación designa el proceso por el que la cultura
de dos sueldos por unidad do111éstica para n1antener los niveles de consu1110 se transn1ite de una generación a otra, la difusión se refiere al proceso por
de la clase n1edia. I~n cainbio) no es tan fácil invertir la dirección causal y el que la cultura se transn1ite de una sociedad a otra. La difusión, co1110 la
atribuir todos estos ca1nbios al deseo por parte de los jóvenes de ten<M· enculturación, no es auton1ática y adolece de grandes lünitacioncs con10
relaciones sexuales pren1atrin1oniales y unirse en 1natrin1onios de prueba. pxincipio explicativo. Dos sociedades vecinas pueden tener culturas 1nuy
1~ales pensan1íentos se han producido con10 innovaciones efí1neras en ge- sitnilares, pero ta1nbién n1uy dispares.
neraciones anteriores) pero no han podido pasar a forn1ar parte del reper- La cultura tal coino se define en este libro, se co111pone tanto de acon-
torio cultural hasta que ca1nbió la infraestructura. teciniientos p;opios de la vida 1nental co1no de hechos propios de la con-
Con10 todos los organisn1os, los seres hu1nanos deben gastar energía ducta. A diferencia de otros animales sociales que sólo poseen culturas ru-
para obtener energía (y otros productos que n1antíenen la vida). Asin1isirio, dünentarias, los seres hu111anos pueden describir sus pensan1ientos y su
nuestra capacidad de producir hijos es niayor que la de obtener energía conducta desde su propio punto de vista. Al estudiar las culturas hu1nanas,
para ellos. La prioridad estratégica de la infraestructura se basa en el hay que explicitar, pues, si se expresa el punto de vista del participa.nte
hecho de que a los seres hun1anos no les es posible alterar estas leyes. nativo o del observador. Estos son, respectivamente, los puntos de vista
En otras palabras) la infraestructura es el principal vínculo entre cultura enúc y etic. Los aspectos 1nentales y conductuales de la cultura son aborda-
v naturaleza; entre las restricciones ecológicas, quín1ícas y físicas a las que bles desde ambos. Las versiones emic y etic de la realidad difieren a menudo
está son1etida la acción hun1ana y las prácticas socioculturales enderezadas de un inodo acusado. Sin e1nbargo, norn1aln1ente existe algún grado de
a superar o n1odificar estas restricciones. E:J orden de prioridades del n1a- correspondencia entre ellas. Ade1nás de los aspectos en1ic, etic, niental y
terialis1110 cultural, que parte de la infraestructura para llegar a los restan- conductual, todas las culturas con1parten un patrón universal. Este, tal
tes con1ponentes conductuales y, finaln1ente.i a la superestructura n1ental, con10 se define en este libro) está integrado por tres grandes con1ponentes:
refleja el creciente alejanlicnto de estos con1ponentes de la superficie de infraestructura, estructura y superestructura. A su vez, éstas están consti-
contacto entre cultuta y naturaleza. Así pues, parece razonable buscar los tuidas, respectivan1ente, por los niodos de producción y reproducción, la
inicios de las cadenas causales que afectan a la evolución sociocultural en econo1nía do1néstica y política, y los aspectos creativos) expresivos, estéti-
el con1plejo de actividades corporales que incren1cntan la energía e influyen cos e intelectuales de la vida hun1ana. La definición de estas categorías,
en el equilibrio entre el tan1año de la población hu1nana, la cantidad de esencial para la organiz~ción de la investigación, difiere según la estrategia
energía dedicada a la producción y la provisión de recursos que sostienen de investigación que se adopta.
la vida. Los n1ateríalistas culturales afinnan que este equilibrio es tan vital Las estrategias de investigación son 1nodelos básicos o paradigmas que
para la supervivencia de los individuos y los grupos que son sus beneficia- organizan la recogida de datos y la fonnulación de hipótesis. En antropo-
rios que es probable que todos los den1ás pensan1ientos y actividades cultu- logía hay dos tipos básicos de estrategias de investigación: las idiográfícas
ralinente pautados de estos individuos y grupos estén, directa o indirecta- y las nornotéticas. Las estrategias idiográficas rechazan la posibilidad ?e
n1ente, detetn1inados por su carácter específico. I~xan1ínaren1os ahora hasta descubrir procesos causales generales en las culturas hun1anas; hacen hin-
qué punto resulta con1prensible la evolución de la cultuta desde esta pers- capié en los aspectos singulares y/ o enzic de la vida social. Las no1notéticas
pectiva. con1parten el supuesto de que las culturas son analizables co1no sisten1as
causalmente determinados, pero difieren a1nplia1nente en cuanto al áinbíto
Resumen de sus· intereses, las prioridades que otorgan a los con1ponentes del pa:rón
universal, su capacidad para explicar diferencias y se1nejanzas, y l~ amplitud
Una cultura consiste en los 1nodos socialinente adquiridos de pensar, y coherencia de sus teorías. La estrategia de investigación seguida por el
sentir y actuar de los n1icn1bros de una sociedad concreta. Las culturas autor es el 1naterialismo cultural, debido a que, en su experiencia, esta
1nantienen su continuidad n1ediante el proceso de enculturación. Cuando se estrategia ha demostrado ser capaz de generar conjuntos de teorías n1ás
estudian las diferencias culturales, es in1portante guardarse del hábito 1nental amplios y coherentes que los producidos bajo los auspicios de las estrategias
llan1ado etnocentrisn10, que surge de no apreciar los trascendentales efec- alternativas. Sin embargo, hay que prestar gran atención a puntos de vista
alternativos.
El Paleolítico del \líejo Mundo 137
Capítulo 8
\;ez nJás rápidos. En la actualidad, evoluciona a un tittno exponencial, aun
EL PALEOLITICO DEL VIEJO MUNDO cuando reciente1nente no se hayan producido can1bíos significativos en el
volu1nen craneano o la organización neuronal del Tlon10 sapÍens.
La visión de la evolución de las culturas co1no un extenso período de
ligeros can1bios seguido por una explosión de innovaciones y desarrollo
dífiere de las concepciones n1antenidas en el pasado reciente. Antes di: la
década de 1970, los inicios de la vida cultural de los homínidos se situ~ban
no más allá de hace un millón de años. Por ello, cuando las pruebas de la
f-abricación de útiles en favor de la evolución cultural se reducían a ese
intervalo de tien1po, daba la ünpresión de que había existido una lenta pero
continua evolución de la cultura durante todo el período. La extensión del
período de fabricación de útiles hasta hace, por Jo n1enos, 2,5 n1illones de
nfios 1nuestra que esta visión era errónea. La estrecha relación entre el
«despegue» cultutal y el surgin1iento del Honio sapÍens arcaico presta un
nuevo apoyo a la visión de que hay que buscar la característica distintiva de
nuestra especie en la capacidad única d_e adaptación a la naturaleza n1ediante
innovaciones culturales en vez de biológicas.

Períodos prehistóricos
Lo:)_ ins_tru1nento_s de piedra propotcíonan la 111ayor parte de los datos
El estudio antropológico de la evolución cultural se inicia con los hechos sobre las fases n1ás ~ntiguas de la evolución cultural. De ahí que los
e inferencias de la arqueología prehistórica. La arqueología es a la antropología
lo que la paleon_ro_logí.a a la.biología. S.in la arqueología, los antropólogos no :1_1_·9~1_c.S,_l9gos dividan todo el período de la antigua prehistoria en edades
pueden n1 describir n1 explicar el curso de la evolución cultural. Debido l!ticas __(_esto es: «edades de piedra»). s~ re_conocen tres de estas edades en
a la g1~an extensión en el tien1po y el espacio del cainpo estudiado por los L1. evolución cultural de 1~uropa: Paleolítico (edad de piedra antigua),
arqucologos, la antropología goza de una posición' única entre las ciencias Mesolítico (edad de piedra media) y Neolítico (edad de piedra nueva). ·
sociales. Los antropólogos pueden observar tendencias de laroo alcance ~~.L,J~~_l_eo_lí_ti_c:o fue una fase de la cultura que e,'.'.'_istió __ hace tien1po en
y fonnular y contrastar teorías causales de la evolución cultu~al. ' todo el _1nundo._I-Iasta qué punto, sin en1bargo, son las edades del Mesolíti-
Este c.apítulo traza la evolución de las culturas del Viejo Mundo desde co y Neolítico identificables fuera de Europa es n1otivo de controversia
los artefactos 1nás antiguos que se conocen, indicativos de 1nodos de producción entre los arqueólogos. La n1ayoría concuerda en que el Mesolítico se res-
basados en la recolección, la caza y la recogida de desechos hasta el u1nbr<_1.l
~e la do1nesticación de plantas y anilnales. ' · 1rínge1 CS('.ncialinente, al norte de l~uropa y en que el J\}e()lfri_c_()_O su equi-
valente puede identificarse tan1bién en Asia y Africa 'Jd(ú1í'ás ·de 1~uropa.
;\lgunos arnplían este últin10 concepto hasta abarcat las antiguas fases de la
do1ncsticación de plantas y anin1ales en el Nuevo lvlundo. I--Ia de tenerse
El «despegue» cultural presente que los antropólogos están interesados en estas edades no por los
l'itílcs lítícos en sí -las «tradiciones tecnológicas»- 1 sino por lo que estos
~:~:.ª.!2.~_<:_Jª_J))ayor parte del Pleistoceno, las evoluciones de la cultura y útiles y sus 1nodificaciones evolutiv<is nos dicen sobre la evolución de los
q_~l ____ <:_el~(:?t_o de los hon1ínidos se influyeron recíproca1nente. l)oco a poco, sistc111as culturales.
la selección natural favoreció a los ho1nínídos que podían aprender a res~ En el nivel n1ás general, las culturas del Paleolítico se basaban en la
ponder a un n1ayor nú1nero de situaciones inediante tradiciones sociales cazfl_, _P~.s-~a y reco_lecció_i1_ 1nás que en la agricultura o ganadería. La gente
independientes de la progran1ación biológica. [)_e,, . ªhí que durante cientos de \'._i_\l_Í?... e_I1_ pequeños grupos, L~ ___ p_oblación total del n1un<:lo asce11día tan sólo
1n}~e_? __ <l_e año~~ en las épocas del Jlon10 habilis ·y-del. Hon10 erectus, el _rit_1no a __ unos cuantos n1illones de habitnntes y los g_r~~-Pº~--~S-~ftl:ian 111uy __ disperso~.
d~ ___la ey<?luc1on cultural fue tan lento gue apenas era apreciable. S_Q_lo con Para utilizar con eficiencia los recursos de plantas y anilnales disponibles,
l~- -~F-~1)(2_1Ón del 1101110 sapiens arcaicO, el ritn10 de la evolución. cuiÍ:ural los grupos de cazadores y recolectores recorrían extensos territorios y, pro-
<:~?P~_z_ó a dejar atrás al de la evolución biológica de los hon1ínidos. Este bable1nente, no _s_~ .. establecían en ningún can1pa1nento cueva o abrigo
«ctespe~ue» parece haberse producido hace unos 100.000 años. Sin embar- (_Jurante n1.á_s de unas cuantas se1nanas o ineses. '
go, dur(Ol}~_t~ Jos últinios ~.?.000, 18:. cu_ltura ha experitnentado can1bíos cad_a_
136
138
Introducción a la antropología general

En la n1isn1a perspectiva general, se puede caracterizar al Neolítico El Paleolítico del Viejo lviundo IJ~

con10 la .edad de Jos


sistcn1as culturales basados en la don1esticación de plan*
considerar co1no los antecedentes lógicos de los prüncros bifaces o «hachas
tas Y an1n1ales. El tan1afio del grupo y la población total eran n1ás orandcs
Y el as:ntan1iento rnás nu~lcado. Para explotar con eficiencia las planta~ ti
de niano». achelenses (fíg. 8.1), aunque todavía no se han identificado
do111esttcadas, los ascntan11entos pern1anentes o poblados rec111pla2aron a todos los pasos de la transición en térn1inos de una serie real de útiles
los can1pan1cntos te111porales de los cazadores y recolectores del Paleolítico. (el'. Butzer, 1971: 437; M. Leakey, 1975). También se han hallad°, chQp-
El ~1.e~~2-l_ídc:()_ f_~1e _un_ t_ic1_11po de transición ent_re _estas_ dos edades en Europa_~ pcrs sencillos en algunos de los yaciinícntos 1:1ás antiguos de Euro~a,
. 111. Paleolítico), la n1ás larga de las edades prehistóricas, n1uestra gran concretamente en la cueva de Vallonet, en la l-\1vera francesa) y en Ver-
~1~1 ers1dad !ocal. E.1? gcnetal se reconocen tres subdivisiones: (l} el Paleo- tcsszóllüs, 1--Iungría. Co1110 vin1os, los lla1n~d~s Utiles oldu~ 1 aienses des-
ltf:t0:() fnfer1or1 donunado por sencillos útiles olduvaienses bifaccs sobre nú- nrrollados y los achelenses parecen haber coex1st1do en Olduvar y ottas loca-
c1e? y útilc.s sobre ~asca; (2) el ]Jaleolítico Medio) caracteri~ado por un reper~ lidades africanas durante niedio 1nillón de años.
~?:·1_0 ~1nplro Y refinado de útiles sobre nUcleo, puntas sobre lasca y otro_s
u.!1_1,e_s__ sobt~ lasca;. _(3) el ]Jafeolftico Superior!__ caracterizado por un reper-
~orio an1pho y refinado de útile~ s?bre_hoja (véase p. 144) X.J)()f nu1nerosos
1'._~_stru111entos y artefactos especializados de n1arfil, hueso y asta.

Desarrollos del Paleolítico Inferior

Ya hen1os descrito en los capítulos 4 y 5 los útiles n1ás antiguos que se


conocen (01110, , ª/)füxÍn1adan1e1:te 2,_5 1nillones de años) y la tradición
n1ás antigua de utiles, la olduva1cnse. Los choppers olduvaienses se pueden

1: 11.-. 8.2.-Raedera paleolítica. El borde largo y casi re.cto. ~el lado dere~ho .de eSt<'
t'itil de 200.000 afios de antigüedad es el filo de traba¡o. Vista frontal (1zqu1erda) Y
perfil (derecha). [Lee Boltin.]

El utillaje achelense comprendia muchos tipos diferentes de ~ifaccs,


fabricados a n1enudo a partir de lascas más que de núcleos: ~olzedrtco.s
(piedras redondeadas con 1núltiples facetas) de función descc:nocrda, cuchi-
llos y raederas extraídas de núcleos, así co1no un nú1ner<?_ rm~c:rtante de
grandes hendedores sobre lasca, raedcras y otros pequcnos utrles sobre
lasca (fig. 8.2). La tradición achelense se propagó gra~ualinen.te a extensas
regiones de Africa) I~uropa, Asia occidental y la India, s~strtuyendo con
frecuencia a las anteriores industrias. locales y 1-;iás general1z.adas, 9ue ~ar~­
FIG. 8.1.-Bifaz achelense. [Museo A1nericano de cían de bifaces. Este parece haber sido el destino de l? cn1gn1atlc~ tra~h­
I-Iistoria Natural.]
ción de útiles de Europa occidental dcnon1inada clacton1ense, que solo dis-
ponía de útiles sobre lasca toscos y no especializados (Ohcl, 1977).
141
140 Introducción a la antropología general El Paleolítico del Viejo Mundo

Parece casi increíble q~e pese al hecho de haberse hallado cientos de mi- 1977b: 150-151). Por el momento, todavía no se comprende el significado
. les de bifaces y haberlos utilizado nuestros antepasados durante 1,5 millones funcional de la diferencia entre las tradiciones oriental y occidental del Pa-
de años, nadie sepa con exactitud para qué se empleaban . Tal vez se utili- leolítico Inferior.
zaran para cortar ramas para fabricar lanzas de madera u otros instrumen- Con todo, el mayor enigma de este período es por qué. duró ta~to
tos, para aplastar o hender las articulaciones de los animales, Q para buscar 1iempo y por qué fueron tan ligeros lo~ .cambios duran te u!1 mtervalo .? e
tubérculos y raíces en suelos duros. Nadie lo sabe con seguridad, puesto tiempo tan extenso, a lo largo del cual v1v1eron clece~as ele millares ,de gdle-
que los modernos grupos de cazadores y recolectores que emplean útiles raciones ele homínidos. En el desfiladero de Olduva1 la «monotoma» de la
líticos ni fabrican ni utilizan nada parecido a un bifaz. tradición achelense no se interrumpe durante un millón de años. Para
Las toscas pero afiladas lascas que caracterizan a las industrias preache- Arthur Jelineck, esto sugiere
lenses habrían servido mucho mejor que los bifaces para cortar las duras~
pieles de las reses muertas o desmembrarlas. Cabe suponer que el bifaz era un tipo de actividad cultural cualitativamente disti nto del que nos es familiar e~. las
un subproducto de la producción de lascas achelense. Esto es, en vez de nctividades del Homo sapiens sapiens. Existe, pues, una buena razón para caltf1car
desechar el núcleo del que se extraían las lascas, el artesano achelense cst~ pauta del Paleolítico Inferior de conducta paleocultural que difería significativa-
mente de la conducta cultural del hombre moderno (1977: 28).
seguía una pauta definida de golpes (fig. 8.3), que producía tanto las lascas
como un buen útil sobre núcleo para varios fines.
Probablemente, la diferencia crítica es~ribe en la capacidad p~ ra c?-
municarse mediante una forma plenamente desarrollada de lengua¡e. Sm
embargo, hay que tener presente que durante esta la rga época paleocultural
el género H~mo aprendió a emplear y contr?lar el ~uego, cazar grandes
animales y construir abrigos al aire libre con pieles, ho¡as y maleza.

Desarrollos del Paleolítico Medio

A finales del Paleolítico Inferior, las tradiciones se enriquecieron con


útiles sobre lasca producidos por un ingenioso método conocido como
técnica de Levallois (fig. 8.4). Se preparaba un núcleo de sílex en forma
ele tortuga como para producir, un grueso ~ifaz , sal~o que el tallado se
aplicaba sólo en una cara del nucleo. Despues se aplicaba un golpe trans-
versal en un extremo del mismo, produciendo un saliente o plano de per-

Fig. 8.3.-Bifaz y técnica achelenses per-


feccionados. Los golpes tal vez se descar-
gaban con percutores de hueso o madera.
Las lascas también se podían utilizar como
A útiles.

Otro misterio asociado a la tradición achelense es el hecho de que no se


propagara más allá de la India hasta China, el Sudeste asiático o Indonesia.
Aunque se han encontrado unos pocos bifaces en China y Java, no cabe f1G. 8.4.-Técnica del núcleo de tor/11gt1
duda de que una pauta de fabricación de útiles diferente predominó du- /evt1lloisiense. Izquierda: lasca levalloisiense.
rante un millón de años al eºste de la India (Jelineck, 1977; Laritchev, Derecha (de arriba abajo): preparación del
1976). En China, por ejemplo, los yacimientos del Paleolítico I nferior en plano; extracción de lasca por percusión;
vista desde arriba del núcleo tras el des-
Lan-T'ien, Chou-K'ou-tien , Ko-tzu-Tung y Shih-Lang-T'ou muestran un prendimiento de la lasca.
predominfo de útiles de corte, grandes raederas discoidales y lascas (Chang,
142 El Paleolítico del Viejo lvlundo 143
lntroducci6n a Ja antropología general

dusión. ~e dJscargaba entonces un golpe longitudinal al plano de percusión


esprenc ien o una lasca alargada y delgada con bordes rectos , fl d '
Se ~1an en,contrado núcleos y lascas levalloísienses a lo 1 ·o } a 11 a ods.
Afnca y Europa y _,. l a1bo y anc10 e
p l l'-· Iv1 d' > gene1.a1n.1cnte, n1arcan a transición a las industrias del
a eo itlcdo d·c¡ 10. El utdla¡e del Paleolítico Medio euroafricano también
coinpren e r ·eren tes potcenta¡·e · d b'f
achele l"I . . ./ s e I Bccs y otros instrumentos de tipo
tallada~s~. p~~~~·nd~ul apar1~1on iYl'.n.r_as que tal vez se. fijal'an a lanzas. Están
l . l' _ .ascas eva 01s1ense y de otros tipos de lascas y eran lo
)ast~nte igeras y ~filadas como para haber servido de eficaces ro iectiles
bn muchas regiones, las tradiciones de útiles sobre lasca detPale j'( •
M ed 10 se a1ustan al tipo d · J · 'd ' ' o. 1 reo
r' e In< ustna conoc1 o con10 n1usteriense Esta
tra~ rc1ones c~nsisteln en pequefias lascas extraídas de núcleos ievalloi.s1·e11se' ss
v oe otros tipos , e n' ¡ d f d · .d '
Ía~cado secundario b~~~d~s e1~ t~~~~1i~as iscdoe1 ~l que er~n s.~111etidos a .t;n
( f1o- 8 5 8 6) Al ' suave pc1cus1on y pres1011
as. · Y · · ( gunos prehistoriadores usan el tériníno «n1usteriense»

FH>. 8.6.-l'·lticleo en fonna de tortuga tJntsferiense. Del núcleo 1nustericnsc (izquier-


da), preparado de una fon11a que recuerda a la concha de una tortuga 1 i;e des¡n·cndlan
nicdiante el lascado de su cara inferior plana 1nateriales para útiles con10 la punta
1noslrada de frente (centro) y de petfíl (derecha). [Lee Boltin.]

La ttansición desde las industrias achelenses a las del Paleolítico Medio


se produjo de fonna bastante brusca y n1ás o 1nenos sítnultánea en Europa,
Oriente Medio y Africa hace unos 100.000 años (Beaumont y Vogel, 1972;
Deacon, 1975; J. D. Clark, 1975). El Paleolítico Medio es, pues, más o
1nenos equivalente al período en el que aparecieron las variedades arcaicas
de I-lomo sapiens a lo largo y ancho del Viejo Mundo. Hay indicios feha-
cientes de que el «despegue» cultural ocurrió en este período en asociación
con la transición del arcaico al 1noderno Flonzo sapiens. Alexander Mar-
shack (1976) ha otorgado especial in1portancia al descubrüníento 1 en ya-
ci1nientos de Francia y 13ulgaria, de lo que parecen ser adornos personales
fabricados con una falange de reno y con un canino de zorro y de huesos
Hoja
F1G. 8.5.-Instnanentos tnusterienses. grabados con finas líneas y zig-zags (fig. 8.7). Una sección grabada y pulida
de un 1nolar de rna1nut, procedente del n1usteriense de 1~ata) liungría, pudo
haber setvido como una especie de objeto ritual (fig. 8.8). Estos artículos
para d,esignar todas las industrias del Paleolítico Medio.) Así, el utillaje del parecen implicar la existencia de significados sociales que sólo se podían
~~leohtrco Medio noi-1nahnente comprendía algunos bifaces y numerosos con1prendcr y cornunícar dentro de con1unídades que 1 ade1nás de poseer una
utile: sobre 1asca 1 tales como diversas variedades de puntas) raederas lascas t'radicíón social de fabricación de útiles, dispusieran ta1nbién de una forn1a
~ent1culadas para desbastar madera, buriles y perforadores. Se habí; logra- avanzada de lenguaje. La aparición de prácticas funerarias en n1uchos luga-
º un alto grado de dominio en el lascado secundario o retoque de los res de enterra1niento neandertalenses sugiere conclusiones sin1ilares. Por
bordes; de hecho, se han hallado instrumentos especiales de hueso que se ejemplo, los esqueletos de 55.000 años de antigüedad encontrados en la
c~ee ~edon emp.leados para este fin en numerosos yacimientos del Paleolí- cueva de Skhul tenían las rodillas dobladas contra el pecho. Al parecer,
tico e_ 10. Recientemente se ha demostrado que también se puede lograr sobre el cuerpo de uno de los varones enterrados en Skhul yacía la quijada
un r~toque Y tallado excelentes mordiendo el borde de una lasca con los de un verraco salvaje. En Shanidar) 1nontones de ranúnculos 1 1nalvarrosas,
prop10s dientes (Gould, Koster y Sontz, 1971). jacintos y otras flores fueron inhu1nados junto a un neandertal que n1urió
El Paleolítico del Viejo Mundo 145
144 lnrroducción a la antropología general

hace 60.000 aiios (Solecki, 1971). Otrns yacimientos del Paleolítico Medio
indican que ta1nbién se utilizó el ocre rojo (un tinte asociado con Ja sangre
y con poderes n1ágicos entre n1uchas poblaciones aborígenes n1odernas) en
algún tipo de ritual funerario (Constable, 1973).

FIG. 8.7.~Joylls 111usterie11ses. Pendien- Fig. 8.8. ··- ()bjeto ritual n1usteriense.
tes n1us1cricnscs del yaciinícnto de L;1 Este objeto, tallado de una sección de
Quina, Francia, hechos con una falan¡~c inolar de man1ut, se asemeja al «churin-
de reno y un canino de zorro joven (1a- ga» australiano (véase pág. 424). [Alc- FrG. 8.9.-fíoja del Paleolítico
1naño natural). [Según 11 Manin.J xander lvlarshack.J Superior. Forn1a básica de 111u·
chos instnuncntos del PaleoJí..
tico Superior. Los útiles espe-
Asi111is1no, en otros enterranüentos del Paleolítico Medio, se han halla- cializados se fabricaban 1nedian-
te el retoque de bordes y pun-
do útiles de caza y restos óseos de ofrendas de carne, lo que sugiere la tas. La hoía tiene 4 pulgadas
posibilidad de que la n1uerte se interpretara )1a en aquel tíe1npo con10 un de largo y solmnente un cuarto
viaje a una tierra ren1ota. Durante este viaje) la carne era necesaria para de pulgada de grosor. [Lee
alin1entar al cazador, aunque en el punto de destino la caza no escasearía. Boltin.]
Sin einbargo, todas estas interpretaciones son su1nan1ente especulativas.
lítico Superior (fig. 8.10). se podía;1 obtener de d~ez a cuarenta pies de
filo cortante del mismo núcleo de sil ex (Bu tzer, 19I1) · . . .
El Paleolítico Superior En f,uropa, el Paleolítico Superior cn1pícza co~1 la. industria perigor-
diense (circa 32.000 B.P. en el suroeste de Francia), 1n1port.ante por su
I~l Paleolítico Supetior se caracteriza pot un acusado incre1nento de los mezcla de útiles del Paleolítico Medio con cuchillos sobre ho¡a apuntada,
útiles sobre hoja y por un gran florecimiento de los instru1nentos de 1narfil, buriles sobre hoja (para trabajar la n1adera y el hueso), punz?nes de bues~
asta y hueso. Las lascas que tienen cortes paralelos y que son el doble y puntas del mismo material idóneas para lanzas y fl<;chas (f1g. 8.11) .. Casi
de largas que de anchas se deno1ninan técnican1ente hojas (fig. 8.9). Aun" al niisino tien1po que el perigordiense apar~ce el aurt~1~c1ense) car~ctcrrzado
que poco corrientes, los útiles sobre hoja aparecen en el Paleolítico InfeH por finas hojas, cuchillos, raederas y buriles. Ta1nb1cn son corrientes l~s
rior en yacimientos dispersos de Europa y Africa. En efecto, se han hallado punzones de hueso, las astas petforada:·>i que se cree se en1pleaban P?lª
gigantescos útiles levalloisienses junto con delicadas hojas en Africa orien" enderezar flechas, y las puntas de flecha de hueso con una base hendida
tal, y tan1bién han aparecido algunas hojas en colecciones olduvaienses. para enn1angar (fíg. 8.11). Los ejen1plos tnás antiguos de arte _representa-
El desarrollo de los útiles sobre hoja es de especial interés puesto que tivo que se conocen en el inundo se han recuperad? en ~n yac1n11ento. del
ílustta una in1portante tendencia tecnológica y econón1ica: la conservaw auriñaciense n1edío ubicado en Vogclherd, Alen1an1a occ1de;1tal, que ?ata
ción del esfuerzo y de las materias priinas. Empleando la técnica de lascas del 30.000 B.P. Los hallazgos consisten en n1agníficas estatu1llas d~ an1111a"
n1ustcriense, se podía conseguir que un núcleo de sílex de una libra de peso les y toscas figurillas humanas (Marshack, 1976: 274). Algo mas tarde
produjera 40 pulgadas de filo cortante. Con la técnica de hojas del Paleo- y centrada en el sur de Rusia y Europa central aparece la 1ndustua cono-
146 Introducción a la antropología general
El Paleolítico del Viejo lvlundo 14/ I
de cuevas y abrigos rupestres. En el sur. de Rusia, los arqueólogos han
identificado los restos de una inorada de piel de animal perteneciente a un
cazador gravetiense de n1amuts, situad~ er:, un pozo J_~oco pr?~undo de 1
40 pies de largo y 12 pies de ancho. En Checoslovaqma tamb1en ~e han
hallado plantas de vívíendas redondas, que recuerdan a los t1p1s o tienflas !
de los indios americanos.
Hace unos 23.000 años, aparece en gran parte de Francia y Espa11a 1
otra industtia del Paleolítico Superior: la solutrense. Los artefactos
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PERIGOílDIENSE
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F1G. 8.10.~Técnica de hojas del Pa-


leolítico Superior. .AURl~ACIENSE MAGDALENIENSE

cicla co1no gravetiense1 notable por pequeños cuchillos sobre hojas cuyos
cantos han sido en1botados) tal vez para proteger los dedos del usuario,
punzones de hueso y diferentes objetos de adorno personal, tales con10
cuentas de hueso, brazaletes y alfileres (fig. 8.11). Muchos de los objetos
de hueso y marfil están decorados con grabados de disefio geométrico. Los
artefactos n1ás notables del gravetiense son nun1erosas estatuillas que re~
presentan a n1ujeres e1nbarazadas con pechos y nalgas prorninentes. Dichas
cstatuillas, denon1inadas estatuas ele Venus, están esculpidas en piedra>
hueso y 1narfil, e indudablen1ente poseían algún significado ritual relacio~
nado con la fecundidad de las mujeres y los ani1nales o con desequilibrios
hormonales a los que se daba un significado religioso (Kopper y Grishman,
1979). Se han recuperado unos sesenta ejemplares en el trayecto que se
extiende desde Francia a Siberia. Con10 indican los restos de esqueletos,
los gravetíenses cazaban 1nan1uts, caballos, renos, bisontes y otros grandes F1G. 8.11.-lnstnnnentos del Paleolítico
anin1ales gregarios. Establecían sus ca1npan1entos al aire libre y en las bocas Superior. Raedera
148 Introducción a la antropología general El Paleolítico del Viejo Mundo 149

solutrenses n1ás famosos son puntas sitnétricas de puñales y lanzas magní- recen en las paredes de las cuevas y en los instru111entos de asta y hueso del
ficamente talladas en forma de largas y delgadas hojas de laurel. Los Paleolítico Superior. H_eciente1nente, se ha propuesto la teoría de que los
solutrenses ta1nbién hicieron puntas con pedúnculo y aletas fina1nente agujeros y líneas hallados en ciertas placas y «bastones» de asta y hueso
trabajadas. Las agujas halladas en yacünientos solutrenses segura1nente se eran registros del paso de los días y de las fases de la luna (Marshack,
e111pleaban para coser las vestünentas de pieles a Ja n1edida. 1972a, b). Aunque estas n1arcas pueden interpretarse de otra n1ancra,;.' no
La 1nás rica ele las industrias del Paleolítico Superior europeo se deno- hc1y razón alguna para dudar de que los artistas responsables d~ Jas es~enas
n1ina ntagdaleniense y se extiende desde circa 16.000 B.P. hasta circa sorprendente111entc realistas en las paredes de las cuevas tan1b1en tuv1era:1
10.000 B.P. (Bordes, 1968). Los magdalenienses añadieron los arpones al Ja capacidad de observar y registrar las fases de la luna y otros acontec~­
inventario de arn1as de caza. Las puntas de estos arpones estaban hechas de n1icntos celestes, preparando así el carnina para el desarrollo de los pr1-
asta y hueso. Finas agujas de hueso testitnonian la probable ilnportancia (le 1ncros calendarios.
ropas hechas a la n1edida. l)ara cazat, los priineros 111agdalenienses usaban La repentina aparición de adornos persona~es y de: u? .arte rep,resen.ta-
el propulsor de lanzas, un corto bastón o tablilla con una tnuesca o gancho tivo y decorativo a finales del Paleolítico Medro y pr1nc1p1os del Sup~r1or
en un extren10 que encaja con el extten10 posterior de la lanza. La longi- proporciona una nueva prueba de que el despegue cultu.ral estu:o aso~1ado
tud extra del propulsor aumenta, en efecto, la longitud del brazo del caza- ;t la transición del Hon10 sapiens arcaico al Horno saptens saptens. Con10
dor y la fuerza con la que se puede arrojar la lanza. A finales del magda- ha sugerido Alexander Marshack, el tipo de sín1bolos co111partidos que
Jeniense1 probable1nente, se usaban el arco y la flecha, tal como reflejan entrañan las líneas grabadas o las figurillas, cuyo carácter es claran1ent~ no
algunas pinturas tupestres de Francia y España. A n1enudo las puntas utilitario difiere del simbolismo implícito en la fabricación de un b1faz.
de flecha y arpones y los propulsores 1nagdaleníenses estaban decorados con lJn jove1~ del Paleolítico podía aprender cuál era el significado de un bifaz
grabados de caballos, íbices, aves, peces y dibujos gco1nétricos, algunos de ~)hscrvando có1no se fabricaba y usaba. En ca111bio, el significado de una
los cuales pueden ser notaciones que representan ciclos lunares y ca1nbios línea en zigzag o de una estatuilla de Venus era algo que necesitaba ser
estacionales. explicado.
El control alcanzado por los pueblos del Paleolítico Superior sobre las Secuencias de industrias paleolíticas sÍinilares a las europeas aparecen
técnicas de fabricación de útiles en piedra, hueso, n1arfil 1 asta y inadera se tan1bién en Africa y Asia. Por eje1nplo, las técnicas de Levallois y las
reflejó en su dominio de varías forn1as artísticas ritualizadas. En las pare- industrias n1usterienses sucedieron a las tradiciones achelenses en Faures-
des y techos de profundas cuevas en España y Francia, en galerías ocultas 1nith1 Sudáfrica, y en 111uchos otros yaciinientos africanos. 'fan:bíén hay una
ele la luz del día, los pueblos del Paleolítico Superior pintaron y grabaron industria de lascas de tipo 1nustetiense en el norte de China.' Entre el
representaciones de los anitnales que cazaban. Pinturas sünilares se en~ •10.000 y el 30.000 B.P. se fabricaron útiles de hueso, lasca y ho¡a en todos
cuentran ·ta1nbién 1 aunque en menor grado, en cuevas de puntos tan ale- los continentes (excepto la Antártida). Durante el período co1nprcnd1do
jados como Rusia. De vez en cuando aparecen, asin1ismo, figuras hu1nanas entre el 20.000 y el 10.000 B.P., resulta imposible afirmar que alguna
-en ocasiones portando 111áscaras-, contornos de n1anos, pictografías y región hubiera alcanzado ventajas tecnológicas decisivas sobre el resto. Por
sín1bolos geon1étricos, pero la gran 1nayoría de las pinturas y grabados re- su¡~uesto 1 entre el contenido específico de los utillajes de los cazado1:e,s
presentan caballos, bisontes, inamuts, renos, íbices, jabalíes, bóvidos, rino- euroasiáticos de 1nan1uts, de los habitantes de los bosques del Sudeste as1a-
cerontes lanudos y otros anitnales de caza 1nayor. Pese a su n1agnífica eco- tico y de los cazadores australianos de n1arsupiales se daban grandes dife-
no1nía de línea y color 1 tan adtnirada hoy en día, en el arte rupestre del rcncias1 pero esta variación probablen1ente reflejaba inás dif~r~ntes a~apta­
Paleolítico Superior la expresión de un dtual culturaln1ente establecido ciones locales que diferentes niveles de progreso tecnolog1co (Bncker,
debe considerarse, con10 n1ínüno, tan importante como la plas1nación de 1976).
itnpulsos estéticos individuales o culturales. A n1enudo, los anin1ales se
pintaban unos sobre otros, aunque se dispusiera de superficies sin usar,
lo cual indica que su función era más ritual que artística. En general, se El fin del Paleolítico
supone que las pinturas constituían alguna forma de n1agia para la caza,
pero no se puede reconstruir con certeza su función exacta. Todo lo que Pese a los nun1erosos logros tecnológicos del Paleolítico, el 1nodo básico
cabe afírn1ar con seguridad es que los cazadores se sentían in1presionados de subsistencia siguió siendo 1 esencíalinente, el 1nis1110 que en la época
ante el poder y belleza de los animales cuya muerte hacía posible su propia achelense. Todos los grupos hu1nanos continuaron practicando alguna va-
existencia (Ucko y Rosenfeld, 1967; Leroi-Gourhan, 1968). riedad de caza recolección y pesca. Por supuesto, ni las oportunidades
Se han realizado varios intentos de interpretar ciertos dibujos e inci- a1nbientales pa1'.a la caza y recolección ni el inventario tecnológico dispo~
siones de tipo geométrico (rayas, cuadrículas, arañazos, líneas) que apa- nib1e para explotar el 1nedio atnbiente pennanecieron inalterados. A lo
El Paleolítico del Viejo Mundo 151
150 Introducción a la antropología general
En Europa este período se llama Mesolítico. Fue un tiempo de intenso
largo de los cientos de miles de años de avances y retrocesos glaciales, las cambio ecológico local. Bosques de abedules y pinos se extendieron por la
zonas climáticas experimentaron cambios drásticos. A su vez, estas altera- tierra, y los cazadores instalaron sus campamentos en calveros junto a los
ciones acarrearon una sucesión de cambios incesantes en la fauna y flora. márgenes de los ríos, a orillas de lagos y estuarios y en las costas. En los
Con cada avance de los glaciares, las especies animales de clima cálido se bosques se refugiaron animales de ·caza como el alce, el ciervo rojo, el. corzt.",
veían obligadas a emigrar hacia el sur, las tundras sustituían a las praderas, los bóvidos (uros ) y los cerdos salvajes. Pero para localizar estos ammal~s,
las praderas reemplazaban a los bosques, y los bosques se convertían en se necesitaban nuevas técnicas de rastreo. Los animales que poblaban ·el
desiertos, que también se extendían por otras regiones. La calidad y valor bosque desaparecían de la vista, salvo que el cobro de la pieza fuera rápido
nutritivo de la dieta del P aleolítico estaban determinados tanto por la y silencioso. Así, no constituye ninguna casualidad que los arqueólogos
abundancia local de plantas y animales como por la tecnología. Una tecno- ~ hayan encontrado en un yacimiento mesolítico, Star Carr, Inglaterra, la
logía ineficiente producía un alto nivel de vida cuando había una gran prueba más antigua (circa 9.500 B.P.) de las halladas en Europa de la
abundancia de plantas y animales, mientras que las tecnologías y técnicas larga y afortunada simbiosis entre hombres y perros (Clutton-Bro~k, 1969).
de caza y recolección más eficientes no evitaban el hambre y la extinción En el bosque, el olfato del perro dirigía los pasos del cazador pomendo a la
cuando escaseaban los recursos cinegéticos y vegetales. Así pues, el bienes- evasiva presa al alcance de su flecha . Pero la caza en hábitats boscosos,
tar humano estaba directamente relacionado con la respuesta de los animales incluso con arcos perfeccionados y podencos, no podía proporcionar las
y plantas a las condiciones naturales . Los grupos del P aleolítico pudieron in- cantidades de carne que antes se obtenían siguiendo a las manadas de
fluir en estas condiciones quemando bosques para incrementar las áreas bisontes y renos. Debido a ello, los pueblos mesolíticos tuvieron que re-
de pasto . Pero, las más de las veces, la única influencia que podían ejercer currir cada vez más a una dieta de espectro amplio compuesta de alimentos
era de carácter negativo, a través de la sobredepredación y la recolección vegetales, pescado, moluscos y otras fuentes fluviales y marítimas. A lo
incon trolada. largo de la costa, los restos del consumo mesolítico de mariscos, acumula-
La vulner abilidad del modo de producción basado en la caza y la reco- dos durante siglos, formaron los montículos llamados concheros. Aunque
lección queda bien ilustrada en la transición de las culturas del Paleolítico las almejas las ostras y los mejillones son fuentes valiosas de proteínas,
Superior a las culturas terminales del Pleistoceno en la Europa septen- hace falta Íngerirlos en grandes cantidades para que puedan saciar a una
trional y occidental. Hacia finales de la última glaciación, en la región persona hambrienta .
situada al sur de los glaciares los torrentes de agua procedentes del deshielo Todo parece indicar que el Mesolítico fue una época relativamente dura
favorecieron el crecimiento de praderas en· las que pastaban enormes para muchos de los descendientes de los cazadores de mamuts del auriña-
manadas de caballos, bisontes, mamuts y renos. A medida que se retiraban ciense y el perigordiense. La nueva relación tecnoambiental tuvo, asimismo,
los glaciares, se formaron exuberantes praderas vírgenes que fueron invadi- consecuencias bastante drásticas sobre el arte rupestre. Las manadas de
das por estos animales y por los depredadores humanos que los perseguían. animales y el arte ritual que los representaba desaparecieron casi al mis-
En ellas prosperaron sendas poblaciones de animales y humanos; pero, sin mo tiempo. El componente estético de los rituales del Mesolítico se expre-
só en dibujos y símbolos· geométricos, grabados en útiles y armas, o pin-
que ellos lo supieran, su mutuo estilo de vida estaba condenado. Las pra-
tados sobre cantos rodados. En un sentido muy gener al, la desaparición del
deras eurasiáticas eran simplemente una fase ecológica temporal. Hace unos
arte rupestre tal vez refleja el fracaso de las pinturas rituales para impedir
12.000 años, los árboles empezaron a invadir las praderas. Bajo el dosel
la destrucción de los ecosistemas del P aleolítico Superior (G. Clark, 1967).
frondoso de los bosques, no podía crecer la hierba. Hacia el 10.000 B.P. Debido a esta desaparición, algunos prehistoriadores consideran el Me-
gran parte de la llamada mega/auna pleistocénica europea se había extin- solítico como un período de decadencia o incluso de degeneración cultural.
guido. El rinoceronte y el mamut lanudos, el bisonte de las estepas, el Sin embargo, esta concepción no tiene en cuenta la ininterrumpida vitalida?
alce gigante y el asno salvaje desaparecieron. Sin duda alguna, los cazado- de la innovación cultural durante este período. Seguramente, fa domesti-
res, extraordinariamente hábiles, del Paleolítico Superior contribuyeron cación del perro supone un logro no menos importante que las pinturas
a esta catástrofe ecológica, de la misma manera que los cazadores del rupestres. También la tecnología de útiles continuó cambiando. La conser-
Nuevo Mundo probablemente desempeñaron un importante papel en la vación de las materias primas alcanzó un nuevo extremo con el desarrollo
extinción de la megafauna del Hemisferio Occidental (véase p. 181). de filos cortantes hechos de hojas y lascas diminutas denominadas micro-
Los elefantes, los .rinocerontes y otros géneros habían sobrevivido a los litos (fig. 8.12). En respuesta al desafío y la oportunidad que proporciona-
numerosos avances y retrocesos de las praderas y los bosques que se pro- ba la gran abundancia de árbo~es, se desarrollaron nuevas técnicas par.a
dujeron durante todo el Pleistoceno. El factor nuevo en esta situación era fabricar y enmangar útiles de trabajar la madera. Por primera vez, se fabn-
la eficiencia sin precedentes de la tecnología del P aleolítico Superior (Bu- caron hachas mediante procesos de pulimentado en vez de lascado. Se per-
tzer, 1971; Kurtén, 1972).
153
152 Introducción a la antropología general El Paleolítico del Viejo Mundo

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PIG. 8.12.-Microlitos. Ejen1plos de las diininutas lascas en1pleadas durante el Meso-


lítico.
!55
JJ Paleolítico del Viejo Mundo
154 Introducción a la antropología general d' f b . ediante técnicas de percusión suave y
Paleolítico Me 1.0 se . a ncar~~lado Es de destacar la aparición de puntas
feccionaron los anzuelos y los arpones; los püeblos mesolíticos de Europa lascadfl s~cund~l10Íi~~lº;f~¡" faleolític~ Medio, algunos adornos .personaks,
inventaron o perfeccionaron, ade1nás, redes de pesca y flotadores de corte- pata ec as. . , . ¿· . de rituales de enterramiento sug1e-
za, e1nbarcaciones y pagayas, trineos y esquíes. Entre los experin1entos más grabados decora u vos, as1¡ como l¡n 1c10s d d de simbolización. El Paleolítico
importantes se incluye el au1nento del sedentatis1no, ya que los grupos ren cambios .ft~n?a111enta es en a capac1~ a está estrechatnente vinculado
locales acampaban dutante largos períodos de tieinpo cerca de recursos Superio;· ~e 1n1cJª. ¡ h~e un~~~~~~O~a;;;~~- YI-Iay un gran florecin1ie1:ito de
0111
renovables co1no los bancos de inarisco o los ríos de pesca. Así pues, no al surg1m1ento e ~ h L hoºas otros útiles líticos se
hubo degeneración sino todo lo contrario: se trató de una época de gran los instrun1entos de n1arfi~) ~sta y ueso. ~s 1 u!1a bella tnanufactura. Las
diversificación y experin1entación tecnológicas en la cual se ensayaron nue- vue~ven su1na111ente es¿_ec~ahzad¿s Yi~r~~st{::itudes septentrionales. Apare-
vos can1inos para sacar el máximo rendimiento de la alteración de las cir- ~~~Jª!sf~rs~~~' e~L~~~ro~o:ºf:~en~o; b~sicos; pro1~feran los .,adornos .g¿~s¡~
nal~s, las figurillas, las pi,nt~ras figulraurJ ~ ld~l s1P1~~c~l~; ~~a~~1~b¿litzación
cunstancias natutales. Se estaba pteparando el escenario para cambios
transcendentales.
1 s giere un salto cuant1co en a ca 1 a . b 1
cua E u E . l pueblos del Paleolítico Superior practica an a c~za. ma-
n ,u1opa, os 1 · d d los ult1mos
Resumen yor y habitaban las f'ªdgas q~e J:l f~g~~inBt~as
glaciares contl?enta esd. espues 1
1:
::~~:es~ac~ón, ayudada
. h ina·n~' destruyó esta megafauna.
Durante la mayor parte del Pleistoceno, las culturas evolucionaron len- en un grado sin prcce entes por a caza u ' 1 fl
D hí que el Mesolítico europeo se caracterice por ~u turas coslteras, u-
ta1nente y, durante largos periodos de tie1npo, no lo hicieron en absoluto. e a d 1 b El perro fue domesticado para a caza en
Parece existir una estrecha relación entre el surgin1iento del Honio sapiens
y el punto de «despegue» cultural.
r~:lbso?q~~:~t:e ªfabri~:ro~s¿~f:~ c?n microlitos pla,ra. consbe~·v_ar lasadn~ap~:~~~
. d . h inventos tecno og1cos as1cos
La edad más larga y antigua de la prehistoria de los homínidos se de-
no1nina Paleolítico. Esta edad se inició hace, co1no minin10, 2,5 millones ~ri11:1a!~p~~t~~~~ d~ert~~ :n~~i~s espectrdo d~, há~ita.t; b~ss;~J~ss,e f~~vl:l~~z?
de años, como indican los sencillos útiles líticos hallados en Orno, y duró boscosos. Sin e111bargo) el inodo de pro ucc1on s1gu10 '
hasta círca 10.000 B.P. El modo de producción practicado durante todo la recolección y la pesca.
este periodo fue la recogida de desechos la caza, recolección o pesca de
1

la biota natural. No se disponía de plantas o· animales domesticados.


Durante el Paleolítico Inferiot, se produjo una transición de las indus-
trias más antiguas de choppers olduvaienses y lascas de 01110 a las indus-
trias de bifaces y núcleos de la tradición achelense. Se supone. que las pri-
meras evolucionaron hacia las segundas, aunque las dos se traslapan durante
500.000 años en Olduvai. El principal diagnóstico del achelense es el
bifaz, probablemente un instrumento para varios fines. Sus funciones exac-
tas, en1peto, se desconocen. La industria achelense está estrecha1nente aso-
ciada al Ho1110 erectus europeo y africano, aunque en Europa occidental
desplazó a industrias locales más antiguas, como la clactoniense. En Asia,
al este de la India, el Ho1110 erectus está asociado a industrias carentes en
su mayor parte de bifaces, caracterizadas por choppers, hendedores y lascas
no especializados. Durante el Paleolítico Inferior, se perfeccionaron las
técnicas de caza inayor, se construyeron refugios sencillos y se introdujo el
uso controlado del fuego.
Sólo en la transición del Paleolítico Inferior al Medio, entre el 125.000
y el 100.000 B.P., se produjeron cambios fundamentales en la tecnología de
útiles. La innovación mejor conocida es el método del núcleo en forma de
tortuga de Levallois para la preparación de útiles sobre lasca. El Paleolítico
Medio europeo se denomina a menudo período musteriense y está estrecha~
mente relacionado con los neandertales. En otros lugares, el Paleolítico
Medio se asocia a otros Hamo sapiens arcaicos. Gtan parte de los útiles del
Capítulo 9 El Neolítico y la aparición de ciudades y estados 157

EL NEOLITICO Y LA APARICION DE CIUDADES trial surgió en últí1na instancia con10 respuesta a esta inisma gran trans-
Y ESTADOS forn1ación.
¿Qué es la domesticación? La don1esticación ünplíca una con1pleja
relación sin1biótica entre poblaciones hun1anas, los doniesticadores, y cier-
tas plantas y anünales, los don1esticados. I.,os don1esticadores destruyen
o eliminan la fauna y flora indeseables de los hábitats aptos para las espe-
cies don1esticadas. Ajustan la provisión de espacio, agua, luz solar y nu-
trientes, e intervienen en la actividad reproductora de las especies do1nesti-
cadas para asegurarse un nJáxin10 rendin1iento de los recursos disponibles.
_La do1nestícación entraña norn1alinente can1bios genéticos. Por eje1nplo,
una diferencia clave entre las variedades silvestre y don1esticada de trigo,
cebada y otros cereales consiste en que los granos silvestres se desprenden
cuando n1aduran y caen al suelo por sí solos, 1nientras que los don1esticados
pern1anecen intactos aun cuando se sacuda la espiga con fuerza. En efecto,
hay que arrancarlos o golpearlos para que puedan ser recolectados y con-
sumidos por el hombre. En' el caso del maíl de los indios americanos, los
granos tnaduros no caen y la planta es incapaz de reproducirse sin asisten-
cia hun1ana. Otros ejemplos de este fenón1eno son el banano y la paln1era
datilera. El paso final en la domesticación de las plantas se produce cuando
se traslada las especies do1nésticas desde su hábitat natural a un área que
Este capítul~ ~;scribe Ja evoluci6n de las culturas desde finales del Mesolítico
hasta la apancron de ciudades y estados en el Viejo Mundo. Vere 1nos que entre es n1arcada1nente diferente, o cuando a causa del cultivo, su hábitat origi-
e,110.000 Y el .2.?00 I~.P., con10 resulta~o de la d?n1esticación de plantas nario expcrÍlnenta una ~ensible transforn1ación (cf. Barra u, 196 7).
) an1n1ales: se rntr.adu¡eron en las creencias y prácticas culturales del Viejo
Mui~do n1as c?inb1os de natu.r~leza fundainental que en todos los millones
de anos anteriores de evoluc1on cultural. El Neolítico en el ·oriente Medio

La primera transición de la caza y la recolección a un niodo de produc-


El Neolítico ción neolítico que aparece en el registro arqueológico ocurrió en el Oriente
Medio. Esta región se extiende desde el Valle del Jordán hasta el sur de
,., El tér1n!no Ne?lítico si~nifica literal1nente «edad de piedra nueva». 'furquía en dirección norte, hacia el este, hasta las cabeceras de los ríos
(,\1ando se 1ntrodu10 por prunera vez en el siglo XIX) otorgaba reconoci~ Tigris y Eufrates, en Siria e Iraq, y hacia el sur a lo largo de las dos faldas
n11e~to a 1~ a~)arición de. instru1nentos líticos que habían sido preparados de los niontes Zagto_s, que foi-n1an la frontera entre Irán e Iraq. Se han
1ne~1ante tecn~cas de pul11n~ntado. 1-Ioy en día, el térn1ino se utiliza para identificado en varios lugares de esta región cebada, trigo, cabras, ovejas y
designar no solo nuevos n1etodos de trabajar la piedta sino tan1bién nue- cerdos domesticados que datan del período comprendido entre el 11.000
vos n1étodos de producción de alimentos. Durante el N~olítico se logró un y el 9.000 B.P. Hay indicios de que el área de domesticación más antigua,
n1ayor contr?l de la reproducción de plantas y anin1ales gracias al desarro- en especial del ganado vacuno, los cerdos y las cabras, se extendió por el
llo de la agncultma y la ganadería. Esto a su vez sentó las bases materiales oeste hasta Grecia (Protsch y Berger, 1973; cf. Bokonyi, füaiwood y Reed,
P.ªr~ el surgitnie~t? de densos asentamientos sedentarios y un rápido cre- 1973). Todo parece indicar, ade111ás, que las legun1inosas -guisantes, habas
c11n1ent? demografico. E~ Ho1no sapiens dejó de ser una especie rara para y garbanzos- fueron do1nesticadas casi al niismo tien1po que los cultivos
con;ert1rse en una especie. abundante. Asimismo, la agricultura y la gana- básicos de cereales (Zohary y Hopf, 1973).
der1a prepararon el escenario para profundas modificaciones en la economía La región en la que tuvo lugar la transfonnación neolítica corresponde
do1néstic~ .Y política centradas en el acceso a la tierra, el agua y otros re- aproxitnada1nc1:ite a las áreas en las que el trigo, la cebada, los guisantes,
cur~os bas1cos y para la aparición de diferencias en riqueza y poder. Sin la las lentejas, las cabras y las ovejas se presentan de modo natural en un
agncultura no se bub1era producido el desarrollo de las ciudades, estados estado silvestre (Hadan, 1975; Zohary y Hopf, 1973). Al final del Pleis-
e 1mpenos. Todo lo que hoy se considera bajo la rúbrica de sociedad indus- toceno, los pueblos del Oriente Medio incorporaron estas plantas y animales
a su provisión. de alimentos n1ediante técnicas de caza y recolección. La
156
158 Introducción a la antropología general
El Neolítico y la aparición de ciudades y estados 15)1
cultura de estos pueblos era una forma local del Paleolítico terminal (o
una ~er~ión del Mesolítico en el Oriente Medio). En esta región las formas Jndicios de un modo de vida preagrícola y aldeano en el cual se practica-
espe~1aliza.das de caza 1nayor e1npezaron a ser sustituidas por estrategias de ban la siega, el tostado y el aln1acenan1iento de granos se han hallado en
subststencia de espectro amplio ya hacia el 20.000 B.P. Los elefantes, ri- ZH\VÍ Che1ni Shanidar, Iraq) en la cuenca alta del río Tigris, y en Karem
nocerontes. e hipopóta1nos desaparecieron incluso antes (Mark Cohen, 1977: Shahir, en las faldas de los 1nontes Zagros, dos yacünientos _cuya antigüe-
132). Al igual que los pueblos mesolíticos europeos los habitantes del dad ha sido datada entre el 12.000 y el 10.000 B.P. (S)ocki, 1964). Tam-
O~ient.e Medío de finales del l)leistoceno tenían utillafes que co1nprendían bién se han descubierto en Tell Mureybat (10.000 B.P.), en la cabecera
1n1crolit~s, arpones dentados, agujas de hueso y anzuelos, y explotaban una del río Eufrates, en Siria. En este últüno caso se encontraron casas con
gra1; ~arreciad ~e recursos alin1entarios: caza menor, pescado, tortugas, aves p;tredes de arcilla, piedras de 1n91er y pozos para tostar, junto con 18 tipos
ac~1aticas estacionales, caracoles terrestres y marinos, n1ejillones y cangrej9s, diferentes de semillas silvestres, incluidos el trigo y la cebada. Estos pobla-
asr con10 legu111bres, nueces, frutos y otros alünentos vegetales. No obstan- dos sedentarios de carácter preagrícola han revolucionado todas las teorías
te, una diferencia crítica fue que los habitantes del Oriente Medio hicieron anteriores sobre el origen de Ja agricultura. Antes de 1960, era lugar co-
u_n uso creciente de las sen1illas de gran1íneas, incluidos los antepasados n1l1n pensar que la vida sedentaria en aldeas tuvo que ser posterior, nunca
silvestres del trigo y Ja cebada. La ausencia de estos granos silvestres en anterior, al desarrollo de las especies don1esticadas. Sin einbargo, actualn1en-
el espectro an1plio de recursos explotables en la Europa occidental explica 1e se sabe que los cazadores y recolectores pueden vivir en asenta1nientos
tal vez el he~ho de que la transforn1ación neolítica no se originase directa- rclativa1nente densos y sedentarios si los recursos que explotan se concen-
n1ente a partir de la base n1esolítíca de esta región. tTan en áreas restringidas, con10 es el caso de los bancos de n1oluscos) los
Inicial1nente 1 la aportación de estos cereales a la provisión de alin1entos peces que nügran río arriba para desovar y los can1pos de gra1níneas sil-
fue, relativa1nente, poco in1portante. Su uso se veía lin1itado por varios vestres.
problemas técnicos. En primer lugar, la maduración del trigo y la cebada J. D. Harlan ha demostrado que, en determinados parajes de Turquía
silvestres se produce durante un período de tres semanas a finales de la y otras partes del Oriente Medio, el trigo silvestre es todavía Jo suficiente-
prin1avera. Por tanto, si estos cereales habían de fortnar parte de la dieta n1ente abundante como para que un individuo provisto de una hoz con hoja
durante un período extenso del año, debían set cosechados en cantid3dés de sílex pueda recoget un kilogra1no de cerales por hora) o con10 para que
bastante respetables. Ade1nás 1 el procesa1niento de la cosecha de1nandaba una una familia de recolectores expertos, trabajando durante un período de
in1portante inversión de inane de obra adicional. La tecnología requerida por tres se1nanas) recoja n1ás granos de los que 1 posiblemente, podría consumir
el m.is1n? era en sí bastante con1pleja, puesto que las semillas tenían que en un año entero. Con10 ha observado Kent Flannery: «Después de todo,
ser hn1p1adas, tostadas (para ron1per la cáscara)) descascarilladas aventadas ¿<1dónde se puede ir con una tonelada inétrica de trigo }ünpio? Se requiere
molidas y cocidas. El transporte de las pesadas piedras necesa~ias para l~ instalaciones para altnacenarlo, y es necesario que sean lo suficiente1nente
molienda sería especiahnente gravoso para grupos con un modo de pro- iinperineables con10 para que el grano no ger1nine en la estación hú1neda
ducción nómada de caza y recolección. La solución obvia a todas estas del invierno» (1973: 280).
dificultades era asentarse en viviendas relativa1nente pern1anentes en las
cuales pudiera aln1acenarse el grano e instalarse el pesado equipo d'e n1o1er
y tostar. Los grupos del Oriente Medio habían empezado a establecerse Los orígenes de la agricultura
en poblados permanentes, como inínímo) 1.000 aí1os antes de la explotación
de variedades domésticas de trigo y cebada (D. Harris 197 5 · Flannery Así pues, los poblados preagrícolas del Oriente Medio eran adapta-
1973). ' ' ' ciones a la necesidad de aln1acenar el grano silvestre, transforn1arlo en hari-
Por ejemplo, en el Monte Carmelo, Israel, los miembros de un pueblo na y convertirlo en tortas planas o gachas. L.a construcción de casas, vallas)
prehistórico conocido con10 los natufienses excavaron depresíones en forma 1ostaderos, n1uelas y pozos de aln1acena1niento puede considerarse con10 una
de cuenca delante de sus abrigos rupestres, trazaron caminos empedrados inversión de capital en futuros 1nercados de cereales. Y las gentes que rea-
y construyeron círculos de piedra en torno a Jo que parecen ser hogares lizaron tal inversión serían reacias a abandonarla para desplazarse a otro
permanentes. En el valle del río Jordán, en el yacimiento de Mallaba lugar.
(12.000 B.P.) se han excavado cimientos de piedra de casas redondas con Para que el siste1na de recolección de granos silvestres sea viable du-
pozos enlucidos para altnacena1niento. Por lo den1ás, las «hoces» de sílex rante algún período de tie1npo) los recolectores deben abstenerse de cose-
halladas en estos yaciinientos aducen que los natufienses cosechaban gra- char todos los tallos en un campo concreto. Muchos pueblos cazadores y
nos silvestres. Tales instru1nentos revelan su función por un brillo especial recolectores contemporáneos practican, precisa1nente, una recolección se-
que adquieren las hojas de sílex empleadas para cortar tallos herbáceos. lectiva de este tipo para asegurarse futuras recolecciones de las n1isn1as
cosechas silvestres. Así, inediante cosechas selectivas de cereales cotnple-
160 lntroducción a la antropología general El Neolítico y la aparición de ciudades y estados 161

i11entadas con la caza y otras actividades de recolección, los poblados conse-


guían alin1entarse sín tener que desplazarse.
Ahora bien, la recolección selectiva de cereales no es tan eficiente
con10 la agricultura propiatnente dicha y no puede inantener densas pobla-
ciones regionales. La dificultad radica en que, en su estado silvc:¡trc, las
espigas del trigo y la cebada consisten en un eje frágil al que se fijan las
cáscaras de las semillas. Cuando está maduro, el eje (llamado raquis) se
quiebra con facilidad. Los tecolectores pueden desplazarse por un ca111po
de granos silvestres, cortando la espiga entera o descascarillando las se1ni-
llas con los dedos. En cualquier caso, su actividad hace que caigan al suelo
las espigas n1ás frágiles (si es que el viento no lo ha hecho ya), y éstas son
las únicas que se replantan. Y lo que los recolectores necesitan son plantas
cuyas se1nillas n1aduras no sean desalojadas por los vientos del año venidero
antes de que los recolectores puedan cogerlas. Sin einbargo, éstas son 1 jus-
ta1nente, las que se llevan de vuelta a casa para consu1nirlas: Se diría, pues,
que las gentes efectúan ínconscienten1ente una selección contraria al rasgo
n1ás esencial para la cría de granos do1nesticados. ¿Có1no se invirtió el sen~
tido de esta selección? Una teoría consiste en que, cuando se transportaban
al poblado vainas de granog con raquis duros para ser trilladas y aventadas,
las se1nillas se dispersaban accidentahnente en el área alrededor de las
casas, en la cual la presencia de desechos y basura aportaba condiciones
ideales para su crecinüento. El siguiente paso consistiría en plantar delibe-
radan1ente estas se1nillas de raquis duro en el área favorable alrededor del
poblado. Finaln1ente, se percatarían de que sen1brando se1nillas de algunas
plantas con buenas cualidades para la recolección brotaban can1pos enteros
de plantas de raquis duro. Otro catnbio iinplícó la selección de cáscaras
que no se adherían sólidainente a las se1nillas y que se desprendían con 1 3. CABRA (7.500 a. C.}
13 ABEJA MELIFERA
Valle del Nilo. Egipto (3.000 a. C.)
facilidad durante la trilla ..En las variedades silvestres, las cáscaras tenían ! Ali Kosh, Irán ; México (? a. C.)
que set calentadas y después aporreadas y aventadas para separar el grano. --~--1 ------ 1
i ,---
~ 4. CERDO ("!.000 a. C.) ! ~ 14. BUFALO DE AGUA (2.500 a. C.J
Esto puede explicar la presencia en los poblados más antiguos de hoyos y
!, I_

~ Cayiinü. Turquía ! --r71 Valle del Indo, Pakistán

hotnos de tierra subterráneos para tostar (véase supra). Otros ca111bios ¡..--..,..~-~-· 1 ~------i--------·---------·-----~ -~
genéticos deseables -conducentes a espigas 1nás grandes con múltiples hile- 1 --. 1 s. GANADO VACUNO (5.500 a. C.) i ~ 1s. PATO ( e) :
f-
1' l

i .,...,,. 1 Tesalia. Grecia. Anatolia. Turquia !, ·¡ Oriente Medio 2.500 a. .. . ----


¡-----¡
_,I

México (?a. C.) ___ _


ras de sen1illas- se lograron siguiendo una sencilla regla: plantar en vez
de consunür las sen1illas de las plantas con los rasgos más deseables. 6. CONEJILLO DE INDIAS (6.000 a. C.) i .. 1¡• 16
. YAK (2.500 a. C.)
L----l-
1 1

----¡ v~~.e de Ayacucho. Peni ~



__ Tibet

~--ll
1

"1

1
7. 1:_
GUSANO DE SEDA (3.500 a. C.)
Hsi-yin-t"sun, Ch; na :
11...
T"" '
H, 1 AVES DE CORRAL (2000 ,.-C).
Valle del Indo. Pakistán __ _
La domesticación de animales

¿Qué se produjo prünero: la do1nesticación de ovejas y cabras o la del


trigo y la cebada? No se puede o debe dar ninguna respuesta categórica.
Los animales y plantas domesticados y la gente que dependía de ellos for-
i--~-t~~1,~~1,~~~::L'""---·~=-~ :-i-~ : :~ : ~·: ~ '.~,2,: 0
IJI' ¡ Valle del Nilo. Egipto i j .,,. Alemania
1
'
-c~:~LLO-~=~TRIANO
1
n1aban parte de un único ecosiste1na. Cuando los co1nponentes hun1anos ---¡:1-.-0-.
r-. . .
TI
(3.000 a. C.) l,,·_ ¡lf-------L....-- i 20. ALPACA (1.500 a, C.)
e1npezaron a obtener su energía alünentaria de una nueva forma, otras URSS meridional .,, 1 Altiplanos andinos. Perú

plantas y anin1ales establecieron nuevas relaciones entre sí. Por ejemplo, ----+-----------------------, r'\ii'--t---~------
._ j 11. DROMEDARIO (3.000 a. C.) [! ! 21. RENO (1.000 a. C.)
las gra111íneas silvestres entre las que se incluyen los antepasados del trigo Jí)I 1 Arabia Saudí :1 Valle de Pa~yryk. S;beria. URSS
1

y la cebada, constituían una fuente ünportante de alimento para las ovejas


_____ _L ____ ,,, - -- - --------~I L___ ,_ -'----··----·-··---
162 Introducción a la antropología general El Neolítico y la aparición de ciudades y estados 16)
l
Y cabras salvajes. Cuando los poblados permanentes se ubicaron cada vez junto con trigo y cebada do111esticados; en Jericó, Jordania, había varieda-
n1ás. a inenudo en n~edio de densos ca1npos de cereales, los tebaños de des de trigo, cebada y cabras hace 9.800 años, y se ha descubierto el n1Ísn10
ovejas y cabras salvajes entraron forzosa1nente en contacto cada vez más co1nplejo en Jarmo, Iraq, con una antigüedad que se ren1onta a 8.800 años
t:¡strecho con los hu1~1a:1os. Con la ayuda de perros) la gente podía e1npezar (lJiggs y ]arman, 1972; Herre y Rohrs, 1978; Harlan, 1978; Protsch y
a controlar l?s mov11111entos de estos rebaños, reteniendo per1nanenten1en- Bcrger, 197 3). Se han excavado n1uchos otros yaci111ientos neolíticos. de
te a .I~: ove1as y las cabras en los n1árgenes de los ca1npos de cereales si1nilar antigüedad 1 y cada año salen a la luz otros nuevos. Un con1pfejo
pern11uendoles con1er los rastrojos, al tie111po que se las niantenía alejada~ preneolítico de consun10 de cereales en el valle del Alto Nilo, con 'Una
del grano n1aduro. En otras palabras, la caza pudo sünplificarse de repente. antigüedad de 15.000 años, sugiere que hay que ampliar la búsqueda de
Los cazadore~ ya .n~ tenían que desplazarse hasta los anitnales; éstos, qur las comunidades neolíticas i11ás antiguas hasta incluir áreas en las que ya no
encontraban 1rres1subles los ca1npos de espesa vegetación, se acercabal1" a se encuentran las plantas y anitnales ancestrales en su estado silvestre (Wen-
l?~ cazi:1dores. E~to habría producido un incren1ento temporal en la produc- dorf, Schild y Rushdi, 1970). Los nuevos descubrimientos relativos al trigo
~1011. de carne. S1n etnbarg?, a la larga, la difusión de la agricultura acarrea domesticado en Nahal Oren, Israel, pueden hacer retroceder la fecha de
1ncvitable1nente el agota1111ento y la extinción final de los recursos regiona- la domesticación de cereales hasta el 11.000 B.P. (Flannery, 1973: 275).
l~s .de caza. A 111enos que se ton1en inedidas para controlar la tasa de cre-
c1nuento de la producción, las especies salvajes ven n1ern1ado su espacio
natural: Y . ~ los caz~dores les resulta 1nás fácil localizar a su presa. La Las causas del Neolítico
don1est1ca:1c:n de oveJas y cabtas se puede considerar, pues, como el primer
gran n1ov1n11ento de conservación. Al alítnentat deliberadan1ente a los ani- Los primeros intentos de co1nprender la trans1c1on al Neolítico se víe~
1nales puestos e1: peligro y al sacrificat sólo a los 1nacbos y proteger a las ron entorpecidos por la creencia de que todos los cazadores y recolectores
hen~bras, !as ove¡as y las cabras fueron retiradas de la lista creciente de es- llevaban una vida «desagradable, vil 1 embtutecida», que ttanscurría en
pecies valiosas que se habían extinguido desde finales del Pleistoceno (Har- una búsqueda gtis e interminable de caza y sustancias con1estibles. En los
ner, 1970; M. Harris, 1977). l1ltimos afios como vere1nos en el capítulo 11, los antropólogos han nios-
1

Los pasos que conducen a la n1odificación genética de los animales t-rado que los cazadores y recolectores gozan de niveles niás altos de salud
~on1esticad~s se dieron fáciln1entc. Muchos cazadores y recolectores y hor- y nutrición y de mucho 1nás ocio que la mayoría de los pueblos agrícolas
t1cultotes simples conteinporáneos tienen anin1ales do111éstícos pata fines (Sahlins, 1972). Sin embargo, esta «opulencia» sólo se puede mantener
~o ~c?~ón1icos. No fue la falta de conocin1ientos sobre los anin1ales lo que 1nediante una estricta limitación del ta1naño de la población y únicamente
1111p1d10 a los p;1eblos preneolíticos criar estos anÍlnales en gran nún1ero y en la n1edida en que las condiciones climáticas y ecológicas son favorables
usarlos con10 al11nento o para extraet de ellos otro tipo de beneficios eco- a la supervivencia y reproducción de las plantas y anin1ales co1nestibles.
nótnicos. Más bien, la liinitación principal consistía en que las poblaciones Se dispone de elementos de juicio que indican que, después del Pleistoce-
hu111ana~ ptonto se que~arían sin alin1entos para sí nüs1nas si tuvietan que no, los habitantes más antíguós del Oriente Medio afrontaron una situación
cornpartirlos con poblaciones grandes de anÍinales. Pero el cultivo de cerea- ecológica deteriorada y experimentaron una cteciente presión de1nográfi-
les. abrió nuevas posibilidades: las oveías y cabras se ali1nentaban de ras- ca. El modo de caza y recolección de espectro amplio se puede interpretar
troJ?s Y de otras partes no co111estibles de las plantas don1esticadas. Se las como una respuesta a una dís1ninución en la disponibilidad de proteínas
pocha. encerrai- en co;-rales, .alilncntar con tastrojos, ordefiarlas y sacrificarlas procedentes de la caza mayor y de plantas ricas en calorías. El hecho de
selectivan1ent~. A d1ferenc1a de las fases iniciales de la do1nesticación de que la recolección de sen1i1las, que requieren una complicada elaboración
plantas, la cna de rasgos deseables habda sido bastante sencilla. Los ani- para su transformación en harina 1 asumiera tal importancia entre los natu-
1nales que .eran de:11asiado agtesivos, que crecían n1uy Ientan1ente 0 que fienses y otros cazadores y recolectores preneolíticos sugiere que sólo po-
eran. ~le1nas1~do de.lic~dos se s~c;·ificaban antes de alcanzat la edad de tepro- dían mantener un nivel de vida alto trabajando más tiempo y más
ducc1on. Po1 cons1gu1ente 1 teot1ca1nente, es probable que la do1nesticación duramente que los más opulentos pueblos del Paleolítico Superior. En
de plantas Y anitnales ocurriera sincrónícainente en el Oriente Medio coino efecto, hay alguna justificación para interpretar la época de los modos de
parte de un proc.eso regional generalizado de ca1nbio cultural y ecológico. producción de espectro amplio en Europa, el Oriente Medio y otras regio-
.Esto pa1_-ece confirn1arse por las ten1pranas fechas en que e1npiezan a apa- nes) que precede al desarrollo de la agricultura, como una <~crisis» prehis-
recer animales y plantas do1nesticados. tórica en la producción de alimentos (Mark Cohen, 1977) .
.En Zawi Che mi Shanidar, una de las aldeas más antiguas de Iraq, las 1 En ausencia de las modernas técnicas anticonceptivas y abortivas, la
ove¡as domesticadas aparecieron poco después del 11.000 B.P.; las cabras limitación del crecimiento demográfico no se puede alcanzar sino a costa
domesticadas más antiguas (9 ..500 B.P.) se han hallado en Ali Kosh Irán de graves penalidades psicológicas y físicas. Los principales medios de que
' ' 1l

J
164 Introducción a la antropología general El Neolítico y la aparición de ciudades y estados 165

disponen los pueblos preindustriales son Ja continencia sexual, la prórroga nl'ilización de las tierras de pasto para el cultivo de alünen~?s y ~ los .~leva­
del período de lactancia a tres o cuatro años (véase p. 216), los abortos dos gastos que supone alin1entar al ganado con granos. ~sta situac10~1. se
en condiciones precarias y peligrosas y Ja n1uerte de neonatos y nifios por vio agravada por las desigualdades en el accc~o a los bienes y. se~v1c1os
negligencia o maltrato. La adopción del modo de ptoducción agrícola ha- relacionados con el surgüniento del Estado (vease el apartado s1gu1ent_e).
bría reducido la necesidad de recutrir a estos re1nedios, psicológica y físi-
can1ente costosos, para aliviar la presión de1nográfíca causada por la crisis
alin1entaria. Al controlar el ritn10 al que las plantas captan la energía solar, . '"fiEGION DEL CRECIENTE FERTIL
la agricultura pennite la concentración de poblaciones humanas inás densas U.R.S.S

en un !1ábitat antes explotado sólo n1ediante la caza y la recolección. Ade- TUROUIA

n1ás, la agricultura reduce el costo de la crianza de los niños. Entre los CS}.-
zadores y recolectores, seguir teniendo hijos resulta costoso porque hay que • c;:atal Huyuk
transportarlos a lo largo de grandes distancias y porque los niños no se
convierten en cazadores eficaces hasta que alcanzan la adolescencia. Con
la agricultura, en can1bio, cuanto n1ayor es el nún1ero de niños) 1nás plantas
y anin1.ales se pueden cuidar. IJos hijos pueden etnpezar a trabajar a una
edad te1nprana en diversas tareas sencillas relacionadas con la plantación, hfat LISANO
la escarda y el pastoreo y pueden «costearse» fácílinente su crianza, al 1ne- Ml'<illl!1t<11WO

nos n1ientras haya suficiente tierra disponible (o caza cuando no hay anin1a-
les don--~::;ticados; véase p. 385). Aden1ás, las n1ujeres se ven libres del es-
fuerzo que supone el transporte cotidiano de las criaturas durante largos
recortidos. En los poblados pern1anentes hay 1nenos necesidad de einpren-
der viajes largos y, por consiguiente, las penalidades relacionadas cun Ja
reducción del intervalo de tien1po entre sucesivos partos se reducetl. Tal
vez fue esta reducción en el «costo» por hijo y n1ujer el factor decisivo de
la concentración inicial en la rcco1ecciórl de sen1illas, incluso antes de la AílA81A SAUDI

don1esticación de plantas y anilnales (Sussn1an) 1972; Sengel, 1973; Lee, - Zona de yOC•mJentos
Millas
1972b; Dumond, 1975).
Antiguos poblados neolíticos como Cata] Hüyük (véase el siguiente
apartado) testin1onian un alto nivel de vída 1 del que gozaban todas las per-
sonas por igual, sin distinciones de clase. J..,as proteínas anünales (carne y El Neolítico y las «revoluciones» urbanas
productos lácteos) per cápita, ptobable1nente, eran tan abundantes con10
durante la época de los cazadotes de grandes mamíferos del Paleolítico Su- Una vez traspasa_do el urnbral ha~ia el plen? status /n.eolítíc?, ~parec~e­
perior. Sin en1bargo, la población creció rápidan1ente, sobrepasando las ron con una rapidez explosiva especies don1esticadas, uttles, tec17~cas p10:
tasas anteriores de crecin1iento. La tasa de crecin1iento durante el Paleolí- ductivas y forn1as de vida social nuevos. En realidad, esta «explos1on» ,du1·o
tico se estima en sólo 0,0015 por 100 y año (Hassan, 1978: 78), lo que desde el 10.000 al 5.000 B.P., pero durante este lapso la tecnologrn, 1a
da una población en el Oriente Medio de unas 100.000 personas en el \lrganizacíón social y la ideología can1bíaron niás drástican1cnte que duran-
10.000 B.P. (Carneiro e Hilse, 1966). Se estima que la tasa alcanzó una 1c Jos 2 ó 3 1nillones de años precedentes. . .
media del 0,1 por 100 entre el 10.000 y el 6.000 B.P. Esto significa que - Por razones posíble111entc relacionadas con un incrcn1cnto de la act1v;-
la población se duplicaba cada 700 años. Así, partiendo de la cifra de dad bélica, se construyeron pequeñas ciudades ~n1uralladas ~oca des1~ues
100.000 habitantes en el 10.000 B.P., la población del Oriente Medio al- de la aparición de los anin1ales y plantas don1cst1cados: La 1~1as ason~b1osa
canzó probablemente los 3,2 millones poco antes del 6.000 B.P.; es decir, de estas ciudades fue Jericó, cuyas n1urallas y torres nias antiguas datan de
se incre1nentó 30 veces en 4.000 años. En este tie1npo, las especies don1es- hace 10.000 años. Situada en un oasis, Jericó probable1~1~nte controlaba el
ticadas originarias y las técnicas neolíticas ya no podían 1nantener el alto . con1crcio de sal del n1ar Muerto; ocupaba una cxtcns1011 de 10 acres, Y
rendin1iento per cápita e ínput de trabajo catacterístico de los años en que tenía una población estimada en 2.000 habitantes (Hamblin, 1~73). Hacia
la tierra era abundante y la población reducida. En concreto, las proteínas el 8.750 13.P., existían ciudades de ladtillos de adobe que ocupaban exten-
anin1ales per cápita probablen1ente se hicieron más escasas debido a la siones de 30 acres o 1nás.
166 Introducción a la antropología general L! Neolítico y la aparición de ciudades y estados 167

Una de estas localidades) Catal I-Iüyük) en el sur de Turquía, encierra Ne fusionó con la de organízar y controlar los siste1nas de abasteciiniento
un conjunto deslu1nbrante de objetos de arte, tejidos, pinturas murales d(' agua y regular la distribución de las cosechas de cereales. La tarea de
decorativas y esculturas (Mellaart, 1967). El pueblo de Cara! Hüyük cul- organizar la producción, distribución, con1ercio y defensa fue gradualn1en"
tivaba la cebada y tres variedades de trigo, y criaba ovejas, cabras y perros. 1c nsunüda por una jerarquía político-religioso-111ilitar, que for1nó el núcl.~o
La caza todavía era 1nuy importante, siendo las presas inás comunes el de las prin1eras burocracias estatales.
cerdo salvaje, el ciervo rojo y el buey salvaje. La gente vivía en casas Estos grupos elitistas ptoporcíonaban servicios en forina de có1npUto
rectangulares de un solo piso que daban a patios, construidas con ladrillos nH.:dinnte calendarios, provisión de raciones de e1nergencia, apoyo a los es-
secados al sol. No había puertas; se entraba a través de un agujeta en los pecialistas artesanos y ccre1noniales religiosos. Con el tiernpo, se convirtie-
tejados planos. ron en clases explotadoras cuyo poder despótico se asentaba en el control
Hace unos 7 .500 años, el ganado vacuno se incorporó a la lista ele de una fuerza policial y nülitar. Mediante la itnposición de diversas for1nas
anin1ales do1nesticados. A causa de su corpulencia y fuetza, constituye por de t ributacíón, las clases dirigentes dinásticas consiguieron desviar una par-
derecho propio un progreso in1portante. Enganchado a arados, que se in- le sustancial de las cosechas de la población agrícola hacia en1presas csta-
ventaron hacia el 5.500 B.P. o incluso antes, el ganado vacuno pernlitió 1alcs1 in1pidiendo así a los ca1npesinos productores de alitnentos reducir
labrar una extensa variedad de suelos víi-genes. Al crecer la población, los 'ills {~sfuerzos productivos o gozar del ocio o seguridad que vincula1nos
asentamientos en poblados se difundieron por la zona n1eridional) fértil in1uitiva pero errónea1nente a la adopción de tecnologías avanzadas. La
pero seca, del valle del Tigris-Eufrates. Los densos agrupamientos de aldeas pn1ilatina extensión de las obras de tegadío proporcionó nuevos n1edios de
y pequeñas ciudades, confinados en principio a los márgenes de las corrien- (iinsolidar e intensificar el poder de la élite dirigente sobre la gente y la
tes de agua naturales, tuvieron que recurrir cada vez más al regadío artifi- 11111uraleza. Exa111inaré n1ás detenidan1ente estos procesos en el capítulo 17
cial para regar sus campos de trigo y cebada. Hacia el 6 .3 50 B .P. se levan- (d. Childe, 1952; Wittfogel, 1957; Braiwood y Willey, 1962; R.
taron templos monumentales de ladrillo de adobe en el centro de importan- Mo\dams, 1966, 1972; Mitchell, 1973).
tes ciudades como Eridu y Al Ubaid. Finalmente, como en Uruk, entre el
5.800 y. el 5.200 B.P., aparecieron las primeras ciudades cuyas calles, casas,
teinplos, palacios y fortificaciones ocupaban extensiones de cientos de acÍ·es l.n difusión del Neolítico
y estaban rodeadas por miles de acres de campos de regadíos.
El catálogo de logros tecnológicos comprendía el hilado y tejido (inven- Ln enonne distribución geográfica de los útiles sobre núcleo, lasca y
ciones neolíticas inuy antiguas), así co1no la cerá1nica) la fundición y cola- 11oi" del Paleolítico demuestra los poderosos efectos de la difusión cultu-
do del bronce, el ladrillo cocido, la ina1npostería con arcos, el torno del r-n!. Las grandes innovaciones tecnológicas han tendido a difundirse a todas
alfarero, los barcos de vela, los primeros vehículos de ruedas, la escritura, !ns regiones del globo a las que se adaptan ecológica1nente. Durante todo
los calendarios para co1nputar el tien1po, pesos y inedidas, y los inicios de el Pnleolítico 1 la tasa de difusión de Ílnpottantes desarrollos tecnológicos
las n1atcn1áticas. Aquí, y por pri1nera vez, ]as con1unidades hun1anas se f11e superior a la de inpovacíón. Sin embargo) el progreso del Neolítico
dividieron en gobernantes y gobernados, ricos y pobres, individuos que ahritS tantas posibilidades culturales y ecológicas nuevas que se invirtió esta
saben leer y escribir y analfabetos, ciudadanos y ca1npesinos, artistas, gue- rclnción. Por prin1era vez en la historia del 1nundo, nuevos siste111as ecoló-
rreros, sacerdotes y reyes. gÍ1:0-culturales se sucedieron rápidan1ente unos a otros, con n1ás rapidez
Volveremos sobre la cuestión de las causas generales del desarrollo de ;¡t~ l:i que podían difundirse a regiones potencialn1cnte receptivas. Así, el
las ciudades y estados en el capítl1lo 17. El proceso de formación de estados período comprendido entre el 10.000 y el 5.000 B.P. marcó el inicio de
de Mesopota1nia (la región situada entre los ríos Tigris y Eufrates) parece desigualdades drásticas no sólo dentro de los sistetnas sociales) sino tarn-
haber itnplicado varios factores que se repiten en otras regiones en las que hién entre ellos. En realidad, la agricultura se estaba difundiendo todavía
se desarrollaron ciudades y estados después de la aparición de las aldeas h:icia regiones tan lejanas con10 Patagonía y Australia cuando la oleada de
agrícolas. Los suelos 1nesopotá1nicos eran su1nan1ente fértiles, pero debido rasgos neolíticos fue arrollada en todas partes por los efectos convulsivos
a la carencia de lluvias, fue necesario el regadío para au1nentar e intensificar del colonialís1no y la industrialización euroatnericanos.
la producción agrícola. Al crecer la densidad demográfica, también lo hizo La difusión del cornplejo neolítico se retrasó y se con1plicó por las di-
la co1npetencia dentro y entre asenta1nientos locales por el acceso y control fknltades que entrañaba el trasplante y puesta en explotación de las espe-
del agua necesaria para el regadío. Mesopota1nia era tan1bién deficitaria en cies do1nestícadas en ecosisten1as con1pleta1nente distintos de sus hábitats
piedra, 1ninerales 1netalíferos, 1nadera y inuchas otras n1aterias prin1as. Estas on1u1«1les. El ecosisten1a de los cazadores europeos del Mesolítico, pot po-
carencias se con1pensaban n1ediante el con1ercio extensivo con otras regio- 11cr un caso) difería básíca111ente del que dio lugar a las especies don1estica-
nes; así, la necesidad de organizar y controlar las actividades comerciales d11s del Oriente Medio. Estas últünas) a excepción del cerdo (véase infra),
168 I ntroducción a la antropología general El Neolítico y la aparición de ciudades y estados 169

no se podían transferir directamente a regiones boscosas. (En realidad la el mijo de Pan-p'o como el producto de un desarrollo independiente, ya
domesticación del cerdo en Grecia tal vez se remonte a fechas tan tempra- que si éste se hubier a obtenido a través de la difusión, lo lógico sería que
nas como las de cualquier otro lugar [Protsch y Berger, 197 3] .) De ahí su cultivo se hubiera aplicado por primera vez en regiones de lluvias más
que la difusión de la agricultura a Europa entrañara modificaciones sustan- nbundantes o en los valles fluviales . Aunque los suelos vírgenes de loes.,Je
ciales en el sistema neolítico originario. Por esta razón, Europa siguió un China son extremadamente fértiles, tienen el inconveniente de necesitar :un
curso hacia la urbanización radicalmente distinto del del Oriente Medio 11110 de meteorización antes de poder ser trabajados. Por lo demás, las pfin-
(v.~ase p .. 366). Incluso los cereales, como en el caso del centeno, avena y ripales variedades de mijo halladas en Pan-p'o poseen antepasados silvestres
m110, tuvieron que experimentar modificaciones importantes para sobrevi- que se daban tanto en China como en Europa.
vir en el clima europeo, generalmente más frío y húmedo. Hacia~ el En Europa, el mijo domesticado más antiguo se ha hallado en Argissa,
8.500 B.P., las comunidades agrícolas se habían establecido firmemente en Grecia, y ha sido datado hacia el 7.500 B.P. Si consideramos el lapso de
Grecia. En el siguiente milenio, habían avanzado hacia las llanuras de 1iempo requerido para que el trigo y la cebada llegaran a la India, parece
Hungría y extendido por la cuenca del Danubio. La continua penetración sumamente improbable que hubiera alguna conexión entre los inicios del
del complejo neolítico se vio acompañada de una extensa quema de los cultivo de mijo en Europa y China . Aún lo es más que la domesticación
bosques del centro y norte de Europa. En el 6.000 B.P., la agricultura del cerdo en el Oeste estuviera relacionada con su domesticación en el
había alcanzado España, el mar del Norte y el sur de Inglaterra, aunque l•:ste . El cerdo era un componente marginal en el complejo agrícola del
el estilo de vida neolítico sólo se generalizó en las islas Británicas hacia el Oriente Medio, pero en China siempre ha desempeñado un papel capital.
5.500 B.P. (Murray, 1970; Herre y Rohrs, 1975; Renfrew, 1973). Como Al parecer, el mijo proporcionó la base energética para las primeras
ya se ha señalado (p. 119), hay una base genética para concluir que la difu- ciudades chinas, ubicadas a lo largo de las llanuras de aluvión de la parte
s~~n del complejo neolítico por la Europa septentrional implicó la emigra- central de la gran curva del río Amarillo. Su antigüedad ha sido fijada en
c10n real de pueblos agrícolas pioneros del Asia sudoccidental. 11.000 años. Finalmente, durante el período comprendido entre el 3.300

y el 3.000 B.P., el trigo y la cebada llegaron a China y fueron incorpora-


dos al sistema agrícola. Pero en esta época se pr acticaban ya otros dos cul-
El Neolítico en el este de Asia
1ivos importantes, el arroz y la soja, desconocidos en Europa y el Oriente
Medio. El arado y los bueyes del Oriente Medio llegaron todavía más tar-
El Neolítico del Oriente Medio se desplazó hacia el este con la misma de (2.000 B.P.).
rapidez. Alcanzó Afganistán y Pakistán hace unos 5.000 años, y el valle Todo eso indica que el primitivo sistema de cultivo de campos y gana-
del Indo, hace 4.500 (Vishnu-Mittre, 1975). No obstante, rebasado este dería del nor te de China se desarrolló con independencia del Oriente Medio
punto, el papel de la difusión se vuelve oscuro. Se dispone cada vez de (lfo, 1975, 1978; H adan 1978; Chang, 1973 ). Además, ca~a vez. se dispo-
más datos de que China y el Sudeste asiático fueron los centros de una ne de má:; elementos de juicio que sugieren la posible existencia de una
o más «revoluciones» neolíticas en la producción de alimentos, basadas en segunda transición independiente al Neolítico en la China central, en las
un complejo de especies domesticadas distinto del del Oriente Medio y, en llanura,s fluviales del bajo Yangtse y Huai, y una tercera transición en las
buena medida, totalmente independiente de las influencias que emanaban regiones costeras del sudeste (Chang, 1977a y b). De todas formas, los
de esta última región.
detalles de estas secuencias son todavía oscuros. Al igual que en Mesopo-
Dataciones radiométricas recientes han fechado los inicios de la vida tamia las monumentales obras de regadío y control de las inundaciones
sedentaria en China antes del 6.000 B.P. Uno de los yacimientos más anti- administradas por el Estado destacan en el período comprendido entre el
guos se encuentra en Pan-p'o, en las semiáridas tierras altas de loes que 3.000 y el 2.500 B.P. La vida bajo las dinastías despóticas chinas, pese a
bordean los tramos rectos del Alto Amarillo. Existieron allí asentamientos los orígenes independientes de la civilización china, guardaba notables y
en poblados que practicaban el cultivo del mijo y criaban cerdos domesti-
nu merosas semejanzas con la vida en la Mesopotamia y el Egipto dinás-
ca~os. Los enterramientos bien configurados, la cerámica pintada y los pro-
ticos.
totipos de caracteres como los empleados en la escritura china indican que
todavía quedan por descubrir enclaves neolíticos y protoagrícolas más an-
tiguos. Al igual que los más antiguos yacimientos agrícolas del Oriente El Neolítico en el Sudeste asiático
Medio, tanto Pan-p'o como los restantes poblados primitivos de China se
encuentran lejos de las principales corrientes de agua y de los valles fluvia- El Neolítico en el norte de China y el Oriente Medio se basó en la
les más fértiles. Debido a estas circunstancias resulta difícil no interpretar domesticación de cereales cuyos antepasados silvestres estaban adaptados
171
170 Introducción a la antropología general El Neolítico y la aparición de ciudades y estados

a hábitats de altiplanos ten1plados y serniárídos. No hay que descartar la El Neolítico africano


posibilidad de que también los húmedos hábitats semitropicales del Sud-
este asiático realizaran independiente1nente la transición a la vida neolí- Los indicios más antiguos de agricultura en Aftica proceden del oasis
:_ica sedentaria n1ediante la don1esticación de tubérculos, especialinente del Fayu1n, en Egipto, donde se ha asignado a granos de t.rigo y cebada
namc y taro (Hadan, 1975; D. Harris, 1975; Hutterer, 1976; Meacham, ]a fecha de 6.500 B .P. Esto se ha interpretado en el sentido de qu~ la
1977). Los restos de tales cultivos se descon1ponen n1ás rápída1nente que agricultura egipcia, pese a la presencia de una recolec~i~n de sen1ílla.s. ?e
los cereales) y son difíciles de recuperar para el registro arqueológico. No espectro a1nplio de 15.000 aíios de antigüedad, se derivo de la trans1c1?n
cabe la n1enor duda de que el interés por la recolección de plantas de del Oriente Medio (Shaw, 1976). Hay acuerdo en el hecho de que Afnca
espectro an1plio se ren1onta aproxin1adan1ente a la 1nisma época tanto en es la cuna de don1esticación de varios cultivos ünportantes. Estos co1:1p1:en-
c_l Sudeste asiático coino. en ~l Próxin10 Oriente. En la Cueva de los ESpí- den el sorgo, el arroz africano, los ña1nes africanos, el teff. (el pr1n~1l?al
utus, al noroeste de Tailandia, se ha logrado identificar 'testas de aln1en- cereal de Etiopía) y la eleusine (raggee o karakan). En_ camb10, las o_pm10-
dr~s, nuez de. las Molucas, arecas, pin1ientos, calabazas vinateras, judías 1 nes en cuanto al efecto de la difusión de plantas y an1n1ales don1est1cados
guisantes, pepinos y otras plantas con1estibles que datan de hace 11.500 en Oriente Medio a Egipto, Marruecos y Etiopía se n1ues~ran diví~ídas.
años. Algunas de estas plantas tal vez pertenecieran a variedades don1és- 'l'ransícíones independientes basadas en los ña1nes han podido ocurrir en
ticas, pero la opinión de los expertos está dividida (Gorman 1969 1978· Africa occidental, pero no mucho antes del 4.500 B.P (Munson,, 1976;
Solheim, 1970; Vishnu-Mittre, 1975). ' ' ' Ellis, 1979). Un complejo de poblados amurallados y ammales don;estlcos;
Todavía no se comprende bien el papel del arroz en el desarrollo de un cuyos rasgos son esencialn1ente los mis111os que los del Oriente 0ed1?, l.leg?
Neolítico distintivo del SudCste asiático. Especies de arroz silvestre se a Dar 1"ichitt Mauritania, hace unos 3.150 años, pero no hay n1ngun 1nd1-
dieron en casi todos los deltas y estuarios del sur y sudeste de Asia pero cio claro de )cultivo de cereales entre el Nilo y el Atlántico antes del
es posible que las prin1eras variedades cultivadas crecieran en hábit~ts de 3.100 B.P. (J. D. Clark, 1972; Munson, 1976). Como en el caso de Euro-
sabanas interiores y en otras zonas de secano (Chesnov, 1973). Con arreglo pa occidental, la transición relativan1en~e tardía al .Neolítico ~·efleja las pro-
a una de las teorías, las pri111eras plantas cultivadas en el Su<leste asiático fundas diferencias ecológicas entre Afnca y el Oneute Med10.
fueron el taro y el fi.an1e. El prin1ero se da, en su estado silvestre, en zonas
pantanosas, 1nientras que los ña1nes son propios de bosque. El trasplante
del ña1ne a áreas pantanosas habría exigido la construcción de ribazos y Resumen
obras de avena1niento. El arroz tal vez brotara en un principio como una
La do1nesticación de plantas y aniinales y el desarrollo de los pritneros
n1ala hierba en los can1pos de regadío de taro de las tierras altas (Conda-
modos de producción agrícola en el V,iej~ Mundo tuvie_ror_i lugar durante
n1inas, 1972). Si1} en1bargo, hasta ahora los indicios arqueológicos n1ás an-
el período arqueológico denon1inado Neolrtico. La tra.i1s1c1on de la~ cultu-
tiguos de cultivo de arroz en Asia aparecen en dos yacimientos de la meseta
ras del Mesolítico o del Paleolítico Superior al Neolítico se produ¡o, pto-
baja del nordeste, o piedemonte, de Tailandia. En Non Nok Tha, una bablemente, de forma ·independiente en China y el Sudeste asiático. Toda-
cer~111ica con incisiones y 1narcas de cuerdas, ganado vacuno domesticado y vía no se dispone .de elementos de juicio lo suficíenten1ente concluyentes
agricultura de artoz de secano parecen haber estado presentes hace unos con10 para descartar la posibilidad de que estas u o~ras regio~es cruzaran
6.500 años (Bayard, 1968). En el segundo yacimiento, Ban Chiang, la agri- el umbral del Neolítico en la misma época que el Onente Med10.
cultura de arroz de regadío data al parecer del 5.500 B.P. (Gorman, 1975). La transición en el Oriente Medio fue precedida por un cambio de un
Estos indicios sugieren que si el taro y/ o los ñames fueron realmente los tnodo de vida especializado en la caza 1nayor a una c.aza y. recolecció.n de
prin1eros cultivos de la región, entonces. los inicios de la agricultura en el espectro amplío que guarda 1 salvo en lo que a la creciente 1mporta/n~1a de
Sudeste asiático quizá se sitúen en el 9.000 B.P.; esto es, aproxÍlnadan1ente Jos cereales silvestres se refiere, estrechas sen1ejanzas con el Mesoht1co de
al mismo tiempo que en el Oriente Medio. Chester Gorman (1978) ha la Europa occidental. Estos cereales silvestres posibilitaror_i ,la vida scden:a-
propuesto que el propio arroz pudo haber sido la planta domesticada más ria en poblados unos 2.000 afi.os antes de la don1est1cac1on. L~s venta¡as
antigua del Sudeste asiático y que el inicio del Neolítico en esta región que se le suponen a una vida sedentaria en poblados con una dieta basada
estuvo relacionado con la elevación del nivel del mar a finales de la última en los cereales silvestres, consistían en que aliviaban el peso que repre-
glaciación. Dicha elevación redujo el área de tierra del Sudeste asiático a sentaba tener que ttansportar a los recién nacidos. De la vida en los asen-
la niitad, so1netiendo a los cazadores y recolectores del Paleolítico Superior tanüentos sedentarios Surgió gradualtnente la dotnesticación tanto de los
a una presión de1nográfica análoga a la experín1entada por los cazadores de cereales silvestres como de los animales salvajes at'raídos por estos cereales.
Europa y el Oriente Medio a finales del Pleistoceno (Mark Cohen, 1977). Las variedades de cebada y trigo de raquis duro recibieron un trato de
172 Introducción a la anrropología general
Capítulo 10
favor y, paulatina1nente, fueron sustituyendo a las variedades frágiles; LA SEGUNDA TIERRA
por su parte, las ovejas y cabras eran alin1cnta.das con rastrojos y seleccio-
nadas con arreglo a la utilidad de sus rasgos físicos y conductuales.
La transición a la agricultura y ganadería con1portó benefícios adiciona-
les en forn1a de una 1nayor producción per cápíta de proteínas e hidratos
de carbono, nütigando así ten1poraln1ente Ja presión dc1nográfíca asociada
al período de caza· y recolección de espectro a1nplío. Sin e1nbargo, la conti-
nuación del crecin1iento den1ográfíco au1nentó rápidan1ente la densidad de
los asentanüentos hun1anos en el Oriente lvledio, forzando la difusión de
la agricultura a Mesopotan1ia, región deficitaria en lluvia y otros recursos
naturales. Estas deficiencias se superaron 1nediante la agricultura de rega-
dío y el co1nercio. Al aun1entar la densidad de1nográfica, la co1npetencia
por el acceso a las tierras de regadío y los bienes co1nerciales vitales inten-
sificó la incidencia de la guerra. El nacin1iento de burocracias incipientes y
la división de la sociedad en gobernantes y gobernados dieron satisfacción
a la necesidad de organizar las obras de regadío, controlar el con1ercio y
coordinar las actividades policiales y n1ilitares.
El complejo neolítico del Ódente Medio se difundió del sudeste al
noroeste de Europa en el periodo comprendido entre el 8 .500 y el
5.500 B.P. El ritmo de la difusión se vio aminorado por la necesidad de
readaptar las especies don1esticadas al frío y boscoso ecosiste1na europeo. Este capítulo describe los principales datos arqueológicos acerca de. la evo~ución
En China, el hecho de que las especies do1ncsticadas 1nás antiguas <le las culturas en Ainérica del Norte y del Sur. \Tere1nos que hay d1ferenc1as
fueran el nüjo y el cerdo sugiere un origen independiente de la transición significativas y se1nejanzas notables en la evolución de las culturas en el «Nuevo»
y «Viejo» Mundos. Constataren1os aden1ás que) en ge.neraC la e_v~lución cultural
al Neolítico en Asia oriental y del posterior desarrollo de ciudades y esta- en las Atnéricas nó dependió de las secuencias evoluuv.as d~l \l1e10 Nlundo.
dos. Tal vez hubiera hasta tres centros de don1esticación independientes en y que la cornparación de la arqueología de Jos dos hcn11sfenos 1~os proporciona,
China: la región central del valle del río Amarillo, el bajo Yangtse y la pues, una «segunda Tierra»: un banco de pruebas para las tcor1as sobre los
costa de la China n1eridional. procesos socioculturales.
Es posible que en el Sudeste asiático también se produjera una transi-
síción. independiente basada en el cultivo de tubérculos, legun1bres y arroz.
Con todo, los datos arqueológicos sobre este área son todavía ptovisiona- ¿Cuándo se descubrió América?
les. Los n1ás sugerentes provienen del noroeste de Tailandia, donde se ha
hallado un an1plio espectro de plantas con una antigüedad rayana en los Los antepasados de los «indios» a1nericanos alca?z.aron el sta.tus. de
11.500 años, algunas de las cuales presentan indicios de una posible do- Homo sapiens en el Viejo Mundo. No se han halla?o fos1les de hom11101des
1nesticación. en las Ainéricas, y nadie espera encontrarlos. La fortnula dental ~le los n1~­
Por el ino1nenfo, se dispone de escasos elementos de jUicio que avalen nos ceboides del Nuevo Mundo indica que se separaron de la !mea hom1-
la hipótesis de una transición independiente al Neolítico en Africa. El Neo- noide del Viejo Mundo entre hace 30 y 40 millones .años. Sin embargo,
lítico egipcio parece ser un derivado del del Oriente Medio. Sin e1nbargo, una ardiente controversia rodea la cuestión de cuánto uen1po llevan v1v1en-
pueblos que ya habían sufrido influencias debidas a la difusión de elemen- do los hun1anos en el Nuevo Mundo. Sílex fracturados con una antigüedad
tos del co1nplejo de Oriente Medio do1nesticaron varias plantas originarías de más de 50.000 años han aparecido en Calico Hills, California, pero su
de Africa. A este respecto, el Africa subsahariana 1nuestra ciertas sen1e- status como útiles es dudoso (Leakey y Goodall, 1969; Haynes, 1973). Se
janzas con la Europa occidental. conoce un único útil de hueso, procedente del Yukon canadiense) datado por
el radiocarbono en el 27.000 B.P. (Irving y Harrington, 1973), y a algunos
yacimientos de la n1eseta 1nexicana se les ha atribuido una antigüedad su-
perior a los 20.000 años (MacNeish, 1978: 135). En cuanto a los ,restos
físicos, los huesos 1nás antiguos pueden ser los fragn1entos ~e cr.aneo y
costillas desenterrados por una excavadora en el sur de California, que
173
174 Introducción a la antropología general 1.n segunda Tierra 175

recientemente han sido datados por nuevas técnicas de aminoácidos en el qucando el camino hacia el sur . Sin embargo, el bloqueo no fue total. En
48.000 B.P. (Bada, Schroeder y Carter, 1974). Si se confirma este hallaz- diferentes intervalos hubo un corredor libre de hielos que conectaba la
go, esto convertiría a las gentes más antiguas del Nuevo Mundo en contem- ~os ta norte de Alaska con las grandes llanuras al este de las Montañas Ro-
poráneas d.e los. últimos neandertales europeos. Un esqueleto encontrado en cosas. Este corredor permaneció abier to entre el 36.000 y el 32.000 B.P.,
Yuha, Caltforma, tal vez tenga también una antigüedad superior a los entre el 28.000 y el 20.000 B.P., y desde el 13.000 B.P. en adelante.:~Las
20.000 años (Bischoff y otros, 1976, 1979). migraciones hacia el sur de gentes y animales debieron ocurrir al mienos
El origen ~ás verosímil de los primeros indios es Asia. Esto parece durante uno de estos intervalos, y es probable que se aprovecharan las tres
probable, en primer lugar, porque las poblaciones americanas nativas de oportunidades.
hoy e?, ~ía se ~semejan, fenotípicamente, a las poblaciones asiáticas . Como
lo~ ~sia.ticos orientales, muchos indios tienen cabello negro y lacio, plieg~es
epicanticos Y. muy poco vello en el cuerpo. No parece probable que estos El Paleolítico del Nuevo Mundo
rasgos se derivei: de ancestros europeos o africanos. Por lo demás, si consi-
deramos las posibles formas en que los primeros americanos arribaron al El problema de las clases de utillaje y modos de producción que. los
N~evo Mund.o , todo parece indicar que su lugar de origen se encontraba en primeros americanos trajeron consigo desde Asia plantea numerosas du-
Asia . Las migraciones se iniciaron probablemente durante el Pleistoceno das. Con el paso de los años, sin embargo, se están acumulando datos que
tardio-?aleolitico Superior; esto es, mucho antes de la invención de em- sugieren una estrecha correspondencia entre los utillajes americanos más
barc.aci?nes cap~ces de surcar el océano. Es harto improbable, pues, que antiguos y los útiles fabricados con técnicas de núcleo discoidal y retoque
l~s md10s amencanos atravesaran el océano Atlántico o Pacifico. En cam- de bordes característicos del Paleolítico Superior en el noroeste de Asia.
b10'. es muy p~sible que penetraran en el Nuevo Mundo por el estrecho de Huellas de este complejo lítico inicial, que datan aproximadamente del
Ber.mg, a trav~s del cual, en un día claro, se puede ver Alaska desde Si- 16.000 B.P., han aparecido en el noroeste de Alaska y cerca de Ayacucho,
beria. En realidad, en el punto culminante de la última glaciación conti- Perú . Los datos más fiables, empero, son los que aportan los artefactos del
nental no había nada de agua entre Siberia y Alaska. En el máximo avance complejo de El Jobo, encontrados en Taima-taima, Venezuela. Uno de
glacial, una cantidad de humedad suficiente para reducir el nivel de los estos artefactos, una punta de flecha de cuarcita, se recuperó en el hueso
o~éanos al menos en 300 pies quedaba retenida en la tierra en forma de pélvico de un .mastodonte joven muerto hace como mínimo 13 .000 y,
hielo ..Como e~ es~recho de Berin~ tiene menos de 300 pies de profundidad, posiblemente, más de 14.000 años. Entre los úti les descubiertos en Taima-
los primeros mmigrantes no tuvieron que nadar ni saltar de un iceberg a taima figuran un cuchillo, raederas y piedras poco trabajadas, empleadas
otro para ent1:ar en el Hemisferio Occidental. Los primeros y desconoci-. como choppers o machacadores (Bryan y otros, 1978).
dos . «Descubrid?res ~e América» pudieron, fácilmente, cruzarlo a pie, Utiles fabricados a partir de lascas extraídas de núcleos preparados dis-
cammando por tierra fll'me. Y cuando el descenso del nivel del mar era tan coidales mediante una técnica que recuerda a los núcleos en forma de tor-
sólo de 150 pies, existía un «puente» transitable de más de 100 millas de tuga del levalloisiense .del Viejo Mundo se han encontrado en el yacimien-
ancho. En su máximo, Beringia, como se le llama a esta tierra actualmente - to Shriver, en el noroeste de Misouri. Su antigüedad se estima superior
sumergida, tenia 1.000 millas de ancho. incluso a los de Taima-taima (Reagan y otros, 1978). Estos útiles establecen
Incluso sin este puente de tierra, el estrecho de Bering no habría su- la existencia de una fase temprana de la tecnología cazadora-recolectora
puesto un obstáculo difícilmente franqueable. De vez en cuando el estre- americana que conservaba numerosos rasgos originarios del Paleolítico del
cho se congela formando una capa de hielo lo suficientemente sóÍida como Viejo Mundo y precede al desarrollo de tipos distintivos del Nuevo Mun-
para permit}r el tránsito de gentes y animales. Por lo demás, motivos para do. Fueron descubiertos en estratos inferiores a aquellos en que aparecen
es~as travestas .n o faltaban. Como otros pueblos del Paleolítico Superior, los útiles americanos autóctonos más avanzados, considerados hasta hace poco
primeros americanos eran. c?zad~res de herbívoros migratorios, en especial por los arqueólogos como los tipos más antiguos. Hoy en día, parece pro-
de mamuts, c,aballos, caribus, bisontes, bueyes almizcleros. Estos y otros bable que las tradiciones americanas distintivas y más avanzadas se des-
grandes mamiferos abundaban en enormes manadas sin explotar desde arrollaron varios miles de años después de la penetración, en Norte y
Alaska hasta la Tierra del Fuego. Sudamérica, de las primeras bandas de cazadores y recolectores del Paleo-
El puente de Beringia existió antes del 35 .000 B.P., estuvo sumergido lítico Superior.
entre el 32.000 y el 28.000 B.P., volvió a emerger entre el 28.000 y el En América del Norte, estas tradiciones más avanzadas se caracterizan
13 .000 B.P ., y está sumergido desde entonces (Hopkins, 1967) . Pero los principalmente por puntas de flecha sobre hoja, talladas por presión,
cazadores que utilizaron el puente afrontaron un nuevo obstáculo: barre- con superficies acanaladas o de base cóncava. Estas puntas de flecha no tie-
ras de hielo de una milla de altura cubrían la mayor parte de Alaska, blo- nen paralelos precisos en el Viejo Mundo y se cree que fueron talladas para
176 I ntroducción a la antropología general La segunda Tierra 177
facilitar el en mangue en las lanzas. Empiezan a aparecer hacia el 11.500
B.P. Se. reconocen dos colecciones de útiles: Clovis y Folsom. Clovis se
caracteriza por grandes puntas acanaladas halladas en yacimientos en los
que fueron matados y descuartizados mamuts de las altas llanuras de
Oklahoma, Colorado, Nuevo México y sur de Arizona (aunque también se
han hallado en ~a pradera y en los bosques del Este). Las colecciones Fol-
som_ se caracterizan por .las pun~as Folsom y Sandía (fig. 10.1), que se FIG. 10.2.-Punta Folsom incrustada
usaron para matar especies de bisontes, en la actualidad extintas, en las en las costillas de un bisonte extinto.
llanuras centrales desde Montana hasta Texas (fig. 10.2). En el yacimien- Un histórico descubrimiento que al·
teró la concepción sobre la antigüe-
dad de la presencia del indio ameri-
cano en el Nuevo Mundo. [ Museo
Americano de Historia Natural.]

como sucedió en el Mesolítico europeo, se colonizaron muchos hábitats


forestales, costeros y fluviales, y el pescado, marisco y otros recursos acuá-
ticos recibieron mayor atención . Aunque no todos los arqueólogos están
de acuerdo, hay mucho que decir en favor de la visión de los modos de
producción norteamericanos posteriores al 9 .000 B.P. como otras tantas
versiones autóctonas de los sistemas de caza y recolección de «espectro
amplio» característicos del Mesolítico en Europa y Oriente Medio y de
la época de agricultura incipiente en China y el Sudeste asiático.
Clovís Folsom Slndi1
FIG. 10.1.-Puntas de flecha del Paleolítico del Como en el Viejo Mundo, la causa básica de la transición a una pro-
Nuevo Mundo.
ducción alim~ntaria de espectro amplio tal vez fuera la extinción de mu-
chas especies de- grandes animales que habían florecido durante el Pleis-
to Shriver, los útiles de núcleo discoidal ap~recieron bajo una colección de toceno. En el Nuevo Mundo, estas extinciones afectaron a más especies
tipo. Folsom. Tamb_ién se han hallado tradiciones regionales de caza mayor que en el Viejo. Desaparecieron 31 géneros, incluyendo mastodontes, ma-
distmtas, pero, J.?Osiblemente relacionadas y de antigüedad comparable en muts, bisontes de grandes cuernos, camellos, tapires, caballos, cerdos, di-
el Valle de Mexico, en los Andes desde Argentina a Chile y en Venezuela. versas clases de ovejas y cabras, bueyes almizcleros, variedades de antílopes,
Uno de los tipos más interesantes es el de la cueva de Fell cerca del bueyes, yaks, castores gigantes y tigres, y especies de osos,, lobos y coyotes.
estrecho de Mag,a~anes .en la. pun~a meridional de América dei' Sur. Aquí
1 La importancia relativa· de la sobredepredación humana y de factores na-
se han hallado uules líticos'. 111cluidas puntas acanaladas, junto con restos turales· relacionados con la retirada de la última glaciación es objeto de
de perez~so~ y caballo.s amencanos extintos, lo que revela que los ancestros considerable debate: Las gentes equipadas con armas de tipo Folsom y
de los «111d10s» amencanos ya habían completado su invasión del Nuevo Clovis fueron, sin duda alguna, cazadores extremadamen te eficientes. De
Mundo hace 11.000 años . hecho, se podría razonablemen te interpretar su avanzada técnica lítica a la
. Los tipos Clovis y Folsom dominan casi todos los yacimientos arqueo- vez como respuesta y como causa de la crecien te escasez de la caza mayor,
lógicos d~ Norteamé~·ica entre el 11.500 y el 9 .000 B.P. De los útiles y provocada inicialmente por cambios ambientales. No resulta improbable
restos .ammales relacionados con ellos parece deducirse que, en estrecho que aumentaran la presión que experimentaba la fauna pleistocénica. Sea
paralelismo con ~} Pale~lítico Superior terminal del Viejo M undo, el como fuere, lo que sí podemos afirmar es q ue no impidieron la extinción
mo?o. de producc.10n dommante era la caza mayor especializada. «En estos de muchas esp~cies
1
valiosas y, como se podrá constatar, esto habría de
yacimientos las piezas de :quipo de molienda son infrecuentes y a menudo tener consec.uencias desastrosas en época posteriores.
dudosas;. n? aparecen casi nunca restos vegetales; el pescado, el marisco
Y los ut11la¡es de pesca son raros o están ausentes» (Mark Cohen 1977: El «Neolítico» del Nuevo Mundo
130). Los yac!mientos con numerosas piedras de moler -que ;ugieren
u~a concentración en las semillas y otros alimentos vegetales- sólo em- La explicación de los orígenes de la agricultura en el Nuevo Mundo
piezan a ser frecuen tes después del 10.000 B.P. A partir de estas fechas, constituye un logro científico relevante. Todavía se desconocen muchos
178
Introducción a la antropología general
La segunda Tierra 179
detalles,. pe~o hay u.n hecho básico: la domesticación de plantas y animales
PO,r los md10s americanos no dependió de la difusión desde ninguno de los domesticar estas plantas importantes sin ayuda del Viejo Mundo. Esta
centros de domesticación del Viejo Mundo. Esto significa que la difusión opinión persistía debido, en parte, a la aparente prioridad cronológica de
tampoco r~~resenta una explicación probable de otras semejanzas notables la domesticación de plantas en el O riente Medio, China y Sudeste asiá-
e?tre el V1e10. Y el Nuevo Mundo, como, por ejemplo, el desarrollo de una tico. Se sugería, así, que una barca cargada d e emigrantes postneolítico.s
~ida sede?taria en poblados o el surgimiento de ciudades estados impe- del otro lado del Atlántico o Pacífico fue arrastrada hacia Múico, Brasil
nos~r arquitectura m~numen tal, escritura y metalurgia. Lo~ orígene's inde- o Perú, trayendo consigo la idea de la domesticación de plantas. Como
pen tent~s de la agnc~ltura del Nuevo Mundo avalan la hipótesis de que todavía no se habían identificado los antepasados silvestres del ·maíz, algu-
~~s cu~turas humanas tienen mayores probabilidades de evolucionar en unas nos arqueólogos adujeron incluso que los viajeros debieron llevarlo con-
1r~:c1ones que en otras .. Indica?, además, que hay que buscar la explí- sigo (Godfrey y Cole, 1979; cf. Schneider, 1977).
cacto~ de las convergencias y. divergencias de la historia humana en el Las teorías difusionistas de los orígenes de la agricultura en el Nuevo
e~t~dl10 dbe .los pro~~sos materiales que tienden a producir consecuencias Mundo han sido refutadas definitivamente por la identificación de las
s1m1 ares a¡o cond1c1ones similares, formas ancestrales del maíz y de la secuencia de modificaciones que expe-
~a tesis ~el desarrollo independiente de la agricultura entre los indios rimentaron estas formas durante su domesticación. Los descubrimientos
amenc.anos dtsp~ne de numerosos elementos de juicio a su favor. El in- más importantes fueron realizados por Richard S. MacNeish en las tierras
ventan o d.e cultivos del Nuevo Mundo se compone casi en su totalidad altas del estado mexicano de Tamaulipas y en el valle de Tehuacán, en el
de domesticados que. sólo se encuentran en las Américas. En la época del estado de Puebla, en 1958 y 1964, respectivamente. MacNeish demostró
cont~~to con los pnmeros europeos, es te inventario era tan variado que, en estas dos áreas de altiplanos bastante áridos, la domesticación d~l
nutr~ttvamente satisfactorio como los comple1·os de plantas del o.· y maíz y otras plantas originarias de América fue resultado de una sen e
Medio S d ·, · b. uente
Y u este a~tattco com mados. Comprendía granos como el maíz de interacciones cul turales y ecológicas determinadas por condiciones loca-
el am~rd~to Y la. quinua; leg~mbres como las judías negras, las habichuela; les específicas.
1
Y as Ju tas de Lima, Y otros importantes vegetales como calabazas melones La identidad precisa del antepasado silvestre del maíz es objeto de
b tomates. E?_tre los, tubérculos figuraban la mandioca, la pa~ata y la controversia . U na de las posibilidades barajadas es que el maíz fuera do-
ª~ª~ª · . Tamb~e? babia c~mdimentos tales como el chile, el cacao y la mesticado a partir de una gramínea denominada teosinte, que todavía se
vam1lla, narcott~os y ,e~t1mulantes como la. coca· y el tabaco, y plantas encuentra en estado silvestre en esta zona (Flannery, 197 3); otra es que
~roductoras de ~1bras uttles co?1o el .henequén, el maguey, el algodón y el existiera una forma silvestre de maíz antecesora tanto del maíz propia-
sNtsal. (El algodon fue domesticado independientemente en el Viejo y el mente dicho como del teosinte (Mangelsdorf, 1974) . En cualquier caso,
uevo Mundo.)
su domesticación debe ser anterior al 7.000 B.P., puesto que las gentes
. .La unión de est?s domesticados originarios de América con los del que poblaban el valle de Tehuacán hacia esa época ya cultivaban una
VdJO ~undo despues .de 1492 ha tenido importantes consecuencias en forma primitiva de maíz que tenía una pequeña mazorca con dos o trc:.s
to o e mundo. P~r e1em~lo, el azúcar combinado con el cacao produjo hileras de semillas de cáscara blanda y raquis endurecido (véase p. 160 ).
el.:~ocolate. La cana de azucar, domesticada por primera vez en el Sudeste · En los 3 .000 años siguientes, la continuación de la selección e hibri-
asiattco, fu,e plantada en Brasil y en las islas del Caribe con el fin de dación produjo variedades que se parecen mucho a las cultivadas hoy en
obtener azucar para el chocolate y para endulza r el café y el té. El intento día. Así, los americanos nativos no sólo domesticaron el maíz por su cuen-
de encontrar mano, ~e obra barata para las plantaciones d e azúcar llevó ta, sino que lo sometieron a una selección y cambio morfológic~ y lo
al . desarrollo del trafico de esclavos y la migración forzosa de decenas de adaptaron a una extensión geográfica que no conoce parangón en nmguna
mdlo?es de negros afric~no~ hacia, el Nuevo Mundo. E l maíz fue llevado otra planta alimenticia importante (Flannery, 1973). En este proceso, las
d fh~na, donde propor~tono calonas extra para la explosión demográfica «ideas» eurasiáticas o africanas sobre otros cultivos no pudieron haber
.e siglo x~r. La mand1~ca se convirtió en un cultivo básico de las pobla- desempeñado un papel significativo (Pickersgill y H eiser, 1975).
c10nes. tropicales de .Afnca. La patata fue introducida en Irlanda donde
hrodu10 una exp~os1ón de~ográfic~ seguida por pérdidas de c~sechas,
ambrunas y un exo.do mas1.vo hacia América. Y el tabaco, llevado pri- La secuencia mesoamericana
mero a E uropa Y ~·emtroductdo después en Virginia, dio impulso al des-
arrollo de la es~lavttud en las plantaciones de Estados Unidos. Hacia el 10.000 B.P., las tierras altas mexicanas estaban ocupadas
.~asta la de~a.da de 1960, muchos antropólogos mos traban escasa dis- por pueblos cazadores y recolectores cuyo modo de vida era probable-
pos1Clón a admtttr que los americanos nativos hubieran sido capaces de mente similar al hallado en otras partes de América del Norte aproxima-
damente en el mismo nivel cronológico. Pero los animales cazados en
180 La segunda Tierra 181
Introducción a la antropología general

Tamaulipas Y Tehuacán no parecen haber sido tan grandes o abundantes tación de un amplio espectro de recursos fluviales y costeros. Fue en las
como aquellos de los que dependían los cazadores de caza mayor de Clovis tierras bajas, poco después del 4.500 B.P., donde se construyó el primer
Y Folsom: Tras la extinción de la fauna pleistocénica en las tierras altas centro ceremonial de Mesoamérica (véase infra). Pero es en las tierras
mes~amencanas, a.i:iarecen piedras de moler junto con una pauta de depen- altas, en las que se practicaba la agricultura de regadío, donde encontr~­
den.cia de un amplio espectro de pequeños animales como ciervos conejos mos paralelismos más estrechos con el Oriente Medio.
ardillas ~erres.tres, ratas, tor tugas y aves, así como una gran va;iedad d~
pla?tas, rnclui~os los antepasados de la calabaza de cidra, el aguacate, el
ma1z y las habichuelas domesticados. El papel de los animales domesticados
D urante la f~se de Ajuereado .(12.000-9.000 B.P.), se extinguierop
el caballo, el antilope, la ~or~u?a gigante, los grandes roedores y proba- Así, una de las principales diferencias entre el período de agricultura
blemente el man:u t. Al prrncipio de esta fase, el énfasis recae sobre la incipiente en el Oriente Medio y Mesoamérica consistió en que los ame-
caza; sólo .i:ios;er10rment~ destacan los útiles de molienda . Inicialmente, la ricanos siguieron conservando su estilo de vida seminómada mucho tiempo
carne constituia, ,d~pendiendo de la estación, entre el 76 y el 89 por 100 después de haber iniciado la domesticación de sus cultivos básicos. Por
del consumo calonco. Las bandas eran pequeñas y sus movimientos irre- el momento, no se han hallado grandes poblados mesoamericanos ante-
g;ilares. Durante la fase siguiente (El Riego, 9.000-7.000 B.P.), las calo- riores al 5 .000 B.P . La base ecológica de esta diferencia parece bastante
rias pro.cedentes ~e. ~a carne ~foscendie~on al 31-69 por 100. La recolección clara. En el Oriente Medio, como la domesticación de animales y plantas
de ~em1llas adqumo tanta importancia como la caza. La plantación de fue simultánea, las aldeas sedentarias podían abastecerse tanto de vegetales
se1?11las y huesos de frutos surgió gradualmente formando parte de un como de proteína animal. En cambio, en el Nuevo Mundo, debido a la
cu1dado~o progr.ama de movimientos entre distintas ecozonas ajustado amplísima gama de extinciones que afectó a la fauna pleistocénica, las
a cambios e~tacionales. Las primeras variedades domesticadas fueron la oportunidades para la domesticación de animales estaban limitadas por una
calabaza de cidr~,. el amaranto, los chiles y el aguacate, pero su contribución falta de especies salvajes adecuadas. El único animal del Nuevo Mundo
al consumo calonco no rebasaba el 1 por 100. El tamaño de las bandas comparable a las ovejas, cabras o vacunos es la llama. Ahora bien, los an-
era mayor ,Y la densidad demográfica más elevada. A esta fase siguió la tepasados de esta bestia marginalmente útil no sobrevivieron en Mesoamé-
de Coxca~lan (7.000-5.400 B.P.), durante la. cual se domesticaron el maíz rica. Aunque los antiguos peruanos domesticaron a la llama, los mesoame-
Y las. habichuelas. El 8 por 100 de las calorías provenía ahora de los do- ricanos no tuvieron esta oportunidad. Lo mismo cabe decir del conejillo
mestica??s. El porcentaje de la carne descendió a 23-62, dependiendo de de Indias, que se convirtió en una importante fuente de proteína animal
la estacion. En la fase de Abejas (5.400-4.300 B.P.), la carne sólo aportaba. en los Andes pero no en México.
el 15 po~· 100 del .consumo calórico durante parte del año, en tanto que Con el tiempo, los mexicanos lograron domesticar el pavo, el pato de
l~s especies domesticadas proporcionaban el 21 por 100. Caseríos y vi- Berbería, la ' abeja melífera y perros sin pelo criados para carne, pero estas
viendas p~rm~nentes no se construyeron hasta el 3.500 B.P., durante I~ especies no revistieron significación alguna dura nte la fase de agricultura
fase de A~alpan. Pa~a entonces, el consumo de calorías procedentes de la íncipiente y tampoco _llegaron a cobrar gran importancia en períodos pos-
carn~ habia, descendido por debajo del 25 por 100, pero las plantas sil- teriores.
vestres seguian ocupando un puesto central en la dieta . En el Oriente Medio, la vida sedentaria en aldeas se basaba en la do-
, Grandes aldeas permanentes no aparecieron en Tehuacán hasta des- mesticación de plantas y animales. El sedentarismo aumentó la producti-
pues·del ~.850 B.P. (MacNeish, 1978). Pero en otros valles de las tierras vidad de las plantas domesticadas, lo que a su vez incrementó la productivi-
alta~ empiezan a aparecer aldeas de chozas de cañas y barro con más de 300 dad de los animales domesticados, y ésta la productividad de la vida se-
h~bitan~es poco después del 3 .500 B.P. Los estudios realizados en Tehua- dentaria en poblados, etc. Sin embargo, en las tierras altas de México, la
can sugieren que, en la transició~ ª. agregados aldeanos todavía más grandes necesidad de conservar proteínas animales en la dieta actuó en contra' del
Y a los estados, «uno de los prrnc1pales factores causales fue el desarrollo abandono de la caza, puesto que había pocos animales aptos para la do-
del control sobre el agua y de diversas clases de regadío» (MacNeish mesticación como fuente de alimento. Por consiguiente, el desarrollo del
1972: 93). , sedentarismo en Mesoamérica, comparado con el Oriente Medio, no pre-
. ~n algún mom~nto entre el 5 .000 y el 4.000 B.P., el maíz, cuyo hábitat cedió sino que siguió a las primeras fases de cultivo tras un lapso de varios
ongrnal eran las. tierras altas, ~ue adoptado por los pueblos que habitaban miles de años. (Tanto en el Viejo como en el Nuevo Mu.ndo existieron
los bosques .trc:p1cales de las tierras bajas de Veracruz y Guatemala. Es tos grandes asentamientos costeros y ribereños antes del desarrollo de la agri-
pueblos ya habian alcanzado una forma de vida aldeana basada en la explo- cultura.)
182 Introducción a 1a antropología general La segunda Tierra 183

El desarrollo de los estados, ciudades e imperios del Nuevo Mundo: de tierra en forma de volcán con laderas abruptas. Tiene 105 pies de altura
las tierras bajas mesoamericanas y 400 pies de diámetro. La construcción se emprendió hace 3.000 años.
Como en otras localidades olmecas, también aparecen cabezas de piedra
~orno en el caso del Oriente Medio, una vez traspasado el umbral de de cara redonda de 9 pies de alto, altares de piedra, tumbas y estelas
l~ vida plenamente sedentaria en poblados basada en la agricultura, la den- (columnas monolíticas esculpidas). El basalto para estas construcciones te- ·~
sidad demográfica creció rápidamente y surgieron unidades sociales de ma- nía que ser transportado desde canteras situadas a más de 50 millas de dis- '
yor tama?º· Durante el período comprendido entre el 4.500 y el 2.000 B.P. tanda (cf. Coe, 1968; Heizer, 1960). Los yacimientos olmecas parecen
se produieron, en Mesoamérica y la región andina, transformaciones para- estar asociados con diques naturales formados por meandros que posibilita-
lelas y, con toda probabilidad, mutuamente relacionadas hacia estados es- ban la práctica de una agricultura inten!'iva. Estas zonas favorecidas, sin
tratifica.do.s integrad.os por muchas comunidades. En las fases posteriores~ embargo, eran bastante pequeñas y estaban rodeadas de bosques, que se
de crecimiento, vanas de las secuencias de desarrollo del Nuevo Mundo explotaban con la técnica de tala y quema. Debido a ello, el potencial de
culminaron en estados de dimensiones imperiales cuya población se contaba crecimiento de los olmecas fue limitado y no evolucionaron mucho más
por millones. Est~s imperios eran gobernados desde ciudades que tenían allá del nivel de Estado incipiente o pequeño reino, careciendo de ciudades
hasta 150.000 habitantes y grandes concentraciones de arquitectura monu- propiamente dichas .
mental, ~orno templos, palacios y pirámides gigantescas (E. Wolf, 1959; Se sabe que los olmecas no fueron el primer pueblo mesoamericano que
Gor~nstem, 19~4). Como en el Oriente Medio, la primera manifestación construyó centros administrativos monumentales, como se pensó durante
del i.mpulso hacia la estatalidad fue la construcción de grandes centros cere- mucho tiempo. Desarrollos parecidos a los de los olmecas tuvieron lugar
momales y administrativos. En Mesoamérica dos variedades de centros también entre los mayas, en la península de Yucatán. La estructu ra monu-
ceremoniales empiezan a aparecer poco despué~ del 4.500 B.P.: (1) los que mental más antigua que se conoce -una plataforma baja de mamposte-
se d~sarroll~ron en las boscosas tierras bajas de la costa del golfo de ría- se empezó a construir hacia el 4.600 B.P. en el yacimiento de Cuello,
México y mitad su~ de la península de Yuca tán, y (2) los que lo hicieron en
Belice (Hammond y otros, 1979; Ham mond, 1978). Aunque la naturaleza
los valles de las tierras altas. En esta sección nos consagramos a los pri-
meros. precisa del Estado maya sigue siendo una cuestión muy controvertida, es
~~mo hemos visto, los poblados sedentarios basados en modos de pro- evidente que este pueblo alcanzó un alto grado de centralización política
ducc10n de espectro amplio se desarrollaron en fecha temprana en enclaves y urbanización, además de un gran refinamiento en los campos del saber, la
costeros y ribereños favorables. Sin embargo hasta la introducción del arquitectura y la escultura. Entre el 300 y el 900 d. C., los centros cere-
maíz plenamente domesticado, algo después del 5.000 B.P., la densidad moniales mayas alcanzaron su máximo apogeo. Se construyeron sobre
demográfica y el tamaño de las aldeas no empezaron a crecer a un ritmo plataformas edificios con muchas salas, cuidadosamente ornamentados y
rápido. Al princ~pio, el maíz y otros cultivos básicos - habichuelas y cala- agrupados simétricamente alrededor de plazas. «Juegos de pelota» ceremo-
bazas- s~, c~ltivaban por el método de tala y quema. Este implica la niales, estelas y altares grabados con jeroglíficos, y estatuas imponentes
q uema pe~10dica de .~arcelas de bosque a fin de desbrozar espacio cultivable también formaban parte de· estos complejos estructurales. Destacaban sobre
y proporcionar fertilizante en forma de ceniza. Se trata de una forma de toao el conjunto grandes pirámides truncadas revestidas de piedra y con
a~ricultura extensiva; esto es, requiere grandes extensiones de tierra en escalinatas que conducen a los templos situados en sus cimas (Coe, 1966;
diversas fases de cultivo y barbecho (período de espera hasta que vuelve Weaver, 1972). Había «como mínimo una docena de centros administra-
~ crecer .una vegetación que pueda ser quemada) y una inversión de traba- tivos y ceremoniales gigantescos, multitud de centros más pequeños, pero
lº y capital por hectárea relativamente pequeña. · no menos imponentes, .cientos de pequeños centros ceremoniales, decenas
A medida que aumentaba la densidad demográfica, la tala y quema. fue de miles de caseríos y una población que debía contarse por millones» (San-
complementada o reemplazada con formas de agricultura más intensivas ders, 1972: 121). Se ha calculado que en el área de 113 km2 que rodea a
(que requieren mayor esfuerzo por hectárea y emplean terreros canales de Tikal, el más grande de los centros mayas, existía una población de 45.000
drenaje y cultivos arbóreos). No obstante, como veremos las ;est,ricciones habitantes (Haviland, 1970). La mayor parte de estas personas vivía en
eco~ó~icas sobre l_:i agr~c~ltura en las, tierras bajas impusi~ron límites muy pequeñas granjas a una hora de camino de los principales centros ceremo-
defmidos al tamano max1mo que podian alcanzar las ciudades y estados. niales. El tamaño del grupo central de gobernantes, sacerdotes, burócratas
Algunos de los ejemplos más antiguos de grandes centros administrati- y artesanos que habitaban estos últimos era mucho más pequeño. Sobre
v?s y arquitectura monumental se encuentran en el piedemonte y en los la base de analogías con los descendientes actuales de los mayas, es posible
distntos costeros de Veracruz y Tabasco y pertenecen a la cultura olmeca. que algunos de los centros administrativos permanecieran rela tivamente
En el yacimiento olmeca mejor conocido, La Venta, existe una pirámide despoblados durante la mayor parte del año, llenándose de gente solamente
184 Introducción a la antropología genern.1 La segunda Tierra 185

en ocasiones ceremoniales, en las cuales probablemente funcionaban tam- ble. Los efectos deletéreos de las actividades mayas sobre los suelos del
bién como centros de mercado para la dispersa población (Vogt, 1969). Petén son todavía visibles después de 1.000 años de abandono (Cowgill,
A~nque el área ~aya de las tierras bajas tiene espesos bosques, está 1964; Willey y Shimkin, 1971; Sanders , 1972; Cook, 1972; Culbert,
sometida a una estación seca anual. Además, como el sustrato rocoso que 1973; Willey, 1977; Olson, 1978).
forma .l~ península de Yuca tán es de piedra caliza, casi toda el agua de la
superficie penetra en la tierra y desaparece durante la temporada seca. Por
ello, todos sus centros administrativos se localizaban cerca de pozos natu- El desarrollo de los estados del Nuevo Mundo:
r~l~s o están asociados a embalses artificiales. Así, es posible que la clase las tierras altas mesoamericanas
d1~·i~ente maya contro!ara ~l acceso a las fuentes de agua potable, que eran
c~·iucas J?ªra la supervivencia en años de sequía. Pero no es probable que la~ En las tierras altas se daba un tipo radicalmente diferente de potencial
vida social de los maya~ se caracterizara por grandes diferencias en poder, de crecimiento . En este caso, la secuencia de desarrollo de las culturas
ya q~e a lo.s aldeanos dispersos no se les podía imponer fácilmente impues- muestra algunos paralelos notables con lo que ocurrió durante la urbaniza-
tos nt reum: para la co~v~a (trabajo obliga torio). Es to sugiere que gran par- ción del Oriente Medio .
te del traba¡o que requmeron las construcciones monumentales fue donado Los primeros agricultores que colonizaron la regió.n .de las tierras .altas
voluntariamente o, al menos, compensado con alimentos o artículos de denominada Valle de México ocuparon las partes meridional y sudocciden-
comercio en vez de ser obligatorio (Vogt y Candan, 1970). tal del mismo en fechas relativamente tardías (3.400-3.200 B .P.), y, según
Se di:p~ne de. elemento~ de juicio que indican que la agricultura maya se parece, sólo después de que las regiones adyacentes más favorable.s hubieran
tornó. mas mten~iva a medida que aumentaba la densidad demográfica. La sido explotadas durante varios siglos. Los primeros. colonos pracucab.an una
necesidad de ubicar los asentamientos junto a fuentes, naturales o artificia- agricul tura de tala y quema dependiente de la lluvia en las ladera,s situadas
les, de agua po~able resu:i~gía la, movilidad de los agricultores de tala y en alti tudes medias con respecto al fondo del valle, donde se podia obtener
quema y los obligaba a utilizar metodos de producción más concentrados e un máximo de precipitaciones con un mínimo de heladas. Entre el 2.900 y
intensivos. Así, en Tikal se encuentran huertos de ramoncillos en todas las el 2.200 B.P., la parte central menos favorable del Valle se pobló de as~n­
zonas habitadas. E n otras partes, se crearon campos permanentes o de bar- tamientos y el crecimiento demográfico forzó gradualmente l~ ocupación
becho corto amontonando tierra húmeda extraída de las redes de canales del margen septentrional, todavía menos favorable, donde el nivel de pre-
de drenaje, cuya flora y fauna, probablemente, se explotaban también cipitaciones era el más bajo (500-600 mm anual~s). Fue aquí,' ~n el valle de
(Puleston y P uleston, 1971;. Puleston, 1974; Matheny, 1976; Turner, Teotihuacán, 25 millas al noreste de la actual cmdad de MexJCo, donde se
1974; Hammond, 1978; Hamson y Turner, 1974). fundó la primera gran ciudad imperial del Nuevo Mundo.
~a relati,va carencia ~e potencial para la expansión de los modos de pro- Debido a la escasez e irregularidad de las precipitaciones en esta parte
du~ción ~gncola dependientes d.e las lluvias que existieron en las tierras del valle las aldeas cercanas a Teotihuacán hicieron uso creciente del con-
b.a¡as esta, pro.bablemente, relac10nada con el súbito colapso de la civiliza- junto de' manantiales per~anentes, de los que el agua brotab,a a razón de
ción maya hacia. el 80~ d. C. No sólo fueron abandonados los principales 60.000 li tros por minuto . Empleando este agua para el regadio, superaron
centr?s ceremomales, smo que la región de Petén, en la que se hallaban las limitaciones deriv~das de la lluvia y las heladas. Pero para poder ser-
la.s ciudades más gra~des, quedó prácticamente despoblada y jamás vol- virse de ella tuvieron que realizar una inversión de trabajo en la construc-
vió a recuperar su antiguo esplendor. ción y mant~nimiento de diques, canales y obras .de drenaje muy. superi~r
. Una teoría que explica la i;nayor parte de los hechos pertinentes con- a lo que solía ser normal en los sistemas depend ientes de l~ lluvia. Hacia
siste en que al crecer la población, la clase dirigente intentó intensificar la el 2 .200 B .P ., existían tres grandes aldeas y unos 25 casenos en el valle
produc~ión agrícola aumen.tando sus demandas de impuestos y trabajo al de Teotihuacán, que en su mayor parte, probablemente, seguían depen-
campesmado. Los campesmos respondieron intensificando sus esfuerzos diendo de la agricultura de lluvia. Entre estas fechas y el 100 d. C., la
agr~colas.,, reducie~do progresivamente los períodos de barbecho hasta que dispersa población del valle se fundió d.e manera u~ tanto súbita en un
la mvasion de hierbas y el agotamiento y erosión del suelo hicieron i m- único gran centro cercano a los manantiales. A partir de este momento,
posible mantene~ altos re~dimientos. E n Tikal hay indicios de que las la- Teotihuacán creció a un ritmo explosivo. H acia el 500 d . C., se exten-
deras de las colmas perdieron su mantillo, que se sedimentó en lechos día sobre un área de 20 km2 y tenía una población de más de 100.000 ha-
cana le~ de drenaje y llanuras aluviales, creando condiciones adversas par~ bitantes. Sin duda alguna, el control de las rutas comerciales estratégicas
la agricultura .. 1:al ~ez desempeñó también algún papel la alteración de la también desempeñó algún papel en esta expansión (Charlton, 1978). Hubo
Pª.u.ta de precip1tac10nes causada por una tala excesiva del bosque. Otras un planeamiento formal de las zonas residenciales ~ públicas de la ciuda.d,
cnsis pudieron deberse a la sedimentación en los depósitos de agua pota· como indica la disposición en cuadrícula de las avemdas y paseos, y la exis-
186
Introducción a la antropología general La segunda Tierra 187

tencia de mer~a~os en diferentes distritos y de barrios asignados exclusiva- Pese a la elevada productividad de las chinampas, los aztecas no p~dían
me?te a esp~~1~listas artesanos (Millon, 1970). Por comparación con el com- producir grandes cantidades de proteína~ animales debi?o a la aus~ncia. ~e
pleJ?. de ed1f1c1os Y. ~onumentos públ!c~s del centro de Teotihuacán, los especies domesticadas adecuadas. La posible consecuencia de esta s1tuac10n
de f1kal parecen diminutos y los yac1m1entos olmecas insignificantes. El se analizará en el capítulo 12.
monume~to centr~l. e~ la llamada Pirámide del Sol, todavía hoy una de las
construcc10nes artJÍlClales más grandes del mundo. Este edificio que mide
670 metr,os. de alto y 2.13.3 metros de lado, tiene un volumen de 840.000 Los desarrollos al norte de México
n:et.ros cub1cos .. Una ~egunda pirámide más pequeña tiene 210.000 metros
cu?~c~s, es, d~m, casi el doble que la pirámide olmeca de La Venta. Los Así como el Neolítico se difundió desde el centro de domesticación del
ed1f1Clo.s publicos .de Tikal sólo ocupan una pequeña fracción del área dél Oriente Medio hacia Europa, India y Africa, también en el Nuevo Mund?
comple10 ce:e~onial de Teotihuacán (Sanders y Price, 1968; Millon, 197.3) . el complejo agrícola básico mesoamericano afectó gradualme~te a los esti-
Con el surg1m1ento de Teotihuacán, las tierras altas mesoamericanas entra- los de vida de gentes que vivían en regiones lejanas de Aménca del Norte.
ron en .un período de rivalidad imperial y numerosas guerras. Y como en el Viejo Mundo, al difundirse el complejo agrícola, se encon-
Hacia el 700 d. C., Teotihuacán fue abandonado. Una vez más, hay tró con diferentes medios ambientes, siendo adaptado y readaptado por
razo~es para ~ospechar que ~a s~~reintensifica~ión en la explotación de los cientos de culturas focales diferentes. Hacia el 5 .000 B.P ., ya se plantaban
recu~~os naturales, =~ con;bmac10n con la agitación interna y las guerras variedades primitivas de maíz cerca de la cueva de Bat, ~n el suroeste d~
exteuores, desempeno algun papel. Es posible que la deforestación de las Nuevo México. Pero, al igual que en Tehuacán, la agricultura no llevo
lade~·as qu.e r?deaban a Teotihuacán alterara la pauta de desagüe de la inmediata o inexorablemente a una vida sedentaria en poblados. Casi
lluvia Y disminuyera el flujo de agua de regadío para la red de canales 3 .000 años tuvieron que transcurrir antes de que aparecieran los primeros
basada en los manantia~es (Sanders, Santley y Parsons, 1979. poblados permanentes en el Suroeste. Consistían en pequeños agrupamien-
Con todo, al contrano de lo que sucedió en el Petén, el Valle de México tos de «casas pozo» halladas en los valles de la cordillera de Mogollón,
nunc~ llegó a despoblarse. El puesto de Teotihuacán fue ocupado por una Nuevo México, que datan aproximadamente del 2.300 B.P. Pronto apare-
sucesión de núcleos imperiales centrados en sus proximidades. El primero cieron poblados más grandes asociados a una cultura llamada hohokam en
d~ ello~ se centró en Cholula, donde existe una pirámide inexcavada cuyas los valles de los ríos Salt y Gila, al sur de Arizona. Los pueblos hohokam
d1n:ensiones emp~queñecen incluso a las de la Pirámide del Sol. En el construyeron extensos sistemas de regadío alimentados por canales. de
periodo comprendido entre el 968 y el 1156 d. C., el imperio reinante fue 30 millas de largo, levantaron montículos piramidales y construyeron <<Jue-
e~ del puebl~ llamado tolteca, cuya capital era Tula. Su influencia se exten- gos de pelota» al estilo mexicano (] ennings, 197 4).
d1a hasta Ch1chén I tzá, en Yucatán.
La tercera gran cultura del Suroeste basada en la agricultura se denomi-
. El último Y más grande de los imperios en el linaje imperial mesoame- na anasazi. Estas eran las gentes de los «pueblos» de Arizona, Nuevo
ricano fue e! de los aztecas, cuya capital Tenochtitlán sobrepasaba los México, Utah y Colorado. En Pueblo Bonito, mucho antes de la llegada de
10.0.000 habitantes cuando los ojos incrédulos de Cortés vislumbraron por los primeros europeos, C:onstruyeron una casa de cinco pisos de alto y
primera vez sus huert~s, calzadas, mercados, pirámides y templos (E. Wolf 800 habitaciones. Los anasazi se vieron obligados a abandonar muchos de
1959; Coe,. ~962; V~1llan;, ~966) .. La agricultura azteca implicaba un mod~ sus pueblos a causa de una sequía prolongada que asoló el Suroeste durante
de producc1on tod~via ma~ intensivo que el de Teotihuacán. Se basaba en el siglo xm d. C. , . . . .
un contro! _de las inundaciones, desalinización y obras de drenaje masivos El cultivo de maíz se propagó por los valles de los nos M1ss1ss1pp1 y
9ue. permrtian obtener. cosechas durante todo el año en los mal llamados Ohio empezando aproximadamente en el .3.000 B.P. y provocando profun-
Jardines. flotantes o chmampas. Estos eran, en realidad, montículos alzados das t~ansformaciones en los estilos de vida de los habitantes seminómadas.
construidos a base de lodo. y escombros extraídos de las tierras adyacentes Las tres principales fases -denominadas Adena, Hopewell y mississippien-
a las lagun.as que estaban interconectados para el drenaje y transporte por se- se caracterizaron por la construcción de miles de montículos de tierra,
una complicada red de canales. Como señala Jeffry Parsons: algunos de los cuales contenían enterramientos, mientras que otros .se~ví~n
El continuo .funciona~iento y ma~tenü~iento de todo el sistema de chinampas como plataformas para templos o residencias. Durante la fase m1ss1ss1p-
sólo era posible gracias a un .masivo sistema de diques, compuertas de esclusa piense aparecieron densas poblaciones, dando lugar a la formación de
Y. canales que regulaban el nivel del agua dentro de estrechos límites ... Este núcleos urbanos y complejos cultos centrados en templos, sacerdotes e ído-
sistema de control del. agua era de una magnitud, complejidad e interconexión los que mostraban fuertes influencias mesoamericanas. La expresión más
ta.les que podemos af1rmar con segurid~d casi absoluta que lo administraba consumada de esta tendencia hacia la monumentalidad, urbanismo y for-
directamente el Estado azteca ( 1976: 253 ).
mación de estados ocurrió en Cahokia, hacia el este de San Luis, entre los
188 La segunda Tierra 189
lntroduccíón a la antropología gcncnll

afios 900 y 1100 d. C. Aquí, con la energía derivada de la «trinidad» de nuevo casi la 1nisrna antrgúedad que la del ma,íz descubi~~to por ~ac­
de plantas alin1enticias inexicanas -n1aíz, calabaza de cidra y habichuelas-, Neish en el valle de Tehuacán (MacNeish tambien d,escubno el ma1z de
los n1ississippienses construyeron un n1ontículo que tenía 100 pies de alto Ayacucho). En cuanto a los an11nales sólo en la reg1on ~nd1.n,a se do111e~­
1

y ocupaba una extensión de 15 acres. La estructura principal estaba rodea- ticaron grandes herbívoros (la llan1a y la alpaca), don1est1cac1on que pos1~
do de nun1erosos n1ontículos, grandes y pequeños, que servían de soporte blemente tuvo lugar hacia el 6.000 B.P. (Ilrowman; 1976: 469). :
a casas y te1nplos. Es evidente que los 111ississippienses habían alcanzado las Como en Mesoamérica, las aldeas sedentarias mas an~rguas apa~ecen e.o.
fase~ incipientes de la forn1ación del Estado. No obstante, hay razones zonas costeras y preceden a la introducc~ó~ d~ los pr11neros ~nunales Y
teóricas para suponer que su potencial de crecüniento era n1uy lünitado. Es- plantas don1estícados, presu1nible111ente orig1n.ar1os de otr~s regiones (Mo-
tas razones se analizarán en e] capítulo 17 (Stoltn1an, 1978). sely 1975; Martínez, 1979). Los prin1eros signos de agricultura_ en1peza-
1

Los efectos de la introducción de Ja agricultura del n1aíz fueron n1enos ron a aparecer a lo largo de la costa peruana hace u1.1os 5:000 anos: con_-
espectaculares en los bosques del J~ste, donde pueblos con10 los iroqueses sistiendo al principio en su n1ayor parte en calabazas v1nate1as, calaba~as de
y los dela\vare continuaron viviendo en pequeñas aldeas y dependiendo de cidra y piffiíentos. Pero todavía estaban asociados a .una econo1:11a de
la caza y recolección con10 fuente principal de su provisión de alitnentos. subsistencia fuerten1ente dependiente de la pesca, recogida de n1anscos y
En otras partes de An1érica del Notte, que co1nprenden extensas regiones, caza de n1amíferos 1narinos. Cuando se incorporaron nuevas pl~ntas do1nes-
nunca penetró Ja agricultura. I. .os pueblos de toda Ja Costa del Pacífico, tícadas al repertorio agrícola, los asentainíentos se es.tablec1eron en _l~s
desde California hasta Alaska, por eje1nplo, nunca abandonaron su depen- llanuras anegadas de los ríos costeros peruanos, ~scend1endo la poblac1on
dencia de la caza, recolección de sen1í1las silvestres, pesca y recogida de a 3 ó 4.000 habitantes en el período comprendido entre el 3.90_0 Y el
111ariscos. Sólo pode1nos concluir que las fases iniciales de la agricultura no 3.750 B.P. (Mark Cohen, 1975). Antes y después de l~ 111troducc10n del
ofrecían ninguna ventaja l1a1nativa sobre las prácticas de subsistencia regadío y el inaíz, la población de la costa exper11nento un rap1do creci-
existentes en estas regiones. 1'al es el caso especialn1ente del Noroeste del miento. Se construyeron sisten1as de canales que atravesaban valles ente-
Pacífico, donde los pueblos podían vivir en aldeas pennanentes de casas ros y aparecieron los priineros pequeños estados entre .el 2.~50 B.I). Y el
de n1adera explotando las 111igraciones río arriba del pescado (véase capí- co 1{1ienzo de nuestra era. A partir de este 1no1nento, una serie de .g~1erras
tulo 13). . y conquistas llevó al sutgimiento de estados. n1ás grandes ~ue. un1f~caron
polítícan1ente los valles de la costa y de }as tle~Tas a~tas: pr11n:10; Tiahua-
naco y Huari (550-800 d. C\ despi.;es, el _1mper10 de Chunu_ con la
El desarrollo de estados en América del Sur enorme ciudad amurallada de Chanchan y, f1naln1ente, el In1pe11~ 11:c,a,
1438-1525 (Lanning, 1974). En el capítulo 17, se analizará la orga111zac1011
La región andina de A1nérica del Sur fue el centro de un con1plejo del Imperio inca.
de anin1ales y plantas do1nesticados que se desarrolló independiente111ente.
Este con1plejo proporcionó la base para el desarrollo de otros estados an1e-
ricanos autóctonos y del J11ayor de los Ílnperios del Nuevo 1v1undo. El significado de la «Segunda Tierra»
En Sudan1érica, al igual que en el resto del hen1isferio, la fase de caza
n1ayor fue seguida por la expansión de los 111odos de producción de espectro Hasta la conquista española, la tecnología en el Mundo Mundo evolu-
an1plio a una abigarrada variedad de hábitats, especíali11ente a regiones cionó según líneas claran1ente paralelas a 1~ s~cuenc1a .del Oriente lvl.~dff:
de elevada altitud y zonas costeras y ribereñas. No obstante el cainbio tecnológico de los indio~ an1encanos se desairo .?
Aunque el 111aíz acabaría convirtiéndose en el principal cultivo del claran1ente a' un rítrno 1nás lento. En buena 1ned1da, ~ste «retraso_» es a~1-~­
I111perio inca, y aunque la región andina compartió con Mesoa1nérica inu- buible a las diferentes dotaciones naturales de las rc?1ones 1:uclea1es an~t1~­
chas otras especies do111esticadas, varias plantas y anin1ales in1portantes canas y del Oriente Medio. La extinción. de pote1:c1a!es an1n1?les don1est1~
del Nuevo Mundo fueron especialidades de los Andes. Entre éstos destacan cos entre la 111egafauna del Pleistoceno hizo a los indios an1er1canos vulne-
tubérculos y granos de elevadas altitudes con10 la patata y la quinua. El re- rables a la conquista militar a n1anos de aventure~·o~ euro¡~~os n1ont~dJ~ a
ciente descubrimiento de dos tipos de judías domesticadas en Callejón de caballo. La inisina extinción de la n1ega~au.na privo ta1n,bien a l~s 1~ .1os
Huaylas, Perú, que datan del período comprendido entre el 7 .680 y el ainerícanos de potenciales anin1ales do1nesucos .qu~ pod1an. habe1 set\1:do
10.000 B.P., sugiere que la domesticación se inició casi al misn10 tien1po para tirar de arados y vehículos de ruedas: Lo~ indios a1.11enca'.1os carecian
en los Andes y en Mesoamérica (Kaplan, Lynch y Smith, 1973). El maíz de estos objetos no porque fueran n1enos inteligentes o Inventivos que los
más antiguo de América del Sur, que data del período comprendido entre europeos 0 asiáticos. De hecho, los incas poseían una fonna de ~rada que
el 6.300 y el 4.800 B.P., se ha hallado en Ayacucho, Perú, lo que indica era empujado y arrastrado por seres hun1anos. Y los 1nesoamer1canos de
190 Introducción a la antropología general 191
La segunda Tierra

tiempos anteriores a la conquista comprendían el principio de la rueda ticas sitnilares. El determinismo que rige los sistemas culturales produce
al menos lo suficientemente bien como para emplearla en juguetes para trayectorias sí1nilares y diferentes de transforn1ación e"'.olutíva. Esto es así
niños. Es de suponer que de haber dispuesto de inás tiempo, estas inven~ porque las condiciones bajo las que ocurre la interacción entre cultura y
ciones y sus aplicaciones se habrían perfeccionado y ampliado. naturaleza 1nanifiestan una enorme diversidad. Sin embargo, lo que enseña
Una situación similar se produjo respecto al desarrollo de las técnicas la perspectiva temporal geológica de la arqueología es que aun cuando las
metalúrgicas. La falta de útiles de acero colocó a los indios americanos en culturas divergen, sus diferencias pueden nonnal1nente co1nprenderse en
gran desventaja durante las invasiones europeas. Pero el desarrollo de las términos de procesos ordenados, científicamente inteligibles (cf. Coe Y
técnicas metalúrgicas entre los indios americanos ya había sobrepasado el Flannery, 1966; R. M. Adams, 1966; Sanders, y Price, 1968; Parsons Y
martilleo de chapas de cobre llegando a la fundición y colada del cobre, Price 1971 · Binford 1972; Clarke, 1972; P. Smith, 1972b; Plog, 1974;
oro, plata y diferentes aleaciones. Justo antes de la conquista, se estab~,n Tho~as, 19l4, 1979; Schiffer, 1978; Redman y otros, 1978).
haciendo cuchillos y cabezas de maza de bronce, por lo que parece razo-
nable concluir, dado el intervalo de 2.000 años que separa las edades del
Bronce y del Hierro en el Oriente Medio, que si se les hubiese dejado solos Resumen
a los indios an1ericanos, éstos también habrían acabado por descubrir las
superiores cualidades del hierro y el acero. El fionio sapiens fue el prin1er hon1ínido en el Nuevo Mundo. No se
Mi confianza en esta predicción tal vez incontrastable se basa en el sabe la fecha exacta del «descubrin1iento de Atnéríca». Sin duda alguna,
logro independiente de cosas mucho más complejas que los arados, los se produjo antes del 14.000 B.P. y, probablemente, antes del 20.000.B.P.
vehículos de ruedas o la fundición del hierro. Como sus homólogos del Los descubridores fueron indudablemente grupos de cazadores stbenanos
Oriente Medio, los sacerdotes y gobernantes an1ericanos se ocupaban de la que atravesaron el estrecho de Bering cuando estaba helado o sobresalía
regulación de la producción agrícola. Bajo los auspicios del Estado y del del agua. Los tipos de útiles a1nericanos n1ás antiguos que se conocen se
templo, se llevaban a cabo observaciones astronómicas que condujeron al fabricaron a partir de núcleos discoidales y se ase1nejan a tipos de útiles
desarrollo de calendarios. De hecho, el calendario maya era mucho más asiáticos del Paleolítico Superior. 1'radíciones distintivas de An1érica apa~
exacto que su homólogo egipcio. Para llevar registros del tipo de los calen- recieron hace unos 11.500 años. En A1nérica del Norte, se caracterizan por
darios, así como registros de Ja producción agrícola, los impuestos y otros las puntas acanaladas finan1ente trabajadas y las puntas de base cóncava
asuntos de Estado, varios pueblos mesoamericanos inventaron sistemas de de las tradiciones de Clovis y Folso1n, que están asociadas con grandes
escritura jeroglífica. Especial interés reviste el sistema de numeración vi- yacímientos-111atadero. La auscnc.ia de muelas de piedra sugiere que las
gesimal maya, que incorpotaba el principio del cero. Este rasgo faltaba en colecciones de Clovis y Folson fueron utilizadas por especialistas en caza
los sistemas nu1néricos de Oriente Medio, Grecia y Roma. Sin el concepto inayor sumamente diestros para Jos que la recolección de I?lantas tení~ una
de una cantidad cero para marcar la ausencia de la base o sus exponentes, importancia secundaria. Después del 10.000 B.P., el equipo de molienda
resulta su1na1nente difícil realizar operaciones aritméticas con grandes nú- se vuelve corriente y Ja actividad de las bandas se extiende desde ~as llan:i-
meros. A este respecto, al n1enos, los indios americanos parecen haber sido ras hasta los hábitats bosccisos fluviales y costeros. 1~1 ca1nbio inferido hacia
más precoces que sus contemporáneos del Oriente Medio. níodos de producción de esp~ctro a1nplio coincide, co1no en el Mesolítico
Dado el hecho de que los ecosistemas del Oriente Medio y Mesoamérica del Viejo Mundo, con una serie dra1nática de extinciones de la n1e?afauna.
eran en un principio bastante diferentes, no hay que esperar hallar paralelos Es probable que tanto los ca1nbíos climáticos posteriores al Ple1stoc.eno
exactos en las trayectorias evolutivas que conducen a las sociedades urba- co1no Ja depredación intensiva por parte de cazadores eficientes contribu-
nas e ünperiales en los dos hemisferios. No obstante, numerosas veces yeran a la pérdida de nu1nerosos géneros y especies.
los pueblos de los dos hemisferios alcanzaron independientemente solucio- Al igual que en el Viejo Mundo, existieron n1odos de producción de
nes convergentes a problemas similares cuando las condiciones tecnológi- espectro a1nplío en diferentes hábitats, algunos de los cuales incluían es-
cas, ambientales y demográficas subyacentes eran inás o menos parecidas. pecies de plantas y animales apropiados para la domesticación. Las especies
Por consiguiente, el significado de la «segunda 'fierra» consiste en que los do1nesticadas del Nuevo Mundo comprendían una gran variedad de cerea-
asuntos humanos están sujetos a fuerzas determinantes que seleccionan las les, tubérculos, legumbres y vegetales. Sin embargo, debido al grndo de
innovaciones y 1nodelan el curso de la evolución cultural de la misma extinción de la n1egafauna, sólo se do1nestícó una gama inuy reducida de
manera que la selección natural determina la evolución biológica. No quie- anin1ales. La difusión de cultivos del Nuevo Mundo, coino el maíz, el cacao,
re decir esto que todas las culturas tengan que desarrollarse a través de los la mandioca y la patata, tuvo un enorn1e ünpacto en lá historia del mundo
mismos estadios evolutivos, como tampoco significa el principio de selec- desde 1492. El hecho de que las principales plantas domesticadas del Nue-
ción natural que todos los organismos deban tener experiencias filogené- vo Mundo fueran desconocidas en el Viejo Mundo sugiere que Ja agricultura
192 Introducción a la antropología general La segunda Tierra 193

del primero se desarrolló de modo independiente. Los descubrimientos n1esticados andinos apunta a una transición fundamentalmente indepen-
recientes de los pasos graduales en la mejora del 1naíz convierten esta hipó- diente desde pequeños poblados de espectro amplio asentados a lo largo
tesis en una certeza. de la costa a grandes comunidades agrícolas en los valles fluviales de re-
La transición de n1odos de producción de espectro amplio a la agricul- gadío. Con una amplia gama de cereales, tubérculos y vegetales, 1nás las
tura está docu1nentada en el valle de 1'ehuacán, en las tierras altas 111exi- llamas y conejillos de indias, el potencial para el desarrollo de los estados
canas. Después de las extinciones de la inegafauna, pequefios aniinales, aves andinos fue mayor que el de Mesoan1érica y se reflejó en el In1perio
y una gran diversidad de plantas -incluidas n1uchas de las posteriores inca, que se desarrolló poco antes de la conqtiista española.
especies do111esticadas- constituyeron la principal fuente de subsistencia El origen independiente de ciudades, estados e ünperios en el Nuevo
para las p(;quefias bandas de cazadorc~ y recolectores de 'fehuacán. Después Mundo presta apoyo a las estrategias de investigación nomotéticas y en es~
del 9 .000 B .P. adquirieron importancia los útiles de molienda y la carne pecia1 a las que se ocupan de los procesos eyolutívos cultutales.
en1pezó a perder ünportancia con10 fuente de calorías. Para sacar provecho
de la disponibilidad estucional de ciertas plantas silvestres en diferentes
ecozonas, era necesaria una cuidadosa progra111ación de los inovi1nientos
de las bandas. La vuelta periódica a los ca1npos de ceteales sílvestres 1
calabazas de cidra y otras plantas llevó a plantar semillas y huesos de fru-
tos co1no un n1edio de garantizar una cosecha regular. La calabaza de cidra,
el an1atanto, los chiles y los aguacates fueron las especies do1nesticadas 1nás
antiguas. A 1nedida que se introdujeton 1nás especies do111esticadas de plan-
tas, la plantación y cosecha regulares se convirtieron en un foco principal
de actividad, pero transcurrieron 3.500 años antes de que se construyeran
casas y caseríos pern1anentes. De hecho, los poblados sedentarios fueron
construidos por prünera vez no por los agricultores incipíentes 1 sino por
cazadores y recolectores de espectro an1plio que vivían en exuberantes há-
bitats costeros y fluviales. Parece probable que la demora en alcanzar el
sedentarisn10 en las tierras altas estaba relacionada con la ausencia de aní-
1nales <lon1esticados y el intento de obtenCr proteínas anin1ales de esptcies
salvajes.
Al igual que en el Viejo Mundo, los modos de producción agrícola
sentaron la base para el surgiiniento de ciudades) estados e ünperios a111e-
ricanos autóctonos. Sin en1bargo, diversas regiones han tenido diferentes
Jíniites de desarrollo. En las tierras bajas ele Mcsoan1érica, los olmccas y, en
n1ayor n1edida, los mayas con1ple1nentaron las técnicas de tala y que111a con
fonnas de agricultura intensiva. El agotan1íento del suelo y otros efectos de
la explotación excesiva, probable1nente, provocaron el derrun1ban1íento de
los grandes centros cere1noníales rnayas y el despoblan1iento del área de
Petén. En las tierras altas, el uso de canales de regadío alin1entados por
111anantialcs en Teotihuacán y de chinan1pas cerca de la capital azteca de
·:rcnochtitlán, junto con extensas redes con1erciales, itnpulsó el desarrollo
de siste1nas estatales niás grandes y poderosos. Por otra parte, al norte de
México hubo n1uchas regiones en las que nunca se adoptó la agricultura.
En general, las condiciones naturales y culturales al norte de México no eran
las adecuadas para el desarrollo de estados o iinperios a1nericanos autóc-
tonos.
Los estados e in1períos 1nás grandes del Nuevo Mundo se desarrollaron.
en la región andina de An1érica del Sur) incluida la costa adyacente del
Pacífico. Una vez 1nás, la distintividad de n1uchas plantas y anin1ales do-
Capítulo 11 L·:ncrgía y ccosis1c1na 195
ENERGIA Y ECOSISTEMA la de factores inorgánicos tales co1no los tipos de suelos, las lluvias y otras
condiciones a1nbientales. Durante el proceso de absorción, intercan1bio y
utilización de la energía, las con1unidades de organis111os tra11sforn1an las
condiciones naturales, y estos cainbios n1odifican) a su vez, la naturaleza
de la co111unidad orgánica. ~
Debido a la gran versatilidad del inodo de adaptación cultural, el '"ser
hurnano es ün anin1al itnportante, aunque no neccsaria1nente don1inante)
en la 1nayoría de los ecosístcinas. E,l estudio Je los ecosísten1as centrados
en las relaciones ecológicas entre los seres hu1nanos y sus culturas y el
resto de su entorno orgánico e inorgánico se denon1ína ecología hu111ana (o
ecología cultural) La producción e intercan1bio de energía proporcionan la
clave para con1prender las relaciones entre las poblaciones hun1anas y los
restantes con1ponentes, vivos y no vivos, de sus ecosiste1nas. Esto propor-
ciona, a su vez, la clave para co1nprender inuchos rasgos básicos de los
aspectos infraestructurales) estructurales y superestructurales de la vida
sociocultural.

La influencia de la tecnología
Con este capí~ulo i~ici~1nos el examen de las pautas culturales cuyo conocinüento
se basa en,Ja 1nvestrgac1ón etnográfica e histórica n1ás que en los datos de Ja La gran importancia de la tecnología en la vida hu1nana proviene del
arqueolog1a. Pero nue~t-ro principal interés se centra todavía en la explicación hecho de que, entre todas las especies vivas, sólo el Horno sapiens obtiene
de los proce~os evolut1v~s responsables de las diferencias y sc1nejanzas su provisión energética n1ediante útiles, 1náquinas y anin1ales y plantas do-
cultu~·ales. (,orno los occ1dentalcs han con1prendido rcciente1nente la cantidad n1esticados. Nuestra provisión de energía ha au1nentado a n1edida que la
Y el ttp~ de e1:crgfa utiliz~?a en la vida diaria afectan a todos Jos a'spectos tecnología de la producción energética se ha ido transforn1ando. Al prin·
de la ex1stenc1a hu111ana. En este capítulo analizare1nos las interrelaciones entre cipio, las únicas for1nas de energía utilizadas etan la fuerza 1nuscular del
la P.roducción de energía, el e.nt.orno natural y la tecnología, así con1o su efecto ho1nbre y el alimento contenido e11 plantas y animales. Durante una tem~
coniunto sobre las pautas cot1d1anas de trabajo y ocio en diferentes sociedades.
prana fase del l)aleolítico 1 se agregaron a éstas la energía de la 111adera, em-
pleada para el fuego de la cocina, y, en un grado todavía no bien conocido,
La energía, la ecología y los ecosistemas humanos la procedente de la querna de hiei-bas, que servía para conttolar la caza
y favorecer la difusión ·de .ciertas plantas. Durante el Neolítico, los anirria-
El sistema de relaciones entre los organis1nos en un medio a1nbiente se les, uncidos a arados, trineos y vehículos de ruedas) einpezaron a propor-
deno1nina ecosistenta. El aspecto más in1portante de un ecosistema es la cionar energía en forma de fuerza muscular. Aproxin1ada1nente en la n1isn1a
P?uta de flujo energético característica de sus co1nponentes vivos y no época, se consun1ía una considerable cantidad de energía de madera y car-
vivos. _Antes d~ la invención de la energía nuclear casi toda la energía de bón vegetal en la fabricación de cerán1ica. Con la aparición de estados inci-
cualquier ecosistema se obtenía, directa o indirecta1nente, de la luz so- pientes, comienza a utilizarse la energía eólica en los barcos de vela y la
lar '". Este hecho se ve oscurecido por nuestra clasificación convencional energía de la madera en los procesos de fundir y colar 1nerales. La energía
de la energía en hidráulica, eólica, alin1entaria, de con1bustibles fósiles, etc. que genera el agua no se explotó extensarnente en Europa hasta el período
La luz solar e/s respo1:sabl/e de todas estas for111as diferentes de energía. medieval. Sólo en los últimos 200 6 300 años, los combustibles fósiles
La ecolog1a est:1d1a con10 las plantas absoi-be1i y alinacenan la energía (carbón petróleo y gas) empezaron a dominar los ecosiste1nas humanos.
1

d~ la luz solar ei: diferentes entornos naturales y cón10 utilizan esta energía Nuevas fuentes de energía se han sucedido unas a otras siguiendo una
chversas «Co1nun1dades» de plantas y anin1ales dada su inutua influencia y progi-esión lógica en la que el don1inio de las forn1as n1ás recientes depen-
de del don1inio de forn1as anteriores. Por eje111plo, tanto en el Viejo con10
* La energía obtenida ~e las n1areas y de fuentes gcotérn1icas, como las aguas ter- en el Nuevo Mundo la secuencia de inventos que llevó a la metalurgia
n1ales. o los volcanes, constituye la principal cxceptión, aunque su importancia es muy
reducida. dependió del logro anterior de hornos de leña de alta temperatura para
cocer la cerámica, y éste a su vez de apre1ider a hacer y controlar los fue-
194
196 Introducción a la antropología general Energía y ecosistema 197

gos de leña necesarios para la cocina. La experiencia con la metalurgia de o transforma recursos naturales o en los que aparece alguna forma de cons-
baja temperatura del cobre y el estaño tuvo que preceder, necesariamente, trucción o producción industrial se plantea el problema de los residuos
al desarrollo del hierro y el acero. Por su parte, este último precedió al industriales 1 los agentes contaminantes y otros derivados biológicamehte
desarrollo de las máquinas que hicieron posible tanto la minería como la in1portantes. Varias naciones industriales realizan en la actualidad esfuerzos
utilización del carbón, el petróleo y el gas. Finalmente, el uso de estos .para reducir la contaminación del aire y el agua e it_npedir el agotamiento y
combustibles fósiles produjo la Revolución Industrial, de la cual se deriva envenenamiento del medio an1biente. Los costos de estos esfuerzos testiino·
la tecnología de la energía nuclear de nuestros días. nian la continua importancia de la interacción entre tecnología y medio
Estos avances tecnológicos han incre1nentado constantemente la canti- ambiente. Estos costos continuarán aumentando, puesto que nos halla1nos
dad media de energía disponible por ser humano desde la época del Paleo- simplemente en el inicio de la era industrial. En los siglos venideros, los
lítico hasta la actualidad. Este incren1ento no significa, forzosarnente, qué habitantes de algunas regiones pagarán la industrialización a costos hoy
la capacidad <le la humanidad para controlar la naturaleza haya aumentado por hoy incalculables. Sobre la producción, la estructura social y otros as-
de modo constante. La lección de la actual crisis energética y ecológica es pectos de la cultura gravitarán lin1ítacíones tan definidas y trasc_endentales
que un 111ayor uso de energía per cápita no con1porta, necesarizn1ente, un como las que impuso la extinción de la megafauna pleistocénica.
nivel de vida tnás alto o 1nenos trabajo per cápita. Hay que distinguir,
adernás, entre la cantidad total de energía disponible y la eficiencia con que
esta energía se produce y utiliza. Co1no vere1nos en los siguientes apartados, Sistemas de energía alimentaria
en algunos aspectos los ecosistemas industriales se asocian a n1enos ocio
per cápita y tnodos de producción energética menos eficientes que los basa· Los aspectos más importantes de cualquier ecosisten1a humaría son la
dos e ... ~J. caza y recolección. producción y consumo de energía alünentaria. Los sistemas de energía
~limentaría se pueden describir en términos del balance entre la energía
gastada en la producción de alimentos y la energía obtenida gracias a ella.
La influencia del medio ambiente La descripción y comparación de sisten1as de energía alimentaria depende
de la cuantificación del trabajo y tiempo empleados en la producción de ali-
Toda forma tecnológica debe interactuar con los factores presentes en
mentos. Las principales características de los diferentes sisten1as se pueden
un entorno dado. Tipos similares de tecnologías en diferentes entornos pue~
den producir distintos outputs energéticos. Así, por ejemplo, la pro· poner de manifiesto mediante una sencilla ecuación. La energía alín1entaria
ductividad de la agricultura de regadío varía de acuerdo con la n1agnitud y total (E) que fluye a través del sistema cada año es igual al número de
seguridad <le! abastecimiento de agua, la disponibilidad de terreno llano y productores de alimentos (m) multiplicado por las horas de trabajo de
el contenido de minerales del agua. Análogamente, la productividad de la cada productor (1), la energía gastada por productor y hora (r) y la cantidad
agricultura de tala y quema varía según la disponibilidad de bosque para media de energía alimentaria obtenida por unidad <le energía gastada en la
la quema y la rapidez con que se regenera. Así pues, no cabe realmente producción de alimentoS (e). La unidad energética 1nás adecuada para ex·
hablar de la tecnología en abstracto. Antes bien, debemos aludir siempre presar esta ecuación .es la kilocaloría: la cantidad de energía necesaria para
a la interacción entre la tecnología y las condiciones que son características elevar la temperatura de un kilogramo de agua en un grado Celsius.
de un específico entorno natutal.
En las sociedades industriales, la influencia del medio atnbiente parece E=mXtXrXe
estar a n1enudo subordinada a la influencia que ejerce la tecnología. Pero
la creencia de que las sociedades industriales se han liberado de la influen- El último término de la ecuación, e, debe tener un valor mayor que 1
cia del medio ambiente o de que, en la actualidad, nuestra especie lo don1i· para que la energía producida sea 1nayor que la gastada en su producción.
na o controla es errónea. Es verdad que se han construido réplicas de los Este factor refleja tanto el inventario tecnológico de la producción de
suburbios residenciales norteamericanos en los desiertos de la Arabia Saudí alünentos co1no la aplicación de esta tecnología por parte de los produc-
" en los nevados campos de Alaska, y que tan1bién se pueden construir en tores a las tareas de producir alin1entos en un medio ambiente específico.
la Luna. Pero la energía y 1nateriales necesarios para tales realizaciones pro· Cuanto más alto es el valor de e, mayor es la productividad del trabajo
ceden de interacciones entre tecnología y medio ambiente en minas, fábri· o la eficiencia tecnoa1nbiental de que gozan los productores en su intento
cas y granjas de diferentes regiones del mundo que están agotando reser- de obtener energía alimentaria del medio a1nbiente. Es decir, cuanto
vas insustituibles de petróleo, agua, suelo, bosques y n1inerales metalíferos. mayor es el valor de e, mayor es el nútnero de calorías obtenidas por
Asimismo, en todos los lugares en los que la moderna tecnología extrae cada caloría gastada.
198 Introducción a Ja antropología general Energía y ecosistema 199

Un sistema de energía alimentaria de caza y recolección .Esta fór1nula está construida a partir de varias «esti1naciones hipotéticas».
El factor más problemático es el valor de r (1.50 calorías/hora). Resulta
Esta fór1nula se puede aplicar al sistema de energía alin1entaria de muy difícil medir el gasto de calorías por unidad de tiempo bajo condi-
las bandas de cazadores y recolectores !kung del desierto del KaJahari, ciones naturales. Un estudio llevado a cabo en Afríca occidental (vé..ase
estudiadas por Richard Lee (1968). Lee estimó que la producción media i11/rn) indicaba una media global de 157 calorías por hora en base a
diaria en un catnparnento !kung era de 64.200 calorías. Para alcanzar este (:stiinaciones y pruebas de can1po. Ed\vard Montgotnery y Allen Johrlson
nivel de producción, se requería una n1edia de 7 ,4 productores por día ( 1976) n1idieron el gasto de energía 1ncdiante ligeros contadores de con-
de trabajo. Lee calcula que la jornada de trabajo de un !kung medio era su1no de oxígeno portados por los informantes machiguenga mientras rea~
de 6 horas. Así pues, 7 ,4 productores trabajaban 6 horas cada uno para ]izaban las tareas típicas de una jornada rutinaria. I,Iallaron que el valor
producir un total de 64.200 calorías. (Obsérvese que esta cifra no tieric de r de los varones daba una 1nedia de 275 calorías/hora por encín1a del
en cuenta el trabajo e1npleado en preparar y cocinar los alünentos llevados 1nctabolis1no basal durante la obtención de alin1entos silvestres. Sin en1-
al can1pa1nento.) Si el rít1no de trabajo era moderado) cada productor hargo) sus cálculos se refieren a 111uestras de cortos intervalos y no son,
consun1ía unas 150 calorías por hora por encin1a del n1etabolismo basal. necesarian1ente> representativos del ritn10 de consu1no energético durante
Por consiguiente, el costo cB.lórico del trabajo realizado en un día era: prolongadas expediciones de recolección, caza y pesca. Puesto que rara
vez son asequibles datos con1parables, usaré el valor de 150 calorías por
6 horas 150 calorías hora a lo largo de todo el análisis que sigue ..Este procediiniento está
7 ,4 trabajadores X X = 6.660 calorías
trabajador hora _justificado porque el rít1no de trabajo es probablen1entc:: el n1cnos vatíable
d~ los factores de input preindustriales. El trabajo es susceptible de «ace-
Así pues, se invertían 6.660 calorías en un día medio de actividades de leración» bajo condiciones industriales o sie111pre que el trabajador indi-
caza y recolección, y esta inversión rendía un output medio de 64.200 ca·· vidual esté son1etido a una estrecha vigilancia por parte de capataces y
lorías. La razón 64.200/6.660 = 9,6 es el valor de e, la ventaja terno· gerentes. Pero la 111ayor parte del trabajo preindustrial tiende a realizarse
ambiental o productividad del trabajo en el principal modo de producción a un rittno que resulta fisiológican1ente có111odo) de tal n1odo que el tra-
energética de los !kung. h,ijn<lor no se acalore exccsiva111ente o quede sin aliento.
El valor de E durante lo que, probablen1ente, fue un año 1nedio puede
con1pletarse de la siguiente inanera: si eI output calórico diario es de
64.200 calorías, entonces el output anual es de 365 X 64.200 = 23 .433 .000 Límites ambientales al tamaño de la banda
calorías. La fórinula queda, pues, co1no sigue:
Para comprender por qué los !kung no construyen aldeas es necesario
E m t r e considerar ciertos factores a1nbientales que no aparecen en la fórrnula
encrgétíca. Díchos facto.res fijan lí1nítes al nún1ero de personas que pueden
23.433.000 ? X ? X 150 X 9,6 servirse de la tecnología cazadora y recolectora sin reducir e y agotar de
n1odo pennanente el Cntorno. En el caso de los !kung) Ja escasez de agua
En un período de varias se1nanas) una n1edia de 20 adultos diferentes par- y caza son los principales factores lin1itadores.
ticiparon en la producción de alin1entos 1nediante actividades de caza ])urante la estación seca, cada banda !kung se ve obligada a acan1par
y recolección. Si insertan1os 20 con10 el valor de ni, la fórmula queda así: rcrca de un pozo o charca perinanentes. l)esde este ca1npa111ento, los
cazadores y recolectores parten cada día, regresando al atardecer con
E m t r e el producto de su caza o recolección. Alrededor de un tercio de la ración
X X X
23.433.000 20 ? 1.50 9,6 cdórica de los !kung se obtiene de las nueces, ricas en proteínas, del árbol
t11ongongo. De hecho, son lo bastante abundantes con10 para satisfacer
Despejando t, la fórmula completa (en números redondos) es: ni 100 por 100 las necesidades calóricas de los !kung dados los actuales
efectivos den1ográficos; pero los árboles nzongongo se encuentran lejos de
horas por calorías eficiencia las charcas. Durante la estación lluviosa los !kung aca111pan cerca de ellos;
calorías productores productor de gastadas tecno- en can1bio) durante la seca deben transportar las nueces a una considera-
anuales de alin1entos ali111entos por hora an1biental ble distancia hasta la charca. En un área de 15.000 km 2 sólo se puede
contar con 10 charcas que dispongan de agua durante todo el año. En
23 .000.0.00 20 X 811 X 150 X 9,6 plena estación seca) la gente debe reunirse junto a las charcas n1ás grandes
200 Introducción a la antropología general Energía y ecosistema 201

y restringir la gan1a de productos que recolectan o cazan. Pero no pueden a los anitnales de tierra asequibles durante todo el año, a la cantidad de
per1nanecer juntos durante 1nucho tie111po sin agotar todas las plantas pescado disponible durante los ineses de invierno. . ..
y anitnalcs del área circundante, salvo junto a las charcas de mayor ta1naño Sin en1bargo, en la actualidad se dispone de ele1nentos d~ JUICIO que
(Yellen y Lee, 1976). indican que el flujo energético anual total (E) de muchos sistemas ¡-ire-
No hay que considerar el problema de abastecimiento de agua entre industriales sólo co1nprende un tercio del potencial que ofrece un aprove-
los !kung con10 prototípico de los grupos preneolíticos de cazadores y cha1niento al 1náxín10 de la capacidad de sustentación del n1edio a1nbiente
recolectores, ya que éstos vivían en regiones n1ás favorables, hoy en día mediante la tecnología existente (Sahlins, 1972). Para comprender por qué
ocupadas en todas partes por grupos agricultores. Pero siernpre que re- esta «subproducción» acaece tan a menudo, deben1os distinguir entre los
sultase necesario perseguir a 111anadas inigratorias o a aniinales muy dis- efectos de sobrepasar la capacidad de sustentación y los de rebasar el punto
persos para obtener proteínas esenciales, la densidad por ca1npa1nentó de los rendimientos decrecientes (fig. 11.1). Cuando se sobrepasa la capa-
habría tenido que ser bastante baja. Co1no he1nos visto, bajo condiciones
ecológicas distintas, la for1nación de núcleos ünportantes es perfecta1nente
con1patíble con 1nodos de producción cazadores y recolectores. FrG. 11.l.-Representación grá- Capacidad de sustentación
fica de la reladón entre la ca-

La capacidad de sustentación y la ley de los rendimientos decrecientes


pacidad de sustentación y el
¡;unto de los rendiniientos de- •
Output \
'§ \_ ,,'.l::!"P'.::"~t---.,,.,<::::::::
Factores co1no la abundancia de caza, calidad de los suelos, pluvio-
crecientes. La producción con-
tinúa incrementándose incluso
después de rebasar el punto <le
..
ü
sidad y extensión de bosques disponibles para la producción de energía Jos rendirnicntos decrecientes. rendimientos
fijan el lí1nite superior a la cantidad de energía que se puede extraer de Pero, una vez alcanzada la ca- decrecientes
un detenninado inedia a1nbiente con una tecnología concreta de produc- pacidad de sustentación, ya 110
Años
oión energética. El límite superior de la producción de energía fija, a su puede seguir haciéndolo.
vez, otro límite máxin10 al nú1nero de seres hu1nanos que pueden vivir en
este n1edío a1nbiente. Este lín1ite superior de la población se denotnina ciclad de sustentación el flujo energético anual total empezará a dís1ninuir
capacidad de sustentación [carrying capacity ]. co1no consecuencia d~l daño irreversible al ecosisten1a. El agotan1icnto de
Medir la capacidad de sustentación no resulta fácil (Street, 1969; los suelos 1nayas· constituye un ejen1plo de la consecuencia de sobrepasar
Glassow, 1978). Hay que tener sumo cuidado antes de concluir que una la capacidad de sustentación (véase p. 184). Sin embargo, cuando se rebasa
cultura dada puede «fácihnente» aumentar su flujo total de energía incre- el punto de los ren<litnientos decrecientes, la producción puede inantencrse
mentando el tamaño de su fuerza de trabajo o la cantidad de tiempo dedi- estable o incluso continuar creciendo, aun cuando se produzca 1nenos por
cado a la producción de alimentos. Especialmente dudosas son las afirma- unidad de esfuerzo debido a la creciente escasez o e1npobrecín1iento de
ciones acerca de un potencial an1biental sin explotar cuando se basan en uno o niás factores a1nbicntales, Ejen1plo de este efecto es Ja actual situa~
cortos períodos de observación. Muchos rasgos enign1áticos de los ecosis- ción de las pesquerías ·oceánicas en el n1undo. Desde 1970 el índice de 1

ternas humanos tienen su origen en adaptaciones a crisis ecológicas perió- rcndin1íento por unidad de esfuerzo ha caído casi a la niitad, pero la
dicas pero poco frecuentes, co1no sequías, inundaciones, heladas, hura- captura total de pescado se ha mantenido constante (Brown, 1978). Exi.s,te
canes y enfermedades cíclicas de animales y plantas. una situación sünilar tespecto a la agricultura 1nund1al y en la producc1on
Uno de los prmcipios básicos del análisis ecológico afirma que las de petróleo y gas (véase infra).
co1nunidades de organis1nos no se adaptan a las condiciones medias de Salvo cuando están so1netidos a cierto tipo de presiones, los seres hu-
sus hábitats, sino a las condiciones 1nínimas para el sostenimiento de la 1nanos intentatán n1antener la razón entre output e input por debajo del
vida. Una fonnulación de este principio se conoce co1no Ley del Mínhno de punto de los ren<lin1ientos decrecientes li1nítando la expansión de sus es-
Liebig: el crecimiento está limitado no tanto por la abundancia de todos fuerzos productivos. Nadie desea, voluntaria1nente, trabajar más a ca1nbio
los factores necesarios co1no por la disponibilidad mínirna de cualquiera de n1enos. (Sin en1bargo, con10 vere1nos en el siguiente capítulo, suele
de ellos. Es probable que el observador a corto plazo de los ecosistemas existir al menos una fuerte razón para actuar así.)
hun1anos vea la condición media pero no los extren1os, y pase por alto el
factor !imitador. La Ley de Liebig se aplica ta1nbién a 1nínünos estacio- Expansión, intensificación y cambio tecnológico
nales tales como la disponibilidad de agua entre los !kung. Como ha mos-
trado Richard W. Casteel (1979), la población de muchos cazadores y Para comprender la forn1a en que funcionan los sisten1as de energía
recolectores subárticos de An1érica del Norte estaba ajustada, más que alin1entaria de los hornbres, hay que distinguir entre expansión e íntensífí-
202 Energía y ecosistema 203
Introducción a la antropología general

cación. La fórn1~1la de la ~nergía alimentaria nos permite hacerlo de una Un sistema energético de agricultura dependiente de las lluvias
n1aner~ clara. S1 se 1n~nt1ene constante el factor tecnoa111biental (e) se
pue?e incr~n1entar ~l flu10 anual total de energía (E) auir1entado 1111 t 0 1 ~- es Exan1ine1nos ahora el siste1na de energía alín1entaria de los agricul-
~ec1r, pon1e~1do n1~s ge1:te a ~rabajar o haciéndoles trabajar durante tnás tores preindustriales. Un caso bien estudiado es el de la aldea Genieri en
t1en1po~ o 111as deprisa. Sr este rncrenlento en el input se realiza sin auinen~ Gambia, Africa occidental (Haswell, 1953). Aquí el modo básico de sub-
t~1~ el .~rea ~n que ocurre la producción de alin1entos, se produce la inten~ sistencia se basa en el cultivo de cacahuetes y diversas variedades de,.· ce-
s1frcac1011. Sin en1batgo, si hay un incremento proporcional en el área en reales. Los aldeanos geníeri labran sus can1pos con azadas de hierro, prac-
la que la producción de alin1entos tiene lugar de tal forn1a que el input tican el barbecho para mantener la fertilidad del suelo y dependen de las
(111 X t X r) por hectárea o kilón1etro cuadrado no se alteta entonces lluvias para proveer de agua a sus cultivos. lJn equipo de agróno1nos y
el siste1na se expansiona o crece pero no se intensifica. ) .. antropólogos llevó a cabo un detallado registro de las horas empleadas
Como todos los modos de producción de alimentos (en realidad todos por todos los miembros de la aldea en cada fase de la producción de ali-
los 1110.d,os de cualquier tipo de actividad} dependen de recursos finitos, la 111entos, incluidos el tie1npo empleado por Jos adolescentes en espantar
expans1.on n.~ puede co!1ti.nuar indefinidan1ente. Más pronto o 1nás tarde, pájaros y el gastado en trillar y aventar el grano. Sin etnbargo, co1no en
la contmuac10n del crec11mento en el flujo anual total de energía (E) tendrá el caso de los !kung, voy a presciuclir de la energía gastada en la prepara-
gu_; depender de Ja intensificación. Y la intensificación debe llevar, con ción y cocinado de los alünentos. La fónnula energética de los genieri viene
inas o n1enos rap1de~, al punto de los rendirnientos decrecientes) provo- a ser, en números redondos, la siguiente:
ca?~ P?r el agota~n1ento de recursos no renovables y una caída en la
horas por calorías eficiencia
eftc1:nc1a ~~cnoa1nb1ent,al (e) . . persiste la intensificación, antes o después,
si calorías productores productor de gastadas tecno-
la p1oducc1on se vendra a aba10 y se reducirá a cero.
anuales de ali1nentos alimentos por hora ambiental
No ?bstante, la condición funda1nental en esta situación es que la
tecnolog1a se n1antenga constante. En los ecosisten1as hu1nanos el cambio 460.000.000= 334 820 150 11,2
X X X
tecnológico constituye una frecuente respuesta a Jos rendin1ie~tos decre-
cientes. Así, como sugiere la obra de Ester Boserup (1965), cuando los La diferencia más sorprendente entre los sistemas de energía alünen-
c~za.dores y recol.ectores agotan su entorno y rebasan el punto de los ren- taria de los genieri y de los !kung consiste en que E (las calorías anuales
d1n11ent~~ dccr:c1entes, es probable que c1npiecen a adoptar un n1odo de totales producidas) se ha incre1nentado veinte veces. En buena tnedída,
producc1on agr1cola; cuando esto les sucede a Jos pueblos que practican esta diferencia se debe al hecbo de que la aldea genieri tiene una población
la t.a~a Y quen:a, pueden pasar al cultivo de can1pos permanentes usando mayor que la banda !kung (unos 500 habitantes) y, por tanto, una fuerza
fcrul1za.ntes an1n1ales, y cuando los grupos· que practican una agricultura de trabajo más nutrida. Los dos siste111as 1nuestran niveles sünilares de
dependiente de las lluvias en can1pos pennanentes agotan sus suelos eficiencia tecnoan1biental (9,6 y 11)2). La escasa diferencia entre la efi-
pueden can1biar a una agricultura de regadío. 'rambién cabe considera1~ ciencia tecnoan1bicntal ·de una forn1a sÍlnple de agricultura y la de la caza
!ª tran~for111ación de las for1nas de agricultura preindustrial en las de tipo y recolección respalda la teoría de la evolución agrícola presentada en el
1ndustr1al. b~sadas en la. petroquín1íca con10 una respuesta al agota111iento capítulo 9, Bajo co'ndiciones primitivas, la agricultura puede producir 1nás
y al rend11mento denec1ente por unidad de esfuerzo (Harris, 1977). caiorías con menos trabajo que el sistema de caza y recolección, pero esta
eficiencia pronto distninuye cuando crece la población, se intensifica el
~stos can1b1os de un modo de producción a otro i111plican inputs por
input y los recursos del suelo y del bosque se agotan.
hectarea cada vez n1ayores. De ahí que se califique a la agricultura de tala
Y que1na de n:odo de pr~ducción más intensivo que la caza y recolección}
Y ~u~ se c~ns1dere la agncultura de regadío como un n1odo de producción Un sistema de energía alimentaria de tala y quema
1:1as tntens1v? que. ~a d;=, tala y quen1a. No hay que confundir este signi-
ficado de la 1ntens1ficac1on con el que se aplica a Ja intensificación con una Roy Rappaport (1968) ha realizado un cuidadoso estudio sobre el sis-
tec~1ología constante. Las consecuencias de estas dos clases de intensifí- tema energético de los tsembaga 1naring, clan que vive en las laderas sep-
cac1ó1: son bastante distintas. Co1110 veren1os en los siguientes apartados el tentrionales de las tierras altas del centro de Nueva Guinea. Los tsembaga,
ca1n~10 a 11:od~s de producció~ :nás. intensivos ~on nuevas tecnologías' da cuya población asciende a 204 personas, cultivan taro, ñan1es, batatas}
luga1 a un 1nc1emento en Ja ef1c1enc1a tecnoamb1ental (cf. Bronson 1972· inandioca) caña de azúcar y algunos otros productos en pequeños huertos
Hanks, 1972). ' ' desbrozados y fertilizados por el método de tala y quema. Rappaport calcula
204
Introducción a la antropología general Energía y ecosistema 205
en un ~~lor aproximado de 18 la eficiencia tecnoambiental (e) para la cientas personas y si quemaran los emplazamientos de los huertos en
producc1011 de/ ahn:entos ~egetales. Estima, asimisn10, que el consun1o
terrenos de sucesión secundaria cada veinte años. Rappaport estitna que
anual de energia a!tmentana supone 150.000.000 calorías. Sí se conside- los tsembaga tenían a su disposición la suficiente extensión de bosque
ran í_ncluídas en la fuerza de trabajo todas las personas de más de co1110 para sustentar a otras 84 personas inás sin perjudicar per1nanente~
lO_anos, el valor de mes 146. La fórmula completa de la energía alimen- mente la capacidad de regeneración del bosque. Sin embargo, la mayor
taria de las plantas entre los tsembaga es:
parte de esta tierra se halla situada por encima o por debajo de los niveles
E óptünos de altitud para sus principales cultivos, por lo que la eficiencia
1n t r e probable111ente suftiría algún decre1nento si se explotara. Co1no dicen los
150.000.000 146 X 380 X 150 X 18 mnong-gar de Vietnam (Condominas, 1957), todos los pueblos que prac-
tican la tala y quen1a afrontan el espectro últiino de «devorar su bosque»
El modo de producción de tala y quema permite a los tsembaga satis- al reducir el período de barbecho hasta un punto en el que las malas
facer sus nece~1dad;s calóricas con una inversión en tietnpo de trabajo 110 .. hierbas reemplazan a los bosques (recordemos el caso de los inayas; véase
tablemente ba¡a_: solo 380 horas por año y productor de alimentos en el p. 184). Al menos, esto es lo que les ha sucedido a otros pueblos de Nueva
proceso de cultivo. L~ alta productividad de las técnicas de tala y quema (}uinea no n1uy distantes de los tse111baga (Sorenson, 1972; Sorenson y
explica, e:,n. parte,. la 1n1portanc1a persistente de esta forma de agricultura Ken111ore, 1974). No obstante, hay situaciones, como, por ejemplo) la de
e? los trop1cos. Sin e1nba:go, todos los .datos sobre los sisten1as energétí- la jungla amazónica, en la que inmensas reservas de bosque per1nanecen
c1so de tala y quema provienen de estudios sobre pueblos que usan hachas inexplotadas y las densidades demográficas son tan bajas que las existen-
de acero obtenidas inediante comercio mucho antes de que los antropó- cias de árboles quemables no pueden ser el factor que limita la capacidad
logos llegaran_ hasta ellos. Se ha demostrado experimentalmente que el de sustentación o determina el punto de los rendin1ientos decrecientes.
gasto de calor1as r.ara cortar una pulgada de madera es cinco veces mayor Sin embargo, muchos sistemas energéticos tropicales de tala y quema
con un hacha de piedra que con una de acero (Saraydar y Shimada, 1971). afrontan otro problema que limita la expansión de su población y de su
Por .d:sgrac1a) no s~ s.abe cón10 afecta esto a las pautas de trabajo y pro- esfuerzo productivo. Este problema es especialmente agudo cuando la ali-
duct!V!dad en la practica sobre el terreno de la horticultura. 1ncntación se basa, primordialmente, en el cultivo de tubérculos deficitarios
. Dos lími~es ambientales son especialmente pertinentes para los eco- en proteínas, como las batatas, los fiames, la mandioca y el taro. Los eco-
sistemas trop,icales de tala y quema. En primer lugar, está el problema de sistemas naturales de los bosques tropicales producen gran cantidad de bio-
la regeneraci~n del _bosque. Debido a la lixiviación producida por los agua- 1nasa vegetal por hectárea, pero son productores muy pobres de biomasa
ceros Y a la rnvas10n de rnsectos y malas hierbas, la productividad de los nnin1al comparados, por ejemplo, con las praderas y los ecosistemas marinos
h~ertos de tala y quema disminuye rápidamente después de dos o tres (Richards, 1973). Los animales que habitan los bosques tropicales tienden
anos de uso, por lo cual se deben desbrozar nuevos terrenos para evitar a ser pequeños, furtivos y arbóreos. Cuando crece la densidad demográfica
fuertes reducc10nes en el output y la eficiencia del trabajo (Janzen 1973· humana, estos animales empiezan a escasear rápidamente y se hacen difí-
Clarke, 1976). La productividad óptima se obtiene desbrozando los buerto; ciles de encontrar. La· biomasa animal total (el peso de todas las arañas,
en terrenos en los que existe un considerable desarrollo secundario de insectos, gusanos) serpientes, 1namíferos, etc.) en una hectárea de pluvisilva
grandes árboles. Si se hace cuando la sucesión secundaria no ha alcanzado del Amazonas central es de 45 kg. Esta cifra contrasta con los 304 kg que
un _adecuado gr~do de madurez, la quema de la cubierta vegetal sólo apor- ofrece un bosque de espinos del Africa oriental. En las praderas de sabana
tara una pequena cantidad de fertilizante en forma de ceniza. Por otra del Africa oriental hallarnos 254 kg de grandes herbívoros por acre, cifra
P~~t~, si los árboles alcanzan el tamaño del bosque climácico, serán muy que sobrepasa con mucho el peso total de todos los grandes y pequeños
d~ficiles ?e talar. La regeneración óptima puede durar de diez a veinte animales hallados por acre en el Amazonas (Frittkau y Klinge, 1973: 8).
anos o mas, dependiendo de los suelos y climas locales. Aunque los alimentos vegetales pueden proporcionar cantidades de proteí-
. Así pues, a l~rgo plazo, las culturas de tala y quema consumen una nas nutritívamente adecuadas si se ingieren en variedad y abunda.ncia) la
1m~ortante extensión de bosque per cápita, aunque el porcentaje de terri~
carne es la fuente más eficiente de todos los aminoácidos necesarios para la
nutrición. Por eso, uno de los factores !imitadores fundamentales en el
tono explotado durante un año a veces no exceda del 5 por 100 (Boserup,
crecimiento de los sistemas energéticos de tala y quema es la disponibilidad
1965: 31). Por e¡emplo, los tsembaga sólo tenían 42 acres plantados
de proteínas animales (Gross, 1975). Sin embargo, esta cuestión se ha
en 1962-63. Sin embargo, habían desbrozado alrededor de 864 acres de
convertido en centro de una importante controversia. Emprenderé un aná-
su terr1tor10. f:sta /es, ~proximada1;:ente, la extensión de bosque que los
lisis de la relevancia ecológica y nutricional de la carne y otras fuentes de
tsembaga necesitanan si su poblac10n permaneciera alrededor de las dos-
proteínas animales en el siguiente capítulo.
206
Introducción a la antropología general Energía y ecosistema 207
El elevado costo de los cerdos
de regadío, los chinos han destacado durante milenios. Los antropólogos
Fei Hsiao-t'ung y Chang Chih-i (1947) llevaron a cabo, en tiempos ante-
d d Se~ cual frre la razón ecológica Y alimentaria de tipo etic no cabe
u hl que os, tsemb.aga, como cualquier otro grupo humano: aprecian
mue o . as protemas an11:iales, en especial en forma de carne y grasa (los
riores al comunismo, un detallado estudio sobre los inputs de trabajo y
el rendimiento en peso de la producción agrícola en la aldea de Luts'un,
provincia de Yunnan. Teniendo en cuenta, exclusivamente, los costos y
vegetarianos, que se abstienen de comer carne, suelen apreciarlas en forma rendimientos energéticos derivados de la producción de arroz, la fórthula
fe l~~heh\yogur). Los ts~mbaga, cuya densidad demográfica ha alcanzado energética de Luts'un viene a ser como sigue:
os ª. tta?tes por milla cuadrada, han agotado los animales salva 'es
en. su l tdrnt?n:» pero compensan este déficit poblando su tierra con ~n
E m t r e
anima ome,st1co: el cerdo. Los cer~os d.e los tsembaga, que hozan solos
~urante.Jl dt, vuc~lven a casa para· ingerir una ración de batatas y restos 2 .841 .000 .000 418 X 847 X 150 X 53,5
Re com1 a a .atar ecer. Un cerdo medio pesa tanto como un tsembaga.
appaport estima que cada uno consume casi tantos productos hortícolas El arroz constituía alrededor del 75 por 100 del output de Luts'un;
~~l~b una pers~na. En la tierra maring, los cerdos ganan alrededor de otros productos agrícolas, como la soja, el maíz, la mandioca y las patatas,
. 1 ras por ano. El número máximo de cerdos era de 160. Por consi- eran cultivados en los márgenes de los arrozales y, probablemente, produ-
guiente, estos cerdos ganaron un total de 160 x 50 = 8 000 I'b E cían altos rendimientos. Por consiguiente, la fórmula para todos los cultivos
se traduce a un valor calórico alimentario de 5 252 000. 1 ! ras. sto muy bien podría ser la siguiente:
puede to l l d · · ca onas que se
. d'mar como e ~a or e E. Datos adicionales facilitados po; Rappa-
port m . I~an que la cna de los cerdos daba trabajo a 26 mujeres y que la E m t r e
productiv1?ad del trabajo (~) era de 0,7 (Rappaport, 1968: 62). Des e'an- = X X X
do t, la formula para la cria de cerdos cuando la piara alcanza su taPmlan-o 3.788.000.000 418 1.129 150 53,5
máximo es:
La población total de Luts'un ascendía a unas 700 personas. Una ración
E = m t r e calórica generosa de 2.500 calorías por día y persona requeriría una pro-
5.252.000 66 X 758 X 150 X 0,7 ducción anual de 638 .000 .000 calorías. Por falta de datos, estas estimacio-
nes no incluyen los costos energéticos relacionados con el cuidado y alimen-
Es decir, se dedi~a casi tanto tiempo y energía a alimentar a los cerdos tación de animales de tiro y la construcción y mantenimiento de las instala-
como a la ~ente. Al igual que muchas culturas de Nueva Guinea, los tsem- ciones de regadío; pero no creo que el factor eficiencia variara sustancial-
bag~ permiten qu~ su pob}ación de cerdos aumente durante varios años, mente si se incluyeran estos costos. Los animales de tiro reducen los' inputs
sacrificando los animales solo con ocasión de acontecimientos. ceremoniales de frabajo humano en tareas agrícolas como la trilla, el transporte y la
(Watson, 1?77). Cuando el esfuerzo necesario para cuidar de los cerdos se molienda. Estos ahorros probablemente compensan los costos de alimenta-
torhla ~~ces1vo,. se celebra un festín que origina un drástico descenso en la ción y cuidado de los animales. En cuanto a las instalaciones de regadío,
po ac1on porcina. ,Este ~estín, como mostraremos en el siguiente capítulo, lo normal es que el· trabajo que representa su construcción se reparta entre
prf bable}e?;e esta relacionado con el ciclo de reforestación en los huertos muchas generaciones y, por tanto, requieran un input per cápita y año
Y a regu ac1on de la guerra y la paz entre los tsembaga y sus vecinos relativamente pequeño.
Por ende, .la .situación de los tsembaga no es de hecho tan desahogada ¿Qué sucede entonces con los más de 3 mil millones de calorías por
como pare~e 1nd1car la, fórm~la energética para la producción de plantas. año no consumidas por las gentes de Luts 'un? Debo señalar aquí que
Cuantos mas cerdo; cnan, mas duro han de trabajar. Pero si criaran más Luts'un era simplemente una parte diminuta de una vasta sociedad de
gente en .v,ez de mas cerdos, tendrían que trabajar igual de duro y su salud nivel estatal. La población china comprende varios cientos de millones de
se resentina. personas que viven en ciudades, grandes y pequeñas, y que no participan
en absoluto en la producción de alimentos . En síntesis, la energía en cues-
tión se desvió desde la aldea hacia las ciudades; se intercambió a través de
Un sistema de energía alimentaria de agricultura de regadío mercados y dinero por bienes y servicios no agrícolas; se transfirió en for-
ma .de impuestos a los gobiernos local, provincial y central; se pagó como
La eficiencia tecno~mbiental .asociada a .la agricultura de regadío es más renta por la explotación de la tierra, y se empleó para criar gran número de
elevada que en cualquier otro sistema preindustrial. Entre los agricultores hijos y mantener una alta tasa de crecimiento demográfico.
Energía y ecosistema 209
208 Introducción a la antropología general

Energía y pastoreo nómada 81 bushels * de maíz con una energía equivalente a 8.164.800 calorías (Pi-
inentel y otros, 1973). Esto da una razón non1inal de 6.000 caloría~ de
Los cereales convierten alrededor de 0,4 por 100 de luz solar fotosin- output por cada caloría de input; pero esta ci~ra es su1n.amente enganosa .
tétican1ente activa en 1nateria apta para el consumo hu111ano. Si se emplean .En priiner lugar) las 3/4 partes de t~¿as las t1err.as culuva~as en Esta~os
para alünent.ar a anitnales en lugar de personas y después se consume Unidos están dedicadas a la producc1on de forraie para an1n1ales) lo . que
su carne, se perderá, pot térn1ino 1nedio, un 95 por 100 de la energía supone una reducción del 90 al 9 5 por 100 en las calorías aptas par'a el
disponible en los cereales (National Research Council, 1974). La pérdida consun1o hun1ano. Con las calorías consu1nidas por la cabafi.a de Estad9s
de eficiencia asociada a la ti-ansforrnación del alünento vegetal a través de Unidos se podría nutrir a 1.300 millones de personas (Cfoud, 1973): En
los anin1ales dotnesticados explica la relativa escasez de las culturas cuyo segundo lugar, en los tractores, can1iones, cosecha~oras, petroleo) pesnc1das,
n1odo de producción de alitnentos se basa en el pastoreo nó1nada. Los pas- herbicidas y fertilizantes empleados por el agricultor de Iow.a se halla
tores plena1nente nón1adas son gentes que crían anin1ales domesticados y incorporada una enorn1e cantidad de trabajo hun1ano. ~esgrac1ada1nen.te,
cuya dieta, en lo fundamental, no depende de la caza, la recolección o el nadie ha calculado todavía el input de calorías que requ1ete este traba10;
vcgecultívo. Suelen habitar praderas y estepas áridas en las que las preci- por ende, no es posible calcular la fórn1ula energétíco-alin1entaria para un
pitaciones son demasiado escasas o irregulares como para inantener una sistema industrial.
agdcultura dependiente de las lluvias, y el regadío tesulta impracticable Otro aspecto engañoso de la producción industrial de alimentos es la
debido a la altura o a la excesiva distancia de los grandes valles fluviales. aparente reducción del porcentaje de trabajadores agrícolas en.'.ª pobla-
Al especializarse en la ganadería, los pastores nó1nadas pueden conducir ción activa. Así) se dice que 1nenos del 3 por 100 de la. poblac1on activa
sus rebaños a latgas distancias y aprovechar los 111ejores pastos. estadounidense se etnplea en la agricultura y que un agricultor puede, en
Sin embargo, los pueblos pastores han de co1nplementar con cereales Ja actualidad, alünentar a 50 personas. Pero hay otra 1nanera de co.nten1plar
su dieta de leche, queso, sangre y carne (esta última representa una parte esta proporción. Si los agricultores dependen del input de traba10 ele los
relativamente pequeña de la comida diaria). La productividad del pastoreo obreros que fabrican, extraen y transportan l~s, co1nbu~t1bles, productos
no basta) por sí sola, para mantener densas poblaciones. Norn1aln1ente, los quí1nícos y rnáquinas en1pleados en la producc1on de ahn1entos 1 ~ntonccs
cereales se obtienen co1nerciando con agricultores vecinos, quienes a su veí': estos obreros deben ta111bién considerarse con10 productores de ahn1entos.
ansían adquirir pieles, queso) leche y otros productos animales que sie1n- En otras palabras) la agricultura industrial no red_uce tant.o l? .población
pre escasean en sisten1as agrícolas preindustriales que sustenten poblacio- activa agrícola cuanto la dispersa lejos de la ~ranJ.ª· Los. 1nd1v11uos que
nes densas. A menudo, los pastores intentan' 1nejorar su «posición negocia- pern1anecen en el campo para nianejar la 1naquinar1a agro1ndustn,al .se paff
dora» atacando a lo aldeanos sedentatios y llevándose Ja cosecha de cereales recen más (desde una perspectiva etic) a los o~reros de una. fabrica de
sin pagar nada a cambio) cosa que 1nuchas veces pueden hacet con total auton1óviles que a los agricultores propían1ente dichos .. Los agr1~c~Ito:·es de
ünpunidad gracias a la posesión de anin1ales co1no los ca1nellos y caballos Estados Unidos consumen más del 12 por 100 del flu10 energetico rndus-
que les otorga gran niovilidad y eficacia militar. Y si las incursiones se ven trial total. Por cada persona que cfcctivan1cntc trabaja en la granja, se neff
coronadas por repetidos triunfos, la población can1pesina puede verse for- cesitan al n1enos dos t¡·abajadores pertenecientes a los sectores vinculados
zada a reconocerles con10 an1os y sefiores. Repetidas veces en la historia del con la agricultura fuera de ella. En un sentido n1ás an1plio, casi todos los
\Tiejo Mundo) grupos relativa1nente pequeños de pastores nón1adas -los trabajadores de la industria y los ser\~icios c~ntribuyen ?e algún n1odo al
1nongoles y los árabes son los dos ejemplos 1nás fa1nosos- han consegui- 1nantenitniento de la ptoducción agro-1ndustr1al. «El agricultor de ayer se
do don1inar enotn1es civilizaciones basadas en la agricultura de regadío. ha convertido en Ja actualidad en conservero, 1necánico de ttactores Y ca-
Con todo) el resultado inevitable de estas conquistas era que el siste1na marero de platos rápidos» (Steinhart y Steinhart, l 974). Hoy en día, los
agrícola acababa absorbiendo a los conquistadores cuando trataban de ali- agricultotes, co1no todo el inundo) adquie~·en su P.rop1a conuda pagando
1nentar a las enor1nes poblaciones que habían caído bajo su control (Latti- en la caja registradora del supermercado. S1 se admite to?o esto, entonces
more. 1962: Saltzman, 1971; Lees y Bates, 1974). es más exacto decir que se necesitan 50 personas para alunentat a un tra-
bajador agroindustrial que no al revés. . . . ,
El aspecto peor comprendido de los sistemas mdustriales de energ_ia
Sistemas industriales de energía alimentaría
alimentaria es la diferencia entre rendin1ientos más altos por acre y la razon
Es difícil estin1ar la eficiencia tecnoambiental de la agricultura indus- entre input y output energéticos. Co1no consecuencia de 1nodos de produc-
trial debido a que la cantidad de trabajo indirecto invertido en la produc-
ción de alin1entos sobrepasa a la de trabajo directo. Por eje1nplo, un agri- * Medida de capacidad, utilizada en Estados Unidos, que se aplica a granos Y sóli·
cultor de inaíz de Iowa emplea nueve botas de trabajo por acre, que rinden dos disgregados; equivale a 35)3 litros. (N. del T.)
210 I ntroducción a Ja antropología general Energía y ecosistema 211

c~ón cada v.ez más intensivos que implican una mejora genética de los cul- machiguenga, pueblo aldeano que practica la tala y quema y habita a
tivos y dosis más altas de fertilizantes químicos y pesticidas se han incre- orillas del Alto Urubamba, en las laderas orientales de los Andes, en el
men~ado los. rendim i.e ntos por acre (Jensen, 1978). P ero es~a mejora sólo Perú. J ohnson tomó una muestra aleatoria de lo que hacían los miembros
ha sido posible gracias a un incremento constante en la cantidad de com- de 13 unidades domésticas entre las 6 a.m. y las 7 p.m. durante un año
bustible in~ertida ~or. cada caloría de energía alimentaria producida. En entero . Sus resultados, presentados en la tabla 11.1, muestran que la prq-
Es~ados Umd?s se invierte~ .15 toneladas de maquinaria, 22 galones de ga- ducción y preparación de alimentos, así como la fabricación de artícul©s
solii:a~ 203 libras de !erul1.zantes y 2 libras de insecticidas químicos y esenciales tales como ropas, útiles y alojamiento, consumen sólo seis horas
pesticidas por acre y ano (P1mentel y otros, 1973). Este costo se ha incre- diarias, en el caso de los varones casados, y 6,3, en el de las mujeres ca-
mentado continuamente desde el inicio del siglo. Antes de 1910 se obte- sadas.
nían de la agricultura más calorías de las que se invertían en ella. En 1970
se necesit,aban 8 .calorías e~ forma de combustibles fósiles para producü'.
L~na caloria de al.1mentos. Si el pueblo de la India tuviera que emular el TABLA 11.1
sistem,ª. estadou~idense de producción de alimentos, todo su presupuesto Tiempo diario dedicado a diferentes actividades
energet1co tendna que emplearse, única y exclusivamente en la agricul- por los hombres y muieres casados machiguenga
tura (Steinhart y Steinhart, 197 4). '
Hombres casados Muieres casadas
El mito del incremento del ocio (horas) (horas)

~tro male~tendid.o frecuenfe respecto de los modos de producción in- Producción de alimentos . . . . . . . .. 4,4 1,8
dustnal Y premdustnal es que los trabajadores industriales disfrutan de Preparación de alimentos . . . . . . . .. 0,2 2,4
más ?cío que sus antepasa~os preindustriales. Sin embargo, la verdad parece Fabricación . . . . . . . . . . . . . .. . .... . 1,4 2,1
ser J~stamente lo contrario. Con una semana de cuarenta horas y unas
vacac10nes de tres semanas, el típico obrero de una fábrica moderna se
Cuidado de los niños . .. o 1,1
Higiene .............. . ........ . 0,3 0,6
acerca a las dos mil horas por año bajo condiciones que los cazadores y
Visitas ........... . 1,0 0,8
recolectores probablemente calificarían de «inhumanas». Cuando los líderes
o.breros ~e jactan de los grandes progresos alcanzados en la obtención de Ociosidad ...... . .. .... .. ..... . 2,3 2,5
tiempo libre para la clase obrera, piensan ciertamente en el nivel estable- Total ............ ... .. . 9,6 11,3
cido en la «civilizada» Europa del siglo XIX, cuando los obreros dedicaban
doce o más horas diarias a la subsistencia básica, y no en las normas segui- FUENTE: Johnson, 1975; 1978.
das por los !kung. Como hemos visto, la jornada media de trabajo entre
los !kung es de sólo seis horas y sus «vacaciones» duran más de tres sema-
nas, puesto que sólo trabajan ochocientas cinco horas en todo el año. Si a las ocho horas que el asalariado urbano norteamericano pasa
Natural1pente, estos datos no toman en consideración otras actividades en su puesto de trabajo añadimos las empleadas en transporte, compras,
que se podrían clasificar, desde una perspectiva etic, como trabajo. Los limpieza, cocina y arreglos caseros, los machiguenga salen a todas luces
pueblos preindustriales no están ociosos cuando no duermen elaboran o ganando.
p;oducen aliment~s .. En toda~ !as culturas se dedica mucho ti;mpo y ener- Esto nos lleva a preguntarnos por qué se ha dedicado el gran potencial
gia a tareas y actividades ad1c1onales, algunas de las cuales son esenciales para ahorrar trabajo que encierra la tecnología a una expansión cada vez
para la subsis~encia de la población. P or desgracia, los antropólogos rara mayor de los sistemas energéticos en vez de a la consecución de un progre-
vez ha~ recogido los datos pertinentes y, por lo tanto, resulta muy difícil sivo incremento del ocio basado en una población constante y un nivel
g.e~eralizar ace~ca de la distribución del tiempo entre distintas tareas y ac- estable de producción y consumo. Este es uno de los temas abordados en
tl~idades .en diferent~s culturas .. Sin embargo, no creo que una definición el próximo capítulo.
mas amplia de «traba¡o» proporc10ne al asalariado o administrativo de clase
media en los sistei:n~s industriales una ventaja sobre aquellos pueblos Resumen
cuyas pautas de actividad se han estudiado con más cuidado.
A!l~n Johson (1974) ha llevado a cabo uno de los mejores intentos de El estudio comparativo de las. infraestructuras implica la consideración
cuantificar las pautas de actividad diaria de una población entera entre los de las variables ecología y ecosistema, y éstas a su vez exigen el examen
212 Introducción a la antropología general Energía y ecosistema 213

de los aspectos cuantitativos y cualitativos de la producción y consumo de


energía. La mayor parte de la energía que fluye a través de los sistemas
energéticos preindustriales consiste en energía alimentaria. No se puede
alterar a capricho la tecnología de la producción energética. Ha evoluciona-
do a través de estadios sucesivos de competencia técnica en los que el ·~
dominio de un conjunto de útiles y máquinas se basa en un conjunto •
anterior. Gracias al avance tecnológico, la energía disponible per cápita
ha crecido constantemente. Sin embargo, la tecnología nunca existe en abs-
tracto, sino sólo en casos concretos y en interacción con un entorno particu-
lar; la tecnología no domina o controla el entorno natural. Incluso en los
ecosistemas industriales más avanzados, el agotamiento y contaminación de
los hábitats agrega costos inevitables a la producción y consumo de energía.
La ecuación E = m X t X r X e constituye un medio adecuado para
analizar los sistemas de energía alimentaria desde una perspectiva ecológica
y comparativa. En los cuatro casos presentados (!Kung, Genieri, Maring
y Luts'un) se muestra que los cambios de E están relacionados con cam-
bios en m, o número de productores; t, o tiempo medio dedicado al tra-
bajo por año; y e, o razón de la eficiencia tecnológica .
También hay que tener en cuenta otros factores no incluidos en la
ecuación para comprender los procesos dinámicos que dan lugar a diferen-
tes sistemas de energía alimentaria. Por ejemplo, la organización en bandas
de los !kung está influida por la distribución territorial de los pozos y la
caza y la naturaleza estacional de las nueces mongongo. La densidad demo-
gráfica maring está limitada por la cría de costosos cerdos como fuente de
proteínas animales y· por la capacidad de regeneración del bosque tropical.
La producción de energía alimentaria de Luts'un depende de la disponi-
bilidad de agua de regadío para recuperar los elementos nutritivos del
suelo.
Estos factores modifican la capacidad de sustentación del territorio, es
decir, el límite superior de la población humana en un entorno determinado
exl'lotado mediante una técnología concreta. De acuerdo con la Ley de
Liebig, todos estos factores deben medirse en términos de sus valores extre-
mos ocasionales a largó plazo en vez de sus valores medios.
Cuando se rebasa la capacidad de sustentación, la producción disminui-
rá bruscamente. Sin embargo, el hecho de que un sistema de energía ali-
mentaria funcione dos tercios por debajo de la capacidad de sustentación,
teniendo en cuenta todas las limitaciones no energéticas, no significa que
las restricciones ecológicas hayan cesado de funcionar. Los sistemas de ener-
gía alimentaria tienden a detener el crecimiento antes de alcanzar el punto
de los rendimientos decrecientes, definido como el punto en el que la razón
entre output e input empieza a disminuir, manteniendo constante la tecno-
logía. También hay que hacer una distinción entre los efectos del crecimien-
to y los de la intensificación. El crecimiento puede continuar durante un
largo tiempo sin que provoque una disminución en la razón entre output
e input. Sin embargo, la intensificación, que se define como un incremento
en m X t X r por hectárea agotará rápidamente los factores !imitadores
214 Introducción a la antropología general Capítulo 12
vitales sobrepasando el punto de los rendimientos decrecientes. Hay que REGULACION DEMOGRAFICA Y GUERRA
hacer otra distinción entre la intensificación de una determinada relación
tecnoambiental y la intensificación representada por sucesivos modos de
producción con nuevas tecnologías que exigen más energía por hectárea para
su funcionamiento. Una solución frecuente a los problemas del crecimiento
y la intensificación es la sustitución de modos de producción poco intensi-
vos y eficientes por otros que lo son más. La comparación de e en los casos
!kung, genieri, tsembaga y Luts'un revela que esto es así. Sin embargo,
como muestra la comparación de estos cuatro casos, el desarrollo de modos
de pro~ucción más eficientes no es ninguna garantía de que la gente vaya~
a traba¡ar menos.
Este enfoque comparativo y cuantitativo también nos permite disipar
varios malentendidos sobre los sistemas industriales de energía alimentaria.
Aunque ~stá claro que ha aumentado el output por hectárea, cabe dudar
de la eficiencia global de la agricultura industrial. Dada la gran cantidad de
costos laborales indirectos requeridos por la moderna producción agrícola,
es difíci! medir e. También está claro que cuando las razones entre input y
out~ut incl.uyen c?st~s de co1?bustible la eficiencia de los sistemas agríco-
las industriales disminuye. Finalmente, también es evidente que muchos
pueblos industriales trabajan más duro que los cazadores y recolectores
para obtener su subsistencia básica. Este capítulo examina el papel de la reproducción en los ecosistemas humanos.
La cuestión en que se centra -si el crecimiento demográfico en las sociedades
preindustriales está regulado y, en tal caso, cómo-- nos conduce al análisis
de la posibilidad de que la guerra y el énfasis casi universal en el varón
combatiente regulen el crecimiento demográfico. Veremos que los modos
de regular la reproducción son tan importantes como los modos de producción
para comprender la evolución de las culturas.

Controles culturales sobre el crecimiento demográfico


La mayor parte de lo·s pueblos contemporáneos de cazadores y . reco-
léctores tienen poblaciones cuyas densidades no llegan a un habitante
por milla cuadrada. Si ·estos grupos son representativos de la época prehis-
tórica, el Horno sapiens debió ser una criatura muy rara durante el Pa.leo-
lítico Superior. Tal vez no hubiera más que seis o, a lo sumo, quince
millones de personas en el mundo entero en esta época (Hassan, 1978: 78;
Dumond, 1975; Mark Cohen, 1977 : 54 ), comparados con los casi 4.000
de nuestros días. Ya se tome la estimación superior o la inferior, de lo
que no cabe duda es que, durante decenas de miles de años, la tasa de
crecimiento de la población humana fue muy baja (véase tabla 12.1) . En
potencia las poblaciones humanas pueden doblar sus efectivos cada vein-
tiocho aÍlos, lo que equivale a una tasa anual de crecimiento de alrededor
del 2,5 por 100. Esta fue la tasa de crecimiento observada entre los
!kung durante el período 1963-69 (Howell, 1976a: 141 ); tasas del 3
por 100 o más son frecuentes en la actualidad en los paíse.s subdesarro~la­
dos. Sin embargo, durante la mayor parte de la prehtstona, la población
215
216 Introducción a la antropología general Regulación demográfica y guerra 217
TABLA 12.1 efectos anticonceptivos de la lactancia prolongada. Una hace hincapit en
Tasa de crecimiento ae la población humana la secreción de ciertas hormonas que suprimen la ovulación (Minaguchi
y Meites, 1967). La otra atribuye la falta de ovulación a la dificultad de
5anar peso mientras se da de mamar. Es posible que se requiera un porcen-
Población mundial Tasa de crecimiento
Periodo por ciento y año taje mínimo de grasa corporal antes de que el cuerpo esté preparado para'
al fin al del periodo iniciar otro embarazo (o el primero). La pérdida de calorías que su pone la
durante el periodo
lactancia dificulta el rebasamiento de este límite (Frisch y MacArthur,
Paleolítico .. . 6.000.000 0,0015
1974; Frisch , 1978; Huffman y otros, 1978, 1979; Tuson y Pérez, 1978).
Mesolítico .. . Prescindiendo de cómo produce este efecto anticonceptivo, cada vez es
8.500.000 0,0330 mayor el acuerdo de que efectivamente funciona y puede alargar el inter-
Neolítico ............................. . 75.000.000 0,1000 valo entre nacimiento y concepción más allá de los 3 meses típicos de
Imperios antiguos (hasta nuestra era) .. . 225.000.000 0,5000 madres no lactantes, sanas y sexualmente activas hasta 3 ó 4 años (Lee,
1979; Howell, 1976b).
FUENTES: .Hassan, 1978; Spengler, 1974.

Técnicas empleadas después de la concepción


creció sólo a una fracción de este ritmo potencial (tabla 12.1). Otra ma-
nera de plantear este problema es considerar la capacidad reproductora Las barreras más eficaces contra un rápido crecimiento demográfico son
de la. hembra. humana. Entre los huteritas, una secta religiosa de carácter acontecimientos que influyen en la vida de la criatura después de la con-
agran_o que vive en Canadá, cada mujer tiene una media de 10,7 nacimien- cepción o del nacimiento. En su mayor parte están, hasta cierto punto,
tos vivos du_ra~te su período reproductor. Sin embargo, para mantener la sometidos al control humano. Por ejemplo, casi todas las culturas cono-
tasa de. crec1m1ento del 0,0015 del Paleolítico, la media de nacimientos cidas disponen de una variedad de métodos para acabar con los embarazos
por mu1er tendría que haber sido inferior a 2,1 hijos que sobreviviesen no deseados. Los más frecuentes son aquellos que inducen traumatismos
hasta la ~?ad de 1~ reproducción. ¿Cómo y p9r qué creció tan lentamente o envenenamientos· tanto en la madre como en el feto: Atar fajas apre-
la poblac1on mundial durante un período tan largo? tadas, descargar golpes sobre el abdomen y saltar sobre tablas colocadas
encima del mismo, son algunos de los traumas físicos que provocan el
Las técnicas anticonceptivas aborto. La ingestión de brebajes o purgantes venenosos es una forma
frecuente de trauma químico. Todos estos métodos ponen en peligro a la
Los mecanismos reguladores de la población pueden intervenir antes madre además del feto. Por esta razón, los abortos provocados no figuran,
o después de la concepción. En contra de las creencias románticas sobre probablemente, entre los · principales factores de control demográfico de
los _anticonceptiv.o,s populares, los .pueblos preindustriales no pueden im- lós cazadores y recolectores y otros pueblos preestatales (Devereux, 1967;
pedir_ la co~cepc1on con ~lgo parecido a la «píldora». Su principal medio Nurge, 1975). ·
para 1mpedtr que las mu1eres queden embarazadas es la abstención de la La mayoría de los pueblos preindustriales acortan sistemáticamente
relación heterosexual. Una forma frecuente es el tabú contra esta relación la vida de los hijos no deseados no tanto antes como después del naci-
durante el período puerperal. También las relaciones homosexuales pueden miento. Dicho acortamiento adopta muchas formas. Los infanticidios
formar parte de estos medios, pero se desconoce su efecto sobre las tasas plenamente conscientes y deliberados están documentados en numerosas
de ~atalidad. La prá~tic~ conocida ~orno clitoridectomía -la amputación culturas. En otras, en cambio, la existencia de semejantes prácticas, aun
parcial o. total del c~itons- se realiza en algunos pueblos agricultores de cuando muestren tasas muy altas de mortalidad infantil, no se reconoce
alta densidad de Afnca y puede influir en las tasas de embarazo al reducir abiertamente. Cuando la tasa de mortalidad infantil es más alta para un
el ~eseo de la muje.r. Algunos grupos también practican la infibulación, es sexo que para otro, hay razones para pensar que a los niños no deseados
decir, ~osen los lab10s de la vagina. Ahora bien, al igual que la castración se les alimenta deficientemente o se les cuida peor, aunque quizá no se
masculina, este tipo de operaciones apenas está documentado entre los hagan intentos conscientes por acortar sus vidas. El efecto etic de la
cazadores y recolectores. negligencia sistemática es probablemente más poderoso que el homicidio
Un medio eficaz. de reducir ~2 número de concepciones por mujer es manifiesto como método de reducir la tasa de crecimiento demográfico .
prolongar la lactancia de los nmos. Hay dos teorías que explican los Entre las medidas que afectan a la mortalidad infantil, Susan Scrimshaw
218 Regulación d emográfica y guerra 219
Introducción a Ja antropología general

( 1918) señala. el destete prematuro de la criatura sin proporcionarle ali- dores y recolectores y los primeros agricultores (Cockburn, 1971; Wood,
mentos apropiados para el período de ablactación; la privación de alimen- 1975; Black, 1975; Armelagos y McArdle, 1975). L~ capacidad de r~cu­
tos a los niños enfermos; la negación de alimentos ricos en proteínas a los perarse de estas infecciones está estrechamente relac10na~a c~n el mvel
niños débiles, y el tratamiento descuidado del cordón umbilical. general de salud física, que a su vez está fuertemente mflu1do. por la •
La importancia demográfica del infanticidio y la negligencia sistemá- dieta en especial por unos niveles equilibrados de proteínas (Scnmshaw,
1977 El papel 'de la enfermedad como regulador a largo ~lazo d,e . la '
1
tica es objeto de ,f~erte controversia. Algunos antropólogos sostienen que, ).

dur~nte el Paleolittco, del 25 al 50 por 100 de todos los niños que no población humana es, pues, hasta cierto punto, una conse~~encia, dd .exlto
mu~·1eron. ~e. enferme?ades. naturales perecieron a causa de alguna forma o fracaso de otros mecanismos reguladores de la poblac1on. Solo s1 son
de mfant1c1d10 o negligencia (Hassan, 1973; Birdsell, 1968, 1972). Otros ineficaces estas alternativas y aumenta la densidad demográfica, disminuye
a~irman que la lactancia prolongada supr imió la necesidad de estas prác- la eficiencia productiva y se deteriora la dieta, figurará la enfermedad como
ticas. Entre los !kung (pese a su elevada mortalidad infantil), el infanti- control importante sobre el crecimiento demográfico.
cidio, manifiesto o encubierto, no parece ser un hecho frecuente. Como Hay indicios de que los pueblos del Paleolítico y de ~ri~ci~i?s del
han subrayado Richard Lee (1979) y Nancy Howell (1979b), la lactancia Neolítico el'an relativamente sanos y que, por tanto, la hm1tac1on del
prolongada constituye su principal método para reducir el crecimiento crecimiento demográfico descansaba en controles «artificiales» y no en
demográfico. Sin embargo, la tasa de crecimiento a largo plazo de la po- la incidencia de enfermedades graves. En base a un examen de la estatura
blación !kung es del 0,5 por 100 (Howell, 1976a: 150). Esto significa y número de dientes que faltan en los esqueletos prehistóricos e históricos,
que se dobla cada 139 años. Si esta tasa se hubiera mantenido sólo du- Lawrence Angel (1975) concluye que los pueblos del Paleolítico y prin-
r~nte los últimos 10.000 años del Paleolítico Superior, la población de la cipios del Neolítico gozaban de mejores condiciones físicas que los plebeyos
tierra habría alcanzado la cifra de 604 .463 .000 .000 .000 .000 .000 .000 habi- de las antiguas sociedades de nivel estatal.
tantes al inicio del Neolítico en vez de los 6.000.000 antes mencionados.
Además, s~ dispone de elementos de juicio que indican que una prolongada
dependencia de la leche materna podría producir una salud deficiente en La presión demográfica
niños cuyas dietas no contienen suplementos minerales. La leche materna
carece, por ejemplo, de hierro o cobre. Tanto una lactancia demasiado Todos los mecanismos, naturales y culturales, de regulación demo-
prolongada como demasiado corta puede ser peÜgrosa para el niño y, de gráfica antes mencionados tienen algo en común. Todos comportan «cos-
hecho, los !kung tienen una alta tasa de mortalidad infantil (Willen- tos» psicológicos, fisiqlógicos o conductuales que la mayo~· parte de la
sen, 1979). gente preferiría evitar. Incluso la práctica de una lactancia prolongada
impone restricciones o exigencias ~ la r:iadre lactant~, de las que probable-
mente preferiría liberarse. La abstmencia de la relac1on heterosexual cons-
La influencia de las enfermedades tituye una grave penalidad · para la mayoría de los adultos, y el abort?
traumático el infanticidio y las muertes prematuras provocados por negli-
Los antropólogos que asignan un importante papel al infanticidio y la gencia, de;nutrición o enferme?ad tambié~ son .indeseable~. De ahí que,
negligencia tienden a minimizar el efecto de las enfermedades en las hasta cierto punto, todas las soe1edades .premdustn.al.es ,e~penment~n a,1g.una
tasas de crecimiento del Paleolítico. La mayoría de las grandes enferme- forma de presión demográfica; es decir, costos f1S1olog1co.s y ps1c?log1cos
dad~s .epidémicas de ca:ácter letal - viruela, fiebre tifoidea, gripe, peste contraídos al limitar el crecimiento demográfico por. deba¡o del mvel que
bubomca y cólera- estan asociadas a las densas poblaciones urbanas, más se alcanzaría si no hubiera restricciones sobre la tasa de nacimientos Y los
que a los dispersos cazadores y recolectores o las pequeñas culturas aldea- recursos fueran infinitos . En este sentido, la presión demográfica se pro-
nas . Incluso enfermedades como la malaria y la fiebre amarilla revistieron duce incluso si una población preindustrial no crece o se red~ce: En general,
probablemente menos importancia entre poblaciones de baja densidad, la presión demográfica aumenta en el punto de los rend1m1entos d~cre­
las cuales podían evitar los terrenos pantanosos en los que se crían los cientes (véase p. 201) y es todavía mayor cuando se alcanza la capacidad
mosquitos. (El conocimiento de la relación entre terrenos pantanosos y de sustentación.
enfermedades es muy antiguo, aun cuando no se reconociera en los mos- En los últimos tiempos, muchos antropólog?s .han propuesto te?ría.s
quitos a los agentes portadores de las mismas.) Otas enfermedades como que vinculan la presión demográfica, directa o md1rectamente, con mst;-
la disentería, el sarampión, la tuberculosis, la tosferina, la escarlatina y el tuciones ampliamente difundidas. La guerra preestatal es una de las mas
resfriado común posiblemente tuvieron menos importancia entre los caza- importantes.
220 Introducción a la antropología general Regulación demográfica y guerra 221

La guerra entre los pueblos cazadores y recolectores (1960), algunos hombres que residían en la banda Mandiimbula habían
inferido agravios a individuos per tenecientes a las bandas Tiklauila y
La guerra se define como un combate armado entre gttupos humanos Rangwila. Los agraviados, junto con sus parientes, se aplicaron las blancas
que constituyen agrupamientos territoriales o comunidades políticas dife- pinturas de guerra, se armaron y partieron en número de 30 para combatir_
rentes (Otterbein, 1972). Algunos antropólogos creen que la guerra fue contra los mandiimbula.
1
una práctica universal incluso entre los cazadores y recolectores del Pa- Al llegar al lugar en el que los últimos, debidamente advertidos de su acerca-
leolítico (Lizot, 1979: 151). O tros sostienen que fue un hecho poco miento, se habían agrupado, la partida de guerra anunció su presencia. Ambos
frecuente hasta la aparición de las sociedades estatales. Se ha dicho que bandos intercambiaron entonces algunos insultos y acordaron reunirse formal-
la guerra era desconocida entre los siguientes pueblos de cazadores y reco- mente en un lugar abierto en el que había espacio suficiente para combatir
lectores: los isleños de Andaman, los shoshone, los yahganes, los indios ~ (1960: 84).
mission de California y los tasaday de Filipinas (Lesser, 1968; MacLeish,
1972 ). Sin embargo, puede que estos grupos la practicaran en algún mo- Durante la noche, individuos de ambos grupos se visitaron reanudando
mento del pasado. Por otra parte, William Divale (1972) enumera 37 cul- sus relaciones. Por la mañana, los dos ejércitos se alinearon frente a frente
en el campo de batalla. Los ancianos iniciaron las hostilidades profiriendo
turas de cazadores y recolectores en las que sí está documentada. Algunos
antropólogos atribuyen estos casos al «choque» cultural producido por insultos y acusaciones contra individuos concretos de las filas «enemigas».
el contacto con sistemas coloniales de nivel estatal. Probablemente la Aunque algunos de los ancianos instaban a lanzar un ataque general, sus
guerra fue practicada por los cazadores y recolectores del Paleolítico, pero quejas se dirigían no contra la banda mandiimbula, sino contra uno o,
sólo ª.pequeña escala y esporádicamente, cobrando intensidad durante el a lo sumo, dos o tres individuos. «Así pues, los individuos que empezaron
Neolítico entre las culturas agrícolas organizadas en poblados. a arrojar las lanzas, lo hicieron por razones basadas en disputas individuales.
Los indicios arqueológicos de guerra en el Paleolítico son poco convin- La puntería brillaba por su ausencia, porque la mayor parte de las lanzas
centes. A veces se han interpretado los cráneos mutilados hallados en cue- las arrojaban ancianos» (H ar t y Pilling, 1960 : 84) .
vas paleolíticas como pruebas de canibalismo y caza de cabezas en tiempos No era raro que la persona herida fuera algún inocente que no combatía o
prehistóricos. Pero no se sabe a ciencia cierta cómo murieron los indivi- alguna de las viejas vociferantes que zigzagueaban entre los combatientes, gri-
duos. Aun cuando se practicara el canibalismo, los individuos afectados no tando obscenidades a todo el mundo, y cuyos reflejos para esquivar las lanzas
tenían por qué ser necesariamente enemigos. El consumo de los cerebros no eran tan rápidos como los de los hombres .. . Tan pronto como alguien caía
herido... cesaba inmediatamente el combate hasta que ambos bandos evalua-
de parientes fallecidos constituye una forma frecuente de ritual funerario.
ban las consecuencias de este nuevo incidente (Hart y Pilling, 1960: 84).
La evidencia arqueológica más antigua y convincente en favor de la guerra
se halla en el Jericó neolítico, en forma de murallas, torres y fosos defen- Aunque los cazadores y recolectores rara vez intentan aniquilarse mu-
sivos (Roper, 1969, 1975; Bigelow, 1975). tuamente y a menudo se retiran del campo cuando se han producido una
T ras el desarrollo de poblados permanentes con grandes inversiones en o dos bajas, el efecto acumulativo puede ser bastante considerable. Recor-
cultivos, animales y alimentos almacenados, la forma de guerra cambió. demos que la banda !kung media sólo consta de unas 30 personas. Si
Entre los cazadores y recolectores no sedentarios, la guerra entrañaba un tal banda emprende la guerra sólo dos veces por generación y siempre con
mayor grado de combate individualizado encaminado al ajuste de ofensas la pérdida de un solo varón adulto, las bajas debidas a la guerra explicarían
y pérdidas personales, reales o imaginadas. Aunque los grupos de combate más del 10 por 100 de todas las muertes de varones adultos . Esta es una
podían tener una base territorial temporal, la organización de la batalla y cifra muy alta si se tiene en cuenta que menos del 1 por 100 de todas las
las consecuencias de la victoria o derrota reflejaban la débil asociación en- muertes de varones en Europa y Estados Unidos durante el siglo xx se
tre gentes y territorio. Los vencedores no se adueñaban de territorios ex- debe a bajas en el ·Campo de batalla. Por contraposición, Lloyd Warner
pulsando a sus enemigos. Por el contrario, la guerra entre los cultivadores estimó que entre los murngin, una cultura de cazadores y recolectores del
que viven en aldeas implica frecuentemente un esfuerzo colectivo total, ya norte de Australia, el 28 por 100 de las muertes de ·varones adultos se
que se combate por territorios definidos y la derrota puede acarrear la debía a bajas en el campo de batalla (Livingstone, 1968) .
expulsión de una comunidad entera de sus campos, viviendas y recursos
naturales.
La difusa línea que separa la guerra de la retribución personal entre los La guerra entre agricultores aldeanos
cazadores y recolectores queda bien ilustrada en el siguiente ejemplo de
conflicto armado, observado entre los tiwi de las islas Bathurst y Melville, Aunque los pueblos aldeanos no fueron los primeros en practicar la
en el norte de Australia. Tal como relatan C. W. Hart y Arnold Pilling guerra, sin embargo, sí ampliaron la escala y ferocidad de los enfrenta-
222 Introducci6n a la antropología general Regulación demográfica y guerra 223

1nientos tnilitares. Las casas de las aldeas, el equipo para elaborar los ali- guerra, los yano111amO son políginos (es decir, un ho1nbre tiene varias es*
mentos, los cultivos en los campos, los aniinales do1nésticos, los bosques posas; véase capítulo 14). Esto significa que cualquier 1nujer cuyo 1narido
en sucesión secundaria y las tierras de los huertos de priinera calidad repte" haya inuerto, se vuelve a casar in1nediata1nentc con otro hon1bre. Los ín*
sentan inversiones de capital estrecha1nente identificadas con los ínputs de dices de 111ortali<lad fe111enina, debidos a bajas en co111bate, no suelen
arduo trabajo de grupos hu1nanos específicos. La defensa de esta inversión llegar casi en ningún sitio al 10 por 100 (d. Folgar, 1972: 206), lo qtie
sentó las bases para el desarrollo de identidades territoriales de índole no es suficiente para producir una teducción sustancial en el crecünien'to
estable y excluyent.e. A n1enudo, las aldeas se oponen entre sí co1no ene- de1nográfico. Se ha llegado a conclusiones silnilares con respecto a la guerra
migos tradicionales, se atacan y saquean repetidas veces) y se expropian sus en contextos industtiales. Catástrofes co1no la Segunda Guerra Mundial
territorios. Desde el punto de vista arqueológico, el inicio de la territoriali- «no tienen ningún efecto en el crecínüento o ta111año de la población» (1,i*
dad lo sugiere la práctica de enterrat a los aldeanos fallecidos bajo las vingstone, 1968: 5). Podemos ver esto con más claridad en el caso de
casas que ocuparon en vida (Flannery, 1972). Etnológicamente, la intensi- Vietna111, donde la población continuó incre1nentándose a una tasa fabulosa
ficación de las identidades locales viene sugerida por el desarrollo de siste- del 3 por 100 anual durante la década 1960-1970.
1nas de parentesco basados en la filiación unilineal entre padres e hijos o Sin embargo, entre los pueblos organizados en bandas y aldeas, la
tíos y sobrinos (véase capítulo 15). Como ha mostrado Michael Harner guerra puede alcanzar su principal efecto con10 regulador del crccin1iento
(1970), el desarrollo del interés por la filiación y la herencia está estrecha- de111ográfico a través de una consecuencia indirecta. Willia111 Di vale· ha
mente relacionado con el grado en que las poblaciones agrícolas dejan de demostrado que existe una alta correlación entre la práctica de la guerra
recurrir a la caza y recoleccíón para subvenir a las necesidades de la subsis- y los elevados niveles de 111ortalidad fetnenina en el grupo de edades co1n*
tencia (véase p. 292). prendidas entre cero y catorce años (Divale y Harris, 1976; cf. Hirschfeld
Es probable que la guerra entre los cultivadores aldeanos sea más cos- y otros, 1978; Divale y otros, 1978). Esto se pone de manifiesto en la
tosa, en térn1inos de bajas en el con1bate) que entte cazadores y recolec- razón entre varones y hen1bras en el 111encionado grupo de edad en socieda-
tores se1ninórnadas. Entre los dani de Irían occidental, Nueva Guinea, la des que practicaban activamente la guerra cuando fueron censadas por pri*
guerra tiene una fase ritualista, en can1po abierto (parecida a los encuentros mera vez (véase tabla 12.2).
de. los ti\VÍ que acabainos de describir) 1 en la que se producen escasas
ba1as. I.>ero ta1nbién se lanzan ataques furtivos que causan cientos de muer-
tos y la destrucción y expulsión de aldeas euteras. Karl G. Heider (1972) TABLA 12.2
estima que los dani perdían alrededot del O,5 por 100 de su población La guerra y la proporción entre los sexos
por año debido a la guerra, y que el 29 por 100 de los hombres y el 3
pot 100 de las mujetes fallecía a causa de las heridas recibidas en incur- Né1nero de
siones y e1nboscadas. Entre los yano1na1110 de Brasil y Venezuela, que tienen 1nuchachos por
fama de ser una de las culturas n1ás «feroces» y belicosas del inundo, las cada 100
incursiones y emboscadas furtivas explican alrededor del 33 por 100 de las muchachas
muertes de varones adultos y alrededor del 7 por 100 de las muertes de
mujeres adultas (Chagnon, 1974: 160-161). Guerra presente en el n1on1cnto del censo 128
Interrumpida 2-25 afias antes del censo ... 113

La guerra y la regulación del crecimiento demográfico Interrumpida 1nás de 25 afias antes del censo 109

Puede parecer evidente que la guerra, dado que en ella la gente se FUENTE: Divale y Harris, 1976.
mata entre sí, constituye un freno al crecüniento de1nográfico. Pero la
cuestión no es tan sencilla. Los pueblos belicosos co1no los yanomarnü y
los tse1nbaga n1aring no pueden controlar el creci1niento de su población En general, se acepta que, a escala 111undial, nacen niás muchachos
111atándose unos a otros, según los índices antes n1encionados. El problen1a que 111uchachas, y que la ra:-:ón inedia entre los sexos en el naci111iento es
radica en que los individuos que n1ueren en el con1batc son) en su mayor de unos 105 varones por cada 100 hc1nbras. Sin c1nbargo, este desequili"
parte, varones. Las muertes de vatones provocadas por la guerra entre los brio es n1ucho n1ás pequeño que el hallado en las sociedades que se encucn*
yano1nan10 no tienen ningún efecto a la larga en el ta1naño de su Pobla* tran en estado de guerra. E,sta diferencia sólo es explicable por una 1nayor
ción porque, como casi todas las sociedades preindustriales que practican la tasa de inortalidad entre las niñas y 1nuchachas que entre los nüe1nbros del
224 Introducción a la antropología general Regulación demográfica y guerra 225
l
sexo opuesto. Esta tasa más alta de mortalidad femenina probablemente cuerda con la pauta predicha de trato sistemáticamente negligente de las
refleja la práctica de un infanticidio y de diversas formas de negligencia niñas.
que afectan 1nás a las muchachas que a los muchachos. Hay una alta corre- Los clanes maring creen que el apoyo de sus antepasados resulta nece~
lación entre las sociedades que reconocen abierta1nente la práctica del in- sario para ganar las; guerras. Ahora bien, los antepasados sólo se 1nuestran
fanticidio y las que se encontraban en estado de guerra activa cuando propicios si se les ofrendan cerdos en acción de gracias. Tales ofrendas Se
fueron censadas por prünera vez; en estas sociedades, al tnenos, es eviden- realizan durante una serie de festines que duran unos cuantos n1eses y en
te que el infanticidio fen1cnino era más frecuente que el 1nasculino. los que se sacrifica y consu1ne la inayor parte de la piara. A estos festines
Tal vez la razón de que se 1nate o se tra~ con negligencia a las niñas es- se invita a los aliados para que participen en la acción de gracias y co1npar-
triba en que el éxito en la guerra preindustHal depende del tamaño de los tan la suculenta carne y manteca de los cerdos. Una vez propiciados los
grupos de con1bate masculinos. Cuando las arn1as de guerra consisten eR antepasados co1no es debido y compron1etidos los aliados a prestar asisten-
1nazas, lanzas, arcos y flechas -es decir, instru1nentos dependientes de la cia, se inician las hostilidades. Por lo general, se lucha contra clanes tradi-
fuerza muscular-, la victoria corresponde al grupo que tiene mayor nún1e- cionaltnente ene1nigos, esgrimiendo co1no razones alguna antigua deuda de
ro de varones fuertes y agresivos a -su disposición. Y debido· a los límites sangre o violación de la integridad territorial. El co111bate se escalona en
ecológicos que acotan los efectivos den1ográficos de las sociedades organiza~ varias fases e1npezando con encuentros regulados, como los descritos para
das en bandas y aldCas, las comunidades belicosas tnanifiestan una tendencia los ti\vi (p. 220). Pero si un bando cree tener una ventaja decisiva sobre el
a criar niás varones que hembras. Esta preferencia por los niños varones otro, puede lanzar un ataque por sorpresa directa1nente contra la aldea ene-
reduce la tasa de creciiniento de las poblaciones regionales y, sin entrar a miga: quen1a sus casas; mata tantos ho111bres, mujeres, nifios y,cerdos como
juzgar las intenciones de quienes la practican, puede ayudar a explicar por le es posible, y expulsa a todos los supervivientes de su propio territorio.
qué la guerra está tan extendida entre los pueblos preindustriales. Según Cuando esto se produce, los supervivientes buscan refugio en las aldeas de
esta teoría, la reducción del crecin1iento demográfico regional no se podría sus aliados. No obstante, el clan victorioso no ocupa in1nediata1nente la
alcanzar sin la guerra, puesto que sin la motivación bélica para preferir a parte central del antiguo territorio enemigo. Sus tniembros, según dicen, no
los niños sobre las niñas, cada grupo tendería a reducir al n1ínitno las lo hacen por temor a los espíritus de los enemigos niuertos, quienes per-
penalidades posteriores a la concepción, criar a todas las niñas y aumentar manecen cerca del escenar-io de la destrucción. Pero la razón de que no
ocupen las tiertas de los huertos centrales, abandonadas en su huida por el
su población a expensas de los vecinos. La guerra tiende a igualar estos
enemigo, es también de índole ecológica. Se trata de las tierras que se han
costos, o; cuando menos, a distribuirlos entre todas las bandas y aldeas de
cultivado de modo más intensivo y que, por tanto, más necesitadas están
la región en forma de altas tasas de mortalidad femenina, producidas por el
de barbecho. Los vencedores desbrozan sus huertos en bosques en barbecho
infanticidio y la negligencia, y altas tasas de mortalidad masculina, provoca- en las zonas que antes eran fronterizas tierras de nadie. Por su parte, el
das por el combate. Aunque este sistema puede parecer cruel y despilfarra- clan derrotado obra de la misma manera. Establece sus huertos en la fron-
dor, las alternativas preindustriales -aborto, desnutrición y enfermedad- tera de su anterior territorio, pero en aquellas partes que están próximas
para mantener la población por debajo del punto de los rendimientos de- a las aldeas ainigas en las que se han refugiado. Así, gracias a esta
crecientes tal vez no lo sean menos sino más. 'Queda advertido el lector éxpulsión, se dejan en barbecho las áreas centraJes en las que se ubican
de que esta teoría es suman1ente polémica. los huertos de mejor calidad.
Cuando finaliza la guerra, ambos bandos celebran por separado cere-
monias en las que plantan un árbol sagrado, jurando no en1prender una
Guerra, población y ecología: los maring nueva guerra hasta que no haya crecido y en tanto per1nanezca plantado
en el suelo. Al mismo tiempo, invocan a los antepasados y les prometen
Un eje1nplo clásico de cómo la guerra entre aldeas contribuye a una trabajar denodadamente para recomponer la piara, de tal modo que puedan
distribución más equilibrada de la población regional y a la protección de los agradecerles como es debido haber preservado la vida o conseguido la vic-
recursos críticos lo constituye el de los tsembaga maring (Rappaport, 1968). toria.
Aunque los tsembaga maring, que son uno de los diversos clanes maring, Como he indicado en el capítulo anterior, un cerdo adulto consume
niegan que practiquen el infanticidio salvo cuando nacen gemelos, la razón tantos productos hortícolas como una persona adulta. Cuando aumenta la
entre los sexos en el grupo de edad más joven es de 146 : 100. Otros cla- población porcina, es preciso dedicar un esfuerzo cada vez mayor a ali-
nes n1aring, en cambio, sí lo ad1niten. Por lo demás, las hembras solían mentarla. Pronto la gente se ve obligada a trabajar más duramente y a
estar peor alin1entadas que los varones y, por ende, expuestas ~ mayor ampliar las tierras de sus huertos. Las mujeres, sobre las que recae 1nás
número de enfermedades infecciosas (Buchbinder, s.f.). Todo lo cual con- severamente el peso del esfuerzo extra en los huertos y en la cría de cerdos,
l

226 Introducción a la antropología general Regulación demográfica y guerra 227

ernpiezan a quejarse. Tan1bién surgen otras fuentes de tensión. Los cerdos más de la cuenta en los huertos en barbecho (véase capítulo 22). Así pues,
derriban las e1npalizadas e irru111pen en los huertos. La aldea se convierte el árbol sagrado hace las veces de calendario que registra el paso de inter-
en un hervidero de disputas y sospechas. La gente se acusa n1utua1nente de valos ecológicamente significativos.
brujería. Co1no algunas n1ujeres tienen que cuidar una cantidad de cerdos Ahora bien, ¿qué pasa con los cerdos? ¿Por qué los crían en tal nún1ero
y nifios superior a la inedia, H.appaport observa que son precisa1nente estas y después los sacrifican todos de una vez? Rappaport contó 169 cerdos y
111ujeres aquejadas de exceso de trabajo las prüneras en prornover la 200 tsembaga antes del inicio del festín presenciado por él en 1963 .. Las
can1paña en favor del sacrificio de los cerdos. Así pues, en todas las poblaM 7 /8 partes del peso total de la piara fueron consuniidas durante estas fes-
ciones habrá individuos que sientan la tensión de acercarse al punto de tividades. La fórmula de la página 206 muestra que casi se dedicó tanto
los rcndüriientos dectecientes antes de que todo el grupo experin1ente este esfuerzo a la alin1entación y cuidado de estos anin1ales como al cultivo de
lí1nite. productos hortícolas pata la gente. Entonces, ¿por qué no criar 1nenos
Co1110 indica Rappaport, las causas de frustración o enojo en una po- cerdos y inás gente? La respuesta tal vez estribe en que es posible reducir
blación se incre1nentan geo1nétrica1nente en relación con la presión den10- con facilidad la población porcina cuando provoca una presión den1asia-
gráfica. Y 1nuchos procesos biológicos y sociales se resienten de esta situa- do fuerte sobre los huertos y amenaza al sistema con períodos cortos de
ción. Por eje1nplo, las inadres que están so111etidas a stress pueden dar a luz barbe~ho, escasez de sucesión secundaría y degradación ecológica. Con10
bebés enfennizos y de poco peso; el stress persistente puede afectar a la los d1fere~1tes clanes maríng se dedican continua1nente a poner a prueba
cantidad y calidad de la leche 1naterna. Incluso si no se ha producido ningún su~ cap~c1dades respectivas para defender los territorios (Vayda, 1971),
deterioro fisiológico en la madre o la criatura 1 el stress puede n1enguar la criar 1nas cerdos y n1enos hijos puede pern1itír rápidos ajustes hacia arriba
capacidad de la nJadre para enttegarse al cuidado y protección de su hijo. y hacia a.baj? de la presión que cada grupo local experimenta, ya que su
En se111ejantes circunstancias, sólo una tenue línea separa la muerte pre1na- base terr1tor1al se expansiona y contrae, respectiva1nente 1 con la victoria o
tura por negligencia del infanticidio 1nanificsto. En efecto; las nJujeres están la derrota. Además, los grupos que tienen muchos cerdos per cápita pueden
n1atando a sus criaturas por ali1nentar a sus cerdos. En últüna instancia, atraer aliados1 están 1nejor alünentados y 1 por lo tanto 1 n¡ejor preparados
se hace evidente que el origen de los trastornos está en el hecho de haber para defender y an1pliar su territorio. A la larga, la energía invertida en la
descuidado las obligaciones con respecto a los antepasados. Los ho1nbres cría de cerdos puede dar mejores rendimientos que la invertida en la crianza
salen a inspeccionar el árbol sagrado. Si está lo bastante alto, lo agarran de personas. En ténninos energéticos, los cerdos sitnbolizan las calorías tem-
entre todos y lo arrancan de raíz. Con1íenzan .entonces los preparativos para poraln1ente «excedentes» que las inujeres podrían haber invertido en criar
el f~stín de cerdos. Se invita a los aliados, se sacrifica la píara 1 se da las inás hijas. Pero cuando las hijas crecen y amenazan con «devorar» el bos-
gracias. a los antepasados y se reanudan las hostilidades. Pronto se planta que, éstas no pueden ser sacrificadas ni co1nidas como los cerdos. Esta
otro árbol sagrado y se establece un nuevo intervalo de paz, basado en una teoría puede ayudar a explicar por qué entre los tnaring el cerdo está
nueva repartición de las tierras de los huertos entre los clanes en guerra. considerado co1no un animal sagrado. Los antepasados los comen en vez
Si el i11isn10 clan sufte un nuevo descalabro 1 sus ene111igos ocuparán y de comer a la gente (véase capítulo 22).
rcpla1:itarán el área de sus huertos centrales en barbecho; pero si se
ca1nb1an las tornas, los nuevos vencedores volverán a ocupar su antiguo te-
1Titotio y establecerán sus huertos en la sucesión secundaria que ha tnadu- Explicaciones alternativas de la guerra en Nueva Guinea
rado durante su ausencia.
, ¿Cuánto tiempo pasa hasta que la gente decide que el árbol sagrado Los motivos que los mismos beligerantes aducen para emprender la
esta lo bastante alto co1no para ser arrancado? Rappaport indica que los guer:a ~? ex~lican ~as condiciones etic bajo las que ésta tiene lugar. La
grandes sacrificios de cerdos se realizan norn1almente cada diez o doce años. expltcac1on n1as corriente es la venganza por ofensas o insultos. Tales ofenH
Este período corresponde al intervalo n1íni1no necesario para la regenera- sas ? insultos inc~uyen el homicidio> la violación de la propiedad, la caza
c~?n de la sucesión secundaria. El hecho de que el ciclo de guerra y paz se fumva, el adu!ter10 y el rapto de mujeres. A menudo, la provocación ma-
r1¡a por la altura de un árbol plantado constituye una inedida sünbólica a nifiesta entraña una acusación de brujería. Desde el punto de vista etnic
la par que práctica, del nexo entre la guerra y la conservació;1 del bosque los pueblos organizados en bandas y aldeas emprenden la guerra par~
mantenedor de la vida. Si el árbol sagrado es demasiado pequeño 1 la su- «traer cueros cabelludos», «obtener carne hun1ana», «demostrar su hom-
ces1on secundaria en las tierras ten1poral1nentc desocu1)adas no será lo bría» o incluso «practicar un deporte excitante».
bastante nladura para la teplantación. Pero si el árbol sagrado crece den1a- Los antropólogos no se ponen de acuerdo sobre el sioníficado relativo
siado1 los hombres tendrán dificultades para arrancarlo 1 de la n1isn1a inane- de los factores psicológicos y ecológicos en la provocació~ y reoulación de
ra que tendrán proble1nas cuando se ocupen de los árboles que han crecido la guerra en Nueva Guinea (Koch, 1974; Sillitoe, 1977). P~r ejemplo,
228 Introducción a la antropología general Regulación demográfica y guerra 229

C. R. Hallpike ha subrayado la aparente falta de presión demográfica y de presión demográfica. No es probable que los guerreros que cuestionan su
consecuencias ecológicas beneficiosas en la práctica de la guerra entre los propia causa sean eficaces en el combate cuerpo a cuerpo. Sólo los que
tauade de las tierras altas de Nueva Guinea: están psicológicamente convencidos de que deben matar a sus enemigos
tienen posibilidad de vencer (cf. Moskos, 1969; Givens, 1973).
La cría de cerdos, los festines y danzas, los combates y venganzas entre los
tauade no son biológicamente adaptativos, o incluso socialmente útiles en un
sentido objetivo. Forn1an un con1plejo de rasgos a los que da coherencia la ... Proteínas animales y guerra: los yanomamii
orientación cognitiva y el siste1na de valores de la sociedad. La vida tradiciohal
de los tauade era una fantasía prolongada de poder, una religión cuyos ritos El estilo de .vida yanomamO está dominado por incesantes peleas, in-
eran las aldeas en llan1as; los gritos de los guerreros y las víctimas; las plumas
cursiones, duelos, palizas y 1natanzas y altos índices de infanticidio feme-
y la sangre; el sacrificio de cerdos, y las ,monstruosas figuras de danzantes can-~
tando tumultuosamente en la oscuridad del bosque. No eran sobrios agriculto- nino. Sin e1nbargo, obtienen con poco esfuerzo su principal fuente de ca-
res, calculadores nünudosos de los beneficios y pérdidas para mejorar sus lorías de los plataneros y bananeros que crecen en sus huertos del bosque.
circunstancias materiales, sino salvajes do1ninados por una obsesión colectiva Al igual que los maring, queman el bosque para iniciar la explotación de
con la ·sangre y la muerte. Para ellos, el trabajo en los huertos era una aburrida estos huertos. Pero las bananas y plátanos son plantas perennes que propor-
necesidad que, en la n1cdida de lo posible, había que descargar en las n1ujeres, cionan altos rendimientos por unidad de input de trabajo durante muchos
sólo valioso como fundan1ento de una auténtica ocupación vital: la búsqueda años consecutivos. Co1110 los yanoman10 viven en medio del mayor bosque
de gloria (1977: 253). tropical del n1undo, las pocas que1nas que realizan no a1nenazan con «de~
vorar» los árboles. Una aldea yano1namO típica tiene menos -de 100 habitan~
Sic, embargo, al menos algunos de los habitantes de las tierras altas de tes, una población que fácilmente podría cultivar suficientes bananas o
Nueva Guinea son bien conscientes de la relación entre la guerra y la plátanos en huertos cercanos sin tener que desplazarse jamás. Sin embar-
presión sobre los recursos. Entre los inae enga, estudiados por Mervyn go, las aldeas yanomamü se escinden continuamente en fracciones que se
Meggitt (1977), la densidad demográfica ha alcanzado los 300 habitantes desplazan a nuevos territorios.
por 1nilla cuadrada, y no quedan ya tierras vírgenes o territorios sobre los Se ha sugerido que pese a la aparente abundancia de recursos, el alto
que nadie ejerza derechos de propiedad. Toda la tierra cultivable es explo- índice de guerras entre los yanornarnO es provocado por el agotan1iento de
tada y los niis1nos mae enga piensan que necesitan 1nás tierras para susten- recursos y la presión demográfica. Los recursos en cuestión son las proteí-
tar su creciente población humana y porcina: Grupos locales ha1nbrientos nas animales. Al contrarío de los maring, los yanomamO no tienen fuentes
de tierra usurpan, deliberadamente, los territorios de vecinos más peque- domesticadas de proteínas animales, por lo que deben obtenerlas de la caza
ños y débiles. En más del 70 por 100 de las guerras estudiadas por Meg- y la recolección. Además, a diferencia de muchos otros habitantes de la
gitt los atacantes ocuparon algún territorio. Las expulsiones totales sólo cuenca amazónica, los yanomamO tradicionalmente no han tenido acceso
ocurren en el 20 por 100 de las guerras, pero el efecto acumulado de éstas a los grandes peces fluv)ales y los animales acuáticos que, en otros lugares,
ha sido el desplazamiento de n1ás de 1.500 personas. Las tierras recién con- . proporcionaban proteínas animales de alta calidad, suficientes para abaste-
quistadas son rápidamente explotadas y los grupos mae enga son plena- cer a aldeas con más de 1.000 habitantes. La teoría que relaciona las pro-
mente conscientes de la relación entre el tamaño de sus territorios y su teínas animales con la guerra entre los yanomamO viene a ser como sigue: A
capacidad para atraer esposas y emprender guerras con éxito. medida que las aldeas crecen, la caza intensiva disminuye la disponibilidad
Evidente1nente, objetivos y valores como la búsqueda de gloria juegan de presas en el entorno. La carne de los grandes animales escasea y la gente
un itnportante papel en la regulación y conducción de los conflictos con- se ve obligada a consumir más animales pequeños, insectos y larvas. Se
cretos. Pero a menos que sepamos enunciar las condiciones generales bajo alcanza el _punto de los rendi1nientos decrecientes. Auinentan las tensiones
las cuales los hombres buscan venganza, raptan 1nujeres, violan la propie- dentro y entre las aldeas, y esto las lleva a escindirse antes de agotar de
dad, practican la brujería, ansían la carne del enemigo, etc., las causas de la modo permanente los recursos animales. Esto provoca, asimismo, la escala-
guerra pern1anecerán oscuras. da de incursiones, que dispersa las aldeas yanomamO sobre un extenso te-
Puede parecer extraño que los guerreros que exponen su vida en com- rritorio, a la vez que protege los recursos vitales al crear tierras de nadie
bates annados rara vez traten de comprender por qué actúan así. Pero el que funcionan como reservas de caza (Harris, 1977).
en1nascaramiento de las causas profundas con n1otivos psicológicos super- Los antropólogos con un conocimiento de primera mano de los yano-
ficiales reporta ciertas ventajas a gentes cuyo bienestar depende de la prác- mamo ban rechazado esta teoría. Subrayan el heeho de que no hay indicios
tica de la guerra. Para ser eficaces en el co1nbate, los guerreros deben creer clínicos de deficiencia de proteínas entre los yanomamo: el kwashiorkor,
que el culpable es el enemigo, no el suelo o el bosque o la impersonal una enfermedad provocada por una deficiencia aguda de proteínas, es des·
230 Introducción a la antropología general Regulación den1ográfica y guerra 231

conocido. Han 1nostrado, además, que, al menos en una aldea cuya pobla- ¿Por qué las proteínas anitnales?
ción era de 35 habitantes, el consun10 total de proteínas per cápita era de
75 gramos por día y adulto, cifra muy superior a la ración mínÍlna de Es i1nportante distinguir entre la provisión de un consun10 adecuado de
35 gramos para todas las formas de proteínas recomendada por la FAO. proteínas a partir de fuentes aniinales y a partir de fuentes vegetales. 'fo9as
También han demostrado que las aldeas yanomamo con bajos niveles de las culturas conocidas valoran las fuentes anin1ales 111ás que las vegetales.
consu~o de proteínas (36 gra1nos) guerrean, al parecer, con la misma fre- Esto concuerda con el hecho de que las proteínas ani1nales contienen tddos
cuencia que las que tienen un alto consumo de proteínas (75 gramos) por los a111inoácidos que no pueden ser sintetizados por el cuerpo hu111ano: los
adulto. Finalmente, señalan que otros grupos en el An1azonas, tales como lla1nados an1inoácídos esenciales. Aun cuando diferentes co1nbinaci0nes de
los achuara, consumen hasta 107 gramos de proteínas animales per cápíta y, alin1entos vegetales, tales con10 el 1naíz y las judías o el arroz y las lentejas,
a pesar de todo, son muy belicosos (Chagnon y Haynes 1979; Lizot 1977 pueden ta1nbién proporcionar los n1isn1os elen1entos nutritivos esenciales 1
1979). ' ' ' deben ser consun1idos juntos y en grandes cantidades. Así, las proteínas
Erk Ross ( 1979) señala, sin embargo, que el promedio diario de proteí- anin1ales constituyen un «paquete» n1ás eficiente de proteínas que los ali-
nas animales consun1idas es una cifra n1uy engañosa. Debido a las fluctua- 1nentos vegetales.
ciones en el nú1nero y ta1naño de los animales capturados por los cazadores Las proteínas son vitales para todas las funciones norinales del cuerpo.
yano1na1nü, en realidad hay 1nuchos días en los que se dispone de poco o Sin etnbargo, co1no ha sefialado Nevin Scrin1sha\v (1977), son especial-
nad.a de ..car:ie. En los días en que se captura un gran anín1al como un mente importantes durante períodos en los que el cuerpo ha sufrido un
tapir, el md1ce de consumo puede llegar hasta 250 gramos o más por adul- traun1a a causa de infecciones bacteriológicas o virales, o heridas. Durante
to; pero durante se1nanas enteras 1 el índice de consumo puede que no las fases de recuperación de la enfennedad, la necesidad de consun1ir
sobrepase los 30 gramos por adulto y día. proteínas puede alcanzar hasta 2 y 3 veces los niveles establecidos por
Ade1nás) estas críticas no falsan decisivamente la teoría en cuestión. La la FAO. Ade1nás, el cuerpo no alinacena proteínas para su uso durante
teoría predice que las sociedades aldeanas recurrirán a la guerra antes de períodos de crisis. Como el cuerpo no puede reunir provisiones de reserva,
que se alcance la capacidad de sustentación y el consumo de proteínas de· resulta adaptativo en el sentido de la ley de Liebig (véase p. 201) que
caiga a niveles nocivos para la salud. Así pues, la ausencia de signos clínicos cada cultuta trate de inantener su producción diaria de proteínas en el
d.e deficiencia de proteínas no supone un argumento en contra de la teoría, inás alto nivel posible dados sus 1nodos de producción y reproducción y sus
sino que corrobora la tesis general de que los pueblos organizados en ban- 1í1nites ambientales. Por esta razón, práctica1nente todas las culturas consi-
das y aldeas gozan de altos niveles de salud en la medida que controlan su deran la carne, la sangre o los productos lácteos con10 aliinentos ideales.
crecimiento demográfico. El hecho de que tanto las aldeas que gozan de un (Una explicación altetnativa consiste en que la preferencia por las proteí-
elevado consun10 de proteínas como las que consumen menos manifiesten nas animales es instintiva; Ha1nilton y Busse, 1978.)
idénticos niveles de actividad bélica ta1npoco cuestiona la teoría, porque, Los análisis que no tienen en cuenta la calidad 1 ade111ás de la cantidad)
con10 sucede entre los maring y los 1nae enga, la guerra enfrenta for- de las proteínas animale.s contribuyen a su1nir el proble111a en Ja confusión.
zosa111ente a aldeas que se encuentran en diferentes estadios de ctecí- .- Recurtiendo a pequeños anin1ales, peces con 111uchas espinas, aves flacas y
miento. De ahí que los grupos yanomamO que experimentan escasa huesudas) insectos, serpientes y gusanos 1 los grupos que han agotado gran-
motivación ecológica para en1prender la guerra tal vez no tengan otra op- des recursos de Caza y pesca pueden continuar consun1iendo 35 o 111ás gra-
ción que la de organizar contraincursiones contra grandes grupos que están mos de proteínas anitnales per cápita. Sin etnbargo, tanto a los cazadores
agotando sus reservas de caza y atacando a sus vecinos con menor densi- y recolectores como a los pueblos aldeanos les resulta ventajoso no tener
dad de población para a1npliar su territorio de caza. La teoría en cuestión que depender de estas formas pequeñas y dispersas de vida anin1al. En vez
hace hincapié en que la guerra es un fenó1neno regional que implica ajustes de ello, es menos costoso, en ténninos de esfuerzo hun1ano, con1er, ordeñar
de población y recursos. o sangrar aniinales que proporcionan proteínas en «paquetes» n1ayores y
¿Cómo se puede verificar la explicación ecológica de la guerra entre más concentrados. Asünismo, es señal de agotamiento avanzado de los
los yano111an10? Hay que conocer los siguientes datos: prin1ero, si la can· recursos el que las necesidades 1níní1nas de proteínas se satisfagan, exclusí·
tidad y calidad de las proteínas animales disminuye y/ o el costo laboral va o principal1nente, mediante alin1entos vegetales en lugar de productos
de obtenerlas aumenta cuando las aldeas pasan de 25 a 100 o más habi- animales. Aunque se puede obtener una nutrición adecuada con una dieta
tantes; y segundo, si la frecuencia de la guerra en la región en general pura1nente vegetariana, el margen de seguridad en caso de infección o herí·
aumenta cuando lo hace el tamaño medio de las aldeas y la cantidad y cali- das será necesarían1ente 1nenor que en las culturas en las que las existencias
dad de las proteínas animales per cápita disminuye. Todavía no se dispone de carne u otras fonnas de proteínas ani1nales son abundantes. Por ello,
de estos datos y son difíciles de conseguil". cualquier deterioro en la oferta de proteínas ani1nales per cápita 1 incluso
232 Introducción a la anuopología general Regulaci6n demográfica y guerra 233

desde niveles superiores a los 100 gramos por persona y día, tenderá a ser Prescindiendo de sus efectos sobre el crec11111ento de1nográfico y el
co1nbatido co1no parte de una estrategia adaptativa de c-arácter general en- agota1niento de los recutsos, hay que prestar gran atención a la guerra co1no
can1ínada a 1naxin1izar la supervivencia y bienestar del grupo. detenninante de los roles sexuales n1asculinos y fen1eninos. Dado que en
todas las culturas los combatientes de priinera línea son, pri1nordialmente,
los ho1nbres 1 el casi universal dominio de las econo1nías doméstica y po1í-
Aspectos adaptativos e inadaptativos de la guerra tica por los varones puede estar arraigado en la práctica, igualinente exten-
dida, de la guerra. Este tema se examinará en el capítulo 25.
Reconocer el valor adaptativo general de algunas formas de guerra
como 1necanisn1os de control den1ográfíco no equivale a conceder que 1 en
cualquier caso concreto, la pauta de la guerra en su totalídad sea explicable~ Resumen
en tér1ninos de consideraciones ecológicas, ni tan1poco que la propia fun-
ción de control demográfico se cutnpla sie1npre perfecta1ne11te. En el 1nejor La capacidad reproductora de los seres humanos fue controlada por
de los casos, la guetra constituye una solución pobre a un problema difícil. 1necanis1nos culturales durante la n1ayor parte de la historia y prehistoria
Es decir, aunque sólo n1uera el n1ínin10 de individuos mientras que la po- hu1nanas, n1anteniéndose 1nuy por debajo del ritmo potencial de creci-
blación se mantiene en un nivel óptimo por debajo de la capacidad de 1níento. Con arreglo a este potencial, la población hun1ana puede doblarse
sustentación, desde un punto de vista humano tal sistema deja, evidente- cada veintiocho años. Entre los principales n1edios anticonceptivos figura-
mente, 1nucho que desear. Cualquier adaptación ecológica que exija el ban la lactancia prolongada y la abstención de la relación heterosexual. La
sacrificio de vidas humanas es un rasgo desagradable del ecosistema. La lactancia prolongada puede retrasar el inicio de la ovulación debido al
guerra puede intensificarse hasta el punto en que toda la textura de la vida efecto de la succión del pezón en el sistcn1a horn1onal, o debido al efecto
quede do1ninada por incursiones y n1atanzas, contraincursiones y cop.trama- del costo calórico de la leche materna sobre la capacidad de las madres
tanzas. En estas circunstancias, no sólo puede aumentar el sufrimiento, sino lactantes para elevar el porcentaje de grasa corporal por encín1a de un u1n-
que el sisten1a puede escapar al control humano. Al provocar más muertes bral crítico.
Los conttoles utilizados después de la concepción entre los pueblos
de las precisas para n1antener el equilibrio, y al obstaculizar la eficiencia de
organizados en bandas y aldeas con1prenden el aborto, el infanticidio y el
la producción de alin1entos, la guerra puede causar 1nuchos sufrimientos
trato siste1nática1nentc negligente de los hijos no deseados. l...os abortos
innecesarios, incluso entre cultivadores aldeaii.os preindustriales.
no n1édicos se Provocan n1ediante 1nétodos traun1áticos de índole n1ecáníca
Nada en la relación entre gente, naturaleza y cultura garantiza que to-
o quín1ica y ponen en peligro no sólo la vida del feto, sino tan1bién la de la
dos los siste1nas culturales vayan a estabilizarse en los n1ás altos niveles de
madre. El infanticidio, sobre todo el femenino, está muy difundido, aunque
eficiencia productiva y reproductora. La guerra excesiva es una trampa
a 1nenudo no se reconozca abierta1nente. El infanticidio adopta toda una
ecológica en la que la humanidad ha caído una y otra vez. Además hay que
imperceptible graduación de formas de negligencia en el cuidado de los
subrayar que la guerra no sien1pre produce el efecto de limitar el crecimien-
·neonatos y niños no deseados, los cuales quedan subprotcgídos ante los
to den1ográfico y que, a veces, puede de hecho surtir el efecto opuesto. Si
se logra n1antener el suficiente control político, se pueden incrementar la peligros de las enfermedades y la desnutrición.
Con el en1pleo de estas técnicas> los pueblos organizados en bandas y
producción y densidad de1nográfica y evitar las amenazas al ecosistema
aldeas consiguen limitar sus poblaciones por debajo de la capacidad de
1nediante la continua expansión hacia territorios adyacentes. Corno veremos
(capítulo 17), existe una estrecha relación entre la guerra y el surgimiento sustentación, y al propio tie1npo, logran 1nantener niveles relatívan1ente
evolutivo del Estado. Una vez nacidos, los estados intensifican la produc- altos de salud entre aquellos individuos que sobreviven hasta la 1nadurez.
c1on y reproducción en apoyo de einpresas militares en las que intervienen No parece probable que las enferinedades, por sf solas) supusietan una res-
cada vez más con1batientes, equipos y medios logísticos. tricción significativa sobre el crecin1iento demográfico mientras la densi-
Desde que existe el Estado, la guerra forma parte de un sistema que dad demográfica entre este tipo de pueblos fue baja, los asentamientos
es responsable de la expansión explosiva de la producción y la población. estuvieron dispersos a lo largo y ancho de grandes territorios, y el consu1no
Aunque las causas de tnuchas guerras inodernas deben atribuirse, en parte, de calorías y proteínas per cápita se mantuvo en niveles altos.
al agotan1iento de los recursos y la presión de1nográfica, no hay pruebas de Sin embargo, los más eficaces modos preindustriales de controlar la
que tiendan a restringir la tasa de crecimiento demográfico o proteger el reproducción implicaban una pérdida considerable de vidas hu1nanas y
1nedío an1biente de su progresivo agota1niento. Por el contrarío, constituyen severas penalidades psicológicas o físicas. Cabe hablar, pues, de algún
la n1ayor an1enaza para el ecosistema y la supervivencia hurnana. grado de presión den1ográfica aun cuando una población sea estable o
234 Introducción a la antropología general H.egulación demográfica y guerra 235

incluso dis1ninuya, en el sentido de que siempre hay que pagar un precio nera inás eficaz y 1nenos costosa. A veces, la guerra puede intensificarse de
por 1nantener la reproducción en equilibrio con la producción. 1nanera incontrolada, incluso entre los pueblos preestatales. Por otra parte,
Se dispone de nu1nerosos elen1entos de juicio que ligan la práctica de la en las sociedades de nivel estatal, la guerra tal. v~z. fonne par~e. de un
guerra con la presión den1ográfica y el agotanüento de los recu1sos. Parece sistema para fo1nentar, 1nás que restringir, el crec1n11ento de1nografico Y el
probable que la guerra en ciertos contextos preindustriales ayudaba a res- agotaniiento de los recursos. -
tringir el crecin1iento den1ográfico y proteger los recursos contra su agota-
1niento. La guerra provocaba este efecto 111edíante las 1nuertes en co1nbate,
el estírnulo del infanticidio fe1nenino y la creación de reservas de caza en
tierras de nadie. Esta interpretación ecológica de la guerra se basa en datos
procedentes de estudios ttansculturales que correlacionan las proporcioneS'
de sexos desequilibradas con la guerra activa, y en descripciones deta-
lladas sobre la relación entre los ciclos de guerra y paz y el agota1niento
y la renovación de los recursos. Aunque los cazadores y recolectores y los
agricultores aldeanos pueden ser belicosos, hay razones para pensar que la
guerra era 1nenos frecuente en el Paleolítico que en el Neolítico y que tal
vez es tnás probable entre los agricultores aldeanos debido a las disputas
territoriales.
r~ntre los niaring, las fases de la guerra y la paz están/ al parecer,
reguladas por celebraciones rituales que relacionan la creciente presión
den1ográfica con el inicio de las hostilidades. Esta presión tiene su origen
sobre todo en el increinento de la población porcina, que es periódica1nente
reducida como preludio para el inicio de la guerra. Las hostilidades alejan
a la gente de las tierras de los huertos centrales y fomentan la regeneración
del bosque.
La teoría de que la guerra regula el creclmiento demográfico o impide
el agotatniento de los recursos no es aceptada por muchos antropólogos.
Otros niegan incluso que la guerra sea causada por la presión demográfica
e insisten en que las razones son, sobre todo 1 psicológicas. Sin embargo, la
tierra cultivable está dírectan1ente in1plicada en la guerra de los niae enga.
En el caso de los yanon1an10 1 el papel de las proteínas como factor limitador
en las capacidades regionales de sustentación es centro de una viva polé1ni-
ca. No puede afinnarse que este pueblo sufra una escasez de proteínas. Con
todo, parece probable que a medida que crecen las aldeas, la calidad y can-
tidad de los recursos de proteínas anin1ales disminuye y au1nentan los costos
de obtener dietas de alta calidad. Es razonable y adaptativo que las culturas
humanas traten de mantener la producción y el consumo de proteínas
animales en niveles n1ucho mayores que los mínin1amente necesarios para
evitar la desnutrición. Para poner fin a estas controversias se echan en
falta investigaciones más profundas, que cubran tendencias regionales de
largo alcance en la densidad demográfica y estudien la frecuencia de la
guerra y los cambios en la cantidad y calidad del consumo de proteínas.
De todas forn1as, hay que subrayar que nadie afirma que la guerra es
siempre provocada por la presión demográfica o que sea siempre adaptativa,
en el sentido de regular y distribuir el crecimiento demográfico de la ma-
Capítulo 13 Economía, intercambio y control 237
ECONOMIA, INTERCAMBIO Y CONTROL Las dos definiciones de econon1ía no son necesaria1nente íncon1patibles.
Los antropólogos subrayan el hecho de que las motivaciones para pro-
ducir, intcrca1nbiar y consu1nir bienes y servicios están n1oldeadas por las
tradiciones culturales. Las diferentes culturas valoran distintos bicn<;s y
servicios y toleran o prohíben diferentes tipos de relaciones entre la gente
que produce, intercambia y consu1ne. Por ejernplo, co1no veren1os en bi"eve,
algunas culturas hacen hincapié en la adquisición cooperativa y la práctica
de compartir la riqueza, n1ientras que otras lo hacen en la adquisición
competitiva y en la retención de la riqueza. Algunas culturas subrayan la
propiedad colectiva y otras la privada. Es, pues, evidente que la «econo1ní-
zacíón» tiene diferentes pren1isas y consecuencias en los distintos contextos
culturales. Sin embargo, es posible que bajo especificaciones culturales de
los medios y fines aparentemente diversas, exista un cálculo humano co1nún
tendente a 1niniinizar los costes y 1naxiinizar los beneficios que explica tan-
to el origen co1no la perpetuación de los diferentes siste1nas econóinicos. El
punto de vista adoptado en este libro es que la existencia de relaciones
«n1ini-max» (costos n1ínin1os-beneficios 1náxiinos) es un problcn1a ernpírico
que sólo se puede resolver inediante la investigación e1npírica.

Este capítulo inicia el estudio comparativo de los aspectos estructurales


u organizativos de los sectores econó1nicos de los si<>temas socioculturales. El intercambio
Nos centraremos en la distribución de bienes y servicios 1nediante diferentes
1nodos de intercainbio y en los 1nodos alternativos de controlar el reparto de La mayor parte de lo que es producido por el trabajo humano se dis-
estos bienes entre los individuos, Nuestro foco de investigación se desplazará, tribuye 1nediant.e el interca1nbio. (J_,os casos de consu1no directo por parte
así, de los con1ponentes ínfraestructurales de los sistemas socioculturales de los mismos productores constituyen la excepción.) El intercambio desig-
a los estructurales. Este capítulo está concebido como un puente entre el análisis na la pauta panhumana de dar y recibir objetos y servicios valiosos. Como
anterior de los n1odos de producción (capítulo 11) y los capítulos posteriores hemos visto en el capítulo 3, el aprovisiona1niento en común de los niños
dedicados al origen del Estado y el 1nantenin1iento de la ley y el orden tanto por los hombres y tnujeres adultos es una forma de dar y recibir que, prác-
en sociedades igualitarias como estratificadas.
tica1nente, está restringida a los homínidos y que es ilnportante para la
definición de lo que s,ignifica ser hu1nano. Los seres humanos no pueden
vivir sin intercambiar su trabajo o los productos del mismo entre sí (Ro-
Definición de economía binson Crusoe, incluso antes de la llegada de Viernes, ton1aba, aunque no
daba; los ermitaños también dependen ínevitablernente de bienes que se lle-
En su sentido más restringido, la econontía alude a la asignac1on de van consigo al desierto y normalmente devuelven a ca1nbio de algún tipo de
medios escasos a fines competidores. La mayor parte de los economistas servicio). Sin embargo, las pautas de intercan1bio difieren clara1nente según
profesionales sóstienen que los seres humanos en general tienden a «econo- las culturas. Siguiendo la obra del economista Karl Polanyi, los antropólo-
mizar», es decir 1 asigna~· medíos escasos de tal inanera que se maximice la gos han distinguido tres tipos principales de intercambio: el recíproco 1 el
consecución de los fines y se ininímice el gasto de los inedias. Sin embargo 1 redistributívo y el de niercado. Con10 vere1nos 1 estos diferentes tipos de in-
muchos antropólogos ven la econotnizacíón sólo co1no un aspecto de las tercambio están relacionados con otras diferencias en los niveles infra-
actividades con que una sociedad se abastece de bienes y servicios. Desde estructura! y estructural.
una perspectiva más amplia:

Una economía es un conjunto de actividades institucionalizadas que combinan Los intercambios recíprocos
recursos naturales 1 trabajo humano y tecnología para adquirir, producir y
distribuir bienes materiales y servidos especializados de una manera estructu- Uno de los rasgos más sorprendentes de la vida econom1ca de las so-
rada y repetitiva (Dalton, 1969: 97).
236
, ciedades organizadas en bandas y aldeas es la importancia de los intercam-
238 Econo1nía, intercan1bío y control 239
Introducción a la antropología general

bias 1.·ealiza(!os según el p~incipío conocido con10 reciprocidad. En los inter- apercibido. Así, algunos individuos tendrán fan1a de recolectores diligentes
ca1nb1os _rcc1procos, el fl\lJO de_ s~rvícios y ptoductos del trabajo no parece o cazadores excepcionales) n1ientras que otros adquieren reputación de
dep;nde1 de un. contrafluJo definido. Los asociados en el intercan1bio ton1an gandules o ren1olones. Mecanisn1os específicos que obliguen a los deudores
s~gun su necesidad Y dan sin ninguna regla establecida de tie1npo o can- a sa1<lat la cuenta no existen. Pero sí hay sutiles sanciones para itnpedir
t!dad. que existan aprovechados. La conducta de este estilo genera una corriente
Richard Lee ha descrito de un modo sucinto la reciprocidad tal como soterrada y pern1anente de desaprobación. Los aprovechados acaban su~i,ien­
ocurre ~ntte los 1lrnng. Por la mañana, de 1 a 16 de los 20 adultos de la clo sanciones colectivas. A veces, pueden ser objeto de reacciones violentas
banda .kung abandonan el ca1npa1nento para pasar el día recolectando 0 porque se sospeche que están en1brujados o que han en1brujaclo a otros
cazando. Vuelven al atardecer con el alín1ento que han encontrado. Todo 1ncdiante hechizos (véase p. 309).
lo que se trae al carnpan1ento es cornpartido por igual, prescindiendo der Lo que distingue, pues, al intercan1bio recíproco no es) sin1plcn1ente,
hecho de que los receptores hayan pasado el día durmiendo o cazando: que se regalen productos y servicios sin ningún pensa1niento o expectativa
de devolución, sino 1nás bien que: (1) no hay ninguna devolución in1nedía~
No sólo las. familias r~ú_nen la producción del día, sino que el campamento ta) (2) no se efectúa ningún cálculo sisten1átíco del valor de los servicios y
ente.ro -res1dent~s y v1s1tantes- co1nparte equitativamente los aliinentos dis- productos intercan1biados y (3) no se reconocen abicrtarnente este tipo
ponibles. La co1n1da de cualquier fan1ilia se compone de alimentos aportados de cálculos ni la necesidad de que la balanza acabe nivelándose.
~o;-- todas ? c~da una de las dcinás fainilias residentes. Los productos alimen- ¿No hay) entonces, intercan1bíos correspondientes a lo que Bronisla\V
t.1cios_ se distnbuyen cru~os o son preparados previamente por los recolecto-
Malino\vski llan1aba «regalo puro»? ¿Síen1pre hcn1os ele buscar 1notivos
res .. I:fay un constante flu¡o de nueces, bayas, raíces y rnelones entre los hogares
fan:1hares, h~sta que cada residente ha recibido una parte equitativa. A la ocultos, egoístas) inateriales cada vez que los productos del trabajo se
manana .sig~1:nte, un grupo disti~to de .rec.olec~ores sale del cainpamento y, transfieren de un individuo o grupo a otro? No queren1os decir nada <le
~~)~do reg1esa al atardecer, se repite la d1stnbuc1ón de alimentos (Lee, 1969b: esto. La concesión de regalos sin ninguna reciprocidad tangible en servicios
o productos es un fenón1eno universal. De hecho, esta relación se está vol-
viendo cada vez 1nás frecuente en todo el n1undo industrializado. l~:n los
A la postre, todos los adultos habrán participado en la recolección o contextos preindustriales, los padres generalinente esperan y reciben reci-
cazai Y habrá1: ~ado y .recibido alin1entos. Durante largos períodos de tiem- procidad 1naterial por sus esfuerzos en la crianza de los hijos. Los hijos
po pu~den ~xistll: considerables desigualdades en la balanza del dar y recibir corresponden trabajando en faenas agrícolas y Jon1éstícas a una edad n1uy
ent1e 1nd1v1duos, pero ello no da lugar a habladurías o acciones especiales. temprana, y esta relación continúa hasta la vejez de los padres, quienes
En todas la~ culturas se. da alguna forma de ínterca1nbio recíproco 1 sobre frecuente1nente finalizan sus vidas con un saldo neto de trabajo y produc-
~odoi entre par1ent~s y amigos. En Estados Unidos, por eje1nplo, los 1nari- tos a su favor. En ca1nbio, todos los estados industriales cont:en1poráneos
?S _Y esposas, a1n_igos, hermanos 1 her1nanas y otros parientes regulan y tienden hacia un saldo de interca1nbios entre pad1·es e hijos favorable a la
a1ustan una pequena parcela de su vícla econótnica según transacciones de generación n1ás joven. Los padres deben depender cada vez 1nás de sus pro-
to1na Y .daca de carácter informal y desinteresado. Los jóvenes no pagan pios ahorros y de la ayuda estatal en forn1a de seguros, pensiones, subsidios
sus. co1111das en casa o abonan un alquiler por el coche de sus padres. Las de vejez y otros progran1as de bienestar social para n1antenerse durante
1~u3eres no cobran pot cocinar la con1ida. Los an1ígos se hacen regalos el períodos de enfermedad y la vejez (Minge-Kalman, 1977).
dra d~ su cu1npleaños y en Navidad. Sin embargo, estos íntercan1bios sólo Nadie pone en duda, pues, que algunos seres humanos se desprenden
constituyen una porción inínin1a de los actos totales de interca1nbio. La voluntarian1ente de sus posesiones n1ás valiosas sin esperar ninguna reco1n-
gra.n n1~y.oría de los ü:t~rcan1bios en las culturas niodernas implican contra- pensa material a ca1nbío. Pero tan1bién está fuera de toda discusión que
flu¡os ngidamente <lefmidos que se deben realizar en un plazo determinado. algunos seres humanos, en todas las poblaciones, tenderán a «aprovechar-
se» si se les presenta la ocasión. Aunque todo niodo ele producción puede
tolerar un cierto nú1nero de este tipo de personas, en algún punto debe
El problema de los aprovechados establecer un lín1ite. Es decir, ninguna cultura puede basar la producción y
distribución de bienes y servicios en sentitníentos puran1ente áltruistas. Lo
To.dos sabemos por propia experiencia con los regalos de cumpleaños que sucede, sobre todo en las sociedades del nivel de las bandas y las al-
Y Navidad que no ,c~mphr con los deberes de reciprocidad suscita malestar deas, es que los bienes y servicios son producidos e intercan1bíndos recípro~
entre parientes prox1mos y amigos y entre maridos y esposas. Los «gorro- can1ente de tal inodo que las nociones de balance, deuda u obligación n1a-
nes» no gozan de la.s simpatí~s de nadie. En las culturas organizadas en terial se n1antienen en una posición subordinada desde un punto de vista
bandas Y aldeas, el 1ntercamb10 claran1ente asünétrico ta1npoco pasa des- ernic. Como en el caso de los intercan1bios en el seno de la nioderna uni-
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240 Introducción a la antropología general Economía, intercambio y control 241

dad don1éstica euroa1nericana, esto se lleva a cabo expresando la necesi- bros de diferentes bandas o aldeas llegan a considerarse unos a otros con10
dad del intercan1bio recíproco en forn1a de obligaciones de parentesco. Di- parientes nletafóricos. Los que participan en las expediciones comerciales
chas obligaciones de parentesco establecen expectativas recíprocas respecto tratan exclusivamente con sus asociados, de quienes reciben el trato de
a los alin1entos, la vestin1enta, el alojan1iento y otros bienes econó1nicos. «het1nanos», así con10 alirnento y alojainiento. Los asociados se rigen_ en
Las transacciones basadas en el parentesco sólo constituyen una parte sus tratos de acuerdo con el principio de la reciprocidad, niegan estar iñte-
111uy exigua de los 1nodernos siste1nas de intercambio, n1ientras que en los resados en salir ganando de la negociación y ofrecen sus nlercancías en •for-
pueblos organizados en bandas y aldeas casi todos los interca1nbios ocurren ma de regalos (Heider, 1969).
entre parientes o al menos an1igos ínti1nos, para los que dar, recibir y usar
b~enes está in1pregnado de un significado sentünental y personal.
El Kula
)
La reciprocidad y el comercio El eje1nplo clásico de las asociaciones de comercio se describe en la obra
de Bronislaw Malinowski, Argonauts of the Western Pacific. Los argonau-
La reciprocidad es la forma dominante de intercambio dentro de las tas en cuestión son los isleños trobriandeses, quienes co1nercian con la isla
sociedades organizadas en bandas y aldeas. Pero incluso los cazadores y vecina de Dobú) emprendiendo audaces víajes en canoas a través de mar
recolectores desean objetos de valor, tales con10 sal) sílex) obsidiana) ocre abierto. Todo el complejo vinculado a este co1nercio se conoce con10 el
rojo, cañas y miel, que son producidos o controlados por grupos con los que Kula. Según los hombres que arriesgan 1, vida en estos viajes, la finalidad
no tienen ningún lazo de parentesco. Entre pueblos organizados en bandas dCl- con1ercio del Kula es interca1nbiar adornos de conchas con sus asocia-
y aldeas, las transacciones econó1nicas entre individuos no e1nparentados d_qs. Los adornos, denotninados por los trobriandeses vaygt/a, consisten
se basan en el supuesto de que todos los qÜe en ellas intervienen tratarán en brazaletes y collares. Cuando co1nercian con los dobuanos, qüe vh1 en al
de salir ganando en el intercambio 1nediante argucias y hurtos. Con10 con- sureste, los trobriandeses dan braz::~etes y reciben collares. Cuando lo hacen
secuencia, es probable que las expediciones con1erciales sean extren1ada- con las gentes que viven en el suroeste, dan collares y reciben brazaletes.
mente peligrosas y guarden cierto parecido con partidas de guerra. L.os brazaletes y los collares se co1nercian en direcciones opuestas de isla en
Un tnecanismo interesante para facílitar el comercio entre grupos dis- isla y) con el tie1npo, pasan a través de sus puntos de origen procediendo
tantes sé denomina contercio silencioso. Los objetos a intercatnbiar se ex- de la di,rección ópuesta a aquélla en la que se interca1nbiaron por priine-
ponen en un calvero y el prin1er grupo se rCtira. El otro inspecciona las ra vez.
nlercancías y deposita los productos que estiina son un interca1nbio justo. La participación en el co1nercio del Kula reptesenta una ainbición in1-
F~l pritner grupo vuelve y, si está satisfecho, retira los objetos íntercan1bia- portan_te para la juventud y una pasión rayana en el paroxis1no para los
dos. E,n caso contrario, deja intactas las inercancías en sefial de que todavía h6n1bres 1naduros. Los vaygu'a se han comparado con las joyas de fatnilia
no se ha igualado la cuenta. Los mbutí del bosque Ituri interca111bian de o las joyas reales. Cuanto 1nás antiguos son y nlás con1pleja es su historia,
esta nlanera carne por bananas con los agricultores bantúes, y los veddas de .n1ás valor tienen a los· ojos de los trobriandeses. Nada se hace con ellos
Sri I.,anka intercambian con los cingaleses n1iel por útiles de hierro. e• salvo po~·tarlos con10 adornos en algunos acontecin1íentos ceretnonialcs;
En las aldeas agrícolas preestatales encontran1os relaciones co1nerciales el resto del tien1po pern1anecen en casa 1 donde se exan1inan y adn1iran de
más desarrolladas. Condiciones especial1nente favorables para la aparición de vez en cuando en privado. Aunque están considerados con10 las posesiones
mercados parecen haber existido en Melanesia, donde, con10 en Malaita 1nás valiosas de un hon1bre, sólo se pueden usar para obtener otros brazale-
en las islas Salomón, las 111ujeres intercan1biaban con regularidad pescado tes o collares.
por cerdos y vegetales bajo la protección arn1ada de sus hon1bres. Entre los Cada expedición exige an1plios preparativos sociales y rituales. Para
kapauku de Nueva Guinea occidental tal vez existieran 1nercados plena- co111placer a los asociados, se llevan algunos regalos de nlenor iinportancia
mente desarrollados 1 que usaban conchas y abalorios co1no dinero (véase ade111ás de los vaygu 1a. Estas asociaciones se trans1niten nonnaln1ente de
infra), antes de la llegada de la dominación europea. Sin embargo, hablan- un pariente a otro, y los jóvenes se inician en el con1ercio del Kula here-
.do en general 1 el 1nercado y el dinero co1no 1nodo regular de co1nercio están dando o recibiendo un brazalete o un collar de un pariente. Cuando la
asociados a la evolución del Estado y al n1antenÍlniento del orden inediante expedición llega a la orilla, los asociados se saludan e intercan1bian regalos.
fuerzas policiales y 1nilitares. Después, los trobriandeses hacen entrega de los preciosos brazaletes, entre-
Tal vez la solución más frecuente al problema del con1ercio sin lazos ga que va acompañada de discursos rituales y actos fonnales en los que se
de parentesco o increados supervisados por el Estado sea el establecitniento resalta el carácter de regalo honorable que posee el 'intertii11bi·o-:··--Con10
de asociaciones especiales de co1nercio. Mediante esta institución, los miem- sucede en las transacciones recíptocas dentto de la fa1nilia, los asociados
242 Introducción a la antropología general Economía, intercambio y control 243

a veces no disponen inn1ediata1nente de un collar de valor con1parable al de1nográfica, el agotan1iento de recursos, el increinento de la guerra y el
del btazalete que acaban de recibir. Pero, aunque el viajero tenga que surgimiento de las clases y el Estado (véase capítulo 17). ..
retornar con las tnanos vacías, salvo por lo que a algunos regalos prelin1i- Hay que distinguir las formas igualitarias de las formas estratificadas de
nares se refiere, no se quejará. Sabe que su asociado trabajará duro para redistribución. La redistribución, con10 sistema de interca1nb10 1guahta~10,
co1npensar la de1nora, presentándole un collar todavía 111ás valioso en su corre a cargo de un redistribuidor que ha trabajado más duro que nadie
próxüno encuentro. para producir los artículos que se van a distribuir, que guarda para sí 1nis'mo
¿A qué obedece todo este esfuerzo por obtener unas pocas baratijas la parte más pequeña o nada y que, una vez que todo ha ~ca~)ado, se que?a
de valor sentí111ental o estético? Co1110 sucede a 111enudo, los aspectos etic con menos posesiones 1nateriales que ninguno. Por cons1gu1ente, Ja redis-
del Kula, son diferentes de los·- aspectos erni'c. Las cn1barcaciones que tribución en su forma igualitatia no patece ser sino un caso extremo de
·ron1an parte en la expedición del Kula suelen estar cargadas de artículos reciprocidad; el generoso proveedor lo distribuy~. todo y no espera nada
co1nerciales de gran valor práctico en la vida de los diferentes pueblos a cainbio salvo la admiración de los que se benefician de sus esfuerzos.
isleños qu~ intervienen en el anillo del Kula. Mientras otros n1Íembros de Sin e~bargo, en la modalidad estratificada, el redistribuidor se abstiene
la expedición truecan a,rt_í_c_t,~l_o_~ __gg j)_t:i_p1e_r:1 )lC_ce_sídad, los asociados en el de trabajar en el ptoceso de producción, se queda con la tnayot parte y
con1ercio acarician y ad111ú:;ln- ¿~1s inestin1abJes joyas de fan1ília. _En la 111edida termina con más posesiones materiales que nadie. .
en que todos están de acuerdo en que la expedición no se ocupa en realidad El intercambio redistributivo, al igual que el recíproco, se inserta, ge-
de artículos 1nundanos de prin1cra necesidad, tales co1no cocos, harina ·de
neralmente en un conjunto complejo de relaciones de parentesco y rituales
sqgú, pescado, ña1nes 1 cestas, esteras, espadas y palos de inadera, glauco-
que puede~ oscurecer el significado etic de la conducta ,de intercambio.
nita para útiles, conchas de 1nejillones para cuchillos) enredaderas y lianas
para cuerdas, estos artículos se pueden regatear con itnpunidad. Aunque La redistribución adopta a menudo la forma de un festm para celebrar
ningl1n trobriandés lo adn1ita, o incluso conciba que ésta pueda ser la algún acontecimiento importante) como una cosecha, el final de un tab~
verdad 1 -los __ va.vgu'ct son valiosos no por sus cualí_dades co1no joyas de ritual la construcción de una casa, una muerte, un nacimiento o un matn-
fan1ilía/---síno por el don) -realn1ente ínestin1able, que supone el cbúietcio moni~. Un rasgo co1nún de los banquetes redistributivos n1elanesios con-
que hacen posible (cf. Uberoi, 1962). siste en que los huéspedes se atiborran de comida, se internan tan1baleán-
dose en la espesura, vomitan introduciéndose los dedos en. la garganta
y regresan despUés para seguir comiendo con renovado entusiasmo .. Otro
El intercambio redistributivo rasgo común de los banquetes redistributivos es la actitud jactanc1o:a y
competitiva de los redistribuidores y sus parientes respecto a otros ind1~
La evolución de los siste1nas econon11cos y políticos desde las bandas viduos o grupos que han dado festines. Esto contrasta notablemente con el
y aldeas a las jefaturas y estados es) en gran n1edida, una consecuencia del intercambio recíproco. Examinemos con más detenimiento este contraste.
desartollo de forn1as de interca1nbio coactivas) que suplen o sustituyen
casi total1nente al intercan1bio recíproco. Las forn1as de intercan1bio co?i.cti-
vas no han surgido co1no una oposición súbita y plenamente desarrollada La reciprocidad frente a la redistribución
a las forn1as recíprocas. Más bien, es probable que aparecieran por prin1era
vez co1no una extensión de las fonnas recíprocas fa1niliares. La fanfarronería y el reconocimiento de Ja generosidad son incompati-
J_,a 1nejot n1anera de con1prender el sisten1a de interca1nbio que califíca- bles con las normas de etiqueta básicas de los intercambios recíprocos.
1nos de redistribución es conten1plado con10 una extensión de este estilo. Entre los semai de la Malasia central, nadie da nunca las «gracias» por la
En el intercan1bio redístributivo, los productos del trabajo de varios indi~ carne recibida de otro cazador. Después de luchar todo el día arrastrando
viduos diferentes se llevan a un lugar central, se clasifican por tipos, se hasta casa 1 bajo el calor de la Jungla, un cerdo 1nuerto, el cazado_r p~rmite
cuentan y después se distribuyen ent_re productores y no productores indis- que su presa sea dividida en partes exactamente iguales) qu.e se d1str1buyen
tintan1ente. Se requiere un esfuerzo i1nportante de organización para llevar a todo el grupo. Como explica Robert Dentan, expresar grarnud por la parte
sin1ultánea1nente grandes cantidades de bienes a un solo lugar y distdbuir- recibida indica que se es un tipo de persona que calcula cuánto da y cuán-
los en partes definidas. Esta coordinación se consigue nonnaltnente gracias to recibe.
a individuos que actúan con10 redistribuidores. Por lo con1ún, el redistriH
buídor intenta conscienten1ente aun1entar e intensificar la producción, por En este contexto, dar las gracias es de muy mala educación, puesto que sugiere,
lo cual obtiene prestigio a los ojos de sus con1pañeros. Co1no vere1nos, este primero, que uno ha calculado la cantidad del regalo y, en segundo lugar, que
intento está estrechamente relacionado con la expansión de la densidad no se esperaba que el donante fuera tan generoso (1968: 49).
1

244 Introducción a la antropología general Economía, intercambio y control 245

Por tanto, llamar la atención sobre nuestra generosidad equivale a indicar Tribus, traed a vuestro tasador de propiedades para que en vano trate de
que los demás están en deuda con nosotros y que esperamos que nos corres- contar los bienes que serán distribuidos por el gran hacedor de cobre, el jefe
(Benedict, 1934: 190).
pondan. A los pueblos igualitarios les repugna incluso sugerir que han sido
tratados generosamente. Richard Lee cuenta cómo aprendió este aspecto
En el potlatch, los huéspedes continúan comportándose hasta ciertb
de la reciprocidad gracias a un revelador incidente. Para complacer a los
punto como los !kung de Lee. Refunfuñan, se quejan y tienen cuidado d~
!kung con los que vivía, decidió comprar un gran buey y sacrificarlo como
no aparecer nunca satisfechos o impresionados. Sin embargo se realiza un
presente de Navidad. Pasó días buscando en las vecinas aldeas bantúes el
buey más grande y cebado de toda la región. Finalmente, compró lo que
y
cómputo cuidadoso y público de todos los regalos exhibidos distribuidos.
Tanto los anfitriones como los huéspedes piensan que la única manera de
parecía ser un espécimen perfecto. Pero no hubo un solo !kung que no le
asegurase, reservadamente, que había sido timado al comprar un animal ~ liberarse de las obligaciones contraídas al aceptar estos regalos es celebrar
otro potlatch en el que cambien las tornas.
de tan escaso valor. «Naturalmente, nos lo comeremos», decían, «pero nÓ
nos saciará; nos lo comeremos y nos iremos a dormir a casa con las tripas
rugiendo.» Sin embargo, cuando se sacrificó el buey de Lee, resultó estar
cubierto de una gruesa capa de grasa . Al cabo del tiempo, Lee consiguió La ecología cultural de la redistribución y la reciprocidad
que sus informantes le explicaran por qué le habían dicho que su regalo no
tenía valor, aun cuando ciertamente sabían mejor que él lo que había bajo ¿Por qué los !kung aprecian al cazador que nunca llama la atención
la piel del animal. · sobre su generosidad y los kwakiutl y otros pueblos redistribuidores al
que es capaz de jactarse de lo que ha regalado? Una teoría compatible con
Cuando un joven trae tanta carne, llega a creerse un jefe o un gran hombre, y los principios «mini-max» es que la reciprocidad refleja una adaptación a
piensa que los demás son sus servidores o inferiores. No podemos aceptar condiciones tecnológicas y ambientales en las que un incremento en la
esto, rechazamos a quien se jacta, porque, algún día, su orgullo le llevará a producción provocará rápidamente rendimientos decrecientes y un agota-
matar a alguien. Así, siempre hablamos de su carne como si no tuviera valor. miento del medio ambiente. Los cazadores y recolectores rara vez tienen
De esta manera ablandamos su corazón y le hacemos generoso (1968: 62). oportunidad de intensificar la producción sin alcanzar el punto de los
rendimientos decredentes. La intensificación plantea una grave amenaza a
En flagrante violación de estas prescripciones de modestia en los inter- tales pueblos en forma de destrucción de la fauna. Incitar a los cazadores
cambios recíprocos, los sistemas de intercambio redistributivo entrañan pro- !kung a ser jactanciosos supone poner en peligro la supervivencia del
clamaciones públicas de que el anfitrión es una persona generosa y un grupo: En cambio, las aldea~ agrícolas en general disponen de mayor margen
gran proveedor. Esta fanfarronería es uno de los rasgos más conspicuos para mcrementar la producción mediante la inversión de trabajo. Pueden
de los potlatches dados por los americanos nativos que habitan la Costa elevar sus niveles de consumo si trabajan más duro y, aun así, no ponen
Noroeste de Estados Unidos y Canadá. En las descripciones que Ruth en peligro inmediato su e~iciencia tecnoambiental al agotar sus hábitats. Por
Benedict hizo famosas en Patterns of Culture, el redistribuidor kwakiutl S}lpuesto, los kwakiutl no son agricultores . Ahora bien, basaban su subsis-
se nos aparece como un auténtico megalómano. He aquí lo que dicen los tencia en las migraciones anuales río arriba del salmón y el pez-bujía. Al
jefes kwakiutl de sí mismos: usar redes de pesca aborígenes, era imposible que los kwakiutl y sus
vecinos afectaran a- la tasa global de reproducción de estas especies. Así
Yo soy el gran jefe que hace avergonzarse a la gente.
Yo soy el gran jefe que hace avergonzarse a la gente. pues, poseían un modo de producción sumamente intensificable. Además,
Nuestro jefe enciende la vergüenza en los rostros. había fluctuaciones periódicas en la magnitud de las migraciones anuales
Nuestro jefe enciende la envidia en los rostros. de estos peces entre unos años y otros (Langdon, 1979). De ahí que fuera
Nuestro jefe obliga a la gente a cubrirse el rostro por lo que continuamente está ecológicamente adaptativo que los kwakiutl trataran de maximizar su
haciendo en este mundo. producción y recompensaran con prestigio y el privilegio de la jactancia
Dando una y otra vez festines de aceite a todas las tribus. a los que desempeñaban el papel de hacer que todos trabajaran más duro.
¡Yo soy el único gran árbol, yo, el jefe!
¡Yo soy el único gran árbol, yo, el jefe!
Tribus, sois mis subordinadas.
Tribus, os sentáis en el centro de la parte posterior de mi casa.
....
El origen de los potlatches destructivos

Los potlatches fueron objeto de examen científico mucho tiempo des-


Tribus, yo soy el primero en daros bienes.
¡Tribus, yo soy vuestro águila! pués de que los pueblos del Noroeste del Pacífico entablaran relaciones co-
"

246 Introducción a la antropología general Economía, intercambio y control 247

merciales y de trabajo asalariado con rusos ingleses canadienses y nortea- dencia junto a parientes de aldeas más productivas. En esta interpretación,
mericano.s. El descenso de la población y la' afluenci; inesperada de riqueza la jactancia, la distribución y exhibición de riqueza eran anuncios publici-
se com~maron para hacer los potlatches cada vez más competitivos y tarios que ayudaban a reclutar mano de obra para la fuerza de trabajo reuni-
destructivos hacia la época en que Franz Boas empezó a estudiarlos en da en torno a un redistribuidor especialmente eficiente. Dicho sea de paso,
la década de 1880 (Rohner, 1969). En este período la tribu en su totalidad si esta hipótesis es correcta, resulta más comprensible por qué los puebl~s
residía en la factoría de Fort Rupert de la Hudson'~ Bay Company, y entre de la Costa Noroeste prodigaron tanto esfuerzo en la producción de sus
los donantes de potlatches la intención de humillarse unos a otros se había mundialmente famosos postes totémicos. En estos postes estaban grabados
converti~o en una pasión devoradora. Mantas, cajas de aceites de pescado y los «timbres» del jefe redistribuidor a manera de figuras míticas; el derecho
otros ob¡etos de valor eran destruidos deliberadamente quemándolos o a los «timbres» se reivindicaba en base a la cel~bración de potlatches so-
arrojándolos al mar. En cierta ocasión, que Benedict ha 'hecho famosa en ~ bresalientes. Cuanto mayor es el poste, mayor la capacidad de ofrecer
Patt~rns of Cut:ure, se quemó una casa entera por culpa de la excesiva potlatches, y mayor la tentación de los miembros de aldeas pobres a cam-
cantidad de aceite del pescado venida en el fuego. Los potlatches que biar de residencia. Así, la pauta del potlatch aborigen tal vez fuera un
acababan de esta manera se consideraban grandes victorias para los anfi- ejemplo ecológicamente adaptativo de intercambio redistributivo.
triones. Sin embargo, con la llegada de los europeos se produjo un cambio hacia
T?do parece indicar que, antes de la llegada de los europeos, el potlatch formas de redistribución más destructivas . El impacto de las enfermedades
kwakiutl era menos destructivo y más similar a los festines melanesios. europeas redujo la población kwakiutl de los 10.000 habitantes con que
Aunque los festines competitivos son despilfarradores, el incremento neto contaba en 1835 a 2.000 a finales de siglo. Al mismo tiempo, las compañías
en la producción total enjuga las pérdidas debidas al exceso de consumo y el comerciales, fábricas de conservas, aserraderos y campamentos de minas de
despilfarro. Además, después de que los visitantes han comido hasta saciar- oro inyectaron una riqueza sin precedentes en la economía aborígen. El por-
se, todavía queda mucho alimento para que se lo lleven a sus hogares. centaje de gente dispuesta a reivindicar los timbres que simbolizaban los
El hecho de que los huéspedes vengan de aldeas distantes da lugar a logros creció, en tanto que disminuyó el número de gente disponible para
o.tra~ importantes ~entajas ecológicas y económicas. Se ha sugerido que la celebrar la gloria del donante de potlatches. Muchas aldeas fueron aban-
nval~d~d que suscitan los festines entre distintos grupos aumenta la pro- donadas; de ahí que se intensificara la rivalidad por ganarse la lealtad de
ductividad en toda la región más que si cada aldea agasajara sólo a sus los supervivientes.
propios productores. En segundo lugar, como han apuntado Wayne Suttles Un último fac.tor, tal vez el más importante, en el desarrollo de los
(1960) y Stuart Piddocke (1965) en sus análisis sobre el Noroeste del potlatches destructivos fue el cambio en la tecnología e intensidad de la
P.acífico, las redis.~ribuciones competitivas entre aldeas pueden ser ecoló- guerra. Como ha sugerido Brian Ferguson (1979), los contactos más anti-
g1camente adaptativas como medio de paliar los efectos de desastres pro- guos a finales del siglo xvm entre los europeos y los americanos nativos
ductivos de carácter local debidos a causas naturales. La ausencia inesperada del Noroeste del Pacífico se centraron en el comercio de pieles. A cambio
de salmones en un río concreto podía poner en peligro la supervivencia de de las pieles de nutrias, los europeos vendieron fusiles tanto a los kwakiutl
algu?as aldeas, mientras poblados vecinos, situados junto a otros ríos, c;omo a sus enemigos trádicionales. Esto surtió un doble efecto. Por una
contmuaban capturando sus contingentes habituales. En estas circunstan- parte, la guerra se volvió más mortífera; por otra, obligó a los grupos loca-
cias, los ald~anos empobrecidos desearían asistir a tantos potlatches como les a combatir entre sí por el control del comercio que permitía conseguir
les fuera P.os~ble y llevarse tantas provisiones vitales como pudieran obtener la munición de la que ahora dependía el éxito en la guerra. No es de extra-
de sus anfitnones recordándoles cuán grandes habían sido sus potlatches en ñar, pues, que a medida que disminuía la población, los jefes del potlatch
años anteriores. Así pues, los potlatches interaldeanos representaban una estuvieran dispuestos a tirar o destruir una riqueza que carecía de impor-
forma de ahorro en la que el prestigio adquirido en la donación de festines tancia militar para atraer mano de obra para la guerra y el comercio de
servía como talón de salvaguarda. Este se hacía efectivo cuando los hués- pieles.
pedes se torna~an anfitriones, tratando de colocarse en la posición no ya
de deudores, smo de acreedores de prestigio. Si al cabo de los años una
aldea no podía dar potlatches propios, su crédito de prestigio desaparecía. La redistribución estratificada
A este respecto, Thomas Hazard (1960) sugiere una tercera función
e~?lógica de las redistribuciones competitivas, a saber, el trasvase de pobla- Una tenue línea separa las formas igualitarias de redistribución de las
c10n desde aldeas menos productivas a otras más productivas. Cuando un estratificadas. En la forma igualitaria, la aportación a los fondos centrales
grupo empobrecido y sin prestigio no podía ya celebrar sus propios potlat- es voluntaria y los trabajadores recuperan todo o la mayor parte de lo que
ches, la gente abandonaba al jefe-redistribuidor derrotado y fijaba su resi- han aportado o artículos de valor comparable. En la forma estratificada,
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los trabajadores deben contribuir a los fondos centrales o sufrir castigos, y y la compra-venta se convierte en una importante preocupación o incluso
pu~de que no se les dé nada a cambio. En la forma igualitaria, el redistri- obsesión cultural.
buidor carece de poder para obligar a sus seguidores a intensificar la Es posible participar en un intercambio recíproco usando dinero, como
producción, y debe depender de su buena voluntad; en la estratificada el es el caso del amigo que otorga un préstamo sin especificar cuándo hay
redistribuidor tiene este poder y son los trabajadores los que dependen de que devolverlo. También se puede llevar a cabo un intercambio redistJ.'.i-
su buena voluntad. Los procesos responsables de la transformación de la butivo a través del dinero, como en la recaudación de impuestos y 1el
primera forma en la segunda se analizan en el capítulo 17. Aquí sólo indi- desembolso de pagos sociales . Sin embargo, la compra-venta en un mer-
caremos que las formas plenamente desarrolladas de redistribución estratifi- cado constituye un modo distintivo de intercambio puesto que especifica
cad~ implican la existen.cía de una clase de gobernantes con poder para con toda exactitud el tiempo, cantidad y forma de pago. Además, a dife-
obh~ar a otros a cumplir sus órdenes. La expresión de este poder en el ~ rencia de la reciprocidad o la redistribución, una vez concluido el pago
ámbito de la producción y el intercambio da lugar a la subordinación eco- en dinero, no existen posteriores obligaciones o responsabilidades entre
nómica de los trabajadores y su pérdida, parcial o total del control sobre comprador y vendedor. Pueden separarse sin volverse a ver jamás. Los
la producción y el intercambio. En particular, los trab~jadores pierden el intercambios de mercado son , pues, notables por el anonimato y la imper-
control sobre: sonalidad del proceso de intercambio y contrastan con los intercambios per-
sonales y basados en el parentesco de las economías preestatales. Examine-
1. El acceso a la tierra y a las materias primas. mos más detenidamente la naturaleza de esta extraña entidad llamada
2. La tecnología de la producción. dinero.
3. H oras y planes de trabajo.
4. Lugar y modo de actividad productiva.
5. Disposición de los productos del trabajo. El dinero
Las formas de producción e intercambio que dependen de los efectos Tanto la idea como la práctica de dotar a un objeto material de la
coactivos del poder sólo se pueden entender dentro del marco de un aná- capacidad de medir el valor social de otros objetos materiales, animales,
lisis ~~l~tico y eco~ómico combinado. Todos los conceptos adecuados para gente y trabajo son casi universales. Estos objetos utilizados como patrón
el analisis de los sistemas económicos contemporáneos tales como salarios de valor se intercambian en todas partes por bienes y servicios. Por ejem-
rentas, intereses, propiedad y capital, poseen m1a corre;pondiente dimensió~ plo, en gran parte de Africa, un joven entrega ganado a su suegro y recibe
po~ítica. ~sí como la .rro~ucc!ón y el intercambio en las sociedades iguali- a cambio una esposa (véase p. 273 ). En muchas partes de Melanesia se
tanas se rn.s~r tan . en rns t1t~c10nes basadas en el parentesco, los procesos intercambian conchas por instrumentos líticos, vasijas de barro y otros
de produccion e Intercambio en las sociedades de nivel estatal lo hacen artefactos de valor. En otros lugares, cuentas, plumas, dientes de tiburón
en instituciones de control político. y de perro, o colmillos de cerdo se intercambian por otros artículos de
valor y se dan como compensación por muertes u ofensas y por los servicios
El intercambio de mercado : la compra-venta personales que prestan magos, constructores de canoas y otros especialistas.
Sin embargo, salvo raras y a veces controvertidas excepciones, esta «mo-
Los mer~ados aparecen en forma rudimentaria dondequiera que grupos neda» carece de algunas de las principales características de las halladas en
de gentes srn lazos de parentesco y extraños se reúnen e intercambian las economías de mercado . En estas economías, el dinero es comercial o
artículos. Entre los pueblos organizados en bandas y aldeas, el comercio en dinero de mercado, es decir, es un medio de intercambio multifuncional.
mercados normalmente implica el trueque de artículos de consumo: pescado Consta de los siguientes rasgos :
por ñames; cocos por hachas, etc. En este tipo de mercados, anterior al
desarrollo del dinero multifuncional, sólo se intercambia una variedad l. Portabilidad.- Tiene un tamaño y unas formas adecuadas para ser
limitada de bienes o servicios. La mayor parte de las transacciones · de in- transportado durante las transacciones .
tercambio tienen lugar fuera de él e implican diversas formas de reciproci-
2. Divisibilidad.-Sus diferentes formas y valores son múltiplos ex-
dad y redistribución. Sin embargo, con el desarrollo del dinero multifuncio-
plícitos entre sí.
nal, los intercambios mercantiles pasan a dominar todas las demás formas
de intercambio. En un mercado, el precio de los bienes y servicios inter- 3. Convertibilidad.-Una transacción realizada con una unidad de
cambia9os :s .determinado por compradores y vendedores que compiten valor más alto también puede realizarse con múltiplos de valor más
entre si. Pracucamente todo lo que se produce o consume tiene un precio, bajo.
..

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Introducción a la antropología general Economía, intercambio y control 251
4. Generalidad.-:Prácticamente todos los bienes y servicios tienen un convertibles entre sí ni respecto a las otras series. Por ejemplo, la concha
valor monetario. del número 18 es la única que se puede usar para la compra de esposas o
5. Anonimato.-:-Para la ma~~r parte de las compras, todo el mundo para el patrocinio de un festín de cerdos. La concha del número 20 es la
puede concluir la transacc1on al precio de mercado. única que se puede usar como indemnización por un asesinato ritual. Como
observa George Dalton (1965), «reviste casi la misma utilidad describir ~
6. Legalidad.-La naturaleza y cantidad del dinero en circulación festín de cerdo en Rossel como la compra de un cerdo con un ndap c\el
son controladas por el Estado. número 18 que describir el matrimonio en América como la compra de