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Radiacion en iroshima

Hiroshima y Nagasaki, 70 años de efectos secundarios

Los científicos creían que el impacto de la radiación desaparecería en 20 años

Aún hoy aparecen nuevas patologías relacionadas con la bomba atómica

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MIGUEL ÁNGEL CRIADO

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8 AGO 2015 - 13:00 CEST

Ampliar fotoImagen tomada el 8 de septiembre de 1945 de lo que quedaba de Hiroshima. AP


PHOTO/U.S. AIR FORCE

44,4 segundos tardó Little Boy en hacer explosión desde que salió de la panza del B-29 Enola
Gay. En 30 minutos, el hongo radiactivo sobre Hiroshima empezaba a deshacerse. Pero sus
efectos secundarios persisten 70 años después. Miles de supervivientes son atendidos cada
año por enfermedades relacionadas con las dos bombas atómicas que EEUU usó contra
Japón. Incluso, a medida que envejecen, los conocidos para siempre como hibakusha (los
bombardeados, en japonés) desarrollan nuevas enfermedades relacionadas con lo que
vivieron aquel agosto de 1945.

En Hiroshima murieron al menos 80.000 personas el día de la detonación. En Nagasaki,


aunque la segunda bomba, Fat Boy, era más potente que la primera, las muertes rondaron las
40.000. El desvío del artefacto de plutonio y la topografía de la ciudad minimizaron las bajas.
Como habían previsto los científicos y los militares, la mayoría de las víctimas iniciales
sucumbieron a la onda expansiva, la energía térmica generada y la radiación ionizante inicial.
Muchos miles más murieron en los días, semanas y meses posteriores. En total, unas 214.000
personas murieron por el efecto directo de las bombas. Pero, lo que pocos esperaban es que
su impacto duraría no unos años sino décadas enteras.

"Los científicos que crearon la bomba sabían sin duda de los efectos perjudiciales de la
radiación y que la provocarían con ella", dice el profesor del Instituto de Tecnología Stevens
(EEUU), Alex Wellerstein. "Pero, lo que no esperaban es que murieran tantos japoneses por
la radiación, ya que pensaban que todo aquel lo suficientemente cerca de la zona cero de la
bomba como para recibir una dosis fatal de radiación moriría antes por el efecto del fuego y
la onda expansiva. Sin embargo, la realidad no siempre coincide con los modelos teóricos y
entre el 15% y el 20% de las muertes se debieron a los efectos de la radiación", añade este
experto que prepara un libro sobre la historia nuclear secreta de EEUU.

Los políticos, militares y científicos de la administración Truman que trabajaron en la bomba


querían que fuera definitiva, que empujara a Japón a una rendición incondicional. Tras el
ensayo exitoso de Trinity, la primera bomba nuclear, en el desierto Jornada del Muerto
(Nuevo México) unos días antes, estaban convencidos de la devastación que
provocarían Little Boy y Fat Man.

Unos 214.000 japoneses murieron tras las bombas atómicas. Aún quedan otros 200.000
supervivientes
De los varios objetivos propuestos, hubo algunos en aquel grupo que querían tirar la bomba
en la bahía de Tokio. Una explosión de tal envergadura frente al palacio imperial y las
ventanas del Gobierno nipón les obligaría firmar la capitulación y las víctimas habrían sido
casi testimoniales. Sin embargo, ganó el ala dura. Si querían impresionar a los generales
japoneses y, de paso, al mundo entero, con el poder de EEUU en forma de bomba, había que
tirarla en una ciudad para que la destrucción y la mortandad sirvieran de ejemplo. De forma
algo macabra, Hiroshima y Nagasaki formaron parte de una lista de ciudades objetivo que no
había que bombardear con armamento convencional o bombas incendiarias. Querían
reservarlas intactas para la bomba atómica.

Walter Oppenheimer, John von Neumann, Enrico Fermi y otros científicos que participaron
en la creación de la bomba tenían claros los efectos de la radiación. De hecho, Oppenheimer
preparó un documento con instrucciones a seguir por los que lanzaran la bomba para evitar
que les alcanzara. Lo que no tenían tan claro es que sus efectos perdurarían durante tanto
tiempo. Es la paradoja cruel de Hiroshima y Nagasaki, como dice el profesor de
la Universidad de Manchester, Richard Wakeford, "lo cierto es que los estudios con los
supervivientes de la bomba atómica han permitido conocer mucho mejor los efectos de la
exposición a la radiación".

Wakeford, junto a varios colegas de la Universidad de Hiroshima y la Universidad Médica


de Fukushima, han estudiado los efectos a largo plazo de la radiación. La lectura de sus
resultados, publicados recientemente por la revista médica The Lancet, impresiona. El
estudio sistemático de los hibakusha comenzó en 1950, cinco años después de que fueran
detonadas las bombas. El primer estudio (LSS) incluyó a 94.000 supervivientes que se
encontraban en un radio de 10 kilómetros de la zona cero de Hiroshima aquel 8 de agosto.
Tras ampliar el radio y sumar las víctimas de Nagasaki, la cifra fue aumentando.

Según cifras oficiales, en 2014, había 197.159 hibakusha vivos. La cifra no incluye a los hijos
de supervivientes concebidos después de la bomba pero sí a unos 5.000 que aún estaban en
el vientre de su madre cuando estallaron Little Boy y Fat Man. Otros muchos murieron antes
de nacer. De los que nacieron vivos, una buena parte presentaban cuadros que eran nuevos
para la ciencia médica: aberraciones cromosómicas, electroforesis (separación por campo
eléctrico) de las proteínas o polimorfismos en el ADN.

ampliar fotoEl hongo radiactiivo empezó a


disiparse 30 minutos después de la explosión US NATIONAL ARCHIVES /
HANDOUT EFE

Solo tres años después de las bombas, el número de casos de leucemia entre los hibakusha
ya era superior al de las poblaciones no expuestas y el aumento del riesgo relativo
(comparado con grupos de control) tendría su pico a los siete años. Los que eran niños en
1945, presentaron los mayores índices de leucemia de todos los supervivientes. En cuanto a
los distintos tipos de cáncer sólido (sarcomas, carcinomas y linfomas, por ejemplo), el
aumento de la incidencia se detectó a los 10 años. El riesgo de sufrir un tumor se mostró
además muy relacionado con la dosis de radiación recibida.

La edad es un factor que interviene en la carcinogénesis, así que el cáncer se fue manifestando
con mayor fuerza a medida que los supervivientes envejecían. Hoy, la media de edad de los
hibakusha es de 80 años. Según la Cruz Roja Japonesa, de las muertes de supervivientes
registradas en el hospital de Hiroshima desde marzo de 2014, casi dos tercios fueron por
tumores malignos, destacando el cáncer de pulmón, estómago y leucemia.
El estudio preparado para The Lancet también repasa otras enfermedades no relacionadas con
el cáncer. Aquellos que recibieron altas dosis de radiación presentaron y presentan una mayor
incidencia de daños en tejidos, problemas de riñón, infartos cerebrales, alteración del sistema
inmunológico o ataques cardíacos. Lo intrigante es que esta mayor incidencia de estas
patologías no aparece hasta después de 1980, cuarenta años después de las bombas.

Además del cáncer, los supervivientes sufren enfermedades cardíacas, infartos


cerebrales o estrés postraumático

Incluso hoy, aparecen nuevas enfermedades relacionados con la radiación. Un informe de


la Cruz Rojadestaca cómo entre los más de 6.000 hibakusha tratados en los hospitales de
Hiroshima y Nagasaki en lo que va de año, están apareciendo problemas circulatorios. El
doctor Masao Tomonaga, también un hibakusha, experto en los efectos de la radiación
sostiene: "Hasta ahora, creíamos que no había conexión entre la exposición a la radiación y
las enfermedades circulatorias. Sin embargo, a medida que los supervivientes envejecen,
muchos de ellos sufren de ataques cardíacos y anginas".

Y no solo les envenenaron el cuerpo, también el alma. Los sucesivos seguimientos de los
supervivientes muestran la alta incidencia de ansiedad o estrés postraumático. En los
primeros años, además, eran unos apestados. Muchos de ellos sufrieron discriminación a la
hora de encontrar trabajo o casarse. Aún hoy, 70 años después, muchos hibakusha no se han
recuperado de la pérdida no solo de su familia o amigos, sino de toda su comunidad en apenas
unos segundos.

CONCECUENCIAS
Hiroshima y Nagasaki; Consecuencias inmediatas y retardadas
por Detective | Sep 12, 2017 | 5. Edad Contemporánea, 6. Siglos XX y XXI |
Hiroshima y Nagasaki, posiblemente dos de las ciudades más famosas del mundo, y no
precisamente porque sean centros turísticos, o porque tengan monumentos naturales, ni
patrimonios de la humanidad, sino porque esas dos ciudades fueron las primeras en donde se
lanzaron y donde se pudo comprobar el gran poder del arma más tenebrosa y catastrófica que
pudo haber creado el ser humano; la bomba atómica, el arma que supondría el fin de la
segunda guerra mundial, aunque el fin de la misma sería realmente el inicio de muchas
consecuencias que perdurarían en el tiempo, pero no solo en la mente de muchos por lo
sucedido, sino también en los cuerpos de los sobrevivientes por los efectos de las
detonaciones.
Consecuencias inmediatas
Esta arma de destrucción masiva es capaz de arrebatar miles o millones de vidas en cuestión
de segundos, y dejar inhabitada y desolada una ciudad entera, tal y como ocurrió con las
bombas atómicas lanzadas el 6 y el 9 de agosto de 1945, la primera en Hiroshima, matando
alrededor de 166.000 personas y la segunda en Nagasaki, matando a más de 80.000.
Desde un inicio se habían elegido 3 ciudades japonesas como posibles blancos del ataque, la
principal fue la ciudad de Hiroshima, ubicada en el delta del Rio Ota. Esta ciudad tenía un
papel militar importante, ya que albergaba un centro de comunicación y zonas de
concentración de las tropas japonesas, pero distaba mucho de ser una amenaza militar,
pues más del 80% de la población eran civiles.
Desde el mes de marzo de 1945, prácticamente todas las ciudades del Japón habían sido
bombardeadas por las tropas norteamericanas, mientras que Hiroshima permanecía intacta,
pero eso cambio la mañana del 6 de agosto cuando se acercó un avión bombardero, el “Enola
Gay”, a su objetivo principal, el puente “Aioi” con su llamativa forma de T, situada sobre el
rio en el centro de la ciudad, siendo visible incluso a diez mil metros de altura.

Una vez establecido el punto y unos 90 segundos antes de liberar la bomba apodada el “Little
boy”, el bombardero calibra y se concentra en su objetivo unos 3 Km más abajo, y realiza
con cuidado las últimas maniobras, el personal del avión hace cálculos y espera que la
bomba detone a los 43 segundos después de ser lanzada.
Muchas personas cercanas al objetivo inicial sobrevivirían por accidente (o por suerte), pues,
el blanco ya establecido; el puente Aioi, no sería en donde explotaría esta bomba atómica, ya
que los vientos laterales desviarían al ‘Little boy’ por casi 240 metros.
Sobrevivientes a ese fatídico día comentan que era un día normal, las personas iban a sus
trabajos y los niños a las escuelas, no se hicieron avisos de que iban a bombardear la ciudad,
más bien la gente pensó que era un avión meteorológico, por eso nadie corrió a los refugios,
cosa que se hacía antes que bombardearan una ciudad, lo cual ayudaba a salvar vidas. Al no
saber de qué avión se trataba, muchos fueron los curiosos que salieron a mirar la nave que
estaba sobrevolando la ciudad en ese momento, lamentablemente seria esa imagen lo último
que verían.
Su explosión fue el equivalente a 13 Kilotones de TNT y se estima que la temperatura se
elevó a más de 1.000.000°C, más caliente que la superficie del sol, lo que incendió el aire
de repente una luz intensa que iluminó en el cielo, un destello tan intenso que todo el sitio
quedo en blanco por el fuego de la explosión nuclear.
En unos instantes la tripulación que lanzó la bomba pudo observar el hongo nuclear,
que alcanzó rápidamente los 16 km de altura y a su vez sacudió terriblemente al avión por
la onda expansiva y en la ciudad la bomba se extiende 5 km a la redonda. Esta novedosa
bomba en términos nucleares, para la época arrasa la ciudad en segundos, y deja a Hiroshima
convertida en una inmensa llanura, debido a tal acto, más de 100.000 personas mueren al
momento y 70.000 son heridas, se trata de la mayor cifra de muertes jamás causada por una
sola arma, después de la devastadora bomba. Horas después solo se podían ver personas
carbonizadas, otras arrastrándose en el piso totalmente negras y quemadas, en el rio había
miles de cadáveres y montículos de personas sin aliento. Quienes caminaban en medio de ese
horror tenían un aspecto fantasmagórico, ya que no podían ver absolutamente nada, otras
quedaron ciegas, prácticamente eran personas muertas caminando, las bombas fueron tan
destructivas que muchos murieron después por los efectos de la radiación.
Días después del bombardeo en Hiroshima el Presidente Harry Truman anunció; “si el
imperio de Japón no aceptan nuestros términos, pueden esperar una lluvia de destrucción
desde el aire, algo nunca visto sobre esta tierra”, el gobierno Japonés y el emperador Hirohito
no reaccionaron a las declaraciones, más bien consideraban ciertas condiciones para la
rendición, como que se preservara el “Kokutai” o el sistema imperial y política nacional.
Al no haber una rendición, se pusieron en marcha el siguiente bombardeo. El 9 de agosto de
1945, el B-29 Bockscar se dirigió a su primer objetivo, la ciudad de Kokura y Nagasaki como
objetivo secundario, el plan para lanzar la bomba fue igual al de Hiroshima, pero el Bockstar,
al llegar a la ciudad de Kokura, esta se encontraba cubierta en un 70% por nubes que
oscurecía los objetivos del bombardero. Sobrevolaron 3 veces sobre la ciudad, pero fue
imposible visualizar el terreno, además ya el combustible se estaba consumiendo, decidieron
ir al objetivo secundario en donde fue lanzada la segunda bomba, sobre la ciudad de
Nagasaki a las 11:00 am, 40 segundos después la bomba hizo explosión a 460 metros de
altura sobre la ciudad y a casi 3 km de distancia del hipocentro planeado originalmente la
bomba fue bautizada con el nombre de “Fat Man” fue lanzada en esa ciudad causando más
de 80.000 muertes y más de 50.000 heridos.
La cuestión con Nagasaki es que contaba con uno de los puertos más grandes en la parte sur
de Japón y tuvo gran importancia en la guerra debido a su alta actividad industrial, incluyendo
la producción de artillería barcos y equipo militar, pero la bomba en realidad destruyó el
40% de la ciudad, gracias a que la topografía del lugar que evito que el radio de destrucción
fuera mayor.
Consecuencias retardadas
Para quienes lograron vivir respectivamente luego de cada ataque, uno pensaría lo
afortunados que pueden ser, pero muchas de estas personas conocidas como los hibakusha
(los bombardeados) se verían afectados con enfermedades y mutaciones genéticas
relacionadas con la radiación, incluso mucho tiempo después.
Realmente los sobrevivientes no se salvaron, muchos fueron los que quedaron huérfanos,
gravemente heridos, sin hogar ni ningún tipo de refugio, mutilados y permanentemente
afectados por la radiación y efectos post traumáticos de la guerra, ni siquiera los bebés que
aún se encontraban en el vientre de sus madres cuando ocurrió el bombardeo atómico
quedaron libres de efectos, pues muchos de los que nacieron presentaban aberraciones
cromosómicas y alteraciones en su ADN, sin mencionar las deformidades físicas.
Enfermedades como la leucemia ya se hacía presente luego de 3 años de lo ocurrido ya en
1948 en los hibakusha, además de haber aumentado enormemente la presencia de varios tipos
de cáncer en ellos 20 años después, producto de lo ocurrido en 1945.
Las consecuencias ambientales también se hicieron notar, el aire y el agua quedaron
afectados (medio por el cual se presume aumento la presencia del cáncer en los hibakusha),
al igual que la tierra, pues hubo pérdidas de cultivos y zonas de plantación infectadas por la
radiación, y hoy en día se sigue lidiando con ello.
Los hechos en estas ciudades son innegables y desastrosos, todo acto de guerra trae
consecuencias catastróficas en cualquier parte del mundo, es un acto vil y aterrador que hace
sufrir a la humanidad, la gente inocente, a niños indefensos, civiles que no tienen nada que
ver con los conflictos entre naciones y hasta animales y el medio ambiente. Aunque la historia
nos relata que gracias a esas dos bombas fue que ocurrió la rendición de Japón y se llegó al
final de la segunda guerra mundial, rendición que se hizo oficial el 2 de septiembre de 1945,
sus consecuencias han pesado desde entonces hasta nuestros días.
Este hecho quedara plasmado para siempre en la historia como las 2 únicas armas nucleares
usadas en guerra, y al peligro oculto al que la humanidad está expuesta actualmente con
armas nucleares, mil veces más potentes y más destructivas que el “Little boy” y el “Fat
Man”, y la proliferación de las mismas en muchas naciones en las cuales presentan tensiones
hoy en día con grandes potencias y el desencadenamiento de una guerra con estas armas
podría desaparecer el mundo como hoy en día lo conocemos.