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24/8/2018 Doctrina

Coleccion: Dialogo con la Jurisprudencia - Tomo 186 - Numero 05 - Mes-Ano: 3_2014

PROCEDENCIA DE ACCIONES DE AMPARO CONTRA


LAUDOS A ARBITRALES. Algunos apuntes sobre la
extensión del convenio arbitral
Mauricio MARTÍNEZ RÁMIREZ-GASTÓN*

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TEMA RELEVANTE

Con ocasión de la más reciente sentencia del Tribunal Constitucional en materia arbitral, el autor sostiene que la decisión
del Colegiado de conocer el fondo de la controversia fue acertada, pues si bien el demandante es socio de una de las
empresas intervinientes en el arbitraje, ello no implica que no pueda extendérsele el convenio arbitral. Asimismo, afirma
que la declaración de inejecutabilidad del laudo en sede ordinaria no implica necesariamente la improcedencia del amparo
pues el acto lesivo no consiste en la ejecución de lo resuelto sino de los propios actuados arbitrales.

I. RESUMEN DE LA SENTENCIA

Giovanni Mario Paredes Ruiz interpuso demanda de amparo contra el árbitro de derecho, señor Luis Alberto Livelli Matos,
con el objeto de que se repongan las cosas al estado anterior al inicio del proceso arbitral que culminó con el laudo
arbitral contenido en la escritura pública de protocolización, otorgado ante Notario Público de Lima, doctor Walter Pinedo
Orillo.

El señor Paredes sostiene que en el proceso arbitral seguido entre Sociedad Anónima Comercial Industrial Peruana y
Flotal Construcciones Logística y Servicios S.A.C. se vulneraron sus derechos de propiedad, de defensa y al debido
proceso, toda vez que a pesar de no haber suscrito el convenio arbitral, no haber sido emplazado con la demanda, no
habérsele notificado las actuaciones del proceso arbitral ni participado en el arbitraje, se ordenó en el laudo arbitral que
Sociedad Anónima Comercial Industrial Peruana ceda la administración judicial y, de manera indefinida, la posesión del
inmueble de propiedad del Sr. Paredes ubicado en la Av. Nicolás Ayllón Nºs 1211, 1213, 1215, 1217 y 1219, Ate Vitarte a
favor de la empresa Flotal Construcciones Logística y Servicios S.A.C.

Al contestar la demanda se solicitó que sea declarada improcedente, puesto que el 10 Juzgado Comercial de Lima y la
Primera Sala Civil con Subespecialidad Comercial de Lima habían declarado inejecutable el citado laudo arbitral, por lo
que el señor Paredes ya había ejercitado su derecho de defensa ante dichas instancias y, en todo caso, la afectación
constitucional había desaparecido. Cabe señalar que dicha resolución había sido emitida como consecuencia del pedido
de ejecución de laudo de Flotal Construcciones Logística y Servicios S.A.C.

Con fecha 27 de octubre de 2011, el Quinto Juzgado Especializado en lo Constitucional de Lima declaró fundada en parte
la demanda. Sin embargo, la Sala revisora declaró improcedente la demanda, por considerar que los hechos alegados por
el señor Paredes (si se le debió notificar el inicio del proceso arbitral y si suscribió o no el convenio arbitral), no son
susceptibles de ser tramitados en el amparo.

En la sentencia recaída en el Exp. N° 03841-2012-PA/TC1, el Tribunal Constitucional concluye lo siguiente:

• Los medios probatorios demuestran fehacientemente que el Sr. Paredes es el propietario del inmueble objeto del
acuerdo transaccional que integra el laudo arbitral.

• En el proceso arbitral, se dispuso de bienes de propiedad del Sr. Paredes, afectando así sus derechos constitucionales.

• Si Sociedad Anónima Comercial Industrial Peruana y Flotal Construcciones Logística y Servicios S.A.C. advirtieron que
la decisión asumida iba a tener incidencia en los derechos del Sr. Paredes, era obligación de ellos emplazar y/o integrar al
Sr. Paredes al proceso arbitral para que pueda ejercer sus derechos, específicamente el de defensa.

• En el proceso arbitral se ha resuelto sobre aspectos relacionados a los derechos del Sr. Paredes, principalmente sobre
el derecho de propiedad, sin que el Sr. Paredes haya formado parte del convenio arbitral.

• Toda vinculación de las partes al proceso tiene como objetivo principal el respeto y cumplimiento de la decisión final
asumida, razón por la cual es necesario y obligatorio para el juzgador emplazar y/o comunicar a todas las personas que
puedan tener interés en el resultado del proceso, puesto que solo se puede vincular con la decisión a quien participó
válidamente en el proceso.
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• No puede ejecutarse el laudo arbitral respecto de una persona que no ha formado parte del contrato respecto del cual se
acuerda acudir a un arbitraje, razón por la cual se debe declarar la inejecución del laudo arbitral.

• El laudo arbitral es ineficaz y no produce efectos de cosa juzgada. No existe obligación de cumplir lo ordenado en el
laudo arbitral.

El Tribunal Constitucional resolvió declarar fundada la demanda, por haberse acreditado la violación de los derechos de
propiedad y al debido proceso, precisando que el laudo arbitral es ineficaz, inejecutable y no produce efectos de cosa
juzgada.

Sin perjuicio de lo expuesto, el magistrado Calle Hayen emitió un voto singular opinando que debía declararse
improcedente la demanda, pues el laudo arbitral había sido declarado inejecutable por el Poder Judicial.
Consecuentemente, no podía desplegar ningún tipo de efecto jurídico, con lo cual carecía de objeto pronunciarse sobre el
fondo del asunto por haber desaparecido el agravio alegado por el Sr. Paredes.

II. PROCEDENCIA DE AMPARO CONTRA LAUDOS ARBITRALES

Hace algunos años ya, tanto el Poder Judicial como el Tribunal Constitucional han venido corrigiendo la distorsión que se
había producido respecto de la naturaleza excepcional y residual de las acciones de amparo. Así, era frecuente advertir
que los justiciables interponían acciones de amparo como una vía alternativa a la ordinaria o como una manera de
prolongar artificialmente la controversia que se había ventilado y resuelto previamente en otro proceso, incluso si el
proceso primigenio era también un amparo. Por esta razón, el Código Procesal Constitucional incluyó precisiones más
estrictas que la Ley Nº 23506 para declarar la improcedencia liminar de acciones de amparo.

En cuanto a los arbitrajes, tanto el Poder Judicial como el Tribunal Constitucional han establecido claramente que la vía
para cuestionar la afectación de derechos ocurrida al interior de un arbitraje es el recurso de anulación de laudo y no la
acción de amparo. En este sentido y en el caso materia de comentario, ¿el remedio que tenía el Sr. Giovanni Paredes al
tomar conocimiento de lo resuelto en el laudo arbitral era interponer una acción de amparo? ¿No lo era acaso el recurso
de anulación de laudo el remedio natural, más aún si una de las causales de anulación de un laudo es precisamente la
contenida en el artículo 63, 1-b de la Ley de Arbitraje2? ¿No fue precisamente esa una de las razones invocadas por el
Sr. Paredes en su demanda de amparo?

Al respecto, cabe precisar que la norma menciona la afectación realizada a “una de las partes”, siendo el caso que el Sr.
Paredes no fue parte del proceso arbitral por lo que la posibilidad de interponer un recurso de anulación habría estado
limitada, más aún si la propia Ley de Arbitraje exige que los hechos y fundamentos del recurso de anulación hayan sido
previamente objeto de reclamo dentro del arbitraje.

Por esta razón y advirtiéndose que la restricción y delimitación de las acciones de amparo contra laudos arbitrales podían
en algunos casos terminar afectando derechos de terceros, el Tribunal Constitucional expidió la STC Exp. Nº 00142-2011-
PA/TC, caso Sociedad Minera María Julia, ratificando como norma general que no procede interponer amparo contra un
laudo arbitral, pero precisando otros casos en los que, excepcionalmente, sí resulta procedente.

En concreto, el TC resolvió lo siguiente:

“Improcedencia del amparo arbitral

a) El recurso de anulación previsto en el Decreto Legislativo Nº 1071, que norma el arbitraje y, por razones de
temporalidad, los recursos de apelación y anulación para aquellos procesos sujetos a la Ley General de Arbitraje (Ley Nº
26572) constituyen vías procedimentales específicas, igualmente satisfactorias para la protección de derechos
constitucionales, que determinan la improcedencia del amparo de conformidad con el artículo 5, inciso 2) del Código
Procesal Constitucional, salvo las excepciones establecidas en la presente sentencia.

b) De conformidad con el inciso b) del artículo 63 del Decreto Legislativo Nº 1071, no procede el amparo para la
protección de derechos constitucionales, aun cuando estos constituyan parte del debido proceso o de la tutela procesal
efectiva. La misma regla rige para los casos en que sea de aplicación la antigua Ley General de Arbitraje, Ley Nº 26572.

c) Es improcedente el amparo para cuestionar la falta de convenio arbitral. En tales casos la vía idónea que corresponde
es el recurso de anulación, de conformidad con el inciso a) del artículo 63 del Decreto Legislativo Nº 1071; o el recurso de
apelación y anulación si correspondiera la aplicación del inciso 1 del artículo 65 e inciso 1 del artículo 73 de la Ley Nº
26572, respectivamente.

d) Cuando a pesar de haberse aceptado voluntariamente la jurisdicción arbitral, las materias sobre las que ha de decidirse
tienen que ver con derechos fundamentales de carácter indisponible o que no se encuentran sujetas a la posibilidad de
negociación alguna, procederá el recurso de anulación (Decreto Legislativo que norma el Arbitraje, artículo 63 [incisos ‘e’
y ‘f’]) o los recursos de apelación y anulación (Ley General de Arbitraje, respectivamente, artículos 65 [inciso 1] y 73

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[inciso 7]), siendo improcedente el amparo alegándose el mencionado motivo (artículo 5, inciso 2, del Código Procesal
Constitucional).

e) La interposición del amparo que desconozca las reglas de procedencia establecidas en esta sentencia no suspende ni
interrumpe los plazos previstos para demandar en proceso ordinario el cuestionamiento del laudo arbitral vía recurso de
anulación y/o apelación según corresponda.

f) Contra lo resuelto por el Poder Judicial en materia de impugnación de laudos arbitrales solo podrá interponerse proceso
de amparo contra resoluciones judiciales, conforme a las reglas del artículo 4 del Código Procesal Constitucional y su
desarrollo jurisprudencial.

Supuestos de procedencia del amparo arbitral

No podrá declararse la improcedencia del amparo arbitral por aplicación del artículo 5, inciso 2) del Código Procesal
Constitucional, en los siguientes supuestos:

a) Cuando se invoca la vulneración directa o frontal de los precedentes vinculantes establecidos por el Tribunal
Constitucional.

b) Cuando en el laudo arbitral se ha ejercido control difuso sobre una norma declarada constitucional por el Tribunal
Constitucional o el Poder Judicial, según corresponda, invocándose la contravención al artículo VI del Título Preliminar del
Código Procesal Constitucional.

c) Cuando el amparo sea interpuesto por un tercero que no forma parte del convenio arbitral y se sustente en la
afectación directa y manifiesta de sus derechos constitucionales a consecuencia del laudo pronunciado en dicho arbitraje,
salvo que dicho tercero esté comprendido en el supuesto del artículo 14 del Decreto Legislativo Nº 1071.

En el caso de los supuestos a) y b) del presente fundamento, será necesario que quien se considere afectado haya
previamente formulado un reclamo expreso ante el tribunal arbitral y que este haya sido desestimado, constituyendo tal
reclamo y su respuesta, expresa o implícita, el agotamiento de la vía previa para la procedencia del amparo.

La sentencia que declare fundada la demanda de amparo por alguno de los supuestos indicados en el presente
fundamento, puede llegar a declarar la nulidad del laudo o parte de él, ordenándose la emisión de uno nuevo que
reemplace al anterior o a la parte anulada, bajo los criterios o parámetros señalados en la respectiva sentencia. En ningún
caso el juez o el Tribunal Constitucional podrá resolver el fondo de la controversia sometida a arbitraje”.

En el caso materia de comentario, somos de la opinión que el caso del Sr. Giovanni Paredes se enmarca dentro del
supuesto contemplado en el literal c) precedente, por lo que tenía expedito su derecho para interponer una acción de
amparo, más aún si no se encontraba en condiciones de interponer un recurso de anulación de laudo.

Al respecto, Bullard Gonzales precisa: “Entiendo la preocupación del Tribunal Constitucional. En realidad lo que el
Tribunal está pensando –y creo que en eso no le falta razón– es que los terceros no tendrían una vía prevista para
defender sus derechos, porque no podrían alcanzar a presentar una anulación. El pilar de la sentencia del Tribunal
Constitucional es que el recurso de anulación es la vía para defender derechos constitucionales, a la que califican como
igualmente satisfactoria. Pero la ley es clara en señalar que solo las partes pueden acceder a la anulación”3.

Por su parte, Cantuarias Salaverry indica: “En otras palabras, tiene que quedar claro para todos, que el ‘tercero’ podrá
recurrir en amparo, única y exclusivamente cuando no ha participado en forma alguna en el arbitraje y, aun así, se
pretende indebidamente que lo decidido en el laudo le alcance. Demás está decir que si se da este supuesto y el TC
ampara la acción constitucional, lo que corresponderá será disponer que el laudo no se le oponga al tercero, pero el laudo
respecto de las partes del arbitraje no podrá ser modificado ni dejado sin efecto, porque entre ellas es cosa juzgada”4.

Ahora bien, ¿la Primera Sala Comercial no había declarado previamente la inejecutabilidad del laudo? En consecuencia,
¿no resulta improcedente el amparo al desaparecer el agravio y la amenaza de afectación de derechos? El artículo 6 de
la Ley Nº 23506, anterior Ley de Hábeas Corpus y Amparo, preceptuaba que eran improcedentes las acciones de amparo
en caso de haber cesado la violación o la amenaza de violación de un derecho constitucional. Este artículo era
consecuencia lógica de que uno de los requisitos de toda acción de amparo es que la necesidad de tutela sea urgente
ante el peligro de irreparabilidad del daño.

En este sentido, si la afectación desaparecía, también desaparecía la urgencia que justificaba el trámite del amparo por lo
que el mismo devenía en improcedente casi por decantación natural. Sin embargo, en la práctica esta situación originaba
tres grandes inconvenientes: i) archivado el amparo, el agresor repetía la afectación y con ello la necesidad del agraviado
de interponer una nueva acción de amparo; ii) quedaba sin sanción alguna el agresor de un derecho constitucional, el cual
tiene mayor rango y protección que un derecho legal y; iii) se hacía imposible la represión de actos homogéneos.

Sobre el particular, el artículo 1 del Código Procesal Constitucional preceptúa que “si luego de presentada la demanda
cesa la agresión o amenaza por decisión voluntaria del agresor, o si ella deviene en irreparable, el juez, atendiendo al
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agravio producido, declarará fundada la demanda precisando los alcances de su decisión, disponiendo que el emplazado
no vuelva a incurrir en las acciones u omisiones que motivaron la interposición de la demanda, y que si procediere de
modo contrario se le aplicarán las medidas coercitivas previstas en el artículo 22 del presente Código, sin perjuicio de la
responsabilidad penal que corresponda”.

En definitiva, esta es una facultad que el legislador quiso otorgar al juez constitucional para que pueda actuar ante la
lesión de un derecho constitucional y que no pierda su capacidad sancionadora, ni el afectado el derecho de obtener un
fallo en el que, más allá de que sea o no posible reparar el daño, el juez deje constancia de la conducta contraria al orden
constitucional del demandado.

Hay que precisar, sin embargo, que la citada norma señala que el juez expedirá fallo cuando la agresión o amenaza haya
cesado después de presentada la demanda. ¿Qué ocurre entonces si la agresión cesa antes de la interposición de la
demanda? Pues en ese supuesto la demanda será irremediablemente declarada improcedente, tal como lo señala el
artículo 5, inciso 5, del Código Procesal Constitucional.

Por este motivo, si el Poder Judicial ya había declarado previamente la inejecutabilidad del laudo, ¿no debió ser declarada
improcedente la demanda del Sr. Paredes? De los antecedentes no se advierte si la demanda de amparo fue presentada
cuando la justicia comercial ya había declarado inejecutable el laudo y por tanto la misma podía caer dentro del supuesto
de improcedencia del ar-tículo 5, literal 5, del Código Procesal Constitucional. En todo caso, asumiendo que así haya sido,
pienso que la declaración de inejecutabilidad del laudo no supone necesariamente que la afectación constitucional haya
cesado. En efecto, la afectación constitucional que demandó el Sr. Paredes estuvo constituida por lo tramitado y resuelto
en el arbitraje. Fueron los actuados arbitrales (concretamente la expedición del laudo que dispuso del inmueble de su
propiedad) los que afectaron sus derechos constitucionales. La ejecución del laudo, en todo caso, hubiese convertido en
irreparable la afectación. Pero si la afectación estuvo determinada por los actuados arbitrales, resulta válido exigir que
esos actuados arbitrales queden sin efecto para así entender debidamente reparada la afectación constitucional.

III. ALGUNOS APUNTES Y CONSIDERACIONES SOBRE LA EXTENSIÓN DEL CONVENIO ARBITRAL

Conforme se puede apreciar, la demanda de amparo fue declarada fundada en virtud del precedente obligatorio contenido
en la STC Exp. Nº 00142-2011-PA/TC; esto es que el Sr. Paredes era un tercero que no había suscrito convenio arbitral
alguno, además del hecho de que en el proceso arbitral se afectaron sus derechos de propiedad y de defensa al no haber
sido emplazado con la demanda ni notificado con las actuaciones arbitrales.

Ahora bien, la sentencia establece a ese supuesto una excepción al precisar que ello ocurre “salvo que dicho tercero esté
comprendido en el supuesto del artículo 14 del Decreto Legislativo Nº 1071”, que no es otro supuesto que el de extensión
del convenio arbitral a parte no signataria. Por ello, conviene revisar si en este caso concreto el Sr, Paredes pudo haber
estado obligado a participar en el arbitraje como consecuencia de lo dispuesto en la citada norma.

De acuerdo con el artículo 14 de la Ley de Arbitraje, “el convenio arbitral se extiende a aquellos cuyo consentimiento de
someterse a arbitraje, según la buena fe, se determina por su participación activa y de manera determinante en la
negociación, celebración, ejecución o terminación del contrato que comprende el convenio arbitral o al que el convenio
esté relacionado. Se extiende también a quienes pretendan derivar derechos o beneficios del contrato, según sus
términos”.

Al respecto “muchos, equivocadamente, han señalado que el artículo 14 permite la incorporación de terceros al arbitraje.
Este es un error conceptual y escapa al contenido del artículo. El artículo 14 permite la incorporación de partes no
signatarias, es decir de alguien que es parte del convenio, pero que por alguna razón no lo firmó o no aparece
mencionado en el mismo. Sin embargo, basándose en distintas conductas o circunstancias, anteriores, coexistentes o
posteriores a la celebración del convenio, es posible presumir su consentimiento al mismo, todo ello bajo una lectura de
los hechos bajo la luz del principio de buena fe”5. Por otro lado, “(…) hay casos en que se admite que sujetos que no han
sido parte stricto sensu del acuerdo arbitral, sean obligados a participar en el proceso arbitral. En rigor de verdad, se trata
de personas que tienen una relación especial con quienes han otorgado el acuerdo arbitral, que los convierte en una
categoría especial de ‘terceros’, que por alguna razón pueden considerarse ‘asimilados a las partes’”6.

Respecto de los elementos necesarios para incorporar a partes no signatarias al arbitraje, debemos tener en cuenta lo
siguiente:

“4. Elementos para la aplicación del artículo 14

En esa línea consideramos que el artículo 14 puede servir de base, por su estructura, para la incorporación de los
principales supuestos, recogidos en la jurisprudencia y en la doctrina, para la incorporación de partes no signatarias al
contrato. Estos elementos son:

4.1. Consentimiento

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Como ya se indicó el artículo 14 no persigue la incorporación al arbitraje de personas que no han consentido el mismo. Es
justamente lo contrario. Persigue determinar qué supuestos pueden ser entendidos como forma de consentimiento a
arbitrar, incluso en casos en que el consentimiento no se ajuste a los requisitos requeridos en la legislación contractual
común para el perfeccionamiento de un contrato. Durante la discusión del artículo 14 se buscaron identificar supuestos de
hecho en que podría entenderse que tal consentimiento podría existir. La Comisión que elaboró el proyecto desistió de tal
forma de regular el problema cuando advirtió que era muy difícil contemplar con claridad todos los supuestos posibles.
Por eso, cambió la perspectiva y prefirió usar una cláusula general, de texto abierto, para que el intérprete la llenara de
contenido. En otras palabras, dejó un texto que permite al intérprete del convenio arbitral definir qué puede entenderse
como ‘consentir’. De esta manera, el artículo se enmarca dentro de la tendencia de la jurisprudencia y la doctrina, que se
orienta precisamente a buscar cómo la persona pudo consentir, así no haya firmado el convenio o incluso no haya
participado necesariamente en su celebración.

4.2. Buena fe

El artículo acude en ayuda del intérprete y le indica que la interpretación sobre la existencia de consentimiento debe
hacerse según las reglas de la buena fe. Con ello se evitó tener que hacer una enumeración exhaustiva de supuestos,
quedando una norma general, donde el estándar de lealtad se convierte en un mecanismo de interpretación. (…). En la
discusión interna en la Comisión se indicó que la buena fe puede servir para cubrir cualquier olvido o vacío que la norma
pudiera dejar, pero la realidad pudiera demandar. Ello hace la norma permeable a nuevas situaciones comerciales que,
con el tiempo, puedan ser relevantes para derivar el consentimiento.

4.3. Participación activa y determinante

El consentimiento no se deriva de cualquier participación. Actos de mera asesoría o de apoyo no pueden tener como
consecuencia ser considerados como formas de consentir. No es cualquier participación. Es una participación de tal
naturaleza que de ella se derive una relevancia significativa en los hechos o asuntos que terminan siendo objeto de
arbitraje. La conducta debe generar la sensación clara que sería injusto e inadecuado dejar a la persona fuera del
arbitraje, y que permitir evadir sus consecuencias sería consentir en una conducta fraudulenta. Por ejemplo, si la
subsidiaria fue la que ejecutó las obligaciones asumidas por la principal, que era la que había firmado el convenio, la
primera queda sometida al convenio porque sin su participación el contrato no se habría ejecutado.

4.4. Negociación, celebración, ejecución y terminación del contrato

No solo la conducta debe ser relevante, sino vinculada al contenido contractual. No es una conducta satelital al contrato,
son referidas al contrato mismo. Los casos de ejecución parecen los más claros. Si la parte que se pretende traer a
arbitraje ejecutó en parte o en el total de las obligaciones, podrá ser traída al arbitraje (…).

4.5. Pretender derivar un beneficio del contrato

(…) la segunda parte del artículo 14 permite incluir en el arbitraje a aquel que pretenda derivar un beneficio del contrato.
Un ejemplo muy claro es el del contrato a favor de tercero. En ese caso, el beneficiario que pretenda exigir el beneficio
contractual estará sujeto al arbitraje pues, en buena fe, no podría solicitar una parte de lo acordado (aquello que lo
beneficia) sin asumir las cargas y obligaciones que sean necesarias para exigir su derecho (…)”7.

En el caso materia de comentario, no se advierte la existencia de estos supuestos, por lo que no era posible extender los
alcances del convenio arbitral suscrito entre Sociedad Anónima Comercial Industrial Peruana y Flotal Construcciones
Logística y Servicios S.A.C. al señor Giovanni Paredes. Por este motivo, no existía impedimento alguno para, invocando
el literal c) del fundamento 21 de la STC Exp. Nº 00142-2011-PA/TC, se analice el fondo de este asunto y se declare
fundada la acción de amparo.

___________________________

* Socio del área de litigios de Osterling Abogados.

1 El texto completo de la sentencia fue publicado en Diálogo con la Jurisprudencia. N° 185, Gaceta Jurídica, Lima, p. 67 y
ss.

2 Ley General de Arbitraje

Artículo 63.- Causales de anulación

“1. El laudo solo podrá ser anulado cuando la parte que solicita la anulación alegue y pruebe:

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(…)

b) Que una de las partes no haya sido debidamente notificada del nombramiento de un árbitro o de las actuaciones
arbitrales, o no ha podido por cualquier otra razón hacer valer sus derechos.

(…)”.

3 BULLARD, Alfredo. Entrevista: Alfredo Bullard Gonzales. En: Revista de análisis especializado de jurisprudencia. Tomo
41, 2011, pp. 19-21.

4 CANTUARIAS, Fernando. Entrevista: Fernando Cantuarias Salaverry. En: RAE Jurisprudencia. Tomo 41, 2011,
Ediciones Caballero Bustamante, Lima, pp. 23-26.

5 BULLARD, Alfredo y SOTO, Carlos Alberto. Comentarios a la Ley Peruana de Arbitraje. Tomo 1, 1ª edición, Instituto
Peruano de Arbitraje Comercial y Arbitraje de Inversiones (IPA), Lima, 2011, p. 202.

6 CAIVANO, Roque J. “Arbitraje y grupos de sociedades. Extensión de los efectos de un acuerdo arbitral a quien no ha
sido signatario”. En: Lima arbitration. Nº 1, Círculo peruano de arbitraje, Lima, 2006. Disponible en:
<http://www.limaarbitration.net/LAR1/roque_j_caivano.pdf>.

7 BULLARD, Alfredo y SOTO, Carlos Alberto. Ob. cit., pp. 212-214.

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