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MARIA DOLORES CARDENAS ARECHIGA jESTA NOCHE TE VAS CONMIGO! iEsta noche te vas conmigo: luego vamos a casarnos, Y¥ cuando tu papé se dé cuenta, no podré quitarte de mi lado Seis meses de sufrir para nada, Era el mes de julio de 1915, Mi hermana Rosa y yo ardefiabamos las vacas muy felices, cantibamos heets que terminébamos y salia el sstro rey. Eran 83 vacas, y Alfredo mi sobrino nos ayudaba. Nos sorprendié ofr un toque de corneta en la plazuela, era toque de diana. —gEstis oyendo?, jqué hermoso! —le mos—. Mira, mi padre era hijo de un espa mujer murié de célera, Al quedarse solito dije a mi sobrino mientras trabajaba- iol que enviudé en Etzatlin, Jalisco, su ; decidié casarse con una india de ahi mismo que, segiin versiones, era princesa indigena y se lamaba Marfa de ln Cruz R. De ahi nacié mi padre. Mi abuelito, fandtico como todo espafiol, quiso que su hijo fuera sacerdote y lo interné en un seminario. El seminario colindaba con un cuartel nilitar, con el cual se conectaba por una puerta condenada, y durante la noche los seminaristas se pasaban a jugar baraja con los soldados. Antes del 5 de mayo, los soldados recibieron orden de salir a combatir a Puebla, mi padre se dio de alta, le dieron su traje, su mosquete, sus carrilleras y qué feliz, ya era soldado republicano de Benito Juarez, Un dia, por la mafiana, se oyeron por las calles de Etzatlan toques de corneta. Ya iban a combatir a Puebla, toda la gente curiosa se asomaba hacia las calles, y entre ellos mi abuelito Miguel. ;Cuél seria su sorpresa al ver a su hijo Jestis convertido en soldado republicano! De inme- diato exclamé: —jAh jijo!, jte me saliste del colegio! De esta forma mi padre se fue a pelear y a librar muchos combates. —1Ves lo que fue tu abuelito? —le comenté a mi sobrino—, No creas, yo tengo sangre de soldado, me encantan las cornctas y les armas. Amanecié mientras seguiamos platicando, y al terminar ee eee "as y las Hevamos con Tos becerros. Mis tarde, mi hermana Rosey yo nos fines ton To mejor de nuestras ropas a pasar por ol cuartel. Habla en! comme Oe Presidencia 35 soldados acuartelados, mas nos gUsiArO™ vo os el saludo, parados en Ia esquina, quienes nos saludaron con Ia mano y nosotros ojitos y ojitos. Nos venimos al arrayanal y nos siguieron hae ars dos dela tatde, Han8. wna Por miedo a mi padre ya no salimos, pero otro diay 51 ino hasta la otra esquina y me acta seFas con ly mya, ami una carla. s muy delicado, ven en 1a noche distany le 5 ly de ellos por la casa, © a ae Hegué adonde estaba, me dio ~Vete —le dije— mi padre ¢ ranchero y platicamos ss al dia siguiente en el arrayanal. Abri la carta que = i dl lo Vino en la noche y Ee habia ae y la lef con tanto gusto. Decia asi mento en que la conoct nacié un inmenso ca rs io por ; Ra ee de oportunidad no se lo habia manifestado, mag usted, hoy desafiando las consecuencias de una decepeién me he resuelto a deci fl, pues prefiero vivir feliz. desegatiado de mi suerte. Suyo. Adal selo, Osorio. Qué hermosa carta, la cerré y me la puse en el seno ee ee ae ala cita en el arrayanal bien guapa, abi estaba acompafiado de