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EL EMPODERAMIENTO….

Este espacio es un lugar de reflexión acerca de la violencia sexista y una propuesta de recuperación de las mujeres víctimas a través del empoderamiento. Sin embargo, el proceso de empoderarse podemos llevarlo a cabo todas las mujeres para continuar nuestro crecimiento en una sociedad en la que aún hay que trabajar por la igualdad (equidad) efectiva de hombres y mujeres.

Violencia contra las mujeres

La violencia contra las mujeres continúa siendo una epidemia global que mata, lastima y perjudica física, psicológica, sexual y económicamente a millones de mujeres de todas las edades. Para decirlo alto y claro: es una violación de los derechos humanos negarle a las mujeres la igualdad, la seguridad, la dignidad y las libertades fundamentales.

Este tipo de violencia está presente en todo el mundo; no hay un solo lugar que pueda decir que está libre de este grave problema social, más allá de diferencias culturales, religiosas, de educación o de nivel económico. Aún las sociedades más avanzadas que en la letra de la ley garantizan a las mujeres todos los derechos y tienen leyes específicas contra la violencia de género, tienen la asignatura pendiente de hacerlas cumplir en los hechos, en la transgresión cotidiana que se da en muchos hogares, que aún es aceptada mediante el silencio cómplice de muchas personas. Los niveles de tolerancia social son aún demasiado elevados

hacia un problema del cual vemos sólo “la punta del iceberg”

Según la Declaración de las Naciones Unidas para la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres, Resolución de la Asamblea General, de diciembre de 1993:

“La violencia contra las mujeres es la manifestación de relaciones de poder

históricamente desiguales entre los hombres y las mujeres, que han llevado a la

dominación y la discriminación contra las mujeres hecha por los hombres y a la

evitación del completo avance de las mujeres…”.

Asimismo, la Organización Mundial de la Salud, que desde hace años viene denunciando la violencia contra la mujer como un problema de salud prioritario,

pide en su Informe Mundial sobre la Violencia y la Salud (2002) “Integrar la prevención de la violencia en las políticas sociales y educativas y promover

además la igualdad entre los sexos y la igualdad social” (Recomendación 6)

Ya es hora que tomemos conciencia de que esta no es una cuestión privada que le pasa a otros detrás de las paredes de su casa, es un problema que nos compete a todas y todos como integrantes de esta sociedad, y como testigos que estamos siendo del dolor ajeno. Debemos aunar esfuerzos y hacer oír nuestra voz para seguir trabajando aliviando el sufrimiento de las mujeres víctimas, y también para educar, movilizar conciencias y sensibilizar sobre este tema a todo el que todavía no haya abierto su mente y su corazón.

***

CONCEPTO DE EMPODERAMIENTO

El concepto de empoderamiento de las mujeres surge como resultado de muchas criticas y debates importantes generados por el movimiento de mujeres en todo el mundo y, particularmente, por las feministas del Tercer Mundo. Su fuente se remonta a la interacción entre el feminismo y el concepto de "educación popular" desarrollado en América Latina en los años setenta (Walters, 1991). Este último tuvo su raíz en la teoría de la conscientización de Freire, donde se ignoró totalmente la perspectiva de género, pero fue influenciado por el pensamiento gramsciano, que acentuó la necesidad de mecanismos de participación en las instituciones y en la sociedad, con el fin de crear un sistema más equitativo y de no explotación (Forgacs, 1988; Freire, 1973).

Young definió la condición como el estado material en el cual se encuentran las mujeres pobres: salario bajo, mala nutrición, falta de acceso a la atención en materia de salud, a la educación y a la capacitación. La posición es el estatus económico y social de las mujeres comparado con el de los hombres. Young argumenta que centrarse en el mejoramiento de las condiciones diarias de las mujeres restringe su conciencia a este respecto, así como su disposición a actuar en contra de las estructuras reforzadoras, menos visibles pero más poderosas, de subordinación y desigualdad.

( ) ... ¿Qué es el empoderamiento?

El rasgo más sobresaliente del término empoderamiento es que contiene la palabra poder, la cual, para evadir debates filosóficos, puede ser ampliamente definida como el control sobre los bienes materiales, los recursos intelectua1es y la ideología. Los bienes materiales sobre los cuales puede ejercerse el control pueden ser físicos, humanos o financieros, tales como la tierra, el agua, los bosques, los cuerpos de las personas, el trabajo, el dinero y el acceso a éste. Los recursos intelectuales incluyen los conocimientos, la información y las ideas. El control sobre la ideología significa la habilidad para generar, propagar, sostener e institucionalizar conjuntos específicos de creencias, valores, actitudes y comportamientos, determinando virtualmente la forma en que las personas perciben y funcionan en un entorno socioeconómico y político dado.

El poder, por lo tanto, se acumula para quienes controlan o están capacitados para influir en la distribución de los recursos materiales, el conocimiento y la

ideología que gobierna las relaciones sociales, tanto en la vida privada como en la

pública. (

...

)

El proceso de desafío de las relaciones de poder existentes, así como el de obtención de un mayor control sobre las Fuentes de poder, pueden ser llamados

empoderamiento. (

...

)

El término empoderamiento se refiere a una gama de actividades que van desde la autoafirmación individual hasta la resistencia colectiva, la protesta y la

movilización para desafiar las relaciones de poder. (

...

)

Se infiere, entonces, que el empoderamiento es un proceso que, a su vez, va incorporando los resultados del mismo. El empoderamiento se manifiesta como una redistribución del poder, ya sea entre naciones, clases, razas, castas, géneros o individuos. Las metas del empoderamiento de las mujeres son desafiar la ideología patriarcal (dominación masculina y subordinación de la mujer), transformar las estructuras e instituciones que refuerzan y perpetúan la discriminación de género y la desigualdad social (la familia, la raza, la clase, la religión, los procesos educativos y las instituciones, los sistemas y prácticas de salud, las leyes y los códigos civiles, los procesos políticos, los modelos de desarrollo y las instituciones gubernamentales) y capacitar a las mujeres pobres para que logren acceso y control de la información y de los recursos materiales.( ) ...

Es por esto que muchos hombres en estas condiciones tienden a apoyar los procesos de empoderamiento de las mujeres, ya que, a través del empoderamiento, las mujeres se capacitan para la consecución de mayores recursos básicos para sus familias y la comunidad, o desafían las estructuras de poder que están oprimiendo y explotando a ambos géneros. Sin embargo, también se ha dado resistencia en los hombres cuando las mujeres compiten con ellos por el poder en la esfera pública, o cuando ellas cuestionan el poder, los derechos y los privilegios masculinos en la familia, es decir, cuando las mujeres impugnan las relaciones familiares patriarcales (Batliwala, 1994).

Esto es, de hecho, una prueba de cuan abarcador puede ser el proceso de

empoderamiento en la vida de las mujeres. Como lo expresó una activista, “la

familia es la última frontera de cambio en las relaciones de género [el empoderamiento] ha ocurrido cuando cruza el umbral del hogar"

...

(Kannabiran,1993).

Uno sabe que

el proceso de empoderamiento de las mujeres tiene que desafiar las relaciones patriarcales, por lo cual conduce, inevitablemente, a un cambio en el control tradicional de los hombres sobre las mujeres. Los hombres en comunidades

donde se han dado tales cambios ya no tienen control sobre los cuerpos, la sexualidad o la movilidad de las mujeres; no pueden renunciar a las responsabilidades del trabajo doméstico y el cuidado de los hijos, así como

tampoco abusar físicamente de las mujeres o violarlas sin recibir castigo. (

...

)

Claramente, entonces, el empoderamiento de las mujeres significa la pérdida de la posición privilegiada que el patriarcalismo ha destinado a los hombres. Un punto que suele no tenerse en cuenta es que el empoderamiento de las mujeres también libera y empodera a los hombres, tanto en términos materiales como psicológicos. ( ) ...

El empoderamiento tiene que ser externamente inducido por fuerzas que trabajan

por un cambio de conciencia y un conocimiento de que el orden social existente es

injusto y no natural. (

...

)

Las mujeres tienen que ser convencidas de sus derechos

innatos a la igualdad, la dignidad y la justicia. (

...

)

El empoderamiento de las mujeres llevaría a la liberación de los hombres de los sistemas de valores falsos y de las ideologías de opresión. Llevaría a una situación en la que cada uno sea más integro, prescindiendo del género y utilizando al máxima su potencial en la construcción de una sociedad mas humana para todos (Akhtar, 1992).

Con el fin de desafiar su subordinación, las mujeres, primero, tienen que reconocer la ideología que legitima la dominación masculina y, segundo, entender como ésta perpetua su opresión. Este reconocimiento entraña el cuestionamiento de los valores y las actitudes que la mayoría de las mujeres ha internalizado desde la niñez. Hay que tener en cuenta que las mujeres han sido llevadas a participar en su propia opresión a través de un tejido complejo de sanciones religiosas, tabúes sociales y culturales, supersticiones, jerarquías entre las mujeres al interior de la familia, condicionamientos, retraimientos, ocultamientos, limitaciones de la movilidad física, discriminaci6n de alimentos y otros recursos familiares y control

de su sexualidad (incluidos conceptos como "buena" y "mala" mujer). (

...

)

A través del empoderamiento las mujeres obtienen acceso a un nuevo mundo de conocimientos que les permiten ampliar sus opciones, tanto en sus vidas personales como públicas. Sin embargo, los cambios radicales no son sostenibles si están limitados a unas pocas mujeres, porque las estructuras de poder tradicionales trataran de aislarlas y excluirlas del grupo social.

La sociedad se verá forzada a cambiar cuando un gran número de mujeres se movilicen y presionen para lograr el cambio. De aquí se desprende que el proceso de empoderamiento tiene que permitir a las mujeres organizarse en colectividades para que, de esta manera, rompan con el aislamiento individual y creen un frente unido por medio del cual puedan desafiar su subordinación. Así, con el apoyo de la colectividad y de los agentes activistas, las mujeres podrán reexaminar sus vidas críticamente, reconocer las estructuras y fuentes de poder de subordinación, descubrir sus fortalezas y, por último, iniciar la acción.

El proceso de empoderamiento es, entonces, una espiral que altera la conciencia, identifica áreas de cambio, permite crear estrategias, promueve el cambio canaliza

las acciones y los resultados, que a la vez permiten alcanzar niveles mas altos de

conciencia y estrategias mas acordes con las necesidades y mejor ejecutadas. (

...

)

Armadas con una nueva conciencia y una fuerza colectiva creciente, las mujeres comienzan a asegurar sus derechos, controlar recursos (incluidos sus propios cuerpos) y participar igualitariamente en las decisiones de la familia, la comunidad

y el pueblo. (

)

... Una nueva concepción del poder

Hay que partir de la idea de que el empoderamiento debe generar una nueva noción de poder. Las nociones actuales de poder se han desarrollado en sociedades jerárquicas de dominación masculina, con base en valores discriminatorios, destructivos y opresivos. La idea no es que las mujeres adquieran poder para utilizarlo de un modo igualmente explotador y corrupto. Muy por el contrario, el proceso de empoderamiento de las mujeres tiene que desarrollar una nueva concepción del poder, que asuma formas de democracia y poder compartido: la construcción de nuevos mecanismos de responsabilidad colectiva,

de toma de decisiones y de responsabilidades. ( Srilatha Batliwala

...

)

EMPODERAMIENTO E IDENTIDAD FEMENINA

Dado que el empoderamiento requiere crear en las mujeres primero la conciencia sobre la discriminación de la que son objeto, ello implica promover cambios en la identidad de género y en la evolución de la identidad personal.

En el sistema patriarcal, la sexualidad es el eje de la identidad femenina y está en la base de la condición femenina. Dentro de este sistema la característica central de la condición de ser mujer, es haber sido expropiada de su sexualidad, el ser considerada cuerpo para otros, ya sea para entregarse al hombre o para procrear, lo cual ha impedido a la mujer ser considerada como sujeto histórico-social, porque es vista como un hecho de la naturaleza.

(

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)

La situación específica en que las mujeres viven sus desigualdades (clase,

etnia, raza, lengua, etc) o cualquier otra dimensión de la identidad está

sobrevalorada y suele servir para hacer distintas a las mujeres y separarlas unas

de otras. (

)

... Los atributos de género asignado a las mujeres, como ha señalado Marcela

Lagarde, son: la afectividad, la ignorancia (conocer pragmáticamente el mundo, a partir de lo formal y lo aparente), la acriticidad, culpabilizarse y culpar a otros, preservar la cultura, preservar la sociedad, preservar el orden político y el orden

axiológico (lo bueno y lo malo, lo debido y lo indebido), ser “purificadoras” del

mundo y encargarse de la vida de los otros.

Otro mecanismo que también está en la identidad femenina es una falta de límites

entre el yo y los otros, lo que da lugar a la vivencia de la omnipotencia de ser para los otros y una impotencia de ser para sí mismas, como seres separados. Por todo ello un profundo sentimiento subjetivo de las mujeres es el de “dar y dar y sentirse siempre desfalcada”. Este sentimiento de carencia tiene su origen en la

dependencia (social, erótica, afectiva, económica, política, jurídica y psicológica) que está en la base de la condición de la mujer.

Por todo lo anterior el empoderamiento de las mujeres pasa por un cambio subjetivo, por una toma de conciencia de su condición y situación genérica, para

permitir la evolución del yo personal. Frente al “mí” que es el otro generalizado e incorporado a uno mismo (como en “se dirigió a mí, me miró y me habló un rato”),

la persona desarrolla su “yo”. Mientras el “mí” surge como un reflejo de los demás, el “yo” surge a partir de la propia persona; el mí es objeto, el yo es sujeto.

Otro mecanismo que también está en la identidad femenina es una falta de límites entre elE MPODERAR (se) Del inglés to empower, que se emplea en textos de sociología política con el sentido de "conceder poder" (a un colectivo desfavorecido socio- económicamente) para que, mediante su autogestión, mejore sus condiciones de vida’ . " id="pdf-obj-5-18" src="pdf-obj-5-18.jpg">

Del inglés to empower, que se emplea en textos de sociología política con el sentido de "conceder poder" (a un colectivo desfavorecido socio- económicamente) para que, mediante su autogestión, mejore sus condiciones de vida’.

Puede usarse también como pronominal: «Se trata pues de empoderarnos, de utilizar los bienes y derechos conseguidos, necesarios para el desarrollo de los intereses propios» (Alborch, Malas [ 2002]).

El sustantivo correspondiente es empoderamiento (del inglés: empowerment) . El verbo empoderar ya existía en español como variante desusada de apoderar. Su resucitación con este nuevo sentido tiene la ventaja, sobre apoderar, de usarse hoy únicamente con este significado específico.

El concepto de empoderamiento tiene una doble dimensión: por un lado significa la toma de conciencia del poder que individual y colectivamente tienen las mujeres, tiene que ver con la recuperación de la propia dignidad de cada mujer como persona.

En segundo lugar, tiene una dimensión política, en cuanto que pretende que las mujeres estén presentes en el lugar donde se toman decisiones, es decir, ejercer el poder.

Este concepto tiene en cuenta:

  • 1. La concepción de los derechos humanos más amplios, que incluye los derechos

humanos de mujeres y niñas como parte inalienable de los derechos humanos universales, y la inclusión de los derechos sexuales dentro de los derechos humanos.

  • 2. El establecimiento del principio de que mujeres y hombres deben compartir el

poder y las responsabilidades en el hogar, en el lugar de trabajo, y a nivel más amplio en la comunidad nacional e internacional.

DEFINICIÓN DE EMPODERAMIENTO, según Marcela Lagarde:

El empoderamiento es el conjunto de procesos vitales definidos por la adquisición o invención e interiorización de poderes que permiten a cada mujer o colectivo de mujeres, enfrentar formas de opresión vigentes en sus vidas (exclusión, discriminación, explotación, abuso, acoso, interiorización, infidelidad o traición,

incapacidad para… depresión, auto devaluación angustia por falta de

oportunidades, medios, recursos o bienes, dificultades de salud temor extremo, etc.).

Decimos que una mujer o grupo de mujeres está empoderada, cuando esos

poderes ya no le son externos, se le vuelve cuerpo y subjetividad, manera de ser y de vivir. Cuando cada mujer y cada grupo de mujeres defiende por sobre todas las cosas su cuerpo, sus recursos, sus capacidades, sus bienes, sus oportunidades,

su mundo inmediato y mediato. (

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)

El empoderamiento de las mujeres no tiene nada que ver con una “revanchista”

contra los hombres. Se quiere una transformación en el acceso de las mujeres tanto a la propiedad como al poder, lo cual transforma las relaciones de género y es una precondición para lograr la equidad entre hombres y mujeres.

Superar al aislamiento requiere más que destrezas de información, tiene que ver con la manera cómo una persona se ve a sí misma y al mundo. El desarrollo de la conciencia política es un aspecto importante aunque frecuentemente ignorado.

( ) ...

COMPONENTES DEL EMPODERAMIENTO

Según Stromquist abarca cuatro facetas:

* el componente cognitivo : referido a la comprensión por parte de las mujeres de las causas de su condición de género.

* el componente psicológico : afirmación de su ser desde las posibilidades de

cambio personal y desaprender la “ desesperanza aprendida”;

* el componente económico: la experiencia ha demostrado que en cuanto más independencia económica sexista, esto contribuye a mayor independencia general;

* el componente político: que lleva al desarrollo de habilidades para el cambio a nivel personal y social. Y desde nuestro punto de vista a desarrollar poder personal y social como género para enfrentar las transformaciones necesarias a fin de erradicar la opresión de género.

Es importante señalar que estos procesos no son lineales ni tienen resultados en el corto plazo, asimismo no se puede pretender lograr “ el empoderamiento” sin contemplar los obstáculos que se presentan a las mujeres en un sistema capitalista neoliberal y patriarcal. Es decir, los poderes a enfrentar son de grandes magnitudes y de diversa índole, pero también es cierto que su trastocamiento es posible como lo han venido haciendo las mujeres en la historia, hasta irse transformando en uno de los movimientos más potentes y transgresores a nivel planetario

Lagarde, Marcela: Identidad de género. Mimeo.s.f.e. Cezontle. Nicaragua. León Magdalena (comp.): Poder y empoderamiento de las Mujeres. TM Editores.1era edición 1997, Colombia

Stromquist, Nelly: La búsqueda del empoderamiento: en qué puede contribuir el campo de la educación. En Poder y empoderamiento de las Mujeres. TM Editores. 1era edició1997, Colombia

PODER EN FEMENINO QUIEN ES QUIEN EN LOS PUESTOS DE PODER

Frente a la uniformidad de los poderosos, las mujeres políticas tienen gestos y estilos únicos. Cada una saca partido de sus virtudes y defectos. Poder eficaz y de autor. Carmen Chacón

Es el icono de la nueva política del Gobierno Zapatero. Sus primeras imágenes pasando revista, embarazada, a la tropa son el símbolo de la España contemporánea. Su sonrisa es magnética, acogedora y transparente. Trabajadora, leal y paciente. Tiene la ambición natural de quien se apasiona por la política como el arte de hacer posible lo necesario, lo urgente, lo inaplazable. La gestión en Defensa puede ser una excelente preparación para pasar al "ataque" electoral en 2012.

Angela Merkel

El discreto encanto de la eficacia. Sobria y meticulosa. Tiene una larga experiencia en el partido y en el Gobierno. Ha subido, literalmente, peldaño a peldaño, sin empujar. La que fuera "la niña", para el gigante Helmut Kohl, es hoy la primera mujer canciller de Alemania. Da seguridad, ofrece estabilidad. Su fuerza es la tranquilidad y la prudencia. Sin concesiones estéticas, viste y se mueve con practicidad. Poco efusiva, se ha quejado de los abrazos excesivos de Sarkozy. Pero detrás de su coraza hay una intensa vida emocional. Se casó en secreto. La privacidad es su refugio.

Michelle Bachelet

Pediatra de profesión, se ha ganado el respeto de la clase militar chilena. Ha dicho: "Estamos siendo testigos del fin de la cultura de la arrogancia."

Cristina Fernández de Kirchner

Competidora nata. Antes de ser la Primera Dama de Argentina ya ganaba elecciones en su país. Tiene experiencia y una fuerza personal que, a veces, no controla. Los excesos, sean de maquillaje, de autoridad o de beligerancia política pueden arruinar su trayectoria. Despierta recelos misóginos en su país que combate con dosis de autoafirmación pública. Es hábil y juega fuerte. "Llegó tarde" a la reciente foto del G-20, que se repitió por ella. Fue portada en todo el mundo.

Mª Dolores de Cospedal

Fuerza y preparación: Abogada del Estado, venció a Bono en las generales y redujo a la mitad la ventaja del PSOE en las autonómicas. Determinación y coraje:

Divorciada y católica ha cumplido su deseo de ser madre gracias a la fecundación in vitro. El machismo latente en los medios de comunicación se ha reflejado en una serie de fotografías sobre sus piernas y sus zapatos para ilustrar su ascenso en política. Lamentable y misógino. Pero María Dolores no se amilana. Es parte del futuro.

Esperanza Aguirre

Correosa, corredora de fondo. Tiene un gran instinto para la política de la proximidad y el populismo, aunque sea noble. Hemos visto cómo busca la fotografía, sin ningún complejo, mientras hace gimnasia, tai-chi, tira al arco, juega al tenis, a padel o a hockey. Hace política en los medios de comunicación como muy pocos saben hacerla. Ha sabido esperar bien sus tiempos, aunque se ha precipitado demasiado recientemente. La ansiedad la consume. Y se nota. Pero no ha dicho la última palabra.

Mª Teresa Fernández de la Vega

Incansable hasta la extenuación. Representa el rigor, la seriedad, el cumplimiento del deber como fundamento de la acción política. Su constancia y método de trabajo son la clave de su éxito. El día a día es su gobierno para suerte de Zapatero. Inflexible en los errores y amable con la prensa. Ha sabido cuidar su imagen y adaptarla con el tiempo con una buena elección del corte, los colores y los complementos. Se define: "Más que felicidad, en mi vida tengo armonía."

Martine Aubry

"Dama de hierro". En las antípodas estéticas, intelectuales y políticas de Royal. No busca agradar, sólo ganar. Austeridad e ideología frente a "glamour" y seducción.

Políticas

Les cuesta el doble llegar donde están. ("Estamos siendo testigos del fin de la cultura de la arrogancia", Michelle Bachelet). Cuando lo hacen, se las juzga más severamente ("Ningún hombre con mi historial estaría tan cuestionado", Ségolène

Royal)

Y casi siempre se las perdona la mitad ("La igualdad entre géneros

... llegará cuando las mujeres puedan cometer los mismos errores que los hombres y no se las insulte por ello", Amelia Valcárcel, filósofa).

Pero las políticas cada vez despiertan mayores niveles de credibilidad. Ya es así en Latinoamérica. Empieza a serlo en Europa. Ellas comunican mejor, porque comunican diferente. La seducción de los valores y de la proximidad. La nueva política.

La tendencia

Sólo 40 mujeres han sido presidentes de gobierno o jefas de Estado en el mundo desde finales de la Segunda Guerra Mundial. Entre ellas, desatacan Indira Gandhi en la India (en dos períodos), Golda Meier en Israel, Benazir Bhutto en Pakistán (también en dos legislaturas), la británica Margaret Thatcher y Edith Cresson en Francia a principios de los noventa. Pero lo excepcional empieza a ser una tendencia sólida. El año 2006 se inició con los ecos recientes de los éxitos electorales de Michelle Bachelet, en Chile, o Angela Merkel en Alemania. A los que se sumó Ellen Jonson-Sirleaf (apodada "Mamá Ellen") en Liberia, que se convirtió en la primera mandataria elegida democráticamente y la primera mujer presidenta en África.

En el 2007, nos sorprendió el fenómeno Ségolène Royal, con su ascenso fulgurante en las primarias de su partido y su dolorosa derrota electoral frente a Nicolas Sarkozy. Fue el año de las victorias de la "presidenta" (con "a", como le gusta decir) Cristina Fernández en Argentina y de Prathiba Patil en India, la mayor democracia del mundo. En Estados Unidos, también, asistíamos a la victoria de la irresistible Nancy Pelosi, la primera mujer presidenta del Congreso de los Estados Unidos, en el marco de ola de cambio político que los demócratas supieron gestionar.

El año 2007 acabó mal, con el dramático final de la trayectoria de Benazir Bhutto. El último y definitivo atentado terrorista y cobarde que sufrió le costó la vida junto a cientos de sus seguidores y frustró la esperanza de cambio en el inestable y

atómico Pakistán. Ya en el 2008, la apasionante carrera de las primarias norteamericanas de los demócratas, con el duelo Obama-Clinton.

Ellas son hoy, en este período extraordinario de la historia que nunca antes había sucedido, 14 mujeres presidente o primer ministro en el mundo.

Antoni Gutiérrez-Rubí (Políticas. Mujeres protagonistas de un poder diferenciado) http://www.blogger.com/http://mujeresycia.com

A VUELTAS CON EL LIDERAZGO FEMENINO: RENTABLES PERO NO QUERIDAS

Saber qué aportan las mujeres a la dirección de las organizaciones se ha convertido en un auténtico filón de opiniones e investigaciones, cuando lo curioso es que la presencia masiva de los hombres se asume como algo natural, sin que nadie se pregunte qué aportan. Veamos algunos de los ángulos de tan productivo debate.

Empecemos por la rentabilidad financiera pura y dura. En un estudio de 2007 llamado The Bottom Line se cruzó la rentabilidad media de las más grandes empresas americanas (Fortune 500) con la presencia de mujeres en sus consejos de administración. Se tomaron datos públicos del período 2001-2004 y se seleccionaron tres indicadores financieros: la rentabilidad sobre recursos propios, sobre capital invertido, y sobre ventas. La comparación del 25% de compañías con más mujeres frente al 25% de empresas con menor presencia femenina fue sorprendente: la rentabilidad del primer grupo era entre un 40% y un 65% superior, dependiendo del indicador considerado. Había además consistencia entre distintos sectores de actividad.

Este estudio, realizado por una “non-profit” americana muy respetada llamada Catalyst, se ha convertido en un clásico (existía ya una primera versión de 2004

con resultados similares). El País lo recogió en el artículo ”Las empresas con más directivas tienen mejores resultados” con ocasión de la visita de la presidenta de

Catalyst en Europa. En blogolandia, también Pilar Jericó se hizo eco de la noticia.

Mucho menos conocido pero igual de interesante es el estudio Female Leadership and Firm Profitability realizado en Finlandia, país que pese a ser uno de los que tiene mayor igualdad de género tiene sus cúpulas directivas sobresaturadas de hombres. El análisis incluyó la friolera de casi 13.000 empresas. En esta ocasión los indicadores financieros eran otros (rendimiento del activo y margen operativo) pero de nuevo se obtuvo una clara correlación entre rentabilidad y liderazgo

femenino: si la dirección general la ostentaba una mujer, o la alta dirección tenía

un buen balance de género, la empresa era de media un 10% más rentable. Los autores incluyeron, además, hipótesis de las posibles causas de esta correlación:

tal vez se debe a mejores capacidades de gestión de las mujeres, o a las

dificultades para llegar a la cima que actúan como ”selección natural” de las más

brillantes, o tal vez las mujeres tienden a desarrollarse en sectores más rentables o, simplemente existe un tercer factor que conecta el liderazgo femenino y la rentabilidad (por ejemplo que los mejores resultados se deban en realidad a buenas prácticas de gobierno corporativo o una cultura organizativa más flexible y abierta; en definitiva, el estilo de la empresa).

Pero no todo es rentabilidad económica, según algunos analistas, hay otros motivos para potenciar el liderazgo femenino en las empresas: las mujeres se adaptan mejor a nuevas situaciones, son mejores gestores, mejores líderes y además invierten mejor. Por si fuera poco, el estilo de liderazgo femenino encaja mejor con las demandas de la Generación Y, según un estudio de la consultora Hudson.

Que maravilla, ¿qué más se puede pedir? Las empresas deberían ir corriendo a aplicar la Ley de Igualdad :) . Sin embargo, la realidad que todos conocemos es que el ascenso de las mujeres al poder en las empresas sigue siendo lento, y sólo mejora ligeramente en las empresas familiares.

Un artículo de ABC sobre Liderazgo Femenino recogía recientemente algunas de las dificultades a las que se enfrentan las mujeres: desde el papel de los estereotipos en palabras de Celia de Anca, al proceso de socialización y la influencia de la familia según las investigaciones de Alicia Kaufmann.

Más contundente resulta el argumento por el que aunque ellas son estupendas… no gustan. Esa es la línea de Sylvia Ann Hewlett en Likeability and Women’s

Leadership que a partir de la experiencia de las Primarias con Hillary Clinton recuerda un estudio de 1990 que puso de manifiesto que la gente responde negativamente a las mujeres asertivas pero admira a los hombres asertivos; y en

esa misma línea, otro estudio, de 2007, que mostró que la “autopromoción” en los

hombres se ve como un signo de confianza, mientras que en las mujeres se ve como autombombo y por tanto menos merecedor de apoyo.

Es importante subrayar que hablamos de las percepciones tanto de hombres como mujeres, porque como sugiere el estudio de Catalyst, Different Cultures, Similar Perceptions, los estereotipos sobre los atributos del liderazgo masculino y femenino son muy persistentes y compartidos. Los hombres suelen verse como mejores para tomar el mando y resolver problemas; ellas en cambio se ven mejores cuidando y apoyando a otros. Como resultado, los directivos de las organizaciones tienden a asignar distintos grados de efectividad a algunas

conductas de liderazgo basándose en exclusiva en el género. En tiempos de crisis esto podría reforzar el techo de cristal porque en esas situaciones la tendencia es a reforzar los rasgos del liderazgo asociados con los hombres como la asertividad o la toma de decisiones.

Lo habitual es que las mujeres sean evaluadas frente al estandar masculino de

liderazgo y, como consecuencia, o bien se les ve como muy blandas o muy duras pero nunca en el término adecuado. Si su comportamiento es coherente con el estereotipo femenino se les ve menos competentes para el liderazgo. Pero si no

se comportan en línea con el estereotipo son consideradas poco femeninas… y no

gustan. Catalyst llama a esto la “Atadura Doble” (Double-Bind Dilemma): o competentes o queridas; ese es su drama. Y con él, el del tejido empresarial, que

no saca partido al liderazgo de las mujeres, perdiendo por ello rentabilidad y competitividad.

Uxío Malvido http://www.diversidadcorporativa.wordpress.com/

DECALOGO PARA LA FEMINIZACIÓN DE LA COMUNICACION POLITICA

  • 1. Hablar con el corazón

No renunciar a mostrar las emociones, aunque sean íntimas. La política es idea, gestión, poder y emoción. Quien renuncie a las ideas para gestionar será un burócrata. Quien renuncie a las emociones para ganar el poder, será un autoritario. Quien no se emociona nunca podrá comprender el ánimo de los demás.

  • 2. La belleza es política

Entender que la belleza es un atributo de la representación pública es una oportunidad para la nueva política. Los ciudadanos confían en quien se viste y se arregla para representarles con dignidad. Cuidar tu imagen física, como una actitud vital de preocupación por la salud y la vida natural ofrece un perfil de belleza alejado de los patrones estéticos y los prejuicios sociales.

  • 3. Pensar en términos de comunidad

Desarrollar un comportamiento comunitario creativo y dinámico como base de la acción política supone una nueva relación entre el líder y los ciudadanos y sus

organizaciones. Mejor cómplices que seguidores; mejor activistas que electores; mejor libres y creativos para actuar que repetidores de consignas.

  • 4. Priorizar la vida cotidiana

La política que habla y se preocupa de la vida de las personas es el escenario central de la feminización de la política. Más proximidad a los problemas diarios:

conciliación, igualdad de oportunidades y de retribuciones, educación, el trabajo como derecho y realización. Y una nueva mirada a las patologías de la sociedad:

la soledad, el aislamiento, la tristeza, la insatisfacción, el dolor, el miedo ...

  • 5. Combatir sin cuartel la discriminación

Sea de género o cualquier otra. Un combate constante, sin descanso, decidido. La defensa de la pluralidad y la diversidad es la antesala de la política del diálogo y del acuerdo. La nueva comunicación explora el acuerdo a través del reconocimiento de la alteridad. La comunicación se convierte en una conversación multilateral y abierta.

  • 6. Un lenguaje no sexista

Casi lo más difícil. Siglos de lenguaje y pensamiento androcéntrico nos atenazan y nos dirigen, muchas veces sin darnos cuenta. Hay que educarse y educar. Necesitamos un lenguaje siempre inclusivo. Nuestras palabras, y sus imágenes asociadas, dibujan realidades conceptuales que tienden a reducir la realidad, a simplificarla.

  • 7. Los valores como motor

La feminización de la política impulsa la recuperación de los valores morales y éticos como base de la nueva política. Ganan las ideas políticas que nos humanizan, que nos hacen más espirituales, más profundos, más intensos. La política que recupera las grandes palabras, las que trascienden y dan dimensión moral a la gestión. La política de la esperanza.

  • 8. Liderar la conversación

Dominar el medio dominante, como decía McLuhan. Hoy, en la red, en el mundo digital. Convertir la comunicación en conversación, en participación colectiva. Dispuestos a escuchar y a dejarse influir. Experimentar la cultura digital como una

nueva forma de organizarse, de pensar las propuestas y de comunicarlas. La red como medio y como paradigma de la política.

9. La política de la claridad

En las propuestas, en las dificultades, incluso en las dudas. La sinceridad y la claridad como garantía de transparencia y simplicidad, para -precisamente- abordar la complejidad de la gobernabilidad y de los retos con lo fundamental, con lo nuclear. No hay tiempo que perder. Las dificultades del planeta y la humanidad reclaman soluciones y propuestas fundamentales, decisivas, básicas. Claridad ante la oscuridad de la incertidumbre.

10. Pensar con imágenes

Recuperar la expresión artística y las artes visuales para la comunicación del pensamiento social y político. Pensar con las nuevas visualizaciones de mapas, gráficos y simulaciones. Imaginar las ideas, imaginando sus iconos y sus símbolos. Conectar los sueños y las propuestas con su visión, con su representación. Imágenes para cambiar el mundo.

Antoni Gutierrez-Rubí (Políticas. Mujeres protagonistas de un poder diferenciado)

LAS BASES DEL PODER

Las cinco bases del poder

Las cinco bases del poder fueron propuestas por los psicólogos sociales John French y Bertram Raven, en un estudio de 1959. Desarrollaron un esquema de cinco categorías de poder que reflejarían las diferentes bases o recursos sobre las que se apoyan los detentores del poder.

Poder legítimo: el poder legitimado se refiere al poder de un individuo o grupo gracias a la posición relativa y obligaciones del detentor dentro de una organización o sociedad. El poder legitimado confiere a quien lo detenta una autoridad formal delegada.

Poder de referencia: el poder de referencia se refiere a la capacidad de ciertos individuos para persuadir o influir a otros. Está basado en el carisma y las habilidades interpersonales del detentor de poder. Aquí la persona sometida al poder toma como modelo al portador de poder y trata de actuar como él.

Poder experto: el poder experto es el que deriva de las habilidades o pericia de algunas personas y de las necesidades que la organización o la sociedad tienen de estas habilidades. Al contrario de las otras categorías, este tipo de poder es usualmente muy específico y limitado al área particular en la cual el experto está cualificado.

Poder de recompensa: el poder de referencia depende de la capacidad del detentor de otorgar recompensas materiales; se refiere a cómo el individuo puede dar a otros como recompensa algún tipo de beneficios, como: tiempo libre, regalos, promociones, incrementos de sueldo o de responsabilidad.

Poder de coacción: el poder de coacción se basa en la capacidad para imponer castigos por parte de quien lo detenta. Puede asimilarse a la capacidad de eliminar o no dar recompensas y tiene su fuente en el deseo de quien se somete a él de obtener recompensas con valor, pero bajo la forma negativa del temor a perderlas. Ese miedo es lo que, en último término, asegura la efectividad de ese tipo de poder. El poder de coacción, no obstante, tiende a ser la menos efectiva de todas las formas de poder, al generar resentimiento y resistencia.