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1.

PENSAMIENTO SOCIOLÓGICO DE FRIEDRICH ENGELS:

El pensamiento político en Federico Engels

1.1 RELACIONES DEL ESTADO CON LA SOCIEDAD Y CON LAS


LUCHAS DE CLASES: LA NOCIÓN DE “ORDEN”

El primer parágrafo se intitula “El Estado, producto de


contradicciones de clases irreconciliables”. Este título resume bien
la tesis clásica del nacimiento del Estado en sociedades que al
principio ignoran la división en clases, y por ende también el
Estado, y que al término de un proceso de diferenciación
económica y social ven nacer y desarrollarse cierta potencia nueva
que es el Estado. Que haya clases antagónicas cuyos intereses
son irreconciliables, es algo en que se convendrá de buen grado,
con Engels y Lenin, contra las teorías conciliadoras “pequeño-
burguesas”. No obstante, vale la pena llamar la atención sobre el
final del primer extracto citado por Lenin que comienza así:

“El [Estado] es más que nada un producto de la sociedad en un


estadio determinado de su desarrollo; es el reconocimiento de
que esta sociedad se encuentra atrapada en una contradicción
insoluble consigo misma, dividida en oposiciones irreconciliables
que es impotente para conjurar”.

Prosigue inmediatamente de la siguiente manera que nos conduce a


la noción de “orden”:

“Pero para que los antagonistas, las clases con intereses


económicos opuestos, no se destruyan, ellos y la sociedad, en
una lucha estéril, se impone la necesidad de un poder que,
colocado en apariencia por encima de la sociedad, debe
difuminar el conflicto, mantenerlo dentro de los límites
del”orden“; y ese poder, que nace de la sociedad pero que se
coloca por encima de ella y se le hace cada vez más extraño, es
el Estado”. [El subrayado es mío].

Ahora bien, si Lenin comenta de modo pertinente el hecho de que


el Estado es un organismo situado por encima de la sociedad y que
se vuelve cada vez más extraño a ella, se revela muy
decepcionante cuando tiene que hablar de esa función del Estado
que consiste “en difuminar” el conflicto de manera de evitar “una
lucha estéril” entre las clases. (Bonaparte, 2014).
Lenin pone en evidencia el lazo estrecho que existe
en Marx y Engels entre el esquema del extrañamiento que les
sirve para pensar el Estado (éste se vuelve cada vez más extraño a
la sociedad) y el fenómeno burocrático (el aparato del
Estado materializa ese carácter extraño), y el otro lazo, igualmente
estrecho, que existe entre esta naturaleza extraña (en relación a la
sociedad) de la burocracia y la necesidad de una revolución
violenta que rompa el aparato burocrático. (Bonaparte, 2014).

Veamos ahora el comentario que nos da Lenin de la función del


Estado descrita así por Engels:

“para que los antagonistas, las clases con intereses


económicamente opuestos, no se consuman, ellos y la sociedad,
en una lucha estéril, se impone la necesidad de un poder
que, colocado en apariencia por encima de la sociedad, debe
difuminar el conflicto, mantenerlo dentro de los límites del
“orden”” [El subrayado es mío].

Así, por ejemplo, Engels pone en evidencia la naturaleza de clase


del Estado, el hecho de que éste consagre casi siempre la
dominación de una clase y la explotación de las otras clases; pero
también sabe deslindar las múltiples funciones universales de este
instrumento de coerción. Ese “universalismo” resulta del hecho,
constantemente subrayado por él, de que antes de ser
un organismo de clase y volverse extraño a la sociedad, el
antecedente del Estado, que todavía no era tal, era
un organismo encargado de defender los intereses comunes de la
comunidad gentilicia. Se puede afirmar entonces que la dominación
de clase que asegura el Estado será tanto más sólida cuanto la
clase dominante no olvide que la defensa de los intereses comunes
de la sociedad, aunque deformada por los intereses particulares, es
siempre una condición de existencia del poder del Estado. En El
Anti-Dürhing, uno de los argumentos de Engels contra la teoría de
la violencia de su adversario consiste en mostrar que la violencia
estatal sólo puede asumir legitimidad si el Estado asegura
funciones sociales efectivas. A los ingleses les era dado –
ironiza Engels – no percatarse de que en la India, la legitimidad del
Estado provenía fundamentalmente de su función de empresario
de trabajos de irrigación. (Bonaparte, 2014).
Para Engels, la comunidad ya desgarrada por intereses
antagónicos está amenazada de autodestrucción. Las luchas de
clases llevadas al extremo nunca son portadoras de porvenir,
porque no conducen nunca a un orden social viable. Pueden ser
“estériles”, dice Engels. Es un concepto que puede ser difícil de
entender para un revolucionario, pero que aquí es sostenido por un
revolucionario. Y es un concepto que hoy podemos escuchar con
toda la atención requerida, incluso aunque pueda ser utilizado por
la ideología “conciliadora” pequeño-burguesa. Sabemos bien que el
espíritu de conciliación puede justificar todas las escapadas ante
los combates necesarios. Pero también hemos aprendido que la
lucha de clases, cuya teoría formulan Marx y Engels y la enuncian
como una especie de norma de la lucha política, también puede
conocer deformaciones concretas en que el espíritu revolucionario
se vuelve simple “revolucionarismo”. (Bonaparte, 2014).

1.2 LA INDEPENDENCIA RELATIVA DEL ESTADO Y EL ANÁLISIS


DEL BONAPARTISMO.

Engels sobre las relaciones del Estado con las clases sociales
señala:

“Como nació en medio del conflicto [de las] clases, él es,


[dice Engels] por regla general, el Estado de la clase más
poderosa, de la que domina desde el punto de vista económico,
y que gracias a él, se convierte también en la clase políticamente
dominante y adquiere así nuevos medios para ‘dominar y
explotar a la clase oprimida”.

Esto es así para el Estado antiguo, el Estado feudal y el Estado


representativo moderno. Pero Engels agrega, y esto es lo que nos
interesa en particular:

“Sin embargo, excepcionalmente se presentan períodos en que


las clases en lucha están tan cerca de equilibrarse que el poder
del Estado, como pseudo-mediador, mantiene por un tiempo
cierta independencia respecto de una y de otra”.

Esta relativa independencia del Estado respecto de las clases, hay


una tendencia natural a relacionarla con el esquema del
extrañamiento que conduce a Marx y Engels a hablar del Estado
como de una potencia que se erige por encima de la sociedad y
que se le vuelve cada vez más extraña. Se estaría tentado incluso
de llegar a identificar los dos temas, pues las clases pertenecen a
la sociedad y la caracterizan, y es en relación a esa misma
sociedad que el Estado se vuelve autónomo y se convierte en una
entidad que le es extraña. Pero más vale resistir a esta tentación,
pues es posible que estemos frente a dos temas distintos. Cuando
el Estado es netamente el Estado de una clase particular, conlleva
ese volverse autónomo y extraño en relación a la sociedad. Distinto
es cuando, a partir de una situación de equilibrio en la relación de
fuerzas entre las clases, el Estado aparenta ser independiente de
las clases antagónicas. No obstante se podría formular la hipótesis
de que en este último caso, la autonomía del aparato del Estado
respecto de la sociedad está aún más reforzada. Pero
ni Marx ni Engels dicen nada parecido. Se trata de temas
yuxtapuestos. (Bonaparte, 2014).

Los primeros no están separados de la sociedad hasta tanto la


comunidad no se vea desgarrada por conflictos de intereses. Su
función es administrar lo mejor posible los intereses comunes de la
comunidad. La marca del poder del Estado consiste en que pronto
esos organismos se sitúan por encima de la sociedad y se vuelven
extraños con respecto a ella.

Esta cuestión de la autonomización respecto de la sociedad se


vincula igualmente a la cuestión capital de la democracia. Si bien
se mira, se percibe que si los organismos de la sociedad gentilicia
no están separados de la sociedad es porque esta sociedad
funciona según las normas de una democracia real: esto es
evidente en el caso de la ausencia de “fuerza pública” especial. La
defensa está asegurada por “la organización armada autónoma de
la población“. Burocracia y democracia real son incompatibles. La
idea de que la “verdadera democracia” pone fin a la separación de
la sociedad política propia del Estado representativo moderno es
muy antigua en la obra de Marx: tal es la tesis que se halla en La
crítica del derecho político hegeliano en 1843. Engels la retoma
en el curso de sus trabajos históricos de 1880-1886. Por otra parte,
lo que he llamado la “rectificación de 1885” que concierne a la
primera república francesa, pone a la orden del día la cuestión de
la autonomía administrativa en modalidades mucho menos
excepcionales que las de la Comuna de París. La cuestión de la
autoadministración local está directamente vinculada con la de
la democracia real. Hay un punto esencial que retener, la
democracia, para Engels, no es siempre, ni siquiera en principio,
una forma de Estado; es históricamente una forma de organización
anterior al Estado y que excluye su existencia. Tendremos que
recordarlo cuando sea necesario examinar la tesis engelsiana,
retomada por Lenin, del “deterioro de la democracia“. (Bonaparte,
2014).

“[El Estado] – dice Engels -, no es entonces un poder impuesto


desde afuera a la sociedad; no es tampoco “la realidad de la idea
moral”, “la imagen y la realidad de la razón”, como pretende
Hegel”.