Los tipos dependen, bien de la composición de la cabeza (material de encendido), bien de la
composición del soporte o vástago (material de mantenimiento). A. Cabeza En los fósforos modernos, según la composición de la cabeza hay de dos tipos: Fósforos de seguridad Los fósforos de seguridad están diseñados de forma que la cabeza sólo arde al rasparla contra la superficie de fricción que posee la caja.
La punta de los fósforos de seguridad contiene trisulfuro de antimonio y un agente
oxidante pegados con caseína o cola. La superficie de frotamiento de la caja contiene vidrio en polvo (para la fricción), fósforo rojo y cola (adhesivo). Al frotar la cerilla, el calor de fricción convierte el fósforo rojo en fósforo blanco, que arde y prende a su vez la cabeza de la cerilla, y comienza la combustión de la cerilla. Fósforos integrales Es aquel que enciende por fricción en cualquier sitio o superficie rugosa, no es explosiva ni tóxica. Es muy reactivo y se oxida espontáneamente en contacto con el oxígeno atmosférico emitiendo luz, dando nombre al fenómeno de la fosforescencia B. Soporte La cabeza del fósforo tiene un soporte o vástago para permitir su manejo. Según la composición del vástago han existido varios tipos de cerillas: las esteáricas, las de papel o de cartón y las de madera.1 Lo más frecuente es que sea un palito de madera de sección cuadrada. A lo largo del tiempo se han utilizado otros materiales, como una serie de hebras de algodón o un papel plegado fijadas con cera (de ahí el nombre de cerillas o cerillos) o un cartón empapado, que se ha utilizado mucho en los fósforos llamados de carterilla.