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ZONA ARQUEOLÓGICA

LA INVESTIGACIÓN
ARQUEOLÓGICA
DE LA ÉPOCA VISIGODA EN
LA COMUNIDAD DE MADRID

Volumen II
La Ciudad y el Campo

NÚMERO 8
ALCALÁ DE HENARES, 2006

MUSEO ARQUEOLÓGICO REGIONAL


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Índice
Volumen I: Historiografía y territorio
La investigación. Los acontecimientos históricos. El territorio
La investigación

3 La investigación sobre el mundo visigodo en Madrid desde la Guerra Civil a la transición


democrática
Salvador Quero Castro

15 La investigación de época visigoda en la Comunidad de Madrid desde la transición


democrática hasta el presente
Jorge Morín de Pablos

23 La época visigoda en la Comunidad de Madrid:


Cómo se muestra en la exposición permanente del Museo Arqueológico Regional
(Alcalá de Henares)
Fernando Sáez Lara

39 El Parque Arqueológico de Recópolis y su función divulgativa:


Objetivo principal
Laura María García

Los acontecimientos históricos

49 La Carpetania tardorromana y visigoda en relación a Complutum


Margarita Vallejo Girvés

El territorio

El territorio madrileño

65 Repertorio de yacimientos de época visigoda en la Comunidad de Madrid


(ss. V al VIII d. C.)
Jorge Morín de Pablos, Rafael Barroso Cabrera, Francisco José López Fraile, Mario López
Recio y Fernando Sánchez Hidalgo

103 Caminos sobre caminos: un recorrido por las rutas visigodas en Madrid
Carlos Caballero

115 El paisaje de la Comunidad de Madrid en época visigoda


Carlos Fernández Calvo

Los territorios limítrofes

129 La época visigoda en la provincia de Guadalajara: pasado, presente y futuro


Ernesto Agustí García, Francisco José López Fraile y Álvaro Sanz Paratcha

141 Panorama de la arqueología de época visigoda en la provincia de Cuenca


Rafael Barroso Cabrera

161 Arqueología de época visigoda en la provincia de Albacete


Blanca Gamo Parras

181 Algunas notas sobre el contexto histórico visigodo en la provincia de Segovia


Pablo Guerra García

197 Arqueología del poblamiento visigodo en el occidente de la Meseta Norte (ss. V-VIII)
Jorge Morín de Pablos
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239 Avance sobre las excavaciones arqueológicas en el yacimiento de época visigoda de La


Legoriza, San Martín del Castañar (Salamanca)
José Antonio Gómez Gandullo

259 Ávila visigoda


Luis J. Balmaseda Muncharaz

Volumen II: La ciudad y el campo


La ciudad. El campo. La sierra. La campiña y las vegas
La ciudad

273 La ciudad en el centro peninsular durante el proceso de consolidación


del estado visigodo de Toledo
Lauro Olmo Enciso

289 Complutum tardoantiguo


Sebastián Rascón Marqués y Ana Lucía Sánchez Montes

314 La Villa del Val y la necrópolis del Camino de los Afligidos (Alcalá de Henares)
Ana Lucía Sánchez Montes y Sebastián Rascón Marqués

El campo

331 ¿Dónde vivían los “Germanos”? Poblamiento, hábitar y mundo funerario en el occidente
europeo entre los siglos V y VIII. Balance historiográfico, problemas y perspectivas desde
el centro del reino “Godo” de Toledo
Jorge López Quiroga

389 Primeros pasos hacia el análisis de la organización interna de los asentamientos rurales
de época visigoda
Alfonso Vigil-Escalera Guirado

La sierra

399 Los yacimientos arqueológicos de Colmenar Viejo durante la Antigüedad tardía


Fernando Colmenarejo García y Cristina Rovira Duque

410 El poblado de Navalvillar (Colmenar Viejo)


Concepción Abad Castro

La campiña y las vegas

425 La Vega: un modelo de asentamiento rural visigodo en la provincia de Madrid


Mar Alfaro Arregui y Asunción Martín Bañon

441 La Huelga y el Malecón: dos asentamiento altomediavales entre la tradición y el cambio


Miguel Rodríguez Cifuentes y Luis Ángel de Juena García

455 Las Charcas, un asentamiento rural visigodo en la vega del Jarama


Miguel Rodríguez Cifuentes y Luis Andrés Domingo Puertas

469 Trabajos arqueológicos en el yacimiento “El Prado de los Galápagos”


Vicente Marcos Sánchez-Moreno, Lorenzo Galindo San José y Rebeca Carlota Recio Martín

493 Cabañas con cubierta de teja en el yacimiento arqueológico de Frontera de Portugal


Vicente Marcos Sánchez-Moreno y Lorenzo Galindo San José
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501 El Guijo y el Bajo del Cercado, un ejemplo de la ocupación visigoda en la Vega del
Jarama (Madrid)
Eva Engracia Redondo Gómez, Miguel Roger Dumas Peñuelas, Vicente Marcos Sánchez-
Moreno, Lorenzo Galindo San Jóse

515 El Cerro de la Gavia. Una necrópolis tardoantigua en Villa de Vallecas (Madrid capital)
Ernesto Agustí García, Rafael Barroso Cabrera, Laura Benito Díez, Marta Escolá Martínez,
Francisco José López Fraile, Jorge Morín de Pablos y Amalia Pérez-Juez Gil

527 El yacimiento hispanovisigodo del Barraco del Herrero (San Martín de la Vega, Madrid).
Los campos de silos en época visigoda: ¿Continuidad o innovación?
Jorge Morín de Pablos, Marta Escolá Martínez, Fernado Sánchez Hidalgo, Germán López
López, Mario López Recio, José Yravedra Sainz de los Terrenos, Carlos Fernández Calvo, Lara
Benito Díez y Francisco José López Fraile

539 El espacio funerario en el poblado de época visigonda de Gózquez de Arriba


(San Martín de la Vega, Madrid)
Miguel Contreras Martínez y Antonio Fernández Ugalde

559 Los yacimientos de Tinto Juan de la Cruz -Pinto, Madrid-. Nuevos datos para el estudio
de la época romana y visigoda en la meseta Sur (ss. I al VI d.C.)
R. Barroso Cabrera, J. Morín de Pablos, E. Penedo Cobo, Pilar Oñate Baztán y Juan Sanguino
Vázquez

589 La necrópolis hispanovisigoda de La Indiana (Pinto, Madrid)


Jorge Morín de Pablos, Eduardo Penedo Cobo, Pilar Oñate Baztán, Gabriel Oreja Martín
Maximino Ramírez Molina y Juan Sanguino Vázquez

603 El yacimiento visigodo del PP5, en el arroyo Culebro


Eduardo Penedo Cobo, Pilar Oñate Baztán, Juan Sanguino Vázquez

617 El yacimiento visigodo de Buzanca 2


E. Penedo Cobo

627 El yacimiento visigodo de la Recomba


E. Penedo Cobo y Juan Sanguino Vázquez

637 La necrópolis visigoda de Cacera de las Ranas (Aranjuez)


F. Ardanaz Arranz

651 La necrópolis hispanovisigoda del yacimiento de Equinox, Alcala de Henares. Madrid


Jorge J. Vega Miguel, Pilar Martín Ripoll y Roberto C. Menduiña García

675 La necrópolis hispanavisigoda del yacimiento de la Fuente de la Mora. Leganés. Madrid.


Jorge J. Vega Miguel y Pilar Martín Ripoll
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Volumen III: La cultura material


La arquitectura. La escultura. La cerámica. La toreútica. La cultura
material. La epigrafía. El hueso. La industria lítica. La numismática.
Estudios antropológicos. Estudios zooarqueológicos y
antracológicos
La arquitectura

687 Las contrucciones cristianas desde la Tardoantigüedad hasta “epoca Goda” en la


Comunidad de Madrid (siglos IV-VII): una arquitectura por descubrir
Artemio Manuel Martínez Tejera

La escultura

709 La escultura de epoca visigoda en la Comunidad de Madrid


Jorge Morín de Pablos y Rafael Barroso Cabrera

La cerámica

729 La cerámica del período visigodo en Madrid


A. Vigil-Escalera Guirado

La toreútica

741 Arqueología funeraria de época visigoda en la Comunidad de Madrid: la toréutica


Rafael Barroso Cabrera y Jorge Morín de Pablos

La cultura material

761 Armas en la arqueología madrileña de la Antigüedad tardía


Rafael Barroso Cabrera y Jorge Morín de Pablos

775 Los bronces litúrgicos visigodos en la Comunidad de Madrid


Luis J. Balmaseda Muncharaz

781 La orfebrería de época visigoda en la Comunidad de Madrid


Luis J. balmaseda Muncharaz

La epigrafía

797 La epigrafía de época visigoa en la Comunidad de Madrid


Isabel Velázquez

809 Pizarras con inscripción de época Hispanovisigoda en la Provincia de Madrid


Aránzazu Urbina Álvarez

El hueso

817 La producción ósea madrileña durante el período hispanovisigodo


Ruth Villaverde López

825 Comentarios arqueo-zoológicos sobre el aerófono de la Necrópolis de Afligidos, Villa


Romana del Val (Alcalá de Henares, Madrid)
Marta Moreno García y Carlos M. Pimenta

La industria lítica

835 Rebuscado en la terrera: la producción lítica hispanovisigoda en la región de Madrid


G. López López
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La numismática

843 La numismática visigoda en la Comunidad de Madrid


Luis González Carrasco

849 El bol del vidrio litúrgico


Ana Lucía Sánchez Montes

Analíticas y técnicas

Estudios antropológicos

863 La necrópolis infantil del Cerro de la Gavia (Villa de Vallecas, Madrid)


María Elena Nicolás Checa

Anexo I. Representación gráfica de los restos humanos


Anexo II. Registro fotográfico de los restos humanos recuperados
Anexo III. Radiografías

951 Estudio antropológico de los restos óseos humanos excavados en la necrópolis visigoda
de Prado Galápagos (Madrid)
Jesús Herrerín López

Estudios zooarqueológicos y antracológicos

983 Zooarqueología visigoda en el yacimiento visigodo de Barranco del Herrero


Miguel Contreras Martínez y Antonio Fernández Ugalde

991 Restos animales y vegetales del yacimiento visigodo de Prado de los Galápagos, inter-
pretación ambiental
Víctor García-blanco y Sara Vila

1003 Estudio arqueofaunístico del yacimiento arqueológico “La Huelga”


Alejandra Alarcón Hernández
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Resumen
El inicio de la Edad Media en Europa está marcado por importantes cambios en las relacio-
nes políticas, sociales y económicas. En este sentido, el cementerio del poblado de Gózquez
de Arriba es fiel reflejo de ese cambio de mentalidad, puesto que el recinto funerario penetra
en el poblado compartiendo espacio con las actividades y estructuras de la vida cotidiana.
El mundo de los muertos deja de entenderse ahora como un mundo con entidad propia,
independiente del mundo de los vivos, y pasa a ser concebido como un elemento cercano y
familiar.
El cementerio fue ocupado de forma ininterrumpida entre los siglos VI y VIII de nuestra Era,
tal y como demuestra el análisis de los materiales arqueológicos encontrados en las sepul-
turas. El estudio de las tumbas, de los enterramientos y de los materiales arqueológicos nos
ha permitido documentar tipos de sepulturas hasta ahora no documentados en otros cemen-
terios de época visigoda en la Península Ibérica y establecer pautas sociales que explican
diferencias en la construcción de las sepulturas y en el adorno del difunto. La presencia de
elementos de vestido y adorno del difunto refleja también cambios en el rito de enterramien-
to a lo largo de los tres siglos que dura la ocupación.

Palabras clave: Poblados rurales. Cementerios. Época visigoda. Gózquez de Arriba (San
Martín de la Vega, Madrid). Siglos V – VIII d.C. Alta Edad Media.

Abstract
The beginning of the Middle Age in Europa is indicated by considerable changes of political,
social and economical relationships. In this sense, the cemetery of Gozquez de Arriba village
is a faithful reflection of this change of mentality, since the funeral enclosure penetrates into
the village sharing space with the activities and structures of daily life. Now, the world of deads
can be understood as a world with its own identity and it becomes a nearby and homely ele-
ment.
The cemetery was occupated in a continous way between the VI and VIII centuries A.D., such
as shown by the study of the archaeological remains found into the graves. The study of gra-
ves, burials and archaeological remains allows us to document types of graves unknown in
others cemeteries of visigothic age in the Iberian Peninsula and discover social models which
explain differences in the construction of the graves and the adornment of the dead. The pre-
sence of elements of clothing and adornment of the dead reflects also changes in ritual of
burial along three centuries of this cemetery use.

Key words: Rural villages. Cemeteries. Visigothic age. Gózquez de Arriba (San Martín de la
Vega, Madrid). V – VIII centuries A.D. Early Middle Age.
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El espacio funerario en el poblado de época visigoda de


Gózquez de Arriba (San Martín de la Vega, Madrid)

Miguel Contreras Martínez* y Antonio Fernández Ugalde**

La región madrileña presenta, desde la tardoantigüedad (Ss IV-V) excavadas arqueológicamente). El poblado de Gózquez de
hasta momentos avanzados de la Alta Edad Media (Ss. IX – X), un Arriba es uno de los conjuntos arqueológicos excavados en los
complejo panorama funerario formado por necrópolis rurales o últimos años que más datos están aportando para conocer las
necrópolis en plein champ -Daganzo de Arriba (Fernández Godín características y modos de vida en los núcleos rurales del inte-
y Pérez de Barradas, 1931), Cacera de las Ranas (Ardanaz rior peninsular durante estos “oscuros” primeros siglos de la
Arnanz, 2000) o Tinto Juan de la Cruz (Barroso et alii, 2002)-, Alta Edad Media. Su excavación y estudio está revisando y
pequeños agrupamientos de inhumaciones repartidos por todo el abriendo nuevos frentes en la investigación sobre la arqueolo-
lugar habitacional -tercera fase de La Indiana (Morín et alii, 1999) gía de época visigoda en nuestro país: nuevos métodos de
(Vigil-Escalera, 1999)- y tumbas aisladas asociadas a villae o análisis de los materiales cerámicos (Vigil-Escalera, 1999),
pequeños lugares de hábitat -necrópolis de El Jardinillo (Priego, documentación de nuevos tipos constructivos en arquitectura
1980) o la Torrecilla (Priego y Quero, 1977)-. doméstica, (Vigil-Escalera, 2000) e, incluso, planteamiento de
En este sentido, la larga tradición en la localización de las nuevos procesos de excavación e interpretación de yacimien-
necrópolis fuera de los espacios destinados al hábitat inicia, tos (Fernández Ugalde, 2004). El artículo que se presenta viene
desde los primeros momentos de la Alta Edad Media, un lento y a completar la investigación sobre este importante yacimiento
no siempre lineal recorrido de acercamiento que culminaría con la de nuestra región con la descripción y análisis del conjunto
penetración de “los cementerios en las ciudades o los pueblos, cementerial; recinto perfectamente imbricado espacial y funcio-
en medio de los habitáculos de los hombres” (Azcárate, 2002: nalmente con el resto del poblado, cuyo estudio se hace
137). Esta progresiva imbricación entre el mundo de los vivos y el imprescindible para comprender la estructuración interna del
de los muertos constituye uno de los principales indicadores del mismo y la escasamente conocida interrelación entre los espa-
cambio entre la Antigüedad y la Edad Media (Brogiolo y Cantino, cios de hábitat y los recintos funerarios en los asentamientos de
1998). época visigoda.
La importancia y singularidad de la intervención arqueológica Tradicionalmente, la investigación arqueológica sobre yaci-
en el yacimiento de época visigoda de Gózquez estriba en que, mientos rurales de época visigoda en nuestro país y, por añadi-
por primera vez, ha podido documentarse estratigráficamente dura, en la región de Madrid, presenta una línea de trabajo dife-
en gran extensión un conjunto habitacional formado por pobla- rente para los lugares de hábitat, por un lado, y para los con-
do (c. 10 ha) y necrópolis (ha. 356 sepulturas, 247 de ellas juntos funerarios, por otro. Esta separación se produce cómo
consecuencia directa del hecho de que en casi ninguna de las
* Museo Arqueológico Regional, Pza. de las Bernardas, s/n. 28801 Alcalá de Henares
necrópolis excavadas existan lugares de hábitat directamente
– Madrid. E-mail: miguel.contreras@madrid.org. Tfno: 91 879 66 80. relacionados (Ripoll López, 1998: 248), lo que ha provocado
** Museo Histórico Municipal de Écija. C/ Cánovas del Castillo, 4. 41400 Ecija –
Sevilla. E-mail: museo@ecija.org. Tlf: 95 590 29 19. que la mayoría de los estudios presenten los recintos funerarios
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540 La investigación arqueológica de la época visigoda en la Comunidad de Madrid

Fig. 1. Planta general de las estructuras localizadas en el poblado de Gózquez de Arriba.

como yacimientos con entidad propia, sin relación aparente con poblado por grandes cantidades de fragmentos cerámicos y ele-
los espacios de hábitat de los que proceden. mentos de uso común difícilmente adscribibles a tipologías de
En el poblado de Gózquez de Arriba ambos espacios -lugares vajillas de lujo o piezas especialmente relevantes en cuanto a su
para el hábitat y recinto cementerial- deben tratarse como partes decoración o tipología de fabricación; mientras que en la necró-
integrantes de una unidad mayor: el poblado. Desde el punto de polis está formado por un número abundante de objetos de
vista metodológico, ambos conjuntos forman un único espacio orfebrería y piezas de adorno que cuentan con una abundante
de asentamiento con una interrelación directa y clara. Solamente tradición en la bibliografía arqueológica en la que abundan los
la diferente naturaleza del registro arqueológico (constituido en el intentos de clasificación cronotipológica de estos elementos)
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nos permite proponer dos líneas de análisis diferentes para mayor extensión de los conocidos hasta ahora dentro y fuera de
ambos espacios y presentar inicialmente los resultados en foros nuestras fronteras. Este yacimiento, ya registrado en la Carta
separados. Arqueológica de la Comunidad de Madrid desde inicios de los años
90, fue delimitado y excavado como parte de las medidas correc-
1. Espacio funerario y espacio de hábitat en Gózquez toras para paliar la afección al Patrimonio Arqueológico de las obras
de Arriba de construcción del denominado “Parque de Ocio de la
Con una superficie aproximada de 10 ha, el poblado de Gózquez Comunidad de Madrid”. Se efectuaron en este contexto diferentes
de Arriba constituye uno de los asentamientos de carácter rural de fases de localización, valoración y excavación arqueológicas pro-
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542 La investigación arqueológica de la época visigoda en la Comunidad de Madrid

Fig. 2. Planta general del recinto cementerial.

movidas por la empresa ARPEGIO y la Dirección General de aspectos tales como la representatividad de todos los sectores,
Patrimonio Histórico de la Comunidad de Madrid entre los años la distribución de los tipos constructivos o elementos de datación,
1997 y 2000. posibles espacios con diferencias en aspectos rituales, concen-
Los restos del poblado se distribuyen por un área alargada, tración de tumbas con reutilizaciones, etc.
sobre una serie de lomas y cerros de suaves pendientes. El recin- Aunque los trabajos de excavación pudieron localizar, como se
to funerario ocupa, en el centro de éste espacio, la ladera de una ha expuesto antes, un espacio cementerial formado por 356 tum-
pequeña elevación que desciende hasta las tierras de la vega del bas, el conjunto original debía extenderse un poco más hacia el
Arroyo de Gózquez, cauce estacional que discurre en dirección norte y se vio afectado desde tiempos inmemoriales por las dife-
Noroeste-Sureste hasta llegar al río Jarama, a menos de 2 km de rentes tareas de construcción y acondicionamiento del Camino
distancia. Comparte, pues, características topográficas definidas de Gózquez de Arriba, tal y como se pudo observar en alguno de
para estos emplazamientos en otros yacimientos, como la ubica- los perfiles del mismo. Así pues, en origen se puede estimar que
ción «sobre la ladera de una colina, no lejos de una corriente de la necrópolis debía contar con alrededor de 450 tumbas.
agua o vía de comunicación» (Ripoll López, 1998: 248). Éstas En el caso de Gózquez de Arriba, la ubicación del cementerio
deben tomarse, no obstante, como características propias del rodeado de estructuras de habitación, almacenaje y producción
hábitat, del cual el espacio funerario forma parte. impone una delimitación espacial preestablecida de antemano
El recinto cementerial de Gózquez de Arriba ocupa una super- para el conjunto funerario. Los límites del área destinada a las
ficie poligonal de casi media hectárea. Los trabajos de limpieza sepulturas debían estar predefinidos desde un principio con el fin
superficial y de delimitación del conjunto permitieron localizar un de organizar y planificar el crecimiento o utilización del todo el
total de 356 tumbas excavadas en el suelo con orientación espacio durante, al menos, tres siglos de ocupación. Tal hipóte-
Este/Noreste – Oeste/Suroeste. De ellas se excavaron un total de sis parece reforzarse con la existencia de una serie de sepultu-
247, repartidas por todo el conjunto. Los criterios de selección de ras con una estructura de forma cuadrangular de piedra encima
las tumbas a excavar se basaron, principalmente, en el grado de de la lápida que se distribuyen por los límites del recinto cemen-
afección del proyecto constructivo. Así, se primaron criterios de terial y podrían haber actuado como hitos o mojones de delimi-
conservación de las tumbas para, posteriormente, centrarnos en tación espacial. Seguramente la definición previa del espacio
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Fig. 3. Tabla tipológica de tumbas

destinado a cementerio provocó que la ocupación del mismo no En este caso este edificio podría haberse situado no dentro del
se hiciera de forma radial, sino que la constante reutilización de cementerio, sino en la cima del cerro que domina la ladera en la
las tumbas por grupos de carácter social o familiar afín parece que se ubica el cementerio. No obstante este extremo no pudo
provocar un crecimiento aparentemente desordenado, sólo arti- ser comprobado al ser ésta una zona fuertemente alterada debi-
culado por ciertas agrupaciones de tumbas de similares carac- do a su uso como cantera de yeso desde, al menos, el siglo XIX.
terísticas en cuanto al rito, tipología funeraria, vestido y adorno La distribución espacial de las sepulturas no parece obedecer
de los finados, etc. a una cuidada alineación en calles (Reihengräberfelder o cimetiè-
Tampoco en el espacio funerario de Gózquez de Arriba se res par rangées), sino más bien a la aproximación de grupos de
documenta ningún resto de edificación o espacio en torno al cual sepulturas con algún tipo de relación social o familiar. Sólo una
se distribuyan las tumbas, a modo de iglesia o edificio de culto. orientación similar de las sepulturas, unida a la necesidad de
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544 La investigación arqueológica de la época visigoda en la Comunidad de Madrid

espacios para la circulación de personas, parece en algún


momento señalar una cierta alineación de las tumbas, muy lejos
de las perfectas formaciones de las necrópolis merovingias que
dan nombre a las necrópolis de tumbas alineadas en calles.
La señalización exterior de las tumbas ha suscitado diversas
interpretaciones, la mayoría de ellas ampliamente cuestionadas
ante la falta de testimonios arqueológicos fiables. Parece eviden-
te que las tumbas se distinguirían de alguna manera al exterior, tal
y como demuestra el hecho de que todas aprovechan espacios
vacíos y ninguna corta a otra anterior. Además, el hecho de las
frecuentes reutilizaciones de fosas afianza la idea de que su loca-
lización debía ser evidente y sencilla (Ardanaz Arranz, 2000, 230).
En algunas sepulturas localizadas en los límites exteriores del
recinto cementerial se han localizado indicios de la existencia
sobre la lápida de una estructura cuadrangular realizada con
mampostería irregular. Por otra parte, un gran número de tumbas
poseen una sección con rebaje lateral profundo, en la que la lápi-
da se sitúa aproximadamente entre 0,40 y 0,50 cm de profundi-
dad respecto a la superficie del terreno. Encima, pues, de la lápi-
da de cierre de la sepultura se colocaba un relleno de tierra que
previsiblemente podría coronarse al exterior con un túmulo. En
algún caso, se han podido documentar la existencia de acumula-
ciones y enterramientos secundarios encima de la lápida que
debía sellar la última utilización de la sepultura. Así, pues, aunque
Fig. 4. Planta y sección de la sepultura 80.
se carece de indicios de elementos señalizadores de las sepultu-
ras, tales como tejas o piedras, no parece descabellado pensar
en un coronamiento exterior formado mayoritariamente por túmu-
los y, en algún caso, elementos más complejos tales como
estructuras de fábrica en puntos concretos del cementerio. geológico en el que estaban excavadas algunas tumbas. En
este sentido, de las 247 tumbas excavadas, sólo 119 presentan
2. Cabañas y casas para la vida, nichos y fosas algún elemento constructivo; elemento que se reduce, en la
para la muerte mayoría de los casos, a una o varias lajas de yeso que se utili-
La arquitectura funeraria en Gózquez de Arriba debe ser estudia- zan como lápida de la sepultura. Únicamente 16 de estas 119
da en el conjunto de la arquitectura doméstica del poblado. La tienen las paredes recubiertas de algún tipo de material–lajas de
articulación de los espacios de hábitat en Gózquez se caracteri- piedra (10 tumbas), o recubrimiento de piedras (6 tumbas) y sólo
za por las cabañas semiexcavadas en el suelo (Grubenhäuser), una presenta, además el suelo recubierto de fragmentos de teja
con construcciones aéreas de material lígneo, y las casas con plana reutilizados.
zócalo de piedra, alzado de tapial de yeso y cubierta de tejas La arquitectura funeraria en Gózquez de Arriba muestra una
(Vigil-Escalera, 2000). Conceptos tales como la monumentaliza- amplia variedad, con tipos hasta ahora no documentados en las
ción o la utilización de elementos constructivos en las tumbas, tan necrópolis altomedievales de nuestro país. Sin duda son reflejo
usados en contextos funerarios, deben ser entendidos en el con- de una sociedad con ricos contactos culturales entre grupos.
texto de una arquitectura basada mayoritariamente en el uso de En todo caso, la arquitectura doméstica de cabañas y casas
materiales perecederos y casas de aspecto “pobre” en los que la con zócalo y cimientos de piedra y alzado de tapial parece ser
madera y el tapial de yeso son los elementos predominantes. predominante en espacios rurales desde tiempos ancestrales y,
También en este contexto constructivo debe encuadrarse el de la misma manera, el enterramiento en nichos laterales exca-
hecho de que no se hayan encontrado materiales exógenos vados en la pared de una fosa se conoce desde la prehistoria.
empleados en la construcción de las tumbas. No hay, como en No siempre los factores exógenos son los causantes de la
otras necrópolis cercanas (Camino de los Afligidos, Cacera de las diversificación tipológica, sino que a veces enmascaran proce-
Ranas, Carpio del Tajo, etc.), materiales anteriores reutilizados sos internos nunca desterrados totalmente, aunque ocultos
–tegulae, lápidas de mármol, sillares de piedra caliza, etc.-. El detrás de nuevas concepciones arquitectónicas y espaciales
único material constructivo que se utilizó en el cementerio de más brillantes.
Gózquez es el yeso –en lajas o en pequeños sillarejos irregulares, La riqueza tipológica de la arquitectura funeraria en Gózquez
que se encuentra en las inmediaciones e, incluso, en el sustrato de Arriba ha hecho necesario elaborar una nueva clasificación
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Fig. 5. Plantas y sección de la sepultura 199.

Fig. 6. Plantas y sección de la sepultura 215.

que incluyera los nuevos tipos aparecidos, así como la presencia A. Tipo I. Tumbas con sección simple
o no de elementos constructivos en las tumbas. Todas las tum- Es el grupo de tumbas más numeroso (138 tumbas excavadas) y
bas documentadas en la necrópolis de Gózquez se encuentran el mejor representado en todas las necrópolis de época visigoda
excavadas en el suelo, por lo que el criterio fundamental debía ser excavadas en nuestro país y fuera de él.
la sección de la fosa, estableciendo variaciones de los grupos en
función de la presencia o no de materiales constructivos. Se pue- a. Tipo Ia. Tumbas con sección simple sin elementos cons-
den establecer, así, tres grupos de sepulturas: a) tumbas con sec- tructivos
ción simple, b) tumbas con sección en “T”, y c) tumbas con nicho Son las más abundantes dentro de este grupo y las más sencillas
lateral. desde el punto de vista constructivo. Corresponde a los tipos Ic
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546 La investigación arqueológica de la época visigoda en la Comunidad de Madrid

Fig. 7. Planta y sección de la sepultura 180.

Fig. 8. Planta y sección de la sepultura 110.

de Ripoll y II de Cacera de las Ranas y, pese a su sencillez pre- da también a un especial tratamiento del difunto en cuanto a ves-
senta variantes en cuanto a la existencia de dos pequeñas lajas tido y adorno, lo que representa un rasgo distintivo del individuo
en los extremos de la base de la fosa para apoyo del ataúd. respecto al grupo. Corresponde al tipo VIIc de Ripoll.

b. Tipo Ib. Tumbas con sección simple y lápida superior d. Tipo Id. Tumbas infantiles con cubierta y base de teja curva
Constituido por una simple fosa con una lápida a base de lajas de Aunque este tipo se incluye dentro del grupo de las fosas simples,
yeso, a veces una sola o a veces varias alineadas hasta cubrir la tienen una entidad propia y permite intuir un tratamiento especial
fosa. Corresponde al tipo Vc de Ripoll y se documenta en casi para los recién nacidos o miembros menores de la familia.
todas las necrópolis de época visigoda. Pese a su sencillez, la Posiblemente la ausencia de bautismo debió ser la causa de que los
presencia de un elemento constructivo de estas características niños no se entierren en el interior de la sepultura familiar, aunque sí
en un asentamiento en el que priman los materiales perecederos existe una relación directa de proximidad entre las dos tumbas.
y el tapial de yeso puede ser un elemento socialmente distintivo; Dados los espaciales problemas de conservación de los restos
hecho que se refuerza con el dato de que casi todas las tumbas óseos infantiles, en ninguno de los casos se pudieron localizar ves-
con finados que presentan elementos de vestido y adorno se tigios en el interior de la sepultura, formada por dos tejas curvas, una
encontraban cubiertas por una lápida. en la base y otra como cubierta. Son frecuentes este tipo de ente-
rramientos en los cementerios de época tardorromana y visigoda y
c. Tipo Ic. Tumbas con sección simple, lápida superior y su inclusión en el recinto cementerial muestra una gran sensibilidad
paredes recubiertas de lajas social hacia el grupo familiar; debe recordarse que en momentos
Son tumbas con un especial tratamiento en paredes y cubierta. más recientes, los niños no bautizados se aíslan del resto de las
Son poco abundantes y el cuidado en la construcción se trasla- tumbas y se excluyen del recinto “cristiano” del cementerio.
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Fig. 9. Planta y sección de la sepultura 112.

B. Tipo II. Tumbas con sección en “T” b. Tipo II2. Tumbas con sección en “T” profunda
Constituye el otro gran bloque de tumbas en Gózquez de Estas tumbas presentan un rebaje lateral de más de 0,50 cms. de
Arriba. Las sepulturas con rebajes laterales para encajar la profundidad respecto a la cota de excavación y constituyen el
tapadera no suponen, desde el punto de vista constructivo, un grupo más elaborado desde el punto de vista arquitectónico.
gran aumento del esfuerzo, pero indican, desde el origen, la Suponen el 50% de las tumbas con sección en “T” de la necró-
existencia de tipos peculiares de sepulturas. En un contexto polis y en ellas se puede documentar, sobre la lápida que cubre
arquitectónico en el que predominan los materiales lígneos y el el enterramiento, un túmulo que en ocasiones aloja restos de una
tapial de yeso, el uso de lápidas de yeso debió suponer una o varias acumulaciones. Es en esta tipología donde se encuen-
importante inversión, toda vez que facilita la reutilización de las tran las reutilizaciones con mayor número de individuos (tumba
tumbas en diferentes momentos. En este sentido, de las 99 136 con restos de 9 individuos -3 enterramientos principales, 3
tumbas con rebajes laterales, 57 presentan enterramientos reducciones y 3 acumulaciones-; tumba 162 con restos de siete
con elementos de vestido y adorno y otras 10 más, aunque -2 enterramientos principales, 2 reducciones y 4 acumulaciones,
tienen sección simple o sin determinar, tienen lápida como dos de ellas en el túmulo sobre la lápida)
cubierta (Tipos Ib y Ic). Las tumbas con sección en “T” o con
rebajes laterales pueden subdividirse, según la profundidad de 1. TIPO II2A. TUMBAS CON SECCIÓN EN “T” PROFUNDA Y LÁPIDA
rebaje en dos subtipos: tumbas con sección en “T” simple SUPERIOR.
(subtipos II1) y tumbas con sección en “T” profunda (subtipos Es una variante del tipo Vc de Ripoll que incluye, como elemento
II2). característico, un espacio entre la lápida y la superficie del terre-
no que se cubre de tierra y, en algunos casos (Tumbas 73, 124,
a. Tipo II1. Tumbas con sección en “T” simple 131, 136, 162 y 186), alberga acumulaciones de restos de ente-
1. TIPO II1A. TUMBAS CON SECCIÓN EN “T” SIMPLE Y LÁPIDA rramientos anteriores.
SUPERIOR.
En este caso, la ausencia de lápida en algunas tumbas de este 2. TIPO II2B. TUMBAS CON SECCIÓN EN “T” PROFUNDA, LÁPIDA
tipo puede deberse a la pérdida de este elemento debida a las SUPERIOR Y PAREDES RECUBIERTAS
sucesivas reutilizaciones y a un menor cuidado en las siguientes Las paredes del enterramiento pueden recubrirse de lajas de yeso
fases, posiblemente causado por una menor atención a este tipo o de un murete construido a base de piedra irregular sin trabar.
de elementos. Sólo en un caso (tumba 31) se ha podido docu- Este tipo de sepulturas, pese al gran esfuerzo constructivo que
mentar una cubierta de madera. suponen, no presentan, salvo en un caso –tumba 33- un especial
cuidado del difunto en cuanto al adorno y vestido
2. TIPO II1B. TUMBAS CON SECCIÓN EN “T” SIMPLE, LÁPIDA SUPERIOR
Y PAREDES RECUBIERTAS DE LAJAS 3. TIPO II2C. TUMBAS CON SECCIÓN EN “T” PROFUNDA, LÁPIDA
Sólo hay una tumba de este tipo (tumba 48), y, pese al gran SUPERIOR Y ESTRUCTURA CUADRANGULAR ENCIMA DE LA LÁPIDA
esfuerzo constructivo no se documenta un especial cuidado de Es, junto con las tumbas en nicho, el tipo más novedoso en la
los finados en cuanto al vestido y adorno personal. Tampoco se necrópolis. Se trata de tumbas con un claro elemento señalizador
reutiliza la tumba en momentos posteriores. –una estructura cuadrangular construida de sillarejo irregular tra-
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548 La investigación arqueológica de la época visigoda en la Comunidad de Madrid

Fig. 10. Planta final de la sepultura 65.

Fig. 11. Plantas y sección de la sepultura 108.

bado con barro- encima de la lápida que cubre el enterramiento. que estuvieran reservadas a personajes con especial significado
Sólo 5 de las 247 tumbas presentan este elemento y se localizan dentro del grupo. En un poblado en el que las estructuras de
en los límites meridional y occidental del cementerio; límites hábitat parecen presentar una distribución espacial organizada en
opuestos a las vaguadas o vegas que forman los otros dos lími- torno a modelos familiares de ocupación (Vigil-Escalera, 2000:
tes. Son, pues, las zonas más fácilmente visibles desde las zonas 250), la pauta representada en el espacio funerario es la agrupa-
de hábitat del poblado. ción de sepulturas y la reutilización de las mismas por un grupo,
De todas las tumbas de este tipo, sólo una de ellas -Tumba hipotéticamente familiar. Este tipo de tumbas, aparentemente ais-
103- fue reutilizada en varias ocasiones, albergando, además, ladas del funcionamiento y estructuración del espacio interno
una acumulación de restos en el interior de la estructura superior. acaso podrían reflejar la relevancia de determinados individuos
No se conocen paralelos para este tipo de tumbas en los cemen- con respecto al conjunto del poblado, más allá de sus relaciones
terios de época visigoda en la península ibérica. Posiblemente, la familiares internas.
integración del espacio funerario dentro de la zona de hábitat del La existencia de este tipo de tumbas que marcan los límites del
poblado hizo necesario establecer visualmente los límites del ámbito funerario, un espacio predefinido desde el principio, en
recinto a partir de construcciones sobresalientes integradas den- cuyo interior se ocupan espacios de forma sólo aparentemente
tro de la necrópolis. Aunque el tratamiento de los restos no refle- desordenada, refuerza el modelo de ocupación del conjunto del
ja rasgos distintivos que pudieran denotar una especial relevancia hábitat “…con unos límites fijados desde el inicio (…) en el que las
social o de otro tipo de los individuos allí enterrados las caracte- nuevas construcciones se insertan en la disposición original pro-
rísticas sobresalientes de las sepulturas plantean la posibilidad de curando rellenar huecos…”(Vigil-Escalera, 2000: 250).
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Fig. 12. Diferentes tipos de broches de placa rectangular documentados en Gózquez de Arriba.

C. Tipo III. Tumbas con nicho lateral bas de 247 excavadas) y sólo una de ellas presenta un doble
Este es el tipo de sepultura más novedoso en Gózquez de Arriba. nicho lateral
Al exterior, estas tumbas presentan un aspecto similar al de cual-
quier sepultura de la necrópolis, carente, incluso, de cualquier a. Tipo IIIa. Tumbas con nicho lateral simple
lápida o elemento que resalte, aparentemente, su relevancia Se concentran el sector suroccidental de la necrópolis y sólo 3
desde el punto de vista constructivo. El hueco principal de la fosa casos (tumbas 91, 116 y 216) han sido reutilizados en momentos
presenta una sección simple y en ninguno de los casos ha sido posteriores, siempre con reducciones de los restos anteriores
utilizado o reutilizado para deposiciones, reducciones o acumula- depositadas junto al último individuo. Los individuos no suelen
ciones de restos sirviendo de paso al nicho lateral que sirve de presentar elementos de vestido o ajuar, a excepción de una
cámara funeraria. En algunos casos, el acceso al nicho lateral se tumba con un fragmento distal de un broche de cinturón de placa
encontraba sellado por una laja de yeso (Tumba 57) o una espe- rígida calada en bronce.
cie de murete de piedras (Tumba 91, 116, 126, 152, 156, 180 y
216). La construcción de este tipo de sepulturas necesita un sus- b. Tipo IIIb. Tumbas con nicho lateral doble
trato geológico estable, no demasiado difícil de excavar debido a Sólo hay un caso de este tipo en el que se localizaron los restos
lo reducido del espacio; por esto todas las fosas en nicho se de dos individuos adultos, un hombre y una mujer, ambos con un
encuentran excavadas en el sector suroccidental de la necrópo- broche de cinturón de placa rígida en bronce.
lis, en un sustrato de limos yesíferos.
No se han encontrado, en toda la bibliografía consultada, para- 3. Tumbas de tipo individual con enterramientos múltiples
lelos a este tipo de sepulturas en las necrópolis peninsulares e, El conjunto funerario de Gózquez de Arriba debió de estar formado
incluso, en las publicadas en Europa Occidental. Los únicos para- por alrededor de 450 sepulturas, de las cuales se excavaron un total
lelos publicados se pueden encontrar en la tumba 315 de la de 247, en las que se han documentado un número mínimo de 369
necrópolis de Eski-Kernen (Ucrania) en la Península de Crimea individuos. Esto supone una ratio de 1,49 individuos por tumba, lo
(Ajbabin, 1994: 130) o en la tumba 116 de la necrópolis de que llevaría a un total de 670 personas enterradas en un espacio de
Gródek nad Bugiem (Polonia) (Bierbrauer, 1994: 69). tiempo aproximado de 250 o 300 años (finales del siglo V/comien-
Las tumbas en nicho suponen el 2,4% del total (sólo 10 tum- zos del siglo VI hasta mediados o finales del siglo VIII d.C.).
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550 La investigación arqueológica de la época visigoda en la Comunidad de Madrid

Fig. 13. Ejemplos de broches de cinturón de placa rígida.

El único rito utilizado en el cementerio de Gózquez de Arriba es en origen fueran inhumados simultáneamente uno, dos o incluso
la inhumación. Todas las tumbas se orientan de Este a Oeste, tres individuos. Sólo dos tumbas parecen haber sido construidas
aunque con pequeñas variaciones en el ángulo de orientación para albergar inicialmente más de un finado: la tumba 112, que
causadas, posiblemente, por las diferentes épocas del año en presenta una anchura mayor en la base de la tumba (aprx.
que fueron excavadas. El finado se encuentra, siempre, con la 1,20/1,30 mts.) al resto de las sepulturas, en la que se deposita-
cabeza en el extremo occidental de la fosa, mirando hacia la sali- ron dos individuos –una mujer adulta y una adolescente-, y la
da del sol, según la norma cristiana. Sólo una de ellas (tumba 96) tumba 110, que aunque en superficie tiene tipología de fosa indi-
tiene una orientación Noroeste-Sureste; orientación que no vidual, en la base se construyeron dos nichos para enterrar a un
puede ser causada, en ningún caso, por la falta de espacio pues- hombre y una mujer adultos.
to que en los alrededores de esta tumba se documenta un amplio Pese a su tipología individual, la reutilización de las tumbas es
espacio vacío. una práctica común en todas las necrópolis de esta época. En
Las conclusiones de tipo antropológico se basan en los estu- Gózquez de Arriba se clasifican las deposiciones de restos aten-
dios del material óseo llevados a cabo por Cristina Sampedro diendo a dos factores: la manipulación de restos en momentos
durante el momento de la excavación y confirmados después, en posteriores a la deposición original, por un lado, y el cuidado y
trabajos de laboratorio. Los datos de carácter antropológico no relación de la deposición secundaria con el enterramiento poste-
se centran, de forma exclusiva, en aspectos de tipos físico de la rior. Así, se han podido distinguir tres tipos de deposiciones de
muestra, sino que reflejan también cuestiones sobre las posicio- restos:
nes y las reutilizaciones de los restos. Metodológicamente, para a. Deposición principal. Constituida por el enterramiento que
la identificación y análisis de los materiales se han utilizado pará- no ha sufrido manipulación en momentos posteriores y que
metros recogidos en Bass (1987), Mc.Minn y Hutchings (1990), y ocupa el espacio principal de la sepultura. El enterramiento prin-
Ubelaker (1989). Los métodos empleados para la determinación cipal puede ser individual (91,9% de los casos) o múltiple (dos o
del sexo utilizando la cintura pelviana y otras partes esqueléticas, tres individuos). Es en el caso de los enterramientos principales
fundamentalmente el cráneo, han sido los descritos por Ubelaker múltiples donde se puede apreciar fácilmente el carácter familiar
(1989). Para estimar la edad de los subadultos (menores de 20 de la sepultura. En esta línea, de los 20 enterramientos múlti-
años) se ha utilizado el desarrollo dentario en Ubelaker (1989) y la ples, 13 de ellos están formados por los enterramientos simultá-
aparición, fusión de las epífisis y maduración ósea atendiendo a neos de un individuo adulto y un infantil de 1 a 5 años, con una
los criterios de Steele and Bramblett (1988). La determinación de relación presuntamente familiar; además en los siete restantes,
la edad de los adultos se ha llevado a cabo utilizando el mayor tres de ellos se han podido identificar como dos adultos -hom-
número de métodos posible para cada individuo. En los casos en bre y mujer-, acaso marido y mujer.
los que ha sido posible se han observado los cambios de la b. Reducción. La reducción de los enterramientos anteriores es
superficie auricular (Lovejoy et alii, 1985), el índice de obliteración una práctica habitual en los cementerios de esta época en toda
de las suturas craneales (Meindl y Lovejoy, 1985) y el grado de Europa. Consiste en el levantamiento de los restos, la selección
atrición dentaría (Brothwell, 1987). La determinación de la estatu- de los huesos principales –cráneo y huesos largos fundamental-
ra se ha llevado a cabo bajo las recomendaciones de Bass (1987) mente- y la colocación ordenada en relación con el nuevo ente-
con el método de Trotter y Gleser (1958). Solamente se han utili- rramiento. En Gózquez de Arriba, un 21% de las fosas excava-
zado fémures y tibias ya que estos huesos presentan mayor fia- das presentaban reducciones, la mayoría de ellas sobre los pies
bilidad que los de las extremidades superiores. Las anomalías y/o del nuevo enterramiento, aunque también se observan reduccio-
patologías se han identificado en base a Ortner y Putchar (1985), nes a la altura del tórax y en los laterales.
Roberts y Manchester (1995) y Rogers y Waldron (1995). c. Acumulaciones. Este término define las concentraciones de
Todas las sepulturas, a excepción de una –tumba 112-, pre- huesos que han sido extraidos de su posición originaria y han
sentan tipología de fosa individual, independientemente de que sido depositados sin cuidado aparente y sin relación directa con
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el enterramiento principal. Pueden aparecer en el relleno de la


fosa, o sobre la lápida de la cubierta.
Los enterramientos en ataúd o parihuela fueron también una
práctica habitual en Gózquez de Arriba -el 40,9% de los enterra-
mientos presentan restos de madera o clavos procedentes del
ataúd-. El uso o no de ataúd debe interpretarse, no como una
evolución del rito de enterramiento, sino, acaso, como un indicio
de la posición social del difunto y su grupo o de la modalidad de
enterramiento. De esta manera, en casi todas las tumbas con un
especial cuidado en el adorno y vestido de los finados se docu-
menta el uso de ataúdes o parihuelas. Es frecuente, en los ente-
rramientos con ataúd, la localización de dos pequeñas lajas de
piedra en los extremos de la fosa -cabeza y pies del finado- para
apoyo del ataúd, posiblemente con la finalidad de facilitar la recu-
peración de las cuerdas que sirven para descenderlo.

4. Vestido, adorno y objetos de ofrenda


Tradicionalmente, la bibliografía arqueológica sobre necrópolis de
época visigoda denomina con el término ajuar al conjunto de
objetos encontrados junto a los restos óseos en la sepultura. En
este sentido, se entiende por ajuar funerario el conjunto de ofren-
das que acompañan al difunto en su paso al más allá, a la vida
más allá de la muerte; definición en la que se incluyen todos los
objetos funerarios que acompañan al finado, independientemen-
te de su función o uso. No obstante, es importante resaltar que
los conjuntos están compuestos, en su mayor parte, por objetos
de vestimenta y adorno personal, que no se pueden considerar
ofrendas como tales, sino parte del ritual de enterramiento.
Precisamente son los elementos metálicos de vestimenta y ador-
no personal una de las señas de identidad de la nueva etapa.
Broches de cinturón, fíbulas, hebillas, collares, pendientes, etc., son
en época visigoda los exponentes más sobresalientes de una cul-
Fig. 14. Fíbula de arco y placas de la sepultura 112.
tura material en la que las cerámicas carecen de tratamientos deco-
rativos, las vajillas de vidrio, pese al gran desarrollo tecnológico de
este material patente en los broches de cinturón, collares y pen- tumba, se han agrupado en tres conjuntos: elementos de vesti-
dientes, presentan tipologías muy sencillas y la arquitectura domés- menta, piezas de adorno personal y objetos de ajuar.
tica en los poblados se fundamenta en cabañas semiexcavadas en
el suelo y casas de cimientos de piedras y alzado de tapial. Debe a. Elementos de vestimenta
destacarse en Gózquez de Arriba el importante contraste entre el
registro material de los espacios de hábitat, en los que sólo se BROCHES DE CINTURÓN
encontraron dos elementos de vestido -un broche de cinturón y un Los broches de cinturón son uno de los elementos mejor estu-
fragmento de hebilla de hierro-, y los espacios funerarios, en los que diados en las necrópolis de época visigoda. Los más antiguos
el 34% de las tumbas presentaban algún elemento de vestido y/o son los broches de cinturón de placa rectangular que Ripoll inclu-
adorno personal. En este sentido puede llevar a error extrapolar el ye cronológicamente en su “nivel II” -480/490 hasta 525 d.C.-.
alcance del cambio entre época tardorromana y visigoda basándo- En Gózquez de Arriba se encontraron 10 ejemplares que van
nos sólo exclusivamente en datos del registro funerario. La presen- desde los más sencillos –placa rectangular en bronce con o sin
cia en necrópolis hispanas de objetos con amplia difusión en decoración y hebilla ovalada en hierro o bronce (Tumbas 31, 52,
Europa es un dato ampliamente constatado en momentos de la 157 y 194, ) – hasta aquellos con hebilla y placa de bronce con
presencia romana y no necesariamente unido a penetraciones de decoración sencilla de cabujones (Tumbas 14, 49, 112 y 173). A
grupos foráneos. No debe olvidarse que la cultura de la Europa bár- este grupo de broches con decoración más sencilla, sucede otro
bara mantiene abiertas las vías comerciales del Imperio Romano. grupo con las mismas características técnicas –hebilla ovalada
Con el fin de poder analizar los elementos que acompañaban en bronce de placa rectangular con decoración de cabujones de
al difunto en un contexto más amplio que su posición en la pasta vítrea- pero con una composición más elaborada a partir
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552 La investigación arqueológica de la época visigoda en la Comunidad de Madrid

de frisos concéntricos de celdillas y la ocupación total del espa-


cio de la placa con cabujones de colores. Este tipo de broches de
placa rectangular pervive hasta bien entrado el siglo VI d.C. Se
asocia con las fíbulas de arco y placas de técnica trilaminar, ani-
llos de sección octogonal, pendientes rematados en formas geo-
métricas y ricos collares de cuentas de pasta vítrea.
El segundo bloque de broches de cinturón documentado en el
espacio funerario de Gózquez de Arriba está formado por los bro-
ches de cinturón de placa rígida. Se documentan un total de 17
broches de este tipo, que se caracteriza por presentar una hebi-
Fig. 15. Tipos de anillos documentados en el cementerio.
lla rectangular y una placa alargada, con decoración o sin ella,
que forman parte de la misma pieza, sin articulación. Ripoll clasi-
fica este tipo de materiales en su nivel IV (560/80 – 640 d.C.) y los FIBULAS
relaciona con la llegada de una nueva moda latino-mediterránea La más antigua desde el punto de vista tipológico aparecida en
que frena la producción de los talleres visigodos y marca el auge el espacio funerario de Gózquez de Arriba es un ejemplar de fíbu-
de otros centros hispánicos de carácter local (Ripoll López, 1998, la en omega (Tumba 45). Este tipo de fíbulas, que tiene un origen
58). Este tipo de broches tienen una amplia distribución geográfi- plenamente romano, alcanza su máxima difusión en contextos
ca en necrópolis peninsulares y es frecuente encontrarlas en los de los Ss. II al IV d.C. Aparecen, no de forma abundante, pero sí
cementerios de época visigoda de la Meseta como El Carpio del testimonial, en casi todas las necrópolis de época visigoda
Tajo (15 ejemplares), Daganzo de Arriba (2 ejemplares), Camino peninsulares en contextos de los Ss. V y VI d.C. como elemen-
de los Afligidos (1 ejemplar), Cacera de las Ranas (8 ejemplares) tos de pervivencia (Méndez y Rascón, 1989: 137; Ardanaz
y Duratón . Arranz, 2000: 269). No se encuentran aquí elementos asociados
En las tumbas con broches de cinturón de placa rígida docu- que puedan reforzar su cronología.
mentadas en Gózquez de Arriba se observa claramente una Más abundantes en número son las grandes fíbulas de arco y
disminución de los objetos de adorno y vestido que acompa- placas de técnica trilaminar (tumbas 14, 28, 49, 112, 136 y 192).
ñan al finado. Sólo dos tumbas con este tipo de elementos Este tipo de fíbulas, construidas en bronce y latón –Blëchfibeln-
–tumbas 33 y 136- presentan muertos ricamente decorados con una técnica de ensamblaje de láminas, se interpreta como
con collares, fíbulas, pendientes, etc. y, además, tipos simples elementos de importación del repertorio visigodo con origen en
de broches de placa rígida que Ripoll fija como elementos de la zona de Crimea y Hungría (Martínez Santa-Olalla, 1934), si bien
transición entre el Nivel III y IV. Así, pues, con este tipo de ele- la ausencia de decoración en las fíbulas hispanas lleva a pensar
mentos se documenta un claro descenso en el número de que se producirían en talleres locales imitando los modelos cen-
adornos y elementos de vestido, posiblemente un cambio de troeuropeos, aunque simplificando su decoración (Ripoll López,
tendencia en el rito de enterramiento. En los enterramientos 1986: 60) Se asocian a broches de cinturón con placa rectangu-
con este tipo de materiales aparecen acompañados únicamen- lar con decoración de cabujones de pasta vítrea y los ejemplares
te con pendientes, en algunos casos, hebillas, o cuchillos; mejor conservados se encuentran en las tumbas con mayor rele-
éstos últimos nunca asociados a broches de cinturón o a ele- vancia desde el punto de vista del tratamiento a los difuntos
mentos del siglo VI d.C., –tumba 112, con dos individuos femeninos ricamente ataviados
Destaca en Gózquez de Arriba la ausencia de broches de tipo con elementos de vestido y adorno, y tumba 136, la tumba con
liriforme en contextos funerarios. Este tipo de broches, fechados mayor número de individuos (9 en total), con, al menos, cuatro
en el siglo VII d.C., son los de más amplia difusión geográfica en superposiciones de enterramientos ricamente ataviados y deco-
el ámbito del mundo visigodo (Ripoll López, 1986: 60). No debe rados-. Cronológicamente se encuadran en contextos funerarios
explicarse esta ausencia con el abandono del poblado, puesto de fines del siglo V y principios del siglo VI d.C. (Ripoll López,
que se documentó un broche de esta tipología en contextos de 1985 ; Ardanaz Arranz, 2000: 264), evolucionando rápidamente
hábitat, y el estudio del poblado revela cambios en la estructura- hacia las fíbulas fundidas de una sola pieza.
ción cómo la sustitución de algunas cabañas por casa con zóca- Las fíbulas de arco en bronce fundidas en una sola pieza son,
los de piedra en momentos avanzados del siglo VII d.C. (Vigil- como ya se ha apuntado, una evolución tipológica y tecnológi-
Escalera, 2000: 249). Debe pensarse, más bien, en una evolución ca de las grandes fíbulas de placas ensambladas. En Gózquez
del rito funerario que pasa de enterrar a sus muertos con sus de Arriba se encontraron tres ejemplares en dos tumbas (tumba
mejores vestidos y adornos personales, durante el siglo VI d.C., a 19, con dos fíbulas idénticas, y tumba 182). Esta evolución se
una mayor sobriedad en el adorno, aunque no en el vestido, observa claramente en la fíbula de la tumba 182 que conserva
durante la primera mitad del siglo VII, hasta llegar, en momentos la decoración de palmetas en la zona de contacto entre el arco
avanzados del siglo VII y gran parte del siglo VIII d.C., a enterrar- y las placas, que originariamente servían para disimular los
los en sudarios, sin elementos personales. remaches de unión entre las placas (Méndez y Rascón, 1989:
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Fig. 16. Pendiente rematado en extremo geométrico de la sepultura 112. Fig. 17. Pendiente con cilindros ensartados de la sepultura 138.

137). La otra pareja de fíbulas de este tipo tiene la placa del torno lento de la fase III del poblado – segunda mitad del siglo VII
resorte rematada en cinco apéndices semicirculares y decora- y siglo VIII- (Vigil-Escalera, 2000: 237), es el elemento de vestido
ción geométrica a bisel; decoración que se extiende a la placa que con más frecuencia aparece solo (22% de las tumbas con
del enganche con doble recorrido en zig-zag con separaciones hebillas) o acompañado únicamente de otras hebillas de simila-
lineales. Estas fíbulas son frecuentes en los cementerios de res características (18,4%). Posiblemente este hecho sea fruto
época visigoda en el siglo VI, desapareciendo a principios del de las diferencias sociales entre los difuntos. En una sociedad en
siglo VII (Ripoll López, 1985). la que se tiende a enterrar a los muertos con las mejores galas,
Debe destacarse la ausencia en el conjunto funerario de los ricos broches de cinturón de cabujones o de placa rígida
Gózquez de Arriba de dos tipos de fíbulas que aparecen con fre- acaso fueran sustituidos en los grupos menos pudientes por sim-
cuencia en las necrópolis de esta época dentro y fuera de nues- ples hebillas que cumplen la misma función, pero requieren una
tro país: las fíbulas discoidales, ampliamente representadas en menor inversión económica. Esta es, quizá una de las causas de
Cacera de las Ranas (Ardanaz Arranz, 2000), El Carpio de Tajo su gran proliferación en las necrópolis de época visigoda com-
(Ripoll López, 1985), Afligidos 0 (Méndez y Rascón, 1989) y puestas por una mayoría de población de recursos limitados. Su
Duratón (Molinero Pérez, 1948), entre otras; y las fíbulas aquilifor- invariabilidad tipológica a lo largo del tiempo es quizá, conse-
mes. Aunque las primeras hunden sus raíces en el mismo mundo cuencia también de su uso ampliamente extendido por la pobla-
romano de los Ss. II y III, ambos tipos tienen una personalidad ción media. Sólo pequeñas aportaciones en la decoración del
fuertemente centroeuropea y serían fabricadas en talleres locales hebijón o en el tamaño de la hebilla podrían ser, por tanto, indi-
de la Meseta imitando las de procedencia exterior. Su difusión cios de la posición social del difunto. No debe olvidarse, no obs-
abarca, fundamentalmente, los años centrales del siglo VI d.C. tante, que se trata de materiales de contextos funerarios, y que
(Ripoll López, 1998). La ausencia de este tipo de objetos debe este tipo de materiales no tienen prácticamente representación
entenderse en contextos de relaciones comerciales o de difusión en contextos de hábitat hasta el momento.
de productos de unos u otros talleres, toda vez que el espacio
cronológico en el que se difunden este tipo de fíbulas está cubier-
to en la necrópolis por broches de cinturón de placa rectangular
y decoración de cabujones, o fíbulas de arco de una sola pieza.

HEBILLAS DE CINTURON O CORREAJE


Son las piezas más abundantes en casi todas las necrópolis de
época visigoda tanto dentro como fuera de la península ibérica.
Tipológicamente están formadas por una anilla ovalada de sec-
ción semicircular con la base recta para sujetar el hebijón, que
puede ser de sección escutiforme o recta, con o sin decoración.
Pese a su abundancia en contextos funerarios de época visigoda
no se conocen con exactitud los orígenes de este tipo de piezas,
que debieron evolucionar de las hebillas ovaladas romanas usa-
das desde época republicana (Mendez y Rascón, 1989: 256).
Aunque en Gózquez de Arriba aparecen asociadas a elemen-
tos de diferentes cronologías –broches de cinturón de placa rec-
tangular con decoración de cabujones –fines siglo V y siglo VI
d.C.-, broches de cinturón de placa rígida, calada o no –segunda
mitad del siglo VI hasta primer cuarto del VII d.C.-, cerámicas a Fig. 18. Recipientes cerámicos localizados en las sepulturas.
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Las pequeñas hebillas rectangulares en bronce también se casos -tumbas 14, 33, 112, 136, 169 y 173- se puede hablar de
documentan en Gózquez de Arriba, con un amplio abanico de collares propiamente dichos, formados por cuentas de diferentes
asociaciones. Debieron formar parte de algún correaje suplemen- formas, colores y tamaños. Las cuentas son de ámbar -general-
tario (Ardanaz Arranz, 2000: 258) para albergar elementos tales mente de sección irregular y de tamaño pequeño-, pasta vítrea
como cuchillos, sondas de oído, etc. -de diferentes colores y formas (gallonadas, cilíndricas, verdes,
En este grupo deben incluirse también los numerosos hebijones, blancas, etc.)- y, en un caso, de piedra -calcedonia-. Los collares
casi siempre de base escutiforme, encontrados en el cementerio. se encuentran en las tumbas con los individuos más ricamente
Debieron formar parte de hebillas o correajes realizados con mate- decorados, y solamente en un caso (tumba 112) se pudo deter-
riales más endebles, que hoy se han perdido, tales como hierro. minar el sexo del finado que corresponde, en este caso a dos
mujeres.
APLIQUES Las cuentas de ámbar son las más abundantes en las necró-
Los apliques, pese a tener una función dudosa como objetos de polis de época visigoda, mientras que las de pasta vítrea presen-
adorno o de sujeción, son elementos muy comunes en las necró- tan una mayor calidad en su factura. Generalmente aparecen
polis españolas. Los más comúnes son los apliques escutiformes asociadas en collares formados por gran número de cuentas.
con un enganche para la fijación al tejido en el reverso de la pieza. Cuando las cuentas parecen en número escaso siempre son de
Aparecen en número de tres en tres tumbas (tumbas 97, 106 y pasta vítrea.
148) asociados a hebillas ovaladas y broches de cinturón de
placa rígida. PULSERAS
Otro tipo de apliques documentado en Gózquez de Arriba son Sólo hay un ejemplo de pulsera en el cementerio de Gózquez
los que presentan forma de casquete esférico con la base octo- (tumba 226). Se trata de una pulsera de bronce de sección circular
gonal. En la tumba 112 se encontró un aplique de esta tipología ligeramente engrosada en la zona frontal. Este tipo de adornos no
utilizado como pendiente que conservaba todavía el arete de son frecuentes en las necrópolis de época visigoda, pero cuentan
bronce que lo unía a la oreja. una importante tradición en las tumbas de época romana. No se
tienen otros elementos que nos puedan proporcionar paralelos para
b. Piezas de adorno personal establecer la cronología de este elemento en nuestra necrópolis.
Los elementos de adorno personal muestran un tratamiento dife-
rente del finado. Su presencia o ausencia no debe tomarse en PENDIENTES
sentido estricto como un indicador cronológico, aunque su mayor Se han encontrado pendientes en 14 tumbas, todos ellos en
incidencia parece marcar ciertas pautas sociales. Su mayor pro- bronce. El tipo más común documentado en las necrópolis penin-
fusión corresponde a los primeros momentos de la necrópolis, sulares son los de extremo engrosado con forma geométrica.
descendiendo notablemente hacia mediados del siglo VI d.C. Este tipo de pendientes se asocian a grandes fíbulas de arco y
placas de técnica trilaminar (tumba 14), broches de cinturón de
ANILLOS placa rectangular decorada con cabujones de pasta vítrea (tum-
En Gózquez de Arriba se han encontrado 15 anillos, todos en bas 112, 169 y 173), collares y anillos de forma octogonal. Se
bronce, que se agrupan tipológicamente por la forma y la sec- trata de pendientes de tradición hispanorromana (Caballero
ción. Así, se encuentran anillos de forma octogonal y sección Zoreda, 1984), aunque conocen una gran expansión durante el
plana, mayoritariamente asociados a tumbas con individuos rica- siglo VI d.C. (Ripoll López, 1985). Existe otro tipo de pendientes,
mente decorados con presencia de broches de placa rectangular herederos de éstos, que presentan un remate en forma de celda
con decoración de cabujones y fíbulas de arco y placas de técni- geométrica que contiene un cabujón de pasta vítrea (tumba 112).
ca trilaminar; anillos de forma circular y sección circular, muy sen- El segundo gran grupo de pendientes presenta una factura, si
cillos técnicamente y sin decoración; y anillos de forma circular y cabe, más sencilla que la anterior. Presentan un arete de sección
sección aplanada. Son éstos últimos los que presentan algún tipo circular rematado en punta en uno de los extremos y con una o
de decoración incisa, bien en todo el campo del anillo (tumbas dos piezas cilíndricas que se superponen en el extremo opuesto.
112, 209 y 222), o bien en un engrosamiento del extremo (tumba Se encuentran asociados, en algún caso, a broches de placa rígi-
138). Los anillos son frecuentes en los cementerios hispanos y da calada (tumba 135), aunque también en tumbas sin elementos
centroeuropeos y parecen corresponder todos a una evolución asociados (tumba 138) y en un caso (tumba 112) convive con pen-
de los tipos romanos. En época visigoda se generalizaría su uso dientes de extremo cúbico facetado con decoración de cabujones.
introduciendo pequeñas variaciones en su ornamentación
(Ardanaz Arranz, 2000: 271). c. Objetos de ajuar
Se recogen en este apartado aquellos objetos depositados en la
COLLARES Y CUENTAS tumba como elementos de ofrenda o deseo de que sirvan de
En Gózquez de Arriba se han localizado cuentas de collar en 15 complemento al difunto, independientemente de su adorno y ves-
sepulturas, en diferente número, aunque en la mayoría de los tido personal, en su viaje al más allá.
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CUCHILLOS te “próxima, familiar”, socializada, claramente diferenciada de la


En Gózquez de Arriba aparecen 13 cuchillos de hierro de un solo mentalidad sobre la muerte en el mundo romano (Azcarate, 2002:
filo. Mayoritariamente se encuentran asociados a una o dos hebi- 122). Este cambio se materializa en el paso la “necrópolis”, enten-
llas ovaladas de bronce (53,8 % de los casos) o bien aparecen dida como conjunto de inhumaciones aisladas, al “cementerio”,
como único elemento que acompaña al difunto (23,1%). Sólo en donde el recinto funerario entra a formar parte de las zonas urba-
tres sepulturas (tumbas 79, 97 y 162) se encuentran asociados a nizadas (Galinié, 1997: 18) actuando como verdadero articulador
broches de cinturón que siempre corresponden a tipologías de del territorio. El recinto cementerial del poblado de época visigo-
placa rígida calada. da de Gózquez de Arriba es un claro exponente de esta nueva
Nada se puede concluir sobre el uso de este tipo de elemen- concepción de la muerte.
tos por hombres o por mujeres, puesto que, en ningún caso, las Ubicado dentro del espacio de hábitat, el cementerio actúa
condiciones de conservación de los restos han permitido averi- como verdadero articulador del poblado. Las estructuras de hábi-
guar su sexo. Sí se ha encontado un ejemplar asociado a un tat –cabañas, casas, silos, recintos adyacentes a las casas, etc.-
enterramiento juvenil (10-20 años). se distribuyen alrededor del recinto funerario según un patrón
Este tipo de materiales son frecuentes en las necrópolis penin- ordenado que parece establecer previamente los límites del espa-
sulares de época visigoda -27 en Cacera de las Ranas (Ardanaz cio a ocupar (Vigil-Escalera, 2000: 250). La estructuración interna
Arranz: 2000: 274), 72 en Duratón (Molinero Pérez, 1948)-. del uso del cementerio repite este proceso de ocupación en el
Estos cuchillos carecen en todos los casos de elementos que las sepulturas se disponen dentro de un espacio acotado de
decorativos o de la calidad suficiente para ser considerados antemano, respetando escrupulosamente las anteriores, muchas
como armamento. Se trata, más bien, de elementos domésticos de las cuales debieron reutilizarse durante bastante tiempo a juz-
(Ardanaz Arranz, 2000: 276) relacionados con la actividad agríco- gar por las numerosas reducciones y acumulaciones de restos
la o ganadera de las personas que habitaron el poblado. Debido documentadas en su interior.
al deficiente estado de conservación no se puede saber si los El espacio cementerial presenta un uso continuado desde fina-
cuchillos fueron piezas que el difunto usó en vida, o bien tienen les del siglo V/comienzos del VI d. C. hasta el siglo VIII d.C. sin
únicamente un carácter simbólico o de prestigio. interrupciones aparentes. Aunque la mayoría de las sepulturas
excavadas sólo presentan una utilización (68,83% de las sepultu-
RECIPIENTES CERÁMICOS ras excavadas), son frecuentes las reutilizaciones en uno o varios
El hallazgo de recipientes cerámicos en las tumbas es habitual en momentos. Sin duda, la reutilización de sepulturas parece obede-
las necrópolis de inhumación de época tardorromana (Ss. II al IV cer a factores sociales y económicos más que a cuestiones de
d.C.), pero desaparecen en los cementerios durante los primeros rito, de la misma manera que debe interpretarse el uso o no de
momentos de la época visigoda. ataúd y la presencia de elementos constructivos tales como lápi-
En Gózquez se han localizado dos ofrendas de ajuares cerámi- das o lajas en las paredes de la fosa. La presencia de tumbas de
cos (tumbas 206 y 230) Ambos recipientes, una olla de cuerpo estructura simple, sin elementos de adorno, junto a sepulturas
globular correspondiente al grupo TL2 y un jarrita piriforme de ricamente elaboradas es producto de esa socialización de la
pasta anaranjada y torno rápido, se incluyen en el período III del muerte que se citaba anteriormente. Del mismo modo, las dife-
poblado, fechado durante la segunda mitad del siglo VII y el siglo rencias en el tratamiento de los difuntos parecen reflejar una
VIII d.C. (Vigil-Escalera, 1999). En el caso de los recipientes cerá- importante jerarquización social de los grupos campesinos que
micos sí parece que han sido utilizados en vida, puesto que habitan el poblado.
ambos presentaban ligeras fracturas, posiblemente fruto de algún Durante tres siglos de ocupación ininterrumpida del cemente-
tipo de ritual funerario. rio se puede observar, junto con elementos de tipo social, una
evolución lineal en el rito de enterramiento. Esta evolución se
5. A modo de conclusión documenta, de manera sustancial, en las tumbas con mayor tra-
El proceso de penetración de los recintos cementeriales en los tamiento de los difuntos, puesto que las tumbas más sencillas no
espacios de habitación humana es un fenómeno poco conocido es sencillo observar cambios, en el contexto de en un registro
para la investigación arqueológica en nuestro país. La influencia funerario pobre, en el que pueden confundirse comportamientos
de los estudios sobre conjuntos funerarios en los grandes núcle- rituales –ausencia de elementos de adorno y vestido debido a la
os urbanos, herederos de una estructuración espacial impuesta costumbre de enterrar a los muertos despojados de todos sus
por concepciones diferentes sobre la muerte, y la ausencia en el bienes y envueltos en un sudario, rito posiblemente generalizado
mundo rural de espacios de hábitat directamente relacionados a partir de la segunda mitad del siglo VII d.C.- con las limitaciones
con las necrópolis dibuja un panorama en el que la investigación impuestas por la falta de resalte del difunto –que conlleva ausen-
sobre poblados y cementerios de época visigoda recorren vías cia de elementos de vestido y adorno-. Pese a esto, se pueden
difícilmente convergentes. constatar cambios en el ritual de enterramiento:
Los cementerios de época visigoda reflejan un cambio de con- a. Algunas tumbas con materiales asignables a finales del siglo
cepción de la muerte: la “mort apprivoisé” (Aries, 1983), la muer- V y durante el siglo VI –fíbulas de placa y técnica trilaminar,
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556 La investigación arqueológica de la época visigoda en la Comunidad de Madrid

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broches de cinturón o fíbulas. Además, parece volverse a 197
instaurar la presencia de elementos de ajuar tales como BROGIOLO, G.P., CANTINO WSYSGHIN, G. (1998): “Sepoltore tra IV e VIII secolo”, 7º

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