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CARACTERÍSTICAS GENERALES DEL MOVIMIENTO MODERNISTA

El Modernismo desde el punto de vista social

El modernismo es el primer movimiento literario original de América. Por primera


vez era el nuevo continente el que marcaba la pauta a seguir.
Los principios que caracterizan al Modernismo no provienen, como en el caso del
movimiento romántico, de una teoría o de un manifiesto donde se especifiquen las
bases que habrán de regirlo. El Modernismo es la suma de las actitudes
individuales aunque ciertamente regidas por una actitud común frente al arte; pero
también frente a la vida.
Condicionado por los cambios político-culturales que caracterizan la época
finisecular (final del siglo), el modernismo implica una readaptación al sistema
social impuesto por la caída de viejas estructuras y la implantación de otras
nuevas. Así, por ejemplo. La actitud del artista frente a la sociedad cambia
totalmente porque en la época en la que la clase poderosa era la aristocracia, el
artista en general vivía del mecenazgo: eran los nobles acomodados quienes
sostenían económicamente a los artistas; al desaparecer del primer plano
económico la aristocracia, es la burguesía la que ocupa el lugar. El auge industrial
crea una nueva casta rica y poderosa. El artista, en este caso concreto el poeta,
carece de posibilidades económicas, pero si bien lo acerca al pueblo, su cultura y
capacidad sensible lo alejan de él; se crea así un grupo social al que se le conoce
con el nombre de bohemia, formado justamente por intelectuales y artistas que se
refugian muchas veces en un mundo determinado por la droga y el alcohol –como
es el caso del poeta francés Baudelaire- los poetas de esta generación son
invariablemente seres preocupados por encontrar nuevas formas de decir, nuevas
interrelaciones entre las diferentes manifestaciones artísticas, nuevos valores que
ayuden a enriquecer la creación la creación poética, con actitudes, en fin, que
hablan de su necesidad de crear, el artista es un dios que gobierna mundos creados
y organizados por él mismo, bajo sus propias leyes armónicas.

Principios estéticos del Modernismo

Cuando decimos que el Modernismo es el primer movimiento originalmente


americano, no quiere decir que surja de la nada, al contrario, su originalidad radica
en su capacidad de síntesis de tres movimientos subsecuentes: El Romanticismo, el
Simbolismo y el Parnasianismo. Del primero de ellos y sus características ya
hemos tratado. Por lo que se refiere al simbolismo diremos que la base de la que
parte está contenida en un verso del poeta francés Verlaine: “ De la musique avant
toute chose” (la música antes que cualquier cosa) ¡qué significado tiene esta frase?
Nos habla en primer lugar del predominio de la forma sobre el contenido, nos
habla de búsquedas sonoras, de la utilización de las palabras con un sentido que va
más allá de su significado y que tiene que ver con las emociones que producen
determinados juegos armónicos. Para Baudelaire, la naturaleza toda es un caudal
de símbolos y el poeta es el ser que tiene el don de descifrarlos; no sólo la música
contribuye a la transformación del mundo, también los colores y los perfumes
forman correspondencias que entretejen una malla invisible gracias a la cual el
orden cósmico del poema y del mundo en él representado, se mantienen.
Para Mallarmé –otro de los poetas simbolistas- por ejemplo, emociones y
sensaciones deben ser el eje central del arte. La sensibilidad se convierte en
facultad indispensable del ejercicio artístico tanto para el creador como para su
receptor.
Los parnasianos, por su parte, luchaban en pro de un arte puro, arduamente
trabajado en busca de la forma perfecta donde la emoción y el sentimiento
desaparecen ante el horror de mostrarse naturalmente desnudos, como sucede en
la poesía romántica. El artificio y las múltiples envolturas producen un arte bello,
pero frío.
El Modernismo no se revela contra ninguno de los tres movimientos
mencionados, tampoco es imitación de ellos, es la síntesis de los principios
estéticos que determinan cada uno. En el poeta modernista, romanticismo.
Simbolismo y parnasianismo constituyen un todo auténtico y original. Es un
producto nuevo, pero con raíces. El Modernismo es armonía, color, perfección de
formas pero también es fascinación de los sentidos y expresión de sentimientos y
angustias existenciales.
Gusta de los paisajes diurnos en contraposición a los románticos. Su símbolo
es el cisne, modelo de excelsitud de formas. Abundan en la poesía modernista las
joyas y los metales preciosos, los paisajes exóticos y los colores vivos.
El Modernismo es una actitud ante la vida y no sólo un movimiento
literario. El Modernismo es, en síntesis, la búsqueda de un nuevo orden estético
basado en la correlación de elementos perceptibles por nuestros sentidos como el
olor, el sabor, la música y la danza; nuevo orden en el que la fantasía juega un
papel importante.

José Martí y Julián del Casal. El nacimiento del Modernismo en Cuba.

Cuba fue el último país que se independizó de España, y esa independencia se


ganó en parte gracias a José Martí ( 1 853- 1 895). Martí no sólo dio la vida por su
patria, sino algo mucho más importante: le heredó una ideología, un carácter, una
forma de ser que emana de su obra.
Desde que tenía quince años se convirtió en un luchador incansable, fundó
en esa época, junto con su maestro Rafael Mendive, el periódico La Patria Libre ,
durante toda su vida continuó con su labor periodística, siempre puesta al servicio
de sus ideas libertarias.
Su obra poética puede dividirse en dos partes: las colecciones mayores que
comprenden El Ismaelillo ( 1 882), libro dedicado a su hijo en el que se mezclan el
brillo de los primeros brotes modernistas con la delicadeza de las formas más
puramente románticas; los Versos libres ( 1 878 – 1 882) y sus Versos sencillos (1 891),
poesía profunda dicha con sencillez.
La vida y la obra de Martí van siempre indefectiblemente unidas porque
una es la justificación de la otra. Martí une la pasión romántica la inquietud
estética, por eso se dice que es uno de los cuatro precursores del Modernismo: José
Martí, Julián del Casal, también cubano, José Asunción Silva, colombiano y Manuel
Gutiérrez Nájera de México. El considerar a estos cuatro escritores como
precursores del movimiento no es rigurosamente cierto, en todos ellos está ya muy
definida la conciencia de la necesidad de revitalización del lenguaje.
Tanto en sus libros de poemas como en las adaptaciones de cuentos clásicos
que publica en el semanario La Edad de Oro , Martí combina colores y sensaciones,
mundos policromías y texturas, de reinos exóticos, de juegos sonoros donde las
dimensiones del lenguaje como expresión de los sentidos, alcanza propoprciones
insospechadas.

Basten como ejemplo los versos siguientes :

Duermo en mi cama de rosa


Mi sueño dulce y profundo:
Roza una abeja mi boca
Y crece en mi cuerpo el mundo.

Brillan las grandes molduras


Al fuego de la mañana,
Que tiñe las colgaduras
De rosa, violeta y grana.

El clarín, sólo en el monte,


Canta al primer arrebol:
La gasa del horizonte
Prende, de un aliento, el sol.

Finalmente, destacaremos la importancia de una frase acuñada por Martí y que se


convirtió en bandera de los escritores modernistas, especialmente de los
pertenecientes a la segunda época del movimiento: “Nuestra América”. El
posesivo “nuestra” abarca no sólo el ideal político que animó al Romanticismo;
significa ante todo la convicción de una conciencia autónoma con características
propias, definibles a través del arte y a través del pensamiento.
Para corroborar todo lo antes dicho sobre Martí y el Modernismo, e
introducir a un tiempo al otro poeta cubano, Julián del Casal, citaremos un
fragmento escrito por el propio Martí:
Y es que en América está ya en flor la gente nueva, que pide peso a la prosa y condición al verso, y
quiere trabajo y realidad en la política y en la literatura. Lo hinchado cansó, y la política hueca
rudimentaria, y aquella falsa lozanía de las letras que recuerdan los perros aventados del loco de
Cervantes. Es como una familia en América esta generación literaria, que principió por el rebusco
imitado, y está ya en la elegancia suelta y concisa, y en la expresión artística y sincera, breve y
tallada, del sentimiento personal y del juicio criollo y directo.. El verso, para estos trabajadores, ha de
ir sonando y volando. El verso, el hijo de la emoción, ha de ser fino y profundo, como una nota del
arpa. No se ha de decir lo raro, sino el instante raro de la emoción noble o graciosa. Y ese verso, con
aplauso y cariño de los americanos, era el que trabajaba Julián del Casal.

Julián del Casal fue un hombre desdichado y enfermizo, murió a los treinta
años en medio de una fiesta. No cantó a la patria como Martí, sino que remontó su
imaginación hacia otros mundos; fue el primero que introdujo en la poesía
Hispanoamericana los temas japoneses que tanto gustarían después a José Juan
Tablada, y tan de moda en Francia en la época de Casal. Sus versos poseen la
fuerza dramática de un hombre siempre torturado al que invadía una hastío
intenso por la vida. Sobresale su libro Nieve en el que están contenidos , sin duda,
sus mejores versos.

Casal mantuvo una estrecha relación con varios poetas mexicanos de


filiación modernista, es especial con Manuel Gutiérrez Nájera quien en su Revista
Azul incluye poemas de Casal y comentarios elogiosos con respecto a su obra.

LA NIÑA DE GUATEMALA
(1)

Quiero, a la sombra de un ala,


Contar este cuento en flor:
La niña de Guatemala,
La que se murió de amor.

Eran de lirios los ramos,


Y las orlas de reseda
Y de jazmín: la enterramos
En una caja de seda.

...Ella dio al desmemoriado


una almohadilla de olor:
él volvió, volvió casado:
ella se murió de amor.

Iban cargándola en andas


Obispos y embajadores:
detrás iba el pueblo en tandas,
todo cargado de flores.

...Ella por volverlo a ver,


salió a verlo al mirador:
él volvió con su mujer:
ella se murió de amor.
Como de bronce candente
al beso de despedida
era su frente ¡la frente
que más he amado en mi vida!

... Se entró de tarde en el río,


la sacó muerta el doctor:
dicen que murió de frío:
yo sé que murió de amor.

Allí, en la bóveda helada,


la pusieron en dos bancos:
Besé su mano afilada,
Besé sus zapatos blancos.

Callado, al oscurecer,
me llamó el enterrador:
¡Nunca más he vuelto a ver
a la que murió de amor!

(2)
Mucho, señora, daría
por tener sobre tu espalda
tu cabellera bravía,
tu cabellera de gualda:
Despacio la tendería,
callado la besaría.

Por sobre la oreja fina


baja lujoso el cabello,
lo mismo que una cortina
que se levanta hacia el cuello
La oreja es obra divina
De porcelana de China.

Mucho, señora, te diera


por desenredar el nudo
de tu roja cabellera
sobre tu cuello desnudo:
Muy despacio la esparciera,
hilo por hilo la abriera.
(3)
Yo quiero salir del mundo
por la puerta natural:
en un carro de hojas verdes
a morir me han de llevar.

No me pongan en lo oscuro
a morir como un traidor:
¡yo soy bueno, y como bueno
moriré de cara al sol !

(4)
Sé de un pintor atrevido
que sale a pintar contento
sobre la tela del viento
y la espuma del olvido.

Yo sé de un pintor gigante,
el de divinos colores,
puesto a pintarle las flores
a una corbeta mercante.

Yo sé de un pobre pintor
que mira el agua al pintar,-
el agua ronca del mar,-
con un entrañable amor

(5)
Yo pienso, cuando me alegro
como un escolar sencillo,
en el canario amarillo,-
¡que tiene el ojo tan negro!

Yo quiero, cuando me muera,


sin patria, pero sin amo,
tener en mi loza un ramo
de flores,- ¡y una bandera!

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