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EL CONSTRUCTIVISMO EN LA ESCUELA

Pilar Juárez Martínez

1. INTRODUCIÓN

El constructivismo es una corriente que afirma que el conocimiento de todas las


cosas es un proceso mental del individuo, que se desarrolla de manera interna
conforme el individuo interactúa con su entorno.

La concepción constructivista de aprendizaje parte del hecho de que la escuela


hace accesible a sus alumnos aspectos de la cultura que son fundamentales para su
desarrollo personal, y no solo en el ámbito cognitivo; la educación es motor para el
desarrollo globalmente entendido, lo que supone incluir también las capacidades de
equilibrio personal, de inserción social, de relación interpersonal y motrices. Parte
también de un consenso ya bastante asentado en relación al carácter activo del
aprendizaje, lo que lleva a aceptar que éste es fruto de una construcción personal.
Pero en esta construcción no interviene sólo el sujeto que aprende, sino que los ‘otros’
significativos, los agente culturales, son piezas imprescindibles para esa construcción
personal.

Así podemos decir, que en el constructivismo el alumno no es un agente


pasivo, que como única función tiene la de asimilar los conocimiento que le son
impartidos, sino que es un agente activo en el proceso de aprendizaje, el cual tiene
que construir el mismo sus propios conocimientos.

2. APRENDER ES CONSTRUIR

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El aprendizaje contribuye al desarrollo en la medida en que aprender no es
copiar o reproducir la realidad.

Para la concepción constructivista aprendemos cuando somos capaces de


elaborar una representación personal sobre un objeto de la realidad o contenido que
pretendemos aprender. Esa elaboración implica aproximarse a dicho objeto o
contenido con la finalidad de aprenhenderlo; no se trata de una aproximación vacía,
desde la nada, sino desde las experiencias, intereses y conocimientos previos que ya
poseíamos. En este proceso no solo modificamos los que ya poseíamos, sino que
también interpretamos lo nuevo de manera que podamos integrarlo y hacerlo nuestro.

Cuando se da este proceso, decimos que estamos aprendiendo


significativamente, construyendo un significado propio y personal para un objeto de
conocimiento que objetivamente existe. Así, este proceso no consiste en la
acumulación de conocimientos, sino a la integración, modificación, establecimiento de
relaciones y coordinación entre esquemas de conocimiento que ya poseíamos y los
nuevos aprendizajes que realizamos.

Otro aspecto a tener en cuenta es que la construcción del aprendizaje por parte
de los alumnos no puede realizarse en solitario; porque nada aseguraría que su
orientación fuera la adecuada, que permitiera el progreso. Además, otro aspecto mas
importante, es que lo que no se aseguraría en solitario es la propia construcción, ya
que la enseñanza se considera como un proceso conjunto, compartido, en el que el
alumnos gracias a la ayuda que recibe de su profesor, puede mostrarse
progresivamente competente y autónomo en la resolución de tareas, en el empleo de
conceptos, en la puesta en práctica de determinadas actitudes y en numerosas
cuestiones.

Resumiendo, podemos decir que la concepción constructivista se asume que


en la escuela los alumnos aprenden y se desarrollan en medida en que pueden
construir significados adecuados en torno a los contenidos que configuran el
currículum escolar. Esa construcción incluye la aportación activa y global del alumno,
su disponibilidad y conocimientos previos en el marco de una situación interactiva, en
la que el profesor actúa de guía y mediador entre el niño y la cultura, y de esa
mediación depende en gran parte el aprendizaje que se realiza.

3. LOS CONOCIMIENTOS PREVIOS EN EL PROCESO DE ENSEÑANZA-


APRENDIZAJE

Las mentes de nuestros alumnos distan mucho de parecerse a pizarras limpias


y la concepción constructivista del aprendizaje asume este hecho como un elemento
central en la explicación de los procesos de aprendizaje y enseñanza en el aula.
Aprender cualquiera de los contenidos escolares supone, desde esta concepción,
atribuir un sentido y construir los significados implicados en dicho contenido. Ahora
bien, esta construcción no se lleva a cabo partiendo de cero. El alumno construye
personalmente un significado sobre la base de los significados que ha podido construir
previamente.

Diversos autores afirman que uno de los factores más importantes que influyen
en el aprendizaje es lo que el alumno ya sabe, siendo esto un aspecto a tener en

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cuenta a la hora de comenzar el aprendizaje. No es necesario conocer todo lo que
sabe el alumno, sino que tenemos que seleccionar aquellos contenidos básicos sobre
los que se centrará el proceso de enseñanza y aprendizaje. Si, por ejemplo, nos
proponemos enseñarle a los alumnos el tema de la vivienda, tendrá sentido que
exploremos qué entienden ellos por vivienda, qué elementos internos y externos de la
vivienda son capaces de diferenciar, que conocimientos tienen de los tipos de
viviendas habituales en la actualidad, etc.

Otro aspecto a tener en cuenta son los objetos concretos que perseguimos en
relación a dichos contenidos y al tipo de aprendizaje que pretendemos que alcancen
los alumnos. La enseñanza de un mismo contenido de aprendizaje puede ser
abordada con objetivos distintos. Así al tener en cuenta nuestros objetivos podemos
seleccionar de manera más precisa en cada caso concreto cuales son los
conocimientos previos realmente pertinentes y necesarios para llevar a cabo un
determinado proceso de enseñanza y aprendizaje.

Todo esto debería llevarnos a plantear preguntas tales como: ¿qué pretendo
que los alumnos aprendan concretamente en relación a este contenido?, ¿cómo
pretendo que lo aprendan?, ¿qué cosas pueden saber ya que tengan alguna relación
con el contenido? Las respuestas a estas preguntas nos permiten determinar los
conocimientos que son necesarios para que los alumnos puedan aprender el
contenido que pretendemos enseñarles y que por lo tanto constituyen los aspectos
básicos que son necesarios explorar y conocer en cuanto a lo que ya saben nuestros
alumnos.

Se puede dar el caso en que los conocimientos previos necesarios sean


inexistentes, pobres, desorganizados o erróneos. Si esto es así es necesario suplirlos
antes de abordar la enseñanza de los nuevos contenidos, o bien adaptar y redefinir
nuestros objetivos y nuestra planificación previa en relación a dichos contenidos.

Por otro lado, es importante tener en cuenta que, aunque los alumnos tengan
unos conocimientos previos suficientes para abordar el nuevo contenido, el hecho de
que posean estos conocimientos no asegura que los tengan presentes en todo
momento a lo largo de su proceso de aprendizaje. Así, la actualización y la
disponibilidad de los conocimientos previos de los alumnos es una condición necesaria
para que puedan llevar a cabo un aprendizaje lo mas significativo posible.

En ocasiones, la no disponibilidad puede ser tan solo un problema transitorio


de falta de atención. A veces, el hecho de que los alumnos no actualicen sus
conocimientos previos puede ser debido a la falta de sentido que atribuyen a la
actividad o a la escasa motivación para establecer relaciones entre los conocimientos,
optando por un enfoque superficial y una memorización mecánica del nuevo
contenido.

Ante estas situaciones en las que el alumno no actualiza sus conocimientos


previos, nuestra ayuda es absolutamente necesaria. Para esto debemos tener
presentes a lo largo del proceso de enseñanza los conocimientos previos de los
alumnos que hemos considerado necesarios para atribuir sentido y significado al
nuevo contenido. Con ellos en mente, puede ser útil ir haciendo alusión de manera
más o menos directa a dichos conocimientos, en el momento en el que entendemos
que deben ser actualizados por los alumnos, así como explicar las relaciones que
pueden establecerse entre el conocimiento previo y el nuevo contenido.

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4. ENSEÑAR A LEER Y ESCRIBIR DE FORMA CONSTRUCTIVISTA

El lenguaje oral y el lenguaje escrito son dos variedades del lenguaje.

Al enseñar y aprender lenguaje escrito, sin embargo, es fundamental descubrir


que es especifico de este lenguaje y sus diferencias con el oral.

Por una parte, tenemos el lenguaje oral propio de la conversación, lo que se


habla en la vida cotidiana. Por otra parte, el lenguaje escrito registrado en los textos.

Algunas de las diferencias entre el lenguaje oral y el lenguaje escrito son:

El lenguaje oral

• Comunicación inmediata y simultánea.


• Contexto compartido.
• Mucha información implícita.
• Mucha información no verbal.
• Sobrentendidos e improvisación.
• Las palabras se la lleva el viento.
• En cada versión, el mensaje cambia o se modifica.

El lenguaje escrito

• Comunicación mediata y distante en el espacio y/o tiempo.


• Necesidad de explicitar toda la información necesaria.
• Lo escrito permanece fijo y perdura en el tiempo.
• Mayor grado de elaboración.

Las situaciones de comunicación son, asimismo, distintas: para hablar usamos


la conversación, la exposición oral, el debate, etc. Para escribir usamos distintos tipos
de texto según la situación y la intención que nos lleva a escribir.

Hablar y escribir sirven para comunicar, pero además esta última también sirve
para registrar, recordar, conocer ideas y acontecimientos lejanos, estudiar, llegar a
más gente, etc.

También nos encontramos con situaciones intermedias: podemos utilizar el


lenguaje escrito al hablar, cantar, recitar poemas, dramatizar obras teatrales o exponer
un tema previamente escrito. Por otro lado, al escribir, podemos transcribir lo oral: en
los diálogos, en el registro de lo dicho por alguien, etc.

Es de gran interés que tengamos en cuenta estas formas intermedias, así,


existe un lenguaje oral que, sin embargo, posee características de lo escrito. Este tipo
de lenguaje oral elaborado forma parte del contexto en el que crecen los niños; está en
la televisión, en la radio, en las canciones, en los espectáculos. Aún antes de escribir y
leer el niño conoce un modo de lenguaje que es distinto al de la conversación y que
será muy importante para acceder a la escritura.

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El objetivo de esto, es que los niños usen de manera autónoma la lectura y la
escritura para desarrollarse como personas responsables en nuestra sociedad
alfabetizada.

4.1. Las actividades de la enseñanza y aprendizaje de la lectura y la escritura

El maestro deberá prever en la organización de su aula situaciones en la que


se use el lenguaje escrito de manera real para que, a medida que el alumnado
aprenda a leer u escribir, vaya experimentado también la función de la lectura y la
escritura; de esta forma conseguirá que además se convierta en escritor y lector. Las
situaciones de aprendizaje generan actividades en tres direcciones:

♦ Para resolver cuestiones prácticas, como por ejemplo:

- Pasar lista.
- Anotar los materiales que hacen falta comprar para el aula.
- Llevar el control de los alumnos que asisten a un taller.
- Comunicar a las familias una noticia.
- Escribir la distribución de tareas y responsabilidades adquiridas en el trabajo
en grupo.

Aquí el alumno es el protagonista, para esto es necesario planificar y dedicar el


tiempo necesario para convertir estas oportunidades en situaciones de enseñanza y
aprendizaje.

♦ Para potenciar el conocimiento, como por ejemplo:

- Escribir un guión de trabajo.


- Leer los nombres de un esquema o un dibujo.
- Escribir frases síntesis.
- Buscar información en un manual, enciclopedia o revista específica, etc.

♦ Para gozar del placer estético, como por ejemplo:

- Mirar y leer cuentos.


- Inventar finales de cuentos enteros.
- Leer poesías.
- Elaborar pareados y poemas, adivinanzas, trabalenguas, etc.

Este uso de la lengua escrita requiere una previsión de tiempo específico


dentro del horario escolar, como por ejemplo la hora del cuento y de la poesía, el
tiempo de la biblioteca, etc. para que tenga lugar dentro de las actividades escolares y
no quede relegado a los últimos cincos minutos antes de salir de clase.

4.1.1 Actividades en gran grupo

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• Audición de un texto leído por un lector experto.
• Dictar un escrito a la maestra o a otros compañeros. Entre todos se debe
planificar qué debe decir el texto.
• Acordar estrategias para hallar soluciones a las problemáticas planteadas en el
grupo. Por ejemplo: ¿Cómo podemos pedir el permiso par la excursión a los
papas?...
• Organizar las tareas y asumir responsabilidades. Para esto entre todos se debe
anotar las responsabilidades de cada uno.
• Poner en común el trabajo realizado en alguna actividad individual o en grupos
reducidos, para confrontar distintos procesos y distintos resultados y
enriquecerse de la experiencia de los demás.

Para el desarrollo de este tipo de actividades debe preverse un tipo de


disposición circular.

4.1.2. Actividades en grupos reducido y en parejas de trabajo

La mayoría de las actividades de enseñanza y aprendizaje deberían realizarse


en grupos reducidos y en parejas, puesto que, por su constitución, promueven el
trabajo reflexivo, facilitan la interacción cooperativa y permiten una intervención del
adulto ajustada.

Las agrupaciones de los alumnos pueden ser homogéneas o heterogéneas


según los niveles de aprendizaje. Dependiendo de la finalidad que se persigue se
puede justificar un tipo de agrupación u otro. Pero atendiendo a los criterios del
aprendizaje significativo se concluye que los grupos deben aportar variedad de
niveles y evitar las disparidades. Así, si se ponen juntos alumnos de un mismo nivel,
la interacción será muy pobre, si son de niveles muy dispares unos podrán ayudar a
los otros pero la información de moverá en una sola dirección; en cambio, si los
niveles son distinto pero sin ser dispares la interacción puede verse enriquecida y
permitir el tránsito del desarrollo real al desarrollo óptimo.

Es muy difícil el determinar el nivel que posee cada alumno, así tenemos la
necesidad de variar el tipo de agrupaciones de los alumnos a lo largo del curso para
que todos tenga la posibilidad de experimentar el rol de experto, de igual o de aprendiz
en el trabajo en grupo.

Las actividades en grupos reducidos e incluso en parejas requieren una


organización del espacio que facilite el diálogo entre miembros del grupo y el acceso
fácil a los materiales que se van a usar, procurando no molestar a los otros grupos que
están trabajando al mismo tiempo. Una buena solución para el desarrollo de estas
actividades es el trabajo en rincones.

4.1.3. Actividades individuales

Cualquier actividad, ya sea en gran grupo o en grupo reducido, debe conllevar


una actividad individual para que haya aprendizaje. Por ejemplo, después de escribir
una carta a los papás cada uno debe reproducirlo para llevarlo a casa o cuando cada
uno intenta escribir lo que se ha acordado y después se pone en común para
contrastarlo.

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5. CONCLUSIONES

Hasta hace pocos años el papel del alumno en el aula era meramente pasivo.
El alumno se dedicaba a ir a clase y escuchar las explicaciones del docente. En la
actualidad esto esta cambiando, los alumnos participan cada vez más en el día a día
del aula y son agentes activos en el proceso de enseñanza-aprendizaje.

Esto conlleva un aprendizaje más sólido y funcional, ya que son los propios
alumnos los que deben construir su aprendizaje, teniendo en cuenta sus
conocimientos previos, interactuando con sus compañeros y el maestro,….

Pero para que todo esto sea posible, los docentes debemos tener bien
planificado lo que pretendemos con los alumnos, para poder ir guiándolos en este
largo proceso de construcción de conocimiento.

6. BIBLIOGRAFÍA

• COLL, C., SOLÉ, I. Y OTROS (2007) El constructivismo en el aula. Barcelona:


Ed. Graó

• BARBERA, E., COLL, C. Y OTROS (2000) El constructivismo en la práctica.


Barcelona: Ed. Graó

• BIGAS, M. Y CORREIG, M. (2000) Didáctica de la lengua en la educación


infantil. Madrid: Síntesis

• http://sepiensa.org.mx/contenidos/2005/constructivismo/constructivismo2.htm