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Vicios de los

actos jurídicos

Derecho
Privado I

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Vicios de los actos jurídicos
Vicios de los actos jurídicos

Definición y fundamento

La buena fe es un principio general del derecho (art. 9 del CCCN) que veda
el ejercicio abusivo de los derechos y sustenta nuestro ordenamiento
jurídico positivo. Como derivación de este principio, se impone a los
sujetos el deber de actuar de manera leal, recta, honesta, con una actitud
de cooperación y generación de confianza en las propias declaraciones.

La buena fe es un requisito indispensable para la validez del acto jurídico y,


por ende, cuando falta (como ocurre en los casos de la simulación, del
fraude, de la lesión) concurre un vicio que lo invalida.

De este modo, los vicios de los actos jurídicos son defectos, imperfecciones
o anomalías susceptibles de provocar la ineficacia del negocio, por atentar
contra la licitud, la buena fe o perjudicar los intereses de terceros.

Son vicios propios de los actos jurídicos la lesión, la simulación y el fraude.

Diferencia con los vicios de la voluntad

A diferencia de los vicios de los actos voluntarios, que son los que afectan
la voluntad de alguno de los otorgantes del acto y pueden presentarse
tanto en los simples actos voluntarios lícitos como en el acto jurídico, los
vicios de los actos jurídicos sólo pueden presentarse, como su nombre
indica, en los actos jurídicos. No atacan la voluntad de los sujetos, sino que
conciernen a la causa de celebración del negocio, pues éste, pese a
realizarse en forma adecuada y regular, se utiliza para obtener una
finalidad ilícita, por resultar contraria al orden jurídico, al orden público o a
las buenas costumbres, o bien por carecer de causa suficiente para
justificar la tutela del derecho. (Tagle, 2002).

1
La lesión

Definición. Presupuestos de procedencia: subjetivos y


objetivos

El Libro Primero, Título IV del CCCN, Capítulo 6, da tratamiento a los


denominados vicios de los actos jurídicos: lesión, simulación y fraude. Así,
la Sección 1ª desarrolla la llamada “lesión subjetiva-objetiva”.

El artículo 332 dispone:

Lesión. Puede demandarse la nulidad o la modificación de


los actos jurídicos cuando una de las partes explotando la
necesidad, debilidad síquica o inexperiencia de la otra,
obtuviera por medio de ellos una ventaja patrimonial
evidentemente desproporcionada y sin justificación. Se
presume, excepto prueba en contrario, que existe tal
explotación en caso de notable desproporción de las
prestaciones.

Los cálculos deben hacerse según valores al tiempo del


acto y la desproporción debe subsistir en el momento de la
demanda.

El afectado tiene opción para demandar la nulidad o un


reajuste equitativo del convenio, pero la primera de estas
acciones se debe transformar en acción de reajuste si éste
es ofrecido por el demandado al contestar la demanda.
Sólo el lesionado o sus herederos pueden ejercer la acción1.

El vicio de lesión queda configurado cuando una de las partes, explotando


la necesidad, debilidad síquica o inexperiencia de la otra, obtuviere por
medio de un acto jurídico una ventaja patrimonial evidentemente
desproporcionada y sin justificación.

El fundamento de la norma está dado, por un lado, por la existencia de la


voluntad viciada en el sujeto pasivo; por el otro, por el principio de buena
fe que debe primar en todo convenio. Es decir que debe haber equidad
entre las prestaciones recíprocas, por lo que la ventaja de un contratante
sobre el otro, en razón de la explotación de la situación jurídica de

1 Art. 332 del CCCN.

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inferioridad del primero sobre el segundo, constituye una conducta
reprochable por el derecho.

Presupuestos de procedencia

Para que se configure la figura de la “lesión subjetiva-objetiva”, es


necesario que concurran: a) la grave desproporción en las prestaciones que
debe existir al momento de la celebración del negocio jurídico –elemento
objetivo– y b) el elemento subjetivo, que es la explotación por parte del
beneficiario de la “necesidad”, “debilidad síquica” o “inexperiencia” del
lesionado.

El elemento objetivo

En relación al primer presupuesto, es decir “la ventaja patrimonial


evidentemente desproporcionada y sin justificación”, éste debe ser
concomitante a la celebración del negocio y la desarmonía entre las
prestaciones debe ser “notable”, “evidente” a la época en que el negocio
tuvo nacimiento y no surgir con posterioridad por acontecimientos ajenos
a la voluntad de las partes y que no eran previsibles al tiempo de
celebrarse el acto, pues, en tal caso, se podrá revisar el negocio por
aplicación de la cláusula rebus sic statibus (López Mesa, 2008).

Además, se exige que esa ventaja excesiva se obtenga sin justificación, lo


que implica efectuar una indagación acerca de la causa fin del negocio,
pues, si quien celebró el negocio pretendió efectuar una liberalidad, dicho
acto jurídico escapará a la teoría de la lesión.

Por último, “la desproporción debe subsistir en el momento de la


demanda”, lo que resulta lógico en razón del axioma “el interés es la
medida de la acción”; por ende, si, al momento de entablarse la acción, las
prestaciones por diversas circunstancias se tornaron equivalentes,
desaparece el interés jurídicamente protegido para promoverla.

El elemento subjetivo

Por otro lado, en lo atinente al elemento subjetivo, deben coexistir dos


presupuestos que incluso aparecen en sujetos distintos: la necesidad,
debilidad síquica o inexperiencia en el lesionado, y el aprovechamiento de
esa situación de inferioridad por parte del lesionante o sujeto activo.

 Necesidad: esta noción se asocia a la de escasez o privación y


comprende un estado carencial que puede ser material y también
espiritual. Es decir, significa falta de las cosas que son menester para la

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conservación de la vida, lo que traduce una situación de angustia y
agobio derivada de la falta de medios elementales para subsistir, de lo
imprescindible o necesario, teniendo en cuenta las circunstancias
propias de cada persona.
 Debilidad síquica: se trata de trastornos síquicos de conducta que, por
razones ajenas a la voluntad de quien los padece, lo colocan en una
situación de inferioridad. Esta cuestión deberá ser ponderada en cada
caso, teniendo en cuenta las concretas aptitudes del sujeto.
 Inexperiencia: importa la falta de conocimientos que tiene el sujeto
respecto del acto en el momento de su celebración. El término resulta
de difícil delimitación, por cuanto la inexperiencia debe referirse
concretamente al acto de que se trate y del que se sigue el perjuicio
por las prestaciones inequivalentes.

Y el otro recaudo que hace al elemento subjetivo es el aprovechamiento o


explotación por parte del lesionante, que constituye un acto de mala fe de
parte de él, que presupone la intención de obtener una ventaja
desproporcionada, ya que el estado de inferioridad no basta por sí solo
para nulificar o modificar el acto jurídico.

Prueba. Presunción

El artículo 332 del Código establece una presunción iuris tantum de la


explotación en caso de “notable desproporción”. Es decir que, probada la
notable desproporción de las prestaciones, se genera una presunción iuris
tantum sobre la existencia del vicio, es decir que quedan acreditados o
presumidos los dos elementos subjetivos que figuran en el articulado, el
aprovechamiento y la situación de inferioridad de la víctima. La carga de la
prueba para sostener la ausencia de esos requisitos incumbe al que
sostenga lo contrario.

Acciones del lesionado. Efectos

El vicio de lesión subjetiva origina en cabeza del lesionado o sus herederos


dos acciones. Ninguna otra persona puede ejercer esta acción; ello resulta
así del art. 332 del Código Civil y Comercial. Es decir que los sucesores
singulares no pueden accionar por acto entre vivos, porque la acción es de
carácter personalísima. La intransmisibilidad se funda en que la parte
lesionada es la única que puede saber si se dan las circunstancias subjetivas
necesarias para la configuración del vicio de lesión.

Así, los legitimados activos tendrán la posibilidad de entablar, tanto por vía
de acción como de excepción, la nulidad (“nulidad relativa” en los términos

4
de los arts. 386 y 388 del Código Civil y Comercial, que más adelante
veremos) como la modificación del acto lesivo, es decir, un reajuste
equitativo del convenio. Si el lesionado opta por esta segunda opción, el
litigio queda “trabado” en ese aspecto y el demandado no puede
reconvenir por nulidad.

Ahora bien, en el caso de que el lesionante demande por nulidad, el


demandado puede, al contestar la demanda, modificar dicho reclamo en
acción de reajuste, si ofrece suprimir la desproporción de las prestaciones.

En relación al plazo de prescripción de la acción, según lo disponen los


artículos 2562 y 2563 inc. “e” del Código Civil y Comercial, el plazo es de
dos años y comenzará a computarse desde la fecha en que la obligación a
cargo del lesionado debía ser cumplida.

En síntesis :

Figura 1

Fuente: elaboración propia. Adaptado del art. 332 del CCCN.

5
La simulación

Definición. Elementos

El vicio de simulación, se encuentra definido en el art. 333 del Código Civil y


Comercial, que dispone:

Caracterización. La simulación tiene lugar cuando se


encubre el carácter jurídico de un acto bajo la apariencia de
otro, o cuando el acto contiene cláusulas que no son
sinceras, o fechas que no son verdaderas, o cuando por él se
constituyen o transmiten derechos o personas interpuestas,
que no son aquellas para quienes en realidad se constituyen
o transmiten2.

Así, se define la simulación como el acto que, por acuerdo de partes, se


celebra exteriorizando una declaración recepticia no verdadera para
engañar a terceros, sea que ésta carezca de todo contenido, o bien, que
esconda uno verdadero diferente al declarado. (López Mesa, 2008).

Es decir, hay simulación cuando los contratantes crean, con su declaración,


sólo la apariencia exterior de un contrato del que no quieren los efectos, o
cuando crean la apariencia exterior de un contrato diverso del querido por
ellos.

Elementos del negocio simulado

Los elementos del negocio simulado son: a) la declaración


deliberadamente disconforme con la verdadera intención de las partes; b)
el acuerdo de partes sobre la falsa declaración y c) el propósito de engañar
a terceros.

a) El primer recaudo supone que la disconformidad entre la voluntad


interna y la declarada por las partes es intencional, no es producto
del error, sino que es querida y conocida por ambas partes. En otras
palabras, en el acuerdo simulatorio, la voluntad interna y declarada
coinciden; las partes, de común acuerdo, producen la apariencia
externa de un negocio jurídico ficticio para engañar a terceros, sin
pretender dar lugar al efecto jurídico de dicho negocio.

2 Art. 333 del CCCN.

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b) El segundo presupuesto supone la conformidad de todos los
otorgantes del acto en el negocio simulado sobre la disconformidad
entre lo querido y lo declarado, y se caracteriza por el querer
común de no atribuir al acto aparente efectos vinculatorios.
c) Por último, la acción de simulación requiere el propósito de
engañar, que no necesariamente implica ocasionar un perjuicio
jurídico a terceros (porque su causa puede ser inocua, en cuyo caso
estaremos en presencia de una simulación lícita) o bien, puede sí
implicarlo, es decir puede existir el fin de defraudar a terceros –
quienes desconocen que el acto es falso– o el de ocultar una
violencia legal.

Por último, debe señalarse que la enumeración de los supuestos de


negocio simulado que realiza el artículo 333 del CCCN es meramente
ejemplificativa.

Clases de simulación

Por un lado, tenemos la simulación absoluta y relativa.

La simulación absoluta tiene lugar cuando se celebra un acto jurídico que


nada tiene de real; el acto es completamente ficticio, irreal. Es decir, las
partes no quieren en realidad celebrar ningún negocio jurídico, sino que
quieren modificar la apariencia de una disminución del activo o un amento
ficticio del pasivo de una de las partes, en perjuicio de los acreedores;
aunque a veces puede ser una simulación lícita.

En la simulación relativa, las partes encubren la verdadera naturaleza del


acto, es decir, se disimula lo que verdaderamente es. Esta simulación
puede versar sobre: la naturaleza, cuando “se encubre el carácter jurídico
de un acto bajo la apariencia de otro”3, por ejemplo: una donación bajo el
ropaje jurídico de una compraventa; sobre “cláusulas que no son
sinceras”4, por ejemplo: se expresa un precio que no es el real; o bien,
sobre “fechas que no son verdaderas”5.

Por otro lado, la simulación se clasifica en lícita e ilícita, que tendrá que ver
con la causa determinante que dio origen al acto.

Tal como hemos explicado, la simulación importa necesariamente un


acuerdo entre quienes celebran el negocio jurídico, consistente en el
concierto para producir una declaración de voluntad diferente de la

3 Art. 333 del CCCN.


4 Art. 333 del CCCN.
5 Art. 333 del CCCN.

7
voluntad real, y ello obedece a una razón determinante que se conoce
como causa simulandi.

La causa simulandi es el interés que induce a las partes a dar apariencia a


un negocio jurídico que no existe, o a presentarlo en forma distinta de lo
que verdaderamente es. Esta razón que tuvieron para celebrar el negocio
aparente puede ser perfectamente inocente o bien perjudicial a terceros,
lo que reviste fundamental importancia para distinguir la simulación lícita
de la ilícita.

La simulación ilícita se verifica cuando el negocio jurídico tiene como fin


perjudicar a terceros o quebrantar el ordenamiento jurídico, hipótesis, ésta
última, en que se habla de “fraude a la ley”. Este tipo de simulación causa
la nulidad –relativa– del acto ostensible.

Por su parte, la simulación es lícita cuando el negocio simulado no es ilícito


ni perjudica a un tercero.

Por último, la simulación puede ser total o parcial. Es total cuando abarca
íntegramente al negocio, viciándolo en su esencia; y es parcial cuando sólo recae sobre
una parte del acto, sin que sea necesario que destruya los aspectos reales del acto.

Acción entre partes. Principio general. Excepción

El artículo 335 del Código Civil y Comercial regula esta cuestión. Así prevé:

Acción entre las partes. Contradocumento. Los que otorgan


un acto simulado ilícito o que perjudica a terceros no
pueden ejercer acción alguna el uno contra el otro sobre la
simulación, excepto que las partes no puedan obtener
beneficio alguno de las resultas del ejercicio de la acción de
simulación.

La simulación alegada por las partes debe probarse


mediante el respectivo contradocumento. Puede
prescindirse de él, cuando la parte justifica las razones por
las cuales no existe o no puede ser presentado y median
circunstancias que hacen inequívoca la simulación6.

6 Art. 335 del CCCN.

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El principio general es que los simuladores del negocio jurídico carecen de
toda acción entre ellos.

Ello es así, toda vez que las partes se pusieron de acuerdo en eludir una
prohibición legal o perjudicar a terceros, por lo que pierden, en principio, el
derecho de impugnar el acto por el vicio de simulación.

Ahora bien, sí se podrá entablar acción de simulación cuando el simulador


se haya arrepentido de su acto y quiera recuperar el bien para entregarlo a
sus acreedores. En este supuesto, quien acciona pidiendo la declaración de
invalidez del acto simulado lo hace no ya para consumar el perjuicio a los
terceros o el fraude a la ley, sino porque, arrepentido, quiere recuperar los
bienes aparentemente enajenados para afrontar con ellos el pago de sus
obligaciones. En este supuesto, la acción es admisible siempre que se tenga
un propósito sincero y no interesado de volver las cosas al estado anterior.

El contradocumento

El contradocumento es la prueba por excelencia entre las partes de la


simulación.

Éste consiste en la prueba inequívoca de los hechos, ya que es la


constancia escrita –ya sea mediante instrumento público o privado– en el
cual las partes manifiestan el verdadero carácter del acto que ellas han
celebrado, por lo que deviene innecesario el aporte de indicios y
presunciones que corroboren la realidad a que se refiere.

En el caso en que fuera realizado mediante instrumento público, debe


recurrirse a los arts. 289 a 298 del Código, en tanto se prevén los
requisitos, los presupuestos de validez del instrumento y su eficacia
probatoria. Incluso el art. 298 prevé que el contradocumento particular
que altera lo expresado en un instrumento público puede ser invocado por
las partes, pero no es oponible respecto a terceros interesados de buena
fe.

Y, para el supuesto en que el contradocumento fuera confeccionado en


instrumento privado, debe recurrirse a los arts. 313 a 319 del Código Civil y
Comercial, toda vez que allí se regula en relación a los instrumentos
privados y particulares y su valor probatorio.

Ahora bien, en el supuesto de que no existiera contradocumento donde las


partes hayan exteriorizado la verdadera voluntad, siempre que haya una
prueba incontrovertible, cierta, inequívoca de simulación, es lógico admitir la
acción. Asimismo, deberá probarse la imposibilidad de obtener el
contradocumento, sea por su inexistencia lógica o por su desaparición

9
posterior, es decir, se deberá justificar por qué no pudo realizarse el
contradocumento.

Acción interpuesta por terceros. Prueba

El artículo 336 del código único establece : “Acción de terceros. Los


terceros cuyos derechos o intereses legítimos son afectados por el acto
simulado pueden demandar su nulidad. Pueden acreditar la simulación por
cualquier medio de prueba “7.

Así, los terceros titulares de un derecho subjetivo o de un interés legítimo


amenazado por un negocio simulado pueden deducir acción de simulación,
debiendo demostrar la existencia de daño sufrido como consecuencia de la
incertidumbre que el estado de cosas provoca en el demandante. Se exige
la existencia de daño –actual o potencial– aunque se trate de derechos
litigiosos o dudosos.

De este modo, el tercero que ejerza la acción debe demandar a ambas


partes del acto simulado; si la simulación fuese por interpósita persona,
también al prestanombre, conformándose un litisconsorcio pasivo con
todos ellos.

Hemos señalado anteriormente que la prueba por excelencia en la acción


de simulación es el contradocumento. No obstante, en esta hipótesis
carece de toda lógica la exigencia de éste debido a su carácter reservado y
a la imposibilidad de su obtención, por lo que el tercero que entable la
acción podrá acreditar la apariencia del negocio jurídico mediante
cualquier medio de prueba, incluso testigos, indicios y presunciones.

Efectos de la acción de simulación

Contra quién procede la acción

En primer lugar, debe señalarse que la acción de simulación no procede


contra los acreedores adquirentes de buena fe que hubiesen ejecutado los
bienes simuladamente enajenados.

En relación al subadquirente que adquirió a título gratuito o de mala fe, sí


procede la acción de simulación; en cambio, la invalidez del negocio
simulado no alcanza a los terceros subadquirentes de buena fe –es decir,

7 Art. 336 del CCCN.

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quien, al momento de la transmisión, ignorase que el derecho tiene como
antecedente un acto simulado– y a título oneroso, respecto a los cuales la
sentencia resulta inoponible.

Se entiende que son subadquirentes de mala fe aquellos que conocieron o


pudieron conocer, obrando con cuidado y previsión, la simulación.

Efectos

Todo tercero que se ha visto perjudicado por la simulación tiene derecho a


ser resarcido del daño sufrido.

En el supuesto en que, promovida la acción por el acreedor, el bien se haya


enajenado a un subadquirente de buena fe y a título oneroso, por lo que
no le alcanza la oponibilidad del pronunciamiento judicial, éste podrá
demandar tanto a quien contrató con él como al subadquirente –ambos de
mala fe– por daños y perjuicios, quienes responderán de manera solidaria.

Desde otra perspectiva, en el supuesto que el acreedor promueva acción


en contra de subadquirente de buena fe pero a título gratuito, éste
responderá sólo en la medida de su enriquecimiento.

Prescripción

Los arts. 2562 y 2563 incisos “b” y “c” del Código Civil y Comercial disponen
que el plazo de prescripción es de dos años; en la simulación entre partes
se computa desde que, requerida una de ellas, se negó a dejar sin efecto el
acto simulado; en la simulación ejercida por tercero, desde que conoció o
pudo conocer el vicio del acto jurídico.

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Figura 2

Fuente: elaboración propia. Adaptado de arts. 333 y 334 del CCCN.

El fraude

Noción

La noción de fraude implica una inmediata referencia al engaño, al acto


contrario a la verdad y al recto proceder. El fraude supone una conducta
tendiente a eludir los efectos de una norma imperativa o de origen
convencional, utilizando otra vía negocial no reprobada por ley. El fraude
se configura mediante actos reales, serios y no aparentes, no simulados.
No diverge la voluntad de la realidad declarada, sino que esta realidad
amparada en una norma legal elude las disposiciones de otra o perjudica a
un tercero. Este fraude no es otro que el fraude a la ley y que está
contemplado en el art. 12 del Código Civil y Comercial.

El fraude a los acreedores

El concepto de fraude a los acreedores hace referencia a los actos otorgados


por el deudor, que tienen como nota común una afectación de su patrimonio
de tal magnitud que provoca o agrava su insolvencia, impidiendo así la
satisfacción de los créditos concedidos con anterioridad a aquéllos y con
evidente perjuicio para los mismos. Es decir que el fraude a los acreedores es
la provocación o agravación de la insolvencia del deudor mediante actos u

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omisiones del deudor en perjuicio de sus acreedores, sustrayendo bienes de
su patrimonio.
Esta caracterización permite señalar tres notas que se hallan presentes en
la noción de fraude a los acreedores: a) otorgamiento por el deudor de
actos o negocios jurídicos; b) provocación o agravación de la insolvencia
del deudor y c) sustracción de bienes del patrimonio del deudor en
perjuicio de los derechos de los acreedores.

La acción de inoponibilidad

En primer lugar, cabe señalar que el efecto de la acción de fraude no es la


nulidad, sino la inoponibilidad. Este efecto implica que el acto otorgado por
el deudor en fraude a los acreedores es válido entre éste y el tercero con
quien celebró el acto y sólo queda privado de eficacia frente al acreedor
que acciona, es decir que no puede hacerse valer contra él en la medida
necesaria para la satisfacción de su crédito.

Seguidamente veremos cuándo procede esta acción, es decir contra qué


tipo de actos, cuáles son los requisitos de procedencia y quiénes pueden
solicitar la declaración de inoponibilidad

Titulares de la acción

El Art. 338 del Código Civil y Comercial, prevé:

Declaración de inoponibilidad. Todo acreedor puede


solicitar la declaración de inoponibilidad de los actos
celebrados por su deudor en fraude de sus derechos, y de
las renuncias al ejercicio de derechos o facultades con los
que hubiese podido mejorar o evitarlo empeorar su estado
de fortuna8.

Como se advierte, la norma legitima para la acción de fraude a “todo


acreedor”, es decir, a cualquier acreedor, incluso los acreedores con
privilegio general, especial, condicionales, a plazo, etc., puedan incoar la
acción, pues sólo deberán acreditar su calidad de acreedor y los requisitos
que prevé el artículo 339 del CCCN.

8 Art. 338 del CCCN.

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Actos revocables

En principio, todos los actos que signifiquen un perjuicio para los


acreedores son revocables, sea que produzcan un empobrecimiento del
deudor o impidan su enriquecimiento.

El artículo 338 alude a que, mediante la acción de inoponibilidad, se puede


revocar una renuncia a un derecho que hubiera podido mejorar la situación
del deudor, o bien un acto jurídico que empeoró su situación patrimonial.
Es decir que entre los actos revocables se incluyen los casos de renuncia a
facultades que, por fuerza, derivan en derechos subjetivos, en cuanto, por
lo general, la renuncia configura una atribución inherente al titular del
derecho que lo ejercita.

En una palabra, se pueden revocar actos de renuncia pues son susceptibles


de producir o agravar la insolvencia del deudor y, por ende, son tan
inoponibles como los actos de disposición.

En definitiva, todos los actos que causan perjuicio a los acreedores al


determinar o incrementar su insolvencia, ya sea porque importan la salida
de un bien de su patrimonio o impiden el ingreso al mismo de algún
derecho, son revocables.

Sin embargo, esta regla tiene sus excepciones. Hay consenso en la doctrina
en que no pueden atacarse, por los acreedores, los actos que implican una
renuncia a derechos personalísimos, tales como pedir la revocación de una
donación por una causa de ingratitud del donatario, una causa de
indignidad para suceder, la renuncia a ejercer acción de resarcimiento por
daño moral, etc.

Requisitos de procedencia

El artículo 339 del código unificado establece las condiciones generales


para la procedencia de la acción de inoponibilidad. Dispone:

Requisitos. Son requisitos de procedencia de la acción de declaración de


inoponibilidad:

a) que el crédito sea de causa anterior al acto impugnado, excepto que el


deudor haya actuado con el propósito de defraudar a futuros
acreedores;

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b) que el acto haya causado o agravado la insolvencia del deudor;
c) que quien contrató con el deudor a título oneroso haya

conocido o debido conocer que el acto provocaba o agravaba la


insolvencia9.

Tenemos, entonces, tres condiciones de procedencia de la acción de


inoponibilidad:

a. El crédito por el que se acciona debe ser anterior al acto.

El primer presupuesto es que el crédito de quien acciona sea de causa


anterior al acto impugnado, excepto que el deudor haya actuado con el
propósito de defraudar a futuros acreedores.

La razón de ser de este primer recaudo es que los acreedores de fecha


posterior al acto del deudor no podrían invocar fraude en su perjuicio,
pues, cuando llegaron a constituirse en acreedores, sea por contrato, sea
por disposición de la ley, los bienes habían salido del patrimonio del
deudor y, por ende, no conformaban parte de su garantía patrimonial.

Ahora bien, la norma establece una excepción, y es en el caso de que el


acto impugnado, aunque posterior al origen del crédito, haya sido realizado
en previsión de la obligación que nacería más tarde. Es decir que, si el
deudor hubiere realizado el negocio teniendo en miras perjudicar a futuros
acreedores, estos podrán incoar la acción de inoponibilidad. Ello así, en
razón de castigar la conducta dolosa del deudor.

b. Relación de causalidad entre la insolvencia y el acto del deudor.

El segundo requisito supone que entre el acto que se ataca y la insolvencia


del deudor haya una relación de causalidad. Este recaudo se explica porque
lo que caracteriza al negocio fraudulento es el perjuicio que acarrea para el
patrimonio del deudor el generar o agravar su insolvencia, toda vez que se
verá imposibilitado de responder a todas su obligaciones contraídas y, por
ende, el daño que causa al acreedor es no satisfacer su acreencia.

En otras palabras, la procedencia de la acción requiere la existencia de un


perjuicio causado al acreedor, el que proviene de la insatisfacción actual o
futura de los créditos vigentes producto de un estado de impotencia

9 Art. 339 del CCCN.

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patrimonial, provocado o agravado precisamente por los negocios
inoponibles

c. Mala fe del tercero contratante.

El último de los presupuestos exige que el tercero que contrató con el


deudor a título oneroso haya obrado de mala fe, es decir, haya conocido o
debido conocer que dicho acto provocaba o agravaba su insolvencia.

Distinto será el supuesto del tercero que contrató a título gratuito, en cuyo
caso no interesa la buena o mala fe del adquirente, pues se prefiere el
interés de los acreedores por sobre el del adquirente y, por ende, sólo
habrá que acreditar que el acto fue a título gratuito.

Figura 3

Fuente: Fuente: elaboración propia. Adaptado de art. 339 del CCCN.

Ejercicio de la acción contra los subadquirentes

En primer lugar, debe señalarse que el fraude no puede oponerse a los


acreedores que, de buena fe, hubieran ejecutado los bienes objeto del
negocio jurídico fraudulento; igual regla veíamos en la acción de
simulación.

Por otra parte, la acción contra el subadquirente procede en los casos en


que en el tercero haya adquirido a título gratuito o bien haya obrado de

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mala fe, es decir, con conocimiento de la insolvencia del deudor, al tiempo
de celebrar el acto.

Es decir que, para que proceda la acción contra el subadquirente, es


necesario, primero que todo, que proceda contra el primer adquirente,
pues, si la segunda transmisión fuera a título gratuito, bastaría con aquel
requisito para que procediese la acción; pero, si fuera a título oneroso, será
necesario demostrar además que el subadquirente era cómplice en el
fraude.

Resumiendo: si los dos negocios son a título gratuito, es viable la


revocatoria contra el subadquirente; si el primero fue a título oneroso con
mala fe y el segundo a título gratuito, también es viable; así como en el
caso del primero gratuito y el segundo oneroso, pero sin buena fe del
subadquirente.

Por último, señalamos que, al igual que sucede con la simulación, tanto el
tercero contratante como el subadquirente de mala fe responden
solidariamente por los daños ocasionados al acreedor que interpuso la
acción en los siguientes supuestos:

 cuando la cosa fue enajenada a un adquirente de buena fe y a título


oneroso contra quien –como ya se señaló– no procede la acción y, por
ende, el acreedor no puede ejecutar el bien y satisfacer su acreencia;
 cuando el bien se haya perdido o deteriorado.

Por su parte, el tercero contratante de buena fe y a título gratuito


responde en la medida de su enriquecimiento.

Efectos de la revocación. Extensión

El artículo 342 prevé en materia de extensión de la acción de


inoponibilidad y, en este sentido, señala “Extensión de la inoponibilidad.
La declaración de inoponibilidad se pronuncia exclusivamente en interés de
los acreedores que la promueven, y hasta el importe de sus respectivos
créditos.10”

De acuerdo al precepto referido, el acto realizado en fraude a los


acreedores debe dejarse sin efecto en la medida del perjuicio que se les ha
ocasionado. Así, el progreso en justicia de la acción hace efectiva la
inoponibilidad al acreedor demandante del negocio impugnado, del cual se

10 Art. 342 del CCCN.

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ha admitido que fue en fraude a sus derechos. Es decir que, reconocido el
fraude por sentencia, esa inoponibilidad lo coloca en la posición de poder
reclamar su crédito sobre el bien objeto del negocio, dado que, a partir de
allí, éste no tiene eficacia a su respecto. Ello implica la posibilidad de actuar
en derecho como si el acto impugnado no se hubiese celebrado.

Desde esta perspectiva, el triunfo de la acción le permitirá al acreedor


ejecutar su crédito sobre los bienes que fueron objeto del negocio, hasta la
concurrencia de su crédito.

Dicho derechamente, la acción de fraude no beneficia a todos los


acreedores, sino sólo a quien transitó los carriles legales para hacer valer
sus derechos, y sólo procede hasta el importe de su crédito.

Como consecuencia de ello, si, después de ejecutados los bienes materia


del acto fraudulento y satisfecho el crédito del acreedor que ejerció la
acción, quedara un remanente, como el acto jurídico es válido entre
quienes lo celebraron, aquél pertenece al tercer adquirente.

Extinción de la acción. Plazo de prescripción

Extinción

De acuerdo al art. 341 del Código, la acción de los acreedores cesa si el


adquirente de los bienes transmitidos por el deudor los desinteresa o les
da garantías suficientes. Es decir que el tercero adquirente del bien
transmitido por el deudor puede hacer cesar los efectos de la acción,
satisfaciendo el crédito de los que se hubiesen presentando o bien
constituyendo a su favor garantías suficientes –las que pueden ser reales o
personales– del pago íntegro de sus créditos.

Ello así, pues, si los acreedores son desinteresados, desaparece su interés


de accionar y sin interés no hay acción.

Prescripción

Por último, cabe referir al término de la prescripción, la que, según los arts.
2562 inc. “f” y 2563 inc. “f” del Código, es de dos años, contados desde que
se conoció o pudo conocer el vicio del acto.

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Referencias
López Mesa, M. J. (2008). Código Civil y Leyes Complementarias Anotados con
Jurisprudencia. Buenos Aires: Lexis Nexis.

Rivera, J.C. (dir.) y Medina, G. (coord.) VV. AA. (2014). Nuevo Código Civil y
Comercial de la Nación, comentado por especialistas. Buenos Aires: La Ley

Tagle, M. V. (2002). Derecho Privado Parte General. [Tomo III]. Córdoba: Alveroni.

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