Está en la página 1de 2

El Poder obrero no necesita de los monopolios

Enrique Cedillo y Ángel Chavez

En la CDMX el pueblo trabajador dio una respuesta ejemplar al sismo de 7.1


grados en la escala de Richter que la sacudió de golpe, organizando
inmediatamente las brigadas de rescate, en las que destacó la habilidad de los
obreros de la construcción, sin contar con intervención policiaca significativa
alguna. Incluso el trabajo de Protección Civil fue rebasado por grupos de
ingenieros, arquitectos y rescatistas experimentados que desinteresadamente, sin
percibir salario alguno, donaron su trabajo y conocimiento a los afectados.
Mientras el gobierno burgués y los partidos políticos del régimen regateaban los
fondos para desastre y donaciones diversas, tuvo que ser bajo iniciativa de
hombres y mujeres trabajadoras que se instaurasen centros de acopio, que
auxiliados por trabajadores transportistas desplazan aún los víveres a donde más
se siguen necesitando. Junto a estos centros han surgido brigadas de enfermeras
y médicos que atienden sin costo alguno en las zonas de derrumbes, desde
mucho antes de que el gobierno federal declarara emergencia y por tanto la
atención generalizada obligatoria en las instituciones de salud.
Contraria a la respuesta del pueblo los empresarios, bajo la lógica del capital, se
dispusieron a lucrar con la tragedia. Las grandes cadenas de producción de
herramientas inflaron sus costos, y lo mismo pasó con las farmacéuticas y las
empresas de comercialización de alimentos enlatados. Pero a pesar de que en
algunos lugares las empresas especularon subiendo el costo de alimentos
enlatados hasta en un 50%, el pueblo trabajador, así como algunos pequeños
comercios, adquirieron y aportaron medicamentos, palas, picos, cascos y demás
herramientas requeridas, ejerciendo una ejemplar solidaridad de clase.
Los gobiernos locales se han distinguido por la rapiña. El gobierno de Morelos,
para desviar recursos, decomisó cargamentos enteros de víveres destinados a los
afectados y se disponía a distribuirlos a su nombre. Poco duró la intentona. La
solidaridad obrera logró recuperar el control popular del abastecimiento.
Así mismo, es evidente la fuerte presencia militar en zonas afectadas, cuya
función no puede ser otra más que contener el poder popular que se fortalece a
cada instante. Por el mismo motivo se han resguardado centros comerciales y
demás establecimientos de los grandes monopolios, por si el pueblo trabajador
decide tomar en sus manos lo que ha producido y le es útil para salvar las vidas
de trabajadores enterrados en los escombros.
La desmovilización del pueblo es la consigna política del ejército. Se han
resguardado e impedido el acceso a los brigadistas voluntarios a zonas en que se
esperaban rescatistas internacionales, arriesgando la vida de las personas
atrapadas en escombros. Así mismo, han decomisando diversos puestos de
acopio en barrios, parques y escuelas.
Sin embargo, a pesar de todos los esfuerzos del régimen, la gente está
atestiguando una pequeña muestra del alcance del poder del pueblo trabajador
organizado por sus propios intereses, la solidaridad de clase, la innecesaria
existencia de las grandes corporaciones y un Estado al servicio de éstas. Los
poderes fácticos tardaron en desplegarse en las zonas de desastre, y cuando lo
hicieron, fue sólo para entorpecer en múltiples ocasiones las labores de búsqueda.
La lección es obvia. De las grandes empresas y el estado que administra sus
intereses, nada debe esperarse. Sólo los trabajadores han de auxiliar a sus
hermanos trabajadores. La solidaridad de clase debe seguir imponiéndose, y es
urgente que bajo esa lógica continúen las acciones de recuperación de víveres,
medicamentos, instrumentos de trabajo y todo lo que se requiera en este momento
inmediato y hasta que se haya resuelto satisfactoriamente la situación material de
todos los afectados.
Sólo un Estado Socialista firmemente afianzado tendrá una capacidad de
respuesta aún mayor que la desplegada espontáneamente por los trabajadores.
Es fundamental entender que no podemos seguir sosteniendo el estado burgués
que permitió esta desgracia. Sólo un Estado obrero y popular puede ofrecer
soluciones sólidas a largo plazo, y asegurar que esto no vuelva a repetirse.

También podría gustarte