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Hay que actuar, actuar organizadamente para ejercer la solidaridad

Xochitl Franco

Nadie nunca me enseñó cómo manejar el horror y la parálisis, nadie nunca me dijo que
había que no culparse o estremecerse al punto de no poder decir palabra alguna, más
que pensar en lo minúsculo que uno puede ser ante tanta fuerza externa. Pareciera
que para mí una mujer de 31 años recién cumplidos esto de las malas pasadas ya lo
había resuelto pero no. El temblor no es más que mi más profundo sentimiento de
culpa, es decir evidencio que yo con mi inmaculada fuerza de madre soltera y
proletaria no era más que una más entre los gritos y la angustia. Los vidrios crujían, las
manos me sudaban y no paraba de temblar, recibo un único mensaje: voy por ti.

Sentí alivio y francamente me sentí salvada, busco formas de llegar a casa a


encontrarme con mi hija, y al llegar horas después, entre el asombro y los comentarios
de otros en el metro, me ensimismé tanto que no articule más que un “estaremos
bien”

Al día siguiente me levante con miedo aun y decidí salir de casa con los pocos pesos
que pude pedir prestados llegar a donde me llamaban a una brigada del PCM con las
manos vacías; soy de Iztapalapa una de las delegaciones más grandes y pobres de la
ciudad, me dirijo a otro barrio con otras formas y otro lenguaje, al llegar veo el
hermoso kiosco morisco lleno de personas y víveres, en medio de tantos veo a mi
compañero un hombre pequeño y avispado que daba opciones de envió y no soltaba el
celular y su libreta del quijote, recuerdo que ni siquiera lo salude solo empecé a pensar
que hacer, porque como decía nunca había estado en una situación así. Camino por las
calles con dos camaradas más pidiendo víveres y al pasar a una tintorería la dueña me
dijo eres de aquí? enséñame tu credencial de elector, mentí! No era de ahí pero que
más daba carajo, solo quería ayudar! Volví al kiosco con las manos vacías y emprendí a
hacer lo que se hacer, revisar notas, llamar a contactos empezar a desmenuzar el caos
de brigadas que iban para todos lados en bicicletas coches y motos de pronto me sentí
más tranquila estaba haciendo algo! Estaba ayudando, con la panza vacía y humo de
cigarro entre los dedos. Que es lo que pasa?? me preguntaba mil veces, que sucede
que mi barrio no responde: sucede que las condiciones materiales son distintas,
sucede que es un barrio pobre donde apenas alcanza para los frijoles y la gente está
viendo las noticias sin parar si quiera a preguntarse dónde falta ayuda, que hago a
donde voy a quien ayudo. El nivel de organización en algo tan espontaneo como un
temblor me abrumó, no sabía a donde recurrir, me costó y aun me cuesta dejar de
sentir culpa, porque aquí en estos casos no se trata de quien es más claro
políticamente o más correcto, ni siquiera se trata de ver quién da más o quien quita
más escombro, se trata de tragarse el miedo y afrontarse en ese momento en donde
pararse a lamentar la catástrofe no es más que un recurso muy estúpido. Vaya dolor
pues, vaya sensación que nunca olvidare. La gente llegaba con agua ropa y comida
medicamentos y nuevas noticias de derrumbes, y había que organizar había que
despachar a todos los lugares donde se pudiera, trabas tuvimos muchas, nos
regresaban con los víveres por saturación en algunos puntos, no había confirmaciones
de noticias que llegaban de boca en boca, los canales de comunicación eran poco
fiables por la intermitencia de las señales, había que ingeniárselas.

Pensaba casi todo el tiempo en las costureras atrapadas en los derrumbes cerca de mi
casa, en el trabajo que me exige evadir lo que ocurre, y me dolía algo, juro que me
duele, aun no sé qué es pero ahí esta, veo el cansancio de todos, la ansiedad y el
miedo, caras de ancianas que apenas podían con sus bastones y aun así llegar con algo
que dar, niños separando latas de atún y botellas de agua. Veo nubladamente, apenas
escucho las peticiones, apenas veo a mi compañero igual o más cansado que yo ahí, sin
descanso subiendo y bajando, con las manos sucias, con la boca seca y ojeras estar sin
dudar.

El acopio después de mucho salió mejor de lo que esperábamos, la gente se organizó


de una manera impresionante, la honestidad incluso de los gañanes del barrio se notó,
iban y venían en sus motos con evidencia de haber entregado los víveres, llegaban
extranjeros sin saber que hacer pero hacían, corrió la tarde una tarde larga y salieron
víveres a otros estados donde ya la tragedia se vivía desde semanas atrás, sentí orgullo
de mis compañeros de mi Partido, los vi irse a Morelos cargados de impulso y víveres
decididos, hable con gente que nunca he visto y siento como buenos amigos ya. Las
fotografías de los periódicos eran diversas tomas de la tristeza, pero entre tanto que
hacer se transformó en otra cosa en una sensación de sorpresiva solidaridad, de
reconfortante ayuda, la angustia se colectivizo y esta al mismo tiempo aminoro.

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