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Jesús se quedó con nosotros por tres fines.

"Venid a Mi todos los que estáis fatigados y agobiados, y Yo os aliviaré" (Mt 11,28)
1o. Jesús nos quiso dejarnos solos.
Dice San Pablo de Alcántara que es verdaderamente admirable la grandeza del
amor que tuvo el Divino Salvador el cual al partir de este mundo, después de
haber conseguido nuestra redención, no quiso dejarnos solos en este valle de
lágrimas, sino que se quedó presente en el Santísimo Sacramento de la
Eucaristía, para alimento nuestro y como amigo y compañero de viaje de nuestro
camino hacia la eternidad.
Esta presencia de Jesús en la Eucaristía merece toda nuestra gratitud, y por eso
el Sagrado Corazón al aparecerse a Santa Margarita le pidió que se celebre cada
año la fiesta del Sagrado Corazón y que cada primer viernes se le ofrecen actor de
amor, de desagravio y de gratitud.
Por tres fines.
Jesús se quedó en el Santísimo Sacramento para que le encuentre todo el que le
busque. Para escucharnos atentamente siempre que queramos hablarle. Y para
concedernos infinidad de gracias y favores. Y está presente en todos los altares
de mundo donde haya hostias consagradas.
Aquí en este Santísimo Sacramento sí que se cumple aquella maravillosa
promesa de Jesús: "Yo estaré con vosotros todos los días hasta el final de los
siglos" (Mt 28,20) y la noticia tan hermosa que dijo Moisés: "No hay nación o
religión que tenga a sus dioses tan cerca, como el Dios nuestro está presente en
este medio de nosotros" (Deut. 4,7).
Jesús está en nuestros altares como un prisionero de amor. ¿Para qué? Para que
le encuentre todo el mundo el que lo desea, y le hable todo el que quiere hablarle.
No hay parroquia por obre que sea, que no tenga a Jesús en el Santísimo
Sacramento. No hay convento sin Sagrario donde se conservan las hostias
consagradas. San Bernardo al ver la pobreza de ciertos sagrarios decía nuestro
Señor: "OH Dios, esto nos está de acuerdo con tu Majestad", y oyó una voz que le
respondía: "Pero sí tu Majestad:, y oyó una voz que le respondía: "Pero sí está de
acuerdo con el gran amor que os tengo".
Visita a los santos lugares.
Con qué emoción y fervor visitan los peregrinos y turistas la Cueva de Belén,
donde nació Jesús, v el Santo Sepulcro de Jerusalén, y el Lago de Tiberiades
donde hizo tantos milagros, y Nazaret donde vivió 30 años, y el Monte Tabor
donde se trasfiguró; el río de Jordán donde fue bautizado, y el Monte de los Olivos
donde sudó sangre. Pues con el fervor igual y aún más grande deberíamos
visitarlo en los templos donde Jesús se halla presenta en el Santa Hostia. San
Juan de Ávila decía que y que le causara mayor fervor y devoción que un templo
donde haya un Sagrario con Hostias Consagradas. Por aquí está Jesús presente
realmente.
Un santo misionero se entristecía al ver tan llenos los teatros y tan vacíos los
templos donde está nuestro Señor.
Una suposición:
Supongamos que nuestro Señor Jesucristo no estuviera presente sino en un solo
templo del mundo, por ejemplo en la Basílica de San Pedro en Roma. ¡OH qué
cantidad tan grande de peregrinos viajaría hasta allá. Con qué fervor y devoción
irían a visitarlo!. ¡Qué sagrario tan bello se construiría! Que gran iluminación se
colocaría allí. ¡Con qué respeto tan inmenso estarían todos los que logran
acercarse!. Pues bien: Jesús está ahora en todos los templos católicos donde hay
Hostias Consagradas.
Jesús parece decirnos: No he querido quedarme en un solo templo ni en un país
lejano. He preferido quedarme en todos los templos, muy cerca de mis fieles para
que me encuentre todo el que me busca y pueda hablarme todo el que lo desea, y
así lograr estar muy cerca de todos los necesitamos para distribuirnos a manos
llenas mis gracias y favores.
¿A quién se le podría ocurrir esto?
Si a Jesucristo no se le hubiera ocurrido esta maravillosa idea de quedarse en la
Eucaristía con nosotros. ¿A quién se le hubiera podido ocurrir? Qué tal que antes
de Jesús anunciara la institución de la Eucaristía, a alguno de sus discípulos se le
hubiera podido ocurrir decirle: "Por favor Maestro: ¿quiere quedarse con nosotros
todos nuestros templos en forma pequeña hostia?" -¿A qué criatura se le iba a
ocurrir semejante atrevimiento? Pero a Nuestro Divino Redentor sí se le pereció
tan bella idea y la ha realizado plenamente para bien nuestro.
Pero: ¿cómo hemos correspondido nosotros a tan enormemente demostración de
cariño de nuestro Redentor? ¿Qué tanta ha sido nuestra gratitud? Si el jefe de una
nación hiciera un largísimo viaje solamente por ir a visitar a un pobrecito
ciudadano y concederle muchos favores y permitirle que le hablara con toda
confianza, ya esto nos parecería un acto de enorme generosidad. Pero y si ese
humilde ciudadano no quisiera darle gracias por ese favor ni aceptara acercarse al
jefe para charlarle y para recibir sus favores, ¿qué diríamos de semejante
ingratitud y falta de respeto? Y no será eso lo que hacemos nosotros a veces con
nuestro Amo sacramento?
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2o. Jesús en la Eucaristía recibe a todo el que quiera hablarle.
Decía Santa Teresa que así como es de difícil lograr una audiencia para hablar
con el jefe de una nación, así es fácil conseguir hablar con Jesús en la Sagrada
Eucaristía. Los pobres no logran hablar con los grandes jefes sino por medio de
terceras personas. En cambio con Nuestro Señor podemos hablar directamente
todo vez que vayamos a Visitarnos en el sagrario, donde se encuentra presente en
la Santa Hostia.
Dice San Juan Crisóstomo que para hablar con jefe de la nación hay que pedir
audiencia con bastante antelación y esperar con anticipación en determinado
lugares y oficinas donde únicamente atiende. Y en cambio desde que Jesús nació
en Belén, al nacer en una cueva sin puertas, parece que nos está diciendo todos:
"Para hablar conmigo no necesitan pedir audiencia con anticipación, ni haber
antesalas. Basta que vengan a Mí, que inmediatamente los atenderé con todo
gusto y atención". Jamás en el Sagrario Jesús nos va a decir: "Ya no es hora de
atención al publico. ¡venga después!".
Una presencia humilde.
Si Jesús estuviera en el templo en medio de grandes resplandores y rodeado de
relucientes arcángeles, a nosotros daría verdadero temor acercarnos a Él para
hablarle. Pero en cambio nos espera allí en forma sencilla Hostia, que a nadie
asusta ni aleja con terror. Y podemos acercarnos a Él y hablarle con la mayor
confianza y exponerle nuestras necesidades y contarle nuestras penas, y pedir su
ayuda y su perdón y decirle que lo amamos con todo el alma.
¿Y por qué esto? Tomas de Kempis en su hermoso libro de la Imitación de Cristo,
responde: "Se quedó en la Eucaristía para que podamos acercarnos a él como al
añade: "Jesús encubrió su Majestad bajo las apariencias de una humilde hostia
porque desea que vayamos si temor a hablarle y que le pidamos con la mayor
confianza".
Algo que seria muy emocionante.
¿Qué tal que nos llegara un mensajero a decirnos que el jefe de la nación nos
quiere hablar, y que podemos ir a su palacio y pedirle cuánto necesitamos, pues
está dispuesto a ayudarnos con toda generosidad? Seguramente que sentiríamos
un enorme emoción. Pero he aquí que sentiríamos un enorme emoción. Pero he
aquí que el Jefe de todo el Universo a quien todo poder se le ha dado en el cielo y
en la tierra nos dice expresamente: "Venid a Mi todos los que estáis fatigados y
agobiados, y Yo os aliviaré" (Mt 11,28). Jesús desde cada Sagrario siguen
diciéndonos cada día y cada noche: Vengan todos los que están tristes, o pasan
situaciones difíciles, o tienen problemas, Vengan confiados , que Yo los aliviaré,
pues para eso he querido permanecer en el altar.
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3o. Jesús en el Santísimo Eucaristía cumple lo que dice San Agustín: "El
Señor tiene mayor deseo de ayudarte, que tú de recibir sus ayudas".
Cristo es bondad en persona; y la bondad de por sí es difusa y quiere comunicar a
los demás las riquezas y los favores que pueden obsequiar. Más que disgustarse
porque le pidamos, lo que sí puede disgustar a Jesucristo es que no le pidamos o
que le pidamos muy poquito. Nuestro Señor nos sigue repitiendo lo que dijo el
profeta: "¿por qué no vienen más a pedirme las ayudas que necesitan? ¿Es que
alguna vez me he comportado con Uds. como tierra estéril que no produce frutos?
¿Acaso es que cuando me han podido beneficios no he respondido a sus
peticiones?
Siempre será el Señor pronto a ayudarnos y a responder nuestras peticiones de
ayuda. Pero la experiencia de muchas almas piadosas han demostrado que en el
Santísimo Sacramento escucha de manera espacialísima las suplicas de sus
devotos. En este Sacramento cumple nuestro Salvador lo que anunció por Isaías
"Así como una madre consuela y trata con cariño a su hijo pequeñito, así os
consolaré yo" (Is 66,13), Un santo vio que en el Sagrario estaba Jesús con las
manos llenas de tesoros para repartir, pero que eran muy pequeñitas las personas
que acudían a pedirle sus favores.
Dichosa el alma de la persona que es generosa en emplear buenos ratos en
estarse junto al Santísimo Sacramento adorado, dando gracias y pidiendo ayudas.
¡Cuántos y cuántas en el mundo entero han experimentado las maravillosas
iluminaciones que se reciben al visitar a Jesús en el Eucaristía y las gracias para
el alma y los favores materiales que se consiguen visitando fervorosamente a
Jesús en el Santísimo sacramento.
A un alma muy piadosa le preguntaron qué hacia ella cuando iba a visitar a
nuestro Amo Sacramento y respondió: ¿Qué hace un pobre muy necesitado
cuando va a visitar a un rico muy generoso? ¿Qué hace un enfermo cuando va a
visitar al medico? ¿Qué hace uno que recibió grandes favores cuando va a visitar
al Santísimo yo doy gracias a generoso Bienhechor, pido la salud del alma al
Medico Celestial e imploro como el pobre más necesitados las gracias que
necesito, al Dador de todo el bien." Dar gracias, amar, suplicar. ¿Qué obra mejor
se puede hacer?
Jesús le dijo a Santa Margarita de Alacoque estas hermosas palabras: "He aquí el
Corazón que tanto ha amado a los seres humanos, y en cambio ha recibido
indeferencia, ingratitud y olvido. Y lo que más siento es que este comportamiento
tan frió e indiferente proviene de muchas personas que me están especialmente
consagradas". Y Jesús al decir estas palabras apareció con su Corazón rodeado
de llamas que significan el inmenso amor que nos tiene, y coronado de espinas
que representan nuestras ingratitudes e indeferencias hacia Él.
¿Por qué la gente va tan pocas veces a hablar con Jesucristo en la Eucaristía, en
los Templos? Probablemente porque lo aman muy poco. Pues con los amigos que
aman sí emplean muchos ratos charlando. Con gentes del mundo pasan
contentos horas enteras charlando, y con el Amigo Celestial les perecen
demasiado largos unos pocos minutos de visita. ¿Por qué? Es que prefieren lo
terrenal y material a lo eterno y espiritual. ¿Qué tal que nosotros pudiéramos
repetir lo que decía San Felipe Neri: "Jesús sacramentado es el Amor de mis
amores" Entonces se nos volverían como pocos minutos las horas pasadas
visitando a Jesús sacramentado en el Sagrario.
San Francisco Javier al volver por la noche después de pasar el todo el día
predicando y bautizando y atendiendo pobres y enfermos, se arrodillan ante el
Sagrario y allí se quedaba largos ratos. A veces el sueno lo dominaba y quedaba
dormido por un poco de tiempo sobre la alfombra de la capilla, pero luego
despertaba y seguía orando a Jesús allí presente. Y al día siguiente su palabra era
fuego que convertía los corazones más endurecidos.
San Francisco de Regis, gran predicador, cuando pasaba por frente a un templo
entraba y se arrodillaba ante el Santísimo Sacramento. Y si el templo estaba
cerrado se quedaba afuera, frente a la puerta, rezando un buen rato.
A San Luis Gonzaga le encantaba pasar mucho tiempo orando ante el Sagrario.
Pero los superiores para probar su obediencia se lo prohibieron. Entonces él
cuando pasaba por frente de la capilla y sentía tan inmensos deseos de entrar a
hablar con Jesús Sacramentado, al recordar que se lo habían prohibido
exclamaba: "Señor , perdóname. Tú sabes cuánto deseo estar junto a Ti. Más la
obediencia me lo prohíbe. Pero tú sabes que te amo. "Que te amo mucho". Y
emocionado se alejaba suspirando.
Amable creyente: ¿en verdad sientes tú un amor semejante a Cristo
Sacramentado? Esfuérzate por hacer cada día una fervorosa visita a Jesús en el
Sagrario, que Él sabrá ir volviendo más fervoroso tu corazón. ¿Me dices que
sientes frialdad y tibieza? Te respondo con las palabras de Santa Catalina:
"Acércate al horno ardiente de caridad y Él te concederá el calor de fervor que
necesitas". Y entonces conseguirás no amar tan exageradamente las cosas
materiales y sensuales de esta tierra, y en cambio irte entusiasmando por Dios y
por los bienes celestiales. Y se cumplirá en ti lo que te dijo San Francisco de
Sales: "Cuanto en tu casa haya fuego de amor de Dios, iras echando por la
ventana lo que pueda hacer arder el alma en fuego de pasión y de maldad".

TEMA 39 – Quédate con nosotros


Lucas 24,13-35
Dos discípulos de Jesús iban andando aquel mismo día, el primero de la semana, a una aldea
llamada Emaús, distante unas dos leguas de Jerusalén; iban comentando todo lo que había
sucedido.
Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos. Pero
sus ojos no eran capaces de reconocerlo. Él les dijo:
—¿Qué conversación es esa que traéis mientras vais de camino?

Ellos se detuvieron con aire entristecido. Y uno de ellos, que se llamaba Cleofás, le replicó:
—¿Eres tú el único forastero en Jerusalén que no sabes lo que ha pasado allí estos días?

Él les preguntó:
—¿Qué?

Ellos le contestaron:
—Lo de Jesús, el Nazareno, que fue profeta poderoso en obras y palabras ante Dios y ante todo el
pueblo; cómo lo entregaron los sumos sacerdotes y nuestros jefes para que lo condenaran a
muerte, y lo crucificaron.
Nosotros esperábamos que él sería el futuro liberador de Israel. Y ya ves, hace dos días que
sucedió esto. Es verdad que algunas mujeres de nuestro grupo nos han sobresaltado, pues fueron
muy de mañana al sepulcro y no encontraron su cuerpo, e incluso vinieron diciendo que
habían visto una aparición de ángeles que les habían dicho que estaba vivo. Algunos de los
nuestros fueron también al sepulcro y lo encontraron como habían dicho las mujeres; pero a él no
lo vieron.

Entonces Jesús les dijo:


—¡Qué necios y torpes sois para creer lo que anunciaron los profetas! ¿No era necesario que el
Mesías padeciera esto para entrar en su gloria?

Y comenzando por Moisés y siguiendo por los Profetas les explicó lo que se refería a él en toda la
Escritura. Ya cerca de la aldea donde iban, él hizo ademán de seguir adelante, pero ellos le
apremiaron diciendo:
—¡Quédate con nosotros, porque anochece y el día va de caída!

Y entró para quedarse con ellos. Sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición,
lo partió y se lo dio. A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron. Pero él desapareció.
Ellos comentaron:
—¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?

Y, levantándose al momento, se volvieron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once con
sus compañeros, que estaban diciendo:
—Era verdad, el Señor ha resucitado y se ha aparecido a Simón.

Y ellos contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el
pan.

1. Miren Josune 02/11/2016 at 17:30 Responder


SALIENDO AL ENCUENTRO, TRAS LAS HUELLAS DE EMAUS.

Mi corazón es la estancia donde Jesús viene a orar conmigo. He abierto las “ventanas” para que la Luz
penetre a raudales, pueda verme como soy, sin “ropaje” de apariencia, tan sólo la verdad desnuda, humilde y
sencilla de mi carencia.

A Jesús le encontré en el camino de mi vida, saliendo al encuentro y encendiendo la trémula y frágil lamparita
de mi corazón.

Él fue poniendo luz en mis ideas, pensamientos, sentimientos. Y al percibir su presencia amorosa, llena de
Misericordia, el corazón, todo mi ser, quedó habitado.

Mi amigo sabe bien, me conoce, “cuando me acuesto y levanto, de día y al anochecer, todos mis pasos le son
familiares”.

Jesús no tiene que pedir permiso para “sentarse”, ni guardar protocolo alguno. Soy yo quien le pide se quede
conmigo, penetre dentro de mí, en la intimidad de mi ser, y el anhelo callado de mi corazón.

Acabo de recibir la Eucaristía, le he mirado agradecida y turbada, ¡oh Señor, soy tan pequeña, tan poca cosa!
Necesitada de amor y perdón, de apoyo y ayuda, de tu Misericordia.

Después de conversar contigo, de hablarte de mis deseos y esperanzas, de mis sufrimientos,


miedos,incertidumbres, de orar al Padre y pedirle se haga en mi vida su voluntad, sí, la suya, no la mía ni la de
otros. Voluntad en la misericordia, la certeza de tu escucha atenta, la paz si tregua ni pactos de conveniencia.

¡Quédate con nosotros Jesús!

Sé guía en nuestro caminar, en nuestra incertidumbre tantas veces en sombra.


Ha llegado el momento del envío, de salir yo también al encuentro, como tú me has pedido y quieres que lo
haga. Hay tanta soledad, tanto abandono e indiferencia.

Tenía reservado, pues bueno… ya me conoces, algún que otro regalo, el que más te agrada: mi misericordia
para aquéllos-as que más la necesiten, y estos pequeños y entrañables gestos, “golosinas” de sonrisas, caricias,
ternura, palabras amables de ánimo y consuelo. No permitas que el sufrimiento se convierta en vehículo del
mal, “triunfo” de los perversos.

-Te digo: “Quédate Señor, dentro de mi corazón, donde el ruido y las prisas, las preocupaciones y problemas,
no entorpezcan mi encuentro contigo y los otros. Sé que donde estás tú, hay espacio para el otro-a, hay
acogida en la Eucaristía, hay alegría de sentirte cerca, muy dentro”.

-Hasta otro momento Jesús, te pido disculpas si llevada por mi torpeza, ha quedado pendiente algo, ya me irás
diciendo cuanto quieras, señalando el camino.

Que esta hermosa canción, por tantos-as conocida, nos prepare a Orar la Palabra, con más entrega y don de
cada uno de nosotros, que podamos decir: tú, Jesús, nunca has pasado en balde, indiferente por la vida,
cuando de verdad te hemos buscado y hemos querido quedarnos contigo, Señor del AMOR y la VIDA:

Quédate, buen Jesús,


que anochece y se apaga la fe;
que las sombras avanzan, Dios mío, y el mundo no ve.

Quédate, por piedad, no te vayas,


porque Tú eres amor,
y una nube derrama en mi mente
su tul de dolor, su tul de dolor.

Quédate con nosotros tus hijos


¡Oh divino Jesús!
te decimos lo mismo que un día
los dos de Emaús;
no te vayas, Jesús que anochece
y se apaga la fe,
que las sombras avanzan,
Dios mío, y el mundo no ve.

Con vosotros me quedo,


las sombras tendiéndose van;
¡ay por siempre!
¡ay de aquel que no crea!
¡ay de aquel que no crea!
al partir yo el pan.

Para todos y todas, los que buscando no encuentran, los que llamando no obtienen respuesta, los abandonados
y solos, Jesús es siempre AMIGO, nunca “pasa de largo”, de manera que escucha nuestro ruego y lamento,
tan sólo hemos de decirle: “QUÉDATE CON NOSOTROS”, tantas veces como haga falta. Y él nos enseñará
a reconocer su presencia, al “partir el pan” del Amor y la Misericordia.

Miren Josune

2. miren josune 26/05/2016 at 18:21 Responder


CORPUS CHRISTI

RECONOCERTE SEÑOR, AL PARTIR Y COMPARTIR TU AMOR, EN LA CERCANA


MISERICORDIA.

Nadie muere del todo mientras es amado, mientras su vida importa a los demás, tiene razón y sentido.

Experimentamos esta realidad a través del amor, que como fuego del Espíritu sigue ardiendo sin consumirse
en lo más profundo de nuestro ser, en el latido de nuestro corazón anhelante de la presencia del otro.

Jesús promete vivir más allá de esta vida, el dice: YO SOY EL PAN VIVO QUE HA BAJADO DEL CIELO,
QUIEN COMA DE ESTE PAN VIVIRÁ PARA SIEMPRE.

Es la vida transformada por el amor, cuya certeza permanece más allá de nuestro tiempo.

Jesús nos da su vida, èl es puro don de sí. Se ofrece como PAN DE VIDA, Pan amasado con amor que busca
ser acogido y compartido.

El hombre y la mujer necesitan el alimento del amor para vivir la vida con sentido; amar y sentirse amado, es
la experiencia más grande y profunda de todo ser humano.

¿Qué otro anhelo puede haber más sublime que sentir el pálpito del corazón lleno de amor? Experimentar el
amor y la misericordia de Dios sabiendo que al final de esta vida, nos aguarda la Resurrección.

Dios nos creó para la vida, plena, gozosa, en íntima comunión de amor. Una vida que está llamada a ser
promesa colmada de plenitud.

Jesús nos ofrece su amor, alimento de vida. Es lo más valioso que tiene y que a su vez ha recibido del Padre.
Él dirá: “Como el Padre me ha amado, así os amo yo, permanecer en mi amor”. Amor-comunión de vida,
Eucaristía.
La tristeza y decepción de multitud de seres humanos, radica en no haber tenido la clara y luminosa certeza
del amor compartido en la Eucaristía. Otros, más excépticos, afirman no haber visto el “rostro de Dios” en sus
semejantes.

Es una incoherencia total hablar de Eucaristía, del Pan de la Vida, mientras seguimos manteniendo actitudes y
gestos que nada tienen en común con el Amor que Jesús nos da, pues son causa de sufrimiento lacerante,
hieren la sensibilidad de las personas, destruyen y roban su esperanza, atentan contra su vida y dignidad.

Cuántas Eucaristías profanadas por falta de coherencia con el amor de Jesús Resucitado.

La puerta de la VIDA está abierta a tod@s.

Jesús nunca tuvo acepción de personas, su rechazo no estuvo dirigido a ningún hombre, sino que por amor,
buscó a lo largo de toda su vida al ser humano, para que alcanzara el perdón y la Misericordia del Padre. Esa
fue su misión: salvar al hombre y la mujer de las garras de todo mal y sus consecuencias, de ahí que, nunca
condenó, sino que derramó su misericordia por encima de las leyes, la censura, el interés y los prejuicios.

Vendrá un día, tal vez temerosos y angustiados, con las excusas preparadas para eludir como ya hicimos
tantas veces, la voz de la conciencia: ¿Qué has hecho de tu hermano?, tratando de hacer creer a Dios nuestro
malévolo “despiste”.

Creámoslo o no, la VIDA al igual que el AMOR no se dejan engañar. Estar en el “dintel de la puerta”, ver a
Jesús cara a cara, no significa pasar, tener acceso al otro lado, allí donde el Amor y la Vida serán plenitud.

Sin duda, hombres y mujeres, cuyos nombres están escritos en el libro de la Vida, portarán la única realidad
creíble, su vida llena de obras y gestos de amor.

YO SOY EL PAN DE VIDA, QUIEN CREE EN MI Y COME DE ESTE PAN, VIVIRÁ PARA SIEMPRE.

Eucaristía convertida en gestos de Misericordia, reflejo del Amor de Dios. Cuántas veces nos hemos
alimentado del Pan y Vino de Amor, ignorando al otr@.

Consciente o no, creer en tu vida Jesús, en tu mensaje de amor, me compromete e insta a salir de mí, para
compartir. Debemos ser fieles transmisores de Amor y misericordia, no sólo como don, sino como servicio.

¿Quieres atravesar la puerta de la Vida que nada ni nadie podrá cerrar, o prefieres quedarte al otro lado,
esperando a ver qué pasa?

Nos lo dice Jesús: Pasa que si quieres la Vida, has de entregar mi amor a corazón abierto, hasta el último
aliento.
La Eucaristía no es “un caramelo de pega” que alguien me ofrece sin más, (haber si cuela).

Mi dador es Jesús cuya entrega es certeza de Vida y Amor para ser compartido.

Cada día me siento más MIRÓFORA de la Vida y el Amor del Resucitado. Por eso siembro en mi corazón la
Palabra, con el sincero compromiso de hacerla fecunda en obras y gestos de amor, buenos para la vida.

La mejor imagen que podemos ofrecer a nuestro prójimo, es el don de la Eucaristía, lleno de gestos de amor y
misericordia.
Ojalá la vida de Cristo fuera para todos, motivo para compartir la fiesta sin dejar a nadie fuera. Antes hay que
creer de verdad que Cristo está presente en la Eucaristía.

CUERPO DE CRISTO, AMEN.

Miren Josune