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Síntesis: El discurso del Método de René Descartes

Primera Parte.

La razón es connatural al hombre, es parte de él, por tanto, al ser este dotado de razón, posee la
capacidad de juzgar y distinguir lo verdadero de lo falso, y ser diferente frente a los animales. Todos
los hombres la poseen y el hecho de que exista una variedad racional de opiniones y especulaciones
distintas, no significa que esté ausente en algunos, sino que ha sido menormente potenciada, por
tanto, el ejercitar la razón por medio de un pensamiento rápido, una imaginación nítida y una
memoria amplia favorece mayoritariamente a la perfección del ingenio pensante.

De esta forma, Descartes indica como desde joven se ha metido en consideraciones para formular
un método, por el cual se aumenta el conocimiento en la vida. Este método procura inclinarse a la
desconfianza por medio de un juicio, que hace que no todo sea vano o inútil, conduciendo a la
verdad y dejando la posibilidad de cuestionarse sobre una posible equivocación. Así nos indica
Descartes su propósito de enseñar un método para la razón, utilizando la forma por la que el mismo
ha llegado.

Refiriéndose a los ejercicios en las escuelas, dice que las lenguas que se aprenden son necesarias
para la inteligencia de los libros antiguos, que las historias ayudan a formar el juicio, que la poesía
tiene delicadezas y suavidades que arrebatan, que las matemáticas hay sutilísimas invenciones que
pueden ser de mucho servicio, que la teología enseña a ganar el cielo; que la medicina y las demás
ciencias honran y enriquecen a quienes las cultivan.

Es muy importante saber sobre las costumbres de los pueblos y sobre la razón, sin embargo, el que
viaja mucho tiempo se tornará extranjero dentro de su pueblo. Así también tendríamos que decir
que las fabulas son cosas imaginables, que cada una de las personas hace sobre su vida, por otra
parte, la poesía es el método de expresión sobre su pensamiento poniéndole un poco de su amor
asiéndolo parte de su vida, por lo cual se puede ver su forma de expresión y en la realidad donde
vive.

Descartes, gustaba de las matemáticas, pero no sabía cuál era su verdadero uso, por lo que pensaba
que solo las artes mecánicas servían. Las virtudes eran presentadas como las cosas, más estimables
que hay en el mundo, pero no son bastantemente enseñadas. Muchas veces dan ese hermoso
nombre a lo que no es sino insensibilidad, orgullo, desesperación o parricidio.

Reverenciaba la teología y quería ganar el cielo, aprendió que el camino de la salvación estaba
abierto para los ignorantes y para los doctos y que las verdades reveladas están por encima de la
inteligencia, por lo tanto, para someterlas a juicio era preciso la ayuda del cielo y ser algo más que
hombre.

Aunque la filosofía ha sido cultivada desde hace siglos, no hay nada en ella que no sea objeto de
disputa, y por ello dudoso, por lo cual Descartes no tuvo nunca la presunción de acertar mejor que
los demás. Al respecto de las demás ciencias consideraba que poseía un fundamento endeble por
toma los principios de la filosofía, ni que decir de las doctrinas falsas, por lo cual aprenderlas no
tenía sentido para él. De ahí que se dispusiera a viajar y conocer, y confiar más en sus propios
razonamientos que en los que un hombre de letras hace encerrado en su despacho.

Descartes pensaba que podía encontrar mayor verdad en los argumentos que él mismo realizaba
sobre los asuntos que le competen, pero con ello quedaba expuesto a que dicho asunto mostrara
otros elementos que terminarían trayéndose abajo su proyección primera. Además, él se esforzaba
en aprender a distinguir lo verdadero de lo falso, lo cual le daba mayor seguridad. Veía diversidad
en las opiniones de los filósofos las cuales eran aceptadas en los pueblos. Aprendió a no creer en lo
que el ejemplo y la costumbre le mostraban y así se libraba de errores y escuchaba más a la razón,
por lo que accedió a estudiarse a sí mismo.

segunda Parte

Descartes dice, “Así yo pensaba que las ciencias de los libros, al menos aquellas cuyas razones no
son sino probables, y que carecen de toda demostración, habiéndose compuesto y crecido poco a
poco con las opiniones de muchas diversas personas, no son tan cercanas a la verdad como los
sencillos razonamientos que se puede hacer naturalmente un hombre de buen sentido en lo tocante
a las cosas que se presentan.” (falta cita)

Ante tantas opiniones para las cosas es necesario hacer la distinción la utilización de un método
razonable y no basado en la simple dóxa de muchos, a este método no pueden acceder dos tipos de
personas los que no pueden dejar de precipitar sus juicios y no tiene bastante paciencia para
ordenar todos su pensamiento y aquellos que teniendo suficiente razón o modestia para juzgar que
son menos capaces de distinguir lo verdadero de lo falso que otros, por quienes pueden ser
instruidos, deben más bien contentarse con seguir las opiniones de otros que juzgan ellos mismos
mejores.

Después de estudiar algunas de las ciencias de la filosofía que ayudaron a delimitar su propuesta de
método nos propone:

1. No aceptar nunca cosa como verdadera que no la conociese evidentemente como tal.

2. Dividir cada una de las dificultades que examinase en tantas partes como fuera posible y como se
requiriese para su mejor resolución.

3. Conducir ordenadamente los pensamientos, comenzando por los objetos más simples y fáciles de
conocer para ascender poco a poco, hasta el conocimiento de los más complejos.

4. Hacer en todas partes enumeraciones tan completas y revisiones tan generales que estuviese
seguro de no omitir nada.

Descartes dice que debemos usar la razón en todo, aunque no le de perfección el método le da una
seguridad.

Tercera Parte.

Descartes empieza este capítulo diciendo que va a tener una reserva de moral provisional a la cual
sostenerse mientras hace su juicio de duda. Esta reserva está compuesta por tres contenidos:

Adhesión a las costumbres, religión y leyes de su país, según las opiniones más moderadas. Como
va a suspender todo juicio propio va a arreglare con las opiniones más sensatas. A pesar que en
otros lugares haya también personas sensatas, es más práctico quedarse con las propias de donde
se queda. Atenerse más a lo que las personas hacen que a lo que dicen, ya que estas muy pocas
veces conocen lo que creen, a pesar de que viven en arreglo a ello. Procura además ajustarse a la
opinión más moderada, porque así (dado que está procurando fundamentar todas las creencias
partiendo de cero) se evita estar en una posición extrema que después resulte equivocada, mientras
que en un “justo medio” estará más cerca de la verdad. Además, escoge también la moderación por
considerar excesiva cualquier costumbre que coartara la libertad. Procura, además, de esta manera,
evitar adherirse a una mera opinión susceptible de cambiar en su apreciación por parte de las
personas.
La segunda máxima se deriva de la primera: una vez decidido un camino en la moral, se mantendrá
firme, resuelto y constante, aún en los puntos más dudosos, sin migrar de una posición a otra, para
así mantener la estabilidad necesaria que le permita eventualmente decantarse por una posición
fundamentada según sus propias reglas —vale decir, al lograr su objetivo primordial—.

Su tercera máxima consiste en dar siempre el mayor esfuerzo en todo lo que se hace o se procura
hacer, sin desanimarse si no se alcanzan los resultados deseados, pues lo que realmente vale es que
se hizo lo mejor. Por ejemplo, a veces nosotros sentimos deseo por cosas que no están a nuestro
alcance, pero por no poder conseguirlas no nos desanimamos, asimismo no nos desanimamos
cuando damos nuestro mayor esfuerzo, pero no alcanzamos lo que deseamos.

Como consecuencia de estos principios, Descartes examina las diferentes ocupaciones humanas
para buscar la mejor, y concluye que esta resulta ser aquella la cual ya se dedica: la búsqueda de la
verdad mediante la razón.

Descartes, como parte de su duda metódica, suspende la creencia de todo juicio que no corresponda
a estas máximas morales o a las verdades de la fe, a fin de seguir avanzando en el seguimiento de
la verdad, para lo cual prosigue sus viajes en Europa como observador de la conducta humana, al
tiempo que vive una vida personal de sobriedad, mas no privación, dedicándose a problemas
matemáticos o físicos (en el sentido actual). Al comenzar a recibir reconocimiento de sabio, decide
apresurarse en la consecución de sus propósitos para hacer consecuente con tales opiniones y se
retira para ello a Holanda.

Cuarta Parte.

El autor, para asegurar la búsqueda de la verdad, decide poner en tela de duda todo aquello que
conoce, a fin de que perdure en su conciencia algo verdadero. Se advierte que los sentidos pueden
ser engañosos, por lo que se propone encontrar la verdad haciendo uso de la razón.

Descartes, al dudar de todo, se da cuenta que incluso los pensamientos pueden ser falsos; en ese
sentido, al fin y al cabo, el hecho de poder pensar corresponde a la principal capacidad que le
permite ser. Se llega a la conclusión de que el yo es una sustancia cuya esencia o naturaleza no es
más que pensar y que, para ser, no necesita ningún lugar, y que no depende de ninguna cosa
material. El alma es el yo, la cual es más accesible al conocimiento que la materia. En síntesis, la
única verdad es que “pienso, luego soy” (Descartes, 1975: 47); este principio se toma como regla
general para determinar la veracidad del conocimiento de las cosas. Lo anterior se cumplirá siempre
y cuando las mismas sean claras y distintas.

Posteriormente, el autor se da cuenta que es mejor dejar las dudas y se preocupa por buscar
verdades. Ante esto descubre la necesidad de buscar una naturaleza más perfecta, de la cual venga
la capacidad de pensar: en el mundo exterior no hay nada más perfecto que él, por ende, esta
capacidad no puede provenir de alguno de los seres que lo rodean; tampoco dicha perfección puede
venir de sí mismo pues algo imperfecto no puede crear algo perfecto. Entonces, en el tercer
presupuesto concluye que la facultad de pensar debe proceder de una naturaleza superior que
contenga en sí todas las perfecciones, a saber: Dios. Éste es el principal fundamento del
pensamiento cartesiano. Además, se dirige una crítica a aquellos que pretenden encontrar la verdad
en la matemática o en la geometría; no obstante, Descartes se vale de esto para decir que su prueba
sobre la existencia de Dios es tan válida como las teorías geométricas.

Con respecto a la imaginación, ni ésta ni los sentidos pueden asegurar cosa alguna si antes no
interviene el intelecto. Pues, en fin, sea que se esté despierto o dormido, no hay que dejarse
persuadir nunca más que por la evidencia de la razón.

Quinta Parte.

En esta quinta parte del Discurso del Método, Descartes comienza afirmando que no admite por
verdadero nada que no venga de las demostraciones de los geómetras, y que no supone otro
principio que aquel que le ha servido para demostrar la existencia de Dios.

Luego, empieza a hacer una reflexión acerca de cómo, a su parecer, funcionan algunas cuestiones
en el mundo; afirma que Dios ha establecido una serie de leyes en la naturaleza y que, si nos
detenemos a reflexionar acerca de ellas, nos daríamos cuenta de que se cumplen en todo cuanto
hay o se hace en el mundo. Seguidamente hace una reflexión acerca del Sol y de las estrellas fijas,
organizándolo todo en torno a ellos, pues, según él, son estos cuerpos los que proporcionan casi
toda la luz a lo demás que existe: a los cielos, que la transmiten, a los cometas, los planetas y la
Tierra, que la reflejan, y en particular a todos los cuerpos que habitan la Tierra que son, o coloreados,
o transparentes, o luminosos; y en particular al hombre que es el espectador.
Luego, Descartes hace una descripción de cuerpos inanimados y plantas, pasando después a los
animales y llegar así, a los hombres; Pero no teniendo aún bastante conocimiento de los hombres
supone que Dios creó un solo hombre con su interioridad y exterioridad similar a las nuestras. A este
hombre lo crea sin alma razonable, pero excitando en su corazón uno de esos fuegos sin luz, esto es
lo que nos hace hombres, a diferencia de los animales y plantas. Dios crea el alma razonable y la
otorga al cuerpo ya que muchas de las funciones fisiológicas cómo el funcionamiento del corazón,
son similares a la de los animales grandes, pero en cambio, no se puede encontrar en ese cuerpo
ninguna de las que dependen del pensamiento, ya que éstas solo pertenecen a los hombres.

Luego, explica el funcionamiento del corazón y en especial su movimiento de contracción y


dilatación que transporta la sangre y produce calor. Además, comenta que la verdadera función de
la respiración es aportar aire a la concavidad derecha del corazón donde se rarifica y se evapora
para convertirse en sangre. Se menciona a los “espíritus de los animales” que ascienden desde el
corazón hasta el cerebro.

Para finalizar esta quinta parte, Descartes afirma que los animales no tienen la misma capacidad de
síntesis e inteligencia que el hombre, por cual el hombre no puede entender del todo el
comportamiento de los animales. El alma de los animales, para Descartes, no es igual o de la misma
naturaleza que la de los hombres; por ejemplo, las hormigas y las moscas no saben que tienen alma,
por lo tanto, no se preocupan por ella, así también los hombres, sabiendo que somos diferentes a
los animales, entendemos que nuestra alma es de naturaleza enteramente independiente del
cuerpo, por lo tanto, al no existir algo que la pueda destruir, decimos que es inmortal

Sexta Parte

En esta sexta parte, René Descartes habla de algunas referencias a la física, al experimenta algunas
dificultades particulares, donde indica “advertí hasta dónde podían conducir y cuan diferentes eran
de los principios que hasta ahora habían servido en esta clase de estudios, creí que no podía
mantenerlas ocultas sin pecar grandemente contra la ley que nos obliga a procurar el bien general
de todos los hombres en cuanto esté en nuestro poder”, eso lo indica debido a que prefería
conocimientos más pragmáticos y filosofía especulativa que se enseña en las escuelas.

Puede encontrarse una práctica, por la cual, conociendo la fuerza y las acciones del fuego, del agua,
del aire, de los astros, de los cielos y de los demás cuerpos que nos rodean, tan distintamente como
conocemos los diversos oficios de nuestros artesanos, podríamos emplearlos de manera semejante
en todos los usos para los que son apropiados, y convertirnos así en dueños y señores de la
naturaleza.

Él tenía el propósito de en toda su vida la investigación de una ciencia tan necesaria, y encontró un
camino que le conduce infaliblemente a ella, a no ser que lo impidan la brevedad de la vida o lo
defectuoso de la experiencia que es necesario realizar, juzgó que no había mejor remedio contra
estos dos impedimentos que comunicar fielmente al público lo poco que se pueda encontrar, e
invitar a los claros ingenios a tratar de seguir adelante, contribuyendo, cada uno según su inclinación
o su poder.

Luego trató de encontrar en general los principios a causas primarias de lo que hay o puede haber
en el mundo, considerando que todo es creación divina, reconociendo las semillas de verdades que
existen naturalmente en las almas. Después posteriormente examinó cuáles eran los primeros
efectos que se deducían de estas causas.

Aunque él ha explicado frecuentemente algunas de sus opiniones a personas, estas han


distorsionado el pensamiento original de modo tal que no es el pensamiento inicial de Descartes.
“No me sorprenden en manera alguna las extravagancias que se atribuyen a todos estos antiguos
filósofos cuyos escritos no poseemos, ni juzgo por ello que sus pensamientos hayan sido muy
irrazonables, puesto que figuraban entre los talentos más esclarecidos de su tiempo, sino que pienso
solamente que se nos han transmitido falseados”.

Descartes comenta que “Si hay en el mundo alguna obra que no pueda ser tan bien acabada por
nadie como por el mismo que la comenzó, es esta en la que yo trabajo”, refiriéndose al método como
el inicio de un nuevo método de conocimiento rechazando todos los conocimientos anteriores.

Explica dentro de este capítulo además las causas por las cuales Descartes no publicó dicho tratado,
aunque después presentó dos nuevas razones que lo obligaron a incluir algunos ensayos, dando a
conocer algunas acciones y propósitos que el pretendía.
Bibliografía

- Descartes, R. (1637). Discurso del Método. Madrid: FGS (2010). Recuperado de:
http://www.posgrado.unam.mx/musica/lecturas/LecturaIntroduccionInvestigacionMusica
l/epistemologia/Descartes-Discurso-Del-Metodo.pdf
Trabajo por partes

- 1ª Parte: - 5ª Parte:
o José Bermúdez o Andrey Fernández
o Jeison Ulloa o Diego Leitón
o Douglas González o Pablo Flores
o Luis Carlos Córdoba o Bryan Rodríguez
o Marco Vinicio Salas o Roilan Mora
o Marvin López o Rafael Solano
o Arnulfo Zamora - 6ª Parte:
o Maykol Leiva o Randall Céspedes
- 2ª Parte: o Carlos Araya
o David Eduardo Romero o Aarón Quesada
o Rigoberto Aguilar o José Manuel Araica
o Erick Valverde o Kenneth Rojas
o Luis Roberto Suárez
o Ronald González
o Jonathan Donis
o Robert Sánchez
o Oscar Molina
- 3ª Parte:
o Juan Luis Calvo
o Santiago Duran
o Daniel Ulate
o Elvis
o Luis Diego
- 4ª Parte:
o Ronny Arce
o Andrés Azofeifa
o Luis Soriano
o Alfonso Varela
o Manuel Villalobos