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traductoras
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Mae Kells Majo Villa
Ivana Florbarbero Julie
Victoria. JANI Vane Farrow
Kyda Sandry Pachi Reed15
Vane Black Annie D Sofia Belikov
Maii Julieyrr Verito
Miry GPE SandyQu St.Rolan NicoleM
Marie.Ang Daniela Agrafojo Mary Warner
Dannygonzal Jadasa GInoha
Dama Umiangel

correctoras
GypsyPochi Laurita PI NicoleM
Daliam Miry GPE Julie
Sandry Itxi Ailed
Jadasa Meliizza NnancyC
Ana Avila JANI Melii
Val_17 Mary Warner Sahara

lectura final
Vane Farrow Mary Warner Val_17
Julie Miry GPE Laurita PI
Florbarbero JANI

diseño
Aria
Índice
Sinopsis Capítulo 20 Capítulo 40
Capítulo 1 Capítulo 21 Capítulo 41
Capítulo 2 Capítulo 22 Capítulo 42
Capítulo 3 Capítulo 23 Capítulo 43
Capítulo 4 Capítulo 24 Capítulo 44
Capítulo 5 Capítulo 25 Capítulo 45
Capítulo 6 Capítulo 26 Capítulo 46
Capítulo 7 Capítulo 27 Capítulo 47
Capítulo 8 Capítulo 28 Capítulo 48
Capítulo 9 Capítulo 29 Capítulo 49
Capítulo 10 Capítulo 30 Capítulo 50
Capítulo 11 Capítulo 31 Capítulo 51
Capítulo 12 Capítulo 32 Capítulo 52
Capítulo 13 Capítulo 33 Capítulo 53
Capítulo 14 Capítulo 34 Capítulo 54
Capítulo 15 Capítulo 35 Capítulo 55
Capítulo 16 Capítulo 36 Capítulo 56
Capítulo 17 Capítulo 37 Walk the Edge
Capítulo 18 Capítulo 38 Lista de Canciones
Capítulo 19 Capítulo 39 Sobre el autor
Sinopsis
Dura e independiente, Abby, de diecisiete años, no permite que
mucha entre a su círculo interno. Es conocimiento de todos en su pueblo
de Kentucky que trafica drogas, pero ni siquiera sus amigos más cercanos
saben por qué. Pero cuando una venta sale mal y Abby corre peligro, se
encuentra a si misma forzada de mala gana a buscar apoyo en el osado
Logan—un chico cuyo espíritu turbulento se parece mucho al suyo.
Logan tiene sus propias razones para querer mantener a Abby lejos.
Pero nunca esperó encontrar en ella a la persona que podría ayudarlo a
enfrentarse a los demonios de los que ha luchado tanto por alejarse.
Juntos, Abby y Logan tendrán que tomar una decisión: permitir que
las situaciones por las que están pasando los arrastren para siempre… o
luchar por el futuro que ambos pensaron que era imposible.
Pushing the Limits, #5
1 Traducido por Ana Avila
Corregido por GypsyPochi

Logan
Traidor.
Es lo que espero que alguien murmure al pasar, pero estamos en
Louisville y las probabilidades de toparme con cualquier persona de la
preparatoria Bullitt Country son bajas.
La camarera me sonríe cuando vuelve a llenar mi vaso de agua y
nuestros ojos se encuentran. Es bonita. Tal vez uno o dos años mayor que
yo. Su pelo es largo, pero el de Abby es más largo. Sus ojos son de color
marrón, pero los de Abby son más oscuros. Pensar en Abby me hace
considerar pedirle a esta muchacha salir. La camarera no sería la primer
chica de la universidad con la que haya salido y no sería la primer chica
con la que haya terminado porque tenga a ella en mi cerebro.
Le guiño un ojo, se ruboriza, mi madre empuja mi brazo en señal de
aprobación.
Estamos en Applebee’s. Los tres televisores de la barra muestran el
juego de los Reds, y gracias al último home run, la gente en las gradas se
vuelve salvaje. Aquí está lleno de gente, la mayoría de los lugares en
Louisville lo están, sin embargo, mi vaso nunca llega a estar vacío. Sí, la
camarera está interesada, pero no estoy seguro de que yo lo esté.
A mi izquierda, mi padre inclina la cabeza hacia el tipo que sonríe
como el gato Cheshire. Si pudiera elegir, este chico sería mi nuevo
entrenador de béisbol, y coquetear con una chica sería un infierno mucho
menos incómodo y más normal para él que discutir… mi diabetes.
Tipo 1 para ser exactos, y ya que este sujeto continuamente se
movía, era obvio que debo ser el primer jugador potencial con esta
enfermedad que ha tenido. Apuesto a que lamenta pedirme que
almuerce con él para poder convencerme de que me le una. Todo esto
me lleva de nuevo a traidor.
—La madre de Logan y yo queríamos darle las gracias por ayudarnos
a conseguir la aprobación de la comisión atlética para que Logan pueda
continuar jugando béisbol. —Papá siempre se refiere a él y a mamá en
separado. Se divorciaron cuando tenía seis años, pero la mayoría de las
veces han encontrado una manera de mantener una relación amistosa.
—Sí —interviene mamá—. Ha sido de mucha ayuda.
Mamá no tiene ni idea de lo que el entrenador Reynolds ha hecho,
pero le gusta sentirse incluida. Papá suspira cuando mamá entra al
departamento de gratitud; agradeciéndole a él por su tiempo, por este
almuerzo, por estar aquí. Mamá es una parlanchina de espíritu libre y papá
es el tranquilo y responsable.
Fuera de esos rasgos, heredé las habilidades de conversación de
papá y la necesidad de mamá por ir de prisa. También tengo los ojos
marrones de mamá, el cabello negro de papá y un cuerpo que no
produce insulina. Mamá culpa a papá por eso, diciendo que su
negatividad debió bloquear uno de mis chacras en el útero. Papá dice
que mamá necesita examinarse la mente. Apoyo a mi padre en eso.
—¿Cuándo es tu cumpleaños? —le pregunta mamá al entrenador—.
Me ayudará a saber bajo qué estrellas naciste.
—Una vez más, gracias por tu ayuda. —Papá salta a salvar la
conversación. Es bueno manteniendo reuniones conjuntas con mi madre y
hacer un desvío imprevisto de la loca fascinación de mamá—. Al Estado
no suele gustarle cuando los estudiantes cambian de escuelas.
—No fue un gran problema. Ustedes comparten la custodia. —El
entrenador Reynolds señala con el cuchillo con el que cortó su
hamburguesa en dirección a mamá—. Y usted vive en nuestro distrito.
Tampoco duele que este chico me quiera en su equipo. Este
almuerzo; me apeno por él porque posiblemente es en vano. Le dije a
papá al final de la temporada pasada que no jugaría béisbol de nuevo,
pero él fue tras la aprobación de la comisión de todos modos, en caso de
que yo cambiara de opinión.
Dado mi historial en las cosas, él no se equivoca. Mis actitudes día a
día están volviendo loco a papá. Esta vez, soy firme en cuanto a mi
decisión. Tengo una meta para este verano, y campos de entrenamiento,
ejercicios y compromisos con torneos de fines de semana largos no están
en ese plan. Noches largas, bares llenos de gente, una guitarra y un viaje a
Florida al final del verano están en mi visión.
—No afectó que la preparatoria Bullitt County alentara durante el
proceso —continúa el entrenador Reynolds—. No hay muchas escuelas en
el estado que puedan superar lo académico de Eastwick.
Y no hay muchas escuelas que pueden superar a Eastwick en los
deportes, pero mis compañeros de equipo de Bullitt County y yo hicimos
llorar a Eastwick en el torneo estatal la primavera pasada. En mayo, el
entrenador Reynolds maldijo en voz lo suficientemente alta para que el
público en las gradas escuchara cómo protegí con éxito la almohadilla de
home tres veces seguidas, cómo le costé el campeonato a su equipo.
—Lo académico es el por qué me cambio a otra escuela. —Después
de que la preparatoria Bullitt informara a mis padres que mi último año
sería yo, una portátil y la biblioteca, ellos me cambiaron a Eastwick. El
tiempo de inactividad y yo nunca hemos sido una buena combinación.
Por lo general, termina conmigo detenido, suspendido, en el hospital y una
vez con las manos esposadas. En mi defensa, la vaca me siguió a casa, así
que no considero eso un robo.
El entrenador Reynolds ladea la cabeza divertido. —Por supuesto
que lo académico es tu prioridad. No esperaría nada menos.
Él piensa que soy críptico, pero no. Papá le dijo que consideraba
retirarme y este almuerzo se hallaba destinado a convencerme de
cambiar de opinión. En el registro, de acuerdo con el entrenador Reynolds,
no es ese tipo de comida. Sólo un conocer y saludar. El reclutamiento es
ilegal, pero eso no impide que suceda.
—¿Sabías que Logan terminó todos los cursos que la preparatoria
Bullitt Country tenía para ofrecer en su primer año? —alardea mamá.
—Lo sabía. —El entrenador Reynolds sonríe mientras se toma su
refresco—. También he oído que tiene calificaciones excepcionales en sus
evaluaciones del ACT y SAT. Tuvimos una charla con su consejera. Me dijo
acerca de los institutos de verano a los que pediste asistir. Si juegas este
verano para nosotros, prometo que las prácticas y los juegos nunca
interferirán con nada de eso.
Papá observa mi reacción. Él no consigue entender mucho.
Considera lo que hago en mi tiempo libre como un pasatiempo de
elección, pero el que yo vaya a la universidad; ese es su sueño. Mi padre
terminó la escuela preparatoria y no es silencioso sobre querer más para mí
que salario mínimo y un trabajo agotador. Estos institutos de verano
prometen entrevistas universitarias potenciales.
El entrenador Reynolds capta el cambio en el lenguaje corporal de
papá y espeta—: Nuestro consejero dice que Logan tiene un montón de
universidades cazándolo. Solo piense en lo mucho más deseado será con
otro campeonato de béisbol bajo el cinturón.
Mamá se endereza en su asiento. —Deberías ver sus puntuaciones
de CI. Están fuera de la tabla. Dicen que la inteligencia viene del lado de
la madre.
Papá se ahoga y mamá le dispara una extraña mirada sucia. Bebo
para ocultar mi sonrisa. Mamá es inteligente, incluso tiene un lujoso título de
una universidad de lujo, pero prefiere los horóscopos a la ciencia.
—Cambiar de escuela entre tu segundo y último año se necesita
valor. —El entrenador dirige la conversación de nuevo hacia mí—.
Participar en el equipo te ayudará a hacer amigos rápidamente.
La mayoría de la gente estaría aterrorizados sobre la decisión de
cambiar de escuela, pero mis mejores amigos se graduaron la primavera
pasada y lo hicieron la mitad de mi equipo de béisbol. A continuación, una
semana después de la graduación, dos de mis tres entrenadores de
béisbol anunciaron que eran transferidos de escuela. En un instante, fui
dejado atras.
Tiro de mi gorra de béisbol y juego con la ensalada en mi tazón.
Dejado atrás. No puedo decir que eso se siente bien.
—No quiero jugar este verano. —Doy directo en el punto de la
cuestión—. Necesito algún tiempo fuera.
Papá me mira cuidadosamente. Aún no le decía esto a él,
simplemente establecí que terminé con el béisbol, pero como papá ya era
consciente, cambié de opinión. No soy tan apasionado del béisbol como
mis mejores amigos Chris y Ryan. Ellos viven para el juego y yo solo
disfrutaba estar con amigos y la emoción de jugar de receptor.
—Has estado por ahí lo suficiente —dice el entrenador Reynolds—.
Ya sabes que nos gusta jugar en la liga recreacional de equipos durante la
temporada baja para mantener a los chicos en forma.
—Lo sé. —Mi mirada encuentra la de él y él me evalúa. Nada de lo
que haga o diga me convencerá de renunciar a mis metas de verano.
—Así que, explícame de nuevo cómo funciona la diabetes —dice el
entrenador, cambiando de tema ya sea porque es curioso o porque se
compra tiempo para hacerme cambiar de opinión.
Papá y yo compartimos una breve mirada mientras mamá actúa
como si fuera una autoridad sobre mí. El entrenador Reynolds empapa sus
últimas papas fritas en salsa de tomate mientras asiente a la explicación
básica de mamá sobre los niveles de azúcar, pruebas de glucosa e
inyecciones de insulina.
Mi boca se hace agua cuando introduce la papa frita en su boca.
Para jugar el “juego de soy responsable” con mis padres, como una
ensalada de pollo a la parrilla. Odio las verduras. No puedo describir la
cantidad innegable de odio que tengo hacia todas las cosas verdes, pero
últimamente, mi azúcar en sangre ha estado fuera de lugar.
El doctor dice que es normal por mis hormonas fluctuantes. Mamá
dice que es la energía negativa. Papá se pregunta qué tan responsable
soy con la gestión de mi dieta, ejercicio y pruebas rutinarias. Papá y el
médico podrían estar a la par por la victoria.
—¿Entonces dices que no necesito preocuparme por nada? —El
entrenador Reynolds hace bola su servilleta y la arroja sobre su plato—.
¿Qué Logan es responsable de todo esto y será capaz de hacerse cargo
de todo si juega para nosotros?
—Logan... —Papá se detiene y levanto una ceja. Fue quien me
convenció intentar seguir jugando béisbol después del diagnóstico inicial
de diabetes cuando tenía siete años. Fue su intento para demostrar que
podía hacer cualquier cosa, incluso con el tipo 1. A menudo me
preguntaba si lamenta esa conversación. Apuesto a que nunca pensó que
su hijo con el tipo 1 se convertiría en un intrépido.
Papá reinicia y comienza la conversación de nuevo—: Logan sabe
cuándo checarse y se ha administrado la insulina desde hace años.
Es una respuesta política. La verdad sin admitir la verdad. Papá no
piensa que soy responsable. Ni con mi diabetes y ni con mi vida.
El entrenador Reynolds acepta la respuesta con un gesto de mano.
—Suena bien. Vamos a celebrar una reunión de equipo si decide unirse.
Explicarles la situación a ellos. Tal vez podría tener un panfleto…
—No —lo interrumpo y su mirada se dirige hacia la mía.
—¿Qué?
—Si me uno, nadie además del cuerpo técnico lo sabrá.
El entrenador Reynolds dirige su mirada hacia mis padres con
cautela. Busca apoyo, pero termina por su cuenta—: Admito que no estoy
en tu condición, hijo, pero por lo que entiendo, esto es serio.
Lo es. En una ocasión estuve en una camilla de la sala de
emergencias. La mierda no se hace más real y seria que eso. —Fuera de
los consultorios médicos, hay un puñado de personas que son conscientes
de mi diabetes. Mi último equipo ganó espalda a espalda campeonatos
estatales y mis compañeros de equipo nunca supieron que su receptor no
podía producir suficiente insulina.
Mis dos mejores amigos no sabían y seguían sin saberlo.
—No hay vergüenza en decir…
Lo interrumpo de nuevo—: ¿Correría con la cabeza por delante
contra un hombre cuyo cuerpo no funciona bien? ¿Le lanzaría la pelota
con fuerza a un chico si pensara que está roto?
El entrenador Reynolds juguetea con el anillo de matrimonio en su
dedo y mi estómago cae. Apuesto a que tiene hijos y lo confunden sus
sentimientos por ellos con la idea de ponerme en el campo. —¿Lo harían?
Tengo que admitir, me cuestiono si esta elección es sabia.
Descanso los brazos sobre la mesa y me inclino hacia adelante, sin
romper el contacto visual. —Me mantuve entre su chico más grande y la
almohadilla de home en el campeonato hace unas semanas. Él fue con
todo hacia mí para anotar. Atrapé la pelota, me hice cargo y saqué su
culo. Me encuentro aquí sentado y por lo que he oído, él todavía cuida de
su pierna rota. No soy débil.
Papá saca una carta desde una carpeta y la desliza hacia el
entrenador. —Es una carta de su médico. Logan está habilitado para
jugar. Tiene que checarse más cuando práctica y durante los juegos, pero
no hay razón para que su diabetes lo detenga.
Cuando la mirada del entrenador Reynolds se detienen de ir de ida y
vuelta demostrando su lectura, simplemente mira fijamente la parte inferior
de la página, sopesando su necesidad de un receptor sobre la carga de la
responsabilidad de tener un chico con diabetes en su equipo.
Golpea la mesa dos veces y finalmente me mira a los ojos. Su deseo
de una equipo campeón ganó. —Yo sólo vi y oí pasión. ¿Estás seguro de
que has terminado de jugar a la pelota?
¿Una recta de ciento sesenta kilómetros por hora que es lanzada
hacia mí o tomar el peso de un hombre en busca de home mientras lo
saco? Eso es algo de mierda loca y necesito una dosis de locura
diariamente. Hay algo mal con mi cerebro. Una picazón constante bajo mi
piel, un tic en mi mente, y si no encuentro un desahogo, entonces siento
que me volveré loco pronto.
¿Terminé con el béisbol? Quién sabe. Pero... —Necesito el verano
libre.
El entrenador asiente con una sonrisa triunfante en su rostro. —
Correcto. Puedo respetar eso. Las prácticas de otoño comienzan la
primera semana de clases. Espero verte en mi campo.
Una camarera deja caer una bandeja llena de comida, el
restaurante completo mira boquiabierto, y cuando el entrenador Reynolds
vuelve su atención a la mesa, mamá comienza a hablarle de un té de
hierbas de una tienda de alimentos orgánicos que ella administra y serían
geniales para el equipo durante el entrenamiento.
—¿Estás seguro de esto? —murmura papá en mi dirección.
Suele apoyarme en cada decisión que tomo a lo largo del camino.
Es predecible que adivinará y me preguntara si esto es lo que realmente
quiero. No tiene nada que ver con el béisbol. Sobre mí jugando a la pelota,
eso no es lo importante para él. Mi salud lo es. Mi estabilidad mental.
—Sólo necesito el verano.
Papá me lanza una mirada que me dice que hablaremos más tarde
sobre todo lo que no le digo. Será un infierno de conversación. Una que no
quiero tener, pero estoy decidido a salirme con la mía al final.
2 Traducido por Mae
Corregido por GypsyPochi

Abby
Regla número uno de mi padre: nunca hacerles saber que tienes
miedo.
Acuno mi celular contra el oído, cierro la puerta del baño de arriba
de mi casa, bloqueo la cerradura, entonces utilizo la cadena para mayor
seguridad. —Lo siguiente que me dirás es que las estrellas se realinearán
para predecir mi condena y una voz desde el cielo te dirá que deberías
quedarte en la cama.
Ricky se ríe. Siempre se ríe. Al menos conmigo. Lo pongo nervioso, y
en nuestro trabajo, confiar en la persona equivocada puede ser un error
fatal por lo que elige no creer que estoy loca y en su lugar opta por pensar
que soy graciosa. Por cierto, no soy graciosa, pero estoy loca.
—Te digo que debes cancelar tus planes esta noche —dice.
Muevo los estantes de plástico que sujetan las toallas a un lado,
enrollo el papel tapiz que se sostiene con velcro, a continuación, utilizo el
destornillador para sacar la puerta de madera en la pared. —Debido a
que tu galleta de la suerte te advirtió de malas reuniones de negocios. Si le
harás caso a esa mierda, por lo menos hazlo bien y lee tu horóscopo en el
periódico como el resto de nosotros.
La ruidosa risa de fondo y conversación en su final se desvanece y
me pregunto si también está entrando en su espacio privado, que incluye
su cubículo personal lleno de dinero en efectivo. —He oído de fuentes
razonables que hay gente detrás de alguno de mis activos esta noche.
Tienes que quedarte.
—Difícil, porque voy a un club esta noche. —Es cierto. Después de
encontrarme con algunos clientes para venderles lo que están interesados
en comprar, saldré con amigos y luego me reuniré con un nuevo cliente
potencial. Entrevisto a clientes potenciales antes de que les venda porque
soy así de paranoica—. Seré la adolescente que todos, incluido tú, siguen
recordándome que soy.
Saco cuatro tornillos y la puerta se afloja. Cada vez que abro este
pequeño compartimento me siento medio aliviada y medio enferma.
Demasiados montones de dinero en efectivo para alguien de mi edad,
pero al mismo tiempo, no lo suficiente.
—Es domingo por la noche —dice—. Viernes y sábados son tus días
de pago.
—Tengo clientes habituales que se ponen de mal humor cuando no
cumplo con sus expectativas, además es verano. Elijo una tasa de rotación
más rápida ahora porque la escuela puede ocupar mi tiempo de entrega,
y me gusta que tengan recuerdos de una época en que lo entregaba
inmediatamente. Mantener un alto nivel de satisfacción y retener clientes
mientras pongo a descansar mi belleza y terminar mi tarea no es tan fácil
como lo hago parecer. Ser perfecta toma trabajo y planificación.
—El empleado de honor con la actitud del cliente siempre tiene la
razón. —Se desternilla de risa y es del tipo que me inunda con la urgente
necesidad de ducharme y limpiarme la suciedad—. Siempre es un placer
hablar contigo. Tal vez debería obligar a todos a adoptar tu filosofía de
servicio al cliente.
—Tú lo has dicho. —Mis clientes tienen razón, a menos que traten de
engañarme, entonces soy desagradable.
—Te voy a dar un día de vacaciones pagadas. Sea lo que sea que
tengas miedo de perder en efectivo, lo voy a pagar.
Mi corazón da un vuelco aterrorizado. Ricky no hace ofertas como
esa, y no me gusta que me las haga. —Entiendo que te preocupa que
perderé un poco de tu suministro si me roban, pero soy más inteligente que
eso. No llevo suficiente a la vez así no importa si alguien es lo
suficientemente estúpido como para robarme. Agradezco tu
preocupación, pero estoy bien.
Tomo el paquete que tomé de otro de los “activos” de Ricky hace
una hora del bolsillo de mi capucha y clasifico lo que necesito para
cumplir con los pedidos de la noche. También retiro dinero de mi cubículo
agujero, billetes pequeños para ser exactos, porque Dios no lo quiera la
gente traiga el dinero exacto y ninguno de ellos crea en las propinas.
—Abby. —Ricky se pone serio y hago una pausa con un rollo de uno
en mi palma—. No voy a preocuparme por que reprogrames algunas citas
y el activo que me interesa no quepa en un bolsillo. Creo que podrían estar
detrás de mis mejores representantes de ventas.
—Entonces llámalos y diles que lean sus horóscopos.
—Eres el activo que me preocupa.
—Soy de poca monta. —Me quedo así a propósito. Vendo drogas
por dinero. Vendo drogas porque estoy desesperada por más que el
salario mínimo.
Protejo mi territorio, el barrio de papá, mi escuela, los chicos
universitarios que uso como bancos. Puedo mantener mi número de
clientes lo suficientemente alto como para pagar mis cuentas y cubrir mis
gastos futuros, pero lo suficientemente bajos para no involucrarme en esta
vida más de lo que necesito.
La preocupación de Ricky sobre mí, esto es “involucrarse” y pone mi
piel de gallina.
—Tienes clientes fieles porque eres una chica joven bonita que hace
que se sientan cómodos, pero te respetan porque en el fondo eres más
aterradora que cualquier película de terror que hayan visto. Eres
inteligente, brillante, incluso, y te mantienes de poca monta porque
piensas que te compra poder, pero eso es discusión para otro día. Mientras
tanto, te pido que permanezcas fuera de las calles esta noche.
Permanezco en silencio. Él se queda en silencio. Mi cabeza se
encuentra justo al lado de la taza del inodoro.
—Es una orden, Abby.
—Hice planes con amigos —susurro distraídamente mientras mi frente
golpea la porcelana fría. Pensé que era inteligente. Pensé que jugaba esta
mano que mi padre enseñó hizo bien, pero al igual que él, lo estropeé. La
estupidez, al parecer, es genética.
—Abigail —presiona.
Hice una promesa a la única persona que me atreví a amar que
dejaría llegar esto a nivel de papá. Que nunca iba a terminar como lo hizo,
y estoy fallando.
—Dime que vas a seguir las órdenes —dice, y una ola de mareo me
abruma.
Sólo se supone que es un medio para un fin, y sólo necesito que esto
funcione hasta que pueda conseguir un trabajo real. Un trabajo que
pague lo suficiente para cubrir la carga imposible sobre mis hombros. Pero
esta llamada, sus palabras, estoy a demasiada profundidad, alejarme
puede nunca ser una opción y que Dios me ayude... me encantan las
opciones.
—Quiero que confirmes y lo quiero ahora —exige.
—No voy a vender esta noche.
—Bien —responde—. Eso es bueno, y pronto vamos a discutir tu
posición creciente conmigo.
Cuelga, cuelgo y cierro los ojos. Mierda. Sólo mierda.
3 Traducido por Ivana
Corregido por Daliam

Logan
—Hazlo —digo—. Es tu turno para traerlo, chica, o soy el rey de esta
noche.
Mi pecho se encuentra hinchado y a todo esto Abby sonríe de oreja
a oreja, imagino que debo parecer como un gallo listo para pavonearse y
no me hallo muy lejos de eso. Me desafió a escalar el lado de la pared y
balancearme de una viga a otra a lo largo del techo del bar.
Lo hice y nunca pausé la zancada.
Todo el club aplaude y grita su aprobación. Las chicas avanzan a
través de la multitud para ver al hombre loco que acaba de causar una
escena, y los chicos con los que estoy aquí se ríen. Isaiah palmea mi
espalda y luego dice lo obvio. —Eres jodidamente demente.
Sí, sí lo soy.
Hay un dolor en mi bíceps por tener que hacer las grandes
oscilaciones de una viga a la siguiente y no ayudó que fui por todo el largo
del club, pero Abby me desafió y me gusta hacer cualquier cosa que
empuje los límites. Abby es una de las pocas personas que puede seguirme
el ritmo, y está dispuesta a ir tan lejos como yo en la búsqueda de locura.
Abby ofrece una mirada de reojo prometiendo dolor a tres chicas
que estaban a tres pasos de acercarse a mí. Huyen como si hubieran
conocido a la parca.
—¿Bloqueándome mucho? —murmuro, a pesar de que la más
interesante y hermosa chica en la habitación se ubica delante de mí.
Abby sonríe. —Puedes hacerlo mejor. De vuelta a los negocios. ¿Qué
quieres que haga? ¿Correr desnuda por el club? ¿Robar la billetera de un
chico de fraternidad? ¿Coquetear con un portero y robar las llaves del
club?
Abby es un arma cargada, y si consigues acercarte unos pocos
centímetros de ella, el clic del interruptor de seguridad desactivado es
audible. Las personas con una pizca de juicio se apartan de esta chica en
un instante, pero para mí su intensidad es una adicción.
—La misma cosa. —Señalo con la cabeza hacia la pared—.
Comienza a escalar.
Abby envuelve sus dedos alrededor de mi bíceps, o al menos lo
intenta. Su pequeño agarre no encaja a su alrededor. Aprieta el músculo y
una sacudida de electricidad corre por mi torrente sanguíneo. Me
pregunto si siente el chisporroteo de la energía cada vez que respiramos el
mismo aire.
—No tengo tus músculos —dice Abby como explicación. Es una
pena cuando me suelta.
—Así que yo gano.
Sus ojos pardos se estrechan en mí, insatisfecha con la idea de
perder. —Bien. Levántame.
—Tú no me levantaste.
—No hago fuerza de banco de noventa kilos con mi meñique.
Extiendo la mano hacia Abby para dirigirla a la pared, pero una bola
rubia se mete entre nosotros. —Nop. No sucederá. Esta es mi primera
noche bailando y ustedes dos no conseguirán que nos expulsen. ¿Me
escucharon?
Rachel es una cosa pequeña, pero llena de coraje y usa una
expresión de “No te metas conmigo”. Ha esperado meses para una noche
como ésta, y ni Abby ni yo desearíamos ser la razón por la que se arruinará.
Lanzo mis manos arriba en muestra de sumisión. —Los juegos de la
noche se acabaron.
—Bien. —Rachel extiende su mano a su novio. Isaiah enlaza sus
dedos con los suyos y luego la lleva a la pista de baile, dejándonos a Abby
y a mi solos.
Abby chupa su labio inferior como si tratara de no reírse y entiendo el
sentimiento. Ese fue el equivalente a ser reprendido por mamá y papá por
tener nuestras manos atrapadas en la masa. Abby y yo nos conocimos por
Isaiah y Rachel. Éramos dos partes separadas en la vida de Isaiah y luego
acabamos peleando hombro a hombro con Isaiah cuando las cosas se
pusieron difíciles para él y Rachel en las calles hace unos meses.
—Continuará —le digo—. A menos que seas gallina.
Abby da un vistazo sobre mí como si le gustara lo que ve. —No tengo
miedo de ti o de tus locos desafíos.
—Es bueno saberlo.
Abby me roba la botella de agua y mantiene el contacto visual
directo mientras bebe más de la mitad de ella en varios tragos continuos.
Cuando termina, mantiene esa mirada fija. —¿Recuerdas cuando éramos
mejores amigos en el jardín de infantes y conseguimos enloquecer y
desordenar cuando nos quedamos encerrados en la sala de arte, porque
nos escondimos debajo de las mesas debido a que no queríamos hacer la
siesta?
Abby tiene este brillo diabólico en sus ojos que me ha atraído desde
el momento en que nos conocimos y ese brillo tiene la costumbre de
aparecer cada vez que me mira.
Me siento atraído por ella, ella se siente atraída por mí, pero tenemos
la costumbre de ignorar lo que se gesta entre nosotros. Pero eso está bien.
La vida para nosotros es un juego, y a ambos nos encanta jugar.
Nuestro grupo reclamó una esquina en la parte de atrás del club
hace unas horas. Es noche de adolescentes y el lugar se encuentra lleno
de gente de nuestra edad: diecisiete, dieciocho, algunos de dieciséis años
que deben ser puestos en custodia protectora debido a su falta de sentido
común. La mayoría no han estado fuera de su burbuja de seguridad y esta
es su primera experiencia de protegida libertad.
La mesa fue fácil de reclamar cuando tres de nosotros en nuestro
grupo somos de más de metro ochenta y asustamos a todos. Isaiah tiene
suficientes tatuajes para que la mayoría de la gente asuma que ha estado
en la cárcel a pesar de que solo tiene dieciocho años. Luego está West. Es
el niño rico de pelo dorado que lleva un lindo ojo morado de una pelea
amateur MMA el fin de semana pasado. Es el tipo de moretón que hace
que te preguntes lo mal que está el otro tipo. ¿Y yo? No tarda mucho para
que la gente averigüe que estoy loco como una cabra.
Apoyo los codos en la mesa alta y entro con cuidado al espacio de
Abby. —Lo recuerdo. No podías relajarte solo con la arcilla y decidimos ir
como Picasso con la pintura y redecorar las paredes. El director estaba
cabreado.
El suelo debajo de nosotros vibra por la batería y el bajo, el lugar
tiene un olor dulce. Como demasiado limpiador combinado con refrescos
derramados. Pero el olor que me abruma es un aroma que es claramente
Abby: miel silvestre.
Su frente se arruga y una gota de sudor cae de su línea del cabello.
Antes de que me saltara encima con su desafío para que escalara, Abby
estuvo bailando con Rachel y disfruté viéndolo.
Abby es como una criatura mítica, rara, única. Una de esas personas
que piensas que solo existe en tus sueños, y llama la atención de todos.
Largo cabello marrón oscuro, ojos pardos y ha sido bendecida en todos los
lugares correctos.
Lo que lleva es simple. Siempre simple. Esta noche, son vaqueros, un
par de zapatillas Chuck de imitación negras de corte alto, y una camiseta
sin mangas de encaje azul oscuro que brilla. Hay algo misterioso en cómo
elige lo simple pero delicado. Abby, posiblemente la chica más fuerte, más
dura que conozco, sin embargo, es exótica y femenina. Es definitivamente
única.
—Sí, el director estaba enojado —dice Abby—. Pero no nos
atraparon porque, si recuerdas, tuve la brillante idea de salir por las
ventanas y luego escabullirnos de vuelta a nuestra aula antes de que
nuestro profesor nos echara de menos.
—Fue mi fuerza la que te empujó a través de la ventana para volver
a nuestra aula.
—Mi caballero de brillante armadura. —Revolotea las pestañas
hacia mí antes de acabarse el agua.
Nada de esto ocurrió ya que ni siquiera nos hemos conocido el uno
al otro hasta hace un año, pero Abby inventa historias de un pasado que
nunca compartimos y le sigo la corriente. A veces, es tan convincente que
empiezo a cuestionar mis propios recuerdos. Tal vez no es tan convincente
y es más que preferiría la versión de nuestro pasado de fantasía por
encima de mi vida real.
Mi celular vibra y es Ryan, mi mejor amigo de Bullitt County. Abby
choca mi cadera así estoy fuera de su camino y confisca mi celular. Sonrío
porque la chica es incorregible y me encanta.
—Vamos a ver. —Abby inclina el teléfono así puedo leer el mensaje
de Ryan—. Ryan dice que ha sido devorado por los cocodrilos y que te ha
dejado un millón de dólares.
—¿En verdad?
—Es cierto. —Teclea los botones de mi celular y eleva la vista desde
sus oscuras pestañas para ver si ha encontrado una manera de empujar
mis botones. Puede seguir intentándolo. Es difícil encontrar los botones que
me importen lo suficiente al punto de cabrearme cuando fueran
empujados—. Acabo de decirle a Ryan que nos fugamos para casarnos.
Mi celular vibra de nuevo, y estoy inmerso en su sexy sonrisa. —Está
enojado porque omitiste la despedida de soltero. Dijo que le prometiste
chicas desnudas antes de casarte. Guau, no sabía que los chicos
realmente tenían esas conversaciones.
Examina mi rostro y cuando nada de lo que dijo me perturba, desliza
mi celular en mi dirección. —¿Puedo ir?
Estudio la conversación entre Abby y Ryan. Él confirma que voy a la
granja del abuelo de Chris en el sur de Kentucky otra vez y empacaré heno
durante la semana. Lo hemos hecho durante los últimos años. Es un trabajo
agotador, pero ganamos un buen dinero. Abby exigió que la llevemos con
nosotros, firmando su mensaje de texto como Abby, reina del Mundo de
Logan. Ryan le dijo que tenía que hablar conmigo.
—Es solo para chicos —digo.
—Las reglas no se aplican a mí. Debes saberlo a estas alturas. De
todos modos, ustedes me dejaron pasar cuando embalaron heno en la
granja de Chris.
—Ese fue un día y esto será durante una semana. ¿Acampar y
ensuciarte es lo tuyo, Abby?
—Puedo hacer cualquier cosa lo mío.
Creo eso.
—He oído que Noah e Isaiah van. Noah va a usar ese dinero para
comprarle a Echo un anillo de compromiso.
He oído lo mismo de Noah, el mejor amigo de Isaiah, pero no es
asunto mío. —¿El punto?
—Si Noah llega a ir, quiero ir. Tal vez quiero comprarme un anillo de
diamantes.
—¿Vas a ayudar a embalar heno?
Abby frunce el ceño. —Diablos no. Solo quiero ir y que me paguen.
Me río, ella sonríe y el baterista de la banda comienza el conteo en
el escenario. Por tercera vez esta noche, el guitarrista eléctrico llega tarde
y comienza el ritmo. He venido aquí esta noche porque escuché que esta
banda se encontraba a punto de echarlo. He buscado un nuevo nivel, al
menos por el verano, y esto simplemente podría serlo.
—Baila conmigo, Logan.
Eso quitó mi atención del tipo haciendo el ridículo en el escenario.
Examino a Abby y me pregunto qué pieza acaba de mover en el tablero
de ajedrez. No me extrañaría que Abby sacrifique un peón con el fin de
matar una reina. Abby no es otra cosa que estratega.
—No bailo. —No lo hago.
Lentamente levanta las cejas, y lucho contra la inclinación de mis
labios. A Abby no le gusta que le digan que no. —¿Te lanzaste hacia el
tráfico para correr detrás del globo de un desconocido, pero no bailas
conmigo?
Corrí hacia el tráfico porque tenía curiosidad si podía llegar al otro
lado. El globo lo hizo interesante. —No bailo con nadie.
—Fuiste el que sugirió que viniéramos aquí.
Me encojo de hombros. Estoy aquí porque se presentó la
oportunidad y me siento fascinado por lo nuevo y brillante.
—Baila conmigo, Logan —dice de nuevo, y tengo que admitir que
me gusta cómo se balancean sus caderas por la música—. ¿Por qué
vendrías aquí si no fuera para tocarme en la pista de baile?
Me río porque eso me toma desprevenido y Abby se ríe, su
verdadera risa. No sucede a menudo y me gusta cuando lo hace.
—Rachel dijo que quería bailar —le digo.
Y lo hace con Isaiah. Mientras todos los demás mueven sus caderas
por el intenso ritmo, Isaiah baila lento con su chica. Su cabeza está en el
hombro, sus brazos se envuelven firmemente alrededor de su cintura.
Parecen que podrían morir ahora y no se darían cuenta que aterrizaron en
el cielo porque ya están ahí. Eso de ahí es amor y es uno en un millón.
No soy tan tonto como para creer que encontraré algo así como lo
que Isaiah y Rachel comparten, pero estoy bien con eso. Las emociones
están sobrevaloradas.
Mi celular vibra sobre la mesa y lo abro antes que Abby pueda leer
éste. Papá: Mantente alejado de problemas. Le envié un mensaje a tu
mamá para averiguar si ella sabía que necesitabas ser levantado en la
mañana para la reunión y dijo que nunca le dijiste. No hagas esto, Logan.
No otra vez.
Mi mandíbula se crispa con fastidio. Meto mi teléfono en el bolsillo.
Abby me observa con una expresión desconcertada, lo que significa que
debió leer sobre mi hombro. —Eso fue dulce de su parte. ¿A qué tipo de
problemas se refiere? ¿Del tipo dónde vas a carreras con Isaiah, donde
saltas de elevados árboles o juegas en el tráfico?
Todo lo que he hecho y los que incluso no eran las tres principales
hazañas peligrosas que he tenido recientemente. —¿Recuerdas cuando te
dije que te metas en tus propios asuntos?
—Eso nunca ocurrió. Corrige tus recuerdos. ¿Y qué es esta reunión en
la mañana?
Nada de lo que esté interesado en asistir. —Olvídalo.
Esta vez, Abby es la que se inclina sobre la mesa y sabe lo que está
haciendo mientras abraza su cintura para que su escote se asome. Es el
tigre en busca de su presa. —Ahora que lo pienso, nunca hablas de tus
padres. De hecho, realmente no hablas en absoluto.
—Hablamos.
—Jugamos —dice, y mi mirada se encuentra con la suya con la
cruda honestidad—. ¿Qué fue ese mensaje de texto?
—No es asunto tuyo.
—Que sea mi asunto.
—Te digo que retrocedas.
—No estoy segura si te diste cuenta, pero no soy del tipo que
retrocede. —Abby escanea la habitación como si buscara a alguien, y no
es la primera vez que lo ha hecho esta noche.
—¿A quién buscas? —pregunto.
Se burla, así que sé que di en el punto. —No busco a nadie.
—Lo estás.
—El tema de conversación era sobre ti y tu papá, ese mensaje de
texto. Sigue con el tema.
La ira empieza a burbujear en mi torrente sanguíneo. —Te lo dije,
olvídalo.
Como si fuera una niña pequeña, Abby hace una pataleta. —Bueno,
no lo haré. Quiero saber.
Abby y yo normalmente no jugamos de esta manera, pero si quiere ir
allí, entonces nos tiraré a ambos sobre el borde. —Has estado rara toda la
noche. Actuando como si el viejo de la bolsa te persigue. ¿Cuál es tu
problema?
Su expresión se oscurece. —No tengo un problema.
Tonterías. —Crees que eres ilegible, pero te tengo calada.
—Malditamente retrocede, Logan.
¿Cómo ella retrocedió conmigo? —¿Son las drogas? ¿Vas a llevar
problemas a la puerta de Rachel? Esta es la primera vez que ella salió de
esta manera desde el accidente. No necesita más problemas de los que
tiene.
Parpadea como si se lo dijera con doble intención y no me gusta la
sensación de pesadez en mi estómago. Sí, esta noche fue sobre yo
comprobando la banda, pero esta noche también fue una estrategia
creada por Rachel. Está decidida a salvar a Abby. Todos nosotros lo
estamos. Es un plan débil. Permanecer unidos, pasar un buen rato, pedirle
que fuera con nosotros y esperar que ignore su camino elegido por al
menos una noche. No iba a ganar la guerra, pero celebraremos cualquier
pequeña victoria.
La cabeza de Abby se sacude de forma enojada. —Nunca pondría
a Rachel en la línea de fuego.
—Puede que no entiendas lo que haces, pero no veo cómo puedes
minimizar esos riesgos. No eres Dios.
—¿Qué? ¿Me juzgas ahora? ¿Crees que soy una amenaza? ¿Crees
que soy indigna de su amistad? ¿De la tuya?
—No. Solo trato de entenderte.
—Jugamos, ¿recuerdas? —Y el dolor en sus ojos me hiere
profundamente—. No somos amigos de verdad, así que deja de actuar
como si te importara.
Que me condenen por herirla. —Abby...
Es como si una máscara cubriera el rostro de Abby, y donde había
dolor, ahora hay una sonrisa. Una sonrisa falsa. Una simple sombra de la
chica que jugaba a fantasear hace unos minutos. —Eres demasiado serio,
Logan. Nos llevamos bien porque a ninguno de los dos nos importan las
emociones. Hazme saber si cambias de opinión sobre el baile.
Casi me gustaría considerar el baile si borrara los últimos segundos,
pero incluso yo sé que no hay que cambiar el pasado.
—Te equivocas —desafío cuando Abby me da la espalda para
pasar por la multitud.
Gira para mirarme de nuevo, pero todavía camina hacia atrás. —Eso
nunca sucede, pero para apaciguarte, ¿en qué me equivoqué?
—Fue mi brillante plan el escabullirnos por las ventanas del jardín de
infantes y luego escabullirnos de regreso. Soy el que tiene el enorme
coeficiente intelectual, ¿recuerdas?
Ese brillo diabólico vuelve a aparecer en sus ojos, junto con su sonrisa
de infarto. —Solo te dejo pensar que fue tu idea, pero fue realmente mía.
¿Y en el coeficiente intelectual? Voy a poner los resultados de mis pruebas
arriba de las tuyas cualquier día y ganaré.
Una sonrisa se extiende por mi rostro y Abby guiña antes de
desaparecer. Y el juego continúa. Ambos movimos piezas y ninguno de
nosotros está más cerca de ganar, pero no estoy seguro de qué está en
juego para ganar.
Abby es traficante de drogas.
Soy una bomba de tiempo.
Ni Abby ni yo somos confiables o estables. Somos como un
maremoto de gasolina aproximándose a una planta de energía nuclear,
pero aún nos gusta jugar con fósforos.
No tiene sentido. Supongo que no se necesita. Trabajo bien en lo
impreciso.
Saco mi celular, ignoro el mensaje de texto de papá y me desplazo
a través de las filas de mensajes entre Sly y yo. Es un ex novio de mamá.
Estuvo por todas partes antes de que cualquiera de nosotros
aprendiéramos a no encariñarnos. Sly fue una lección difícil para mí y fui
una lección aún más difícil para él.
Yo: He escuchado a la banda. Quiero entrar.
Sly: Te daré diez minutos con ellos esta semana. No la cagues.
Yo: No lo haré.
Sly: ¿Eres bueno con los viajes?
Exploro el bar. Isaiah y West juegan al billar al otro lado de la
habitación. Cuando Isaiah llama mi atención mueve su barbilla para que
me una a ellos. Inclino la cabeza para hacerle saber que estaré allí pronto.
Otra búsqueda por la habitación y localizo a Abby bailando con Rachel
de nuevo. Están tomadas de la mano, girando juntas, y riendo.
Igual que Ryan y Chris, Isaiah y West también se graduaron esta
primavera. Progresando. Siguiendo adelante. Rachel aún está en la
escuela, se transfiere este año a mi nueva escuela, de hecho. Somos
amigos, pero no amigos cercanos.
Todo lo que dejo en esta vida es Abby y nadie conoce a Abby. Ella
no pertenece a nadie lo suficiente para que tenga amigos. Solo en la
forma que todas las criaturas míticas deberían vivir.
Yo: Sí, soy bueno con los viajes. Soy bueno iniciando una nueva vida.
4 Traducido por Mary Warner
Corregido por Daliam

Abby
—Lo voy a besar esta noche. —Desde el fondo del club, señalo al
chico ardiente tocando la guitarra eléctrica en el escenario. Tiene un
hermoso cabello rojo que es un poco más largo a como lo usan la mayoría
de los chicos y un cuerpo hecho para el pecado.
Sentada junto a mí, mi mejor amiga, Rachel, entrecierra los ojos
través de la bruma de hielo seco y mira a través de las luces, cuando divisa
mi presa, su boca se abre completamente. Rachel es lo contrario a mí, con
su cabello rubio, ojos azules y esta es su primera vez en un club. Yo tengo el
cabello oscuro, ojos avellana y continuamente camino en la línea de
vender mi alma.
Es sábado y nos encontramos en una de estas noches de jóvenes del
bar local. Esto para ella es salvaje. Para mí es habitual. Pero besar al chico
que obviamente puede tocar la guitarra en una forma que me hace
sonrojar puede hacer esta tarde valga la pena.
—Es eso o besar a Logan —digo sobre el ritmo retumbante del bajo y
se ríe. Piensa que bromeo, pero no lo estoy. Hablamos sobre otro chico
hecho para el pecado, pero he sido advertida de él por varios amigos
nuestros a los que respeto. Logan es mi tipo de locura, pero también es el
tipo con el puedo joderlo de las maneras equivocadas.
No estoy interesada en estropear la vida de nadie más aparte de la
mía. Al menos no la vida de las personas que me importan. Cualquier otro
es un juego justo.
Rachel se aparta las hebras de cabello pegándose a su cara. Hemos
bailado esta noche, ella y yo. No mucho, pero lo suficiente para que la
zorra de Rachel esté fuera. Un accidente hace un par de meses atrás mató
su aguante, y por un tiempo su habilidad para caminar, pero se encuentra
de pie de nuevo, ama la idea de bailar y yo la amo lo suficiente para
hacerla feliz.
Rachel, Logan y yo empezaremos nuestro último año de preparatoria
este otoño, y gracias al coeficiente intelectual de Logan y al divorcio de
sus padres, ahora asistirá a la escuela con Rachel y conmigo. Solo tenemos
un par de semanas antes de que la vida se vuelva completamente
complicada y caótica.
Isaiah, Logan y el hermano mayor de Rachel, West, se fueron hace
unos minutos para llevar el carro de Isaiah alrededor y se tardan
demasiado. Confiaba en que se irían a las once y media, pero al venir
West con nosotros le compró otra media hora a Rachel. Su maldito
hermano mayor haciendo una maldita interferencia. Ella necesita irse
porque tengo una cita, y no me gusta mezclar amigos con clientes.
Ricky me dijo que no vendiera, pero no me dijo que no podía
mantener una entrevista.
—Pasa la noche conmigo. —Rachel descansa su botella de agua en
el asiento junto a ella—. Compraremos algunos tacos y tal vez algo de
queso en el camino a casa.
Mi ojos se disparan a los suyos a la mención de queso, y odio el
retumbar de mi estómago. —No puedo.
—¿Por qué no?
Ella sabe por qué no. —Te lo dije, hay un chico que necesita ser
besado. Solo piensa cuan solo estará cuando nadie lo bese en su próximo
descanso. En serio es una muestra de sacrificio de mi parte, pero alguien
tiene que aumentar su ego. Nadie quiere ver a un triste y roto guitarrista a
menos que sean hipster en una cafetería.
Mentir para mí es más fácil que decir la verdad. Además, preferiría
vivir en un mundo donde voy a besar al chico en vez de crucificar mi alma.
—Si vas a besar a un chico, preferiría que besaras a Logan.
Me río, pero cae cuando noto que no se ríe o me sonríe. A veces,
Rachel es muy seria para mi gusto.
Isaiah introdujo a Rachel en mi vida hace un par de meses atrás, y
durante ese proceso, Logan también se convirtió en una mezcla en mi
vida. Antes de eso, no tenía amigos, pero Isaiah ya estaba exento de mi
regla de no amistad e hice una excepción especial para Rachel y West.
Pero hice eso por mi padre. Ninguno de ellos sabe eso y ninguno es
consciente del por qué. Debido a cómo funciona mi vida, permanecerá
en secreto hasta el final.
Pero Logan…. Logan es una egoísta indulgencia. Él me gusta y no es
justo para ninguno de nosotros.
—Dejemos los tacos para mañana. Yo los compraré. —No lo haré. Iré
con West o Isaiah para que los compren, pero aun así tomaré el crédito
por los tacos porque así es como trabajo.
—Logan es un gran chico, y también he notado cómo te mira.
Logan me mira como si también disfrutara el queso, pero no hay
nada serio pasando entre nosotros. Jugamos. Algo así como si tuviéramos
siete, jugando a atraparnos y ambos nos hallamos constantemente en
“eso”. Además él se merece algo mejor de lo que yo tengo para ofrecer.
Incluso Logan es consciente de eso, de ahí el por qué preguntó acerca de
mi empleo actual.
Mi teléfono suena e Isaiah me informa que se encuentra afuera y listo
para irse. Gracias jodido Jesús. —Vámonos antes que los chicos irrumpan
aquí buscándote y arruinen mi oportunidad con el guitarrista.
Antes de que pueda decir algo más, agarro su mano y la llevo a
través de la multitud. Un par de veces me giro en su dirección y la alentó a
bailar con la música. A Rachel no le importa usar su cuerpo para el
propósito de la música y tampoco a mí. Mi cuerpo está para ser usado,
solo deseo que algunas veces lo usara menos.
Algunas veces estoy sola, algunas veces persigo la lujuria. Unas veces
he sido usada y hay otras veces he usado a cambio. De cualquier forma
sobre ello, nunca hay sentimientos. Solo cuerpos y es bastante hueco y sin
sentido.
En la escuela, un montón de personas me dicen apodos, dicen que
soy una diabla, me etiquetan de zorra e incluso asesina. Tal vez es la
verdad. Tal vez no, de igual forma, no tengo tiempo para pensar de más
acerca de los pensamientos o juicios de alguien más.
Las personas que viven en el lujo de un sueldo fijo y comida en sus
estómagos se quedan demasiado atrapados en lo correcto e incorrecto,
moral e inmoral, buenos y malos, héroes y villanos, incluso la verdad y la
mentira. Como si todos fuéramos uno u otros. Como si todos tuviéramos
una elección. Como si yo tuviera una elección. Pro no creo en las
opciones. Creo en sobrevivir.
Al momento que estamos afuera, el calor de la noche de agosto nos
golpea en una forma que me recuerda por qué amo estar despierta
después de medianoche. Es como caminar dentro de un baño caliente
rodeada por luz de estrellas. Estaba hecha para el clima cálido. Tal vez es
por eso que a menudo me siento emocionalmente fría.
El Mustang de Isaiah ruge enfrente del club. Logan salta fuera del
lado del pasajero y mueve el asiento hacia adelante para que pueda
entrar a la parte de atrás. Su cabello negro se mueve con la suave brisa y
me estudia como si pensara que entraré. —Ven a comer con nosotros,
Abby. Compraré tacos.
Inclino la cabeza de una forma molesta y agrega—: Para todos.
Lanzo una mirada al asiento de atrás donde West se halla sentado. Si
les dijo que solo como cuando su jefe decide compartir su almuerzo o
cena lo castraré públicamente. Porque West no se acobarda, ni siquiera
de mí, encuentra mis ojos y sacude su cabeza diciéndome que mantuvo
mi secreto. No estoy segura si eso me hace sentir mejor o peor.
—Mañana —digo y me giro de vuelta al club.
Segundos antes de entrar, una fuerte mano atrapa mi muñeca y los
oscuros ojos de Logan se clavan en los míos. Me ahogo en una respiración.
Sí, definitivamente este chico está hecho para el pecado. El tipo de
pecado que involucra su camisa fuera, mis manos deslizándose a través de
su desastroso cabello oscuro y sus labios devorando los míos.
—No tienen que ser tacos —dice—. No tiene que ser comida en
absoluto. Solo ven con nosotros.
Logan es uno de los chicos buenos, y mi corazón honestamente da
un vuelco con la expectativa silenciosa que tiene de que también puedo
ser una buena persona. Tiene una pobre alma que cree que tengo una
opción y esa es la razón por la que no lo besaré.
Miro hacia el carro y veo a las otras tres personas que también creen
que soy más de lo que soy. Otras tres personas que ven el mundo en
blanco y negro. Lo que quieren de mí no es posible.
Me arreglo la blusa sobre mis vaqueros y me enderezo como
pretendiendo ser tan alta como Logan. Ya no soy la Abby que me gustaría
ser, soy la Abby que las calles me han enseñado a ser.
Una sombra cruza su cara mientras le permito a Logan conocer a la
chica que tiene miedo del resto del mundo. Odio esto, pero algunas veces
incluso me canso de mentir. —Necesitas irte y yo necesito trabajar. No me
detengas otra vez.
—No tiene que ser así —dice como espero que lo haga. Incluso con
padres drogadictos, al final, tiene que escoger la mano que le fue
repartida.
Desafortunadamente para mí… —Tiene que serlo.
Esta vez, Logan no me detiene y una pequeña parte de la Abby que
desearía ser muere mientras él me deja ir.
5 Traducido por Mae
Corregido por GypsyPochi

Logan
En la acera llena de gente al lado del auto de Isaiah, Rachel y yo nos
miramos. Hay un millón de peticiones en esos ojos azules y demandas que
ignoro y me alejo.
Gente nos rodea y el hedor de descomposición de la basura en el
calor del verano sale a la calle desde el callejón cercano. Un grupo de
chicos de fraternidad borrachos hacen algunos comentarios sobre el físico
de Rachel y antes de que sus mejillas puedan volverse totalmente rojas, la
acerco más al auto de Isaiah cuando un chico más allá de su límite casi se
estrella contra ella.
—Lo intenté. —Espero por Dios que sea suficiente, porque no quiero
meterme en esta conversación.
—Ve tras ella. —Rachel apunta en la dirección en la que Abby
huyó—. Te necesita.
Abby me rechazó y ese golpe dolió. —Aquí es donde te equivocas.
Abby no necesita a nadie. Dejó eso muy claro.
—Rachel —dice Isaiah en voz alta desde el asiento del conductor—.
Tenemos que irnos.
Rachel pasa una mano por sus rizos dorados entonces fija su mirada
frustrada en mí. —Por favor, Logan. Eres la única persona a la que
escuchará. Todos lo vimos. Por un breve instante, consideró irse con
nosotros. No puedes darte por vencido ahora.
Dolor e ira me recorren. —Escuchará a cualquiera de ustedes antes
que a mí.
—Ni siquiera habla conmigo o West sobre las drogas o su vida
personal ni nada. Soy su mejor amiga y ni siquiera sé dónde vive e Isaiah...
Se lavó las manos de Abby y su tráfico de drogas. Todos lo sabemos.
Siempre protegerá a Abby como amiga, pero ha dibujado la línea con las
drogas. Ha renunciado a ella cuando se trata del tráfico y empiezo a
entender por qué.
—Tal vez es una causa perdida —digo.
La mano de Rachel cae a su estómago como si experimentara el
mismo dolor que yo. —No digas eso. Te preocupas por ella y se preocupa
por ti. Cualquiera que tenga ojos puede ver eso, además de que responde
de manera diferente a ti que con cualquiera. Abby te escuchará.
Abby no escucha a nadie. —No somos tan cercanos como piensas.
Abby y yo nos encontramos el invierno pasado, cuando ayudaba a
Isaiah y Rachel en la carrera para salir de una deuda incobrable. Entró en
un taller, me dio solo una mirada y mi vida nunca ha sido la misma desde
entonces.
—No, apuesto a que son más cercanos de lo que yo puedo
imaginar. ¿Por favor inténtalo? Estoy preocupada. Algo pasó esta noche.
Nos necesita. Te necesita.
Giro, doy unos pasos, y luego vuelvo. Rachel nos leyó a mí y a Abby
equivocadamente. Confundiendo atracción por amistad. ¿Me gusta
Abby? Sí, pero de seguro Abby no deja a nadie acercarse, ni siquiera a
Rachel... ni siquiera a Isaiah.
—Abby y yo jugamos. Eso es. Escucha a Isaiah antes que a mí.
—Abby ignora a Isaiah, pero no te ignora. Está asustada. No sé de
qué, pero lo vi en sus ojos esta noche y sé de lo que hablo. Es por eso que
comenzaste a jugar esos juegos locos con ella.
Maldita Rachel por esto, porque tiene razón. Me preocupaba, y
quería hacer a Abby sonreír. No me gustaba cuidar de personas que no se
preocupan por mí. —Abby no conoce el miedo.
—Rachel —dice Isaiah en voz alta otra vez—. Perderás el toque de
queda.
Giro el cuello hacia un lado cuando una ola de mareo me agota.
Maldita azúcar en la sangre. Esté alta o baja, estoy jodido en ambos
sentidos. Rachel camina hacia mí, extiende su mano como si me pudiera
atrapar si cayera. —¿Estás bien? En serio te pusiste blanco.
—Estoy bien. Sólo hambriento. Será mejor que te vayas antes de que
Isaiah te lleve.
Rachel rueda los ojos, sin embargo, se deslizan en el asiento del
pasajero del auto. —Te equivocas. Abby está asustada y te necesita.
Cierra la puerta e Isaiah inmediatamente se aleja, corriendo por la
carretera para llevar a su chica a casa antes de que sus padres pierdan la
cabeza.
—Estoy bien —murmuro a la acera. Independientemente de lo que
piensen los demás de mí, conozco el miedo. He tenido ese sabor amargo
en la boca con más frecuencia de lo que quisiera admitir y Abby es una
de esas personas que nacen sin el gen.
Echo un vistazo al club y luego a la calle a donde estacioné mi
camioneta. Debo irme, demostrarle a mi padre que soy responsable. Entrar
en el auto, probar la azúcar en mi sangre, arreglar lo que hay que arreglar,
conducir a casa, estar de regreso a tiempo, comer un poco más de
proteína y alimentos verdes.
No me he chequeado en horas. Demasiado tiempo. El tiempo
suficiente para ser consciente de que me acerco a la estupidez.
Pero Abby se encontraba mal esta noche y la necesidad de seguirla
al club me consume. Es un latido constante en mis oídos. Froto una mano
sobre mi cara mientras otra ola de mareo me golpea.
Mi celular vibra. Sly: Terrible semana. El guitarrista la jodió. Quieren
que hagas una prueba esta noche. ¿Tienes tu guitarra?
Jódeme. Sí. En mi camioneta. Diles que necesito 10 minutos.
Un sudor frío recorre mi piel y, por instinto, enciendo mi camioneta.
Chequeo mi sangre, me recompongo, hago la audición, ir detrás de Abby
por última vez si todavía está cerca, pero después de esto, terminé de
perseguirla.
6 Traducido por Victoria.
Corregido por Daliam

Abby
El primer consejo de mi abuela para contrarrestar la lista de papá: el
diablo baila con los que caminan solos por un extremo.
Ella me lo dijo cuando tenía cinco años. No exactamente una
historia para dormir para una niña del jardín de infantes, pero al mismo
tiempo, fue una lección de vida y una advertencia contra mi genética.
Lástima que no escuché, porque con cada paso que doy hacia la mesa
llena de hombres, más consciente soy de Satanás bailando un tango a mi
lado.
Houston me encuentra a mitad de camino y extiende sus brazos
como si fuera a abrazarme, pero la mirada que le lanzo le hace
abandonar sus esfuerzos. No toco a los clientes, y los clientes no me tocan.
Toda buena traficante de drogas tiene límites. Pero si hiciera una
excepción, no sería con Houston.
Sin embargo, Houston continúa sonriendo, un buen indicio de que
está drogado. Siempre está drogado. —Empecé a pensar que ibas a
dejarme plantado.
Debido a la advertencia de Ricky, lo consideré, pero hago buen
dinero con Houston y normalmente hago buen dinero con cualquiera que
él me presente. He perdido algunos clientes recientemente por las
graduaciones de la escuela preparatoria y de la universidad, siempre me
encuentro a la caza de clientes fiables y regulares.
Houston voltea su sombrero y se frota las manos como si
estuviéramos a punto de hacer hermosa magia juntos, pero no lo haremos.
Estamos a punto de adormecer a alguien más.
—Háblame de él —le digo.
—Estoy muy bien. Gracias por preguntar, Abby. Iniciaré mi último año
el próximo mes, mi fraternidad quiere que me presente como candidato,
mi novia quiere que consiga un trabajo real o si no me dejará. ¿Cómo te
va?
No parpadeo. No me muevo. No sonrío. Me encantaría que me
gustara Houston, pero no puedo permitirme ese lujo.
—Tres años —dice—. Me has vendido por tres años, y no sé una
mierda de ti.
Cojo un mechón de mi cabello y lo dejó caer. —Tengo cabello
castaño. Ahora háblame de él.
Se ríe, mostrando los hoyuelos. Dudo que su novia deje a un tipo que
sonríe así. —Bastante justo. Su nombre es Mufasa.
Lo dice con una voz profunda, recordándome a El Rey León, e
internamente me arrepiento cuando mis labios tiemblan. Houston grita de
alegría. —Acabo de hacerte sonreír.
—No, no lo hiciste. —Sí, lo hizo.
—Lo hice —canta, como si tuviera seis—. Lo hice, lo hice, lo hice.
—Su verdadero nombre —prácticamente grito, porque sí, me hizo
sonreír, y eso es cerca de romper la regla de demostrar que me importa.
—Albert —dice con esa estúpida sonrisa con hoyuelos.
En cierto modo me sacudo como un perro que sale de la lluvia. —
¿Albert? —No sé por qué, pero ese no era un nombre que esperara.
—Albert —repite—. Y sé cuáles serán tus siguientes preguntas, porque
soy psíquico. —Cierra los ojos, poniendo sus dedos en las sienes—. Mi
espíritu guía me dice que quieres saber cómo lo conozco y hace cuánto
que lo conozco y si confío en él.
Cruzo los brazos sobre el pecho, intentando parar de sonreír de
nuevo. Dios, odio que me gusten mis clientes. —Sí a todo eso.
—Por la fraternidad, hace un par de semanas, y él es genial.
Toda la felicidad se desintegra. Esto no es de la munición habitual de
Houston. Él me trae a sus amigos de la escuela preparatoria, a chicos con
los que ha jugado fútbol desde la escuela primaria, a hermanos de
fraternidad con los que se comprometió... a gente con quien ha
establecido relaciones, no a alguien que considere “genial”.
—Las paletas son geniales, los días de otoño son geniales, traerme a
alguien que conoces hace un par de semanas... no es genial.
Houston se despejó, y cuando miro dentro de sus ojos, lo percibo —
algo que no veo a menudo— que él no se encuentra drogado. Suenan las
alarmas y me abruma este desesperado impulso de salir.
—Necesito tu ayuda —dice—. Y sé que arrastrarte en esto está mal,
pero necesito que lo leas. Tienes un gran instinto, y necesito saber si él le
causará problemas a mi fraternidad.
Oh, por el amor de Dios. Mis pies se mueven en la dirección opuesta
y Houston me alcanza en la multitud. Y porque él es doce veces yo, es
capaz de jalarme fácilmente hacia una esquina oscura del club.
Él puede ser más grande, pero soy más aterradora. Me inclino hacia
él y se encoge. —¿Cómo te atreves a joderme? Traerme aquí, poner mi
negocio en peligro porque no puedes oler problemas. Y cuando te
pregunto sobre él, ¿me dices que es genial? Nunca debiste pensar en
presentarnos.
—Me están presionando —escupe—. Al presidente de nuestra
fraternidad lo atraparon hace unos meses con heroína.
Me congelo. La heroína no es lo mío. Trabajo con hierba. Nada más.
Apenas puedo manejar la carga de vender algo que es legal en
Colorado, por no hablar de algo que te puede matar en un santiamén.
—Lo obligaron a renunciar, pero la universidad no lo expulsó. Hace
unas semanas, este chico aparece. Toda su documentación se encuentra
en línea. Según ésta, era un miembro de nuestra fraternidad que se disolvió
en otra universidad, y cuando traté de hablar con los nacionales al
respecto, me dieron evasivas. Él es genial, demasiado genial, y presiona
por un distribuidor. No sabe que eres mi distribuidora. Sabe que
conoceremos a alguien esta noche, pero piensa que es un hombre, no
una chica de diecisiete años de edad.
»Sé cómo eres. Te he visto entrevistar un montón de chicos. Nunca
mostrarías quién eres, pero puedes leer a la gente, y necesito que lo leas.
Por favor, ayúdame. Mi fraternidad… nosotros hacemos fiestas. No voy a
mentir. Pero no tratamos con drogas pesadas, y no puedo dejar que mis
hermanos de fraternidad caigan en estupideces porque nuestro presidente
lo jodió.
Ruedo mi cuello. Corre, Abby, corre. —Él averiguará que soy la
distribuidora, y si es un agente antidroga, sólo atraeré atención no
deseada hacia mí.
Houston sacude la cabeza. —Ya te dije, le dijimos que el distribuidor
es un chico y tengo un primo que estará en la ciudad el fin de semana que
hará ese el papel. Sólo entrevístalo como lo hiciste al resto de nosotros y
luego déjame saber si tengo problemas.
Hay dos tipos de personas que me compran. Los que buscan esos
escurridizos buenos momentos que todos parecen tener, y los que se
esfuerzan por olvidar. No importa de cuántas maneras lo mires, todos mis
clientes terminan en el mismo estado de vacío y entumecimiento.
Sabiendo esto, sé cómo leer a las personas; puedo leer sus
intenciones.
—Por favor, Abby. —Los ojos de Houston se ablandan mientras
ruega—. Hay buenos chicos en riesgo aquí. Estoy en riesgo.
—Está bien, pero si alguna vez vuelves a hacer algo como esto, te
borro de mi lista.
No lo digo en serio, pero el miedo que registran sus ojos me dice que
me cree. Toma una respiración profunda y trata de darme su sonrisa con
hoyuelos, pero falla. —Así es como lo tengo planeado. Sólo nos
encontramos con los demás, tú serás una amiga de mi hermana menor. Su
nombre es Mallory.
Excelente. Historias de apoyo.
—Asiste a la escuela en…
—Ahórratelo. Vamos. —Empiezo primero por su mesa, pero él se
esfuerza más allá para tomar la iniciativa. Sí, en parte hago esto para
ayudar a Houston, pero sobre todo lo hago para ayudarme a mí. Si se
tratara de un agente antidroga y la fraternidad se disolviera y a esos
muchachos los echaran de la escuela, perdería el cincuenta por ciento de
mis clientes. Esa no sería una pérdida financiera que pueda soportar.
Gracias a Dios, Houston recupera su buen humor para cuando
llegamos a la mesa y hay tres sonrisas genuinas de tres de chicos ahí.
También les vendo, y no me pierdo cómo sus ojos saltan con cautela
desde mí hacia ese nuevo tipo. Es como si trataran de avisarme en secreto,
y les agradezco su apoyo.
—Te conozco —dice Jeremy, el mejor amigo de Houston desde que
nacieron—. ¿No eres amiga de Mallory?
Tengo que luchar para no rodar los ojos, ya que eso sería un poco
severo. La mirada del chico nuevo captura la mía y me encuentro su
mirada de frente. Intenta leerme, y no mira hacia mi escote. No es una
buena señal, pero podría ser gay, así que le doy el beneficio de la duda.
Pero por otro lado, él podría estar comprobando a Houston, porque si
Houston no fuera un cliente, yo estaría siempre encima de ese chico.
Houston envuelve un brazo alrededor de mis hombros. —¿No es
adorable, Albert?
¿Adorable? Le golpeo en el riñón y Houston se dobla con el dolor, sin
embargo, se ríe. Vuelvo mi atención a los chicos y los tres que conozco me
miran en un modo de qué-mierda, y la mirada del chico nuevo se
encuentran a punto de salirse de su cabeza.
Levanto mi pulgar hacia Houston. —Es molesto.
Los labios de Albert se inclinan ligeramente hacia arriba. —Lo es, y la
mejor amiga de mi hermanita me hizo lo mismo la última vez que estuve en
casa.
Saco una pequeña pelota saltarina de mi bolsillo y la ruedo en
dirección de Albert. La coge con su mano derecha y la rueda de nuevo
hacia mí. La reboto un par de veces en la mesa, la meto en mi bolsillo, y
entonces, estoy lista para la entrevista.
—¿En serio? —pregunto.
—En serio. —Sus ojos van hacia la derecha y hacia arriba, lo que
indica que recuerda algo.
—Los conozco. —Hago un gesto hacia los otros chicos y escudriño a
“Albert” como si estuviera interesada en su cuerpo, pero en realidad, reviso
su ropa. Vaqueros holgados, una camiseta demasiado cara para ser una
camiseta, una gorra de béisbol al revés—. No te conozco a ti.
—Albert —dice—. ¿Y tú eres?
—Curiosa.
Sus cejas se disparan y cojo un nacho de la canasta,
mordisqueándolo. Mi boca lo aplasta en un lado. Demasiado salado para
mi gusto, pero es comida y es gratis, e igual debería hacer que Houston me
comprara la cena por esto.
—¿Tacos o espaguetis? —pregunto.
—¿Qué?
—Tacos o espaguetis.
Echa un vistazo hacia Houston y sus amigos. Houston se encoge de
hombros. —Ella no lo dejará hasta que contestes. Es así de extraña.
Sí, lo soy.
—Tacos —responde.
—¿Disney World o Disneyland?
—Land. —Lo que significa que ha estado en la costa oeste, y
estamos en la costa este.
—¿Helado o pastelillos de chocolate?
Ojos a la derecha de nuevo, por cuarta vez consecutiva. —Pastelillos
de chocolate.
—¿Rolling Stones o los Beatles?
Esta hace equivocar a la gente. O bien no tienen una respuesta, una
respuesta inmediata, o se divide. —Stones.
Un chico con el que me identifico, y una vez más a la derecha. —
Genial.
Me como otro nacho y dejo que los chicos compartan conversación
durante unos minutos. Discuten sobre un próximo baile que la fraternidad
celebrará, y mentalmente marco la fecha. Voy a necesitar más suministro
de lo normal ese fin de semana.
Justo cuando su conversación está a punto de cambiar, Albert me
dice—: Si estás en la preparatoria, ¿entonces por qué estás aquí?
Levanto mi muñeca, dejando en el aire la molesta banda naranja. —
Noche adolescente. Debería preguntar por qué unos universitarios querrían
pasarlo aquí esta noche.
Houston agita su mano hacia la derecha. —Jerry sigue siendo menor
de edad.
Jerry tiene una identificación falsa y Jerry tampoco debe confiar en
Albert si él lo mantiene en secreto.
—¿Viniste sola? —pregunta Albert.
—No, pero mi amiga está haciéndolo con un tipo en el baño y verlos
no me excita.
Houston se ahoga con un nacho. Se lo merecía.
—En serio, ¿por qué aquí? —presiono—. Esta noche no se sirve nada
de alcohol aquí y habría dejado al lamentable y menor trasero de Jerry en
casa. Pensaba que unos chicos universitarios estarían buscando
problemas.
Albert mira a la izquierda y mis sentidos arácnidos hormiguean a lo
largo de mi piel. —Nos reuniremos con alguien.
—¿Alguien que conozca? —Miré de reojo a Houston—. Mallory se
molestaría si trataras de mezclar sus amigos con tus amigos. ¿Recuerdas lo
bien que funcionó la última vez?
No tengo ni idea de si eso es cierto o no, pero me gusta ver cómo la
gente se esfuerza en pensar rápido.
—Estamos aquí para reunirnos con mi distribuidor —dice Houston.
Bien jugado. Albert se endereza y Houston hace un gesto hacia mí—. Ella
es genial así que no te asustes.
Apoyo los codos en la mesa e inclino la cabeza, intencionadamente
dejando que piense que estoy atraída... hacia él—. ¿Interesado en
comprar?
Albert se rasca la nariz. No es en absoluto una buena señal. —Sí.
Podría estar nervioso. Tal vez sea la primera vez que compra. Los
novatos tienen una mirada culpable en ellos, pero él se halla demasiado
preparado para el miedo de no-quiero-ir-a-la-cárcel.
—¿Alguna vez has comprado antes?
—Sí. —El chico no parpadea, y le creo.
¿Alguna vez has esposado a alguien y luego los acompañaste a la
parte trasera de un auto de policía después de comprar las drogas? —Yo
no he comprado antes. —Verdad.
Albert sonríe. —¿Eres del tipo que vive de los suministros de los
demás?
Sonrío y es el tipo de sonrisa que causa que Houston y su amigo
retrocedan. Es la que pertenece a las calles, y es la que hace que el
demonio invisible a mi lado ría. Los ojos de Albert se estrechan ante ella, y
entonces se retira un centímetro.
—Sí —le respondo—. Soy un parásito. Hay una razón por la que
criaturas como nosotros han sobrevivido tanto tiempo.
Le guiño un ojo, y Albert trata de averiguar si coqueteo o si amenazo
su vida. A veces, al menos conmigo, es una línea muy fina entre las dos.
Mi celular vibra, y es Rachel. Logan se quedó atrás por ti. Sólo
mándale un mensaje o encuéntralo por mí. Se encontraba pálido antes de
irnos. Como si se hallara enfermo.
Mi estómago cae, y escaneo el club. Maldita sea. Se suponía que el
chico se iría a casa.
—¿Algún problema? —pregunta Houston.
—Mi amiga terminó de joder. —Ahora él sólo está fastidiándome.
—Tú. —Señalo a Albert—. Mi abuela siempre decía: “Todos ustedes
son hijos de la luz e hijos del día. No pertenecemos ni a la noche ni a la
oscuridad.” Seré honesta, soy una chica de la oscuridad. ¿De qué manera
te columpias en eso?
Albert parpadea. Varias veces, y es la expresión de la conciencia.
Era una cita de la Biblia, y la reconoce. Sus dedos tamborilean sobre la
mesa y hay una línea de bronceado en su dedo anular izquierdo. Este
chico está casado, o lo estuvo, y no conozco ningún chico de fraternidad
con ese estilo de vida.
Él sonríe, se ríe y es casi convincente, pero ha mentido demasiadas
veces para que me lo trague. —De la oscuridad.
—Chicos deberían ir a casa pronto —digo, tomándoles el pelo—.
Levantarse temprano para la iglesia.
Dos de ellos ruedan los ojos y Albert añade—: No voy a la iglesia.
Asiento, como si me encontrara de acuerdo. —Ten una gran vida,
Albert. Nos vemos más tarde, Houston.
Robo otro nacho y me alejo, mis ojos vagando por la habitación,
buscando a Logan. Estúpido chico quedándose estúpidamente atrás y
posiblemente causándome estúpidos problemas.
—¡Oye! —Es Houston y porque él me perseguirá, vuelvo a meterme
en la oscura esquina—. ¿Qué demonios con la cita bíblica?
—Va a la iglesia —le digo.
Houston lanza sus brazos. —Eso hago yo y sigo fumando marihuana.
Eso no quiere decir que sea un agente antidroga.
—Pero no mientes al respecto. Él mintió. No me importa si eres un
sacerdote, te vendería. De hecho, le vendo a uno, pero no lo haré si
miente. Albert esconde algo. Es un mentiroso, y si fuera tú, me cuidaría la
espalda. Hazme un favor, Houston. No me traigas ningún cliente por un
tiempo. Debes limpiar tu propia casa antes de llevar invitados a la mía.
Houston aprieta los dedos en su cabello, causando que su sombrero
se caiga. —Mierda —. Luego de tronarse los nudillos, me dice—: ¿Seguimos
en buenos términos?
—Vamos a tener que cambiar la forma en que hacemos las cosas.
No sólo contigo, con todos en tu fraternidad, pero determinaré eso más
tarde.
Houston mete las manos en los bolsillos y sus hombros caen hacia
adelante, recordándome a un niño que descubre que es posible
decepcionar a sus padres—. Lo siento, te traje este problema.
—Sólo no lo traigas de nuevo. Lo digo en serio. No puedo permitirme
ser arrestada.
Houston se va, y le mando un mensaje a Logan. Te dije que tenía que
trabajar. No estuvo bien. ¿Dónde estás?
Nada. Una molesta y silenciosa respuesta. El típico Logan.
Rachel quería que te encontrara. Dice que estás enfermo. ¿Necesitas
que juegue a la heroína?
La sonrisa se siente bien en mi cara. Si eso no pone a Logan todo
caliente y preocupado y listo para jugar, un poco más lo hará. Pero la
sonrisa se marchita mientras cada segundo pasa sin una respuesta. Detesto
la sensación del cosquilleo del miedo lamiendo en mi estómago.
Eso no es jodidamente lindo, Logan. ¿Te encuentras bien?
—Tenemos un cambio para todo el mundo aquí —llama el cantante
principal de la banda—. Un amigo nuestro nos va a mostrar lo que tiene en
la guitarra principal.
Las personas cercanas al escenario gritan y aplauden, estoy a punto
de tirar mi celular contra la pared. Estúpido, estúpido chico y estúpida yo,
por estúpidamente gustarme tanto él y que piense que puede salirse con
la suya sin contestarme.
—Un aplauso para nuestro chico Logan.
Mi mirada se eleva, se dirige al escenario y mi mente marcha en
reversa, hacia adelante, rebobina, y luego esa sonrisa que está asociada
con el diablo se desliza a través de mi cara.
Logan se mantiene firme en el escenario. La guitarra enrollada
alrededor de su pecho. Su gorra de béisbol al revés en su cabello negro. Y
cuando golpea las cuerdas de la guitarra, sus bíceps se flexionan
maravillosamente.
Ese acorde simplemente me golpeó mucho más profundo de lo que
nadie pudo haberlo imaginado. Pasó a mis huesos, más allá de mis
músculos, y creó una bonita calidez que se enrolla alrededor de mi vientre.
Una líquida calidez.
La parte lógica de mi cerebro exige que me aleje, pero él es el que
me asustó al no responderme. Él es el que causa todas estas extrañas
emociones removiéndose en mis venas.
Sí, no debería besar a Logan. Definitivamente debería dejar a un
muchacho como ese solo. Pero volvió y él es el que se subió al escenario y
luce adictivamente sexy con esa guitarra.
Sip, no debería besarlo, pero ya le dije a Rachel, voy a besar al
guitarrista esta noche. No querría que esa sea una mentira ahora,
¿verdad?
7 Traducido por Kyda
Corregido por Sandry

Logan
Coloco la mano sobre las cuerdas para detener la reverberación y la
multitud enloquece. El cantante principal, Danny, voltea la cabeza hacia
mí, sonriendo como un lobo por un trozo de carne. —Estuviste genial,
hermano.
La sangre bombea fuerte en mis venas y es una adrenalina increíble.
Trato no pensar mucho de si experimentaré la misma adrenalina noche tras
noche, pero por ahora, asimilo la sensación.
Cometí más de un par de errores, pero no tanto como los otros
guitarristas. No soy el mejor de por aquí, pero tampoco el peor. Sólo busco
un poco de adrenalina. Sólo busco una forma de desconectarme.
Me quito la guitarra y Danny camina hacia mí. —En cuanto a mí
concierne, estás dentro. Tengo que hablar con el resto de la banda, pero
no puedo imaginar que digan no. Te lo haremos saber.
Nos despedimos brevemente, los otros miembros de la banda me
palmean la espalda mientras me voy del escenario y me dirijo al estuche
de mi guitarra. El ritmo aún golpea a través de mi cuerpo. Sly me enseñó
mis primeros acordes cuando tenía siete y he tocado el instrumento desde
entonces.
Dos chicas se deslizan en mi espacio justo cuando bajo la guitarra.
Una pelirroja. Una rubia. La pelirroja me toca y su intención es
perfectamente clara. —Hola.
—Hola. —Ambas chicas son bonitas, listas para la acción, ya
rechacé a unas pocas chicas hoy por Abby, y cuando le ofrecí más a
Abby, eligió irse. Quizás debería dejar mi persecución ahora y tomar a
estas dos para que me hagan olvidar.
—Estuviste genial —dice ella.
—Sí, lo hizo y ahora ustedes dos necesitan irse. —Abby se desliza
entre las dos chicas y yo. Se marchan y si dijeron algo, no lo escucho pues
me encuentro demasiado ocupado disfrutando los ojos de Abby
devorándome—. No sabía que tocabas.
Es la misma maldita reacción cada vez que la veo, una rápida
ráfaga por mis venas. Ojos color avellana, suaves labios rojos, largo cabello
castaño que tiene ondas sueltas y un cuerpo que ruega ser tocado.
Y tocarla sería el equivalente de jugar con plutonio radioactivo.
Puede que al principio no sepas que te está matando, pero notarás las
quemaduras más tarde. Cambio mi enfoque de regreso a guardar el
equipo. —Esa es la segunda vez que me has bloqueado esta noche, y
sabes que toco.
—Me refiero a la guitarra, y como dije antes, puedes hacerlo mejor.
—¿Con la guitarra o las chicas?
—Ambos.
Me gusta que la chica que miente a veces diga la verdad. —¿Te
importaría señalar quién entonces? Estoy cansado de ir a casa solo.
Espero su comentario rápido, que el juego comience. En su lugar,
Abby invade mi espacio personal, cruzando las líneas sobre las cuales
siempre baila. Su aroma me envuelve. Un olor que le queda. Un aroma que
es atrevido, salvaje y antes que pueda inhalar su aroma nuevamente,
Abby envuelve sus brazos alrededor de mi cuello, entrelaza sus dedos en
mi cabello bajo mi gorra, arrastra mi cabeza hacia abajo y me besa.
8 Traducido por Vane Black
Corregido por Sandry

Abby
Sus labios son cálidos y suaves y saborearlo es como estar al aire libre
durante una tormenta eléctrica. Casi como si hubiera sido golpeado por el
mismo rayo, Logan se aparta y luego se apresura a unirse al juego.
No pierde el tiempo deslizando una mano por mi columna vertebral,
causándome piel de gallina. Envolviendo su otra mano a lo largo de mi
cadera, enviando calor a lugares que suelen ser secretos. Presionándome
a él, ese movimiento prometiendo un montón de cosas malas.
Nuestras bocas se mueven. Mordiscos en mi labio inferior, una lamida
de su lengua y mi cabeza da vueltas. Todos sus esfuerzos son una lucha
para hacerse con el control. Pero está en mi territorio, está jugando con mis
reglas, y yo seré la que cause que Logan pierda la cabeza.
Rozo mis uñas por su cuello, amando la sensación cálida de su piel,
el rastrojo áspero de la tarde contra su mandíbula. Sus músculos se tensan
en respuesta y los extremos de mi boca se elevan.
Eso es correcto. Soy la que causa que su cuerpo responda. Soy la
que hace que Logan piense sólo en mí.
Hice lo que quise. Había besado al chico y mientras mis dedos se
entretienen en sus bíceps buscando su pecho para empujarlo, Logan
coloca su brazo alrededor de mi cintura y nos giramos.
Estoy contra la pared, su cuerpo dulcemente aplastando el mío, y
cuando me muevo, inhalo con la emocionante sensación de la fricción
creada. Él me mira con los ojos emocionados, tan oscuros que se ven
prácticamente negros. Ambos respiramos con dificultad, a unos minutos de
una explosión.
—No juegas limpio —digo, mucho más sin aliento de lo que hubiera
preferido.
—Estoy jugando por el mismo libro de reglas que tú.
Podría besar esa expresión pretenciosa y arrogante de su cara. —No
juego por las reglas.
—Lo sé. —Logan mueve el pulgar por mi mejilla y la caricia es
demasiado dulce. Demasiado desgarradoramente emocional y eso no es
lo que quiero, pero cuando presiona su cuerpo contra el mío,
específicamente sus caderas, todo mi cuerpo se sacude con el intenso
ajetreo.
—¿De verdad haremos esto, Abby? —susurra.
Me muerdo el labio inferior y él mira. Lujuria arde entre nosotros. Yo
sólo quería besarlo y alcancé mi objetivo. Debería alejarlo, darle un guiño y
soplarle un beso mientras me alejo, pero soy excelente en el egoísmo. —
Por lo menos durante unos minutos más.
—Bien, pero no lo haremos aquí.
9 Traducido por Mary Warner
Corregido por Jadasa

Logan
—En serio, no sabía que tocabas la guitarra. —Abby se sienta en la
mesa junto a mí, observándome mientras enrollo el cable que lleva al
amplificador. Sus piernas están cruzadas y se apoya sobre sus manos y esa
posición, hace que se vea apetecible ante las luces de la pista de baile—.
O cualquier instrumento musical.
Enrollo más rápido el cable. Para el momento en que termine, la
llevaré al arroyo en Bullitt Country, agarrando una bolsa de dormir,
saltare,ps a la cama de mi camioneta, y continuaremos donde lo dejamos.
—¿Planeas unirte a su banda?
Miro de reojo a Abby y no digo nada. Irritada con mi silencio, su
expresión se oscurece e intenta de nuevo. —¿Por qué tocaste esta noche?
¿Por qué no le contaste a nadie que podías tocar la guitarra? ¿Por qué no
le contaste a nadie que tocabas? A las personas les importa esa mierda.
Más silencio de mi parte.
—Te besé, así que eso me compra una respuesta.
Me inclino hacia Abby y ella desliza su lengua a través de mis labios
cuando le robo otro beso. Cuando me aparto menea sus cejas. —Al
menos, finalmente hemos subido las apuestas del juego.
Sí, lo hicimos y he descubierto que jugar con fuego es más adictivo
que las altas velocidades.
—¿Lo sabe Isaiah? —continua—. ¿West? ¿Tus amigos del béisbol?
Una leve sonrisa de mi parte y tiene la respuesta. Esa linda mirada de
“sé algo que nadie más sabe” en sus ojos es por mucho, más sexy de lo
que debería ser. —Entonces, soy la única que lo sabe.
Arrojo el cable en mi bolsa y subo el cierre. —¿Eso es lo que
realmente quieres hacer? ¿Hacer preguntas? Tenía la impresión de que
pasábamos el rato porque ninguno de los dos siente.
Inclina su cabeza y repite mi respuesta de antes—: Solo intento
entenderte.
Me río, es un poco amargo, y así es su sonrisa.
—¿Vamos a besarnos o no? —pregunta.
Cuelgo en mi hombro el bolso de mi guitarra, ella salta y no me
empuja cuando coloco un brazo alrededor de su hombro para guiarla a
través de la multitud del bar. Ella y yo, compartimos breves toques y largas
miradas que explican exactamente lo que está pensando el otro, pero
nunca me ha dejado acercarme tanto. Tal vez, después de esta noche,
me dejará acercarme más.
Abby observa la habitación, ojos de águila mirando una mesa en la
parte trasera, luego sobre su hombro. El mismo miedo que Rachel y yo
divisamos antes, regresa. —¿Por qué estás asustada esta noche, Abby?
Abby se endereza. —No estoy asustada.
—Lo estás.
—Estás delirando. —Está molesta, pero hay un pequeño tic nervioso
cuando mira de nuevo por encima del hombro.
—Rachel también lo vio. Quería que fuera detrás de ti.
—Ahora, ¿por qué te pediría hacer eso? —Intenta ser tímida, pero la
he atrapado y ella lo odia—. Creo que estamos todos muy conscientes de
que puedo cuidarme.
—Ella quiere que te salve.
Abby se detiene cerca del pasillo, hacia los baños, liberándose de mí
por lo que tengo que dejar caer mi brazo y realiza un parpadeo lento. —
¿Dijo eso?
—No con esas palabras.
Abby engancha sus dedos en sus presillas y, por un segundo,
desplazo mi atención lejos de su rostro a sus caderas, pero me reoriento
rápidamente.
—¿Crees que vale la pena salvarme? —pregunta.
—Sí.
Me mira como si no me creyera. —¿Crees que soy salvable?
—¿Quieres ser salvada?
Alrededor de nosotros, las personas ríen y gritan, la banda comienza
otra presentación, los guitarristas normales llegan tarde de nuevo, y
ninguno de nosotros interrumpe la confrontación.
—¿Logan? —dice finalmente.
—¿Sí?
Abby cambia su equilibrio y eso causa una sensación de temor que
se enrolla en mi estómago. Esta no es la chica que está insegura de todo.
—Se me dijo que no trabajara esta noche.
—¿Se te dijo? ¿Quién?
Abby frunce los labios esperando que lo entienda y los músculos de
mis hombros se tensan cuando lo hago. Para quien sea que trabaje le dijo
que se quedara en casa.
—¿Por qué? ¿Y por qué demonios estás fuera si te dijeron que no
salieras?
—No me dijeron que no saliera, me dijeron que no trabajara, y estás
perdiendo el enfoque. Al final, todo era realmente más bien, sugerencias.
De todos modos, solo pasé para ver más personas al otro lado de la verja
aquí que de mi lado y, la verdad es, que no deberían estar tampoco. Esta
zona de la ciudad ha sido siempre un territorio neutral y no es donde hago
transacciones. ¿Las entrevistas? Sí. Transacciones, no. Algo sucede y no
estoy segura de que caminar por calles oscuras juntos sea un gran plan.
Ajusto el sombrero hacia atrás sobre mi cabeza y miro alrededor
como si puedo detectar sus monstruos acechando en las sombras. —
¿Cómo quieres manejar esto?
Golpea sus dedos contra su pierna. —Deberías irte, y llamaré a mi
jefe por instrucciones.
Sí, eso no va a pasar y la mirada que le doy dice eso sin abrir mi
boca.
Abby aplasta sus manos en el aire como si estuviera sosteniendo un
cachorro. —Jesús, incluso eres más sexy enojado y en serio no puedo
esperar a quitarte la camiseta. Por semanas, he estado muriendo por
examinar detenidamente tus abdominales. Entonces este es el plan, me
quedaré aquí, vas a la camioneta, me recoges en la puerta delantera, y
entonces daremos un par de vueltas. Ya sabes, para asegurarnos que
nadie nos sigue.
Está diciendo lo correcto, y usa esta expresión inocente, pero Abby
puede hilar historias como una araña puede construir una red.
—Llamaré a West y a Isaiah —contrarresto—. Nos quedaremos, y
entonces ellos aparecerán para recogernos así no tenemos que dejar el
club.
—Isaiah no vendrá. Es firme sobre mantenerse lejos de mis
obligaciones profesionales.
—West vendrá.
Su máscara cae. —No puedo esperar tanto.
—Entonces ven conmigo. Ahora.
Los dedos de Abby golpetean su pierna de nuevo y hace esa cosa
donde está escaneando la habitación por enemigos. —Ve por la
camioneta, llámame al momento en que estés afuera con ella, y entonces
salimos de aquí.
No hay inocencia, no hay broma, solo una seriedad muerta que
tendré que aceptar. —Será mejor que estés aquí cuando regrese.
Abby camina hacia mí, y presiona sus palmas contra mi pecho. —
Solo tendrás que confiar en mí.
El problema es, que no confío en ella.
Abby me guiña, entonces se desliza de vuelta en la multitud.
Examino el cuarto. Intentando ver si alguien me sigue, si alguien tiene una
señal que lo distinga como una amenaza. Una parte de mí quiere lanzarse
a la camioneta para sacarla lo antes posible, la otra quiere arrastrarla,
pero me prometí que terminé con lo de perseguir.
Me besó, y le devolví el beso, pero si quiere pasar el tiempo
conmigo, se apegará al plan. Mientras salgo del club, no soy un hombre
lleno de confianza llevando a la chica a casa. Soy un hombre
preguntándose cuan mal se puede volver esto antes de que termine la
noche.
10 Traducido por Maii
Corregido por Ana Avila

Abby
Estoy contra la pared, cerca de la entrada, forjando mi mejor
estrategia mientras cuento las piezas de juego en la habitación. Idiota.
Debería haber atrapado al más veloz. Debería prever la estrategia en
tanto se formaba, pero fui atrapada por sorpresa, primero por el agente de
narcóticos y luego por Logan.
Regla número tres: no permitir ningún tipo de distracciones.
Papá debe estar orgulloso de mí, no he hecho más que rodearme
de distracciones en los últimos meses.
Dos de los chicos de Ricky se encuentran en la multitud, ambos han
hecho contacto visual conmigo a través de la habitación, pero no se
acercan, lo que significa que la situación en la que estamos es tan mala
como parece. Tommy es el que mantiene el contacto conmigo, es el
protegido del único hombre en el que confío de la organización de Ricky,
por el momento, eso hace que sea mi mejor aliado.
Tommy es todo cabello marrón y ángulos cerrados. Es fácil ver por
qué Linus lo escogió como protegido, justo como mi padre lo eligió a él.
Me muestra cuatro dedos y asiento, dejándole saber que entendí. Hay
cuatro de los chicos de Eric aquí, posiblemente más. Eric es el mayor
enemigo de Ricky.
A nuestro alrededor hay personas demasiado jóvenes para
convertirse en victimas por causa de otras, específicamente, mis malas
decisiones.
Siguiendo el protocolo, envié un mensaje con mi palabra de
seguridad y ubicación a un número anónimo. Ahora espero por una
respuesta del Sr. Anónimo, o un texto de Logan diciendo que está afuera,
mi estómago da volteretas. Si manda un texto o llama, debería ignorarlo y
no arrastrarlo en esta pesadilla más de lo que ya está, pero al mismo
tiempo, no necesito a Logan intentando salvar el día. En caso de que no
responda y por eso lo maten, me cabrearía, y posiblemente lloraría;
jodidamente odio llorar.
Espero más de lo que había pensado por la llegada de una
respuesta, entonces, un zumbido me indica la llegada de un mensaje:
En mi camioneta. ¿Sigues en el club?
Sí.
Quédate allí. Voy por ti.
Justo cuando voy a responder, hay otro zumbido, pero no es el Sr.
Anónimo, o Logan.
Es de un desconocido, y son números. El miedo gira violentamente y
se convierte en un dolor en el pecho. Es un código que me dio mi padre,
significa que la organización se derrumba.
También quiere decir que no debo confiar en nadie, ni en Ricky.
Significa que debo salir jodidamente de aquí.
Los jugadores, de ambos lados, son conocidos por cambiar sus
lealtades de un momento a otro, y estoy siendo advertida de que esas
piezas ya cambiaron.
Doy un vistazo hacia donde se encuentran los chicos, y están
mirándome. De acuerdo con el código, soy la presa, y cualquiera de ellos,
mirando hacia mí, pueden ser los cazadores.
El instinto de supervivencia invade mi sistema, y los dos millones de
pensamientos que tengo se convierten en uno: necesito desaparecer.
Un grupo de chicos hace una maniobra delante de mí y me
despego de la pared, intentando quedarme en medio de ellos y caminar
varios metros hacia la salida. Cuando estoy afuera, le envío un mensaje a
la única pieza que no sabe cómo jugar a esto: Te encuentro a mitad de
camino. Necesito salir de aquí.
Es pasada la medianoche y en la acera del bar aún hay muchas
personas con ánimo de fiesta. No permiten la entrada a adolescentes en
la noche, pero hay toneladas de barras por todo el lugar.
Le pregunté al agente si solía ser un chico de noche. ¿Lo soy yo? No
lo sé. Amo las noches de verano, el calor que sube del pavimento, la
humedad en el aire, la oscuridad.
No me asusta. Las personas que sonríen durante el día son aquellas
que hunden el cuchillo en tu espalda como monstruos. Son cuentas que no
puedo pagar, sistemas que fallan, personas que se aprovechan de la
debilidad que producen mis pesadillas.
Mi teléfono suena y atiendo una vez que veo el rostro de Logan. —
¿Qué?
—¿Nunca escuchas?
—Me gusta caminar. Oxigena mis pulmones, es bueno para el
sistema circulatorio. Saludable y toda esa mierda.
—Dije que te quedaras allí. —Puedo imaginar la expresión seria en su
rostro. Sus ojos oscuros volviéndose tormentosos, y todo sobre él
volviéndose cortante. No es un gran cambio, es más bien sutil, pero lo he
memorizado.
—¿Me extrañas? —bromeo, es más fácil que tener miedo—. Porque
yo sí te extrañé, y quiero verte pronto.
—¿Qué pasó con tu plan?
—Cambió.
—¿Estás en peligro?
Sí. —Eres lindo, olvidé que no soy capaz de caminar por la calle sola.
Sólo un paseo amistoso y me encontrarás a mitad del camino.
—Suenas aterrada.
Exploro entre la multitud y un destello de furia se une al miedo que
percibe. —Muérdeme, Logan.
—No me gusta que estés en la calle sola.
—Bueno, la vida malditamente apesta. —Paro y cambio el ritmo de
mis pensamientos—. ¿No quieres mierda… como esta? Estoy metida en ello
y no sé con qué estoy tratando.
Logan se queda en silencio, y ruego que me diga que pasa de mí y
vuelva a casa, pero por otro lado, quiero que se quede. Sin mantenerme
en movimiento, soy blanco fácil. Mi necesidad de vivir y la de protegerlo
están chocando en mi cerebro.
—¡Muévete! —Oigo una bocina a todo volumen y salgo del camino.
Está a reventar, personas que entran a la zona de la fiesta, otras la dejan.
Logan no logrará llegar hasta aquí. No me encontrará lo suficientemente
rápido.
—Iré caminando —dice.
—No lo hagas —no intento ocultar mi miedo—. Necesitas estar tan
lejos de mí como sea posible.
—¿Sabes lo que quiero?
Apuesto que mantener una relación jodida, basada en la química,
con una traficante de drogas no se encuentra en la parte superior de su
lista. —¿Qué?
—Tranquilidad.
Mis pies se paralizan en la acera y una extraña sensación se arrastra
por mi espina dorsal.
Hay cansancio en su voz, nunca antes lo había escuchado, mi
mente vuelve al texto de Rachel. Algo está mal. Más allá de mí, de mis
problemas. —Si quieres tranquilidad, deberías ir a casa.
—Es ruidoso allí, Abby. Podría no haber sonido, pero aún sería
ruidoso. Ahora mismo, todo lo que quiero es encontrarte y conducir por
algunas carreteras oscuras, silenciosas. ¿Qué dices? Tú, yo, la noche
oscura, y algunas estrellas.
El dolor ondula a través de mi cuerpo. Suena como si el diablo se
burlara de mi idea sobre el cielo, porque los sueños no se hacen realidad
para chicas como yo.
—Abby —pregunta—. ¿Estás ahí?
Terminar la llamada. Burlarme. Reír. Hacer una broma. Mentir.
Mentir.
Miente, Abby. Es eso en lo que sobresales, mentir.
—Eso suena bien —lo digo en un suspiro, y por el suspiro que
identifico, Logan lo escuchó.
—No escuchaste, ¿verdad? —pregunta, y estoy agradecida por su
tono normal, condescendiente—. Te advirtieron que te quedaras en casa,
y no lo escuchaste.
—¿Crees que normalmente hago lo que las personas me dicen? Eso
es estar a un paso de ser un mono entrenado, y si recuerdas bien, no me
gustan los monos. No desde que me dijiste que uno te mordió en quinto
grado. Dijiste que las vacunas contra la rabia eran una perra.
Logan resopla y un motor ruge en el fondo. —¿En qué lado de la
carretera te encuentras? No quiero perderte.
Un grupo de chicos salen tambaleándose del bar delante de mí, el
vello de mis brazos se eriza como si la muerte sonriera en mi oído. Un chico
delgado, unos años más grande, parece demasiado feliz de verme, es el
mayor enemigo de Ricky. Un hombre al que he amenazado en el pasado.
Es Eric, y todas las advertencias de Ricky caen sobre mis hombros. —¿Qué
tan lejos te encuentras, Logan?
—Estoy a dos cuadras del club.
Eric gira la cabeza y dos de sus chicos se unen a su lado. Ninguno de
ellos tiene problemas en golpear y violar a una chica.
—¿Crees poder ser más rápido? ¿Romper algunas leyes de tráfico?
¿Tal vez decirme que tu camioneta tiene un aerodeslizador secreto? Eso
estaría bastante bien.
Los matones de Eric dan zancadas en mi dirección y cruzo la calle sin
mirar. Un coche hace sonar su bocina y los neumáticos chillan en la
carretera, pero estoy corriendo, sin importarme las balas que se desplazan
por las ruedas.
—¡Abby! —gruñe—. ¿Qué está pasando?
Miro por encima de mi hombro y aún me siguen. Mi mente corre y
lucha con sus pensamientos. Encuentra a Logan, no lo metas en
problemas, escóndete en un club… pero no llevo mi identificación falsa.
Está a dos cuadras de distancia y mi boca se seca. Tan cerca, pero aún
demasiado lejos.
Una sombra aparece delante de mí, una persona en una sudadera
con la gorra tapando su rostro. La adrenalina en forma de miedo hace
que intente atacarlo con la navaja que llevo, pero es más rápido que yo, e
inmoviliza mi brazo, justo cuando voy a morderlo, dice—: Haces eso y
jodidamente te disparo. Soy la razón por la que sigues con vida. Fui quien
envió el código.
Me paralizo ante su familiar tono de voz. Linus me libera y luego deja
al descubierto su rostro, la alegría de ver al protegido de mi padre casi
hace que caiga de rodillas.
Linus roba mi teléfono, sujetándome del brazo, me arrastra hacia un
callejón. —Ricky dijo que te mantuvieras alejada de la calle por esta
noche.
—Dijo que no vendiera. —Tropiezo con una lata mientras continua
adentrándonos en la oscuridad. A la derecha y luego a la izquierda, es un
laberinto de pasajes. He estado aquí antes, en el día, y estoy
completamente perdida sin luz.
—Es la misma maldita cosa, y ahora tienes a Eric buscándote, y te
reúnes con un agente de narcóticos esta misma noche. Pensamos que
eras inteligente.
—¿Sabías que era un agente y nadie me advirtió que patrullaba las
calles?
Linus se queda en silencio, y no puedo frenar el engreimiento
tratando de opacar el miedo.
—No lo sabías hasta el momento en que yo lo supe.
—Sugiero que cierres la maldita boca.
Cerrar la puta boca no me hará tener menos razón. —¿Qué
demonios intentas enviándome ese código? Incluso Ricky lo desconoce.
Significa que no puedo confiar en nadie.
—Con excepción de la persona que lo envió, ¿no? —Linus se detiene
y me rodea, es pura furia debajo de su piel humana, pero no le temo. Si
buscara matarme, ya tendría dos balas en mi cabeza.
Es así de despiadado, mi padre fue su mentor y le enseñó bien. Yo
únicamente memoricé las reglas de mi padre, Linus las cumple como si
fueran los diez mandamientos escritos a mano en piedra por Dios.
—Algunos de los chicos de Ricky se encontraban en el bar —dije—, y
tu mensaje me hizo salir. ¿No crees que estaba a salvo allí?
Permanece imperturbable, y mis entrañas se hunden. —¿Qué
sucede?
—Sé que citaste al agente y que no te has vendido. Sé que elegiste
este lugar porque pensaste que era territorio neutral y seguro. Lo sé porque
he observado tu mierda durante toda la noche.
Mi respiración se detiene. —¿Por qué?
Se inclina hacia mí. —Porque Ricky sabe que no obedeces y
tenemos la mierda bajando por nuestras cabezas. Comenzarán una guerra
en la mañana, veremos quién sigue en pie, y Ricky quiere que sigas de pie.
Busco en su cara, desesperada por entenderlo, pero está cerrado,
como siempre, al igual que mi padre. —Eric no comenzó con esta guerra,
¿lo hizo?
—Eric es débil y está listo para ser tomado, pero en el camino,
intentará cargarse tantos de nuestros jugadores clave como le sea posible.
Mi estómago duele. —No soy un jugador clave.
—Eres la hija de Mozart, puedes ser una mierda de jugadora y aún
valdría la pena asesinarte sólo para molestarnos, pero además de eso, eres
buena en esto. Demonios, localizaste a un agente y mis chicos aún ni
sospechan de él. Exceptuando esta noche, eres inteligente y ¿qué
demonios hacías esta noche?
Me niego a encogerme por Linus, aunque intente actuar de ese
modo, no es mi padre. —Estaba con amigos.
Se veía como si ganara tamaño, lo dejé. Podría convertirse en el
hombre del saco y aún lo mandaría al demonio.
—Nosotros. No. Tenemos. Amigos —espetó.
Pero yo sí. Mi teléfono vibra continuamente en la mano de Linus. Es
Logan, y está asustado por lo que pudo pasarme. Mi corazón late con
fuerza cuando me doy cuenta de cuán aterrada estoy por él. Me
encuentro en medio de una guerra, y él podría quedar atrapado en el
fuego cruzado. Ese miedo es el motivo por el que no debería tener amigos.
Regla número dos: el cariño produce debilidad, tus enemigos y
aliados lo usarán en tu contra.
El sonido de una botella de cristal estrellándose produce eco en las
paredes del callejón. Linus saca una pistola de la parte trasera de sus
pantalones y asiente, indicando que haga lo mismo. Sostengo mi navaja, y
en su reflejo veo una pequeña mueca de diversión en su cara. —Debes
jodidamente crecer y llevar un arma real.
No cargaré con una pistola. Vendo hierba, pero no tengo interés en
asesinar a alguien.
—Quédate aquí hasta que vuelva por ti, es una orden, quiero decir,
palabra por palabra. —Devuelve mi teléfono—. Llama a tu amigo, envíalo
a la mierda, y espero que lo haga. No es mi deber salvarlo. Apenas lo es el
salvarte a ti.
Es verdad, no es su deber, pero le hizo una promesa a mi padre,
apuesto que ahora mismo lamenta ese juramento. Vuelve al camino y yo
me apoyo en la cálida pared de un edificio, golpeando la cabeza más de
lo necesario.
Me esfuerzo por escuchar a Linus en el silencioso callejón, pero no
logro identificar a nada ni a nadie. Todo lo que escucho es mi pulso
golpeando contra mis sienes, mi cuerpo se estremece por el miedo. Odio el
miedo. Odio lo que no puedo controlar.
Dos disparos. Ruidosos. Furiosos. Mi cuerpo se tensa, distingo dos
nuevos disparos, y las náuseas amenazan con tragarme viva. Todo el
mundo piensa que soy grande, mala y dura, pero el sudor que corre por la
mano que sostiene la navaja señala todo lo contrario.
Miro alrededor y mi estómago se contrae, ajusto el agarre en la
navaja. Estoy atrapada, rodeada por tres paredes; exhalo para calmar los
nervios. Cálmate de una jodida vez, Abby. Regla número siete: los nervios
crean más problemas de los que ya tienes. Aprende a convertirte en hielo.
A menudo deseo que el número siete venga con un video
instructivo.
Pensamiento tranquilizador: Linus está aquí. Pero también Eric y sus
chicos. Si Linus está aquí, posiblemente también otros de los chicos de
Ricky, pero, dentro del tablero de ajedrez, soy un peón, y ellos son los
primeros en caer.
Mi teléfono vibra y la cara de Logan aparece en la pantalla, debería
ignorarlo, enviarle un mensaje. Debería hacer un millón de cosas, pero mis
manos tiemblan y el miedo se tuerce como serpientes a lo largo de mis
venas.
No quiero morir. Otra exhalación. No quiero morir esta noche.
Deslizándome por la pared, en cuclillas, acepto su llamada. —
¿Logan?
—¿Dónde te encuentras? —su voz es firme, pero con un deje de
alivio—. Hay todo tipo de mierda sucediendo. Fuego cruzado. Las personas
corren, gritando por salir de las calles. Dime dónde estás.
—Ve a casa —susurro—. Quédate en la camioneta y ve a casa
ahora.
—No sin ti.
Mi cabeza cae hacia adelante. —Esto no es un maldito juego. Mi
mundo va directo al infierno, y necesito que me dejes.
Más disparos y oigo el grito de agonía de un hombre, rogando por su
vida, pidiendo por ella, diciendo que tiene un hermano, una madre. Pide
misericordia. Dice muchas cosas, como si fuera un niño asustado. Las
lágrimas pican en mis ojos, puedo imaginarlo de rodillas con su cuerpo
temblando mientras mira a Linus.
Probablemente se ve como yo cuando caí al suelo siendo más
joven, rogándole a Dios que mi mundo no fuera destruido. ¿Cuántos años
tiene? ¿Cuántos años tengo? Mi garganta se aprieta y me tiembla el labio
inferior. Esto es real. Demasiado real. —Ve a casa, Logan. Ve a casa ahora.
—Jesús, Abby. ¿Dónde estás?
Estoy atrapada, la bilis sube por mi garganta y respiro con fuerza,
intentando inhalar aire y tranquilidad. —Demasiado lejos.
—Está bien, Abby. Voy a encontrarte, y todo estará bien.
No lo está, podría estarlo, pero no. —Íbamos a tener una mesa en el
almuerzo, ¿lo sabías? La escogí, es una realmente grande, tendríamos un
montón de sol durante el almuerzo. Rachel y yo tendríamos los asientos en
la sombra, y ustedes tratarían con el sol en sus ojos. Seríamos tú y yo,
Rachel y ese amigo de West.
—¿Jax? —dice Logan como si corriera—. ¿Te refieres a Jax?
—Sí.
—Lo lograremos. Incluso si tengo que luchar con alguien para
conseguirlo.
Ahogo la risa, intentando mantener la distancia, pero mis ojos
queman. —Amaría ver eso.
—Lo harás, y cuando eso suceda, te compraré tantos tacos como
puedas comer y tendremos tranquilidad. Tú, yo y toda la tranquilidad que
desees. Hay un lugar cercano al de mi padre, un pequeño lago con una
cascada. Pensé en ti la última vez que estuve allí. Había conejos.
Conejos. Mi corazón duele. —Sólo intentas meterte dentro de mis
pantalones.
—Me has descubierto. Abby, ¿te encuentras en el callejón? Las
personas se dirigen y salen de allí. Dime si lo estás.
Las sirenas de la policía se oyen de fondo, pero no llegarán lo
suficientemente rápido. Esto terminará pronto, demasiado pronto. Las
imágenes de todo lo que dejó detrás corren por mi mente, y muevo la
cabeza para alejar el pánico. Tengo un trabajo por delante. Un trabajo…
que sin vida no podría hacer.
—Logan, escúchame. Ve al 5212 de Brook Street, encontrarás la llave
de la puerta trasera en la casa para pájaros del jardín. En el baño del
segundo piso, mueve las toallas, quita el papel de pared, y la puerta.
Necesitarás un destornillador. Encontrarás un sobre y sabrás a quién
entregarlo. Debe hacerse mañana, antes de las tres de la tarde. ¿Me
entiendes?
—¿Dónde estás, Abby?
No quiero morir, no esta noche. Necesito tiempo para hacer las
cosas bien, para ser rescatada. Sólo tiempo. —Hay suficiente dinero allí
para un par de semanas, y después de ello…
No sé qué viene después de eso. —Pregunta a Isaiah. Pensará en
algo, pero sólo entonces. Él entenderá, sabrá que hacer. No me fallará en
esto.
—Deja de asustarme. ¿Estás en el callejón?
Sí. —Quédate fuera. Disparan a quienes entran.
Pesados pasos resuenan en el escombro y froto mi frente. No es Linus.
Él me avisaría, me pregunto si es así como mi padre se sintió, o la abuela, si
es así como se siente cuando vas a morir…me pregunto si se sienten caer
en un frío pozo sin fin.
—Estoy aquí —dice Logan—. Sólo quédate conmigo.
Es él, Dios, sé que lo es. A pesar de que mis rodillas tiemblan, lucho
por ponerme de pie. Soy Abby, la hija de Mozart, una leyenda en las calles.
Algunas personas me ponían sobrenombres en la escuela. Me dijeron zorra,
malvada, asesina. Pero se equivocaban en eso. Estaban equivocados en
casi todo.
Cuando logro erguirme, hablo con la verdad, lo que no sucede
naturalmente—: No importa qué, me gustas.
Logan comienza a hablar, pero lanzo mi teléfono en el suelo y lo
aplasto con el pie. No cargaré con nadie más, legal o ilegalmente. No
permitiré que mi teléfono sea un rastreador.
Una silueta oscura se aproxima, la luna iluminando la pistola. No logra
verme detrás de la pared, pero no soy lo suficientemente idiota como para
pensar que no me encontrará. Mi mano resbaladiza sujeta débilmente la
navaja. Esa tontería de Juegos del Hambre, que el más débil puede ganar
con un palillo, es pura mierda. Podría luchar, pero prefiero no ser torturada.
Escapar es la única opción. Luchar significa que tengo una opción,
pero no la hay. Los caminos del destino suelen terminar de la forma más
cruel.
A medida que la sombra se acerca, no cierro los ojos, sólo intento
imaginar cómo hubiera sido estar en la camioneta de Logan, oyendo el
agua correr por el lago a la luz de las estrellas.
Y conejos. Me hubiera encantado ver a los conejos.
Bonitas imágenes de un mundo que no existe.
La grava cruje debajo de sus pies mientras me busca, la intuición le
hace girar en mi dirección. La adrenalina corre por mis venas, el miedo
llena mi boca, esquivo una bala que termina en la pared detrás de mí, las
piedrecillas que se desprenden cortan mi cara, empuño mi navaja y no
logro dar en el blanco, en su cuerpo.
El gruñe y lo empujo lejos, obligando a mis pies a ser más rápidos,
deseando conseguir más aire dentro de mis pulmones.
Luego hay otra explosión, y entonces…
11 Traducido por Miry GPE
Corregido por Val_17

Logan
Estoy corriendo pero no es lo suficientemente rápido. Mi hombro
embiste contra la gente y me gritan cuando paso, pero no me importa. El
celular se encuentra en mi mano, cerca de mi oreja, y suena. Una y otra
vez. Abby colgó. Nos desconectamos. El mundo está funcionando en
cámara lenta.
Las sirenas de la policía aúllan. Desde múltiples direcciones. Desde
todas direcciones. La gente grita. Mi vista se encuentra en el callejón. Abby
está en ese callejón.
Al acercarme, una chica sale a trompicones y se aferra a mí. Tiene el
cabello rubio, pero el resto de ella se halla cubierto de rojo… marcado por
la sangre. Hay trozos de algo en su hombro. Sus ojos están demasiado
abiertos y tiembla. —Están matando gente. Están matando gente ahí.
La tomo de los brazos, sin importarme lo que toco. —¿Has visto a una
chica? ¿Largo cabello castaño oscuro? ¿Tu altura? ¿Mi edad?
Asiente, demasiado rápido. —Estaba con un chico, se fueron a la
izquierda. Él salió. Ella no. Yo me escondí. Mi novio dijo que regresaría. —Su
voz se vuelve más aguda y las lágrimas caen de sus ojos—. Oh Dios. Oh
Dios. ¡Ayúdame! ¡Por favor, ayúdame! ¡Le dispararon a mi novio!
La chica empieza a gritar y el pánico se convierte en un pulso en mi
cerebro. La libero y corro hacia la oscuridad. Una explosión ensordecedora
reverbera contra las paredes y el instinto me hace apoyar la espalda
contra el concreto.
Abby. Es su nombre en mis latidos. Su vida como una oración. Por
favor, Dios, protege a Abby.
—¡Vámonos! —grita una voz profunda y hay pasos. Varios de ellos.
Me agacho contra un contenedor de basura. Dos personas corren frente a
mí, una sombra emerge desde el callejón a la izquierda… el callejón de
Abby.
—¡Dije vámonos! —repite el tipo.
La sombra entra en la tenue luz de la luna. El tipo es mayor que yo,
pero no por mucho. Tiene un sombrero sobre la cabeza, pantalones y una
pistola en la mano. —¿Alguien regresó? Oí a alguien por aquí.
Mi piel pica, y como si él pudiera escuchar mi corazón, se centra en
mi área general.
Y luego se ha ido. Se va. Corriendo.
Una nueva sombra entra al juego y se dirige a donde necesito estar.
Lo persigo y quedamos atrapados en un laberinto. Mi pulso resuena en mis
oídos, mis respiraciones salen en ráfagas cortas. Un cruce de caminos y
luego una fuerte maldición masculina. —¡Maldita sea!
Mis pulmones estallan con miedo. Abby.
Todos los pensamientos cesan y queda el instinto. Encontrarla.
Protegerla. Matar a todo el que la ha herido. La sombra se agacha sobre
una forma. Quitando el cabello de un rostro y todo mi cuerpo es golpeado
por el dolor. Me agacho, tomo un largo pedazo de metal, lo balanceo
hacia atrás y…
La cabeza de la sombra se levanta, al igual que sus brazos. En una
de sus manos tiene un arma apuntando directamente hacia mí, y justo
encima de él, el borde afilado del metal se detiene cerca de su cabeza.
—Estoy con ella —afirma.
Mi corazón se acelera y deseo la sangre fría que debe correr por
Abby para vivir esta vida. —Pruébalo.
—Te encontrabas con ella antes. Ustedes dos coquetearon toda la
jodida noche. Se besaron cerca del escenario.
Así que lo vio. —No es suficiente.
—No te he volado los sesos aún.
Suficientemente bueno. Dejo caer el metal y él baja el arma, luego
voltea a Abby. El terror se apodera de mí por la visión de la sangre
filtrándose por su blusa y la herida en su cabeza. Paso una mano por mi
rostro. La policía no nos encontrará lo bastante rápido. Se está muriendo y
la policía no la encontrará. Quito a Abby de sus brazos y el tipo salta frente
a mí.
—¿Qué haces? —Se encuentra en un rayo de luz de luna y puedo
ver su rostro. El tipo está a mitad de sus veintes y existe hielo en sus ojos.
—Llevo a Abby por ayuda. —Ella está demasiado ligera, demasiado
pálida, actuando como una muñeca de porcelana rota, sus respiraciones
salen desiguales y todo eso hace que mi corazón se desgarre.
Él levanta un teléfono —el de Abby— y un cuchillo cubierto de
sangre.
—Eso es evidencia —digo—. Déjalo.
Los mete en su bolsillo como si no hubiera dicho nada. —Estoy al
tanto. —No tengo tiempo para discutir. Mientras camino alejándome de él,
agarra mi brazo—. ¿Viste quién le disparó?
Sí, pero no confío en él. —No.
Me zafo de su agarre y saca su arma mientras corre delante de mí.
—Dile a la policía que estabas en una cita —dice—. Fuiste a buscar
el auto. Se separaron. Abby llamó. Estaba asustada. Entró al callejón para
ocultarse y fuiste tras ella. Nunca me viste y cuando Abby despierte, le
dices que tengo su teléfono y el cuchillo.
—¿Cuál es tu nombre?
—Ella sabrá quién soy —dice cuando llegamos a la calle—. Ahora
vete.
Sirenas. Múltiples sirenas. Los disparos. La escena del bar. El lugar es
un barril de pólvora y ellos llegarán muy pronto. Miro a la izquierda, miro a
la derecha, no hay policías a la vista, pero una multitud comienza a
reunirse.
Muevo a Abby en mis brazos por el peso muerto. Peso muerto. Furia y
miedo colisionan en mi pecho. —Alguien llame al 911. Digan que le
dispararon.
Se quedan ahí, mirando, entendiendo por las sirenas que la policía se
encuentra en camino, pero los necesito aquí. Justo aquí. Ahora mismo.
—¡Ahora! —grito con tanta fuerza que la palabra me raspa la
garganta.
La gente reacciona entonces. En sus teléfonos. Cayendo en las
calles. Lanzando sus manos al aire, llamando a la policía.
Caigo de rodillas. Un brazo envolviéndola con fuerza. El otro cepilla
los mechones marrones que cubren su rostro. Sangre se esparce sobre sus
mejillas. Mi estómago se tensa y retuerce. —¿Abby? Abby, por favor.
No puedo perderla. No puedo.
Nada. El silencio me mata. Busco su pulso y hay sangre. Demasiada
sangre, se vierte de su espalda, del frente. Le dispararon. Ellos le dispararon.
Rabia retumba a través de mí y la beso en la frente, sin estar seguro de
cómo pueden existir la ira, el terror y el dolor a la vez.
—¡Policía! —Sus gritos hacen eco, pero aún demasiado lejos.
—¡Aquí! —grito—. ¡Ella está aquí!
Bajo la cabeza hacia la suya. Mi frente toca su sien y cuento sus
lentos latidos bajo mi toque. —Respira, Abby. Por favor, respira.
Respirar. Inhalo en cada respiración como si fuera de ella.
Permanecerá conmigo si puedo forzar su alma a quedarse conectada a la
tierra.
—No quiero perderte. Por favor, no me hagas perderte.
Entiendo el miedo. Lo he saboreado demasiadas veces en mi vida y
el peor tipo de miedo es cuando las consecuencias de las acciones nunca
pueden ser deshechas. Del tipo permanente que nunca puedes deshacer.
—Sólo respira.
12 Traducido por Marie.Ang
Corregido por Laurita PI

Abby
Me estoy ahogando. El sonido es amortiguado. Así como la emoción.
Mis ojos parpadean para abrirse, pero hay luces brillantes y personas
gritando. Y dolor. Dolor en mi espalda. Dolor en mi pecho. Dolor en mi
cabeza. Dolor que es cegador.
—No luches. —Ella tiene el cabello rubio. Se cierne sobre mí. Un ángel
con una camisa azul.
Trago y me sofoco. El miedo desgarra mi cuerpo. No puedo respirar.
Hay algo en mi boca, profundo en mi garganta. Mis manos salen
disparadas hacia delante, sobre mi boca y mis brazos son atrapados y
obligados a bajar.
—¡Abby! Te estamos ayudando. —El ángel aparece en mi línea de
visión de nuevo—. Tienes un tubo que baja por tu garganta. Para ayudarte
a respirar. Necesito que permanezcas calmada.
Estoy sacudiendo la cabeza. No, estoy sacudiéndome. Mis piernas
azotan. Papá. Quiero a mi papá. Estoy asustada. Las lágrimas queman mis
ojos. Logan. Estrellas. Mi padre. El cielo nocturno. Calidez en mi piel. El calor
de la noche.
Entones, hay una voz. Es una voz calmada. Una voz reconfortante.
Respira…
13 Traducido por Ginoha
Corregido por Ana Avila

Logan
Hay sangre en mis manos.
Sangre.
La sangre de Abby.
Estoy temblando. Mi nivel de azúcar en sangre está bajo, o alto,
quién sabe. Hay enfermeras, doctores, personas alrededor. Azoto mis
manos sobre el escritorio. —Me importa un carajo que no tengamos
relación sanguínea. ¡Sus amigos son su familia, así que dígame como esta!
—¡Si no toma asiento, llamaré a seguridad! —grita la mujer detrás del
escritorio.
Un cuerpo se desliza frente a mí, una mano es colocada en mi
hombro, y me sacudo cuando soy empujado lejos. El mejor amigo de
Isaiah, Noah, tiene su espalda hacia mí y está hablando con la
recepcionista—: Se encuentra calmado, lo tenemos. No necesita traer a
seguridad.
Los llamé. Llamé a Isaiah. Dije palabras. Palabras que no recuerdo, e
Isaiah dijo que estaría ahí. Que aguantara. Que no dijera nada a nadie
hasta que llegara.
Isaiah consume mi visión. Su mano es la que sujeta mis bíceps. —Ven
conmigo. Ahora. —Me gira y camino.
Echo un vistazo sobre mi hombro, y West transita por una esquina.
Muestra su sonrisa de cara de portada y en su mano hay efectivo doblado.
West es un Young, hijo del hombre más rico del estado, y pagará por las
respuestas.
Isaiah sujeta mi cuello, forzando mi atención hacia el frente, y Noah
está a mi otro lado. Es como si estuviera en una cuenta regresiva y no sé lo
que pasará cuando el reloj llegue a cero.
—Sólo sigue caminando, Logan. —Isaiah se halla malditamente
calmado—. Te tenemos. Sigue caminando.
Llamé a Isaiah de mi camioneta. La policía me llevó ahí después de
que mi nivel de azúcar se viniera abajo.
Vino la policía. Me empujaron lejos de Abby. Trataron de hacer
preguntas, pero no podía apartar mis ojos de ella. Los servicios de
emergencias aparecieron. Trabajaron en Abby. Mi nivel de azúcar en
sangre descendió. El oficial entro en pánico. Solté la bomba de que soy
diabético y que tenía lo que necesitaba en mi camioneta, diciéndole que
no quería que los paramédicos descuidaran a Abby.
Me llevó ahí, pero sólo después de verlos subir a Abby a la
ambulancia. El oficial quería llamar a mis padres, pero le dije que no.
Tengo dieciocho. Lo tuve que demostrar con mi licencia de conducir.
Dieciocho.
Mi mamá esperó para mandarme a la escuela, me impidió
comenzar el jardín de niños cuando debí hacerlo. Tengo dieciocho años.
Mayor. Debería ser más sabio.
Abby tiene diecisiete. Tiene diecisiete y una bala atravesó su cuerpo.
Una bala que no pude detener. No tengo idea de si tiene familia a la cual
llamar.
Isaiah abre la puerta de un baño en una habitación, sólo soltando
su agarre una vez que estamos dentro. Noah le pone candado a la puerta
detrás de él. Isaiah arranca toallas de papel del dispensador, una tras otra,
y Noah sacude su mano cerca del sensor de movimiento en el lavabo.
Ignoro el espejo y me lavo las manos. Rojo corre sobre el lavabo al
desagüe, y mis pulmones se aprietan.
Le dispararon a Abby, había una enorme herida en su cabeza y su
sangre está en mis manos. Me agarro fuerte del lavamanos y me inclino.
Nauseas corren a través de mí y levanto la cabeza en busca de aire.
Isaiah y Noah se mantienen callados. Dándome este momento para
juntar mi mierda. Continúo respirando, dentro y fuera. Tal como le rogué a
Abby que lo hiciera. Tal como cuando trate de respirar por ella.
Cuando me enderezo, encuentro a Noah recargado en la puerta y
a Isaiah junto a mí, ofreciéndome toallas.
Las tomo, después limpio mi cara. —No respiraba correctamente.
Tomaría un respiro, después se detendría. Luego respiraba de nuevo.
—¿Dejó de respirar en algún punto? —preguntó Noah.
Sacudí la cabeza, después, necesitando el soporte, colapsé contra
la pared de bloques. —Abby llamó. Me encontraba en la camioneta. Le
dije que no se moviera, pero no lo hizo. Sabía que ellos venían. Me dijo
cosas.
Una dirección. Instrucciones de qué hacer. Isaiah. Me dijo que si me
quedaba sin dinero involucrara a Isaiah. Mis pensamientos no tienen
principio. No tienen un alto. —Fui al callejón por Abby y hubo un disparo. —
No llegue a ella lo suficientemente rápido. Fallé—. Se escucharon sonidos
de pisadas, así que me recargue en la pared. Me escondí.
—Hiciste lo correcto —dice Noah—. ¿Conseguiste algún vistazo de
alguno de ellos?
Paso ambas manos sobre mi cara. He caído a un oscuro, profundo
agujero.
—Logan —presiona Isaiah en una voz baja.
Mis brazos caen a mis costados. —Sí. El tipo que le disparó a Abby. Lo
vi. Y al otro. Fue hacia el callejón antes de que yo lo hiciera, pero dijo que
estaba con ella. Tomo el teléfono de Abby, me encaminó a la calle y
desapareció.
Los chicos comparten una larga mirada, después Isaiah inclina su
cabeza hacia la puerta. —Uno de nosotros debe mantenerse en la
oscuridad y quedarse libre de problemas. Para proteger lo que es nuestro si
interfiere en nuestras vidas.
Noah mira directo a mis ojos. —Estaré afuera.
Asiento y se va. Los ojos grises de Isaiah buscan los míos. —El tipo que
viste merodeando a Abby, ¿era de nuestra altura? A mediados de los
veinte. Frío como un hijo de puta.
—Sí. Podría haberme disparado, pero no lo hizo.
Isaiah frota el dragón tatuado a lo largo de su brazo. —Porque
necesitaba que sacaras a Abby sin que se viera involucrado, de lo
contrario lo habría hecho. Su nombre es Linus y está en lo alto de la
cadena alimenticia. Si lo ves de nuevo, corre en dirección contraria. Es un
problema que él sepa quién eres, y no le va gustar que seas testigo de lo
que pasó.
—Nos observaba en el bar.
Un músculo salta en la mandíbula de Isaiah. Si sabe su nombre,
entonces él y Linus saben el uno del otro, e Isaiah es realmente protector
cuando se trata de mantener a Rachel lejos de sus días en la calle. Tiene
un empleo legal reparando coches personalizados y se rompió el culo para
llegar a este punto de su vida.
—Me preguntó si vi quién le disparo a Abby y le dije que no.
—Buena jugada. Preguntaré alrededor. Ver si alguno de nuestros
nombres ha salido. ¿La persona que le disparo a Abby te vio?
—Sus instintos le dijeron que estuve ahí, pero los otros dos tipos con
los que andaba estaban en la movida, así que se fue.
—¿Cómo se veía?
—Mi peso, más delgado que yo, pantalones de mezclilla, gorro en su
cabeza. Estaba oscuro, así que no puedo dar muchas características, pero
si lo veo de nuevo, lo reconoceré.
—¿Qué le dijiste a la policía?
Exactamente lo que Linus me dijo que les dijera. —Que Abby y yo
estábamos en una cita, nos separamos, me llamó asustada desde el
callejón, fui tras ella… —Ahí fue cuando mi nivel de azúcar bajo y pararon
de hacerme preguntas.
—¿No preguntaron si viste algo?
—Las cosas estaban mal. Si hablo con los policías otra vez tal vez
podría colaborar con uno de esos artistas de boceto…
—Necesitas tener cuidado con eso —me corto Isaiah.
—¿Qué?
—Al hablar con los policías, piensa lo que dices.
Enojo puro salta en mi flujo sanguíneo. —¿Abby está tendida en
alguna camilla, sangrando, y tú estás preocupado sobre lo que le diga a la
policía?
—Es una traficante de drogas, Logan. Dices algo erróneo, y será la
que esté esposada, no el tipo que le disparó. No es inocente. Quién es,
qué hacía, por qué se encontraba ahí… Traes a Linus a colación y bien
puedes ser tú el que le cierre la celda. Cualquier historia que digas,
mantenla simple, mantenla en orden, asegúrate de decírsela a Abby y los
dos digan la misma historia una y otra vez.
—Abby quiere más que esta vida —digo, y no estoy seguro de
porqué—. Tal vez si ella hablara con la policía y llegaran a algún tipo de
acuerdo.
Isaiah tira de su arete e inhala como si estuviera conteniéndose de
atacarme. —Abby no conoce lo normal. El tráfico de drogas; esa es su
vida.
—No sabes eso. —Mi postura se endereza, actuando como si él fuera
quien la estuviera atacando—. Ninguno de nosotros, ni siquiera tú sabes lo
que está pasando detrás de la cortina.
Isaiah lee mi expresión corporal y se aleja de la pared, sus músculos
endureciéndose como si estuviéramos a punto de ir a la guerra. —Su padre
es un traficante de drogas cumpliendo una sentencia de por vida en una
prisión del sur del estado. ¿Eso te suena suficientemente real? ¿Quieres
saber cómo lo sé? La he llevado ahí para las visitas familiares los fines de
semana… dos veces. Abby no tiene una madre. No tiene un padre. Abby
tiene a Abby. Nos hicimos amigos porque nos entendimos el uno al otro.
Me alimentó cuando tuvo comida extra el tiempo que estuve en una mala
casa de acogida, y la respaldé cuando no era lo suficientemente fuerte
como para mantenerse a sí misma en las calles.
—Nos usamos el uno al otro para sobrevivir, y con el fin de sobrevivir,
Abby se convirtió en lo que conocía. Es una traficante. No caminara lejos
de esa vida; está en su sangre. Lo que ves cuando coquetea contigo,
cuando ríe con Rachel, es una parte del juego. Está pretendiendo,
mintiendo, he dejado que ese juego continúe con todos ustedes por
mucho tiempo. La verdadera Abby asustaría la mierda fuera de ti.
—¿Asi que eso es? ¿Abby es una traficante? —Su voz da vueltas en
mi cerebro. ¿Qué? ¿No soy digna de su amistad? ¿De la tuya?—. ¿Está
sucia y te has lavado las manos de ella? Pensé que eras mejor hombre que
eso. Un mejor amigo.
Isaiah cierra la distancia entre nosotros, y me preparo a mí mismo
para el impacto. —Más vale que cierres la boca, Logan. Eres mi amigo,
pero la amo como si fuera mi hermana. Estoy protegiéndola de la única
manera que conozco. Dices algo incorrecto, va a la cárcel. Si la policía
actúa sobre lo que dices y su empleador piensa que es la que delató, su
garganta será cortada para el amanecer. Este no es tu mundo. Es su
mundo y hay un conjunto de reglas diferentes.
Me muevo lejos de Isaiah, buscando algo qué golpear, alguien a
quien culpar, rodeando el pequeño lugar… y se hace más pequeño con
cada paso. —¿Así que mantengo la boca cerrada? ¿Me rehúso a hablar
con la policía?
—Puedes hablar —dice—. Pero sólo ofreces lo que ayudará a
encontrar al bastardo que le disparo a Abby, no obstante, si comienzan a
preguntar sobre drogas… tienes que tomar una decisión y esa decisión es,
ya sea, obedecer la ley o vivir en el mundo de Abby. Te estoy diciendo que
seas cuidadoso. Es una pendiente resbaladiza y una vez que comienzas el
camino de Abby, es fácil como la mierda tropezar y caer.
Pateo en el bote de basura. —Quiero protegerla.
—Yo también. —Mete sus manos en sus bolsillos—. Pero no puedes
proteger a alguien que decide jugar con explosivos reales. Si quieres que
sea honesto. Estaré impresionado si los policías averiguan quién lo hizo. Si
esto es una guerra entre el empleador de Abby y Eric, las probabilidades
son que será resuelto internamente.
—Eric —escupo su nombre. Isaiah y Rachel tuvieron problemas con él
el invierno pasado. Los ayudé a ambos lo más que pude, pero un
accidente me detuvo por un par de semanas.
—No quieres escuchar esto —dice Isaiah—. Pero Abby no dejará esta
vida.
—Las balas cambian las cosas.
Isaiah sacude la cabeza como si yo fuera un niño que no entiende
una simple suma. —No para Abby. ¿Qué razón tiene para vender drogas?
Su papá se fue y no regresará. Nunca tuvo una mamá. Su abuela murió
hace unos años. Abby no tiene lazos con las drogas, aun así eligió esta
vida.
Paso una mano por mi cabello y me detengo de acariciarlo cuando
me doy cuenta de lo exhausto que estoy. —Tal vez lo hace por dinero.
Isaiah se encoge de hombros. —Podría ser. De verdad te dije todo lo
que sé sobre Abby. Más allá de eso, es una página en blanco.
Podría ser. —¿Con quién vive? ¿Dónde vive?
—No lo sé. No le gusta compartirlo, ni siquiera conmigo. —Su boca se
pone firme como si estuviera midiendo sus palabras, entonces comienza
de nuevo—: Todos tenemos decisiones. Yo odiaba el cuidado de acogida.
Terminé en algunos hogares y grupos de hogares que harían estremecerse
a un asesino serial. En cualquier momento, pude haberme ido. Corrido
lejos. Tomar las decisiones que Abby toma, pero no lo hice. Lo soporté
porque hay demonios que no quiero conocer.
Abby y yo jugamos. Jugamos y le pedí que se fuera temprano
conmigo, y no lo hizo. Para ahora podríamos haber estado en el condado
de Bullit. Podríamos estar a millas de aquí y del dolor.
Pero no se fue conmigo cuando le pregunté la primera vez, y esta
noche podría haber sido asesinado por una chica que eligió vender
drogas por encima mí. —¿Qué estás diciendo que no estoy escuchando?
La cabeza de Isaiah cae hacia atrás y golpea la pared. Mira al
techo como si tuviera la respuesta. —Estoy diciendo que has visto
demasiado. Sabes demasiado. Eres un buen chico al que no le importa
colorear fuera de las líneas, pero has tropezado en áreas que están fuera
de tu página. Tienes que decidir si no ser completamente honesto con la
policía, mintiendo, ¿es lo tuyo?
Las drogas no son lo mío. Si, conozco personas que han fumado
hierba un par de veces. No son malvados, sólo chicos buscando pasar un
buen rato, así como mi necesidad de adrenalina por correr. No puedo
tomar, no puedo beber, se revolvería con mi nivel de azúcar y tengo
suficientes problemas ahí como para agregar más. ¿Pero venderla?
¿Hacer que me disparen? Hay una diferencia entre estar loco y
equivocado.
—Lo que trato de decir es que —continúa Isaiah—, necesitas
averiguar con qué puedes vivir. Cada hombre tiene su propio código,
construido y decidido por él. Conozco el mío. Noah también lo hace. West
recientemente descubrió el suyo. Eres fuerte, Logan, mentalmente,
físicamente. Puedes controlar más que la mayoría. Es por eso que te llevas,
tan fácilmente con nosotros, pero es masa crítica. ¿Puedes preocuparte
por alguien, proteger a alguien, mentir por alguien cuyos códigos morales
están contrariados con lo que crees?
Mis sienes palpitan como si Isaiah jalara la alfombra debajo de mí y
golpeara mi cráneo contra el suelo. —¿Cuándo te volviste un loquero?
Sus labios se inclinan ligeramente, pero se desvanece. —Viví mi vida
en las calles, pero estoy saliendo. Una vez que esté completamente fuera,
no estoy planeando regresar.
—Tú y Noah ascendieron de las calles —digo—. Abby también
puede hacerlo.
—Noah y yo nunca fuimos por el camino en el que Abby nació —
vacila—. Aquí está la verdad. Si Abby no está dispuesta a caminar en tu
dirección, entonces tal vez deberías caminar lejos, y deberías hacerlo
empezando desde ahora.
Una serpiente letal se desliza a través de mis venas. —¿Me estás
diciendo que me vaya?
Conversar, para mí e Isaiah, no funciona. Ninguno de nosotros dice
mucho. Sólo hablamos cuando tenemos algo valioso que decir, me pone
en el borde que me esté empujando tan fuerte.
—¿Por qué quedarte? No conoces a Abby y ella nunca te dejará
entrar.
—Tú te quedas.
Isaiah levanta su cabeza y mira fijamente a mis ojos. —Le debo, y es
el tipo de deuda que nunca podré devolver. Me preocupo por ella, pero
ambos entendemos mis límites. Puedo aparecer en el hospital, puedo
escuchar cuando necesita hablar, pero aún así sé que no puede ser
salvada, y por las decisiones que toma, sabe que no lo intentaré. No creo
en las misiones suicidas y eso es lo que Abby es. Me alegro de que fueras
tras ella en el callejón, y te deberé por eso pero, porque somos amigos, no
puedo verte manejar un coche por un puente roto sin ondear una
bandera roja.
Mi cabeza gira y termino donde empecé, estrellado contra la pared
opuesta de Isaiah.
—No estoy haciendo esto porque es divertido —dice—. Estoy
haciendo esto porque me agradas. Vamos a cortar la mierda. Tú estás con
ella y ella está contigo, más que amigos. Pregúntate a ti mismo, ¿quieres
estar con la persona que trafica drogas para vivir? ¿Quieres estar con la
persona que consigue ser disparada por hacer su trabajo? ¿Quieres estar
con la persona que, en agradecimiento, pone a las personas que le
importan en peligro? No estoy reventando tus bolas. Si puedes aguantar
esa mierda sin retirarte, entonces seré el padrino en tu boda, pero si no
puedes, está bien también.
—Hay más de Abby de lo que dices.
—Espero que sí.
Espero más de la sabiduría de Isaiah, sus argumentos, pero lo que no
dijo es lo más incriminatorio. Esperanza, es lo que Rachel y yo tenemos
para Abby, pero la esperanza no hace menos reales las decisiones de
Abby.
Hay un golpe en la puerta y Noah se asoma. —West tiene alguien
con quien hablar. Abby logró salir de la cirugía. La bala apenas la
atravesó. Hubo grandes pérdidas de sangre, pero le hicieron algunas
transfusiones. Se desmayó por la contusión cerebral. Suturaron la herida.
Harán más exámenes más tarde. Se encuentra en recuperación ahora;
salvo la mierda que viene con eso, estará bien.
Bien. Por alguna razón, esa palabra crea una caliente rabia en mi
sangre. Bien. Abby siempre está bien. No quiero que esté bien, quiero que
despierte. Quisiera que se hubiera ido conmigo temprano esta noche.
Quiero que cambie.
Noah me mira como si fuera algo que alguien vomitó. —¿Hermano,
porque no te diriges a casa, te bañas, te cambias y duermes un poco? —
dice—. Te llamaremos si algo cambia.
Son las dos de la madrugada y tengo esa cita con mis padres a las
diez. Mi padre está tan acostumbrado a mis roces con la muerte como
para dejar esta cita pasar. —¿Se encuentra segura aquí?
—Noah, West y yo la vigilaremos —dice Isaiah—. La protegeremos
mientras esté débil y no se pueda defender por sí misma. Noah tiene razón,
hombre; pareces muerto. Descansa y piensa sobre lo que te dije, después,
si quieres, puedes tomar un turno vigilando a Abby mas tarde.
Nuestros ojos se encuentran y me dice que considere mi amistad con
Abby. Mi intestino y mi cabeza están tan revueltos. Es una traficante de
drogas. Fue disparada. Pude haber muerto en el proceso. Pero estoy
exhausto. Es la razón por la que no puedo pensar.
Le ofrezco mi mano a Isaiah y la acepta con una pequeña palmada
en mi espalda. —¿Necesitas a alguno de nosotros para llevarte a casa?
Noah te llevará, yo me quedaré, y West los seguirá para traer de regreso a
Noah.
Sacudo la cabeza. Lo último que necesito es a alguno de ellos cerca
de mi camioneta. Mis suplementos diabéticos fueron vaciados en el
asiento delantero. No necesito su simpatía o tenerlos creyendo que soy
débil.
—Llamen si algo cambia —digo, ellos asienten, y comienzo la larga
caminata por el pasillo hacia la salida.
14 Traducido por Dannygonzal
Corregido por Miry GPE

Abby
No hay silencio todavía. Un bajo murmullo de una conversación y
siento que floto. Me gusta flotar. Volteo mi cabeza y me pesa, el resto de
mi cuerpo aún se encuentra adormecido.
―… entonces, no nos dejes ser como los otros, quienes están
dormidos, pero permítenos estar alerta y ser autocontrolados. Por esos que
duermen, que duerman toda la noche, y aquellos quienes se encuentran
ebrios, embriágalos en la noche…
―¿Estás exorcizando los demonios de mi alma? ―Mi voz sale
agrietada, atontada, y me encojo por cuán cruda se siente mi garganta.
―Esta es la tercera vez que me haces esa pregunta. ―Demasiados
años bebiendo y fumando han dañado la suya. Él solía tener un tono
suave que me ponía a sus pies y que escuchaba, pero esta, como tantas
otras cosas en mi vida, se encuentra en el pasado.
Mis párpados se agitan para abrirse y un hombre envejecido se halla
sentado a mi lado. Tiene puesta una gorra de la Corporación Marina y la
Biblia en sus manos. Miro de reojo mientras trato de comprender dónde
estoy y por qué. Algo pasó. Algo debería recordar…
―Te dispararon, Abby.
Un pálpito en mi cerebro. Demonios. Solo demonios. ―Apuesto que
no era la primera vez que me decías eso.
Cierra el libro de páginas amarillas. ―No lo es. Te despiertas. Vuelves
a dormirte. Una y otra vez. Te ves de diecisiete cuando duermes.
―Y no como un monstruo ―termino por él. Demasiadas peleas entre
nosotros han causado que memorice el final―. ¿Me reclamaste o las
buenas personas de los servicios de protección de menores estarán aquí
para llevarme a su rayo de arcoíris?
Mi tío abuelo Mac inclina la cabeza como si estuviera rezando.
Probablemente lo está. Cuando no se encuentra sorbiendo whiskey,
fingiendo estar ebrio, realmente ebrio, reparando autos o perdiendo a su
esposa, él reza por mí. Mac es una de las personas reales, buenas y malas,
el villano y el héroe.
Debe ser genético.
―Te reclamé ―dijo.
Mis ojos se cierran mientras respiro con alivio. Puede no estar de
acuerdo con mi método, pero aprecia los resultados de mi vida. ―Gracias.
―Si pudiera exorcizar los demonios de tu alma. Lo haría ―dice
cuando comienzo a desvanecerme de nuevo en la cómoda oscuridad.
―Si pudieras exorcizar mis demonios, me ataría voluntariamente a la
cruz. ―Lamo mis labios secos y un recuerdo importante surge―. Tenía que
decirle a alguien.
Mac suspira profundamente. ―¿Alguien en quien confías?
―Más que en Isaiah.
―Pudiste haberme contado.
―No puedo. Lo hice para protegerte. Para protegerla. Ellos tienen
que pensar que nos odiamos.
Se ríe bruscamente. ―Nosotros nos odiamos.
Mi boca se tuerce en una sonrisa. ―Ves, el plan funcionó. ―Y el
rápido humor muere―. Lo siento, pero no es seguro. Que tú estés aquí no es
seguro.
―Me encuentro lo suficientemente seguro. Duérmete, Abigail, y
déjame terminar los Tesalonicenses.
Me acurruco lo mejor que puedo bajo la delgada manta. ―Diles que
quiero gelatina. De la roja, y dile a Isaiah que quiero un conejo. Grande,
suave y con orejas enormes.
―¿Cómo el que tuviste cuando tenías cinco? ―Hay una risa tranquila
en su voz.
Ese es exactamente el conejo que quiero y también deseo que mi
papá y mi antigua vida regresen.
15 Traducido por Dama
Corregido por Ana Avila

Logan
—¿Por qué condujiste todo el camino de regreso al Condado de
Bullitt? —La voz de mamá es lo suficientemente alta para que mis oídos y
mis ojos se abran—. Debiste dormir en mi casa.
Sube a mi cama y desordena mi cabello. —Deberías haber llamado.
Hubiera estado contigo en el hospital. No habrías estado solo.
Maldita sea. Ella sabe sobre Abby. Me froto los ojos para espantar el
sueño antes de comprobar el reloj. Son las once de la mañana y todavía
estoy en la cama. Mierda. Me dormí. Papá va a explotar. —La cita. —La
cita para ver al especialista de mi diabetes.
—La reprogramé. —Él está recargado en el marco de mi puerta,
viéndose tan muerto como yo me siento. Lleva puestos un par de
pantalones de chándal y una camiseta blanca. Parece que no soy el
único al que mamá despertó de un sueño profundo.
Mareos me desorientan. Con mamá en mi habitación, incluso con
sus palabras, pensé que estaba en su apartamento en Louisville. Un rápido
escaneo confirma que estoy en el lugar de papá. Un montón de medallas
agrupadas cerca de los trofeos en el piso. Mi aparador. Mi espejo. Mi
cama. Ropa sucia apilada junto a pilas de ropa limpia. No mucho más.
Mamá decoró mi cuarto en su departamento porque me niego a
hacerlo por mí mismo. Mi habitación allí tiene campanarios de viento.
Realmente no sé por qué.
Coloco un pie en el suelo y froto mi pecho desnudo antes de
recoger mi celular. Dos nuevos mensajes. Uno de Noah. El otro de Isaiah.
Ambos diciendo lo mismo. Abby salió de recuperación y se encuentra
durmiendo, pero cuando despierta, tiene mucho dolor.
Dolor.
No me gusta que Abby tenga dolor.
—¿Estás bien, Logan? —pregunta mamá.
No, no lo estoy. Donde papá puede sentir problemas de azúcar en
sangre, mamá puede sentir las emociones, y no estoy de humor para que
puntee mis heridas internas. —¿Pueden darme unos minutos?
—No es como si no te haya visto desnudo, si eso es lo que te
preocupa. Te amamanté.
La mueca que hago es tanto interna como externa. No estoy seguro
de qué tenga que ver una cosa con la otra, pero paré de tratar de
entender la mente de mi madre hace años. Además, no estoy desnudo.
Tengo mi bóxer, sin embargo, dándole una ojeada a mi padre, le ruego
que salgan de aquí. Se encoge de hombros y lo consigo.
—Vamos a darle espacio, Kayleigh.
La cama tiembla cuando ésta se para y se coloca delante de mí,
toma mi barbilla con su mano. Tiene ojos marrones, el pelo rubio rizado
alocadamente, un cristal alrededor del cuello, un vestido de algodón con
flores en él; y lo lleva bien para estar en sus cuarenta. Mejor que la
mayoría. Lo que duele es que mamá no es un constante rayo de sol, y odio
asustarla. No es una emoción que maneje bien.
—¿Estás herido?
—Necesito chequearme. —Y esta parte de mi vida le incomoda.
Sus sombríos ojos me contemplan y deja ir mi barbilla para meterse
con mi pelo, aleja las puntas de mis ojos.
—Debiste llamarme.
—Kayleigh —presiona papá.
Mamá suspira pesadamente y sale por la puerta. —Traje comestibles
y les haré el desayuno.
—Por si no sabes, el divorcio pasó. Hace once años —contrarresta
él—. No me tienes que envenenar.
—Todavía eres mi primera alma gemela. —Ríe ella desde la cocina—
. La cocina significa amor y me encantan ustedes dos. De hecho, son mis
favoritos.
Papá sacude la cabeza. —No me case con tu mamá por su cocina.
Es pésima.
—No me digas. —Abro mi cajón, buscando lo que necesito. Mamá
es vegana, lo que significa que papá y yo estamos a punto de padecer
hambre.
—Los oí, y Logan, él se casó conmigo por mi cuerpo.
Papá se ve cerca de esbozar una sonrisa y, después de Abby
anoche, sangrando, sus familiares bromas se sienten como si alguien
administrara RCP a un corazón desgastado.
—Te haré algo de comer. ¿Qué quieres? —me pregunta papá.
Limpio mis dedos con un paño esterilizado. —Eso herirá sus
sentimientos y, ¿por qué le dijiste lo de anoche? Yo lo habría hecho
eventualmente.
—Me preocupa más tu alimentación que herir sus sentimientos, y
tuve que llamarle para informarle que reprogramé la cita.
Después de llegar a casa, tomé una ducha de agua caliente hasta
que se volvió agua fría, entonces repasé un montón de canales en la
televisión hasta que papá llegó después de las siete del trabajo. Le dije
todo, dejando de lado que Abby es una traficante de drogas y que había
visto que le dispararon. Por el momento, eligiendo pegarme a la historia
que le dije a la policía.
Podría haber mantenido todo en secreto, pero no soy de las
personas que les ocultan cosas a sus padres, especialmente a papá. Eso
no hará que lo ocurrido sea menos cierto. No significa que no sucedió. No
significa que no volverá a suceder.
Él escuchó, no hizo preguntas, y cuando terminé me abrazó y me
dijo que fuera a la cama.
—Supo que algo pasaba al momento en que le hablé —continúa.
Sacudo la cabeza mientras pincho mi dedo para luego untar sangre
en la tira de ensayo. Ellos pueden estar divorciados, pero se amaron una
vez. El matrimonio no es cosa de mamá, y a papá no le gusta simplemente
el libertinaje.
Un número sale. Joder.
—¿Cuán malo es? —pregunta papá.
—Doscientos cuarenta. —Esto es alto. Demasiado alto. Brevemente
compruebo su reacción y es una mezcla de preocupación, confusión y
pánico.
Trata de calmarse y yo hago lo mismo. Mamá tararea en la cocina.
La tensión puede subir mis niveles de glucosa.
Ya tengo el inyector limpio de insulina afuera, y estoy apretando la
parte superior.
Mi rutina se ha estropeado también. Debería haberme checado ya
un par de veces, ponerme mi insulina, comer mi desayuno, calcular, y
debería estar comiendo mi almuerzo ahora.
Me pongo de pie, pellizco mi abdomen e introduzco la aguja.
—¿Están por venir? —pregunta mamá.
—Está en doscientos cuarenta —responde mi papá.
Y mamá se une a nosotros en silencio. Hemos cruzado los límites de lo
que puede soportar. Los fluctuantes niveles de glucosa y las inyecciones no
son anormales. Mínimo me doy tres tomas al día, y he estado tratando con
agujas desde que tenía seis, pero mamá es suspicaz a ellas y a los
cambiantes niveles de glucosa, y al final, se asusta.
—Lo comprobaré otra vez después de comer —ofrezco para
reasegurarlo—. Y luego saldré a correr.
—Haré huevos —dice—. Comes lo que haga tu mamá, pero
necesitas la proteína.
Papá se va y me concentro en vestirme.

Mi plato de desayuno esta mitad lleno con huevos y pan tostado, y


mitad lleno de fruta y una porción pequeña de algo que mamá hizo. Dijo
lo que era, pero no prestaba atención. Sea lo que sea, a ella le gusta, pero
a papá no. No lo he probado todavía. Se ve como vomito.
Meto más huevos a mi boca y mamá bebe un jugo de naranja. Ha
dejado pasar la información, con los detalles más relevantes, que le dije a
papá antes. Esta vez logré hacerlo sin que mi voz se quebrara y mis
entrañas parecían estar sufriendo quemaduras de tercer grado en lugar de
sentirse como si estuvieran ardiendo en el infierno.
Al igual que mi habitación y el resto de la casa, la pared de la
cocina es lisa y tiene la misma pintura de tonalidad blanca que tenía
cuando nos mudamos. Papá compró esta casa de tres dormitorios unos
meses después de que se divorciaran. Tiene algunas tierras, pero no
suficiente como para ser una granja; sin embargo, estamos aislados, lo que
significa que no hay vecinos. Es tranquilo y sin complicaciones. Mucho
como él.
—¿Todavía planeas ayudar a Chris y a Ryan empacando el heno
este verano? —Cambia de tema y yo asiento. Es buen dinero y buen
tiempo. Sólo hay un cabo suelto en este momento con ese plan… y es
Abby.
—¿Abby es tu novia? —pregunta mamá, y papá me mira, curioso
por la respuesta. Nunca he tenido una chica seria. Esto implicaría que esto
es algo serio.
Me concentro en mi plato y niego con la cabeza. No sé lo que
somos. “Jodidos” es la mejor respuesta. Mis ojos caen a mi teléfono. West
está de turno ahora. Sabe que estoy despierto y me dijo que no había
nuevas actualizaciones además de las que Isaiah y Noah me enviaron
anteriormente.
—Probé para una banda anoche —digo—. Por eso me hallaba por
allí.
La cabeza de la mamá se levanta de golpe y los ojos de papá están
fijos en mí. Probablemente no es momento oportuno para decir esto, pero
no parece que la conversación vaya a ir bien de todas formas.
—Esto es genial —dice ella—. Me gustan las bandas.
Papá se desliza hacia atrás, la silla rechinando contra el linóleo. La
oscuridad de sus ojeras bajo sus ojos es un testamento de su falta de sueño.
—Suena como un montón de tiempo.
—No más que el béisbol.
—Madrugada —presiona—. Entiendo eso. Significa que estarás
muerto durante el día. —Nos miramos fijamente el uno al otro, y dice
exactamente lo que, sé, está pensando—: ¿Y qué hay de los cursos de
verano en la escuela?
Habla de las horas de prisión. Mis profesores asumen que porque
algunas mierdas vienen fácil para mí, debería encontrar divertido el
aprendizaje. Que se joda eso. Mis dedos tamborilean y la necesidad de
hacer algo loco crece en mis venas. De salir por esa puerta, apagar mi
mente, y encontrar algo para lanzar hasta que toda la planificación se
venga abajo.
—¿Qué es lo que pasa, Logan? —pregunta.
—La banda piensa deshacerse de su guitarrista y, si quieren, seré su
suplente.
—¿No eres demasiado joven para una banda?
Tengo dieciocho años, no veintiuno, y tocan en bares. —Puedo tocar
en el escenario, pero no estar en el bar. Cuando nos tomemos descansos
tendré que esperar afuera.
—¿Solo?
—Puedo cuidar de mí mismo. —Siento una sacudida en mi pecho
cuando pienso en cómo Abby dice a menudo las mismas palabras, sin
embargo, sangró cuando le dispararon, lo que demuestra que es humana.
—¿Estarás tocando en bares? Que jactancioso y divertido. Voy a ir.
Tal vez también lo haga tu padre. —Toca el hombro de papá en su intento
de matar el ánimo negativo—. ¿Alguna vez le dijiste a tu hijo que nos
conocimos en un bar, teníamos apodos el uno para el otro y que una vez
fumaste un pote conmigo?
—¿Fumabas marihuana? —la pregunta sale de mi boca tan pronto
como mamá ríe.
—Una vez —dice—. Tu padre tiene una lucha de poderes con la
diversión.
Papá no toma jarabe para la tos, mucho menos drogas. Es uno de
esos obreros que trabajan el máximo de horas por el salario mínimo.
Trabajando o pidiendo turnos extras la mayor parte de su vida. Bebe
cerveza ocasionalmente, nunca compra nuevo, repara lo que rompe, ve
el fútbol los domingos. Es resistente. Responsables. Inmutable.
Me da la mirada de Por-qué-me-casé-con-tu-madre. —Ni siquiera
pienso en ello.
Levanto mi mano en derrota. Beber, drogarme… fuera de la lista. No
puedo controlar mi glucosa con las verduras. Mis afluencias son los
productos químicos. Estoy loco, pero no soy suicida.
Mamá dice—: Déjalo ser joven. Fuimos jóvenes una vez.
—Y estúpidos. —Le dispara esa mirada donde es obvio que trata de
recordar porqué se enamoró de ella. He visto fotografías. Era bastante
bonita, lo sigue siendo, y cuando se mudó a Groveton, papá se vio
arrastrado por la luminosa chica nueva—. Logan no necesita ser estúpido.
—Bueno, estoy bien con Logan haciendo y tratando de hacer lo que
quiera —dice—. Hierba, banda, béisbol, una nueva escuela, una nueva
chica. Debe ser libre de experimentar.
Su respuesta para todo. No cree en límites, o reglas de la Academia
Americana de Pediatría. Una buena razón por la que he vivido
principalmente con papá. Quien se levanta y lanza sus platos, comida y
todo, en el fregadero. El plato y el tenedor suenan contra el metal de la
tarja.
—¿Cuál es el plan, Logan?
—Serán un par de noches por semana, pero generalmente tocan en
la localidad. Habrá algunos viajes. Sitios a dos, tres horas de distancia. —
Hago una pausa, sabiendo que esto será el cierre del trato con papá—.
Tocarán algunos días en Florida al final del verano.
—¿Y luego qué? —Permanece cerca del fregadero.
No sé qué responder, no entiendo. —¿Qué?
—¿Entonces qué? ¿Qué llamada recibo después? ¿Qué estuviste en
una pelea de bar? ¿Que tu cabeza fue partida por algún bastardo
borracho? ¿Qué ahora eres tú a quien le meten un balazo?
—Logan es un espíritu libre —interrumpe mamá—. Si tratas de cerrarle
las puertas, sólo se agitará y se hará daño a sí mismo al tratar de liberarse.
—Se hace daño de todos modos. Lo que trata de hacer es de locos.
—No está loco. Sólo trata de averiguar quién es —le responde ella
con una sonrisa, y yo empujo mi plato de comida lejos. Por eso,
precisamente, es por lo que mantengo la boca cerrada alrededor de la
gente.
—Detención en la escuela por jugarretas.
—Se divertía.
—¡Accidente de coche!
—La velocidad es normal para los muchachos.
—Lanzando fuegos artificiales por sus propias manos.
—Le daba curiosidad.
—Yendo a la sala de emergencia por no haberse inyectado insulina
durante toda una semana.
La bilis llena mi estómago y la expresión de mamá se oscurece. Tenía
once años y no pensé en las consecuencias. Asustó hasta la mierda a
papá, asustó hasta la mierda a mamá, y me asustó hasta la mierda a mí.
Papá me señala. —Logan es irresponsable, y si va a vivir contigo
cuando se dirija a la escuela en otoño, le tienes que poner límites.
Mamá me ve con ojos preocupados e inmediatamente alejo la
mirada. Es incapaz de imponer reglas, y si lo hiciera, no tendría una pista
de cómo hacerlas cumplir.
Papá lanzó la bomba la semana pasada de que si fuera a la escuela
en el Condado de Jefferson tendrían que cambiar el acuerdo de custodia.
Vivir con mamá de lunes a viernes y con él los fines de semana. La noticia
fue el equivalente a ser pateado en las bolas.
—No es un mal hijo —susurra ella.
Como mamá no era una mala madre y papá no era un mal padre.
Sólo estábamos conectados de formas diferentes.
Honestamente, soy demasiado como él, pero también como mamá.
A menudo pienso de manera loca, lo que es la raíz de la colisión de mi
personalidad. Cómo un tornado a punto de ocurrir en cualquier momento.
—No lo eres —concuerda papá.
Cabeceo, agradeciéndole reconocerme otra vez.
—Pero tienes que parar de ser tan impulsivo. Aprender a controlarte
de alguna manera.
Control. Eso es lo que la diabetes es: control. Controlar mi dieta. Mi
rutina. Controlar mi insulina. Controlar mi azúcar en sangre. Controlar mi
ejercicio. Control, control, y aun cuando controlo todo, mis niveles todavía
pueden subir hasta las nubes, es un sube y baja constante que nunca
desaparece.
Mi celular suena y cuando miro es West: Abby pregunta por ti. Quiere
saber si vas a hacer lo que pidió. Está tomando calmantes, pero se
encuentra agitada, no puede dormir. ¿Qué le digo?
Dile que lo voy a hacer.
Al menos por hoy. Muchas cosas están cambiando en mi vida, y la
situación entre Abby y yo es una de ellas; pero lo que ella pide ahora
mismo basta para calmar mi sed de locura hoy por hoy. Echo el resto de mi
comida a la basura y luego deposito mi plato en el lavavajillas.
—Ese fue West. Abby está preguntando por mí.
—No hemos terminado de discutir sobre la banda —dice papá—.Tu
futuro.
—Tengo que hacer esto. —Abby. La banda. Algo un poco loco que
pueda controlar.
—Después —indica.
—Más tarde —asiento.
Acepto y le doy un beso en la mejilla a mamá, tomo mis llaves del
mostrador, y salgo.
16 Traducido por Miry GPE
Corregido por Val_17

Abby
—¡Abby!
Doy un salto al despertar, y cuando lo hago, el dolor se desliza por mi
pecho.
—Escóndelo —dice Isaiah, y formo un puño bajo las mantas. Maldita
sea, eso duele—. Tienes compañía, no quieres parecer débil frente a él.
Isaiah se cierne sobre mi cama de hospital. Su cabeza afeitada.
Varios aros en ambas orejas. Me encontraba ahí cuando consiguió dos de
esas filas. Eso parece como hace varias vidas atrás.
Cuando aflojo mi agarre, Isaiah murmura—: Linus se encuentra aquí.
Trato de apartar la confusión en mi cabeza, pero es inútil. —¿Solo o
con invitados escondidos en los rincones?
—Dice que está solo.
Escaneo la habitación. Sin Mac. Sin Logan. No estoy segura de qué
pensar sobre cualquier situación. —¿Crees que dice la verdad?
—Él es un idiota.
No responde la pregunta, y a la vez lo hace. —Hablaré con él, pero,
¿te importaría quedarte cerca?
Isaiah asiente y luego susurra—: ¿Medicamentos para el dolor?
—No. —Ya no pienso con claridad, y no quiero estar completamente
incapacitada—. ¿Han pasado días? ¿Desde que me dispararon?
—Horas —responde. No es extraño que me sienta como la mierda.
Isaiah apoya la espalda contra el marco de la puerta de mi
habitación y cruza los brazos sobre el pecho. La mirada que da hacia el
otro lado del pasillo es lo suficientemente aterradora como para erizar los
vellos de mis brazos. Unos segundos más tarde, entra Linus, intentando mirar
a Isaiah todo el tiempo.
Ninguno se amedrenta. Dos guerreros en los extremos opuestos de un
campo de batalla. Cuando Linus se encuentra lo bastante dentro de la
habitación, le da la espalda e Isaiah sale. Si lo conozco, se halla justo fuera
de la puerta.
Linus tiene cabello rubio oscuro, los ojos azules más fríos en la faz de
la tierra y se mueve como un depredador. Mi padre lo tomó bajo su ala
cuando cumplió dieciocho años. Transcurrido un año, Linus pasó de
príncipe a rey.
—Si anoche hubieras llevado un arma todo habría resultado
diferente —dice como si discutiéramos una mala calificación de un ensayo
de Inglés.
—Si hubiera llevado un arma, habría sido la asesina.
Linus gira la máquina intravenosa como si estuviera interesado en mi
ritmo cardiaco y los recientes números de la presión sanguínea. —Es mejor
asesina que muerta.
—Estoy viva.
—Estás débil —espeta.
Contra cada músculo protestando, me enderezo en la cama. —La
gente me teme.
Linus me evalúa por el rabillo del ojo. —La gente normal te teme. La
mayoría en las calles te temen por el fantasma de tu padre o por la
protección de Ricky. La gente debería temblar ante tu nombre porque
eres la muerte sobre ruedas.
Ruedo los ojos. —Apuñalé a quien fuera que me disparó. Debí ir más
abajo. Cortar su polla.
Eso hace que su expresión de siempre, la oscura nube de lluvia, pase
a aclararse a una llovizna. —Debiste hacerlo. Probablemente no te habría
disparado entonces. Al final fue un buen movimiento con la cuchilla.
Golpear un objetivo mientras corres es difícil de hacer. Eso probablemente
te salvó la vida. ¿Sabes lo que salvaría tu vida la próxima vez?
—¿Extraterrestres? —pregunto.
Su expresión congelada se burla de mí, un recordatorio de que
nunca me encuentra divertida. —Un arma.
—Yo hago el dinero. —Descarto su arma con un gesto de mi mano
parecido al de una princesa—. Tú haces cumplir las reglas. Hay una razón
para el sistema. Mis clientes podrían mojar los pantalones al verte.
—He escuchado que también mojan los pantalones al verte.
Estoy demasiado cansada para decidir si quiere decir eso de forma
sucia o no. —Se necesita más de una pieza de ajedrez para el jaque mate.
Linus se sienta en una silla cerca de la pared y veo esa fantasmal
elevación de su labio, la cual algunas veces he confundido con una
sonrisa. —Regla número ocho.
Mi cuerpo tiembla por el agotamiento de estar en posición vertical y
colapso de nuevo en la cama. Regla número ocho.
—¿Todos los de nuestro bando salieron bien?
—Sí. Tommy recibió un tiro, pero se encuentra bien.
Tommy, el chico que cuidaba mi espalda en el bar. Es el equivalente
de Linus a un mejor amigo, o lo sería si él tuviera amigos. No los tiene y, a
menudo, se refiere a Tommy como su protegido de confianza. Mejor amigo
sin amigo, su protegido; no importa. Le concedo a Linus unos segundos
para pensar en el hecho de que Tommy salió lesionado.
—Tenemos problemas —anuncia.
Mis párpados se vuelven pesados, pero el dolor en mi hombro
izquierdo me ayuda a mantenerme despierta. —Eric tiene problemas. Eso
fue muy cerca del punto blanco y nadie de su gente evitó la muerte.
—Salieron apresurados, y tú lo cortaste mejor de lo que piensas. Vi la
sangre en el cuchillo. El cual tengo, junto con tu teléfono. —Linus extrae su
pelota saltarina del bolsillo. Ambos fuimos entrenados por mi padre—.
Nuestro bando se movió rápido y tenemos mejores tiros acertados. Pero
podríamos ser los que tienen el problema.
Eso llama mi atención. —¿Cómo es eso?
Linus lanza la pelota contra la pared, golpea contra el suelo y se
inclina hacia la izquierda para atraparla. —¿Le diste un vistazo a quien te
disparó?
—Nop, demasiado oscuro. ¿Crees que tal vez era una sombra? ¿No
una persona real? ¿Cómo que es la sombra de un asesino en serie que se
alejó de su amo? Creo que lo vi en un viejo episodio de la Dimensión
Desconocida una vez. Apuesto a que la cosa es real y dicen que es ficción
para que la gente no se asuste.
—Lástima que no lo vi. —Nunca bromea conmigo. Nunca. Me gusta
Logan porque él sí lo hace.
—Tal vez era un fantasma o un demonio.
Otro lanzamiento de la pelota. Otro rebote. Otra captura. —Tu
muchacho Logan dice que tampoco vio al que te disparó. No le creo.
Una oleada de hielo congela la sangre en mis venas lentamente. —
¿Qué quieres decir con mi muchacho Logan?
Los ojos de Linus sonríen y eso es como ver al diablo cometer
asesinato. —Fue todo un héroe y entró en el callejón. Incluso pensó en
tratar de matarme. Te cargó, te llevó a la calle y te acunó en sus brazos
como si ambos se preocuparan sinceramente uno por el otro. Todo fue
jodidamente trágico.
—Déjalo en paz. —La Abby enojada se encuentra a punto de salir y
hacer algo de juego por su cuenta.
—No pienso entrometerme. He mantenido la boca cerrada, has
estado bajo vigilancia de Isaiah veinticuatro horas, y tu muchacho ha
jugado bien con la policía. Te sostuvo fuertemente en la calle, quitándote
el cabello del rostro, y besando tu frente una y otra vez, interpretando bien
su historia con la policía. Como ya lo dije, jodidamente trágico.
Ese es el por qué acepté ver a Linus… no es que hubiera aceptado
un no de mi parte. —¿Qué historia tiene la policía?
—Hablaron con Logan dos veces. Una vez en el lugar y luego justo
antes de que se fuera del hospital. Las dos veces les dijo que se hallaban
en una cita, te dejó fuera del club para ir por su camioneta, fuiste tras él, te
perdiste y quedaste atrapada en alguna guerra de drogas con personas
malvadas.
Hay un pero sin decir. —Estoy a punto de tomar medicamentos
contra el dolor gratis gracias al seguro del estado y tu continuo balbuceo
lo impide.
—No te gusta drogarte, además eso va contra la regla número seis.
Regla número seis: No uses las drogas que vendes. Suspiro. Estoy
cansada, adolorida y no conseguí ni gelatina roja ni un conejito. Todo eso
se suma al mal humor. —¿Por qué estás aquí?
—Ricky no sabía que había un posible testigo de tu disparo, aún lo
busca para poder averiguar quién te disparó.
Mi corazón deja de latir justo cuando el controlador de la presión se
tensa. —Dijiste que permanecerías en silencio.
Linus toma la pelota y me mira por el rabillo del ojo. —He
permanecido en silencio. Al igual que tú y Logan.
Mi corazón comienza de nuevo, pero es un ritmo demasiado rápido.
—Lo que significa que el tirador está hablando y sabe que hubo un testigo.
—Mi mente tropieza consigo misma mientras intento forzar a mis neuronas
para que vuelvan a trabajar—. Me dispararon hace horas.
—El chisme callejero no se mueve tan rápido desde el campo de Eric
hacia el de Ricky. O bien tenemos a alguien con vínculos demasiado
cercanos a la gente de Eric o este fue un golpe desde el interior.
Las náuseas se arrastran hasta mi garganta. —¿Cuál fue?
—Si tenemos un traidor en nuestras filas y tu muchacho es testigo de
cosas que no quieren que nadie vea, Logan me puede ayudar.
—¿Ayudarte? —grito—. ¿Cuándo esto se volvió sobre ti?
—Siempre es sobre mí. Mis instintos me han estado diciendo que
tenemos un espía en nuestras filas desde hace tiempo, pero nunca pude
averiguar quién. Si tu chico vio al tirador, entonces tal vez pueda vincular al
que te disparó con quien nos causa problemas.
Parpadeo, en repetidas ocasiones. —No quiero que Logan se
involucre en nuestro mundo.
Como siempre, me ignora. —Dos de mis chicos se apostarán en el
hospital, cuidando tu espalda mientras te encuentres aquí. Me compré
veinticuatro horas hasta que me encuentre cara a cara con Ricky, y te lo
debo por salvar mi trasero el último año. Tienes todo ese tiempo para
decidir qué historia le digo involucrando a tu muchacho. De cualquier
forma en que se mire, él va a caer por la madriguera del conejo. Sólo
depende de ti hasta dónde.
Y si lo asesinan. Genial. Sin presión. Ninguna en lo absoluto.
17 Traducido por Dannygonzal
Corregido por Miry GPE

Logan
Jugamos. Abby y yo jugamos.
Ella es una distribuidora de droga. Ha elegido su camino, me pidió
que la reemplazara y me asegurara que el negocio está hecho. Así es
como suena. Una dirección. Un sobre escondido. Un momento específico.
Apuesto que me pidió hacer esto porque estoy loco.
Y al final, no la conozco, no me conoce, y aun me encuentro aquí.
Porque necesito liberar esta picazón en mi piel… porque pienso en ella… a
menudo. Más de lo que quiero. Más de lo que debería. Quizá me gusta
porque estoy loco.
Eso suena como yo.
La casa no es lo que esperaba. Se encuentra en una parte vieja de
Louisville. Construida fácilmente hace cien años. Pequeña. De piedra.
Como una cabaña, pero atascada en un barrio. Tiene un pórtico de
cemento cubierto por un tejado. Con un columpio a la derecha. Coloridas
campanillas de viento suenan ante la brisa del verano. Hay flores
plantadas a lo largo de los arbustos y se encuentran en canastas atadas a
la baranda. El patio frontal está lleno de césped verde. Sin maleza.
Agradablemente cortado.
Los escalones de enfrente se hallan cubiertos por una rampa de
madera. Del tipo que papá construyó para su padre cuando se quebró la
cadera. El lugar definitivamente grita guarida de drogas.
El reloj en el radio de la camioneta pasa a las 2:45 de la tarde. Abro
la puerta y cruzo la calle. Más abajo, un auto pasa una intersección, pero
además de eso, no podría ser un lugar más tranquilo. Pájaros y
aburrimiento. Casi como estar de regreso en casa.
Soy rápido mientras me muevo a la parte de atrás, en el patio trasero
una pajarera roja cuelga de una rama llena de manzanas. Junto con
hojas, ramas y plumas, hay una llave que encaja en la puerta. Esta se abre
y un olor a pollo alcanza mi nariz. Mi estómago gruñe y quiero patearme
por perderme una comida, pero estaba atrapado conduciendo. Atrapado
descubriendo a Abby.
Entro a la cocina y es amarilla, casi naranja. Acogedora. Tal vez tres
personas podrían caber en ella. Hay una estufa, un fregadero, ni siquiera
un lavaplatos. El refrigerador se encuentra cubierto de imágenes y la
mayoría de ellas son de una chica joven, cuando me acerco, mis ojos se
entrecierran. La niña tiene largo cabello castaño, un brillo en sus ojos y una
sonrisa malvada. Demonios, ¿es Abby?
—¿Puedo ayudarte?
Me doy la vuelta, y una mujer negra con largo cabello rizado sujeto
atrás en su nuca entra. Me evalúa como si no estuviera segura sobre si
darme la bienvenida o tratar de hacerme una llave.
—Abby me envió —digo.
Me mira con cautela, luego pone una bandeja medio llena de
comida en la encimera. —Usualmente ella se encuentra aquí para esta
hora. ¿Se retrasó?
—Se puede decir eso. —Miro hacia la puerta trasera y me pregunto si
debería salir corriendo. Esta señora parece demasiado calmada. La
situación es bastante extraña—. Tengo que ir arriba.
Observa su reloj. Ahora son las 2:50 de la tarde. —Si Abby viniera
también lo haría. Estaré en la sala.
La señora se va y no sé qué más hacer, la sigo, pero a distancia. El
área entre mis músculos y piel vibra, no puedo decir si es mi necesidad de
sentir una avalancha de adrenalina o si es porque estoy en la escena
abierta de una película de terror.
La siguiente habitación es un comedor. Pisos de madera, mesa de
madera, una trenzada alfombra café debajo, cortinas blancas atadas en
las ventanas. A la izquierda está la escalera y la mujer entra a otra
habitación que se encuentra al frente. Todo este juego se siente
manipulado y no me gusta la sensación de inquietud que crea, como si de
alguna forma Abby supiera que no regresaría.
Continuando la búsqueda del tesoro perdido, agarro el
destornillador. Los puntos calculados en mi mente. Entrar a la casa sin ser
disparado, un punto. Encontrar el destornillador, tres. ¿El asesino en serie
enojado entra en el nivel dos? No es una sorpresa que ella me haya dado
este trabajo. Soy el único que conoce que se encuentra loco.
En el segundo piso, la puerta de la primera habitación está cerrada.
La siguiente es el baño.
Miro el pasillo. No llega el sonido de alguien. El sonido de alguien más
en el piso de arriba. Entro y siento que he entrado en una distorsión del
tiempo. Pequeño baño con baldosas. Un gabinete de medicinas pegado
a la pared. De hecho, toda la casa se siente atascada en otra época,
cerca de mil novecientos treinta o algo así, y/o antes.
Al lado de la bañera de patas se halla un estante con toallas. Las
quito del camino y siento la costura del papel tapiz. Un ligero empuje y hay
una parte de mí que se asombra por el velcro que mantiene el papel en su
lugar. Usando el destornillador, lo meto bajo la puerta y la abro para
encontrar el dinero en un sobre. Mi estómago se retuerce, esa chica que
conozco como Abby parece lejana.
Levanto el sobre y es un doble golpe en la cara. Debajo hay una
bolsa con cierre que contiene pequeñas bolsas y dentro de estas hay
hierba.
Bajo la cabeza, trato de tragarme el disgusto y la decepción. De
alguna manera, conseguí separar a Abby, la chica que me desafía de la
distribuidora de drogas. Tacha eso… escogí ignorarlo. Ser consciente pero
conscientemente quedándome inconsciente.
Más temprano, una parte de mí deseó golpear a Isaiah en la cabeza
por la forma en que habló de ella, pero ahora lo respeto. Él no ignora las
partes de Abby que no puede defender, la acepta y aun cubre su
espalda. Y se comportaba como su amigo porque me cuestionaba,
cuestionaba mi lealtad.
Caigo sobre mi trasero. ―¿Por qué haces esto, Abby?
Además del aire acondicionado encendido, no hay respuesta.
Arranco el sobre, ignoro lo grueso que es, y trabajo para poner todo de
nuevo en su lugar. Abby dijo que sabría qué hacer con él. No lo sé. No
entiendo nada de su mundo.
La ira empuja cualquier confusión o daño. Isaiah la apoya, yo no. Él
debería ser quien hiciera esto, y luego mi cara se calienta. Soy un idiota. Se
habría negado. Él no entra a su mundo, pero ella sabía que podía jugar
conmigo. Bueno, que se joda.
Bajo corriendo las escaleras, enojado con Abby, molesto conmigo
mismo. El odio pulsa a través de mis venas. Interrumpo en la sala y cuando
abro la boca para decirle a esta mujer que Abby puede arreglar sus
propios malditos problemas, me enderezo como si me hubiera golpeado la
cabeza contra una pared.
Frío. Quedo frío y suavemente me inclino para apartar la conmoción.
La mujer con el cabello largo se encuentra ubicando a una anciana
en una silla al lado de una cama de hospital. Es vieja. Muy vieja. Casi como
si pudiera disolverse en polvo con un toque. Cabello blanco agarrado en
un moño sobre su cabeza. Usa un suéter y un camisón largo, y tiene esa
mirada vacía que causa dolor.
Conozco esa mirada. Después de que el abuelo se quebró la
cadera, tuvo esa mirada. Por meses. Por demasiados meses. Y luego murió.
—¿Tiene frío, señora Lynn? —La mujer pone una manta sobre su
regazo—. Puedo conseguirle otra.
—Tengo que recoger a Abby de la escuela. —La voz de la señora
Lynn es débil. Frágil. Como si hablara desde un recuerdo y no del presente.
Agarra la mano de la mujer y allí hay un poco de reconocimiento en sus
ojos mientras hace contacto visual con su cuidadora—. ¿Puedes recoger a
Abby de la escuela, Nadia? A ella no le gusta que la olviden y siempre soy
la primera en la fila para recogerla. Se asustará y llorará si no estoy allí para
hacerlo.
El dolor golpea mi corazón duro y rápido, me sacudo por el impacto.
—Es verano —responde Nadia—. Abby no está en la escuela.
Y ya es mayor para que la recojan. Y si no lo fuera, es difícil imaginar
a una Abby que no es un demonio sobre ruedas e independiente.
La frente de la señora Lynn se arruga. —¿Entonces dónde está? Son
las tres. Debería estar en casa.
Su voz aumenta su fuerza, ganando velocidad, y la preocupación
que causa que la voz de mi propia madre se alce un tono es reconocible
en el suyo. Nadia me mira y el reloj del abuelo al otro lado de la habitación
comienza a resonar.
Una.
Dos.
Tres.
Tres de la tarde… Abby dijo que necesitaba conseguir el sobre a las
tres.
Mis pies se sienten como pegados al concreto mientras los obligo a ir
hacia adelante. Extiendo el sobre y espero por Dios que esto esté bien. —
¿Esto es suyo?
Ella inclina ligeramente su cabeza pero luego regresa su atención a
la señora Lynn mientras la mujer más anciana se vuelve más impaciente. —
Son las tres. Abby debería estar en casa a las tres.
Nadia aprieta más la manta en la señora Lynn. —Abby llegará más
tarde a casa, pero envió un amigo en su lugar. ¿No es eso lindo de su
parte?
La señora Lynn parpadea y me mira por primera vez, no hay mucha
amabilidad allí. —¿Eres el chico que la hizo llorar?
Un peso sobre mi pecho. Posiblemente. Ya no sé quién es Abby. No
conozco una persona que pudiera hacerla llorar. Ayer, habría declarado
que no tiene sentimientos o conductos lagrimales. —No, señora.
Ella escanea la habitación como si hubiera despertado o quizá
busca al chico que hizo llorar a Abby. —Abby me lee…
A las tres. Puedo terminar su pensamiento por ella. Un libro se
encuentra a su lado sobre una mesa como también una foto de las dos. La
mujer está en la misma silla que se encuentra ahora y Abby se inclina con
su brazo alrededor de la señora Lynn. Ambas sonríen. Sonrisas reales.
Sonrisas genuinas. De las que no pensé que tuviera. La imagen presenta a
una persona completamente diferente.
—Le leeré —digo—. Abby me pidió que lo hiciera mientras ella… —Mi
boca se seca mientras busco las palabras.
—¿Juega con unos amigos? —ofrece Nadia, y por la mirada en sus
ojos, entiende lo profunda que es la mentira.
—Sí. Eso. Regresaré en un momento, señora Lynn. Tengo que hablar
primero con Nadia.
Ella suspira como si la desilusionara y golpea la manta sobre sus
rodillas. —Abby también dice eso.
Nadia inclina su cabeza hacia la parte trasera de la casa y cuando
se dirige hacia allí, la sigo. Una vez en la cocina, acepta el sobre y lo deja
caer en su bolso.
—¿Necesitas que lo cuente? —pregunto.
—He trabajado para Abby por tres años y ni una vez se ha quedado
corta. —Abre el estante y saca una bolsa de galletas. Las que tienen
chocolate por debajo. Además de esto, no hay nada más.
—Abby le da dos de estas y un vaso de leche. Le leería a la señora
Lynn durante la próxima hora, incluso si se pierde en su mente de nuevo.
Me quedaré una media hora más, y llamaré a Peggy, es la siguiente
enfermera de turno, viene en una media hora. No me digas que eres de los
que quiere llevar a una anciana al baño a orinar y luego limpiarla.
—¿Necesitas más dinero para eso?
Sacude la cabeza. —Abby nos compensará cuando sea el
momento.
Me siento perdido. Confundido. Tanto como me imagino que la
señora Lynn debe de estar. —Entonces cuando las otras personas
aparecen como yo, cuando Abby está atrapada haciendo cosas, ¿los
otros vienen a ayudar en la noche o…?
Nadia levanta una mano para interrumpir mi pregunta, luego abre el
refrigerador para buscar la leche. Como el estante, la nevera está vacía.
Leche. Jugo de naranja. Algunos condimentos. —Eres la primera persona
además de Abby, Peggy, Nate y yo que entra a esta casa en tres años. No
sé cómo Abby consigue el dinero para pagar tres enfermeros de tiempo
completo, pero lo hace. No preguntamos, ella no lo dice. Hacemos buen
dinero libre de impuestos en un gran ambiente de trabajo con una
anciana increíble y una nieta que se cortaría el brazo derecho por la mujer
en esa habitación.
Mis ojos apenas se cierran. Su abuela. Abby se preocupa por su
abuela. Por todo el infierno, ¿por qué no nos dijiste nada Abby?
Nadia me ofrece las galletas y la leche. —Abby siempre viene a
casa. Todos los días de tres a cuatro. Después de eso, viene y se va cuando
quiere. Algunas veces está aquí, otras no. Nos pagan por cuidar de esta
casa y de la señora Lynn, no por hacer preguntas así que voy a ser muy
cuidadosa con la siguiente… ¿tengo que asegurarme de que las horas de
la tarde entre las tres y las cuatro estén cubiertas por un tiempo? Ese es el
tiempo de Abby a solas con su abuela.
Asiento varias veces, luego acepto las galletas. —Pero te mostraré.
Para comprobar las cosas. —Mi mente corre con millones de incógnitas,
todas las preguntas que debería hacer—. ¿Necesitas que les pague a los
otros? ¿Y la comida?
—Yo les pago a todos. Nos pagan de nuevo el próximo mes. El mismo
día, a la misma hora. Nosotros preparamos la comida de la señora Lynn en
casa y la traemos aquí. Abby no llena la cocina. Solo para que sepas, hay
tres turnos, de siete a tres que es el mío, de cuatro a once el de Peggy, y
luego de once a siete el de Nate.
—¿Y si uno de ustedes se enferma…?
Nadia levanta la mano de nuevo. —Abby nos paga para
encargarnos de eso entre nosotros. Ella no se preocupa por eso y tú
tampoco deberías. Ahora vete, la señora Lynn funciona mejor con la rutina
y será lo suficientemente difícil para ella que no seas Abby, pero por ahora,
lo harás.
Despidiéndome, tira los restos de comida sin tocar en la basura y
enjabona el plato en el fregadero.
Esta vez, mientras atravieso el comedor y entro a la sala, no puedo
decidir si este lugar es un hogar, un asilo o una tumba. Quizás las tres.
Pongo la leche y las galletas en la mesa auxiliar y saco una silla
plegable para sentarme al otro lado de la señora Lynn. Sus dedos trazan la
forma del tejido afgano. Es Alzheimer. Tiene que serlo. Y Abby vende su
alma, exponiendo su vida por el cuidado de esta mujer.
¿Cómo llegaste a esto, Abby? —¿Qué vamos a leer?
—Orgullo y Prejuicio —dice—. Siempre le leo Orgullo y Prejuicio a
Abby.
Eso significa que ahora Abby lee para ella.
18 Traducido por jennicast
Corregido por Ana Avila

Abby
Mi sueño es intranquilo, y me es difícil descifrar aquello que es real y
lo que no. Siempre se sienten tan reales. Aquellos donde mi padre está ahí,
a mí lado, diciéndome que se hará cargo de nuevo. En esos, papá es
fuerte. Es un hombre imponente que intimida a otros, no sólo con sus
palabras, sino con su fuerza.
En otros, estoy con mi abuela. Me encuentro en su cama, sentada
con las piernas cruzadas, con un ejército de muñecos de peluche, que
traje de mi cuarto, mirándome, mientras ella cepilla mi cabello después de
haberlo secado.
—Nunca deberías ir a la cama con el cabello mojado. Mi madre
decía que te provoca resfriados.
—Bien —dije mientras agarraba el oso que papá me consiguió
recientemente. Era negro con nariz color rosa, y lo imaginé gruñendo
como papá había hecho con una sonrisa en su rostro, cuando me lo
entregó.
—Te amo. —La abuela recogió mi cabello en mi nuca—. Siempre
quise una hija, pero Dios sólo me dio a tu padre. Y lo arruiné con él. Dejé
que su padre influyera demasiado, pero las cosas serán diferentes para ti,
Abby. Tu trayectoria será más brillante.
Cepilló mi cabello y yo cerré los ojos, amando la sensación,
encantada con el contacto. Este era nuestro ritual nocturno hasta que su
mente lentamente comenzó a desintegrarse. —Papá me dijo que las
personas de negocios inteligentes permanecen desvinculadas. ¿Qué
significa “desvinculada”? —Tenía ocho y quería que mi padre pensara que
entendía todo lo que decía, aun cuando no lo hacía.
La abuela hizo una pausa. Su cepillo en una mano, mi cabello en la
otra. —Eso significa que tu padre está triste aun cuando no tiene que
estarlo. No te preocupes por negocios. Tú sólo preocúpate por encontrar la
felicidad.
—Tu abuela tiene razón. —Mi corazón se elevó cuando vi a mi padre
ladeando la cadera sobre el marco de la puerta—. Enfócate en la
felicidad. Yo me encargaré de lo malo.
—¿Lo prometes? —pregunté.
—Lo prometo, y a diferencia de mi padre, planeo quedarme para
hacerme cargo de ti. —La mirada de papá vagó más allá de mí a la
abuela—. Hacerme cargo de ustedes dos.
Abrí mis ojos y papá no se encontraba ahí. Tampoco la abuela.
Había tantos motivos para quedarse, pero por otro lado, yo sería la razón
por la que mi padre está en la cárcel. Él mantuvo su promesa. Papá me
protegió y esa promesa lo envió a prisión.
Alejé la culpa. Agitarse sobre algo que no puedo cambiar no
cambiará el pasado.
Escaneo el cuarto y evalúo la situación. Mac estuvo aquí, pero luego
se fue. Noah ha estado aquí haciendo tarea, luchando por salir de las
calles con un grado universitario. West también vino. Escribiendo en su
teléfono, mirando material de sus oponentes para sus siguientes peleas. Y
luego está Isaiah. La habitación silenciosa. Demasiado tranquila. Él mira por
la ventana. Parado en la entrada. Mentalmente reproduciendo cómo nos
conocimos, por qué se encuentra en deuda conmigo… por qué le gusto.
¿Este momento es real o es otro sueño?
—¿Sabes algo de Logan? —Mi voz suena como un chirrido y trato de
calmarla. Mac dijo que había un tubo respirador (cuando fui admitida al
principio) y mi garganta ahora se siente en carne viva.
Pasos, Isaiah se gira y Logan aparece con dos bolsas de comestibles
en sus manos. Me mira, yo lo miro… e inhalo lentamente. Parcialmente
aliviada. Parcialmente asustada.
—¿Descansaste algo? —pregunta Isaiah.
Los dos intercambian una larga mirada y Logan asiente. —Estoy listo
para mi turno.
—¿Resolviste algo?
—Lo suficiente.
Genial, hablan en código. —En español, chicos. Preferentemente
oraciones completas con adjetivos y verbos. Las enseñan en la escuela
cada año. Sin importar cuanto apesta.
La boca de Isaiah se curva hacia arriba mientras levanta la barbilla
hacia mí en despedida, repito el gesto, y nos deja solos.
Logan levanta sus cejas hacia mí y ahí está esa condescendiente,
expresión molesta en esa bonita cara que me atrae. Por primera vez desde
que salí de recuperación, siento la chispa de energía.
—Tenías un Barney de peluche.
Maldito dinosaurio morado. No debería haberme quedado con la
evidencia o mi foto sosteniéndolo en el refrigerador. —Todas son mentiras.
Fue forzado sobre mí en un momento de debilidad.
Logan empuja la silla, donde Linus se había sentado, y se deja caer
en ella.
—¿Dormiste?
—He tratado de mantenerme despierta. —Está matando mi orgullo
depender de Logan. Depender de cualquiera—. ¿Ella está bien?
Logan me concede la decencia de no presionar. —Sí. Lo está.
¿Alzheimer?
—Sí. —Y se siente como si debería decir algo más. Algo
trascendental. Algo perspicaz—. Apesta.
Reajusta su gorra de béisbol en su cabeza y se inclina hacia
adelante para descansar sus brazos en las rodillas. Me odio por poner esta
seriedad sobre nosotros, pero supongo que era inevitable.
—Gracias.
Logan levanta su cabeza y esos hermosos oscuros ojos aterrizan en
mí. Profundas piscinas de calor.
—Tengo un millón de preguntas.
Y yo no tengo respuestas. —Estoy cansada.
—Lo sé. —Las bolsas crujen cuando las abre—. Rachel y yo fuimos al
supermercado y te compramos algunas cosas. Pijama, cepillo de dientes,
cepillo para el cabello. Otras cosas personales. Rachel te compró un libro
de crucigramas, pero yo pensé que te gustaría más un sudoku.
Mi garganta se aprieta y tengo que moverme físicamente para
mantener mis emociones a raya. Maldita sea, recibir un disparo me volvió
jodidamente emocional. —¿No vas a preguntar?
Logan hace una pausa con la bolsa aún abierta. —Sí, pero no ahora.
Desearía que pudiera arrastrarse dentro de mi mente y entender
cuan agradecida estoy, pero mi cabeza es un lugar aterrador, el patio de
diversión de los ángeles caídos, por lo que se encuentra más seguro lejos
de mí. —Estás en peligro. —Porque esa es una forma de decir gracias.
Logan no vacila, no grita “cómo” o “por qué”, no reacciona mucho.
Sólo me da esa mirada indiferente que causa que la salvaje en mí haga
una mueca. Dios, realmente está loco, y odio que me guste tanto.
—Hablo en serio —le digo—. Y ya que estoy en temas serios, ¿qué
demonios pensabas al correr detrás de mí? Tenías que haber hecho lo que
te dije y quedarte en tu camioneta.
—Abby —dice lentamente.
—Sí —imito su tono, aun tratando de imitar su pequeño acento.
Eso me concede un destello entretenido. —Pensé que lo había
dejado claro. No hablaremos sobre eso ahora.
Levanto una ceja, tratando de descifrar su juego, pero luego decido
que estoy muy cansada para preocuparme demasiado. —Bien.
—Pero antes de que lo dejemos completamente…
Ruedo mis ojos, porque aquí vamos…
—¿Cómo es que estoy en peligro? ¿Me vio?
Logan no tiene que mencionar que se refiere al tipo que me disparó.
—No lo sé. No creemos eso. Se dice en la calle que saben que hubo un
testigo, pero no tienen idea de quién es. ¿Podrías describirlo para mí?
Lo hace, y mi estómago se llena con cemento cuando, sin importar
qué le pregunte, no me da nada que separe al tipo que me disparó de la
mitad de los chicos con los que voy a la escuela.
—Si lo viera, lo reconocería. —Logan agacha la cabeza como si
lamentara no tener nada más que ofrecerme.
—Me da miedo que él también te reconozca si te ve. —Mis
pensamientos son demasiado lentos y no puedo permitirme este retraso;
me descubro pensando en voz alta—: Linus quiere que te use. Piensa que
hay un traidor en nuestro lado, y cree que el traidor está asociado con mi
tirador. Quiere usarte para encontrarlo y también a nuestro traidor.
Logan se recarga en su asiento y cruza los brazos sobre su pecho. —
¿Tú qué piensas?
Cierro los ojos brevemente, odiando el dolor interno. —Pienso que
deberías ir a la policía y decirles la verdad. Alguien me disparó y no sé en
quién puedo confiar, lo que significa que no sé cómo protegerte.
Logan se queda en silencio, y con cada segundo mi pecho se siente
más pesado. —¿Aún estás en peligro?
Sería malo admitir qué tan excelente es su pregunta y cuán
estropeada está mi mente, al grado de ni siquiera preguntarle eso a Linus.
Suspiro. Esto está mal. Sé la respuesta. Siempre he sabido la respuesta.
Vivir ésta vida significa estar bajo una constante amenaza, y no sólo
yo, también la gente que me importa. Linus tiene razón. Las amistades
fuera de ésta vida están mal. Es egoísta.
—Deberías irte.
Los ojos de Logan parpadean sobre mi rostro, pero además de eso,
no hace ningún otro movimiento.
—Dije que deberías irte. —Pongo vehemencia en mi voz.
Él encoje un hombro perezosamente. —Dijiste deberías. Eso sugiere
elección.
—Esa fui yo tratando de ser amable, así que intentaré de nuevo…
Vete.
—No.
¿No? Mi espalda prácticamente se arquea como un gato molesto.
¿Me acaba de decir que no? —Voy a gritar. Les diré que traigan a
seguridad. Les diré que eres un asesino en serie.
—Bien.
Parpadeo. Sí… totalmente alardeaba. Podría hacerle eso a la
mayoría de las personas, pero no a él. —¡Logan!
—Abby —se burla de mi frustración.
Gruño y golpeo mi puño contra la cama. —Nunca debería haberme
convertido en tu amiga. No debería haberme hecho amiga de Rachel o
de West. No debería haber dejado entrar a ninguno de ustedes, y ahora
tengo que vivir con las consecuencias de haberlos puesto en peligro, y que
tú aún estés en peligro realmente me molesta.
Logan sonríe. Sonríe. Es una sonrisa engreída, voy a matarlo en
cuanto arranque esta intravenosa de mi brazo. —¿Por qué estás
sonriendo?
Su sonrisa sólo crece. —Dijiste que somos amigos.
Oh.Por.Dios. ¿Eso es lo que escuchó? —Estás loco.
—Sí, lo estoy. Así es como será… tus amigos van a cuidarte, tú vas a
mejorar y nosotros vamos a averiguar quién te disparó.
Sacudo la cabeza. —No hay un nosotros.
—Sí lo hay. —Frota sus manos y conozco ese movimiento… se está
comprando tiempo—. Tú y yo hemos sido un nosotros por un tiempo.
Miedo corre a toda velocidad por mis venas. —Te odio.
—Sigue diciéndote eso.
Golpeo mi cabeza contra la almohada… odiando la pérdida de
control, abrumada por el dolor en mi hombro y la palpitación en mi
cabeza. Deseando poder, de alguna manera, regresar el tiempo y haber
escogido irme anoche con Logan en lugar de regresar al bar; volver meses
atrás, antes de entrar a la cochera y haber decidido ser amiga de Rachel,
quien me guió a Logan; regresarlo hasta antes de que la abuela empezara
a olvidar qué día era… retroceder hasta antes de que mi padre cometiera
un trágico error y fuera a prisión… posiblemente retroceder hasta mi
nacimiento.
Balanceo un brazo sobre mis ojos, odiando toda la furiosa emoción
que me invade. —No puedo hacer esto. No entiendes, no puedo hacer
esto.
—¿Qué es esto?
Cuidarte.
—Hola. —Una enfermera en bata de Hello Kitty entra, empujando un
maldito carrito médico y, obviamente, tiene que trabajar para mantener su
sonrisa mientras nos evalúa a Logan y a mí. Hay unos pequeños animales
de peluche pegados a su estetoscopio y al carrito, entonces me doy
cuenta…
—¿Estoy en la sala de pediatría?
—Irónico ¿cierto? —La sonrisa engreída sigue ahí.
—¡No soy una niña! —grito.
Logan pierde su sonrisa y nubes tormentosas descienden sobre su
expresión. —Tienes razón. No lo eres.
La enfermera camina silenciosamente a mí, escanea el brazalete de
mi brazo con un dispositivo, busca por algo en su carrito, y antes de que
me dé cuenta, está bombeando la intravenosa. Frialdad se extiende por
mi brazo, un extraño sabor entra en mi boca, y mi cabeza chasquea en su
dirección.
—¿Qué me dio?
—Tu tío y el doctor quieren que descanses. —Me lanza una mirada
condescendiente teñida con lástima, y el pánico persigue a lo que sea
que puso en mi torrente sanguíneo.
Humedad quema mis ojos en tanto golpeo mi puño contra el
colchón de nuevo. Ella se queda en silencio mientras juega con mi
máquina, cambia la bolsa de suero, luego borra su nombre de mi tabla de
enfermeras y escribe el nombre de alguien más y, como los otros adultos
en mi vida… se va.
Lucho por mantener mis ojos abiertos. Logan está en peligro. Yo
estoy en peligro. Logan está en peligro por mi culpa. No puedo dormir,
pero aún si estoy despierta, si alguien entrara aquí ahora, no habría nada
que pudiera hacer. No tengo armas, soy débil, soy presa fácil y ahora
Logan está en peligro… por mí.
Otro golpe de mi puño contra la cama y cubro mis ojos con mi mano
en caso de que la humedad trate de derramarse sobre mis mejillas.
Dedos serpentean sobre mi mano empuñada en la cama y agito la
cabeza. No merezco este contacto. —Vete.
—No puedo —dice, casi disculpándose.
—Puedes, pero eres demasiado estúpido para hacerlo.
—Loco —me corrige—. Mi puntaje de CI invalida tu argumento de
estupidez.
Resoplo y quiero patearme por permitir que su humor atraviese mi ira.
Lo que es peor, no está bromeando. El chico es brillante y está totalmente
loco.
Logan mantiene sus dedos sobre los míos y de alguna manera, sin
darme cuenta, tengo mis dedos entrelazados con los suyos. Su mano es
cálida, la piel ligeramente áspera en algunos lugares, e inmediatamente
pienso en Logan arreglando autos con Isaiah, agachado sobre la base del
bateador, desafiando al corredor a sacarlo mientras trata de anotar, y la
vez que nos llevó a Bullitt County porque Chris necesitaba ayuda
empacando heno.
No hice más que sentarme en las pacas y ordenar a todos alrededor,
pero recuerdo observar a Logan. Sin camisa, su espalda brillante en el
caluroso verano, la forma en que sus músculos se movían de manera fluida
y cómo mi estómago daba volteretas cuando miraba en mi dirección.
Esas manos pertenecen a alguien que es fuerte, que es físico, que es
leal y protector, y odio haberme dado el lujo de convertirme en su amiga.
Estúpida. Era una estúpida. —No era mi intención estropear tu vida.
—No lo hiciste.
—Lo hice.
—Mi vida estaba estropeada antes de conocernos.
Silencio. Más silencio. Tan silencioso que ya ni siquiera mis propios
pensamientos me perturban. Tan silencioso que no me había dado cuenta
que mis ojos se cerraban.
—¿Quieres esta vida, Abby? —susurra—. Si tuvieras la opción ¿te
irías?
Presiono mi mejilla en la fría almohada, en dirección al encantador y
profundo sonido de su voz, y no me molesto en tratar de abrir mis ojos. No
hay cuarto de hospital, estamos de regreso en la granja de Chris. El sol
brillaba en ese momento y había una cálida manta sobre mi cuerpo. —Si
pudiera, correría.
—Pero necesitas el dinero para ella, ¿no es así?
Asiento, y mi voz suena lejana—: Se encontraba en un asilo de
ancianos y la lastimaron, le robaron… —Trago y luego lamo mis labios
secos—. La amo, así que la traje a casa.
—Lo arreglaremos —dice, pero antes de que pueda discutir, una
bolsa cruje y algo suave es metido en la curva de mi codo—. Te compré un
conejito.
Sonrío, y casi puedo sentir su pequeña nariz olfateándome. —¿Un
conejo real?
—Sí. —Pero su tono es tan ligero que no puedo decir si bromea—. Es
real.
Un conejo real. Me acurruco en él y hacia Logan, dejándome ir a la
deriva mientras Logan pasa su pulgar sobre mi mano a un ritmo lento. Al
ritmo de mi respiración. Dentro y fuera. Una y otra vez hasta que mis
pensamientos desaparecen y luego… sólo está el sol, mi conejito y él.
19 Traducido por Kells
Corregido por Laurita PI

Logan
Rachel: ¿Cómo se encuentra Abby?
Abby ha dormido todo el tiempo que permanecí junto a ella en el
hospital. Se movió, se reacomodó, pero su mano nunca dejó la mía. Por
momentos, su agarre se intensificó. Otras veces, yo era el que la sostenía.
Agradezco sentirme demasiado exhausto para analizarlo.
Cansada.
Rachel: Y tú, ¿cómo estás?
Igual que Abby. Bien.
Rachel: ¿Isaiah y West exageran?
Isaiah y West prohibieron a Rachel acercarse al hospital. No los
culpo. Si consideramos que le dispararon a Abby y pude haber sido
asesinado en el fuego cruzado… No. Ni se te ocurra venir sola. Tenemos
suficiente en nuestras manos sin problemas adicionales.
Rachel: Suenas similar a ellos.
Voy a tomar eso como un cumplido.
Las puertas del elevador se abren y avanzo hacia el piso principal del
hospital. Es la una de la mañana y West hace su turno otra vez. Mi cabeza
palpita. Puede ser una combinación de mi nivel de azúcar, cansancio, y
mis patrones desordenados de alimentación y sueño. Tengo que frenar
esto pronto o voy a terminar en una cama al lado de Abby.
—Logan —dice un chico a mi derecha y lo volteo a ver, pero sigo
caminando. Ya he hablado con la policía; dos veces. Una en la escena,
luego anoche cuando ya me iba. Esto empieza a ser un mal hábito.
Me alcanza antes de que llegue a las puertas dobles. —Soy el oficial
Monroe. Nos conocimos anoche.
Lo hicimos. Está en los veintitantos, no lleva un uniforme, y luce como
el pulcro hermano menor del chico loco de Piratas del Caribe. Meto las
manos en los bolsillos y espero. Este tipo fue lo bastante bueno para
dejarme ir a mi camioneta y ha mantenido la boca cerrada desde que
hablamos sobre la diabetes. Le puedo dar un par de minutos más.
—Me retracto —dice—. Ahora, soy detective.
—Felicidades.
—¿Cómo está tu amiga?
—Le dispararon. ¿Cómo crees?
Me estudia de esa manera pensativa y luego escanea la habitación.
—Sé que ya hablamos contigo ayer, pero me gustaría mostrarte algunas
fotografías. Y ver si reconoces a alguien.
Los músculos en mi cuello se tensan. Demonios. Caminar por esta
cuerda floja se torna más y más difícil. Isaiah habló sobre entender en qué
situación nos encontramos. Con Abby. En las drogas. La peor parte, me
siento más confundido ahora de lo que me encontraba antes de que estas
conversaciones con la policía no fueran de ayuda.
Nos dirigimos a un área vacía con sillas en la sala de espera y saca su
teléfono. —Las pasadas veinticuatro horas han sido difíciles. Intentamos
descifrar quién era objetivo y quién quedó atrapado en medio del fuego.
¿Has visto antes alguna de estas personas?
Pienso en Abby yaciendo sobre la cama, acunando ese conejo de
peluche, y la anciana esperando que su nieta vuelva a casa. Me muestra
fotografía tras fotografía y no hago más que negar con la cabeza. Ni una
vez tuve que mentir y no estoy seguro si lo haría si reconociera a alguien.
Abby necesita ver que hay opciones confiables.
Sigue deslizando las fotografías. Algunas son fotos policiales. Otras no.
—Te busqué en Google. Felicidades por ganar el Campeonato estatal de
béisbol este año. Jugué algo de pelota en la secundaria, pero nunca tuve
agallas para ser receptor. Demasiados bates balanceándose cerca de mi
cabeza para mi gusto. ¿Conoces a este chico?
—No.
—Eres un buen chico, Logan. Del tipo que quiero que mi hijo llegue a
ser. ¿A los dos últimos chicos estás seguro que no los conoces?
Niego con la cabeza de nuevo. Nunca he visto a ninguna de estas
personas antes en mi vida.
—¿Has visto a este chico? —El detective Monroe regresa a la
fotografía de un chico de mi edad. Tiene cabello rubio, una gran sonrisa,
con una cara de bebé que evita que la gente lo tome en serio—. Murió de
una sobredosis de heroína la semana pasada.
Aparto mis ojos de los suyos y sin cambiar la expresión pasa a la
última fotografía. —Y a este chico le dispararon en la cabeza anoche, al
estilo ejecución. Le tuve que decir a su madre y hermano. La cosa más
difícil de hacer es decirle a alguien que la persona que aman ya no
regresará a casa.
Doy un paso hacia atrás y trago las náuseas que trepan por mi
estómago. La chica que rompió a llorar fuera del callejón, la que estaba
cubierta de sangre, gritando… ¿era su novio?
—¿Por qué me dices todo esto?
—Porque Abby no recuerda nada. Porque tú eres nuestra única
posibilidad de encontrar a las personas responsables por lo que pasó en el
callejón. Personas fueron heridas. Personas murieron.
Señalo hacia el ascensor, hacia Abby. —No me tienes que explicar
eso.
—¿Es verdad? Porque tú y tus amigos la han estado cuidando todos
los días a cada hora desde que llegó y el único visitante además del viejo
que tiene su custodia es este chico.
El detective me muestra una fotografía de Linus. —Sabemos que está
conectado a algo malo, lo que significa que la chica, tú y tus amigos están
preocupados por ser conectados a la misma cosa mala. Quizá le está
dando la misma información que necesitamos. Estas personas matan. Ya
sea a través de lo que venden o poniendo una bala en el cerebro de
alguien, son asesinos. Logan, si viste algo, no te encuentras exento de salir
lastimado o alguien a quien amas. Abby no está exenta de salir lastimada
de nuevo.
Guarda el teléfono y saca una tarjeta. —Tómala. Podrías necesitar
llamarme.
Acepto la tarjeta, él se va, y la dejo caer sobre el sillón del área de
espera. La tarjeta contiene su nombre, y su número. ¿Qué vendía Abby?
¿Mató a ese chico? ¿Abby es una asesina?
El mundo era más fácil cuando era capaz de ignorar que Abby
vendía drogas.
—Odia al pecado, no al pecador. ¿No es eso lo que dicen las
buenas personas? ¿O te preguntas en qué momento el pecado supera al
pecador? —suelta Linus en la silla cerca del sofá—. He visto esa mirada
antes. Es del tipo que la gente tiene antes de convertirse en un soplón.
Empiezo a entender porque Isaiah mantiene una distancia segura de
esta parte del mundo de Abby.
—Teniendo en cuenta que el buen detective te mostró las
fotografías, voy a mostrarte algunas mías.
—¿Qué te hace pensar que voy a ayudarte? —Mantengo el
contacto visual, en absoluto asustado por lo que sea que tenga que
ofrecer.
—Porque Abby se encuentra en peligro hasta que encontremos a
quién le disparó.
—No sé quién fue.
—Y eso es pura mierda. Incluso si lo niegas, viste algo. Necesito saber
qué fue. —Linus vuelve su teléfono hacia mí y en la pantalla se encuentra
uno de los chicos que vi correr antes de que le dispararan a Abby. Otro
deslizamiento de su dedo y aparece el chico número dos. Ninguno es el
tipo que vi salir del callejón de Abby—. ¿Viste a alguno de ellos?
—Estaba oscuro y me preocupaba encontrar a Abby.
Inexpresivo es la única expresión que este chico posee. —¿Eres un
verdadero chico Scout, no? No quieres decirme, entonces dile a Abby. Ella
sabe cómo se juega el juego. Si estás decidido a ser su salvador, hazme un
favor, sácala de la ciudad. Así no tengo que andar de niñero.
Sin otra palabra, se levanta y se va. Miro la tarjeta del detective.
Isaiah me preguntó qué tan sólida es mi posición en esto. Estoy firme por
Abby, firme en que necesita ayuda, pero no tengo la certeza de si vaya a
aceptar la ayuda que necesita.
20 Traducido por Kyda
Corregido por Itxi

Abby
Perdí una semana de mi vida en el hospital. Una semana de ventas.
Una semana de verano. Una semana de ver a mi abuela. Nunca he
estado tan aburrida e inquieta en toda mi vida.
Compruebo rápidamente mi ropa y salgo del baño. Isaiah se inclina
contra la pared al lado de mi bolsa de cosas que recogí durante toda la
semana. Ropa enviada por Rachel, libros de Isaiah —los del tipo sexy y
habría estado aquí otro día para verlo caminar hasta el mostrador para
comprarlos— y en la parte superior de la bolsa está mi premio de
ganadora de la feria estatal por ser una buena paciente, y el conejo que
Logan me compró. Su nombre es Francis y no le gusta estar dentro de una
bolsa. Es muy exigente para algo con orejas peludas y lleno de pelusa.
Isaiah hace gestos a la silla de ruedas. —Son bastante serio acerca
de que te montes en esta cosa para salir.
—Linus tiene chicos vigilándome en el hospital. Estoy bastante
decidida a caminar sobre mis propios pies. Tengo una pesadilla de
relaciones públicas en mis manos y tengo que demostrar que soy fuerte —
Hago una pausa para aspirar el coraje de comerme mi orgullo—. Gracias
por cuidar de mí cuando no podía protegerme.
—Te lo debo. Siempre lo haré.
—Lo has hecho bien tú solo —digo con una sonrisa triste, y la misma
sonrisa triste se refleja solamente en sus ojos—. Estás muy lejos del chico que
conocí hace años.
—Podrías cambiar, Abby.
—Oh, Isaiah, eres realmente lindo. —Guiño un ojo—. ¿Has pensado
en convertirte en un orador inspiracional? ¿Un consejero, tal vez?
Sus labios se curvan y luego caen hacia abajo.
—Después de esto —digo—, considera tu deuda pagada.
Está muy lejos del niño hambriento que conocí en un contenedor
cuando tiraba la basura de mi padre cerca del centro comercial en el bar
de su amigo. Compartí mi cena y almuerzo con Isaiah durante semanas.
Entonces convencí a mi tío Mac de contratarlo para la tienda de autos
cuando él era un desastre escuálido que seguía en la preparatoria.
Floreció de un niño que daba lástima al hombre que ganó a la chica que
ama y ahorra personalizando autos.
Una semana en un hospital, y un montón de tiempo para reflexionar.
Logan podría haber sido asesinado por mi culpa y no estoy bien con eso.
Estoy muy lejos de estar bien con eso. La idea de él muriendo crea lodo
negro en mis venas, constriñe mi pecho y mi mano agarra mi garganta
porque siento que no puedo respirar.
Isaiah tira de su pendiente inferior, lo que significa que algo lo está
carcomiendo, probablemente lo que se metió en su culo que lo convirtió
en alguien de fiar.
—Escúpelo. La angustia me molesta.
—Logan cree que te recogerá.
—Lo hará. —Me volteo al pequeño espejo sobre el lavabo. Debería
haberle pedido maquillaje a Rachel. No soy una chica del tipo de
cosméticos, pero me parezco a los restos de una fiesta de vampiros.
Rachel.
El dolor golpea rápido y profundo, y me doblo por el impacto,
aferrándome a los lados del lavabo para mantenerme de pie. Es una
sensación interna como si estuviera cayendo. Por un acantilado, desde un
avión, en un abismo. —¿Ya le dijiste a Rachel?
—Hice lo que me pediste con Logan, pero si quieres romper el
corazón de Rachel, vas a tener que hacerlo tú. —Hace esa maldita cosa
inquietante.
Pongo los ojos en blanco y lo enfrento de nuevo. —Tú eres el que no
quería que me convirtiera en su amiga. Amiga de ellos. Si no recuerdo mal,
me dijiste que retrocediera de todos ellos: Rachel, West, Logan.
—Te dije que tuvieras cuidado. Hay una diferencia. No tengo un
problema con que seas su amiga, tengo un problema con que seas una
traficante de drogas.
—¿Porque me hace malvada?
—Porque te hace miserable —espeta y la amarga sonrisa que
siempre está en mi cara cuando Isaiah y yo peleamos, desaparece.
—¿Crees que me gusta verte morir? Y no estoy hablando acerca de
verte recuperándote de una bala y del dolor. Has estado desangrándote
desde que vendiste tu primera bolsita. ¿Crees que me conoces? —Se
encoge de hombros—. Lo haces, pero también yo a ti. Puedes fingir todo
lo que quieras que eres un fantasma, pero sé lo que hay dentro de ti. Sé
quién eres en realidad.
Me trago el bulto formándose en mi garganta y tengo que soplar
aire para encontrar a la chica que no le importa. —Gracias por decirle a
Logan por mí. Será más fácil para él que la conversación haya venido más
temprano que tarde.
Meses atrás, le di a Isaiah instrucciones explícitas que si mi vida
laboral se derramaba sobre él, debía apartar a quien sea que haya
envenenado con mi presencia. Isaiah cumplió su promesa, al menos con
Logan, y tuvo una pequeña charla con él en un baño de abajo.
—No creo que funcionara como querías. Está decidido a quedarse.
Mis dedos se flexionan mientras recuerdo cuántas veces me
desperté esta semana con Logan junto a mi cama, sosteniendo mi mano,
su pulgar acariciando el punto sensible justo dentro de mi palma.
Hormigueos entran en mi torrente sanguíneo al recordarlo. Del buen tipo y
no tengo ni idea de cómo apagarlos.
Lastimar a Logan va a matar los buenos sentimientos. Lastimar a
Logan será como cortar lo que queda de mi alma ya marchita. —Él no se
sentirá de esa manera después de que se dé cuenta de que me fui y
cuando le digas exactamente con quién me fui.
—¿Esa persona seré yo? —Linus entra en la habitación y juro que la
temperatura desciende cincuenta grados.
—¿Tu madre sabe que dio a luz al engendro de Satanás o se
sorprendió cuando saliste?
Una vez más obtengo esa insinuación que a menudo confundo con
una sonrisa. —Vamos, Abby. No le gusta que lo hagan esperar.
Sintiendo que alguien está haciendo estragos en toda la carne de mi
cuerpo, cruzo la habitación, recojo mis cosas y meto mi conejito entre mi
brazo y mi cuerpo. Me quedo mirando la silla vacía, mientras las lágrimas
queman mis ojos y me tiembla el labio inferior. ¿Cómo le digo adiós a mi
mejor amigo?
—Necesito dos minutos con ella —dice Isaiah en ese tono bajo con el
que no muchas personas discuten. Cuando no hay movimiento detrás de
mí, él se convierte en un sargento de instrucción—. Ahora.
—Dos minutos —dice Linus y luego se escuchan pasos retirándose.
Sollozo y cambio mi mirada hacia el techo, odiando que mi visión
esté borrosa.
—No hagas esto, Abby. —Hay algo en su voz—. Quieres alejar a
Logan, West e incluso Rachel, entonces hazlo, pero no me apartes.
Aspiro profundamente y cuando me vuelvo a mirarle, mi sonrisa falla
mientras las esquinas de mi boca tiemblan. —¿Quién dice que esto tiene
que ver contigo?
Isaiah se mueve hacia mí, su mano frotando la brújula tatuada en su
antebrazo. —¿Entonces estás diciendo que te veré mañana? ¿En el taller?
Me encojo como lo hago normalmente. ¿Enojar a su jefe mientras
juego con herramientas que cuestan más que la casa de la abuela? No,
no lo hará y muerdo el interior de mi boca para evitar que el dolor se filtre.
—Logan podría haber muerto. No puedo hacer esto, Isaiah. No puedo
preocuparme por ellos… por ti.
Isaiah niega, una y otra vez. —Eres mi familia, Abby.
—Y tú la mía y tienes que dejar de cuidarme, tienes que cuidar del
resto de ellos. No te acerques a mí de nuevo y tampoco dejes que ellos lo
hagan. Tenías razón en temer mi amistad.
Logro dar un paso antes que agarre mi muñeca. —No lo hagas.
La piel del conejo es suave contra mi piel. El agarre de Isaiah es duro.
Ha sido mi mejor amigo desde que le entregué su primera Pizza Pocket. Ha
sido mi hermano desde el primer momento que caminó por la calle
conmigo voluntariamente, sin importarle quién era mi padre, indiferente de
lo que puede significar estar conmigo en las calles.
—Linus me llevará a Ricky. Eric está perdiendo su poder en las calles y
se está creando un vacío. Ricky intenta llenar ese vacío y me ha elegido
para ser parte. No puedo permitirme amigos y no puedo permitirme
alejarme.
Se retuerce como si lo hubiera apuñalado con mi cuchillo. —Ven
conmigo. ¿Es el dinero lo que necesitas? Lo averiguaremos.
Lo dice en serio. Isaiah lo dice más en serio de lo que podría
comprender jamás. —Lo que sea que tengas, no va a ser suficiente.
—¿Así que es por el dinero? —escupe—. Entonces ven conmigo.
Ahora mismo. Encontraremos otra manera.
—Y todavía no será suficiente. Estoy bien con mis opciones. —Me
estoy muriendo. Este dolor de dejar a la única persona que me ha amado
por tanto tiempo, incluso en mi peor momento, puede realmente matar a
lo que queda de la Abby que me gustaría poder ser, pero no importa lo
mucho que me preocupo por él, lo mucho que anhelo estar con Logan,
amo mucho más a mi abuela.
Levantándome de puntillas, presiono mi mano en su mejilla, y beso la
otra. Isaiah aplasta sus manos a cada lado de mi cara, me besa en la
frente y luego me mira fijamente a los ojos. —Siempre te deberé. No me
importa lo que sea, si me necesitas, llama.
Asiento, porque hablar causaría que la humedad ya flotando en mis
ojos caiga y el llanto no es un lujo para la gente como yo. Mientras me
alejo, Isaiah sabe que no voy a llamar. Sabe que las opciones que estoy
haciendo son inamovibles para siempre.
Linus se me une mientras camino por el pasillo y cuando abre la
boca, lo interrumpo—: Di algo astuto y voy a patear tu maldito culo con
tanta fuerza que ni siquiera un respirador te ayudará a volver a respirar.
Esta vez, sus labios sí se curvan. —Bienvenida de vuelta, Abby. Te
hemos extrañado en los últimos meses.
Linus llega al ascensor primero y presiona el botón. Qué apropiado.
Apuesto a que tiene una llave que conduce directamente al infierno.
—¿Ese espectáculo triste significa que estás a bordo? —pregunta
Linus.
—Los aparté —contesto—. Los alejé a todos. Cualquiera que sea la
parte que Ricky quiere que yo juegue, estoy dentro. Es decir, siempre y
cuando cumplan su parte del trato.
Linus estudia el conejito como si nunca hubiera visto ninguno, y
probablemente no lo ha hecho, junto con la alegría, la felicidad y las risas.
—La última vez que hablé con Logan, parecía empeñado en protegerte.
Y es mutuo. —Le di un beso antes que me dispararan y hace unas
horas le dije que me podía recoger. Ahora me voy contigo. ¿Conoces
muchos chicos que estarían de acuerdo con eso?
—Eso es malvado.
Lo sé. —¿No es eso lo que querías de mí? ¿Mozart en la forma de una
chica de diecisiete años de edad?
Levanta las cejas en señal de aprobación. —Sí.
El ascensor suena, las puertas se abren, y entramos. Mi conejito
todavía unido a mí costado. Las puertas se cierran y cuando comenzamos
nuestro descenso, Linus dice las palabras que anhelo oír. —Le dije a Ricky
que yo fui el que vio al tirador. Logan está a salvo. En cuanto le compete a
los demás, tu chico te tomó de mis brazos cerca de la entrada del callejón.
Él nunca vio ni una cosa.
El aliento que libero es inestable. Así que esto es lo que se siente
vender oficialmente lo que queda de mi alma. —¿Qué le dijiste a Ricky?
¿Qué le dijiste que viste?
—Lo mismo que tu chico te dijo. Toqué a los dos que Logan vio
corriendo desde el callejón y luego di la misma descripción vaga del
tirador. Ricky se creyó que se hallaba demasiado oscuro para poder
distinguir. Tu muchacho no te habría hablado de los dos chicos si sabía que
vendrías corriendo a mí con esa información.
Linus tiene razón, pero vi la oportunidad de proteger a Logan y me
aferré a ella como un salvavidas después que el Titanic se hundiera.
—El problema con tu plan es que todavía no sé quién te disparó.
Tiene razón de nuevo y otra parte de mí desea que quien intentó
matarme lo intente de nuevo y esta vez tenga éxito. Nunca supe que
podía doler tanto. La clase en donde todo tu cuerpo vibra con el dolor. —
Por lo último que supe, tu trabajo con Ricky significaba mantenerlo a salvo
y a sus distribuidores. Tienes un trabajo que hacer, hazlo, y voy a seguir
haciendo el mío.
Lo que Ricky ha planeado para mí es enorme porque como Linus me
explicó anoche, fue puesto recientemente a cargo de mi protección. —Sí,
señora.
Los números siguen bajando. Tres. Dos. Uno.
Antes que las puertas tengan la oportunidad de abrirse, presiono el
botón para mantener las puertas cerradas. Linus no dice nada mientras me
mira con aburrida curiosidad.
Inhalo una vez y luego exhalo, desesperada por el frío indiferente
que me ayudará a existir en este nuevo modo de distribuir. Eso me ayudará
a ser insensible, a alejarme de todas mis amistades… a alejarme de Logan.
Estar cerca de Logan era como un baño caliente después de un día
frío, sol cálido a través de una ventana, terciopelo y seda contra la piel. Era
una mano fuerte sobre dedos aterrados. Un conejo de peluche que se
abraza durante una noche agitada. Fue maravilloso y liberador, perderlo
es horrible.
Exhalo fuertemente para enmascarar rápidamente el dolor en mi
corazón, libero las puertas y dejo el ascensor para entrar en el infierno.
21 Traducido por florbarbero
Corregido por Itxi

Logan
Practicar con una banda no se parece en nada a estar en el
escenario. En su mayoría es tocar los mismos acordes en varias ocasiones,
escuchar al cantante discutir con el bajista y el baterista sobre qué
canciones deberían tocar o porque se encontraban fuera de ritmo.
Es mucha rutina y control. No era lo que anhelaba.
El resto de los chicos no están discutiendo ahora. Tocan una versión
que estamos haciendo. Intentando que una canción pop suene como
metal pesado. Es una idea genial. Se compenetran y voy a tocar una vez
que averigüen cómo arreglarla.
Estamos en el sótano de la casa del cantante. Las paredes son
paneles, por lo que la acústica es horrible. Un destello de luz solar aparece
cuando la puerta de la parte superior de la escalera se abre. Sly se encoje
para no golpearse la cabeza y luego se endereza cuando llega al suelo de
baldosas.
Los chicos lo saludan con golpes de puño y un rápido abrazo. Sly
solía tocar con ellos, cuando tenía mi edad, y se hallaban en la
secundaria, pero luego su talento mejoró. Los superó, la banda le quedó
pequeña, y al final se trasladó a otra, pero estos chicos siguen siendo sus
hermanos.
Se acerca a mí y coloco mi guitarra en su estuche. —¿Cómo estuvo
el viaje?
—Jodidamente genial. —Sly sonríe de oreja a oreja—. Las chicas, la
cerveza, la música y el camino abierto. No hay nada mejor que eso.
Abre una pequeña nevera en el otro lado de una barra, saca una
cerveza, y señala con el pulgar hacia la puerta. —¿Quieres algo? Tienen
agua allí.
Niego con la cabeza.
—¿Cómo va la banda?
Cuando no respondo de inmediato, se ríe. —¿Todavía apestan?
Sonrío. —No más que yo. Gracias por conseguirme esto.
—No hay problema. Este es un buen grupo para que puedas ver si
realmente te interesa tocar. —Desde el otro lado de la barra, Sly se inclina
hacia mí—. Hablé con tu madre la semana pasada. Me puso al corriente.
Lo que significa que sabe de Abby y el tiroteo. Sly fue el primer novio
serio de mamá después del divorcio. Es más joven que ella, por mucho,
pero vivieron juntos durante más de dos años, hasta que ella encontró a su
alma gemela número tres. No sé cómo lo hace, pero encuentra una
manera de obligar a estos chicos a seguir siendo sus amigos, incluso
después de que los aplasta cuando los deja.
—¿Está todo bien? —pregunta.
—Sí. Abby saldrá del hospital hoy. —Compruebo mi celular. Me dijo
que la recogiera a las dos y media, de esa manera puedo llevarla a casa
a las tres para ver a su abuela.
Con la cerveza colgando entre dos de sus dedos, me mira. —Es
bueno saberlo, pero preguntaba acerca de tu diabetes. Tu mamá dijo que
tus análisis no salieron bien. Han estado muy altos durante mucho tiempo
por lo que tu padre quiere que veas a un especialista.
Inmediatamente miro a los otros chicos de la banda. Todavía se
encuentran envueltos en su discusión sobre la canción.
Sly bebe la cerveza. —¿Sigues manteniendo la diabetes en secreto?
—No es asunto de nadie.
Termina la cerveza y la coloca sobre la mesa. —Cuando eras un
niño, lo entendía. Nadie quiere sobresalir. Nadie quiere ser diferente y dar a
la gente una razón para meterse con ellos, ¿pero ahora? No le encuentro
sentido.
Me rasco la parte posterior de la cabeza en un intento de aliviar la
molestia. —No estoy preocupado por algún matón de tercer grado
empujándome en el patio de recreo.
—¿Qué es exactamente de lo que estás preocupado? —Sly me
recuerda a Isaiah con los tatuajes y aretes, pero Sly demuestra un destello
de dureza donde Isaiah proyecta puros problemas.
—Cuando la gente te mira, ¿qué es lo que ven? —pregunto.
Me mira de reojo mientras intenta procesar mis palabras. —No lo sé.
Algunos me ven como un punk. Algunos como un amigo. Cuando estoy en
el escenario, la mayoría de la gente me ve como una estrella de rock.
¿Qué tiene eso que ver contigo diciéndole a las personas acerca de tu
diabetes?
—Yo juego a la pelota, ¿verdad?
—También puedes tocar la guitarra de forma decente. Inteligente
como el infierno. Confiable. —Ensancha los ojos para burlarse—. Y te gusta
caminar por el borde de la locura.
Asiento, todo eso es cierto. —Pero cuando entras en una habitación
y me ves, ¿qué es lo primero que piensas?
El rostro de Sly cae y se cubre la boca con la mano como si pudiera
ocultar su reacción, pero sé exactamente lo que ve: la diabetes.
—Cuando las personas lo saben, eso es todo lo que soy para ellos,
todo lo que van a ver. Quiero más que eso.
Sly se inclina hacia adelante en la barra. —Logan…
Mi celular suena, interrumpiéndolo. El número de Isaiah aparece en
la pantalla. Deslizo mi dedo para aceptar. —Sí.
—Abby se fue —dice.
Me alejo de Sly. —¿Qué? ¿Qué quieres decir con que se fue?
—Se fue —explica—. Con Linus.
Mis pensamientos se mueven demasiado rápido, tratando de darle
sentido a lo que dice. —Me pidió que la recogiera. —Me eligió.
—Lo sé, pero acaba de irse con Linus.
Me quedo en silencio. Sus palabras me hunden.
—¿Recuerdas lo que te dije acerca de caminar hacia alguien que
sigue alejándose? —dice Isaiah finalmente.
—Sí —le digo, y pienso en Abby, sosteniendo su mano en el hospital,
la sonrisa genuina en su cara cuando la mierda loca que hacíamos le
daba risa… el beso que compartimos.
—Nos vemos en la tienda de autos —dice Isaiah—. Tenemos que
hablar.
22 Traducido por Sandry & Janira
Corregido por Daliam

Abby
Si los caballos fuesen fáciles de volver a montar, entonces los carros
nunca hubiesen sido inventados y todos tendríamos una gran mascota
familiar viviendo en la cochera. Pero así no es cómo resultó ser el mundo.
En algún punto del camino, alguien se cayó y decidió que el gran
monstruo era aterrador e inventó otra forma de viajar.
Puede que no me cayera de un caballo, pero tuve un golpe muy
duro y tengo que encontrar otra forma de ganar grandes montones de
dinero.
El día es caliente, y aún sigo con la capucha puesta. El sudor se
acumula en mi cuero cabelludo y mi hombro se encuentra en carne viva
por la fricción extra. Usualmente, no uso capucha durante los negocios en
el verano. Solo traería conmigo una pequeña cantidad de provisiones y
fajos de dinero que cupieran fácilmente en mis pantalones. Nunca me di
cuenta cuan arrogante era hasta ahora. Hasta que me sentí total y
completamente expuesta.
El cuchillo en mi bolsillo trasero no me da confianza, pero la idea de
terminar con unos mil dorales mantiene mis pies en movimiento.
Hago los negocios en autos. Es más privado de esa forma. Dinero y
drogas deben ser distribuidos en secreto, lejos de ojos fisgoneando por la
ventana y parabrisas. La mayoría de las veces, hacemos el trato mientras
la persona conduce. Eso solía darme una sensación de empoderamiento.
Yo contaba el dinero, los ojos de mis clientes se movían rápidamente para
ver que recibían todo por lo que pagaron, y una vez que el negocio
estaba hecho, el cliente me dejaba en la siguiente esquina.
Si conducían una cuadra más allá de lo que pedía, les mostraba una
navaja, informándoles que me aseguraría de que nunca encontraran otro
comerciante si no se detenían. Eso solo pasó una vez, y luego no volvió a
pasar. Por lo último que oí, esa persona seguía tratando de encontrar un
traficante decente.
No tengo auto propio. No tengo licencia y apenas se conducir, pero
en los últimos años, nunca dudé en relajarme en el asiento delantero de
otra persona, por entonces, no me habían disparado nunca.
El Nissan de Houston se encuentra en el extremo del centro
comercial, y mi corazón se acelera. Puedo hacer esto. No tengo opción.
Estoy siendo probada. Tengo que probar que la bala solo me perforó la
piel y no mi valor.
En un bonito Lincoln oscuro, Ricky y Linus nos observan. Mi propia
versión desastrosa de un programa de telerrealidad.
Mi celular suena y el rostro de Rachel aparece en la pantalla. Mi
corazón se hunde. Es mi mejor amiga. Bueno, la chica a la que declaré mi
mejor amiga. Hace varios meses, entré al taller de Mac y la encontré
enamorándose de Isaiah. Imaginé que si le podía gustar él, entonces
también le podría gustar yo. Tal vez tuviera un poco de normalidad.
No esperé que me agradara. No esperé que me agradase de
verdad. En realidad, no esperé una amistad pura y extrañarla. Para
protegerla, rechazo la llamada. No pasa mucho para que mi celular suene
con un mensaje de voz y luego vuelva a sonar con un mensaje de texto.
Rachel: Nunca perdiste la fe en mí cuando los doctores dijeron que
no caminaría de nuevo. No voy a perder la fe en ti porque les dijiste a
todos que no serías nuestra amiga. Sigo siendo tu amiga. Ese es el asunto
con las relaciones, no son dictaduras.
Un zumbido en mis venas demanda contestarle el mensaje, que
recupere la amistada que valoro profundamente, pero amo demasiado a
Rachel para hacerle esto. No quiero ponerla a ella, o a alguno de nuestros
amigos, en peligro.
Guardo el celular, me limpio las manos en los pantalones y camino
por la acera rota. Este vecindario le pertenecía a mi padre. Es donde su
padre vivió y donde papá se crió durante la semana, cuando no pasaba
los fines de semana con su madre, mi abuela. Es donde construyó su base
de clientes. Estas calles eran donde yo, a menudo, jugaba mientras él
trabajaba.
Sin embargo, estar aquí hoy es un anuncio de que estoy de nuevo
en las calles. Una advertencia de que voy a recuperarme rápidamente
para todos los que piensan que pueden asesinarme.
Mi vuelta también se siente como un gran anuncio de neón
señalando donde me encuentro y retando a alguien a dispararme otra
vez.
Cuando llego a la puerta del lado de conductor, Houston menea los
dedos en forma de saludo como un niño de tres años, y sonríe como uno,
también. Esta es la razón por la que lo escogí para mi primera venta, es
relajado y con menos posibilidades de tener una escopeta.
Me deslizo en la parte delantera y cuando cierro la puerta, presiona
el acelerador. —Ha pasado bastante tiempo desde que hicimos esta
rutina.
Confié lo suficiente en Houston y en algunos de sus hermanos de
fraternidad para encontrarnos en un lugar establecido. Un bar, un salón de
billar, donde sea que fuera más fácil en el momento. —Cierto.
—¿Es por la policía de narcóticos? —pregunta.
—Sip —Nop, pero es una gran excusa. Linus fue capaz de trasferir mis
números y todos mis datos del celular que aplasté a uno nuevo y fui capaz
de pasar a mis clientes a esta semana. Algunos no se hallaban contentos,
pero culpé a la cadena de abastecimiento.
—¿Seguro que no tiene nada que ver con el gran tráfico de drogas
ejecutándose hace unas semanas atrás? Alguna venta salvaje y loca se
cayó la noche que hablamos por última vez.
—No recuerdo darte permiso para hacer preguntas personales. Te
sugiero que cambies de tema o te calles.
Houston pierde su sonrisa de siempre y odio ser la causante.
—No quiero sonar como malagradecido, pero ¿cuánto tiempo
vamos a estar a prueba contigo? Tratar que diez chicos suelten todo su
dinero antes de venir aquí fue un dolor en el culo. Todos trataron de
decirme que me pagarían después.
Bufo y Houston rompe en una sonrisa mientras va a la derecha en
una luz roja. Aprovechando nuestro último encuentro con la policía de
narcóticos, hice que Houston actuara de mediador entre sus hermanos de
fraternidad y yo. Eso me dio algo de tiempo para volver a ganar confianza
en las ventas. —Bienvenido a mi mundo. ¿Te enamoraste de él?
—Infiernos, no. Tenemos un buen tramo sin semáforos si quieres hacer
eso.
Saco del bolsillo de mi capucha, marihuana para diez chicos de
fraternidad, que por cierto, sería un delito grave, ya sea de mi parte o de
Houston si somos detenidos. Pero eso no es lo que me hace sentir nerviosa.
Pensar en estar junto a la pared, el recuerdo del miedo fluyendo por mis
venas mientras corría, el sonido del arma mientras disparaba… Mis
pulmones se contraen y estoy a punto de hiperventilar.
—¿Dónde quieres esto? —pregunto.
—En el fondo de la mochila estará bien. Tu sobre de dinero se
encuentra allí en algún parte.
Busco en su mochila repleta de carpetas, libros y hojas de papel
sueltas. Uno de los libros se titula Ingeniería Aeroespacial. Santo Dios, no es
que alguna vez haya estado en un avión, pero ahora, definitivamente,
nunca volaré los cielos amistosos. —Eres un jodido acumulador, ¿no?
—Prefiero el término “Organizado descuidadamente.”
Escondo la bolsa del tamaño de tres kilos de marihuana bajo su
desorden de mierda y saco mi sobre. Un conteo rápido confirma que me
pagaron todo.
—¿Lista para que te deje o quisieras salir por un rato? ¿Tal vez
compartir por qué luces como algo que apenas logró salir de la semana
de novatadas?
Mis ojos se mueven rápidamente del espejo del asiento del pasajero
al espejo retrovisor. El auto detrás de nosotros es diferente al anterior. —
Voltea en U en la gasolinera y luego vuelve por donde vinimos.
Lo hace y odio cómo sigue lanzándome miradas como si fuera mi
amigo o algo así. Renuncié a mis amigos y no necesito renunciar a nada
más.
—¿En verdad hubo problemas con los suministros la semana
pasada?
No, no los hubo. Miro los espejos otra vez. No hay autos detrás de
nosotros. Mi estómago se retuerce, se desenrolla y vuelve a retorcerse otra
vez. La paranoia viene con el territorio de este trabajo, estoy caminando
en una línea muy delgada. Houston fue mi venta fácil, el resto puede ser
cuestionable, y necesito calmar los nervios.
Hay un zumbido con un mensaje de mi siguiente comprador. Su
nombre es Karl y es un cliente nuevo. Lo acepté para hacer feliz a Ricky,
pero el tipo me da escalofríos. Cada que vez que me encuentro cerca de
él, el vello de mis brazos se pone en punta y soy bombardeada por
imágenes suyas torturando cachorros con cigarros mientras ve porno en
internet.
Suelto una respiración inestable ya que tengo que venderle a Karl
después, mi rostro se pone caliente e inclino la cabeza contra el frio vidrio
de la ventana. No permitiré que Karl se aleje de la acerca. Rick dirá algo,
pero no me importa. Este negocio se hará a un grito de distancia. Puedo
hacerlo. Puedo hacer mi trabajo.
Después seguirá Oscar. A Oscar le gusta tratar de tocarme
“accidentalmente”. Mis muslos. Mis pechos. Nunca llega más allá de sus
“accidentes” y nunca dura más de un segundo. Venderle a Oscar resulta
en duchas calientes que casi causan quemaduras de tercer grado, pero
compra más que la mayoría y mantiene segura a mi abuela.
—Abby —presiona Houston—. ¿Te encuentras bien? En serio, luces
como mierda.
—Detente aquí.
Ya que ha jugado este juego antes, lo hace sin discutir. Pongo los
dedos en la manija y cuando abro la puerta, dice—: Si tienes problemas,
puedo escucharte.
Genial. Incluso mis clientes piensan que son loqueros. —La próxima
vez quiero billetes más pequeños —Salgo del auto con facilidad y me alejo.
Uno de los negocios hecho sin morir. Quedan muchos más para terminar.
Por primera vez, estoy agradecida por la rampa que sube el pórtico
de la abuela. Los pies y las piernas me duelen, mi estómago chapotea, y
mi cabeza y el hombro me hacen daño. Agarro débilmente una bolsa de
antibióticos y desearía poder tomar los analgésicos que el médico también
me prescribe, pero una vez más, no poseo el lujo del tiempo, ni siquiera
para sanar.
Son las once de la noche. No puedo decidir si llego pronto o tarde.
No he visto a la abuela en mucho tiempo. No he visto ni una pizca de mí
misma en lo que se siente como una eternidad. Hoy se rompieron
corazones, incluido el mío. Se realizaron ofertas. Mi jefe y mi
guardaespaldas se encontraban contentos. De alguna manera, me siento
aterrorizada, exhausta y hueca.
Las grandes puertas de roble gimen cuando las abro y hacen un
sonido metálico que escucho cuando las cierro detrás de mí y las bloqueo.
Las bloqueo triplemente. Con el pomo, la cadena y luego el cerrojo. No es
que las cerraduras prohibieran el paso a un tirador, pero he mantenido
este lugar en secreto como lo hizo mi padre. Con suerte, voy a ser capaz
de mantenerlo en secreto un poco más de tiempo.
Me vuelvo y se me sube el corazón a la garganta. Un rápido
reconocimiento y la succión del aire me impide gritar, pero la gran porción
de ira me está animando a gritar de todos modos. Sentado en las
escaleras se encuentra el pelo negro, hombros anchos y un colgante llave
de un dedo —mi llave— y él es la última persona que necesito ver ahora...
él es la única persona que quiero ver ahora mismo... es Logan.
—¿Qué estás haciendo aquí? —susurro y luego lanzo las manos al
aire—. Olvídalo. No importa. Fuera.
Siendo Logan, no dice nada. No hace nada. Es un muro que nunca
cambia de color.
—¿Me estás acosando? —escupo, entonces una oleada de dolor se
extiende a través de mí. Sé que no lo estaba. Cada día que estuve en el
hospital, Logan llegó aquí a las tres y le leyó a mi abuela y luego vio cómo
se encontraba todas las noches porque él sabía que yo estaba
preocupada de que ella se fuera a dormir, ya que algunas noches le eran
más dolorosas que las demás. Y entonces él me enviaba un mensaje para
hacerme saber cómo se encontraba.
—Escuché con quien te dejaron —dice en un tono uniforme y sin
vida—. Supuse que estarías trabajando. Es mi culpa si no querías saber
cómo se encontraba.
Mi teléfono me quema en el bolsillo trasero y pienso en el zumbido
que he recibido antes de caminar por la rampa. Es como si alguien hubiera
metido la mano y estuviera aplastándome la aorta. No hay duda de que
el mensaje era de Logan. Me fui con Linus, sabiendo que eso le haría daño
a Logan, y Logan aun comprobó a mi abuela por mí.
Me tiembla el cuerpo y me giro lejos de Logan porque no sé qué
hacer, qué decir. La televisión está baja en la sala de estar, finalizando las
noticias, y sigo el sonido, preguntándome cuántas veces pasaron los
disparos del callejón la semana pasada, preguntándome si mi nombre fue
mencionado.
Inclino el hombro en la puerta y Nate sonríe cuando me ve. —
Bienvenida a casa, Abby.
Asiento, porque estoy demasiado cansada y agitada para hacer
otra cosa. —¿Se encuentra bien?
—Ha sido una semana difícil para ella, pero lo soportó. —Nate es el
mejor enfermero nocturno sobre la faz del planeta. Fuerte, amable, un ave
nocturna por naturaleza. El orgulloso hombre negro que puede levantarnos
como unas pesa a mí y a abuela a la vez. Tres veces a la semana, hace
bromas mientras ayuda a levantar a la abuela en la ducha mientras Nadia
la baña—. Tu amigo fue una gran ayuda.
Por supuesto que sí. Logan es de los buenos. El héroe. El correcto. El
moral. El justo. Sentado en las escaleras de la casa llena de gente
malditamente en medio.
—¿Ha estado durmiendo bien por la noche? —Mis ojos caen
automáticamente al monitor para bebés junto a Nate en el sofá. Ha
habido muchas noches en las que él se sentaba junto a la cama de mi
abuela porque se ha vuelto temerosa de la oscuridad cuanto más se
hacía mayor.
—Anoche fue duro, pero creo que lo pasará mejor una vez que te
vea de nuevo. ¿Cómo te va?
Encuentro la fuerza para guiñar a Nate. —Eso ha sonado muy
parecido a una pregunta personal.
Él sólo parpadea esa gran sonrisa blanca y se ríe. —Solo conversaba.
Pareces muerta. Ve arriba y duerme por la noche. La Señora Lynn no
estará feliz por la mañana si te ves así de mal.
Nate sabe que la abuela podría no reconocerme, pero es uno de
esos tipos buenos que tratan de decir cosas para hacerme sentir mejor.
Nate vive conmigo en la tierra gris. Yo pago a mis tres enfermeras en negro,
en efectivo, todo ello sin que el Tío Sam recoja sus impuestos.
Cuando me giro hacia las escaleras, Logan todavía se encuentra
sentado allí. No era un sueño o una alucinación.
—¿Por qué estás aquí? —No hay ira en mi voz, simplemente
agotamiento. Le hice daño hoy. No debería querer estar cerca de mí.
Logan girar la llave en su dedo. —Isaiah me lo contó todo. El cómo
estás intentando rechazarnos a todos.
Un largo suspiro cansado se me escapa de la boca. Nunca conté
con eso. —¿De verdad? ¿No ha visto una película o leído un libro? No es
así como funcionan las cosas. Necesito su ayuda, él me la da, entonces se
lleva el secreto a la tumba. Necesitaba que el malentendido manipulador
funcionara. Las personas no deben hablar entre ellas. Especialmente
ustedes dos. Los hombres no se suponen que tengan conversaciones
reales. Colocar correctamente sus roles de género.
Logan finalmente rompe su apariencia de pared de piedra mientras
sus labios se curvan hacia arriba y luego vuelven a bajar. —Que le alejaras
le cabreó.
Chicos estúpidos y el averiguar que tienen sentimientos estúpidos. —
No cambia nada.
—Tal vez lo hace. Tal vez no. ¿De verdad quieres hablar de esto
aquí? —Sus ojos vagan a donde Nate se halla sentado. Yo pago a mis
enfermeras y enfermeros tan bien que podría pavonearme desnuda con
una olla pegada encima de mí y ellos guardarían silencio, pero mantengo
mis negocios en secreto para protegernos a todos.
Sn tirar, empujar, y patear a Logan por las escaleras, puedo decir por
el conjunto rígido de su mandíbula que está empeñado en hablar, y
seamos honestos, Logan es enorme y ganaría el concurso físico de empujar
y tirar. —De acuerdo.
Me fatigo por las escaleras, caminando alrededor de él,
aferrándome a la barandilla. Mis ojos se siguen cerrando por su propia
voluntad y caerme por las escaleras apestaría de verdad. Caerme por las
escaleras y que Logan se pusiera todo como un héroe y me cargara,
apestaría aún más.
Las escaleras crujen mientras Logan se detiene y luego sigue. Debo
seguir yendo a mi habitación al final del pasillo y cerrarle la puerta en la
cara, pero mi corazón hace una pausa en la primera habitación en la
parte superior de las escaleras.
Es la habitación de la abuela. La habitación de en frente. La que
compartían sus padres y sus abuelos antes que ellos. En la que ella se mudó
a la vez que mi padre. Cuenta con cortinas blancas que ahora están
ligeramente amarillentas con el tiempo. Papel tapiz con diseños de
fantasía se enroscan alrededor de la placa base. Muebles que se hicieron
nuevos con la casa y es todo de madera sólida, fácilmente de cien años, y
podría resistir plagas, guerras y desastres naturales.
El calor del cuerpo de Logan me calienta la espalda y me susurra—:
¿Te recuerda? Cuando la visitas cada día, ¿te recuerda?
Logan se mueve y la pesada pausa me da la respuesta. —No.
Asiento porque me duele demasiado como para reconocer la
respuesta con palabras.
—Tengo que verla. —Pero no debería. Debo esperar a mañana.
Entrar ahora podría despertarla y asustarla. Si su mente no está en el lugar
correcto, podría entrar en histeria, llorando y gritando, y rompiendo lo que
queda de mi corazón ya destrozado, pero ahí está el dolor de anhelo en
mi interior. Esta necesidad, que se sostiene, al ser amada
incondicionalmente, que alguien me diga que todo va a estar bien. Todo
lo que la abuela solía hacer antes de que el diablo le maldijera la mente.
Un roce de dedos en mi espalda y el contacto físico después del
duro día es como un buen remojón en el sol. Mis músculos se derriten.
—Entra —dice—. Esperaré.
Logan empieza a bajar las escaleras, pero le detengo. —Puedes
esperar en mi habitación. Es la habitación al final del pasillo. Puede que
lleve un rato.
—¿Has comido?
Di no. No te apoyes en Logan más de lo que ya lo haces. Hoy iba a
alejarlo.
—Tengo hambre, Abby, y necesito alimentos. Si tú no comes, yo no
como, y cosas malas suceden cuando no como.
Tengo que esforzarme para mantener el sonido de la risa bajo. —
¿Eres un gremlin desquiciado?
—Algo así. ¿Qué dices? ¿Comida?
—Eso no significa que vaya a dejar entrar de nuevo en mi vida a
cualquiera de ustedes.
Mi corazón palpita cuando sus dedos me acarician la espalda de
nuevo. Logan se inclina hacia mí y su aliento caliente baila cerca del
punto sensible detrás de mi oreja. —Eso no significa que no vayas a
cambiar de opinión.
Entonces, como si ese momento no hubiera sucedido, Logan trota
por las escaleras como si el tocarme no le afectara. Dios, en realidad a
veces lo odio.
Tengo cuidado de estar en silencio mientras entro de puntillas,
incluso tengo demasiado miedo de que mi peso sobre las tablas del suelo
de madera de abajo cree un sonido que podría sacudirla.
La Abuela está tumbada sobre su espalda, la cabeza vuelta hacia
un lado, con el pelo blanco suelto sobre los hombros. Ha perdido tanto
peso en el último año que es un poco más que un bulto en la cama y en
las últimas semanas le han colocado un respiradero de la boca. Una
bendición y una maldición. Una bendición porque no tengo que alejarme
demasiado para asegurarme de que todavía está viva cuando está tan
quieta, y una maldición, porque no me gusta que le cueste tanto respirar.
Desprecio que el doctor diga que su pérdida de peso es normal. Eso
sugiere que la vejez se está poniendo al día con ella y la naturaleza sigue
su curso. Cuando era niña, creía que la abuela era inmortal y todavía
necesito que lo sea.
Me había despertado y me hallaba gritando. Incluso con los ojos
abiertos, todavía la vi allí. La mujer de negro. La mujer que me iba a llevar.
—¡Abby! —La abuela se precipitó en mi habitación, encendiendo la
luz, alejando a la pesadilla.
Se bajó inmediatamente a mi cama, callándome, sosteniéndome,
acariciándome el pelo. —Es un mal sueño, niña. Sólo un mal sueño.
Sollocé y respiré demasiado rápido mientras las lágrimas seguían
apareciendo por mi cara. La Abuela había seguido hablando, su voz
tranquila y me centré en ese sonido dulce y luego en su toque y cómo
nunca vacilaba. La abuela no era nada como la mujer de negro. Ella
nunca me asustaba.
—¿Qué piensas? —preguntó—. ¿Necesitamos otro fuerte?
Asentí con la cabeza y me tomó unos minutos más para que la
abuela me convenciera que la dejara ir mientras estrechaba mis dedos
sobre su camisón. La dejé ir, creyendo que no se iría, y La abuela construyó
la fortaleza. La misma fortaleza que me construía cada vez que la pesadilla
se burlaba de mí.
Uno por uno, colocó todos los animales de peluche que poseía en la
cama, creando una pared entre mí y el mundo que me asustaba.
—Coseremos mañana —dijo la abuela—. Tú y yo. ¿Eso suena
divertido?
—No soy buena en eso —susurré mientras me acurrucaba
profundamente bajo la colcha que había hecho por mí—. Mis puntos están
todos mal.
—La vida no se trata de la perfección. Se trata de pasar tiempo
contigo.
Nunca fui buena en la costura. Me atascaba los dedos cuando
completaba una puntada recta. Pero La abuela siempre era paciente.
Siempre entendía. Siempre se encontraba allí. Y a causa de su fe en mí,
siempre me quedaba quieta mientras trabajábamos en un edredón
enorme juntas. Apreciaba ese tiempo juntas. Yo era de ella y ella era mía y
de alguna manera le pertenecía.
Abre los ojos y me congelo, rezando para que no me vea. Rezando
para que los cierre de nuevo y se duerma de nuevo. Pero parpadea. Otra
vez. Un par de veces más. —¿Abby?
Mi garganta se bloquea y la emoción me embarga al punto de que
las lágrimas me llenan los ojos. —Soy yo.
Su cabeza se mueve mientras mira el cuarto. —¿Tuviste un mal
sueño?
—Sí. —Un sueño terrible. Uno que incluye tráfico de drogas, recibir un
disparo, hacer amigos y perder amigos, enamorarse de alguien y dejarlos
ir.
—¿Está tu padre en casa? —La mente de la abuela, cuando decide
funcionar a un nivel razonable, reside en que ella se encuentra más
cómoda conmigo, a las ocho y papá sigue cuidando de las dos.
La abuela odiaba lo que papá hacía para ganarse la vida. Cada
noche, cuando la abuela me metía en la cama, me decía que yo iba a
crecer hasta ser mejor que él. Supongo que soy una decepción.
—No, papá no está en casa todavía. —Jamás. El juez parecía
bastante serio acerca de la cadena perpetua—. Creo que tiene que
trabajar hasta tarde esta noche.
—Es un hombre complicado —dice como creyendo que tiene
fuerza, pero la abuela no tiene ninguna. Perdió la capacidad de valerse
por sí misma hace meses y sólo puede sentarse durante algún tiempo antes
de temblar—. Tenía la esperanza de que cuando te trajera a casa, hiciera
algunos cambios en su vida.
Recuerdo a la abuela antes de que su piel fuera delicada y antes de
que las arrugas le cubrieran gran parte del rostro. Su piel es translúcida
ahora y sus ojos no se ven muy bien. Los últimos cinco años han sido
brutales, para las dos. Me siento en el borde de la cama y le meto el pelo
detrás de la oreja. —¿Recuerdas cuando solíamos vestirnos y jugar al té?
Mi mejor vestido, ella me rizaba el pelo, las dos llevábamos guantes
blancos.
La abuela me concede la misma sonrisa que me daba cada
mañana que me despertaba y cada noche cuando me iba a la cama. —
¿Quieres invitar a tu padre a tomar el té de nuevo? Se ve bien cuando se
viste de gala.
El recuerdo de mi padre trayendo a casa un esmoquin y una comida
"de lujo" para mí y para mi abuela en mi séptimo cumpleaños es un abrazo
y un cuchillo en el pecho. —Me dijo que cuidara de ti.
Los ojos de la abuela revolotean mientras pone su mano sobre la
mía. —Es lo que me dijo cuándo te trajo a casa. Me alegro de que te
encontrara.
—Yo también me alegro de que lo hiciera.
Cierra los ojos, y esta vez mientras duerme, la abuela no arrastra
respiraciones superficiales, sino el aire profundamente por la nariz. Con el
tiempo, luego de un rato sus ojos parpadean bajo sus párpados cerrados.
Ese momento fue un regalo. Un regalo raro. El período de tiempo puede
haberse acabado, pero me recordaba.
La abuela es la única persona que queda que me conoce, mi
verdadero yo, y cuando olvide, me pregunto si las únicas cosas buenas
sobre mí morirán junto con ella y con sus debilitados recuerdos.
23 Traducido por florbarbero
Corregido por Meliizza

Logan
Entro por la puerta trasera y luego la cierro detrás de mí, pensando
en cómo Abby se encerró cuando entró, antes. Desde que la conocí,
siempre me ha parecido grandiosa, una criatura inalcanzable que sólo
existe en los mitos pero pretende ser de carne y hueso como el resto de
nosotros.
Pero si verla en una cama de hospital no me convenció, verla
cuando regresó a su casa demostró que Abby es frágil. Posiblemente más
frágil que los demás. No es de las que sabe cómo pedir ayuda antes de
romperse, las personas como Abby están hechas de vidrio y llevan el
mundo sobre sus hombros, hasta que se rompen.
Nate levanta la cabeza de una novela y asiente cuando camino por
las escaleras. La puerta de su abuela está cerrada y una luz brilla desde la
de Abby al final del pasillo.
Con Isaiah tuvimos una larga charla esta tarde y ninguno de nosotros
está feliz. Lo que ocurra ahora depende de la respuesta de Abby a una
conversación que no va a querer tener. Llamo suavemente a la puerta y
luego de que responde—: Adelante. —La abro.
Lo primero que noto es el empapelado rosa y la siguiente cosa que
noto es su piel desnuda.
El flujo de sangre en mi cuerpo vuelve a dirigirse al sur y no puedo
dejar de mirar la curva de su espalda desnuda. El cabello oscuro de Abby
está mojado, por lo que es más largo y negro. Tira una camiseta por
encima de su cabeza, y luego la baja hasta que la deliciosa piel está
cubierta.
Me mira por encima del hombro y una sonrisa diabólica que me
absorbe se forma en sus labios. Me aclaro la garganta, porque... sí... eso
apagó la mayoría de mis procesos cerebrales. —¿Tratas de seducirme?
—En realidad no, pero fue muy divertido. Si vas a insistir en ser
molesto, entonces me puedes ayudar. —Se acerca a la cama, y recoge
un vendaje, y lo lanza en el aire—. Tengo una buena herida que no puedo
alcanzar.
Abby salta a la cama alta, colocándose de espaldas a mí, corre su
pelo sobre su hombro, y luego tira de su camiseta sin mangas para revelar
el vendaje. Pongo la bolsa de comida en la cómoda y me dirijo a reunirme
con ella. No dejo pasar por alto que estoy a punto de entrar en una cama
con Abby.
Tomo el vendaje y comienzo el proceso de quitar el viejo. —Estás
haciendo esto para que me asuste, pero no va a funcionar.
—Sólo necesito ayuda, Logan. No soy tan manipuladora como
piensas.
Apuesto a que es más. —Tienes en planta baja una enfermera
capacitada que podría hacer esto mejor. Estás tratando de demostrar que
eres peligrosa.
—Así es —dice simplemente.
Me concentro en tratar de no hacerle daño al quitar el vendaje,
pero la forma más rápida y humana es realizarlo rápidamente. Abby inspira
bruscamente mientras se endereza y mis dedos suavemente masajean su
piel. La herida es más pequeña de lo que esperaba. Está abierta, es rojo
claro, y la piel que la rodea se encuentra magullada.
Los recuerdos de los primeros meses después del diagnóstico de
diabetes y cuánto dolía hace que me incline hacia adelante y bese su
suave piel encima de donde duele. La respiración de Abby se entrecorta
de nuevo, pero esta vez, no es de dolor.
Hace más de una semana, Abby y yo nos besamos y se suponía nos
besaríamos más tarde esa noche. Todo se siente como hace vidas.
—¿Pagándome de regreso por el striptease inverso? —pregunta.
Más como ceder a la tentación. Presiono el nuevo vendaje y luego
coloco ambas manos sobre sus hombros. Mis manos se ven enormes contra
su cuerpo y mi corazón da un vuelco por la forma suave y caliente que se
encuentra bajo las yemas de mis dedos.
—¿Qué estás haciendo? —pregunta Abby en voz baja.
—Tocarte. —Mis dedos se clavan en su piel, no demasiado duro,
pero lo suficiente para que penetre sus músculos tensos y los hombros de
Abby rueden hacia adelante con el masaje. Un gemido también escapa
de sus labios y el dulce sonido hace que mi deseo por ella se intensifique.
—Eso se siente bien —susurra.
Tener mis manos sobre ella también se siente bien. Demasiado bien.
Demasiado correcto. Presiono mis dedos en sus músculos y sigue
relajándose bajo mi toque. Sin embargo, con cada movimiento la
vacilación dentro de mí crece y comienza a arder lentamente mi sangre.
El beso de Abby la otra noche fue más caliente que cualquier cosa
que haya experimentado y anhelo la sensación de sus labios contra los
míos de nuevo. Mis dedos rozan la línea de su cabello y Abby se inclina
hacia mí. Su espalda contra mi pecho. Nuestras respiraciones se vuelven
más rápidas y más cortas.
Mi sangre palpita por la necesidad, el deseo de... besarla... besarla...
besarla.
Arrastro mi nariz por su cuello y mi boca se abre, con un beso detrás
de la oreja y la mano de Abby asciende y aprieta mi muslo.
Siento una gran descarga de adrenalina y estoy fuera de la cama
antes de que siga mis impulsos y arruine el plan que creamos con Isaiah.
Agarro la bolsa de comida mientras Abby me mira con los ojos acristalados
por la lujuria por encima del hombro. Maldición, es hermosa y tengo que
hacer que mi cabeza se aclare.
—Comamos.
Los ojos de Abby brillan cuando se pone de pie para unirse a mí.
Siendo impredecible, se sienta con las piernas cruzadas en el piso de
madera. Abby es un sueño, con un par de pantalones de cordón ceñido al
cuerpo, una camiseta, y el pelo mojado. Con sus suaves curvas y la chispa
de actitud en sus ojos, Abby es el tipo de visión con la que cada chico
imagina dormirse y despertarse por el resto de su vida.
Me siento frente a ella y le ofrezco sus dos tacos y papas fritas con
queso. Cuando saco un sándwich de pollo a la parrilla, y saco el pollo
fuera del pan, Abby levanta las cejas. —¿En serio? ¿Estoy comiendo esta
bondad crujiente del cielo y tú estás comiendo eso?
Mis niveles de glucosa se encontraban cerca de ser normales, el día
de hoy, lo que significa que tengo la oportunidad de no sentirme como
una mierda por unos minutos así que sí, voy con la proteína pura. Sin
embargo, tengo que admitir, momentos como este hacen que tener
diabetes sea complicado, cuando mis decisiones saludables parecen más
locas que los derrapes de autos de carreras.
Hago lo que hago mejor, ignoro la pregunta, empiezo a comer, y
dejo que se prolongue el silencio. Aprendí hace mucho tiempo que tratar
de dar explicaciones sobre el divorcio de mis padres, la elección de mi
papá de trabajar un tercer turno, la fascinación de mamá con mierda
loca, y todo lo relacionado con mi diabetes era infructuoso. Mentir apesta,
y las explicaciones detalladas sólo provocan que las personas pregunten
más, y a menudo la verdad parece una mentira. El silencio mata la
curiosidad de cualquiera.
Una de las cosas que me gustan de Abby, es que toma mis no
respuestas con calma. Come un taco tras otro como si no hubiese visto la
comida en meses, luego busca el queso.
No hay televisión en su cuarto. No hay altavoces para un iPod.
Ningún ordenador o portátil. Además del antiguo televisor en la sala de
estar, no recuerdo ver mucha electrónica en toda la casa.
Como el resto de su casa, esta sala parece congelada en el tiempo,
como si perteneciera a una niña pequeña, no la chica que conozco.
Franjas de tela de color rosa se encadenan desde la punta de la enorme
cama con dosel. El papel despegado también es de color rosa con flores
blancas y verdes. Peluches grandes y pequeños están dispersos a lo largo
de la cama, en el armario, y en un montón organizado en la esquina, sus
caras sonrientes sobresaliendo.
La cama tiene una colcha a cuadros y cada cuadrado contiene
una niña con un sombrero en la cabeza. Su ropa es de diferentes colores,
pero en todos ellos se ubica de la misma manera, excepto por una rebelde
al final. Está mirando hacia nosotros. Mis ojos se estrechan en esa casilla
mientras como mi último bocado de ensalada.
—La abuela hizo la colcha para mí —dice Abby—. Hizo la última
chica así a propósito. Para recordarme ser diferente.
—Funcionó.
Abby sonríe con amargura. —Tal vez demasiado bien. —Entonces la
sonrisa se disuelve—. O tal vez no funcionó bastante bien. Mi papá era un
traficante de drogas.
—Isaiah me habló de él, la noche que te dispararon.
No parece sorprendida de que Isaiah me lo contara y no debería
estarlo. Resulta que el discurso de Isaiah era una directiva de Abby.
Cuando sucedió lo de la noche en el callejón, le pidió a Isaiah que me
asustara.
—Está en la cárcel —ofrece como hojas de afeitar en una bandeja—
, por asesinato. Cadena perpetua y todo. Te puedo dar su apellido si
quieres lo puedes buscar en Google. Todo sucedió justo cuando la abuela
empezó a olvidar cosas, como comer.
Mis ojos parpadean. —¿No comparten el mismo apellido?
—No. Nunca tuvo mi custodia. La tenía la abuela y entonces,
cuando el Alzheimer comenzó, nos cambiaron a Mac.
—¿Quién es Mac para ti? —Me molesta mucho más allá de lo que
dejo ver. Mac es propietario de la tienda de autos en la que Isaiah solía
trabajar mientras iba a la escuela secundaria. Es el lugar donde nos
conocimos.
—Mi tío abuelo. El hermano menor de la abuela. Ella tiene
noventa ahora. Mac, obviamente, no.
La pregunta parece tan obvia que me siento estúpido al hacerla. —
¿Por qué es tu responsabilidad, entonces? ¿Por qué Mac no se ocupa de
todo esto?
Abby tiene una expresión perdida en su rostro. —Él es un borracho.
Apenas puede sacar las botellas de la bolsa de papel donde vienen. Sin
embargo, es un buen borracho. Lee la Biblia, pero, ¿sus cosas? No puede
solucionarlas. Papá me enseñó a cuidar de mí misma y puedo hacerlo. Vi
lo suficiente de lo que el sistema es capaz a través de Isaiah y Noah. No,
gracias a esa solución.
No sé mucho acerca de lo que Isaiah y Noah pasaron en los hogares
de guarda, pero he oído algunas de sus historias, y vi las sombras oscuras
en sus ojos. Esa mierda es más elocuente que cualquier palabra que
pudiese haber dicho.
Abby barre las migajas de su camisa y limpia nuestro desorden
empujando todo de vuelta en la bolsa y colocándola en su tocador.
—¿Y tu mamá? —pregunto, conteniendo la respiración. Ese miedo
que odio escurre en mi boca.
—Adicta a la heroína. —Abby es demasiado casual y hace que me
sienta enloquecer—. Mi papá era su distribuidor. Cuando no tenía dinero
pagaba con sexo. Luego desapareció de la faz del planeta por un tiempo.
Papá pensó que murió. Como le vendía no se preocupó mucho por eso.
No puedo evitar el ligero ensanchamiento de ojos por lo que me
cuenta Abby. Ella está tratando de impresionarme con la verdad y es duro
como el infierno no reaccionar, especialmente cuando escucho el tono
que utiliza cada vez que dice "Papá". Es como un abrazo y un beso entre
un niño de dos años de edad, y su héroe adorado en la cara, pero, ¿cómo
amar a un traficante de heroína? ¿Cómo amar a un hombre que trató a su
madre como una prostituta y no le importó si murió? ¿Cómo amar a un
hombre encerrado por asesinato?
Abby se detiene. Tal vez me da la oportunidad de salir corriendo de
la habitación. Tal vez me da la oportunidad de abrir mi boca y
condenarme a mí mismo. No lo hago y sigue presionando.
—Mamá apareció tres años más tarde, en busca de un golpe. —
Abby señala su brazo, donde un drogadicto inyectaría la aguja—. Y
cuando entró conmigo a cuestas, la vida de papá cambió. Dijo que
estábamos cubiertas de inmundicia y que mi pelo se encontraba
enmarañado como un perro. Yo no hablaba, no sonreía, y por lo delgada
que estaba asumió que nunca comía, pero supo al momento en que me
miró que era su hija por lo que me llevó.
—¿Qué quieres decir con que te llevó? —Las palabras salen antes de
que piense y Abby inclina ligeramente la cabeza hacia arriba. ¿Perderé el
control? Eso es lo que ella quiere y estoy conteniéndome.
Abby se acerca y toca mi cara. Es un toque erótico, es un toque de
complicidad, y es uno que está usando para jugar su juego. —Me ofreció
como pago por sus drogas y mi padre aceptó.
24 Traducido por Kells
Corregido por J A N I

Abby
Me alejo de Logan y mi rostro se descompone automáticamente.
Nunca le he dicho esto a nadie. A nadie, ni siquiera a Isaiah. Si Logan no
me dejó por algo que inventé, entonces se irá porque le estoy diciendo la
verdad. Soy el producto del lodo de la humanidad. Soy lo que pasa
cuando el demonio sale a jugar.
Mis manos tiemblan mientras intento abrir los antibióticos y maldigo
en voz baja cuando los primeros intentos no funcionan. Logan se mueve a
mi lado, toma la botella de mis manos, y con un movimiento fácil, la
destapa.
—A veces, en verdad te odio. —La mayoría del tiempo, me gusta
demasiado.
Lee la botella, saca una píldora y la pone en mi mano. Gracias a
Dios, abro la botella de agua yo sola, y me trago la píldora.
—¿Vas a tomarte el analgésico? —pregunta.
¿En serio? —¿No escuchaste nada de lo que dije? Tengo un tío que
es borracho y mi madre era drogadicta. La adicción por genética no se ve
demasiado bien aquí.
Ya que no puedo manejar que se encuentre tan cerca, me siento en
la cama y me colocó una almohada en el estómago. Logan se inclina
contra mi cómoda y tomo fotos mentales. Archivando en el banco de
datos de mi memoria cuan hermoso es el chico; todo hombros y músculos.
Hebras de cabello negro cuelgan sobre su frente y esos ojos color
chocolate me estudian como si fuera un problema que puede ser resuelto.
Logan es uno de los chicos buenos que he arrastrado demasiado en
mi vida oscura.
—¿Tu padre solo te llevó? —pregunta—. Eso suena…
—¿Ilegal? —Termino por él, con una sonrisa falsa—. Sí, papá estuvo
bien con eso. No me encuentro segura de cómo sucedió todo, pero unas
cuantas llamadas y la abuela era dueña de una nueva niña de tres años
que no sabía ir al baño, con certificado de nacimiento y número de seguro
social. Soy como una muñeca del crack. ¿Sabías que mis papeles dicen
que soy adoptada del extranjero?
Rompe en una sonrisa, porque, ¿qué más puede hacer con esto? —
¿De dónde eres?
—China —respondo, y se ríe.
—Miento sobre la parte de adopción en el extranjero, pero no en el
resto. —Se siente extraño decirle a las personas las diferencias entre mis
verdades y mentiras—. Es todo loco, ¿pero la parte jodida? Es raro no saber
quién soy. Como cuál es mi verdadero nombre o ver mi certificado de
nacimiento real, asumiendo que tuviera alguno de los dos. Apesta pensar
que a nadie le importó una mierda una niña de tres años desaparecida de
la faz de la tierra.
Cambia de peso de un pie del otro y mete las manos en los bolsillos
delanteros de sus pantalones. Está pasando. Se aleja y eso crea un dolor
profundo en mi pecho que duele peor que mi hombro o cabeza.
—¿Cómo sabes que en realidad es tu padre?
—No lo sé, pero tengo que admitir que… —Me muevo en la
habitación rosa con animales de peluche—… es mucho mejor de lo que
podría haber crecido. Bañarse y comer, como resultado, es realmente
genial.
Asiente mientras revisa la habitación. —¿Qué pasó con tu madre?
—No lo sé y, honestamente, puedo decir que no me importa. —Papá
tomó una foto de mí y mi madre ese día, para recordarme de dónde
vengo, en caso de que alguna vez tenga la tonta idea de buscar a mi
madre biológica.
Papá no mentía sobre nuestra condición, no mentía sobre cuán
sucia estaba de pies a cabeza, no tenía nada de carne en los huesos, y mi
cabello parecía nunca haber sido lavado o peinado.
Logan intenta digerir todo lo que dije y se ahoga con ello. Esa es la
razón por la que miento tan seguido. Las personas aceptan fácilmente la
mentira sobre la verdad, especialmente cuando la verdad conlleva cosas
de las que no quieren ser consientes. Como drogas, pobreza, abandono o
yo.
Las mentiras pueden ser bonitas y brillantes. La verdad es, a menudo,
asquerosamente cruda.
Las personas se alejan y se desconectan de lo que es crudo y real, se
alejan de la verdad.
Estar sentada en la cama tan expuesta a Logan ya no funciona, así
que me acuesto y tiro un brazo sobre mis ojos. Si me recuesto aquí lo
suficiente, puedo intentar creer las mentiras que me digo a mi misma.
Como que me encuentro bien. Como que la abuela se encuentra bien.
Qué, algún día, tendré normalidad.
—¿Te importaría apagar las luces cuando te vayas? Y también
apreciaría si te guardas todo esto para ti mismo. Mi padre trabaja duro
para mantener a mi abuela en secreto y también debo hacerlo yo. No
tienes que hacerlo por mí. Hazlo por ella.
25
Traducido por J A N I
Corregido por Mary Warner

Logan
Hago lo que Abbi pide, apago la luz, y luego hago algo que no
espera. Me deslizo en la cama a su lado, de costado, y la observo por la
luz de la farola filtrándose por las cortinas. Su brazo descansa sobre su
rostro, y su pecho sube como si estuviese respirando profundamente. Hace
una semana, podría haber dicho que Abby no era capaz de sentir dolor,
que no era capaz de llorar. ¿Ahora? No tengo idea de cómo es capaz de
sonreír.
—Vete —dice en voz baja.
Pero no lo hago, me quedo.
—No es para nada lo mismo. —Hago una pausa, con la intención de
decirle sobre la diabetes, pero luego cambio de idea. La diabetes asusta a
las personas y lo último que Abby necesita es asustarse—. Pero cuando mis
padres se separaron tenía siete, no vi a mi mamá por tres meses. Ambos se
ignoran ahora, pero sabía entonces que era porque… por un tiempo… no
me quiso.
El brazo cae de su rostro a la cama y su cabeza se mueve en mi
dirección. —Nunca hablaste de su divorcio.
Me encojo de hombros y recuerdo cuando Abby se dio cuenta en el
bar que no hablaba mucho, en absoluto.
Rueda de lado, imitando mi posición. —¿Se odian el uno al otro? ¿La
ves? ¿Cómo es tu papá?
Me rasco la cabeza, sintiendo como si me hundiera con las
preguntas. —Se llevan bien ahora. Sin embargo, a papá le tomó un par de
años. Mi mamá lo dejó por alguien más y papá seguía enamorado de ella.
No es algo que superara fácilmente. —No es algo que superara.
—¿Sigue con el otro tipo? ¿Y qué la hizo cambiar de idea respecto a
ti? Y…
—¿Por qué me estás apartando?
Parpadea ante el cambio de tema. —Porque a mi alrededor, estás
en peligro.
Meneo las cejas. —Me gusta el peligro.
—Esto no es un juego. Es tiempo de que deje de fingir que soy una
chica normal quien tiene una vida normal con amigos normales.
—¿Somos normales? ¿Nuestro grupo? Eso sería la primera vez para
algunos de nosotros.
Se aparta de mi pecho con la fuerza suficiente para casi moverme.
—¡No estoy jugando! ¿Qué tengo que hacer para que te des cuenta que
ya no podemos estar juntos? ¿Crees que me gusta herirte? ¿Crees que
esto me divierte?
Agarro su muñeca cuando me va a empujarme otra vez y la
seriedad en mi voz me sorprende hasta a mí. —No, no lo creo.
Un mechón de cabello se pega a su mejilla, y lo aparto, detrás de su
hombro, luego permito que mis dedos pasen por sus brazos. Casi como si
quisiera que la toque tanto como yo anhelo el contacto.
Mi instinto es acercar a Abby, pero no pretendo entenderlo. He
salido con otras chicas, he tenido mi cuota justa de besos, pero nunca me
he sentido atraído por ninguna como lo estoy por ella. Como siempre, hay
un tira y encoge entre nosotros. La necesidad de devorarla, además de
huir.
Sus ojos avellanas me miran y hay un montón de cosas pasando allí.
Confusión, dolor y mientras mis dedos continúan acariciando su brazo,
surge un indicio de lujuria. La lujuria la entiendo, pero no soy muy bueno
con alguna otra emoción. El problema, tampoco lo es Abby. Ambos nos
hallamos en territorio desconocido.
—No puedo ser tu amiga, Logan. No puedo ser amiga de Isaiah, no
puedo ser amiga de Rachel ni de West. Podrían haberte matado y no
estoy bien con eso.
—Tú podrías morir.
—Esa es mi elección. Esta conversación entre nosotros no cambia
nada. Así que si te hace sentir mejor, me gusta todo de ti, pero ya no
somos amigos. No es negociable. Así que, nos vemos.
—Concuerdo contigo, me encuentro en peligro porque vi quien te
disparó. ¿Cómo el alejarte de mí ayudará a mi situación?
—Hice un trato con Linus. Él está diciendo que vio al tirador y que tú
nunca entraste al callejón. Felicidades, oficialmente te encuentras fuera de
peligro.
Abby hace como si se limpiara las manos y luego me muestra sus
palmas, como si hubiéramos terminado, pero no he terminado. —¿Cuál fue
tu parte del trato?
—No es tu problema.
—Es mi problema.
Me da esa sonrisa desdeñosa, la que se mete bajo mi piel. La que
sugiere que sabe todo y que el resto del mundo no entiende nada. —
Explícame como exactamente mis problemas son tuyos. Nos conocimos
por amigos en común. Coqueteamos. Jugamos. Nada de eso convierte
mis problemas en tuyos.
—Nos besamos —digo y esa sonrisa devora hombres solo crece.
—Tienes razón, nos besamos y los dos sabemos que no significó
nada. Tú y yo no nos encariñamos y lo que pides suena muy parecido a
cariño.
Sus palabras me dejan una marca y no una de la que este orgulloso.
Se levanta sobre su codo y la máscara que he visto muchas veces en su
rosto, la que usa cuando trabaja, cuando se encuentra en las calles está
plasmada en su rosto. —¿Puedes hacerlo, Logan? Una cosa es jugar
conmigo, ¿pero puedes encariñarte conmigo?
—¿Piensas que me encariño? —Me levanto, cerniéndome sobre ella.
—Creo que confundes atracción con cariño. Creo que eres un buen
chico quien quiere salvar a la chica, pero no necesito ser salvada. —Abby
se mete en mi espacio personal, sus dedos pasan eróticamente por mi
pecho—. ¿Te puedes enamorar de la vendedora de drogas, la chica a la
que no le importa besar a un chico y luego a otro, la chica que se sube a
autos con extraños, pasea con ellos, y luego los deja para que se droguen?
¿Puedes enamorarte de la chica quien acuchilló a un chico? ¿La chica
cuyo padre fue un vendedor de drogas, un asesino? ¿Cuya madre fue una
drogadicta y puta?
—Eres más que eso.
—No lo soy. Simplemente esperabas más. —Sus dedos alcanzan el
cuello de mi camisa y baja la cabeza a la mía. Así que nuestras narices
casi se tocan, tan cerca que nuestros labios están a un aliento de
distancia. Tan cerca que mis dedos se tuercen con la idea de agarrar sus
muslos y poner su cuerpo encima del mío para que sus caderas se posen
directamente sobre las mías.
Sus ojos se clavan en los míos mientras susurra—: Es atracción, Logan.
Eso es todo. Hemos estado a fuego lento por meses, así que en lugar de
perder este tiempo hablando de cosas que no podemos cambiar, vamos
a volver a lo que somos buenos, vamos a jugar.
Su dulce aroma me envuelve y mi cuerpo pulsa con la necesidad de
probarla, tocarla, encontrar ese ritmo rápido que prometió en ese beso
compartido.
Pasa los dedos a lo largo de mi brazo y es como si el fuego saliera de
sus uñas. —¿Te asusta besarme, Logan?
No, para nada. Mi brazo se curva alrededor de su estómago y
mientras me siento, la presiono contra mí. Sonríe, pensando que va a ganar
este juego, pero no lo hará. Me muevo, guiando su cuerpo hacia abajo,
cubriendo su cuerpo con el mío, y justo cuando su espalda se encuentra a
punto de rozar la cama, reduzco la velocidad y me aseguro que el
contacto con las mantas sea ligero, suave.
Tengo cuidado con sus heridas, asegurándome que el área
vendada en su espalda sea lo último en tocar y bajo la cabeza, besando
el área sobre la herida de salida de la bala, y su respiración se traba. Sigo
un camino lento a lo largo de su clavícula y cuello. Cada probada de
Abby es dulce y caliente y me hace ansiar más.
Cuando su cabeza se hunde por completo en la almohada, me mira
con confusión. Sus dedos en mi cabello, sus manos acunando mi nuca, sus
pies automáticamente se enganchan entorno a mí. Nuestros cuerpos se
hallan exactamente donde quiere, donde yo quiero que estén, pero las
emociones están apagadas, porque sí hay emociones. Eso por eso que ya
no estoy jugando.
—No, no tengo miedo de besarte. —Rozo con la boca su mandíbula
mientras paso la mano a lo largo de la longitud de su cintura—. No tengo
miedo de sentir algo por ti, tampoco.
Abby sacude la cabeza, pero sus dedos agarran fuerte mi cabello,
se clavan en mi espalda. —Deberías irte.
—Lo haré —digo contra su boca. Mientras inhalo, ella exhala y
nuestras bocas se encuentran. Es suave e inocente de manera que crea
una niebla cálida. Del tipo donde hay tirones ligeros, del tipo que hará que
nuestros labios inferiores se hinchen, del tipo donde demuestra que me
importa.
Abby continúa lento, casi como si estuviese aprendiendo cómo
besar… como si estuviera aprendiendo como besar así.
26 Traducido por Sandry
Corregido por Val_17

Abby

Mi corazón tamborilea tan fuerte que Logan tiene que escucharlo,


tiene que sentirlo, pero una parte de mí se pregunta si este es otro sueño,
otro momento donde mi mente ha vagado por las áreas de la fantasía…
por los lugares que se sienten reales, pero que cuando me despierto me
doy cuenta que nada de esto existió.
Esos momentos duelen, los sueños que se sentían verdaderos, el
sostener en tus manos todo lo que secretamente deseas para luego abrir
los ojos y experimentar la pérdida devastadora de saber que nunca fue
mío.
Los labios de Logan son fuertes, pero suaves. Besándome como
nunca he sido besada. Besándome como si mereciera los besos.
Besándome de una manera que hace que mi alma atontada revolotee
hasta despertar de su constante estado de sueño, besándome de una
manera que hace que mi cuerpo se funda con el suyo, besándome de
una manera que hace que mi sangre que es siempre fría se sienta muy,
muy excitantemente caliente.
Me acaricia el rostro, el toque me hace cosquillas y me sonrojo.
Logan sostiene su cuerpo sobre el mío, sólo la mezcla correcta de peso y
calor, pero tiene cuidado, mucho cuidado. Como si tuviera miedo de
romperme, como si estuviera reacio de pedir más.
Tiemblo. Un temblor que me comienza en la cabeza y ruge hacia
abajo por mis dedos de los pies y me aferro a Logan, segura de la
reacción, aterrorizada de lo que significa, más asustada de dejarlo ir.
Logan levanta la cabeza y sus ojos marrones oscuros se encuentran
llenos de preocupación mientras parpadean sobre mi cara. —¿Estás bien?
¿Te hice daño?
Se mueve, como si su cercanía fuera la razón por la que podría estar
adolorida. ¿Estoy bien? No, y mis manos lo sostienen muy tensamente,
manteniéndolo cerca, porque en el fondo entiendo el problema. No
quiero que se vaya. No quiero que me deje. Me gusta mucho Logan.
¿Me hizo daño? Lo hará. Cuando salga de mi habitación. Cuando se
marche por la puerta. Cuando finalmente haga lo que le pido.
Logan me sigue estudiando durante un momento, y en contra de mis
deseos, rueda fuera de mí y va al otro lado de la habitación, hacia mi
tocador. Me apoyo en los codos. —¿Qué estás haciendo?
Agita las píldoras de una botella. Regresa con el puño cerrado y una
botella de agua. Me quedo en la cama. —Ya tomé los antibióticos.
Se sienta en el borde de la cama, extiende el analgésico y la botella
de agua. —Tómalo. Estás sufriendo.
Hasta que lo dijo, todavía vivía en ese beso, pero el dolor me inunda
la cabeza y los hombros otra vez. Cierro los ojos. Me sentía bien la primera
vez, el beso fue un sueño, del tipo que me tenía al mismo tiempo despierta.
—No puedo.
—No eres una drogadicta —dice—. Si eso es lo que te preocupa.
—No sabes si soy una drogadicta o no. —Abro los ojos—. Y yo
tampoco.
—Lo sé.
—Logan… —Suspiro—. No puedes saberlo porque yo misma no
tengo ninguna idea de quién soy. Conocerme primero se siente como un
requisito para que alguien más sepa alguna cosa acerca de mí. No soy tú.
No me tengo resuelta. Soy una chica con un nombre falso, un número de
seguro social falso y un certificado de nacimiento falso. Soy un fantasma.
Siempre lo he sido. De vez en cuando, sólo pretendo ser real.
27 Traducido por Annie D
Corregido por NicoleM

Logan
Solo pretendo ser real… Sus palabras son como un cuchillo afilado en
la garganta. Comprendo la parte de pretender. Más de lo que ella podría
entender. A menudo no me siento real. Me siento como una mentira, así
que le digo la única cosa que es verdad—: Me preocupo por ti, Abby.
Se acerca y pone la mano encima de la mía, la que todavía tiene el
medicamento para el dolor.
—No tengo el lujo de ser la chica por la cual se preocupan o la
chica que se preocupa. Necesito dinero para pagar por esas enfermeras.
La botella de agua cruje en mis manos. Estoy atascado en cómo
preguntar esto sin que sea insultante.
—Mi abuelo tuvo un accidente cerebrovascular. Después de que
salió de rehabilitación, vivió en casa con nosotros por un tiempo y cuando
eso no funcionó lo pusimos en un hogar de ancianos. —Una pausa—. El
seguro médico para personas mayores pagó por ello.
Abby suelta un suspiro molesto y retira la mano.
—¿Cuánto tiempo estuvo allí?
Mi respuesta no va a ayudar a mi defensa.
—Algunas semanas.
—¿Antes de morir? —interroga.
Asiento, todavía dolido por mi papá. Le dolió perder a su padre.
—No estoy hablando de un par de semanas. Ha estado así por años.
—Tiene que haber otra manera —digo.
—El tráfico de drogas, esta vida, esto es lo que soy. Quien nací para
ser. La parca con cabello y ojos bonitos.
—No tiene que ser así.
Se ve tan condenadamente agotada y sus movimientos son rígidos,
ese dolor, está ahí.
—No soy rescatable así que deja de pensar en mí como corregible.
No soy una niña patética que necesita ahorrar. Estoy dispuesta a hacer
estas elecciones.
—¿Por qué no poner a tu abuela en un hogar de ancianos? Te
ayudaré a llenar el papeleo si ese es tu problema. Si no puedes pagar por
ello, el seguro médico lo hará.
Se estremece mientras se apoya en las almohadas.
—Con Mac intentamos mandarla a un asilo y fue una pesadilla. En
una semana, alguien le robó la ropa. Toda. El personal dijo que otro
paciente las robó. Tal vez lo hicieron, tal vez no, pero el resultado final fue
que mi abuela se encontraba tan asustada porque cada vez que
despertaba, otra cosa había desaparecido. Cuando continúe
quejándome, el personal comenzó a decir que las cosas no estuvieron allí
desde el comienzo. ¿Sabes qué noche realmente apestó? Cuando abracé
a mi abuela porque se despertó para descubrir que el anillo de diamantes
de su madre no se hallaba. Desapareció. ¿Quién es lo suficiente enfermo
como para robarle un anillo a una anciana mientras dormía? Puedes tratar
de culpar a otro paciente de eso, pero no lo creo.
—Abby —digo, pero me interrumpe.
—La cambié de instalaciones, pero tenía ese seguro médico, y
¿sabías que la mayoría de los hogares de ancianos que son decentes
solamente tienen algunas camas para pacientes con ese tipo de seguro?
¿Que los lugares en que deseas que tu ser querido esté, aquellos donde se
preocupan, cuestan dinero que no teníamos? Así que, ¿en el nuevo lugar?
Se cayó. De la silla de ruedas. Nadie la cuidaba, y en caso de que nunca
hayas estado en uno de estos lugares, ellos amarran a las personas a las
sillas para evitar que se caigan puesto que no hay el suficiente personal
como para vigilarlos, alguien no la amarró por lo que se cayó, se lastimó y
estuvo en el hospital por días.
»Regresó al asilo y un día cuando la fui a visitar la encontré
retorciéndose de dolor, porque uno de los auxiliares o enfermeras de
guardia le robaba el medicamento para el dolor. Lo robaba. Y luego,
cuando exigí ver la lista de prescripción, me enteré de que alguien pedía
más medicamentos para el dolor de los que necesitaba y ¿crees que tomó
alguno de esos? No, alguien formó su propia banda de narcotraficantes a
costa de mi abuela.
—Abby. —Lo intento de nuevo pero continúa.
—Le dieron las medicinas equivocadas, le dieron demasiadas, no le
dieron las suficientes, intentaron ponerla en cosas que no necesitaba, los
médicos que no solicitamos vinieron, los médicos que sí necesitaba nunca
aparecieron, la dejaron orinarse y llenarse de mierda y no la limpiaron
durante horas. Si no me aparecía a diario, ni siquiera le cambiaban la ropa.
Habrían dejado que se pudriera de llagas.
»Logan, cada vez que estuve allí ella lloraba. Sin entender por qué la
encerré en ese lugar, por qué la dejé con personas que gritaban, quienes
la dejaban en la oscuridad, y me rogó una y otra vez que la llevara a casa,
así que lo hice. Hice lo que tenía que hacer y me traje a mi abuela a casa,
ya que tratan mejor a los animales en los zoológicos que a mi abuela.
Dios me ayude por decir esto—: No todos son así. El lugar en que mi
abuelo estaba, no era así.
—Lo sé. —El cansancio en su voz simplemente subraya la carga que
lleva—. Pero te apuesto el dinero que tengo que esos lugares están llenos
y, al final, no puedo correr ese riesgo.
Una nube debe haber pasado porque la luz de la luna que entra por
las persianas se desvanece y luego ilumina de nuevo a Abby.
—Necesitas una salida —declaro lo obvio.
—No hay una salida. —Señala con la barbilla la mano que todavía
sostiene los medicamentos para el dolor—. A excepción de cosas como la
que tienes en tu mano. Mi trabajo es un testimonio de ello. Mucha gente
encuentra una salida en lo alto, pero realmente no lo es, es solamente otra
forma de fingir que tu realidad es diferente.
Mi estómago se retuerce.
—Me preocupo por ti. —Y desde ese beso, se preocupa por mí.
—Nada de eso cambia algo. Vendo drogas y me niego a estar
cerca de cualquiera de ustedes. No hay nada que puedas decir o hacer
para hacerme cambiar de parecer.
Muevo el cuello a medida que se tensa.
—Te importo.
—Sí —admite—. Pero me importa más mi abuela.
Respeto eso. Me incentiva aún más a descubrir la salida que
necesita. Dejo la botella de agua en la mesita de noche y luego meto la
píldora en la botella.
—Todavía no creo que seas capaz de ser una adicta.
—He aprendido que ninguno de nosotros somos realmente
conscientes de lo que somos capaces hasta que estamos confrontados
con las opciones.
El conejito que le di a Abby en el hospital, el que mantuvo apretado
en el hueco de su brazo mientras dormía, se encuentra en el tocador. Lo
recojo y bajo la sabana. Abby inclina la cabeza mientras sonríe.
—¿Tengo dos?
Le sonrío.
—Las de dos años son más fáciles.
Eso se gana una genuina sonrisa y desliza las piernas bajo las
sábanas, luego se recuesta.
—¿Recuerdas esa vez cuando entraste a hurtadillas a mi habitación,
noche tras noche durante el tercer grado y te quedaste conmigo porque
tenías miedo de los monstruos debajo de tu cama? Nos quedábamos
hasta tarde y leíamos historietas debajo de las sábanas.
—No entré a hurtadillas porque tuviera miedo. —Le entrego a Abby
el conejito y trato de imaginar cómo hubiese sido ser amigo de Abby
cuando éramos más jóvenes. Teniendo en cuenta que siempre he sido
gasolina y Abby un infierno rugiente, hubiésemos sido la versión de la
escuela primaria de Bonnie y Clyde—. Me metía porque me gustaba pasar
el rato contigo.
Los dedos Abby se cierran alrededor de mi muñeca.
—Voy a extrañarte.
Se ha dado por vencida, pero no sabe que yo no. Que Isaiah no lo
ha hecho y que cuando West y Rachel escuchen las noticias, apuesto mi
bola izquierda que tampoco se darán por vencidos. La beso en los labios,
suave y brevemente, y me duele la forma en que tiernamente me
devuelve el beso.
Le acaricio el rostro con el pulgar.
—Necesitas descansar. Tus heridas no están curadas y aún estás
débil por la pérdida de sangre. Toma las cosas con calma, y hazme un
favor, no te metas en problemas.
—¿Por qué no me pides que deje de respirar? Eso podría ser más
fácil —murmura mientras se aleja de mí, acomodándose en posición fetal,
con el conejito acunado en sus brazos—. Nos vemos por ahí, Logan.
Supongo que cuando comience la escuela.
En un mes más. Y cree que eso significa que desde el otro lado de
una habitación llena de gente. Abby no podría estar más equivocada. No
me molesto en decir algo mientras camino a la puerta porque Abby me
verá mucho antes de lo que piensa.
28 Traducido por Annie D
Corregido por NicoleM

Abby
Denny desliza un recipiente de plástico en mi dirección y sonrío
cuando veo panqueques. Amo los panqueques. Los amo. Es
prácticamente torta para el desayuno con un extra de jarabe. Porque al
menos una cosa está bien este mes, los panqueques están tibios y hay
tocino.
—No puedo creer que nadie se casó contigo. —Uso el tenedor de
plástico, corto las grandes piezas de la esponjosa bondad.
Denny se ríe mientras come sus huevos en el otro lado de la barra.
—¿Quién dice que no lo estoy?
—Mi error. Me olvidé de esa heredera con la que te casaste que
tiene una casa de verano en los Alpes. Debemos visitarla pronto. Ha
pasado mucho tiempo desde que fuimos a esquiar.
—Ni siquiera sabes cómo lucen los esquís —dice.
Medio río. Sé cómo lucen los esquís, y sin embargo, no lo sé.
Son las nueve de la mañana y el bar de Denny está vacío. Es un
negocio pequeño que se encuentra hacia el final del viejo centro
comercial en el vecindario donde hago mis negocios. Tiene pisos
pegajosos, mesas y sillas viejas, una mesa de billar, letreros de neón por la
noche, y montones y montones de alcohol para las personas que han sido
maltratadas por la vida.
La puerta principal está completamente abierta y el aire de verano
se filtra. Es el tipo de día donde mi camisa se me pega como una segunda
piel antes del mediodía y me arrepiento de no ser una chica que usa cola
de caballo.
Mi estómago gruñe tan alto que Denny levanta una ceja. Es una
mirada divertida en este hombre. Rachel piensa que se ve como Vin Diesel
con la cabeza rapada y los músculos excesivamente grandes. Una gran
cantidad de personas en el vecindario piensan en paredes de piedra y un
tipo que provoca peleas de bar y estrella botellas de vidrio sobre sus
cabezas cuando se menciona su nombre. No veo ninguna de esas cosas
cuando entro aquí. Solo veo a un gran y gigante oso de peluche.
Después de todo, me dio un cuarto de los animales de peluche que
ahora cuelgan en mi habitación.
—¿Has visto a Mac? —pregunto. Mi tío abuelo trabaja en una tienda
cerca de aquí.
—¿Hará que te sientas mejor si digo que no?
Lo que significa que sí y que Mac se encuentra en otra borrachera.
Es una decepción esperada que solo duele de manera superficial, el tipo
de dolor que va directo por debajo de la piel, pero no más profundo.
—¿Cómo está tu abuela? —Denny es uno del puñado de personas
que saben que existe, y es debido a que es la única persona en el mundo
en quien mi padre confiaba.
—Tiene una cita con el especialista hoy. —Ha estado mirando a la
distancia últimamente y es diferente de las veces en que simplemente la
perdíamos en su mente. Es una espelúznate mirada en blanco, y luego
regresa de golpe—. Nate piensa que está teniendo mini derrames
cerebrales.
Denny mastica eso y su tocino durante unos minutos. Puedo decir por
su expresión que piensa que la cita con el especialista es un desperdicio
de dinero. Tiene noventa años, y cuando la llevo a los médicos eso es lo
que me dicen como una explicación tanto de su diagnóstico como
pronóstico.
La abuela no solo tiene noventa para mí. Es una de las pocas
personas que me permito amar.
—¿Necesitas que cambie las horas de West? —Denny cambia la
conversación y niego como respuesta. He estado evitando el bar desde la
cena de la semana pasada porque estoy evitando a West. Trabaja
ocasionalmente por las noches haciendo trabajos para Denny.
—¿Cómo está?
Denny sabe todo, que he cortado los lazos con mis amigos con el fin
de protegerlos tanto a ellos como a Logan de mis elecciones profesionales.
Por desgracia, ha tenido que hacer frente a algunas de las consecuencias.
—Enojado. Está molesto porque no le digo nada de ti. Anoche se la
pasó golpeando casi todo por aquí. Pisoteando como un niño de dos
años. Sería gracioso si no me agradara.
Una sensación nauseabunda se esparce dentro de mí. Para
comenzar, Denny y West tienen una relación en mal estado, y no me gusta
estar en el medio de algo que Denny cree que perdió hace años cuando
West se encontraba en pañales.
Empujo mi comida y trato de ignorar el dolor y la desesperada
necesidad de preguntar si Denny ha escuchado algo de Logan. No es que
se conozcan, tampoco es que crea que a Logan se le ocurriría pasar por
aquí, pero tal vez Denny escuchó a West hablar con él o simplemente...
maldita sea... no he escuchado nada de Logan desde que salió de mi
habitación la semana pasada y eso no está bien. Lo está, pero no lo está y
comprendo que las chicas sean confusas.
—Dejaré de venir por aquí si eso ayuda. El único momento en que
West puede trabajar contigo es por la noche. —Es una oferta vacía, pero si
Denny está de acuerdo, lo haría.
Es curioso, estuve por mi cuenta durante tanto tiempo que me
acostumbré a estar sola. A estar bien con solo tener a Isaiah y a Denny
alrededor de vez en cuando en el caso de que necesitara de una
interacción humana decente, pero después de hacer amigos, y luego
dejarlos... estar sola se siente tan repugnantemente... solitario.
—No es una opción. —Denny podría matarme con la mirada que me
lanza—. West tiene que aprender mucho el cómo funciona este
vecindario, pero es inteligente. No pasará mucho tiempo para que lo
averigüe.
Frunzo la boca hacia un lado y tomo mis panqueques con el tenedor
de plástico preguntándome si West necesita ser educado en esta forma
de vida. Se encuentra aquí porque tiene curiosidad por Denny, un hombre
del que recientemente se enteró, que está relacionado. West comenzará
la universidad este otoño y luego se mudará muy lejos de aquí, a tener una
vida muy, muy decente.
—Chica, si no comes, tu papá va a estar enojado y me hará enojar.
A nadie le gusta cuando estoy enojado.
Pongo los ojos en blanco.
—Nadie cree que das miedo. Podrías estar al mando de una
guardería de perros pastores en vez de un lugar para borrachos con
antecedentes penales.
—Todo el mundo cree que doy miedo. —Una sombra cae sobre su
rostro y detecto los demonios que todos los demás notan, pero teniendo
en cuenta que Satanás pasa el rato conmigo a diario todo lo que veo son
gatitos que se bañan en la luz del sol.
Me obligo a comer, no porque me de miedo, sino porque en serio
odiaré tener hambre más tarde, cuando me salte la cena por octava vez
consecutiva para evitar a mis antiguos amigos. Claro, gano dinero, pero lo
necesito todo para pagar por las enfermeras, los gastos médicos de mi
abuela que no están cubiertos por Medicare, y la mantención de la casa.
Actuar como una adulta y ser responsable apesta, y también es caro.
Debido a que Denny y papá eran los mejores amigos, hermanos
pero no de sangre, y se preocupaban el uno por el otro de la forma
correcta a medida que crecían en este vecindario, Denny me alimenta y
debido a que amo a mi papá, dejo que Denny compre la comida y
aparezco. Hace que papá se sienta bien porque estoy confiando en al
menos una persona no relacionada con las drogas.
—Quiero verlo.
Denny cierra las manos en puños, y con una respiración profunda, el
blanco en sus nudillos regresa a rosa cuando suelta su agarre.
—Ya lo viste una vez este año.
—Bueno, no recibí un disparo en ese entonces y ahora sí, y parece
como algo por lo que podemos unirnos más. —Ver a mi papá es el
equivalente a un niño abrazando una amada manta en la oscuridad de la
noche y me he ganado esta visita.
—Los visitantes lo joden. Especialmente tú. Tiene que mantener la
cabeza enfocada allí.
Mi garganta quema y bebo para ocultar cualquier emoción en la
cara. Pretendo que papá está en un viaje de negocios. Se iba mucho
mientras crecía. Se encontraba allí un día, se iba al siguiente, pero siempre
volvía. Cada día cuando me despierto, restauro mi mente para creer que
se ha ido por el día y que estará en casa al siguiente.
—¿Sabe que me dispararon?
Denny descansa los codos sobre la barra y baja la cabeza durante
un minuto antes de levantarla para mirarme.
—Lo sabe. ¿Por qué crees que estás comiendo panqueques hoy?
Mi aliento se precipita al salir, porque sí, eso duele. De la misma
manera en que un pedazo caliente de acero se sintió al entrar en mi
cuerpo.
Papá solía hacer panqueques para mí antes de cada gran evento
de la escuela. Hoy, se suponía que fuera a algún estúpido tipo de escuela
de verano para gente inteligente.
—Esa mirada justo ahí, chica, es por eso que no estoy a favor de que
visites a tu papá. Eres fuerte, Abigail. Más fuerte que la mayoría y eso es lo
que tu padre tiene que ver cuando entres. Tengo que admitir, no te ves
bien. Sin color. Estás lenta. No pareces estar sanando bien, y puedo
detectar la emoción en tus ojos. Esa mierda ahí mismo; en el mundo en
que estás bailando; tiene que parar. No puedo dejar que lo visites así.
Estará molesto de que te estés haciendo daño, y a cambio, hará sangrar a
alguien y se meterá en todo tipo de problemas.
Es como si sus palabras hicieran que todo por lo que he estado
luchando se volviera más real, y reposo la cabeza en la barra utilizando mis
brazos como almohada. Nate dice que no estoy descansando lo
suficiente. Nadia cree que la herida en la espalda se está infectando.
Peggy piensa que estoy sufriendo de un corazón roto.
Ricky y mi cuenta bancaria demandan que recupere el tiempo
perdido. Lo último me lleva a ignorar todos los consejos médicos.
—Linus piensa que podríamos tener un traidor. Que esa persona
podría estar relacionada con la que me disparó. —Lo que significa que
uno de los chicos que se supone que me cubre las espaldas podría
clavarme un cuchillo, y teniendo en cuenta que ya tengo una herida allí,
no estoy demasiado emocionada por la adición de otra.
Denny se congela y la temperatura de la habitación cae veinte
grados.
—¿Por qué mierda me estás diciendo esto ahora?
Mi patética respuesta es encogerme de hombros. Denny no está
relacionado a mi profesión y no debería estarle contando esto ahora, pero
es el guardia entre papá y yo. La confesión es desesperada, es
manipuladora, es baja, pero bueno; papá me enseñó bien.
—¿Puedo verlo ahora?
Denny no contesta pero patea una caja de botellas de licor en su
camino a la oficina. Satisfecha conmigo misma, me enderezo y giro en mi
asiento, terminando el resto de mis panqueques. Puedo estar triste, pero
todavía tengo el toque.
29 Traducido por Julieyrr
Corregido por NicoleM

Logan
Isaiah: ¿Aburrido de ser inteligente?
Me detengo a medio paso para responder y el chico detrás de mí
casi me choca, pero luego me rodea y entra en la escuela. Camina
demasiado rápido con un espacio demasiado corto entre sus zancadas y
luce como si tuviera algo atorado en el trasero.
Siempre soy inteligente. Estoy aburrido de estar con otras personas
que necesitan demostrarle su inteligencia a los demás. No tengo que
demostrar una mierda.
Diviértete con eso. ¿Estamos cazando de nuevo esta noche?
Isaiah puede expresarse en forma divertida con las palabras, y aún
así ir al grano. Las últimas noches hemos estado conduciendo alrededor,
yendo a lugares donde sabe que la gente del lado de Eric puede reunir. En
otras palabras, hemos estado cazando al tirador de Abby.
Sí. Siento que nos estamos quedando sin tiempo.
También yo, pero vamos a necesitar información sólida para
convencer a Abby de cambiar. Primero saldré con Rachel. Te enviaré un
mensaje cuando haya terminado.
Desde que Abby nos alejó hace una semana, hemos decidido
concederle su espacio mientras solucionamos el problema. Se encuentra
asustada de que vea al tirador y se está metiendo más profundo en un
mundo del que necesita salir para protegerme. Linus no puede utilizar al
bastardo que le disparó en su contra cuando venga tras de mí si el tirador
está tras las rejas.
Guardo el celular y entro a la Escuela Eastwick. He estado aquí
antes, para jugar a la pelota, pero nunca en el edificio. En cámara lenta
asimilo todo y trato de evaluar a dónde diablos me dirijo. Los papeles que
enviaron decían que nos reuniéramos en el auditorio. Sigo al chico con el
palo en el trasero. Lo más probable es que estemos yendo en la misma
dirección.
Dos chicas salen de un baño y me observan confundidas. El destello
en sus ojos explica que les gusta lo que ven, sobre todo mis brazos. La
confusión se debe a mis pantalones, camiseta con cuello color rojo y la
gorra de béisbol de la Escuela Bullit County con la visera baja. Todo el
mundo aquí tiene el mismo aspecto, vacas en blanco y negro, a veces gris,
todo presionado desde el molde de la reunión de negocios aburrida a la
que van asistir.
Prefiero dispararme dos balas en la cabeza que sentarme en
reuniones de trabajo por el resto de mi vida. No tengo planes de vestirme
para esa parte más adelante, ¿por qué diablos iba a hacerlo ahora?
Un rugido de voces se hace eco en el pasillo y cuando entro en el
auditorio es una manada de ellos bajando hacia el escenario. Pantalones
o faldas negras. Camisas blancas. La individualidad de las bestias
moviéndose de un campo a otro y, finalmente, la carnicería.
Muu.
Me dejo caer en el primer asiento plegable de madera en la parte
de atrás y cuando veo hacia la fila de adelante una sonrisa se extiende
por mi cara. Es el cabello largo y oscuro, los labios diabólicos destinados a
besar, los pantalones que sin duda abrazan su culo de una manera que
hace que mi sangre se vuelva caliente, y una chica ajena al mundo
mientras se desplaza por su teléfono.
Me levanto, camino a grandes zancadas bajando cuatro escaños y
luego caigo en el asiento a su lado. La cabeza de Abby se levanta como si
estuviera a punto de explicarme el Apocalipsis usando sus puños, pero en
su lugar su boca se abre sin que hacer sonido alguno.
—Así que no bromeabas con lo de ser inteligente —le digo.
Abby se recupera rápidamente y apaga su teléfono.
—No sabes de lo que estás hablando. ¿Ves al tipo de allá abajo? —
Menea sus dedos hacia la manada—. ¿El hombre mayor? ¿El que luce
como si debiera ser archivado en la biblioteca en uno de esos catálogos
de la vieja escuela? ¿Al que todo el mundo sigue por todas partes?
El amable adulto solitario estando a cargo. —Sí.
—Lo estoy chantajeando.
Los ojos de color avellana de Abby no dejan ver nada y esta es una
de las millones de razones por las que me encanta estar cerca de ella. Un
rompecabezas que siempre cambia de forma. Intento medir la mentira o
la verdad porque es capaz de cualquier cosa en cualquier momento. —
¿Con qué?
Mira a su alrededor como si le importara que la gente esté
escuchando y cuando se inclina hacia mí, no puedo evitar estrechar mi
mirada en sus labios. —Mira porno de gatos.
La risa retumba justo fuera de mi pecho. —¿Porno de gatos?
Abby se endereza en su asiento y me guiña. —Búscalo. De verdad
existe.
—¿Esto quiere decir que estás hablándome de nuevo?
—No, en realidad no estoy hablándote. Todo esto es parte de tu
imaginación. No estoy hablando contigo, tú estás hablando conmigo, de
hecho, ni siquiera estoy aquí. Debes hacer que te revisen la cabeza,
Logan. Las alucinaciones son tan de los sesenta.
—¿Qué si tampoco me encuentro aquí? —Me uno a su juego—. ¿Y si
ninguno de nosotros está aquí? Me encuentro en casa. Y tú en la tuya.
Todo esto es un sueño extraño.
Abby sonríe, una suave elevación de los extremos de esa hermosa
boca.
No necesitamos tener la conversación. No va a cambiar de opinión.
Tampoco yo, pero Abby está aquí, estoy aquí y tenemos un par de minutos
en los que Abby va a hacer lo que mejor hace; fingir.
Golpeo su rodilla con la mía y recuerdo la noche en su habitación y
la sensación de sus piernas enredadas con las mías. —Te extraño.
Abby suelta una suspiro mientras mueve su celular en la mano. —Sí…
bien… —Pone su brazo en nuestro apoyabrazos compartido. Su suave piel
toca la mía y me vuelvo híper consciente.
Frunce el ceño y se desploma en su asiento como si estuviera
perdida y continúa moviendo su celular. Sus dedos están ahí, junto a los
míos y mi corazón comienza a latir más rápido ante la idea de tomarlos. No
debería ser difícil. No debería ser duro. He besado a Abby. Por lo cual si las
circunstancias hubiesen sido diferentes la ropa habría sido arrojada.
Tomarse de las manos, eso significa algo. Eso dice algo. Y exponerme
a la posibilidad de que se aleje sacude mi mundo más de lo que me
gustaría admitir. Pero el tiempo con Abby es un premio y odio ser un
cobarde.
El viejo aplaude como si fuéramos lo suficientemente jóvenes para
hacer un círculo y todo el mundo toma asiento. Explica el honor que es
haber sido elegido para hoy. Cómo las personas en esta sala son lo mejor
de lo mejor. Sacando las mejores notas y los mejores resultados. Que las
personas en esta sala son las soluciones a los problemas de nuestro futuro.
Abby y yo nos miramos mientras toda la sala aplaude. Ninguno de
nosotros lo hace porque compartimos los mismos pensamientos. Una
traficante de drogas y un chico que siempre tiene una preferencia por una
alta dosis de adrenalina. Dios nos ayude a todos si el mundo se apoya en
nuestras espaldas.
El tipo sigue hablando monótonamente de las cosas emocionantes a
las que haremos frente hoy. Laboratorios de ciencias, matemáticas
avanzadas, soluciones de problemas y nuevas tecnologías. Todo dirigido
por gente de las universidades que vienen de visita. Para algunas almas
afortunadas, habrá entrevistas para becas y admisiones.
El celular de Abby zumba. Con su brazo descansando, revisa el texto
y no parece importarle que vea como pone en marcha un trato de
drogas. Si hay alguien en esta sala que podría ser un magnate de los
negocios en el futuro, sería Abby. Se comería a cualquiera que se
interpusiera en el camino de lo que quiere.
Apaga el celular y regresa la atención al tipo que se encuentra
adelante. La sala se oscurece y se proyecta una presentación. Su brazo
está todavía allí. Igual que el mío. El calor construyéndose entre ambos
está comenzando un incendio en mi sangre.
Abby suspira. —Debería irme.
—¿Por qué? —pregunto.
—No pertenezco aquí.
Me muevo en mi asiento. —¿Recibiste una carta invitándote a esta
cosa?
Asiente.
—¿Alguna entrevista?
Niega con la cabeza.
—Mi carta explicaba que los representantes universitarios estaban
molestos por mi falta de actividades extracurriculares y experiencia laboral.
Evidentemente nadie cree que una persona de mi edad tiene varios años
de experiencia en la gestión de conflictos y las ventas farmacéuticas
agresivas.
Resoplo y Abby sonríe.
—Toma una de las mías —sugiero.
Abby me mira por el rabillo del ojo.
—¿Qué?
—Tengo tres entrevistas. Toma una de las mías.
—Creo que van a darse cuenta de que no soy tú. Si la falta de pene
no les da una pista, mis pechos podrían hacerlo o mi falta de conocimiento
acerca de qué dirección debo seguir si por arte de magia golpeo una
pelota con un palo. Eso podría salir en la conversación.
—Bate, no palo, y se corre a la derecha. Quieres ir pretendiendo ser
yo, hazlo. Pero creo que sería mejor si vas y eres tú misma.
—Puesto que una narcotraficante es muy buscada en una
aplicación.
—Eres más que eso. —Me encuentro los ojos de Abby y parpadea
como si mis palabras hubiesen llegado más allá de sus oídos—. De la forma
en que lo veo, todavía me debes una y te lo estoy ordenando.
Abby se ríe y varias personas voltean y nos dan miradas de muerte
como si estuviéramos bailando en un funeral. Abby les ofrece esa sonrisa
que promete un desvío por el infierno y rápidamente vuelve a ser parte de
la manada.
—¿Me estás diciendo que eres una gallina? ¿Un chico de la
universidad en un traje es tu kriptonita?
Abby mueve su celular un par de veces más. —Solo voy a quedarme
porque ofrecen el almuerzo y he oído que van a ordenar pizza de Geno’s.
Voy a estar enojada si no tienen palitos de pan. Son orgásmicas.
—¿Eso significa que vas a tomar mi última entrevista?
—Tu funeral —canta.
Tal vez lo sea. Sin duda, esto va a enojar a mucha gente, pero Abby
se queda. Si alguien es material para Harvard, es ella, y si tiene el valor
suficiente para entrar campantemente a una habitación donde no la
esperan, entonces puedo asumir la responsabilidad del hombre que afirmo
ser.
Con una respiración profunda, enlazo mis dedos con los de Abby,
quien salta, como si experimentara la misma electricidad que corre por mis
venas. Hablando de apuros. Mi corazón se acelera, mi sangre bombea
con más fuerza y cuando Abby hunde sus dedos más fuerte en mis manos,
soy un hombre que está volando.
Roza su dedo a lo largo del mío y la sensación es una que nunca he
experimentado. Un cosquilleo en mi torrente sanguíneo, un reconocimiento
de mi piel y su suavidad y cuando inhalo, es el dulce aroma de la
madreselva.
Hay una satisfacción en saber que no soy el único afectado. El rostro
de Abby se encuentra sonrojado y hay una dulzura en sus ojos que no se
encuentra a menudo.
—Dado que no estás aquí —dice—, y tampoco yo y puesto que
nada de esto está sucediendo, debo mencionar que nunca he sostenido
la mano de un chico antes.
La confesión me hace aferrarme a ella como si nunca la fuese a
dejar ir. —Eso está bien. Nunca antes he sostenido la mano de una chica.
Los ojos de Abby vuelan a los míos y sacudo nuestras manos. Se
mueve, solo un centímetro hacia mí. Nuestros hombros se rozan, su rodilla
hace contacto de una forma que me hace cerrar los ojos, y luego, debido
a que este es el maldito mejor día, Abby descansa su cabeza en mi
hombro.
Como si fuéramos normales. Como si tuviéramos diecisiete años y
perteneciéramos a esta sala y no nos importara el mundo. Como se
supone que debería ser la vida.
Abby finge que esto no es real, pero lo es y estoy empeñado a tener
más momentos como este… muchos más.
30 Traducido por Julieyrr
Corregido por NicoleM

Abby
Harvard. Estoy sentada frente a un bastardo de Harvard. Voy a
patear a Logan la próxima vez que lo vea. Jodido Harvard.
Sin embargo, con el señor Harvard hemos estado en la sala de
conferencias de la biblioteca durante treinta minutos, más allá del máximo
de quince permitido por estudiante. Su corbata está suelta, el primer botón
de su camisa está desabotonado y me sonríe porque no sabe qué diablos
pensar de mí.
Se inclina hacia delante en el asiento y descansa los brazos sobre sus
muslos.
—Déjame ver si lo entiendo, ¿eres capaz de obtener un ochenta por
ciento de beneficios por cada artículo que vendes, la mayoría son
conscientes de esto y a tu clientela no les importa?
Este chico va de vuelta a mi línea de apertura: Tengo mi propio
negocio con un margen de beneficio del ochenta por ciento. Tengo una
clientela, donde tengo que rechazar gente y tengo ventas en promedio
son triplicadas de manera anual y posiblemente hago más que la mayoría
de los graduados universitarios, así que guau por mí, por qué debería asistir
a su escuela.
Se olvidó de Logan bastante rápido.
Me encojo de hombros. —Estoy segura que les importa, pero la clave
está en actuar como si no me importara. Está mal. Estoy a favor del servicio
al cliente, pero la gente a menudo confunde el servicio al cliente con
gente agradable y no es lo mismo. Mis clientes piden, yo proporciono. Me
dicen cuándo aparecer, lo hago. Puedo mantener mi palabra, lo que es
importante, pero al final del día, tengo un producto que quieren y la
belleza del capitalismo tiene que ver con la oferta y la demanda. Tengo la
oferta y exijo el precio. Tener éxito en el capitalismo no es para el placer de
las personas. Se trata de mis clientes recibiendo lo que quieren y es acerca
de mí haciendo dinero.
—Voy a preguntarlo una vez más, ¿qué es lo que vendes?
Amplío mis ojos para imitar molestia y un poco de locura. —Se lo diré
cuando me ofrezca una beca completa.
Se ríe. —Eres diferente, Abby. A veces eso es bueno. A veces es
malo. Al final, siempre es refrescante.
—Pero no soy material de Harvard, ¿cierto? —Soy audaz con la
pregunta y odio las pequeñas punzadas de esperanza de que no esté de
acuerdo conmigo.
Hojea la carpeta que me solicitó después del límite de quince
minutos. La profesora encargada de esta área se asustó. Asustó. No podía
creer que me encontraba aquí. No podía creer que Logan no lo estaba.
Se hallaba con la cara roja, nerviosa, disculpándose y este tipo me pidió mi
expediente académico.
—Grandes resultados en los exámenes y calificaciones. Las pruebas
de aptitud son impresionantes. Sin embargo, tu asistencia está incompleta
y no tienes actividades extracurriculares. —Cierra mi carpeta—. Te vendes
a ti misma también, pero tienes que ser capaz de venderte en papel.
Además del primer ciclo universitario, la historia siempre será la
misma. —El papel mata árboles y me gustan los árboles. Crean oxígeno y
todo eso.
Me da una sonrisa triste. Mete la mano en su bolsillo del pecho y
retira una tarjeta. En ella está su nombre, número y dirección. —Mándame
un correo electrónico. Envíame una lista de las universidades a las cuales
estarás aplicando. Tal vez pueda ayudarte, darte una palabra de
recomendación si puede ayudar.
Acepto, me empujo más allá de la derrota y me enfoco en el pase
de oro delante de mí. Esa es otra cosa acerca de cómo ejecutar un
negocio. No dejas que las emociones tomen lugar en una oportunidad y
eso es exactamente lo que está ofreciendo este tipo.
—Su pérdida.
Se levanta conmigo y me estrecha la mano. —Estoy de acuerdo.
Buena suerte, Abby. Tengo la sensación de que estaré escuchando de ti
algún día.
Probablemente. En las noticias de las seis en punto y no en el buen
sentido. —Es mejor que lo crea.
Camino por la puerta y frente a mí se encuentra el director, el
consejero y la nerviosa profesora. Antes de que cualquiera de ellos pueda
decir una palabra, muestro su tarjeta. —¿Alguien más salió con esto? Creo
que se dice Harvard.
Solo el consejero sonríe a sabiendas. —No.
—No lo creo. Ahora, si me disculpan, tengo un sitio en el que estar.
Tengo que admitirlo, todo esto, incluyendo darles la espalda se
siente realmente bien.
Voy por el pasillo, en dirección a la salida y sentado en las escaleras
cerca de la salida de la escuela se encuentra Logan. Está descansando los
brazos sobre sus muslos y las manos entrelazadas entre sí. La gorra de
béisbol me impide leer sus emociones, pero, de nuevo, es Logan y siempre
es difícil de leer.
El impulso es ir a él, mostrarle la tarjeta y sonreír por lo que he logrado
mientras también lo hace. Actuar de diecisiete. Crear una historia y
escuchar cómo sigue mi juego. Burlarme de él y que se burle de mí. Dejar
que tome mi mano de nuevo y deleitarme con las mariposas que
eclosionan en mi pecho al momento en que sus dedos tocan los míos.
En mi bolsillo trasero, mi celular vibra. Logan sigue mirándome y
todavía estoy mirándolo. Cada vez que lo veo es como si surgieran dos
caminos. Uno que me llama… otro que se siente inevitable. Cualquier
camino conduce a alguien a quien amo. Ambos lastimarán a la otra
persona que estoy protegiendo y a mí.
Deja de vibrar, luego comienza de nuevo. Lo saco y suspiro cuando
veo el número de Linus. De nuevo, los dos caminos se convierten en uno
mientras recuerdo que cualquier camino a Logan solo le traerá problemas.
Camino lejos de él, contesto el teléfono y me aferro a la idea de que estoy
por lo menos salvando a mi abuela, que al menos me estoy muriendo en el
interior por una buena razón. —A veces me gustaría que un dragón
apareciera y comiera tu teléfono. A veces me gustaría que fuera a ti.
—Deja de soñar despierta. Tenemos trabajo que hacer hoy.
31 Traducido por SandyQu St.Rolan
Corregido por NicoleM

Logan
Se abren las puertas del elevador. Entro, luego lo hace mamá y
papá. Usar el ascensor después de las visitas al doctor siempre ha
apestado, en especial cuando mamá me acompaña y no hay nadie más
aparte de nosotros. La preparación de mi papá, los segundos en que
mamá se quita su propia piel y yo preocupado por Abby.
Papá presiona el número uno y comenzamos a descender, pero no
para irnos, sino que para que orine en un vaso de muestra. El doctor no
está feliz con mi nivel de glucosa y por cómo no he sido capaz de
mantenerlo en un nivel saludable.
—¿Qué si hay algo mal con su riñón? —dice mamá saltando
directamente con ese tono agudo que tiene.
—El resultado es normal. —Me recargo nuevamente en la pared de
espejos y veo la cuenta regresiva de los números. Cada año revisamos la
proteína en mi orina, para así saber si mis riñones están fallando
considerablemente.
Mamá se gira para enfrentarme. —No es un chiste, Logan. Es tu riñón.
Lo necesitas.
—Tengo dos. Considera uno como un respaldo.
La forma en que la boca de mamá se abre y la absoluta mirada de
horror en sus ojos me informa que la broma no fue apreciada. La puerta
del elevador se abre, mamá sale y me siento como la mierda.
La sigo y antes de que pueda disculparme, mamá ya ha encontrado
refugio en el baño de mujeres. Meto las manos en los bolsillos. Hasta hoy,
no tengo idea de cómo termino siendo el que la reconforta después de
cada cita con el especialista. Ha sido así desde que era niño.
Mamá escapa. Es lo que hace. Lo que es. Días como hoy pienso que
estoy realmente cansado de eso. Voy hacia una fuente de agua, y papá
me sigue.
—Déjame adivinar —dice papá—, estás sediento. —Porque un signo
del nivel de azúcar alto es la sed.
Me inclino y bebo, mucho, pero no está ni cerca de ser suficiente y
no lo será. Me enderezo y los ojos de papá resplandecen. En la oficina del
médico, mi índice de glucosa fue astronómico. No es el mejor momento
para tener niveles altos frente del médico. Es como el no cepillarse los
dientes antes de ir al dentista.
El almuerzo es mi única oportunidad para hacerme la prueba o
administrarme insulina, y me los salté para pasar tiempo con Abby.
Combina eso con que mi única opción de comida para desayunar era
una pizza de masa gruesa y fue la receta para el desastre.
Papá camina a un lado de mí y me enderezo cuando lo siento
mirándome fijamente. —Estaba bromeando, con mamá. Trataba de
aligerar el ambiente.
—Ese es el problema, Logan. No te tomas nada de esto en serio. No
te tomas nada en serio.
—Los exámenes de proteína son habituales. Es rutina. El examen no
significa que algo está mal. No significa que piense que mis riñones se
encuentran fuera de control. Estos exámenes, estas citas, eso es normal
para mí, y mamá tiene que aprender cómo superar sus lágrimas o tiene
que parar de venir.
La mirada de papá se endurece. —El azúcar en tu sangre sobrepasó
los trescientos. ¡Trescientos, Logan!
—Lo sé, estaba ahí. —En caso de que se perdiera el hecho de que
era mi sangre en las pruebas—. Estoy haciendo lo mejor que puedo, ¿bien?
Me alejo, escaneando las paredes en busca de una señal del
laboratorio y papá me detiene.
—No, no está bien. Tienes que hacerlo mejor.
Golpeo la visera de mi gorra de béisbol y encuentro la mirada
molesta de papá. —Bien.
—Está mal —presiona papá—. ¿Por qué no te hiciste la prueba en el
almuerzo? Sabías que tendrías un almuerzo alto en carbohidratos, ¿por
qué no te administraste insulina?
—Creí que tendría tiempo para comer y luego ir a la camioneta a
hacerme la prueba e inyectarme insulina si lo necesitaba, pero no lo hice.
—Porque Abby se encontraba ahí y no quise perder ni un segundo con
ella.
Papá estudia mi cara y cuando entiende lo que no dije, una ráfaga
de aire deja su cuerpo. —Prefieres arriesgar tu vida que admitirle a alguien
que tienes diabetes.
Un músculo en mi mandíbula se contrae. —No estoy arriesgando mi
vida.
—Cada vez que no te haces la prueba, cada vez que permites que
tu nivel de azúcar en la sangre aumente, pones en riesgo tu vida.
Al diablo con esto. Me muevo para rodear a papá, pero se
interpone en mi camino. —Deja de correr, Logan. He dejado pasar esta
conversación por mucho, pero no más.
—¿Correr? No estoy corriendo. —Señalo al baño—. Mamá es la que
corre. No puedo correr de la diabetes. No me puedo esconder en un baño
o elegir a un chico nuevo y pretender que las cosas malas no existen. Voy
a la cama cada noche sabiendo que mi diabetes seguirá ahí en la
mañana. No hay cura. No hay nada para alejarlo. Me hago y hago
pruebas y sabes lo que pasa, la misma cosa. El número sube, el número
baja. No hay escape porque nunca termina.
—Es cierto —desafía papá—. Nunca se irá y es hora de que lo
aceptes.
—¡Ya lo acepté! No tengo otra opción más que aceptarlo. Quieren
que sea feliz con esto, pero en ningún lado del papeleo que he leído dice
que tengo que ser feliz con ello. ¡No me gusta que mi cuerpo esté roto! —
Dolor cruza sus ojos, y lo rodeo alejándome de él solo para encontrarme
dando vuelta—. ¿Qué es lo que quieres de mí?
Papá posa se lleva las manos a las caderas y baja la cabeza como si
pareciera cansado, y eso es debido a que lo está. Siempre se encuentra
cansado. Su pecho se expande cuando respira y estoy sacudiendo mi
cabeza. Ya sé qué es lo que quiere y no puedo dárselo. —No.
Por años, ha insistido en que tenga una bomba de insulina y me he
negado.
—Ya no estás jugando béisbol. —Lanza la excusa que he usado para
no tenerlo en mí, explicándole que sería un dolor en el trasero tener que
removerlo constantemente porque se podría dañar con la forma en la que
juego. Me quedo en silencio, porque el béisbol solo fue eso, una excusa—.
La bomba puede ayudar. En lugar de depender de que te hagas la
prueba y te administres la insulina, eso lo haría por ti.
Es más complicado que eso, pero es la idea general. Me encojo
como si considerara la idea. Como si tuviera una excusa válida para decir
que no. —Podría volver a jugar otra vez esta temporada.
—Eres igual que tu madre.
Rabia explota a través de mí y de nuevo señalo al baño. —Ya te
expliqué que no corro. Ya acepté lo que soy.
—¿Lo que eres? —Se pasa una mano por la cara—. Si lo sabes,
¿podrías explicármelo?
—¿Qué se supone que significa eso?
—Un día eres un jugador de béisbol, al siguiente estás en los autos,
luego tocas la guitarra, mañana será algo más. Por años, te he visto saltar
de una cosa a otra. La siguiente más loca que la anterior.
—¿Aquí es cuando me dices que soy un irresponsable?
—No te comprometes. No con un deporte, una afición, ni siquiera
por una chica. Una chica con la que estabas que le dispararon y de la que
ni tu madre ni yo teníamos idea.
Un golpe de molestia se origina en mis entrañas y se esparce rápido
como el veneno. —Retráctate con lo de Abby.
—No, no voy a hacer más. Estás tan atrapado en no querer ser la
persona con diabetes que te convertiste en todo y todos a tu alrededor.
¡Odias tanto lo que hay dentro de ti que nunca te has molestado en
mostrar quien eres! ¡Y así, Logan, así es como te pareces a tu madre!
Nos damos cuenta de que se encuentra justo afuera de la puerta del
baño. Mamá se acomoda detrás de la oreja un mechón de su cabello
rubio rizado. Se muerde el labio inferior antes de acercarse a nosotros, sus
ojos atravesando a mi padre. —Y él se guarda todo dentro, al igual que tú.
Sin emociones. Sin pláticas. Constantemente viviendo una media vida
porque ambos tienen miedo de sentir.
Sus palabras calan hondo. Muy hondo. Tan hondo que la necesidad
de enloquecer surge como un tiburón acechando a su presa sangrante. —
Suena como si hubiese heredado lo peor de los dos y tuve el bono de un
páncreas dañado para rematar. Ahora, si me permiten, necesito saber si
ya jodí mis riñones.
Paso por el lado de papá, mi hombro golpeando el suyo y cuando
me hallo a unos pasos de distancia, dice mi nombre, pero sigo caminando.
32 Traducido por Daniela Agrafojo
Corregido por NicoleM

Abby
Regla número cuatro: no hay tal cosa como un descanso, solo otra
oportunidad para hacer dinero.
Papá era bastante firme con esa. La dijo varias veces. También solía
decirme que la mejor cosa acerca de las fiestas, eran las personas
observando. Lo segundo mejor, era divertirte mientras trabajabas tiempo
extra.
Papá se divertía en eso. También lo hacía yo, pero no puedo
encontrar mucha alegría esta noche. En especial, debido a que la razón
por la que me encuentro aquí es porque he sido convocada por Ricky.
Con un movimiento tan hábil, porque lo he memorizado, encuentro
la palma de Evie, agarro el dinero y lo reemplazo con un porro. Lugares y
personas como estas prefieren lo prefabricado a las bolsitas. No hago
tanto dinero por persona si no los vendo en masa, pero lo hago muy bien
con la cantidad de personas que piensan que necesitan lo que tengo que
ofrecer, y el margen de ganancia que añado por vender.
Solo lo hago en las fiestas de vecinos, solo les vendo a los que
conozco. Como siempre, soy exigente con respecto de a quién le vendo,
pero la mayoría aquí tiene más que perder al ser arrestados que yo.
—Gracias, Abby —dice Evie, y solo asiento en respuesta. Desaparece
en las sombras de la espesa multitud. Evie es una estudiante de honor y no
es de este vecindario. Se hallaba aquí hoy, en la escuela, entrevistándose
con las universidades. No puedo evitar preguntarme por qué escoge este
lugar como el sitio para desahogarse.
El estacionamiento abandonado detrás del centro comercial y justo
al lado de los apartamentos de la sección ocho está vivo esta noche.
Algunos incluso fueron más lujosos y colgaron luces navideñas de los postes
aplastados contra la grava. Música sale de las puertas abiertas de una
Ford Explorer cargada con amplificadores.
Hace mucho tiempo, mi padre solía traerme aquí. Examinaba
detenidamente la multitud, sin temor de que alguien me lastimara, en
busca de alguien más de mi edad. Era la hija de Mozart y nadie iba a
tocarme.
Cuando encontraba a otro niño, corríamos y corríamos… jugando a
la mancha, jugando al escondite, y una vez que conocí a Isaiah, se volvió
mi compañero en el crimen.
Pateo mis talones contra la media pared de hormigón en ruinas,
tratando desesperadamente de no perder a Isaiah. Perderlo es una
sensación fría. Vacía. No duele tanto como perder a Logan, pero aun así,
no es una sensación que me guste.
Mi celular suena y mi alma se tuerce ante la visión del nombre de
Rachel.
La terapia física apestó hoy. Mis piernas duelen y el terapeuta me
acusó de presionarme demasiado.
Me encuentro asintiendo, comprendiendo por qué me escribe a mí.
¿Insomnio de nuevo?
Sí. Una pausa. Te extraño.
No debería haberle respondido. No debería haberle dado la
oportunidad, pero era una de las pocas personas a las cuales les admitía
su dolor después del accidente. Podría ser la única a la que le admite su
dolor en absoluto. Es porque una noche que se encontraba en el hospital y
solo éramos las dos, le dije que mi madre era una adicta a la heroína y que
el pensar en ella algunas veces era un dolor físico. Por la reacción de
Logan, nunca se lo dijo a nadie. No es que esperara que Rachel esparciera
chismes acerca de mí. Es la clase de amiga que guarda secretos para
siempre. Le respondo.
Te extraño, pero así es como tiene que ser. No me envíes mensajes
de nuevo y no te presiones demasiado. Tienes tiempo.
No tengo tiempo. Los chicos no van a llevarme contigo porque todos
han heredado el gen loco, y necesito estar detrás del volante de un auto
para poder encontrarte y hacerte ver cuán estúpido estás actuando. Nos
necesitas ahora más que nunca.
Rachel definitivamente tiene un par. Muy pocas personas se han
atrevido a hablarme de la forma en que lo acaba de hacer, y es por
razones como esa que decidí que sería mi mejor amiga. Frunzo el ceño y
mi estómago se revuelve por la idea. He perdido a mi mejor amiga…
—Te lo dije, la gente como nosotros no tiene amigos. —Linus inclina la
cadera contra mi pared y elevo una ceja—. Así que deja de sentir lástima
por ti misma y vuelve a poner tu maldita cara de juego.
—No toques mi pared. —Meto el teléfono en mi bolsillo y considero
las miles de maneras de poder empujar a Linus al tráfico.
Parpadea una vez. —No es tu pared.
—Lo es. Mi pared. Mi nombre está en ella. Justo ahí. —Porque es mi
pared, no tengo que apuntar para probar que estoy en lo correcto, y los
ojos de Linus se mueven automáticamente a donde mi padre escribió mi
nombre cuando tenía cinco años. Esta media pared fue un regalo para mí
la primera vez que me trajo a este lugar. Me senté en este muro y lo esperé
porque era mi pared que tenía para proteger y de nadie más.
Los dragones, me dijo él, asaltarían la fiesta si dejaba esta pared. Las
princesas en los cuentos de papá nunca necesitaban salvación; eran lo
suficientemente fuertes para salvarse a sí mismas.
—Ya no eres una niña. ¿Dejarías de actuar como una?
Me bajo de la pared y me inclino hacia él, sin importarme que sea
más alto y más grande que yo, y que no tenga problema en dispararle a
otras personas al igual que yo.
—Es mi maldita pared y si te digo que no la toques, no la tocas.
Tenemos un concurso de miradas, y planeo ganar.
Parpadea primero, pero mata mi alegría de ganar con—: No volverá
por ti.
Dolor atraviesa mi corazón, pero me enorgullezco de haber sido
capaz de enmascarar el daño.
—Solo estás celoso por no tener una pared. Papi te dio una pistola.
Me dio a mí una pared. Tengo que decir, que gané por completo. —Algo
destella en los ojos de Linus y siento la sonrisa condescendiente
formándose en mi rostro—. No te gusta cuando lo llamo papi, ¿verdad? —
Aprieta los labios, como si no estuviera dispuesto a responderme ni verbal
ni físicamente—. ¿Por qué no te gusta? ¿Que lo hace real porque tenía
sentimientos por mí o que eso me haga real a mí y no una fantasía?
Porque, seamos honestos, no te gusta sentir.
—Ricky y yo debatimos a menudo si eres brillante o una sociópata.
Pondero mis opciones. —¿Por qué no puedo ser ambas?
Linus niega con la cabeza, ya que nunca me entiende. —Ricky
quiere verte.
Elevo las manos, bromeando. Linus ignora mi reacción y con la
barbilla apunta al estacionamiento. Ricky, como yo, prefiere hacer los
negocios en autos. Su auto es más agradable que los de mis clientes y
tiene un conductor, pero aun así no estoy ansiosa de este encuentro.
Paseo a través de la multitud, y me pregunto cómo sería ser como
Evie. Tener un hogar decente, grandes oportunidades, y aun así elegir
voluntariamente ser succionada en la fosa del entumecimiento.
—¿Puedo preguntarte algo? —Hago una brecha, cuando llegamos
a ese lugar solitario entre dejar la multitud y a medio camino a donde nos
dirigíamos.
—Si es una jodida locura o no tiene sentido, no.
—Eres un aguafiestas.
—¿Tienes una pregunta sensata o no?
—¿Qué pasa si declino lo que sea que Ricky tenga para ofrecerme?
Eso hace que Linus se detenga tan rápidamente que la parte
superior de su cuerpo se mueve hacia adelante mientras sus pies se
vuelven pesados. —¿Por qué harías eso?
—Harvard me quería hoy.
Sus ojos se ríen, pero no su boca. —Estoy seguro de que Harvard te
quería. Muchos chicos te desean.
Sonrío, eleva las cejas, y subo la apuesta mostrándole la tarjeta. —
Tuvimos entrevistas en la escuela hoy. Si me convierto en una chica normal
con actividades extracurriculares normales, posiblemente podría tener una
oportunidad porque le gusté. Le gusté. Así como me gustan los conejos o
como te gusta la lluvia en los desfiles de las personas o patear a los
cachorros.
Linus solo lee la tarjeta, no la toca, y encuentro eso interesante.
—¿Quieres ir a la universidad? —pregunta Linus.
Me encojo de hombros, luego asiento.
—Dile a Ricky. Hay oportunidad de que él pague por eso.
—¿Es ahora o después el concurso de quinientas palabras por la
Beca gánster del año? ¿Y crees que mi tema de cómo arrojar
creativamente un cuerpo durante la hora punta del tráfico funcionará, o
crees que busque algo un poco más convencional como la forma de usar
la tecnología para el contrabando de heroína?
Una vez más, ninguna reacción. —A Ricky le gustan las listas.
Apuesto a que sí. —Ese dinero no se blanquea solo.
—Tú lo dijiste.
Guardo la tarjeta y una extraña punzada de desesperación
estremece mis huesos. La primavera pasada, cuando Isaiah tenía
problemas con Eric, le dije que una vez que empezaba por el camino de lo
ilegal, no había manera de salir. De algún modo, le había dicho a Isaiah la
verdad, pero me mentí a mí misma, pensando que si me quedaba por
poco tiempo, sería capaz de escabullirme por la puerta trasera.
Una rápida mirada hacia las estrellas y no veo ni una sola cosa. Es
una noche clara, pero estamos en la ciudad así que la luz de las estrellas
no se ve completamente. —¿Que si a cierto punto, decido que ya no
quiero hacer esto?
Linus me estudia de la cabeza a los pies. —¿Quieres salirte?
Sí. —No. —La abuela todavía necesita que trabaje—. Solo es
curiosidad.
—Eres la hija de Mozart… eres una de nuestras mejores vendedoras…
—Es su pausa la que me causa el cosquilleo de temor—. A menos que
haya alguna malditamente buena razón, Ricky no va a dejarte ir.
Me muerdo el interior de la boca, justo bajo mi labio inferior y busco
estabilizarme.
—Eso no es algo malo, Abby. Significa que vas a hacer un montón
de dinero por el resto de tu vida.
Significa que seré un objetivo por el resto de mi vida. Significa
volverme fría como Linus. Significa no amar nada, no conocer a nadie.
Significa que un día tendré que vender cosas que no quiero vender, hacer
cosas que no querré hacer, convertirme en algo inconvertible.
—Si tienes miedo de que te disparen de nuevo, no lo tengas. Me
mudaré contigo. Siempre he cuidado de ti, lo sabes, pero nunca ha sido
oficial. Esta vez, lo será.
—Nunca dije que estuviera asustada y nunca dije que necesitara
una niñera.
—No será así. Todavía tendrás bastante espacio, pero cuando las
cosas en las calles se vuelvan inestables, estaré a tu lado.
Lo que significa que mi promoción, también es una para Linus. Es un
soldado en la guerra secreta de Ricky, y está avanzando en el mundo.
El celular de Linus suena y mientras revisa el mensaje, las luces de la
camioneta de Ricky se encienden.
—Serás reprogramada —dice él—. Te mandaré una hora de
encuentro nueva mañana.
Mis hombros se tuercen como si fuera observada. —¿Hay
problemas?
—Nada que te concierna. —Gesticula de nuevo hacia la fiesta—. Ve
a hacerle a Ricky algo de dinero. Le diré a uno de mis muchachos que
mantenga un ojo en ti.
—Puedo arreglármelas sola. —Le doy la espalda a Linus y actúo
como si regresara a la fiesta. Pero en realidad, solo quiero evadir a Ricky
por tanto tiempo como pueda. Esta interrupción fue un regalo, pero a
pesar de todo, la reunión con Ricky sucederá, y cuando lo haga, habré
pasado el punto de no retorno.
33 Traducido por Jadasa
Corregido por Daniela Agrafojo

Logan
Isaiah está sentado el asiento del conductor de su Mustang, con una
mano sobre el volante y la otra en la palanca de cambios. Su dedo sobre
el volante da golpecitos a un ritmo constante y persistente. Es rápido, un
poco desesperante, y representa lo que siento. Al otro lado del
estacionamiento está Abby, hablando con Linus.
Nunca supe que podía odiar a otro ser humano tanto como lo odio
a él.
—¿Sabías que ella estaría aquí? —pregunto.
Isaiah asiente sutilmente. —Siempre está aquí los viernes y sábados
por la noche. Era la rutina de su padre y ahora es la suya.
—¿Cuánto tiempo hace que ustedes son amigos?
—Hace mucho.
Todas las noches, desde que dejé a Abby sola en su dormitorio,
Isaiah y yo hemos estado buscando a su atacante. A veces hablamos. A
veces no. Cuando lo hacemos, debatimos qué hacer cuando
encontremos al bastardo: los pros y los contras de dirigirnos a la policía.
Esa es mi elección inicial, pero Isaiah duda y entiendo por qué.
Ninguno de nosotros quiere ver a Abby atrapada en cuestiones jurídicas y
terminando en la cárcel.
—Si este es un territorio seguro para Abby, ¿por qué estamos aquí? —
Mis ojos se estrechan sobre Isaiah—. A menos que pienses que él tratará de
hacerle daño de nuevo.
—Nunca se sabe, pero pensé que podríamos abordar las cosas de
manera diferente esta noche. Si Linus afirma ser el único que vio al
atacante, entonces quizás esté detrás de él.
Asiento, siguiendo su línea de pensamiento. Si rastreamos a Linus y el
atacante lo sigue a él, descubriremos a quién hemos estado buscando.
—¿Has pensado en mi idea? —pregunta Isaiah.
Una intervención. Piensa que necesitamos atar a Abby a una silla y
tener una intervención completa. —No funcionará, a menos que
encontremos una manera de resolver sus problemas.
Isaiah permanece en silencio por unos momentos. Abby se aleja de
Linus y nos inquietamos cuando desaparece de nuestra vista. Ha sido duro,
no hablar con ella desde que la vi en la escuela, no ver como está, ni
saber si esta vez su trabajo la atrapará y no la veré de nuevo.
—Necesita dinero —afirma Isaiah mientras sigue a Linus caminando
hacia un todoterreno.
—Sí. —Pero Isaiah no sabe por qué y supone que yo si lo sé—. Y
tampoco se irá si piensa que alguno de nosotros se encuentra en peligro.
—Tú, Logan. En este momento, eres tú el que la está dirigiendo.
La mirada que le doy, es un silencioso “Jódete”. Silenciosa porque
tiene razón. Silenciosa porque el respeto en sus ojos mientras mira por
encima de mí me dice que siempre estará agradecido de que fuera detrás
de Abby.
—No creo que vaya a las granjas del sur. —En los últimos cuatro años,
junto con Ryan, Chris, y cualquier otro chico al que podamos convencer,
vamos y empacamos heno en la granja del abuelo de Chris que queda al
sur de aquí, y luego extendemos nuestros servicios a las granjas vecinas.
Este año, convencimos a Isaiah, West, y Noah de que fueran con nosotros,
pero no podemos salir de Louisville sabiendo que Abby se halla en peligro.
—¿Pueden dejarlo para después?
—No. Ya han cortado el heno y se está secando. O nos vamos ahora
o no lo hacemos. Todavía puedes ir. Vigilaré a Abby.
Isaiah sacude la cabeza en desacuerdo. Está empezando su propio
negocio y esperaba con interés esta semana. Tenía la esperanza de que
un buen día de pago le diera un colchón financiero, pero tampoco quiere
dejar a Abby. No sin averiguar quién es su atacante.
Isaiah mira rápidamente en el espejo retrovisor y en una fracción de
segundo, su mano se posiciona sobre la palanca de cambios y su pie en el
embrague. Antes de que pueda preguntarle qué ocurre, un hijo de puta
gigante, un hombre enorme, se pone frente al auto, apoyando sus manos
sobre el capó. No tengo que mirar hacia atrás para saber hay alguien en
la parte trasera.
El motor del Mustang ruge, Isaiah mete primera, y mientras me
preparo para el juego de quien se rinde primero, hay un golpe en mi
ventana. Isaiah golpea el volante y maldice.
Eric me fulmina con la mirada a través del vidrio y dice tres palabras
que hacen que mi sangre se congele. —Tengo a Abby.
34 Traducido por Jadasa & SandyQu St.Rolan
Corregido por Julie

Abby
Son solo las once y voy a dar el día por terminado. Me duele el
hombro, no puedo evitar la corriente de bostezos que están saliendo de mi
boca, y he vendido lo suficiente para ser rentable.
Bajo mi pared y empiezo a avanzar a través de la multitud. El
autobús número once estará aquí pronto y me llevará directo a la casa de
la abuela.
—¿Saliendo? —El compañero favorito de Linus, Tommy, se desliza a
mi lado y apenas lo miro por el rabillo de mi ojo. Estoy enojada porque es
obvio que Linus le entregó el extremo de la correa invisible que lleva a mi
cuello.
—Nop —miento por ninguna otra razón que para ser intratable—.
Debo encontrar la habitación de una chica.
Lanza su pulgar por encima del hombro. —Un amigo mío vive en los
apartamentos. Puedes usar eso.
Saco mi teléfono y pretendo que el último mensaje de texto que
recibí fue importante. No lo fue. Fue Houston enviándome una foto de él
con pajitas saliendo de su nariz, pero Tommy está siendo amable y por lo
general, es tan frío como Linus. Mis instintos están encendidos y no ignoraré
mis mejores habilidades de supervivencia.
—Me dirijo al bar —digo por último, y deliberadamente me meto
entre dos personas por lo que tendrá dificultades para alcanzarme—. Será
dos por uno. Pee luego hace algunas ventas.
—Iré.
—Estoy bien por mi cuenta.
—Abby, sinceramente no estoy preguntando.
Mis vellos se ponen de punta. Doy un paso delante de él, le apunto
con un dedo, en el estómago y empujo lo suficiente para que mi uña larga
se clave en su piel. —Bueno, sinceramente no estoy aceptando, así que
retrocede.
Tommy se sacude como si lo hubiese apuñalado. —Linus no quiere
que estés sola.
—No es decisión de Linus, es mía. Me estoy alejando, no me vas a
seguir, y si lo haces, haré de tu vida un infierno.
—Hablas mucho para una niña que recibió un disparo.
Sonrío y eso me asusta incluso a mí. —Y encontraré al hijo de puta
antes de que él a mí. Un tipo con un arma no podría hacerse cargo de una
chica de diecisiete años, con un cuchillo. Ahora, eso es lamentable así
que, como dije, estoy bien por mi cuenta.
Algo extraño pasa por su rostro y hace que mi cabeza se incline a un
lado. Lo estoy viendo. Me está mirando. La voz de mi padre retumba en mi
cabeza: No confíes en nadie.
Tengo que luchar para evitar que mis ojos se arrastren hacia abajo
por el costado de Tommy. A medida que continuamos mirándonos el uno
al otro, lucho más allá de la bruma opaca que tenía en el hospital y trato
de recordar si vi a Tommy allí. Varios de los otros chicos que Linus considera
dignos estuvieron allí “manteniendo un ojo sobre mí”, pero nunca Tommy.
—Linus tiene razón —dice—. Tienes estrés post traumático.
—¿Perdón?
—Antes del callejón, nunca cuestionaste que uno de nosotros te
siguiera. Ahora ves a todos como el enemigo.
Estoy paralizada por sus palabras, y por primera vez dudo de mis
instintos, dudo de mí misma. Me doy vuelta y no digo nada cuando
camina junto a mí otra vez. El mundo se siente desarticulado, casi como si
me hubieran golpeado.
—¿De verdad te diriges al bar? —pregunta.
—No.
—¿Entonces, a casa?
—Sí. —Mentir parece inútil, sobre todo porque mi mente parece estar
confundida. Mis instintos están apagados… yo estoy apagada.
—Te daré un aventón. A Hemlock y Orange, ¿verdad?
Es más de dos kilómetros de donde vive la abuela y todavía está
demasiado cerca de ella, pero tengo una ruta a partir de ahí donde sabría
si me estaban siguiendo. Linus me ha dejado allí varias veces. Igual que
Tommy. Nunca me han seguido. Los dos siempre me han dado mi espacio.
—Bueno.
Cuando llegamos al borde de la multitud, Tommy bordea hacia los
apartamentos y me voy con él.
—El coche está estacionado aquí —dice explicando—. ¿Por qué no
dejas que alguien te lleve a casa?
—Porque entonces querrías que te invite a entrar y si hiciera eso,
entonces querrías galletas y si te doy las galletas, entonces querrías leche, y
si te doy leche luego querrías sexo.
—Buen punto.
Bromeaba con él, pero de nuevo, Tommy, es un hombre. Mis instintos
están apagados. Si mis instintos están apagados, ¿cómo voy a sobrevivir?
—¿Lo estás llevando bien? Linus dijo que te dispararon.
—Estuve deprimido unos pocos días. —Sus labios se estiran hacia
arriba, pero eso no es una sonrisa—. Costará mucho más mantenerme
alejado.
Quiero preguntar si ser atacado en ese callejón alteró sus instintos,
pero no lo hago. El hecho de que es mi niñera, es la respuesta.
—Ese callejón fue un desastre, ¿no? —digo, poniéndolo a prueba a
él. A mí.
—Fuimos malditamente rápidos.
—Sí, lo fueron. —Giramos a la derecha, luego a la izquierda, y
estamos en el laberinto de ruinas de dos pisos de apartamentos de bajos
ingresos. Nuestra única luz proviene de la luz exterior que funciona en
solitario mediante la puerta de un inquilino. Frunzo el ceño—. ¿A qué
distancia has estacionado?
—Vamos a tomar este atajo y mi coche está al otro lado.
Ese sistema de advertencia interna, la que me mantuvo a salvo
durante tanto tiempo, me está gritando y hago una pausa. Mi mano cae a
mi estómago en un intento de detener la náusea que se agita en mi
interior. Trastorno de estrés postraumático. Mis instintos están apagados...
Tommy mira a su alrededor, pero se queda mirando muy por encima
del hombro, la dirección en que nos dirigíamos. —¿Estás bien?
Exhalo lentamente. No, para nada. —¿Cómo te lastimaste?
Arquea sus cejas. —¿Qué?
—En el callejón, ¿cómo te lastimaste?
Tommy es zurdo y sus ojos van a la derecha. Se encuentra a punto
de mentir.
—El chico me sorprendió desde atrás. Fue un disparo ordinario.
Los disparos no son ordinarios si extraen sangre. Está mirando a otro
lado, se frota la nariz y casi me duele la cabeza mientras proceso por qué
mentiría. —¿Pero cómo? Escuché un montón de disparos y soy la única
que acabó en el hospital...
Debido a un ruido en la hierba detrás de mí, mi mano va hacia mi
cuchillo. Una figura todo de negro, excepto por el cabello rubio. Es Eric y se
dirige hacia nosotros, con las manos en el aire, esa expresión siempre
egoísta en su rostro.
—¿Paseando por la calle equivocada, Eric? —pregunto relajada,
pero aun así mantengo la mano sobre la empuñadura de mi cuchillo. No
me asusta ver a Eric. Solo, no es nada más que una mosca molesta. Los
chicos que le rodean son los aterradores—. ¿O es que te perdiste porque
exploraste más allá de lo que te permitió tu mamá?
Tommy me pasa, poniéndome detrás de él, y extiende la mano
hacia su arma detrás de su espalda. Volviéndose un cavernícola como la
mayoría de los hombres. —Este no es tu territorio.
—Pensamos que la franja donde trataste de sacarme era territorio
neutral, pero las fronteras parecen estar cambiando y también, las
alianzas. —Continúa caminando hacia nosotros. Cada paso es lento y
metódico—. ¿Cómo estás, Abby?
—¿Qué quieres? —Ahora, Tommy tiene su arma en la mano, pero
aún en su espalda.
Eric se detiene, inclina la cabeza y piel de gallina se forma en mis
brazos por la sonrisa malévola que se extiende en su rostro. Parece que no
soy la única con la que le gusta bailar al diablo. —Quiero a Abby.
—Lo lamento, no eres mi tipo.
Eric arquea sus cejas. —¿Qué tipo es ese?
Echo un vistazo a mi izquierda, luego a la derecha, sintiendo los
muros cerrándose sobre mí, sofocándome. —Prefiero del tipo atlético.
Grande, fuerte. Del tipo que hace los deberes. Quizás el que no envía
gente a tirar balas en mi cuerpo. Ese tipo de mierda.
Eric asiente con cada una de mis descripciones. —Dices que eres
exigente.
—Soy rigurosa.
—Ven conmigo, Abby, y esto va a ser fácil.
Echo un vistazo detrás de mí, y tres de los muchachos de Eric
aparecen detrás de nosotros. Maldita sea. Le susurro a Tommy—: Tenemos
problemas.
Mi agarre sobre la navaja se tensa mientras Tommy evalúa nuestra
mala situación. Sus ojos se mueven a mi mano y casi puedo oír su gemido
de que no estoy preparada como él.
—Vas a tener que correr —murmura—. Ve hacia la fiesta y luego
quédate allí. En el momento en el que abras la boca este lugar estará más
caliente que una zona de guerra.
Se siente mal dejar a Tommy, pero tiene razón, nuestra mejor
oportunidad de supervivencia es solo una carrera corta.
—Solo quiero a Abby —dice Eric—. Entrégamela, y puedes irte.
—En serio, Eric, no soy tu tipo.
—Corre, Abby —susurra Tommy—. Está aquí para terminar lo que
empezó en el callejón.
Los ojos azules de Eric se encuentran con los míos. —Escuché eso. ¿A
dónde llevabas a Abby, Tommy? Teniendo en cuenta que tu coche se
encuentra estacionado en el centro comercial.
La adrenalina mezclada con ira me atraviesa y Tommy explica—:
Está diciendo estupideces. Juega con tu mente. En la calle circulan los
rumores de que estás desequilibrada mentalmente. Eric lo usa para su
beneficio.
—¿Recuerdas la noche en que los policías interrumpieron la carrera
callejera? —pregunta Eric.
El mundo entero desaparece, y por unos breves segundos, somos
solo Eric y yo. Lo protegí esa noche. Le di un lugar para recostarse hasta
que los policías terminaron de recorrer las calles. Lo hice porque era una
oportunidad para chantajearlo. Para tener un favor de un enemigo si algo,
alguna vez, explotaba dentro de la organización de Ricky.
—Ven conmigo ahora —dice, sin romper el contacto visual.
Demasiados pensamientos chocan al mismo tiempo. Es imposible
que Eric se encuentre aquí para salvarme...
Eric inclina su cabeza. —Agárrenla.
—Corre. —Tommy saca su arma, y como sincronizado, Eric también.
Los dos entran en un enfrentamiento horrible, pero no me quedo a ver.
Hago justo lo que dice Tommy... corro.
Pasos pesados tocan el suelo detrás de mí y no tengo que mirar atrás
para saber que me persiguen los chicos de Eric. No soy tan rápida como
debería. Mi energía disminuye por mis heridas. Con tanta fuerza como
bombean mis brazos, tan rápido como se mueven mis piernas; no es
suficiente.
Doblo la esquina, con la esperanza de que me ayude a ganar
velocidad, pero una mano me agarra del brazo. Mi cuerpo se sacude
hacia atrás y cuando intento liberarme, mi muñeca queda atrapada en mi
espalda. Baja una sombra en frente de mí, mi grito es amortiguado por una
mano, y sacan el cuchillo de mis dedos. Me roban mi celular del bolsillo
trasero.
Dos hombres, cuatro brazos, mis luchas no son suficientes. El pánico,
el miedo, la adrenalina corren por mis venas. Arremeto y alguien maldice
entre dientes. A partir de la humedad en mis dedos, saqué sangre.
Atan mis manos detrás de mi espalda, enlazan una tela sobre mis
ojos y se llenan de lágrimas. Mis gritos desgarran mi garganta, pero ninguno
de ellos es lo suficientemente fuerte como para hacer una diferencia.
Brazos rodean mi cintura, que son equivalentes a bandas de acero. Pateo
y trato de abrir la boca para morder, pero los dedos apretados contra mis
labios son demasiado fuertes.
Nos estamos moviendo, contra mi voluntad, y lucho aún más.
Pateando espinillas, agitándome en su agarre. La voz de mi padre grita en
mi cabeza: Nunca dejes que te lleven a la segunda ubicación. Nunca
dejes que te lleven a la segunda ubicación.
Se oye el sonido de una puerta de coche al abrirse y cuando pateo
de nuevo, hay un gruñido masculino. Otra puerta de coche se abre y
cuando me bajan, me convierto en un gato salvaje. Más gruñidos, un
empuje de ellos en el coche y siento un asiento debajo de mí. Las manos
me tiran más adentro mientras que otro grupo de manos me fuerza desde
atrás.
La puerta del coche se cierra cerca de mis pies y me impulso hacia
arriba para llegar a la otra puerta, se cierra y me doy cuenta que el
bastardo que tiene su mano sobre mi boca se metió conmigo. Imbécil
inteligente. Maldición, demasiado inteligente.
Un motor gruñe y mi cuerpo choca contra el asiento a medida que
nos lanza hacia adelante. Su mano se mueve cerca de mi cintura,
metiéndose detrás de mí cerca de mis pantalones y el asiento, y me
atraviesa un miedo como nunca he sentido antes.
Mi grito “¡No!”, deja mi garganta en carne viva y es interrumpido por
la mano que todavía cubre mi boca. Una extraña sensación de que algo
moviéndose sobre mi muslo, envolviéndose alrededor de mi estómago y
luego un clic.
Me estremezco con el sonido. Fue un cinturón de seguridad. Estoy
tumbada en el asiento trasero y este hijo de puta me puso un cinturón.
Tengo las manos atadas y mientras pateo la puerta, me doy cuenta de mis
pies también están atados. Pateo la puerta una y otra vez; no hay nada
más que un silencio enloquecedor de los dos hijos de puta que me han
atrapado aquí.
Mierda. Simplemente, mierda. Golpeo mi cabeza contra el asiento
acolchado mientras mis labios se curvan hacia bajo y no se puede negar
la humedad que desborda de mis ojos. Ya una vez engañé a la muerte, no
la engañaré de nuevo.
Alejan la mano sobre mi boca e inhalo una profunda bocanada de
aire. Un clic de otro cinturón de seguridad confirma que el sujeto se
trasladó al asiento delantero.
El motor acelera como si fuéramos más rápido y puedo detectar el
sonido de los engranajes moviéndose. Es de cambio manual, no
automático. Sea quien sea, puede manejar manualmente. No hay mucha
gente así por aquí y probablemente, Isaiah sepa quién es.
En silencio, rezo para que Isaiah descubra esto, lo persiga y lo
despelleje vivo.
—Vas a morir —digo—. Probablemente no lo haré yo, pero algún día,
morirás y el primer sonido que oirás, será mi risa cuando te unas a mí en el
infierno.
No recibo ninguna respuesta. Solo silencio. Es inteligente de su parte.
Demasiado inteligente.

La puerta del coche se cierra y yo brinco. Abro los ojos, pero nada.
Oscuridad. La venda sigue sobre mis ojos. Hemos estado conduciendo un
rato. Muy largo y en una calma intensa. Solo el ruido de la máquina del
auto me hace compañía.
Sin embargo, me he mantenido despierta, a la deriva en mis
pensamientos. Pensando en mi abuela, preguntándome que sería de ella,
si Logan la visitaría si yo muero. Y luego pretendiendo que estoy con él. Ni
atrapada. Ni vendada. Ni en camino a hacerle frente a la muerte.
Me muevo y se me cae algo. El vello en mis brazos se eriza con el frío
que se extiende en el coche y toca mi piel, y mi mente no puede procesar
por qué mis captores cubrirían mis brazos; mi cuerpo. Como si se
preocuparan.
Otra puerta se cierra con un portazo y me tenso para escuchar algo
que me pueda ayudar. Sonido de coches en la carretera, conversaciones,
algo, pero una vez más, nada.
Ellos esperan que pelee cuando abran la puerta, estarán
preparados. Estaré débil. Pesada. Los golpearé cuando menos se lo
esperen.
Un cosquilleo constante de miedo en mi sangre y mi boca se seca;
han estado fuera del auto mucho tiempo y no puedo decidir si esos
minutos extra son un regalo o una maldición.
Aire caliente se arremolina cuando la puerta se abre cerca de mi
cabeza. Trabajo en mantener mi respiración constante y trato de ignorar
mi pulso latiendo fuerte en mis oídos. Asumirán que me dormí, podrían
creer que todavía lo estoy. Los dejaré bajar sus defensas. Se van a
encontrar muy pronto con que muerdo.
El impulso es respirar lentamente para calmarme, pero no. No quiero
morir. No así. No hoy. No quiero morir de una manera fea. No quiero
resultar herida. No quiero ser ultrajada. No quiero…
Un toque gentil sobre mi frente, mi cabello siendo apartado. Mi
garganta se engrosa y la venda es removida, pero mis ojos permanecen
cerrados.
—Abby.
Mis ojos se abren de golpe y mi respiración se atora en mi pecho. Es
Logan. Dos rápidos latidos. Logan me encontró. Lucho, pero el cinturón de
seguridad me mantiene en el lugar. —Ten cuidado. Hay dos, y están con
Eric.
Logan suelta el cinturón, y mi cabeza latiguea en la otra dirección
mientras Isaiah abre la puerta y maldice.
—La ataron —dice Logan en un tono bajo.
—Vamos a mantener esto calmado. —Hay algo salvaje en los ojos
de Isaiah que solo significa dolor para las personas con las que está
molesto.
Exhalo, pero luego me lleno de terror. Mi mejor amigo y el chico que
me importa, se encuentran aquí y yo los estoy poniendo en peligro. —No
debieron seguirnos.
Isaiah desata mis pies y Logan, mis manos. Ellos están calmados,
sólidos, moviéndose metódicamente; sin prisas y yo siento que me
encuentro a punto de explotar. —Tenemos que apurarnos.
Logan detiene su mano cerca de mí. La tomo y con cuidado me
ayuda a salir del auto. Está oscuro. Increíblemente oscuro. Negro como
nunca he visto. Nuestra única iluminación viene del interior de la cabina y
las luces de otro coche; el coche de Isaiah.
Me acerco más a Logan mientras busco a los chicos de Eric, para
hallar la forma de salir de este escenario. Logan acuna mi cara entre sus
fuertes manos y estudia la herida en mi cabeza, luego mueve mi blusa a un
lado para revisar mi herida de bala. —¿Estás bien? ¿Sientes dolor? ¿Te
hirieron?
Siento escalofríos incluso con la cálida noche de verano y deseo que
Logan empiece a correr. —Pueden volver.
—Estamos justo aquí —dice la voz de Eric en la noche.
Giro hacia la voz de Eric, y Logan pasa un brazo alrededor de mi
cintura, acercándome a él y al Mustang de Isaiah. Movimientos en todas
partes y todas las piezas están en juego. Eric y uno de sus muchachos se
encuentran cerca de su auto. Logan, Isaiah y yo, al otro lado de lo que
desearía fuera un cañón.
Eric me recorre con la mirada, y no con esa sucia típica de él. —He
tratado de mantenerte cómoda.
La chaqueta que me pusieron encima. Echo un vistazo rápido a
Logan e Isaiah, con la esperanza de que puedan ponerme al corriente de
todo lo que me he perdido, pero su atención sigue fija en Eric. No están
preparados para atacar, pero tampoco han bajado sus defensas.
—¿Qué está pasando? —pregunto.
Eric mete las manos en sus bolsillos y mira directo; él es diestro y eso
hace que sus siguientes palabras se sientan como un golpe en el
estómago. —Yo tenía una deuda contigo, por mantenerme a salvo. Ahora,
no te debo nada.
—Me secuestraste. —Arremeto, pero los brazos de Logan me
aprietan, evitando que vaya adelante.
Eric se encoge de hombros. —Te di la opción fácil, no la aceptaste.
—¿Acaso olvidaste que me disparaste?
Agita la cabeza como si estuviera disgustado. —Y dicen que eres
lista. Piénsalo. Hay cientos de veces en las que pude haberte quitarte de
en medio en estos años y no lo hice. Explícame el beneficio de matarte.
El agotamiento se arrastra sobre mí y odio tener que apoyarme en
Logan. Su cuerpo es tibio y fuerte, y pasa su mano por mi costado como
diciendo en silencio: estoy aquí. Aún tengo que depender de este chico, y
cada vez hace más difícil tener que dejarlo ir de nuevo.
—Explícame las cosas —le susurro a Logan.
—Eric vino a buscarnos a Isaiah y a mí —murmura—. Dijo que te
tenía, que estabas en peligro, y que si queríamos mantenerte a salvo, lo
viéramos aquí.
—¿Dónde es aquí? —pregunto.
—Estamos en el estacionamiento de los senderos del Bosque del
Condado de Jefferson—dice Eric. Eso significa que seguimos cerca de
Louisville—. Debes salir de la ciudad, Abby.
—¿Por qué? —demando, pero una sensación de hundimiento similar
a caer de un risco me informa que ya sé la respuesta, y no es una a la que
quiera hacerle frente.
—Nos tendieron una emboscada esa noche, en el callejón. Era Ricky
tratando de hacer su movimiento. No te voy a mentir, provocó heridas
graves, pero no me derribó. Lo que te pasó en el callejón, no lo ordené yo,
y mis chicos estaban muy ocupados tratando de salvarse para
preocuparse en cazar a alguien del equipo de Ricky.
Parpadeo lentamente, pensando en el chico que rogó por su vida. El
chico que lloró. Mi garganta se cierra con el recuerdo. —Podrías estar
mintiendo.
—¿Cómo demonios iba a saber alguno de mis chicos dónde estabas
con el fin de dispararte? Y aún mejor, ¿por qué iría detrás de la hija de
Mozart? Puede que esté en prisión, pero al fin de cuentas, sigue teniendo
contactos.
No sé si papá aún los tiene o no, pero permanezco en silencio. —
Estabas siguiéndome. Es por eso que fui al callejón.
—Con Linus a cuestas y ustedes dos desaparecidos, luego
comenzamos a recibir disparos.
—Alguien que esté de mi lado no me daría un disparo a mí.
—Entonces, tienes un problema porque no te disparé. —Me mira
directo a los ojos y su lenguaje corporal lo respalda en todo lo que dice—.
No ordené a nadie que te disparara, ninguno de mis chicos te disparó, y tú
no tienes traidores en tu grupo, al menos no del tipo de los que tengas que
preocuparte. ¿De qué necesitas estar preocupándote? De averiguar quién
en el equipo de Ricky tiene algo contra ti, por qué y que tan lejos llega la
traición.
—¿Por qué viniste a buscarme ahora? ¿Por qué ayudarme en lo
absoluto?
Eric se mantiene en silencio, nunca rompiendo su conexión conmigo.
Mueve su mandíbula por un momento y luego dice—: ¿Qué tan bien
conoces a tu chico Tommy?
Tommy estuvo ahí… Tommy fue herido… Tommy es la única persona
en la que Linus confió para decirle en dónde estaba… —¿Qué le pasó a
Tommy anoche?
—Corrió —dice Eric—. En la dirección opuesta a ti. Te hace
preguntarte a donde te llevaba ya que estaban cómodamente solos. Es
solo mi opinión, pero tú eres la mascota de Linus y Ricky, y a ellos les
encanta tenerte cerca. Debe apestar para Tommy ser el segundo mejor
todo el tiempo.
Debe apestar, concuerdo.
—Del modo en que lo veo, tienes dos opciones para sobrevivir.
Desapareces y nunca vuelves o averiguas quién no es falso en tu familia y
luego le dices a Ricky que despeje la casa. Pero tienes que saber, Tommy
ha estado esparciendo rumores sobre ti: dice que el disparo te rompió
mentalmente. Ve a contarle a Ricky sobre la situación con Tommy, ¿Ricky
creerá que no has colapsado?
—Estás jugando conmigo —digo—, tratando de hacer que cuestione
a mi propia gente.
—Me salvaste una vez, y ahora te he salvado yo. Estamos a mano y
lo que te pase después de esto ya no me concierne. Como sea, buena
suerte. La vas a necesitar.
Eric cierra la puerta trasera del coche y cuando abre la del pasajero
delantero, pregunto—: Digamos que algo de esta mierda es verdad ¿qué
quieres sacar de esto?
Porque a pesar de que Eric afirma que esto es para pagar una
deuda, lo conozco más que eso. No es tan buen ser humano.
Esa sonrisa astuta es todo lo que cruza su rostro. —Ahora que
preguntas, apreciaría si le mencionaras a tu papi que salvé tu trasero y
luego agradécele.
—¿Por qué?
—Él sabrá. Ten cuidado, Abby. Sería un verdadero desperdicio si
murieras. —Y con esas palabras de despedida, Eric se sube al auto. Su
guardaespaldas hace lo mismo y las luces traseras brillan de rojo mientras
se alejan.
35 Traducido por Umiangel
Corregido por Itxi

Logan
El sonido de un celular zumbando me hace salir de un sueño. Me doy
la vuelta en el saco de dormir, agarro mi teléfono y leo el mensaje de Ryan:
Nos detuvimos en el supermercado. Estaremos allí en veinte.
Hay varios mensajes más debajo del de Ryan y debo haber estado
muerto para el mundo para no oír mi teléfono. Me desplazo entre ellos y
me detengo el tiempo suficiente para revisar los de mamá y papá. Ambos
son disculpas por cómo dejamos cosas en el hospital. Ambos quieren que
les mensajee cuando llegue a la granja del abuelo de Chris.
Papá pensó que me desperté temprano, antes de que él llegara a
casa y me fui. Sí, fui a casa ayer por la noche, no a dormir, sino a empacar.
Abby se quedó dormida en el asiento trasero y eso me dio una buena
oportunidad para dejar a Isaiah en el coche con ella y empacar sin
miradas indiscretas.
Grupo de texto para papá y mamá: Estoy aquí.
Papá responde: Necesitas examinarte más a menudo.
Yo: Lo haré.
Papá: Lo siento.
Suspiro. Yo también.
Lo siento porque está decepcionado de mí, o lo siento porque dije
cosas que no se pueden retractar, o lo siento porque no sé si algo que dijo
es cierto, no tengo ni idea, pero en general, lo siento. Pelear con papá no
me hace sentir bien.
Mamá nos responde a mí y a mi papá: Cuídate. Te amo.
Yo: Lo haré y yo también.
Isaiah se voltea en su saco de dormir y luego se pasa una mano por
la cabeza rapada. —¿Este lugar tiene un baño?
Señalo a las dos puertas cerradas. —El de la derecha. No uses
demasiado papel higiénico, este lugar se encuentra sobre un sistema
séptico antiguo.
—Está bien —murmura mientras se pone de pie. Cierra la puerta del
baño detrás de él y Abby abre sus atontados párpados. Odio cómo luce,
pálida, ojeras debajo sus ojos, simplemente agotada y enferma.
No dijo mucho después de que Eric se fuera, y no la culpo. Eric
podría estar en lo cierto o podría estar alimentando sus mentiras. De
cualquier forma, no es una buena posición en la que hallarse.
—Ryan y todos los demás estarán aquí pronto —digo, y Abby se
sienta, su cuerpo se hunde en el respaldo del sofá donde dormía. Se
recoge su largo cabello oscuro de la cara y parece pequeña y joven—.
Vamos a poner un colchón de aire para ti en el dormitorio esta noche.
—Explícame de nuevo dónde estamos y lo que estamos haciendo.
—La voz de Abby es rasposa como si no la hubiera usado en años. Mira
alrededor de la pequeña cabaña rústica que no tiene electricidad,
posiblemente preguntándose si anoche fue un sueño. Dios sabe que estoy
cuestionando nuestra actual realidad.
El área abierta tiene un lavabo de cerámica hecha antes de que
naciera el abuelo de Chris, una estufa de leña que tiene una tapa superior,
donde podemos calentar cosas, una ventana, suelos de madera y la única
pieza de mobiliario es el sofá donde Abby dormía la noche anterior.
La cabaña es pequeña ahora y cuando Ryan, Chris, Noah, y West
lleguen, este lugar seguirá reduciéndose.
—¿Recuerdas que querías cargar heno con nosotros y te dije que era
cosa solo para chicos?
Apenas asiente con la cabeza.
Abro mis dedos. —Bienvenida.
—¿Cuánto tiempo permanecerás aquí? —¿Cuánto tiempo le queda
hasta que pueda resolver sus problemas?
—Una semana, pero estoy seguro de que tú y yo podemos
quedarnos aquí más tiempo si es necesario.
Su mirada se pasea hacia la puerta. —Eso no debería ser necesario.
No quiero estar lejos de la abuela tanto tiempo.
Los músculos de mi espalda se tensan. —Vas a tener que tomar
algunas decisiones importantes. Ninguna debería ser tomada con prisa.
No responde y eso me molesta. Abby está completamente cerrada,
sin emoción, sin bromas, solo una hoja en blanco. —¿Qué pasa si
necesitara regresar a la ciudad antes de una semana?
Me levanto, tirando el saco de dormir conmigo y haciendo un
desastre. —¿Vas a considerar una opción que salvará tu vida?
Se frota la herida en su cabeza. —Ya oíste a Eric anoche, ¿verdad?
—Sí.
—Entonces sabes que no importa lo que haga, mi vida le pertenece
a alguien más.
La ira se precipita a través de mí. —No escuché eso en absoluto. Eric
te tomó ayer por la noche para que pudieras tomar la decisión de salvar tu
propia vida.
—Eric podría no decir la verdad —dice en un tono inexpresivo.
—¿Eso crees? —la presiono—. Porque yo no. Creo que tienes miedo
de alejarte de esta vida. Creo que eres una cobarde.
La primera chispa de vida que golpea a Abby y es en forma de furia.
—Así que digamos que elijo alejarme, ¿a qué costo, Logan? Necesito el
dinero y, ¿has olvidado que intento protegerte?
—Si te alejas, entonces te juro que vamos a solucionar lo del dinero.
Conseguimos cinco mil dólares para Isaiah en cuestión de semanas hace
unos meses. Si confías en nosotros, saldremos adelante por ti.
—Hice un trato con Linus para protegerte. No puedo olvidar eso. —
Abby frota sus ojos—. Nada de esto tiene sentido, Logan. Nada de eso. Si
Ricky y Linus querían matarme, ya estaría muerta. Linus es el que me
encontró, no el que me disparó. Incluso si ordenó el golpe, él podría
haberme matado.
—Tal vez iba a hacerlo. Tal vez cuando me presenté, se detuvo.
—Te habría disparado también. —La fría mirada hueca en sus ojos
me hiela por dentro.
—Entonces tal vez este Tommy trabajaba solo. Dime dónde
encontrarlo y te confirmo si era él al que vi salir de tu callejón. Si no fue así,
entonces sabemos que Eric mentía.
Abby mueve su cuello como si estuviera rígido. —Y entonces, ¿qué
pasa si Tommy es el que disparó? ¿Vas a mantener esa información para ti
mismo o vas a ir a la policía?
Me quedo en silencio, pero bien podría decirle que estoy en el lado
bueno de la policía. En menos de tres semanas, he ayudado a Abby
mientras sangraba y luego la desaté de la parte trasera de un coche. Mi
paciencia con esta tontería se ha agotado.
—Ricky me ofrece un ascenso —dice Abby—. No ofrece ascensos a
las personas que solo trata de matar. Mi mundo puede ser una mierda,
pero no es tan loco.
Mi mente intenta colocar todas las piezas en el tablero de ajedrez,
pero Abby está en medio y no puedo permitirlo. Mis manos tienen una
ligera sacudida y un hambre se apodera de mí. Lo más probable es que mi
azúcar en la sangre sea baja y necesito obtener azúcar antes de ponerme
hipoglucémico. No es lo que normalmente sucede cuando me despierto,
pero es tarde y no puedo recordar la última vez que comí. — Entonces
crees que Eric miente.
Encuentra mis ojos y todo lo que veo es agotamiento. —No lo sé.
Tommy me mintió ayer por la noche antes de que Eric apareciera. No sería
la primera vez que la gente utiliza la idea de tomar a alguien para ganar
posición.
Una calma mortal se apodera de mí. —Así que vamos a empezar de
nuevo. Me dices dónde encontrar a Tommy, y voy a confirmar si es el
bastardo que te disparó.
Sus cejas se levantan y esa maldita expresión de “soy más inteligente
que todos” cae sobre su rostro. —Así que, ¿te permito señalar a un tipo que
es peligroso? ¿Señalar a un amigo de confianza de Linus y Ricky? ¿Crees
que te hará permanecer a salvo?
—¿Crees que ignorar a alguien que sabes que te disparó es seguro,
de todas formas?
—Tengo responsabilidades —se enfurece—. Hay gente que tengo
que cuidar. Hay cargas que llevo que nunca podrás entender.
—Son tonterías, Abby.
Abby se pone de pie, mirándome hacia abajo como si yo fuera un
soldado en el otro lado del campo de batalla apuntándole con un arma.
Es una expresión peligrosa. Una que oscurece su hermoso rostro, que debe
asustarme hasta la mierda, pero me condenará por solo querer besarla y
por la forma en que sus ojos arden, también, piensa en besarme.
—No puedo ser tú. No puedo ir por ahí y hacer lo que quiera cuando
me dé la gana, no tengo un montón de personas que se preocupan por
mí. No tienes ni idea de lo que es tener responsabilidades. No tienes ni idea
cómo es que siempre sepas que cada elección que hagas, puede
significar que el mundo se derrumbe a tu alrededor.
Sé de lo que habla. He vivido con ese tipo de responsabilidad desde
el momento en que el médico me dijo que tenía diabetes tipo 1. —
Estupideces, Abby. No sabes una mierda sobre mí.
—Tienes razón, no lo hago. Nadie te conoce. Tú simplemente te
paseas, permaneces callado y actúas con un loco, y ninguna persona te
conoce y al final nadie me conoce. Pero la diferencia entre nosotros,
Logan, es que tus secretos no te matarán. Tus secretos no matarán a nadie.
Mis secretos pueden herir a todos los que conozco y amo. Estoy seriamente
cansada de tener esta conversación contigo. Estoy seriamente cansada
de tener que decirte en ocho idiomas diferentes que ya no somos amigos.
—Sigues diciendo esas palabras, pero soy yo quien te ayuda cuando
caes y cuando estás en mis brazos, nunca te siento pelear.
Abby aprieta los labios de una manera molesta. —Estoy fallando,
una vez más, viendo que mis problemas son tus problemas. También estoy
fallando viendo que simplemente, no escuchas y te mantienes lejos.
Quiero sacudirla para que entienda. —Porque me preocupo por ti.
Porque todos nos preocupamos por ti. Tú puedes ser capaz de apagar tus
sentimientos por nosotros, pero nosotros no podemos apagar nuestros
sentimientos por ti. —Golpeo mi mano en mi pecho—. ¡No puedo apagar
mis sentimientos por ti!
Mi pecho sube y baja como si acabara de correr por las tres bases
para hacer un jonrón y Abby parece estar igual de nerviosa.
Mis secretos podrían definitivamente matarme tanto como una bala
en la cabeza podría matar a Abby, y eso es lo frustrante de esto. Ella
puede alejarse de esta vida, pero yo… teniendo diabetes… no tengo otra
opción.
La puerta de la cabaña se abre y la risa que los chicos traían
mientras caminaban, mueren. Abby y yo seguimos mirándonos el uno al
otro, los dos retando al otro a desviar la mirada. Sus mejillas son de color
rojo, también su cuello. Ella ha enrojecido de ira, sonrojada por la
vergüenza de las palabras que acabo de admitirle.
Isaiah sale del baño y rodea la habitación, evitando caminar entre
Abby y yo, y saluda a Noah primero y luego a los otros chicos.
West da zancadas como siempre hace, su caminar tan arrogante
con el sombrero hacia atrás y lanza un brazo alrededor de Abby. —
¿Noche difícil, Abby?
—Qué te jodan, Young. —Lo empuja lejos, rompiendo el contacto
visual conmigo, y él solo le sonríe, sin inmutarse por su ira—. Necesito que
uno de ustedes me lleve de vuelta.
Hubo un crujido mientras Ryan, Chris, Noah, y West tiraban sus cosas
en el suelo, pero todo el movimiento se detiene.
Ryan me mira mientras da pasos hacia adelante. Siempre ha sido el
líder, no solo de nuestro equipo de béisbol, también para mí y para Chris.
Su novia es Beth, la mejor amiga y la autoproclamada hermana adoptiva
de Noah e Isaiah, por lo que tiene una gran cantidad de peso de
responsabilidad, no solo conmigo, sino también con los chicos en esta
habitación.
—Voy a admitir no estar al día con las cosas —le dice Ryan a Abby—
, pero ¿no te dispararon y luego simplemente fuiste secuestrada?
Su rostro se frunce con disgusto mientras ella nivela una mirada hacia
mí. —Fantástico. Les dijiste a todos. ¡Qué gran amigo resultaste ser!
Me provoca. Tratando de empujarme hasta que caiga por el borde.
Abby quiere que me enoje, echándola de aquí, llevarla a casa y permitirle
que continúe sacrificándose a sí misma por mí y por su abuela. Abby sabe
que me enorgullezco de mi capacidad para mantener no solo sus
secretos, sino también los míos. Me está probando… tratando de hacerme
creer que piensa que no soy leal.
Desde que la conozco, Abby ha presionado, presionado y
presionado. Primero en atracción, después en amistad, y luego en el
cuidado. Si se aleja ahora, nunca va a volver, y me doy cuenta de que
también me ha empujado a enamorarme.
Estoy enamorado de Abby, y la odio por ello. Es imposible amar a
alguien que voluntariamente tira su vida por el inodoro.
—¿Crees que soy un amigo de mierda, Abby?
Ladea la cabeza de esa manera seductora y mortal. —Sí.
Secretos. Los secretos son como Abby funciona. Así es como es
capaz de mantener su trabajo, mantener esa maldita pared que construye
en cualquier momento si cualquiera de nosotros se acerca demasiado.
Abby me dijo sus secretos. Me lo dijo porque confiaba en mí. Me lo dijo
porque se preocupa por mí. Me dijo que me hiciera a un lado, pero Abby
no entiende que estoy desesperado por mantenerla a salvo incluso si eso
significa perderla en el proceso.
—Abby tiene una pista sobre quién le disparó —digo y los ojos de
Abby se amplían—. Y no tiene intención de dejar de vender, incluso si esto
significa que va a morir al final.
—¿Qué estás haciendo? —Abby avanza hacia mí.
—Tú lo has dicho, tus secretos podrían matarte, así que ya no habrá
secretos nunca más.
Abby se lanza hacia mí como si me fuera a golpear, pero West rodea
un brazo alrededor de su cintura para evitar el golpe. —Tranquila Abby.
—Voy a jodidamente matarlo.
—Está bien —digo—. Pero entonces todavía estarás viva.
—Eres un hipócrita —escupe—. Guardas tus secretos, pero no puedes
guardar los míos.
Dolor, sufrimiento y agonía pasan por su rostro y cada emoción me
desgarra. Paso una mano sobre mi cara y encuentro el valor para decir el
resto, para matar lo que queda entre Abby y yo.
—No lo hagas —suplica y Abby nunca suplica. Me está destruyendo,
pero me lastimaría más si muriera—. Por favor, Logan, no lo hagas.
—Te dispararon. Te dispararon y luego secuestraron. No tendrás
ninguna segunda o tercera oportunidad.
—Logan… Por favor… —Se hunde contra el agarre de West y él
parece perdido sobre qué hacer. Cuando miro alrededor de la habitación,
todos llevamos la máscara de que estamos perdidos. Abby no se quiebra.
Ni siquiera cuando le dispararon. Ni siquiera cuando la atamos a la parte
trasera de un coche, pero la verdad, su verdad la aterroriza… Su verdad
nos aterroriza.
Doy un respiro profundo y salto al acantilado. —Abby vende drogas
porque cuida de su abuela. Está enferma, tiene Alzheimer, y por esas
razones que explicará si quiere, se niega a poner a su abuela en un hogar
de ancianos. Vende drogas porque eso es lo que su padre hizo antes de ir
a la cárcel y es capaz de ganar suficiente dinero para cuidar a su abuela.
Está bien si le disparan, si la secuestran, si muere debido a que la única
persona que tiene en el mundo la necesita. Podemos juzgarla. Podemos
odiar lo que hace, pero pregúntense si cualquiera de nosotros haría algo
diferente si la gente que amamos nos necesita.
Encuentro a propósito la mirada de Isaiah. Ha tomado decisiones.
Proteger a sus amigos, amarla como una hermana, pero se aleja de todo
lo relacionado con las drogas. Él me preguntó hace unas semanas donde
estaba yo… si era firme en mis decisiones. —Soy firme en donde estoy. Y es
con Abby. Ella necesita ayuda y voy a dársela. ¿De qué lado estás?
Abby se abre paso fuera del agarre de West y coloca la mayor
distancia entre nosotros como sea posible. —Te odio.
Trabajo para mantener mi cara inexpresiva. No voy a enamorarme.
Ya la amo. Abby me odia. La amo. Mi vida es verdaderamente un
desastre. —Abby me va a mostrar quién cree que la disparó, luego iré a la
policía. Mientras tanto, tenemos que encontrar la manera de ganar dinero
para Abby. Si hacemos eso, no tendrá una razón para vender nunca más.
Abby cruza los brazos sobre el pecho y golpea la parte posterior de
su cabeza contra la pared de madera. —Yo en serio jodidamente te odio.
Estás absolutamente muerto para mí. No te mostraré al que me disparó, no
me estás ayudando, y una vez que nos vayamos de aquí, no quiero volver
a verte de nuevo.
La traicioné. Divulgué sus secretos. Hice algo que pensó que nunca
haría. No hay manera de mejorar esto. No hay manera de ganármela otra
vez, pero sí he compartido sus secretos, debo ser lo suficientemente fuerte
como para divulgar el mío.
—Estabas equivocada en algo, Abby.
Decide mirar al techo a mirarme a la cara.
—Tus secretos pueden matarte y… —Mi estómago se revuelve—…
mis secretos pueden matarme.
Su cabeza gira en un movimiento rápido en mi dirección y yo
cambio de posición mientras tengo toda la atención. He mantenido este
secreto durante años. Demasiados años. Nunca queriendo que alguien
piense de manera diferente de mí, que me traten de manera diferente, de
verme como si estuviera roto… pero he roto a Abby y es el momento de
romperme a cambio. —Soy diabético.
La frente de Abby se arruga y Ryan entra en mi línea de visión. —
¿Qué quieres decir con que eres diabético?
—Soy diabético. —No puedo mirarlo a los ojos. No se puede detener
la ola de enfermedad estrellándose contra mí—. Tipo 1.
Los ojos de Ryan se endurecen. Ha sido mi mejor amigo desde hace
años. Él lanza. Yo atrapo. Él siempre dependiendo de mí para decirle
directamente cómo son las cosas. Yo teniendo las agallas para decirle lo
que nadie más le dirá. Pero mantuve esto en secreto. Nunca confié en él
para ver más allá de la diabetes.
—¿Cuánto hace que lo sabes? ¿Cuándo pasó esto?
La respuesta fácil, sería mentir. Decirle que me enteré hace poco,
pero no mentiré, ya no. —Desde que tenía siete años.
—¿Por qué no me lo dijiste? —Ryan da un tirón hacia abajo con
fuerza en la visera de su gorra y se aparta de mí. Se aparta—. ¿Por qué no
le dijiste a cualquiera de nosotros?
Me encuentro con ojos de Abby y ya no hay ira en ellos, solo
confusión… solo lástima. De todas las veces que mi azúcar en la sangre ha
estado fuera de control, nunca me he sentido tan inestable como lo hago
ahora.
—Porque no quería que me miraras como lo hacen ahora. —Asiento
hacia Abby—. La mirada que ella me está dando.
Arrebato mi mochila del suelo, de camino a la puerta e Isaiah me
agarra por el bíceps. —¿Adónde vas?
—Afuera. Necesito un poco de aire.
Los ojos de Isaiah se encuentran en llamas. Se siente tan molesto
como Ryan. Debería cuidarme más, pero al ver la mirada de lástima de
Abby, estoy acabado. —Abby está aquí por esta semana. Si alguien en
esta sala la lleva de vuelta a Louisville, diabetes tipo 1 o no, voy a patearle
el culo.
36 Traducido por Lauu LR
Corregido por Ailed

Abby
Mi abuela me llevó a la iglesia una vez. Encendió una vela, se
arrodilló y rezó.
Ella no era creyente, pero papá se había ido por más tiempo de lo
normal y cuando volvió, estuvo en cama por unos días y no se me permitía
verlo. Entendía ahora que le dispararon, pero la abuela solo me dijo que se
encontraba enfermo.
Enfermo.
En la primera noche que estuvo en casa, gritó dos veces de dolor.
Nunca supe que mi padre podía sentir dolor. Parecía demasiado grande
para eso. Demasiado fuerte.
Asustada de esta monstruosa emoción que se había colado en mi
casa segura, coloqué cada animal de peluche que poseía en el pasillo y
los posicioné de frente hacia la habitación de mi papá. Luego arrastré las
cobijas de mi cama y dormí afuera de su cuarto. Si papá no podía valerse
por sí mismo contra el coco que siempre le asustaba que se colara y me
robara de él, entonces yo sería lo suficientemente fuerte para salvarlo.
No lo fui. Él está en prisión y ahí no hay nada que pueda hacer. La
abuela es demasiado vieja y no puedo parar su envejecimiento. Logan
tiene diabetes tipo 1. Ni siquiera sé lo que eso significa además de ser algo
más que no puedo reparar.
Todos excepto Logan y yo siguen dentro de la cabaña, y después de
revisar varias veces, no veo ninguna señal de él. En la distancia hay un
enorme granero rojo y, un poco más lejos, veo paja y algunas vacas. Si
respiro profundo, puedo oler su popó.
Echo otra rápida mirada para asegurarme de que nadie de la
cabaña está viendo y saco mi celular que anoche Isaiah recuperó de Eric.
Montones de llamadas, montones de mensajes, pero solo llamo a la única
persona en la organización de Ricky en quien puedo confiar.
El teléfono apenas tiene oportunidad de sonar una vez y ya hay una
respuesta. —¿Sí?
—Soy yo —digo.
—Jesús, Abby. —Es raro escuchar alivio en el tono de Linus—. ¿Dónde
estás? ¿Te encuentras bien?
Miro alrededor y un profundo cielo azul con grandes y esponjosas
nubes parece estar burlándose de mí con su felicidad. —No tengo idea de
donde estoy y además de posibles quemaduras de cuerda en mis
muñecas, estoy bien.
—Jodido idiota —gruñe Linus—, voy a comer el corazón de Eric para
la cena esta noche.
—¿Tommy está bien? —pregunto.
—Sí. Nos dijo lo que pasó y en verdad le sorprendió. ¿Estás libre?
¿Puedes caminar a algún lugar familiar? Si no, descríbeme dónde estás.
Linus no sabe que Eric me dejó marchar, y si él fue el que trató de
darme un disparo hace semanas, ¿por qué jugaría algo tan elaborado?
Surge el inmediato deseo de volver a Louisville. —Eric dijo que Tommy me
disparó.
Silencio. Un largo silencio. Lo suficiente como para que mi corazón
palpite un poco más rápido con cada segundo.
—¿Tiene pruebas? —Linus suena tan frío… tan mortal.
—¿Además de palabras? No, pero ambos sabemos que Logan
puede confirmar si es verdad.
—Vamos a traerte de regreso primero, y entonces atacaremos esto.
Descríbeme dónde estás.
—Bueno… —Una sensación punzante llena mi columna mientras el
teléfono es arrebatado de mi mano junto con algunas hebras de mi
cabello—. ¡Ohh!
—¡Abby! —ruge Linus—. ¡Háblame, Abby!
Isaiah luce amenazante encima de mí con su metro ochenta de
altura y tatuajes destinados a asustar a personas estúpidas, y presiona el
botón rojo que termina la llamada.
—Idiota. —Levanto mi palma abierta por mi teléfono.
Guarda mi celular, en su lugar me lanza una bolsa de mini donas. —
Coincido con Logan. Necesitas algo de espacio de Louisville. Al menos
unos cuantos días.
Abro la bolsa de donas con tanta fuerza que el papel se rompe, y
caen. Lanzo una mini dona en mi boca y mastico el azúcar de un modo
muy asqueroso. Estúpido Isaiah y Logan siempre se involucran de forma
estúpida.
Mi celular suena e Isaiah lo saca solo lo suficiente para apagarlo.
—Linus está preocupado —declaro.
—Eso requeriría que Linus tuviera alma.
Me convence ahí. Como otra dona, pero escojo dar una mordida
más pequeña esta vez. Tal vez necesito algo de tiempo para pensar en mis
opciones y no irá bien con Linus y Ricky detrás de mí, y con Tommy
posiblemente tratando de enterrar un cuchillo en mi yugular.
Isaiah se agacha junto a mí y ahora ambos estamos sentados en el
pasto, recargándonos sobre su Mustang estacionado. —West te trajo algo
de ropa, y Rachel dijo que lanzó dentro algunas otras cosas que podrías
necesitar.
Rachel. Buen Dios, duele escuchar su nombre. Parecen semanas
desde que me mandé mensajes con ella, pero fue solo anoche. Isaiah
debería amarrarme a la cajuela de su carro y llevarme a través de ese
escarpado camino de grava que lleva a Dios sabe dónde. —¿Cómo está?
—Enojada contigo. Y conmigo por no traerla a verte. —Levanta sus
rodillas y descansa los brazos en ellas—. Si dejas de trabajar para Ricky, no
tendrás que estarte preocupando por traerle problemas a Rachel. Sé que
quieres ser su amiga.
Así es. Más de lo que Isaiah puede comprender. Estar alrededor de
Rachel siempre me hace sentir normal. —¿Cuándo comenzaste a pasar el
rato con Rachel y West alguna vez te sorprendiste de cuanta comida
tenían? Digo, estaba en todos lados. Se salía del refrigerador, en el horno,
en las mesas. Juro que incluso la usaban como decoración.
—Aún no me acostumbro a eso.
—Sé que no eres todo amistoso con sus padres, pero me gustan.
Especialmente la madre de Rachel. Finge bien que soy normal a pesar de
que es obvio que no soy material de escuela privada. —La mentira que le
dije a los padres de Rachel cuando los conocí.
—Haces feliz a Rachel —dice—. Eso es suficiente para ellos.
—¿Crees que encajaremos? —pregunto—. Si pudieras lavarte los
tatuajes y yo la mugre de ser una traficante, ¿crees que alguna vez
podríamos encajar o crees que ser parte de lo más bajo de la cadena
alimenticia crea un hedor que nunca podremos quitarnos?
Isaiah eleva una ceja mientras repara en el mundo más allá de
nosotros. Son kilómetros de árboles y tierra. Cerca de la pequeña cabaña,
hay árboles, pero más que nada son kilómetros de tierra. Junto con esa
tierra hay filas y filas de pasto cortado. Nunca pensé mucho en cómo se
hace el heno. Nunca pensé en heno para nada.
Logan fue inteligente al traerme aquí. No tengo idea de donde me
encuentro, cuánto tiempo tomará encontrar una interestatal, y con su
amenaza, ningún chico aquí me llevará de regreso a la civilización. Estoy
atrapada, en más de un modo.
—Solía pensar como tú —dice Isaiah—, solía preguntarme si sería
algo más que un ladrón callejero.
—¿Y?
Se encoge de hombros. —¿Qué tiene de malo ser diferente?
Parpadeo porque esperaba el discurso de solo niégate a vender. —
¿Estás cambiando de opinión sobre el hecho de que trafique?
—Nop, pero si dejas de vender pensando que vas a encajar, solo vas
a terminar vendiendo de nuevo. No me gustan algunas cosas de dónde
vengo, pero teniendo algo de distancia, me di cuenta de que hay cosas
que amo.
—Por ejemplo, ¿a Noah?
—Y Beth.
Ruedo los ojos. Beth y yo nunca fuimos amigas. Nunca me preocupó
como Isaiah solía estar tan enredado con ella. Nunca me preocupó que lo
tuviera colgando de ella por un periodo de tiempo durante su vida. Pero
no teníamos que ser amigas. Algunas personas no estaban hechas para ser
cercanas.
—Y tú.
Golpeo con fuerza mi rodilla con la de él. —Termínala con los
sentimentalismos. Me está empezando a subir la tensión y voy a acabar
desmayándome. —Finjo abanicarme.
Isaiah se ríe entre dientes pero se desvanece. —Hablo en serio. Fuiste
la primera persona en verme por lo que soy, eso… fue poderoso.
Suspiro porque… bueno… Isaiah fue la primera persona en verme a
mí también, más allá de mi papá y mi abuela, y odio que tenga razón en lo
poderoso.
—Sé que te molestó —dice Isaiah—, pero me alegra que Logan nos
contara de tu abuela.
Suspiro, frustrada. —Él es peor que un agente de narcóticos.
—Él te está ayudando. Si hubiera sabido que vendías por eso… —Sus
puños se aprietan—. Debí haberme esforzado más por descifrarte.
La bolsa de donas cruje cuando me levanto y me imagino lo que
habría sido la vida si le hubiera dicho a Isaiah, pero mi imaginación falla.
Hace tres años, él estaba a punto de conocer a Noah, si no es que ya lo
había hecho. Tenía un trabajo en la tienda de autos de Mac gracias a mí.
Si Mac no pudo ayudarme, era imposible que pudiera su empleado.
Sí, Isaiah me habría ayudado si se lo pedía, pero también habría
quedado esclavizado a traficar para Ricky para hacer dinero. No tengo
problemas con ser la única de los dos que fue afectada.
—¿Por qué mantienes a tu abuela en secreto? —pregunta—. ¿Por
qué les dijiste a todos que murió?
—Papá dijo que le daba miedo de que la usaran en su contra. Él
sabía que ella no sería capaz de protegerse.
Él me dijo una vez que la abuela apenas podía mirarlo a los ojos
antes de que me trajera a casa. De algún modo, mi presencia reparó la
brecha entre ellos incluso aunque ella no aprobaba que papá me hubiera
involucrado en sus negocios. Al final, era lo único de lo que él sabía hablar.
Era su trabajo, su pasatiempo, su vida. Pero nunca me llevó a vender, no
hasta que supo que la prisión era inevitable.
—Siempre mantuvo el lugar donde vivimos en secreto y cuando
descubrió que no podía escapar de prisión, pensó que sería más fácil para
mí y para él si las personas pensaban que ella había muerto.
—Como tú estás luchando con uñas y dientes para mantener el
nombre de Logan fuera de esto así no pueden usarlo en tu contra.
—Den un premio al chico. —Solo desearía que Logan entendiera
eso.
—¿Se hallaba tan mal en ese entonces como ahora? —pregunta
Isaiah—. ¿Tu abuela?
Toda la honestidad saliendo de mí por las últimas horas casi se siente
como colmenas en mi piel. —No. Comenzaba a mostrar algunas señales.
Las vi entonces. Mi papá no. tenía otras cosas de las que preocuparse así
que lo mantuve para mí misma. Cuando él se alejó, sin embargo, su salud
mental se redujo rápidamente.
Isaiah se empapa en todo, justo como estamos bañándonos con los
rayos de sol. En realidad no nos recuerdo alguna vez haciendo esto;
sentarnos en el sol. Un baño de sol suena como a indulgencia y siempre
parece que nos escondemos en las sombras.
—Tu padre te dejó con un equipaje pesado —dice finalmente Isaiah.
—La vida apesta.
—Sí, ¿pero por qué no nos dejas cargar algo de ello por un rato?
Abro la boca para decirle a Isaiah que retroceda cuando me doy
cuenta de Logan caminando desde donde sea que desapareció. Usa la
gorra de béisbol, con la visera tirada hacia abajo, y la mochila está en su
espalda. Sus manos están ocultas en los bolsillos y luce tan… solo.
Mi corazón se retuerce. Entiendo la soledad. —¿Ninguno de sus
amigos sabía?
—No, y están muy enojados.
—¿Tú lo estás? —Miro por encima a Isaiah para leer su expresión.
Sus hombros se mueven hacia arriba y después hacia abajo antes de
que arranque una hierba del suelo. —Lo entiendo, pero no. Lo considero
un amigo.
Los ojos grises de Isaiah no son tormentosos, lo que significa que no
está enojado, solamente herido. Probablemente como el resto de los
chicos en la cabaña. Ninguno de nosotros lidia bien con el dolor. La ira es
más una amiga en la que nos apoyamos. —¿Qué significa diabetes tipo 1?
—No lo sé. West es el único con un plan de celular lo bastante lujoso
para contar con servicio de internet y ahora trata de averiguarlo. Suena
espeluznante. Confuso, también.
Suena muy parecido a mí. —¿Puede morir por eso?
—No lo sé. Espero que no.
Un pequeño rastro de la ira que tenía retrocede, no porque esté feliz
por lo que dijo, sino porque por primera vez entiendo ligeramente porque
me traicionó. Logan sigue diciendo que no quiere que muera y pensar en
que hay algo mal dentro de él que puede ponerse peor, como una
bomba de tiempo, crea un borde de miedo en mi alma. No quiero que
Logan muera, tampoco.
Entender el punto de vista de alguien, resulta, que puede ser toda
una perra, especialmente cuando me encuentro inclinada a no estar
dispuesta a perdonar.
37 Traducido por MaJo Villa
Corregido por Laurita PI

Logan
El sol se encuentra en lo alto del cielo, horneando a cada uno de
nosotros. El sudor sale a borbotones de mis poros y mis músculos gritan en
protesta con cada nuevo fardo de heno que recojo y lanzo en el
remolque. Nadie habla. No es para nada raro cuando el trabajo se
prolonga durante tanto tiempo, y ha sido así de intenso pero nadie ha
dicho una palabra desde que regresé y empezamos.
El ritmo es constante e implacable. Chris conduce el tractor que tira
del remolque, junto al que vamos caminando. No es un ritmo vertiginoso,
pero al tener que levantar bloques pesados de heno desde el suelo
mientras mantenemos el ritmo del remolque a una temperatura de
cuarenta y tres grados… es agotador.
Meto de golpe los ganchos en otro bloque de heno y lo dejo caer a
los pies de Ryan. Él es el que los apila en el remolque. Además de conducir
el tractor, ningún trabajo aquí es fácil. Es del tipo que causa ampollas que
revientan y sangran. Es del tipo que te hace desmayarte por la noche sin
pensar en comer. Es del tipo que se mete en tu propia mente y te hace
cuestionar lo que eres como persona... como hombre, y sigo escuchando
las palabras de mi padre una y otra vez... No sabes quién eres.
El tractor se detiene y, también, nosotros. Delante de mí, Isaiah se
pasa el brazo por la frente y una nueva lluvia de sudor cae en picada.
Levanto la mirada y no hay más espacio para el heno. Todas
apiladas en dos por dos, de arriba hacia abajo. Ahora nos dirigimos a la
granja y comenzamos la siguiente tortura de lanzarlos en el desván. Isaiah
maldice al tiempo que se quita los guantes y mis manos se sienten igual de
abiertas y en carne viva que las suyas.
Ryan me ofrece una mano. La acepto y subo al lado de fardos de
heno apilados. Cuando me suelta, le hace la misma oferta a Isaiah. Se lo
queda mirando, pero luego acepta. Los dos tienen una relación rara. Ryan
ama a Beth, Isaiah también la amó una vez, ahora Isaiah y Beth son
amigos. Eso hace que Isaiah y Ryan sean amigos por defecto.
Es una lógica jodida, pero la palabra jodido describe bien a este
grupo.
Una vez que Noah ha empezado, Chris parte hacia el granero. Me
apoyo contra el heno; mis pies se sienten calientes en mis botas,
coincidiendo con el resto de mi cuerpo que se encuentra quemado por el
sol. El remolque se abre paso por las colinas indolentes y pendientes
abruptas con hoyos camuflados. Toma tiempo llegar a la granja, pero no lo
suficiente para que mi cuerpo logre descansar.
Un trabajo como este es extenuante, exigente y constante. El abuelo
de Chris nos paga buen dinero por una semana de trabajo, pero cuando
me encuentro en medio de la tarea, dudo que el dinero valga la pena.
Chris apaga el motor cuando llegamos al granero y se entiende que
nos vamos a tomar un breve descanso. Esta mañana mi azúcar en sangre
está baja, y por el ligero temblor de mis manos y la sensación extraña en mi
cabeza, todavía me encuentro agotado.
Cada año, inventé una excusa para ir al baño o esperaba hasta que
todo el mundo estuviera absorto en la conversación, y luego en silencio y
con tranquilidad me alejaba para realizarme una prueba, pero de alguna
manera se siente mal, sobre todo porque gracias a mí, todo el mundo sabe
acerca de Abby.
Hablando de eso, ella sale de la oscuridad de la granja y da un paso
en la luz. Ha tenido horas para hacer nada más que perderse en sus
propios pensamientos. Isaiah me dijo que le robó su celular.
—¿Cuántos días quedan para vivir en la Edad Media?
—Cuatro —responde Chris.
Mientras Ryan murmura—: Demasiados.
Abby mueve la mano en una manera molesta hacia el remolque. —
Estamos curando el cáncer, se puede enviar a la gente a la luna, pero ¿no
hay una manera más fácil de hacer esto?
—Nop —dice Chris, y luego bebe continuamente de un galón lleno
de agua.
—Barbárico —contesta, y yo resoplo. Reunir heno es barbárico. Que
ella reciba un disparo y sea secuestrada; algo rutinario.
Abby me mira, pero no hay mucho amor saliendo de allí. Bajo de un
salto del remolque y voy a buscar mis cosas. A su lado se encuentran mi
par de galones de agua. También bebo como si hubiera caminado por el
desierto, entonces examino mi mochila para encontrar lo que necesito.
La conversación comienza cuando todo el mundo se reúne a la
sombra de un viejo roble que se eleva cerca del granero. Chris abre un
refrigerador y saca bocadillos fríos y paquetes de hielo. Noah muerde un
buen pedazo de su emparedado y, Abby picotea en el suyo. Sigo de pie
mientras que todo el mundo se encuentra sentado y se forman las
náuseas. Esto va a apestar.
Hago crujir el cuello hacia un lado y me coloco en cuclillas al lado
de mi paquete. Saco mi examinador y el sonido de la aguja saliendo de
golpe causa que todos se queden en silencio. Hay un pitido y mi nivel de
glucosa no es tan malo como pensé que sería. Se encuentra dentro del
rango normal, pero con la cantidad de actividad física que he hecho,
habría apostado mi pierna derecha que sería inferior.
Hago algunos cálculos matemáticos en mi cabeza, calculando la
cantidad de carbohidratos que voy a colocar en mi cuerpo, saco mi
insulina de la nevera, y mido mi dosis. Me pongo de pie, tiro de mi camisa
por encima de mi cabeza que se me había pegado, la lanzo al suelo, y
luego inyecto la insulina en mi brazo.
Lanzo la aguja y la basura en un contenedor que conservo para esta
mierda, me siento en el suelo y abro el tarro de mantequilla de maní que
traje conmigo. Proteína. La proteína es lo que va a impedir que llene el
tanque.
Como si fuera un experimento científico, todo el mundo me mira
embobado. Me preparo como si fuera algún vaso de precipitado en un
laboratorio de química sobre una llama y meto la cuchara en el frasco más
fuerte de lo necesario.
—Pensé que los diabéticos tenían que colocarse las inyecciones en
el estómago —dice Chris.
Murmuro a través de un pegote de mantequilla de maní—: También
puedes utilizar el brazo.
Tienen sus miradas clavada en mí. Cada uno de ellos.
—¿Necesitas un descanso? —pregunta Ryan—. Si es así…
—No más de lo que cualquiera de ustedes. Tengo diabetes, no
cáncer. Mi cuerpo no produce insulina, así que tengo que meterla en mi
cuerpo a través de una aguja. Eso es todo.
Cada uno de ellos aparta la mirada, masticando con lentitud
porque ya no soy la persona que conocen. Soy diabético, eso es lo que
ahora soy para ellos, lo que siempre seré.
—Apuesto que no puedes llegar a ese nido de pájaro —dice Abby.
Mi cabeza se eleva de golpe y miro en derredor, preguntándome a
quién le está hablando. Mi corazón se detiene cuando sus ojos color
avellana permanecen en mí. Una brisa sopla sobre el pasto y levanta varios
mechones de su largo pelo castaño. Abby me pone a prueba... podría
estar salvándome, pero no entiendo por qué.
—¿Qué?
Señala con un dedo hacia arriba. —Hay un nido de pájaros. Allá
arriba. Quiero saber si hay pichones, huevos o algo por el estilo, porque los
pájaros bebés son lindos y me gusta lo lindo. Iba a pedirte que lo hicieras y
luego pensé: No, eso es demasiado alto. Incluso demasiado alto para ti.
Pero luego pensé, nah, Logan es lo suficientemente loco como para
hacerlo.
Me tomo mi tiempo, comiendo la cucharada de mantequilla de
maní, luego evalúo el reto establecido delante de mí. El nido se halla bien
en lo alto. Casi en el techo del granero, pero hay un montón de ramas
bajas y la mayoría parecen resistentes.
—Gracias, Abby —dice Chris—. Ahora Junior va a hacerlo.
No puedo evitar que me guste la familiaridad del apodo con el que
Chris me bautizó, encantándome la leve sensación de normalidad que me
da. Primero lo utilizó en la escuela media como un acoso para recordarme
que soy un año más joven que él y que Ryan. Sin embargo, después de
unos meses perdió su aguijón y se convirtió en una parte de lo que soy
para él.
—Está en lo alto. —Ryan muerde una manzana, y detecto una
chispa en sus ojos.
—Lo está. —Limpio mi cuchara y luego la dejo caer de nuevo en la
bolsa de plástico—. ¿Crees que podrías subir, jefe?
Ryan da otro gran bocado luego lanza la manzana lejos de nosotros.
—Apuesto a que puedo hacerlo más rápido.
Me ahogo con la risa. —Apuesto a que no puedes.
Los dos nos ponemos de pie, plenamente conscientes de que la
apuesta ha empezado. Ryan voltea su gorra de béisbol hacia atrás y yo
lanzo la mía al suelo. Ryan es un lanzador. Puede lanzar más rápido que
cualquiera que conozca. Es todo hombros y parte superior del cuerpo.
Tenemos una musculatura similar, pero este chico es una máquina.
Abby aplaude. —Es como mi propia versión de Gladiador. Ahora, ve
a traerme un pajarito.
Ryan y yo nos ponemos de pie cerca del árbol, yo por un lado, él en
el otro.
—¿El primero en tocar la rama con el nido? —confirmo.
Asiente. —Chris empieza a contar. A menos que quieras unírtenos.
—Estoy bien —dice Chris.
Sonrío y Ryan también lo hace. Chris odia las alturas, pero aparte de
eso, siempre está interesado en unírsenos en un buen desafío.
—Chris solo se encuentra enfadado, porque atraviesa una mala
racha —digo—. No quiere quedarse tan atrás mientras continúo para
ganar.
—Bésame el culo, Junior.
Me río. —Estoy esperando esa cuenta regresiva.
—Los dos están locos —murmura—. Y cuando se caigan y se mueran,
voy a usar la excavadora para meter sus cuerpos en una zanja. En sus
marcas... —Hago un estudio rápido del árbol y antes de que pueda pensar
por completo en mi camino hacia arriba, Chris grita—: Ya.
Maldita sea. Ryan salta y también lo hago. Pateo el lado del árbol y
agarro la primera rama de bajo espesor. Subo, consigo mantener el
equilibrio y salto para agarrarme a la siguiente. El árbol se sacude al tiempo
que Ryan y yo navegamos entre las ramas frágiles, de espeso follaje, a la
vez que intentamos vencer al otro.
A Ryan no le gusta perder y a mí no me gusta perder ante él. Tengo
una vena malvada a la que le gusta ver al niño retorciéndose. Con cada
salto, cada subida, esa adrenalina que anhelo, bombea a través de mi
cuerpo. Las hojas caen en mi cabello, ramitas rebotan en mi cara. Debajo
de nosotros, la gente grita nuestros nombres, aplaude, nos anima, pero es
la voz de Abby la que me impulsa para que vaya más rápido, más alto y
entonces el nido se encuentra a la vista.
Otro impulso con mis piernas, una extensión de mi brazo y justo
cuando golpeo con la mano la rama también lo hace otra mano y de
inmediato me proclamo el ganador. —Llegué aquí primero.
—De ninguna manera, Logan. Esa victoria era mía.
—¿Quién ganó? —grito hacia abajo.
Nuestros nombres son aclamados en respuesta, declarando un
empate, algo que nunca es una opción para Ryan. Desea ganar y quiere
una victoria que sea decisiva. —Lo hacemos de nuevo.
Por la forma en que sus ojos se clavan en mí, no existe duda de lo
que ve; a mí, a su amigo, al hombre contra el que odia perder. —Bien, lo
hacemos de nuevo y otra vez voy a patearte el culo.
—Sigue hablando a lo grande, Logan, pero ambos sabemos que me
encargaré de esto.
—Tengo la acción como respaldo.
Ryan se agacha en su rama y coloca la mano en el tronco para
mantener el equilibrio. Mira a la tierra y tengo que admitirlo, es un
espectáculo. Kilómetros y kilómetros de verde en el suelo y una infinidad de
azul en el cielo.
—¿Puedo preguntarte algo? —se cubre.
—Dispara.
—¿Va a matarte? ¿La diabetes?
Me siento a horcajadas en la rama, dejando que las piernas
cuelguen y contemplo el nido que se encuentra en el extremo lejano del
árbol como un regalo para Abby. —La gente muere por ello, pero las
probabilidades son nulas. Mientras me cuide, debo estar bien. Papá dice
que moriré haciendo algo loco contigo antes de que aparezca cualquier
complicación con la diabetes.
—Teniendo en cuenta que estamos colgando al menos a dos pisos
de altura de un árbol, no puedo decir que no estoy de acuerdo.
Me río y lo mismo ocurre con él.
—Voy a tener un montón de preguntas. Todos las tendremos.
Y voy a tener que responderlas. —De acuerdo.
—Debiste habérmelo dicho.
—Sí. —Supongo que debería haber confiado más en nuestra
amistad—. Es solo que no quería que nadie me tratara diferente.
—Buena suerte con eso.
Una oleada de bajo nivel de ira atraviesa mi torrente sanguíneo. —
¿Que se supone que significa eso?
Ryan libera una sonrisa que es solo una fracción de la locura que se
encuentra en mí. —Todo el mundo sabe que estás loco y que ni una sola
cosa es normal en ti.
La ira se aleja y asiento, no me molesta ser diferente.
Una cabeza llena de plumas se asoma en el nido y escuchamos un
pequeño chillido. Vaya. De hecho, hay pichones allí. —¿Quieres un
pajarito? —le grito a Abby.
Niega con la cabeza mientras me mira. —Deben permanecer con
sus padres.
Sí, deben hacerlo y cuando voy a decir algo profundo, Abby me
grita—: ¡Pero todavía quiero un conejo! ¡Los de peluche no cuentan!
—Ella es un poco exigente —dice Ryan.
—Sí, pero me gusta. —Más que gustarme y, por la sonrisa en la cara
de Ryan, él lo entiende.
38 Traducido por Umiangel
Corregido por Itxi

Abby
Trabajando como un equipo, los chicos se pasan de mano en mano
los fardos de heno en línea hasta que llega a Chris y las apila de forma
ordenada en el granero. Trabajan bajo las lámparas colgadas en las vigas.
Han estado con ello durante todo el día. En los campos, en el granero,
recogiendo, apilando sin cesar.
La noche está a punto de caer por completo. Solo hay una franja de
color rojo y rosa en el cielo occidental. El resto se halla oscuro. Muy oscuro.
A excepción de las luciérnagas bailando dispersas a través del campo.
Logan no lleva camisa, los otros chicos tampoco, pero es a Logan a
quien no puedo dejar de mirar. Es hermoso. Pelo negro, ojos oscuros,
músculos que se ondulan con cada movimiento. Le cubre una fina capa
de sudor, y he pasado los últimos veinte minutos imaginando correr mis
dedos a lo largo de las líneas de su pecho. Los pantalones vaqueros
cuelgan bajo y puedo ver la punta de su ropa interior negra.
Respiro profundamente. Logan usa boxers cortos y parece que son
del tipo apretado. Exhalo. Dios, me siento atraída por el chico. Pero esa no
es información nueva. Mis dedos rozan mis labios y me recuerdan cómo se
sintió cuando Logan me besó en mi cama. El peso de su cuerpo sobre el
mío, la presión de sus labios tentadores, el olor embriagador a especias
oscuras.
Estoy caliente, muy caliente, y no es debido al calor del verano.
West recoge el último fardo y se lo da a Noah, quien se lo pasa a
Isaiah, éste a Ryan, quien se lo da a Logan, que finalmente se lo ofrece a
Chris. Cada uno de los chicos está cansado, agotado, y no tengo el valor
para preguntar por cuánto tiempo estarán haciendo este trabajo
agotador. Espero que sea una ganancia abundante. Espero que sea
suficiente para compensar la forma en que se mecen en sus pies muertos.
En silencio, recogen sus cosas y no tengo ninguna duda de que se
están dirigiendo a la cabaña. Hay una pequeña ducha allí. Demasiado
pequeña. Y si el agua que apenas sale de la ducha, es como el agua que
gotea desde el fregadero, se verá horrible y olerá mal.
West pasa por delante y me lanza un beso. Me doy la vuelta. Isaiah
es mi amigo. Noah es lo más cercano a un amigo. West es lo que me
imagino sería tener un hermano mayor molesto.
Chris lanza su camisa sobre su hombro y bebe de una jarra de agua
casi vacía.
—Oye, Chris —digo mientras todo el mundo empieza a salir.
Hace una pausa por mí, dando al resto de los chicos espacio
suficiente para dejarlos pasar, y nos da la suficiente privacidad para lo que
tengo que preguntar sin sentirme como una tonta. —Si me tengo que
quedar aquí, quiero ayudar.
Chris me dobla en tamaño y me eriza con su evaluación. Soy
demasiado pequeña y no soy lo suficientemente fuerte. Está escrito en
toda su cara. Podría pasar un rato con ellos, pero no soy tan estúpida
como para pensar que podía pasar con ellos todo el tiempo. Pero, aun así,
yo podría ayudar.
—¿Puedes conducir el tractor? Me siento como un idiota estando allí,
con ellos trabajando duro, y nadie cambiará conmigo.
Me muerdo el labio inferior. La respuesta es no. Apenas sé cómo
manejar, y dudo mucho conducir un tractor, pero estoy aburrida y no me
gusta la sensación de ser inútil. —Por supuesto.
—Bien. Gracias. —Mira por encima del hombro hacia Logan—.
Hazme un favor y dale un respiro. Puedo entender por qué te enojaste,
pero…
La mirada que le doy, hace que Chris no termine su declaración.
—Solo dale un descanso.
—¿Dices eso porque sientes lástima por él? —suelto, irritada de que
crea que tiene el derecho de expresar una opinión sobre mi vida. Como a
Logan no le correspondía contar lo que le confesó acerca de mí—. Debido
a que Logan admitió que tiene diabetes, ¿quieres que le tenga lástima?
Chris endura su mandíbula. —Lo digo porque él se preocupa por ti,
pero si no puedes superar lo que nos dijo, tal vez no deberías darle un
descanso. Tal vez deberías volver a Louisville ahora.
Me debilito, pero Chris no lo ve porque sale a zancadas. No lo
conozco lo suficiente. Al igual que a Ryan, solo los conozco por el tiempo
ocasional que Logan me trajo para participar en cualquier locura que
estuviera interesado en hacer con ellos. No es parte de mi plan agobiar a
mi anfitrión.
Logan mete la camisa con fuerza en su mochila y mi cabeza cae
hacia atrás. Hacer enojar a Logan porque tuve esa conversación con Chris
definitivamente no estaba en el plan.
Agarra sus cosas del suelo y camina hacia la puerta.
—¿Crees que eres el único que puede enojarse? —exijo—.
Traicionaste lo que te dije y luego me entero que me has estado mintiendo
todo el tiempo.
Logan se voltea, con la ira irradiando fuego de sus ojos. —¿Cómo
mantener en secreto mi diabetes, es diferente de mantener a tu abuela
como un secreto de nosotros? ¿De mí?
—La diabetes es algo que está dentro de ti. Algo que no se puede
cambiar. Algo que supongo podría matarte.
—¿Por qué vender drogas no te va a matar? Por lo menos tienes una
opción. Yo no. Y para que sepas, la diabetes no es cáncer o una sentencia
de muerte. Mi páncreas no produce insulina, así que inyecto algo en mi
cuerpo para compensarlo.
—No puede ser tan simple.
—Tienes razón, no lo es, pero perdóname si no quiero ser conocido
como el chico con diabetes. El chico roto del que todos sienten pena y
hacen cosas a causa de la lástima.
Duele que me echen mis palabras a la cara. Un cuchillo afilado que
me corta una y otra vez. —Estaba enojada. No quise decirle eso a Chris. No
se trata de compasión o de sentir lástima por ti. ¡No confiaste en mí!
—¡Tú tampoco confiaste en mí! —grita Logan después se aleja de mí.
Su pecho se expande y se desinfla a un ritmo rápido, y deja caer su
mochila al suelo. Se engancha los dedos detrás de su cabeza y grita—:
¡Maldita sea!
No me estremezco con su ira. Tal vez porque estoy tan enojada,
quizá porque estoy demasiado insensible a la emoción, tal vez porque sé
que él nunca me haría daño. Logan se pasea. De un lado a otro, y cada
paso es menos deprisa que el anterior. Por último, se detiene en el centro
del granero y deja caer los brazos a sus costados.
Además del arrullo de un par de palomas en las vigas del techo, el
granero está tranquilo, pero denso. Llena de todas las palabras que no sé
cómo decir, las emociones de las que no estoy segura de cómo sentir.
—Confié en ti —digo, en voz baja—. Cuando lo necesité, a ti te dije
acerca de la abuela. Confié en que cuidarías lo que más amo en el
mundo.
Suelta un suspiro audible. —Lo sé. Lo siento.
Yo también. Estudio a Logan bajo la luz tenue. Está sin camisa, sus
músculos se flexionaron en emoción tensa. Es hermoso y fuerte, y confío en
él más de lo que confío en alguien más. He sido honesta con él, más de lo
que he sido honesta con cualquier otra persona, incluso conmigo misma.
¿Lo habría visto diferente si hubiera sabido desde el principio que
tenía diabetes? Frunzo los labios. Me gustaría poder decir que soy mejor
persona, pero nunca he dicho que fuera buena. Las probabilidades son
que lo habría cuestionado, me habría preguntado si podía realmente
quedarse conmigo e Isaiah.
Conociendo a Logan como lo hago, tendría que probarse a sí mismo
eventualmente, pero ese es el problema, ¿por qué debería tener que
probarse a sí mismo solo porque su genética de mierda le dio la razón de
sus problemas?
—Lo hice por ti —dice Logan mirando al suelo de tierra—. Les dije a
todos sobre mi diabetes por ti. Arriesgué mis mejores amistades, corrí el
riesgo de cambiar la forma en que piensan de mí, por ti. Sabía que te haría
daño el que les contara acerca de tu abuela, así que hice que se enojaran
conmigo. Para que sea más justo entre nosotros, les dije mi secreto. Así que
gracias, por lo que hiciste hoy. Por distraerlos después de mi inyección.
Simplemente… gracias.
Logan toma su bolsa de nuevo y la vergüenza calienta mi cara. No
es una emoción de la que esté acostumbrada. Es una sensación
repugnante y lo estoy experimentando porque he lastimado su orgullo. —
Logan.
Pero me ignora.
—¡Logan! —Y como no se detendrá, doy un paso hacia él y coloco
mis dedos en sus bíceps—. Logan, por favor detente.
Lo hace, deteniéndose tan rápido que casi colisiono contra él.
Estamos en la puerta del granero y se queda mirando hacia la noche.
Logan ha hecho lo que yo quería, pero estoy paralizada. Hablar,
convencer a la gente a quedarse, darle palabras a mis emociones, eso no
es algo a lo que esté acostumbrada. Es algo que no estoy segura de cómo
hacerlo. —Estaba enojada… con Chris por intervenir y… estoy enojada…
contigo… por decirle a todo el mundo… pero después ya no lo estuve…
y…
—No digas más, Abby.
Está enfadado. Debería estarlo. Lo lastimé… demostró por qué
nunca quiso compartir lo que hizo… Pensé que lo que deseaba era dejarlo
ir o que él me dejara ir, pero existe esta desesperación que no me puedo
quitar. —Escucha… esto no es fácil…
—Lo digo en serio —dice en un susurro ronco—, deja de hablar.
—¿Es en serio? —El pánico crece dentro de mí—. ¿Aquí es cuando te
das por vencido conmigo? En este momento… En este estúpido
momento… Te estoy diciendo que lo siento…
Mareos me agobian y el calor se precipita hacia el cuello, a la cara,
y explota de tal manera que hace que mi garganta se cierre. No le digo a
la gente que lo siento. No me disculpo, y cuando lo hago, ya es
demasiado tarde.
Nunca se me ocurrió que Logan se daría por vencido conmigo… no
cuando se presentó en mi escalera después de que traté de alejarlo, no
después de ese beso en mi cama. En el fondo de mi mente, no, en la
profundidad de mi alma, siempre pensé que estaría allí, tal como dijo, para
levantarme cuando me caiga…
…Y Logan y yo sabemos cuánto tiempo llevan y cuán fuertes son mis
caídas.
—No hablaba en serio —me apresuro antes que me detenga de
nuevo—. Tienes razón, me preocupo por ti. Mucho.
Me balanceo ante esas palabras y una mano impacta con mi
corazón. Lo amo. Oh, Dios, en serio lo amo. Esto no es solo atracción. Esto
no es un tal vez. Esto es amor y no me permito amar a nadie más. Solo hay
espacio para la abuela.
Logan finalmente me mira y la frustración que había empañado sus
bellos ojos oscuros ha desaparecido. Él se acerca y mete mi cabello detrás
de los hombros. Cuando sus dedos acarician levemente mi cara,
escalofríos agradables se filtran por mi espina dorsal. Parece que nos
encontramos en sincronía; apoyo mi mejilla en él y Logan ahueca mi cara
con la mano.
Inclina la cabeza hacia el patio. —No quería asustar a los conejos.
Parpadeo y un movimiento de su dedo pulgar en mi cara me trae de
nuevo a la vida. —¿Qué?
—Mira. —Logan deja caer la mano, pero luego desliza su brazo
alrededor de mi cintura y se para detrás de mí, así que su torso calienta mi
espalda. Su cabeza está contra la mía, su respiración sopla la base de mi
pelo y tengo la piel de gallina. Tengo el mejor y placentero tipo de piel de
gallina.
Lamo mis labios secos y trato de ver lo que Logan sugirió que está allí.
Al principio, todo lo que veo es oscuridad, pero luego de algunos
parpadeos y un rastro de un movimiento a mi derecha, veo una oreja,
luego otra y luego dos más. Mi corazón late con fuerza y el entusiasmo me
hace cosquillas en el torrente sanguíneo. Los conejos. El patio delantero del
granero está lleno de conejitos. Son de color marrón y peludos, y el impulso
es salir corriendo, agarrar uno, y acariciarlo con toda mi cara.
—Es heno de Timothy —susurra, en referencia a los fardos detrás de
nosotros—. Es dulce para ellos. Me pregunto por cuánto tiempo han estado
viéndonos.
Mientras que los chicos sacaban los fardos del remolque, piezas
sueltas de heno cayeron al suelo y ahora muchas de las criaturas están
participando en una comida gratis. Solo cuando ya no puedo amar más a
los conejitos, lo hago; ellos también valoran ser carroñeros. Unos pequeños
carroñeros hermosos.
Logan cierra sus brazos a mi alrededor y envuelvo míos alrededor de
ellos, disfrutando del abrazo, de su agarre. Gira su cabeza, frotando su
nariz en mi pelo. —¿Abby?
Cierro los ojos y respiro para calmar el estruendo en mi alma.
—¿Sí?
—Sabes que yo también me preocupo por ti.
Aprieto los brazos y Logan coloca un beso lento contra un lado de mi
cabeza.
—Lo siento —le digo—, por lo que he dicho… —Por alejarlo.
—No puedo perderte. No estoy de acuerdo con que regreses a
vender. Haz cualquier otra cosa que quieras. Sé domadora de leones. Una
francotiradora. Experta en detonaciones. Malabarista de fuego.
Orientadora en la escuela secundaria.
El lado derecho de mi boca se eleva. —¿Eso es más seguro?
—Al menos tendrás alguien que te respalde. Vas a tener gente en
quien puedas confiar.
Mi momento feliz se desvanece y un conejito levanta la cabeza y
parece mirarme. Él sabe que un posible depredador está cerca. Sabe que
está en peligro, y, sin embargo, se queda inmóvil. Piensa qué si se queda
quieto, se vuelve invisible, pero todo lo que ha hecho es hacerse a sí mismo
un objetivo más fácil.
Es lo mismo que voy a hacer, si vuelvo a la venta en las calles.
—Te voy a decir algo más que nadie sabe —susurra.
—Aparte de que puedes tocar la guitarra —bromeo.
Siento su pecho retumbar con su risa y me gusta la sensación.
—Dime.
Logan hace una pausa y el peso de lo que va a decirme se asienta
sobre mi cuerpo. Sea lo que sea, se está ahogando en ello. —Mi padre me
acusó de no tener idea de quién soy. Dice que me monto en cualquier ola
que esté frente a mí en la orilla.
Su declaración es una destinada a pensar antes de responder. Por
encima de nosotros, un pájaro bate sus alas mientras se mueve de una
viga a la siguiente. Me acurruco más a Logan y veo cómo dos conejitos
huelen sus narices. Ojalá hacer amigos en el mundo real fuera así de fácil.
¿Quién es Logan? Un jugador de béisbol, brillante, temerario,
corredor de autos, escalador de árboles, un gran besador, un amigo. Leal
y el mejor de todos. Atractivo y fuerte. Tranquilo, pero su presencia es clara.
Agobiante pero amable. Persistente y paciente.
Al final, no importa lo que pienso de él, no importa que piensa su
padre de él, la única opinión que importa en este tema es lo que Logan
piensa.
—¿Qué opinas de lo que dijo? —pregunto.
—Tengo miedo de que tenga razón.
Si mi abuela estuviera en su sano juicio, ¿qué pensaría de mí? ¿Qué
pensaría de lo que soy? Bajo la cabeza. No tiene sentido pretender
adivinar la respuesta. Ya lo sé. Estaría avergonzada de mis elecciones…
habría señalado lo obvio al igual que el padre de Logan…
—Tengo miedo de que tenga razón de mí, también —digo—. Yo
tampoco estoy segura de quién soy.
—Eres una chica a la que le gustan los conejitos.
Le sonrío y dejo que la parte de atrás de mi cabeza descanse sobre
su pecho. —No es un mal comienzo.
—No, no lo es.
Me aparto de Logan y mis dedos trazan sus bíceps donde él mismo
se había puesto la inyección en el almuerzo y luego a lo largo de su
estómago, donde le vi darse una inyección antes de la cena.
¿Cuán cruel es el destino de juntarnos a mí y a Logan? Una chica
cuyo estilo de vida la matará y un chico que no puede intercambiar su
salud de la que ha sido diagnosticado. —¿Duele? Me refiero a las
inyecciones.
—Estoy acostumbrado.
No es una respuesta, sin embargo, lo es al mismo tiempo. —Tengo un
montón de preguntas. Además de las películas y la televisión, no entiendo
la diabetes en absoluto. Por ejemplo, ¿cuál es la diferencia entre el tipo 1 y
tipo 2? Por qué veo que comes dulces… ¿es cómo que haces trampa? No
tengo problemas con eso, a menos que el pastel de chocolate pueda
matarte, entonces sí. Y ¿cómo sabes cómo hacerte la prueba e
inyectarte? ¿Y vas a estar bien?
—¿Te importaría respirar entre esas preguntas? Podría ayudar a
calmarme.
Frunzo el ceño y Logan intenta de sofocar una sonrisa.
—El cine y la TV a menudo se equivocan. En el tipo 1, mi cuerpo ya
no produce insulina. Con el tipo 2, el cuerpo no usa la insulina que produce
correctamente. Se me permite comer azúcar, solo debo estar pendiente
de cuánto ingiero. Puedo explicarte mis inyecciones y las pruebas cuando
las haga. Mientras me cuide, voy a estar bien. —Logan junta nuestros
dedos—. Y tenemos tiempo para que pueda responderte todas las
preguntas que corren a través de tu cabeza.
Busco sus ojos. Ni una sola vez Logan mira hacia otro lado. Su cuerpo
no titubea. Sus movimientos no estaban apagados. Dice todo en serio, y lo
más importante, de verdad cree que estará bien. Bien, porque no puedo
soportar la idea de perderlo.
Inhalo. Cinco días, cuatro días menos hoy. Cuatro días lejos de la
abuela, cuatro días estando perdida en acción para Ricky, Linus, y mis
clientes, cuatro días de pérdida de dinero.
Exhalo. Cuatro días para posiblemente arreglar mi vida, que se
desmorona. Cuatro días para averiguar cómo manejar a Tommy, Linus y
Ricky. Cuatro días para encontrar la manera de salvar lo que queda de la
Abby que quiero ser. Cuatro días para explorar qué quiero ser.
—Bueno.
Logan destella esa preciosa y loca sonrisa, después tira de mi mano.
—Vamos, pero en silencio.
—¿Por qué?
—Vi la mirada en tu cara cuando Chris te pidió que condujeras el
tractor. Apuesto a que no sabes cómo manejar uno.
Levanto mi barbilla a sus supuestos arrogantes suposiciones. —Soy
una chica inteligente y puedo averiguarlo.
—Eres inteligente. —Y su sonrisa solo crece—. Pero eso no quiere
decir que sabes cómo conducir un tractor. Tampoco quiere decir que
hayas tenido la precaución de robar las llaves de Chris.
Finjo un jadeo y coloco una mano sobre mi boca. —¿Robaste?
¿Logan, estás sugiriendo que hagamos algo ilegal?
—¿Quieres aprender o no? —Logan abre la palma de su mano
frente a mi cara y las llaves cuelgan de sus dedos—. Vas a estar de mal
humor cuando no puedas arrancar a ese cachorro y conducirlo.
—Odio cuando tienes razón.
—Entonces estás enojada muchísimo, ¿verdad?
—Entonces estás enojada muchísimo, ¿verdad? —repito de forma
sarcástica.
Logan tira de mi mano de nuevo y voy con él porque… No sé cómo
conducir muy bien, y sobre todo no sé cómo conducir un tractor… y
porque, en este momento, probablemente iría a cualquier parte con estas
fuertes manos guiándome.
Caminamos por el patio y una docena de conejos gloriosamente
salen del camino. Los conejos me rodean, un chico caliente sostiene mi
mano, y estoy segura que el robo de tractores, está en mi futuro. La vida no
puede ser mucho mejor que esto.
39 Traducido por Kells
Corregido por Laurita PI

Logan
Los tallos verdes de maíz vuelan hacia nosotros y Abby chilla,
combinando deleite y horror. La sostengo y hago girar ciento ochenta
grados al tractor. Es difícil hacerlo con ella en mi regazo, pero no puedo
decir que no disfruto tenerla así de cerca.
Uno de los conejitos del granero salta frente a ella y el resultado fue
que se desviara a través de los tallos de maíz. Una gran sonrisa se
ensancha en mi cara y Abby se ríe mientras piezas de tallos caen a nuestro
alrededor como lluvia.
Se ríe mientras me ayuda a maniobrar la gran máquina lejos del maíz
y de regreso al pasto vacío. Tiene una risa mágica, una risa suave, una que
podría escuchar por el resto de mi vida.
—Qué bueno que Chris trasladara a las vacas lecheras, de otro
modo estaríamos llevando carne para la cena —digo alzando la voz para
que me escuche. Me codea lo suficiente para empujarme, pero no como
para lastimarme.
—Mejor vacas que croquetas de conejo.
Hemos estado conduciendo la última media hora y ella aprendió
con rapidez. Dándole vuelta al gran volante conmigo, presionando el
embrague cuando tuvimos que cambiar, y resistiendo la urgencia de usar
el embrague como freno cuando quería bajar la velocidad.
El tractor ha subido una colina y cuando llega a la cima, sostengo su
mano para enseñarle como poner el tractor fuera de marcha, a
estacionarlo y apagarlo. Es ensordecedor cuando el motor ruge antes de
apagarse y el único sonido que queda son las risitas de Abby.
La risa de Abby. Se siente como un obsequio.
Ella se separa de mí y pone sus pies en la tierra mientras la sigo.
Como yo, lleva puesto pantalones. El clima en el día fue abrazador, y la
noche, húmeda, pero estar fuera de la granja requiere pantalones. Hay
demasiadas cosas afuera que pueden rayarte las piernas.
Vale la pena mirarla en sus pantalones vaqueros. Caderas grandes.
Gastado y raído en todos los lugares correctos. Su camiseta azul es
perfecta. No con mucho escote, pero lo suficiente para un buen vistazo de
sus pechos, termina justo en la cinturilla de sus pantalones, y tiene brillantes.
—¿Qué tan lejos estamos de la cabaña? —pregunta Abby.
—Lo suficiente para que Chris se pregunte qué demonios le ha
pasado al maíz.
Sus ojos se agrandan. —Le diremos que fueron los alienígenas. En
realidad he esperado bastante tiempo para usar esa excusa. Nadie
parece apreciar la respuesta de alienígenas por cualquier cosa. Como por
ejemplo: Abby, dónde te hallabas. Y la respuesta: Fui abducida por
alienígenas. Ni siquiera pretenden creerlo, pero esta vez, puedo usar el
círculo en la cosecha como defensa.
—¿Te puedo mostrar algo?
Asiente. —¿Además de cómo cosechar el maíz antes de tiempo? De
acuerdo.
—Recuéstate.
Abby suelta esa sonrisa peligrosa que es medio seductora, medio
inducida por el miedo. —¿Aquí es cuando lo que me muestras envuelve
secretos sucios?
—Solo si te comportas. —Me dejo caer en el césped—. Hablo en
serio, ven aquí.
Se deja caer a mi lado y me mira expectante. —¿Cuál es mi premio?
—Cierra los ojos y recuéstate. Luego cuando te diga, ábrelos.
La cautela se cierne sobre los ojos de Abby, pero hace lo que le
pedí; cierra los ojos y se recuesta. Considero si debo tumbarme a su lado
para ver lo que se encuentra por ver, pero sin embargo me extiendo a su
lado y me sostengo con el brazo, esperando su reacción.
El césped se siente frío contra mi piel cálida y la noche húmeda. Más
allá de nosotros, las ranas de estanque croan y los tallos de maíz crujen con
la suave briza. Abby parece pacífica esta noche. Un día de descanso y
esos círculos ocursos que tiene desde que le dispararon van
desapareciendo y posee una suavidad en su usual expresión severa.
Es una belleza. Es hermosa. Como la noche pintada que me
encuentro a punto de mostrarle.
—Abre los ojos.
Abby lo hace, y después de parpadear para reajustar su visión,
asombro e impresión cruzan su cara. —Oh… por… Dios. Aquí hay un millón.
Estrellas. Se refiere a las estrellas. Nos encontramos a horas de la
ciudad, unos buenos cuarenta minutos de viaje en la autopista más
cercana. Nos hallamos tan lejos de la civilización como podemos y
estamos aquí, somos testigos del mundo como Dios lo concibió, como Dios
lo creó, y es absolutamente genial.
Con facilidad, me tumbo al lado de Abby, permitiendo que la piel
de mi brazo toque la suya. —Estaba en octavo grado la primera vez que
mis padres me permitieron venir aquí con Chris y su abuelo. Chris nos trajo
con Ryan, y acampamos. Mucho después de que ellos se quedaron
dormidos, me recosté en el césped y miré a las estrellas en el cielo. Me
hacía sentir pequeño.
—¿Te gustaba eso? —Percibo inseguridad en su voz—. ¿Sentirte
pequeño?
—Sí. Si fuera pequeño, entonces quizá mis problemas también lo
serían.
—Lo entiendo. Lo entiendo más de lo que crees.
Nos quedamos en silencio un momento y no me importa. Intenté
contar las estrellas una vez, y nunca llegué muy lejos. Siempre me dormía
antes de las cien. —Voy a dejar la banda.
Abby se levanta sobre los codos. —¿Por qué?
—Esos chicos; todo lo que hacen es hablar de música. Su música, la
música de otras personas, planes, instrumentos, tragos y sueños… Mi interés
radicaba en que tuvieran un concierto en Florida antes de que terminara
el verano.
Esboza una gran sonrisa y golpea mi tobillo con la punta de su pie. —
¿Hablas en serio?
—Sí. Beaches sonó bien por algún tiempo. No me malinterpretes, me
gusta tocar. Tener algo que hacer con las manos cuando me siento
aburrido, pero una baraja de cartas puede hacer lo mismo. Merecen a
alguien que ame lo que hacen tanto como ellos.
Asiente como si lo que dije fuera profundo. —¿Entonces jugarás
béisbol de nuevo?
Mi estómago se hace un nudo. —Quizá, pero ser un jugador de
béisbol… ese tampoco soy yo. Me gusta jugar. Me da mucha euforia, pero
Ryan es jugador de béisbol. Él no puede vivir sin el juego.
Así como Isaiah no puede vivir sin los autos y Chris no puede vivir sin
la suciedad bajo sus pies. A veces, creo que soy más como Chris. Me gusta
la idea de poseer algo, no estar debajo de nadie más, que mis éxitos y
fracasos dependan de lo que haga o no. Trabajar en un lugar que me
recuerde, de una buena manera, cuán pequeño soy.
Me siento desconcierto por haber confesado mi diabetes, haber
despotricado contra mi padre. Más de lo que me gustaría. Ahora que mis
amigos saben y no me han empujado en una silla de ruedas o a un lecho
de muerte, aún me siento perdido.
He trabajado toda mi vida por no ser el chico con diabetes,
aceptando lo que sea que estaba frente a mí para probarlo. Si soy el chico
con diabetes y a nadie le interesa, ¿entonces quién soy? —Quizá no sé
quién soy.
—No estoy de acuerdo con eso. Creo que mezclas lo que quieres
hacer el resto de tu vida con quien eres. Por ejemplo, creo que me gustaría
ser un agente de alto nivel de las estrellas. Nadie va a decirme que no. Sé
lo que quiero hacer, pero no tengo idea de quién soy.
La alcanzo y uno los dedos de Abby con los míos. —¿Quieres ser
agente de actores?
Se ríe con amargura. —No, pero suena bien. Entiendo lo que dices.
He pasado toda mi vida siendo la hija de Mozart, la chica que se salvó de
un drogadicto, la segunda oportunidad de la abuela, la estafadora de
Ricky, el proyecto favorito de Linus. No tengo idea de quién soy. ¿Crees
que las personas normales se sienten como nosotros? ¿Cómo si
estuviéramos tan ocupados siendo lo que todos en nuestras vidas dicen
que debemos ser que nunca tenemos la oportunidad de ser algo más?
—¿Quiénes son personas normales? —pregunto.
—Nosotros no.
Nosotros no.
—¿La verdad? —pregunta.
Aprieto sus dedos. —La verdad.
—Me gusta quien soy cerca de ustedes más de lo que me he
gustado antes. Algo así como si hubiera estado probándome la piel de
otras personas como una chica probándose ropa. La persona que era
antes de conocer a cualquiera de ustedes, la persona que soy cuando no
estoy cerca de alguno de ustedes se siente tan tensa, tan hosca, tan
irritante. Pero cuando salgo con ustedes, es como si pudiera respirar.
Es una gran declaración para Abby y me asombra demasiado para
saber qué decir. En lugar de eso, gentilmente jalo su mano hasta que
inclina su cuerpo así estamos frente a frente.
—¿La verdad más grande? —susurra.
—La verdad más grande.
—Me gusta mucho quien soy cuando estoy contigo.
Meto el cabello detrás de su oreja y disfruto las sedosas hebras
mientras caen de mis dedos. Por meses he ignorado la verdad, di otras
etiquetas a lo que sea que se gestaba entre Abby y yo; atracción,
amistad, flirteo, lujuria.
A pesar de que Abby me quita el aliento cada vez que entra a una
habitación, siempre hay más entre nosotros y es hora de ser un hombre. —
Abby, estoy enamorado de ti.
40
Traducido por Kells
Corregido por Ailed

Abby
No puedo respirar.
Logan está enamorado de mí. De mí. Y conoce todos mis secretos
sucios. No solo los secretos apenas cubiertos de polvo. Los profundos y
turbios. Los secretos que están tan fijos sobre mí que se pegaron a mi alma.
Sabe todas estas cosas, y me ama de todos modos.
—Las personas no me aman —susurro. Me temen. Me dejan. Me
odian. Me usan. ¿Pero amarme? La abuela me amó pero me dejó
mentalmente hace mucho tiempo y mi padre… Yo fui lo más cercano que
él estuvo de experimentar esa emoción.
—Yo sí te amo.
Mi corazón resuena. —Las personas normales no me aman.
La boca de Logan se tuerce en algún tipo de sonrisa. —Supongo que
es bueno que esté loco.
Lo golpeo en el hombro. —Hablo en serio.
—Yo también.
—¿Sobre estar loco?
—Sí y sobre amarte.
Me siento. —¿Puedes dejar de decir eso?
—¿Qué cosa? ¿Que te amo?
—¡Sí! —grito—. Eso.
—¿Por qué?
—¿Porque, qué pasa si no lo dices en serio? ¿Y si piensas que me
amas pero no lo haces?
—No puedo decir que tengo experiencia en esto, pero he visto
mucho del amor que no está en mi vida y quizá esto es suficiente para
imaginarme como es.
Hay un temblor en mi interior que sigue construyendo la intensidad y
es como estar contando en reversa hasta explotar. Con las manos
temblorosas, toco la cara de Logan, confirmando que es real. Que esto es
real. Su piel es cálida y áspera con la escasa barba de hace varios días.
—¿Me amas? —digo, intentando probar las palabras.
—Te amo.
Me ama.
Lo miro y me devuelve la mirada. Hubo chicos que me tocaron
antes, pero no es porque les importara. Hubo personas que me dijeron que
son mis amigos antes, pero solamente es porque querían algo que yo
tenía. Tuve una madre, y me vendió por drogas. Tuve un padre, pero yo
solo era una posesión de gran valor que le gustaba admirar desde el otro
lado del cristal. Tuve una abuela y la perdí antes de que su cuerpo se fuera
a la deriva.
No entiendo muy bien el amor y no entiendo por qué alguien lo daría
tan libremente.
—Deja de buscar otro enfoque, Abby. No lo encontrarás.
Enredo los dedos en mi cabello y jalo hasta que duelen las raíces.
Nada de esto tiene sentido. Sé cómo me siento respecto a él, ¿pero por
qué él se siente de esta manera por mí?
Mi frente se arruga mientras que intento resolver este problema.
Cuando abro la boca para argumentar contra él, Logan se inclina y me
besa.
Su boca es cálida, suave, solo un poco áspera y la electricidad
golpea en mis venas. Haciendo latir mi corazón, despertando mi alma,
calentándome en todos los lugares correctos. Logan retuerce mi cabello
alrededor de sus dedos y cuando estoy a punto de tocarlo, se aleja y
encuentra mi mirada. —Te amo.
Inclino mi cabeza para discutir de nuevo y Logan se inclina otra vez.
Esta vez toma mi labio inferior entre los suyos y cuando lo suelta, desliza su
lengua a lo largo de la línea de mi boca. Mi sangre arde y mi mente se
vuelve confusa.
Me derrito. Como mantequilla caliente contra pan tostado. Como
cera goteando de una candela. Soy líquido en sus manos.
Logan se acerca lentamente de nuevo y usa su mano para
sostenerme cuando me balanceo. La desorientación nubla mi mente y hay
algo que voy a decir, pero es difícil recordar cuando Logan pasa un dedo
descuidadamente en la piel sensible de mi cuello.
—¿Y si solo es lujuria? —Entiendo la lujuria. Entiendo a los chicos que
utilizan mi cuerpo mientras yo me dejo ser usada. Hay momentos en que
cedí ante la lujuria. Hay momentos en que hice lo que hice porque era mi
manera de sobrevivir o de ayudar a otros a sobrevivir. ¿Pero la lujuria
asociada con la emoción? Eso me confunde.
Hambre oscurece los ojos de Logan. —No hay duda que existe la
lujuria. He estado atraído por ti desde el momento en que entraste a
zancadas en la cochera de Isaiah, pero hay más en nosotros que eso.
Pediste que me hiciera cargo de tu abuela. Te he dicho más de mis padres
que a cualquier otro. Tenemos confianza, tenemos amistad, y los dos nos
sentimos que somos alguien mejor cuando estamos junto al otro. Ya dije
que no sé mucho sobre el amor, pero sé que cuando estoy contigo siento
algo que es como estar volando y es algo que no quiero dejar pasar.
—Me amas —digo y desearía tener el coraje para voltear esas
palabras y usarlas contra él, pero solo el intentar aceptar que tiene
emociones por mí es todo lo que puedo manejar por un día.
Logan rodea mi cintura con sus brazos y nos da vuelta. La respiración
se atora en mi garganta y cuando junta su pecho con el mío, lentamente
suelto el aire.
Está encima, yo abajo, y esta vez, no es como en mi habitación, no
me está conteniendo. Logan se presiona dulcemente contra mí, nuestras
piernas se enredan, y solamente las correctamente brillantes y sonrojadas
partes se están tocando.
Espero que Logan tome posesión de mi boca, para volver al ritmo
frenético que descubrimos rápidamente en el bar, pero en su lugar roza
con la nariz mi mejilla y planta un delicioso beso en mi cuello. Mis células
chispean a la vida mientras mis dedos se presionan en su espalda.
Me explora usando este asalto gradual. Besos, toques y caricias.
Todas éstas en este lento movimiento hacia abajo. A lo largo de mi piel
desnuda en la parte superior de mi blusa, luego sobre la tela, apenas
mordisqueando lugares que ponen a Logan un poco travieso y a mí,
endemoniadamente feliz.
Toma el extremo de mi blusa y la desliza hacia arriba, dejando mi
ombligo expuesto. Me río y me besa allí, y me retuerzo mientras hace
cosquillas en mi lado. Cuando declaro que es un motín y amenazo con
alejarme, Logan vuelve a besarme en los labios y me pierdo en las
sensaciones.
Me contoneo mientras me cubre con su cuerpo otra vez y pone sus
fuertes manos en mis caderas. Jugamos, dejando a nuestras manos
deambular y satisfacer su curiosidad de piel.
Es cosquillas, estremecimientos, temblores y suspiros de placer. Son
sus dedos trazando el interior de mis muslos, mis manos masajeando los
anchos hombros que he admirado desde lejos. Es todo lento, metódico, y
está causando que esta calidez en mi estómago se tense cada vez más.
Y ahí es cuando Logan se mueve y deja escapar un suspiro. Oh, eso
se siente bien. Demasiado bien. Y luego lo hace otra vez. Y otra vez. Y es
como si fuéramos fuego incontrolable. Del buen tipo de fuego. Del tipo
que destruye lo viejo y crea lo nuevo. Es fuego lamiendo por mis venas,
movimientos rítmicos que causan que quiera más. Es esta necesidad, este
deseo y nos acercamos el uno al otro tanto que ya no estoy segura donde
empiezo y donde termina Logan, mientras corremos hacia el horizonte y
descubrimos el cielo.
Es la única manera de describirlo… el cielo. Mi cuerpo es ligero y
podría pensar que morí si no respirara. Se mueve lentamente hacia un lado
y me jala hacia él. Es el agotamiento, los besos lentos y nuestros cuerpos los
que ahora están correctamente en adecuadas piezas de rompecabezas.
Nunca antes me sentí tan feliz, y todo esto con la ropa puesta. Es extraño
cuán cerca me siento de Logan, y cómo son tantas las emociones que me
inundan.
—Oye, Logan —susurro.
Besa mi mejilla, luego la otra, la punta de mi nariz, y luego mis labios.
—¿Sí?
—Yo tampoco sé muy bien que es el amor, pero espero que se sienta
como esto. —No es poético. No es una declaración. Pero es mucho como
ser o no ser adicto, es una de esas cosas de las que no estoy segura y soy
precavida al saltar y admitir demasiado, muy rápido. El amor es una de
esas cosas que no estoy segura de conocer a menos que sepa quién soy
en realidad.
Los ojos de Logan brillan y es la misma chispa que cuando gana un
desafío. Como si acabara de decirle esas palabras que me dijo
anteriormente y que aún me cuesta digerir. Mirar toda esa felicidad en él
es increíble y aterradora, así que cambio de tema.
—Ahora que me has capturado —digo—, ¿ya te aburriste de mí?
—Abby, no puedo imaginar un minuto contigo que sea aburrido.
Sonrío y me inclino de manera que mis brazos están en su pecho. —
Dijiste eso una vez, ¿Recuerdas? Cuando tenía ocho y tenía miedo de no
agradarle a nadie en la escuela, y tú prometiste ser mi mejor amigo para
siempre.
Logan sonríe mientras peina con sus dedos mi cabello. —Como dije,
ningún momento es aburrido.
41 Traducido por Julie
Corregido por Miry GPE

Logan
La alarma en mi celular comienza a sonar y estoy tan muerto para el
mundo que mis ojos no se abren y mis músculos, que juro estaban llenos de
concreto, no se mueven. Con cada inhalación, siento el aroma a
madreselva y debajo de mi brazo hay una calidez sólida. Mi mano se
encuentra extendida a través del tentador vientre de Abby, y su espalda
está acurrucada cerca de mí. En algún momento durante la noche, Abby
puso su mano sobre la mía.
En el segundo día, terminamos en las tierras del abuelo de Chris, y
nos hemos movido en torno a las granjas vecinas, sacando provecho de su
necesidad de trabajo. Ha sido más rápido con Chris ayudándonos a
levantar el heno y con Abby conduciendo, pero de cualquier forma, es
trabajo.
Un día más —hoy—, y hemos terminado. El único problema, mi
cuerpo quizá se agote antes que nuestro compromiso. Mi alarma continúa
sonando y pies fríos me patean en las espinillas. Mi brazo se aprieta
alrededor de Abby y mis dedos se deslizan por su lado. Es increíble lo que
puedo conseguir que Abby haga o no haga, mientras la amenazo con
hacerle cosquillas.
—Hazlo y te voy a cortar las pelotas —dice con una voz sexy pero
aun así aturdida—. Y apaga la alarma.
Me río y el colchón de aire chirria debajo de nosotros. —Tú puedes
apagarla.
—Está de tu lado y me dispararon, ¿recuerdas? Estoy sanando y
necesito descansar, no ser tu maldita esclava con el tractor.
Abro los ojos y me encuentro con su vendaje. Lamentablemente,
quito la mano de su estómago, apago la alarma, y luego, desenvuelvo la
venda con mucho cuidado. La herida que estaba en carne viva cuando
llegamos aquí, ahora se va curando.
Pero la curación no es solo superficial, sino también en el interior.
Abby rio más en los últimos días que lo que hemos oído desde que la
conocemos. Ella sonríe, no solo con los labios, sino con los ojos.
Ha sido una semana fantástica y no me gusta que mañana ella
tenga que volver a todos sus demonios. Presiono los labios en su espalda
como lo he hecho cada mañana y comienzo la rutina de limpieza y
vendaje.
Lanzo su viejo vendaje en mi contenedor de basura para los
suministros médicos y las manchas aparecen delante de mis ojos. Me tomo
un segundo antes de tratar de moverme de nuevo porque ese fue un
mareo muy fuerte.
Abby se mueve y unos dedos delicados tocan mi bíceps. —¿Estás
bien?
—Sí. —Agarro mi bolsa y, más tranquilo, busco lo que necesito, luego
examino mi sangre. Hay movimiento fuera de la pequeña habitación en la
que estamos Abby y yo. West, Ryan, Noah, Chris e Isaiah se levantan para
nuestro último día de trabajo. Planeábamos salir esta noche, pero luego de
ver a Abby cobrar vida, decidimos cambiar e irnos en la mañana.
Abby se apoya en mi hombro y cuando hay un pitido, inclino el
medidor hacia ella para que pueda ver que mi número se halla más alto
de lo usual. Pero es normal. En algún momento, supongo que va a aburrirse
con todo esto, pero por ahora, ella tiene curiosidad y yo la complazco.
Ella es como un maldito halcón cuando mido mi insulina y después
de años de hacer esto en los rincones oscuros o cuartos de baño, es
extraño tener compañía. También es un poco irritante, como tener a
alguien que lea por encima del hombro, pero me comprometí a usar esto
para explicarle todo, y a cambio, ella no ha pedido ni una vez volver a
casa.
Roto la zona de inyección de mi estómago a mi bíceps, y luego
limpio y boto todo.
—¿Hay alguna manera más fácil? —pregunta Abby—. Siempre estás
haciendo cuentas, calculando, midiendo, averiguando. Además, dijiste
que es mejor si creas una rutina, pero además de despertar en la mañana,
no hemos tenido ninguna rutina. ¿Esta es la mejor manera?
—Hablas como mi padre y eso no es un cumplido.
—Qué rudo, y lo digo en serio.
Me levanto y pongo una camisa sobre mi cabeza. —Mi padre me ha
estado presionando para que consiga una bomba de insulina.
—¿Va a hacer todo por ti?
Asiento mientras me pongo los zapatos. Todavía hay cosas que
tendré que hacer, pero por lo que Abby pregunta… —Sí.
Arruga la cara como si hubiese olido algo feo; como si no entendiera
por qué todavía no he pegado la bomba a mi estómago.
—Entonces consigue una.
—Deja de vender drogas.
Una Abby enojada, como de costumbre, me mira. —No es tan
simple.
Extiendo los brazos para mostrar que su respuesta es la misma que la
mía.
—Pónganse algo de ropa y pongámonos en marcha —exige Chris al
tiempo que golpea a la puerta—. Quiero comida.
Tanto Abby como yo hacemos una mueca por lo malhumorado que
sonó Chris. Hoy, todos estaremos agobiados, de aquí a la tradición del
último día de dirigirnos a la ciudad más cercana que tenga un restaurante
y comer hasta que estemos cerca de colapsar.
Abby no es tímida mientras aparta de una patada el saco de dormir
que utilizamos como una manta para revelar su blusa y pantalones cortos.
Tampoco es tímida cuando se cambia de ropa en frente de mí. Presiono
mi espalda contra la puerta para evitar que alguien entre y disfruto del
espectáculo. La verdad: mi corazón bombea con fuerza y me imagino
todo tipo de maneras de lograr que ella haga ese suspiro que me vuelve
loco.
Como si hubiera leído mis pensamientos, Abby me mira desde
encima de mi hombro y sopla un beso. Maldición, esta chica es el diablo...
o un ángel con un lado oscuro.
—Creo que debes conseguir la bomba —dice Abby mientras ata sus
zapatillas de deporte.
Por supuesto que sí.
—¿Por qué no lo quieres?
Me froto la barba en la mandíbula. La bomba no es enorme, pero
aun así es algo a tomar en cuenta. Es atado a la parte exterior de mi
cuerpo y me dará este flujo continuo de insulina e incluso testeará mi
sangre. Tiene un montón de beneficios, puedo ocultarlo con bastante
facilidad, pero si me quito la camisa, va a ser obvio, y si hago algo
demasiado peligroso, voy a tener que quitármelo y ahí es cuando se
convierte en un problema.
—No quiero que me controle —le digo.
La cabeza de Abby se levanta de golpe. —¿Qué?
—Ya tengo que pensar todo el tiempo en lo que hago: qué y
cuándo como, cuándo hago ejercicio, cuánto hago, la cantidad de
insulina.
Su frente se arruga. —La bomba sacaría algo de eso.
—Algo. —No todo. Tener que controlar y pensar en todo lo que pasa
por mi boca y el ejercicio; eso seguirá allí—. Si tengo la bomba, llegaré a
pensar antes de reaccionar. ¿Voy a hacer algo que va a dañarlo? ¿Debo
quitarlo? Ser diabético; no tengo muchas posibilidades de no pensar en mi
condición. Está allí, en mi cara, todo el tiempo. Hasta que le dije a todo el
mundo, estar cerca de los chicos, de ti, asumir los retos, haciendo lo que
quería para encontrar adrenalina... esa fue la única vez que no tuve que
pensar en la diabetes.
Abby realiza un parpadeo lento como si fuera un personaje de
dibujos animados donde la bombilla sobre su cabeza se enciende.
—Nunca lo pensé de esa manera.
La mayoría de la gente no lo haría.
—Isaiah amenaza con irse sin ustedes. —Ryan golpea en la puerta—.
Vámonos.
—El jefe ha hablado —le digo.
Ofrezco mi mano a Abby, la acepta y los dos salimos de la
habitación hacia el aplauso de nuestros amigos por aparecer al fin.
42 Traducido por Julie
Corregido por Miry GPE

Abby
—Creo que fue Tommy el que me disparó. —Meto los panqueques
empapados con jarabe de arce en mi boca y gimo por lo bien que
saben—. Linus es su mentor, así que estoy segura de que Linus no actuará
hasta que tenga pruebas y si llevo a Logan a la ciudad para demostrar
que Tommy fue el que me disparó, pongo un blanco en su espalda. Pero
como ya he hecho la acusación, estoy bastante segura de que Tommy va
a cortarme la garganta porque ¿y si Eric jugaba conmigo y yo hice quedar
mal a Tommy? De cualquier manera, el resentimiento ya se encuentra
entre nosotros. Tal vez sí, pero tal vez no. En cierto modo me gusta respirar,
así que preferiría no desangrarme. ¿Crees que todavía puedo conseguir un
poco más de tocino?
Estamos en este pequeño restaurante a aproximadamente veinte
minutos de la cabaña. Es como si hubiésemos retrocedido de los años dos
mil y entramos a los mil novecientos veintitantos, y me gusta porque me
recuerda a la casa de la abuela. Hay un mostrador largo con hombres
avejentados sentados en los taburetes avejentados.
Isaiah me devolvió el celular bajo la promesa de muerte de no
ponerme en contacto con Linus y tuve que admitir que el plan me parecía
bien. Compruebo a Nadia y Nate varias veces al día, e incluso he hablado
con la abuela vía Skype todos los días a las tres, pero no estoy segura de si
ella sabía que yo estaba allí. Tanto Nadia como Nate confirmaron que su
estado mental fue definitivamente inestable esta semana.
No estoy segura de cómo me siento con que no me extrañen. ¿Bien?
¿Mal? ¿Con ganas de vomitar?
Ignoro la idea mientras pongo más jarabe a mis panqueques y luego
las náuseas regresan cuando noto el plato de Logan: huevos, tocino,
fresas, agua para beber. No es carbohidrato. Mis ojos se abren y el tenedor
que había levantado a mi boca comienza a bajar. Soy la peor persona.
Logan agarra los huevos, mete una enorme porción en su boca, y
me murmura—: No me molesta. Come o voy a alimentarte a la fuerza.
Cierto, Logan se irrita si actuamos de manera diferente. Puedo vivir
con eso y, sin duda, puedo vivir con comer panqueques. Antes de meter
algo de esta delicia en mi boca, miro alrededor de la mesa redonda, y
con excepción de Logan, porque ya hemos cubierto parte de esta historia
de dolor en las conversaciones nocturnas, todos me miran: Isaiah, Noah,
West, Chris y Ryan.
Síp, los ojos clavados en mí.
Mirándome como si tuviera sanguijuelas pegadas a la cara o como si
estuviera a punto de comer sanguijuelas o tuviera un romance con una
sanguijuela. —¿Qué?
West rompe el contacto visual primero, acomodándose la gorra de
béisbol siempre al revés y luego empuja su plato de tocino en mi dirección.
—Si Linus es el mentor de este tipo, ¿crees que él lo sabía?
Todos comienzan a comer de nuevo.
Nadie pregunta si Ricky sabía porque estos chicos son inteligentes.
No me fío de Ricky en absoluto, pero Linus... —No. No me traicionaría. No
así. —¿Linus me vendería para ganar algo? Sí. ¿Me dispararía? No—. Él
respetaba demasiado a mi padre para eso.
Recojo el tocino y lo muerdo, deliberado y lento. —Necesito que
entiendan algo, chicos. Incluso si Ricky supiera que me dispararon, él aun
así me ascendería. Todavía tiene interés en mí. Llamemos a las cosas por su
nombre. Si quería verme muerta, estaría muerta. Pase lo que pase, Ricky
invierte en mí y no abandona sus inversiones.
—¿Adónde quieres llegar? —pregunta Isaiah.
¿Honestamente? —No lo sé. Linus me lo dijo la otra noche y me
pareció cierto.
—No quiere decir que lo sea —dice Logan.
Tampoco que no. —Creo que tal vez Linus insinuaba que yo ya me
encuentro demasiado metida como para irme. Que nunca estaré a salvo
afuera y que mi opción más segura es dentro; donde él y Ricky pueden
protegerme.
Logan se tensa junto a mí y puedo sentir su amenazante ira. —Si
encontramos una manera de cuidar de tu abuela, ¿los dejarás?
—Pero Linus está protegiendo…
—A mí —me interrumpe—. Has mencionado eso un par de veces. Me
cuidaré solo y necesito que confíes en mí.
—¿Cómo? —insisto.
—Muéstrame a Tommy y si él es el tipo que vi, voy a la policía.
Mis labios se mueven porque no me gusta la idea. Logan e Isaiah
tienen fe en la policía, pero la gente en el lado correcto de la ley me pone
nerviosa.
—Estoy preguntando por el dinero —continúa Logan—. Si no tienes
que preocuparte por el dinero y Ricky te deja irte, ¿vas a dejarlo?
Soy dueña de toda la atención de la mesa nuevamente y no puedo
evitar que me parezca gracioso que soy la chica solitaria en este lío de
músculos y testosteronas. El impulso es decir algo loco para hacer que
todos queden con una expresión perpleja, pero luego pienso en lo serio
que lucen todos y de repente es difícil tragar la comida en la boca.
Ellos se preocupan por mí y eso hace que mi sistema me falle. Soy
indigna de toda esta emoción. Coloco suavemente mi tenedor en la
mesa, uso la servilleta para limpiarme la boca y luego les digo la verdad—:
Sí, lo dejaría.
Harvard me dio su tarjeta. No quiere decir que me quieren, pero
podría significar que alguien más lo haría. Esto significa que podría tener
algo que decir en mi destino.
—Pero la cantidad de dinero que necesito para cuidar de mi abuela
no es poco y no se puede ganar trabajando en McDonalds. Necesito
dinero y mucho.
No me pierdo la larga mirada que comparten Isaiah y Logan, y no
me gusta estar en el exterior de miradas largas. —Solo díganlo.
Logan se inclina a la izquierda, saca el sobre que le entregó Chris
cuando bajamos del dormitorio esta mañana y lo mete debajo de mi
plato. —Esto es tuyo.
Me siento adormecida. Mi orgullo surge y mi espalda se endereza.
Tengo una idea bastante buena de lo que hay en ese sobre y hace que los
músculos cerca de la esquina de mi ojo tiemblen. —¿Qué es eso?
—Mi sueldo. —Logan se mete una fresa en la boca—. De los últimos
días.
—Y el mío —añade West.
—Y el mío —dice Isaiah y luego todos siguen esa línea... Noah, Chris y
Ryan.
—Pero necesitan el dinero. —Miro a Noah y bebe de su vaso de
agua.
—Tú lo necesitas más. —Sus ojos me piden que no diga nada más.
Que no mencione que este dinero se supone que es un anillo de
compromiso para Echo. Que quería pedirle que se case con él antes de
irse a estudiar a Colorado este año.
Todos se cuidan de no mirarme mientras continúo comiendo. Mi
cabeza se siente rara. Con hormigueos. Al igual que experimentara un
derrame cerebral. La voz de Linus, la voz de mi padre, los dos me gritan
que les tire el dinero, que buscan poseerme, utilizarme, pero entonces mi
alma simplemente duele.
Duele tanto que mis labios se tuercen hacia abajo y mis dedos
tiemblan. Logan me dijo que me amaba, me dijo que él había visto
suficiente de lo que no era el amor, así que podía entender lo que sí era.
También sé mucho de lo que no es el amor, y sé muy bien lo que es
ser utilizada. Ser usada es sucio, manipulador y crea esta capa de
vergüenza que nunca puedes quitarte, pero el amor... mis ojos arden y los
cierro brevemente... el amor debe ser todo lo contrario.
El amor debe ser esto: seis chicos que mucha gente abandonó. Seis
chicos que la sociedad catalogó de una forma y resultaron ser otra cosa...
algo más... algo mejor. Seis chicos que tienen sueños, esperanzas y
temores... y todas esas cosas que mantienen ocultas en su alma junto con
sus heridas porque la sociedad dice que no se les permite sentir.
Seis chicos que salieron a ganar dinero por diversas razones. Seis
chicos que sudan, sangran, soportan ampollas y dolores. El calor que les
causó agotamiento. Un sol que era implacable y despiadado. Seis chicos
que al final de la semana están tranquilos mientras me entregan todo su
dinero.
Amor; no tiene intenciones de lastimar mi orgullo, sino de sanarlo.
Cada uno de estos muchachos me ama y si no acepto este dinero, no los
amo de la misma manera.
—Pero ni siquiera me conocen. —Ni yo misma me conozco.
—Haces sonreír a Junior —dice Chris.
—Y hablar —añade Ryan—. No sabía que él tenía tanto vocabulario.
Logan le muestra el dedo medio a Ryan y los dos se ríen.
—Tú me ayudaste. —West enrolla la servilleta y la arroja sobre la
mesa—. Cuando papá me echó, ayudaste.
Asiento, él también, y me doy cuenta de que West siempre estará
por aquí. Incluso después de que se gradúe de la universidad. Incluso
cuando se aleje de los combates de artes marciales mixtos. Incluso cuando
sea todo respetable con una esposa, una casa y un montón de dinero;
West siempre será mi familia.
Familia. Mi corazón salta y se retuerce. Encuentro la mirada de Isaiah
y Noah, y de inmediato aparto la vista. Cuando los conocí, aún eran niños
larguiruchos que no habían crecido. Niños de acogida que nadie podía
amar, que nadie trataba de amar, y me rompieron el corazón... a mí... e
hice lo poco que pude para ayudar, porque si papá no me hubiese
adoptado, yo habría sido como ellos... podría haber sido peor.
—Nunca fue suficiente —le susurro.
Isaiah se aclara la garganta y después de unos segundos, inclina sus
brazos sobre la mesa. —Y eso era todo lo que yo tenía, y entonces, fue
suficiente para ayudarme a sobrevivir.
—No sé cómo darles las gracias —digo lentamente. Entonces me
vuelvo fría cuando me doy cuenta de cómo quieren que les agradezca.
Tengo que dejar de vender. Tengo que dejar de vender y tengo que
hacerlo sin que nadie resulte herido.
Mi mano va a mi cuello cuando siento como si mis pulmones
estuvieran fallando. No puedo respirar. El aire no entra, yo... La mesa se
sacude cuando me aparto y el agua de Logan se vuelca sobre su comida.
Me pongo de pie de un salto y todos los chicos lucen como si estuvieran a
segundos de saltar sobre la mesa para atraparme.
—Necesito... necesito... un par de minutos.
Y me doy la vuelta, hacia el lado equivocado, y desde su asiento,
Logan me agarra la muñeca y me impide ser empalada por un perchero
en la pared. Giro y voy rápidamente hacia la salida delantera. Aire, solo
necesito aire.
43 Traducido por Vane Farrow
Corregido por Daniela Agrafojo

Logan
Abby sale corriendo de la cena como si alguien gritara fuego.
Vemos a través de la pared de ventanas cuando va directo al coche de
Isaiah, lo rodea, y luego se da cuenta de que no tiene forma de irse.
—Eso resultó mejor de lo esperado —dice Isaiah.
Estoy de acuerdo. Meto una fresa más en mi boca y me pongo de
pie, agarrando el sobre que Abby dejó atrás. —Me encargaré de ella.
Alguien pague nuestra cuenta y se lo devolveré más tarde.
—Lo cubriré —dice West—. No te preocupes por pagarme después.
Me preocuparé por pagar después.
—Logan —dice Isaiah mientras doy un paso para ir tras Abby.
Lo miro y cuando sabe que tiene mi atención, dice lo que todos
hemos estado pensando desde que Abby nos contó que Ricky va a
ascenderla. —Que Eric la secuestre y nos haga sacarla de la ciudad tiene
más sentido. No estoy seguro de que ella pueda volver.
Se forma un latido lento en mis sienes. —Lo sé.
Eric dijo que pagaba una deuda al salvar a Abby. Debe pensar que
la única salida es que desaparezca.
Sin decir otra palabra, dejo la cafetería y encuentro a Abby
apoyada contra el Mustang negro de Isaiah. Su cabeza cuelga hacia
adelante sobre sus manos, haciendo que su cabello oculte su expresión.
En la acera, me detengo frente a ella y le doy su espacio. Ha estado
por su cuenta durante tanto tiempo, tomando decisiones que la mitad del
mundo no puede entender, que el hecho de que yo actúe como si fuera
el caballero que va a salvarla de todo solo la enojará y estará mal.
Si Abby quiere patear el culo de alguien, patearé ese trasero, sin
hacer preguntas, pero no es mi lugar patear el culo primero y luego
preguntar si eso es lo que ella querría. No es mi trabajo hacer su vida ya
complicada más jodida que la pesadilla viviente que es actualmente.
Recoge su cabello y lo retuerce lejos de su cuello. El calor de la
mañana ya es opresivo, lo cual no significa cosas buenas para nosotros
mientras trabajamos hoy. —Esto nos desequilibra. ¿El que tú me des dinero?
No seremos iguales. No quiero estar contigo porque te deba.
—Entonces no lo hagas. Si no puedes manejar estar conmigo porque
te dimos dinero, entonces volveremos a ser amigos. —Tengo que trabajar
duro para no dejar que se muestre el estremecimiento interno ante la idea
de perderla.
—No quiero eso —murmura.
Bien, porque yo tampoco lo quiero.
—Si acepto esto —dice—, te lo devolveré. Les pagaré a todos.
Trabajaré en este maldito infierno todo el maldito verano, cada verano.
—No dejes que Chris te oiga decir eso. Aceptará esa oferta.
Deja escapar una mezcla entre una risa y un resoplido. —Lo digo en
serio. Devolverles el dinero y trabajar aquí si tengo que hacerlo.
—Si eso es lo que te hace sentir mejor, entonces…
—Eso es lo que me hace sentir mejor. —Suspira como si estuviera
molesta, como si estuviera agotada, como si acabara de dejar caer un
peso—. Si no estoy vendiendo, puedo conseguir un trabajo real y entonces
puedo trabajar horas en algo real y ya no tendré que estar fuera en la
noche, tal vez pueda recortar horas de las enfermeras y eso me costará
menos, pero aun así... no estoy segura de que será suficiente.
—¿Confías en mí, Abby?
Me mira fijamente el tiempo suficiente para que la mayoría de los
hombres ya se hubieran orinado encima. Es una chica intimidante.
Hermosa. Seductora. Mortal si quería serlo. Se lame los labios. —Sí.
Señalo con mi cabeza hacia la ventana detrás de mí. —¿Confías en
ellos?
Baja la cabeza como si la confianza significara derrota. —Sí.
—Entonces déjanos preocuparnos por ayudarte con lo que no
puedas cubrir cuando tengas un trabajo legal.
—Me estás pidiendo que tenga más fe en ti de lo que nunca he
tenido en nadie.
Sí. —¿No es eso lo que es la fe? ¿Creer en algo sin verlo primero?
—Apestas, Logan.
—Oh, bien.
Me recuesto en el coche junto a Abby y ella golpea su rodilla contra
la mía. —Isaiah va a patearte el culo por tocar su coche.
—No le tengo miedo.
Medio se ríe. —No tienes miedo de nada. No estoy segura de que
siquiera conozcas el miedo.
—Solía decir lo mismo de ti.
Abby levanta la cara hacia el cielo azul profundo de arriba. —No
podía permitirme tener miedo, no por mucho tiempo, pero recibir un
disparo... el temor me atrapó. Pero no tengo miedo de morir.
—¿De qué tienes miedo?
—De aun respirar pero estar muerta por dentro. Creo que eso es un
destino peor que la muerte. Ya me encontraba a mitad de camino
cuando entré en la tienda de coches para encontrarte a ti y a Rachel
pasando el rato con Isaiah. Supe entonces que debería haberme alejado,
pero estaba cansada de ser insensible.
Nos quedamos en silencio y se siente bien y mal. Bien porque su
admisión se merece el respeto de pensamiento, mal porque Abby merece
más que ser la única que se expone a sí misma así.
—Pocos años después de ser diagnosticado por primera vez con
diabetes, las cosas salieron mal. Mis riñones se jodieron y terminé en el
hospital. Entonces me asusté. —Aterroricé—. Cuando estuve mejor, uno de
los novios de mi mamá me llevó a hacer rapel y me encantó la adrenalina.
Me encantó sentirme vivo. La muerte me asustó tanto que me gusta
cuando mi corazón late muy rápido por mucho tiempo. Me recuerda que
aun respiro.
Echo un vistazo hacia ella. —También me asusté cuando escuché
disparos en el callejón y te vi tumbada boca abajo en el suelo. La muerte
me asustó. Perderte me asustó. La idea de perderte aún me asusta.
Esta vez ambos fingimos que la acera es interesante. Un chico de
dieciocho años y una chica de diecisiete. Ambos tratando con mierda
adulta. Ambos con la capacidad emocional de unos niños. Queriendo
pertenecer el uno al otro, pero inseguros de como dominar las emociones.
—¿Crees que nos hicimos esto a propósito? —pregunta Abby.
—¿Hicimos qué?
—Convertirnos en lo que nos aterrorizaba ser. Tú siempre estás
tratando de engañar a la muerte con las cosas locas que haces. Yo seguí
los pasos de mi padre y no dejé a nadie entrar por mucho tiempo.
—Los dos somos demasiado fuertes para eso. No nos hemos
convertido en ellos, Abby. Nos burlamos de ellos. Hago mierda loca porque
estoy vivo y disfruto sintiéndolo. La adrenalina bombeando en mis venas, el
aire en mis pulmones, el calor de mi piel y la tuya cuando te beso. Y tú no
estás muerta por dentro. Has amado a demasiada gente para eso.
Las cejas de Abby se levantan en duda.
—Piénsalo; Linus siguió presionándote para que cedieras. —Señalo
a nuestro grupo dentro, riendo en este momento de algo que Noah está
diciendo—. Eso ahí dentro, esas amistades, es peligroso. Las buenas
amistades, son más potentes que la bomba atómica. Ninguno de nosotros
te permitiría sentirte muerta por dentro.
Abby choca su rodilla contra la mía de nuevo y me envía una
mirada desde debajo de sus pestañas que hace que mi sangre se caliente.
—Gracias por eso.
—¿Por qué?
—Por todo. —Flexiona sus dedos como si estuviera a punto de tocar
en un piano—. No sé cómo alejarme. De todas las reglas y consejos que mi
padre me dio en los últimos años, nunca me enseñó cómo darle un
preaviso de dos semanas a un capo de la droga. Quiero decir, ¿hay que
hacer papeleo? ¿Debo llevarle flores? ¿Tengo que entrenar a mi
reemplazo? ¿Crear un manual de capacitación? ¿Si tengo el libro de Kinko
y los enlazo, eso los hace cómplice de la delincuencia organizada? Quiero
decir, ¿cómo funcionan exactamente estas cosas?
Mis labios se curvan mientras Abby comienza a decir su tontería. Una
corriente consciente de cosas que tienen sentido pero no lo hacen. Se ha
convertido en un consuelo para mí, al igual que nuestro pasado fingido, al
igual que me he vuelto adicto a abrazarla en la noche.
—¿Cómo puedo ayudar?
Los labios de Abby forman una línea y se queda seria. —Tengo que
ver a mi padre.
44 Traducido por Pachi Reed15
Corregido por NnancyC

Abby
Logan e Isaiah se quedan de pie conmigo mientras espero a que mi
número aparezca en la pantalla. Soy la única a la que le será permitido
entrar. Papá tiene una lista de personas que ha elegido para que lo visiten,
y estoy en esa pequeña lista, aunque tengo menos de dieciocho años.
Mac es mi tutor legal y me firmó una carta notariada que me da el permiso
para la improvisada reunión sin un adulto acompañándome.
Otros números siguen destellando en la pantalla y la gente es
llevada hacia donde van a ser revisados. Después de eso van a atravesar
un detector de metales y luego se les asignará una mesa donde el recluso
que quieren ver estará.
Un montón de partes de estas visitas apestan, pero para mí, sobre
todo venir sin previo aviso, es una manera para que papá no pueda
rechazar este encuentro. Nunca he hecho esto antes, presentarme sin
Denny haciendo los arreglos primero, y mentalmente invoco que mi
número aparezca, para así probar que mi padre me echa de menos.
Debido a que Isaiah está molestando acerca de mantener su
espalda segura en un entorno lleno de gente, nos paramos junto a la
pared y él metódicamente gira su cabeza como la de un búho mientras
mentalmente analiza a las personas que nos rodean.
—Los criminales son los que están detrás de las paredes gigantes —
murmuro.
—Todos son lo mismo —responde Isaiah.
Mientras Isaiah observa a todo del mundo, Logan me observa a mí.
Parece entender que no quiero ser tocada, que no quiero ser mimada,
que tengo que estar un poco entumecida al atravesar esa puerta. Pero
me gusta que esté a mi lado, permaneciendo fuerte, en silencio,
simplemente estando ahí... listo para atraparme cuando me caiga.
Porque voy a caer. Siempre lo hago. Con las decisiones que he
tomado en mi vida, mi camino no es más que acantilados
desmoronándose.
En el pasado, me levanté y me sacudí sin ayuda y tengo que admitir
que es más que bueno saber que ya no tengo que atender mis heridas
sola. Es bueno saber que podría estar viviendo una vida que ya no
provoque heridas que sangran.
Está tomando demasiado tiempo. Mi número debería haber
aparecido ya. Mi sangre comienza a zumbar en mis oídos. Se negó. Mi
padre se negó a verme. Es como si una escotilla estuviera siendo abierta
debajo de mí.
—Abby —dice Logan—. Es tu número.
Alivio se precipita a través de mí, y tengo que recordarme fingir mi
reacción. Papá merece ver más que mi miedo y dolor. Necesita ver que
puedo mantenerme fuerte sobre mis propios pies.
Miro a Logan y me mira fijamente. Cada caricia, tacto y beso de
apoyo que necesito está brillando en sus ojos oscuros. —Anda. Vamos a
estar aquí esperándote cuando hayas terminado.
No hay duda de que los dos estarán en el mismo lugar. Isaiah en
busca de cualquier amenaza, Logan esperándome.

El guardia me abre la puerta y las múltiples conversaciones en la sala


asaltan mis oídos. Entro en la habitación, contando las mesas delante de
mí y cuando encuentro la que me asignaron, mi corazón da un vuelco.
Overol anaranjado, cabello rojizo, ojos azules, barba agreste
ocultando su reacción. Parado allí, mirándome como si estuviera viendo un
fantasma, está el hombre que me salvó hace tantos años. Es mi padre.
Logan me preguntó una vez cómo papá sabía a ciencia cierta que
yo era su hija y básicamente respondí que no me importaba. No me
importa, simplemente lo sé y papá también. No soy de él. No cuando mi
madre era rubia con una complexión delgada. No cuando no me le
parezco físicamente en lo más mínimo.
Una vez lo escuché hablar con la abuela después de que me
metieran a la cama. Me arrastré por las escaleras, solo necesitando
escuchar el sonido de su voz otra vez, cuando ella le preguntó si debería
estar preocupada si mi verdadera madre o padre alguna vez venían por
mí. Él le dijo que no, que nos protegería a ambas, y siempre le creí.
Es difícil no correr hacia él, difícil lograr que mis pies se muevan a un
ritmo normal. El impulso es apresurarme, envolver mis brazos alrededor de
él, rogarle que se libere de este lugar y que me cuide otra vez. Pero no
puede liberarse. Hay una buena probabilidad de que nunca será libre. Mi
padre está pagando por sus pecados.
A menos de un metro, estira sus brazos y no dudo en caer en él. Me
abraza fuerte, su mano acaricia mi cabeza, y besa mi cabello, diciéndome
al oído—: ¿Estás herida?
—No —le susurro—. Estoy sanando.
—¿En peligro?
—Sí.
Hay una garganta aclarándose y mi padre y yo nos separamos. A los
internos y visitantes solo se les permite un breve abrazo, incluso si es un
padre dándole la bienvenida a su hija. Los dos nos sentamos, él en un lado
de la mesa de la esquina, yo en el otro.
Papá mira alrededor y sigo la trayectoria de lo que observa. Todo el
mundo parece perdido en sus propias conversaciones, pero no pretendo
entender su mundo, solo sé que por cada acción hay una reacción.
—El mundo entero está explotando ahora mismo y es sobre ti. —
Papá se inclina para hacer esta conversación privada—. Lo último que
supe, Linus piensa que Eric te tiene.
Busco en la cara de papá y aunque siempre luce tranquilo y
calmado, incluso cuando está en el borde de una furia asesina, no veo lo
que había esperado: una ira enmascarada por el secuestro.
—No estoy con Eric.
—No pensé que lo estuvieras. De lo contrario, no estarías aquí.
—Eric me ordenó que te dijera que él me salvó.
Papá no se inmuta. —¿Algo más?
—Y que te dijera gracias.
Sus labios se curvan.
Es una sensación desagradable cuando parte de mí nada en la
confusión y se sumerge en la traición. —Sabías que Eric me iba a
secuestrar.
—Le dije que te sacara de la ciudad.
Mis dedos se aprietan en puños y luego los fuerzo a que se estiren. —
Me vendó los ojos y ató mis manos a mis piernas en la parte trasera de un
coche.
Ese destello de locura que originalmente esperaba, finalmente
aparece, no obstante, conserva la calma. —Pero hizo el trabajo, y estás
sentada aquí a salvo.
—Y Eric es tu enemigo —le susurro-grito.
Se inclina para darnos más privacidad. —Y los límites están
cambiando. Eres inteligente, Abby, y espero que mantengas el ritmo.
—Tienen televisión aquí, ¿verdad? Quiero decir, cuando no estás
sentado planeando el mundo fuera de estas paredes, debes verla.
¿Alguna vez se te metió en la cabeza cuando ves el canal de Disney que
la gente normalmente no hace que secuestren a sus hijas? ¿Que en lugar
de mandar mensajes codificados a través de otras personas, hagas algo
loco como hablar conmigo directamente? Los padres normales hablan
con sus hijas.
—No soy normal y tú tampoco.
—No me digas. Y yo que pensaba que mi padre vendía cosméticos
tocando de puerta en puerta. Ya sabes, algún día, voy a tener un trabajo
donde pueda volver a casa, beber limonada en el pórtico delantero, ver a
la gente cortar el césped de sus patios, voy a tener peces de colores y
conejitos y ya no tendré que tener conversaciones acerca de ser salvada
por un secuestro. Pero por ahora, aquí es donde nos encontramos, así que,
¿qué tal si me entretienes y me dices qué demonios está pasando?
Papá muestra una pequeña sonrisa, y odio que divertirlo me haga
feliz. —Echo de menos la forma en que ves el mundo, Abigail. Siempre
haces que los momentos graves no lo sean tanto.
—Tommy me disparó —dejo escapar porque no tengo tiempo para
jugar, ni siquiera con él—. No tengo pruebas, pero si realmente las
necesitara, las puedo conseguir. Eric me salvó, mi propio bando me lanzó
un tiro, Ricky quiere que empiece a ascender en la dirección, y Linus está
logrando una posición al cuidar de mi espalda con este ascenso… admito
estar abrumada. Luego de la última conversación real que tuve con Linus,
me informó que, si quería salir, no hay salida. Que estoy más segura
adentro de lo que voy a estar fuera. Ahora descubro que estás trabajando
con Eric. Estoy perdida, en peligro y necesito salir.
Papá hace gestos con su mano. —Estás fuera.
—No estoy fuera. Me estoy escondiendo. Mi casa está en Louisville.
Mi vida está en Louisville. Abuela está en Louisville.
Estrecha sus ojos y me recuesto, sabiendo que estoy a punto de ser
educada. —Has roto casi todas las reglas que te di para mantenerte con
vida. Te encariñaste.
Me encojo de hombros. —No eran amigos en las calles. Estaban
fuera.
—Te enamoraste.
Mis ojos se estrechan, preguntándome cómo sabe sobre Logan. —Es
un buen tipo.
—Confiaste cuando te dije que no confiaras.
Parpadeo. Entonces parpadeo de nuevo. Una frialdad cristaliza la
sangre en mis venas. —Mis amigos, esas personas de las cuales me
encariñé que te preocupan, no me va a traicionar.
Papá levanta sus cejas. —No me refiero a ellos.
—Nunca confié en Ricky. Nunca confié en ninguno de ellos.
Solo sigue mirándome, esperando a que lo capte, y cuando la
respuesta me golpea, la sangre deja mi rostro y me doblo por el impacto.
Linus.
—Le ordenó a Tommy que fuera tras de ti —dice en voz baja—. No
matar, solo asustarte. Se sobrepasó más allá de lo que había previsto.
Mi mano se presiona contra mi estómago como si eso pudiera evitar
que vomite. —¿Cómo sabes eso?
Los ojos azules de papá se convierten en hielo. —Porque él me lo
confesó. Linus vio cómo te estabas alejando y no le gustó. Sintió como si su
boleto de comida estuviera demasiado ligado a ti y necesitaba
mantenerte adentro y pensó que podía usar el miedo para hacerlo. Ya no
estás a salvo con él. No es seguro que trabajes para Ricky.
Mi corazón salta a mi garganta. —¿Ricky estaba metido en esto?
—Linus dice que no, pero no lo sé. No creo en las coincidencias y
Ricky presionando para que subas de posición, el ascenso de Linus
asociado con ello, y tú siendo disparada, todo funciona demasiado bien
para mi gusto.
—El callejón no podría haber sido una trampa. Ricky me advirtió que
no vendiera esa noche. Linus no tenía ni idea de que iba a estar allí.
—Que fueran tras la pandilla de Eric fue una trampa, pero tú al no
prestar atención, tropezaste en ella. —Su mirada asesina y reprimenda
firme me hacen encoger internamente—. Linus me dijo que había estado
hablando con Tommy acerca de las posibles maneras de asustarte para
que te sometieras por unas semanas, pero jura que nada de eso se
suponía te hiciera daño. Después de que hicieron sus negocios en el
callejón, Linus decidió tomar ventaja de tu estupidez y asustarte para que
fueras más profundo.
—¿Por qué confesó?
Mira a la distancia brevemente a medida que sus ojos se suavizan y
eso hace que mi corazón se caliente. —Linus sabe lo que significas para mí
y parte de su trabajo era protegerte. Te perdió con el secuestro de Eric.
Pensó que te había perdido para siempre. Vino a decirme y luego... —
Papá enfoca su típica mirada dura en mí—. Le dije que ya lo sabía y que, si
valoraba su vida, mejor que me dijera la verdad y rápido.
Me estremezco y mi estómago toca fondo. La muerte está en los ojos
de mi padre. Del tipo que ya ha sido ejecutada o está en los planes. De
cualquier manera, papá ha jugado a ser la parca, simplemente no sé con
quien ha estado jugando. —¿Cómo te enteraste de Eric? ¿Por qué estás
trabajando con él?
Simplemente levanta una mano y me callo. —¿Quieres salir, Abby?
—Pero…
—¿Quieres salir? Porque si lo haces, ya no llegarás a saber nada de
este negocio. Si deseas quedarte, dímelo, pero las apuestas del juego se
han elevado. Tendrás que aceptar ese ascenso, y ya no podré garantizar
tu seguridad.
Es difícil recuperarse del dolor que me rasga desde el interior. Linus...
Dios mío, Linus. El dolor en mi pecho es demasiado fuerte como para
ignorarlo. Él, en el corazón de todo, era como un mentor para mí. Y papá
tiene razón, confiaba en él. No en la forma en que confío en Logan o
Isaiah. Pero pensaba que era un aliado en medio de los lobos. —Quiero
salir. Va a ser difícil encontrar la forma de cuidar de la abuela, pero creo
que puedo manejarlo.
—No puedes volver a Louisville —dice papá—. Distribuidores retirados
son una carga. Especialmente tú. Sabes demasiado. En ambos lados. Ricky
puede ser peligroso, pero también pueden serlo algunos de tus clientes.
Cualquiera pensando que estás haciendo un trato con la policía podría
causarte problemas. Y por las cartas que he estado jugando últimamente,
no puedo confiar en que alguien no vaya a tomar represalias contra ti por
mis decisiones. Estando aquí, no tengo el tiempo de reacción necesario
como para mantenerte a salvo.
El mundo gira. —¿Dónde se supone que vaya? ¿Qué haga?
—Denny está trabajando en ello. Sabía que finalmente querrías algo
distinto y pensé que te pondrías en contacto con él por ayuda una vez
que Eric te hubiera dicho la verdad. Denny te va a conseguir una nueva
identidad. Nuevo pasado. Va a subirte un año de edad para que puedas
encontrar un trabajo.
Ni siquiera logro terminar la secundaria. Ni siquiera tengo la opción
de aplicar a Harvard, una escuela estatal o un colegio, o incluso algo en
línea. —¿Vas a hacerme desaparecer de nuevo? ¿Como si... como si Abby
nunca existió?
Papá asiente, no viendo que ha tomado un cuchillo y me ha
destripado. Sí, odiaba la Abby en la que me estaba convirtiendo, pero a
veces, me gusta la chica que era y estaba enamorada de la chica que
iba a ser. Las lágrimas escocen mis ojos mientras ya lamento su muerte y
luego volteo la cabeza para evitar las arcadas ante la idea de que a
nadie le importaría si y cuando desaparezca de nuevo.
—¿Qué acerca de abuela?
—Se está muriendo. —Lo dice como si ya estuviera muerta. Como si
ya hubiera sufrido por ella y su pérdida es ya de años atrás. Lo dice con
tanta emoción como cuando habló de que me convirtiese en alguien
nuevo—. He oído que ya no tiene mucha idea de quién es ni en dónde
está. Mac la pondrá en un hogar de ancianos, y va a tratar de encontrar
uno bueno.
Mi cabeza cae hacia atrás, y froto las manos sobre mis ojos y esta ira,
este miedo, esta total y completa tristeza me provoca ganas de llorar, pero
tengo que tragar la quemadura en mi garganta. —Le prometí cuidarla.
Papá hace algo raro. Se estira a través de la mesa y toma mi mano.
—Lo hiciste y ahora es momento de que te cuides a ti misma.
—Siempre podría huir —le digo.
—Pero esto es mejor que muerta. —Hace una pausa—. Puede que
no siempre haya hecho lo correcto para ti. Dado el tipo de casa que
deberías haber tenido. Pero te di lo que tenía.
Cuando se va a retirar, agarro su mano. Necesitando su amor.
Necesitando su consuelo. Pienso en esa foto, la que siempre llevaba en su
teléfono. De mí cubierta de suciedad, apenas vestida, apenas alimentada
y me pregunto cómo, cuando me conoció, pudo sentir cualquier cosa
menos asco.
—No deberías haberme acogido —le digo, y toda la culpa que he
empujado a las partes más profundas y más oscuras de mí salen a la
superficie y es el equivalente de ser golpeada por una avalancha de
rocas—. No estarías aquí si no fuera por mí.
Mi padre mató a un hombre por mi culpa.
Papá me aprieta la mano y luego la suelta. Esta vez, tengo que
dejarlo ir. —Él te amenazó y te habría lastimado, también, solo para
hacerme daño. Rompí mi propia regla sobre encariñarme y salió por la
culata.
Salió por la culata porque el amor no está permitido en el infierno y
no quiero vivir en el infierno.
—¿Por qué lo hiciste? —pregunto, sabiendo que si no pregunto
ahora podría nunca recibir una respuesta—. ¿Por qué me acogiste? —
Incluso cuando sabías que no era tu hija.
—Todos tenemos que pagar por nuestros pecados —dice—. Cuando
te vi, pensé que tal vez al salvarte saldaría las cuentas de algunos pecados
pasados y algunos futuros, también. Sin embargo, nunca pensé que me
preocuparía por ti. Eso fue inesperado.
—Te amo —le digo, y es como si mi lengua se retorciera con las
palabras. No nos decimos cosas como esta, pero existe la posibilidad de
que nunca lo volveré a ver.
Papá sonríe, y es tan impactantemente hermoso que me quita el
aliento. —Tú valías la pena, Abby. Tenerte cerca siempre hizo que todo
valiera la pena.
Mira el reloj y sé que quiere regresar a su celda antes de que sea
atrapado aquí más tiempo del que quiere estar. Una vez que pasamos un
cierto tiempo, tiene que quedarse aquí solo. Visitas breves funcionan mejor
para él. Se pone de pie y yo también.
Papá le murmura algo al guardia cerca de nosotros sobre que se
está despidiendo, y me abraza brevemente y no es tan largo como deseo
que pudiera ser. Los extremos de mi boca tiemblan, sin importar lo mucho
que trato de evitar que se muevan. Es aún más difícil contener la humedad
invadiendo los bordes de mis ojos.
Besa mi sien y me libera, dejándome una sensación de frío, y como si
pudiera colapsar en el suelo. Una parte de mí todavía se siente como si
todavía tuviera tres años, una parte de mí todavía necesita a mi papá.
Antes de que pase por la puerta de su lado, mira por encima del
hombro y levanta su mano en señal de adiós.
—¿Cuál era mi nombre? —le pregunto, y no me importa que varias
personas dejen de hablar para mirarnos.
—True —dice—. Ella te nombró True.
Y al igual como aparecí en su vida hace tantos años, él desaparece
de la mía. Me doy vuelta y comienzo el largo camino hacia ningún lado.
45 Traducido por Daniela Agrafojo
Corregido por Melii

Logan
Abro la puerta de la casa de la abuela de Abby y entro antes que
ella para revisar el lugar. Isaiah se va a quedar en el pórtico delantero para
actuar como guardia. Con una rápida mirada alrededor, Nadia coloca su
dedo contra su boca y luego apunta hacia la abuela de Abby, quien se
ha quedado dormida en la cama de hospital en el cuarto de en frente.
Hago entrar a Abby y ella deja caer su bolso en el suelo y se dirige directo
hacia su abuela.
Abby nos dijo a Isaiah y a mí todo lo que dijo su padre en el viaje de
regreso a Louisville y cuando se quedó sin cosas que decir, apoyó su sien
contra la ventana y observó el mundo correr. Se veía sola y perdida, y
rompió mi corazón.
—¿Cómo está? —pregunta Abby.
—Cansada. —Nadia ofrece una respuesta segura. Sus ojos
parpadean entre Abby y yo, y cuando llegan a mí, inclina la cabeza para
dejarme saber que se dirige a la cocina. Asiento, diciéndole que estaremos
bien.
Abby se acerca al borde de la cama y toma la mano de su abuela.
—Abue, necesito que despiertes por mí. —Espera algunos segundos, luego
intenta de nuevo con voz más alta—. Abue, por favor, despierta.
—Abby —empiezo, pero luego los ojos de la abuela se abren.
Abby sonríe y empuja su cabello detrás de su oreja. —Hola, abue.
Los ojos de la anciana se amplían y mira salvajemente por la
habitación.
—Soy yo. Abby. Te he extrañado.
La abuela de Abby gira la cabeza y me muevo, sintiéndome
incómodo. Está buscando algo familiar y va a matar a Abby que no sea
ella a la que recuerda.
—Vi a papá —dice ella—. Él te extraña, también.
La voz de la abuela de Abby sale, pero no dice nada inteligible, sin
embargo, mueve su otra mano para cubrir la de Abby. Es la misma clase
de movimiento que haría un niño al despertar de un mal sueño; alcanzar al
adulto más cercano, ese que pueda asustar a los monstruos.
—¿Puedo leerte, abue? —Abby toma el libro de la mesa, y decido
esperar con Isaiah en el pórtico delantero. No puedo permanecer
alrededor y observar a Abby decir adiós.
La puerta vieja cruje cuando la abro y vuelve a crujir cuando la
cierro. Isaiah tiene su cadera apoyada contra la reja, y me observa a
medida que imito su posición al otro lado de la rampa.
—Sigo tratando de descubrir otra manera en la que pueda terminar
esto, pero no encuentro la solución —digo.
—No estoy seguro de que haya una —responde—. Elecciones como
las que ha hecho Abby tienen consecuencias. Ninguna de ellas bonita.
Apesta, porque descubriste en dónde te encuentras.
—La amo.
Isaiah asiente y observamos el vecindario silencioso y el tranquilo
mundo que Abby y su padre han creado. Cuando vine por primera vez,
pensé que esta vida era una mentira de Abby, y ahora me doy cuenta
que la venta de drogas era la fachada.
—Lo hiciste bien, hombre —ofrece Isaiah—. No muchos chicos
habrían sido lo bastante firmes en sí mismos para amarla como tú lo hiciste.
—¿Corriendo a un callejón? Cualquiera de nosotros habría hecho
eso.
—Nah, los chicos son buenos corriendo, pero la mayoría del tiempo,
corren de regreso cuando las cosas se vuelven duras y antes de que el
trabajo esté hecho. —Encuentra mis ojos—. Diste tu secreto más oscuro
para salvarla. Toma un hombre fuerte amar de ese modo. Le toma a un
hombre que sabe quién es.
Reflexiono sobre las palabras de Isaiah mientras observo a un ave
piar sobre un nido en el alto árbol de maple en el patio delantero. Cuando
conocí a Abby, papá tenía razón, no tenía ni idea de quién era, pero a lo
largo de los meses pasados conociendo a Abby, las pasadas semanas, los
días pasados, lo descubrí.
Puede que no tenga ni idea de lo que quiero hacer por el resto de
mi vida como West, Chris, Noah, Ryan e Isaiah, pero mientras intento
descubrirlo, por lo menos ya sé quién soy. Porque lo que hago por dinero,
lo que está pasando con mi salud, solo es una porción de lo que soy; no
toda la imagen.
—Tiene que haber otra forma de que Abby se salga de la venta de
drogas que no sea solo desaparecer —repaso la declaración de antes—.
Otro modo que no signifique que se vaya.
Isaiah permanece en silencio, y es la clase de silencio que es como
estar al final de un funeral y que nadie quiera irse. Él está perdiendo a su
hermana. Yo estoy perdiendo a la chica de la que me enamoré. A menos
que inventemos una mejor solución, amarla significará dejarla ir.
46 Traducido por Vane Farrow
Corregido por Melii

Abby
Abuela ha estado dormida mucho más tiempo de lo que me
importaría admitir y cierro el libro. Durante años la mantuve en secreto. Dije
historias, manipulé, y mentí para mantenerla a salvo y ahora la estoy
abandonando porque ya no quiero vender drogas. Porque papá no
puede garantizar que estoy segura dentro de mi organización. Porque no
quiero ir más profundo de lo que ya estoy y al hacer esto perderé todo lo
que amo.
No hay tal cosa como feliz, sólo la idea de feliz.
Pongo el libro sobre la mesa y salgo al pórtico delantero. Isaiah y
Logan están sentados y se ponen de pie al verme. Ya traté de decir adiós
a Isaiah y Logan una vez. Ambos momentos apestaron. Ahora sabiendo
que tendré que hacerlo de nuevo y que ninguno de ellos perseguirá...
Meto las manos en los bolsillos para alejar el dolor y luego fuerzo una
sonrisa en dirección a Logan. —Vamos a dar una caminata.
—¿Una caminata?
—Tú mueve los pies, igual que yo. Viajamos de un lugar a otro. Una
caminata. Las chicas las hacen. Las he visto. Ellas se reúnen en una casa y
luego caminan por el barrio. Siempre quise hacer eso, sólo caminar.
La mayoría de las chicas no querían caminar conmigo, la hija del
vendedor de drogas.
Logan me ofrece su mano y la tomo, sintiéndome un poco mareada
y un poco tonta mientras deslizo mi mano en la suya. Me gusta la mano de
Logan. Es cálida y fuerte y un poco áspera en lugares pero suave en otras.
El día de verano es cálido, pero no tan opresivo como la mañana
prometió que sería. Es difícil creer que hoy más temprano desayunaba con
gente con la que me siento cómoda declarando como amigos y con la
que tenía la esperanza de tener una vida real y ahora estoy a punto de ser
la persona que desaparecerá una vez más.
—¿Vas a extrañarme? —pregunto.
Los dedos de Logan se aprietan alrededor de los míos. —Sí.
—A veces, cuando era más joven, solía fingir que papá era un
contador. Es lo que le dije a la gente que hacía y luego se volvió una
fantasía. Que cuando él se había ido, estaba en alguna conferencia de
contadores de alto nivel, porque hacen esas cosas, ¿no? Pero me
encantaba la idea. El tipo fuerte con un bolsillo lleno y entonces volvía
a casa para tener pavo y relleno con pastel cada noche para la cena.
Algunos niños soñaban con playas o algunos videojuegos. Yo quería la
cena y la contabilidad.
—Mi papá trabaja en una línea de fábrica —dice—. Es un buen
trabajo. Trabaja duro por poca remuneración, pero es suficiente para
cuidar de él y de mí. Está cansado todo el tiempo. Trabaja el tercer turno
porque pagan más. Mamá es una gerente en uno de lugares de nueva
era o alimentos orgánicos.
Sonrío al pensar en la gente encargada de criar a Logan. —Tu
mamá y papá suenan diferentes.
—Noche y día. Mamá te habría amado.
—¿Y tú papá?
—Me ama.
—Buena no respuesta —digo y Logan se ríe.
—Me recuerdas mucho a mi mamá —dice.
Mi frente se frunce. —Nunca digas eso a una chica de nuevo, Logan.
Eso si quieres conseguir un polvo.
—Si la conocieras, entenderías que eso es un cumplido. La gente es
atraída naturalmente a ella y sale con chicos de la mitad de su edad.
—Estás bromeando.
—Excentricidad de mamá.
—¿Así que soy excéntrica? —Es una palabra bonita para rara, pero
me tiene.
Me rodea y luego coloca sus manos en mis caderas. —Muy.
Sus manos se sienten bien sobre mi cuerpo y mi corazón se acelera.
Lamo mis labios pensando en él besándome y esta gravedad que sólo
existe en torno a él intenta arrastrarnos más cerca, pero no sé cómo diré
adiós si lo dejo acercarse más de lo que ha estado durante las últimas
noches. Es como que ya está grabado en mi alma y la abstinencia va a
apestar.
Me giro y me agacho para moverme a su alrededor, odiando la
pérdida de su toque. —Ahora, ahora, Logan. Tengo una reputación que
proteger en este barrio. La gente de por aquí piensan que soy respetable.
Logan mira alrededor en las antiguas casas como si estuviera
tratando de adivinar como luce la gente en el interior. —¿Ellos?
—Sí, les dije que administro un banco de alimentos.
—¿Lo hiciste?
—Nop. —Mis treinta segundos de alegría se desvanecen—. Todos
piensan que soy como mi padre, pero voy a hacerlo mejor que él. Voy a
salir y permanecer fuera.
Seguimos caminando y enfrente hay un parque. El sonido de los
pequeños niños gritando y riendo hace eco junto a nosotros por la calle.
Papá solía llevarme allí. Lo mismo que abuela. A veces, cuando me sentía
muy cargada después de vender me sentaría sola en la oscuridad y me
columpiaba, pretendiendo ser de seis y despreocupada y no una
adolescente que se ahogaba.
—¿Quieres columpiarme? —pregunto.
—Claro. —Logan deja de caminar y me duele el corazón porque
tiene esa expresión en su rostro. La que dice que escucha alguien
llamándolo a casa y que es hora de dejar de jugar.
—Por favor, sigue caminando —le digo.
Logan libera mi mano. —No puedo hacer esto. No puedo pretender
que solo estamos caminando y que no estás a punto de irte en el
momento que Denny te de una nueva identidad. Ya no puedo hacer esto
de fantasía.
—Lo necesito. —Desesperación se clava en mi pecho—. Siempre lo
he necesitado. Fingir me ha ayudado a sobrevivir. Cuando no tenía amigos
por ser quién era mi padre, cuando mi padre no aparecería por días,
cuando llegué a entender quién era y lo que había hecho, y luego,
cuando fue detenido y enjuiciado y abuela y todo. Amo a mi padre y a mi
abuela pero nada de esta vida ha sido fácil, así que finjo. Es como la gente
que lee libros o ve películas para escapar. Finjo y necesito que finjas
conmigo por unos pocos minutos más porque tengo que llevar este
recuerdo muy real conmigo por un tiempo muy largo.
Logan acuna mi cara con las manos y la cruda emoción pura que
brota de él casi me mata. —No quiero perderte.
—¿Quieres que me quede y venda? ¿Quieres que ascienda con
Ricky?
—No. —Aspira el aliento y sus ojos están buscando frenéticamente mi
rostro—. Tal vez podría ir contigo.
Cierro los ojos mientras mi mente crea automáticamente bellas
imágenes de un futuro que nunca sucedería. Pedirle que vaya conmigo
sería egoísta. Sería robar su vida y dejar detrás a Abby es bastante malo. —
No.
Se aleja de un tirón. —Entonces es todo. ¿Eres la única distribuidora
que ha decidido limpiarse?
—No, pero no soy cualquier distribuidora. —Me había mentido a mí
misma de lo que yo era, pero eso es todo lo que era, una mentira.
—¿Entonces nadie en tu posición alguna vez se alejó?
—Sucede, pero por lo general hubo circunstancias atenuantes.
—¿Cómo cuáles?
Me encojo de hombros. —Una herida grave de un trato que salió
mal.
—No es una opción. Dame otra.
—Ellos consiguen un trabajo de verdad y lentamente se alejan, pero
una vez más, Logan, no soy normal.
—Dame otra.
Estoy mirando alrededor como si los árboles cerniéndose tienen una
respuesta. —No lo sé. Si hubiera otra opción, papá me la habría dado.
Logan jura y después de unos segundos de calmarse, toma mi mano
y continuamos por el parque.
Dondequiera que vaya, apestaré estando sola. Estaba muy bien sola
hasta que conocí a Logan. Incluso con Isaiah alrededor y luego Rachel,
todavía estaba bien sola, pero el mundo sin Logan es demasiado vacío.
—Te amo —le digo al suelo y cuando intenta parar, le doy un tirón a
su mano para que sigamos adelante—. Necesito que sigas caminando,
porque apenas puedo manejar decir esto, pero te amo. Sólo ignórame,
Logan. Sólo pretendamos que estamos caminando y no estoy hablando y
que acabas de saber que te amo.
Logan libera mi mano y desliza su brazo alrededor de mis hombros.
Seguimos caminando y acaricia su nariz en mi pelo, rozando unos cuantos
besos, provocando deliciosa piel de gallina y amo cómo encajo
directamente en el refugio de su cuerpo. Podría haber sido feliz con él.
Muy, muy feliz.
Tal vez he muerto en el callejón y esta es mi infierno. Casi
experimentar la felicidad y luego perderla.
Damos un paso a la hierba para dirigirnos a los columpios y mi
corazón se detiene cuando me encuentro con ojos que he estudiado
antes. Está tan sorprendido de verme como yo, y no tengo ninguna duda
de que su corazón también se acelera con miedo.
—¿Estás bien? —pregunta Logan.
Una pequeña niña con muchas trenzas en el pelo salta hacia él y a
sus brazos. Él la abraza, pero aún me observa. Como si fuera la
depredadora. Como si fuera lo que está mal en este mundo. Supongo que
lo soy.
—Sí. —Aparto mi mirada del molesto vendedor de drogas
encubierto—. Ese es un agente antidrogas. Lo descubrí hace unas
semanas. Él me recuerda y yo lo recuerdo. Está con su hija así que
deberíamos irnos.
Logan lo mira y luego roza los dedos sobre mi hombro. —Podemos
quedarnos.
—No —le digo—. No podemos.
47 Traducido por Mae
Corregido por NnancyC

Logan
La sensación de hambre me recorre como olas y no necesito analizar
mi sangre para saber que el nivel de azúcar en sangre es bajo. Entro en la
cocina, lanzo mis llaves en el mostrador y me detengo de golpe.
Mamá y papá están sentados a la mesa de la cocina, mirándome.
Debido a que las últimas veinticuatro horas han sido un completo desastre,
observo el reloj del microondas y confirma que es medianoche.
Odié dejar a Abby, pero prometió no irse sin decir adiós y mis padres
se volverían locos si no regresaba a casa pronto.
—¿No deberías estar en el trabajo? —le digo a papá y luego a
mamá—. ¿No deberías estar... no aquí?
Hacen eso de mirarse durante largo rato y los ignoro mientras me
dirijo hacia el pasillo.
—¿Logan? —llama mamá—. Vuelve.
—Prueba —le digo.
Abro mi cajón que contiene mi bolsa y me detengo. Durante años
me he esforzado ocultando mi diabetes de los demás, escondiéndome
mientras hago mis pruebas porque mamá ha tenido dificultades para
enfrentar la realidad de mi condición. Tomé un gran paso adelante esta
semana, y he terminado de actuar como si esto fuese algo de lo que
avergonzarse, como si fuese algo para ignorar.
Agarro mi bolsa de cosas, entro en la cocina, a continuación, me
dejo caer en un asiento a la mesa. El asiento al lado de mamá. Ella deja de
respirar mientras me pincho el dedo y luego hago la prueba para
confirmar que mi nivel es bajo. Lo dejo todo en la mesa, mis agujas a plena
vista, y abro la nevera.
—¿Cómo fue empacar heno? —pregunta papá.
—Duro. —Elijo el recipiente lleno de espaguetis y albóndigas y meto
todo en el microondas.
La cara de mamá está pálida y mantiene los ojos fijos en las agujas.
—La pasta tiene un montón de carbohidratos.
—Puedo permitirme comer unos pocos. —Sigue mirando a las
agujas—. Mamá.
—¿Sí? —No me presta atención.
—Mamá, mírame.
Lo hace y decido no fingir más. La amo, al igual que papá lo hizo y lo
sigue haciendo, pero entiendo por qué no podía vivir más con ella. Mi
madre vuela como un colibrí nervioso y lo llama encontrarse a sí misma
cuando las cosas se ponen demasiado graves.
Pero entiendo por qué no podía estar más con papá, tampoco. La
necesidad de él por algo invariable y constante, la sofocaba, al igual que
a menudo me sofoca.
—Tengo diabetes.
Papá se relaja en su asiento, cruzando los brazos sobre su estómago.
Asiente ligeramente su aprobación, casi como si hubiera estado
esperando años para que tuviéramos esta conversación.
La cara de mamá se contorsiona. —Lo sé.
—No va a desaparecer.
Su expresión cae y desolada no es una emoción que le luzca bien. —
Lo sé.
—No voy a ocultarme más para que te sientas cómoda. Las pruebas,
las inyecciones. Si estoy cerca y estás cerca y tengo que hacer estas
cosas, lo haré.
La silla se sacude debajo de mamá cuando mis palabras la golpean
con fuerza. —Nunca te he pedido que lo ocultes.
—Tus reacciones lo hacen.
Se gira inmediatamente a papá para su confirmación o consuelo,
pero nada sucede. El microondas suena y extraigo el Tupperware caliente.
Lo dejo caer sobre la mesa antes de que queme mis huellas digitales,
encuentro un tenedor, me siento y comienzo a comer.
—Deberías hacerte la prueba después —dice papá—. Sé que tu
número era bajo, pero…
—Detente. —Lo señalo con el tenedor—. No te daré a conocer más
mis números. Voy a admitirlo, tenías razón en muchas cosas. No siempre
me cuidaba de la mejor manera, pero se ha terminado.
Como una albóndiga entera y exhalo cuando está demasiado
caliente, pero mastico debido a que la necesidad de devorar esta maldita
cocina entera me está enloqueciendo. Unos mordiscos y tuerzo la cara.
Esta es carne muy mala. —Les conté a los chicos sobre la diabetes.
—¿Les contaste? —pregunta papá.
—Les conté. —Mastico—. Acerca de la diabetes. —Trago y cierro los
ojos por cuán buena se siente la comida caliente en mi estómago—. No
voy a ocultarlo más. La gente quiere tratarme como si fuera débil debido a
ello, al diablo.
Papá se inclina hacia adelante, sin perder la posibilidad de tener
esta conversación. —¿Cómo lo tomaron?
Me encojo de hombros, mientras hago girar un trozo de fideos en mi
tenedor. —Enojados por el secreto, preocupados, confundidos. Luego,
Ryan y yo escalamos un árbol y todo el mundo lo superó.
—¿Qué? —Esa maldita exasperación está en su voz.
—Escalamos un árbol. De nuevo a los números, sé cómo cuidar de mi
diabetes. Sé cuándo chequearme, sé cómo y cuándo poner mis
inyecciones, sé cuándo tengo problemas. Me queda un año más hasta
graduarme. Es necesario que empieces a preocuparte menos por mí y más
de ti.
—Logan —empieza, pero lo interrumpo de nuevo.
—Y lo que dijiste en el hospital, tienes razón. No tengo idea de lo que
quiero hacer con mi futuro, pero estabas equivocado. Eso no quiere decir
que no sé quién soy. Es posible que no te guste lo que soy, pero a mí sí.
Hago cosas locas. ¿Por qué? Porque me gusta. ¿No hice las pruebas y
cuidé de mí mismo para ocultar la diabetes? Sí, pero eso terminó, y no voy
a cambiar el resto de mí. Si muero haciendo algo estúpido como escalar
un árbol, entonces, puedes saber que morí siendo quien soy. Que no te
guste en lo que me he convertido y decirme que no sé quién soy son dos
cosas diferentes. No puedes controlar mi diabetes, y no me puedes
cambiar.
Cuando levanto la vista de los espaguetis, es difícil encontrar su
mirada. Se ve como si lo hubiese golpeado. Aprieta los labios y cuando su
boca se abre como si fuera a decir algo, empuja la silla hacia atrás con la
fuerza suficiente para que chirríe contra las baldosas y se va.
La puerta principal se cierra de un golpe y los vasos de la encimera
se mueven. He perdido el apetito, pero sigo forzando la comida. Si no
como, el nivel de azúcar en mi sangre seguirá decayendo.
—¿Quieres irte, también, ¿verdad? —le digo a mamá, y cuando
levanto la mirada a su expresión agotada me dice todo lo que necesito
saber.
—Sí —admite—. Pero siento como si tuviera que quedarme.
Termino lo que está en mi boca y la estudio. Mamá se ve mayor esta
noche. Más que su edad. Algunos de sus mechones rubios rizados se han
separado de su cola de caballo y cubren su rostro. Los recoloca.
—¿Por qué estás aquí? ¿Por qué papá no estaba en el trabajo?
—No nos gusta cómo las cosas se quedaron en el hospital y
sabíamos que ibas a venir a casa esta noche. Sólo queríamos pasar tiempo
contigo. Logan, has estado tan... distante últimamente. Con tus amigos
graduándose y el cambio en las escuelas y esta chica que no conocíamos
recibiendo un disparo y... nos sentimos fuera de contacto.
Mi mente da vueltas mientras capto demasiado rápido, demasiado
tarde. Espaguetis. Papá no cocina espaguetis. Demasiados carbohidratos.
—Eso no era una albóndiga, ¿verdad?
—Es una albóndiga... sin carne.
Era una comida hecha por mi madre para mí y me hallaba
demasiado atrapado en mis problemas con Abby para darme cuenta de
lo obvio. Con un parpadeo, por fin veo lo que fui ciego de ver antes. La
mesa preparada para la cena. Fresas cortadas en la encimera. Salsa para
una ensalada.
Maldita sea. Llegué acelerado, con mis problemas en mente.
Señalando sus defectos y nunca antes consideré sus emociones, sus
preocupaciones, y cómo se sienten acerca de mí.
Exhalo y empujo el contenedor de espaguetis. —Lo siento.
Mamá pone su mano sobre la mía. —¿Qué está pasando contigo?
—Estoy enamorado de Abby.
Sonríe y cuando se da cuenta que no estoy sonriendo con ella,
acerca su silla a mí. —¿Rompió contigo?
—Ella vende hierba y para dejar de hacerlo se va de la ciudad. Así
que, sí, en cierto modo, lo hizo. Y antes de que preguntes, no tomo drogas.
Nunca he estado cerca cuando vende y sí, vender es por lo que le
dispararon y por lo que quiere salir.
Se queda perfectamente inmóvil y después de un par de compases
de silencio, continúo—: Pero es más que una distribuidora. Es loca y
divertida, hermosa e inteligente. —Echo un vistazo a mamá—. Es brillante.
Puede entenderme como nadie más. Me hace pensar diferente sobre las
cosas, sobre quién soy y quién quiero ser, y se irá.
La emoción me ahoga y solo sacudo la cabeza como si eso pudiera
decirle a mamá el resto de lo que no puedo hablar.
—Nadie te prepara para nada de esto, ser padre —dice mamá—.
Hay un montón de clases que tomar con un recién nacido, pero después
de eso, te empujan afuera para que lo hagas solo.
«Nadie podría haberme preparado para el miedo que tenía cuando
estabas enfermo o el pozo sin fin de pánico que me consumía cuando me
dijeron que eras diabético. Nadie me dijo cómo quitar tu dolor cuando
llorabas o eras lastimado o te sentía frustrado. Y a medida que ibas
creciendo, no tenía ni idea de cómo hacer que te sinceraras sobre los
sentimientos atrapados en tu interior. Y nadie podría haberme alguna vez
preparado para que te enamoraras de una chica que vende drogas.
—¿En serio? —Tanto la cabeza de mamá como la mía giran hasta
encontrar a papá en la puerta que conduce afuera—. ¿Me enamoré de ti
y te sorprende que tu hijo se enamorara de una chica que vende
marihuana?
Mamá tuerce la cara mientras trata de ocultarlo, pero la risa se
escapa de todas formas y no puedo evitar sonreír. Papá vuelve a unírsenos
a la mesa y toca la cima de mi cabeza, sacudiendo mi pelo como si fuera
un niño, antes de sentarse.
—¿Cuánto tiempo estuviste allí? —pregunto.
—Salí por la puerta principal y luego vine directamente aquí. Justo en
el momento que averiguabas que comías algo sin carne.
—Podrías haber dicho algo —le digo.
—Podría. —Deja afuera el hecho de que me hallaba demasiado
ocupado en reventar y regañarlos.
Cojo el recipiente con los espaguetis y las albóndigas sin carne y
pongo un poco en el plato de mamá y luego una generosa porción en el
de papá. Frunce el ceño ante el número de albóndigas.
—Lamento haber arruinado la cena —digo.
—Pero estamos cenando ahora. —Mamá se ilumina y come como si
fuera rico.
—Me divorcié de tu mamá por su cocina. Poner eso en mi plato
significa premeditación.
—Te divorciaste de mí porque me fui y no pude volver —dice mamá,
y papá y yo nos quedamos callados. Mamá nunca dijo eso antes y es un
incómodo golpe en mi estómago—. Los amaba a los dos, pero estar aquí
todos los días no funcionaba para mí. A veces deseo ser diferente de lo
que soy, pero no lo soy.
Mamá empuja una albóndiga con su tenedor y acerco la mano y
aprieto su muñeca. —Ahora estás aquí y estás aquí cuando es necesario.
—Te merecías una familia que podría permanecer intacta.
Pienso en el amor y la adoración de Abby por su padre. Pienso en su
madre biológica, que vendió a Abby por heroína. Sí, tengo amigos que
tienen padres con matrimonios de roca sólida, y algunos que no. Sin
embargo, nada de eso importa. Creo que soy muy muy afortunado con lo
que tengo.
—Me amas. —Me pongo de pie, sin querer ver su reacción, abro la
nevera, y encuentro la ensalada—. Ambos lo hacen. Eso es suficiente.
Dejo la ensalada en la mesa y mis padres se han quedado callados.
Este intercambio crudo emocional es nuevo y espero que siga así. No creo
poder manejar esta mierda a menudo. Mamá pone un poco de ensalada
en su plato y papá come una albóndiga sin carne, tragándola con agua.
Todos estos años han pasado y él bromeará, pero cuando llegan a esto, el
plato estará limpio porque no quiere herir sus sentimientos.
Ese es un verdadero hombre.
—Tu padre siempre prefería comer la cena tarde —dice mamá—.
¿Recuerdas cuando solías trabajar dos turnos y la comida te esperaba
cuando entrabas?
Papá tiene esa sonrisa que me dice que le gusta el recuerdo. —Ella
solía cocinar carne entonces. Carne de verdad.
—Era horrible. Juro que podía oír a los pobres animalitos gritar
mientras los colocaba en la sartén. ¿Recuerdas cómo solíamos hacer el
amor antes del postre?
Me ahogo con un tomate cherry. —Demasiados detalles.
—Es natural, Logan. ¿Cómo, crees que te hicimos?
—Probeta. ¿Olvidaron que estoy saliendo con una traficante de
drogas?
—No —dice mamá—. Y no olvidamos que estás enamorado de ella,
que se irá, y te dejará.
Papá sólo hace esa cosa en la que me mira y entiendo todas las
palabras que no sabe cómo decir. Que lo siente, que ha estado allí y es
duro perder a alguien que amas.
—¿Crees que tienen un libro para padres sobre eso? —pregunta
mamá—. ¿Mi hijo salía con una traficante de drogas? Porque de lo
contrario, no sé qué decir. Aparte de que estoy un poco preocupada de
que yo podría haberle comprado en algún momento. Eso habría sido
incómodo. ¿Es vegetariana? ¿Cuál era su signo?
Sonrío porque mamá es mamá y papá empieza a burlarse de que
está demasiado vieja para fumar marihuana. Escucho sus bromas, como
otra albóndiga sin carne y miro a las dos personas que comparten
conmigo la cena a medianoche. Por el momento disfruto saber, que estoy
bendecido.
48 Traducido por Sofía Belikov
Corregido por Ailed

Abby
—Abby —La profunda voz de Nate me despierta de golpe, y casi me
caigo del sofá. Miro de inmediato a la abuela, que duerme tranquilamente
en la cama del hospital.
Nate dijo que la abuela está demasiado débil y frágil para cargarla
constantemente por las escaleras. Confío en su juicio. La ama como si
fuera de su propia sangre.
La habitación está a oscuras, excepto por la luz que brilla desde los
faroles en la calle. El reloj de pie me confirma que es pasada la
medianoche, y me pongo en alerta de inmediato cuando Nate pone un
dedo sobre sus labios. —Alguien está afuera.
Alcanzo la cuchilla en mi bolsillo trasero. —¿Golpearon?
—No. Subió las escaleras y se sentó en el columpio del pórtico.
Esperé un minuto o dos antes de despertarte. Parece que no va a
marcharse.
La adrenalina me recorre mientras me levanto y dirijo a la ventana.
Creí que tuve cuidado al regresar a Louisville. Hice que Isaiah diera varias
vueltas para asegurarme de que nadie nos seguía y no he llamado a Linus
desde la casa de campo.
No muevo las cortinas; en su lugar, echo un vistazo a través de la
línea entre ellas y maldigo en voz baja. Mi corazón se acelera. O bien estoy
en una posición buena o mala, pero, de cualquier manera, estoy
arruinada.
—Si me voy con él, llama a Logan de inmediato.
Nate se pone delante de mí mientras me dirijo hacia la puerta. —
Puedo ocuparme de él.
Evalúo al hombre frente a mí y no dudo que pueda igualar a un
guardaespaldas. —Quédate aquí. Uno de nosotros necesita estar
consciente. Bloquea la puerta detrás de mí y si trata de entrar, llama a la
policía.
Lo rodeo y odio cómo la puerta siempre rechina cuando se abre.
Arruina totalmente la idea de escapar o entrar a hurtadillas. Una vez que
me encuentro en la noche cálida, cierro la puerta detrás de mí y
encuentro los ojos de la persona en la que confié por error.
—¿Por cuánto tiempo lo has sabido? —pregunto a Linus.
El balancín se queja bajo su peso. —Un tiempo. Tu padre lo arruinó
una vez. Hace años. Llamó para decirme que te encontrabas enferma. Se
puso sensible. Descuidado. No cuidó su espalda y tenía curiosidad, así que
lo seguí.
—¿Alguien más lo sabe?
—¿Qué crees?
Creo que ya habrían utilizado a la abuela en mi contra si lo hubiera
contado. —Supongo que quieres que te agradezca por eso.
—Hay un montón de cosas por las que deberías agradecerme.
Resoplo. —¿También debería agradecerte por saber cómo se sentía
Jesús acerca de Judas?
Linus se inclina hacia adelante y balancea su pelota contra la
madera envejecida del pórtico. —Nunca tuvo que llegar tan lejos. Se
suponía que Tommy sólo te asustaría y yo vendría en tu rescate. Tommy se
molestó porque lo apuñalaste. Se suponía que sólo te asustaría con un
disparo. Eso era todo, pero cuando lo hiciste, creyó que lo viste y
reaccionó por instinto. Por rabia, miedo de que lo delataras, así que te
disparó. Se equivocó.
—Te equivocaste.
Levanta la cabeza para encontrar mis ojos y el asesino que vi en mi
padre está allí, en su mirada fría. —Ya me he encargado de Tommy, y
estoy en medio de pagar mi pena por mis pecados.
Mi estómago se retuerce y comprendo que no hay ningún punto en
preguntar o rogar por Tommy. La justicia, de cualquier forma, ha sido
entregada.
—Te estabas alejando, Abby. Haciendo amigos. Besando a un chico
y mirándolo como si te importara. Joder, es como si estuvieras desviándote
de tu camino para romper las reglas de tu padre.
—¿No podías tratar de dejarme ir? Escuché que hay una canción
con un muñeco de nieve. Deberías oírla.
—Eras mi vale para la comida. Mi relación contigo me hacía
importante para Ricky. Te fuiste y perdí mis influencias.
Hago un puchero. —Oh, qué pena. El pobre Linus ha sido promovido
teniendo en cuenta su propio trabajo. —Abandono el acto de
preocupación—. Sal de mi pórtico.
—¿En serio quieres desaparecer, Abby? Porque no creo que sea lo
que quieres.
—Lo que quiero no es de tu incumbencia.
—Regresa a las ventas y te juro por Dios que estarás a salvo y si
quieres mantener a tus amigos, a Logan, no me interpondré en tu camino.
Lanzo los brazos al aire. —¡Por tu culpa me dispararon! ¡Podría haber
muerto!
—¡Lo sé! —ruje mientras se levanta—. Tú y tu padre eran lo más
cercano que tenía a una familia y estoy bastante consciente de que lo
arruiné, pero te estabas yendo. No podía dejarte marchar.
Cruzo los brazos y bajo la cabeza porque no quiero oír o ver esto. No
quiero escuchar cómo Linus se preocupaba o ver lo mucho que le duele.
—Me traicionaste.
—Lo siento.
Mete las manos en los bolsillos de sus vaqueros y espera. No sé para
qué. Por más arruinado que estuviera Linus, lo entendía, porque éramos
iguales. Nos encontrábamos relacionados por un hombre que nos aceptó
sin importar lo jodidos que estuviéramos mentalmente. Linus y yo… en
realidad no éramos amigos, pero éramos aliados y eso solía significar algo.
Es lo más cerca emocionalmente que permitiría a Linus; lo más cerca de
una emoción que solía permitir y ahora me estoy yendo.
—No puedo perdonarte —digo—. No ahora.
—Lo sé. Tu padre sabe lo que hice, pero tengo la sensación de que
ya lo sabes; de otra manera, no habrías regresado al pueblo. Está enojado,
pero entiende por qué lo hice.
Papá le ofreció alguna clase de perdón porque nuestro mundo
siempre ha sido complicado, que es la razón por la que me dijo que me
fuera. Además, papá ya no es de tanta importancia para el mundo
exterior. Tocar a Linus podría no ser una de las cosas que puede hacer.
—Sé que no quieres irte, Abby.
—Ya no venderé.
—Lo sé. Creí que te ofrecería otra salida. Una donde puedas dejar
de vender, y Ricky no te pida que regreses. Una donde puedas caminar
por allí sin temer las consecuencias.
Mi frente se frunce mientras espero su explicación. He tratado de
pensar en cientos de maneras de dejar de vender donde Ricky no pediría
que volviera o no me estaría persiguiendo, temiendo lo que sé.
—¿Recuerdas a Travis Barnell?
—Vendía en el este. —Lo hacía genial. Se movía rápido. Tenía un
montón de contactos y, al final, no era un psicópata. Era uno de esos
chicos lindos que podría haber hecho cosas buenas con su vida.
Linus arquea las cejas, esperando a que lo entienda y mis pulmones
se contraen. —¿Quieres que sea arrestada? Sirvió dos años junto a papá.
—Pero cuando Travis fue liberado, Ricky ya no quería que vendiera.
Tenía demasiados ojos sobre él y teniendo en cuenta que Travis no era un
soplón, Ricky lo dejó solo.
Parpadeo. Varias veces.
—Es una opción. Si todo sale bien, podrías servir un tiempo, no
mucho, mantener la boca cerrada y si alguien se entera de que eres la hija
de Mozart…
Entonces la policía estaría observándome siempre. Si la hija de
Mozart se convirtió en traficante, entonces creerían que tal vez trato de
revivir su gloria y para el momento en que fuera liberada, sería el
equivalente a una rata en un laberinto de experimento de laboratorio.
Ricky no querría que regresara porque atraería atención indeseada a su
negocio, y no me tocaría si creía que me vigilaban.
Mi sangre hormiguea. Esto podría funcionar. Servir un tiempo, pero
podría quedarme en Louisville. No tendría que dejar de ser yo. Abro la
boca para decir algo, pero Linus me da la espalda y se aleja por el
camino. —Adiós, Abby.
—Adiós, Linus —digo en voz baja, y me echa un vistazo por encima
del hombro, guiñándome un ojo.
Otra pieza de mi vida anterior se desvanece y comienzo a pensar en
la cárcel.
49
Traducido por Lauu LR
Corregido por Laurita PI

Logan
Afuera los grillos cantan y una media luna sonríe mientras abrazo a
mi mamá como despedida.
—Es tarde —le digo—. Puedes quedarte aquí si quieres.
Mamá palmea mi mejilla, con una mano trata de apretar mis mejillas
juntas como hacía cuando era más joven, pero falla. —Tu padre no es el
único noctámbulo. También estoy acostumbrada a estar levantada hasta
tarde.
Me deja ir y suelta su loco cabello rizado de la cola de caballo para
acomodarlo. —Te mandaré un mensaje cuando llegue a casa.
—¿Te molestaría? —pregunto—. ¿Qué saliera con una chica que
vende drogas?
Mamá levanta la cabeza en diversión y le dedico una corta sonrisa.
Por supuesto que no le molestaría.
—Siempre que te haga feliz. Es todo lo que quiero, Logan, tu
felicidad. —La mirada de mamá se vuelve lejana mientras mira por encima
de mi hombro—. También, deseo su felicidad.
Está observando a papá. Se encuentra en nuestra cochera con el
capó de su camioneta abierto.
—Le hice daño y me arrepiento —dice—. Sé cuidadoso con las
personas con cuyos corazones juegas, incluyendo el tuyo, algunas heridas
nunca sanan.
Muy parecido al hoyo que quedará en mi corazón cuando Abby se
vaya.
Parpadea y entonces sonríe como si no acabara de decir algo
profundo. —Te quedarás conmigo cuando vayas a la escuela en Louisville
¿verdad? No seas necio y conduzcas los treinta minutos hasta acá.
—Me quedaré contigo algunas veces. —Y también manejaría a la
casa de papá. Amo a mi madre, pero también me gusta la comida real.
—Bien. Creo que me tomaré un descanso de los hombres mientras te
quedes conmigo este año. Como un tipo de limpieza. Creo que es tiempo
de descubrir quién soy sin uno —explica esto con una sonrisa en su cara,
pero tiene dolor en su mirada.
—No tienes que hacer eso por mí.
Su sonrisa se desvanece. —Lo hago por mí. Estoy cansada de estar
sola. Incluso con alguien en mi cama, me siento cansada de estar sola.
Inseguro de qué responder, abrazo a mi madre, largo y fuerte. Besa
mi mejilla, y sin otra palabra, se desliza en su carro y se aleja. Sus luces
traseras rojas desaparecen alrededor de la larga curva de nuestro camino
de grava.
El cansancio de las últimas semanas me debilita, pero me dirijo a la
cochera sin tomarlo en cuenta. Papá ha encontrado una llave y está
haciéndole algo al carburador. Hemos pasado incontables horas aquí
desde que era un niño después de que mamá se fue. Reparamos carros,
refrigeradores, ventiladores, lavadoras e incluso nos hicimos cargo de un
iPod roto.
Logra que las cosas funcionen. Las repara. Nunca compra nuevas.
Hace que funcionen más tiempo de lo que dice en las estanterías, tal vez
incluso cuando es tiempo de rendirse. Trató de construir una vida para mi
madre y para él y no funcionó. No pudo repararla. No pudo repararme. Tal
vez es hora de que se componga.
—Mamá dice que tomará un receso de los hombres cuando
empiece la escuela —le digo.
Los ojos de papá se mueven hacia mí desde el interior de su
camioneta. —Eso debería ser interesante.
—Tal vez deberías hacer lo opuesto. —Froto mi nuca, inseguro de su
reacción.
El girar de la llave se detiene. —¿Qué?
—Tal vez deberías… —Demonios, mala idea. Esto es tan cómodo
como comerse las uñas—… salir.
Por algunos segundos, papá me mira, sin moverse, entonces regresa
su atención a la camioneta. —¿Salir?
—Sí. Por las historias que cuenta mamá alguna vez fuiste capaz de
eso junto con otras cosas.
—Tu madre sacaba eso de mí.
—Y tal vez alguien más pueda.
La llave se detiene de nuevo y entonces continúa—: ¿Estabas
enamorado? ¿De Abby?
Asiento y entonces me doy cuenta de que no me ve, así que digo—:
Sí.
Se endereza, camina al banco de trabajo, limpiando y guardando
sus herramientas. —No estoy seguro sobre cómo me habría sentido acerca
de que salieras con una vendedora de drogas.
—No estoy seguro de que hubieras tenido elección.
—Sucede mucho a tu alrededor. —Papá apoya la espalda contra el
banco y mira su camioneta—. Te equivocas. No estoy avergonzado de ti.
No respondo porque siempre se preocupó porque fuera responsable
y entiendo a dónde quiere llegar, pero el adicto a la adrenalina en mí, es
parte de quién soy, al igual que la diabetes.
—Y tienes razón. No saber lo que quieres no significa que no sabes
quién eres. Solo me preocupo por ti. Odio verte herido.
—Tenías razón acerca de mí y la diabetes. Ya no la ignoro, pero la
cosa de la adrenalina; no puedo prometer que va a cambiar. ¿Tu
preocupación? Tal vez necesitas comenzar a enfocarte menos en mí y más
en ti.
Papá asiente porque, por esta noche, alcanzamos nuestro límite de
conversación y emoción.
—Soy demasiado viejo para salir. —Pero no lo dice como si le
importara. Lo dice en el mismo tono que usa al discutir la forma de cocinar
de mi madre. El tipo que usa cuando come la albóndiga más pequeña.
Junto a la vieja camioneta de papá se encuentra el Chevy 1950 de
mi abuelo que me llevó a Isaiah, quien me llevó a Abby. Desde que estuve
en un accidente de auto la primavera pasada con Isaiah, no he tocado el
carro. Ver la decepción en los ojos de mi papá mientras me equivocaba
una vez más en mi caza por una descarga de adrenalina me ha
mantenido lejos de ese volante.
Es un hermoso auto. Merece más que una cochera empolvada.
Tal vez papá necesita más que una cita. Tal vez papá necesita
recordar cómo vivir.
Busco las llaves en mi bolsillo. —Existe un pequeño tramo de camino
desde aquí hasta el lugar de Chris donde he escuchado que las personas
pueden alcanzar una velocidad grandiosa. Creo que deberíamos
intentarlo. Yo manejo.
Evito mencionar que ya he manejado ahí y ganado más de unas
cuantas carreras clandestinas.
—El aire acondicionado ha estado haciendo sonidos extraños…
—Tendré en cuenta la bomba si vienes conmigo.
Eso silencia a papá.
Señalo con mi pulgar el auto y papá se dirige al asiento del pasajero.
—No muy rápido.
Abro la puerta del conductor y me deslizo dentro. —Rápido, papá.
Vamos a ir rápido.
50 Traducido por MaJo Villa
Corregido por Melii

Abby
—Te amo. —Beso a la abuela en la frente y me alejo de su cama en
la sala de estar. La ventana se encuentra abierta y las cortinas blancas
ondean con la cálida brisa.
Ella está despierta y mientras sostiene mi mano, no hay
absolutamente ningún reconocimiento en sus ojos vacíos en blanco. Me
mira como si fuera un fantasma. Algo de lo que ella no está segura se
encuentra de verdad allí, o lo que es.
Pienso en la noche cuando llegué a casa desde el hospital y abrazo
con fuerza ese recuerdo. Esa fue la última vez que recordó a alguno de
nosotros. La última vez que se acordó de sí misma.
—Todos los medicamentos estarán fuera de la casa y ya les he
pagado a las enfermeras por tres meses de servicio. Después de eso,
venderé la casa y la colocaré en una de esas casas de reposo agradables.
Revisé el mercado, y los hogares aquí van rápido. Un barrio respetable y
todo.
Le guiño un ojo y mi tío Mac intenta sonreír, pero eso es un rasgo
difícil para una cara tan maltratada.
—Aun así, la visitaré diariamente en el hogar de ancianos. Le leeré,
incluso si tiene que ser de la Biblia. Asegúrate de que la estén cuidando. Si
te enojas o te gastas el dinero o no la cuidas, Isaiah lo sabrá y después yo
lo sabré, y entonces estarás muy feliz de que no pueda llegar a ti, pero sé
que algún día te encontraré.
Mac no se inmuta ante mi amenaza, sólo me da una risa mordaz. La
cuidará. Si puedo hacer lo que estoy haciendo, él hará esto por mí.
Estudio al viejo hombre delante de mí. Los dos hemos tomado
decisiones diferentes en nuestras vidas, pero somos el mismo tipo de
persona. Un poco buenos y un poco malos.
—Cuídate tú también —le digo.
—Lo haré —responde—. Lo mismo para ti.
Asiento y observo la casa. El papel de la pared desprendido. El reloj
de pie siempre persistente que suena a cada hora para decirme que el
tiempo se va consumiendo. Los fantasmas de los recuerdos. Los momentos
felices y los tristes.
Pero como siempre, no tengo el lujo del tiempo para recordar el
pasado. Tengo un trabajo que hacer y, como siempre, tengo la intención
de hacerlo.

Tomando un riesgo, vuelvo al parque, a la misma hora y por


supuesto, está allí, el narco, y parece igual de confuso al verme hoy como
lo hizo ayer. Sus ojos se trasladan hacia las dos chicas que actualmente se
encuentran chillando a medida que avanzan por el tobogán con sus
brazos envueltos alrededor de la otra. Él toca ese anillo de bodas que
estaba ausente la primera noche en la que nos conocimos.
En la escuela, un montón de gente me llamó nombres, decían que
era malvada, me etiquetaron como una puta e incluso una asesina. Nada
de eso es verdad. Todas eran mentiras.
En realidad, no soy ni una cosa u otra. Yo soy yo. Soy Abby. Tengo
razón y estoy equivocada, soy moral e inmoral, soy buena y mala, una
heroína y una villana, y he sido tan capaz de decir verdades como lo he
sido para decir mentiras.
Solía no creer en las alternativas. Pensé que sólo existía la
supervivencia, pero estaba equivocada. Sí tengo una alternativa y elijo ser
yo.
Para hacer que se sienta cómodo, tan cómodo como un agente
antidroga salido del closet puede serlo con un traficante de drogas, me
siento en el otro extremo del banco. —Hola. Lindos niñis y no te preocupes,
no me meto con inocentes. Solamente muerdo a los adultos y eso es sólo
cuando me provocan.
La mirada fija de muerte que me envía me dice que está a tres
segundos de jalar de cualquier arma oculta que está cargando. —Sabía
que eras la correcta. Al momento en el que te alejaste después del
versículo de la Biblia, sabía que lo había jodido. Y entonces, más tarde esa
noche te dispararon. Mi capitán pensó que era una coincidencia, pero él
no vio la forma en la que sonreíste.
Medio sonrío. —Te asusté ¿no?
—Eres demasiado joven para ser aterradora.
Sin embargo, lo soy. —No pierdas el sueño por no descifrarme
inmediatamente, la mayoría de las personas me subestiman. Así que aquí
está el asunto, necesito que me arrestes.
Realmente se estremece y sonrío. Esa mortífera agradable de la que
acaba de hacer referencia.
—Ahora no. Más tarde esta noche. En un bar tal vez. Tengo algunos
cabos sueltos que necesitaré atar primero. Y no puedes ser tú. Ellos saben
que eres un agente antidroga. Vamos a tener que hacer que todo
parezca legítimo. Haz que esto ocurra en un lugar en donde la gente
creería que estoy vendiendo. Y en caso de que te lo estés preguntando,
ahora no estoy cargando nada.
El agente antidroga aparta su mirada de mí al tiempo que se inclina
hacia delante para apoyar los brazos sobre sus rodillas. Observa a sus hijas
con atención y por eso lo respeto.
—Tengo que decir que esta es la primera vez. El distribuidor que pida
ser capturado. Perdóname si no confío en ti.
—Muy bien. —Me recuesto y extiendo mis piernas de golpe—. Tengo
diecisiete años y si no salgo ahora, estoy jodida.
—Entonces, deja de hacerlo. No me necesitas para hacer eso.
—¿De verdad? ¿Un agente antidroga que no quiere realizar una
detención?
—Estoy oliendo algo arreglado.
Pongo mis ojos en blanco. ¿Quién hubiera pensado que esto sería
tan complicado? Voy a tener que vendérselo y vendérselo a lo grande. —
Soy la hija de Mozart.
Gira su cabeza de golpe en mi dirección.
—¿Ves por qué ahora no puedo simplemente alejarme?
Puedo ver los pensamientos dando vuelta en su cerebro como un
hámster en una rueda. —Si te arresto, irás a la cárcel.
—Al reformatorio —le corrijo—. No soy tan estúpida como para llevar
suficiente para causarme problemas reales, solamente lo suficiente para
provocar los problemas que necesito. Pero tengo algunas peticiones que
son realmente demandas. No se me puede dar libertad bajo fianza. Tengo
que quedarme adentro y luego ir directamente al reformatorio.
—¿Sabes cuánto llevar para ser arrestada, pero no para que te
cause problemas?
—Los arrestos y los posibles castigos, son riesgos laborales. Siempre
sentí que lo mejor era estar informada. Como eso de, mientras más
sabes…
Hace ese parpadeo lento que las personas más sensatas siempre me
hacen. Lástima que estoy charlando con él, para poder ser arrestada. De
lo contrario, encontraría esta conversación mucho más divertida.
—Si hablas en serio, hay personas a quienes les encantaría hablar
contigo. Te darán protección a cambio de una pequeña porción de los
conocimientos en tu cabeza.
—No. Quiero salir. He tenido suficientes problemas sin saltar por el
camino del soplón.
—Prometo protegerte. Solo…
—Tengo diecisiete años —repito y dejo caer la máscara fría e
insensible que llegué a dominar y le permito entrar en la desesperación
que me atraviesa—. Finge que soy una de tus hijas por ahí corriendo de
arriba hacia abajo de la resbaladera. Estoy pidiendo una salida. Para tener
la oportunidad de vivir una vida normal. Sólo por unos segundos, finge que
soy una de ellas.
Vacila y está luchando por mantener sus emociones bajo control y
explorar la posibilidad de su puesto de trabajo.
—Por favor no me use. Si te metiste en esto para servir y proteger,
entonces protégeme.
—¡Papá! —grita una de sus hijas desde la parte superior de la zona
de juegos—. Quiero volar. Ven a atraparme.
Yo solía volar y mi papá solía atraparme. En este momento, necesito
que este tipo también me atrape.
Me mira, lo miro, abre su boca y responde.
51 Traducido por Sofía Belikov
Corregido por Melii

Logan
Abby abre la puerta delantera y me arrebata inmediatamente la
bolsa de las manos. —Compraste queso, ¿cierto?
—Y tacos.
—Espera aquí. Necesitamos platos. —Abby llamó esta tarde y me
exigió que comprara la cena. Me pidió cuatro tacos con queso, además
de galletas y bizcochos de chocolate con glaseado, y me dijo que
ordenara para mí y diera una buena propina.
Cierro la puerta detrás de mí y saludo a Nate. —¿Qué haces aquí?
—Peggy se encuentra enferma, así que estoy cuidándola. —Nate
me observa como si tuviera algo que decir y cuando inhala como si fuera
a hablar, Abby reaparece.
—Vamos a comer arriba —dice y luego comienza a subir.
Permanezco allí sujetando las bebidas, con Nate mirándome.
—¿Qué? —pregunto.
Suspira. —Ya lo sabrás.
Se va. Nate lo sabe y el puñetazo me llega directo en el estómago.
Denny consiguió la identificación más rápido de lo que creyó. Me apresuro
escaleras arriba tras Abby y tan pronto como llego, pongo las bebidas
sobre su tocador con fuerza. —Creí que habías dicho que conseguir tu
nueva identificación tardaría unos cuantos días.
Abby me echa un vistazo como si estuviera hablando estupideces.
—Y así es.
—¿Entonces por qué Nate se encuentra enojado?
Rueda los ojos. —¿En serio? ¿Es broma? ¿Podría uno de los chicos en
mi vida no ponerse todo emotivo? En serio. Para la próxima comenzarán un
club de bordado a mano y harán ventas benéficas. Agarra las bebidas y
ponlas en el suelo.
Es entonces cuando tengo la misma sensación de despertar que
tuve anoche en mi cocina. Abby está encendiendo una vela y no es la
única encendida. Hay varias. No demasiadas, pero las suficientes, y en el
suelo junto a su cama hay una sábana de picnic.
—Mira bien, Logan. Esto es lo más romántico que conseguirás de mi
parte. —Sopla el fósforo que usó para encender la vela y me maravillo con
la gloriosa vista.
Completa la obra con un par de vaqueros ajustados y una camiseta
que nunca la he visto usar antes. Es de un morado oscuro, que
resplandece en la luz tenue de las velas, pero que se ajusta a ella. Su
cabello castaño oscuro cae sobre sus hombros en una hermosa onda.
Doy un paso hacia adelante para tocar las hebras sedosas. Diablos,
lo hago para devorar su cuerpo, pero una puerta abriéndose abajo hace
que recuerde mi propia sorpresa. —Ya vuelvo.
Su frente se frunce. —¿Ya vuelves?
Incluso aunque mis dedos ansían acariciar su cuerpo, me obligo a
bajar las escaleras y encontrar a un Nate confundido en el descansillo. —
Supongo que esto es tuyo.
Se lo arrebato en respuesta y luego me apresuro escaleras arriba.
Abby arquea una ceja cuando entro, cierro la puerta, y pongo el objeto
enorme y cubierto en el suelo. —Te compré un regalo.
Se ilumina. —¿En serio? ¿Puedo abrirlo?
—Sí.
Se arrodilla en el suelo, quita la sábana y se congela. Mi corazón se
detiene cuando lo que congela su rostro se convierte en pánico.
—Es un conejo —dice.
—Es un conejo —repito.
Se inclina para mirar dentro de la caja. —Es real.
—Sí. —Meto las manos en los bolsillos, vacilando—. Sé que dijiste que
tenías que desaparecer, pero tal vez puede ser temporal. Tal vez podamos
seguir en contacto. Puedo visitarte. Y tú igual. Puedo encargarme de él
hasta que estés lista.
Una excusa para mantener el contacto. Para verla de nuevo.
—¿Es un chico o una chica? —pregunta.
Me detengo en seco. —No lo sé.
—Sólo hay una manera de descubrirlo.
Abre cuidadosamente la jaula, casi como si estuviera
desmantelando una bomba cronometrada. Mete una mano y extrae la
enorme bola café y negro. Arruga el rostro y habla como un padre a un
hijo. —¿No es el conejito más lindo?
¿Conejito? —Esa cosa es enorme.
Abby me mira con dureza. —No te atrevas a hablar mal de mi bebé.
Sólo está un poco rellenito. —Luego habla con el conejo de nuevo—. ¿A
que sí? Que no te importe lo que diga. Eres perfecto así. —Luego
conmigo—. Y su nombre es Tambor.
Me uno a Abby en el suelo. —¿Tambor? ¿No crees que es un poco
cliché?
—Puedes dejarlo. —Me enseña esa sonrisa asesina que dice que
puede matarme tarde o temprano—. Su nombre es Tambor y eso es todo.
Una sonrisa se extiende por mi rostro mientras acaricia al monstruo
enorme y peludo con un par de orejas gigantes. —Bueno.
—Tuve un conejo una vez —dice mientras pone al conejito en su
regazo—. Papá me lo dio como regalo de navidad cuando tenía seis.
—¿Qué le pasó?
—Murió. De viejo. Papá no sabía que lo compró así.
La culpa me atraviesa. —No pregunté cuán viejo es este.
—Se llama Tambor, no este, y está bien. —Me da una de sus sonrisas
sinceras y extrañas. Del tipo que ilumina una habitación. Y que me quita el
aliento—. La edad no me molesta. Los viejos se merecen un hogar igual de
bueno que los bebés.
—¿Tienes hambre? —pregunto.
Asiente mientras regresa a Tambor a su jaula. —Pero no quiero
comer. No ahora.
Entonces se inclina y me besa. —Gracias por mi conejo, Logan.
—De nada.
Se levanta, me ofrece una mano, y dejo que me guíe a su cama. —
¿Es en serio? ¿Cuidarás de Tambor por mí? ¿Hasta que yo pueda hacerlo?
—Sí. —Me siento junto a Abby y dejo que su cabello se deslice por
entre mis dedos—. ¿Eso significa que sabré de ti de nuevo?
—Me compraste un conejo. ¿Cómo podría no llamarte después de
eso? Bésame, Logan.
Oigo lo que dice y pongo un brazo a su alrededor, acercándola
incluso más. Necesita que la bese de una manera que ambos recordemos.
De una forma que nos ayudará cuando el día sea demasiado largo y la
noche demasiado oscura.
Con su cuerpo presionado contra el mío, puedo sentir su corazón
latiendo a través de su piel. Me acerco hasta que nuestras frentes se tocan
y ella pone una mano sobre mi pecho como si también deseara sentir
cómo palpita mi corazón.
Abby me toca. Un roce de sus dedos a lo largo de mi brazo y mi
mente entra en una bruma. Una donde me encuentro envuelto por su
aroma dulce y a madreselva. Donde cada danzar de sus dedos crea un
calor lento en mi sangre. Donde soy forzado a abrazarla con más fuerza y
probar sus labios.
Juntos nos quitamos la ropa y exploramos. Sin pedir más de lo que el
otro está dispuesto a dar. Sólo ofreciendo la emoción completa en
nuestras almas, y Abby susurra que sólo está dispuesta a llegar hasta cierto
punto. Lo entiendo. Abby ha llegado más lejos que yo, pero lo físico
combinado con lo emocional es nuevo para ella y mientras exploramos
nuestras emociones, quiere la oportunidad de hacerlo lento.
Nuestros besos se hacen más hambrientos, nuestros toques
incontenibles.
El sobrecogimiento me llena al ver cómo encaja debajo de mí, y
cuán perfectos somos juntos. Yo beso, Abby besa y me pierdo.
Nuestros corazones laten con fuerza, nuestras respiraciones se
aceleran, y es como una avalancha que nunca he experimentado antes.
Se aferra a mí y yo a ella, y cuando abre los ojos y veo el amor que la
desborda, sé que esta no puede ser la última vez que yazca a su lado. La
gente como Abby y yo aparecemos una vez en la vida y no voy a dejarla
ir… no sin una pelea.
52 Traducido por Verito
Corregido por Laurita PI

Abby
Vestida y sintiéndome tan llena que podría explotar, termino el queso
mientras Logan examina su azúcar. Tambor huele mi mano mientras se
acurruca en mi regazo y casi considero decirle a Logan lo que pasará esta
noche, pero luego me apego al plan original. Logan es una persona que
toma riesgos, pero apuesto que es del tipo que prefiere ser quien está en
peligro. No le gustarán mis planes, tratará de hacerme cambiar de opinión,
y no puedo decir que no dejaría que la cambie.
Ha construido este mundo en su cabeza donde de alguna manera
mi padre, su pasado y como estoy conectada va a dispersarse como una
tormenta rápida. Quizás será así, pero primero tengo cambiar la manera
en que me consideran algunos titiriteros.
—¿Crees que ir a bailar es una opción sensata? —pregunta mientras
se remuerde el dedo.
—Bailar siempre es una opción sensata.
—No es lo que quise decir. Salir en público. ¿Es sensato?
—Vamos a un bar deportivo que se encuentra cerca de la
fraternidad a la que le vendo. Eso es porque Rachel puede ir. Venden más
barritas de queso fritas de lo que venden cerveza. Es lo suficientemente
pequeño para que nadie que conozca esté ahí. Eric y Ricky pueden
pensar que tienen contactos en todas partes, pero no es así. Quiero
divertirme antes de tener que marcharme. Déjame divertirme un poco.
Logan pone su equipo para examinar su insulina dentro de su bolsa.
—No siento que estés preguntando.
—¿Desde cuándo pido algo? La única forma que conozco es exigir.
Si lo dices con una sonrisa, al menos la gente se siente bien cuando lo
hacen. Solo digo, hay una razón por la que Harvard me ama.
Logan abre la jaula. —Hay un montón de gente que te ama y te
esperan. Si estás empeñada en hacer esto, pon a Tambor ahí y vámonos.
Rachel y yo giramos entre sí al ritmo de la música y ambas reímos.
Con las cabezas hacia atrás, ojos brillando, estómago doliendo de tanto
reír. Eso es disfrutar. Pasar el tiempo con mi mejor amiga. Nuestra risa nunca
es mezquina. Nunca es a expensas de alguien. Es porque estamos juntas,
porque somos amigas, porque estamos vivas.
Ella casi muere hace unos meses atrás en un accidente de auto, y,
recientemente me dispararon. A ambas nos dieron una segunda
oportunidad en la vida. A ambas nos dieron este regalo de la amistad. Ya
no somos capaces de dar algo como esto por sentado.
Cerca de nosotros, West baila con su novia, Haley. El chico
definitivamente sabe moverse mientras se acerca más a su chica. West la
acapara y a ella no parece importarle. Es obvio que se extrañaron después
de esta semana separados. Es incluso más obvio que están enamorados.
Al otro extremo del bar deportivo, Logan e Isaiah juegan billar. Tacha
eso, pretenden jugar billar mientras nos miran a nosotras dos. Lanzo un
beso en la dirección de Logan y sus labios se elevan en una sonrisa. Es
imposible lo mucho que lo amo. Imposible casi creer que podría hacer
realidad mis sueños con él algún día.
Rachel toma mi mano. —Estoy sedienta.
Nos dirigimos al bar y ordena una botella de agua, diciéndole al
camarero que lo pusiera en la cuenta de la mesa de West. Él declaró que
esta noche corría por su cuenta y no iba a protestar con barritas de queso
gratis.
—Sigo enojada contigo —dice Rachel mientras limpia el sudor que se
formó en su frente al bailar—. También, sigo enojada con ellos. Ninguno de
ustedes me debía haber excluido.
—Traté de apartarlos a todos ustedes —digo como explicación.
—Sigue sin estar bien. Prométeme que no lo harás de nuevo.
Considerando que no planeo que me disparen de nuevo, estoy de
acuerdo. —Lo prometo. —Tiro un mechón de su largo cabello rubio—.
¿Quieres bailar un poco más?
—Siempre quiero bailar.
Enredo mis dedos con los de Rachel y encontramos el medio de la
pista de baile otra vez.
53 Traducido por NicoleM
Corregido por Laurita PI

Logan
Abby está que arde esta noche. Es un espectáculo de fuegos
artificiales viviente. Bailó con Rachel, con West, incluso me ha sacado un
par de veces, pero no admito que hice mucho más que tocar sus caderas
mientras se movía al ritmo de la música.
Termina una canción y comienza otra, pero Abby deja a Rachel y a
Isaiah en la pista de baile y se une a mí en la mesa de billar en la cual he
estado jugando con West y Haley.
Se encuentra cubierta por una fina capa de sudor, y como de
costumbre, agarra mi botella de agua y se la bebe. —¿Qué hora es?
Reviso mi celular. —Once treinta. Rachel tiene casi diez minutos antes
de que tenga que irse para el toque de queda.
Abby es muy protectora con su mejor amiga, Rachel, y ha sido
bueno verlas reunidas aunque sea solamente por un corto periodo de
tiempo.
Baja la botella y une nuestras manos. —Estoy a punto de ser
arrestada.
Una oleada de pánico me atraviesa y automáticamente escaneo la
habitación en busca de la policía. Abby estira la otra mano, poniéndola en
mi mejilla y me obliga a mirarla de nuevo.
—Está bien.
Aprieto el agarre de nuestras manos. —Podemos sacarte de aquí. —
Y entonces lo entiendo, es como frenar a ciento sesenta kilómetros por
hora—. ¿Por qué serás arrestada?
Se encuentra tan malditamente tranquila que hace que mi piel se
quiera desprender del hueso.
—Hay una bolsita de marihuana en mi bolsillo trasero. Lo suficiente
como para causarme problemas, pero no como para que sean grandes
problemas. Allí, en la barra, hay un policía encubierto esperándome. El tipo
grande al que todos le temen. Quiero decir ¿en serio? ¿Esa es la persona
encubierta que mandan? ¿Una de la cual la gente se siente naturalmente
aterrorizada? Quizás eso es lo que debo hacer con mi vida. Convertirme
consultora spbre cómo pueden de verdad atrapar a los malos. De todos
modos, estoy desviándome del tema.
Echo un vistazo y tiene razón. Hay un hombre en la barra y nadie se
sienta o se ubica a menos de un metro de él. Es grande, calvo y nos
observa.
—Iré a comprar otra botella de agua. Me preguntará si estoy
bebiendo algo esta noche. Le diré que no porque tengo algo para fumar
más tarde. Preguntará si se puede unir. Diré que no. Luego preguntará si
puede comprármelo y entonces diré que sí. Me esposará, me leerá mis
derechos, y luego me escoltará hasta su encantadora patrulla. Después de
eso, seré procesada y me pondrán en detención juvenil. Me quedaré ahí.
Tendré un juicio y seré condenada a ese centro de detención juvenil por
un tiempo.
—¿Estoy oyendo bien? —West se nos une y supongo que me veo tan
enojado como él—. El lugar es ruidoso, pero creo que acabo de
escucharte describir cómo serás arrestada.
—Lo hiciste —dice con un breve encogimiento de hombros—. Ahora
repasemos una lista de lo que no harán. No me van a detener. No se me
acercarán una vez que me dirija a la barra.
—¡Isaiah! —grita West—. Ven aquí. Abby se volvió completamente
loca.
Abby no pierde el ritmo mientras continúa—: No le dirán nada al
policía. No me seguirán hasta el auto. No aparecerán en mi lectura de los
cargos. No intentarán sacarme de la cárcel. No habrá libertad bajo fianza.
Señala a West. —Tú y tu hermana no le suplicarán a su papá rico que
mueva algunos hilos. Todos dejarán que me pudra en ese centro de
detención hasta que el sistema decida dejarme salir.
Sigo mirándola, sintiendo la frialdad de la conmoción, y no aparta la
mirada. Isaiah se nos une y West le da un breve resumen de lo que sucede
e Isaiah empieza a hablar. Rápido. Diciendo las palabras que quiero decir,
enojándose de la forma en que quiero enojarme, pero por la manera en
que Abby inclina la cabeza y me aprieta la mano, entiendo que tiene un
plan.
—¿Por qué así? —pregunto, e Isaiah se calla.
—Me puedo quedar en Louisville de esta manera —dice—. Ricky no
me tocará físicamente y no me pedirá que venda con la policía
observándome como una posible traficante. Si hago esto, no tengo que
dejar de ser yo. No tengo que salir de la ciudad. No tengo que ser alguien
más que Abby y me encanta ser Abby. Casi tanto como me encanta el
queso y los conejitos.
—¿Cuánto tiempo?
Aparta la mirada brevemente y luego, exhala despacio. —Hice este
acuerdo y les pedí que me mantuvieran al menos hasta un mes antes de
que me graduara de la secundaria. De esa manera no estaré en el sistema
de crianza por mucho tiempo.
West grita—: Infiernos, no. —Isaiah agarra el palo de billar y lo arroja
sobre la mesa, botando al suelo varias de las bolas. Doy un paso hacia
adelante y acuno el rostro de Abby, bajando mi frente hasta la suya.
—¿Por qué?
Su mirada color avellana busca la mía por aprobación, por
comprensión. —Porque necesito graduarme. Cuando salga, no tendré
nada. Mac venderá la casa para cuidar de la abuela, no existe un
asistente social en el planeta que le vaya a devolver la custodia. No quiero
permanecer en el sistema por mucho tiempo. Cumpliré dieciocho justo
antes de graduarme y necesito graduarme. En el reformatorio voy a tener
un lugar algo estable para vivir, comida caliente, y una educación. Debido
a que salgo de allí bajo la tutela del estado, me aprovecharé de ellos para
pagar mi educación universitaria.
Sonríe, pero no llega a sus ojos. —¿No ves que estoy intentando
sacar provecho? Harvard me quería, Logan. Eso significa que tengo una
oportunidad de algo decente si puedo sacarme de este lío.
Inhalo, intentando memorizar su olor. La beso, prometiéndonos a
ambos que haré esto de nuevo. —¿Seguiremos juntos?
Asiente. —Hay un conejito que planeo recoger al final de esto y
estaré jodidamente enojada si muere antes de poder abrazarlo de nuevo.
La atraigo, abrazándola como si pudiera mantenerla a salvo de su
pasado, pero no puedo. Para que pueda avanzar, tiene que pagar por sus
pecados pasados. Mejor ahora que más tarde. Mejor así, que pagar con
su vida.
—Me tengo que ir —susurra.
La suelto e intento ignorar el ardor en mi garganta mientras abraza a
Rachel y luego le da una mirada suplicante de despedida a West e Isaiah.
Suelta una larga bocanada de aire y cuando inhala, es de nuevo la
chica que conocí en el taller. La chica que puede enfrentarse a la muerte
y no sentir miedo. Esa máscara que la ha mantenido a salvo, que la
mantendrá a salvo, y que con el tiempo la traerá de nuevo a nosotros
como la persona que quiere ser.
Se aleja de nosotros y cuando llega a la mitad del camino, Isaiah da
un paso adelante. —No puedo dejarla hacer esto.
Agarro su brazo y presiono mis dedos con fuerza. —Quédate aquí.
Se gira, dándole la espalda a la barra, incapaz de ver a su mejor
amiga ser arrestada. Mantengo el agarre en su brazo y Rachel se mueve a
su otro lado y le ofrece soporte como si fuera una casa a punto de
colapsar.
Abby se inclina sobre la barra para llamar al camarero y bocas se
mueven mientras comienza la conversación con el oficial de policía
encubierto. Después de que Abby le muestra lo que sea que tenía en su
bolsillo, en cámara lenta, el oficial se pone de pie y le muestra su placa.
Mis ojos queman cuando los hombros de Abby se hunden con alivio.
Alivio. Mierda. ¿A qué ha llegado este mundo para que esto sea un alivio?
Saca las esposas y cuando se da la vuelta, Isaiah no es el único que
necesita ayuda. Agarro su brazo más fuerte y él también me agarra y
Rachel ahora abraza a su hermano.
—Va a volver —digo, y odio cómo mi voz sale ronca—. Va a volver y
volverá para quedarse.
—Dios, espero que sí —murmura Isaiah.
Lo hará. Abby lo hará porque nos ama... porque le compré un
conejito.

Correos electrónicos:
Para: Abby
De: Logan
Asunto: Re: Te reto
Fecha: 24 de agosto
Abby,
Reto aceptado. Veinticinco cosas nuevas en tres semanas. Me siento bien por
este desafío. No soy el que se encuentra detrás de esas paredes. Mis posibilidades
son más ilimitadas.
Adjuntaré una foto de tu abuela. Hoy preguntó por ti. No dijo mucho más,
pero dijo tu nombre. Isaiah y West vieron algunos hogares de ancianos para cuando
el dinero se acabe. Chris conoce a alguien que trabaja en un buen lugar. Los tres irán
allí este fin de semana. Mac puso la casa a la venta, por lo que tendrá el dinero para
ello.
Prepárate para perder el desafío.
Logan.

Para: Logan
De: Abby
Asunto: Re: Te reto
Fecha: 26 de agosto
Logan,
Lamento tu suerte, pero intentar entrar al equipo de béisbol de tu nueva
escuela no cuenta. Ya lo has jugado antes. Esto tiene que ser algo totalmente nuevo
y diferente. Y sí, estoy haciendo trampa con nuestro programa de intentar hacer
veinticinco cosas nuevas en tres semanas y eso está bien. Soy la que cumple cadena
perpetua en el infierno para chicas. Mi compañera de cuarto necesita dejar de llorar
o tener emociones, o quizás tiene los conductos lagrimales rotos, solo digo.
Anoche intenté tejer. Decidí que habría muerto congelada antes de la
industrialización. Tejer es imposible. Hay una chica aquí que es buena en eso. Me
asusta un poco. Voy a almorzar con ella mañana. :-)
¡Voy a la cabeza!
Abby.

Para: Abby
De: Logan
Asunto: Encontré algo que me gusta
Fecha: 6 de septiembre
Abby,
Intento de cosas nuevas número veintitrés, trabajar en la granja productora de
lácteos con Chris. Y antes de que te rías, sí, me estaba quedando sin ideas de cosas
nuevas para probar. Lo hice solamente para eliminarlo, pero me gustó. Me mantuvo
ocupado, las vacas tenían la cantidad correcta de habilidades de conversación que
prefiero, y vi cuánto dinero hará Chris cuando herede la granja. No está mal.
El béisbol está bien. El equipo es lo suficientemente bueno para las estatales.
Voy a jugar por el resto del año, pero le dije al entrenador que no estoy interesado en
una beca universitaria. Algo así tiene que ser para alguien que se apasione por ello.
Un par de universidades muestran interés en mí para esas sesiones de verano. Creo
que lo analizaré por la admisión y el dinero.
Tu conejo se cagó en mi cama anoche. Deberías estar feliz de que Tambor sea
tuyo.
Logan.

Para: Logan
De: Abby
Asunto: Re: Encontré algo que me gusta
Fecha: 6 de septiembre
Logan,
¿Has pensado en hacerlo? ¿Ser un ganadero? ¿Así se llama? Creo que
deberíamos hacerlo, pero reemplazar el ganado con los conejitos y entonces no
ordeñar o comer los conejitos. Simplemente dejamos que se multipliquen. Luego
dominaremos el mundo. Yo la reina. Tú el rey. Nuestros conejitos; el ejército que
nadie puede derrotar.
Mac me contó que tienen a alguien interesado en comprar la casa y que el
comprador ha aceptado no mudarse hasta el día en que se acabe el dinero para las
enfermeras. No estoy segura de cómo me siento acerca de esto. En cierto modo
triste. Un poco... no sé.
Dale las gracias a Ryan por la recomendación del hogar de ancianos.
Supongo que consiguió el nombre del lugar por su mamá. Le escribí para
agradecerle, pero me gustaría que también le dieras las gracias por mí.
Todos han enviado correos y dicho que les gusta. Es extraño pensar que todos
pasaron tiempo investigando estas cosas. Dales las gracias a todos, supongo.
En caso de que te preguntes. Anoche completé mi vigésima quinta cosa
nueva. Cociné. Un pastel. Supongo que eso es hornear, pero aun así. Nunca he
cocinado u horneado y me gustó. Vino una señora, una voluntaria, y fui una de las
personas elegidas para hacerlo. Me enseñó a hacer una flor de merengue. Quiero
hacer más de esto.
Todo el mundo me ha enviado correos electrónicos ahora y me refiero a
todos, incluso Denny y Houston. No tengo idea de cómo Houston supo que me
enviaron a un reformatorio o cómo me encontró aquí, pero afirma que sus
intenciones eran solo de amigos y que quería asegurarse de que me encontraba bien.
Envió una foto suya con una tarjeta de Hallmark en un supermercado que decía:
Mejórate pronto. El chico es un chiflado.
Por favor, dile a todos que si no les respondo de inmediato no quiere decir
que los ignore. Solamente me dieron treinta minutos para mandar correos
electrónicos y admitiré que leo los tuyo primero.
Solo por curiosidad... ¿por qué dormías con mi conejito? :-p
Abby.

Para: Abby
De: Logan
Asunto: Lo siento
Fecha: 30 de septiembre
Abby,
Lo siento mucho. Mac llamó a Isaiah e Isaiah acaba de contarme. Sé lo
mucho que amabas a tu abuela. También sé que te amaba. Dijo que falleció mientras
dormía y que Nate se encontraba con ella.
Odio que estés ahí y yo aquí. Odio no poder estar contigo. Te tengo, Abby. Sé
que no es lo mismo, pero te tengo.
Te amo. Por favor, quiero que sepas que te amo,
Logan

Para: Logan
De: Abby
Asunto: Re: Lo siento
Fecha: 30 de septiembre
Estoy fingiendo que nos encontramos de nuevo en la colina para mirar las
estrellas. Me gustaría estar allí y no aquí.
La extraño.
Te extraño.
Tal vez cometí un error.

Para: Abby
De: Logan
Asunto: Re: Ropa
Fecha: 1 de octubre
Abby,
Voy a decirlo de nuevo, no te equivocaste. Tu abuela habría querido que
tengas una vida decente. Es tu mejor oportunidad. Confía en mí, Abby, no es un
error.
Rachel te compró un vestido negro y zapatos. Mac, Isaiah y yo te
esperaremos en el centro de detención, dijeron que puedes cambiarte allí antes de ir
al funeral. Solo nos dan cinco horas antes de que tengas que regresar, pero haremos
que funcione.
Nos vemos pronto,
Logan.

Para: Logan
De: Abby
Asunto: Aún sigo viva
Fecha: 15 de octubre
Logan,
Lo siento, pero en cierto modo perdí mis privilegios de correo electrónico por
un tiempo. Hice algo estúpido. Me sentía enojada y triste, y rompí algunas cosas.
Simplemente extrañaba a la abuela. A ti. A todos y verlos en el funeral hizo que
fuera un millón de veces peor el regresar.
Los días pasan tan lento. Seis meses nunca parecieron tanto tiempo.
No te preocupes, no haré nada estúpido de nuevo.
Dile a Noah que gracias por la psicóloga. No, de verdad, agradécele por mí.
Pensará que estoy siendo sarcástica, pero me gusta. Escucha mis historias. Todas.
Las que invento. Las que no. E incluso se ríe en los momentos adecuados y es una
risa verdadera.
Incluso le gusta hablar acerca de cómo creo que serían los extraterrestres. Las
personas que siguen la corriente son geniales. Es un poco genial, pero comienza
preguntar por mi mamá y todavía no estoy segura de querer hablarle de eso. Quizás
lo haga. Tal vez no, pero me gusta que no se enoje cuando no lo hago.
Es difícil dormir y es más difícil pasar por esto sin dormir bien. Es algo difícil
cerrar los ojos y confiar en que todo está bien. Me quedo acostada despierta mirando
el techo por horas. Pensando en la abuela, en papá, en ti, en mi pasado y mis
opciones futuras. Extraño dormir. Lo primero que quiero hacer cuando salga de aquí
es dormir.
Te sigo amando,
Abby.

Para: Abby
De: Logan
Asunto: Re: Aún sigo viva.
Fecha: 15 de octubre
Abby,
Dios, es bueno saber de ti. Sin embargo, nunca perdí la fe. Sabía que oiría de
ti. Sabía que te las arreglarías. Todo se remonta a tener fe en ti así como la tienes en
mí. No tengo que verte para saber que te importo. No tienes que verme para saber
que te amo.
Noah le envió un correo a la señora Collins cuando todos dejamos de
recibirlos. Es una trabajadora social que conoce y solamente quería ver si podía
averiguar algo. No tenía idea de que en realidad hablaría contigo. Dice cosas buenas
de ella. También lo hacen un montón de otras personas. Confían en ella, así que creo
que también puedes hacerlo.
Hagamos cincuenta cosas nuevas. Me molesta perder.
También te sigo amando.
Logan.
54 Traducido por Marie.Ang
Corregido por Laurita PI

Abby
—¿Qué piensas? —Levanto el ornamento de plástico que pinté y la
señora Collins frunce los labios. Hoy es veintitrés de diciembre y Logan me
dijo que planea visitarme mañana—. Es mi obsequio de navidad para
Logan. Considerando que las opciones de dar regalos son limitadas, esto
es todo lo que he conseguido.
—Se ve bien —dice, tomando el pegote rojo y marrón que se
suponía sería un híbrido de reno y conejo. La señora Collins es rubia, es una
de esas personas naturalmente alegres, y tiene un gusto matador en
bandas de acuerdo a su colección de camisetas.
—Pienso que mientes. Definitivamente no soy pintora o artesana.
—Tengo un cliente que te diría que el arte está en el ojo de quien lo
ve. —La señora Collins se sienta en el sofá frente a mí en la sala privada de
terapia.
Estoy recostada en mi sofá porque eso es lo que la gente hace en la
televisión cuando ve un psicólogo. Me ha explicado que no tengo que
hacerlo, pero le respondí que quería la experiencia completa.
Dejo el ornamento en la mesa y uno mis dedos sobre mi estómago,
mirando el techo. —Apuesto a que ese paciente es Echo, y ella puede
decir eso porque es locamente talentosa en arte. Confía en mí, no soy
pintora.
Noah se le propuso a Echo antes de que se fuera a Colorado y ésta
aceptó… sin un anillo de diamantes. No mentiré; me siento culpable por
eso, pero Noah me dijo que no me preocupara. Me mandó un correo
electrónico con las noticias y dijo que a Echo le era indiferente esperar un
anillo. Dijo que simplemente estaba bien con que se lo pidiera. Los he visto
juntos y le creo. A Echo no le importan cosas así.
—Entonces, si no eres pintora, ¿qué eres? —pregunta la señora
Collins.
Logan y yo progresamos rápidamente con las cincuenta cosas
nuevas durante octubre y noviembre, y hemos empezado con la número
cien. —Me gusta hornear. Gracias, por cierto. Por ayudarme a entrar en
esas clases.
La voluntaria terminó volviendo una vez a la semana, y gracias a la
señora Collins, estoy horneando cada jueves.
—Hay una escuela culinaria aquí en Louisville que podrías querer
revisar. Si quieres puedo conseguirte una solicitud.
Permanezco en silencio mientras miro el techo y por fin reúno el
coraje para preguntar—: ¿Me considerarán teniendo en cuenta que soy
una convicta traficante de drogas y he pasado los últimos meses en un
centro de detención? Sé que mis registros estarán sellados ya que soy
menor de edad, pero ¿no descubrirán que estoy aquí?
La señora Collins se mueve y me siento derecha. Esta chica es roca
sólida en cuanto al lenguaje corporal y cuando no hace nada fuera de lo
extraordinario, significa que Marte se encuentra a punto de colisionar con
la Tierra.
—¿Qué? —pregunto.
—Sé que hiciste algunas demandas con tu arresto.
—Ajá. —No me gusta a dónde se dirige esto.
—Has sido una reclusa modelo, Abby.
—Rompí cosas.
—Porque perdiste a tu abuela y estabas de duelo. Todos lo saben.
De inmediato, niego con la cabeza. —Nadie está autorizado a
ponerme en libertad condicional. Deberían concedérsela a mi compañera
de cuarto. Podría resolver la sequía en el oeste con la cantidad de
lágrimas que ha derramado. —Pongo una mano en mi pecho—. Y perdí a
mi abuela. ¿Qué dice eso?
—Has usado los recursos con sabiduría. Todo el equipo ve cómo has
trabajado para mejorar.
—Síp. Mejorar. Entonces, necesito quedarme y mejorar un poco más.
—¿Acaso te asusta irte de aquí?
—Para nada. —Me pongo de pie y empiezo a pasear, pensando en
Logan cuando está enojado.
La señora Collins me observa. Como un maldito halcón sobre un
ratón y estoy consciente de que necesito refrenar el lenguaje corporal,
pero esto no era parte del plan.
—¿Algo te asusta sobre irte? ¿Qué es?
Me detengo y me giro hacia ella. —No puedo pasar por la mierda
de casas de acogida. Soy capaz de muchas cosas. Es probable que
pueda sobrevivir a un apocalipsis zombi, pero no puedo atravesar la
mierda de las casas de acogida. Mi papá no se sacrificó de la manera en
que lo hizo para que fuera tratada como mierda.
La señora Collins asiente porque hemos hablado sobre mi papá y mi
mamá y eso es solo porque Noah confirmó que todo lo que dijera
quedaría en privado.
—¿Y si te digo que te quedarás en un buen hogar? Uno que he
comprobado yo misma.
—Diré que mi suerte no es así de buena y cualquiera es capaz de
fingir algo por media hora. Déjame aquí.
La señora Collins cierra la carpeta en su regazo y se inclina hacia
delante. —Ya ha sido decidido. La ciudad necesita el cuarto para reclusas
que necesitan estar aquí y tú no eres una de esas personas.
—Ah, infiernos, no. —Rujo—. Confié en que este maldito sistema me
ayudaría.
—Hay un montón de requisitos —continúa, como si no me
encontrara haciendo una pataleta como una niña de dos años—. Todavía
continuarás viéndome. Tendrás que contactar frecuentemente con tu
trabajador social.
—¡No! —Pisoteo.
—No importa, Abby. Está decidido. Esta era tu entrevista de salida y
te irás a tu nuevo hogar de acogida hoy.
Colapso sobre el sofá y siento como si el mundo simplemente me
hubiera tragado entera.
—Mira el lado bueno —dice—. Estarás con tus amigos de nuevo.
Suspiro derrotada y trato de pensar en una forma de agarrar un
teléfono celular rápido. Irme de aquí no era el plan, pero quizás este hogar
será uno como el de Isaiah y Noah y no les importará en donde viva en
realidad. West, Isaiah, y otros amigos tienen un departamento. Apuesto a
que me dejarán quedarme.
La señora Collins poseé un lindo auto y conduce demasiado rápido,
en especial para alguien que no tiene prisa por llegar a donde va. Gira a
la derecha cuando esperaba que vaya a la izquierda y miro alrededor.
Me echa un vistazo por el rabillo de su ojo. —¿Conoces esta área?
—Rachel vive por aquí. —Eso hará el fugarme mucho más fácil si el
lugar es horrible. Si la señora Collins no miente y el lugar es la mitad de
decente, entonces será pan comido visitarla.
—Debería advertirte que, esta familia es muy particular. Tienen
ciertas expectativas para sus hijos y esperaran que las sigas.
Genial. Locos del control. —Te das cuenta que conocí a Isaiah
cuando él revolvía un contenedor de basura, ¿cierto? Eso fue cuando
estaba en un hogar de acogida.
Esas raras y breves nubes de tormenta. —Sí, me lo has dicho antes.
—Solo aclaro cuáles son mis expectativas. —Me concentro en
pensamientos felices. A pesar de las reglas que pongan, seré capaz de ver
a Logan—. ¿Y si esto no funciona?
—Pienso que lo hará. —La señora Collins gira a la derecha y todo el
aire abandona mi cuerpo.
—¿Diste un giro equivocado?
Se detiene en un portón de vigilancia y cuando explica quién es y a
dónde va, no puedo decidir si voy a llorar, a morir o a sentirme feliz.
Cuando la puerta del vecindario se levanta, la señora Collins acelera y
para mí no es lo suficientemente rápido. Con cada casa que pasamos, mi
corazón late más y más rápido y cuando veo la casa, estoy temblando.
—¿Hablas en serio? ¿O esto es una broma? ¿Me estás jodiendo?
—El lenguaje es algo en lo que necesitas trabajar, Abby. El señor y la
señora Young no lo apreciarán. No hablabas ni de cerca tan
repugnantemente cuando nos conocimos al principio, pero se puso peor
mientras continuabas quedándote en el centro.
Alzo las manos, diciéndole que gana. Me quedaré muda si esto es
real. —¿Los padres de West y Rachel van a ser mis padres de acogida?
Quiero decir, ¿ellos saben quién soy, lo que hice y cómo pasaba el rato
con sus hijos antes de que fuera arrestada?
—Sí, y también sabrás que se les rompió el corazón cuando
descubrieron la verdad, pero después de muchas reuniones familiares,
tomaron esta decisión. —La señora Collins lleva su auto frente a una
enorme casa y estaciona—. Volverás a Eastwick en enero. Trabajo ahí y me
verás dos veces a la semana antes de la escuela, y hablo en serio sobre las
expectativas. Los Young arriesgan un montón al encargarse de ti. No los
avergüences. No me avergüences.
Me paso una mano por el cabello y lo junto en mi nuca. Antes de
que me dispararan, cenaba aquí un par de veces a la semana. Pasaba las
noches con Rachel. Jugaba videojuegos con su gemelo, Ethan. Solía
pretender que era uno de ellos y este era mi hogar.
Mi labio inferior tiembla y tomo aire para controlarme. —Te lo juro, no
arruinaré esto.
—Bien —dice—. Ahora, prepárate. Escuché que hay una fiesta
sorpresa esperando adentro.
55 Traducido por Vane Black
Corregido por Laurita PI

Abby
—Cenamos juntos en familia todos los viernes —dice la señora Young
como si no estuviera consciente de esto. Antes de recibir el disparo,
cenaba con los Young varias veces a la semana, pero sonrío y asiento,
esperando que la expresión se vea tan sincera como quiero que sea.
Conmoción es lo que siento por dentro. Esta mansión... este palacio...
es ahora mi casa y solo podría estar bien. Mi sangre hormiguea, mis manos
tiemblan y mi rostro se sonroja. Sí, estoy conmocionada.
La señora Young y yo caminamos juntas por las escaleras y miro
suplicante hacia abajo, al enorme vestíbulo donde Logan espera. Ha
estado a mi lado desde el momento en que entramos para encontrar a
todos mis amigos aquí. Es justo como lo recuerdo. Alto, ancho de hombros,
un poco peligroso y todo mío.
Articulo—: Ayúdame. —Y solo se encoge de hombros. La señora
Young insistió en darme este recorrido sola.
En la cima de las escaleras nos dirigimos a la izquierda en vez de la
derecha; lejos de su dormitorio principal y lejos de la habitación de Rachel.
Pasamos la antigua habitación de West y la habitación de Ethan, el
hermano gemelo de Rachel, y luego nos detenemos ante una puerta
cerrada.
—Esta solía ser la habitación de Jack —dice. Jack es uno de los
hermanos mayores de Rachel. Ahora es un adulto con su propia casa. No
lo puedo imaginar volviendo pronto—. Y ahora será la tuya.
La señora Young es una mujer hermosa. Cabello rubio y ojos azules al
igual que Rachel, y hace querer salirme de mi propia piel cuando entrelaza
las manos delante de sí misma, toma una respiración profunda y evita el
contacto visual. Oh, Dios, por favor no dejes que cambie de opinión.
—Lo siento —digo. El ataque es la mejor defensa, ¿no?—. Por
mentirte. Sobre cómo originalmente conocí a Rachel y luego sobre cómo
fui traficante de drogas y metí la pata, pero ya acabé con eso. Seré mejor
y si sigue ofreciéndome esta oportunidad, le prometo que no lo voy a
arruinar.
—Estuve enamorada de Denny una vez —balbucea y cierro la
boca—. Pero sabes eso, ¿no es así?
Asiento muy lentamente porque mi cerebro se encuentra a la deriva.
Denny es el mejor amigo de mi padre, mi protector cuando tuve muy
pocos verdaderos guerreros en mi vida y la razón por la que no tiene un
anillo de bodas en su dedo es por su culpa. Papá me contó la triste historia
de Denny cuando tuve la edad suficiente para entender que esta mujer
llegaba al bar de Denny una vez al mes durante años para mostrarle
fotografías... fotos de West.
—Cuando Rachel comenzó a salir con Isaiah, ¿no sabías quién era
ella?
Debería mentir. Es lo que he hecho toda mi vida, pero no lo hago. Si
voy a empezar un nuevo capítulo en mi vida, debería ser una página en
blanco. —Sí. Cuando entré en el taller de Mac y encontré a Rachel
pasando el rato con Isaiah, supe exactamente quién era.
Sabía que era la hija del hombre más rico de la ciudad. Sabía que
era la hija de la mujer que una persona que me importaba amaba. ¿La
razón por la que me hice amiga de Rachel? —Rachel no es hija de Denny,
pero sabía que él no se sentiría bien con que su hija anduviera sin
protección en las calles. No me malinterprete, Isaiah pudo haber cuidado
de Rachel sin mí, pero...
Levanto un hombro y lo dejo caer. Si la señora Young estuvo una vez
enamorada de Denny, entonces existe la probabilidad que conociera a mi
padre y no tengo que explicar cómo mi alcance hubiera sido diferente al
de Isaiah.
—¿Sabe quién es mi padre, entonces? —Si va a preguntar, entonces
yo también.
Sus labios se aplanan luego asiente. —Crecí en ese barrio. Fui amiga
una vez de tu padre y de Denny, pero no tenía ni idea de quién eras hasta
después que West se enteró de Denny. Cada vez que veía a Denny, no me
interesaba saber de la vida de aquellos que dejé atrás. Un montón de
secretos se revelaron cuando West se enteró de la verdad.
Levanto una ceja. Eso significa que sabe que soy la hija de Mozart
desde esta primavera. —Sin embargo, ¿permitió que pasara el rato con su
hija? —Sin embargo, continuó pretendiendo creer la tapadera que inventé
para poder ser amiga de Rachel. Que era una niña rica de la escuela
privada... al igual que su hija.
—¿Por qué nunca le dijiste a Rachel o a West de mi conexión con
Denny? —pregunta como si yo nunca hubiera hablado—. Incluso después
que se supiste la verdad, ¿cómo es que nunca les dijiste que sabías quién
era yo?
—No era mi deber contarlo. Además no la conocía. Solo sabía de
usted. Rumores, incluso de la gente que amo, no equivale a la verdad.
Inclina la cabeza como si hubiera dicho algo profundo y ahí es
cuando me doy cuenta. La señora Young me estudia... de la misma
manera que mi padre me enseñó a estudiar a otros por la verdad o la
mentira. —¿Pero te ocupaste de echar un vistazo a mi hijo e hija cuando
tropezaron en tu mundo?
—Sí. Significó algo para Denny una vez. Los cuidé no por usted, si no
por él.
La señora Young se choca contra mí. El abrazo tipo tacleo, me
congela.
—Gracias —me susurra al oído—. Por cuidarlos a ambos.
Uf... —¿De nada?
Se aleja, pero mantiene las manos sobre mis hombros. —No hay más
secretos en esta casa. No más mentiras. Eres una parte de nosotros ahora y
estas reglas se aplican a ti. Hiciste lo que tenías que hacer para seguir con
vida y lo entiendo, pero es tu pasado y tu futuro es diferente, ¿entiendes?
Me mira directamente y la verdad se encuentra en esos majestuosos
ojos azules. Me dejará quedarme. Me ofrece una segunda oportunidad.
—Sí, lo entiendo.
Destella una sonrisa esplendorosa y da un paso atrás mientras me
libera. —Maravilloso. Ahora, con tantos de ustedes en la casa, necesito
asegurarme de que los bocadillos estén preparados para más adelante. Te
daré unos minutos a solas para que veas tu habitación.
Sale rápidamente con un aire de confianza que la hubiera hecho
una fantástica narcotraficante. Esto debe significar que realmente hay
esperanza para mí todavía.
Doy vuelta la perilla y empiezo a preguntarme acerca de las cosas
que debería haber pensado antes de rellenarme con varias porciones de
pavo, patatas y pastel. Por ejemplo, la ropa. Necesito ropa, productos
personales y tal vez un par de cosas para hacerme sentir que este lugar
podría ser un...
...un hogar.
La luz ya se encuentra encendida en la habitación y mirando
directamente hacia mí hay fácilmente un centenar de diferentes animales
de peluche. Los que me dio mi abuela. Los que Denny me dio. Los que mi
padre trajo a casa para mí. Mis ojos queman y se forma un nudo en mi
garganta mientras cruzo la habitación y levanto el conejito de peluche
blanco desgastado que mi padre me dio cuando era más pequeña.
Después de que la abuela me hubiera bañado, cepillado el cabello,
y metido en la cama, mi padre entró, agachándose para poder estar al
mismo nivel. —Mamá dice que tienes miedo a la oscuridad.
Me había agarrado al borde de las cubiertas. —No es de la
oscuridad. —Nunca la oscuridad—. Ella viene en mis sueños y me aleja de
ti. —Una mujer vestida de negro. Una mujer que se parecía mucho a la
mujer que me dio a luz.
El conejo de peluche mágicamente apareció de detrás de su
espalda. —Este conejito va a mantenerte a salvo cuando yo no esté.
Ahuyentará cualquier cosa en tus sueños y yo puedo asustar cualquier
cosa en este mundo.
Al igual que hice esa noche, abrazo al conejo blanco y mi labio
inferior tiembla. —Te amo, papá. —Y entonces mi corazón se rompe un
poco más cuando me doy cuenta de que nunca veré a la abuela de
nuevo, que nunca volveré a mi pequeña habitación escondida al final del
pasillo. Que nunca me pararé en su puerta y contaré sus respiraciones.
Que nunca va a cepillar mi cabello otra vez, que nunca le volveré a leer
en voz alta a las tres.
Me doy cuenta que mi abuela ha muerto y que mi padre nunca
volverá a casa.
Me acuesto en el piso, bajo la cabeza hacia el conejo y lloro.

Después de llorar y tratar de encontrar una manera de salir sin admitir


que he llorado, salto cuando golpean a la puerta. Es raro decir—:
Adelante. —Porque es raro pensar que tengo permiso de decir esto como
si viviera aquí, pero supongo que vivo aquí y es hora de hacerlo mío.
Rachel asoma la cabeza y me recuerda un poco a su madre con la
sonrisa vacilante. ¿Cuántas veces la señora Young asomó la cabeza en la
habitación de Rachel para observar que hacíamos detrás de la puerta
cerrada?
—¿Estás bien? —pregunta.
Una mirada en el espejo de gran tamaño sobre la cómoda confirma
que la respuesta es no. Mis ojos se hallan rojos e hinchados y es aún más
extraño que no me importe que Rachel sepa que tengo la capacidad de
llorar. Ya lo vio una vez, en el funeral de la abuela.
Agito el conejo de peluche hacia ella. —Encontré estos y... —Solo y.
Entra y cierra la puerta detrás de ella. —Puedes agradecérselo a
West. En el momento en que entramos en tu habitación y los vimos, fue un
hombre loco colocándolos en cajas.
Mis amigos empacaron las cosas de la casa por mí antes de que la
abuela muriera. Vendimos la mayoría de todo por lo que tendríamos
dinero para ponerla en un asilo de ancianos decente y conservé solo
algunas cosas de la abuela para mí. Es extraño que nunca pensara en mi
habitación. Después que fui arrestada, todo parecía perdido.
Me muevo a un lado en la cama, una señal no verbal para que
Rachel se una a mí y lo hace. Coge una oveja de color rosa y juega con
sus orejas. —¿Te siente bien viviendo aquí? Me sentí tan emocionada al
pensar que vivirías conmigo que nunca pensé que a lo mejor no querías.
—Quiero. —Me apresuro a decir—. ¿Bromeas? ¿Quién no querría vivir
aquí? Y estoy aquí contigo y Ethan. West e Isaiah estarán mucho alrededor
y tienes comida. Soy la maldita Anita la huerfanita y me encanta este
lugar.
Rachel me mira mientras espera el "pero" de mi declaración y es una
mirada intensa.
Tomo una respiración profunda y digo—: Pero tengo miedo.
—¿De qué?
—De echarlo a perder. ¿Qué pasa si lo intento y fracaso? ¿Y si voy
por este camino legal y descubro soy muy mala en eso? —¿Qué pasaría si
todo en lo que soy buena es ser una traficante de drogas?
—Todos somos malos en ello, Abby. Solo nos apoyamos un poco más
el uno al otro en los días malos y nos reímos juntos en los buenos. Hoy;
espero, es un buen día.
Mi corazón late con fuerza al pensar en fracasar, pero luego se
emociona ante la idea que la gente me atrape en los días que caiga. Voy
a caer y ellos me atraparán. Tengo fe en eso.
Logan tenía razón, la fe es creer en lo que no siempre se puede ver y
no tengo que estar constantemente mirando a la gente en esta casa para
saber que me encuentro en buenas manos. —Hoy es, sin duda, un buen
día.
Hay un repiqueteo de una jaula y mi cabeza salta al otro lado de la
habitación. Adrenalina corre a través de mis venas y salgo de la cama. —
¿Trajiste mi conejito?
—Logan lo hizo —dice mientras levanto la enorme bola de pelo en
mis brazos—. Esta mañana. Quería que Tambor se encontrara aquí para
darte la bienvenida.
Hay otro golpe en la puerta y la señora Young entra. —Tienen
muchos chicos apuestos preguntándose dónde se encuentran ustedes
dos.
Me aclaro la garganta y abrazo fuertemente a Tambor. —Gracias
por esto. Por todo esto.
—Espero que no te importe —dice la señora Young—. Me adelanté y
te compré un par de cosas nuevas y luego pensé que podríamos ir a
comprar más la próxima semana. Tú, Rachel y yo. Será divertido.
No puedo evitar sonreír cuando Rachel gime.
—Eso suena muy bien. —Porque a pesar de que suena como el
infierno para Rachel, ir de compras con mi mejor amiga y su madre en
verdad podría ser divertido. Centros comerciales; creo que puedo ir a
centros comerciales sin estar allí para completar una venta.
Rachel acaricia a Tambor, me guiña el ojo y luego se va. La señora
Young abre la puerta para darme paso. —¿Estás lista para dejar atrás tu
pasado?
¿Olvidar mi pasado? No. Estoy agradecida con mi padre, con mi
abuela. Me amaron cuando nadie más lo hizo. ¿Estoy lista para comenzar
algo nuevo? —Definitivamente.
56 Traducido por Marie.Ang
Corregido por Sahara

Logan
—Eso es simplemente enfermo, Abby. —En una porción del sótano
terminado de la casa de los Young, West patea el pie de Abby mientras la
pasa, luego se deja caer en el sillón reclinable frente de la gran televisión
de pantalla plana. Le lanza un control de la Xbox a Noah, y luego
enciende la consola—. Desafías el orden natural de las cosas.
En el sillón a mi lado, Abby come su tercer plato de comida. Comió
los primeros dos durante la cena y acaba de calentar este tercer plato
hace unos minutos. West se refiere a que Abby mezcló su puré de papas
con camotes. Es extraño, pero es Abby.
—No recuerdo pedir tu opinión, Young —dice.
—No recuerdo decirte que podías traer un roedor a mi casa.
—Es un conejito, no un roedor y te mudaste. Yo me mudé aquí. Las
reglas de la casa me pertenecen ahora. Y su nombre es Tambor y voy a
entrenarlo para que se convierta en el general de mi ejército de conejitos
que va a apoderarse del mundo. Tenía mucho tiempo libre en el
reformatorio así que descubrí esto. Es mejor que seas mi amigo o lo
lamentarás.
La única respuesta de West es una sonrisa mientras ataca a un zombi
en la pantalla. Fueron sus conversaciones con su madre y su padre que los
convencieron de concederle a Abby la oportunidad que necesitaba para
poder construirse una vida decente por sí misma.
La fiesta que estuvo ruidosa como una hora antes de calmarse. La
mayoría de nuestra conmoción era de risa mientras todos ponían al día a
Abby de lo que se perdió mientras estaba en el reformatorio.
Hubo una historia de cómo Noah estuvo atascado en un pequeño
pueblo en Kansas cuando su bus se estropeó de camino para ir a ver a su
ahora prometida, Echo, en Colorado. Sobrevivió con comida de máquinas
expendedoras por más de veinticuatro horas. Ryan y Beth hablaron sobre
cómo fueron atrapados liándose en la caseta del equipo de su
universidad. Beth contó la historia. Ryan fue el que sonrió y se puso rojo
mientras ella hablaba.
Al final, todos teníamos una historia. Ansiosos por poner a Abby al
día. Ansiosos por empezar de nuevo.
Es tarde. Chris y su novia, Lacy, se fueron hace quince minutos. Chris
se levanta temprano y trabaja duro hasta tarde. Al trabajar en una granja,
no hay días libres, pero lo disfruta y no hay mucho más que puedas pedir
de la vida si te gusta tu trabajo.
Nadie más parece deseoso de irse y la noche ha pasado a un
estado cómodo y suave. Noah y West juegan en la Xbox contra Ryan y
otro amigo nuestro, Jax. Voy a la escuela con él, Rachel, Ethan y, al
empezar enero, Abby. Ethan se transfirió con Rachel, sin querer estar
separado de ella. Jax y West son cercanos y solo por cómo este grupo
funciona, todos nos hemos convertido en familia. Rachel, Ethan, Jax y yo
encontramos la mesa a la que Abby mentalmente había apostado en el
comedor y ha sido nuestra desde el primer día, solo esperando por su
regreso.
Apoyado contra el gran bar de roble rodeado por gabinetes de
vidrio, Echo, Beth y Haley ríen de algo que Ethan dice, causando que sus
chicos miren al grupo. Las tres chicas le están dando consejos de citas. He
resoplado a más de la mitad de ellos, pensando en que suenan locos, pero
apuesto a que las chicas saber mejor que yo lo que otra chica busca en
una buena primera cita.
Una primera cita real… me detengo. Necesito llevar a Abby a una
de esas. Supongo que debería empezar a tomar notas.
El juego en la televisión continúa, pero no me pierdo cómo la mirada
de Noah se queda en Echo, quien ha estado estudiando arte en Colorado
desde finales de agosto. Noah y yo nos hemos llegado a conocer mejor en
los pasados meses. Ambos extrañábamos a las chicas que amamos.
Pero Echo está de regreso en la ciudad para el receso de navidad y
los dos tienen planes para casarse cuando se gradúen de la universidad
en dos años, y Abby está de regreso al mundo real conmigo. La vida tiene
formas de resolverse.
Abby termina su comida, deja el plato vacío en la mesa, y entonces
se acerca más a mí, pasando las piernas sobre mi regazo. No he sido
capaz de quitar los ojos de ella desde que entró. Es Abby. Su cabello
castaño es más largo, sus ojos color avellana un poco más dubitativos, ha
perdido algo de peso, pareciera que pudiera dormir por un año, pero es
ella. Todavía hermosa. Todavía peligrosa. Todavía Abby.
Es como si fuera un sueño y estoy asustado de moverme demasiado
rápido o decir demasiado y que se desvanezca.
—No estoy realmente segura cual es la regla sobre enrollarse aquí —
admite.
Ambos miramos al otro lado del sótano en donde Isaiah se
encuentra en el otro sofá con Rachel envuelta alrededor de él. Las luces
están apagadas en esa dirección y apuesto a que se besan.
—Parece bastante imprecisa —digo.
—Igual —dice—. No quiero meter la pata en esta.
—¿Estás de acuerdo si te abrazo? —pregunto.
Abby suelta esa sonrisa que detiene corazones y se desliza hasta que
encaja perfectamente en mi regazo. Pero al momento en que se
acomoda en mí, salta y la agarro antes de que pueda retirarse. Sé lo que
piensa, tengo una idea de lo que podría haber sentido.
Le permito alejarse solo lo suficiente para poder levantarme la
camisa y exponer la bomba atada a mi estómago. Ya han pasado unas
semanas para mí, pero aparte de un correo electrónico, es nuevo para
ella.
Abby delicadamente pasa la punta de sus dedos contra la piel
cerca de la bomba de insulina. —¿Duele?
Sacudo la cabeza, pero su toque me quema. Pasar de unos meses
sin tocarla en absoluto a tener su aroma rodeándome y su calidez jugando
conmigo podría matarme.
—¿Dolió cuando hicieron el procedimiento? —pregunta.
—No.
—¿Te gusta? —Su frente se arruga mientras estudia los botones, la
pantalla, y luego el tubo que conecta la bomba al interior de mi cuerpo.
Abby es consciente que esto fue una decisión difícil para mí y puedo decir
que trata de ser cuidadosa con la conversación y su exploración.
—Algunos días, sí. Algunos días, no. Más son los días que me gusta
que los que no.
—Lo suficientemente justo. —Sus caricias dejan el área general de mi
bomba de insulina y deambulan a mi pecho.
—¿Qué pasó con lo de jugar seguro? —pregunto.
Se ríe. —Tú eres el que se levantó la camisa.
La bajo, frunce el ceño, y la beso en los labios. No mucho, pero lo
suficiente para que extrañe su sabor cuando me alejo. Lo suficiente para
que ya esté pensando en besarla de nuevo.
Sus cejas se levantan y ese brillo travieso que he extrañado se
enciende en sus ojos. —¿Qué pasa con la bomba cuando nos liemos?
¿Como cuando nos vayamos de aquí, podamos besarnos de verdad
como se supone que se debe?
Aquellas palabras me dan directo como un desfibrilador y conjuran
imágenes de mis manos en la piel de Abby. —Si se mete en el camino,
puedo removerla.
—¿Es difícil de hacerlo? —pregunta.
—No. Puedo hacerlo ahora si quieres.
—¿Arruinará tu insulina?
—Podría.
—Entonces, no. —Se hunde y no de una mala manera. Es en la
manera en que dice que el pavo acaba de pasarle factura. Posiblemente
los pasados seis meses la han pasado factura—. ¿Me llevarás a ver a mi
abuela?
Al primer lugar que planeé llevarla era al cementerio. Me imaginé
que ahí era donde querría ir. —Sí.
Doblas sus dedos de los pies envueltos en calcetines y luego
encuentra mis ojos. —¿Te importa si duermo?
Voy a moverme para que pueda subir las escaleras, pero pone una
mano en mi brazo. —Quiero decir, contigo. ¿Te importa si me quedo
dormida en ti?
Besar a Abby es el cielo. Saber que estaremos muy solos pronto es
incluso mejor, pero también lo es saber que se halla aquí conmigo y puedo
sostenerla mientras duerme. Ser la primera persona que vea cuando abra
los ojos. La vida es como se supone que debe ser.
Me saco los zapatos, me recuesto en el sofá, extiendo los brazos y
abrazo a Abby con fuerza mientras se acurruca, cierra los ojos, y se queda
dormida.
Walk the Edge
Traducido por Umiangel
Corregido por Julie

Razor
Hay mentiras en la vida que aceptamos. Ya sea por la ignorancia,
felicidad, o, en mi caso, supervivencia, todos hacemos nuestras
elecciones.
Elijo pertenecer al club de motociclistas, Reino del Terror. Elijo trabajar
para la compañía de seguridad asociada con ellos, y nunca he pensado
en llevar un arma de fuego para el cargo. También elijo hacer esto
cuando aún estoy en la secundaria.
Todo esto se reduce a una elección en particular, creer o no la
versión de mi padre de una mentira o en la de ciudad. Elegí la mentira de
mi padre. Elegí la hermandad del club.
¿Lo que no he elegido? Ser acosado por un hombre invadiendo mi
pórtico. Está vestido con un par de pantalones de color caqui planchados
y una camisa directamente de una vidriera del centro comercial. La
verdadera pregunta es, ¿se encuentra aquí por elección o sacó el palillo
corto?
—Como ya he dicho, hijo —continúa—, no estoy aquí para hablar
con tu padre. Estoy aquí para verte a ti.
Un caluroso agosto sopla el viento desde los espesos bosques que
rodean nuestra casa, y forman el sudor en la piel del hombre. Es
demasiado engreído para estar nervioso, por lo que le echo la culpa de su
frente brillante al índice de calor de cuarenta y tres grados.
—Tú y yo —añade—, tenemos que hablar.
Mis ojos parpadean a la placa de detective colgando de la cadera
del hombre y luego a su Chevy Caprice de color azul oscuro sin placas,
estacionado frente a mi motocicleta en el camino de grava. Veinte
dólares a que piensa que me bloqueó. Supongo que subestimó el hecho
de que voy a conducir en la hierba para escapar.
Este individuo no pertenece a nuestra fuerza de policía. Sus placas
sugieren que es del condado de Jefferson. Eso se encuentra en la parte
norte de Kentucky. Vivo en una pequeña ciudad donde incluso los
estafadores de la calle y la policía se conocen por su nombre. Este
hombre, es un extraño.
Busco en mi memoria cualquier cosa que justifique su presencia. Sí,
me metí en algunas peleas durante el verano. Unos pocos golpes lanzados
a los individuos que no se callaron la boca o no mantuvieron sus egos
inflados con una correa, pero nada que justifique esta visita.
Una gota de agua cae de mi pelo mojado sobre la madera gris
desgastada de la cubierta y sus ojos la siguen. Estoy fresco de una ducha.
Vaqueros puestos. Botas negras en mis pies. Sin camisa. El cabello de mi
cabeza apenas echado hacia atrás por una toalla.
El tipo revisa los tatuajes en mi pecho y brazos. La mayor parte es
diseño del club, y es bueno que sepa con quién trata. A partir de la
primavera pasada, me convertí oficialmente en un miembro del Reino del
Terror. Si se mete con uno de nosotros, se mete con todos.
—¿Vas a invitarme a entrar? —pregunta.
Pensé que el golpeteo en la puerta era uno de mis amigos
presentándose para montar conmigo hacia la orientación de último año,
no un condenado uniformado con una insignia.
—No estás en problemas —dice, y me impresiona que no mueva sus
pies como la mayoría de la gente hace cuando llegan a mi puerta—.
Como ya he dicho, quiero hablar.
Mantengo el contacto visual ya que la mayoría de los hombres lo
pueden soportar. El silencio no me molesta. Hay un montón que se puede
aprender acerca de una persona por cómo hace frente a la ausencia de
sonido. La mayoría no puede manejar las incómodas batallas por el
dominio, pero este tipo se mantiene firme.
Sin decir una palabra, entro en la casa y permito que la puerta con
malla se cierre de golpe en su cara. Cruzo la habitación, agarro mi
chaleco de la mesa y luego arrebato una remera negra del Reino del
Terror del sofá. Me pongo la camisa en tanto me dirijo al pórtico y cierro la
puerta principal detrás de mí.
El tipo me mira fijamente mientras me deslizo el chaleco de cuero
negro que contiene el parche de tres piezas del club al que pertenezco.
Debido a la forma del ángulo en que me posicioné, se puede obtener un
buen vistazo a nuestro emblema en la parte posterior: la mitad del cráneo
blanco con furiosas llamas fuera de los ojos y gotas de fuego que caen a
su alrededor. Las palabras “Reino del Terror” se hallan en la parte superior.
Con el nombre del pueblo, “Snowflake”, escrito en la parte inferior.
Él se centra en el parche que le informa que estoy portando un
arma. Su mano se acerca a la pistola enfundada en el cinturón. Sopesa si
la estoy llevando o no.
Inclino la cadera en la barandilla y engancho mis pulgares en el
bolsillo de mis vaqueros. Si va a hablar, sería ahora. Mira a la puerta
cerrada, luego a mí.
—¿Aquí es donde haremos esto?
—Tengo que estar en otro lugar. —Y se hace tarde—. No le vi una
orden. —Así que por ley, no puede entrar.
Una elevación desagradable de su boca me dice que entiende que
no voy a hacer nada de esto fácil. Es alrededor de la edad de papá,
mediados y finales de los cuarenta. Dio su nombre al abrir la puerta, pero
admitiré que no escuché.
Escanea la propiedad y tiene esa expresión que dice que trata de
entender por qué alguien podría vivir en una casa tan pequeña. El lugar es
una caja de vinilo. Dos cuartos. Un baño. Un combo de sala de estar-
cocina. Posiblemente más ventanas que metros cuadrados.
Papá dijo que este era el sueño de mamá. Una casa lo
suficientemente grande para que vivamos nosotros. Nunca quiso una
grande, pero anhelaba tierra. Cuando yo era más joven, solía abrazarme
fuerte y explicarme que era más importante ser libre, que ser rico. Espero
que mamá se sienta libre ahora.
Un dolor ondula a través de mí, y reacomodo mi equilibrio. Rezo
todos los malditos días porque encontrara algo de paz.
—Conduje un largo camino para verte —dice.
No importa. —Podría haber llamado.
—Lo hice. Nadie respondió.
Levanto un hombro en un gesto de “tienes una suerte de mierda”.
Papá y yo no somos del tipo de responder las llamadas de desconocidos.
Especialmente los que tienen los números marcados como policía. Hay
algunos agentes de la ley que son geniales, pero la mayoría, son como
todos los demás, juzgan a un hombre con un parche en la espalda como
un criminal psicótico.
No tengo tiempo para esa estupidez.
—Estoy aquí por tu madre. —El idiota sabe que me tiene cuando mis
ojos chocan con los suyos.
—Está muerta. —Al igual las otras veces que digo las palabras, una
parte de mí muere junto con ella.
Este tipo tiene los ojos verdes y se ablandan como si fuera de
disculpa. —Lo sé. Lo siento. He recibido unas pruebas nuevas que pueden
ayudarnos a descubrir qué causó su muerte.
La ira se desliza dentro de mis músculos y mi mandíbula se endurece.
Esta abrumadora sensación de locura es con lo que lucho todos los días.
Durante años, he escuchado los susurros de los cotilleos en la ciudad,
sintiendo las miradas de los niños en la clase, y he sentido la lástima de los
hombres en el Reino del Terror, que he reclamado como hermanos. Todo
se acumula a una duda oscura y silbante en mi alma.
Suicidio.
Es lo que todos en el pueblo dicen que pasó. Está en cada
conversación susurrada que las personas tienen en el momento que vuelvo
la espalda. No se trata solo de la gente que no me importa una mierda,
sino de las personas que considero familia.
Alejo esos pensamientos y me concentro en lo que mi padre y el
club me han dicho, lo que he elegido creer. —La muerte de mi madre fue
un accidente.
Asiente, y me quedo sin paciencia. No voy a hacer esto. No con él.
Ni con nadie. —No me interesa.
Me aparto de la barandilla y busco las llaves de mi moto mientras
me obligo a bajar por las escaleras. El detective está detrás de mí. Él tiene
un paso lento y firme, y me irrita que me siga a través del patio y no se
detenga mientras paso la pierna por encima de mi moto.
—¿Qué pasaría si te dijera que no creo que fuera un accidente? —
dice.
Lo más probable es que no lo fuera. Lo más probable es que todos
los cotilleos susurrados en mi dirección sean ciertos. Que mi padre y el club
volvieron loca a mamá, y yo no era una razón suficiente para que eligiera
vivir.
Para callarlo, enciendo el motor. Este tipo debe ser tan suicida como
la gente dice que era mamá, porque se detiene enfrente de mi moto,
suponiendo que no lo voy a atropellar.
—Thomas —dice.
Giro la manija para acelerar el motor en advertencia. Levanta la
barbilla como si finalmente estuviera molesto y sus ojos se estrechan hacia
mí. —Razor.
Dejo la moto inactiva. Si me va a respetar al usar mi nombre de
carretera, voy a respetarlo por unos segundos. —Déjame en paz.
Maldito sea, el hombre posee las bolas del tamaño de Montana. Da
un paso más cerca de mí y deja caer la bomba. —Tengo razones para
creer que tu madre fue asesinada.
Lista de canciones
Canciones por tema:
“Centuries” por Fall Out Boy
“A Sorta Fairytale” por Tori Amos
“Disarm” por The Smashing Pumpkins
“Paint It Black” por The Rolling Stones
Logan:
“Numb” de Linkin Park
“This is How We Roll” por Florida Georgia Line (featuring Luke Bryan)
“The Monster” por Eminem (featuring Rihanna)
“Cruise” por Florida Georgia Line (featuring Nelly)
Abby:
“Dark Horse” por Katy Perry (featuring Juicy J)
“What’s Love Got To Do With It” por Tina Turner
“Memory” por Barbara Streisand
“Bring Me to Life” por Evanescence
Canciones para escenas específicas:
Logan va tras Abby: “Someone Saved My Life Tonight” por Elton John
Isaiah le habla a Abby en la granja: “The Weight” por The Band
Logan le muestra a Abby los conejos y las estrellas: “Dirt” por Florida
Georgia Line
Cuando los chicos le dan a Abby su dinero: “True Colors” por Cyndi
Lauper
Abby toma la decisión al final: “Hey Jude” y “Let It Be” por the
Beatles
El futuro de Abby y Logan:
“Shotgun Rider” por Tim McGraw
Sobre el autor
Katie McGarry era una adolescente durante la
época del grunge y las bandas de chicos y
recuerda aquellos años como los mejores y los
peores de su vida. Es amante de la música, de los
finales felices y la televisión de realidad, y es una
fanática secreta del baloncesto de la
Universidad de Kentucky. También es la autora
de Pushing the Limits, Dare You To, Crash into You,
Take Me On, Breaking the Rules, Nowhere But
Here y las novelas Crossing the Line y Red at
Night.
A Kate le encantaría escuchar de sus lectores.
Contáctala por su página web, katielmcgarry.com, síguela en su Twitter
@KatieMcGarry, o vuélvete su fan en Facebook y Goodreads.