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Lunes - 27ª semana.

Tiempo Ordinario Año Par (Gal 1, 6-12; Lc 10, 25-37)

INVOCACION DEL ESPIRITU SANTO

✞ ✞ ✞ Padre, en Tus manos abandono mi vida y todo mi ser, para que me vacíes de todos
los pensamientos, palabras, obras, deseos e imágenes que me separan de Ti.
Calma mi sed y sacia mi hambre, lléname de Ti. Con humildad te entrego mi intención de
consentir tu Presencia y acción en mí, sáname, transfórmame, hazme de nuevo.
Ahora mismo anhelo y te pido a nombre de tu Hijo Jesús que me des al Espíritu Santo;
pues ya dispuesta mi alma, por tu gracia y misericordia; espera la luz que abra mi mente
y mi corazón para escucharte y ahí en mi meditación dejarme encontrar, sorprender,
seducir, tocar, y guiar por Ti.
Dime lo que quieres de mi para hacer Tu voluntad y no la mía. Dame el don de la
contemplación y la gracia para ver, aceptar y perseverar sin apegos, en este camino hacia
la Gloria.

✞ ✞ ✞ Señor Jesús, que tu Espíritu, nos ayude a leer las Sagradas Escrituras en el mismo
modo con el cual Tú la has leído a los discípulos en el camino de Emaús.
Con la luz de la Palabra, escrita en la Biblia, Tú les ayudaste a descubrir la presencia de
Dios en los acontecimientos dolorosos de tu condena y muerte. Así, la cruz, que parecía
ser el final de toda esperanza, apareció para ellos como fuente de vida y resurrección.
Crea en nosotros el silencio para escuchar tu voz en la Creación y en la Escritura, en los
acontecimientos y en las personas, sobre todo en los pobres y en los que sufren.

Tu palabra nos oriente a fin de que también nosotros, como los discípulos de Emaús,
podamos experimentar la fuerza de tu resurrección y testimoniar a los otros que Tú estás
vivo en medio de nosotros como fuente de fraternidad, de justicia y de paz. Te lo pedimos
a Ti, Jesús, Hijo de María, que nos has revelado al Padre y enviado tu Espíritu. Amén

✞✞✞
Jesús, enséñame a gustar la infinitud del Padre. Háblame, Señor Jesús, acerca del Padre.
Hazme niño para hablarme de él como los padres de la tierra conversan con sus pequeños;
hazme amigo tuyo para hablarme de él como hablabas con Lázaro en la intimidad de
Betania; hazme apóstol de tu palabra para decirme de él lo que conversabas con Juan;
recógeme junto a tu Madre como recogiste junto a ella a los doce en el Cenáculo..., lleno
de esperanza para que el Espíritu que prometiste me hable todavía de él y me enseñe a
hablar de él a mis hermanos con la sencillez de la paloma y el resplandor de la llama (G.
CANOVAI, Suscipe Domine).
«ESE ES EL PRÓJIMO, VETE Y HAZ TU LO MISMO»
 «Judea. Maestro Jesús ¿Qué debo hacer para conseguir la Vida Eterna?».
 «Lo escrito en la Ley, lo haz contestado correctamente; Amar a Dios y al
prójimo».
 «¿Y quién es mi prójimo?».

 «El samaritano que tuvo compasión del hombre asaltado. Jesús le dijo:
Vete y haz tú lo mismo».

1 RITOS INICIALES
✞ ✞ ✞ Antífona de entrada Gn 1, 1. 27. 31

Al principio creó Dios el cielo y la tierra. Y creó Dios al hombre a su imagen. Y vio Dios
todo lo que había hecho, y era muy bueno.

Nos reunimos en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espiritu Santo. Amén.
✞ ✞ ✞ Saludo al altar y pueblo congregado

Misa por la santificación del trabajo humano. 8 de Octubre 2018


La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo esté
siempre con nosotros.

✞ ✞ ✞ Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)

Señor, concédeme ser un hermano para todos.


• Jesús, creo profundamente en Ti y sé que eres la luz que ilumina mi existir. Te pido al
iniciar esta oración, que me ayudes a tener el silencio interior para escuchar tu voz de
amigo verdadero y así, pueda caminar tus caminos que me llevarán a la felicidad eterna.

✞ ✞ ✞ Introducción por el Celebrante.

¿Quién es mi prójimo?
Primera Lectura: La carta de San Pablo a los Gálatas es una fuerte reacción que intenta
salvaguardar la integridad del evangelio y de la joven iglesia de Galacia. Los judaizantes,
es decir, un grupo de judíos convertidos al cristianismo, alegaban que los nuevos cristianos
tenían que aceptar la ley y las prácticas tradicionales judías para ser buenos cristianos. Y
¿en qué queda, entonces, Cristo y el misterio de su cruz?
Evangelio. Según una vieja historia judía, un padre le dice a su hijo pequeño: “Creo que
Dios creó al hombre y a la mujer porque le gusta contar historias, y quería a alguien que
las pudiera contar también.” --- Tenemos a Jesús con nosotros hoy para contarnos la
historia inmortal del Buen Samaritano. ¿Quién es mi prójimo? Cualquiera que me necesite.
Sea quien sea. Y “anda y haz tú lo mismo.”

✞ ✞ ✞ Acto penitencial

El Señor Jesús, que nos invita a la mesa de la Palabra y de la Eucaristía, nos llama ahora
a la conversión. Reconozcamos nuestra indignidad, debilidad, y nuestros pecados e
invoquemos con esperanza la misericordia de Dios.
Jesucristo, el justo, intercede y nos reconcilia con el Padre. Abramos, pues, nuestro
espíritu al arrepentimiento. … Un poco de silencio…
• Señor, soy consciente de que muchas veces escojo mal mis caminos y opto por alejarme
de Ti. Te pido perdón de todo corazón. Sé que Tú eres como el Buen Samaritano y no te
asustarás con mis heridas y rupturas, sino que me curarás con tu amor y me llevarás a la
casa del Padre.
¡Señor, ten piedad! ¡Cristo, ten piedad! ¡Señor, ten piedad!

✞ ✞ ✞ Oración Colecta:

Oh Dios y Padre nuestro: Por medio de signos y de historias Jesús nos dejó claro que el
amor hacia ti y hacia nuestro prójimo es el corazón de la vida cristiana. Déjanoslo claro y
obvio de verdad a nosotros también: que entendamos de una vez para siempre que
cualquier persona en necesidad es nuestro prójimo y que, sirviendo a los que nos rodean,
te amamos y te servimos a ti, Dios nuestro que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
Oh, Dios, tú quisiste someter las fuerzas de la naturaleza al trabajo del hombre,
concédenos, por tu bondad, entregados a nuestras tareas con espíritu cristiano, practicar
la caridad sincera con nuestros hermanos y colaborar al perfeccionamiento de tu creación.
Por nuestro Señor Jesucristo.

2 LITURGIA DE LA PALABRA
✞ ✞ ✞ Primera lectura: Gálatas 1, 6-12
No he recibido ni aprendido de ningún hombre el Evangelio, sino por revelación
de Jesucristo.
Hermanos:
6 No salgo de mi asombro al ver qué pronto habéis abandonado a quien os llamó mediante
la gracia de Cristo y con qué rapidez habéis abrazado otro evangelio.
7 Pero no hay otro evangelio. Lo que pasa es que algunos están desconcertándoos e
intentan manipular el evangelio de Cristo.
8 Pues sea maldito cualquiera -yo o incluso un ángel del cielo- que os anuncie un evangelio
distinto del que yo os anuncié.
9 Ya os lo dije, y ahora os lo repito: si alguno os anuncia un evangelio distinto del que
habéis recibido, ¡caiga sobre él la maldición!
10 Porque, vamos a ver: ¿busco yo ahora el favor de los hombres o el de Dios? ¿Trato
acaso de agradar a los hombres? Si todavía tratara de agradar a los hombres, no sería
siervo de Cristo.
11 Quiero que sepáis, hermanos, que el Evangelio anunciado por mí no es una invención
de hombres,
12 pues no lo recibí ni lo aprendí de hombre alguno; Jesucristo es quien me lo ha revelado.
PALABRA DE DIOS. R/TE ALABAMOS, SEÑOR
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Meditatio
San Pablo en esta carta busca resolver uno de los problemas más fuertes por los que pasó
la Iglesia apostólica: el de los llamados "Judaizantes", los cuales buscan establecer un
cristianismo basado en la práctica ritualista de la ley de Moisés. De manera que la
salvación no se recibía gratuitamente por la fe en Cristo, sino por el cumplimiento de las
prescripciones de la ley estipuladas principalmente en los 820 cánones o leyes
enumeradas en el Pentateuco.
Esta carta es muy iluminadora pues nuestro problema hoy no es la aceptación o rechazo
de las prácticas judías en nuestra fe, sino la búsqueda de un cristianismo cómodo y muy
a nuestra medida. Algunas de las corrientes filosóficas y teológicas que hoy se mueven en
nuestras comunidades, empujan con muchísima fuerza hacia un cristianismo como el de
los Judaizantes: un cristianismo ritualista, sin compromisos sociales y sin radicalidad en
la vivencia del Evangelio.
Por ello, quien busca la vida del Evangelio, como la anunciaron los primeros discípulos del
Señor, decidirá dejar bien claro, como san Pablo, que no hay otro tipo de Evangelio y
anunciarles la radicalidad anunciada por Cristo. Yo por mi parte les digo: Si alguien les
anuncia un Evangelio distinto, privado de compromiso, angelista y sin cruz, ese tal, no es
de Cristo.
Oratio
Señor, he recibido la Buena Nueva del Reino de los Cielos, me ha sido anunciada por la
Iglesia que fundaste; yo lo he aceptado como el gran don durante mi paso en este mundo
y como la esperanza del mundo futuro. Guarda con tu Santo Espíritu, esa palabra que me
ha sido dada y dame el privilegio de poder anunciarla adecuada y fielmente a todos los
que me rodean y también a gente que no conozco.
Actio
Hoy buscaré a alguna persona que necesite consuelo y ánimo y le hablaré con sencillez
de mi fe.
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• En su segundo viaje misionero había atravesado Pablo «Frigia y la región de Galacia»


(Hch 16,6), a saber, la región que se extiende en torno a la actual Ankara, y había fundado
allí comunidades cristianas que visitó después en su tercer viaje (Hch 18,23), en los años
53-57 d. C. Lo que propugnaba Pablo es que el creyente se salva en virtud de la fe en
Jesucristo crucificado y resucitado, y no a causa de la sola observancia de la Ley. Ésta -
dirá Pablo- es libertad. Los cristianos judaizantes, no obstante, pretendían adaptar la
práctica del Evangelio a la religión judía y a algunas de sus prácticas (como la circuncisión
y otras prescripciones). También la Iglesia que estaba en Galacia padeció esta «intrusión»
por parte de los judaizantes. Pretendían éstos nada menos que ironizar sobre la autoridad
y la doctrina de Pablo. La reacción del gran convertido de Damasco es vigorosa.
Pablo, dirigiéndose a los «¡gálatas insensatos! ¿Quién os ha fascinado?» (Gal 3,1), expresa
una indignación que no es tanto autodefensa como constatación de que corren el riesgo
de abandonar el Evangelio de Cristo o de contaminarlo, subvertirlo. El tono de esta
perícopa ya es encendido. Estas palabras encendidas persiguen sobre todo obtener que
los gálatas se declaren a favor de Cristo y acojan de modo pleno la única certeza que
cuenta: el Evangelio, tal como les ha sido predicado, el Evangelio del Señor Jesús.
Precisamente porque está convencido hasta el fondo de que se trata de la única alegre
noticia que cuenta, puede declarar Pablo con toda franqueza que con la predicación del
Evangelio no busca agradar a los hombres, sino a Dios. Lo que él ha venido a anunciar es,
en efecto, la Palabra de Dios, recibida por revelación de Jesús y no por enseñanza humana.
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Cuando no se tiene mas que ofrecer para ser compartido que el amor. Gálatas 1,6-
12. En contra de lo que acostumbra, el leccionario ha omitido el comienzo de la epístola
v, por tanto, el saludo de Pablo. Pero logra, de todos modos, recoger la vehemencia del
tono con que Pablo se dirige a los Gálatas, una comunidad establecida en torno a Ancira
(la actual Ankara), en el Asia menor.
¿Por qué esta vehemencia? «Me sorprende, escribe Pablo (la TOB traduce bien la ironía
del pasaje al decir: «Me asombra»), que tan pronto hayáis abandonado al que os llamó
por amor a Cristo y os hayáis pasado a otro Evangelio». Esta sola frase basta para medir
la gravedad de la situación que denuncia el apóstol: es el mismo Evangelio el que está
comprometido.
Pero, ¿qué significa el término «Evangelio» que Pablo y Marcos os utilizan de una forma
tan absoluta? La Buena Nueva, se responderá: pero eso es decir demasiado poco, y las
circunstancias que rodearon a la redacción de Gálatas nos ayudarán a delimitar mejor la
realidad que define esta palabra. De hecho, en la epístola a los Gálatas, Pablo reacciona
contra los ataques procedentes del clan de los judaizantes, es decir, de los judíos
convertidos al cristianismo sin haber medido suficientemente la importancia de la ruptura
que imponía semejante conversión. Para esos cristianos. Cristo no había abolido nada de
la antigua Alianza, sino que había confirmado, por el contrario, la ley y las prácticas judías,
sobre todo la circuncisión. Estos cristianos representaron un peligro real para la Iglesia:
las reglas, que ellos habrían querido ver generalizadas, no sólo habrían frenado la
admisión de los paganos, sino que habrían reducido a la nada la cruz de Cristo. En efecto,
volver a las prácticas judías habría llevado finalmente a devaluar el valor salvífico de la
cruz y, por tanto, del bautismo cristiano. La cuestión quedaba claramente planteada: ¿cuál
es la verdadera fuente de la salvación: la ley o la fe?
Clasificado generalmente como himno, el salmo 110 tiene una estructura alfabética.
Como muchos de sus semejantes, formula algunos principios sapienciales e invita a dar
gracias al Señor por sus obras. Los cristianos lo cantarán haciendo referencia a la obra
por excelencia, la de la cruz.
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No hay reflexion.
www.caminando-con-jesus.org

Los gálatas convertidos a la fe cristiana eran de origen pagano y nunca habían practicado
la religión judía. Pero estaban en comunicación con las otras iglesias, y de ellas, vinieron
estos judíos mal convertidos que, incapaces de enfrentarse con Pablo, se pusieron a
predicar luego de su partida. Los gálatas eran gente entusiasta, sencilla, sin embargo, les
faltaba la constancia.

✞ ✞ ✞ Salmo

Sal 110,1-2.7-8.9.10c
R/. El Señor recuerda siempre su alianza.
Grandes son las obras del Señor, dignas de estudio para los que las aman.
R/. El Señor recuerda siempre su alianza.
Justicia y verdad son las obras de sus manos, todos sus preceptos merecen confianza:
son estables para siempre jamás, se han de cumplir con verdad y rectitud.
R/. El Señor recuerda siempre su alianza.
Envió la redención a su pueblo, ratificó para siempre su alianza, su nombre es sagrado y
temible. La alabanza del Señor dura por siempre.
R/. El Señor recuerda siempre su alianza.

✞ ✞ ✞ Aleluya

Aleluya Jn 13, 34
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
V. Os doy un mandamiento nuevo -dice el Señor-: que os améis unos a otros, como yo os
he amado.
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
✞ ✞ ✞ “Padre, dame tu bendición”: “El Señor esté en tu corazón y en tus labios, para que anuncies
dignamente su Evangelio en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”

✞ ✞ ✞ Lectura del Santo Evangelio según: Lucas 10, 25-37

¿Quién es mi prójimo?
En aquel tiempo,
25 se levantó un maestro de la Ley y le dijo para tenderle una trampa: -Maestro, ¿qué
debo hacer para alcanzar la vida eterna?
26 Jesús le contestó: -¿Qué está escrito en la ley? ¿Qué lees en ella?
27 El maestro de la Ley respondió: -Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con
toda tu alma, con todas tus fuerzas y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo.
28 Jesús le dijo: -Has respondido correctamente. Haz eso y vivirás.
29 Pero él, queriendo justificarse, preguntó a Jesús: -¿Y quién es mi prójimo?
30 Jesús le respondió: -Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó y cayó en manos de unos
salteadores que, después de desnudarlo y golpearlo sin piedad, se alejaron dejándolo
medio muerto.
31 Un sacerdote bajaba casualmente por aquel camino y, al verlo, se desvió y pasó de
largo.
32 Igualmente, un levita que pasó por aquel lugar, al verlo, se desvió y pasó de largo.
33 Pero un samaritano que iba de viaje, al llegar junto a él y verlo, sintió lástima.
34 Se acercó y le vendó las heridas, después de habérselas curado con aceite y vino;
luego, lo montó en su cabalgadura, lo llevó al mesón y cuidó de él.
35 Al día siguiente, sacando dos denarios, se los dio al mesonero, diciendo: «Cuida de él,
y lo que gastes de más te lo pagaré a mi vuelta».
36 ¿Quién de los tres te parece que fue prójimo del que cayó en manos de los salteadores?
37 El otro contestó: -El que tuvo compasión de él. Jesús le dijo: -Vete y haz tú lo mismo.
PALABRA DEL SEÑOR. R/ GLORIA A TI, SEÑOR JESÚS.

✞ ✞ ✞ “Que por el Evangelio sean perdonados nuestros pecados veniales”

Del Papa Francisco, Ángelus, 10-julio-2016


¿Nuestra fe es fecunda? ¿Nuestra fe produce obras buenas? ¿O es más bien estéril, y por
tanto, está más muerta que viva? ¿Me hago prójimo o simplemente paso de lado? ¿Soy
de aquellos que seleccionan a la gente según su propio gusto? Está bien hacernos estas
preguntas y hacérnoslas frecuentemente, porque al final seremos juzgados sobre las obras
de misericordia. El Señor podrá decirnos: Pero tú, ¿te acuerdas aquella vez, por el camino
de Jerusalén a Jericó? Aquel hombre medio muerto era yo. ¿Te acuerdas? Aquel niño
hambriento era yo. ¿Te acuerdas? Aquel emigrante que tantos quieren echar era yo.
Aquellos abuelos solos, abandonados en las casas para ancianos, era yo. Aquel enfermo
solo en el hospital, al que nadie va a saludar, era yo.

1 Contexto. La palabra se ilumina.


www.sanJeronimo.Brown,Fitzmyer,Murphy

La misión cristiana y la observancia de la ley (10,25-37). Este pasaje tiene dos


caras. Por una, da una lección magistral sobre la misericordia hacia los necesitados; por
otra, anuncia que los no judíos pueden también observar la ley y entrar, por tanto, en la
vida eterna.
Este relato de controversia consta de los siguientes elementos: 10,25, pregunta de un
maestro de la ley; 10,26, contrapregunta de Jesús; 10,27, respuesta del maestro de la
ley; 10,28, mandato de Jesús; 10,29, nueva pregunta del maestro de la ley; 10,30-36,
contrapregunta de Jesús, que contiene la parábola del buen samaritano; 10,37a,
respuesta del maestro de la ley; 10,37b, mandato de Jesús.
Parábola del buen samaritano (10,25-37). Prosigue el tema de la condición de
discípulo con una pregunta planteada por un legista que pregunta a Jesús cómo puede
lograrse la salvación. La respuesta de Jesús indica cuál ha de ser la conducta del verdadero
discípulo: la de los sabios y prudentes (no precisamente la de los instruidos en la Ley) y
la de los humildes; recuérdese 10,21-22. 25-28. En la escena inicial Lucas depende de Mc
12,28-34, porque omitirá este relato más adelante (en 20,40). El que habla es un fariseo
en Mt, un escriba en Mc y un legista en Lc. En Mc y Mt pregunta acerca del gran
mandamiento de la Ley, pero en Lc, cuyos lectores pagano-cristianos no están tan
absolutamente preocupados por la Ley, pregunta por «la vida eterna».
25. Para probarlo: Parece que el jurista ha oído lo que Jesús acaba de decir sobre la
misión cristiana en 10,1-24. La prueba tiene que ver con la función de la ley de Dios en la
salvación proclamada por los misioneros. Lucas da dos respuestas: la ley sigue siendo
válida; los no judíos que observen la ley heredarán la vida eterna. Posteriormente, en
18,18-30, Lucas ofrecerá una respuesta más específicamente cristiana a la misma
pregunta sobre la herencia de la vida eterna. Sobre esta doble visión lucana de la ley, cf.
Wilson, Luke and the Law (-. 58 supra).
26. Como Lucas ha cambiado la situación inicial, la respuesta de Jesús tiene escaso
sentido; ha de entenderse sobre el trasfondo del contexto de Mc.
27. Amarás al Señor: La respuesta combina aquí Dt 6,4 y Lv 19,18, como en T. Isacar
(5,2; 7,5).
28. Jesús confirma la validez de la ley para la salvación y subraya la importancia de
cumplir (cf., también, w. 25.36) los dos mandamientos. El comentario de Jesús recuerda
Lv 18,5 (cf. Gal 3,12; Rom 10,5).
29. prójimo: La pregunta del jurista procede de los debates sobre quién pertenece al
pueblo de Dios, y, por tanto, hay que amarlo como un prójimo.
El legista quisiera que el «prójimo» a que se refiere el mandamiento quedara más definido,
para asegurarse más con vistas a poseer la vida eterna. La respuesta de Jesús mediante
esta parábola implica un caso extremo: compara el fallo de los ministros de Dios con el
olvido de sí mismo que manifiesta el odiado samaritano, con lo que sus oyentes podrán
entender que el mandamiento del amor no conoce límites (así, J. Jeremías, Parábolas,
249).
30-35. La contrapregunta de Jesús en el v. 36 se introduce extensamente por esta famosa
historia ejemplar, cuyo objetivo es detener la atención del lector para obligarlo a imitar el
comportamiento de un paria, de un samaritano.
30. bajando de Jerusalén a Jericó: El verbo expresa la gran bajada que suponía este
viaje; Jerusalén se halla a 760 metros sobre el nivel del mar, mientras que Jericó está a
250 metros bajo el nivel del mar.
Bandidos: El término griego (lestes) es el mismo que se aplica a Barrabás (Jn 18,40) y a
los «bandidos» crucificados con Jesús (Me 15,27).
Un sacerdote... un levita: Estos dos destacados representantes de la observancia de la
ley no ayudan al hombre que había sido totalmente despojado y se encontraba
aparentemente muerto, por temor a contaminarse.
Un sacerdote: Un representante de los dirigentes religiosos del pueblo.
32. un levita: Un asistente del templo. ¿Temían acercarse al nombre pensando que
estaba muerto y que por ello podría ser causa de impureza ritual?
33. un samaritano: Una de aquellas personas con las que Jesús no trataba
habitualmente (Jn 4,9). En el curso de la parábola, el que posee el secreto de la vida
eterna resulta ser este extranjero que no tiene los conocimientos ni la preocupación por
su propia seguridad del legista, carente además de la dignidad y la categoría del estado
sacerdotal y levítico.
Movido a compasión: Su amor es espontáneo y no se preocupa de la Ley; es amor
desinteresado, tierno, personal y eficaz.
36. ¿quién... fue prójimo...?: La pregunta de Jesús da la vuelta a la del jurista: No
preguntes quién pertenece al pueblo de Dios para que merezca mi amor como prójimo
suyo, sino pregunta, más bien, cuál es el comportamiento que incumbe a un miembro del
pueblo elegido por Dios.
37. el que practicó misericordia: El jurista no se atreve a decir «samaritano». Porque
practicó la ley, el marginado samaritano muestra que es realmente un prójimo, un
miembro del pueblo de Dios, heredero de la vida eterna. Cf. G. Sellin, ZNW 65 (1974)
166-89; 66 (1975) 19-60.
Esta es la definición del prójimo. El legista no puede ni tan siquiera pronunciar el nombre
de «samaritano».
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• Tras el discurso sobre la misión, he aquí ahora algunos rasgos fundamentales del
verdadero discípulo: ayudar al prójimo que se encuentra en dificultades (el buen
samaritano), el primado de la escucha de la Palabra (Marta y María), la oración esencial
(el padrenuestro). Éstas son las tres lecturas que el leccionario nos presenta para estos
días.
La parábola de hoy aclara el segundo mandamiento, «semejante al primero». Al escriba
que le pregunta, en el plano teórico, quién es el prójimo, Jesús le responde dándole la
vuelta (y dándole concreción) a la pregunta: ¿quién de nosotros es verdaderamente
prójimo de los otros? El problema no consiste en saber quién es mi prójimo, a qué
nacionalidad, raza, color, religión, partido, sindicato o formación pertenece; la cuestión
versa sobre mi actitud respecto a él, como muestra el samaritano, que no le pidió el
documento de identidad al malaventurado, sino que le socorrió inmediatamente.
Esta parábola ha sido objeto de innumerables comentarios y glosas, que van desde la
insuficiencia de una religión preponderantemente ritual, representada por el
comportamiento del sacerdote y el levita, a la necesidad de una caridad sin límites con
todos. La lección que procede de un extranjero, oficialmente poco recomendable, sacude
la conciencia cristiana y nos sigue diciendo a ti y a mí: «Vete y haz tú lo mismo» (v. 37).
Al mismo tiempo, se trata de una lección cristológica de importancia capital: el samaritano
es icono transparente del misterio del Nazareno, que se hizo prójimo de cada hombre y
de sus heridas cargando sobre sí sus miserias y preocupándose por sus debilidades.
www.evangeliodeLucas.GiorgioZevini

La parábola del samaritano compasivo, una de las perlas del evangelio de Lucas, esta
engastada en el célebre diálogo sobre el mandamiento más importante de la ley. Lucas la
introduce, verdaderamente, con una pregunta formulada de este modo: « ¿Qué debo
hacer para alcanzar la vida eterna?, es decir, para alcanzar la salvación más alla de la
muerte y entrar en el paraíso. Jesus invita a su interlocutor a que se dé el mismo la
respuesta, ya que es un experto en la Torá. El maestro de la ley cita, de hecho, el texto
del Deuteronomio que todo buen judío recita cada día en su Oracion (Dt 6,5), y le añade
un pasaje del Levítico (Lv 19,18), en el que los rabinos velan una norma ética
fundamental. El cuadrinomio «corazón, alma, fuerza, mente» expresa la totalidad del
ser humano, comprometido en cuerpo y alma en adherirse a Dios y a su voluntad. Así
pues, el Antiguo Testamento contiene ya los dos preceptos -el amor a Dios y el amor al
prójimo- que Jesus suscribe plenamente, limitándose a añadir: «Haz eso y vivirás» (v.
28). Dicho con otras palabras: no basta con conocer la voluntad de Dios, sino que es
preciso ponerla en práctica.
El maestro de la ley plantea una nueva pregunta para demostrar que la cuestión es más
complicada de lo que parece a primera vista. « ¿Y quién es mi prójimo?» (v. 29): ¿solo
los que pertenecen a mi pueblo o también los forasteros? Jesus le responde con un ejemplo
concreto. En la historia del viajero malaventurado al que los salteadores abandonan medio
muerto, existe un claro contraste entre la indiferencia del hombre «piadoso» (el sacerdote
y el levita) y la compasión de un extranjero, al que normalmente se considera enemigo
de los judíos (el samaritano).
El relato de Jesus es provocador: para hacer comprender quien es el «prójimo» pone como
ejemplo no a personas que se encuentran en la cima de la escala religiosa, sino la figura
de un extranjero odiado. Es un samaritano el que enseña quien es el prójimo, y lo enseña
con hechos. La nueva contrapregunta de Jesús invierte los términos de la cuestión
planteada por el maestro de la ley: no se trata de definir de una manera abstracta quien
es y quien no es el prójimo, sino de hacerse próximo a quien se encuentra en necesidad,
sea quien sea, sin exclusiones. El maestro de la ley lo ha comprendido bien. Jesus concluye
dirigiéndose de una manera implícita al lector del evangelio: «Vete y haz tú lo mismo» (v.
37).
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En esta lección del Evangelio, el abogado le contesta a Jesús diciendo que dos cosas son
necesarias para heredar la vida eterna – amar a Dios y amar al prójimo (v. 27). Varios
eruditos han encontrado una conexión entre la parábola del Buen Samaritano (vv. 29-37)
y la historia que sigue de Marta y María (vv. 38-42). La parábola demuestra lo que significa
amar al prójimo, y la historia de Marta y María demuestra lo que significa amar a Dios.
Bock va un paso más allá al unir la enseñanza de Jesús sobre la oración (11:1-13) con
estas historias. Solo a través de una profunda relación con Dios, alentada por oración,
podemos amar a Dios y al prójimo. “Ética no es una cuestión abstracta llena de opciones
para cada situación; sino que es cuestión de carácter, desarrollado al caminar con Dios,
enfocado en Jesús” (Bock, 195).
2 Reflexión. ¿Qué nos dice Dios en el Texto? La palabra me ilumina.
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Lucas 10:25-26. ¿Haciendo qué cosa?


Marcos 12:28-34 y Mateo 22:34-40 se paralelan a este texto de Lucas. Mateo y Lucas
dicen que el abogado simplemente estaba probando a Jesús, mientras que Marcos no
menciona esto. Marcos pone a Jesús en posición de alojar al abogado, diciéndole “No estás
lejos del reino de Dios.” Solo Lucas utiliza la historia del abogado para presentar la
parábola del Buen Samaritano.
El entrenamiento del abogado está en el Tora. Ha pasado mucha de su vida preguntando
y contestando preguntas de la ley. Su manera de expresarse a través de preguntas y
repuestas puede parecer hostil, pero también puede llevar a una amigable discusión,
mucho como los atletas que prueban sus técnicas unos con otros. Quizá el abogado ya ha
sobrepasado toda la competición local y está ansioso de probarse a sí mismo contra este
nuevo Rabí. Jesús les acaba de decir a sus discípulos, “Bienaventurados los ojos que ven
lo que vosotros veis: Porque os digo que muchos profetas y reyes desearon ver lo que
vosotros veis, y no lo vieron; y oír lo que oís, y no lo oyeron” (vv. 23-24). Ahora, el
abogado quiere ver si uno que habla tan grandiosamente puede contestar una simple
pregunta (Culpepper, 227).
“¿Haciendo qué cosa poseeré la vida eterna?” (v. 25). El uso de la palabra “poseer”
es interesante. El control de una herencia está en manos del que la da – no en manos del
que la recibe. Dios le prometió a Israel que heredaría la Tierra Prometida (Lev. 20:24), y
todos comprendieron que la herencia era un regalo. Sin embargo, es posible que una
persona ofenda a su benefactor y pierda la herencia. También es posible dejar una
impresión favorable sobre un benefactor y ganarse la herencia. El abogado pregunta que
es lo que tiene que hacer para impresionar favorablemente a Dios y así ganarse la herencia
de la vida eterna.
Craddock cuestiona lo que pasa en este intercambio entre Jesús y el abogado. Explica que
el abogado hizo su pregunta, no para entender mejor, sino para ganar ventaja sobre
Jesús. Craddock concluye que esto no es “una práctica del reino” (Craddock, 150).
Hay una lección aquí para nosotros. Estamos tentados a mejorar nuestro testimonio hacia
los que no asisten a la iglesia aprendiendo las respuestas para cada pregunta. Sin
embargo, esto nos tienta a entrar en una lucha verbal – inefectiva, lo más probable.
Nuestro testimonio depende menos de respuestas astutas que de amor. Si
verdaderamente amamos a Dios, al prójimo, y a nosotros mismos, entonces, como sugiere
este texto, nuestro prójimo se sentirá atraído por nuestro amor.
“¿Qué está escrito de la ley? ¿Cómo lees?” (v. 26). La pregunta de Jesús le devuelve
el reto al abogado. “¡Tú eres el experto!” ¡Has pasado la vida estudiando la ley! ¡Dímelo
tú a mí! La respuesta de Jesús también sirve para dirigir la discusión hacia las escrituras,
fundamento de la vida judía, y afirma la lealtad de estas escrituras para guiarnos por el
buen camino.
Lucas 10:27-28. Amarás al Señor – y a tu prójimo como a ti mismo.
La respuesta del abogado viene de dos escrituras: “Y Amarás á Jehová tu Dios de todo tu
corazón, y de toda tu alma, y con todo tu poder” (Deuteronomio 6:5) y “más amarás a tu
prójimo como a ti mismo” (Lev. 19:18). El pasaje de Deuteronomio es parte del Shema,
que judíos repiten dos veces al día. Por lo tanto, no nos debe sorprender que se encuentre
en los pensamientos del abogado.
Las calificaciones de versículo 27 difieren un poco entre los Evangelios. En Lucas, Jesús
dice, “Amarás al Señor tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y de todas tus
fuerzas, y de todo tu entendimiento.” Marcos utiliza las mismas calificaciones, poniendo
al revés las últimas dos (corazón, alma, entendimiento, fuerza). Mateo usa solo tres
(corazón, alma, y entendimiento). “Sean tres o sean cuatro, la importancia de estas
calificaciones es plantar la bandera de la soberanía de Dios sobre la vida entera… Ninguna
parte de nosotros debe ser guardada del alcance de Dios” (Culpepper, 227).
Jesús podría decirle al abogado que la salvación no es cuestión de hacer, sino cuestión de
la gracia de Dios. Sin embargo, él dice, “haz esto, y vivirás” (v. 28) y “ve, y haz tú lo
mismo” (v. 37). De esta manera, refuerza el entendimiento del abogado que sus acciones
son importantes para su salvación. Sin embargo, los dos mandamientos que el abogado
ha citado, requiriéndole amar a Dios y al prójimo sin límites, son de esencia tan global
que él no puede, en sinceridad, decir que los guarda – ni podemos decirlo nosotros. Es
importante mantener estos dos mandamientos de la manera más fiel pero, al final,
estamos a la merced de Dios.
“La llamada de Jesús hacia el amor se representa mejor en la propia pasión que Jesús
tiene hacia Dios, su intimidad con Dios, y su fidelidad a Dios; igual que su pedido de amar
al prójimo se representa mejor en la vida de este amigo de recaudadores de impuestos y
pecadores” (Nolland).
Estos mandamientos llaman a un amor hacia Dios y prójimo, pero también reconocen un
tercer amor – el amor propio. El segundo mandamiento da por hecho que nos importamos
a nosotros mismos y nos pide que tengamos el mismo nivel de amor hacia nuestro prójimo
– que estemos tan preocupados por el bienestar del prójimo como lo estamos por nosotros
mismos. Nos llama a calcular de nuevo los límites entre “nosotros y ellos” – agrandar
nuestro círculo para que solo haya un “nosotros.”
“Bien has respondido: haz esto, y vivirás” (v. 28). El abogado es erudito de la ley y sabe
lo que requiere. Empezó a cuestionar a Jesús preguntándole qué es lo que debe hacer
para ganarse la vida eterna. Ahora, Jesús le dice que debe hacer lo que él ya sabe.
Entonces, vivirá.
Lucas 10:29. ¿Y quién es mi prójimo?
Ésta es una pregunta práctica presentada por un hablador hábil que quiere “justificarse”
– quiere ganarse unos puntos en el debate. ¿Cómo puede él obedecer el segundo
mandamiento sin saber quién es su prójimo? Es el tipo de pregunta que los Rabíes discuten
sin cesar. Tal debate a veces representa una auténtica devoción a la ley, pero fácilmente
se puede deteriorar en un ejercicio académico. Al continuamente debatir la ley, uno puede
aplazar el tener que observarla.
En la superficie, el abogado pregunta a quién debe amar. Sin embargo, a un nivel más
profundo, le está pidiendo a Jesús que defina los límites. De esta manera sabrá quién no
se le requiere amar. Si determina quién es su prójimo, también sabrá quién no es su
prójimo.
Mientras que en el Antiguo Testamento hay un fuerte énfasis en la separación de Israel
de las gentes a su alrededor (véase Deuteronomio 7), el mismo capítulo que requiere
amar al prójimo también dice, “Como a un natural de vosotros tendréis al extranjero que
peregrinare entre vosotros; y ámalo como a ti mismo; porque peregrinos fuisteis en la
tierra de Egipto: Yo Jehová vuestro Dios” (Lev. 19:34). Esto amplía bastante la definición
del prójimo, un hecho que el abogado sabe bien. Sin embargo, lo que no se puede imaginar
es lo lejos que Jesús llevará esta definición.
Lucas 10:30-37. La historia de un prójimo.
Jesús podría decir, “Todos son tus prójimos.” En vez, cuenta una historia que nos alienta
a fijarnos más en el prójimo que se encuentra al otro lado de la verja, que en la verja
misma. Cuando fijamos los ojos en la verja, no vemos claramente a nuestro prójimo. Sin
embargo, cuando miramos a nuestro prójimo, apenas podemos ver la verja.
La historia de Jesús puede tener sus raíces en 2 Crónicas 28:5-15. En esa historia,
samaritanos rescataron judíos que habían sido derrotados en batalla, les alimentaron, les
vistieron, les ungieron, y les llevaron a sus hogares en Jericó – mucho como el samaritano
hará por el viajero en la parábola de Jesús.
Ladrones le dejaron medio muerto.
Jesús nos dice poco del viajero que se convierte en la víctima de ladrones. No sabemos si
es judío, samaritano, o extranjero. No conocemos el propósito de su visita a Jerusalén ni
la esencia de su trabajo en Jericó.
Jerusalén está situada en terreno montañoso, y el camino a Jericó es curvo y rocoso,
bajando más de 3,000 pies de altura en solo 17 millas. Tal terreno provee ladrones con la
oportunidad de emboscar al viajero y de tener rutas fáciles de escape. Siempre que sea
posible, gente viaja en grupos por estos caminos. Al viajar solo, este hombre tomó un
riesgo y pagó un alto precio por su decisión. El samaritano, sin embargo, no se pregunta
si el viajero mismo se causó el problema, sino que se detiene para ayudarle. Solemos
agrupar gente necesitada en dos categorías, los que merecen, y los que no merecen. Esto
nos da la flexibilidad de poder excusarnos a nosotros mismos al momento de tener que
ayudar a los que no lo merecen. El ser cristiano, sin embargo, se trata de ayudar a los
que no lo merecen (Romanos 5:8).
“Le despojaron” (v. 30). Sería posible para los transeúntes determinar algo de la
identidad del hombre caído según su ropa o su manera de hablar, pero los ladrones le han
despojado de su ropa y le han dejado inconsciente. Por lo tanto, le han dejado
irreconocible. Transeúntes quizá se detuvieran más rápidamente si pudieran identificar al
hombre como miembro de su grupo, pero no pueden hacer eso (Bailey, Through Peasant
Eyes, 42-43).
Lucas 10:31-32. Pasaron de un lado.
Esperamos compasión de los clérigos y damos por hecho que el sacerdote y el levita
ayudarán, pero pasan al hombre de un lado. Jesús no dice porque no se detienen:
• Quizá estén en camino a cumplir con servicios religiosos – excepto que Jesús dice que
el sacerdote “descendió por aquel camino” (v. 31) – “descendió” en dirección a Jericó en
vez de subir hacia Jerusalén. Sacerdotes cumplen su trabajo en el templo un período de
tiempo y después regresan a su hogar. Este sacerdote estaría camino a casa, y no
presidiría en el templo por algún tiempo.
• Quizá estén disgustados por lo que ven y prefieren no ensuciarse las manos y la ropa.
Esta razón es tan trivial que nos inclinamos a no considerarla, pero muchas personas han
pasado de largo por esta misma razón.
• Quizá teman que la víctima esté muerta. Cualquier judío que toca un cuerpo muerto es
considerado inmundo por siete días (Num. 19:11), y debe pasar por una ceremonia de
purificación al tercer y séptimo día para no ser rechazado por la asamblea (Num. 19:13,
20). Un sacerdote o levita inmundo queda prohibido de cumplir sus responsabilidades en
el templo hasta ser purificado – la ley especifica ciertas responsabilidades sacerdotales
que pueden dejar al sacerdote y a su asistente inmundos por una temporada – así,
sacerdotes y levitas inmundos no son algo fuera de lo común (véase Num. 19:1-10ª, esp.
v. 7). Sin embargo, la ley que prohíbe que un sacerdote toque un cuerpo muerto se
expresa en términos exactos; “Ni entrará donde haya alguna persona muerta, ni por su
padre, o por su madre se contaminará” (Lev. 21:11). El levita, sin embargo, tiene más
flexibilidad aquí. Aunque él también, quedará inmundo si toca un cuerpo muerto, las
consecuencias son menos severas para él que para el sacerdote.
• Quizá tengan miedo, pensando que el hombre ha sido puesto ahí para hacerles caer en
una emboscada. Las heridas del hombre caído verifican la presencia de ladrones. Por eso,
una emboscada es muy posible. El sacerdote, levita, y samaritano tienen razón al
preocuparse por su seguridad.
• Quizá estén sobrellevados por la logística de transportar a un hombre herido a través
de las montañas y encontrarle ayuda en el próximo pueblo. Mucha gente se encontraba
en este tipo de viaje, lo que haría imposible que ellos transportaran al hombre. Sin
embargo el sacerdote, como miembro de la clase alta, seguramente va montado y, por lo
tanto, tiene como transportarle (Bailey, 43). Jesús nos dice que el samaritano pone al
hombre sobre su propio animal, lo que significa que él también tiene como transportarle.
No sabemos si el levita va montado o no.
• Quizá el levita ve al sacerdote pasar, y queda influenciado por su ejemplo.
Cualesquiera que sean sus razones, la historia de Jesús demuestra que “ser bueno en
sentido legal no es lo mismo que amar a Dios o amar al prójimo, cosas que el abogado
mismo acaba de decir son necesarias para la salvación” (Steven Hoyer y Patrice McDaniel,
Journal of Psychology and Theology, citado en Sweet, 8).
Haríamos bien, sin embargo, en no demonizar al sacerdote o al levita. Jesús no escogió al
sacerdote ni al levita porque eran los peores, sino porque eran los mejores. Si fuera gente
terrible la historia perdería su fuerza. También, haríamos bien en recordar las numerosas
y buenas razones por las que pasamos de un lado. Nosotros también tenemos
responsabilidades urgentes que no nos permiten demorarnos. Nosotros tampoco
queremos ensuciarnos. Nosotros también tenemos miedo de pasar por una carretera
desierta y ayudar a un desconocido. Nosotros también nos encontramos sobrellevados por
la logística de ayudar a los necesitados. Estas preocupaciones son muy reales, y debemos
reconocerlas como tal.
Lucas 10:33-35. Un samaritano fue movido a misericordia.
“Más un Samaritano” (v. 33). Recientemente, una aldea samaritana rehusó recibir a
Jesús “porque era su traza de ir a Jerusalén” (9:53). Ahora Jesús tiene la oportunidad de
vengarse – de hacer al samaritano el culpable de una historia que será contada una y otra
vez a lo largo del tiempo. Pero como veremos, hará lo contrario.
La estilística narrativa de la época hace que el tercer personaje en una serie de tres rompa
la norma establecida por el primer y segundo personaje. Esta historia se conforma a esa
norma, pero la progresión natural sería sacerdote, levita, israelita. Jesús hace una historia
completamente diferente al escoger al samaritano como la persona que rompe la norma
(Culpepper, 229).
Judíos consideran a samaritanos como gente de media raza – casados con paganos –
contaminados – gente que no merece servir a Dios. Judíos evitan contacto con
samaritanos siempre que sea posible y les consideran aún peor que paganos. Al fin y al
cabo, los samaritanos estaban incluidos en la promesa, pero no se valoraron lo suficiente
para mantenerse puros. Además, samaritanos se oponían a la reconstrucción del templo
(Ezra 4:2-5 y Neh. 2:19), y establecieron un templo rival en el Monte de Gerizim.
“Inmundos por ceremonia, socialmente expulsados, y heréticos en cuestiones religiosas,
el samaritano es lo contrario del abogado tanto como el sacerdote y el levita. La historia
habría sorprendido a sus primeros oyentes, destrozando las categorías de quienes son y
no son del pueblo de Dios” (Craddock, 150-151).
Igual que sabemos poco acerca de la víctima, sabemos poco acerca del samaritano. Solo
sabemos que está dispuesto a ayudar aunque se encuentre en territorio judío entre gente
que no se inclinaría a ayudarle a él en circunstancias parecidas.
“Y viéndole” (v. 33). Ésta es la primera de las acciones de redención del samaritano –
ve al hombre herido. No separa la vista. No ve al hombre herido como un pedazo de carne
asquerosa y sin esperanzas. Ve al hombre y, como veremos, siente su dolor.
“Fue movido a misericordia” (griego: esplanchnisthe – movido por compasión hasta la
profundidad de sus entrañas) (v. 33). Cuando nosotros decimos ‘corazón,’ judíos a
menudo decían ‘entrañas.’ En particular, hablaban de las entrañas del amor y la
compasión. Como con nosotros, estos son sentimientos que vienen de muy adentro. No
son pensamientos fríos; nacen en lo más profundo de nuestro ser, y cuando son
arrancados, expulsados o expresados, nos alegramos o agonizamos” (Burghardt, 106-
107).
“Echándoles aceite y vino” (v. 34). Aceite y vino no solo se utilizan para curar heridas,
sino que también se usan en la alabanza judía. El sacerdote y el levita, que manejan aceite
y vino en el templo, fallan al no aplicárselos al hombre que encuentran por el camino para
aliviar su sufrimiento. “Es el samaritano odiado el que vierte el aceite y el vino sobre el
altar de las heridas de este hombre… Es el samaritano el que vierte la verdadera ofrenda
aceptable a Dios” (Bailey, Through Peasant Eyes, 50).
El samaritano trata las heridas del hombre, de alguna manera le pone sobre su animal, y
le transporta al hostal más cercano. Al dueño del hostal le da dos denarios, que
constituyen dos días de paga para un obrero (Mateo 20:2), y promete reembolsarle por
cualquier gasto adicional. Su generosidad hacia la víctima nos da tranquilidad en su
promesa de pagar cualquier gasto adicional.
Las acciones del samaritano reversan las de los ladrones. Robaron al hombre, le dejaron
por muerto, y le abandonaron. El samaritano paga por el hombre, le deja en buenas
manos, y promete regresar (Bailey, Through Peasant Eyes, 53).
Lucas 10:36-37. ¿Quién pues fue el prójimo?
De nuevo Jesús le devuelve la pregunta al abogado. El abogado ni siquiera se atrevía a
decir “el samaritano,” sino que solo contestó, “El que usó con él de misericordia.” Su
respuesta revela que él todavía no está listo para aceptar al samaritano como su prójimo.
En este intercambio, Jesús nos ayuda a definir la palabra prójimo, no en cuestión de
límites, sino en cuestión de relaciones y necesidades humanas. Los límites de amistad
entre prójimos vienen, no de fuera, sino de dentro. Podemos ser prójimo para cualquiera
que nos acepte como tal. La persona necesitada es el mejor candidato para ser nuestro
prójimo, porque es más probable ser aceptados por una persona que necesita nuestra
ayuda. El samaritano está dispuesto a ser el prójimo del hombre herido, y el hombre
herido está dispuesto a aceptar su ayuda. Puede ser que ése no hubiera sido el caso si no
hubiera estado herido.
Hay ironía aquí. La preocupación con pureza religiosa previene al sacerdote y al levita
de actuar como prójimos hacia el hombre caído pero el samaritano, considerado inmundo
por judíos, cumple con la ley (Lev. 19:18). “La ironía es intensificada por el mandato de
Jesús que dice que el experto de la ley debe seguir el ejemplo del samaritano” (Evans,
176-177).
“Entonces Jesús le dijo: Ve, y haz tú lo mismo” (v. 37b). Después de la primera
respuesta del abogado, Jesús dijo, “haz esto, y vivirás” (v. 28). Después de la segunda
respuesta del abogado, Jesús dice, “Ve, y haz tú lo mismo” (v. 36). En el primer caso,
Jesús incluyó la promesa que el abogado encontraría la vida. En el segundo caso, no hace
ninguna promesa. El samaritano no calculó su recompensa. “Uno que demuestra
misericordia para ganarse recompensa, por lo tanto, no estaría haciendo ‘lo mismo.’”
(Culpepper, 230).
Jesús ya está haciendo lo mismo. Es despreciado (Isaías 53:3) igual que el samaritano es
despreciado. Jesús, sin embargo, sana los enfermos y se sacrifica a sí mismo para salvar
a los pecadores. Él es la encarnación de la persona que nos llama ser.
¿Con quién nos identificamos en esta parábola? Algunos se sienten como el hombre herido
en la parábola, y estarían felices de tener a un Buen Samaritano que les trajera alivio.
Otros se identifican con el samaritano. Yo, personalmente, me identifico con el sacerdote
y el levita. Trato de hacer lo correcto, pero la necesidad humana es tan abrumadora que
estoy tentado a pasar de largo por el otro lado.
www.ocarm.org

Oración inicial
Dios todopoderoso y eterno, que con amor generoso desbordas los méritos y deseos de
los que te suplican; derrama sobre nosotros tu misericordia, para que libres nuestra
conciencia de toda inquietud y nos concedas aun aquello que no nos atrevemos a pedir.
Por nuestro Señor.
Del Evangelio según Lucas 10,25-37
Reflexión
• El evangelio de hoy nos presenta la parábola del Buen Samaritano. Meditar una parábola
es lo mismo que profundizar en la vida, para descubrir en ella los llamados de Dios. Al
descubrir el largo viaje de Jesús hacia Jerusalén (Lc 9,51 a 19,28), Lucas ayuda a las
comunidades a comprender mejor en qué consiste la Buena Nueva del Reino. Lo hace
presentando a personas que vienen a hablar con Jesús y le plantean preguntas. Eran
preguntas reales de la gente al tiempo de Jesús y eran también preguntas reales de las
comunidades del tiempo de Lucas. Así, en el evangelio de hoy, un doctor de la ley
pregunta: "¿Qué he de hacer para tener en herencia vida eterna?" La respuesta, tanto del
doctor como de Jesús, ayuda a comprender mejor el objetivo de la Ley de Dios.
• Lucas 10,25-26: "¿Qué he de hacer para tener en herencia vida eterna?" Un
doctor, conocedor de la ley, quiere provocar la pregunta: "¿Qué he de hacer para tener
en heredad vida eterna?" El doctor piensa que tiene que hacer algo para poder heredar.
El quiere garantizarse la herencia por su propio esfuerzo. Pero una herencia no se merece.
La herencia la recibimos simplemente por ser hijo o hija. ”Así, pues, ya no eres esclavo,
sino hijo, y tuya es la herencia por gracia de Dios”. (Gal 4,7). Como hijos y hijas no
podemos hacer nada para merecer la herencia. ¡Podemos perderla!
• Lucas 10,27-28: La respuesta del doctor. Jesús responde con una nueva
pregunta: “¿Qué está escrito en la Ley?" El doctor responde correctamente. Juntando
dos frases de la Ley, él dice: "Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu
alma, con todas tus fuerzas y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo." La
frase viene del Deuteronomio (Dt 6,5) y del Levítico (Lev 19,18). Jesús aprueba la
respuesta y dice: "¡Haz esto y vivirás!" Lo importante, lo principal, ¡es amar a Dios! Pero
Dios viene hasta mí, en el prójimo. El prójimo es la revelación de Dios para conmigo. Por
esto, he de amar también a mi prójimo con todo mi corazón, con toda mi alma, con toda
mi fuerza y con todo mi entendimiento.
• Lucas 10,29: "¿Y quién es mi prójimo?" Queriendo justificarse, el doctor pregunta:
"¿Y quién es mi prójimo?" El quiere saber para él:"¿En qué prójimo Dios viene hasta mi?"
Es decir, ¿cuál es la persona humana prójima a mí que es revelación de Dios para mi?
Para los judíos, la expresión prójimo iba ligada al clan. Aquel que no pertenecía al clan,
no era prójimo. Según el Deuteronomio, podían explotar al “extranjero”, pero no al
“prójimo” (Dt 15,1-3). La proximidad se basaba en lazos de raza y de sangre. Jesús tiene
otra forma de ver, que expresa en la parábola del Buen Samaritano.
• Lucas 10,30-36: La parábola:
a) Lucas 10,30: El asalto por el camino de Jerusalén hacia Jericó. Entre Jerusalén
y Jericó se encuentra el desierto de Judá, refugio de revoltosos, marginados y asaltantes.
Jesús cuenta un caso real, que debe haber ocurrido muchas veces. “Bajaba un hombre de
Jerusalén a Jericó y cayó en manos de salteadores que, después de despojarle y darle una
paliza, se fueron, dejándole medio muerto.”
b) Lucas 10,31-32: Pasa un sacerdote, pasa un levita. Casualmente, pasa un
sacerdote y, acto seguido, un levita. Son funcionarios del Templo, de la religión oficial.
Los dos vieron al hombre asaltado, pero pasaron adelante. ¿Por qué no hicieron nada?
Jesús no lo dice. Deja que nosotros supongamos o nos identifiquemos. Tiene que haber
ocurrido varias veces, tanto en tiempo de Jesús, como en tiempo de Lucas. Hoy también
acontece: una persona de Iglesia pasa cerca de un hombre sin darle ayuda. Puede que el
sacerdote y el levita tengan una justificación: "¡No es mi prójimo!" o: "El es impuro y si
lo toco, ¡yo también quedo impuro!" Y hoy: "¡Si ayudo, pierdo la misa del domingo, y peco
mortalmente!"
c) Lucas 10,33-35: Pasa un samaritano. Enseguida, llega un samaritano que estaba
de viaje. Ve, es movido a compasión, se acerca, cuida las llagas, le monta sobre su
cabalgadura, le lleva a la hospedería, da al dueño de la hospedería dos denarios, el sueldo
de dos días, diciendo: "Cuida de él y si gastas algo más te lo pagaré cuando vuelva." Es
la acción concreta y eficaz. Es la acción progresiva: llevar, ver, moverse a compasión,
acercarse y salir para la acción. La parábola dice "un samaritano que estaba de viaje".
Jesús también iba de viaje hacia Jerusalén. Jesús es el buen samaritano. Las comunidades
deben ser el buen samaritano.
• Lucas 10,36-37: ¿Quién de estos tres te parece que fue prójimo del que cayó
en manos de los salteadores?” Él dijo: “El que practicó la misericordia con él.» Díjole
Jesús: «Vete y haz tú lo mismo.” Al comienzo el doctor había preguntado: “¿Quién es mi
prójimo?” Por detrás de la pregunta estaba la preocupación consigo mismo. El quería
saber: "¿A quién Dios me manda amar, para que yo pueda tener paz en mi conciencia y
decir: Hizo todo lo que Dios me pide: "¿Quién de estos tres te parece que fue prójimo del
que cayó en manos de los salteadores?" La condición del prójimo no depende de la raza,
del parentesco, de la simpatía, de la cercanía o de la religión. La humanidad no está
dividida en prójimo y no prójimo. Para que tu sepas quién es tu prójimo, esto depende de
que tu llegues, veas, te muevas a compasión y te acerques. Si tu te aproxima, te acercas,
el otro será tu prójimo! Depende de ti y no del otro! Jesús invierte todo y quita la seguridad
que la observancia de la ley podría dar al doctor.
• Los Samaritanos. La palabra samaritano viene de Samaría, capital del reino de Israel
en el Norte. Después de la muerte de Salomón, en el 931 antes de Cristo, las diez tribus
del Norte se separaron del reino de Judá en el Sur y formaron un reino independiente (1
Re 12,1-33). El Reino del Norte sobrevivió durante unos 200 años. En el 722, su territorio
fue invadido por Asiria. Gran parte de su población fue deportada (2 Re 17,5-6) y gente
de otros pueblos fue traída hacia Samaria (2 Rs 17,24). Hubo mezcla de raza y de religión
(2 Re 17,25-33). De esta mezcla nacieron los samaritanos. Los judíos del Sur despreciaban
a los samaritanos considerándolos infieles y adoradores de falsos dioses (2 Re 17,34-41).
Había muchas ideas preconcebidas contra los samaritanos. Eran mal vistos. De ellos se
decía que tenían una doctrina equivocada y que no formaban parte del pueblo de Dios.
Algunos llegaban hasta el punto de decir que ser samaritano era cosa del diablo (Jn 8,48).
Muy probablemente, la causa de este odio no era sólo la raza y la religión. Era también
un problema político y económico, enlazado con la posesión de la tierra. Esta rivalidad
perduró hasta el tiempo de Jesús. Sin embargo Jesús los pone como modelo para los
demás.
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Desde que el mundo es mundo y la fe en Dios ha entrado en nuestros corazones, hemos


tenido la tentación de separar el amor a Dios y el amor al prójimo. Esta parábola del buen
samaritano tan conocida y meditada, es fundamental para captar la experiencia religiosa
que nos trae Jesús.
Recorriendo, como de puntillas, este relato descubriremos enseguida lo fundamental de
su contenido:
- No podemos separar el amor a Dios y el amor al prójimo. Son las dos caras de la misma
moneda. «Tuve hambre»... «Tuve sed»... «Estuve enfermo»... «Cuando lo hicisteis con
uno de estos mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis».
- Mi prójimo no es el que se acerca a mí, sino aquel a quien yo me acerco. ¿Quién de estos
tres, pregunta Jesús, se hizo prójimo del herido? Soy yo quien debe aproximarse.
- ¿De quién tengo que hacerme prójimo, a quién tengo que acercarme? La parábola lo
expresa con mucha claridad: a cualquiera que esté caído, marginado, atropellado en los
caminos o en los juzgados, despojado de sus derechos...
- No nos andemos con rodeos... Los dos personajes, representantes oficiales del templo y
el culto, que dieron un rodeo para cumplir con Dios, abandonando al prójimo, quedan
descalificados en esta parábola.
- Otro punto clarísimo que descubrimos en este relato es la apertura a los extranjeros, a
los que en aquel tiempo eran tenidos por herejes o de otra religión: los samaritanos. Al
jurista le da grima pronunciar su nombre; sin embargo, Jesús le dice: «Anda y haz tú lo
mismo».
Todo esto me hace pensar que Miguel Martínez, sacerdote de la parroquia de Chamberí,
no dio un rodeo, sino que se rodeó de personas como Soledad Torres Acosta para
aproximarse a las casas donde alguien sufría y moría en la más absoluta soledad. Se
hicieron prójimos de los necesitados de su tiempo.
www.Dioscadadía.Bastin,Pinkers,Teheux

Lucas 10,25-37 Cuando no se tiene mas que ofrecer para ser compartido que el
amor. «El Evangelio anunciado por mí no es de origen humano; yo no lo he recibido ni
aprendido de ningún hombre, sino por revelación de Jesucristo». En efecto, ¿quién podría,
sin desfigurar las preguntas y las acusaciones de los hombres, afirmar que es posible el
porvenir y que puede mantenerse la esperanza contra toda esperanza, si esa esperanza
no hubiera sido revelada —es decir, atestiguada por alguien— y si ese porvenir no hubiera
sido vivido ya por un hombre que vivió entre nosotros? Mi Evangelio viene de Jesucristo,
es su palabra, es su persona.
Es su palabra. «Bajaba un hombre de Jerusalén a Jericó». Deja tras de sí a Jerusalén,
orgullosamente asentada en las alturas, detrás de sus murallas, y a Betania, discreta y
tierna. Camina hacia Jericó, que despliega el encanto de sus casitas rojas y violetas. Cae
en medio de unos bandidos; se encuentra indefenso en un camino desierto.
Pasa un sacerdote. Para evitar a aquel medio muerto, quizá muerto del todo, da un rodeo.
El sacerdote tiene sus excusas; la ley sacerdotal le prohibe ensuciarse con el contacto de
la muerte. Además..., durante algunos días ha estado en contacto con el altar, ha ofrecido
sacrificios, ha cantado salmos, ha recitado la ley... Tiene el corazón lleno de ella. ¿Será
esto lo que le impide dejar que entre en él la compasión? Pasa un levita. También él se
apresura a ir a servir en el templo, que le está llamando. Pasa un Samaritano, un
renegado, un falso hermano, un cismático. Y es este excluido, este ser despreciable, el
que se inclina ante el herido. El excomulgado se hace hombre de comunión. El hereje se
hace hombre según Dios. Porque se inclina ante otro hombre: Dios ama al que tiene
corazón.
Jesús dedicó el relato de esta parábola a un doctor de la ley. «¿Quién es mi prójimo?
¿Hasta dónde se extiende la ley?» Jesús responde: ¿Hasta dónde te llevará a ti el amor
para hacerte prójimo de los hombres?» La respuesta constituye un auténtico retruque de
la pregunta.
Tiempo de cambios radicales para aprender a reorientar nuestra vida. El levita y el
sacerdote, más que hombres malvados, son hombres religiosos que aplican las reglas.
Nos muestran nuestra propia manera de ser todavía no evangelizada. «¿Quién es mi
prójimo?» La ley delimita, organiza un amor razonable. El Evangelio invierte la lógica
estrecha: ¡el amor no tiene límites, si no quiere dejar de ser amor! Porque Dios es Amor
y no tiene más que ofrecer para ser compartido que el amor.
«Bajaba un hombre de Jerusalén a Jericó». Mi Evangelio viene de Jesucristo, es su palabra.
Y es también su persona. Muy pronto, Jesús va a subir por allí en sentido inverso. Irá a
Jerusalén. Y será él el rechazado, abofeteado, cubierto de sangre, colgado al borde del
camino y dejado por muerto. Al fin quedarán restablecidos el orden y la ley, el sentido
común y la buena conciencia. Será Dios quien tenga que callarse. Porque Dios no tiene
más que ofrecer para ser compartido que el amor. A Dios no lo ha visto más que el que
ama, porque el que ama ha nacido de Dios».
Si tuviera aún que acomodar mis palabras a los discursos razonables de los hombres, no
sería servidor de Jesucristo. Hermanos, ¡tenéis que saberlo!: el Evangelio que yo proclamo
no es invención humana.
www.fraynelson.com

1. El Buen Samaritano
1.1 La Arquidiócesis de Madrid, en su página web (http://www.archimadrid.es), que
recomendamos, ofrece una preciosa reflexión sobre el evangelio de hoy. De allí tomamos
lo que sigue, aunque siguiendo nuestra numeración habitual.
1.2 Aquel hombre, queriendo justificarse, le hace una segunda pregunta a Jesucristo: ¿Y
quién es mi prójimo? La respuesta de Jesús —Un hombre... despojado, golpeado, medio
muerto— es una de sus enseñanzas más luminosas, como un compendio de todo el
Evangelio: la parábola del buen samaritano. También podríamos denominarla la parábola
del hombre despojado. Mi prójimo es un hombre cualquiera que me encuentro tirado en
el camino, herido, abandonado. Ese hombre concreto está apelando a la conciencia de
quien lo encuentra: para que reconozca en el rostro desfigurado y en el cuerpo
contrahecho, dolorido, la imagen del hermano, del otro yo que pide una ayuda efectiva,
una mano cercana.
2. ¿Quién era, quién es ese pobre?
2.1 Intentemos ahora comprender nuestra sociedad a la luz de este evangelio. Así,
podríamos afirmar que esa persona concreta despojada es hoy uno de los miles de niños
—la criatura más débil e inocente— que son eliminados en el seno materno. La cuna
natural de la vida se convierte para él en el corredor de la muerte. Una sociedad que
legitima un crimen tan abominable como el aborto está perdiendo el sentido mismo de la
dignidad humana, base de los derechos fundamentales y de la verdadera democracia.
2.2 Esa persona concreta despojada en nuestra sociedad puede ser una de las madres
que, ante las dificultades para sacar adelante al hijo de sus entrañas, es dejada sola. En
ese período en el que necesita más ayuda muchas veces no encuentra el apoyo efectivo
al que tendría derecho.
2.3 Esa persona concreta despojada puede ser también hoy, en nuestra sociedad, uno de
los emigrantes pobres que acuden a nuestras tierras —quizá tras sobrevivir a una penosa
travesía—, buscando una oportunidad en la vida. En ocasiones encuentra que el bienestar
no es repartido entre todos.
2.4 Esa persona concreta despojada puede ser hoy, en nuestra sociedad, uno de esos
muchos ancianos abandonados. La sociedad los considera cada día más como una carga
insoportable. Se llega a la aberración de la aceptación cultural y legal de la llamada
eutanasia, forma gravísima de insolidaridad. La enumeración de formas de despojo podría
seguir.
2.5 Continúa la parábola: Casualmente pasó junto al hombre herido un sacerdote y
después un levita. Ambos lo vieron, pero dieron un rodeo. Esta mención debió ruborizar a
su interlocutor y al resto de las autoridades religiosas que escuchaban en ese momento a
Jesús. También nosotros, pastores de la Iglesia, y todos los discípulos de Cristo, hemos
de sentirnos directamente interpelados por esta indicación del Maestro. No podemos pasar
de largo ante ese hombre que encontramos, hoy, despojado, en nuestro camino, en
nuestras calles. La Palabra de Dios nos llama a un profundo examen de conciencia y
revisión de vida. La coherencia y la credibilidad de nuestro anuncio cristiano requiere que
amemos con obras.
3. Brota la Luz
3.1 Pero sigue aún el relato de Jesús. Y es en este momento oscuro cuando brota la luz.
La historia de una tragedia fratricida de crueldad e indiferencia se transforma en historia
de amor fraterno, hermoso. Es precisamente un samaritano —considerado habitualmente
por los contemporáneos de Jesús como un infiel despreciable— quien se mueve a
compasión ante el hombre malherido y se desvive por él. El buen samaritano es la figura
de la persona que vive para los demás, abierto a compartir los sufrimientos de los otros.
3.2 Gracias a Dios en nuestra sociedad son muchos, miles, —cristianos o no— los que
reviven con infinidad de gestos ocultos la actitud generosa, hondamente humanitaria, del
que se acercó al hombre maltrecho. Son muchos los que acogen con amor sacrificado al
niño por nacer, a la madre en apuros, al emigrante desamparado, al anciano desvalido.
Ese amor hecho obras de misericordia es el que hoy edifica eficazmente la civilización del
amor y la cultura de la vida.
3.3 Acabada la narración, Jesús le devuelve la pregunta a su docto interlocutor. Pero
cambia los términos. La cuestión sobre la identidad del prójimo —¿Quién es mi prójimo?—
tiene una respuesta obvia: todo hombre. La cuestión decisiva es otra: ¿Quién fue prójimo
del hombre despojado? La respuesta debe darla cada ser humano con sus obras. Esa
respuesta decide, juzga, el auténtico valor de su vida.
3.4 En su contestación el interlocutor no se atreve a mencionar el nombre samaritano,
pero acierta igualmente. Fue verdaderamente prójimo del hombre despojado el que
practicó misericordia con él. Hasta un niño habría sabido contestar a una pregunta tan
fácil. El Evangelio de la misericordia predicado por Jesús llega —sencillamente— al corazón
del hombre, de todo hombre. La conclusión del diálogo y de la parábola no requiere más
comentarios. Requiere, simplemente, que cada uno la convirtamos en norma de vida:
Vete y haz tú lo mismo.
www.elmisericordioso.me-Pildorasdefe.net

Diálogo con Jesús


Amado Jesús, gracias por tu amor y tu paz que en este momento de oración estoy
recibiendo. Quiero solicitarte hoy tu ayuda poderosa para librarme de las trampas de
aquellos que quieren verme caer. Ven y actúa con toda tu protección y que tu gracia me
abrigue y me conforte en medio de esta prueba. Quiero vivir para Ti, amarte y abrirme a
nuevas experiencias de amor que me regalas a diario. Te pido por todos aquellos que
están alejados de tu Palabra para que también puedan conocer todas tus bondades.
Ayúdame a vivir comprometido con el bien y hacer lo que Tú quieres que haga
Evangelio del día: Dios quiere que tengas misericordia en tu corazón. Dios es
misericordioso y sabe comprender nuestras miserias, dificultades y nuestros pecados.
Reflexión del Papa Francisco
Estamos en el capítulo 10 de Lucas, es la famosa parábola del buen samaritano. ¿Quién
era este hombre? Era una persona cualquiera, que bajaba de Jerusalén hacia Jericó por el
camino que atravesaba el desierto de Judea. Poco antes, por ese camino, un hombre había
sido asaltado por bandidos, le robaron, golpearon y abandonaron medio muerto.
Antes del samaritano pasó un sacerdote y un levita, es decir, dos personas relacionadas
con el culto del Templo del Señor. Vieron al pobrecillo, pero siguieron su camino sin
detenerse.
En cambio el samaritano, cuando vio a ese hombre, sintió compasión, dice el Evangelio.
Se acercó, le vendó las heridas, poniendo sobre ellas un poco de aceite y de vino; luego
lo cargó sobre su cabalgadura, lo llevó a un albergue y pagó el hospedaje por él... En
definitiva, se hizo cargo de él: es el ejemplo del amor al prójimo.
Pero, ¿por qué Jesús elige a un samaritano como protagonista de la parábola? Porque los
samaritanos eran despreciados por los judíos, por las diversas tradiciones religiosas.
Sin embargo, Jesús muestra que el corazón de ese samaritano es bueno y generoso y
que, a diferencia del sacerdote y del levita, él pone en práctica la voluntad de Dios, que
quiere la misericordia más que los sacrificios.
Dios siempre quiere la misericordia y no la condena hacia todos. Quiere la misericordia
del corazón, porque Él es misericordioso y sabe comprender bien nuestras miserias,
nuestras dificultades y también nuestros pecados.
A todos nos da este corazón misericordioso. El Samaritano hace precisamente esto: imita
la misericordia de Dios, la misericordia hacia quien está necesitado... (Reflexión antes del
rezo del Ángelus, 14 de julio de 2013)
Oración de Sanación
Señor, enséñame a orar siempre con esa confianza en la que creo con firmeza que siempre
me darás lo que necesito para mi salvación
Quiero ser instrumento tuyo para sanar la vida de los demás con mis palabras y acciones,
pues sé que Tú quieres que mi fe se traduzca en obras
Ayúdame a experimentar la alegría de tu perdón, a saber corresponderte con un corazón
humilde y generoso y librar mi alma de esas asperezas egoístas.
Quiero crecer en la fe sabiendo que todo aquel que cumple tu voluntad alcanza tu felicidad
mediante la compasión y la generosidad
Tú no temes acercarte a nuestras dolencias y enfermedades, por el contrario, palpas
nuestras llagas, tocas nuestro dolor, y nos infundes esperanzas.
Señor, entiendo que cada derrota es una vivencia de la que tengo que aprender cómo
levantarme e intentarlo de nuevo con más fuerza
Dame la fortaleza de acercarme al que sufre, al golpeado por la sociedad, al afligido, para
consolarlos y ayudarlos a que se sientan vivos y valiosos.
Que no tenga miedo de tocar sus heridas y compartir sus dolores, llevándolos a Ti, al
Médico de médicos, al que todo lo limpia y todo lo restaura. Amén
Propósito para hoy
Dedicaré 5 minutos para orar por los que trabajan en las casas hogares, refugios y
ancianatos. Si es posible escribir una pequeña oración en las redes sociales para que otros
se unan en oración.
Frase de reflexión
"A veces descartamos a los ancianos, pero ellos son un tesoro precioso: descartarlos es
injusto y una pérdida irreparable". Papa Francisco
www.evangelizacion.org.mx

Decir ‘te amo’ no es suficiente, es necesario que este amor se haga patente en nuestras
acciones y nuestras actitudes. El verdadero amor muestra siempre interés por la otra
persona y es capaz de comprometer hasta sus propios recursos, con el fin de mostrar con
claridad su intensidad. Quien ama, siempre tiene tiempo para la otra persona, para la
persona amada. Si quieres saber quién te ama de verdad evalúa estos tres elementos:
- Fíjate quién se interesa por ti.
- Quién es capaz de comprometer su vida contigo y por ti.
- Quién hace un espacio en su agitado día para decirte: Hola, ¿cómo estás?
www.evangeliodeLucas.GiorgioZevini

La parábola del «buen samaritano» es una de esas paginas del evangelio que, cuando las
escuchamos, pensamos: «Ya sé cómo va a terminar». Y casi ni siquiera la escuchamos.
Sin embargo, el texto en cuestión es la ejemplificación concreta del corazón de la Palabra
de Dios: «Amaras al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus
fuerzas y con toda tu mente, y a tu prójimo como a ti mismo».
Podríamos actualizar esta parábola y hacerla todavía más concreta para nosotros
sustituyendo los personajes por otros sujetos; en particular, podríamos hacer discurrir
ante nuestros ojos todas las circunstancias en las que alguien habría podido tener
necesidad de nuestra ayuda o simplemente un poco más de atención por nuestra parte.
Probablemente, en nuestra vida ni siquiera damos cuenta de lo que sucede a nuestro
alrededor, y mucho menos nos planteamos el problema de que alguien pueda tener o no
necesidad de nuestra ayuda. Y eso acontece a veces en el interior de nuestras familias,
en la escalera en que vivimos, donde los copropietarios son «los del piso de arriba» o «los
del piso de abajo»... Si, a continuación, hablamos de las comunidades religiosas, sucede
algunas veces que al cruzarnos por los pasillos de la casa ni siquiera nos saludamos.
Si le hiciéramos hoy al Señor la misma pregunta que le planteó el maestro de la ley: « ¿Y
quién es mi prójimo? », ¿qué nos respondería? Probablemente la pregunta no recibiría
una de nuestras respuestas prefabricadas, una de esas que nos damos para tranquilizar
la conciencia, sino más bien una de esas que engendran otras preguntas, que no permiten
fáciles escapatorias. Nos pondría frente a la radicalidad pedida por el mandamiento del
amor, perno del Antiguo y del Nuevo Testamento. Recibiríamos -estamos seguros de ello-
una enérgica invitación a caminar sintiéndonos hijos amados que tienen ojos atentos para
ver las necesidades de los que tenemos al lado y acercarnos concretamente a ellos.
www.catholic

¿Quién es mi prójimo? Hace algunos años estaba haciendo un taller de oración, cuando
nos explicaron la oración de intercesión nos dieron una tarea: orar a Dios durante una
semana por una persona con la cual tuviéramos un problema. No tenía en ese momento
un problema con alguien en particular, por lo tanto decidí rezar por alguien que no conocía,
pero que con sólo escuchar su nombre me daba rabia. Allí estaba yo, orando por él,
ofreciendo mi misa y mi rosario por su salud y bienestar. Me costó mucho, me costó hasta
que terminó la semana pero lo logré. ¿Por qué? Porque era alguien que me necesitaba
porque yo soy su prójimo.
El letrado le preguntó a Jesús:¿Quién es mi prójimo? Y la repuesta de Jesús es sencilla
pero bastante interesante. Le responde por medio de la parábola del buen samaritano en
donde lo importante no es saber quién es mi prójimo sino hacerme prójimo. El verdadero
cristiano se hace prójimo de todos porque ama estar cercano a los demás: ama llevar el
amor de Dios a todos. El cristiano siempre transmite la misericordia de Dios a todos, sin
importar quienes sean, sin importar que cueste.
El sacerdote y el levita en la parábola pasaron por un lado del hombre mal herido porque
no era nadie para ellos. Así nosotros nos encontraremos en la vida con personas que no
pueden caminar por problemas materiales o espirituales, que pueden ser completos
desconocidos o peor aun, personas a las que conservamos un odio pero ¿de quién soy
prójimo? ¿Acaso soy prójimo de las personas que me agradan? Empecemos a cargar a
todos, empecemos a llevar la misericordia de Dios a todas las personas.
• Animémonos a superar la tentación de absolutizar determinados paradigmas culturales
y dejarnos absorber por intereses personales. Ayudemos a los hombres de buena voluntad
a dar mayor relieve a situaciones y acontecimientos que afectan a una parte importante
de la humanidad, pero que ocupan un lugar muy marginal en el ámbito de la información
a gran escala. No podemos desinteresarnos, y es preocupante cuando algunos cristianos
se muestran indiferentes frente al necesitado. Más triste aún es la convicción de quienes
consideran los propios bienes como signo de predilección divina, en vez de una llamada a
servir con responsabilidad a la familia humana y a custodiar la creación. El Señor, Buen
Samaritano de la humanidad, nos interpelará sobre el amor al prójimo, cualquiera que
sea. Preguntémonos entonces: ¿Qué podemos hacer juntos? Si es posible hacer un
servicio, ¿por qué no proyectarlo y realizarlo juntos, comenzando por experimentar una
fraternidad más intensa en el ejercicio de la caridad concreta? (Discurso de S.S. Francisco,
21 de junio de 2018).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con
Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que
es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Hoy encomendaré a una persona con la cual tengo un problema o le guardo rencor.
www.BibliaStraubinger

37. El doctor de la ley, orgulloso de su raza, que en el v. 29 parecía dispuesto a no


reconocer como prójimos sino a sus compatriotas, se ve obligado a confesar aquí que
aquel despreciado samaritano era más prójimo del judío en desgracia que el sacerdote y
el levita del pueblo escogido. En ese judío herido se veía representado el doctor, y
confesaba humillado que el extranjero a quien él no aceptaba como prójimo le había dado
pruebas de serlo al portarse como tal, en contraste con la actitud de los otros dos judíos.
Cf. Mt. 22, 34 ss.; Mc. 12, 28 ss. Dt. 6, 5; Lv. 19, 18.
http://www.ciudadredonda.org

Queridos amigos
A lo largo de esta semana iremos leyendo los fragmentos principales de la Carta de San
Pablo a los Gálatas. Pablo, hoy, sale al paso de un problema: la situación de desconcierto
creada por los que han predicado "otro" evangelio distinto del de Jesucristo. Este es un
problema de siempre. Surge cada vez que nuestra predicación (o nuestro criterio, o
nuestro punto de vista) nace más de nuestra particular manera de entender a Dios y de
vivir la fe o de una mera proyección psicológica, que realmente de las fuentes comunes
de revelación de Dios. A menudo, lo que consideramos evangélico no es más que un fruto
de nuestra necesidad de imponernos a otros, o de ser aceptados, o de nuestras ideas, o
de justificar nuestra mediocridad. Cada vez que enarbolamos frases rotundas como: "Esta
clarísimo en el evangelio que" o "Hay que cortar por lo sano" es como para echarse a
temblar solemos estar más frente a nuestra particular interpretación del Evangelio que
del Evangelio mismo. Y es que el Evangelio suele tener un tono exigente, pero al mismo
tiempo es profundamente liberador. Apela a la inteligencia de las personas ("¿Qué os
parece?) y también a su libertad ("Si quieres"). Jesús tiene toda la fuerza del mundo para
"imponer" el evangelio por decreto ley, porque sí, porque yo soy el que mando, y, sin
embargo, procede por la vía de la seducción. Lo comprobamos en el evangelio de hoy.
Más que la parábola del buen samaritano en sí misma podemos fijar nuestra atención en
las preguntas que Jesús hace al Maestro de la Ley: ¿Qué está escrito en la ley? ¿Qué lees
en ella? ¿Cuál de estos tres te parece que se portó como prójimo del que cayó en manos
de los bandidos? Y también dos recomendaciones: "Haz esto y tendrás la vida", "Anda,
haz tú lo mismo".
Jesús no cuenta la parábola para humillar al maestro de la ley, sino para conectar con lo
mejor de este hombre, para abrirle un horizonte más amplio, para hacerle ver la buena
noticia, con la que "tendrá vida".
¡De qué manera tan distinta sonaría el evangelio en nosotros si surgiese de este modo y
no como un arma arrojadiza al servicio de nuestros intereses, por nobles que aparezcan,
sino como un instrumento de liberación, una manifestación del amor de Dios que quiere
llegar al corazón de cada uno, que quiere “que todos los hombres de salven y lleguen al
conocimiento de la verdad”. Nunca desde la imposición o el acorralamiento, sino desde la
libertad y es descubrimiento personal.
http://www.aqplink.com/roguemos

Lucas 10,25-37 – para heredar la Vida eterna.


Hoy vamos a detenernos a reflexionar en esta pregunta del Maestro de la Ley. Una
pregunta que tendría que ser vital para nosotros. Porque, ¿qué puede haber más
importante que heredar la vida eterna? ¿No es este el Bien mayor? ¿El más apetecible?
¿No es a él al que debíamos tender?
¿De qué sirve la vida, si al final pierdes aquello que debió ser tu recompensa postrera?
¿Tenemos o no tenemos la posibilidad de heredar la vida eterna? Si hemos de creerle a
Jesucristo, sí. Esa es la promesa de Jesucristo para quien le oye y hace lo que manda.
¿Creemos en lo que nos promete Jesucristo? Esta es quizás la pregunta más importante.
Solo si creemos en Él y en sus promesas, nos esforzaremos por oírle y hacer lo que nos
manda. ¿Por qué tendríamos que creerle?
Veamos. El viene a este mundo diciendo que es Hijo de Dios y que ha venido para
salvarnos. O está loco o hay algo de cierto en lo que dice. Si somos de los que estamos
buscando el sentido de la vida, tendríamos que parar la oreja, porque este Señor parece
saber algo al respecto.
Antes de oír lo que nos dice, veamos muy rápidamente lo que hace y que se encuentra
ampliamente documentado en la historia. Dice que es Hijo de Dios y sin embargo nace en
un pesebre, en un corral, pobre entre los pobres, perseguido y refugiado.
Al final de su vida muere crucificado entre ladrones y estafadores, como el más vil de los
delincuentes. Luego dicen algunos por ahí, que resucitó, venciendo a la muerte y ascendió
al Cielo. Varios de sus seguidores testifican esta historia.
¿Qué hizo mientras vivió? Muchos, para resumir, dicen que pasó haciendo el bien.
Hurgando en los Evangelios que dan testimonio de su vida, obra y enseñanzas, vemos
que hizo muchos milagros, curó enfermos, expulsó demonios y resucito muertos. Cosas
extraordinarias.
¿Por qué hizo todo eso? No quería el poder. No tenía pretensiones políticas, sociales, ni
económicas. ¿Qué es lo que quería lograr con su testimonio y enseñanzas? Que creamos
en Él. Que es Hijo de Dios y que ha venido a Salvarnos. ¿De qué? De la muerte, que resta
el sentido que Dios da a nuestras vidas.
¿En qué consiste este sentido? Dios, que es nuestro Padre –tal como nos lo revela
Jesucristo-, nos creó para que seamos felices y vivamos eternamente. Somos sus
herederos y como tales tendremos la Vida Eterna.
Esta es precisamente la pregunta del Maestro de la Ley. ¿Qué he de hacer para heredar
la Vida Eterna? Esta es la pregunta más importante de nuestras vidas. Esta es la pregunta
que todos debíamos hacernos alguna vez.
La respuesta la da muchas veces el Señor a lo largo de los Evangelios y aquí la da varias
veces. La primera como mandamiento: Amar a Dios por sobre todas las cosas y al prójimo
como a nosotros mismos. La segunda con una historia de la vida real, en la que nos enseña
indubitablemente en qué consiste este mandamiento del amor y la tercera, invitándonos
a hacer aquello mismo. Su vida, muerte y resurrección es la mejor invitación a la Vida
Eterna.
Oremos: Padre Santo, no permitas que endurezcamos nuestros corazones a la invitación
que nos haces al amor y a la Vida Eterna. Danos fe y perseverancia…Te lo pedimos por
nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina contigo en unidad del Espíritu Santo y es Dios,
por los siglos de los siglos…Amén. Roguemos al Señor… Te lo pedimos Señor.
http://www.caminando-con-jesus.org

¿Quién es mi prójimo? El maestro de la Ley esperaba que le asignaran los límites exactos
de su deber ¿A quién tenía que atender? ¿A los de su familia? ¿Hermanos de raza o tal
vez a otros? Es significativo que Jesús concluya su relato con otra pregunta diferente a la
primera: ¿Cuál de los tres te parece que actuó como prójimo?
1. "Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?"
Ciertos doctores de la ley, no perdían la oportunidad de buscar formas para ver si podían
hacer entrar en contradicción a Jesús con la ley, hacían eso que hoy llamaríamos “hacer
pisar el palo”, o hacer caer en la trampa a Jesús. Esto lo hacían porque acusaban al Señor
de predicar que la ley de Moisés era inútil, y lo que más les incomodaba, era que al mismo
tiempo enseñaba nuevas doctrinas.
Así fue como uno de estos doctores de la Ley se levantó y le preguntó a Jesús para ponerlo
a prueba: "Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la Vida eterna?"
2. Saben de ella por la letra, pero que ignoran el espíritu
Lo que este doctor de la ley busca con la pregunta, es seducir a Jesús para que hablase
algo en contra de la ley de Moisés, y además se presenta tentándole, llamándole maestro,
pero al Señor, por mucho que lo llamen así, no es posible ser engañado.
Jesús acostumbraba a hablar de la vida eterna a todos los que venían a Él, por eso el
doctor de la ley se sirvió de sus propias palabras y piensa que así lo tentara, seguramente
estaba convencido que actuaba con astucia y que no sería descubierto por pasarse de
listo. El Señor sabe que este tipo de doctor de la ley no oye otra cosa que lo que Moisés
había enseñado y que además era uno de aquellos que creían conocer la ley, pero saben
de ella por la letra, pero que ignoran el espíritu, tal como lo que el texto mismo de la ley
les prueba y que la ignoran, ley que les anunció desde el principio al Padre, al Hijo y el
misterio de la encarnación del Señor.
3. "Has respondido exactamente, le dijo Jesús; obra así y alcanzarás la vida".
Entonces Jesús le preguntó a su vez: "¿Qué está escrito en la Ley? ¿Qué lees en ella?"
Este doctor de la ley le respondió: "Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con
toda tu alma, con todas tus fuerzas y con todo tu espíritu, y a tu prójimo como a ti mismo".
"Has respondido exactamente, le dijo Jesús; obra así y alcanzarás la vida".
En otra palabras Jesús le ha dicho con esta respuesta, conoces bien lo que debes hacer
para salvarte. Pero nos basta con conocerlo en teoría para llegar a la salvación, es preciso
vivir lo que se conoce para llegar a ella.
4. "¿Y quién es mi prójimo?"
La soberbia de los jactanciosos, los motiva siempre a buscar la justificación de los que
hacen o dicen, por eso este doctor de la Ley, para justificar su intervención, le hizo una
nueva pregunta: "¿Y quién es mi prójimo?"
Como respuesta, Jesús nos pone una bellísima parábola, que se ha convertido en una
narración que es ya “clásica” en todos nosotros, la del buen Samaritano. Esta parábola,
nos invita a darnos ese precepto de amar a nuestro prójimo y, lo más prójimo o próximo
que tenemos, está en nosotros mismos, nuestro corazón, morada preferida del Señor, allí
donde el amor se expresa más intensamente.
5. Jesús nos enseña quien es nuestro prójimo
Para mejor entender esta parábola, comentamos previamente que las relaciones de los
judíos con lo samaritanos no era buena ni cordial, existían antiguos odios entre ellos, de
tiempos muy remotos. Sucedió que cuando los judíos regresaban del destierro de
Babilonia, estos no aceptaron la ayuda de los samaritanos, cuando se dispusieron a la
reconstrucción del Templo de Jerusalén, porque lo consideraban algo idólatras, entonces
se creó la división, a tal punto que cuando viajaban a Galilea, donde era necesario pasar
por Samaria, evitaban todo contacto con ellos.
Jesús, mostrándonos al samaritano que se inclina el pobre judío, herido y abandonado a
la orilla del camino y cuidándolo como hermano, nos enseña quien es nuestro prójimo,
que no son solo nuestros parientes, ni nuestro amigos, sino que todo hombre, sin pensar
en su nacionalidad, raza, color, etnia, condición económica o social, por tanto nuestra
caridad es con todo los hijos de Dios, esto es sin ninguna exclusión.
6. Jesús, quiere que nos amemos de corazón
Jesús, quiere que nos amemos de corazón y cuando decimos con todo el corazón, es con
todo lo nuestro, sin reservas, con todo tipo de sacrificios, con todo lo que nos hace vivir.
También el Señor quiere que lo hagamos con el alma y, cuando decimos con toda el alma,
es con toda la sensibilidad del amor divino, y cuando dice con todas tus fuerzas es
ardientemente y no con tibieza, y añadimos para que no falte nada, con todo nuestro
entendimiento, con toda nuestra mente, con la inteligencia y la reflexión
Pero el amor divino no se aprende. En efecto, no aprendemos de otro a amar la vida, ni
amar a nuestros padres, ni a nuestros amigos, ni mucho menos podemos aprender las
reglas del amor divino. Hay que hacer una vida para Dios. Hay en nosotros cierto
sentimiento íntimo que nos inclina a amar a Dios. Todo el que obedece este sentimiento
y practica la doctrina de los divinos preceptos, llega a la perfección de la divina gracia. Así
entonces, amamos naturalmente el bien; amamos también a nuestros prójimos y
parientes, y además damos espontáneamente a los hombres de bien, todo nuestro afecto.
7. Amar a los parientes y amigos y todo aquel que es hijo de Dios.
Así es, como Dios es bueno, y todos deseamos lo bueno y lo que se perfecciona por nuestra
voluntad reside naturalmente en nosotros. A El, aunque no le conozcamos, aunque no le
veamos, por su bondad y porque procedemos de Él, tenemos obligación de amarle sobre
todo y por encima de todo, este es nuestro principio. Es también mayor bien de todos los
que se aman naturalmente. El primero y principal mandamiento es, por consiguiente, el
del amor a Dios. El segundo, que completa al primero y es completado por El, nos manda
amar al prójimo. Por eso decimos "Y a tu prójimo como a ti mismo".
En la oración permanente, en el contacto íntimo y personal con Dios, recibiremos las
fuerzas necesarias para cumplir este precepto de amor. Nada hay tan conforme con
nuestra naturaleza como el amar a los demás, comunicarse con los demás, favorecerse
mutuamente y amar a los parientes y amigos y todo aquel que es hijo de Dios.
3 Para la reflexión personal
– (Haz silencio en tu interior y pregúntate:)
1.- ¿Qué me dice el evangelio que he leído?
2.- ¿Cómo ilumina mi vida?
3.- ¿Qué tengo que cambiar para ser más como Jesús?
4.-¿Qué me falta para ser más como Él?
¿Quién es mi prójimo hoy?
¿Qué actos concretos hago para amar a mi prójimo?
¿Cómo puedo crecer en mi amor al prójimo?
• El samaritano de la parábola no pertenecía al pueblo judío, pero hacía lo que Jesús pedía.
¿Hoy acontece lo mismo? ¿Conoces a gente que no va a la Iglesia pero que vive lo que el
evangelio pide? ¿Quién es hoy el sacerdote, el levita y el samaritano?
• El doctor pregunta: “¿Quién es mi prójimo?” Jesús pregunta: “¿Quién fue prójimo del
hombre asaltado?” Son dos perspectivas diferentes: el doctor pregunta desde sí. Jesús
pregunta desde las necesidades del otro. Mi perspectiva ¿cuál es?
4 Oración. ¿Qué le decimos a Dios? La palabra se convierte en Oración.
1 Dios y Padre de ternura, Tú estás cerca de los que te invocan: derrama tu amor en
nuestros corazones, para que seamos prójimos de todos los que pones en nuestro camino.
www.Dioscadadía.Bastin,Pinkers,Teheux

2 Oh Señor, sabes que soy una pobre persona y que no siempre sé decirte que sí; sabes
que soy débil e infiel. Sin embargo, no quieres excluirme de tu plan de salvación; es más,
quieres convertirme en un estrecho colaborador tuyo. Ayúdame, oh Dios mío, a no huir
de ti, como hizo Jonás, sino a buscarte, porque sin ti no soy nada. Haz que adecué mis
acciones a tus deseos y no permitas que me aleje de ti buscando otras tierras y otros
mares, como con frecuencia siento la tentación de hacer. Ayúdame a dejarme despertar
por aquellos a quienes pones en mi camino, para que no caiga en el sueño de la
indiferencia y de la resignación. Úngeme con tu Espíritu Santo, para que no desprecie a
ninguna Nínive y salga de la Nínive que hay dentro de mí. Que, guiado por tu luz, trabaje
yo en su conversión y en la mía. www.santaclaradeestella.es
3 Doy gracias a Yahvé de todo corazón, en la reunión de los justos y en la comunidad.
Grandes son las obras de Yahvé, meditadas por todos que las aman. (Sal 111,1-2)
www.ocarm.org

4 Padre de la misericordia, solo tú, nos puedes conceder la gracia de abrir nuestro corazón
al prójimo, y por tu bondad y en el nombre de Jesucristo colmarnos de amor para ser
próximo a quienes nos necesitan. Despierta en mi la caridad y generosidad. Sacúdeme
del sueño profundo de la indiferencia hacia mi hermano. Que los corazones unidos y
traspasados de Jesús y de Maria, por sus méritos y por tu Grandeza y Gloria Señor, nos
quemen de virtudes para así aprender de ellos su humidad, pobreza y entrega hacia a los
demás. Que mi Fe y el decirte «te amo con todo mi corazón» se conviertan en obras para
alabarte y bendecirte por siempre. Amen. www.dario.res
5 Tú nos dices, Señor, que amarte significa ser responsables del hermano, sea quien sea.
Si te amo, nadie es enemigo para mí. Si te amo, nada es más urgente que salir al
encuentro de la necesidad del otro. Si te amo, hay siempre, cada día, alguien del que
hacerme prójimo, ocupándome de él personalmente. Gracias, Señor, por recordarme que
el amor tiene para ti la concreción de la atención al otro, un hombre por el que te
entregaste por completo. Vivir así ya es vida eterna. www.evangeliodeLucas.GiorgioZevini
5 Contemplación. ¿Cómo interiorizamos la palabra de Dios? La palabra en el
corazón de los Padres.
El carácter profético de Jonás está confirmado por Cristo. No es preciso suponer que las
expresiones de Jesús quieran enseñarnos la historicidad del acontecimiento. Esas
expresiones pretenden decir que este libro es figura y profecía de lo que se cumple en su
persona.
No hay, en efecto, otro libro que, desde esta perspectiva, sea más luminosamente
profético respecto a Cristo. Y lo es precisamente porque el libro de Jonás resume, en cierto
modo, toda la historia antigua, toda la historia de Israel, en clave profética. El destino de
Israel, sus pruebas, su destrucción, todo esto tuvo lugar con la mirada puesta en una
misión de salvación, una salvación que debería provocar después sus mismos celos,
porque Israel habría de rechazar su elección, en vez de aceptar esta salvación ofrecida a
todos. Dado que su misión no le convertía en el predilecto entre todos y no le otorgaba
un puesto de privilegio en sus designios divinos y le ponía en plano de igualdad con todas
las otras naciones, este pueblo habría de negarse a esta igualdad. En este breve libro, la
vida civil, los comercios, el ordenamiento estatal, la ciudad..., todo pertenece a las
naciones; a Israel no parece pertenecerle más que el profetismo, pero éste pertenece sólo
a Israel. Toda la grandeza y la función de Israel consisten en la misión profética (D.
Baisoltl, Meditazione sul libro di Giona, Brescia 31990, p. 21). www.santaclaradeestella.es
Adquiramos nosotros también la caridad. Adquiramos la misericordia respecto del prójimo
para evitar la terrible maledicencia, el juzgar y el despreciar. Ayudémonos los unos a los
otros como a nuestros propios miembros. Si alguien tiene una herida en la mano, en el
pie o en otra parte, ¿siente acaso asco de sí mismo? ¿Se corta el miembro enfermo aunque
se esté pudriendo? Más bien, ¿no lo lavará, limpiará, le pondrá emplastos y vendajes; lo
untará con óleo santo, rogará y hará rogar a los santos por él, como dice Abba Zósimo?
En resumen, no abandona su miembro, no le asquea su fetidez y hace todo por curarlo.
Así debemos compadecemos unos de otros, ayudarnos mutuamente y, valiéndonos de
otros más capaces, hacer todo con el pensamiento y con las obras para socorrernos a
nosotros mismos y los unos a los otros. Porque somos miembros los unos de los otros,
dice el apóstol (Rom 12,5). Luego, si formamos un solo cuerpo y si somos cada uno por
nuestra parte miembros los unos de los otros (Rom 12,5), cuando un miembro sufre,
todos los miembros sufren con él (1 Cor 12,26).
En una palabra, cuide cada uno, como pueda, según ya les he dicho, de que permanezcan
unidos los unos a los otros. Ya que cuanto más unido se está al prójimo, más unido se
está a Dios. Para que comprendan el sentido de esta palabra voy a darles una imagen
sacada de los Padres. Supongan un círculo trazado sobre la tierra, es decir, una
circunferencia hecha con un compás y un centro. Se llama precisamente centro al centro
del círculo. Presten atención a lo que les digo. Imaginen que ese círculo es el mundo, el
centro, Dios, y sus radios, las diferentes maneras o formas de vivir los hombres. Cuando
los santos deseosos de acercarse a Dios caminan hacia el centro del círculo, a medida que
penetran en su interior se van acercando uno al otro al mismo tiempo que a Dios. Cuanto
más se aproximan a Dios, más se aproximan los unos a los otros, y cuanto más se
aproximan los unos a los otros, más se aproximan a Dios (Doroteo de Gaza, Conferencias,
VI, 77, passim). www.evangeliodeMateo.GiorgioZevini
6 Acción. ¿A qué me comprometo con Dios? Para custodiar y vivir la palabra.
Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: «Sacaste mi vida de la fosa, Señor» (del
salmo responsorial).
Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: «Ve tú también y ten compasión de tu
prójimo» (cf. Lc 10,37).
7 Para la lectura espiritual. Caminar con la palabra.
Hay mucho miedo en nosotros, miedo de la gente, de Dios, y mucha ansia pura y simple,
indefinida, que escapa a nuestro control. Cuando entramos en la presencia de Dios y
empezamos a sentir esta inmensa reserva de miedo en nosotros, quisiéramos escapar
cediendo a las distracciones que nuestro ajetreado mundo nos ofrece de un modo tan
abundante. Ahora bien, no debemos tener miedo de nuestros miedos. Podemos hacerles
frente, traducirlos con palabras y llevarlos a la presencia de aquel que dice: «No temáis,
soy yo» (Mt 14,27). Nos sentimos inclinados a mostrarnos al Señor sólo con los aspectos
en los que nos sentimos cómodos, pero cuanto más nos atrevamos a revelarle ese yo
nuestro tan medroso, tanto más seremos capaces de sentir que su amor, que es perfecto,
expulsa nuestros miedos.
Oh Señor, este mundo está lleno de miedos. Haz de mi miedo una oración por quien tiene
miedo. Haz que esta oración alivie el corazón de los otros. Tal vez entonces mi oscuridad
se vuelva luz para los otros y mi oración interior se convierta en una fuente de curación
para los otros. También tú, Señor, conociste el miedo. Te sentiste profundamente turbado;
tu sudor y tus lágrimas eran señal de tu miedo. Haz que mi miedo forme parte del tuyo,
para que no me lleve a la oscuridad, sino a la luz, y me proporcione una nueva
comprensión de la esperanza de tu cruz (H. J. M. Nouwen, Preghiere dal silenzio, Brescia
2000, pp. 11 ss y 17 [edición española: Oraciones desde la abadía, Promoción Popular
Cristiana, Madrid 1998]). www.santaclaradeestella.es
A lo largo de ésta, ahora larga, vida mía, ha habido ermitas, silencios, la Palabra de Dios,
los grandes libros, los grandes amigos, tantos y tantos que han inspirado mi vida. Pero en
el centro siempre Dios y Jesucristo. Nada me importa verdaderamente fuera de Dios, fuera
de Jesucristo... Por los pequeños, por los que sufren, enloquezco, pierdo la cabeza por los
jirones de humanidad herida: cuanto más heridos, cuanto más maltratados, despreciados,
acallados, cuanto menos cuentan a los ojos del mundo, más los amo. Y este amor es
ternura, comprensión, tolerancia, ausencia de miedo, audacia. Esto no tiene ningún
mérito. Es una exigencia de mi naturaleza. Es cierto que en ellos le veo a él, al Cordero
de Dios, que sufre en su carne los pecados del mundo, que se los carga a su espalda, que
sufre, pero con mucho amor —nadie está fuera del amor de Dios—. Dios ama a cada
hombre, desde el más digno de amor a los ojos de los hombres al más rechazado y
despreciado, al hombre malvado, criminal... « ¿Has hecho el mal? Yo pagaré por ti».
Eso es lo que nos repite Jesús desde hace dos mil años. Tal vez porque los hombres somos
tan sordos.
La vida me ha enseñado que mi fe sin amor es inútil, que mi religión cristiana no tiene
después de todo tantos mandamientos, sino uno solo, el de la eucaristía, que escandaliza
a los ateos y a las otras fes y encierra un mensaje revolucionario: «Esto es mi cuerpo
hecho pan para que tú también te hagas pan en la mesa de los hombres, porque, si no te
haces pan, no comes un pan que te salva; comes tu condena». La eucaristía nos dice que
nuestra religión es inútil sin el sacramento de la misericordia, que es en la misericordia
donde el cielo encuentra la tierra. Si no amo, Dios muere en la tierra, porque somos
nosotros el signo visible de su presencia y la hacemos visible en este infierno del mundo
donde parece que él no está, y la hacemos vivir cada vez que nos paramos junto a un
hombre herido. Al final, soy verdaderamente capaz de lavar los pies en todos los sentidos
a los desamparados, a aquellos a los que nadie ama, a aquellos que misteriosamente no
tienen nada de atractivo en ningún sentido a los ojos de nadie. Es en el arrodillarme, para
que abrazándome el cuello puedan volver a levantarse y reemprender el camino o incluso
ir a donde nunca habían ido, donde encuentro paz, carga fortísima, certeza de que todo
es gracia (M. Fagiolo — R. 1. Zanini, «lo sono venuto». Vita e morte di annalena Tonelli,
Cinisello B. [Mi] 2004, 211-215). www.evangeliodeLucas.GiorgioZevini
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✞ ✞ ✞ Profesión de Fe

Solo los Domingos y Solemnidades.


✞ ✞ ✞ Intenciones (Oracion de los fieles)

Oremos, hermanos, a Dios nuestro Padre, a fin de que todos los hombres experimenten
su bondad y misericordia.
- Por la Iglesia: para que sea signo de paz y de reconciliación entre los hombres.
Roguemos al Señor.
- Por los pueblos de la tierra: para que superen todo lo que les desune y promuevan todo
cuanto les acerca. Roguemos al Señor.
- Por los que odian, por los resentidos y amargados: para que descubran que la felicidad
se encuentra en el perdón. Roguemos al Señor.
- Por todos nosotros: para que sepamos perdonar como Dios mismo nos perdona.
Roguemos al Señor.
Por todos los ministros consagrados de la Iglesia, para que proclamen fielmente la palabra
y la ley de Dios, y al mismo tiempo caminen por los caminos de Dios, que son: compasión
y amor sin medida, roguemos al Señor.
Por todos los que se encuentran trágicamente tumbados y heridos en el camino de la
vida, para que encuentren buenos samaritanos que les asistan para restaurar su fe en la
vida y su confianza en la gente, roguemos al Señor.
Por todos los que han sido buenos prójimos para con nosotros, para que el Dios de bondad
se lo premie generosamente, roguemos al Señor.
Padre nuestro, que has enseñado a perdonar para recibir tu perdón. Haz que siempre
observemos esta ley y así merezcamos ser llamados y ser, en verdad, hijos tuyos. Por
Jesucristo nuestro Señor.

3 LITURGIA EUCARISTICA
✞ ✞ ✞ Oración sobre las Ofrendas

*** Se llevan al altar los dones; el pan y el vino. *** Acepta, Señor, nuestro corazón contrito y nuestro
espíritu humilde; que éste sea hoy nuestro sacrificio y que sea agradable en tu presencia, Señor, Dios
nuestro. *** Lava del todo mi delito, Señor, limpia mi pecado.

Señor Dios nuestro: En estos signos de pan y vino tu Hijo Jesucristo nos cuenta la historia
de cómo ha entregado su vida por nosotros, de cómo ha sido para nosotros el mejor
samaritano. En el momento de la consagración entréganos a tu Hijo para que comparta
con nosotros su fuerza, de tal modo que sepamos hacer lo que él hizo: entregar nuestra
vida por todos y así vivamos con él en tu amor por los siglos de los siglos.
Acepta, Señor, los dones de tu Iglesia en oración, y haz que, por el trabajo del hombre
que ahora te ofrecemos, merezcamos asociarnos a la obra redentora de Cristo. Él, que
vive y reina por los siglos de los siglos
Introducción a la plegaria eucarística
Centro y el culmen de toda la celebración. Es una plegaria de acción de gracias y de consagración. El sentido
de esta oración es que toda la congregación de fieles se una con Cristo en el reconocimiento de las grandezas
de Dios y en la ofrenda del sacrificio.
a) Acción de gracias
El Señor esté con vosotros. R/ Y con tu espíritu. Levantemos el corazón R/ Lo tenemos
levantado hacia el Señor. Demos gracias al Señor, nuestro Dios. R/ Es justo y necesario.
Prefacio común III. Alabanza a Dios que nos creó y nos ha creado de nuevo en
Cristo.
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en
todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno.
Porque has querido ser, por medio de tu amado Hijo, no sólo el creador del género
humano, sino también su bondadoso restaurador.
Por eso, con razón te sirven todas las criaturas, con justicia te alaban todos los redimidos
y unánimes te bendicen tus santos.
• Gracias Señor porque me has concedido este momento de oración, de encuentro contigo.
Ayúdame a ser como el Buen Samaritano con todos aquellos que están alejados de Ti y
más necesitan de tu amor. Que nunca tema acercarme a ellos y siempre salga a su
encuentro con un corazón sincero y generoso.
– (Si quieres, puedes pedirle al Señor por tus intenciones).
– Reza un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria…
Con ellos, unidos a todos los ángeles, nosotros queremos celebrarte y te alabamos
diciendo:
b) Santo: con esta aclamación toda la asamblea, uniéndose a las jerarquías celestiales, canta o recita las
alabanzas a Dios.

Santo, Santo, Santo es el Señor, Dios del Universo. Llenos están el cielo y la tierra de tu
gloria. Hosanna en el cielo. Bendito el que viene en nombre del Señor. Hosanna en el
cielo.
c) Epíclesis Se implora el poder divino para que los dones se conviertan en el Cuerpo y la Sangre de
Cristo, y para que la víctima inmaculada que se va a recibir en la comunión sea para salvación de quienes
la reciban.

Santo eres en verdad, Padre, y con razón te alaban todas tus criaturas, ya que por
Jesucristo, tu Hijo, Señor nuestro, con la fuerza del Espíritu Santo, das vida y santificas
todo, y congregas a tu pueblo sin cesar, para que ofrezca en tu honor un sacrificio sin
mancha desde donde sale el sol hasta el ocaso. Por eso, Padre, te suplicamos que
santifiques por el mismo Espíritu estos dones que hemos separado para ti, de manera que
se conviertan en el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo, Hijo tuyo y Señor nuestro, que nos
mandó celebrar estos misterios.
d) Narración de la institución y consagración. Con las palabras y gestos de Cristo, se realiza
el sacrificio que él mismo instituyó en la última cena. Momento más solemne de la Misa; es la
transubstanciación: pan y vino desaparecen al convertirse en el Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Cristo.
Dios se hace presente ante nosotros con todo su amor. ¡Bendito Jesus en el Santísimo sacramento del Altar!

Porque Él mismo, la noche en que iba a ser entregado, tomó pan y dando gracias te
bendijo, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo: "Tomen y coman todos de él, porque
esto es mi Cuerpo, que será entregado por ustedes".
Del mismo modo, acabada la cena, tomó el cáliz, y, dando gracias te bendijo, y lo pasó a
sus discípulos, diciendo: "Tomen y beban todos de él, porque éste es el cáliz de mi Sangre,
Sangre de la alianza nueva y eterna, que será derramada por ustedes y por muchos para
el perdón de los pecados. Hagan esto en conmemoración mía".
e) Anámnesis. La Iglesia, al cumplir este encargo que, a través de los Apóstoles, recibió de Cristo
Señor, realiza el memorial del mismo Cristo, su Reactualización, recordando principalmente su
bienaventurada pasión, su gloriosa resurrección y la ascensión al cielo.

Éste es el sacramento de nuestra fe. R/ Anunciamos tu muerte, proclamamos tu


resurrección. ¡Ven, Señor Jesús!
f) Oblación. La asamblea ofrece al Padre la víctima inmaculada, y con ella se ofrece cada uno de los
participantes.

Así, pues, Padre, al celebrar ahora el memorial de la pasión salvadora de tu Hijo, de su


admirable resurrección y ascensión al cielo, mientras esperamos su venida gloriosa, te
ofrecemos, en esta acción de gracias, el sacrificio vivo y santo.
Dirige tu mirada sobre la ofrenda de tu Iglesia y reconoce en ella la Víctima por cuya
inmolación quisiste devolvemos tu amistad, para que, fortalecidos con el Cuerpo y la
Sangre de tu Hijo y llenos de su Espíritu Santo, formemos en Cristo un solo cuerpo y un
solo espíritu.
Que Él nos transforme en ofrenda permanente, para que gocemos de tu heredad junto
con tus elegidos: con María, la Virgen Madre de Dios, los apóstoles y los mártires, (san
N.: santo del día o patrono) y todos los santos, por cuya intercesión confiamos obtener
siempre tu ayuda.
Te pedimos, Padre, que esta Víctima de reconciliación traiga la paz y la salvación al mundo
entero. Confirma en la fe y en la caridad a tu Iglesia, peregrina en la tierra: a tu servidor,
el Papa N., a nuestro Obispo N., al orden episcopal, a los presbíteros y diáconos, y a todo
el pueblo redimido por ti.
g) Intercesiones. Con ellas se da a entender que la Eucaristía se celebra en comunión con toda la
Iglesia, celeste y terrena, y que la oblación se hace por ella y por todos sus miembros, vivos y difuntos.

Atiende los deseos y súplicas de esta familia que has congregado en tu presencia, en el
domingo, día en que Cristo ha vencido a la muerte y nos ha hecho partícipes de su vida
inmortal. Reúne en torno a ti, Padre misericordioso, a todos tus hijos dispersos por el
mundo.
A nuestros hermanos difuntos y a cuantos murieron en tu amistad recíbelos en tu reino,
donde esperamos gozar todos juntos de la plenitud eterna de tu gloria, por Cristo, Señor
nuestro, por quien concedes al mundo todos los bienes.
h) Doxología final. Se expresa la glorificación de Dios y se concluye y confirma con el amen del pueblo.
Por Cristo, con Él y en Él, a ti, Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo,
todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos. T. Amén.

✞ ✞ ✞ Rito de la comunión
Significa "común unión". Al acercarnos a comulgar, además de recibir a Jesús dentro de nosotros y de
abrazarlo con tanto amor y alegría, nos unimos a toda la Iglesia en esa misma alegría y amor.
a) Introducción al Padrenuestro
Con las palabras de Jesús nuestro Señor oremos al Padre de todos para que su reino venga a cada persona
de la tierra.

• Unidos en el amor de Cristo, por el Espíritu Santo que hemos recibido, dirijámonos al
Padre con la oración que el Señor nos enseñó:
R/ Padre nuestro…
b) Rito de la Paz
Los fieles imploran la paz y la unidad para la iglesia y para toda la familia humana y se expresan mutuamente
la caridad antes de participar de un mismo pan.

Líbranos, Señor.
Líbranos, Señor de todos los males, y concédenos la paz en nuestros días, para que
ayudados por tu misericordia, vivamos libres de pecado y protegidos de toda perturbación,
y aguardando la venida gloriosa de Jesucristo, nuestra esperanza.
R/. Tuyo es el reino, tuyo el poder y la gloria, por siempre, Señor.
Señor Jesucristo, que dijiste a tus apóstoles: "La paz les dejo, mi paz les doy", no tengas
en cuenta nuestros pecados, sino la fe de tu Iglesia y, conforme a tu palabra, concédele
la paz y la unidad. Tú, que vives y reinas por los siglos de los siglos. R/. Amén.
La paz del Señor esté siempre con ustedes. R/. Y con tu espíritu.
Dense fraternalmente la paz.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo. R. Ten piedad de nosotros.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo. R. Ten piedad de nosotros.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo. R. Danos la paz.
Invitación a la Comunión
Señor Jesucristo, hijo de Dios vivo, que por voluntad del Padre y cooperación del Espíritu
Santo, diste con tu muerte vida al mundo, líbrame por éste tú Cuerpo y ésta tu Sangre,
de todas mis culpas y de todo mal, concédeme vivir siempre apegado a tus mandamientos
y jamás permitas que me separe de Ti.
• Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Dichosos los invitados a la
cena del Señor.
R. Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una Palabra tuya bastará para
sanarme.
c) El gesto de la fracción del pan: Significa que nosotros, que somos muchos, en la comunión de
un solo pan de vida, que es Cristo, nos hacemos un solo cuerpo (1 Co 10,17)

d) Inmixión o mezcla: el celebrante deja caer una parte del pan consagrado en el cáliz.
Antífona de la comunión Cf. Col 3, 17
Todo lo que de palabra o de obra realicéis, sea todo en nombre del Señor Jesucristo, dando
gracias a Dios Padre por medio de él.
✞ ✞ ✞ Oración después de la Comunión

Oh Dios y Padre nuestro: Te damos gracias por Jesús, tu Hijo entre nosotros. Que, como
él, podamos contar con nuestra conducta cristiana la vieja historia, siempre nueva, de
cómo quieres preocuparte a través de nosotros de cada persona en necesidad. Oh Dios,
vive en nosotros, por medio de Jesucristo nuestro Señor.
Te rogamos, Señor, que gobiernes con los auxilios temporales a quienes te dignas renovar
con los misterios eternos. Por Jesucristo, nuestro Señor.

4 RITO DE CONCLUSION
Consta de saludo, bendición sacerdotal, y de la despedida, con la que se disuelve la asamblea, para que
cada uno vuelva a sus honestos quehaceres alabando y bendiciendo al Señor.

✞ ✞ ✞ Despedida

Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos
de los siglos. R/ Amén.
¡Cristo, Rey nuestro! R/ ¡Venga tu Reino!

Consagración a María
– Termina esta oración rezándole a María:
¡Oh Señora mía, oh Madre mía!, yo me entrego del todo a Ti, y en prueba de mi filial
afecto, te consagro en este día mis ojos, mis oídos, mi lengua y mi corazón, en una
palabra, todo mi ser, ya que soy todo tuyo, ¡oh Madre de bondad!, guárdame y protégeme
como hijo tuyo. Amén.

✞ ✞ ✞ Bendición

Hermanos: Hemos oído cómo Jesús quiere hacernos a todos buenos samaritanos, gente
que tiene tiempo y atención, compasión y amor, para todos los que viven en necesidad.
Nuestro prójimo es cualquier persona que nos necesite.
Que el Dios amoroso y todopoderoso les bendiga a todos ustedes, el Padre, el Hijo y el
Espíritu Santo.
R. Amén.
Podemos ir en paz.
R/. Demos gracias a Dios.

✞ ✞ ✞ Abba Padre, gracias te doy por enseñarme a Cristo histórico. Y ahora, por tu gracia
y Espíritu Santo concédeme fortalecer la fe, para caminar con Cristo, por Cristo y en Cristo,
ya no histórico, sino Pan vivo bajado del cielo.
«Tú eres Cristo, el Hijo de Dios Vivo» Mt 16, 16