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Actividad la ética como horizonte de plenitud.

La aspiración a la felicidad.

A continuación, encontrarán textos de los siguientes autores: Aristóteles, Epicuro y John Stuart Mill. Luego de leerlos
realicen un cuadro comparativo entre los autores identificando cómo define cada autor la felicidad. Deben colocar un
ejemplo desde la perspectiva actual e identifiquen un personaje que pueda representar ese tipo de felicidad.

Tiempo de trabajo 60 minutos. Equipos de tres integrantes.

1. Aristóteles:
Texto nº1: “[...] Digamos [...] cuál es el supremo entre todos los bienes que pueden realizarse. Casi todo el mundo está de
acuerdo en cuanto a su nombre, pues tanto la multitud como los refinados dicen que es la felicidad [eudaimonía], y admiten
que vivir bien y obrar bien es lo mismo que ser feliz. Pero acerca de qué es la felicidad, dudan y no lo explican del mismo
modo el vulgo y los sabios. Pues unos creen que es alguna de las cosas visibles y manifiestas, como el placer o la riqueza
o los honores; otros, otra cosa; a menudo, incluso una misma persona opina cosas distintas: si está enfermo, la salud; si
es pobre, la riqueza; [...] Pero algunos creen que, aparte de toda esta multitud de bienes, hay algún otro que es bueno por
sí mismo y que es la causa de que todos aquéllos sean bienes” (ARISTÓTELES, Ética a Nicómaco, 1095a, trad. de M.
Araujo y J. Marías, Centro de Estudios Constitucionales, Madrid, 1989, p. 3).

Texto nº2: “Llamamos más perfecto al fin que se persigue por sí mismo que al que se busca por otra cosa [...]. Tal parece
ser eminentemente la felicidad, pues la elegimos siempre por ella misma y nunca por otra cosa, mientras que los honores,
el placer, el entendimiento y toda virtud los deseamos ciertamente por sí mismos (pues aunque nada resultara de ellas,
desearíamos todas estas cosas), pero también los deseamos en vista de la felicidad, pues creemos que seremos felices
por medio de ellos” (Ética a Nicómaco, 1097b, cit., p. 7-8).

Texto nº3: “Parece cierto y reconocido que la felicidad es lo mejor, y, sin embargo, sería deseable mostrar con mayor
claridad qué es. Acaso se lograría esto si se comprendiera la función [ergon] del hombre. En efecto, del mismo modo que
en el caso de un flautista, de un escultor y de todo artífice, y en general de los que hacen alguna obra o actividad, parece
que lo bueno y el bien están en la función, así parecerá también en el caso del hombre si hay alguna función que le sea
propia. [...] ¿Y cuál será ésta finalmente? Porque el vivir parece también común a las plantas, y se busca lo específico del
hombre. Hay que dejar de lado, por tanto, la vida de nutrición y crecimiento. Vendría después la sensitiva, pero parece que
también ésta es común al caballo, al buey y a todos los animales. Queda, por último, cierta vida activa propia del ente que
tiene razón; [...] Siendo esto así, decimos que la función del hombre es una cierta vida, y ésta una actividad del alma y
acciones razonables, [...] y cada una se realiza bien según la virtud adecuada; y, si esto es así, el bien humano es una
actividad del alma conforme a la virtud [...], y además en una vida entera. Porque una golondrina no hace verano, ni un
solo día, y así tampoco hace venturoso y feliz un solo día o un poco tiempo” (Ética a Nicómaco, 1097b-1098a, cit., pp. 8-
9).

2. Epicuro: Carta a Meneceo


Texto nº1: “Por ello decimos que el placer es el principio y el fin de la vida feliz. Lo hemos reconocido como el primero de
los bienes y conforme a nuestra naturaleza, él es el que nos hace preferir o rechazar las cosas, y a él tendemos tomando
la sensibilidad como criterio del bien. Y puesto que el placer es el primer bien natural, se sigue de ello que no buscamos
cualquier placer, sino que en ciertos casos despreciamos muchos placeres cuando tienen como consecuencia un dolor
mayor. Por otra parte, hay muchos sufrimientos que consideramos preferibles a los placeres, cuando nos producen un
placer mayor después de haberlos soportado durante largo tiempo. Por consiguiente, todo placer, por su misma naturaleza,
es un bien, pero todo placer no es deseable. Igualmente, todo dolor es un mal, pero no debemos huir necesariamente de
todo dolor. Y, por tanto, todas las cosas deben ser apreciadas por una prudente consideración de las ventajas y molestias
que proporcionan. En efecto, en algunos casos tratamos el bien como un mal, y en otros el mal como un bien” (Carta a
Meneceo, de R. Verneaux, Textos de los grandes filósofos. Edad Antigua, Herder, Barcelona 1982).
3. John Stuart Mill
Texto nº1: “El credo que acepta la utilidad o principio de la mayor felicidad como fundamento de la moral, sostiene que las
acciones son justas en la medida en que tienden a promover la felicidad, e injustas en cuanto tienden a producir lo contrario
de la felicidad. Se entiende por felicidad el placer y la ausencia de dolor; por infelicidad, el dolor y la ausencia de placer.

Para dar una visión clara del criterio moral que establece esta teoría, habría que decir mucho más particularmente qué
cosas se incluyen en las ideas de dolor y placer, y hasta qué punto es ésta una cuestión patente. Pero estas explicaciones
suplementarias no afectan a la teoría de la vida en que se apoya esta teoría de la moralidad: a saber, que el placer y la
exención de dolor son las únicas cosas deseables como fines; y que todas las cosas deseables […] lo son o por el placer
inherente a ellas mismas, o como medios para la promoción del placer y la prevención del dolor” JOHN STUART MILL, El
utilitarismo

Texto nº2: Tal principio [el de dar a cada uno lo que se merece, devolviendo bien por bien, así como castigando el mal con
el mal] está implicado en el propio significado de la utilidad, o principio de la mayor felicidad, pues sería una mera forma
verbal vacía, sin significado racional, a menos que la felicidad de una persona, siempre que sea de igual grado (con las
debidas matizaciones, según su especie), cuente tanto como la de otra cualquiera. Cumplidas dichas condiciones, la frase
de Bentham «que todo el mundo cuente como uno, nadie como más de uno» debería escribirse por debajo del principio
de utilidad como comentario explicatorio. JOHN STUART MILL, El utilitarismo

Texto nº3: El credo que acepta la Utilidad o Principio de la Mayor Felicidad como fundamento de la moral, sostiene que las
acciones son justas en la proporción con que tienden a promover la felicidad; e injustas en cuanto tienden a producir lo contrario
de la felicidad. Se entiende por felicidad el placer y la ausencia de dolor; infelicidad, el dolor y la ausencia de placer...

Me he detenido en ese punto por ser parte necesaria de una concepción justa de la Utilidad o Felicidad, consideradas como
regla directiva de la conducta humana. Pero no es en modo alguno una condición indispensable para la aceptación del criterio
utilitarista; porque no es ese criterio la mayor felicidad del propio agente, sino la mayor cantidad de felicidad general...

Podemos, pues, definirlo [el criterio utilitarista de moralidad] como el conjunto de reglas y preceptos de conducta humana por
cuya observación puede asegurarse a todo el género humano una existencia como la descrita en la mayor extensión posible; y
no sólo al género humano, sino hasta donde la naturaleza humana de las cosas lo permite, a toda la creación sensible" JOHN
STUART MILL, El utilitarismo, Capítulo.II, pp. 28-36.