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DERECHO PROCESAL DEL TRABAJO

CAPITULO I

CUESTIONES GENERALES DEL PROCESO

1. INTRODUCCION.

La denominación de nuestro curso, Derecho Procesal del Trabajo, nos plantea una
serie de interrogantes, siendo una de ellas y tal vez la más importante, aquella que
interroga, sobre su contenido y objeto. Si como se ha dicho, no puede concebirse la
existencia de una sociedad humana sin conflictos de intereses y de derecho; y que
corresponde al Estado la facultad de dirimir tales controversias, puede afirmarse
que esta es la razón primera y fundamental del Derecho Procesal. El Derecho
material, objetivo o sustantivo, constituido por un conjunto de normas prescriptivas
de determinadas conductas, no es suficiente para mantener la paz y la tranquilidad
en una sociedad, desde que al ser violentadas o amenazadas, precisan la
intervención jurisdiccional. Desde una perspectiva laboral, ésta será la tarea de la
jurisdicción laboral. En consecuencia, puede decirse que el Derecho Procesal del
Trabajo, comprende todas aquellas normas procesales que tienen por objeto
resolver los conflictos jurídicos o de interés que provengan de las relaciones de
trabajo.

En mérito de tales explicaciones, bien puede justificarse la denominación que


adopta nuestro curso y la existencia de otras ramas del Derecho Procesal, como son:
Derecho Procesal Civil, Derecho Procesal Penal, Derecho Procesal Constitucional,
Derecho Procesal Administrativo y otras, que según un criterio común, importan la
actuación de las distintas normas materiales o sustantivas, que se refieren, al
Derecho Civil, Derecho Penal, Derecho Constitucional y Derecho Administrativo.

La denominación, también nos indica que se tratarían de disciplinas que se


distancian unas de otras, en tanto, actúen cada una, sus correspondientes derechos
materiales. Igualmente, nos sugiere la presencia de un conjunto de normas,
principios e instituciones que forman parte del Derecho Procesal y por tanto, que
son ramas autónomas e independientes cada una de ellas.
No obstante, en el caso del Derecho Procesal del Trabajo, también se alude a
Proceso Laboral, siendo un punto común utilizar ésta denominación como,
sinónimo; hecho que lleva a interrogarnos, si tales denominaciones, tienen o no el
mismo significado. De ser la respuesta afirmativa, no habría problema alguno en
utilizarlas como sinónimos. Si la respuesta es negativa, definitivamente,
enfrentamos un serio problema, siendo necesario hacer las correspondientes
distinciones para el buen uso de la denominación.

Nuestras escasas lecturas sobre materia procesal, nos han convencido de que una
correcta denominación sería la de Proceso Laboral, porque aun, con sus propias
características, se desgaja de la “Teoría General del Proceso” y por tanto tiene un
punto común que lo acerca a otros procesos, como el civil, penal, constitucional,
administrativo, etc. etc., en cuanto a su origen, pero que al mismo tiempo se
distancian en relación al derecho material que actúan.

La naturaleza del presente trabajo no permite dilucidar este asunto, con mayor
profundidad. Sin embargo, es nuestra pretensión, abordar el curso desde tales
perspectivas.

2. PROCESO Y DERECHO PROCESAL.

2.1. Proceso

Veamos primero, el significado del término “proceso”, desde una doble


perspectiva: el significado común y corriente y su significado jurídico, para
luego abordar el significado de “Proceso Laboral”.

El vocablo proceso (processus) viene de pro, que significa “para adelante” y


cedere”, de “caer”, “caminar”. Implica un desenvolvimiento, una sucesión, una
continuidad dinámica. Es, como todos los procesos (inclusive el fisiológico,
fisicoquímico) una sucesión de actos que se dirigen a un punto. En este caso,
que persiguen un fin”1.

Desde el punto jurídico es “una secuencia de actos que, constituyendo en si


mismo una unidad, se desenvuelven de manera progresiva y dinámica con la

1
Véscovi, Enrique: “Teoría General del Proceso”. 2da. Edición, Editorial Temis S.A. 1999, pág. 88
finalidad de dar solución, vía la apreciación que tenga el órgano jurisdiccional,
al conflicto de intereses o incertidumbre jurídica puesto a su consideración. El
proceso así considerado aparece como un medio o estructura organizada y
predispuesta a establecer y ejecutar el derecho de fondo, ejerciéndose dentro de
aquel la potestad jurisdiccional del Estado y los derechos procesales de los
justiciables”2. Es un conjunto de actos que se encaminan a determinar la
inobservancia de la norma jurídica, a fin de establecer el correspondiente
castigo o sanción. Para entender lo dicho, es preciso tener presente que el
derecho objetivo es un conjunto de mandatos jurídicos, que se establecen
dentro de un grupo social con la finalidad de garantizar la paz amenazada por
los conflictos de intereses. Tales mandatos son de cumplimiento obligatorio,
por lo que al producirse su incumplimiento se aplicarán las sanciones
correspondientes.

Para Véscovi Proceso “Es el conjunto de actos dirigidos a un fin (…), la


resolución del conflicto (o la satisfacción de la pretensión), mediante la
imposición de la regla jurídica, el derecho o más mediatamente, la
implantación de la paz y la justicia en el medio social”3. Es el poder de
reclamar la tutela jurisdiccional. “Consiste en el poder (abstracto) de reclamar
determinado derecho (concreto) ante la jurisdicción (el poder judicial, los
tribunales). Y ese poder determina la obligación del órgano jurisdiccional de
atenderlo, de darle movimiento, de poner en marcha el proceso. Con lo que en
definitiva, quien ejerce el poder tendrá una respuesta: la sentencia.

El proceso surge “como el modo o manera de cautelar la función


jurisdiccional”. Se le entiende como “el conjunto de actos dirigidos a ese fin: la
solución del conflicto (composición del litigio), satisfacción de pretensiones,
etc.”. Es un instrumento “para cumplir los objetivos del Estado, imponer a los
particulares una conducta jurídica, adecuada al derecho, y, a la vez, brindar a
estos la tutela jurídica”4.

2
Hinostroza Minguez, Alberto: “Manual de Consulta Rápida del Proceso Civil”. Gaceta Jurídica
S. A., Primera Edición, Mayo 2001, Lima – Perú, pág. 53.
3
Obra citada, pág. 7.
4
Véscovi, pág. 88.
A decir de Carnelutti, en el proceso se destaca su carácter teleológico. “Está
constituido por un conjunto de actos mediante los cuales se realiza la función
jurisdiccional, y, por consiguiente, persigue el fin de esta”.5

Tal como estuvo concebido el proceso en nuestro país, durante la vigencia del
Código de Procedimientos Civiles, se le confundió con el procedimiento, por lo
que bien puede denominársele a dicha época como procedimentalista.
Posteriormente y con la vigencia del actual Código Procesal Civil, se ha
penetrado “más a fondo en su estructura y naturaleza, comprendiendo que
detrás de esos actos”, está “aquel fin fundamental”. Los actos procesales que
conforman el proceso “presuponen (y a la vez entrelazan) a los tres sujetos
esenciales: Juez, actos y demandado. Ya los juristas medioevales hablaban de
un acto triangular. Nos informa Véscovi, que el jurista Búlgaro, decía que era
un actum triun personarum; judicis actoris et rei, siendo Vulgo, en su estudio
sobre Las excepciones y los presupuestos procesales, el que puso en claro este
punto, desarrollado posteriormente por la doctrina6.

Por tanto, nos dice Véscovi, “el proceso es el medio adecuado que tiene el
Estado para resolver el conflicto reglado por el derecho procesal, que establece
el orden de los actos (procedimiento), para una corriente (legal) prestación de
la actividad jurisdiccional. Que, recordemos, se pone en marcha, normalmente,
cuando una de las partes ejerce su derecho (poder) de acción”. Concluye el
mismo autor que “El proceso como conjunto de actos regulados mediante el
procedimiento que liga a los referidos tres sujetos, constituye un haz de
situaciones (o relaciones jurídicas) en el que se dan diversos derechos, deberes,
poderes, obligaciones o cargas”7.

“Los actos que se dan al interior del proceso, son variados y múltiples, sin que
ello rompa la unidad procesal, siendo, precisamente esta unidad, la que crea un
conjunto de vínculos entre los sujetos que participan en él. “La unidad del
proceso da lugar a que los actos que lo integran se interrelacionen y se
encaminen de modo armónico a la finalidad que con aquel se pretende, y hace
además que el valor conferido por la ley a cada uno de los actos procesales
dependa de este todo. Es así que los actos del proceso crean otros, o los

5
Véscovi, pág. 88.
6
Véscovi: pág. 88.
7
Véscovi: pág. 88.
determina, complementan, restringen o anulan, en virtud de la dependencia
existente entre ellos”8.

Respecto al proceso, Francesco Carnelutti, ha dicho que “La voz proceso


indica por tanto un método para la formación o para la actuación del Derecho,
el cual tiende a garantizar la bondad del resultado, esto es, aquella regulación
del conflicto de intereses que obtenga realmente la paz y sea por ello, “justa y
cierta”, la justicia debe ser una cualidad interior y substancial, la certeza, su
cualidad exterior o formal, si el derecho no es cierto, los intereses no saben lo
que es preciso para obedecer, sino es justo, no sienten lo que precisa para
obedecer”9.

Eduardo Couture, por su parte, precisa que “El proceso es, en si mismo un
método de debate. En el participan elementos humanos, jueces, auxiliares,
partes, testigos, peritos, etc., los cuales actúan según ciertas formas
preestablecidas en la ley. A su vez, estos actos se registran en documentos
emanados de las partes, de los jueces y de sus auxiliares. De aquí deriva la
circunstancia de que el proceso es, indistintamente el conjunto de actos y el
expediente en el cual esos actos quedan registrados. Los documentos del
proceso representan, vale decir, presentan de nuevo la voluntad jurídico
procesal”10. En esta línea, la Nueva Ley Procesal del Trabajo, prescribe que:
“Las audiencias son sustancialmente un debate oral de posiciones presididas
por el juez...” (art. 12.1 NLPT).

Se ha sostenido, por último, “que el proceso no surge del proceso, sino de una
situación extra y meta procesal que está llamado a canalizar y resolver. Esta
situación de conflicto, originadora del proceso, puede ser denominada litigio
entendida la palabra en la misma dirección de Carnelutti, pero en términos más
amplios – o sea, como conflicto jurídicamente trascendente y susceptible de
solución”.11

8
Hinostroza Minguez, Alberto: obra citada, pág. 53.r
9
Carnelutti, Francisco: Instituciones del Nuevo Proceso Civil Italiano, citado por Angulo
Argomedo, Jorge.
10
Couture, Eduardo: “Introducción al Estudio del Proceso Civil”, pág. 53, cita de Angulo
Argomedo, Jorge.
11
Tomado de Materiales de Enseñanza de Teoría del Proceso, del Dr. Juan Monroy Gálvez.
“Proceso, auto composición y autodefensa.
El proceso, entonces, es una realidad tangible que surge cuando aparece el
conflicto y cuyo fin es canalizarlo y resolverlo, por lo que no le falta razón al
Maestro Carnelutti, cuando afirma que es un “método para la formación o para
la actuación del Derecho”, o como lo diría Eduardo Couture, es un “método de
debate” en el que participan jueces, auxiliares de justicia, las partes, testigos,
peritos, etc.

Se ha dicho que el estudio del proceso reclama el planteamiento de tres


cuestiones fundamentales y de otras tres complementarias. Las primeras
pretenden averiguar, como es, que es y para qué sirve. Ello significará
indagar sobre su desarrollo, naturaleza y finalidad. Las cuestiones
complementarias tienen que ver con el hecho de que el proceso opera entre
hombres y que su manifestación se produce a través de actos, en cuyo caso
debemos saber quien, cuando y donde. Es decir, quien será el sujeto
encargado de desplegar la actividad procesal, el tiempo en que se desarrolla el
proceso y el lugar desde donde tiene lugar.

El proceso, constituye otra forma de hétero composición de solución del


conflicto, en la que interviene un tercero y lo resuelve imperativamente. “Es la
manera de solucionar los conflictos que brinda el Estado mediante su función
jurisdiccional. En efecto, como lo hemos dicho, el Estado expropia la función
sancionadora y, en sustitución de los particulares, debe organizar un
mecanismo necesario para resolver los conflictos y aplicar las sanciones. Al
prohibir la justicia por los particulares debe organizar la suya propia. Es decir
que el Estado, en el campo jurídico, no solo cumple con la producción y el
establecimiento de las normas jurídicas, sino que la tutela jurídica implica
integrar la función normativa con otra de segundo grado complementaria. A la
función de dictar las normas se agrega esta otra que tiene por objeto la
conservación del orden jurídico cuando es desconocido y el particular reclama
protección que es la función jurisdiccional”. El medio para realizar dicha
función es el proceso y las normas que lo regulan, el derecho procesal. En
conclusión el Estado al prohibir la autodefensa y reconocer la excepcionalidad
de la autocomposición otorga, mediante sus órganos, la tutela jurídica a las
partes, por intermedio del proceso”12

2.2. Derecho Procesal

12
Monroy Gálvez, Juan: Materiales de Enseñanza de Teoría del Proceso, obra citada.
En nuestra convivencia social, puesto que nadie vive aislado “se producen con
frecuencia conflictos de intereses que el derecho está llamado a componer o
arreglar a fin de restablecer la paz por medio de la justicia” 13. El derecho
entendido como un “conjunto de normas de conducta que hacen posible la vida
en común”14 es el encargado de regular esa vida de relación.

No es posible concebir una sociedad humana sin la presencia de conflicto de


intereses y de derechos, de modo que aun existiendo normas jurídicas
regulatorias de la vida en sociedad, éstas pueden ser violadas. “ante tales
hechos, únicamente caben dos soluciones, o permitir que cada uno persiga su
defensa y busque aplicar lo que entienda ser su justicia, personal y
directamente; o atribuir al Estado la facultad de dirimir tales controversias”15.
En el primer caso estaremos ante lo que la doctrina procesal ha denominado
Acción Directa o autodefensa, cuya característica es que uno de los sujetos en
conflicto (persona individual, asociación obrera o patronal, consorcio
económico, partido político oficial, profesión o cuerpo, Estado nacional, etc.),
y aun a veces los dos, a través del duelo o la guerra, resuelven o intentan
resolver el conflicto pendiente, mediante la acción directa, en lugar de servirse
de la acción dirigida hacia el Estado a través del proceso 16. En el segundo caso,
estaremos ante la Acción Civil, que importa la presencia de un tercero para
resolver el conflicto y que marca propiamente el nacimiento del proceso, en el
que éste dirime el conflicto suscitado entre las partes.

Si como se ha sostenido, que no es posible concebir la existencia de una


sociedad humana sin conflictos de intereses y de derechos; y que
modernamente se atribuye al Estado la facultad de dirimir tales controversias,
debe afirmarse que esta es la razón primera y fundamental del Derecho
Procesal. Es decir que responde a la necesidad “de encauzar la acción de los
asociados en el deseo de proteger sus intereses o de un hecho perturbatorio

13
Alzamora Valdez, Mario: Derecho Procesal Civil, Teoría General del Proceso, Ediciones
EDDILO, Octava Edición, pág. 11.
14
Véscovi, Enrique: Teoría General del Proceso, Editorial Temis S. A., Santa Fe de Bogotá-
Colombia, 1999, 2da. Edición, p´g. 1.
15
Devis Echandía, Hernando: Compendio de Derecho Procesal Civil, Teoría General del Proceso.
T. I. Edic. ABC, Santa Fe de Bogotá, 1996, pág. 3.
16
Niceto Alcalá Zamora y Castillo. Proceso, auto composición y autodefensa (Contribución al
estudio de los fines del proceso) México, Editorial Imprenta Universitaria, 1947, pág. 46, tomado
de Monroy Gálvez, Juan, Materiales de Enseñanza de Teoría del Proceso, Universidad San
Martín de Porres, Facultad de Derecho y Ciencias Políticas, Lima 1997.
consumado”17. “El derecho (objetivo) impone normas de conducta, sin
embargo, la simple producción y dictado de esas normas no es suficiente, pues
los individuos pueden desconocerlas, por lo que debe establecerse el
mecanismo para que se respeten”18.

Devis Echandía, Hernando, dice que “Precisamente, una de las características


esenciales de toda sociedad organizada es la reglamentación de desatar los
conflictos entre las personas o de reparar lesiones y sancionar los ilícitos, con
base en dos principios: la restricción de tal facultad al Estado y la
determinación de normas para su ejercicio. Esa facultad es, por parte del
Estado, una emanación de su soberanía para la tutela del orden jurídico, lo que
trae dos consecuencias: la de rechazar su uso por los particulares, y la de que
cada Estado oponga a los otros su ejercicio en forma exclusiva respecto de sus
asociados y dentro de su territorio”19.

En cuanto a la definición de Derecho Procesal, podemos citar las siguientes:


Véscovi, Enrique, precisa que “El Derecho Procesal es el conjunto de las
normas que establecen los institutos del proceso y regulan su desarrollo y
efectos y también la actividad jurisdiccional”20. Hugo Alsina, lo define como
“El conjunto de normas que regulan la actividad del Estado para la aplicación
de las leyes de fondo”. Eduardo Couture, por su parte, lo concibe como la
“La rama del saber jurídico que estudia en forma sistemática la naturaleza del
proceso civil, su constitución, desenvolvimiento y eficacia”. En el mismo
sentido Guasp, lo define como “la que regula los requisitos, el desarrollo y los
efectos del proceso”21.

De las definiciones aludidas sólo la que emite Eduardo Couture hace referencia
expresa al proceso civil, por lo que puede ser excluida de las definiciones que
se refieren al proceso, desde que el interés radica en considerar una definición,
que desde la teoría del proceso, se ubique en ésta área del Derecho y no
constituya solo patrimonio del proceso civil, penal o cualquier otro.
Una definición que nos parece interesante, es la que nos proporciona Devis
Echandía, según el cual “El derecho procesal puede definirse como la rama
del derecho que estudia el conjunto de normas y principios que regulan la
17
Devis Echandía, Hernando, obra citada, pág. 3-11.
18
Véscovi, Enrique, obra citada, pág. 1.
19
Obra citada.
20
Obra citada, págs. 2 a 5.
21
Citas de Véscovi, Enrique: obra citada, pág. 8.
función jurisdiccional del Estado en todos sus aspectos y que por tanto fijan el
procedimiento que se ha de seguir para obtener la actuación del derecho
positivo en los casos concretos y que determinan las personas que deben
someterse a la jurisdicción del Estado y los funcionarios encargados de
ejercerla”22.

En nuestro país Carrión Lugo, Jorge, precisa que el Derecho Procesal es la


“ciencia jurídica que tiene por objeto central de su estudio al proceso,
instrumento jurídico mediante el cual el Estado, ejecutando su función
jurisdiccional, resuelve los conflictos de intereses de orden jurídico o dilucida
las incertidumbres jurídicas que se someten a su decisión”23.

Un hecho cierto y admitido por la doctrina es que el Derecho Procesal es


independiente y autónomo del derecho material o sustantivo. Es una rama
propia e independiente del Derecho, con sus propios principios fundamentales.
Es un derecho público, porque está referido a realizar una de las funciones
esenciales del Estado. Sus normas son también de carácter público, debido a su
imperatividad que obligan a su cumplimiento, independientemente de la
voluntad de las partes y a su inderogabilidad.

Devis Echandía resume las características del Derecho Procesal al afirmar que
“es un derecho público, formal, instrumental y de medio, autónomo, de
principal importancia y de imperativo cumplimiento”24.

La fijación del “procedimiento que se ha de seguir para obtener la actuación


del derecho positivo, en los casos concretos”, nos permite, no solamente
afirmar su independencia respecto al derecho material, esto es, de las normas
generales y abstractas que el Estado dicta “sin referencia a situaciones
particulares concretas o a individuos determinados”25, sino también, afirmar,
que el Estado a través del Derecho Procesal ejerce su jurisdicción, procurando
obtener la realización práctica de aquellas normas. En efecto, el Derecho
Procesal aparece cuando hay violación o desconocimiento de un derecho
sustantivo y se reclama la tutela jurisdiccional. Es, entonces, “el instrumento
para hacer valer aquellas reglas que establecieron los deberes y derechos (o
22
Obra citada, pág. 3.
23
Carrión Lugo, Jorge: Tratado de Derecho Procesal Civil, T. I. Editora Jurídica Grijley. 2000,
Lima – Perú., pág. 6.
24
Obra citada.
25
Véscovi, Enrique, obra citada, pág. 8.
situaciones jurídicas) que constituyen el derecho material”. “El derecho
procesal surge, entonces, como un medio, como un derecho secundario, que
supone la existencia de normas jurídicas preexistentes que regulan la conducta
humana y que habrían sido violadas”26.

El Derecho Procesal, es bueno reiterarlo, es autónomo, porque, además de


tener sus propias normas, tiene sus propios principios y se maneja con
instituciones que le son propias. Esto es, precisamente, lo que le permite
adecuarse al derecho que pretende imponer, a través de ciertas reglas especiales
que se derivan de aquél. Aclarando, se dirá que si se trata del Derecho Penal,
Agrario, Civil, Laboral, Administrativo o cualquier otro, al que tiene que
servir, deberá adecuarse a las reglas especiales que rigen en cada una de estas
parcelas del derecho, sin perder su autonomía ni unidad. En concreto, esto es lo
que ocurre con el Derecho Procesal Civil, Penal, laboral, etc. etc.

Respecto a la importancia del Derecho Procesal, diremos, siguiendo a Devis


Echandía27, que ello resulta de los siguientes hechos:

 Porque regula el ejercicio de la soberanía del Estado aplicada a la función


jurisdiccional. Se trata de la administración de justicia a los particulares, a
las personas jurídicas del derecho privado y a las entidades públicas, en sus
relaciones con aquellas y entre ellas mismas, incluyendo al propio Estado.
 Porque “establece el conjunto de principios que deben encauzar, garantizar
y hacer efectiva la acción de los asociados para la protección de su vida, su
dignidad, su libertad, su patrimonio y sus derechos e toda clase, frente a
terceros, al Estado mismo y a las entidades públicas que de éste emanan,
bien sea cuando surge una simple amenaza o en presencia de un hecho
consumado”.
 Porque “Sin organización jurisdiccional no puede haber orden social ni
Estado de derecho”. La organización jurisdiccional no se concibe sin el
derecho procesal, aun cuando este sea incipiente o rudimentario, de manera
que si este se desarrolla, también ha de perfeccionarse la jurisdicción.
 Porque elimina la justicia privada, pudiendo el Estado garantizar la
armonía y la paz sociales.

26
Véscovi, Enrique, obra citada.
27
Obra citada.
 Porque “es el instrumento jurídico para la defensa de la vida, la libertad, la
dignidad y los derechos subjetivos individuales y sociales, así como los
derechos del Estado y de las entidades en que este se divide frente a los
particulares y a las personas jurídicas de derecho privado”.

Respecto al objeto y fin del Derecho Procesal, siempre siguiendo a Devis


Echandía28, se anotará que su objeto “es regular la función jurisdiccional del
Estado, en los siguientes hechos:

 En la solución de conflictos entre particulares y de éstos con el Estado y


sus entidades y funcionarios.
 En la declaración de certeza de ciertos derechos subjetivos o de situaciones
jurídicas concretas cuando la ley lo exige como formalidad para su
ejercicio o su reconocimiento.
 En la investigación y sanción de hechos ilícitos de naturaleza penal.
 En la prevención de esos hechos ilícitos.
 En la tutela del orden jurídico constitucional frente a las leyes comunes y
desorden legal frente a los actos de administración.
 En la tutela de la libertad individual, de la dignidad de las personas y de
sus derechos que la Constitución y las leyes les otorgan.

“El fin del Derecho Procesal es garantizar la tutela del orden jurídico y por
tanto la armonía y la paz sociales, mediante la realización pacífica, imparcial y
justa del derecho objetivo abstracto en los casos concretos, gracias al ejercicio
de la función jurisdiccional del Estado a través de funcionarios públicos
especializados”29.

Admitido, desde la Teoría General del Derecho, que el Derecho Procesal es


una disciplina, de la cual se desgajan todos los tipos de procesos que
conocemos, no resulta difícil admitir que el Derecho Procesal Laboral es una
rama de aquél, como lo es, el Derecho Procesal Civil, Derecho Procesal Penal,
Derecho Procesal Constitucional, etc. etc.

Por último, con relación al contenido del Derecho Procesal, anotaremos que
comprende las siguientes materias:

28
Obra citada.
29
Devis Echandía, obra citada.
 Las normas relativas al denominado derecho orgánico o derecho judicial,
las referentes al Ministerio Fiscal, y las que afectan a las propias partes
procesales, incluso a los sujetos encargados de la postulación, no obstante
su organización cooperativa.
 En cuanto al objeto del proceso, no se limita al análisis de la pretensión
concebida como una simple activación, sino que se extiende al estudio de
la acción concebida como un derecho subjetivo público a obtener una
sentencia de un contenido determinado, lo que Goldschmidt denomina
pretensión de tutela jurídica y que constituye el sector puente por el
llamado derecho judicial material.
 Menos duda ofrece como contenido del Derecho Procesal el análisis de la
pura actividad procesal desde su iniciación hasta su terminación, pasando
por su desarrollo.
 Por las mismas razones antes anotadas forman parte del Derecho Procesal,
los efectos del proceso y el conjunto de la ejecución, cuyo carácter de
derecho judicial material ha sido puesto de relieve anteriormente.
 Y por razones históricas, exclusivamente se estudia generalmente en el
Derecho Procesal, la llamada jurisdicción voluntaria30.

3. DERECHO PROCESAL DEL TRABAJO.

3.1. Concepto.

El Derecho Laboral o Derecho del Trabajo, tiene su origen en la necesidad de


“regular el trabajo remunerado y el sistema de relaciones laborales, tiene entre
sus objetivos o finalidades compensar “la debilidad contractual del trabajador
en la relación de trabajo asalariado”, como lo indican Martín Valverde
Antonio, Rodríguez – Sañudo Gutiérrez Fermín y García Murcia Joaquín31.
Para el efecto implementa “una legislación de condiciones mínimas de empleo

30
Pedro Aragonés, Alonso: Proceso y Derecho Procesal. Aguilar Madrid 1969, pág. 340, citado
por Carrión Lugo, Jorge, obra citada.
31
Martín Valverde Antonio, Rodríguez – Sañudo Gutiérrez Fermín y García Murcia, Joaquín:
“Derecho del Trabajo”. Novena Edición, Editorial Tecnos (Grupo Anaya S. A), 2000. Madrid –
España.
y trabajo, que impone a los empresarios límites o barrera a posibles abusos de
su posición dominante”32.

En cuanto a las formas de resolver los conflictos, reconoce “a los trabajadores


medios de auto tutela o autodefensa colectivos, y, con la regulación de
instrumentos procesales y administrativos que permitan la igualdad efectiva de
los actores sociales. Desde esta óptica se afirma que el proceso de trabajo “es
una exigencia del propio Derecho del Trabajo”, lo anota Rodríguez – Piñero,
citado por Paúl Paredes. En consecuencia, “el surgimiento del derecho procesal
del trabajo es sólo una etapa dentro de una basta obra de política legislativa de
amparo al trabajador y aseguramiento de ciertos resultados mínimos de justicia
dentro de este tipo especial de relación jurídica, en la cual está en juego lo más
noble de todas las sustancias del derecho: la sustancia humana”33.

De otro lado, nos informa, Paredes Palacios, citando a Rodríguez – Piñero, que
es un hecho reconocido por la doctrina que el proceso laboral ha surgido como
consecuencia de la “inadaptación del proceso civil común para resolver
adecuadamente los litigios de trabajo”. Han sido las nuevas exigencias de
justicia y de la necesidad de hacer efectiva la igualdad de las partes ante la
“desigualdad originaria entre trabajadores y empresario, que tiene su
fundamento no sólo en la distinta condición económica de ambos sujetos, sino
en su respectiva posición en la propia y especial relación jurídica que los
vincula, que es la dependencia y la subordinación de uno respecto del otro”34.
Estas afirmaciones se expresan en forma nítida en los fundamentos de la Nueva
Ley Procesal del Trabajo, sobre todo en la parte en que se declara que: “En
todo proceso laboral los jueces deben evitar que la desigualdad entre las
partes afecte el desarrollo o resultado del proceso, para cuyo efecto procuran
alcanzar la igualdad real de las partes, privilegian el fondo sobre la forma,
interpretan los requisitos y presupuestos procesales en sentido favorable a la
continuidad del proceso…” (art. III T. P. NLPT).

En mérito de lo antes expuesto, se ha llegado a calificar al proceso laboral,


como un proceso civil especial, según lo señalan De la Villa, Luís Enrique,
García Becedas Gabriel y García Perrote Escartín, en su obra Instituciones de
32
Paredes Palacios, Paúl: “Pruebas y Presunciones en el Proceso Laboral”. Biblioteca de Derecho
del Trabajo. ARA EDITORES, Primera Edición 1997, Lima – Perú, pág. 73.
33
Couture, Eduardo, cita de Paredes Palacios, obra citada, pág. 73.
34
Sentencia del Tribunal Constitucional Español 3/1985 de 25 de enero. Cita de Martín Valverde,
Antonio y otros, citado, a su vez, por Paredes Palacios, obra citada, pág. 74.
Derecho del Trabajo, “con principios propios, pero sobre todo con principios
comunes al principio civil”, nos informa Paredes Palacios35.

El mismo Paredes Palacios, precisa que desde una perspectiva del Derecho
Procesal, moderno, publicístico, uniformista y unificador se concluye que “el
Proceso Laboral se inserta en la dogmática de la Teoría General del Proceso
(que configura lo que podemos llamar un Derecho Procesal General), o, como
lo queremos, acentuando el elemento jurisdicción por sobre el elemento
proceso, en el Derecho Jurisdiccional, manteniendo particularidades que el
Derecho del Trabajo requiere para ser actuado para lo cual – en general – se
requiere la acentuación de los poderes de dirección del juez y la presencia del
principio inquisitivo. Desde este punto de vista se justifica el estudio
particularizado del Derecho Procesal Labor o, más propio, del simplemente
Proceso Laboral”36. Por ello, “Los jueces tienen un rol protagónico en el
desarrollo e impulso del proceso” (art. III T.P. NLPT).

Las expresiones Proceso Laboral y Derecho Procesal Laboral, si bien se


utilizan como sinónimos, la expresión Proceso Laboral es la más rigurosa y
rigurosamente científica, nos indica Paredes Palacios. Sin embargo, precisa,
que aun siendo indiscutible tal afirmación, “desde el Derecho jurisdiccional en
el que el proceso es sólo instrumento para la realización de la función de los
órganos jurisdiccionales admite cierta discusión”. Ello porque los tipos
procesales que son necesarios para la actuación de algún derecho material,
como por ejemplo, el derecho penal, derecho laboral, derecho administrativo,
derecho civil, etc. etc., hacen necesario la aparición de las correspondientes
ramas del Derecho Procesal, a las que para su plena identificación debe
agregársele la denominación del derecho material que deben actuar. Así
tenemos que siguiendo la secuencia antes enumerada a cada disciplina jurídica
positiva o material, le corresponderá un determinado proceso que los
emparenta y unifica, pero que al mismo tiempo los separa dadas las
características de cada uno. “Sin embargo, anota Paredes Palacios, nos ha
llevado a adoptar (y adecuar) esta terminología – la de proceso laboral – aun
desde el procesalismo científico (que permitiría hablar perfectamente de
“Derecho Procesal Laboral”), sus nuevas corrientes uniformadoras en un
“Derecho Procesal General, motivados de otro lado, en procurar la distinción

35
Paredes Palacios, Paúl, obra citada, pág. 74.
36
Obra citada, pág. 74
de la matriz, de sus expresiones particulares, evitando, además, la aparente
autonomía que pueda ser inferida de contraponer el Derecho Procesal Laboral
con el Civil, Penal, Administrativo, etc.”37

La rigurosidad científica de la expresión “Proceso Laboral” y su afirmación


como tal, significaría, en palabras de Paredes Palacios:

 “La adopción del Derecho Jurisdiccional complementada por el moderno


Derecho Procesal que aúnan esfuerzos en el estudio del método hetero
compositivo de solución de conflictos por excelencia a cargo del Estado
moderno”.
 “Negar la autonomía del Derecho Procesal Laboral frente a cualquier otro
Derecho Procesal, puesto que el calificativo que se le pueda posponer a
Derecho Procesal – o proceso – responde únicamente a las necesidades
particulares del derecho sustantivo a ser actuado (fundamentalmente
derivada de su carácter disponible o indisponible), necesidades que van
coloreando un proceso en particular con lápices extraídos de las canteras
del Derecho Procesal General o, como lo queremos, del Derecho
Jurisdiccional, siendo que cualquier Derecho Procesal o Proceso no pueda
explicarse sin continuas referencias a la matriz que le proporciona alma y
cuerpo, es decir, una orientación y una estructura”.
 “Aceptar como nociones comunes a todos los procesos, institutos como la
jurisdicción, la acción, la capacidad y legitimación de las partes, los actos
procesales, las nulidades, los medios de impugnación, los efectos del
proceso y, entre otros, la prueba y las presunciones, que traduzcan la
unidad fundamental del proceso”.
 “Desarrollar a partir de las nociones comunes a todo proceso las
particularidades necesarias a cada tipo de proceso sin desconocer su unidad
y en este campo es de especial relevancia el tratamiento que se le puede
dispensar a las pruebas y a las presunciones en el proceso laboral”. En este
sentido, entre otros, el artículo 23.2 de la Nueva Ley Procesal del Trabajo,
en el que se prescribe: “Acreditada la prestación personal de servicios, se
presume la existencia de vínculo laboral a plazo indeterminado, salvo
prueba en contrario”.
 “Afirmar la autonomía del proceso laboral frente al derecho material. Esto
significa negar que el Derecho Jurisdiccional o procesal sea una parte del

37
Paredes Palacios, Paúl, obra citada, págs. 79-80.
derecho material, en este caso, del derecho laboral”. Para los procesalistas
esta es una verdad innegable, afirma Paredes Palacios, sin embargo,
“parece no serlo para los laboralistas, desde que implementan toda una
disciplina a partir del Derecho Laboral para tratar el problema del
proceso”…”esta consecuencia de enfocar el proceso laboral sería
consecuencia del carácter instrumental que se predica del proceso laboral”
verdad indiscutible a decir de Rodríguez –Piñero, para quien “Una
disciplina integral del derecho del trabajo requiere no sólo la especialidad
de su disciplina en el campo sustancial, sino también en el campo
procesal”38.

En concreto y en mérito de lo antes expuesto, resulta necesario definir lo que se


entiende por Derecho Procesal del Trabajo. Para ello, es preciso, tener presente
que el término derecho, nos sugiere la existencia de un conjunto normativo,
que en el caso del proceso, van a tener como objeto la regulación de esta
actividad, referida a la solución de los conflictos laborales. El Derecho
Procesal del Trabajo, tendrá, entonces, como objeto de regulación el proceso
laboral y por tanto de los institutos que lo conforman, sus principios, normas y
garantías que lo regulan, como instrumento del Estado, para el ejercicio de su
función jurisdiccional en materia laboral.

El Derecho Procesal del Trabajo así concebido, constituye una rama del
Derecho Procesal, cuyas características lo distancian, como ha quedado dicho,
de otras disciplinas: Derecho Procesal Civil, Derecho Procesal Penal y otros.
Constituye una rama de la ciencia procesal cuyo objeto es el estudio de la
naturaleza, desenvolvimiento y eficacia de aquellas normas que regulan el
proceso laboral. Se incluye el estudio de los principios e instituciones que
conforman esta parcela del Derecho Procesal.

El Derecho Procesal del Trabajo, Derecho Procesal Laboral o simplemente


Proceso Laboral, “es el conjunto de normas que regulan la actividad
jurisdiccional de los Tribunales y el proceso del trabajo, tendiendo al
mantenimiento del orden jurídico y económico de las relaciones entre los
trabajadores y sus patrones. El Derecho Procesal como jurisdicción y actos del

38
Paredes Palacios, Paúl, obra citada, pág. 80.
proceso, comprende a la solución de los conflictos que se generan en las
relaciones entre trabajadores y sus principales o empleadores”39.

El Proceso Laboral, al igual que el Proceso Civil, Proceso Penal y otros, se


encuentran condicionados por la naturaleza de las normas jurídico – materiales
que deben actuar. Así tenemos, que en el caso de nuestra disciplina, son las
normas sustantivas o materiales destinadas a regular las relaciones de trabajo,
las que van a determinar el sentido de sus instituciones y tratamientos
procesales, aun cuando, como se ha indicado, mantiene su independencia.

3.2. Diferencia entre proceso y procedimiento.

Las diferencias, entre proceso y procedimiento, actualmente son mucho más


nítidas, hecho que no ocurrió durante la época procedimentalista que se vivió
en nuestro país, durante la vigencia de los Códigos de Procedimientos Civil y
Penal y el propio Decreto Supremo Nº 003-80-TR, que regulaba el proceso
laboral, antes de la promulgación de la Ley 26636 y lógicamente de la Nueva
Ley Procesal del Trabajo 29497.

“El proceso representa una serie de actos sucesivos que conforman entre si una
unidad y que tienen como recorrido último y normal la sentencia emanada de
una autoridad imparcial, esto es, desvinculada de las partes intervinientes. El
procedimiento es la forma como tales actos se manifiestan, ya sea considerados
aisladamente o enlazados unos con otros, vale decir, el proceso visto
exteriormente, en sentido dinámico”40.

El procesalista peruano Juan Monroy Gálvez, precisa que el proceso “… es el


conjunto dialéctico, dinámico y temporal de actos, que se realizan durante la
ejecución de la función jurisdiccional del Estado, bajo su dirección, regulación
y con el propósito de obtener fines privados y públicos, los que son comunes a
todos los participantes”. El procedimiento, para el mismo autor “es el conjunto
de normas o reglas de conducta que regulan la actividad, participación y las
facultades y deberes de los sujetos procesales y también la forma de los actos

39
Urquizo Pérez, Jorge: Práctica Forense Laboral, T. I. 2da. Edición. Arequipa – Perú, 1983, págs.
4 y 5.
40
Hinostroza Minguez, Alberto, obra citada, pág. 59.
realizados en un proceso o en parte de este, provistos por el Estado con
anticipación a su inicio”41.

La confusión, en todo caso se deriva, de dos hechos: el primero tiene que ver
con sus raíces etimológicas: ambos tienen una raíz común “procedere”. El
segundo está referido a su significado: ambos sugieren un “avance desde un
acto inicial hasta otro final”, a decir de Paredes Palacios. Este mismo autor,
precisa, que no obstante, técnicamente tienen distinto significado.
“Procedimiento es la forma externa que adquiere el proceso, es, digamos, la
manufactura que en concreto se requiere para actuar la función jurisdiccional
del Estado y que como una manufactura es referible a cualquier actividad – no
solo jurídica”. “Proceso, denota la estructura y los nexos entre los actos, los
sujetos involucrados, finalidad, principios, cargas, deberes y derechos
necesarios para la realización de la función jurisdiccional. Es decir, todo
proceso se desarrolla formalmente a través de un procedimiento”42

3.3. Origen y evolución del proceso laboral.

Montoya Melgar precisa que “la existencia de un proceso laboral,


especializado frente al proceso civil, tiene una explicación histórica, cuyo
fundamento en buena parte permanece. Desde finales del siglo XIX, continua
diciendo, del mismo modo que se propugna un derecho sustantivo “nuevo
frente al civil – un derecho “social”, apartado de la tradición del individualismo
liberal -, con el fin de garantizar la efectiva protección jurídica de los
trabajadores, se defiende el establecimiento de un proceso laboral específico,
ágil y económico, libre de complicación, lentitud y costo del proceso civil”43.

Los institutos y tratamientos procesales están, generalmente, condicionados, en


gran parte por la naturaleza de las normas jurídico – materiales. Así por
ejemplo, el Proceso Civil, lo estará por las normas que conforman el Derecho
Civil, cuya finalidad es regular las relaciones entre los particulares. Igualmente,
el proceso penal, estará condicionado a las normas del Derecho Penal, que
busca sancionar y erradicar el delito. Este condicionamiento se presenta con
mayor intensidad en el Proceso Laboral comprobable desde una perspectiva
41
Monroy Gálvez, Juan: 1996, Tomo I, cita de Hinostroza Minguez, Alberto, obra citada, págs. 59
y 60.
42
Paredes Palacios, Paúl. Obra citada.
43
Montoya Melgar, Alfredo: Derecho del Trabajo, 11ª Edición, Editorial Tecnos S. A. 1990,
Madrid – España, pág. 703 – 704.
histórica, que busca proteger los derechos del sector más débil de la relación
laboral.

Este último hecho, forma parte también de la historia del proceso laboral, pues
como lo anota el mismo Montoya Melgar, “la doctrina moderna reacciona con
energía frente a la “distinción cerrada entre normas procesales y sustanciales”,
cuya relatividad pone de relieve y advierte la íntima vinculación entre lo
adjetivo y lo sustantivo “y como el proceso de trabajo es un factor necesario
“para los fines político – sociales que como disciplina específica persigue el
Derecho del Trabajo”44.

El proceso laboral, como lo indica Rodríguez – Piñero, en cita de Paredes


Palacios, Paúl45; “…surge de la “inadaptación del proceso civil común para
resolver adecuadamente los litigios de trabajo”. Por su parte éste último agrega,
citando una sentencia del Tribunal Constitucional de España, citada, a su vez
por Martín Valverde, Rodríguez – Piñero y García Murcia, que ello “…
resultaba de las nuevas exigencias de justicia y de la necesidad de hacer
efectiva la igualdad de las partes ante la “desigualdad originaria entre
trabajador y empresario, que tiene su fundamento no sólo en la distinta
condición económica de ambos sujetos, sino en su respectiva posición en la
propia y especial relación jurídica que los vincula, que es de dependencia y
subordinación de uno respecto del otro”.

Desde tal perspectiva, durante algún tiempo, hecho repetido en los debates con
motivo de la derogada Ley Procesal del Trabajo, Ley Nº 26636, se consideró
que el proceso laboral, no viene sino a constituir un proceso civil especial,
aunque con principios propios, pero al mismo tiempo, con principios propios
del proceso civil. En el debate de la Nueva Ley Procesal del Trabajo, sin que
pueda afirmarse que ha desaparecido la intencionalidad de los civilistas, no
estuvo presente este debate.

Contundente prueba de lo que decimos y como clara evidencia del triunfo, de


aquellas posiciones que distancian el proceso laboral del proceso civil, dada su
particular peculiaridad expresada en principios propios, lo constituye el hecho
de que se encuentre regido por una norma especial, como lo es la Ley Procesal

44
Obra citada.
45
Paredes Palacios, Paúl, obra citada, pág. 73.
del Trabajo actualmente vigente, Ley Nº 29497, Nueva Ley Procesal del
Trabajo que sustituye a la Ley Nº 26636.

Teniendo en consideración que en el caso peruano, la evolución del Proceso


Laboral, ha seguido la misma trayectoria del Derecho del Trabajo, en su
constante pugna por constituirse en una disciplina autónoma separada del
proceso civil, sólo quiero referirme a los antecedentes de la Reforma procesal
del Trabajo y las necesidades del sistema imperante.

Los antecedentes de la Nueva Ley Procesal del Trabajo, Nº 29497, lo


constituyen: la Ley Procesal del Trabajo, Nº 26636, a quien sustituye y el
Decreto Supremo Nº 003-80-TR, que durante el lapso de casi dieciséis años
rigió el proceso laboral en nuestro país y que fuera promulgada como
consecuencia de la integración en el Sector Trabajo, es decir de Fueros
Privativos de Trabajo y de Comunidades Laborales, en un solo Organismo
Jurisdiccional Autónomo, denominado Fuero Privativo de Trabajo y
Comunidades Laborales46. Este Fuero era el encargado de conocer y resolver
de las reclamaciones de carácter individual, sobre pago de remuneraciones y
otros derechos sociales, formulados por los trabajadores con contrato de trabajo
concluido47.

Los procesos de reposición en el trabajo y todos aquellos procesos que los


trabajadores con vínculo laboral vigente iniciaban eran de conocimiento de la
Autoridad Administrativa de Trabajo, cuyo trámite se regulaba por el Decreto
Supremo Nº 006-72-TR48.

46
“Que habiendo sido integrados en el Sector Trabajo, el Fuero Privativo de Trabajo y Fuero
Privativo de Comunidades Laborales, por Decreto Ley Nº 22465, como un solo organismo
Jurisdiccional Autónomo denominado Fuero Privativo de Trabajo y Comunidades Laborales, es
indispensable establecer un procedimiento único para las reclamaciones tanto de carácter laboral,
como relativos a Comunidades Laborales (Primer considerando D. S. Nº 003.80-TR.
47
El Decreto Ley Nº 19040, Ley Orgánica del Sector Trabajo, del 23 de noviembre de 1971, en su
artículo 27º, establecía que el Fuero Privativo de Trabajo era el organismo jurisdiccional
autónomo encargado de conocer y resolver, en forma exclusiva, las reclamaciones de carácter
individual que sobre pago de remuneraciones y otros derechos formulen los trabajadores cuyo
contrato de trabajo haya terminado (CTS, indemnización por despido injustificado, hostilidades y
otros). Posteriormente el Decreto Supremo Nº 012-79-TR, del 05 de diciembre de 1979,
Reglamento de Organización y Funciones del Fuero Privativo de Trabajo, en su artículo 2º,
prescribiría lo mismo, respecto a la competencia.
48
El artículo 1º del D. S. Nº 006-72-TR, prescribía que: “Las denuncias por incumplimiento o
violación de disposiciones legales y/o convencionales de trabajo, cuando el vínculo laboral esté
vigente, así como por reposición en el trabajo por despedida injustificada o para la
reincorporación al empleo invocando un derecho preferencial, serán formulados ante las
Autoridades Administrativas de Trabajo y tramitados de conformidad con el procedimiento
establecido en los artículos siguientes”.
Tales disposiciones tenían su fundamento en la Constitución Política del
Estado de 1933, vigente en aquel entonces, la misma que prescribía que sería la
Ley, la encargada de determinar la organización y las atribuciones de los
Tribunales y de los demás Tribunales y Juzgados que se establezcan por
naturaleza de las cosas. En efecto, como consecuencia de esta declaración
constitucional se establecieron los llamados Fueros Privativos, contrastándolos
con el Fuero Común. Estos Fueros Privativos fueron los siguientes: Fuero
Militar, Fuero Agrario, de Comunidades Laborales y Fuero Laboral.

El Fuero Administrativo de Trabajo, se instaura en los años 1971 y 1972,


durante el Régimen Militar, que asumió el gobierno de nuestro país, a partir del
03 de octubre de 1968. Fue el encargado de conocer todas las controversias,
cuando el vínculo laboral estaba vigente, además de las acciones por reposición
en el trabajo por despido injustificado y la reincorporación al empleo,
invocando un derecho preferencial.

El paso trascendental y la exclusión del Fuero Administrativo en el


conocimiento de los conflictos de trabajo y consecuentemente, la
judicialización de todos los procesos laborales fue marcado por la Constitución
Política del Estado de 1979, al establecer en el artículo 233º, numeral 1) que
“Son garantía de la administración de justicia: 1) La unidad y la exclusividad
de la función jurisdiccional. No existe ni puede establecerse jurisdicción
alguna independiente, con excepción de la arbitral y la militar. Quedan
prohibidos los juicios por comisión o delegación”.

Al definirse que las únicas jurisdicciones independientes que podrían


establecerse serían la Militar y la Arbitral, los Fueros Privativos de Trabajo
existentes, como el caso del Fuero Laboral, debían integrarse al Poder Judicial
en su conjunto.

La polémica respecto a si se mantenía el Fuero Privativo de Trabajo, o si debía


integrarse al Poder Judicial, cobró vigencia, pero al mismo tiempo quedó
zanjada con la vigencia de la Constitución del Estado de 1979. Tal situación,
obligó a que se hicieran dos modificaciones:
 Primero, integrar el Fuero Laboral, al Fuero Común, dotando a este de
Juzgados de Trabajo y Salas Laborales, de la misma manera, como existían
en lo civil y penal; tarea que como es de suponer, correspondía establecer a
la Nueva Ley Orgánica del Poder Judicial.
 Segundo, apartar a la Autoridad Administrativa de Trabajo de la
Administración de Justicia. Es decir, que deje de conocer y resolver los
reclamos sobre reposición en el trabajo, en caso de despido injusto y de
todos aquellos reclamos producidos cuando la relación de trabajo había
concluido, derogándose las disposiciones legales que otorgaban esta
facultad a la Autoridad Administrativa de Trabajo.

El proceso de judialización de los reclamos laborales, vigente o no el vínculo


laboral, se inicia con la Ley Nº 24514, del 04 de octubre de 1986, Ley de
Estabilidad Laboral, al establecer en su artículo 8º que: “El trabajador que
considere que el despido es injustificado o no cumple con los requisitos
formales exigidos por ésta ley, podrá recurrir al Fuero de Trabajo y
Comunidades Laborales para que lo declare injustificado o improcedente”.
Para el efecto, en la Segunda Disposición Transitorio, se delegó al Poder
Ejecutivo “la facultad de expedir mediante Decreto Legislativo, en el plazo de
60 días, las normas sobre descentralización de la estructura orgánica del
Fuero de Trabajo y Comunidades Laborales y dictar las disposiciones
procesales que le permitan cumplir las nuevas funciones que se le asignan en
esta ley”. Se dispuso además que “A partir de los 60 días posteriores a la
vigencia del Decreto Legislativo a que se refiere el párrafo anterior, el Fuero
de Trabajo y Comunidades Laborales conocerá y resolverá las acciones de
reposición que se interpongan de conformidad con lo que dispone la presente
Ley”.

En mérito de las facultades otorgadas al Poder Ejecutivo, con fecha 29 de


agosto de 1986, se promulgó el histórico Decreto Legislativo Nº 384, en cuyo
artículo 2º, prescribía, que era de competencia del Fuero de Trabajo y
Comunidades Laborales “Las acciones individuales interpuesta por los
trabajadores sujetos al régimen laboral de la actividad privada relativa a
controversias jurídicas sobre aplicación de las normas de trabajo”, y
concretamente las reclamaciones individuales que formulen los trabajadores
con contrato de trabajo rescindido, que hayan laborado para cualquier
empleador sujeto al régimen de la actividad privada, sobre compensación por
tiempo de servicios, indemnización por despido arbitrario, pago de
remuneración vacacional, pago de remuneraciones, etc. etc.49.

Se dio así el paso definitivo para el cumplimiento de la exclusividad y unidad


jurisdiccional, a que se refería el artículo 233º.1 de la CE de 1979, quedando
superada la polémica suscitada, respecto a la competencia para resolver los
conflictos laborales, determinándose que sería el Fuero de Trabajo y no el
Ministerio de Trabajo.

Lo anterior trajo como resultado una nueva polémica. Esta vez, relacionada con
la ubicación del Fuero Laboral. Algunos sostenían que éste debía mantener su
independencia, respecto al Poder Judicial, en tanto otros postulaban que debía
estar integrado a él. El fundamento esgrimido, por quienes defendían esta
última posición, se encontraba en la unidad y exclusividad de la función
jurisdiccional, proclamada por la Constitución del Estado y que sólo admitía
dos excepciones a la regla: la jurisdicción militar y la jurisdicción arbitral. Otro
argumento fue la autonomía del proceso laboral y del propio Derecho del
Trabajo, que bien podía dar lugar al funcionamiento de juzgados
especializados, como en el caso de la jurisdicción civil y penal. En este último
caso, se planteaba que independientemente de la decisión que se adopte,
respecto a que el Fuero de Trabajo se mantenga separado del Poder Judicial o
que se integre a él, debía mantenerse su especialización.

El asunto quedó totalmente zanjado con la promulgación de la Ley Orgánica


del Poder Judicial, al separar definitivamente la administración de justicia
laboral del Ministerio de Trabajo e integrarla a la estructura del Poder Judicial,
quien a través de los Juzgados Especializados y Salas Laborales se encargarían
de administrar justicia en materia laboral ya se trate de trabajadores con
vínculo laboral vigente o concluido.

Incorporado el Fuero Laboral como una rama especializada del Poder Judicial,
se reconocieron como órganos jurisdiccionales, en la Ley Orgánica del Poder
Judicial, los siguientes:

49
El Decreto Supremo Nº 012-79-TR, del 05 de Diciembre de 1979, en su artículo 4º, literal “a”
enumeraba los reclamos laborales que eran de competencia el Fuero de Trabajo.
 La Sala Constitucional y Social de la Corte Suprema de Justicia de la
República, que conoce, entre otros, de los recursos de casación en materia
de Derecho Laboral (art. 35º.4 LOPJ).
 Las Salas Laborales de las Cortes Superiores de Justicia, que conocen en
grado de apelación las causas resueltas por los Juzgados de Trabajo.
 Los Juzgados Especializados de Trabajo (art. 51º LOPJ); y
 Los Juzgados de Paz Letrados.

Por último, la misma Ley Orgánica del Poder Judicial, en su Novena


Disposición Final y Transitoria dispuso: “Las denuncias sobre violación e
incumplimiento de disposiciones laborales que presenten los trabajadores con
vínculo laboral vigente a partir de la publicación de la presente Ley, se
interpondrán ante los Juzgados de Trabajo o Juzgados de Paz Letrados en su
caso. El trámite de las mismas se sujeta a las normas judiciales
correspondientes. El Poder Ejecutivo en un plazo de sesenta días calendario a
partir de la misma adecua para ello el procedimiento contenido en el Decreto
Supremo Nº 003-80-TR. Las Dependencias del Ministerio de Trabajo que
correspondan, continúan con el trámite de las denuncias que tienen a su cargo
hasta su conclusión”.
Con dicha disposición, quedó establecida en forma definitiva la jurisdicción
laboral como parte del Poder Judicial. Sin embargo, ello generó otra exigencia,
cual es, la necesidad de reformar el proceso laboral, necesidad que se hizo más
urgente ante la vigencia del Nuevo Código Procesal Civil y la propia
Constitución del Estado de 1993, además de la traumática modificación de la
legislación laboral, como consecuencia del proceso flexibilizador del Derecho
del Trabajo.

Resumiendo, puede decirse que la reforma del proceso laboral, o mejor la


expedición de una nueva ley que regula el proceso laboral, se encontraba
justificada por las siguientes razones:

 El conjunto de normas jurídico – laborales que modificaron toda la


normatividad laboral, tanto en lo individual como en lo colectivo. Aquí
pueden ubicarse la Ley de Fomento del Empleo, ahora denominada Ley de
Productividad y Competitividad Laboral, la Ley de Compensación por
Tiempo de Servicios, Jornada de Trabajo, Descansos remunerados, Ley de
Relaciones Colectivas de Trabajo, etc. etc.
 La vigencia de una nueva Ley Orgánica del Poder Judicial, que fija la
competencia laboral en función al grado y materia.
 La vigencia de un nuevo ordenamiento en materia procesal civil, que
reconoce como elemento rector del proceso, el derecho a la tutela judicial
efectiva, que se vincula con el principio de unidad y exclusividad
jurisdiccional contenido en la vigente Constitución Política del Estado.
 El Principio de Veracidad que contiene el Código Procesal Civil y la
fijación de la actuación fundamental del juzgador en el proceso,
eliminando los excesos propios de los dispositivos del derogado Código de
Procedimientos Civiles, especialmente en materia probatoria y de los que
se nutrió el derogado Decreto Supremo Nº 003-80-TR y la regulación de
procesos de carácter sumario que bien podían ser trasladados al proceso
laboral, como por ejemplo, el proceso abreviado (arts. 475º y 486º del C. P.
C.).
 La nueva Constitución Política del Estado, norma superior y que pese a
haberse expedido con suma posterioridad a la promulgación de la Ley
Orgánica del Poder Judicial y del Código Procesal Civil, no es menos
cierto que guarda coherencia, respecto de los siguientes aspectos: a)
Reafirmación de dos criterios fundamentales: La Unidad y Exclusividad
Jurisdiccional y la especialización, y b) el derecho a la tutela judicial
efectiva, que tiene que ver igualmente, con el principio de Unidad y
Exclusividad.

Con lo expuesto, no quedó duda respecto a la necesidad e importancia de la


Reforma Procesal Laboral. Sin embargo, surgió una última polémica, entre
quienes postulaban que no era necesario, la emisión de una Ley especial sobre
Proceso Laboral, pues bastaba con recurrir a uno de los procesos reconocidos
en el nuevo Código Procesal Civil, como por ejemplo, el proceso sumario o
abreviado; y aquellos, que postulaban la necesidad de una norma procesal
especial que rija los procesos laborales, a cargo de jueces especializados, dada
su autonomía y especialidad.

La posterior publicación de la Ley Procesal del Trabajo, Nº 26636, derogada


por la Ley Nº 29497, vigente desde el mes de julio de 2010, constituyó la más
clara expresión del triunfo de quienes apostaron por el Proceso Laboral como
una disciplina distinta al proceso civil y por tanto depositario de sus propios
principios que le otorgan autonomía y especialidad.
3.4. Características del Proceso Laboral.

El proceso laboral, como es incuestionable, presenta sus propias características,


que lo distancian del proceso civil. Además su autonomía e independencia,
respecto del derecho material no acepta duda y su aceptación doctrinaria es
unánime. Sin embargo, no puede olvidarse que de los sistemas procesales
existentes, admitidos por la doctrina mayoritaria: El Sistema Procesal
dispositivo y el Sistema Procesal inquisitivo, a los que, además, se les otorga la
categoría de Principios Procesales, se encuentran recogidos por nuestro Código
Procesal Civil, como dos corrientes que responden, igualmente, a dos
concepciones: el liberalismo y el intervencionismo. “El liberalismo, que
responde a las ideas privatísticas, por su lado, propicia la menor injerencia del
Juez en el proceso”. La conveniencia de esta concepción es “concederle al juez
libertad plena en la apreciación de las pruebas”, porque mayor importancia
tiene “satisfacer los intereses de los litigantes que el interés colectivo (la paz
social) que está siempre inmerso en todo litigio”. “El intervencionismo,
responde a las ideas publicísticas y por tanto el juez tendrá una mayor
injerencia en el proceso50. Ambas concepciones pueden explicar el contenido
de las normas procesales.

En el sistema procesal dispositivo, son las partes las que disponen del proceso,
fijando la cuestión litigiosa. En el sistema procesal inquisitivo, al proceso se le
concibe como un instrumento jurídico destinado “a satisfacer los intereses
sociales con prescindencia de los intereses de los particulares, para mantener el
orden público, preconizando, de ese modo, que el dominio del proceso esté a
cargo del Estado, de los que representan al Estado dentro del proceso”51.

Podría decirse, que en el proceso civil, si bien el sistema dispositivo ha sido


recogido por el Código Procesal Civil52, no es menos cierto que también se
observa una fuerte influencia del sistema inquisitivo53, que se justifica por la
concepción respecto a los fines del proceso, recogidos en el artículo III del T.
P. En consecuencia, si ello ocurre en el Código Procesal Civil, con mayor

50
Carrión Lugo, Jorge: Obra citada, pág. 18 y 19.
51
Carrión Lugo, Jorge: Obra citada, pág. 20.
52
Ver artículos IV T. P., 424º. 6, 196º, 200º, 122º.3, VII T. P., 323º, 344º.
53
Ver artículos II y VI T. P., 190º, primer párrafo, 194º, primer párrafo, 209º, 327º.
razón, tratándose del Proceso Laboral, en cuyo seno se discute el
incumplimiento o violación de normas de orden público y de carácter
imperativo, como lo son todas las leyes que conforman el Derecho del Trabajo.
No cabe duda, que la activa participación del Juez, encuentra su fundamento en
los principios esenciales establecidos en la Constitución del Estado,
relacionados con el régimen jurisdiccional que rigen en nuestro país: igualdad
ante la ley y separación de poderes, lo que importa reconocer la independencia
y autonomía del Poder Judicial, la exclusividad de la jurisdicción, el control
constitucional de las leyes, el derecho irrestricto a la tutela jurisdiccional
efectiva, la observancia del debido proceso al decidir las controversias, la
gratuidad de la justicia y otros más54.

Sobre el particular Paredes Palacios Paúl55, precisa que la presencia de los


derechos sociales, trajo consigo “la implementación de procesos acordes con
sus exigencias de justicia”. El proceso laboral se anota como uno de aquellos
procesos sociales, por excelencia, a “partir de la cual la ciencia jurisdiccional –
procesal ha logrado profundos avances, cuyo fundamento se encuentra en:
 “La necesidad de tutela de los propios derechos sociales”, léase derechos
laborales constitucionalizados, derechos humanos o fundamentales. En la
doctrina constitucional se ha debatido respecto a los términos: Derechos
Constitucionales, Derechos Fundamentales o Derechos humanos,
llegándose a la conclusión, aunque con no pocas dificultades, que los
términos son equivalentes si se considera que los derechos humanos
cuando se encuentran constitucionalizados, pueden recibir la denominación
de derechos constitucionales, sin abdicar de su propia denominación y
dimensión. Del mismo modo, en la Constitución, pueden los derechos
humanos, ubicarse dentro del título denominado Derechos Fundamentales,
como ocurrió con los Derechos Laborales, en la Constitución de 1979, con
lo que recibirían esta última denominación, sin dejar de ser derechos
humanos o constitucionales.
 “… el logro de manera más urgente, más acabada, de una igualad real de
las partes a lo largo de los procesos”, a través de la creación de una
desigualdad por compensación. Aquí bien puede ubicarse los fundamentos
del Proceso Laboral a que se refiere el artículo III del Título Preliminar de
la Nueva Ley Procesal del Trabajo, Nº 29497 y en especial, aquel que se

54
Carrión Lugo, Jorge: Obra citada, págs. 11 y 12.
55
Paredes Palacios, Paúl: obra citada, págs.94 y ss.
refiere a la obligación del juez de “evitar que la desigualdad entre las
partes afecte el desarrollo o resultado del proceso, para cuyo efecto
procuran alcanzar la igualdad real de las partes”.
 En “la acentuación de los poderes de dirección del juez tanto formales
como materiales”, como una exigencia de hacer efectiva la igualdad real de
las partes. Por ello la Nueva Ley Procesal del Trabajo, proclama en el
mismo artículo III, referido a los fundamentos del Proceso Laboral, que el
“Los jueces tienen un rol protagónico en el desarrollo e impulso del
proceso, impiden y sancionan la inconducta contraria a los deberes de
veracidad, probidad, lealtad y buena fe de las partes, sus representantes,
sus abogados y terceros”. Sobre lo mismo, Mario Pasco Cosmópolis
comentando el principio de oralidad en la nueva Ley Procesal del Trabajo,
dice: “Al juez laboral se le exige, además una posición activa y diligente,
en la que debe liderar el proceso, que es reconocido por eso como uno
cuasi inquisitivo. Por tanto, al momento de la actuación de las
declaraciones no puede esquinarse y recibir, de manera pasiva, el
interrogatorio prefabricado de la parte que ofreció la prueba, ni la
manifestación – muchas veces prefabricada – del declarante, sino que tiene
que intervenir en forma dinámica, siguiendo el vaivén de las preguntas y
respuestas, y haciéndose una composición de lugar en la que los vacíos que
surjan deben ser colmados con la intervención del propio juez, cuyo deber
es buscar la verdad real”. Más adelante, agrega: “El Juez pasa a ser el
conductor real de la audiencia, y con ello del proceso, lo que lo fuerza
abandonar la posición distante y pasiva en que se ha desenvuelto a lo largo
de décadas, para convertirse en el protagonista central, aquel que conduce,
dirige y ordena todas las actuaciones, a partir de sus propias
intervenciones, pues es el juez quien primero interroga a las partes, a los
testigos, a los peritos, lo que lo obliga no solo a conocer a fondo el caso,
que debe estudiar concienzudamente antes de la audiencia, sino a conducir
los interrogatorios”56.

En atención a las características que se señalarán, puede afirmarse que nuestro


proceso laboral se encuentra estructurado bajo el influjo del principio
dispositivo (consecuencia del reconocimiento que el Estado Moderno hace del
derecho de los ciudadanos al derecho de acción o a la jurisdicción), con

56
Pasco Cosmópolis; Mario: “Oralidad, el Nuevo Paradigma”, en Revista Soluciones Laborales Nº
25, pp. 57-58.
actuación del principio inquisitivo como una forma de “garantizar la tutela de
los derechos indisponles que contemplan las normas laborales (sustantivas)”.

“La urgente compensación a la desigualdad natural entre trabajadores y


empleadores, y la propia actuación de las notas inquisitivas conllevan la
acentuación de los poderes de dirección formal y material del Juez”57.

En consecuencia, las características del Proceso Laboral, serían las siguientes,


en palabras de Paúl Paredes Palacios:

Primera: “Estructurarse a partir del principio dispositivo con notas relevantes


del principio inquisitivo. Es decir, un “proceso dispositivo atenuado” o como lo
llama Kielmanovich un “proceso del tipo dispositivo actual”, que en nuestra
flamante Ley Procesal del Trabajo, se expresa, sin negar que tales notas
estuvieron presente en la derogada Ley 26636, en aquella facultad conferida al
juez, en su condición de director del proceso, en el que cumple un rol
protagónico, a fin de buscar la verdad material de los hechos, de acuerdo con el
artículo 22º de la Ley 29497, cuya prescripción es la siguiente:
“Excepcionalmente, el juez puede ordenar la práctica de alguna prueba
adicional, en cuyo caso dispone lo conveniente para su realización,
procediendo a suspender la audiencia en la que se actúan las pruebas por un
lapso adecuado no mayor a treinta (30) días hábiles, y a citar en el mismo
acto, fecha y hora para su continuación” (parte pertinente). Del mismo modo
en aquella facultad contenida en el artículo 46º, inciso 5), de la misma Ley
29497, en los siguientes términos: “Si agotada la actuación de estos medios
probatorios fuese imprescindible la inspección judicial, el juez suspende la
audiencia y señala día, hora y lugar para su realización citando, en el
momento, a las partes, testigos o peritos que corresponda”.
Segunda: “Fuertemente ligada a la primera, sería la acentuación de los poderes
de dirección formal y material del proceso que poseería el juez laboral como
producto de las notas inquisitivas involucradas y de la necesidad de alcanzar –
y mantener – la “igualdad por compensación”, expresada en aquel mandato
contenido en el artículo III del T. P. de la Ley 29497 que: “Los jueces
laborales tienen un rol protagónico en el desarrollo e impulso del proceso”.
Así mismo en aquella otra declaración de que “el juez dirige las actuaciones
procesales y pronuncia sentencia” (art. 12.1 NLPT).

57
Paredes Palacios, Paúl: Obra citada, pág. 94.
Tercera: “Atañe a la igualdad de las partes en el proceso. Los requerimientos
de compensación o equilibrio no sólo son de cargo de los jueces sino que
siendo la relación laboral naturalmente descompensada es posible diseñar – y
aquí se involucra el legislador – normas procesales tendenciosamente tutelares
del trabajador”. La aplicación de las presunciones y los indicios, forman parte
de esta necesidad de compensación, desde que la actividad probatoria no
siempre resulta fácil para un trabajador que reclama por la violación de sus
derechos laborales. Expresión de esta característica será la inversión de la carga
de la prueba, estableciendo “reglas especiales de distribución de la carga
probatoria…”, como lo precisa en artículo 23.º de la Ley 29497, en su parte
pertinente. Más aún a la obligación impuesta al juez laboral de “evitar que la
desigualdad entre las partes afecte el desarrollo o resultado del proceso, para
cuyo efecto procuran alcanzar la igualdad real de las partes” (art. III T. P.
Ley 29497).

Cuarta: “Sería la “aspiración” de todo proceso: lograr una justicia más rápida,
más oportuna, más limpia y más cierta, es decir, una justicia más eficaz”. En
este caso resulta imprescindible y necesario, la aplicación irrestricta de los
principios de celeridad y concentración procesal, oralidad, publicidad e
inmediación, por lo que se les impone el deber a los jueces privilegiar “el
fondo sobre la forma”, así como que interpreten “los requisitos y presupuestos
procesales en sentido favorable a la continuidad del proceso” (art. III T. P.
Ley 29497). Agréguese el “rol protagónico en el desarrollo e impulso del
proceso” (art. III T. P. Ley 29497). A ello se debe que la Nueva Ley Procesal
del Trabajo declara que: “Las audiencias son sustancialmente un debate oral
de posiciones presididas por el Juez…” (art. III T. P.)

Quinta: La conclusión del proceso vía conciliación, como expresión del


principio de economía procesal. Se trata de la promoción que debe procurar el
Juez de la conciliación, cuidando de que no se produzca renuncia de derechos.
Esta característica, según la Nueva Ley Procesal del Trabajo, se materializa en
la Audiencia de Conciliación, en el caso del proceso ordinario laboral y en la
Audiencia Única, del proceso abreviado laboral, en las que: “El juez invita a
las partes a conciliar sus posiciones y participa activamente a fin de que
solucionen sus diferencias total o parcialmente” (art. 43º, numeral 2) de la Ley
29497). Así mismo, “la conciliación puede prolongarse lo necesario hasta que
se de por agotada, pudiendo incluso continuar los días hábiles siguientes” (art.
43. Numeral 2) NLPT).

Sexta: La justicia laboral debe ser impartida por Tribunales Especializados,


pues ella exige: a) “Una formación jurídica especializada en Derecho Laboral
tanto individual como colectivo: el cabal conocimiento de la ley laboral se
torna en garantía de los justiciables, b) jueces dispuestos a “hacer vivir” el
Derecho Laboral, dadas sus particularidades (que lo alejan de su par más
próximo, el derecho civil); y c) sobre todo jueces más sensibles a lograr la
igualdad por compensación”. En esta misma línea, Ermida Uriarte, óscar,
refiriéndose al carácter especial del Derecho Procesal del Trabajo, precisa que:
“Sólo un proceso especial conducido por jueces especializados, podrá alcanzar
esos objetivos, aplicando y desarrollando la doctrina apropiada, a partir de una
sensibilidad especial, diferente a la de los magistrados civiles, comerciales,
etc.58.

Sétima: La búsqueda de la verdad (real), para cuyo efecto en su condición de


director del proceso, investido de facultades, debe disponer la actuación de las
pruebas que le permitan encontrar la verdad de los hechos narrados. El juez no
es un ente totalmente divorciado de las partes que actúa como al margen de
ellas. Se ha dicho que “Los poderes de dirección formal y material con que
cuenta para conseguir el equilibrio de las desigualdades lo constituyen en un
juez director, conciliador y, excepcionalmente, asesor”. El Juez no es un árbitro
o espectador del proceso, es un director del proceso. Así lo reconoce la Nueva
Ley Procesal del Trabajo al establecer que: “Los jueces laborales tienen un rol
protagónico en el desarrollo e impulso del proceso” (art. III T. P.).
Igualmente, “…dirige las actuaciones procesales y pronuncia sentencia” (art.
12º ). Así mismo: “El juez guía la actuación probatoria con vista a los
principios de oralidad, inmediación, concentración, celeridad y economía
procesal” (art. 24º NLPT).

3.5. Instrumentalidad y autonomía del Proceso Laboral.

58
Ermida Uriarte, Oscar: “Protección Jurisdiccional de los Derechos Laborales, Relevancia de su
Constitucionalización, Flexibilidad Laboral y Formación Profesional a Comienzos del Siglo
XXI”, Rev. Justicia Viva, Instituto de Defensa Legal y Sociedad Peruana de Derecho del Trabajo
y de la seguridad Social, Junio, 2003, Lima – Perú, p. 8.
La instrumentalidad del Proceso Laboral, supone concebir a éste como una
herramienta o utensilio al servicio del derecho material, en nuestro caso, del
Derecho Laboral. Por ello para facilitar el debate conviene interrogarnos, ¿Es
el proceso laboral un instrumento del Derecho Laboral?. Si la respuesta es
afirmativa, bien puede afirmarse, igualmente, que entre el proceso laboral y el
proceso civil existe una interdependencia, constituyéndose aquél en un
“proceso especial que únicamente goza de autonomía funcional o de
competencia”, con “principios comunes, como el de impulsión oficial” y
“principios específicos como el de la oralidad o el de unidad e instancia”59.

Paredes Palacios, Paúl, precisa que: “Algo de cierto hay en el predicado de


carácter instrumental del proceso laboral puesto que grafica la naturaleza o
finalidad de las normas jurisdiccionales que como normas ordenadas para
solucionar el conflicto de intereses en forma mediata sirven de medio, de
puente – y en ese sentido decimos – de instrumento para la actuación de las
normas materiales o sustantivas”60.

Entre las consecuencias negativas que trae tal concepción, señala las
siguientes:

 Se centra la mirada en el derecho material y a partir de allí se estructura el


proceso o Derecho Jurisdiccional, restándole significativa importancia,
acentuada, si se estudia, además, el proceso laboral como parte del
Derecho del Trabajo, negándole así su propia autonomía.
 Se concluye “que el proceso laboral solo adquiere sentido en la actuación
del derecho del trabajo, que además, le imprime su carácter protector o
tuitivo hacia el trabajador”61.
 “Desconoce que el objeto del proceso son las pretensiones y resistencias
deducidas en él y que, en ella la dinámica procesal, la realidad se re-crea y
no (necesariamente) se re-produce (tal como ocurrió en la realidad) en pos
de la búsqueda del valor justicia que se intenta alcanzar en la solución del
conflicto (que es la finalidad, y no, la mera actuación del derecho material
que ciertamente ocurre pero, como vimos de manera mediata)”62.

59
De la Villa Gil y otros: “Instituciones de Derecho del Trabajo. Madrid. Editorial Ceura 1983,
pág. 461, cita de Paredes Palacios, Paúl: obra citada, pág.
60
Obra citada.
61
Obra citada, pág. 82
62
Obra citada, pág. 83.
En definitiva el ejercicio del derecho de acción o tutela judicial que lleva a la
instauración de un proceso, no se reduce sólo a hacer efectivo el derecho
material violentado, sino que implica otras actuaciones de igual o mayor
importancia, como por ejemplo, el derecho de acción, la función jurisdiccional
del Estado, el debido proceso, deberes y derechos de las partes, siendo su
finalidad, a tenor de lo establecido por el artículo III del Título Preliminar del
Código Procesal Civil, “… resolver un conflicto de intereses o eliminar una
incertidumbre jurídica, ambas con relevancia jurídica, haciendo efectivos los
derechos sustanciales, y que su finalidad abstracta es lograr la paz social en
justicia”.

En esta parte, es preciso aclarar, que el proceso, a través del cual se busca
restituir el derecho violentado, se estructura en base a principios propios, como
el dispositivo, con algunos aspectos del inquisitivo, acentuándose los poderes
de dirección formal y material del juez, estableciéndose la igualdad por
compensación como “derrotero para permitir el acceso a la justicia de parte de
los trabajadores dada la desigualdad estructural de la relación laboral, que se
asume por parte del Derecho Jurisdiccional para cumplir su función con
justicia”63.

De otro lado, con respecto a la autonomía, se considera que no es posible


hablar de autonomía del Derecho Procesal del Trabajo, con relación a otros
Procesos y en especial al Derecho Procesal Civil, desde que todos, tienen un
tronco común, que les deriva de la Teoría General del Proceso o Derecho
Procesal en General, por lo que, además, existen principios uniformes que
también resultan siendo válidos para ellos; hecho que importa, igualmente,
reconocer la acentuación de algunos de aquellos principios, sobre todo en el
Proceso Laboral.

Sobre el particular, nos informa el mismo Paredes Palacios Paúl64, que en la


doctrina existen tres posiciones, sobre el Proceso Laboral, que son las
siguientes:

63
Paredes Palacios, Paúl, obra citada, pág. 83.
64
Obra citada.
a. El Proceso Laboral como disciplina autónoma: Se afirma que el
problema de la autonomía es más aparente que real, más de forma que de
fondo. El juslaboralista uruguayo Elios Sarthou, a quien Giglio Wagner lo
califica de “autonomista real”, según afirmación de Paúl Paredes Palacios,
enfrenta el problema de la siguiente manera: “si por autonomía del
Derecho Procesal Laboral se entiende independencia total, ruptura
absoluta con todos los principios o caracteres del Derecho Procesal
común tal vez será difícil encontrar un autonomista. Si en cambio la
autonomía se concibe como el imperativo de alterar sustancialmente el
proceso común para adaptarlo y ajustarlo a las particularidades del
conflicto individual laboral probablemente nadie desconozca este
postulado”65. En realidad el asunto de la autonomía del Proceso Laboral,
no es un tema sencillo, porque, si de un lado, se afirma la inexistencia de
autonomía, por el uso de instituciones que corresponden al Derecho
Procesal, en general; y de otro, se afirma la necesidad de constituirse como
una disciplina autónoma, con sus propios principios e instituciones,
pareciera que no hay posibilidades de un acuerdo, respecto a este tema.
Desde una perspectiva histórica, no es posible olvidar que las limitaciones
y dificultades habidas en el proceso civil para atender las reclamaciones
laborales, forjó el nacimiento de un conjunto de normas distanciadas del
proceso civil, logrando, posteriormente una relativa autonomía, que se
explica por el hecho de que la derogada Ley Procesal del Trabajo, en su
Tercera Disposición Derogatoria, sustitutoria y final prescribía que: “En lo
no previsto por esta Ley, son de aplicación supletoria las normas del
Código Procesal Civil”. La Nueva Ley Procesal del Trabajo sigue el
mismo criterio, al prescribir en la primera disposición complementaria:
“En lo no previsto por esta Ley son de aplicación supletoria las normas
del Código Procesal Civil”.

b. El Proceso Laboral como disciplina interdependiente: Para esta


posición existiría una íntima relación entre el Proceso Laboral y el Proceso
Civil. Ramiro Podetti, afirma que: “no puede … negarse la
interdependencia del Derecho Procesal del Trabajo y del Derecho Procesal
Civil, en cuanto éste debe ser supletorio de aquel y en cuanto al primero ha

65
Sarthou Elios: “Los Principios del Derecho Laboral y el Nuevo Procedimiento para la solución
de controversias del trabajo. En “Nuevo Proceso Laboral Uruguayo. Edic. por Fundación de
Cultura Universitaria. Montevideo. Fundación de Cultura Universitaria, 1974, pag. 181, cita de
Paredes Palacios Paúl, pag. 90.
de influir sobre la reforma del segundo”. “No creo en su autonomía,
porque los principios que lo presiden podrían también aplicarse al proceso
común, con levísimas variantes de intensidad y es de esperar que así
suceda en el futuro. Yo veo nuestro proceso común y nuestro proceso
laboral tan dispares en el momento presente, marchando hacia un futuro
común, por la asimilación, por aquél de las conquistas de este… “. Agrega,
“dentro del campo de aplicación del proceso destinado a actuar el derecho
del trabajo, todos estos principios son válidos, acentuándose
específicamente algunos de ellos y disminuyendo el influjo de otros”66.
Por su parte, Piero Calamandrei expresa: “… si la ciencia jurídica no
quiere resultar estéril (…), es preciso que, en lo que respecta al Derecho
Procesal, los estudiosos tengan el valor de renunciar a contemplar, por
mero gusto de virtuosismo dogmático el proceso puro, abstraído de la
sustancia de la controversia que en el mismo debate, y reconocer que los
aspectos y los caracteres del proceso no son más que una expresión
necesaria e inseparable de la relación sustancial que en el mismo se hace
valer”67.

c. El Proceso Laboral como una especialidad: Las posiciones que postulan


la autonomía del proceso laboral o su interdependencia respecto al proceso
civil, se diferencian una de otra, solamente por el tiempo en que se
adoptan. Si afirmamos la presencia de un Derecho Procesal General, desde
una perspectiva de la Teoría General del Proceso o más modernamente, del
Derecho Jurisdiccional, como lo dice Paredes Palacios, debe afirmarse,
igualmente, la presencia de diversos Derechos Procesales (Derecho
Procesal Civil, Laboral, Administrativo, etc.,) cuya interdependencia es
incuestionable, desde que tienen un origen o tronco común, pero al mismo
tiempo debe afirmarse su autonomía, que podría calificársele de relativa,
porque en el Derecho Jurisdiccional, para hablar con más rigor científico,
“cada necesidad procesal se estructura de una particular o especial manera
(…)”68 a la vista de requerimientos que le hace el propio derecho material
o sustantivo que debe actuar y que le dan su propia configuración, sin

66
Podetti, Ramiro: Derecho Procesal Civil, Comercial y Laboral. T. XI. Tratado del Proceso
Laboral, Vol. I. Buenos Aires, Ediar S. A., 1949, pág. 21, cita de Paúl Paredes Palacios, obra
citada, pág. 91-92.
67
Calamandrei, Piero: Estudios sobre el Proceso Civil – Traducción de Sentis Melendo Santiago:
Buenos Aires. Edic. Bibliográfica Argentina 1945, p. 351, cita de Paredes Palacios Paúl, obra
citada, pág. 92.
68
Obra citada, pág. 93.
reconocerle autonomía, sino una diferenciación que lo distancia del
proceso común y que en muchos casos se confunde con la autonomía antes
referida.