Está en la página 1de 11

APRENDER A ESCUCHAR Y TENER MENOS PROBLEMAS

Oír y escuchar son comúnmente utilizados como sinónimos, pero en realidad son conceptos distintos, siendo el segundo una virtud que pocos
poseen.
Para muestra basta un botón: según estadísticas, el motivo número uno de divorcio es la mala comunicación, por no saber escucharse
adecuadamente.
En el matrimonio la capacidad para discutir las discrepancias, es el principal indicador de una relación fructífera, donde saber resolver los
problemas requiere saber escuchar. Este enunciado se puede adaptar muy bien a muchos otros aspectos de nuestra vida, por ejemplo, el entorno
laboral o escolar, así como para entablar una amistad duradera.
Pese a que continuamente son utilizados como sinónimos, oír y escuchar son dos actitudes distintas. La primera refiere al acto de captar una
sucesión de sonidos o palabras, en tanto que la segunda es prestar atención profunda a la comunicación.
Según estudios recientes, es mayor el tiempo que pasamos escuchando, que hablando, y para explicarlo mejor, los investigadores indican que del
tiempo total que dedicamos a la comunicación, 22% se emplea en leer y escribir, 23% en hablar y el 55% restante, en escuchar. Lo anterior no
quiere decir que estemos más dispuestos a escuchar que a hablar, sino que vivimos más expuestos a estar recibiendo información que a
transmitirla.
Soy lo que oigo
Para el comunicólogo cubano Alexis Codina Jiménez el éxito de los más destacados directivos, a nivel empresarial, se basa en sus habilidades y
conocimientos, pero también en saber escuchar.
Todos pensamos que hacerlo es importante, pero, ¿cuántos de nosotros lo hacemos bien? Mucha gente centra su atención en lo que va a decir
después que termine de hablar la otra persona y esa, no es la mejor comunicación. Independientemente de los estudios que se haya cursado o de
la experiencia de cada uno, se debe aprender a escuchar.
Al mostrar interés en la conversación del interlocutor, tendremos como ventaja elevar su autoestima, al mismo tiempo de generar un clima positivo
para la comunicación y las relaciones interpersonales, de forma que se está contribuyendo a que la otra persona lo trate con idéntico respeto y
consideración.
Además, podremos ampliar nuestro vocabulario indirectamente, haciéndonos personas más valiosas.
Algunos estudios han demostrado, que los individuos que tienen más éxito, independientemente de su ocupación, son los que cuentan con un
vocabulario más amplio. Codina Jiménez apunta que los adultos con una educación media, poseen un vocabulario de aproximadamente 2 mil
palabras y utilizan sólo 400, en el 80% de sus conversaciones, a diferencia de las personas de éxito que emplean cien palabras más en su
vocabulario de trabajo.
Lo anterior también colabora en la disposición de más opciones para solucionar problemas, es decir, cuanto más amplio es el vocabulario, mayor
es la capacidad del pensamiento para proporcionar mecanismos, con los cuales identificar y resolver las contrariedades. Los medios más efectivos
para ampliar el vocabulario y, por tanto, para tener mayor variedad de opciones, son la lectura y la atención que se le presta al que habla.
Por otro lado, quienes saben escuchar con atención aprenden de forma indirecta. Está bien, nadie experimenta en cabeza ajena, pero quien sabe
escuchar atentamente, descubre y se beneficia no sólo del estilo de los demás, sino también del contenido de sus mensajes.
No oigo, no oigo, soy de palo
Entre las razones principales por las que la mayoría no escuchamos con atención a los demás están:
Temor a ser influidos.
Pensar que somos los dueños de la verdad.
Considerar que el otro está equivocado.
Sentir que cuando uno habla puede ejercer más influencia que cuando escucha.
Otro factor que incide, es la tendencia que todos tenemos a ser selectivos, es decir, escuchamos principalmente las opiniones que coinciden con
las nuestras, además de que entendemos los mensajes según el modo que nos conviene, adaptándolos a menudo a las propias concepciones, las
cuales previamente nos hemos formado.
Otro investigador, el estadounidense Brian Robertson, identificó lo que denomina las "10 costumbres no productivas, más practicadas cuando se
escucha", y que afectan directamente la buena comunicación; entre ellas incluye:
1. Falta de interés sobre el tema. (No existen asuntos sin interés, sino personas no interesadas).
2. Fijarse demasiado en el exterior y descuidar el contenido.
3. Interrumpir al que habla.
4. Concentrarse en los detalles y perderse lo principal.
5. Adaptarlo todo a una idea preconcebida (es decir, ausencia de empatía).
6. Mostrar una actitud corporal pasiva.
7. Crear o tolerar las distracciones.
8. Prescindir de escuchar lo que resulta difícil.
9. Permitir que las emociones bloqueen el mensaje.
10. Ensoñaciones. (Pensar en otra cosa, en lugar de concentrarse en lo que se escucha).
Igualmente, sobre los factores que inciden en la incomunicación, Alexis Codina refiere que hay muchos "ruidos" internos, que nos impiden
escuchar o entender lo que nos dice una persona; por ejemplo, en el aspecto físico, podemos estar cansados o sentir alguna incomodidad; el
ambiente puede ser demasiado caluroso o frío; nuestra mente puede estar distraída por una discusión reciente o tal vez, le estemos dando vuelta a
un problema sin resolver. Lo más indicado es identificar cuál de estos puntos incide en nosotros para actuar sobre ellos y que no sean más
importantes que la comunicación con alguien de interés verdadero. Por otra parte, la "cualidad" de escuchar está presente en el ser humano
desde antes de nacer, y se desarrolla previamente a la posibilidad de expresarnos.
Científicamente se ha comprobado, que reconocemos la voz de nuestra madre en el vientre aproximadamente a los seis meses de gestación.
Poco después, cuando pequeños, prestamos mucha atención a lo que se hablaba en nuestro entorno, lo cual marcó nuestra educación, prejuicios,
escala de valores y experiencias. Ahora, esos son los filtros mentales a través de los cuales interpretamos lo que nos dicen, lo cual tiene mucha
validez, pues a ello debemos lo que somos, pero ¿no valdría la pena retomar esa cualidad de niños y recuperar la atención que ahora se dispersa
en mil factores? Habría que pensarlo bien, pues podríamos llegar a la misma conclusión.
APRENDER A ESCUCHAR
Un hombre sabio escuchará y Así incrementará el saber.
Escuchar significa oír hasta entender lo que otros están tratando de transmitir. Significa permitir que algo toque el entendimiento. Un hombre
sabio siempre escuchará, porque quiere volverse más sabio. Busca aprender más.
Al vivir a la defensiva, no se escucha. Alguien nos presenta un argumento de cualquier clase e inmediatamente respondemos defendiéndonos, en
vez de escuchar. Mientras quien me habla trata de decir lo que desea decir, yo ya estoy pensando y preparando lo que voy a responderle. Ni
siquiera escuchamos lo que la otra persona está diciendo; nos estamos preparando para continuar con lo que queremos decir o con lo que
queremos demostrar.
No lograremos madurar sin un corazón que escuche. Un corazón que diga: “Yo quiero entender”. Si queremos volvernos sabios, nos
esforzaremos por escuchar. Si no queremos ser sabios, continuamos siendo personas defensivas. Usualmente las personas defensivas no son
sabias. Podemos estimar la capacidad de la gente, según la habilidad que posee para escuchar.
BENEFICIOS
Cuando aprendemos a escuchar logramos:
Ser más sabios.Descubrir las necesidades de las personas; éste es el primer paso para ayudar a otros.Evitar confusión y heridas.Ser
comprensivos con los demás y ser tenidos en cuenta.
INGREDIENTES
Quienes aprenden a escuchar, generalmente tendrán rasgos característicos como:
Son disciplinados; tanto al hablar como al escuchar.Buscan la verdad; quieren saber lo que es correcto, no quien tiene la razón. De hecho, así se
puede resolver la mayoría de los problemas, si nos importa qué es lo correcto, no quién tiene la razón.Buscan momentos de silencio; momentos
sin radio, sin televisión, sin interrupciones, sin lecturas. Les gusta tener tiempo para repasar lo que se encuentra dentro de sí mismos. Son
pensadores. En silencio, descubren lo que hay dentro de ellos. Lo que está ahí. Esa voz apacible y pequeña. Es realmente muy importante un
tiempo de total silencio.Son personas inquisitivas; no sienten vergüenza al hacer una pregunta tonta para lograr claridad, quieren tornarse sabias.
No oyen solo sonidos, también se pueden comprender y entender ideas, conceptos, sentimientos.
PASOS A SEGUIR
Vaya más allá de la lectura interior; las máquinas que envían y reciben faxes son ejemplo de la comunicación perfecta. La máquina receptora
recibe exactamente lo que la máquina remitente envió. No somos como las máquinas que transmiten faxes. Medimos y juzgamos las palabras de
otros, de acuerdo con nuestras percepciones y emociones. Oímos las palabras, luego formamos nuestras propias percepciones basados en lo que
creemos haber oído. Luego interpretamos con nuestros sentimientos que creemos haber oído. Luego interpretamos con nuestros sentimientos
que creemos haber oído. Luego interpretamos con nuestros sentimientos de experiencias pasadas. Todo lo que oímos pasa a través de un
proceso de nuestros valores y de nuestras expectativas. Luego juzgamos en consecuencia. Este proceso es lo que llamamos lectura interior.Todo
entra en juego; es necesario que seamos buenos escuchas porque de no serlo, nos volveremos parte del problema. Alguien tomará algo que
dijimos y dirá que estábamos hablando de él o de ella, cuando ni siquiera tal idea estaba en nuestra mente. Encauzar la imaginación. Algunas
personas pasan a través de toda la vida y nunca van más allá de la lectura interior.Haga preguntas para asegurarse que entiende; no nos
mostremos demasiado orgullosos como para no hacer preguntas tontas, que nos impida pedir claridad. Es tiempo bien gastado y evitará muchas
heridas y confusión. Si queremos ser más sabios, tenemos que hacer tales preguntas.Dedique tiempo para escuchar; es un deber, no una opción,
porque escuchar es la mejor parte de aprender y porque no podemos aprender sin escuchar. Como personas de carácter, debemos tener buenos
oídos. Dedicar tiempo para escuchar y observar.Involúcrese en discusiones; porque en las discusiones nos volvemos escuchadores. Aportamos y
recibimos. Algunas veces debemos detener nuestras palabras y escuchar las palabras de alguien más; esto nos facilitará aprender a escuchar.
Recuerde que la Aplicación correcta de los principios, los convierte en hábitos; a su vez, los hábitos correctos le añaden valor a su carácter. Todo
lo que eleva el sentido moral, tiende a ser protegido, preservado y empleado para bien.
APRENDER A ESCUCHAR
Saber escuchar es un proceso fundamental para una comunicación eficaz. Sin embargo, pocas son las personas que saben escuchar de verdad.
No prestan atención, aunque sí lo simulan y esto provoca diferentes conflictos que afectan a la relación con las demás personas.
No somos conscientes de la importancia que tiene saber escuchar y de lo mucho que nos beneficiaría potenciar esta habilidad. Sin embargo,
nuestra necesidad de ser escuchados pasa por encima de esto y nos volvemos egoístas sin ser conscientes de ello.
“Hablar es una necesidad, escuchar es un arte”.-Goethe-.
Oír y escuchar
Oír y escuchar son dos actitudes distintas. Al cabo de un día se oyen muchas cosas pero se escucha poco. Cuando oímos no prestamos una
atención profunda, sino que simplemente captamos la sucesión de sonidos que se produce a nuestro alrededor.
Mientras que cuando escuchamos nuestra atención va dirigida hacia algún sonido o mensaje específico, es decir, existe una intencionalidad,
encontrándose todos nuestros sentidos enfocados a lo que estamos recibiendo. Así, las personas que saben escuchar a otros, los acompañan en
su viaje por la vida.
¿Recuerdas cuando estabas en la clase de algún profesor y no te interesaba nada lo que contaba? No lo escuchabas, pero lo oías. Tus conductos
auditivos recibían el sonido que emitía, pero no lo entendía, no lo comprendía. Tu mente estaba en otra parte, haciendo caso omiso a todo eso que
percibías por tus oídos.
“Escuchar detenidamente te hace especial, pues casi nadie lo hace”.-Ernest Hemingway-.
Pues esta actitud en una clase aburrida la llevas, sin quererlo, a tu vida cotidiana, porque en ocasiones es mucho más fácil oír que escuchar, ya
que esto último requiere de una disposición a prestar atención y a esforzarse por comprender lo que el otro te está diciendo. A esto se le denomina
escucha activa y es muy necesaria e importante.
Aprendiendo a escuchar
Un proverbio oriental dice: “Nadie pone más en evidencia su torpeza y mala crianza, que el que empieza a hablar antes de que su
interlocutor haya concluido”.
Ocurre a veces que cuando estamos hablando con otra persona tenemos tanto el otro como nosotros dificultades para escuchar, pasando de
escuchar a oír en muchas ocasiones, mientras elaboramos qué vamos a decir cuando el otro acabe, en vez de intentar prestar atención a lo que
nos dicen, quedando el diálogo bloqueado por incontinencias verbales; ya que si todos queremos hablar a la vez y no se escuchan las razones de
los otros, no habrá diálogo como tal sino monólogos yuxtaponiéndose.
Saber escuchar es una actitud difícil, ya que exige dominio de uno mismo e implica atención, comprensión y esfuerzo por captar el mensaje del
otro. Significa dirigir nuestra atención hacia el otro, adentrando en su ámbito de interés y su marco de referencia.
El diálogo exige una actitud silenciosa de escucha atenta. El escritor y orador J. Krishnamurti afirmaba “Escuchar es un acto de silencio”. Mientras
no callemos nuestro diálogo interno y prestemos atención a nuestro interlocutor, no aprenderemos a escuchar. Solo una actitud de escucha atenta
hace fecunda la palabra que podemos dar a nuestro interlocutor.
Es difícil poder decir al otro algo que resulte válido si no abrimos de par en par nuestros oídos para escucharlo. Así la persona escuchada sentirá
que le están dando la importancia que merece, quedando agradecida y creándose a su vez un clima de respeto, estima y confianza.
La escucha es una habilidad que exige apertura, transparencia y ganas de comprender. El justo equilibrio entre saber escuchar y saber hablar
produce el dialogo.
¡Ejercitemos la habilidad de saber escuchar! Es un ejercicio saludable, enriquecedor y solidario, sobre todo en una sociedad en la que hay muchas
personas que necesitan ser escuchadas. Únicamente cuando somos capaces de escuchar al otro, abrimos la puerta para que éste se comunique
con nosotros. Por lo tanto, no subestimemos la capacidad de escuchar. ¿Empezamos a hacerlo de verdad?
La importancia de saber escuchar
Los vendedores que en lugar de hablar y hablar dedican unos minutos a escuchar al potencial cliente es más fácil que puedan lograr sus objetivos.
¿Por qué? Básicamente porque son diferentes al resto, porque se interesan en lo que el consumidor necesita en ese momento y no ejerce una
estrategia “agresiva” de venta. ¡Aunque aprender a escuchar puede ser la mejor técnica para que los otros compren!
Esto se puede aplicar en cualquier negocio o sector. Si tienes un negocio, debes escuchar a tus empleados o a los proveedores, además de los
clientes. ¡Y hasta ayuda mucho en casa! La mayoría de las peleas de pareja se deben a que no sabemos oír al otro y comprender lo que le pasa.
Los niños que se portan mal en la escuela en casi todos los casos es porque los padres no le prestan atención.

Por lo tanto, saber escuchar es más beneficioso de lo que piensas. Por supuesto que es algo complicado ya que tenemos instalado el “chip” de
hablar primero y oír después (si es que oímos).
Tips para aprender a escuchar
Ahora que ya conoces las ventajas que tiene dejar de hablar tanto y prestar “las orejas” de vez en cuando, quizás te gustaría saber de qué manera
ponerlo en práctica. Presta atención a estos tips para aprender a escuchar:
Tips para aprender a escuchar
Ahora que ya conoces las ventajas que tiene dejar de hablar tanto y prestar “las orejas” de vez en cuando, quizás te gustaría saber de qué manera
ponerlo en práctica. Presta atención a estos tips para aprender a escuchar:
Acompaña con tu lenguaje corporal
Tu cuerpo puede decir que estás interesado o no en lo que la otra persona te está diciendo. Cuando escuchas de forma activa es probable que te
inclines hacia adelante y que abras más los ojos (porque los oídos no se pueden abrir). También tratarás de entablar contacto visual con el que
está hablando, y seguramente asientas de vez en cuando. Puede que sea un simple movimiento de cabeza o una ligera sonrisa. Estas también
son señales de que estás prestando atención.
De lo contrario, si estás incómodo, desinteresado o pensando en otra cosa, puedes cruzar los brazos sobre el pecho, poner las manos en los
bolsillos, mirar para abajo o para los costados, etc. También hay señales del lenguaje corporal que indican los nervios (por ejemplo, mover un
bolígrafo enérgicamente o sonarse los dedos). La mayoría de estas acciones son inconscientes, por lo tanto sería bueno que trabajes en hacerlas
lo más conscientes posible.
Involúcrate
Si te encuentras en una oficina o sala repleta de gente, enfócate únicamente en la persona que está hablando. Todo lo demás queda en un
segundo plano.
Cuando estés hablando por teléfono, trata de no hacer ninguna otra cosa más. Puedes girar tu cara de la pantalla del ordenador o de lo que
estabas haciendo en ese momento. ¡La otra persona se dará cuenta igual que no le prestas atención aunque no te vea! Porque el tiempo de
respuesta es mayor o porque sólo dirás un “si” de vez en cuando y en cualquier momento, sin razón. Además, la tecnología es una de las máximas
distracciones que tenemos en la actualidad.
No interrumpas si quieres aprender a escuchar
Es una tentación que nos cuesta bastante resistir, pero una de las claves para aprender a escuchar a los demás. Cuando el otro termina una
oración o idea no quiere decir que tienes que hablar tú si o si. Por más de que sólo quieres decirle que comprendes el mensaje, puede quedar
bastante grosero de tu parte. Quizás la persona estaba tomándose un tiempo para pensar o cerrar una frase.
Oír y no interrumpir genera confianza. Por más de que tengas buena intensión al aportar algo, trata de no hacerlo. Piensa varias veces antes de
interrumpir, y define si realmente vale la pena y no quedará mal.
Pregunta y escucha
Cuando le dices a alguien “cuéntame” le estás dando vía libre para que hable y hable. Siempre y cuando le hagas preguntas relacionadas al tema
que está contando, tienes permitido interrumpir, pero no te quedes sólo con preguntar por compromiso o por obligación. Escucha la respuesta de
manera activa. No temas volver a consultar si aún no entiendes. Si te muestras interesado en lo que el otro te está contando, luego esa persona te
devolverá el favor y podrás hablar de lo que quieres.
"Aprender a escuchar es más beneficioso de lo que piensas, aunque es algo complicado ya que tenemos instalado el “chip” de hablar primero y oír
después ."
Las preguntas nos dan la oportunidad de expandir la información y mantener una conversación fluida. Tampoco es cuestión de que sea un
monólogo del otro; si no entiendes algo, pide que lo clarifique o algún ejemplo.
Con estos consejos sin dudas podrás aprender a escuchar. Tener esa capacidad te convertirá en alguien muy valorado entre los que te rodean.