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TEMA 5: LA FILOSOFÍA MEDIEVAL

1.- CRISTIANISMO Y FILOSOFÍA

1.1 CRISTIANISMO FRENTE A FILOSOFÍA GRIEGA


1.2 CRISTIANISMO Y PLATONISMO
1.3 AGUSTÍN DE HIPONA

2.- ESCOLÁSTICA Y NOMINALISMO

2.1 LA ESCOLÁSTICA
2.2 TOMÁS DE AQUINO
2.3 EL NOMINALISMO DE OCKHAM

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1.-CRISTIANISMO Y FILOSOFÍA

El encuentro cristianismo y pensamiento filosófico (fe y razón) se produce en el siglo


II d.c, en el período del Imperio Romano. En un principio se hubo un claro enfrentamiento
entre ambos debido a la disparidad de ideas y elementos que aporta cada uno, pero luego
ese enfrentamiento se hirá disipando dando lugar a una estrecha y fructífera colaboración.

Los cristianos cultos empiezan a utilizar la filosofía griega por diversos motivos: a)
presentar la doctrina cristiana en términos claros y rigurosos para impedir que surjan
interpretaciones desviadas, b) defender dicha doctrina ante los poderes civiles (apología) y
c) combatir a los filósofos que la atacan. Esta asimilación de esquemas y conceptos de la
filosofía griega tendrá como resultado la aparición de un pensamiento cristiano.

1.1 CRISTIANISMO FRENTE A FILOSOFÍA GRIEGA

El cristianismo trajo consigo doctrinas radicalmente nuevas, ajenas a cuanto habían


afirmado los filósofos anteriores.

En primer lugar, una nueva concepción de la historia que es vista por los cristianos de
una forma lineal y abierta, frente a la concepción circular o cíclica defendida por los griegos.
La historia humana es también el escenario de Dios; Dios interviene en ella (providencia
divina) dándole sentido. Este Dios cristiano presenta rasgos totalmente distintos a los de las
divinidades griegas: es uno (monoteísmo), y también es el creador de todo a partir de la
nada (creacionismo), además de omnipotente y padre. Pero, lo que es más absurdo de la
imagen cristiana de Dios es que éste, en un momento y en un lugar determinados, se hace
hombre y muere de la manera más indigna en la cruz.

Por otro lado, la concepción cristiana del hombre y de la moral contiene elementos
novedosos. El hombre está hecho a imagen y semejanza de Dios, el alma es inmortal y los
cuerpos resucitarán (esta última idea es especialmente chocante para los griegos). Por su
parte, la moral cristiana no es intelectualista, el mal (el pecado) no es fruto de la ignorancia
como pensaban la mayoría de los filósofos griegos sino de la maldad humana y de la
libertad individual. El cristianismo, en fin, se presenta como una Verdad absoluta, única y
revelada que excluye el diálogo y la discusión filosófica, y por ello, resulta inaceptable para
un filósofo griego.

1.2 CRISTIANISMO Y PLATONISMO

De las corrientes de filosofía griega vigentes en el Imperio Romano, estoicismo,


epicureismo, aristotelismo y platonismo, ésta última es la que más fuerza tiene (impulsada
por el neoplatonismo de Plotino). Este hecho, unido a las similitudes existentes entre la
corriente platónica y el mensaje cristiano, explican el surgimiento en un primer momento de
un pensamiento cristiano platónico, cuyo máximo exponente será San Agustín (siglo IV- V).
Los elementos comunes del cristianismo y la filosofía platónica son los siguientes:

En relación a Dios (Teología) y a la concepción del mundo:

a) Existe un mundo suprasensible: el mundo de las Ideas (Platón) y “el más allá”
(cristianismo).
b) Este mundo sensible platónico es una imagen o imitación del mundo suprasensible;
para los cristianos, la huella de Dios.
c) La noción platónica de participación es compatible con las ideas de la contingencia y
dependencia del mundo con respecto a Dios defendidas por los cristianos.
d) El trabajo del Demiurgo puede ser asimilado a la acción creadora del Dios cristiano.
e) La Idea del Bien como principio único puede llevar perfectamente al monoteísmo

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característico del cristianismo.

En relación a la concepción del hombre (antropología):

f) Los argumentos de la inmortalidad del alma defendidos por Platón valen para los
cristianos, aunque no sus ideas sobre la preexistencia del alma o la reencarnación.
g) En el cristianismo, el lugar y el destino del alma están en el otro mundo, en el más allá.
Y también tiene lugar “una caída” del alma, un pecado original (como en Platón).
h) En ambos, cristianismo y platonismo, encontramos un menosprecio de lo corporal y al
placer (pecado), y la purificación del alma siempre se vincula con su huída o
alejamiento de este mundo.
i) En ambos también existe un juicio personal tras la muerte, aunque en Platón no se
trata de un juicio universal.

1. 3 AGUSTÍN DE HIPONA ( s. IV-V)

Nace en Tagaste (Numidia) en el año 354. Es hijo de padre pagano y madre


cristiana. Estudió gramática y literatura latinas en su juventud y en Cartago enseñó retórica.
Durante un tiempo profesó el maniqueísmo, pero su contacto con San Ambrosio en Italia, le
llevó a convertirse al cristianismo llegando a ser obispo de Hipona. Su pensamiento estará
muy marcado por la influencia de Platón y del Neoplatonismo de Plotino. Muere en el año
430 cuando el Imperio Romano, caída ya Roma, se destruía definitivamente.

Los aspestos más destacados de su pensamiento son los siguientes:

Relaciones Fe- Razón


San Agustín no establece distinción alguna entre razón y fe, y el motivo es que,
según él, solo existe una verdad: la verdad revelada. Ambas colaboran para la consecución
de un mismo fin: la fe ilumina y orienta la razón y ésta le ayuda a esclarecer sus contenidos
a aquella.

La verdad y el conocimiento
Para encontrar la verdad tenemos que mirar en nuestro interior. A través de un
proceso de interiorización el hombre sale de sí mismo y alcanza a conocer las verdaderas
esencias de las cosas. Las Ideas, arquetipos y esencias eternas de las cosas las encuentra
el hombre en su interior (innatismo) y el descubrimiento de su carácter inmutable, le eleva
hasta Dios. El hombre conoce las Ideas, en virtud de la vecindad de su alma con Dios y
porque éste las ilumina (iluminismo). Este “autotrascendimiento” también se alcanza por la
voluntad, puesto que existe en el hombre una tendencia hacia la plenitud y la felicidad.

La existencia de Dios.
San Agustín utiliza varios argumentos para probar la existencia de Dios, el
argumento del “orden del mundo” (tiene que haber un planificador del mundo) y el
argumento del “consenso” (existe consenso entre los hombre acerca de que hay Dios). Pero
la prueba más contundente de la existencia de Dios, según el, proviene del hecho
innegable de que las Ideas inmutables sólo pueden tener su origen en un Dios pues el alma
humana es mutable.

Antropología
Existe una separación radical entre el cuerpo y el alma. El hombre es
fundamentalmente su alma. En ella, según el pensador cristiano, se puede distinguir entre
una Razón inferior (conoce la realidades sensibles y mutables) y una Razón superior
(conoce las realidades suprasensibles y Dios).

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La libertad y el problema del Mal
Para San Agustín está meridianamente claro que el hombre es libre para hacer el
bien (y salvarse) o hacer el mal (y condenarse). El mal, por tanto, tiene que ver con la
libertad (frente al intelectualismo de los griegos). ¿Qué es?: ausencia de bien. A pesar de
ello, siempre existe una tensión entre la maldad natural del hombre y la necesidad de la
gracia.

Concepción de la Historia
Agustín de Hipona es el primer filósofo de la historia. Defiende una concepción
lineal y unitaria de la historia. En el devenir histórico siempre ha habido dos clases de
hombres: los que se aman a sí mismos hasta despreciar a Dios (Ciudad terrenal), y los que
aman a Dios hasta despreciarse a sí mismos (Ciudad de Dios); ambas “ciudades” se
encuentran en cualquier sociedad y su separación ocurrirá al final de la historia. ¿Se refiere
al poder político y al poder eclesiástico?. En cualquier caso, piensa San Agustín, no hay
Estado justo si no se rige por los principios del Cristianismo. Esto es una clara supeditación
del poder político al poder eclesiástico o, simplemente, una minimización del papel del
Estado.

Más adelante, pensadores cristianos posteriores como Escoto Eriúgena (siglo IX),
San Anselmo (siglo siglo XI, del que destaca su famoso argumento ontológico (de la idea de
Dios se deduce su existencia), San Buenaventura (SXIII), e incluso árabes como Avicena
(siglo X-XI), seguirán la estela de San Agustín propiciando el desarrollo de una corriente
filosófica de marcado carácter platónico que será muy importante en la Edad Media: el
agustinismo.

2. LA ESCOLÁSTICA Y EL NOMINALISMO

2.1 LA ESCOLÁSTICA

Se conoce como Escolástica una filosofía ligada a la religión (teología) que se


desarrolla en las escuelas catedralicias y universidades de Europa entre los siglos IX y XIV.
Aunque incluye una vertiente de pensamiento cristiano platónico (agustinismo), la
Escolástica se va a inspirar fundamentalmente en Aristóteles, introducido en Occidente por
los árabes (Averroes). Dos temas destacan sobre todo en los autores escolásticos: por un
lado, el problema de las relaciones entre fe y razón, es decir, el intento de conciliar las
verdades revelas cristianas con las exigencias del pensamiento racional; y por otro, el
problema de los universales, que es un discusión sobre los conceptos de las cosas, si
tienen una existencia real (realismo) o por el contrario, poseen un carácter exclusivamente
mental o lingüístico (nominalismo).

En el siglo XIII se realizan diversas adaptaciones de Aristóteles a la ortodoxia de la


doctrina cristiana. Destacan la llevada a cabo por San Alberto Magno, pero sobre todo, la
de Santo Tomas de Aquino. El siglo XIII será pues el siglo del aristotelismo cristiano; es el
llamado apogeo de la Escolástica.

2.2 TOMÁS DE AQUINO (S. XIII)

Vida y obra

Tomás de Aquino (santo Tomás) nació en 1225 en el castillo de Rocaseca, cerca de


Aquino (Italia). Su padre procedía de una noble familia de origen lombardo. Cuando tenía
cinco años, Tomás ingresó en el monasterio de Monte Casino para hacer sus primeros

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estudios, que prosigue entre 1239 y 1243 en la Universidad de Nápoles, donde cursó artes
(trivium y quadrivium), iniciándose en la filosofía aristotélica. En 1243-44, después de la
muerte de su padre, ingresa en los dominicos, en Nápoles. Entre 1245-1248 está en Paris
estudiando bajo el magisterio de Alberto Magno, a quien acompaña a Colonia. En 1252
regresa a París, ya como profesor. En París conoce a San Alberto Magno y se dedica por
entero al estudio y a la enseñanza. Muere en 1274 en la abadía de Fosanova.

Las dos obras fundamentales de Tomás de Aquino son Suma contra gentiles y la
Suma Teológica. También destacan Sobre el ente y la esencia y Comentarios a las
sentencias de Pedro Abelardo.

1.La relación entre la razón y la fe

La relación razón-fe es el gran tema del pensamiento medieval. Agustín de Hipona y


la corriente escolástica agustinista, al considerar que la razón recibe una "iluminación"
divina, tendía a confundir los campos de la razón y la fe.
Contra esto reaccionaron un grupo de pensadores vinculados a la Universidad de
París (s.XII), los llamados “averroistas latinos” que, en un intento por defender la
autonomía de la razón frente a la fe, se atrevieron a formular la Teoría de la doble verdad.
Según dicha teoría, existen verdades de razón o filosóficas (p.e. el mundo es eterno; el
alma es mortal) y verdades de fe o teológicas (el mundo tiene un comienzo; el alma es
inmortal), coincidentes con la doctrina cristiana. Así pues, una misma afirmación puede ser
verdadera según los principios de la filosofía y falsa según los principios de la fe cristiana.
El averroísmo latino, con su teoría de la "doble verdad" -una proposición (por
ejemplo, "El mundo es eterno") podía ser verdadera según los principios de la filosofía, pero
no según la fe cristiana-, hacía necesaria una dilucidación de este problema. La postura de
Tomás de Aquino es un intento de encontrar un equilibrio y una conciliación:

a) Neta distinción entre razón y fe: La razón es una facultad "natural" del ser humano; la
fe es la aceptación de lo que Dios ha revelado, y como tal es un don "sobrenatural" y
gratuito.

b) No contradicción: Las verdades reveladas por Dios y las descubiertas por la razón
natural no pueden estar en contradicción. O dicho de otra manera: lo que es verdadero
según la sabiduría divina, no puede ser falso según la sabiduría humana: “Solamente lo
falso es contrario a lo verdadero”

c) Zona de confluencia: Tomás niega, pues, la "doble verdad", tal y como la entendía el
averroísmo latino, es decir, como contradicción entre la verdad racional y la verdad
revelada. Pero admite dos tipos de verdades: "Hay ciertas verdades que sobrepasan la
capacidad de la razón humana, como es, por ejemplo, que Dios es uno y trino. Hay otras
que pueden ser alcanzadas por la razón natural, como la existencia y unidad de Dios, etc.,
las cuales fueron incluso demostradas por los filósofos, guiados por la luz natural de la
razón". Dios ha revelado algunas de esas verdades que la razón puede conocer por sí sola.
Estas verdades son llamadas "preámbulos de la fe" -para distinguirlas de "los artículos de la
fe"-, y sólo pueden ser conocidas por unos pocos seres humanos, y no sin errores o dudas.

d) La teología como ciencia "mixta": La "zona de confluencia" entre la razón y la fe


permite que la teología utilice los principios de la filosofía, "no porque los necesite, sino para
mejor explicar lo que en ella se enseña; y no porque considere a las otras ciencias como
superiores, sino que las utiliza como inferiores y siervas".

2. La asimilación del aristotelismo

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La explicación tomista del conocimiento humano es claramente de origen
aristotélico. Nada verdaderamente nuevo dice respecto al conocimiento sensitivo. En
cambio, la explicación del conocimiento intelectual requiere mayor atención: "El
entendimiento humano está hecho para dirigirse a las cosas del mundo. Pero los datos
sensoriales no bastan : son sólo "materia" para el conocimiento intelectual, no "causa" de
ese conocimiento. Es necesaria la actividad del entendimiento, en sus dos aspectos de
entendimiento agente (que ilumina y abstrae la esencia oculta en las imágenes sensibles)
y de entendimiento posible (que conoce, produciendo el concepto y el juicio).

Tomás de Aquino adopta también los principales principios ontológicos del


aristotelismo: Las teorías de la sustancia y los accidentes, de la materia y la forma, de la
potencia y el acto, de las cuatro causas, etc. Sin embargo, Tomás de Aquino no acepta el
aristotelismo en su integridad (no podía aceptar , por ejemplo, la eternidad del mundo, ya
que la creación del mundo es un "artículo de la fe"), ni tampoco adopta una aristotelismo
"puro". También incorpora mucho del agustinismo y, en general, del neoplatonismo. De ahí
que maneje, además, principios ajenos al aristotelismo. En especial la distinción Esencia-
Existencia le permite una notable reforma del aristotelismo. Es una distinción que también
se encuentra en Alejandro de Hales y Bueneventura, y procede de los árabes (Alfarabi,
Avicena) y Judíos (Maimónides). En santo Tomás es un principio absolutamente
fundamental, ya desde su primera época.
Aristóteles había establecido dos estructuras fundamentales del ser o substancia:
materia-forma y potencia-acto. El pensador cristiano añade una tercera, que no estaba en
Aristóteles: en todo ser (salvo en Dios) se distinguen realmente (y no sólo conceptualmente)
la esencia (essentia) y la exitencia (esse). Esta distinción introduce una modificación
importante del aristotelismo. Para Aristóteles, la esencia es únicamente la "forma", y es
eterna. Para Tomás, la esencia de los seres corpóreos incluye también la "materia primera",
y al distinguirse de la existencia no es eterna: las cosas sólo existen por creación divina.
Aunque la esencia de las substancias corpóreas se compone de materia y forma
(hilemorfismo), en las sustancias espirituales (los ángeles y el alma) es sólo forma: la
espiritualidad es, pues inmaterialidad. Pero la esencia (salvo en el caso de Dios) está en
potencia respecto de la existencia: puede existir o no existir; puede existir o no existir; es
mera posibilidad de existencia. Por tanto, las esencias son contingentes, no necesarias y
eternas (como en Platón y Aristóteles). De este modo se establece la no eternidad y
contingencia del mundo, y la necesidad de que reciba de Dios su existencia (creación).
Sin embargo, para elaborar su visión de la realidad, también toma algunos principios
de Platón o del neoplatonismo. Y principalmente: a) la idea de "participación"; b) la idea
de la "causalidad ejemplar": Dios es el supremo ejemplar o modelo que imitan
imperfectamente las criaturas; c) la idea neoplatónica de los "grados del ser y
perfección": los grados del ser están determinados por la mayor o menor cercanía a la
Causa primera de la existencia (Dios), y por la mayor o menor participación en su
perfección.

3. La existencia de Dios

Según Tomas de Aquino la existencia de Dios no es evidente para la razón humana;


por ello, necesita ser demostrada. Él rechaza el llamado “argumento ontológico” de Anselmo
de Canterbury, según el cual, de la idea de Dios en nuestro pensamiento y sin contar con la
experiencia (“a priori”) se puede deducir su existencia.

Siguiendo a Aristóteles, Tomás de Aquino piensa que todo conocimiento humano


comienza por los sentidos. Por ello, la demostración de la existencia de Dios sólo puede
hacerse a partir de las criaturas ("de abajo arriba"). Es decir, frente al argumento “ a priori”
de san Anselmo, el tipo de prueba que propone Tomás de Aquino es “cosmológica” o “a
posteriori” porque el proceso de demostración se inicia en el mundo de la experiencia y va
de los efectos a las causas. De hecho, él acepta la famosa prueba aristotélica sobre la

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existencia de un "motor inmóvil" del Universo añadiendo a ésta otras cuatro. Propone, por
tanto, cinco "vías" o argumentos demostrativos que poseen un idéntico esquema y que
sólo difieren por su punto de partida. El punto de llegada es siempre el mismo: Dios, pero
considerado de un modo diferente (como "motor inmóvil", como ser "infinitamente perfecto",
etc).

LAS CINCO VÍAS

1ª Desde el movimiento del mundo, hasta el motor inmóvil. Inspirada en


Aristóteles. Las cosas están en movimiento, y todo lo que se mueve requiere de un motor
que lo ponga en marcha. Este motor o causa del movimiento ha sido, a su vez, puesto en
movimiento por otro motor. Como no puede haber una secuencia infinita de motores, es
necesario pensar que existe un primer motor que mueva y que a su vez no esté en
movimiento. Este “motor inmóvil” es Dios.
Partiendo de la formulación de esta primera vía se puede ver el patrón de
razonamiento (esquema de las vías) seguido por Tomás de Aquino y que aplicado también a
las cuatro restantes:

PUNTO DE PARTIDA: Un hecho de experiencia (interpretado metafísicamente). El la


vía descrita este hecho es el movimiento.

RECORRIDO:
1º Aplicación del concepto de causa aristotélico: todo lo que se mueve es movido
por otro.
2º Imposibilidad de un proceso regresivo infinito.

TÉRMINO: Afirmación de la existencia de Dios. El Dios, por supuesto, de la


revelación cristiana.

2ª Desde las causas subordinadas (a su vez causadas), hasta la causa primera


incausada. Inspirada en Aristóteles y Avicena. Todo los seres existentes tienen una causa
eficiente que los ha creado. Como nada puede generarse a sí mismo, siempre se requiere
de una causa externa. Sin embargo, es absurdo pensar que hay una secuencia infinita de
causas. Por tanto, es necesario concluir que existe una primera causa que, a su vez, no ha
sido causada. Esta causa no causada es Dios.

3ª Desde la contingencia del mundo, hasta el ser necesario. Inspirada en


Maimónides. Observamos que las cosas, que los seres vivos, son contingentes, es decir,
son y dejan de ser, incluso, no podrían haber existido. Lo que existe procede de algo
existente, y este algo de otro anterior. Volvemos así a la imposibilidad de una cadena infinita
de seres contingente que dan el ser o la existencia a otro. Así pues, ha de existir un ser
absolutamente necesario que no necesite de nada par su existencia. Y ese ser es Dios.

4º Desde los grados de perfección en las criaturas, hasta el ser infinitamente


perfecto, Inspiración neoplatónica. En el mundo, en la naturaleza, existen cosas o seres con
mayor o menor grado de perfección. Pero la perfección es una cualidad que se relaciona
con un modelo del que partir. Tiene que existir un ser que sea la máxima perfección y que
sea la causa de esas perfecciones que observamos. Dios es ese ser perfectísimo.

5ª Desde el orden del mundo (todos los seres, incluso los irracionales, actúan por
un fin), hasta la inteligencia suprema ordenadora. Todas las cosas tiene que cumplir un fin.
Incuso los animales y los seres inferiores. Si bien, estos seres no tienen conocimiento
alguno, es obvio que alguien los ordena hacia el cumplimiento de este fin. Lo mimo ocurre
en la naturaleza tomada en su conjunto, no posee inteligencia pero funciona según una
finalidad. Dios es ese ser inteligente que ordena todas las cosas.

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Las cinco "vías", cuyo término es, en todas ellas, el mismo Ser, constituyen también
un acceso a la esencia de Dios. En Dios no hay composición alguna: ni de materia-forma,
ni de esencia-existencia. Dios se identifica con su propia esencia o naturaleza (Dios es la
divinidad, pero un ser humano no es la humanidad), y ésta con la existencia: su esencia es
su existencia.
En realidad, Tomás de Aquino reconoce que aunque Dios es, en sí mismo, lo más
cognoscible (puesto que es acto puro, sin mezcla alguna de potencialidad o materia), sin
embargo, para nosotros es lo más incognoscible (teología negativa). Por eso, los atributos
que se aplican a Dios son "negativos" (in-mutabilidad, in-finitud).

4. Ética y Política

En general, Tomás de Aquino adopta la concepción aristotélica del ser humano y se


opone al dualismo platónico. Afirma que el ser humano es una sola sustancia compuesta de
cuerpo y alma. El alma es la forma (o acto) del cuerpo (materia). Por ello, el alma es el
principio radical de la vida y de toda operación vital y, además, es eterna

También de acuerdo con Aristóteles, santo Tomás sostiene que todos los hombres
buscan la felicidad y que todas las acciones humanas se adecuan a su consecución. Sin
embargo, esta felicidad solo es posible en la posesión del mismo Dios ya que nada
contingente puede llenar al hombre de manera completa y efectiva. Esta posesión plena de
Dios solo es posible en la otra vida.
El hombre creado a imagen y semejanza de Dios tiene en Él su principio y su fin, su
finalidad. Por tanto, el hombre, para alcanzar la plena felicidad, debe actuar de acuerdo a la
consecución de ese fin. La ética tomista es, por tanto, eudemonista y teleológica, como la
aristotélica, pero Tomás de Aquino la perfecciona teniendo en cuenta el sentido
trascendente que tiene la vida de todas las personas. Dios crea por amor y por amor quiere
que el hombre se salve y goce de Él para siempre en la eternidad. En este actuar, solo
tienen valor ético los actos humanos libres pues la ausencia de libertad eliminaría cualquier
apreciación moral sobre ellos. Con palabras del propio santo Tomás, no hay moral para los
ángeles que no pueden pecar ni para los irracionales que no poseen libertad.
Un acto humano libre es bueno si conduce a la consecución de la felicidad o
beatitud. Por el contrario, un acto humano libre es malo si aleja al hombre de esa finalidad.
La vida cotidiana ofrece numerosos ejemplos en que el hombre aún conociendo lo que le
conviene para alcanzar su finalidad no siempre hace lo que debe. Por tanto, es necesario
cultivar las virtudes para conseguir que la voluntad quiera aquello que la inteligencia le
presenta como bueno y acometa la acción pata conseguirlo. Esto es así porque el hombre
también posee instintos y pasiones que le llevan a actuar, en ocasiones, contra su propia
racionalidad. No obstante, la ética tomista presenta una prioridad de la inteligencia sobre la
voluntad ya que solo es posible querer aquello que se conoce previamente.
La virtud, siguiendo de nuevo a Aristóteles, es un término medio, un equilibrio
racional entre dos extremos y solo forma parte de la propia personalidad del hombre
mediante la repetición de actos. La virtud se consigue mediante la repetición de actos
virtuosos. Si se quiere poseer la virtud de la sinceridad, término medio entre dos extremos,
hay que ejercitarse en actos continuos de sinceridad para que esta virtud cristalice en el
alma humana. La ética tomista no estaría completa si en este punto no se reflejara la
importancia de la gracia para vivir una vida virtuosa.
Según Tomás de Aquino, la razón, en cuestiones morales, ha de guiarse por la ley
natural, un principio básico inscrito en la naturaleza humana, que consiste básicamente en
la búsqueda del bien y la evitación del mal. Éste principio fundamental de la ley natural (y,
por tanto, de la moral): “Haz el bien y evita el mal”, sirve de base a los demás preceptos,

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normas y obligaciones de nuestro comportamiento moral. Por tanto, para Tomás de Aquino,
las normas y preceptos morales (las leyes de la moral) no son fruto de la convención y de
las costumbres de cada región (como algunos filósofos antiguos, como por ejemplo los
sofistas, pensaban) sino que surgen de la propia naturaleza humana, es decir, son el reflejo
de la ley natural.
Las normas y preceptos que derivan de esta ley, están relacionados con los fines o
tendencias básicas o inclinaciones naturales del ser humano: a) el principio de la
conservación de la propia existencia, b) el principio de procreación, y c) el deseo de vivir en
sociedad y de buscar la verdad. Así pues, la ley natural configura al hombre como ser, como
animal y como hombre. Como ser, imprime la tendencia natural a la supervivencia; como
animal, le dota de una tendencia natural a la conservación y reproducción de la especie;
como hombre le otorga deseos de inmortalidad y de búsqueda de la verdad.

En definitiva, la ley natural es una ley no escrita, racional, universal e inmutable.


Todos los seres humanos reconocen su validez universal, a pesar de que puedan
incumplirla. En cuanto a su origen, Tomás de Aquino afirma que es el mismo que el de las
leyes que rigen el cosmos: son leyes que nacen de Dios y que establecen fines tanto en los
seres y objetos naturales como en el hombre. La ley natural es la expresión en el hombre de
la ley divina y ésta es su fundamento.
Además de la ley natural, el ser humano necesita establecer unas leyes y unas
normas escritas para organizar la sociedad en que vivimos. Estas leyes son las que
conforman el derecho y se denominan leyes positivas. La naturaleza humana incluye la
tendencia a vivir en sociedad y precisamente dichas leyes permiten al hombre vivir en
sociedad. La ley positiva (normas jurísdicas de cualquier estado) es, por tanto, una
exigencia de la ley natural: la prolonga, concreta sus dictados y le impone límites
(subordinación del derecho a la moral u ordenación moral del Estado).
Así pues, todas las leyes se supeditan unas a otras teniendo primacía sobre todas
ellas la ley divina. De la ley divina se desprenden la ley natural y la ley moral. La ley positiva
debe enraizarse en la ley natural y debe contribuir al cumplimiento de la ley divina.
Con esta jerarquía de leyes, Tomás de Aquino ha configurado desde la ética los
presupuestos de la política. El hombre es un ser social por naturaleza y el Estado es la
forma natural de vivir en sociedad. También por naturaleza tiene el hombre su fin
sobrenatural que es la beatitud o felicidad, pero este fin debe conseguirlo desde su vida en
sociedad.
El cristiano puede y debe ser un ciudadano más. El Estado tiene un fin propio y
competencias propias, como ya definiera Aristóteles, sin embargo, es obligación del Estado
legislar de tal manera que el hombre pueda alcanzar su fin sobrenatural. La ley positiva
debe estar supeditada a la ley natural para ser una ley justa.
Una ley justa es de obligado cumplimiento. También debe serIo una ley injusta,
aunque no obligue en conciencia, si su incumplimiento acarreara un mal mayor que lo que
la propia ley dicta. Nunca habría que cumplir una ley que estuviera en contra de la ley
divina.
El Bien común está por encima del bien particular. De este modo, el buen
gobernante debe velar por el cumplimiento de esta premisa así como respetar la natural
dependencia de unas leyes con respecto a otras.
Finalmente, Tomás más de Aquino recoge la división clásica tripartita de formas de
gobierno: monarquía, aristocracia y democracia; y sus tres desviaciones: tiranía, oligarquía
y demagogia. Santo Tomás no desarrolló especialmente esta cuestión, tal vez porque su
vida transcurrió en un momento histórico de pocos sobresaltos políticos. En cualquier caso,
se decanta por la primacía de la monarquía como la mejor forma de gobierno posible. En el

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pensamiento tomista el concepto de monarquía se desdibuja pues la concibe como una.
estructura política que debe recoger en sí la mejor de la aristocracia y de la democracia.
Defiende, por tanto, una forma de gobierno mixta.

2.4 EL NOMINALISMO DE OCKHAM (SIGLO XIV)

El Siglo XIV es un siglo de crisis: enfrentamiento y desintegración de los dos


poderes que, hasta ahora, mantenían relaciones armónicas: el poder político y el religioso
(crisis de poder) . En esta época tiene lugar el derrumbamiento de los sistemas filosóficos
cristianos: platonismo y aristotelismo (crisis de la Escolástica). A la vez, existe una crisis
social, se producen epidemias y un descenso importante de la población. En este contexto
hay que situar el pensamiento de Guillermo de Ockham del que hay que destacar los
siguientes aspectos:

Criticismo
La “crítica” es la actitud propia de todo el siglo XIV. Ockham es una de los mayores
exponentes de esta actitud crítica que dirige de manera demoledora contra los grandes
sitemas filosóficos de la Edad Media (platonismo y aristotelismo crisianos).

Separación total entre razón y fe.


Contra los planteamientos colaboracionista del tomismo , fe y razón, según Ockham,
se ocupan de ámbitos distintos y tienen intereses irreconciliables.

Omnipotencia y libertad absoluta de Dios (Voluntarismo):


Dios no crea según ideas ejemplares que limitarían su poder. Dios crea individuos,
diferentes unos de otros. Hay tantas esencias como individuos. Según Ockham los
conceptos universales son nombres que no tienen un fundamento extramental, fuera, en la
realidad (contra el “realismo fuerte” del platonismo y el “realismo moderado” del
aristotelismo). Su universalidad se fundamenta en la semejanza entre los individuos. El
orden natural es un orden contingente (las cosas son como son pero podrían ser de otra
manera).

Teoría del conocimiento


Guillermo de Ockham piensa que se conocen intuitivamente (con los sentidos) los
individuos y, en virtud de sus semejanzas, se puede obtener un conocimiento general,
aunque vago. Los conceptos tienen un carácter lingüístico, son nombres que representan a
las cosas de modo natural (relación pensamiento y lenguaje). Los signos propiamente
lingüísticos (orales o escritos) son convencionales, y hacen las veces de las cosas en el
discurso. La lógica adquiere una gran importancia.

Principio de economía (la navaja de Ockham)


En el proceso del conocimiento es importante seguir ciertos principios
metodológicos. No hay que multiplicar sin necesidad los entes o las causas para explicar los
hechos. Ockham rechaza las distinciones, tan importantes para la filosofía anterior, de
esencia y existencia, esencia e individuo, etc.

Contribución a la ciencia
El principio de economía, la afirmación de un mundo dado, pero no necesario
(carácter contingente del mundo), el rechazo de las explicaciones a priori de la filosofía
anterior, la potenciación de la observación empírica así como la valoración del
conocimiento hipotético para el descubrimiento de las verdaderas causas de los hechos,
son algunas de las ideas defendidas por Ockham y sus seguidores que contribuirán de
forma decisiva al desarrollo de la ciencia. De hecho, los científicos más importantes de la
época, Oresme, Buridan, etc están vinculados a Ockham y al nominalismo.

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