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teorema

Vol. XIX/3, 2000, pp. 27-31

Escepticismo, rastreo y garantía

James E. Tomberlin

El ensayo de Sosa es denso, profundo e iluminador. En estas páginas no


puedo hacer justicia a la amplitud del ensayo. En su lugar, pretendo centrar-
me en la cuestión del rastreo, dado que está relacionada con el escepticismo y
la garantía. Aunque en este ensayo Sosa dice bastantes cosas acerca de estos
temas, en los últimos tiempos ha dicho todavía más. Y ahí es donde voy a
comenzar.
En Sosa (1996) se nos invita a comparar y contrastar dos concepciones
de la noción de “rastrear la verdad”: el rastrear de Nozick frente al rastrear de
Descartes. De acuerdo. Pero, exactamente, ¿en qué se diferencian? Para em-
pezar, Sosa ofrece su propia explicación (parcial) de los condicionales sub-
juntivos (abreviadamente, CSS):

CSS: V(P) → V(Q): P sería verdadero sólo si Q fuera verdadero.


O: la única forma en que P sería verdadero es si Q
también fuera verdadero [Sosa (1996:275)].

Aunque en ningún momento proporciona una semántica formal para


CSS, para nuestros intereses actuales estos condicionales tienen tres caracte-
rísticas especiales:

CSS1: Como en el enfoque de los contrafácticos de Lewis-Stalnaker, la


ley de contraposición no es válida.

CSS2: A diferencia de la explicación de los contrafácticos de Lewis-


Stalnaker, la verdad de P y Q no implica la verdad de V(P) → V(Q).

CSS3: A pesar de eso, el modus ponens es válido: de V(P) → V(Q) y


V(P), se sigue V(Q).

Aplaudo cada una de estas características. Desafortunadamente, dudo de que,


unidas, le sirvan a Sosa. Pero me estoy adelantando.
Para lanzar la discusión, examinemos la distinción entre el rastrear de
Nozick y el rastrear de Descartes, tal y como han sido caracterizados por Sosa.

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Comencemos por el rastrear de Nozick. Con la ayuda de CSS, el rastrear de


Nozick (RN) se presenta como sigue [Sosa (1996), p. 275)]:

RN: Ss(P) syss V(P)


Cs(P)
~V(P) → ~Cs(P)
V(P) → Cs(P)

Como adecuadamente subraya Sosa, el rastrear de Nozick proporciona tanto


una solución plausible a los ejemplos de Gettier como una sorprendente res-
puesta al escepticismo. Pero no importa, puesto que a continuación Sosa proce-
de a reseñar una serie de consecuencias adversas de RN [Sosa (1996), p. 276)]:

RN1: S podría saber que P y deducir Q con conocimiento, y creer que


Q sobre esa base, y sin embargo no saber que Q.

RN2: Ha de haber una excepción ad hoc con el caso del conocimiento


de verdades necesarias; pues, si no es así, tenemos un resultado inco-
rrecto cuando se sustituye el antecedente de un condicional subjuntivo
por la negación de una verdad necesaria.

RN3: La respuesta al escepticismo se convierte en una reducción al ab-


surdo, en la medida en que no es plausible que no sepamos que no so-
mos cerebros en una cubeta a los que se les introducen estímulos de
experiencias normales.

RN4: Hay contraejemplos convincentes al rastrear de Nozick.

Estoy de acuerdo con todo esto. Por tanto, ¿cómo pasamos del rastrear de
Nozick al rastrear de Descartes?
Según Sosa, aunque la transición requiere una modificación mínima,
las diferencias resultantes son enormes. El rastrear cartesiano (RC) se nos
presenta así [Sosa (1996), p. 276)]:

RC: Ss(P) syss V(P)


Cs(P)
Cs(P) → V(P)
V(P) → Cs(P)

Como señala Sosa, la única diferencia entre RN y RC descansa en la condición


tres. Por supuesto, si la ley de contraposición fuera válida para CSS, la condi-
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ción tres de RC sería equivalente a la condición tres de RN, con el resultado de


que RC se transformaría en RN. Con el fin de evitar un desastre así, Sosa ex-
plica correctamente que la ley de contraposición no es válida para CSS.
Una vez documentada la diferencia entre las dos versiones del rastrear,
Sosa procede a señalar una serie de importantes ventajas de RC, incluidas
cada una de las siguientes [Sosa (1996), pp. 277-8)]:

A1: RC soluciona el problema de Gettier.

A2: RC proporciona una respuesta adecuada al escepticismo.

A3: RC no padece ninguna de las consecuencias adversas de RN


(RN1-RN4).

A4: RC es un componente esencial de la garantía, donde esto último es


cualquier cosa que se ha de añadir a la creencia verdadera para consti-
tuir conocimiento.

¿Realmente son así las cosas? Volvamos a RC. Aunque la ley de contra-
posición no es válida en CSS, el modus ponens sí lo es. Por tanto, RC incluye
en la definición una condición de más. Es decir, tomadas conjuntamente, las
condiciones uno y cuatro entrañan la condición dos; y las condiciones segunda
y tercera entrañan conjuntamente la primera. Se sigue, por tanto, que bien la
condición uno, bien la condición dos, es redundante. Por supuesto, ha de aña-
dirse a continuación que si el requisito de verdad resulta ser redundante, de ello
y de A4 resulta que es imposible que una creencia garantizada sea falsa; o lo
que es equivalente, la garantía entraña verdad. Y según muchos epistemólo-
gos, esto último conduce directamente al escepticismo [véanse Cohen (1988),
Lehrer (1971) y Lycan (1988)]. Esto da lugar a mi primera pregunta a Sosa:
¿cómo exactamente resolvería la cuestión de la redundancia?
Ahora bien, con independencia de cómo se resuelva la cuestión de la
redundancia, hay un dilema que, según creo, merece nuestra atención. El di-
lema puede ser presentado como sigue. O las creencias garantizadas han de
ser verdaderas; o si no, podría haber creencias garantizadas aunque la creen-
cia en cuestión sea falsa. En el primer caso, no se bloquea el paso al escepti-
cismo. En el segundo caso, las creencias garantizadas no parecen diferir de
manera significativa de las creencias accidentalmente verdaderas1. Por tanto,
o la garantía requiere demasiado, siendo el precio el escepticismo; o si no, la
garantía consiste en muy poco, en la medida en que (por lo menos) algunas
creencias accidentalmente verdaderas se consideran garantizadas.
Y de ahí mi segunda (y última) pregunta a Sosa: dado su apoyo a RC,
¿exactamente cómo se enfrenta a este dilema? En concreto, ¿acaso RC no di-
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cta en el fondo que las creencias garantizadas han de ser verdaderas? Si es


así, ¿cómo se bloquea el paso al escepticismo?

Department of Philosophy
California State University, Northridge
18111 Nordhoff St., Northridge, CA 91330
E-mail: jamesetomberlin@worldnet.att.net

NOTAS
1
Permítaseme que explique este paso del dilema. Para facilitar el asunto, su-
póngase que consideramos la concepción tradicional del conocimiento proposicional
como creencia verdadera justificada (abreviadamente, la concepción CVJ):

S sabe que P si y sólo si (1) P


(2) S cree que P, y
(3) la creencia que P de S está justificada.

Sin la tercera condición, el desastre resultante está claro: dicha concepción no podría
distinguir entre casos de conocimiento bona fide y casos de creencias verdaderas
adquiridas por casualidad. Efectivamente, según la concepción CVJ, la condición (3)
está diseñada para eliminar creencias accidentalmente verdaderas. Pero en este punto
falla rotundamente. Según la concepción CVJ, el que S esté justificado (es decir, ga-
rantizado) al creer que P es consistente con la verdad de la negación de P. Considére-
se ahora la situación siguiente. Juan cree una determinada proposición contingente P1
sobre la base de una evidencia probabilística fuerte E1; podríamos suponer que es su-
ficientemente fuerte como para que Juan esté justificado al creer que P1 según la con-
cepción CVJ. Además, Ana cree una proposición contingente diferente P2, sobre la
base de la evidencia E2, donde E2 es tan fuerte para P2 como E1 lo es para P1. Dado
que ex hypothesi, la creencia de Juan está justificada, también lo está la de Ana. Hasta
ahora, pues, la creencia de Juan y la creencia de Ana satisfacen las condiciones (2) y
(3) de CVJ. ¿Qué sucede con la condición (1)? Bien, las evidencias E1 y E2 eran, en
cada caso, probabilísticas. De hecho, a pesar de la verdad tanto de E1 como de E2, re-
sulta que P1 es verdadera mientras que P2 es falsa. Por la concepción CVJ, se ha de
concluir que Juan sabe que P1, mientras que Ana no sabe que P2. ¿Acaso no es esto
increíble? No hay duda de que, en esa situación, Ana no sabe que P2. Sin embargo,
como la única diferencia entre la creencia de Juan y la de Ana es que la primera resul-
ta ser verdadera, no podemos conceder a Juan que sabe que P1: la diferencia entre sa-
ber y no saber no debería estribar nunca simplemente en la verdad o falsedad de la
creencia. Resumiendo, la creencia verdadera P1 de Juan es accidental. En consecuen-
cia, la concepción CVJ es incapaz de distinguir entre casos de conocimiento genuino
y casos de creencias accidentalmente verdaderas. Si es así, ¿acaso no resulta creíble la
consecuencia de que, si las creencias justificadas pueden ser falsas, entonces al menos
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algunas creencias accidentalmente verdaderas pueden estar garantizadas? Si no es así,


¿por qué no?

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

COHEN, S. (1988), “How to be a Fallibilist”, en Tomberlin, J. E. (ed.), Philosophical


Perspectives, vol. 2, pp. 91-123.
LEHRER, K, (1971), “Why Not Skepticism?”, The Philosophical Forum, pp. 283-98.
LYCAN, W. G. (1988), Judgement and Justification, Cambridge, Cambridge University
Press.
SOSA, E. (1996), “Postscript to ‘Proper Functionalism and Virtue Epistemology’”, en
Kuanuig, J.L. (ed.), Warrant in Contemporary Epistemology, Lanham, MD,
Rowman and Littlefield, pp. 271-80.