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Félix Palencia, SJ

JORNADAS IGNACIANAS
Ejercicios prácticos para los días de la Novena de

S A N I G N A C I O DE L OYOLA,
maestro espiritual y fundador de la Compañía de Jesús,

dispuestos por un padre de la misma Compañía


y publicados con las licencias requeridas.

http://sjmex.org/procura/documentos/espiritualidad/jornadas_
ignacianas.htm

Ignacio de Loyola. 'Peregrino de Dios', recorrió durante su


vida los caminos del mundo cristiano de su época. Al mismo
tiempo, guiado por el Espíritu de Jesús, recorrió en su
corazón un camino de sinceridad, libertad y generosidad: De
adolescente irresponsable y vanidoso se convirtió en hombre
maduro, entregado por completo al servicio amoroso de
Dios, de Jesús, de la Iglesia y del Mundo entero.

En la proximidad de la fiesta litúrgica de San Ignacio (31 de


julio), o en cualquier época del año, es recomendable la
práctica de acompañar a Ignacio peregrino. Puede hacerse
conforme a las 'Jornadas Ignacianas' que a continuación se
proponen.

JORNADAS IGNACIANAS
ORACIÓN INICIAL (que se repite al empezar cada jornada):

Ignacio de Loyola, orientador espiritual a quien de corazón


quiero y venero: Me hago presente a ti con esta súplica: No
dejes de rogar a Dios por mí, para que me conceda su favor
en todo: el de conocer con certeza y realizar con plenitud
aquello que para mi sea su santa voluntad. Amén.
1. PRIMERA JORNADA: De Loyola a Arévalo y Pamplona.

Enseñanza de Ignacio: "Si se trabaja con empeño, se puede


lograr en poco tiempo lo que no se logra en muchos años de
andar haciendo todo a medias".

Historia: Nacido en Loyola en 1491, a los dieciséis años pasó


Iñigo López a la corte de los reyes Fernando e Isabel, en la
ciudad de Arévalo, para codearse con los grandes de España:
Allí dio rienda suelta a sus pasiones juveniles y a sus deseos
de honra y de gloria de este mundo.

Preparado allí en las artes militares, a los treinta años fue


llamado a combatir contra los franceses en la desesperada
defensa de Pamplona. Mostró gran valentía y ánimo en ella,
hasta que fue alcanzado por una bala de cañón, que le
destrozó la pierna derecha.

Reflexión: Ignacio fue siempre un hombre valiente y


generoso, dispuesto a ejercitarse en serio para lograr al
máximo lo que quería. Los primeros treinta años de su vida
se afanó por cosas vanas; pero en ellas mismas el cariño
paciente de Dios lo preparaba para una gran empresa de
servicio a Jesús y a los necesitados.

Nunca es tarde para dar el primer paso, y el que podemos


dar ahora, al iniciar estas jornadas ignacianas, es el de
ejercitarnos en ellas con toda seriedad y empeño, confiando
en que el amor de Dios nos prepara grandes dones.

Palabras de Jesús (Mt 13: 44): "El Reino de Dios es como un


tesoro enterrado en un campo: Cuando uno lo descubre, lo
deja allí enterrado, y va con alegría a vender todas sus
cosas, para comprar el campo en que encontró el tesoro."
Oraciones finales: Aparacen al fin, después de la última
jornada.
2. SEGUNDA JORNADA: De Pamplona a Loyola.

Enseñanza de Ignacio: "Es mucho lo que uno mismo estorba


lo que Dios haría en él, si uno no se lo estorbara, y son muy
pocos los que logran comprenderlo."

Historia: Herido en Pamplona, Iñigo fue llevado por los


franceses a su casa de Loyola, donde soportó callado la
carnicería a que los médicos hubieron de someter su pierna
para que no quedara muy deforme.

Obligado al reposo, tuvo tiempo para reflexionar en lo que


estaba haciendo de su vida. Era muy aficionado a las
novelas; pero al no hallarlas en su casa, empezó a leer las
historias de Jesús y de los santos, que su cuñada le
prestara.

Sintió entonces en su corazón el deseo de sufrir por sus


pecados y de hacer grandes hazañas en servicio de Dios y
de Jesús, y descubrió que estos deseos le dejaban en mayor
paz que sus vanidades anteriores.

Reflexión: Dios empezó a manifestarse a Ignacio cuando él


revisó su vida y recordó su propia historia, e Ignacio lo
escuchó cuando leyó con atención y calma la historia y las
palabras de Jesús, que el evangelio nos conserva.

Este es el ejercicio para esta jornada: Preguntarme


sinceramente a qué dedico mi vida y cuáles son los
intereses que me mueven en ella, y empezar a compararlos
con la vida y los intereses de Jesús.

Iré viendo así las cosas en su verdadero sitio, y querré ser


libre ante todos y ante todo, para vivir para algo que de
verdad valga la pena.
Palabras de Jesús (Mc 8: 36): "¿De qué le sirve a uno ganar
el mundo entero, si a cambio de ello se desperdicia a sí
mismo por completo?"
3. TERCERA JORNADA: De Loyola a Montserrat.

Enseñanza de Ignacio: "Mucho ayuda imaginarme a mí


mismo en el momento de mi muerte, y cómo veo desde allí lo
que ahora estoy viviendo; y ver esto mismo así desde ahora,
para con esa mirada tomar mis decisiones."

Historia: Apenas restablecido, Iñigo salió solo y para siempre


de su casa: De incógnito y haciendo penitencia, se dirigió
como peregrino a visitar el santuario de la Virgen que está
en Monte-Serrato.

Allí pidió perdón, confesando todos sus pecados, y se pasó


en oración la noche del 24 al 25 de marzo ante la Virgen.
Dejó a los pies de ella su espada, y cambio sus elegantes
vestiduras por la ropa de un pordiosero.

Empezaba así una vida nueva, de humildad y de pobreza, y


una continua búsqueda de la mejor manera de entregar su
vida a Dios en el servicio a sus hermanos.

Reflexión: Ignacio, avergonzado de sí mismo, decidió


cambiar el rumbo de su vida. Comprendió que su vanidad y
el ambiente en que vivía eran lo que lo
orillaba a vivir una vida sin verdad y sin sentido, y luchó por
ser libre de ellos.

Aprendió a negarse a sí mismo, buscó la ayuda de Dios en la


oración, y acudió a los sacramentos de la Iglesia. Y, decidido
a todo, orientó sus bríos a buscar la voluntad de Dios en el
servicio a sus hermanos.

En esta jornada trataré de ver la verdad sobre mi vida, y me


preguntaré sinceramente qué es lo que hasta hoy hago en
servicio de Jesús y de los más pobres, y qué es lo que de
aquí en delante quiero hacer por ellos.

Palabras de Jesús (Lc 9: 23): "Si alguno quiere venir por mi


camino, niéguese a sí mismo, tome su cruz de cada día, y
sígame."
4. CUARTA JORNADA: De Montserrat a Manresa y Barcelona.

Enseñanza de Ignacio: "La causa de Jesús es la del hombre:


la de la hermandad y la felicidad a las que el corazón empuja
a todo ser humano. El que quiera compartir todo con Jesús,
trabajará con él y estará con él en lo difícil, para gozar
también con él y de lo suyo."

Historia: De Monte-Serrato pasó Iñigo al pueblo de Manresa,


a vivir entre los pobres y a servir a los enfermos, a la vez que
platicaba a otros lo que de Dios iba aprendiendo.

Se retiró frecuentemente a una cueva cercana, a profundizar


con calma el Evangelio de Jesús. Allí sufrió obscuridades y
angustias espantosas, y recibió también grandes luces y
gracias del Señor.

Creció en amor a Jesús, y comprendió un poco más cómo


servirlo; y, a la orilla de un río, sentado en una piedra, sintió
profundamente el cariño de Dios, entendió más la verdadera
vida cristiana y recibió la gracia de saber reconocer el
trabajo de Dios en su propio corazón y en el de cada ser
humano.

Reflexión: El deseo de servir a Dios y a los demás, llevó a


Ignacio a leer y releer el Evangelio, y a través de los hechos
y de las palabras de Jesús, Dios se le comunicó con
abundancia.

El entregarse a Jesús no disipa las obscuridades ni suprime


los problemas; pero el Evangelio da siempre una nueva vida y
una nueva luz para afrontarlos.

Procuraremos en esta jornada profundizar el Evangelio:


leerlo con calma, e imaginar lo que nos narra, para ver a
Jesús y escuchar lo que nos dice; y le pediremos a él con
insistencia conocerlo más a fondo, para amarlo y quererlo
más y más, y para vivir en todo para lo mismo que él vivió.

Palabras de Jesús (Mt 11: 28): "Vengan a mí, todos ustedes


que se sienten oprimidos y cansados, que en mí hallarán el
alivio y el descanso."
5. QUINTA JORNADA: Viaje a Jerusalén y Tierra Santa.

Enseñanza de Ignacio: "Generalmente, perdemos la libertad


y el rumbo poco a poco y como engañados y sin darnos
cuenta de lo que sucede: Empezamos por usar o tener cosas
útiles y buenas, que incluso nos ayudan a servir a los demás;
después, nos gustan esas cosas y las ventajas que de ellas
se nos siguen, y empezamos a quererlas por sí mismas; y al
fin nada nos interesa sino esas mismas cosas, y estamos
dispuestos a todo antes que a perderlas."

Historia: Movido por su gran cariño a Cristo, Iñigo quiso


conocer la tierra en que Jesús había vivido y anunciado el
Evangelio, y viajó sin ningún dinero hasta Jerusalén y Tierra
Santa.

Recorrió con devoción los Santos Lugares, fijándose al


detalle en ellos, y quiso quedarse para siempre allí, amando
a Jesús y predicando el Evangelio.

Los religiosos encargados no se lo permitieron, y, viendo en


ello la voluntad de Dios, emprendió el viaje de regreso.

Reflexión: Jesús es un hombre real y palpable, como


cualquiera de nosotros: nació y creció en una familia,
perteneció a un pueblo y a una raza y vivió en un país
determinado. Ignacio quiso conocer estos lugares de la vida
de Jesús, y nos invita a reproducirlos con nuestra
imaginación, para encontrar en ellos a Jesús.

En tiempo de Jesús la gente estaba dividida: unos tenían


todo y otros carecían de todo; y en medio de ellos Jesús
vivió buscando la voluntad de Dios y dando buenas noticias a
los pobres.
En esta jornada he de tratar de ver cuál es la voluntad de
Dios para la sociedad en que yo vivo, y en qué forma me
invita Jesús a que mi vida y mi palabra sean una buena
noticia para los mis necesitados.

Palabras de Jesús (Lc 4: 18): "El Espíritu de Dios está en mí,


y me envía a dar buenas noticias a los pobres, a notificar a
los presos que son libres y a decir a los ciegos que pronto
volverán a ver."
6. SEXTA JORNADA: Estudios en Barcelona, Alcalá,
Salamanca y París.

Enseñanza de Ignacio: "En estados de desánimo o


sentimientos de imposibilidad o de fracaso en el servicio a
los hermanos, lo mejor es reaccionar con energía; porque si
uno se deja llevar y va aflojando poco a poco, cada vez va
siendo más difícil que reaccione, y puede llegar a resultarle
prácticamente imposible."

Historia: De regreso de Jerusalén, Iñigo decidió estudiar,


para poder servir mejor a sus hermanos. Empezó a los
treinta y tres años los primeros estudios en Barcelona, y los
continuó luego en Alcalá y en Salamanca.

Vivía de limosna y ayudaba a los pobres, y comunicaba con


sus 'ejercicios' el amor a Jesús a otras personas, algunas de
las cuales lo acompañaban en su manera de vivir. Las
autoridades eclesiásticas, inquietadas por esto,
desconfiaron de él y le impusieron restricciones. Entonces
Iñigo optó por retirarse.

Llegó, solo y a pie, a París, para dedicarse más en serio a los


estudios, y allí entre los estudiantes y en medio de
persecuciones y calumnias, reunió el grupo de los primeros
compañeros. Todos ellos, el 15 de agosto de 1534,
prometieron a Dios consagrarse a su servicio, renunciando al
matrimonio y a los bienes de este mundo.

Reflexión: Los primeros planes de Ignacio no coincidían con


los planes que Dios tenía para él: Por eso, para ayudar a los
demás, dejando la alegría de estar en el país de Jesús, se
dedicó al arduo trabajo del estudio.

Cuando, siguiendo a Jesús, se dedicó a anunciar desde la


pobreza el Evangelio, encontró dificultades y persecución de
parte de los poderosos de su tiempo. En esto mismo siguió
de cerca a Jesús, perseguido y maltratado hasta la cruz por
ser fiel a Dios y a sus hermanos.

Pediré a Dios en esta jornada que me dé ánimo y valor para


desear seguirlo muy de cerca, y para afrontar los problemas
y dificultades que puedan sobrevenirme por ser fiel a Jesús y
al Evangelio.

Palabras de Jesús (Mc 9: 31): "Este ser humano va a ser


entregado en manos de los hombres, y ellos lo van a matar.
Pero a los pocos días de muerto, volverá a la vida."
7. SEPTIMA JORNADA: De París a Azpeitia y a Venecia.

Enseñanza de Ignacio: "No tiene valor alguno el saber si


alguien dedica su tiempo a largas oraciones. Lo importante
es ver si es capaz de negarse sus antojos, y si está
dispuesto siempre a servir a los demás, sobre todo a quienes
menos tienen y más lo necesitan."

Historia: Al terminar sus estudios, los compañeros salieron


de Paris, con la promesa de ir a Tierra Santa a predicar el
Evangelio. Ignacio los alcanzaría en Venecia, para
dedicarse, juntos y pobres, a servir a los enfermos y a
enseñar a los niños la doctrina.

De camino, Ignacio estuvo varios días en su tierra: Pedía


limosna, y compartía en todo la vida de los pobres, y con la
palabra y el ejemplo borró los malos ejemplos que había
dado de muchacho.

Estableció en Azpeitia algunas obras de beneficencia y de


piedad, visitó a las familias de algunos de sus compañeros, y
se reunió luego con ellos en Venecia.
Reflexión: Ignacio y sus compañeros, llenos del Espíritu de
Jesús resucitado, eran en su profunda amistad una señal
viva de él, y lo hacían presente desde su pobreza en el
servicio a los más pobres y en la predicación del Evangelio.

La más clara presencia de Jesús en este mundo ha de ser


para toda la comunidad cristiana: una comunidad que viva
unida, y que con sus acciones y palabras continúe la obra de
Jesús.

En la jornada de hoy habré de desear el gozo y la alegría de


Jesús resucitado: el de vivir unido a él en los cristianos, y
entregado en cuerpo y alma con ellos a aliviar a quienes
sufren, para que el amor del Dios eterno esté cercano a
todos a través de Jesús, que se quiere hacer visible en todas
partes por la vida y las acciones de la Iglesia.

Palabras de Jesús (Jn 10: 10): "Yo vine para que todos tengan
vida, y para que la tengan con toda abundancia."
8. OCTAVA JORNADA: De Venecia a Roma.

Enseñanza de Ignacio: "Hemos de creer en la comunidad


cristiana tal cual es, aun superando si las hubiere algunas
apariencias en contrario; pues en ella vive Jesús, presente y
activo en nuestra historia, y el mismo Espíritu que guió a
Jesús es quien la guía, y quien en ella nos conduce de
libertad en libertad a la entrega verdadera y eficaz a Jesús y
a su causa."

Historia: En Venecia los compañeros renovaron su pacto, y


fueron ordenados de presbíteros. Siendo pobres, servían a
los enfermos y a los pobres, daban a todos la buena noticia
de Jesús y los consolaban con los sacramentos de la Iglesia.

No siendo posible el viaje a Jerusalén, Ignacio presentó su


grupo al Papa, para que, como representante de Jesús, les
encargara los servicios que él quisiera.

Camino a Roma, sintió clara la presencia de Dios, que lo


ponía plenamente al servicio de Jesús; e Ignacio comprendió
con alegría que en Roma lo esperaba el sufrimiento con
Jesús.

Reflexión: Como Dios es uno y su Palabra, que es Jesús, es


también una, así la comunidad cristiana ha de estar unida
toda ella; y para servir a esta unión están el Papa y los
Obispos.

Ignacio reconoció en el Papa esta presencia de Jesús, y nos


invita a mantenernos fieles en la unidad de la Iglesia.

Veré en esta jornada si yo coopero a la unidad de la Iglesia,


buscando la armonía y la paz con otros cristianos y
aceptando con alegría los servicios que la jerarquía
eclesiástica me ofrece; o si, al contrario, por no vivir
conforme al Evangelio, ahuyento a otros de la Iglesia y no
hago nada por suprimir en ella las diferencias que hay entre
los ricos y los pobres.

Palabras de Jesús (Jn 18: 21; 17: 03): "Padre: que todos ellos
sean uno, para que el mundo crea que tú me enviaste.
Porque en esto está la vida verdadera: en que te reconozcan
a ti, Dios único y verdadero, y a Jesús, el Cristo, a quien tú
enviaste".
9. NOVENA JORNADA: De Roma al Cielo.

Enseñanza de Ignacio: "Hemos de confiar en Dios, como si


únicamente de él dependiera el progreso de su Reino; y
hemos de trabajar por ese Reino, como si únicamente
dependiera de nosotros."

Historia: El Papa aprobó en Roma la forma de vida de los


compañeros, y empezó a encargarles diversos servicios a la
Iglesia. Así nacieron, en 1540, los 'jesuitas', nombre con que
los miembros de la Compañía de Jesús son conocidos.

Antes de dispersarse, eligieron a Ignacio como jefe, a las


órdenes del Papa; y, por eso, él ya no salió de Roma. Desde
allí gobernó la Compañía y escribió las leyes para ella, sin
dejar nunca de ser pobre y de servir a la gente más
maltratada y despreciada. También en esos años el Papa
aprobó los 'Ejercicios'.

Tras muchos padecimientos del estómago y varios conflictos


con gente poderosa, en la madrugada del 31 de julio de 1556,
desde la soledad de su cuarto y sin los últimos sacramentos,
a los sesenta y cinco años de edad, Ignacio pasó a gozar de
la plenitud del Reino por el que tanto hizo en este mundo: Así
lo declaró el Papa el 12 de marzo de 1622.

Reflexión: Los últimos años de Ignacio no estuvieron libres


de enfermedades y problemas; pero tampoco de continuas
muestras del amor de Dios, que él aprendió a descubrir y a
gozar en todas las cosas y en todas las circunstancias de la
vida.

Los 'compañeros de Jesús', formados como otros muchos en


la escuela de los ejercicios ignacianos, se extendieron por
todo el mundo, enviados por el Papa, como testigos del amor
que Dios tiene para todos: Su testimonio era creíble por la
pobreza en que vivían, el cariño que entre ellos se tenían y
su empeño grande en servir especialmente a los más pobres,

Procuraremos en esta jornada, y en el resto de nuestra vida,


aprender a descubrir y a gozar ese amor que Dios nos tiene,
y ser testigos de él ante todos los humanos.

Palabras de Jesús (Lc 12: 32): "No tengan miedo, borreguitos


de mi rebaño; porque su Padre ha tenido a bien regalarles a
ustedes el Reino,"
ORACIONES FINALES (que se repiten al terminar cada
jornada. Se rezan como las rezaba San Ignacio: haciendo una
pausa larga al terminar cada renglón):

Te entrego, Papá Dios, mi libertad, mi corazón y toda mi


persona;
todo lo que puedo hacer y todo lo que tengo.
Tú me lo diste todo, y yo te lo devuelvo todo.
Todo es tuyo: dispón de ello como quieras.
Dame tú y yo amarnos y querernos, que otra cosa más no
quiero ya pedirte.

Padre nuestro, que estás en el cielo:


Santificado sea tu nombre.
Venga a nosotros tu Reino.
Hágase tu voluntad, en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día.
Perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden.
No nos dejes caer en tentación,
y líbranos del mal.

Tú diste, Padre nuestro, por medio de Ignacio,


nuevas ayudas y fuerzas a tu Iglesia,
para que se empeñara mejor en trabajar
por hacer presente tu Reino en todas partes.
Concédenos esforzarnos en este nuestro mundo de hoy
por aprovechar esas ayudas y por seguir los ejemplos de
Ignacio,
para que, adelantando tu Reino en esta tierra,
lo gocemos con plenitud contigo en el cielo.

Te lo pedimos por Jesucristo, Hijo tuyo y Señor nuestro.


Amén.
Colegio de San Ignacio, Parras, Coah., 31 de julio de 1992