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Desde el punto de vista de la actividad profesional del abogado, los principios éticos deben

ordenar su actuación permitiéndole tomar conciencia de obrar no solamente ajustado a


derecho, sino que en forma correcta.
La ética estudia la moralidad de los actos humanos e intenta encaminar al derecho hacia el
ámbito del bien de los demás, lo que en nuestra profesión se ejerce a través de conductas
concretas ajustadas a juicios de valor para la consecución de objetivos e intereses
específicos.
Disposiciones de este cuerpo que reglan el funcionamiento de la abogacía.
Así el abogado se presenta como "un servidor de la justicia y un colaborador de su
administración" (art. 1º) que "debe mantener el honor y la dignidad profesionales" (art. 2º);
obrando "con honradez y buena fe" (art. 3º) "repudiando el empleo de medios publicitarios
para consultas" (art.15 ); "reprimiendo la incitación a litigar" (art.16) e impidiendo asociarse
con otros colegas con el propósito de aprovechar su influencia para conseguir asuntos
(art.46).
el Colegio de Abogados tiene hoy la calidad de asociación gremial. Por lo tanto, la afiliación
al Colegio es voluntaria.
Al afiliarse voluntariamente, el abogado queda sujeto a la tuición ética o disciplinaria del
Colegio, que conforme a los estatutos está radicada sólo en el Consejo General, formado
por 19 miembros. Esta tuición es del tipo de la que el Código Civil dispone en el artículo 554;
y configura sólo un derecho de “policía correccional”, “independiente de los tribunales de
justicia” (esto es, doméstico o interno) y que se ejerce sólo “en conformidad a los estatutos”
de la entidad
Esta tuición ética o disciplinaria está regulada en los artículos 7º y siguientes de los estatutos
y en el Reglamento de Tramitación respectivo.
Las únicas sanciones que puede imponer el Consejo General son la amonestación verbal, la
censura por escrito, la multa, la suspensión en los derechos de asociado y la expulsión del
Colegio.
Como se colige, ninguna de esas sanciones limita o coarta la garantía constitucional de la
libertad de trabajo y su protección.
El procedimiento vigente no contempla la apelación contra las resoluciones del Consejo
General; pero sí incluye la facultad de solicitar su reposición al mismo Consejo, con informe
y proposición de fallo de un consejero distinto de aquel que haya tramitado el reclamo de
que se trate.

el Colegio de Abogados de Chile, el más representativo de su género, ha presentado al país


un Código de Ética Profesional y un Reglamento Disciplinario para la tramitación de
reclamos contra sus afiliados, código y reglamento que, aprobados por la unanimidad del
Consejo General del Colegio, sustituyen la antigua normativa vigente desde 1948.
Antes de su aprobación el nuevo Código fue estudiado y discutido en amplias comisiones,
integradas por profesionales destacados tanto en el foro como en la academia,
representativos de las principales sensibilidades y corrientes de opinión presentes en el
mundo del derecho. Por ello, el nuevo Código de Ética tiene la vocación de una norma
nacional.
En Chile no existe control ético de las profesiones. Los colegios, que cumplieron esa función
en el pasado, fueron disminuidos hasta trasformase en asociaciones voluntarias cuyas
normas sólo afectan a sus socios.
En lo que al derecho respecta, el sistema de justicia exige un cambio y también lo demandan
los ciudadanos que requieren servicios de los abogados. El nuevo Código de Ética
Profesional del Colegio de Abogados proporciona un instrumento adecuado y moderno
para responder a esa demanda. Cabe esperar que en un futuro próximo sea obligatorio para
todos los abogados del país
Los colegios profesionales, que se remontan a la antigua Roma, son reconocidos en nuestra
Constitución Política de 1925: el primero en ser creado es el Colegio de Abogados (1925),
posteriormente el Colegio Médico y luego el Colegio de Dentistas de Chile (1948). Por entonces, la
afiliación aparecía como obligatoria, garantizando la tuición ética amplia sobre los profesionales.

Curiosamente, el Acta Constitucional de 1976 consagraba la posibilidad de que -por ley- se exigiera
la colegiatura obligatoria a quien ejerciera una profesión universitaria. Esta propuesta fue eliminada
en el proyecto definitivo del texto constitucional, que fue finalmente sometido a plebiscito en el año
1980. Por otra parte, en 1981, el DL 3621 suprimió la colegiatura obligatoria de tipo profesional y el
control disciplinario que estas organizaciones ejercían.

Lunes, 3 de sptiembre de 2012 :::::: El pasado 1 de agosto se cumplió un año desde la entrada en
vigencia del nuevo Código de Ética Profesional del Colegio de Abogados de Chile A.G. Con
anterioridad a esta reforma, el Colegio había optado por mantener intacto el antiguo y desfasado
código de 1949, regulando los nuevos problemas que la profesión enfrentaba por medio de
acuerdos, interpretaciones y recomendaciones “paralelas”. Si bien hubo un primer acuerdo sobre
avisos de promoción profesional (1985) que básicamente repetía uno de 1951, la mayor actividad
normativa se produjo a partir de 1990 en materia de manejo de dineros y bienes de clientes (1995),
tráfico de estupefacientes y lavado de dinero (1998), abogados auditores (2002), norma
interpretativa del art. 13 sobre formación de clientela (2004), y abogados directores de sociedades
(2005). Desgraciadamente muchas de estas reglas no fueron suficientemente conocidas en el foro,
quizás debido a esta suerte de collage que se producía por estas regulaciones esporádicas y
fragmentadas, que no se reproducían como anexo al código.

Luego de casi cuatro años de trabajo, se puso en marcha una regulación moderna y exigente, en
línea con las regulaciones comparadas más respetadas, y de paso haciéndose cargo de las críticas
académicas tanto de carácter general (ej., Ruiz-Tagle 1998; Peña 2003) como relativas a materias
específicas (ej., De la Maza 2004, respecto a las reglas sobre formación de clientela; Coloma 2006,
respecto de aquellas sobre la conducta debida en litigio). Además, en un hecho inédito para esta
clase de reformas, todo el proceso recibió una cobertura mediática insospechada.

También se cumple un año desde la entrada en vigencia del Reglamento Disciplinario. En paralelo a
la reforma sustantiva, de manera mucho más discreta se reformaba el procedimiento de tramitación
de reclamos. A diferencia del código, este sí había sido objeto de reformas recientes. El primer
reglamento adoptado por el Colegio luego de transformarse en asociación gremial data de 1984, y
posteriormente a mediados de los años noventa su texto fue reemplazado íntegramente. Sin
embargo, en el transcurso de los años y probablemente como consecuencia de la masificación de la
profesión, con el incremento de denuncias comenzó a hacer crisis. Se produjeron retrasos
considerables para un procedimiento sancionatorio e imponiendo una carga intensa para los
consejeros, a quienes correspondía tramitar los reclamos primero en calidad de instructores y luego
de jueces.

A lo anterior se agregaba el excesivo secretismo así como espacios de discrecionalidad delicados


como sucedía con la posibilidad de rechazar la apertura de un término probatorio. Lo primero no
era un problema exclusivo del Colegio de Abogados, como lo ilustra la misiva dirigida a este diario
por el directorio nacional del Colegio de Arquitectos el año 2009 denunciando las “malas prácticas”
de hacer público un “fallo privado”. Lo segundo, en cambio, le mereció recibir duros reproches por
parte de la Corte de Apelaciones de Santiago (Gompertz con Consejo General del Colegio de
Abogados de Chile, rol 5873-2007, 28.1.2011).

El nuevo procedimiento de reclamos recoge elementos básicos de debido proceso en línea con un
sistema adversarial de resolución de conflictos, separando las funciones de instrucción y
adjudicación anteriormente concentradas en el Consejo General. La labor de investigación se ha
profesionalizado al contar con una abogado instructor con experiencia en procedimientos orales
apoyada por tres abogados de secretaría, y con dedicación exclusiva. A su vez, los tribunales de ética
pueden ser integrados por tres o cinco abogados de los cuales uno o dos deben ser consejeros,
respectivamente, número que varía conforme a la sanción que solicite la instructora. Con este
diseño también se han separado las funciones jurisdiccionales de las normativas y políticas que
cumple el Consejo General.

Todavía es temprano para evaluar cuánto ha influido en el ejercicio profesional el nuevo código, en
especial porque aún no existe jurisprudencia pronunciándose sobre sus disposiciones. Tampoco
puede determinarse sin mayores antecedentes si ha afectado la decisión de afiliarse o no al Colegio,
sin perjuicio de lo cual entre el 12 de mayo 2011, fecha en que el texto del nuevo código fue
conocido públicamente, y el 1 de agosto de 2011, el número de afiliados aumentó en 124 nuevos
afiliados, y durante el mismo período se registran solamente 6 desafiliaciones. Y a partir del 1 de
agosto de 2011 al 12 de julio de 2012 se han registrado 39 renuncias, pero a su vez se registraron
403 nuevos afiliados. A la fecha el Colegio cuenta con 13.348 afiliados, número que si bien es
sustantivamente menor al número de abogados titulados, comparativamente es alto si se tiene en
cuenta que al año 2011 los colegios de abogados regionales ascendían a dieciocho.
Al contrario, lo más destacable pareciera encontrarse en el actual procedimiento de reclamos. Todas
las causas que se han iniciado a partir del 1 de agosto de 2011, independientemente de si la
ejecución del hecho que reviste caracteres de conductas contrarias a la ética se cometió antes de
esa fecha, se tramitan conforme al procedimiento nuevo, aunque la normativa de fondo aplicable
varíe entre el antiguo y el nuevo código.

Al 24 de julio de 2012 el total de causas ingresadas ascendía a 152 (63 ingresadas de 2011 y 89
durante 2012). A esa fecha 53 causas habían terminado, de las cuales 27 lo fueron por acuerdo, 25
fueron declaradas inadmisibles por prescripción, falta de fundamento plausible o no decir relación
con el ejercicio de la profesión, y 1 fue derivada a la Comisión de Ética en calidad de consulta. Se
acogieron a tramitación 34, de las cuales se había cerrado la investigación en 15. Finalmente, en
etapa de mediación/admisibilidad se encontraban 65 causas.

Uno de los aspectos más destacables dice relación con la rebeldía del reclamado. Era habitual
encontrar en la sección de fallos éticos la Revista del Abogado una gran cantidad de sanciones por
no informar, en las cuales al denunciado que no presentaba sus descargos frente a una denuncia se
le condenaba publicando su nombre junto con la formulación de cargos y los hechos denunciados
mientras no evacuara informe. La solución resultaba bastante ineficiente, por cuanto la denunciante
podía esperar años sin obtener un pronunciamiento.

Bajo el nuevo procedimiento, una vez notificado el reclamado, éste cuenta con un plazo de veinte
días para presentar sus descargos y ofrecer prueba. Si no responde dentro de plazo, se procede en
su rebeldía y su ausencia no suspende la audiencia de juicio. Es más, en los tres juicios que a la fecha
se registran, ninguno de los reclamados compareció. En el primero el tribunal sobreseyó a solicitud
de la instructora, en el segundo condenó a la expulsión del reclamado, y en la más reciente del
pasado miércoles acordó suspender a la reclamada por un año con publicidad.

Las audiencias de juicio se desarrollan de manera dinámica. Por ejemplo, en el último caso,
declararon tres funcionarios de Gendarmería, además de la víctima. Cada uno de los jueces
interrogó a uno o más testigos con posterioridad a la instructora. Además, el tribunal rechazó parte
de la prueba documental ofrecida por considerarla sobreabundante junto con deliberar sobre el
alcance de la oralidad y la rebeldía respecto a la declaración escrita de la reclamada en la
investigación interna de Gendarmería. Luego de aproximadamente una hora de deliberación, se
dictó el fallo, quedando únicamente pendiente su redacción por un plazo no superior a quince días.
Si bien esto no presenta ninguna novedad para quienes han participado en audiencias de juicio oral
en materia de familia, laboral o penal, esta experiencia puede ser útil para ir despejando dudas y
buscar afinamientos por parte de los litigantes del actual procedimiento civil de cara a su reforma.

Finalmente, es de esperar que todo este esfuerzo sea un incentivo para que el control de las buenas
prácticas profesionales, no solamente de los abogados, derive en una legislación moderna sobre los
colegios que incluya sanciones como la suspensión en el ejercicio a fin de resguardar efectivamente
a los usuarios de sus servicios así como de las instituciones que se ven afectadas por la conducta
inescrupulosa de ciertos profesionales.