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Derecho de defensa

Ese derecho esta reconocido en el artículo 139, inciso 14 de la Constitución, y garantiza que:

Los justiciables, en la protección de sus derechos y obligaciones, cualquiera sea su naturaleza


(civil, mercantil, penal, laboral, etc.), no queden en estado de indefensión. El contenido
esencial del derecho de defensa queda afectado cuando, en el seno de un proceso judicial,
cualquiera de la partes resulta impedida, por actos concretos de los órganos judiciales, de
ejercer los medios necesarios, suficientes y eficaces para defender sus derechos e intereses
legítimos”

Este derecho es exigible en todas las etapas de los procedimientos judiciales o administrativos
sancionatorios, ello quiere decir que “(…) ninguna norma privada regulatoria de un proceso
sancionatorio y ningún acto en el curso del mismo pueden prohibir o restringir el ejercicio de
este derecho”. Y es que este derecho no solo puede ser vulnerado en el momento en que se
sanciona a una persona sin permitirle ser oído con las debidas garantías, sino en cualquier
etapa del proceso y frente a cualquier coyuntura.

La defensa letrada implica el asesoramiento de un profesional con formulación jurídica, y


procura asegurar el principio de igualdad de armas y la realización de contradictorio.

a) Acusación y derecho de defensa: El Tribunal Constitucional considera que el


artículo 100° de la Constitución incurre en una violación del principio de división
de poderes al señalar que: “[…] los términos de la denuncia fiscal y del auto
apertorio de instrucción no pueden exceder ni reducir los términos de la acusación
del Congreso”. Según este Colegiado el Congreso no puede predeterminar los
términos de la acusación fiscal pues esa es una competencia que le corresponde al
Ministerio Público. El Tribunal considera que se está ante un supuesto de normas
constitucionales inconstitucionales o juicio de convencionalidad, el cual se actúa
cuando una norma interna es contraria a las normas internacionales de protección
de los derechos humanos. En ese sentido, exhorta al Congreso a que reforme el
citado artículo constitucional, de acuerdo a los fundamentos expuestos en la STC
Exp. N° 0006-2003-AI/TC. Asimismo, el Tribunal Constitucional se pronuncia
respecto a la institución de la inmunidad parlamentaria y sostiene que se trata de
un mecanismo anacrónico, que no cumple en la actualidad con la finalidad para el
que fue creado. Plantea, en esa medida, una diferenciación sustantiva. Sostiene
que se trata de una prerrogativa irrenunciable para los Congresistas en funciones,
pero renunciable para los demás servidores públicos que ya no se encuentran en
actividad1.

La defensa personal y con asistencia de letrado, así como el tiempo y medios razonables para preparar la
defensa, son aspectos puntuales que resulta deseable que se integren dentro de las buenas
prácticas en el manejo de las indagaciones parlamentarias. En la mayoría de los casos de
procesos de control político sí se observa la práctica de permitir la defensa de quien es objeto
de algún tipo de cuestionamiento. Esta situación se concreta incluso en procesos típicos de
control político como en la censura a los miembros del gabinete ministerial, cuya procedencia
está condicionada a requisitos previos, como la existencia previa de una interpelación, de
concurrencia mediante invitación, o de la omisión en la concurrencia cuando es citado por
el Pleno del Congreso. Hasta el año 1992 las censuras podían proceder sin ninguno de estos
1
Fdtos 35 a 41 Ibíd.
requisitos previos. La censura tenía un tratamiento autónomo, distinto y disociado de la
interpelación, de la invitación y de los pedidos de informes.

El derecho de defensa tiene reconocimiento generalizado y regular. Quizá sea deseable


mejorar el aspecto del tiempo y de los medios para preparar la defensa, porque el tiempo que suele
reconocerse se toma de manera análoga de normas consignadas en otro cuerpo, y salvo el
esquema normativo de los tiempos para la interpelación, la invitación, la estación de
preguntas, y la acusación constitucional, no existen plazos formales para el ejercicio de la
defensa. Por ejemplo, en los procesos de levantamiento de la inmunidad parlamentaria, o en
los procesos generados por cuestiones éticas, si bien no existe reconocimiento expreso de la
posibilidad del apoyo mediante letrado, sí suele reconocerse la ayuda letrada. De modo
parecido, aún cuando no se reconoce una etapa especial de notificación con plazo razonable
para que se prepare la defensa en el levantamiento de la inmunidad, o en los procesos por
cuestiones éticas, en las sesiones que deben realizarse en el Pleno, suele considerarse la
protección de la necesidad de la preparación de la defensa citándose al congresista afectado
con no menos de tres días de anticipación. Este tipo de prácticas forman parte de las
consideraciones que por razonabilidad han sido adoptadas de forma espontánea y natural
por el Congreso.

Una cuestión especialmente relevante ha sido la relacionada con la comunicación previa de la


imputación, que se ha vinculado judicialmente al asunto anterior de los medios razonables para
preparar la defensa, porque el poder judicial centró alrededor de esta exigencia la sentencia
dictada en el amparo que se declaró fundado a favor del expresidente Alan García. En el
curso de la investigación que llevaba adelante la denominada Megacomisión sobre la gestión de
Alan García Pérez como Presidente de la República, el día 8 de Marzo del 2013 se expidió la citación
para que concurriera ante la Comisión presidida por el congresista Sergio Tejada. El 24 de
Mayo del 2013 el expresidente Alan García presenta una demanda de amparo ante el Quinto
Juzgado Especializado en lo Constitucional, el que falla en primera instancia con sentencia
emitida el 19 de Septiembre de 2013, ordenando que se vuelva a citar al expresidente García
con el mayor detalle posible sobre los hechos asociados a los delitos o infracciones
constitucionales materia de investigación, y que se le permita tener acceso a la documentación
y medios probatorios obrantes en el expediente. Apelada la sentencia por ambas partes, la
Primera Sala Civil, el 27 de Diciembre de 2013 resuelve confirmando y precisando los
alcances de la sentencia.

En cumplimiento de la sentencia de primera instancia la Megacomisión, el día 4 de Octubre


de 2013, volvió a citar al expresidente García Pérez para el 30 del mismo mes. Esta citación
fue objeto de una nueva acción judicial, para que se ejecute la sentencia previa; esta acción se
resuelve el 27 de Marzo de 2014, con resolución del Quinto Juzgado Constitucional, que
declara la nulidad de la citación del 4 de Octubre de 2013, así como la sesión en la que
concurre a declarar el expresidente ante la Megacomisión y el acta de dicha sesión. Apelada
la sentencia, la Primera Sala resuelve el 24 de Julio de 2014 la nulidad de la sentencia del 27
de Marzo de 2014, disponiendo que el juez emita nuevo pronunciamiento. En primera
instancia nuevamente el juez de la demanda resuelve el 1 de Setiembre de 2014 la nulidad de
la citación del 4 de Octubre así como la sesión y el acta de la sesión del 30 de Octubre de
2013, así como los Informes Finales aprobados por la Megacomisión. Esta sentencia fue
apelada ante la Primera Sala Civil, y a Septiembre de 2015 aún se encuentra pendiente de
resolución.

El cuestionamiento planteado en sede judicial deja ver que, tanto el juez como la Sala,
confundiendo la naturaleza de las Comisiones Investigadoras con el rol que le corresponde
al fiscal en un proceso judicial, declararon nula la citación y el interrogatorio que se llevó a
cabo ante la Comisión. Se consideró que, aún cuando la citación señalaba que su presencia
era requerida en relación con su vinculación con posibles actos de corrupción (y, en
consecuencia, ese tipo de vínculo excluye la condición de testigo), no se especificó que debía
acudir en la condición de investigado.

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