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Saber, creencia y corporalidad 127

DOCUMENTO
HALLAZGO DE UN MANUSCRITO INÉDITO
DEL DOCTOR FRANCISCO HERNÁNDEZ:
11 PRESENTACIÓN MATERIA MEDIÇINAL DE LA NUEUA ESPAÑA
(Presentación de Miguel Figueroa-Saavedra)

Miruna Achim
MISCELÁNEA
15 LAS ENTRAÑAS DEL PODER: UNA AUTOPSIA Mario Teodoro Ramírez
MICHOACANA DEL SIGLO XVIII 161 EL TIEMPO DE LA TRADICIÓN

Frida Gorbach Carlos Herrejón Peredo

39 MUJERES, MONSTRUOS E IMPRESIONES MARCEL BATAILLON Y EL HUMANISMO


187 MEXICANO EN EL SIGLO XVI
EN LA MEDICINA MEXICANA DEL SIGLO XIX

María Aparecida de S. Lopes


Alexandra Stern 201 LA ECONOMÍA GANADERA EN CHIHUAHUA:
57 MESTIZOFILIA, BIOTIPOLOGÍA Y EUGENESIA LINEAMIENTOS GENERALES EN LA SEGUNDA

EN EL MÉXICO POSREVOLUCIONARIO: HACIA UNA MITAD DEL SIGLO XIX

HISTORIA DE LA CIENCIA Y EL ESTADO, 1920-1960


RESEÑAS
Graciela Alcalá Moya
Héctor Santiesteban 233 CON EL AGUA HASTA LOS APAREJOS. PESCADORES
93 EL MONSTRUO Y SU SER Y PESQUERÍAS EN EL SOCONUSCO, CHIAPAS,

C O N T E N I D O C O N T E N I D O
Saber, creencia y corporalidad 127
DOCUMENTO
HALLAZGO DE UN MANUSCRITO INÉDITO
DEL DOCTOR FRANCISCO HERNÁNDEZ:
11 PRESENTACIÓN MATERIA MEDIÇINAL DE LA NUEUA ESPAÑA
(Presentación de Miguel Figueroa-Saavedra)

Miruna Achim
MISCELÁNEA
15 LAS ENTRAÑAS DEL PODER: UNA AUTOPSIA Mario Teodoro Ramírez
MICHOACANA DEL SIGLO XVIII 161 EL TIEMPO DE LA TRADICIÓN

Frida Gorbach Carlos Herrejón Peredo

39 MUJERES, MONSTRUOS E IMPRESIONES MARCEL BATAILLON Y EL HUMANISMO


187 MEXICANO EN EL SIGLO XVI
EN LA MEDICINA MEXICANA DEL SIGLO XIX

María Aparecida de S. Lopes


Alexandra Stern 201 LA ECONOMÍA GANADERA EN CHIHUAHUA:
57 MESTIZOFILIA, BIOTIPOLOGÍA Y EUGENESIA LINEAMIENTOS GENERALES EN LA SEGUNDA

EN EL MÉXICO POSREVOLUCIONARIO: HACIA UNA MITAD DEL SIGLO XIX

HISTORIA DE LA CIENCIA Y EL ESTADO, 1920-1960


RESEÑAS
Graciela Alcalá Moya
Héctor Santiesteban 233 CON EL AGUA HASTA LOS APAREJOS. PESCADORES
93 EL MONSTRUO Y SU SER Y PESQUERÍAS EN EL SOCONUSCO, CHIAPAS,

C O N T E N I D O C O N T E N I D O
México, Centro de Estudios Superiores en Antropología Social,
Centro de Investigaciones en Alimentación y Desarrollo y Centro
de Investigaciones Superiores de México y Centroamérica de la
Universidad de Ciencias y Artes del Estado de Chiapas, 1999
(MARIO H. RUZ, CENTRO DE ESTUDIOS MAYAS, UNAM)

Javier Pérez Siller (coord.)


238 MÉXICO-FRANCIA, MEMORIA DE UNA
SENSIBILIDAD COMÚN, SIGLOS XIX-XX,
México, BUAP, El Colegio de San Luis y CEMCA, 1998
(LAURA CHÁZARO, EL COLEGIO DE MICHOACÁN)

Antonio Rubial García


245 LA SANTIDAD CONTROVERTIDA, HAGIOGRAFÍA
Y CONCIENCIA CRIOLLA ALREDEDOR DE LOS VENERABLES
NO CANONIZADOS DE NUEVA ESPAÑA,
México, Universidad Nacional Autónoma de México, Facultad
de Filosofía y Letras y Fondo de Cultura Económica, 1999
(MANUEL RAMOS MEDINA, CENTRO DE ESTUDIOS DE HISTORIA DE MÉXICO,

CONDUMEX)

C O N T E N I D O
EL MONSTR UO Y SU SER

RELACIONES 81, INVIERNO 2000, VOL. XXI

Héctor Santiesteban
UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE BAJA CALIFORNIA
our effrayant que soit un monstre, la tâche de le décrire est
toujours un peu plus effrayante que lui.
P P. Valéry, Au sujet d’Adonis.

Definitivamente, en nuestro mundo moderno, el concepto monstruo está


contaminado de cierta dosis de puerilidad: suele considerársele como
un rasgo de fantasía de baja ralea cuando no se le soslaya por principio.
Pero no siempre fue así; durante la Edad Media e inicios del Renaci-
miento, el tema del ser monstruoso comportaba notable interés. El pre-
sente trabajo apunta sobre todo a los periodos culturales que acabo de
mencionar y se centra en textos que de alguna manera contengan refle-
xiones relativas a la teratología (del gr. téras, monstruo; logos, estudio,
tratado); no obstante, pronto se verá que las referencias a los autores clá-
sicos y a la cultura cristiana son puntos obligados para el estudio del
tema. No faltan algunas referencias modernas porque considero que, si
bien la ontología teratológica guarda perennidad, existe en ella un com-
ponente histórico que vale la pena observar.
El trabajo da inicio planteando las bases de la ontología teratológica,
esto es, del ser del monstruo. Se tendrá que situar al monstruo dentro
del cosmos; una vez observado su carácter híbrido connatural, se esta-
blecen principios de individuación monstruosa (unidad o pluralidad
del monstruo). El lugar que ocupa el monstruo dentro del mundo ani-
mado y una lucubración sobre su ánima tomarán algunos párrafos; de
ahí podemos plantear una relativa razón monstruosa (raciocinio y ra-
zón de ser). Evidentemente emerge el carácter maravilloso del ser teráti-
co, una paradoja de la existencia; un azar del ser, y una necesariedad del
ser azaroso debida a una necesariedad del azar; del error de la natu-
raleza que puede ser un error de dios; lo que deja al monstruo o bien
dentro del plan divino o fuera de él; y si queda dentro, puede ser una
muestra del rigor del castigo de los cielos o una representación del di-
vertimento divino, una broma de dios. Siguiendo con la anormalidad
característica del monstruo podemos establecer interesantes disquisi-
ciones sobre el desorden del ser y la entropía. Al final de estas páginas
se puede observar una clasificación que espero pueda ser útil tanto para

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HÉCTOR SANTIESTEBAN EL MONSTRUO Y SU SER

la tipología monstruosa de tiempos pasados como para la de los actua- EL MONSTRUO EN LA CREACIÓN
les. Finalizo con una introversión-extroversión del hombre y el monstruo;
a la reflexión sobre el monstruo sobreviene la reflexión del monstruo; la El monstruo sería, según la teoría tomista, un ser contingente. De hecho
reflexión de nosotros mismos en el espejo del monstruo, la justificación todos los seres, excepto Dios, son contingentes, pueden ser sin existir, no
del estudio del monstruo para nuestro propio conocimiento. son necesarios ya que su esencia no determina su existencia. La exis-
tencia se entendería como actualidad de ser, y el ser puede dejar de exis-
tir, es decir, de ser actual (se puede o no existir ya que no se es necesa-
ONTOLOGÍA TERATOLÓGICA rio). Según esta teoría, Dios es, sin embargo, necesario. El monstruo
sería el ser contingente por excelencia. En ocasiones su existencia deter-
El monstruo tiene su propia ontología teratológica. El monstruo está si- minada y perfectamente clasificada se muestra poco clara, por ejemplo
tuado en su lugar correspondiente dentro del cosmos, sobre todo du- en el tomismo. Santo Tomás, dentro de la ontología, distingue el ente
rante la Edad Media: se insertará dentro de la Creación. Ahora bien, real y el ente de razón. El ente de razón es aquel cuya existencia se re-
como el mundo del monstruo y, más aún, el mundo de lo imaginario mite y es propia del aparato psíquico (por utilizar terminología psico-
son demasiado amplios y complejos como para poder reducirlos con la analítica moderna). Se trata de dos tipos de seres. Por decirlo de otra
ayuda de cualesquier sistemas; la opción no es reducirlo, sino ampliar manera, que se oye más cercana por ser más moderna: los seres fenome-
ese mundo, intentar darle, si no una forma, al menos una inteligibilidad. nológicos por un lado, y los seres metafísicos, extrafenomenológicos o
El monstruo, si bien es una existencia en cierto modo plural, dada su suprarreales por el otro. Los monstruos fabulosos serían para nosotros
conformación –muchas veces híbrida–, su forma y su sentido, se trata de –utilizando lenguaje tomista– en el caso de que les negáramos existen-
una pluralidad que apunta a la unidad, ya que son varios elementos que cia terrenal, entes de razón. Por otro lado, los productos de partos mons-
forman un solo ser. Los elementos dispersos confluyen en un ser articu- truosos son, tal y como lo eran para otro eminente santo, Agustín,2 entes
lado, orgánico. Los monstruos existen en todos los niveles de la crea- reales; esto se debe a que el autor de La ciudad de Dios piensa sobre todo
ción: desde el divino, hasta el mineral,1 pasando por los más comunes en las razas monstruosas y en los nacimientos monstruosos. Dicho de
que son el humano y el animal. No obstante lo anterior, ni siquiera sobre otra manera, los monstruos pueden ser reales o imaginarios. Dentro de
su racionalidad hay una regla fija: en ocasiones el monstruo puede ser los reales podemos contar con las mutaciones de seres normales que na-
racional y en otras irracional; predomina, es cierto, la irracionalidad del cen desfigurados: animales u hombres con dos cabezas, sin algún
monstruo; no obstante, indiscutiblemente, pertenece en esencia al reino miembro, con grandeza o pequeñez excepcionales, etcétera. Se trata de
de lo animado. monstruos reales y tangibles. Por otro lado, dentro de los imaginarios,
contamos con todos aquellos que son producto sólo de la mente y crea-
ción imaginaria humanas.
Podemos presentar la siguiente máxima como la piedra de toque de
1
Efectivamente, para algunos autores como Antonius Bernia, editor de Aldrovandi, la ontología teratológica: entre más extendido en tiempo y espacio apa-
y Aldrovandi mismo, autor de tanta importancia para la teratología, los cometas son rece un monstruo determinado, es más un ente real; entre más veleido-
monstruos; en su Monstrorum historia (obra póstuma aparecida en Bolonia en 1642), Al-
drovandi trata en el capítulo 12 sobre plantas monstruosas (p. 663 y ss.), tales como raíces
que parecen hombres; raíces que parecen serpientes (p. 670). También apatece esta idea
del cometa como monstruo en otros autores como J. L. Hannemann, Spiritus universalis 2
(354-430), el celebérrimo obispo de Hipona, que en su obra, La ciudad de Dios, XVI,
mundo restitutus, Hamburgo, 1670. vii-ix, trata sobre monstruos

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HÉCTOR SANTIESTEBAN EL MONSTRUO Y SU SER

la tipología monstruosa de tiempos pasados como para la de los actua- EL MONSTRUO EN LA CREACIÓN
les. Finalizo con una introversión-extroversión del hombre y el monstruo;
a la reflexión sobre el monstruo sobreviene la reflexión del monstruo; la El monstruo sería, según la teoría tomista, un ser contingente. De hecho
reflexión de nosotros mismos en el espejo del monstruo, la justificación todos los seres, excepto Dios, son contingentes, pueden ser sin existir, no
del estudio del monstruo para nuestro propio conocimiento. son necesarios ya que su esencia no determina su existencia. La exis-
tencia se entendería como actualidad de ser, y el ser puede dejar de exis-
tir, es decir, de ser actual (se puede o no existir ya que no se es necesa-
ONTOLOGÍA TERATOLÓGICA rio). Según esta teoría, Dios es, sin embargo, necesario. El monstruo
sería el ser contingente por excelencia. En ocasiones su existencia deter-
El monstruo tiene su propia ontología teratológica. El monstruo está si- minada y perfectamente clasificada se muestra poco clara, por ejemplo
tuado en su lugar correspondiente dentro del cosmos, sobre todo du- en el tomismo. Santo Tomás, dentro de la ontología, distingue el ente
rante la Edad Media: se insertará dentro de la Creación. Ahora bien, real y el ente de razón. El ente de razón es aquel cuya existencia se re-
como el mundo del monstruo y, más aún, el mundo de lo imaginario mite y es propia del aparato psíquico (por utilizar terminología psico-
son demasiado amplios y complejos como para poder reducirlos con la analítica moderna). Se trata de dos tipos de seres. Por decirlo de otra
ayuda de cualesquier sistemas; la opción no es reducirlo, sino ampliar manera, que se oye más cercana por ser más moderna: los seres fenome-
ese mundo, intentar darle, si no una forma, al menos una inteligibilidad. nológicos por un lado, y los seres metafísicos, extrafenomenológicos o
El monstruo, si bien es una existencia en cierto modo plural, dada su suprarreales por el otro. Los monstruos fabulosos serían para nosotros
conformación –muchas veces híbrida–, su forma y su sentido, se trata de –utilizando lenguaje tomista– en el caso de que les negáramos existen-
una pluralidad que apunta a la unidad, ya que son varios elementos que cia terrenal, entes de razón. Por otro lado, los productos de partos mons-
forman un solo ser. Los elementos dispersos confluyen en un ser articu- truosos son, tal y como lo eran para otro eminente santo, Agustín,2 entes
lado, orgánico. Los monstruos existen en todos los niveles de la crea- reales; esto se debe a que el autor de La ciudad de Dios piensa sobre todo
ción: desde el divino, hasta el mineral,1 pasando por los más comunes en las razas monstruosas y en los nacimientos monstruosos. Dicho de
que son el humano y el animal. No obstante lo anterior, ni siquiera sobre otra manera, los monstruos pueden ser reales o imaginarios. Dentro de
su racionalidad hay una regla fija: en ocasiones el monstruo puede ser los reales podemos contar con las mutaciones de seres normales que na-
racional y en otras irracional; predomina, es cierto, la irracionalidad del cen desfigurados: animales u hombres con dos cabezas, sin algún
monstruo; no obstante, indiscutiblemente, pertenece en esencia al reino miembro, con grandeza o pequeñez excepcionales, etcétera. Se trata de
de lo animado. monstruos reales y tangibles. Por otro lado, dentro de los imaginarios,
contamos con todos aquellos que son producto sólo de la mente y crea-
ción imaginaria humanas.
Podemos presentar la siguiente máxima como la piedra de toque de
1
Efectivamente, para algunos autores como Antonius Bernia, editor de Aldrovandi, la ontología teratológica: entre más extendido en tiempo y espacio apa-
y Aldrovandi mismo, autor de tanta importancia para la teratología, los cometas son rece un monstruo determinado, es más un ente real; entre más veleido-
monstruos; en su Monstrorum historia (obra póstuma aparecida en Bolonia en 1642), Al-
drovandi trata en el capítulo 12 sobre plantas monstruosas (p. 663 y ss.), tales como raíces
que parecen hombres; raíces que parecen serpientes (p. 670). También apatece esta idea
del cometa como monstruo en otros autores como J. L. Hannemann, Spiritus universalis 2
(354-430), el celebérrimo obispo de Hipona, que en su obra, La ciudad de Dios, XVI,
mundo restitutus, Hamburgo, 1670. vii-ix, trata sobre monstruos

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HÉCTOR SANTIESTEBAN EL MONSTRUO Y SU SER

samente aparece, es más un ente de razón. Cabe recordar que el ente de heterogéneos en la mayor parte de las ocasiones, pero también con otros
razón no es igual que el “ser verbal” de Spinoza: el ser que no se expli- francamente contrapuestos, en donde llega a haber una conciliación de
ca ni con la imagen, ni con la razón. Ejemplo de ello sería un “círculo contrarios. Si se da esta conciliación de contrarios, el monstruo posee
cuadrado”. El monstruo existe y se le representa. Los monstruos, de esta rasgos divinos en su significación. Eliade nos ilustra al respecto: “la
manera, quedan insertos como seres maravillosos. No son por supuesto coincidentia oppositorum en la estructura profunda de la divinidad, la cual
los únicos, ya que también tenemos los lugares o países míticos, los mi- se muestra alternativamente o simultáneamente benevolente y terrible,
nerales sobrenaturales, los objetos mágicos, las palabras mágicas y algu- creadora y destructora, solar y ofidia”.4 Posteriormente veremos ejem-
nos otros más. plos de este tipo de seres (Quetzalcóatl sería un buen ejemplo de esto,
También consideremos que, si mirásemos la naturaleza con cierto lo mismo que el dragón entendido en su concepción más amplia).
distanciamiento, veríamos monstruos más a menudo. Un pulpo sería El monstruo es un ser liminal. Puede ser tan pronto estudiado en su
una Grylla; un ciempiés o una mosca con sus cientos de patas o de ojos dimensión biológica, como en su dimensión mítico-religiosa. El mons-
no dejarían de maravillarnos. Podríamos escribir un tratado teratológi- truo es un ser mixto incluso en su más íntima definición: según la clasi-
co contando tan sólo con animales conocidos y aun familiares. En cier- ficación agustiniana de entes de razón y entes reales, el monstruo cabal-
to modo esto es lo que les ocurrió a los descubridores y viajeros de otros ga entre los dos: el ente de razón es creado por un hombre. El monstruo
tiempos: se encontraron con una realidad diferente, maravillosa, fantás- es creado por la humanidad entera, pero también la esencia del mons-
tica para ellos –y para los que compartían su idea del mundo–, pero truo está inserta en la humanidad. Como ente de razón se constata que
cotidiana para los habitantes de aquellas “nuevas” tierras. en él se muestran los cambios sustanciales entre unas épocas y otras. La
No obstante todo lo anterior, debemos decir que, en sentido estricto, mente transforma y conforma a los monstruos. El monstruo permanece.
difícilmente podría haber un insecto, gusano, etcétera, considerado El monstruo es metáfora; un ser llevado a otra forma, a otra existen-
como monstruo. El monstruo tiene que tener una cierta dimensión, un cia, pero en esencia el mismo; es el mismo, pero transportado a lo otro;
cierto peso. Todos los insectos son un poco monstruosos, pero son de- de ahí la sensación de otredad que experimentamos con el monstruo.
masiado pequeños. Aunque es necesario decir, en contraposición, que el Puede decirse junto con Cardini que, cuando hablamos sobre mons-
microscopio modificó este concepto, y los seres más pequeños se con- truos, jardines fabulosos, hadas, etcétera, se trata “más que de fantasías,
virtieron en monstruos. Los microbios adquirieron talla monstruosa de metáforas”.5 Ese llevar a otra forma es llevar a otro ser. Por ello es que
cuando se descubrió su relación con las enfermedades. Fue entonces sentimos esa sensación de otredad asombrosa. Lo monstruoso es lo otro;
que adquirieron la dimensión de monstruo. En cierta medida, el mons- es lo ajeno a nosotros.
truo depende, como lo apuntábamos anteriormente, del hombre que, Se desgrana el problema de la vinculación del monstruo a los diver-
como sujeto, juzga al monstruo como objeto. Los primeros juicios que se sos seres del cosmos. Por un lado, los monstruos heredan la fiereza y la
den, saldrán desde una posición antropocéntrica.3 determinación a la violencia de su inspiración, si esta es demoniaca; o
Acaso el rasgo más importante del monstruo sea que en su ser se da de la violencia y degeneración de sus padres; o por designio divino para
una coniunctio elementorum, una conjunción de elementos. Elementos mostrar el mal por venir con el mal venido ya. El monstruo muestra.

3
Los dientes y las mandíbulas de un tiburón son temibles, hasta monstruosas. Se
dice que es asesino cuando mata para comer, que es cruel y malvado cuando no es tan 4
Eliade, Tratado de historia de las religiones, Era, México, 1984, p. 374.
evolucionado mentalmente como para sentir pasiones. Los juicios que se le hacen son he- 5
Cardini, “El guerrero y el caballero” en Jacques Le Goff, et al., El hombre medieval,
chos imponiéndoles cierta humanidad, pero no para dignificarlos, sino para degradarlos. p. 102.

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samente aparece, es más un ente de razón. Cabe recordar que el ente de heterogéneos en la mayor parte de las ocasiones, pero también con otros
razón no es igual que el “ser verbal” de Spinoza: el ser que no se expli- francamente contrapuestos, en donde llega a haber una conciliación de
ca ni con la imagen, ni con la razón. Ejemplo de ello sería un “círculo contrarios. Si se da esta conciliación de contrarios, el monstruo posee
cuadrado”. El monstruo existe y se le representa. Los monstruos, de esta rasgos divinos en su significación. Eliade nos ilustra al respecto: “la
manera, quedan insertos como seres maravillosos. No son por supuesto coincidentia oppositorum en la estructura profunda de la divinidad, la cual
los únicos, ya que también tenemos los lugares o países míticos, los mi- se muestra alternativamente o simultáneamente benevolente y terrible,
nerales sobrenaturales, los objetos mágicos, las palabras mágicas y algu- creadora y destructora, solar y ofidia”.4 Posteriormente veremos ejem-
nos otros más. plos de este tipo de seres (Quetzalcóatl sería un buen ejemplo de esto,
También consideremos que, si mirásemos la naturaleza con cierto lo mismo que el dragón entendido en su concepción más amplia).
distanciamiento, veríamos monstruos más a menudo. Un pulpo sería El monstruo es un ser liminal. Puede ser tan pronto estudiado en su
una Grylla; un ciempiés o una mosca con sus cientos de patas o de ojos dimensión biológica, como en su dimensión mítico-religiosa. El mons-
no dejarían de maravillarnos. Podríamos escribir un tratado teratológi- truo es un ser mixto incluso en su más íntima definición: según la clasi-
co contando tan sólo con animales conocidos y aun familiares. En cier- ficación agustiniana de entes de razón y entes reales, el monstruo cabal-
to modo esto es lo que les ocurrió a los descubridores y viajeros de otros ga entre los dos: el ente de razón es creado por un hombre. El monstruo
tiempos: se encontraron con una realidad diferente, maravillosa, fantás- es creado por la humanidad entera, pero también la esencia del mons-
tica para ellos –y para los que compartían su idea del mundo–, pero truo está inserta en la humanidad. Como ente de razón se constata que
cotidiana para los habitantes de aquellas “nuevas” tierras. en él se muestran los cambios sustanciales entre unas épocas y otras. La
No obstante todo lo anterior, debemos decir que, en sentido estricto, mente transforma y conforma a los monstruos. El monstruo permanece.
difícilmente podría haber un insecto, gusano, etcétera, considerado El monstruo es metáfora; un ser llevado a otra forma, a otra existen-
como monstruo. El monstruo tiene que tener una cierta dimensión, un cia, pero en esencia el mismo; es el mismo, pero transportado a lo otro;
cierto peso. Todos los insectos son un poco monstruosos, pero son de- de ahí la sensación de otredad que experimentamos con el monstruo.
masiado pequeños. Aunque es necesario decir, en contraposición, que el Puede decirse junto con Cardini que, cuando hablamos sobre mons-
microscopio modificó este concepto, y los seres más pequeños se con- truos, jardines fabulosos, hadas, etcétera, se trata “más que de fantasías,
virtieron en monstruos. Los microbios adquirieron talla monstruosa de metáforas”.5 Ese llevar a otra forma es llevar a otro ser. Por ello es que
cuando se descubrió su relación con las enfermedades. Fue entonces sentimos esa sensación de otredad asombrosa. Lo monstruoso es lo otro;
que adquirieron la dimensión de monstruo. En cierta medida, el mons- es lo ajeno a nosotros.
truo depende, como lo apuntábamos anteriormente, del hombre que, Se desgrana el problema de la vinculación del monstruo a los diver-
como sujeto, juzga al monstruo como objeto. Los primeros juicios que se sos seres del cosmos. Por un lado, los monstruos heredan la fiereza y la
den, saldrán desde una posición antropocéntrica.3 determinación a la violencia de su inspiración, si esta es demoniaca; o
Acaso el rasgo más importante del monstruo sea que en su ser se da de la violencia y degeneración de sus padres; o por designio divino para
una coniunctio elementorum, una conjunción de elementos. Elementos mostrar el mal por venir con el mal venido ya. El monstruo muestra.

3
Los dientes y las mandíbulas de un tiburón son temibles, hasta monstruosas. Se
dice que es asesino cuando mata para comer, que es cruel y malvado cuando no es tan 4
Eliade, Tratado de historia de las religiones, Era, México, 1984, p. 374.
evolucionado mentalmente como para sentir pasiones. Los juicios que se le hacen son he- 5
Cardini, “El guerrero y el caballero” en Jacques Le Goff, et al., El hombre medieval,
chos imponiéndoles cierta humanidad, pero no para dignificarlos, sino para degradarlos. p. 102.

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HÉCTOR SANTIESTEBAN EL MONSTRUO Y SU SER

Por otro lado, los monstruos aparecen íntimamente relacionados y PRINCIPIOS DE INDIVIDUACIÓN MONSTRUOSA
hasta fusionados con los hombres, los dioses, los demonios y los anima-
les. El monstruo es, en cierto sentido, espejo del hombre. Como con la Un punto importante para la teratología es el que parte del hibridismo
muerte, impresiona el hecho que advierte que nos tocará a nosotros, que connatural al monstruo y se dirige hacia su unidad. Se ha visto que exis-
el muerto somos nosostros mismos.6 Eso mismo es fundamental en la ten partos monstruosos: se dan a luz seres que poseen fragmentos de
relación del hombre con el monstruo; el hombre lo ha creado, ha salido varios seres; tenemos las criaturas que nacen unidas en sus cuerpos;
de él, de sus entrañas; ya en un sentido literal, ya en un sentido figura- contamos también con los nacimientos de seres que poseen dos cabezas
do. Nosotros seremos partícipes de ese horror y esa monstruosidad. El unidas en un cuerpo, o los ejemplos de dos cuerpos unidos en una sola
hombre comparte lo monstruoso con el monstruo mismo. cabeza. Aquí se abre la duda: ¿Se trata de un solo monstruo o de varios
En ocasiones el monstruo es la demostración del vínculo existente monstruos?
entre dioses y hombres. El poder manifiesto de un monarca queda ex- Esto no ha quedado claro del todo. Tiene sin embargo importancia,
puesto con la aparición de un monstruo que viene a ser la prueba de ya que delimita el ser y la individualidad de cada ente monstruoso. El
comunión entre Dios y el hombre. Ya hemos visto el revuelo que causó punto es de tomarse en cuenta, ya que los seres completos son designa-
la aparición del K’lin en el apartado sobre China del capítulo anterior. dos como individuos, es decir, el que no puede separarse en partes. Lo
Huang Ti, el “emperador amarillo” gobernó según se cuenta, más de que le da existencia al ser es, en gran medida, su individuación: su no
cien años, y su reino experimentó una Edad Dorada; “Antes de su muer- división en otros seres; también su no multiplicación al infinito, pero
te, a la edad de ciento once años, el fénix y el unicornio aparecieron en sobre todo, evita su desvanecimiento hacia la nada. Resulta significati-
los jardines del imperio, como prueba de la perfección de su reinado”.7 vo observar que en griego, para designar individuo o persona, se dice
Ahora bien, a la problemática del monstruo como objeto, podemos átomo (sin división, in-dividuo). Es bien sabido que existen partes de
aunar la problemática subjetiva propia; el punto de partida y el sentido las que puede prescindirse y se sigue siendo un individuo. Si un hom-
del sujeto que estudia al ente monstruoso. Cuando encontramos un ser bre pierde una mano o un brazo, o incluso todos sus miembros, sigue
mitad hombre, mitad caballo, por ejemplo, podemos pensar que se trata siendo un ser humano. Pero si se le quitase, por ejemplo, un órgano vital
de un hombre que por algún motivo tiene la mitad de su cuerpo de ca- como el corazón, dejaría de serlo, dejaría de ser (más propiamente, de-
ballo; por el contrario, podemos decir que se trata de un caballo con una jaría de existir). Este dejar de existir a causa de la amputación de algún
mitad humanoide; o podemos decir que se trata de un ser híbrido ad ini- órgano se da por la consiguiente muerte del individuo y atañe a todos
tium. Cada una de estas maneras de ver dicho ente cambia la actitud y los órganos vitales. Pero si le quitamos el cerebro, por ejemplo, y pudié-
la posición del estudio. Depende incluso la disciplina que lo estudia si ramos mantenerlo vivo, su humanidad misma quedaría en entredicho.
se le considera como hombre, como animal, como maravilla, como ser El órgano del cuerpo que alberga alma o espíritu será fundamental para
múltiple, etcétera. Es decir, puede ser estudiado por la medicina, la la designación de monstruo y para elucidar sobre su multiplicidad se-
biología, la antropología, la religión, etcétera. gún el caso.
Si debemos atender al problema de delimitar el número de mons-
6
Hablando sobre las Danzas de la Muerte, Huizinga señala que lo más impactante truos, nos veremos obligados a atenernos a un cierto criterio que nos in-
de la obra para el espectador era “Justamente esta advertencia: sois vosotros mismos, es
dique el límite del individuo; deberemos establecer cual es el asiento úl-
la que presta ante todo la danza de la muerte su fuerza terrorífica”. Huizinga, El otoño de
la Edad Media, Alianza Universidad, Madrid, 1985, p. 206. timo de la entidad biológica, el punto vital por excelencia, el asiento del
7
Campbell, El héroe de las mil caras. Psicoanálisis del mito, Fondo de Cultura Económi- alma, el centro que acoge la fuerza energética, etcétera, de acuerdo con
ca, México, 1984, p. 284. el enfoque que queramos darle. Puede parecer este punto una sutileza

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HÉCTOR SANTIESTEBAN EL MONSTRUO Y SU SER

Por otro lado, los monstruos aparecen íntimamente relacionados y PRINCIPIOS DE INDIVIDUACIÓN MONSTRUOSA
hasta fusionados con los hombres, los dioses, los demonios y los anima-
les. El monstruo es, en cierto sentido, espejo del hombre. Como con la Un punto importante para la teratología es el que parte del hibridismo
muerte, impresiona el hecho que advierte que nos tocará a nosotros, que connatural al monstruo y se dirige hacia su unidad. Se ha visto que exis-
el muerto somos nosostros mismos.6 Eso mismo es fundamental en la ten partos monstruosos: se dan a luz seres que poseen fragmentos de
relación del hombre con el monstruo; el hombre lo ha creado, ha salido varios seres; tenemos las criaturas que nacen unidas en sus cuerpos;
de él, de sus entrañas; ya en un sentido literal, ya en un sentido figura- contamos también con los nacimientos de seres que poseen dos cabezas
do. Nosotros seremos partícipes de ese horror y esa monstruosidad. El unidas en un cuerpo, o los ejemplos de dos cuerpos unidos en una sola
hombre comparte lo monstruoso con el monstruo mismo. cabeza. Aquí se abre la duda: ¿Se trata de un solo monstruo o de varios
En ocasiones el monstruo es la demostración del vínculo existente monstruos?
entre dioses y hombres. El poder manifiesto de un monarca queda ex- Esto no ha quedado claro del todo. Tiene sin embargo importancia,
puesto con la aparición de un monstruo que viene a ser la prueba de ya que delimita el ser y la individualidad de cada ente monstruoso. El
comunión entre Dios y el hombre. Ya hemos visto el revuelo que causó punto es de tomarse en cuenta, ya que los seres completos son designa-
la aparición del K’lin en el apartado sobre China del capítulo anterior. dos como individuos, es decir, el que no puede separarse en partes. Lo
Huang Ti, el “emperador amarillo” gobernó según se cuenta, más de que le da existencia al ser es, en gran medida, su individuación: su no
cien años, y su reino experimentó una Edad Dorada; “Antes de su muer- división en otros seres; también su no multiplicación al infinito, pero
te, a la edad de ciento once años, el fénix y el unicornio aparecieron en sobre todo, evita su desvanecimiento hacia la nada. Resulta significati-
los jardines del imperio, como prueba de la perfección de su reinado”.7 vo observar que en griego, para designar individuo o persona, se dice
Ahora bien, a la problemática del monstruo como objeto, podemos átomo (sin división, in-dividuo). Es bien sabido que existen partes de
aunar la problemática subjetiva propia; el punto de partida y el sentido las que puede prescindirse y se sigue siendo un individuo. Si un hom-
del sujeto que estudia al ente monstruoso. Cuando encontramos un ser bre pierde una mano o un brazo, o incluso todos sus miembros, sigue
mitad hombre, mitad caballo, por ejemplo, podemos pensar que se trata siendo un ser humano. Pero si se le quitase, por ejemplo, un órgano vital
de un hombre que por algún motivo tiene la mitad de su cuerpo de ca- como el corazón, dejaría de serlo, dejaría de ser (más propiamente, de-
ballo; por el contrario, podemos decir que se trata de un caballo con una jaría de existir). Este dejar de existir a causa de la amputación de algún
mitad humanoide; o podemos decir que se trata de un ser híbrido ad ini- órgano se da por la consiguiente muerte del individuo y atañe a todos
tium. Cada una de estas maneras de ver dicho ente cambia la actitud y los órganos vitales. Pero si le quitamos el cerebro, por ejemplo, y pudié-
la posición del estudio. Depende incluso la disciplina que lo estudia si ramos mantenerlo vivo, su humanidad misma quedaría en entredicho.
se le considera como hombre, como animal, como maravilla, como ser El órgano del cuerpo que alberga alma o espíritu será fundamental para
múltiple, etcétera. Es decir, puede ser estudiado por la medicina, la la designación de monstruo y para elucidar sobre su multiplicidad se-
biología, la antropología, la religión, etcétera. gún el caso.
Si debemos atender al problema de delimitar el número de mons-
6
Hablando sobre las Danzas de la Muerte, Huizinga señala que lo más impactante truos, nos veremos obligados a atenernos a un cierto criterio que nos in-
de la obra para el espectador era “Justamente esta advertencia: sois vosotros mismos, es
dique el límite del individuo; deberemos establecer cual es el asiento úl-
la que presta ante todo la danza de la muerte su fuerza terrorífica”. Huizinga, El otoño de
la Edad Media, Alianza Universidad, Madrid, 1985, p. 206. timo de la entidad biológica, el punto vital por excelencia, el asiento del
7
Campbell, El héroe de las mil caras. Psicoanálisis del mito, Fondo de Cultura Económi- alma, el centro que acoge la fuerza energética, etcétera, de acuerdo con
ca, México, 1984, p. 284. el enfoque que queramos darle. Puede parecer este punto una sutileza

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HÉCTOR SANTIESTEBAN EL MONSTRUO Y SU SER

sin importancia, pero debemos recordar que aún hoy la cuestión de los Nieremberg, después de ejemplificar los diferentes casos, defiende
transplantes de órganos, sobre todo de cerebro, produce conflictos de la idea del cerebro como asiento del alma y principio de individuación;
ética médica y jurídica. Aún hoy muchas personas mueren por no recibir no obstante, la especificación es asimismo problemática: “No hay tam-
órganos externos que la mayor parte juzgaría como “no comprometidos” bien pequeña dificultad acerca de la especificacion de los monstros, por-
(sangre por ejemplo), por considerarlo antinatural, antiético, etcétera. que como nacen algunos con figuras diuersas de encontrados animales,
Cabe decir que actualmente, salvo excepciones, es el cerebro el que sue- es grande duda a qual especie /90r/ dellos se reduciran, o si se com-
le considerarse como baluarte último de individualidad. Sin embargo, pondra de todas vna, o vn todo diverso de todas” Nieremberg (Ibid., fol.
esto no siempre ha sido así. Para Nieremberg, no siempre resulta claro 95v-96r) señala que para determinar a que especie pertenecen, “Las mas
la parte del cuerpo donde se encuentra el principio de individuación y constantes reglas son por sus causas: las no tan ciertas por sus figuras
el asiento del alma. Si bien se inclina y defiende que es la cabeza, señala solamente” (Ibid. 96r).
que “en Bauiera se vio vna niña con dos cabeças regidas por vn espiri-
tu”.8 Es por ello que posteriormente añade: “Sospecho que aun no es
constante argumento la vnidad de las cabeças para la singularidad del MONSTRUO Y NATURALEZA
sujeto, si el resto del cuerpo es doblado” (Ibid., fol. 91r). Señala también
que en un animal, aunque haya varias partes unidas, si están unidas se Monstruo animado
trata entonces de un solo individuo, lo que no ocurre con el humano, que
si tiene varias cabezas con diferentes pareceres, se trata entonces de dos Indiscutiblemente el monstruo pertenece al reino de lo animado; el
o más individuos (Ibid., fol. 92r y v.) Respecto a la dependencia del ser a monstruo está emparentado fuertemente con los animales. Se le com-
alguna propiedad corporal, más importancia da Fuentelapeña, eminen- para constantemente con las bestias debido a un acuerdo tácito lógico y
te teratólogo, a la cabeza sobre otras: “mayor dependencia parece tener ontológico: sólo se compara lo semejante. Existen en otros idiomas pala-
el animal para su natural subsistencia de la cabeça, que del color, por- bras que de alguna manera nos van acercando a este concepto, por
que aquella es parte substancial, y la más principal de las integrantes, y ejemplo Mischewesen, palabra alemana para designar seres mixtos,
de quien parece pende la forma sensitiva pro priori”.9 tratándose, generalmente, de una mitad de hombre y otra mitad de otro
Para determinar la individuación de la persona, y en casos en los animal.11 Pero ¿pertenece el monstruo al reino de lo humano? ¿pertenece
que nacen juntos dos seres, determinar si son dos o uno solo, se debe re- acaso al reino animal? Variadas han sido las respuestas; y por ello la pre-
mitir a si tiene duplicado el órgano en el que se asienta el alma. “Son ocupación ha estado viva. Pierre d’Ailly, aunque constata la anomalía
tres los principales, en los quales huuo controuersia entre los antiguos, de los monstruos, los sitúa entre dos reinos, el humano y el animal; Co-
y dura en parte hasta oy; en qual dellos puso su Corte, y silla el alma. lón parece añadir otro: el reino de lo monstruoso.
Son estos el higado, el coraçon, la cabeça, y desta necessariamente el ce-
lebro”.10 Monstruo como ser necesario

Existe una cierta necesidad del monstruo, o mejor dicho, varias necesi-
8
Nieremberg, Curiosa filosofía y tesoro de maravillas de la Naturaleza, examinadas en va-
dades del monstruo; una de ellas es explicativa conceptual: el monstruo
rias questiones naturales, 1630, fol. 90v.
9
Fuentelapeña, El ente dilucidado. Tratado de monstruos y fantasmas, Editora Nacional, como instrumento casi ineludible de reflexión y pensamiento. Otra ne-
Madrid, 1978, p. 112.
10
Nieremberg, op. cit., fol.85r. 11
Véase Le Goff, Lo maravilloso, p. 20.

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sin importancia, pero debemos recordar que aún hoy la cuestión de los Nieremberg, después de ejemplificar los diferentes casos, defiende
transplantes de órganos, sobre todo de cerebro, produce conflictos de la idea del cerebro como asiento del alma y principio de individuación;
ética médica y jurídica. Aún hoy muchas personas mueren por no recibir no obstante, la especificación es asimismo problemática: “No hay tam-
órganos externos que la mayor parte juzgaría como “no comprometidos” bien pequeña dificultad acerca de la especificacion de los monstros, por-
(sangre por ejemplo), por considerarlo antinatural, antiético, etcétera. que como nacen algunos con figuras diuersas de encontrados animales,
Cabe decir que actualmente, salvo excepciones, es el cerebro el que sue- es grande duda a qual especie /90r/ dellos se reduciran, o si se com-
le considerarse como baluarte último de individualidad. Sin embargo, pondra de todas vna, o vn todo diverso de todas” Nieremberg (Ibid., fol.
esto no siempre ha sido así. Para Nieremberg, no siempre resulta claro 95v-96r) señala que para determinar a que especie pertenecen, “Las mas
la parte del cuerpo donde se encuentra el principio de individuación y constantes reglas son por sus causas: las no tan ciertas por sus figuras
el asiento del alma. Si bien se inclina y defiende que es la cabeza, señala solamente” (Ibid. 96r).
que “en Bauiera se vio vna niña con dos cabeças regidas por vn espiri-
tu”.8 Es por ello que posteriormente añade: “Sospecho que aun no es
constante argumento la vnidad de las cabeças para la singularidad del MONSTRUO Y NATURALEZA
sujeto, si el resto del cuerpo es doblado” (Ibid., fol. 91r). Señala también
que en un animal, aunque haya varias partes unidas, si están unidas se Monstruo animado
trata entonces de un solo individuo, lo que no ocurre con el humano, que
si tiene varias cabezas con diferentes pareceres, se trata entonces de dos Indiscutiblemente el monstruo pertenece al reino de lo animado; el
o más individuos (Ibid., fol. 92r y v.) Respecto a la dependencia del ser a monstruo está emparentado fuertemente con los animales. Se le com-
alguna propiedad corporal, más importancia da Fuentelapeña, eminen- para constantemente con las bestias debido a un acuerdo tácito lógico y
te teratólogo, a la cabeza sobre otras: “mayor dependencia parece tener ontológico: sólo se compara lo semejante. Existen en otros idiomas pala-
el animal para su natural subsistencia de la cabeça, que del color, por- bras que de alguna manera nos van acercando a este concepto, por
que aquella es parte substancial, y la más principal de las integrantes, y ejemplo Mischewesen, palabra alemana para designar seres mixtos,
de quien parece pende la forma sensitiva pro priori”.9 tratándose, generalmente, de una mitad de hombre y otra mitad de otro
Para determinar la individuación de la persona, y en casos en los animal.11 Pero ¿pertenece el monstruo al reino de lo humano? ¿pertenece
que nacen juntos dos seres, determinar si son dos o uno solo, se debe re- acaso al reino animal? Variadas han sido las respuestas; y por ello la pre-
mitir a si tiene duplicado el órgano en el que se asienta el alma. “Son ocupación ha estado viva. Pierre d’Ailly, aunque constata la anomalía
tres los principales, en los quales huuo controuersia entre los antiguos, de los monstruos, los sitúa entre dos reinos, el humano y el animal; Co-
y dura en parte hasta oy; en qual dellos puso su Corte, y silla el alma. lón parece añadir otro: el reino de lo monstruoso.
Son estos el higado, el coraçon, la cabeça, y desta necessariamente el ce-
lebro”.10 Monstruo como ser necesario

Existe una cierta necesidad del monstruo, o mejor dicho, varias necesi-
8
Nieremberg, Curiosa filosofía y tesoro de maravillas de la Naturaleza, examinadas en va-
dades del monstruo; una de ellas es explicativa conceptual: el monstruo
rias questiones naturales, 1630, fol. 90v.
9
Fuentelapeña, El ente dilucidado. Tratado de monstruos y fantasmas, Editora Nacional, como instrumento casi ineludible de reflexión y pensamiento. Otra ne-
Madrid, 1978, p. 112.
10
Nieremberg, op. cit., fol.85r. 11
Véase Le Goff, Lo maravilloso, p. 20.

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HÉCTOR SANTIESTEBAN EL MONSTRUO Y SU SER

cesidad del monstruo se puede plantear a nivel biológico; de modo que diversos. Ahora bien, sobre la razón, es conveniente recordar lo que afir-
el monstruo sería, en su carácter de ser liminal, el continuum impres- ma Kappler:
cindible que va de ser a ser; esto es de ejemplar a ejemplar, de un grupo
taxonómico a otro; en cierto modo, es el que hace posible el cambio evo- La Edad Media no conservó estos significados latinos –ratio como cálculo,
lutivo. Interesantes e ilustrativas al respecto resultan las palabras de sistema, procedimiento, plan–, pero daba a la razón un cierto número de
Foucault: acepciones, de las que se desprende la noción de orden, de medida justa: sus
contrarios, desorden, desmesura, son manifestaciones de la sinrazón de la
De aquí, dos consecuencias. Primero, la necesidad de hacer intervenir a los locura.13
monstruos que son como el ruido de fondo, el murmullo ininterrumpido de
la naturaleza. En efecto, si se necesita que el tiempo, que es limitado, reco- Recuerda esto aquello de: “la razón de la sinrazón...” Con la inver-
rra –quizá haya recorrido ya– todo el continuo de la naturaleza, debe admi- sión de valores, la belleza misma puede ser principio de locura y anor-
tirse que un número considerable de variaciones posibles se ha tachado, malidad y por tanto, de monstruosidad. Por otra parte contamos con las
después borrado; así como la catástrofe geológica era necesaria para que se explicaciones biológicas sobre las apariciones de monstruos en la natu-
pudiera pasar del cuadro taxonómico al continuo, a través de una experien- raleza. Veamos algunos supuestos biológicos que expliquen la aparición
cia mezclada, caótica y desgarrada, así la proliferación de monstruos sin fu- del monstruo. El fenómeno de la evolución se basa en que en la repro-
turo es necesaria para que se pueda redescender del continuo al cuadro a ducción haya una variación aleatoria de los mensajes genéticos que
través de una serie temporal. Dicho de otra manera, lo que en un sentido producen lo que llamamos mutación. La mutación dará lugar a seres di-
debe leerse como el drama de la tierra y de las aguas, debe leerse, en otro versos entre sí, y esa diversidad es puesta a prueba con la superviven-
sentido, como una aberración aparente de las formas. El monstruo asegura, cia; este fenómeno, aumentado con el tiempo (que en términos evolu-
en el tiempo y con respecto a nuestro saber teórico, una continuidad que los tivos es más amplio de lo que él se suele imaginar normalmente, de ahí
diluvios, los volcanes y los continentes hundidos mezclan en el espacio algunos errores interpretativos) da lugar a que algunas mutaciones, sólo
para nuestra experiencia cotidiana.12 las “adaptadas” y probadas de entre las innúmeras ocurridas, se con-
viertan en norma. La mutación es azarosa e incontrolada en principio.
Razón monstruosa La mutación provoca las variaciones constitutivas genotípicas (relativas
al mensaje genético), y otras fenotípicas (aspecto del ente biológico) y al-
El hombre tiende a buscar las causas que producen los acontecimientos. gunas de esas variaciones son tan agudas que pueden constituirse en in-
Esta búsqueda de las causas es un fenómeno casi adaptativo, es el afán dividuos monstruosos, si es que el producto sale mucho de la norma.
de dominar una cosa conociéndola, o en último caso, siquiera explicán- La modernidad en la historia teratológica se verifica cuando el
dola. Las cosas que no entiende su razón las asigna –sin mucho preám- monstruo es visto como parte de la naturaleza, como la expresión de la
bulo en muchas ocasiones– a un agente suprarracional: dios, dioses, de- casuística generacional, como mutación. Tenemos datos al respecto. Fis-
monios, etcétera. Confunde razón y Razón. Dicha idea teleológica fue cher14 realiza un interesante recuento de las anomalías congénitas por
difícil de desterrar en la historia de la ciencia, y aún ahora está bastante países. En Francia, según estadísticas frecuentes, 2.5 a 3.0% de niños
extendida, no entre los especialistas, pero sí entre estudiosos de campos
13
Kappler, Monstruos demonios y maravillas de fines de la Edad Media, Akal, Madrid,
12
Foucault, Las palabras y las cosas. Una arqueología de las ciencias humanas, México, 1986, p. 247.
Siglo XXI, 1996, p. 156. 14
Fischer, Monstres. Histoire du corps et de ses défauts, París, Syros Alternatives, 1991.

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cesidad del monstruo se puede plantear a nivel biológico; de modo que diversos. Ahora bien, sobre la razón, es conveniente recordar lo que afir-
el monstruo sería, en su carácter de ser liminal, el continuum impres- ma Kappler:
cindible que va de ser a ser; esto es de ejemplar a ejemplar, de un grupo
taxonómico a otro; en cierto modo, es el que hace posible el cambio evo- La Edad Media no conservó estos significados latinos –ratio como cálculo,
lutivo. Interesantes e ilustrativas al respecto resultan las palabras de sistema, procedimiento, plan–, pero daba a la razón un cierto número de
Foucault: acepciones, de las que se desprende la noción de orden, de medida justa: sus
contrarios, desorden, desmesura, son manifestaciones de la sinrazón de la
De aquí, dos consecuencias. Primero, la necesidad de hacer intervenir a los locura.13
monstruos que son como el ruido de fondo, el murmullo ininterrumpido de
la naturaleza. En efecto, si se necesita que el tiempo, que es limitado, reco- Recuerda esto aquello de: “la razón de la sinrazón...” Con la inver-
rra –quizá haya recorrido ya– todo el continuo de la naturaleza, debe admi- sión de valores, la belleza misma puede ser principio de locura y anor-
tirse que un número considerable de variaciones posibles se ha tachado, malidad y por tanto, de monstruosidad. Por otra parte contamos con las
después borrado; así como la catástrofe geológica era necesaria para que se explicaciones biológicas sobre las apariciones de monstruos en la natu-
pudiera pasar del cuadro taxonómico al continuo, a través de una experien- raleza. Veamos algunos supuestos biológicos que expliquen la aparición
cia mezclada, caótica y desgarrada, así la proliferación de monstruos sin fu- del monstruo. El fenómeno de la evolución se basa en que en la repro-
turo es necesaria para que se pueda redescender del continuo al cuadro a ducción haya una variación aleatoria de los mensajes genéticos que
través de una serie temporal. Dicho de otra manera, lo que en un sentido producen lo que llamamos mutación. La mutación dará lugar a seres di-
debe leerse como el drama de la tierra y de las aguas, debe leerse, en otro versos entre sí, y esa diversidad es puesta a prueba con la superviven-
sentido, como una aberración aparente de las formas. El monstruo asegura, cia; este fenómeno, aumentado con el tiempo (que en términos evolu-
en el tiempo y con respecto a nuestro saber teórico, una continuidad que los tivos es más amplio de lo que él se suele imaginar normalmente, de ahí
diluvios, los volcanes y los continentes hundidos mezclan en el espacio algunos errores interpretativos) da lugar a que algunas mutaciones, sólo
para nuestra experiencia cotidiana.12 las “adaptadas” y probadas de entre las innúmeras ocurridas, se con-
viertan en norma. La mutación es azarosa e incontrolada en principio.
Razón monstruosa La mutación provoca las variaciones constitutivas genotípicas (relativas
al mensaje genético), y otras fenotípicas (aspecto del ente biológico) y al-
El hombre tiende a buscar las causas que producen los acontecimientos. gunas de esas variaciones son tan agudas que pueden constituirse en in-
Esta búsqueda de las causas es un fenómeno casi adaptativo, es el afán dividuos monstruosos, si es que el producto sale mucho de la norma.
de dominar una cosa conociéndola, o en último caso, siquiera explicán- La modernidad en la historia teratológica se verifica cuando el
dola. Las cosas que no entiende su razón las asigna –sin mucho preám- monstruo es visto como parte de la naturaleza, como la expresión de la
bulo en muchas ocasiones– a un agente suprarracional: dios, dioses, de- casuística generacional, como mutación. Tenemos datos al respecto. Fis-
monios, etcétera. Confunde razón y Razón. Dicha idea teleológica fue cher14 realiza un interesante recuento de las anomalías congénitas por
difícil de desterrar en la historia de la ciencia, y aún ahora está bastante países. En Francia, según estadísticas frecuentes, 2.5 a 3.0% de niños
extendida, no entre los especialistas, pero sí entre estudiosos de campos
13
Kappler, Monstruos demonios y maravillas de fines de la Edad Media, Akal, Madrid,
12
Foucault, Las palabras y las cosas. Una arqueología de las ciencias humanas, México, 1986, p. 247.
Siglo XXI, 1996, p. 156. 14
Fischer, Monstres. Histoire du corps et de ses défauts, París, Syros Alternatives, 1991.

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HÉCTOR SANTIESTEBAN EL MONSTRUO Y SU SER

nace anormal, malformado o monstruoso. Tasa que me ha llamado la importancia. Más tarde se le investiga y se encuentran ciertos patrones
atención por ser tan elevada.15 Se trata, no obstante, de malformaciones probabilísticos. Incluso la aleatoriedad será verificada y corregida.17 El
de paladar, manos y pies, etcétera, no tan graves. La Chronique de sentido común será cada vez menos fiable; “el sentido común es el
Tschamser de Thann, da nacimientos monstruosos en Europa entre 1233 menos común de todos los sentidos” se ha llegado a decir.
y 1683 igual a 108, lo que da a casi un monstruo cada cuatro años, en 10
países. Esto es muy poco, pero se trata sólo de algunos monstruos, no es La maravilla monstruosa
una lista exhaustiva.
Se ha presentado, por otra parte, la necesidad del monstruo vincu- La idea del monstruo corre pareja con la de la maravilla, con la de mila-
lada a los fines para los que sirve. La teleología puede fincarse tanto gro, con la de portento. El mundo es una maravilla y el monstruo, la ma-
desde una perspectiva biológica como desde una perspectiva moral, re- ravilla de las maravillas. Podemos ir más lejos y presentar incluso el
ligiosa, escatológica, etcétera. Es usual que las posiciones últimas de mundo como un monstruo.
corte metafísico se revistan de cientificismo: una posición moral se escu-
da desde una argumentación biológica. En otras ocasiones la idea del A principios del siglo XVII, Kepler discutió con el ocultista inglés Robert
acontecer para los fines de un fenómeno está perfectamente inserta den- Fludd la prioridad de la concepción de la Tierra como monstruo viviente,
tro del marco del conocimiento científico; por ejemplo, esta misma idea “cuya respiración de ballena, corresponde al sueño y a la vigilia, produce el
teleológica, de plan preestablecido, subyace en los juicios de Robinet, en flujo y el reflujo del mar”. La anatomía, la alimentación, el color, la memo-
sus Considérations philosophiques sur la gradation naturelle des formes de l’e- ria y la fuerza imaginativa y plástica del monstruo fueron estudiados por
tre, señala que: Kepler.18

Creemos que las formas más extrañas en apariencia [...] pertenecen necesa- Existen hechos insólitos que están –o pretenden estar– insertos den-
ria y esencialmente al plan universal del ser; que son metamorfosis del pro- tro de las maravillas naturales, es decir, que no obstante su portento, son
totipo, tan naturales como las otras, ya sea que nos ofrezcan fenómenos di- reales. Algunos de estos hechos están cerca de lo milagroso. Esos hechos
ferentes o que sirvan de paso a las formas vecinas; que preparan y ordenan son tratados por la paradoxografía. Bécares Botas nos señala al respec-
las combinaciones que las siguen, del mismo modo que ellas son ordenadas to que:
por las que las preceden; que contribuyen al orden de las cosas, lejos de per-
turbarlo. Quizá la naturaleza sólo llega a producir seres más regulares y Para un griego de la antigüedad era parádoxon todo lo que siendo real, dis-
una organización más simétrica a fuerza de estos seres.16 curria paralelo al pensamiento y opiniones comunes, lo que iba contra ellos
y, por tanto, atraía la mirada19
Posteriormente –muy posteriormente– el monstruo será visto más Los parádoxa son hechos admitidos como reales, existentes, verdaderos,
que a la luz de la fatalidad, a la luz de la probabilidad. Pero el mundo pero que no se dejan someter en sí mismos al orden y las leyes del pensa-
de las probabilidades será estudiado, insisto, mucho tiempo después. El
azar es negado en una cosmología ordenada teológicamente; posterior- 17
Véase Murray Gellmann, El Quark y el Jaguar.
mente es entendido no como causa ausente, sino como causa de poca 18
Borges y Guerrero, Manual de zoología fantástica, Fondo de Cultura Económica, Mé-
xico, 1957, p. 16-7.
15
Fischer, op. cit., p. 14. 19
Paradoxografía. Literatura griega de lo maravilloso, Edición a cargo de Vicente Bécares
16
Tomado de Foucault, op. cit., p. 155. Botas (en preparación).

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HÉCTOR SANTIESTEBAN EL MONSTRUO Y SU SER

nace anormal, malformado o monstruoso. Tasa que me ha llamado la importancia. Más tarde se le investiga y se encuentran ciertos patrones
atención por ser tan elevada.15 Se trata, no obstante, de malformaciones probabilísticos. Incluso la aleatoriedad será verificada y corregida.17 El
de paladar, manos y pies, etcétera, no tan graves. La Chronique de sentido común será cada vez menos fiable; “el sentido común es el
Tschamser de Thann, da nacimientos monstruosos en Europa entre 1233 menos común de todos los sentidos” se ha llegado a decir.
y 1683 igual a 108, lo que da a casi un monstruo cada cuatro años, en 10
países. Esto es muy poco, pero se trata sólo de algunos monstruos, no es La maravilla monstruosa
una lista exhaustiva.
Se ha presentado, por otra parte, la necesidad del monstruo vincu- La idea del monstruo corre pareja con la de la maravilla, con la de mila-
lada a los fines para los que sirve. La teleología puede fincarse tanto gro, con la de portento. El mundo es una maravilla y el monstruo, la ma-
desde una perspectiva biológica como desde una perspectiva moral, re- ravilla de las maravillas. Podemos ir más lejos y presentar incluso el
ligiosa, escatológica, etcétera. Es usual que las posiciones últimas de mundo como un monstruo.
corte metafísico se revistan de cientificismo: una posición moral se escu-
da desde una argumentación biológica. En otras ocasiones la idea del A principios del siglo XVII, Kepler discutió con el ocultista inglés Robert
acontecer para los fines de un fenómeno está perfectamente inserta den- Fludd la prioridad de la concepción de la Tierra como monstruo viviente,
tro del marco del conocimiento científico; por ejemplo, esta misma idea “cuya respiración de ballena, corresponde al sueño y a la vigilia, produce el
teleológica, de plan preestablecido, subyace en los juicios de Robinet, en flujo y el reflujo del mar”. La anatomía, la alimentación, el color, la memo-
sus Considérations philosophiques sur la gradation naturelle des formes de l’e- ria y la fuerza imaginativa y plástica del monstruo fueron estudiados por
tre, señala que: Kepler.18

Creemos que las formas más extrañas en apariencia [...] pertenecen necesa- Existen hechos insólitos que están –o pretenden estar– insertos den-
ria y esencialmente al plan universal del ser; que son metamorfosis del pro- tro de las maravillas naturales, es decir, que no obstante su portento, son
totipo, tan naturales como las otras, ya sea que nos ofrezcan fenómenos di- reales. Algunos de estos hechos están cerca de lo milagroso. Esos hechos
ferentes o que sirvan de paso a las formas vecinas; que preparan y ordenan son tratados por la paradoxografía. Bécares Botas nos señala al respec-
las combinaciones que las siguen, del mismo modo que ellas son ordenadas to que:
por las que las preceden; que contribuyen al orden de las cosas, lejos de per-
turbarlo. Quizá la naturaleza sólo llega a producir seres más regulares y Para un griego de la antigüedad era parádoxon todo lo que siendo real, dis-
una organización más simétrica a fuerza de estos seres.16 curria paralelo al pensamiento y opiniones comunes, lo que iba contra ellos
y, por tanto, atraía la mirada19
Posteriormente –muy posteriormente– el monstruo será visto más Los parádoxa son hechos admitidos como reales, existentes, verdaderos,
que a la luz de la fatalidad, a la luz de la probabilidad. Pero el mundo pero que no se dejan someter en sí mismos al orden y las leyes del pensa-
de las probabilidades será estudiado, insisto, mucho tiempo después. El
azar es negado en una cosmología ordenada teológicamente; posterior- 17
Véase Murray Gellmann, El Quark y el Jaguar.
mente es entendido no como causa ausente, sino como causa de poca 18
Borges y Guerrero, Manual de zoología fantástica, Fondo de Cultura Económica, Mé-
xico, 1957, p. 16-7.
15
Fischer, op. cit., p. 14. 19
Paradoxografía. Literatura griega de lo maravilloso, Edición a cargo de Vicente Bécares
16
Tomado de Foucault, op. cit., p. 155. Botas (en preparación).

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HÉCTOR SANTIESTEBAN EL MONSTRUO Y SU SER

miento racional, por lo que producen el thauma, la maravilla; y por tanto Con frecuencia el monstruo es percibido como un elemento que desvir-
son más maravillosos cuanto más reales y verdaderos, de ahí el cuidado por túa dicha naturaleza, pero para otros, forma parte esencial de la misma
localizarlos, fecharlos y documentarlos.20 y hasta la orna; Nieremberg, por su parte, señala que: “Es tan hermosa
la naturaleza, y tan cabal en sus obras, que aun no le falta deformidad
Parádoxa o thaumásia en griego; mirabilia o admiranda en latín desig- en algunas: un lunar suele causar más gracia. Los monstros son parte de
nan la misma cosa: la maravilla. Siguiendo este camino podemos mara- su hermosura”.24
villarnos de que se haya llegado a tomar derroteros extraños en cuanto Panikkar señala con toda su importancia que “La cuestión de la na-
a clasificar extrañezas se refiere. De manera que se tuvieron como cosas turaleza vista con toda su amplitud y generalidad es el problema del ser
de admiración sucesos que una mirada un poco más cuidadosa no los y del sentido del ser”.25 Es por ello que en un capítulo como el de “on-
hubiera así considerado: tología teratológica” no podía faltar. Veamos algunas máximas que
siguen de una manera coherente el principio: “Natura facit quod melius
Como los griegos de la época homérica desconocían la equitación, se conje- est”. “De ahí la justificación del lema de Seneca: naturam sequi! No hay
tura que el primer nómada que vieron les pareció todo uno con su caballo ningún vicio natural” (Ibid., p. 319). “Peccare nihil aliud est quam rece-
y se alega que los soldados de Pizarro o de Hernán Cortés también fueron dere ab eo quod est secundum naturam” dice Santo Tomás. Pecar es no
centauros para los indios.21 obedecer a la naturaleza. “Natura semper est recta”. Análoga a la máxi-
ma de san Buenaventura: “La naturaleza, en cuanto tal, siempre es recta
Como vemos la extrañeza es un elemento heurístico monstruoso. Se- y nunca peca”, y similar a la máxima de Dante “Lo naturale è sempre
gún el paradigma elegido –generalmente el más familiar– lo que se sal- senza errore”.26 Ya veremos posteriormente como el monstruo es ligado
ga de él puede considerarse monstruo. Recordemos que algo parecido conceptualmente al pecado por muchos autores, y aun por una creencia
acontece en el cuento de “El patito feo”. general. El monstruo parece insertarse como contraejemplo, como lo
antitético a la naturaleza, pero dentro de ella: es híbrido, es complica-
ción, es error; va en contra del principio de “Natura simplicibus gau-
EL MONSTRUO Y LA IDEA DE NATURALEZA det”; esto en otras palabras puede explicarse como lo hace el propio
Panikkar: “Es igualmente un aspecto de la sabiduría divina que hace
Como bien señala Bécares, se ha visto a la naturaleza como vía de cono- que las cosas consigan su fin de la manera menos complicada y que
cimiento divino.22 Guglielmi recuerda que “para Dión Crisóstomo (s. I), junto a esta consecución sencilla del fin se junte la complacencia natural
la contemplación de la naturaleza vale tanto como aprehenderla, equi- a la adquisición de la perfección de cada ser. Natura enim simplex est!”
vale a una iniciación”.23 El monstruo tendrá su lugar en la naturaleza. (Ibid., p. 323).
Por otro lado, el monstruo es enrevesado, complicado. Es un híbri-
20
Otros libros de lo maravilloso a juicio de Bécares Botas son: Julio Obsecuente: Liber do de varios seres. Recordemos la crítica que realiza Horacio sobre la
prodigiorum; Raimundo Lulio: Libre Félix o maravillas del mundo; Alvar Gutiérrez de Torres:
El sumario de las maravillosas y espantables cosas que en el mundo han acontescido; Polidoro
Virgilio: De prodigiis libri tres. 24
Nieremberg, Curiosa filosofía y tesoro de maravillas, fol. 73 V.
21
Borges, op. cit., p. 51. 25
Panikkar, El concepto de naturaleza. Análisis histórico y metafísico de un concepto, CSIC,
22
Bécares (alude a Santo Tomás Summa) Madrid, 1972, p. 4.
23
Guglielmi, introducción a El fisiólogo. Bestiario medieval, Eudeba, Buenos Aires, 26
Citada por Panikkar, op. cit., p. 320.
1971, p. 9 27
En la Carta a los Pisones también conocida como Poética.

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HÉCTOR SANTIESTEBAN EL MONSTRUO Y SU SER

miento racional, por lo que producen el thauma, la maravilla; y por tanto Con frecuencia el monstruo es percibido como un elemento que desvir-
son más maravillosos cuanto más reales y verdaderos, de ahí el cuidado por túa dicha naturaleza, pero para otros, forma parte esencial de la misma
localizarlos, fecharlos y documentarlos.20 y hasta la orna; Nieremberg, por su parte, señala que: “Es tan hermosa
la naturaleza, y tan cabal en sus obras, que aun no le falta deformidad
Parádoxa o thaumásia en griego; mirabilia o admiranda en latín desig- en algunas: un lunar suele causar más gracia. Los monstros son parte de
nan la misma cosa: la maravilla. Siguiendo este camino podemos mara- su hermosura”.24
villarnos de que se haya llegado a tomar derroteros extraños en cuanto Panikkar señala con toda su importancia que “La cuestión de la na-
a clasificar extrañezas se refiere. De manera que se tuvieron como cosas turaleza vista con toda su amplitud y generalidad es el problema del ser
de admiración sucesos que una mirada un poco más cuidadosa no los y del sentido del ser”.25 Es por ello que en un capítulo como el de “on-
hubiera así considerado: tología teratológica” no podía faltar. Veamos algunas máximas que
siguen de una manera coherente el principio: “Natura facit quod melius
Como los griegos de la época homérica desconocían la equitación, se conje- est”. “De ahí la justificación del lema de Seneca: naturam sequi! No hay
tura que el primer nómada que vieron les pareció todo uno con su caballo ningún vicio natural” (Ibid., p. 319). “Peccare nihil aliud est quam rece-
y se alega que los soldados de Pizarro o de Hernán Cortés también fueron dere ab eo quod est secundum naturam” dice Santo Tomás. Pecar es no
centauros para los indios.21 obedecer a la naturaleza. “Natura semper est recta”. Análoga a la máxi-
ma de san Buenaventura: “La naturaleza, en cuanto tal, siempre es recta
Como vemos la extrañeza es un elemento heurístico monstruoso. Se- y nunca peca”, y similar a la máxima de Dante “Lo naturale è sempre
gún el paradigma elegido –generalmente el más familiar– lo que se sal- senza errore”.26 Ya veremos posteriormente como el monstruo es ligado
ga de él puede considerarse monstruo. Recordemos que algo parecido conceptualmente al pecado por muchos autores, y aun por una creencia
acontece en el cuento de “El patito feo”. general. El monstruo parece insertarse como contraejemplo, como lo
antitético a la naturaleza, pero dentro de ella: es híbrido, es complica-
ción, es error; va en contra del principio de “Natura simplicibus gau-
EL MONSTRUO Y LA IDEA DE NATURALEZA det”; esto en otras palabras puede explicarse como lo hace el propio
Panikkar: “Es igualmente un aspecto de la sabiduría divina que hace
Como bien señala Bécares, se ha visto a la naturaleza como vía de cono- que las cosas consigan su fin de la manera menos complicada y que
cimiento divino.22 Guglielmi recuerda que “para Dión Crisóstomo (s. I), junto a esta consecución sencilla del fin se junte la complacencia natural
la contemplación de la naturaleza vale tanto como aprehenderla, equi- a la adquisición de la perfección de cada ser. Natura enim simplex est!”
vale a una iniciación”.23 El monstruo tendrá su lugar en la naturaleza. (Ibid., p. 323).
Por otro lado, el monstruo es enrevesado, complicado. Es un híbri-
20
Otros libros de lo maravilloso a juicio de Bécares Botas son: Julio Obsecuente: Liber do de varios seres. Recordemos la crítica que realiza Horacio sobre la
prodigiorum; Raimundo Lulio: Libre Félix o maravillas del mundo; Alvar Gutiérrez de Torres:
El sumario de las maravillosas y espantables cosas que en el mundo han acontescido; Polidoro
Virgilio: De prodigiis libri tres. 24
Nieremberg, Curiosa filosofía y tesoro de maravillas, fol. 73 V.
21
Borges, op. cit., p. 51. 25
Panikkar, El concepto de naturaleza. Análisis histórico y metafísico de un concepto, CSIC,
22
Bécares (alude a Santo Tomás Summa) Madrid, 1972, p. 4.
23
Guglielmi, introducción a El fisiólogo. Bestiario medieval, Eudeba, Buenos Aires, 26
Citada por Panikkar, op. cit., p. 320.
1971, p. 9 27
En la Carta a los Pisones también conocida como Poética.

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HÉCTOR SANTIESTEBAN EL MONSTRUO Y SU SER

utilización de monstruos.27 Existe también la opinión de que la natura- problema. Si Dios se equivoca, no es perfecto. Dado este razonamiento,
leza del mal –con la que a veces se identifica al monstruo– está inserta se excluyó, de entrada, semejante respuesta. Si, por otro lado, la res-
en el bien; “Omnis natura bona”. Sin embargo, es corriente la atribución puesta es negativa, se abre una nueva cuestión: ¿procede el error de
de una completa bondad a la naturaleza: “Es consecuencia del origen Dios? Existen dos posibilidades: una es delegar el mal y el error en un
divino de la naturaleza y es frase revelada en el Antiguo y en el Nuevo ser maligno, pero ello opera en demérito de un Dios omnipotente y om-
Testamento: “Omnis creatura Dei bona est”. El pecado no es otra cosa nipresente.
que apartarse de la naturaleza” (Ibid., p. 318-319). Si se quieren evitar problemas, se debe entonces dar una justifica-
La posición contraria es la de que se trata de dos naturalezas com- ción calificando dicho error como sólo aparente, y que el error no sea tal,
pletamente diferentes. “Natura daemoniaca, sed non divina”. Naturale- sino que se inserte en un plan divino, que dicho sea de paso, puede ser
za con númen propio, pero siempre recordando que daimon no tiene comprensible o (y de manera preferente) incomprensible para la inteli-
sentido negativo forzosamente: “Es difícil precisar el sentido del daimon gencia humana. El “error” se comete con el permiso de Dios (deo permi-
aristotélico, pero en cualquier caso se distingue del deios. En el fondo es tente). Podemos recordar a propósito la máxima: “Quidquid a deo fit est
una nueva expresión de la idea ya conocida de la nobleza de la natu- naturale quodammodo”.
raleza y su superioridad frente a todo, pues es el intrumento directo en
manos de la Divinidad” (Ibid., p. 318). Todo lo que es hecho por Dios es en cierta manera natural, por la razón que
A partir de lo anterior podemos considerar el siguiente punto. sólo Dios mueve desde dentro, y todo movimiento intrínseco es natural, ya
provenga de la naturaleza de aquel ser de Dios en –última instancia– o ya
El monstruo como error de la naturaleza sea Dios mismo quien directamente mueva a aquel ser de alguna determi-
nada manera. Y éste es el único otro modo de actuación natural de un ser,
Los animales fabulosos y por tanto los monstruos pueden ser conside- pues sólo Dios puede mover desde dentro, como se dijo ya. Y la razón últi-
rados como la negación o burla de la razón y del orden. Algunos hom- ma es porque natura non potest agere nisi Deo agente (Ibid., p. 316).
bres y monstruos son considerados como un “error de la naturaleza”;
“debió nacer ‘tal’ y nació ‘tal’ diverso”. Incluso muchos de los mismos Para algunos autores, el monstruo es desorden y va contra natura.
afectados lo ven de esa manera.28 Pues bien, esto presenta implicaciones Para Aristóteles el monstruo va contra la generalidad de la naturaleza,
filosóficas importantes. pero no contra la naturaleza misma.29 La monstruosidad, para Aristóte-
El simple hecho de que la Naturaleza se equivoque es la prueba de les, es mucho más amplia que la de los modernos, ya que en ella puede
que se puede equivocar, hecho que conlleva graves consecuencias. La caber incluso un niño que no se pareciese a sus padres en la medida en
imagen de Dios y la naturaleza no serán las mismas después de una re- que él evidencia que la Naturaleza ha sobrepasado límites del tipo origi-
visión conceptual en este sentido. Se abren de esta manera las incógni- nal. Otras ideas importantes para la monstruología pueden ser tomadas
tas siguientes: ¿Es posible que Dios se equivoque? ¿Es posible que la de la Generación de los animales de Aristóteles; en ella se observa que la
naturaleza se equivoque? Si, por un lado, la respuesta es afirmativa, naturaleza no obra por azar, sino que tiene sus hábitos; según esta vi-
entonces no hay infalibilidad natural o infalibilidad divina según el sión, la Naturaleza no hace nada sin un fin; tampoco se equivoca, aun-
caso. Tenemos entonces, para la visión míticorreligiosa del mundo, un que algunos de sus productos se salgan de la norma.

28
Por ejemplo, una popular canción francesa habla de su “yo” como “un error de la
naturaleza”, entonada en tono gracioso. 29
Véase Kappler, op. cit., p. 235.

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utilización de monstruos.27 Existe también la opinión de que la natura- problema. Si Dios se equivoca, no es perfecto. Dado este razonamiento,
leza del mal –con la que a veces se identifica al monstruo– está inserta se excluyó, de entrada, semejante respuesta. Si, por otro lado, la res-
en el bien; “Omnis natura bona”. Sin embargo, es corriente la atribución puesta es negativa, se abre una nueva cuestión: ¿procede el error de
de una completa bondad a la naturaleza: “Es consecuencia del origen Dios? Existen dos posibilidades: una es delegar el mal y el error en un
divino de la naturaleza y es frase revelada en el Antiguo y en el Nuevo ser maligno, pero ello opera en demérito de un Dios omnipotente y om-
Testamento: “Omnis creatura Dei bona est”. El pecado no es otra cosa nipresente.
que apartarse de la naturaleza” (Ibid., p. 318-319). Si se quieren evitar problemas, se debe entonces dar una justifica-
La posición contraria es la de que se trata de dos naturalezas com- ción calificando dicho error como sólo aparente, y que el error no sea tal,
pletamente diferentes. “Natura daemoniaca, sed non divina”. Naturale- sino que se inserte en un plan divino, que dicho sea de paso, puede ser
za con númen propio, pero siempre recordando que daimon no tiene comprensible o (y de manera preferente) incomprensible para la inteli-
sentido negativo forzosamente: “Es difícil precisar el sentido del daimon gencia humana. El “error” se comete con el permiso de Dios (deo permi-
aristotélico, pero en cualquier caso se distingue del deios. En el fondo es tente). Podemos recordar a propósito la máxima: “Quidquid a deo fit est
una nueva expresión de la idea ya conocida de la nobleza de la natu- naturale quodammodo”.
raleza y su superioridad frente a todo, pues es el intrumento directo en
manos de la Divinidad” (Ibid., p. 318). Todo lo que es hecho por Dios es en cierta manera natural, por la razón que
A partir de lo anterior podemos considerar el siguiente punto. sólo Dios mueve desde dentro, y todo movimiento intrínseco es natural, ya
provenga de la naturaleza de aquel ser de Dios en –última instancia– o ya
El monstruo como error de la naturaleza sea Dios mismo quien directamente mueva a aquel ser de alguna determi-
nada manera. Y éste es el único otro modo de actuación natural de un ser,
Los animales fabulosos y por tanto los monstruos pueden ser conside- pues sólo Dios puede mover desde dentro, como se dijo ya. Y la razón últi-
rados como la negación o burla de la razón y del orden. Algunos hom- ma es porque natura non potest agere nisi Deo agente (Ibid., p. 316).
bres y monstruos son considerados como un “error de la naturaleza”;
“debió nacer ‘tal’ y nació ‘tal’ diverso”. Incluso muchos de los mismos Para algunos autores, el monstruo es desorden y va contra natura.
afectados lo ven de esa manera.28 Pues bien, esto presenta implicaciones Para Aristóteles el monstruo va contra la generalidad de la naturaleza,
filosóficas importantes. pero no contra la naturaleza misma.29 La monstruosidad, para Aristóte-
El simple hecho de que la Naturaleza se equivoque es la prueba de les, es mucho más amplia que la de los modernos, ya que en ella puede
que se puede equivocar, hecho que conlleva graves consecuencias. La caber incluso un niño que no se pareciese a sus padres en la medida en
imagen de Dios y la naturaleza no serán las mismas después de una re- que él evidencia que la Naturaleza ha sobrepasado límites del tipo origi-
visión conceptual en este sentido. Se abren de esta manera las incógni- nal. Otras ideas importantes para la monstruología pueden ser tomadas
tas siguientes: ¿Es posible que Dios se equivoque? ¿Es posible que la de la Generación de los animales de Aristóteles; en ella se observa que la
naturaleza se equivoque? Si, por un lado, la respuesta es afirmativa, naturaleza no obra por azar, sino que tiene sus hábitos; según esta vi-
entonces no hay infalibilidad natural o infalibilidad divina según el sión, la Naturaleza no hace nada sin un fin; tampoco se equivoca, aun-
caso. Tenemos entonces, para la visión míticorreligiosa del mundo, un que algunos de sus productos se salgan de la norma.

28
Por ejemplo, una popular canción francesa habla de su “yo” como “un error de la
naturaleza”, entonada en tono gracioso. 29
Véase Kappler, op. cit., p. 235.

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HÉCTOR SANTIESTEBAN EL MONSTRUO Y SU SER

En este sentido, san Isidoro de Sevilla, en el Lib. XI (Del hombre y los El mundo –escribe David Hume– es tal vez el bosquejo rudimentario de
seres prodigiosos), 3 y 4, de su Etimologías, señala lo siguiente: “Varrón algún dios infantil, que lo abandonó a medio hacer, avergonzado de su eje-
dice que portentos son las cosas que parecen nacer en contra de la ley cución deficiente; es obra de un dios subalterno, de quien los dioses supe-
de la naturaleza. En realidad, no acontecen contra la naturaleza, puesto riores se burlan; es la confusa predicción de una divinidad decrépita y jubi-
que suceden por voluntad divina, y voluntad del Creador es la natu- lada, que ya se ha muerto (Dialogues Concerning Natural Religion, V, 1779).
raleza de todo lo creado”.30 Cabe ir más lejos; cabe sospechar que no hay universo en el sentido orgáni-
De esta manera, san Isidoro considera al respecto que la maravilla co, unificador, que tiene esa ambiciosa palabra. Si lo hay, falta conjeturar su
no es contraria a los dictados de la naturaleza, sino salen de la norma propósito; falta conjeturar las palabras, las definiciones, las etimologías, las
para avisar de algo especial: “el portento no se realiza en contra de la sinonimias, del secreto diccionario de Dios.
naturaleza, sino en contra de la naturaleza conocida. Y se conocen con
el nombre de portentos, ostentos, monstruos y prodigios, porque anun- Teniendo el mundo el baldón de ignominia de ser casi el aborto de
cian (portendere), manifiestan (ostendere), muestran (monstrare) y predi- un dios de tercera categoría, el monstruo alcanza cierta grandeza al ser
cen (praedicare) algo futuro” (Id.). el ser abyecto de un mundo abyecto. Pero no es sólo pesimismo el que
Sin embargo, otra posición tiene Valerio Martini, quien se hallaba prevalece; es interesante también la hipótesis de una tribu del oriente de
publicando en Venecia varias obras entre 1628 y 1636; particularmente África; en esta idea el pragmatismo explicativo contiene profundidad
en su De cuisdam monstri generatione Epistola, que data de 1607, define a lógica, además de una sutil dosis de humor: “Dicen que aunque Dios es
los monstruos más como pecados de la naturaleza que como res natura- bueno y deseó el bien para todos, tiene por desgracia un hermano me-
les.31 Dentro de este mismo contexto puede explicarse que para Zanar- dio tonto que siempre interfiere con lo que Él hace”.35
dus los sapos provengan de materia pútrida,32 nos encontramos con la Prosigue Campbell: “El hermano medio tonto de Dios podría expli-
corrupción de la naturaleza. car algunas de las deprimentes y absurdas tragedias de la vida, que la
Para la visión religiosa, la idea de la Naturaleza como creación es idea de un individuo omnipotente, de ilimitada buena voluntad para
fundamental; la encontramos a lo largo de la Biblia, ejemplificada bien cada una de las almas, no puede explicar de ninguna manera” cita a su
en los Salmos. La infabilidad tanto de Dios como de la naturaleza es vez a Harry Emerson Fosdick, As I see Religion. “Los diablos, tanto los
apriorística. Dentro de esta visión, la teleología es no sólo recurrente, estúpidos lujuriosos como los engañadores astutos y avisados, son
sino en ocasiones sobrevalorada; podríamos decir que encuentra su siempre payasos. Aunque pueden triunfar en el mundo del espacio y
base en la máxima de “Natura determinatur ad unum”: la naturaleza de del tiempo, tanto su persona como su obra desaparecen simplemente
cada ser está determinada por su fin específico.33 cuando la perspectiva se traslada a lo trascendental”.36
Existe, sin embargo, otra visión religiosa por medio de la cual Es decir a los diablos –como a algunos monstruos– les acontece una
podemos completar los errores de la creación. Genialmente Borges en crisis del ser que los difumina, que los convierte a la nada, ya que
“El idioma analítico de John Wilkins”34 nos aporta ideas enriquecedoras podrían no ser nada, porque no son ni bellos ni verdaderos ni reales. El
en este punto: monstruo también puede verse como el juego de Dios, como un diver-
timento divino una vez que el creador hubo terminado su obra.
30
Isidoro, Etim, Lib. XI (Del hombre y los seres prodigiosos), 3 y 4, p. 47
31
Thorndike, op. cit., t. VII, p. 316.
32
Cfr. Ibid., t. VII, p. 385.
33
Panikkar, op. cit., p. 322. 35
En Campbell, op. cit., n. 265.
34
Otras inquisiciones, p. 708 de Obras completas. 36
Campbell, op. cit., p. 266.

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En este sentido, san Isidoro de Sevilla, en el Lib. XI (Del hombre y los El mundo –escribe David Hume– es tal vez el bosquejo rudimentario de
seres prodigiosos), 3 y 4, de su Etimologías, señala lo siguiente: “Varrón algún dios infantil, que lo abandonó a medio hacer, avergonzado de su eje-
dice que portentos son las cosas que parecen nacer en contra de la ley cución deficiente; es obra de un dios subalterno, de quien los dioses supe-
de la naturaleza. En realidad, no acontecen contra la naturaleza, puesto riores se burlan; es la confusa predicción de una divinidad decrépita y jubi-
que suceden por voluntad divina, y voluntad del Creador es la natu- lada, que ya se ha muerto (Dialogues Concerning Natural Religion, V, 1779).
raleza de todo lo creado”.30 Cabe ir más lejos; cabe sospechar que no hay universo en el sentido orgáni-
De esta manera, san Isidoro considera al respecto que la maravilla co, unificador, que tiene esa ambiciosa palabra. Si lo hay, falta conjeturar su
no es contraria a los dictados de la naturaleza, sino salen de la norma propósito; falta conjeturar las palabras, las definiciones, las etimologías, las
para avisar de algo especial: “el portento no se realiza en contra de la sinonimias, del secreto diccionario de Dios.
naturaleza, sino en contra de la naturaleza conocida. Y se conocen con
el nombre de portentos, ostentos, monstruos y prodigios, porque anun- Teniendo el mundo el baldón de ignominia de ser casi el aborto de
cian (portendere), manifiestan (ostendere), muestran (monstrare) y predi- un dios de tercera categoría, el monstruo alcanza cierta grandeza al ser
cen (praedicare) algo futuro” (Id.). el ser abyecto de un mundo abyecto. Pero no es sólo pesimismo el que
Sin embargo, otra posición tiene Valerio Martini, quien se hallaba prevalece; es interesante también la hipótesis de una tribu del oriente de
publicando en Venecia varias obras entre 1628 y 1636; particularmente África; en esta idea el pragmatismo explicativo contiene profundidad
en su De cuisdam monstri generatione Epistola, que data de 1607, define a lógica, además de una sutil dosis de humor: “Dicen que aunque Dios es
los monstruos más como pecados de la naturaleza que como res natura- bueno y deseó el bien para todos, tiene por desgracia un hermano me-
les.31 Dentro de este mismo contexto puede explicarse que para Zanar- dio tonto que siempre interfiere con lo que Él hace”.35
dus los sapos provengan de materia pútrida,32 nos encontramos con la Prosigue Campbell: “El hermano medio tonto de Dios podría expli-
corrupción de la naturaleza. car algunas de las deprimentes y absurdas tragedias de la vida, que la
Para la visión religiosa, la idea de la Naturaleza como creación es idea de un individuo omnipotente, de ilimitada buena voluntad para
fundamental; la encontramos a lo largo de la Biblia, ejemplificada bien cada una de las almas, no puede explicar de ninguna manera” cita a su
en los Salmos. La infabilidad tanto de Dios como de la naturaleza es vez a Harry Emerson Fosdick, As I see Religion. “Los diablos, tanto los
apriorística. Dentro de esta visión, la teleología es no sólo recurrente, estúpidos lujuriosos como los engañadores astutos y avisados, son
sino en ocasiones sobrevalorada; podríamos decir que encuentra su siempre payasos. Aunque pueden triunfar en el mundo del espacio y
base en la máxima de “Natura determinatur ad unum”: la naturaleza de del tiempo, tanto su persona como su obra desaparecen simplemente
cada ser está determinada por su fin específico.33 cuando la perspectiva se traslada a lo trascendental”.36
Existe, sin embargo, otra visión religiosa por medio de la cual Es decir a los diablos –como a algunos monstruos– les acontece una
podemos completar los errores de la creación. Genialmente Borges en crisis del ser que los difumina, que los convierte a la nada, ya que
“El idioma analítico de John Wilkins”34 nos aporta ideas enriquecedoras podrían no ser nada, porque no son ni bellos ni verdaderos ni reales. El
en este punto: monstruo también puede verse como el juego de Dios, como un diver-
timento divino una vez que el creador hubo terminado su obra.
30
Isidoro, Etim, Lib. XI (Del hombre y los seres prodigiosos), 3 y 4, p. 47
31
Thorndike, op. cit., t. VII, p. 316.
32
Cfr. Ibid., t. VII, p. 385.
33
Panikkar, op. cit., p. 322. 35
En Campbell, op. cit., n. 265.
34
Otras inquisiciones, p. 708 de Obras completas. 36
Campbell, op. cit., p. 266.

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Dieu a joué avec le monde visible, au point de produire parfois une manière naturaleza resulta de suma importancia conceptual para la visión del
de parodie de sa propre création. Il a joué avec, le cou de la girafe, la poche mundo que se tenía en la Edad Media. Kappler ve así que: “La Edad
de la sarigue ou la bosse du dromadaire. Pourquoi serait-il défendu à notre Media se halla atenazada entre la necesidad de explicar el ‘desorden’
fantaisie, fille de la divine fantaisie, de jouer avec la corne de licorne?37 que supone el monstruo y la de creer en el postulado según el cual la
Naturaleza, obra de Dios, es perfecta, y por lo mismo ordenada de
El hombre personifica las fuerzas naturales y les otorga una entidad acuerdo con un sistema imperturbable”.39
diferente al interpretarlas; ya que resulta fundamental la noción de na- Se ha dicho incluso que la naturaleza se divierte al producir mons-
turaleza para poder entender la noción de monstruo, para el juicio truos; de este modo, el monstruo no constituiría una negación del orden
ontológico del ser terático, considero pertinente abordar el cosmos en natural, sino que, por el contario, sería una prueba de su poder. Para
relación con su eterno término contrapuesto, es decir, el caos. ello, podemos apoyarnos en una cita de Hartman Schedel, Chronica
Mundi: “Hec atque talia ex hominum genere lubridia sibi nobis miracu-
la ingeniosa fecit natura ad detegendam eius potentiam sequentes gen-
ENTROPÍA tes inter prodigia ponere libuit”.40
La anterior cita contiene varias aseveraciones interesantes de las que
Monstruo entrópico se coligen varias ideas entonces vigentes y que serán casi una constante
en la interpretación teratológica de todos los tiempos. La primera es do-
Como hemos visto, una cuestión de máxima trascendencia dentro de la tar a la naturaleza de una cierta ánima, y que va más allá de una mera
teratología ha sido establecer si el monstruo rompe con los cánones de alegorización; se la personaliza (goza y juega). La otra característica es
la naturaleza por consentimiento de ella misma o de Dios, o a pesar darle a la naturaleza una interpretación teleológica, que modernamente
de ellos. Es decir, si es que el monstruo rompe con las leyes naturales o ya no recibe, como hemos visto con anterioridad. Sin embargo, a la idea
las sigue y forma parte integrante de la creación y la “ruptura” con la de que la naturaleza se divierte, podemos contraponer aquella máxi-
naturaleza es sólo aparencial y forma parte de un “plan” natural o divi- ma de “Natura non deliberat”; “Porque Dios, como autor de la natura-
no. Recordamos que hasta hace muy poco, el estudio de la naturaleza leza, ha deliberado por ella, de manera que pueda conseguir sus fines
contaba con fuertes tintes teleológicos (siempre ha tentado a los científi- en virtud de una inclinación propia que no es necesario que sea cognos-
cos el hecho de darle un sentido más profundo a sus investigaciones). cente”.41 No obstante, las ideas y máximas parecen no corresponderse
Podemos partir de la idea de que la naturaleza es orden, según la con frecuencia, y antes parecen contraponerse, puesto que podemos
significación de la siguiente máxima: “Natura est principium ordinis”. aducir la máxima siguiente: “Opus naturae est opus inteligentiae”, que
De esta manera entendida, es asimismo causa de todas las manifesta- expresa exactamente lo opuesto de la máxima anterior.
ciones ontológicas.38 La imperfección, en ciertos casos puede traducirse
como desorden, y éste en imagen del mal. Es por ello que el error de la
39
Kappler, op. cit., p. 288.
37
Sendrail, “Le nouveau discours de la Licorne” en La table ronde, 1961, núm. 162, pp. 40
“Todas esas criaturas relacionadas con el género humano, diversiones para ella y
16-26, p. 25. milagro para nosotros, las ha producido la ingeniosa naturaleza para que nosotros poda-
38
“El orden no es sino la manifestación de la totalidad de la naturaleza de los seres mos descubrir su poder: he aquí por qué le ha placido situar esas razas anexas dentro de
[...] Aristóteles formula así este principio, diciendo, además, que la naturaleza es la causa los prodigios”. Schedel, fol. XII en Ibid., p. 19.
del orden”. Panikkar, op. cit., p. 328. 41
Panikkar, op. cit., p. 321.

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Dieu a joué avec le monde visible, au point de produire parfois une manière naturaleza resulta de suma importancia conceptual para la visión del
de parodie de sa propre création. Il a joué avec, le cou de la girafe, la poche mundo que se tenía en la Edad Media. Kappler ve así que: “La Edad
de la sarigue ou la bosse du dromadaire. Pourquoi serait-il défendu à notre Media se halla atenazada entre la necesidad de explicar el ‘desorden’
fantaisie, fille de la divine fantaisie, de jouer avec la corne de licorne?37 que supone el monstruo y la de creer en el postulado según el cual la
Naturaleza, obra de Dios, es perfecta, y por lo mismo ordenada de
El hombre personifica las fuerzas naturales y les otorga una entidad acuerdo con un sistema imperturbable”.39
diferente al interpretarlas; ya que resulta fundamental la noción de na- Se ha dicho incluso que la naturaleza se divierte al producir mons-
turaleza para poder entender la noción de monstruo, para el juicio truos; de este modo, el monstruo no constituiría una negación del orden
ontológico del ser terático, considero pertinente abordar el cosmos en natural, sino que, por el contario, sería una prueba de su poder. Para
relación con su eterno término contrapuesto, es decir, el caos. ello, podemos apoyarnos en una cita de Hartman Schedel, Chronica
Mundi: “Hec atque talia ex hominum genere lubridia sibi nobis miracu-
la ingeniosa fecit natura ad detegendam eius potentiam sequentes gen-
ENTROPÍA tes inter prodigia ponere libuit”.40
La anterior cita contiene varias aseveraciones interesantes de las que
Monstruo entrópico se coligen varias ideas entonces vigentes y que serán casi una constante
en la interpretación teratológica de todos los tiempos. La primera es do-
Como hemos visto, una cuestión de máxima trascendencia dentro de la tar a la naturaleza de una cierta ánima, y que va más allá de una mera
teratología ha sido establecer si el monstruo rompe con los cánones de alegorización; se la personaliza (goza y juega). La otra característica es
la naturaleza por consentimiento de ella misma o de Dios, o a pesar darle a la naturaleza una interpretación teleológica, que modernamente
de ellos. Es decir, si es que el monstruo rompe con las leyes naturales o ya no recibe, como hemos visto con anterioridad. Sin embargo, a la idea
las sigue y forma parte integrante de la creación y la “ruptura” con la de que la naturaleza se divierte, podemos contraponer aquella máxi-
naturaleza es sólo aparencial y forma parte de un “plan” natural o divi- ma de “Natura non deliberat”; “Porque Dios, como autor de la natura-
no. Recordamos que hasta hace muy poco, el estudio de la naturaleza leza, ha deliberado por ella, de manera que pueda conseguir sus fines
contaba con fuertes tintes teleológicos (siempre ha tentado a los científi- en virtud de una inclinación propia que no es necesario que sea cognos-
cos el hecho de darle un sentido más profundo a sus investigaciones). cente”.41 No obstante, las ideas y máximas parecen no corresponderse
Podemos partir de la idea de que la naturaleza es orden, según la con frecuencia, y antes parecen contraponerse, puesto que podemos
significación de la siguiente máxima: “Natura est principium ordinis”. aducir la máxima siguiente: “Opus naturae est opus inteligentiae”, que
De esta manera entendida, es asimismo causa de todas las manifesta- expresa exactamente lo opuesto de la máxima anterior.
ciones ontológicas.38 La imperfección, en ciertos casos puede traducirse
como desorden, y éste en imagen del mal. Es por ello que el error de la
39
Kappler, op. cit., p. 288.
37
Sendrail, “Le nouveau discours de la Licorne” en La table ronde, 1961, núm. 162, pp. 40
“Todas esas criaturas relacionadas con el género humano, diversiones para ella y
16-26, p. 25. milagro para nosotros, las ha producido la ingeniosa naturaleza para que nosotros poda-
38
“El orden no es sino la manifestación de la totalidad de la naturaleza de los seres mos descubrir su poder: he aquí por qué le ha placido situar esas razas anexas dentro de
[...] Aristóteles formula así este principio, diciendo, además, que la naturaleza es la causa los prodigios”. Schedel, fol. XII en Ibid., p. 19.
del orden”. Panikkar, op. cit., p. 328. 41
Panikkar, op. cit., p. 321.

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HÉCTOR SANTIESTEBAN EL MONSTRUO Y SU SER

No obstante lo recientemente dicho, para muchos, el monstruo es un Ahora bien, el problema de que en la descripción, más que a descri-
error. Error que prueba la falibilidad de la naturaleza, de la creación y bir se tienda a crear un ser diferente, parte de la naturaleza propia de la
en última instancia, de Dios. Tal es la posición de Arnheim que observa- descripción; ésta no es nunca la realidad. Lo anterior produce un doble
mos plasmada de la siguiente manera: “Pero el nacimiento de un mons- problema de causa-efecto. La realidad, al ser descrita, es transformada,
truo es un fallo de la naturaleza misma, y constituye una amenaza a y una vez conceptualizada a partir de esa transformación, es vista como
nuestra fe en la lógica básica de todo lo que crece”.42 En ese sentido, el una realidad diferente de como la vio el primer descriptor y señalada y
monstruo provoca miedo, incertidumbre, inquietud, de esta manera, defendida como él la describió. El error produce prejuicio, y el prejuicio,
“las deformaciones son comentarios sobre la naturaleza que pueden en su calidad de apriorístico, influirá en la percepción.
provocar indignación, pero los monstruos suscitan inquietud porque Por otro lado está la interpretación intencional o no de que el mons-
muestran el fracaso de la realidad misma” (Ibid., p. 237). truo signifique y simbolice algo. Es decir, se adscribe el monstruo a la
El problema del desorden y la fealdad importan no sólo al ser y su suprarrealidad, a una realidad más real que la fenomenológica. Barthes,
sentido, sino también a la capacidad de ese ente a ser representado hablando de diversas clases de monstruos (monstruos que no entrarían
¿cómo se expresa el desorden del mundo? ¿cómo es posible que exprese en nuestra clasificación), comenta que “todas estas transgresiones de la
el arte el desorden que impone el monstruo? puede resultar interesante naturaleza hacen comprender que lo poético (pues lo monstruoso no
al respecto la siguiente exposición: podría ser sino lo poético) está siempre fundado en un desplazamiento
del nivel de percepción”.43
El desorden sólo se puede mostrar artísticamente a través del orden. Si las
visiones de monstruos del artista no estuvieran bien organizadas, no po- Entropía y monstruo entrópico
drían poner de relieve la perversidad de lo desorganizado y desequilibra-
do. El orden compositivo testifica la acción de una mente lo suficientemente La noción de monstruo incluye forzosamente la de anormalidad y de-
sana como para diagnosticar la enfermedad. En esto, al parecer, podríamos nota en numerosos casos (casos verdaderamente monstruosos) la falta
basar nuestras esperanzas (Ibid., p. 238). de armonía. En la actualidad el concepto vida va ligado al de entropía.
La entropía es la tendencia de la materia al caos (la enuncia la segunda
Los rasgos exagerados son utilizados frecuentemente para subrayar ley de la termodinámica con respecto a los gases ideales). Como la vida
las particularidades que más interesan al autor; ahora bien, esta exage- intercambia con el exterior materia y energía, genera orden interno y
ración puede ser voluntaria o involuntaria: lo que puede ser un mons- desorden externo o entropía. La estrategia evolutiva de algunos seres
truo concebido y expresado como tal por un artista, puede ser un ente vivientes es la tendencia a hacerse complejos, pero eficientes. Es decir,
biológico normal al cual intenta describir la mano torpe de un viajero; mayor orden interno, lo que conlleva mayor entropía externa. Esa com-
recordemos que la técnica pictórica y verbal del naturalista está por plejidad tenderá a aumentar la entropía cósmica para conservar su efi-
debajo de la del artista, y además, aunque fuese más objetiva que la de ciencia interna, cada vez más complicada.
éste, sigue siendo subjetiva. Incluso su interpretación cientificista, con
objetividad voluntaria, tiene influencias sentimentales y es, en cierta
medida, una interpretación personal.

43
Barthes “Las láminas de la enciclopedia” en El grado cero de la esritura. Seguido de
42
Arnheim, Hacia una psicología del arte. Arte y entropía, p. 236. nuevos ensayos críticos, Siglo XXI, México, 1985, p. 142.

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No obstante lo recientemente dicho, para muchos, el monstruo es un Ahora bien, el problema de que en la descripción, más que a descri-
error. Error que prueba la falibilidad de la naturaleza, de la creación y bir se tienda a crear un ser diferente, parte de la naturaleza propia de la
en última instancia, de Dios. Tal es la posición de Arnheim que observa- descripción; ésta no es nunca la realidad. Lo anterior produce un doble
mos plasmada de la siguiente manera: “Pero el nacimiento de un mons- problema de causa-efecto. La realidad, al ser descrita, es transformada,
truo es un fallo de la naturaleza misma, y constituye una amenaza a y una vez conceptualizada a partir de esa transformación, es vista como
nuestra fe en la lógica básica de todo lo que crece”.42 En ese sentido, el una realidad diferente de como la vio el primer descriptor y señalada y
monstruo provoca miedo, incertidumbre, inquietud, de esta manera, defendida como él la describió. El error produce prejuicio, y el prejuicio,
“las deformaciones son comentarios sobre la naturaleza que pueden en su calidad de apriorístico, influirá en la percepción.
provocar indignación, pero los monstruos suscitan inquietud porque Por otro lado está la interpretación intencional o no de que el mons-
muestran el fracaso de la realidad misma” (Ibid., p. 237). truo signifique y simbolice algo. Es decir, se adscribe el monstruo a la
El problema del desorden y la fealdad importan no sólo al ser y su suprarrealidad, a una realidad más real que la fenomenológica. Barthes,
sentido, sino también a la capacidad de ese ente a ser representado hablando de diversas clases de monstruos (monstruos que no entrarían
¿cómo se expresa el desorden del mundo? ¿cómo es posible que exprese en nuestra clasificación), comenta que “todas estas transgresiones de la
el arte el desorden que impone el monstruo? puede resultar interesante naturaleza hacen comprender que lo poético (pues lo monstruoso no
al respecto la siguiente exposición: podría ser sino lo poético) está siempre fundado en un desplazamiento
del nivel de percepción”.43
El desorden sólo se puede mostrar artísticamente a través del orden. Si las
visiones de monstruos del artista no estuvieran bien organizadas, no po- Entropía y monstruo entrópico
drían poner de relieve la perversidad de lo desorganizado y desequilibra-
do. El orden compositivo testifica la acción de una mente lo suficientemente La noción de monstruo incluye forzosamente la de anormalidad y de-
sana como para diagnosticar la enfermedad. En esto, al parecer, podríamos nota en numerosos casos (casos verdaderamente monstruosos) la falta
basar nuestras esperanzas (Ibid., p. 238). de armonía. En la actualidad el concepto vida va ligado al de entropía.
La entropía es la tendencia de la materia al caos (la enuncia la segunda
Los rasgos exagerados son utilizados frecuentemente para subrayar ley de la termodinámica con respecto a los gases ideales). Como la vida
las particularidades que más interesan al autor; ahora bien, esta exage- intercambia con el exterior materia y energía, genera orden interno y
ración puede ser voluntaria o involuntaria: lo que puede ser un mons- desorden externo o entropía. La estrategia evolutiva de algunos seres
truo concebido y expresado como tal por un artista, puede ser un ente vivientes es la tendencia a hacerse complejos, pero eficientes. Es decir,
biológico normal al cual intenta describir la mano torpe de un viajero; mayor orden interno, lo que conlleva mayor entropía externa. Esa com-
recordemos que la técnica pictórica y verbal del naturalista está por plejidad tenderá a aumentar la entropía cósmica para conservar su efi-
debajo de la del artista, y además, aunque fuese más objetiva que la de ciencia interna, cada vez más complicada.
éste, sigue siendo subjetiva. Incluso su interpretación cientificista, con
objetividad voluntaria, tiene influencias sentimentales y es, en cierta
medida, una interpretación personal.

43
Barthes “Las láminas de la enciclopedia” en El grado cero de la esritura. Seguido de
42
Arnheim, Hacia una psicología del arte. Arte y entropía, p. 236. nuevos ensayos críticos, Siglo XXI, México, 1985, p. 142.

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HÉCTOR SANTIESTEBAN EL MONSTRUO Y SU SER

El problema del orden y el caos que ahora nos parece tan de índole propósito del Liber monstrorum.46 Totum igitur ordine includitur (de este
política, ha sido punto fundamental para el entendimiento del cosmos. modo, el orden incluye todo).47
Baste recordar que cosmos es un concepto contrario a caos (orden y des-
orden). Incluso (tal vez principalmente) las teorías cosmogónicas re- Anormalidad
ligiosas tradicionales coinciden en que la creación del universo es un
ordenamiento del mismo. Según la mayor parte de las teorías cosmogó- Visto lo anterior, es evidente que la noción de anormalidad es importan-
nicas, al Principio de todo era el Caos. En un momento, el Caos se trans- te para nuestro estudio, ya que nos dará claves importantes para enten-
forma con el hito de la Creación. El Cosmos deviene de la Creación. der el ser del monstruo. Lo que no es normal, es monstruoso o es divi-
La Creación puede ir ligada a otras ideas. De la lectura de los Evan- no. Como quiera que sea, entra en el rubro de lo especial, incluso de lo
gelios, podemos inferir que, al menos para un apóstol evangelista, el sagrado; siempre será hierofante.48 Tiene su propio espacio y su propio
verbo fue el elemento ordenador: “En el principio era el Verbo y el Ver- tiempo. No obstante, en numerosas ocasiones se encuentra al límite
bo estaba en Dios y el Verbo era Dios” (Juan, I, 1). El orden y la creación entre lo sagrado y lo profano. El monstruo estará con medio pie dentro
están intimamente ligados al verbo. Al nombrar se ordena el mundo, se de “otro plano”. El monstruo será siempre escándalo.
le crea, se toma conciencia de él, se le aprehende y es factible dominarlo. Curiosamente las anormalidades de tipo monstruoso eran vistas con
Por el contrario, el monstruo es desorden; es naturaleza desordenada, es más “normalidad” en los tiempos pasados. No obstante, las anormali-
lucha del Cosmos y el Caos, de contrarios encontrados; contrarios que dades serán siempre “escandalosas”; pero puede tratarse de un escán-
cuando se concilian permiten que devenga entonces el Cosmos y la dalo casi esperado y, de alguna manera consentido. Es por ello que lo
Creación. Se trata de otro principio de poiesis,44 de creación; un principio encontramos tantas veces expresado en el arte religioso medieval.
de naturaleza antinatural. Dicha lucha es permitida por la divinidad
para algunos, pero para otros sería una expresión de antidivinidad. Para el espectador, lo monstruoso se opone a todo lo habitual; aparece
En numerosas ocasiones el monstruo es generado a partir del desor- como una invención todavía hoy escandalosa. A los ojos del historiador
den, en el origen mismo de su vida; sentimientos o actos de sus padres puede, con razón, ser considerada a veces como uno de los índices de ese
(como el monstruo del Amadís), o como una muestra del desorden en hábito mental, de ese habitus según el cual el creador, sin saberlo ni que-
que está sumida una sociedad dada. Pero el desorden más evidente del rerlo, forma parte de su colectividad y de su época.49
monstruo es su desorden constitucional, su físico. Sin embargo no es
factible que un ser sea desorden en todos los rubros, lo que lo converti- Tenemos pues la impresión –al menos–, cuando no la certeza de que
ría en un ser algo abstracto, de una subsistencia y natura poco verosími- “para el hombre medieval, el monstruo es una ‘anomalía normal’”
les. Tienen que participar de ambos conceptos: de orden y de desorden
y hasta en ello expresan su carácter híbrido. Por ello, los animales fabu- 46
“El Liber encarna la idea medieval del monstruo y esa es la de un ser dentro del
losos “ocupan en el cosmos un orden intermedio entre los seres defini- orden. Aunque su hibridez pueda repugnar y generar una sensación caótica, es un ser de
dos y el mundo de lo informe”.45 Tal sería el caso de los animales fabu- la naturaleza y se encuentra dentro de ella”. V. Cirlot, “La estética de lo monstruoso en
losos de la Edad Media, como ya alguien se ha percatado de ellos a la Edad Media” en Revista de literatura medieval, II, 1990, p. 178.
47
Con esta cita de san Agustín concluye Victoria Cirlot; ella es partidaria de la necesi-
dad del monstruo para la armonía del mundo (Ibid., p. 182).
48
Para profundizar en todos estos conceptos remito a la estupenda obra de Mircea
44
Véase Paz, El arco y la lira, FCE, México, 1986. Eliade, Tratado de historia de las religiones.
45
Cirlot, Diccionario de símbolos, Labor, Barcelona, 1985, p. 71. 49
Lascault en Kappler, op. cit., p. 207.

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El problema del orden y el caos que ahora nos parece tan de índole propósito del Liber monstrorum.46 Totum igitur ordine includitur (de este
política, ha sido punto fundamental para el entendimiento del cosmos. modo, el orden incluye todo).47
Baste recordar que cosmos es un concepto contrario a caos (orden y des-
orden). Incluso (tal vez principalmente) las teorías cosmogónicas re- Anormalidad
ligiosas tradicionales coinciden en que la creación del universo es un
ordenamiento del mismo. Según la mayor parte de las teorías cosmogó- Visto lo anterior, es evidente que la noción de anormalidad es importan-
nicas, al Principio de todo era el Caos. En un momento, el Caos se trans- te para nuestro estudio, ya que nos dará claves importantes para enten-
forma con el hito de la Creación. El Cosmos deviene de la Creación. der el ser del monstruo. Lo que no es normal, es monstruoso o es divi-
La Creación puede ir ligada a otras ideas. De la lectura de los Evan- no. Como quiera que sea, entra en el rubro de lo especial, incluso de lo
gelios, podemos inferir que, al menos para un apóstol evangelista, el sagrado; siempre será hierofante.48 Tiene su propio espacio y su propio
verbo fue el elemento ordenador: “En el principio era el Verbo y el Ver- tiempo. No obstante, en numerosas ocasiones se encuentra al límite
bo estaba en Dios y el Verbo era Dios” (Juan, I, 1). El orden y la creación entre lo sagrado y lo profano. El monstruo estará con medio pie dentro
están intimamente ligados al verbo. Al nombrar se ordena el mundo, se de “otro plano”. El monstruo será siempre escándalo.
le crea, se toma conciencia de él, se le aprehende y es factible dominarlo. Curiosamente las anormalidades de tipo monstruoso eran vistas con
Por el contrario, el monstruo es desorden; es naturaleza desordenada, es más “normalidad” en los tiempos pasados. No obstante, las anormali-
lucha del Cosmos y el Caos, de contrarios encontrados; contrarios que dades serán siempre “escandalosas”; pero puede tratarse de un escán-
cuando se concilian permiten que devenga entonces el Cosmos y la dalo casi esperado y, de alguna manera consentido. Es por ello que lo
Creación. Se trata de otro principio de poiesis,44 de creación; un principio encontramos tantas veces expresado en el arte religioso medieval.
de naturaleza antinatural. Dicha lucha es permitida por la divinidad
para algunos, pero para otros sería una expresión de antidivinidad. Para el espectador, lo monstruoso se opone a todo lo habitual; aparece
En numerosas ocasiones el monstruo es generado a partir del desor- como una invención todavía hoy escandalosa. A los ojos del historiador
den, en el origen mismo de su vida; sentimientos o actos de sus padres puede, con razón, ser considerada a veces como uno de los índices de ese
(como el monstruo del Amadís), o como una muestra del desorden en hábito mental, de ese habitus según el cual el creador, sin saberlo ni que-
que está sumida una sociedad dada. Pero el desorden más evidente del rerlo, forma parte de su colectividad y de su época.49
monstruo es su desorden constitucional, su físico. Sin embargo no es
factible que un ser sea desorden en todos los rubros, lo que lo converti- Tenemos pues la impresión –al menos–, cuando no la certeza de que
ría en un ser algo abstracto, de una subsistencia y natura poco verosími- “para el hombre medieval, el monstruo es una ‘anomalía normal’”
les. Tienen que participar de ambos conceptos: de orden y de desorden
y hasta en ello expresan su carácter híbrido. Por ello, los animales fabu- 46
“El Liber encarna la idea medieval del monstruo y esa es la de un ser dentro del
losos “ocupan en el cosmos un orden intermedio entre los seres defini- orden. Aunque su hibridez pueda repugnar y generar una sensación caótica, es un ser de
dos y el mundo de lo informe”.45 Tal sería el caso de los animales fabu- la naturaleza y se encuentra dentro de ella”. V. Cirlot, “La estética de lo monstruoso en
losos de la Edad Media, como ya alguien se ha percatado de ellos a la Edad Media” en Revista de literatura medieval, II, 1990, p. 178.
47
Con esta cita de san Agustín concluye Victoria Cirlot; ella es partidaria de la necesi-
dad del monstruo para la armonía del mundo (Ibid., p. 182).
48
Para profundizar en todos estos conceptos remito a la estupenda obra de Mircea
44
Véase Paz, El arco y la lira, FCE, México, 1986. Eliade, Tratado de historia de las religiones.
45
Cirlot, Diccionario de símbolos, Labor, Barcelona, 1985, p. 71. 49
Lascault en Kappler, op. cit., p. 207.

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HÉCTOR SANTIESTEBAN EL MONSTRUO Y SU SER

(Ibid., p. 132). Ahora bien, debemos advertir que los monstruos no son caraïbe, caribe en español”.51 Cioranescu considera que en español la pa-
omnipresentes durante la Edad Media; aunque son llamativos no son re- labra caribe conserva aún tanto el sentido de caníbal como el de habi-
lativamente frecuentes, es decir, se encuentran repartidos de vez en tante antillano,52 cosa que ciertamente no es verdad. Por su parte, Ovie-
cuando a lo largo de obras extensas. Por ejemplo podemos tomar los li- do señala al respecto que “este nombre ‘caribe’/habitante del mar de los
bros de caballerías. Se trata de obras extensas en las que el episodio de caribes/no quiere deçir sino bravo u ossado o esforçado”.53
la lucha del caballero contra el monstruo es indispensable, pero si cuan- Dentro del abanico de posibilidades es más común encontrarnos con
tificamos comparativamete las páginas dedicadas al monstruo, nos en- anormalidades monstruosas que con anormalidades no monstruosas
contramos con que no son muchas. Incluso se obvia la descripción del o anormalidades divinas. Las anormalidades divinas suelen relacionar-
monstruo. se con la consecución de un absoluto; de un absoluto, anhelado, ideali-
Por otra parte debemos tener en cuenta que, a muy grandes rasgos, zado. Cabe hacer una observación. Existen seres que son anormales,
para el hombre europeo, toda extrañeza suele ser negativa, debido al pero que no podrían ser tomados como monstruos: pongamos de ejem-
antropocentrismo y eurocentrismo reinantes en el pensamiento general plo a los hiperbóreos: “las gentes más felices de la tierra: gentes que
de Occidente a lo largo de su historia. Conocemos la manera en que se nunca mueren, pero que se lanzan al mar desde lo alto de un acantila-
observa como seres monstruosos a los integrantes de otras razas. Marco do cuando se han cansado de vivir. En Europa se les llama hiperbóreos
Polo describe de esa manera a los negros de Zanzíbar (Cap. 195). Tal pa- y aronfeos en Asia”.54 Recordemos que esta misma idea es la que utiliza
rece que lo que se afirmara fuera: “lo que no se parece a mí es inferior, Nietzsche en su Anticristo. Son seres admirados, casi envidiados, nunca
monstruoso”. Es revelador que en castellano antiguo se designaba lo feo monstruos. Otros seres sin embargo, y son la mayoría, suelen ser consi-
y lo monstruoso incluso, entre otras maneras, como dessemejança. Lo que derados como demonios, seres extraños a las costumbres del observa-
no se asemeja, lo que no se parece a. Por supuesto que dicho defecto dor, como lo son los tártaros, quienes frecuentemente no son tenidos
perceptivo no es sólo privativo de los europeos, es connatural al hom- como seres humanos.55
bre, y tenemos también ejemplos del mismo fenómeno en otras culturas.
Rubruc explica que cuando se dirige a la corte del Gran Kan los orien- Monstruo y cotidianidad
tales ven a los europeos como monstruos.50 De la misma manera, los via-
jeros y conquistadores que se encuentren con prácticas que le parezcan Veamos ahora al monstruo en términos prácticos. Detrás de las disqui-
impresionantes, como el canibalismo, no se plantearan, claro está, cues- siciones filosóficas y científicas que podamos hacer acerca de los mons-
tiones de etnología o de historia de las religiones: tales costumbres se- truos, importante es también reflexionar sobre el monstruo en la cotidia-
rán, a priori, vicios monstruosos, y por extensión, quienes los practican, nidad.
monstruos, o cuando menos, se hablará de razas monstruosas. Sobre A la pregunta de ¿qué representará el monstruo en la vida diaria? la
errores perceptivos y razas supuestamente monstruosas, podemos re- respuesta es múltiple. En numerosas ocasiones es una llamada de aten-
cordar el siguiente ejemplo: Cioranescu explica a su manera el término ción. Ahora bien, puede haber diversas formas de llamar la atención;
“caníbal” relacionado con “caribe”. “este pasaje es el acta de nacimiento
de la palabra caníbal, que por otro lado es la misma que el francés 51
Cioranescu en Ibid., p. 188.
52
Cfr. Ibid., p. 188.
53
Historia, XXI, 6, II, 133 b. Tomado de Gerbi, La naturaleza de las Indias Nuevas, p. 59.
50
“Cuando la gente nos veía pasar, nos miraban con asombro, como si fuésemos 54
Ymago Mundi en Kappler, p. 34.
monstruos, y sobre todo porque llevábamos los pies desnudos” en Ibid., p. 250. 55
Véase Ibid., p. 38.

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(Ibid., p. 132). Ahora bien, debemos advertir que los monstruos no son caraïbe, caribe en español”.51 Cioranescu considera que en español la pa-
omnipresentes durante la Edad Media; aunque son llamativos no son re- labra caribe conserva aún tanto el sentido de caníbal como el de habi-
lativamente frecuentes, es decir, se encuentran repartidos de vez en tante antillano,52 cosa que ciertamente no es verdad. Por su parte, Ovie-
cuando a lo largo de obras extensas. Por ejemplo podemos tomar los li- do señala al respecto que “este nombre ‘caribe’/habitante del mar de los
bros de caballerías. Se trata de obras extensas en las que el episodio de caribes/no quiere deçir sino bravo u ossado o esforçado”.53
la lucha del caballero contra el monstruo es indispensable, pero si cuan- Dentro del abanico de posibilidades es más común encontrarnos con
tificamos comparativamete las páginas dedicadas al monstruo, nos en- anormalidades monstruosas que con anormalidades no monstruosas
contramos con que no son muchas. Incluso se obvia la descripción del o anormalidades divinas. Las anormalidades divinas suelen relacionar-
monstruo. se con la consecución de un absoluto; de un absoluto, anhelado, ideali-
Por otra parte debemos tener en cuenta que, a muy grandes rasgos, zado. Cabe hacer una observación. Existen seres que son anormales,
para el hombre europeo, toda extrañeza suele ser negativa, debido al pero que no podrían ser tomados como monstruos: pongamos de ejem-
antropocentrismo y eurocentrismo reinantes en el pensamiento general plo a los hiperbóreos: “las gentes más felices de la tierra: gentes que
de Occidente a lo largo de su historia. Conocemos la manera en que se nunca mueren, pero que se lanzan al mar desde lo alto de un acantila-
observa como seres monstruosos a los integrantes de otras razas. Marco do cuando se han cansado de vivir. En Europa se les llama hiperbóreos
Polo describe de esa manera a los negros de Zanzíbar (Cap. 195). Tal pa- y aronfeos en Asia”.54 Recordemos que esta misma idea es la que utiliza
rece que lo que se afirmara fuera: “lo que no se parece a mí es inferior, Nietzsche en su Anticristo. Son seres admirados, casi envidiados, nunca
monstruoso”. Es revelador que en castellano antiguo se designaba lo feo monstruos. Otros seres sin embargo, y son la mayoría, suelen ser consi-
y lo monstruoso incluso, entre otras maneras, como dessemejança. Lo que derados como demonios, seres extraños a las costumbres del observa-
no se asemeja, lo que no se parece a. Por supuesto que dicho defecto dor, como lo son los tártaros, quienes frecuentemente no son tenidos
perceptivo no es sólo privativo de los europeos, es connatural al hom- como seres humanos.55
bre, y tenemos también ejemplos del mismo fenómeno en otras culturas.
Rubruc explica que cuando se dirige a la corte del Gran Kan los orien- Monstruo y cotidianidad
tales ven a los europeos como monstruos.50 De la misma manera, los via-
jeros y conquistadores que se encuentren con prácticas que le parezcan Veamos ahora al monstruo en términos prácticos. Detrás de las disqui-
impresionantes, como el canibalismo, no se plantearan, claro está, cues- siciones filosóficas y científicas que podamos hacer acerca de los mons-
tiones de etnología o de historia de las religiones: tales costumbres se- truos, importante es también reflexionar sobre el monstruo en la cotidia-
rán, a priori, vicios monstruosos, y por extensión, quienes los practican, nidad.
monstruos, o cuando menos, se hablará de razas monstruosas. Sobre A la pregunta de ¿qué representará el monstruo en la vida diaria? la
errores perceptivos y razas supuestamente monstruosas, podemos re- respuesta es múltiple. En numerosas ocasiones es una llamada de aten-
cordar el siguiente ejemplo: Cioranescu explica a su manera el término ción. Ahora bien, puede haber diversas formas de llamar la atención;
“caníbal” relacionado con “caribe”. “este pasaje es el acta de nacimiento
de la palabra caníbal, que por otro lado es la misma que el francés 51
Cioranescu en Ibid., p. 188.
52
Cfr. Ibid., p. 188.
53
Historia, XXI, 6, II, 133 b. Tomado de Gerbi, La naturaleza de las Indias Nuevas, p. 59.
50
“Cuando la gente nos veía pasar, nos miraban con asombro, como si fuésemos 54
Ymago Mundi en Kappler, p. 34.
monstruos, y sobre todo porque llevábamos los pies desnudos” en Ibid., p. 250. 55
Véase Ibid., p. 38.

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una de ellas es la señal de alerta. Al borde de todas las lucubraciones fi- CLASIFICACIONES
losóficas e interpretativas que podamos hacer, la gran mayoría de los
monstruos en las letras capitales de manuscritos carece de profundidad Existen diversas maneras de clasificar a los monstruos. Recordemos que
ideológica –hasta que no se compruebe lo contrario–; son sólo un ele- el ser del monstruo está relacionado con lo que hace y con lo que es he-
mento ornamental, parte del diseño editorial que ayuda a hacer más cho y hacen con él. Una clasificación fundamental es la que extraemos
placentera la lectura, tal y como se hace ahora. Carece de valor ideoló- atendiendo a la actitud del monstruo.
gico, pero no estético. En las artes figurativas, independientemente de si Dentro de ella podemos distinguir claramente cuatro tipos de mons-
el monstruo tiene una explicación en cuanto a significado, en numero- truos:
sas ocasiones, tiene sólo valor como elemento constitutivo de la obra en El activo. El monstruo animado; el que actúa e interactúa impulsa-
cuestión. Es decir, altera e impone un nuevo ritmo a la obra. El cambio do, ya sea por una entidad superior, ya sea motu proprio, pero siempre
de ritmo es impuesto por los detalles monstruosos, dada su gran fuerza con cierta independencia comportamental. Un buen ejemplo de este
de atracción. monstruo lo tenemos en el Endriago del Amadís.
El monstruo llama poderosamente la atención; por eso, entre otras El cuasiactivo. Es aquél que actúa como autómata, sin numen pro-
cosas, los monstruos, como los animales, son usados como auxiliares en pio. Encarna una gran fuerza desencadenada y sustraída a toda moral.
los géneros didácticos. Se utiliza al monstruo tal y como lo señala su eti- Tan pronto es “bueno” como “malo”, pero no puede decirse de él, con
mología más simple: para mostrar algo. Difícilmente puede pasar inad- propiedad, que sea ni lo uno ni lo otro. Su indeterminación en ese sen-
vertido. El monstruo atrae, pero también repele. Qué mejor que un tido es debida a su falta de albedrío y decisión. Un ejemplo claro es el
monstruo para lograr la atención de alguien y al mismo tiempo mostrar Golem tal y como lo presenta Borges.
lo repulsivo del mal. El monstruo persiste en su uso ornamental, perma- El pasivo. Este monstruo sirve de resguardo y protección contra algo
nece en la utilización artística, con variaciones debidas a técnicas y a o alguien. No necesita entrar en acción. Es dinamismo estático, y su fun-
ideologías.56 ción es disuadir la ejecución de algún acto. Contamos con numerosos
Los ejemplos serían interminables y no creo conveniente ahora ex- ejemplos en los monstruos apotrópeos situados en las entradas y pórti-
tendernos demasiado en este punto, sólo habrá que tener en cuenta que cos de algunos edificios.
también, en ocasiones, las disquisiciones filosóficas y lucubraciones es- El neutro. Es el monstruo que simplemente muestra algo; una señal
téticas y simbólicas sobre monstruos, simplemente, están de más. o un acontecimiento. No ejecuta ninguna acción ni impide acto alguno.
Ejemplos de estos monstruos los tenemos en los partos monstruosos y
en los monstruos muertos al nacer.
Considero que son estas las categorías funcionales más importantes
para la clasificación de los monstruos. Pero son muchas las clasifica-
ciones posibles: a partir de su origen, de su función o de su ser.57 Aunque

56
Por ello, Kappler recuerda que: “Entre los monstruos medievales y los contempo- 57
Y por ello considero oportuno traer a colación las palabras de Barthes en su artículo
ráneos, el elemento que parece más sujeto a variaciones es la técnica misma del dibujo. “Las láminas de la enciclopedia”: “Este objeto enciclopédico está generalmente represen-
Otros motivos de diversificación se encuentran no en el propio monstruo, sino en el uso tado por la imagen de tres niveles: antológico, cuando el objeto aislado de todo contexto
que de él se hace según el nivel cultural, el marco histórico, etnosociológico, psicológico, está presentado en sí mismo; anecdótico, cuando está ‘naturalizado’ por su inserción en
etcétera”. p. 328. una gran escena viviente (es lo que se llama la viñeta); genético, cuando la imagen nos

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HÉCTOR SANTIESTEBAN EL MONSTRUO Y SU SER

una de ellas es la señal de alerta. Al borde de todas las lucubraciones fi- CLASIFICACIONES
losóficas e interpretativas que podamos hacer, la gran mayoría de los
monstruos en las letras capitales de manuscritos carece de profundidad Existen diversas maneras de clasificar a los monstruos. Recordemos que
ideológica –hasta que no se compruebe lo contrario–; son sólo un ele- el ser del monstruo está relacionado con lo que hace y con lo que es he-
mento ornamental, parte del diseño editorial que ayuda a hacer más cho y hacen con él. Una clasificación fundamental es la que extraemos
placentera la lectura, tal y como se hace ahora. Carece de valor ideoló- atendiendo a la actitud del monstruo.
gico, pero no estético. En las artes figurativas, independientemente de si Dentro de ella podemos distinguir claramente cuatro tipos de mons-
el monstruo tiene una explicación en cuanto a significado, en numero- truos:
sas ocasiones, tiene sólo valor como elemento constitutivo de la obra en El activo. El monstruo animado; el que actúa e interactúa impulsa-
cuestión. Es decir, altera e impone un nuevo ritmo a la obra. El cambio do, ya sea por una entidad superior, ya sea motu proprio, pero siempre
de ritmo es impuesto por los detalles monstruosos, dada su gran fuerza con cierta independencia comportamental. Un buen ejemplo de este
de atracción. monstruo lo tenemos en el Endriago del Amadís.
El monstruo llama poderosamente la atención; por eso, entre otras El cuasiactivo. Es aquél que actúa como autómata, sin numen pro-
cosas, los monstruos, como los animales, son usados como auxiliares en pio. Encarna una gran fuerza desencadenada y sustraída a toda moral.
los géneros didácticos. Se utiliza al monstruo tal y como lo señala su eti- Tan pronto es “bueno” como “malo”, pero no puede decirse de él, con
mología más simple: para mostrar algo. Difícilmente puede pasar inad- propiedad, que sea ni lo uno ni lo otro. Su indeterminación en ese sen-
vertido. El monstruo atrae, pero también repele. Qué mejor que un tido es debida a su falta de albedrío y decisión. Un ejemplo claro es el
monstruo para lograr la atención de alguien y al mismo tiempo mostrar Golem tal y como lo presenta Borges.
lo repulsivo del mal. El monstruo persiste en su uso ornamental, perma- El pasivo. Este monstruo sirve de resguardo y protección contra algo
nece en la utilización artística, con variaciones debidas a técnicas y a o alguien. No necesita entrar en acción. Es dinamismo estático, y su fun-
ideologías.56 ción es disuadir la ejecución de algún acto. Contamos con numerosos
Los ejemplos serían interminables y no creo conveniente ahora ex- ejemplos en los monstruos apotrópeos situados en las entradas y pórti-
tendernos demasiado en este punto, sólo habrá que tener en cuenta que cos de algunos edificios.
también, en ocasiones, las disquisiciones filosóficas y lucubraciones es- El neutro. Es el monstruo que simplemente muestra algo; una señal
téticas y simbólicas sobre monstruos, simplemente, están de más. o un acontecimiento. No ejecuta ninguna acción ni impide acto alguno.
Ejemplos de estos monstruos los tenemos en los partos monstruosos y
en los monstruos muertos al nacer.
Considero que son estas las categorías funcionales más importantes
para la clasificación de los monstruos. Pero son muchas las clasifica-
ciones posibles: a partir de su origen, de su función o de su ser.57 Aunque

56
Por ello, Kappler recuerda que: “Entre los monstruos medievales y los contempo- 57
Y por ello considero oportuno traer a colación las palabras de Barthes en su artículo
ráneos, el elemento que parece más sujeto a variaciones es la técnica misma del dibujo. “Las láminas de la enciclopedia”: “Este objeto enciclopédico está generalmente represen-
Otros motivos de diversificación se encuentran no en el propio monstruo, sino en el uso tado por la imagen de tres niveles: antológico, cuando el objeto aislado de todo contexto
que de él se hace según el nivel cultural, el marco histórico, etnosociológico, psicológico, está presentado en sí mismo; anecdótico, cuando está ‘naturalizado’ por su inserción en
etcétera”. p. 328. una gran escena viviente (es lo que se llama la viñeta); genético, cuando la imagen nos

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HÉCTOR SANTIESTEBAN EL MONSTRUO Y SU SER

en realidad, las tres distinciones coinciden, están relacionadas íntima- huelga decir que al monstruo se le describe en lo monstruoso. Y es que
mente; una determina a la otra. el monstruo es por definición lo insólito, lo anormal, lo no cotidiano;
Detengámonos un momento en los monstruos apotrópeos. El mons- por ello, el monstruo es noticia. En México había visto revistas, pseudo-
truo disuade ejecuciones de actos. El temor al monstruo es fundamental periodismo (por ejemplo el Semanario de lo insólito) con monstruos como
para su existencia. En el presente siglo, dada la escasa intimidación que noticias principales; se trataba de algo más allá de lo kitsch. Sorprenden-
produce debido al desgaste de formas que fueron amenazantes ante- te. Pero no menos sorprendente fue ver que en España se hiciera una re-
riormente, el monstruo se ha transformado en una serie de entes irreco- vista muy similar. Tal parece que el monstruo posee el don de la ubi-
nocibles a primera vista. Fuerzas de la naturaleza aparecen monstruo- cuidad. La reflexión que se sigue a esto respecta a la temporalidad: es
sas, así como seres que anteriormente parecían amigos. El monstruo, la probable que se le diese un uso parecido en el pasado, resaltando el sen-
expresión del monstruo para ser exactos, ha adquirido derroteros sacionalismo para aumentar su interés con el simple afán de aumentar
extraños que prueban que la figura monstruosa es la imagen, tal vez la la expectación del público con el interés del lucro o de la notoriedad.
más acabada y propia del ser monstruoso; pero la esencia de esa imagen
puede transformarse diversamente y puede llegar a ser sólo sombra o Monstruo, espejo e imagen
indicio. El monstruo puede ir acompañado de sombra, misterio y mar-
ginalidad. Así es, llevando más lejos la idea de monstruo, tenemos a la El monstruo es imagen. Aun cuando el monstruo sea recreado verbal-
representación invisible o a la sombra o a la presencia que sólamente se mente, sigue siendo primordialmente visual. El lector imagina la figura
deduce. Esto se deja ver en la Ilíada en las referencias que hacen algunos que le sea referida por la palabra y completa la estampa visual en su
personajes; también en lo que dice Novalis: “Estamos más unidos a lo mente. El dragón que mira y el espejo. En atención a ello es que traigo
invisible que a lo visible”. En repetidas ocasiones, el problema del a colación las palabras de Beresniak:
monstruo no es dicotómico, sino gradativo.
Tal vez el verdadero quid del problema es lo que el monstruo es en El que mira revela al contemplado, por lo que la mirada del dragón se con-
sí mismo y lo que es para el hombre que lo crea, que lo cree, que lo re- vierte en instrumento y símbolo de la Revelación. Es más, manifiesta la
crea y que se recrea con él. Considero fundamental considerar tanto al unión del que mira y del que es mirado, del Creador y de su creación. El
monstruo en sí mismo, como en las relaciones existentes entre el mons- dragón es, pues, el espejo que devuelve al hombre la imagen de su natu-
truo y otras entidades, en especial, la dada en la relación dual hombre- raleza oculta.58
monstruo.
El monstruo no es idea sino una “reflexión de la idea en el espejo”;
El monstruo y el periodismo kitsch en un espejo deformado, y por tanto, deformante; pero el objeto refleja-
do es real antes de la deformación, antes de la experiencia, pertenece a
Resulta sorprendente el uso que todavía se le da al monstruo en el pe- una realidad objetiva general. Una vez deformado, formará parte de la
riodismo kitsch, en la noticia monstruosa de nuestros tiempos. Casi realidad ficcional.
Es a partir de esta diferencia de objeto antes y después de la expe-
riencia –en el sentido kantiano–, que he creído conveniente, en el pre-
proporciona el trayecto que va desde la materia bruta al objeto terminado: génesis, esen-
cia, praxis, el objeto está así abordado bajo todas sus categorías: en tanto es, en tanto es
hecho y en tanto hace” Barthes “Las láminas de la enciclopedia”, en El grado cero de la
escritura, p. 124. 58
Beresniak y Random, El dragón, p. 31.

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HÉCTOR SANTIESTEBAN EL MONSTRUO Y SU SER

en realidad, las tres distinciones coinciden, están relacionadas íntima- huelga decir que al monstruo se le describe en lo monstruoso. Y es que
mente; una determina a la otra. el monstruo es por definición lo insólito, lo anormal, lo no cotidiano;
Detengámonos un momento en los monstruos apotrópeos. El mons- por ello, el monstruo es noticia. En México había visto revistas, pseudo-
truo disuade ejecuciones de actos. El temor al monstruo es fundamental periodismo (por ejemplo el Semanario de lo insólito) con monstruos como
para su existencia. En el presente siglo, dada la escasa intimidación que noticias principales; se trataba de algo más allá de lo kitsch. Sorprenden-
produce debido al desgaste de formas que fueron amenazantes ante- te. Pero no menos sorprendente fue ver que en España se hiciera una re-
riormente, el monstruo se ha transformado en una serie de entes irreco- vista muy similar. Tal parece que el monstruo posee el don de la ubi-
nocibles a primera vista. Fuerzas de la naturaleza aparecen monstruo- cuidad. La reflexión que se sigue a esto respecta a la temporalidad: es
sas, así como seres que anteriormente parecían amigos. El monstruo, la probable que se le diese un uso parecido en el pasado, resaltando el sen-
expresión del monstruo para ser exactos, ha adquirido derroteros sacionalismo para aumentar su interés con el simple afán de aumentar
extraños que prueban que la figura monstruosa es la imagen, tal vez la la expectación del público con el interés del lucro o de la notoriedad.
más acabada y propia del ser monstruoso; pero la esencia de esa imagen
puede transformarse diversamente y puede llegar a ser sólo sombra o Monstruo, espejo e imagen
indicio. El monstruo puede ir acompañado de sombra, misterio y mar-
ginalidad. Así es, llevando más lejos la idea de monstruo, tenemos a la El monstruo es imagen. Aun cuando el monstruo sea recreado verbal-
representación invisible o a la sombra o a la presencia que sólamente se mente, sigue siendo primordialmente visual. El lector imagina la figura
deduce. Esto se deja ver en la Ilíada en las referencias que hacen algunos que le sea referida por la palabra y completa la estampa visual en su
personajes; también en lo que dice Novalis: “Estamos más unidos a lo mente. El dragón que mira y el espejo. En atención a ello es que traigo
invisible que a lo visible”. En repetidas ocasiones, el problema del a colación las palabras de Beresniak:
monstruo no es dicotómico, sino gradativo.
Tal vez el verdadero quid del problema es lo que el monstruo es en El que mira revela al contemplado, por lo que la mirada del dragón se con-
sí mismo y lo que es para el hombre que lo crea, que lo cree, que lo re- vierte en instrumento y símbolo de la Revelación. Es más, manifiesta la
crea y que se recrea con él. Considero fundamental considerar tanto al unión del que mira y del que es mirado, del Creador y de su creación. El
monstruo en sí mismo, como en las relaciones existentes entre el mons- dragón es, pues, el espejo que devuelve al hombre la imagen de su natu-
truo y otras entidades, en especial, la dada en la relación dual hombre- raleza oculta.58
monstruo.
El monstruo no es idea sino una “reflexión de la idea en el espejo”;
El monstruo y el periodismo kitsch en un espejo deformado, y por tanto, deformante; pero el objeto refleja-
do es real antes de la deformación, antes de la experiencia, pertenece a
Resulta sorprendente el uso que todavía se le da al monstruo en el pe- una realidad objetiva general. Una vez deformado, formará parte de la
riodismo kitsch, en la noticia monstruosa de nuestros tiempos. Casi realidad ficcional.
Es a partir de esta diferencia de objeto antes y después de la expe-
riencia –en el sentido kantiano–, que he creído conveniente, en el pre-
proporciona el trayecto que va desde la materia bruta al objeto terminado: génesis, esen-
cia, praxis, el objeto está así abordado bajo todas sus categorías: en tanto es, en tanto es
hecho y en tanto hace” Barthes “Las láminas de la enciclopedia”, en El grado cero de la
escritura, p. 124. 58
Beresniak y Random, El dragón, p. 31.

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HÉCTOR SANTIESTEBAN

sente trabajo, reflexionar (valga también el sentido etimológico) sobre el


(y al) monstruo sobre las relucientes superficies de ciencias y disciplinas
diversas; unas ciencias que verifiquen el objeto monstruo con paráme-
tros universales atemporales (monstruo antes del reflejo); y unas disci-
plinas que sitúen al monstruo dentro de un decurso histórico (monstruo
después del reflejo).
Como vemos, el monstruo es, en cierto sentido, espejo del hombre.
Acaso un espejo deformado, tal y como nos vemos en la “Casa de los es-
pejos” de nuestras ferias modernas. Tenemos que observarnos al espejo
y escuchar nuestro interior. “Yo no soy ese, pero sí soy ese, o podría ser
yo así? La visión espantosa nos mueve a risa. Y es que esa risa que nos
sugiere el espejo va ligada al espanto, tal y como señalan Freud, Nietzs-
che y algunos etólogos modernos. Incluso Nietzsche, en una parte de su
Más allá del bien y del mal,59 nos alerta que el hecho de observar al mons-
truo, puede constituirse como peligro de quedar convertidos nosotros
mismos en monstruos: “Quien con monstruos lucha cuide de no con-
vertirse a su vez en monstruo. Cuando miras largo tiempo a un abismo,
también éste mira dentro de ti”. El hombre especula sobre el ser que lo
caricaturiza. Prosigo especulando. Precisamente ha sido la risa una de
las mejores armas en contra de los monstruos. El Iluminismo se rió
de los monstruos para mostrar su desprecio por ellos y por sus creyen-
tes. Lo mismo han hecho otros pensadores a lo largo de la historia. No
obstante, el monstruo puede tomarse muy en serio. Y es que el concep-
to monstruo va ligado al concepto de milagro. El milagro puede ocurrir-
le a cualquier persona; sin embargo, santos, héroes y monstruos son los
personajes en los que suelen revelarse con mayor frecuencia este tipo de
acontecimientos extraños y divinos.60 Decíamos que podemos ver en el
monstruo el juego de Dios; un divertimento divino que se ha permitido
el creador. El conocimiento del hombre por el hombre, ese divertimen-
to tan humano que en ocasiones nos permitimos, puede resultar enri-
quecido con la integración del monstruo en la reflexión sobre sí mismo.

59
Madrid, Alianza, núm. 146, p. 106.
60
Véase Le Goff, La civilización en el Occidente medieval, Barcelona, 1969, pp. 339 y ss.

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