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HUELLAS DE LA ESCRITURA DIARÍSTICA HISPANOAMERICANA

EN LOS SIGLOS XVI Y XVII
Daniel Mesa Gancedo

DE LOS NOMBRES DEL TEXTO
Las definiciones del sustantivo «diario», desde Covarrubias («la historia que va contando
los sucesos por días») hasta la edición de 2001 del diccionario académico («Relación históri-
ca de lo que ha ido sucediendo por días, o día por día») parecen ignorar la existencia de la es-
critura fechada de carácter personal o íntimo, que es el objeto cuya genealogía intento trazar
en este artículo. El arcaísmo de la definición académica a comienzos del siglo XXI solo ha
sido corregido muy recientemente.1 Covarrubias, en tal sentido, resultaba ser mucho más
contemporáneo. El Diccionario de Autoridades introdujo alguna precisión («relación histórica
de lo que ha ido sucediendo por días o de día en día, en una expedición, viaje, etc.») y recogió
ya otros dos sentidos que también se perpetuarán en el tiempo: el relacionado con un deter-
minado tipo de publicación («como son los que hoy salen impressos en Francia, Inglaterra y
Holanda con el título de Jornales de los Sabios, que contienen lo que se van adelantando cada
día las Ciencias y las Artes»);2 y, en otra entrada, el relacionado con la economía («el valor o
el gasto correspondiente a lo que es menester para mantener la casa en un día; y también se
toma por lo mismo que se gasta o se come»).
Para el ámbito americano, el primer sentido que recoge el Diccionario de Autoridades es
el que aparece en los registros más tempranos:3 así, el Diario o derrotero del viaje de Magalla-
nes, de Francisco Albo (1519) o las menciones que hace Las Casas al diario de Colón en su

1
Solo en la edición de 2014 del diccionario académico se produce una modificación relacionada con el tipo de texto
cuyo origen me interesa perseguir: se elimina el restrictivo carácter «histórico» y se introduce la acepción de «soporte»
de esa escritura («2. m. Relato de lo que ha sucedido día por día. Escribe un diario íntimo. Los diarios de Jovellanos; 3. m.
Libro o cuaderno donde se lleva un diario»). María Moliner ya había corregido, como última acepción, esa «inexistencia»:
«Narración de acontecimientos distribuida por días; particularmente la escrita por una persona de su propia vida».
2
Aunque solo en el suplemento a la edición de 1803 se incorpora su carácter periodístico: «Escrito periódico, en que
se anuncian, extractan y censuran las obras nuevas pertenecientes a ciencias y artes» o «Papel que se publica diariamente,
en el cual se anuncian las ventas, pérdidas y otras noticias importantes al público».
3
A partir de este momento, las referencias a textos que no aparezcan en la bibliografía final proceden del corpus del
Nuevo diccionario histórico del español.

[ 177 ]

recientemente reeditado (2011). de los que se conocen bastante los de ori- gen germánico (Khevenhüller.4 Ya en el siglo XVI. Otro estudiante. llevó en su lengua un diario más complejo. de José Micón (1578) y empiezan a encontrarse textos más relacionados con el objeto que aquí voy rastreando: el conocido como Diario de Gaspar Ramos Ortiz (1568-1569) es. pero todavía poco atendido por los estudiosos del periodo colonial. un tipo de texto que todos los especialistas sitúan en el origen del género. como Zárate. aparecen. bajo el título de diario obras de otro tipo. como son diarios y rela- 4 Sobre los viajeros americanos del siglo XVI sigue siendo útil el trabajo de Leonard (1992). quien en su Historia del Nuevo Mundo (1653) escribe: «he hallado mucha luz de cosas antiguas en papeles manuscritos. 1544-1546). la introducción a su Historia del descubrimiento y conquista de la provincia del Perú (1555): No pude en el Perú escrebir ordenadamente esta relación (que no importara poco para su perfección). 1619) afirma que la labor del historiador es «escribir diarios de cuanto había y hacía para perficionar con la experiencia la arte». porque entendió que eran más dignos de la ley de olvido (que los atenienses llamaban am- nistía) que no de memoria ni perpetuidad. el italiano Girolamo da Sommaia. que es muy diferente de aquella manera de escribir. en un texto justamente famoso. Bernabé Cobo. (1947: 459) Ese mismo sentido ancilar le darán también los autores del XVII: Luis Cabrera de Cór- doba (Historia de Felipe II. mayormente yendo dividida por libros y capítulos. con las «efemérides»). pero no traducción hasta ahora (Oliván. de su estancia en esa misma universidad entre 1603 y 1607. Harrach o Pötting). como el de fray Tomás de la Torre (entre Salamanca y Chiapas. que se pueda llamar comentarios. Del de Harrach hay edición en alemán de 1872. no obs- tante. 5 Este último es el único directamente escrito en español. [ 178 ] . un libro de cuenta y razón de un estudiante de Salamanca. pro- piamente. «LA RAZÓN ES AURORA». 1995). Esta deriva podría llevarnos a atender los diarios de diplomáticos extranjeros en España. Necesitome a cesar allá en la escriptura. aunque no va tan breve ni sumaria. y a menudo más personal. puntualísimos en la anotación cronológica. 2012). firmada por Diego Pérez de Luxán (Ahern. que lo incluye como un material instru- mental para escribir historia. y a traer acá para acabarla los memoriales y diarios que pude haber. como el Diario y juizio del grande cometa que nuevamente nos ha aparecido hacia Occidente (relacionados. porque solo haberla allá comenzado me hubiera de poner en peligro de la vida con un maestre de campo de Gonzalo Pizarro. También suele presentarse como diario la relación —al parecer aún inédita— de la expedición de Antonio Espejo al territorio de Nuevo México entre 1582 y 1583. o. Pero la historia del género progresará si atiende a otros textos publicados como diarios de viaje. aunque sin relación con el territorio americano. de nuevo más cerca del contexto americano. por medio de los cuales escribí una relación que no lleva la prolijidad y cumplimiento que requiere el nombre de historia. el sentido histórico del diario es asumido y matizado por los teóri- cos de la historiografía del siglo XVI. ESTUDIOS EN HOMENAJE A LA PROFESORA AURORA EGIDO Historia de las Indias (1527-1559). que amenazaba de matar a cualquiera que escrebiese sus hechos.5 Volviendo a América. pues.

presbí- tero de esta ciudad. que corre desde el año de 1648 hasta 1664. y guardan ahora sus descendientes» (Cobo.6 Otra cosa serán los libros de cuentas oficiales. 1691). tampoco han recibido atención en el ámbito americano. A diferencia de lo que ocurre para el territorio peninsular. que no los haya. determiné no solo continuarlo (por haberme parecido bien. 2004. Joan Pérez de Mirabal (Relación Mirabilina. (Robles. que pretendía «escribir y sacar del diario relaçion de la jornada que se auia de haçer aquel año como en efecto se hiço». Albani. que todavía se encon- trará en el siglo XVIII para textos semejantes (como el de Rosales. anota: Con ocasión de haber leído el año de 1700 el diario del Lic. 1661) escribe sobre la exploración de la actual Bolivia. desde luego. Así. afirma que se valdrá de «las cartas y diarios» que se escribieron para construir su propia relación (Relación de lo sucedido a la armada de Barlovento. el comendador Francisco Zorrilla. 1890: 4). no obstante. por el momento. en que fue provisto. Gregorio Martín del Guijo. señalar que poco después Robles se refiere a su texto como «ese cuaderno». la existencia de «libros de cuentas» individuales vinculados al territorio y periodo colonial no ha ofrecido testimonios evidentes. desde 1529. Por lo que se refiere a los «libros de memoria» (Castillo Gómez. 2008: 165). Mandingorra. Carlos de Sigüenza y Góngora.7 Más específicos deben ser los denominados «libros de armadas» («libros de cuentas de gastos de armadas»). En el Archivo General de Indias se encuentran referencias a los «libros de razón» que debían llevar los contadores de la Real Hacienda. 2002). o no han merecido atención desde el punto de vista que aquí me interesa. hasta 1536». Rodríguez Vicente (1975) o Róspide (1998). Roger Chartier (2006: 56 6 Pueden verse los trabajos de Donoso Anes (1996). y a otros que lo han visto). poniendo de relieve una cierta indeterminación genérica. Entre la historia y lo que podríamos considerar protoperiodismo se sitúan ya algunos textos novohispanos de finales del siglo XVII. [ 179 ] . HUELLAS DE LA ESCRITURA DIARÍSTICA HISPANOAMERICANA EN LOS SIGLOS XVI Y XVII I DANIEL MESA GANCEDO ciones que hicieron algunos conquistadores. allá por 1702. Mayor interés —desde el punto de vista que me interesa— tiene una Real Cédula de 1528 que exige a un pescador de perlas en la Española que «lleve registrada en un libro la cuenta y razón de las perlas y de las personas que en su pesca trabajen». La importancia del soporte para identificar un tipo de texto cuya configuración genérica está en surgimiento hace reparar en algunos testimonios relacionados con otros tipos de escritura que también se han puesto en el origen de ese género: los —ya citados— «libros de cuenta y razón» y los «libros de memoria» (mucho menos considerados desde este punto de vista para el ámbito americano). lo que no quiere decir. sino comenzarlo desde que se ganó este reino por los españoles. de los que se conservan en el Archivo documentos desde al menos 1495. como el «libro de cargo y descargo del contador de Guatemala. en el prólogo que Antonio de Robles pone a su «diario de sucesos» cuando lo compila. 7 Para esta ocasión. por fin. Ladero Quesada (2008). los datos proceden de la consulta del muy detallado catálogo on line del mencionado Archivo. 1853: 10) Conviene.

DEL SUCESO AL ESPÍRITU Se ha mencionado antes un tipo de diario que ocupa un estatus textual intermedio entre la crónica histórica y el protoperiodismo:9 son los diarios noticiosos. podría considerarse pieza clave en la historia de la alfabetización. que pone en marcha su campaña contra los indios en virtud del recuerdo de unos presagios que tenía escritos desde años atrás en su libro de memoria: «Estando paseándose en su casa. Veinte años más tarde. Sea como sea. El diarismo. así. ya que el diario. / Presente en su criado bien afecto. extraña obra compuesta en forma de coloquios en verso.) da noticia de «un tal Jorge Noé». que recibió las oportunas precisiones de Egido (2004). tienen también su capítulo en la historia del género en Francia. Quizá en este apartado relacionado con la inscripción de la memoria (y de los días) sobre soportes más o menos fungibles pudiera incluirse la conocida octava del canto XXXVI de La Araucana en la que Ercilla nos informa que dejó escrita. que recopilan sucesos 8 La mnemotecnia en su relación con el Nuevo Mundo ha sido estudiada por Taylor (1987). Para que no le tomaran por supersticioso. 1897: 265). 2004: 58). semejantes a los que se evocan para el ámbito peninsular. ESTUDIOS EN HOMENAJE A LA PROFESORA AURORA EGIDO y ss. como arma de sometimiento (análogo a cual- quier otro libro): «[…] luego despacharon. En un poema sobre la conquista del sur de EE. con un cuchillo sobre la corteza de un árbol. / El libro de memoria. / Con que era el General obedezido. porque en viendo / Los bárbaros el libro se rendían» (Canto XVII. un estudio detenido de estas cuestiones debería relacionar la escritura diarística con las artes de la memoria8 y apoyarse también en los manuales de escribientes (Egido. reconstruye una larga escena protagonizada por el gobernador de Chile hacia 1598. 1610). Martín García de Óñez y Loyola. el postrer día». (Historia de la Nueva México. su llegada al confín austral «el año de cincuenta y ocho entrado / sobre mil y quinientos. «LA RAZÓN ES AURORA». si se considera que las inscripciones de Rétif de la Brétonne en los pretiles del Sena. Torre [ 180 ] . por hebrero. articulan- do en jornadas el texto. en él puesto / El papel del pronóstico ya dicho». ed. 179-183). Posterior es la aportación de Báez Rubí (2005). UU. Gaspar de Villagrá menciona el «libro de memoria» del conquistador Juan de Oñate. 9 Y que deben por tanto considerarse en la serie definida por géneros que se remontarían a las acta diurna romanas y que tienen antecedentes y consecuentes más próximos en las relaciones de sucesos. 2003). hojas volanderas. Melchor Jufré del Águila. Simonet-Tenant—. vv. / De toda aquella tierra. que era el sello. entre otros. remite —como todo escrito segmentado y organizado— a un autor más o menos familiarizado con la cultura letrada (Castillo Gómez. / a las dos de la tarde. que llevó unas cuantas docenas de «libretes de me- moria» a Nueva España a finales del siglo XVI. durante varios años a fines del siglo XVIII —como recuerda. en su Compendio historial del descubrimiento y conquista del reino de Chile (1630). Aún podrían aducirse algunos testimonios. / Sacó un pequeño libro de memoria / Que una escribanía de papeles / Traía bien guardado. tanto de las sociedades como de los individuos. El lugar no es tan excéntrico. avisos o gacetas. decide actuar contra el pronóstico (y contra la prudencia): «En el fuego arrojó papel y libro» (Jufré del Águila.

los textos más importantes son el de Juan Antonio Suardo. Carácter singular tiene el texto escrito por Chimalpahin Quauhtlehuanitzin (Domingo Francisco de San Antón Muñón. prescindiremos de toda clase de diarios y gacetas manuscritos. 11 Según Jouvé Martín. 14 «Prescinde de lo sabido y escudriña lo oculto e ignorado. se excusaba de dicha tarea y trasladaba la obligación a otros (que Revello (1973: 160-205) comienza su panorama clásico afirmando: «En el panorama que vamos a trazar sobre el origen del periodismo en la América colonial. más relacionado con el género de los «anales» que con el diario. en el caso de Mugaburu). 13 El manuscrito —después de una peripecia que recuerda Jouvé Martín— se encuentra actualmente en Bloomington (Indiana). va poco a poco dando cabida en esos textos a lo autobiográfico (especialmente. el editor del diario de José de Mugaburu en 1917 (IV). que continúa la labor del anterior y abarca los años 1665-1703. que si pudieron tener en su tiempo alguna circulación. con carácter de insustituibles». en esa escri- tura cobra el suceso trivial (como señala Vargas Ugarte en su edición de 1936 del Diario de Suardo: VII). [ 181 ] .11 Para el virreinato del Perú. Hombres de este siglo nos hallamos delante de un escenario que va a reproducir en maravillosa fantasmago- ría la vida íntima de las generaciones que vivieron cinco siglos ha». 12 El original está en el Archivo General de Indias. empezará a desprenderse muy tímidamente el germen del diario personal. también conocido como Diario. Publicó algunos fragmentos Ventura García Calderón en 1916. son los de Gregorio Martín de Guijo. considerándolos. con precisiones interesantes sobre las peculiaridades del texto. dice Horacio H. ve más el acto íntimo social que la vida política y la acción externa […]. estos textos obedecían al reclamo de la autoridad: dos Reales Cédulas de 16/12/1623 y 23/11/1631 (recordadas por Vargas Ugarte en su edición de 1936 del diario de Suardo: VI) exigían al virrey «relación diaria». esta siempre debió ser reducida por su naturaleza a un grupo escaso de personas. 1579- 1660). incluso en algunos de sus aspectos. por ahora exiguo. y Bartolomé Rosales.10 los tres referidos al virreinato de Nueva España. 1936). para los años 1683-1688. como identifica su editor. «su hermano Nicolás del Guijo […] también escribió diario curioso» (III). La atención a lo ínfimo se equipara casi con la atención a lo secreto y por ese camino empieza a vislumbrarse lo íntimo (aunque sea una intimidad paradójicamente colectiva). que se repro- duce como «maravillosa fantasmagoría». Los más conocidos hasta ahora. añadiéndole al- gunas cosas y quitándole otras» (II). El virrey. Se trata de un texto en náhual. por ejemplo (Suardo. y se refiere también a la época prehispánica. por supuesto. anotado sin solución de continuidad al lado del suceso notable.14 Generalmente. de los años 1629-1639. Sin embargo. valoramos su verdadera importancia como documentos históricos. La creciente importancia que.13 De este corpus. HUELLAS DE LA ESCRITURA DIARÍSTICA HISPANOAMERICANA EN LOS SIGLOS XVI Y XVII I DANIEL MESA GANCEDO ocurridos en las capitales virreinales y reciben —salvo excepciones como la señalada más arriba— el nombre de «diarios» (de cosas o de sucesos notables) una vez editados (lo que al menos para el ámbito americano no ocurría inmediatamente). 10 Editado por Benedetta Albani en 2008. y poco después se publicó completo. Antonio de Robles. anotar «día por día» lo sucedido en la ciu- dad. cercano a unas actas en no pocas ocasiones. Y en nota cita como ejemplo el Diario de Suardo. Este último da información sobre el modo de composición y difusión de su texto y noticias de otros diarios de la misma índole: «confieso que casi la mitad de lo contenido en este tomo lo he sacado de un diario curioso del Lic. Diego de Calderón Benavides. por afán de exhaustividad. de los años 1648-1664. los originales de Martín del Guijo y Robles están perdidos. con descripción física y del carácter que lo diferencia de Mugaburu. Arteaga.12 y el de José de Mugaburu —continuado por su hijo Francisco— que abarca los años 1640- 1694.

a no considerar el diario espiritual como equivalente de la autobiografía (o vida) espiritual18 y. que en su observancia hallare. Martínez i Álva- rez (2000b). Pero esa condición de «escritura por mandato». hay que consultar al menos los trabajos de Herpoel (1999). hacen de la verbalización un instrumento de constitución del sujeto. pone a los diarios noticiosos en relación con el otro gran venero de escritura (más o menos) personal fechada del periodo que nos interesa: los diarios espirituales. Lavrin y Loreto López (2002). Más cerca de la escritura diarística se encuentra uno de los pocos modelos masculinos que suele integrarse en esa tradición: Ignacio de Loyola. 1762. Garí de Aguilera (2001). a pesar de que a veces se hayan editado bajo ese marbete (Teresa de Jesús. y virrey de Nueva España. Arenal y Schlau (2010). fundamen- talmente vinculada con el estoicismo. por lo menos. vol. 83 y 84). 17 La escritura relacionada con el autoexamen y sujeta al hilo del tiempo tenía una larga tradición clásica. desconocido quizá. por ejemplo. Tal como se refleja en las epístolas a Lucilio de Séneca (especialmente en las cartas 1. Juan de Palafox y Mendoza. no tienen en cuenta la tradición de la escritura conventual femenina. Loreto López (2006). quizá. cuya trans- cripción se convertirá en una especie de topos del género (dirigido en este caso a un lector inmediato y conocido. Se trata de una escritura fundamentalmente femenina. y para esto haga un diario secreto de lo que ha de hacer desde la mañana a la noche. y pidiéndole perdón de los defectos. es decir. Myers (2003). Especialistas en la historia y teoría del diario. junto con la recién aludida condición «fantasmagórica» (para un lector futu- ro. Ame- lang (2005) o Poutrin (1995). que el sujeto practica en el marco de una relación de obediencia absoluta a un maestro»). y examinándose delante de Dios. A partir del XVIII. «LA RAZÓN ES AURORA». cuando en 15 Para la «autobiografía espiritual por mandato». que la pone en relación con los hypomnémata («soportes de la memoria») o con ejercicios del cristianismo primitivo como la exomológesis («la expresión teatralizada de la situación del penitente que manifiesta su estatuto de pecador») y la exagóreusis («una verbalización analítica y continua de los pensamientos. 16 Quien no dejó entre sus escritos ningún diario. que se conforme con aquella. Diario espiritual teresiano). pero esperado). diarios». un lugar poco citado y muy revelador para mis intereses —por la calificación que da a la escritura— se encuentra en el «Abecedario espiritual» incluido en una de las cartas pastorales del famoso obispo de Pue- bla de los Ángeles. como Simonet- Tenant. Ferrús (2005). según Foucault. cabría añadir. Viforcos y Loreto López (2007). Castillo Gómez (2008). Para este vínculo.19 Muchos de esos textos aparecen calificados como diarios. que debería legitimarlas). También estos eran escritos por mandato (del confesor. 19 La bibliografía es casi abrumadora: Aguirre (1994). generalmente)15 y en ellos la fantasmagoría alcanza su paroxismo en las «visiones». en relación con el surgimiento de nuevos tipos de religiosidad (y. de espiritualidad y de autoanálisis). Valdés (1992). antes la quebranten a ella. con consejo de su Padre espiritual. siguiendo el modelo de Teresa de Ávila. ed. Sobre la regla de su profesión siga otra interior. [ 182 ] . ESTUDIOS EN HOMENAJE A LA PROFESORA AURORA EGIDO quizá ya habían emprendido esa escritura voluntariamente). tomándose cuenta al día. 18 Así Amelang (2005: 156) se refiere a los textos conventuales del periodo 1550-1680 como «vidas espirituales. que ya no implica la renuncia a sí mismo. con larga tradición desde la Edad Media. Martínez Cuesta (1995).17 En esa línea. (Palafox y Mendoza. leyes que no quebrante la naturaleza. sin salir de ella.16 y que parece entrar en definitiva deca- dencia a principios del XVIII. es fundamental el análisis de Foucault (1999: 473 passim). IV: 251-252) Semejante indicación incita. a tratar con mayor sutileza el ciertamente amplísimo —también en el Nuevo Mundo— corpus de textos espiritua- les-conventuales. fechada en 1645: Impóngase a sí misma el alma. pero reactivada de modo excepcional en el siglo XVI. las «ciencias humanas».

posteriormente liberada. Conviene señalar que esa inscripción de fechas. pero siempre desde una perspectiva documental y antropológica —que según otros especialistas en las escrituras personales. de diferente extensión (también editadas por Van Deusen en el mismo volumen). De menor interés es la tesina de Valenzuela Flores (2014). siguió sir- viendo en el convento de Santa Clara de Lima como monja donada hasta el momento de su muerte. casi siempre referidas al calendario litúrgico. son propiamente instrumentos de examen y control. en el mejor de los casos de carácter híbrido. colectivo o individual. La opinión extendida de que esa diferencia en la práctica diarística obedece a cuestiones religiosas (protestantismo / catolicismo) merece. van Deusen. que lo editó en 2012 (Úrsula de Jesús. 2004). que no hay ocasión de analizar aquí. lo que se lee es uno de esos productos híbridos que acabo de mencionar. no deja de presentar lugares controvertidos —cuando usa la notación gregoriana—. 1640-1706). Las ánimas del purgatorio). quien más aten- ción ha prestado a esta monja ha sido Martínez i Álvarez (2000a. Si se aplica un criterio más estricto. pero en cualquier caso heterónomo: el individuo del siglo XVII (salvo quizá en una Inglaterra que ya ha co- nocido una revolución)23 es un sujeto dependiente. motivados todavía —como los diarios de viajes del siglo XVI— por el reclamo externo de una autoridad política o eclesiástica. 22 El diario —cincuenta y siete folios escritos por diversas manos y a veces de difícil legibilidad— sirvió de base. casi contemporáneamente. los diarios ingleses se distinguen por su carácter personal e íntimo incluso de los diarios fran- ceses contemporáneos. los textos hispanoamericanos trazan un rastro distinto: muy alejados de lo personal. aún más si habita una realidad marcada por estructuras de poder coloniales. [ 183 ] . DE LAS HUELLAS AL PUNTO DE PARTIDA A pesar de que los diarios (noticiosos o espirituales) de la segunda mitad del siglo XVII que acabo de mencionar son casi estrictamente contemporáneos de aquellos que se tienen por los más remotos ancestros del diario personal en la tradición europea (los de los ingleses Samuel Pepys. Uno de los textos más relevantes podría ser el denominado diario espiritual de la monja novohispana María de San José (1656-1719). 21 Aparte de Nancy E. pues su destino está sujeto a 20 Myers y Powell (1999). a pesar de la consideración de los edi- tores modernos y de que la propia monja se refiere en el texto a algunos cuadernos perdidos —que tal vez tuvieran rigor diarístico y apoyaran la reescritura—. Enajenado en su tiempo.21 Esclava negra. en los que se pasa sin solución de continuidad de lo diarístico o lo epistolar a lo propiamente auto- biográfico. la mues- tra se reduce considerablemente y en ella destaca por su singularidad el diario de la monja peruana Úrsula de Jesús (1604-1666). Pocas de esas «vidas espirituales» son tan puntillosas en la inscripción de la fecha como el relativamente breve manuscrito conservado de esta monja peruana22 y por eso me- recería un lugar privilegiado en la reconstrucción de la genealogía de la escritura diarística hispanoamericana. 1660-1669. debería ser superada—. o John Evelyn. al menos a dos «vidas» de la monja. alguna reconsideración.20 Pero. HUELLAS DE LA ESCRITURA DIARÍSTICA HISPANOAMERICANA EN LOS SIGLOS XVI Y XVII I DANIEL MESA GANCEDO realidad son relatos retrospectivos. sin embargo. como Castillo Gómez (2001). 23 Como señala Foisil.

al menos Dusini (2005) y Lejeune (2006). secretario del Cabildo Catedral Metropolitano de México». no progresivo. en Historia de las mujeres en España y América Latina. Para la importancia de los modos de fechado. Margarita (1994). Pero. hay que ver. algún día. 41. 38. que pertenece a otros y solo puede ser medido con dificultad. El diario de noticias y el diario espi- ritual. debe concluir aquí a la espera de que el irreparable tiempo permita. James (2005). y avanzar un paso más en la todavía precaria reconstrucción del surgimiento del diario personal en el ámbito hispánico. «Testimonio oral. la notación calendárica es aún inestable. 155-168. pero para fechar los sucesos todavía es muy habitual —especialmente en textos con- ventuales. ESTUDIOS EN HOMENAJE A LA PROFESORA AURORA EGIDO otras voluntades. «Autobiografías femeninas». Este repaso. La experiencia del claustro. BIBLIOGRAFÍA Aguirre. parece evidente que —también como en el caso de los diarios de viaje— eran redactados ex post facto. memoria y violencia en el diario de Diego Pérez de Luxán: Nuevo México 1583». Madrid. «LA RAZÓN ES AURORA». Cátedra. El mundo moderno. Albani. procuran retener lo sucedido para mejor comprender lo propio (sea colectivo o individual). parar un punto. «Un documento inédito del siglo XVII: el “Diario” de Bartolomé Rosales. sin excluir un even- tual cotejo intramuros / extramuros. no obstante. Estudios de Historia Novohispana. SERNAM. los diarios de noticias y los diarios espirituales del siglo XVII reducen la distancia temporal entre los hechos y la escritura. Amelang. Revista de Crítica Literaria Latinoamericana. con anotación más o menos precisa de las fechas. 153- 163. oposición que. que traducen una experiencia del tiempo distinta de la del siglo— el uso del calendario litúrgico —cíclico. o —en cualquier caso— no plantean una oposición tan evidente entre el antes de los hechos y el ahora de la escritura. Benedetta (2008). Maureen (1995). aunque esto sea así y puedan considerarse pragmática y formalmente relacionados con esos diarios de viaje. vive también enajenado de su tiempo. aunque la organización del enunciado en estos textos se estructure día por día. podríamos decir—. lo que refleja el uso continuado de tiempos verbales del pasado. 1992). en el caso de los diarios de viaje. por el contrario. II. vol. por ejemplo. Ahern. 24 No existe todavía el reloj personal. Para la historia del calendario.24 Por otro lado. reparar aquello que la memoria no ha retenido. No son pocas las líneas de lectura que estos textos invitan a recorrer. les aporta una cierta perspectiva etnográfica: la definición-descripción de lo ajeno-remoto desde el punto de vista de lo propio-actual (Leonard. que podría reportar resultados curiosos. apenas a finales del siglo XVI se ha adoptado el calendario gregoriano. Monjas y conventos. es esencial Maiello (1996) y para la historia del reloj Dohrn-Van Rossum (1997). [ 184 ] . 165-207. Santiago de Chi- le.

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