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Para Ana Sofía González

Hace mucho tiempo, en una Grecia muy muy lejana…se comenzó a festejar una celebración en
honor al natalicio de hombres ricos, así como de los faraones en Egipto, tradición que comenzó a
conocerse como Cumpleaños.
Se creía que toda persona nace acompañada de un espíritu protector, un espíritu que cuidará de
nosotros toda la vida. Esta idea fue tomando diferentes formas con el paso de los años, llamándose
Ángel de la guarda, hada madrina en el caso de las fábulas, y Santo patrón.

En el templo de Artemisa, a quien se conociera como la diosa del nacimiento, colocaban pasteles
redondos, como la luna, hechos con miel, (como la luna) adornándolo con cirios encendidos. El
fuego de estas “velitas” rinde tributo a quien se le celebraba el cumpleaños, y traen buena suerte;
incluso se cree que son capaces de conceder deseos.

La misma mitología también dice que en la antigüedad, cuando las almas vagaban por el mundo sin
encontrar cuerpos humanos que habitar, existió una que decidió no ocupar un cuerpo, una que vagó
por todo el mundo a través de su historia; cuidando de otras tantas almas buenas que ayudaron a
crear espíritus eternos. A esa alma se le conoce como “Oculis”.

Oculis marchó por todos los rincones del tiempo y el espacio, desde que el humano descubrió el
fuego, estuvo junto a da Vinci cuando pintó la Mona Lisa. Estuvo dando vueltas a Copérnico cuando
descubrió el movimiento de los planetas alrededor del sol, y se impregnó en cada una de las cartas
del general San Martín a su hija. Hizo rima con cada uno de los poemas de Sor Juana, y vibró con
cada nota escrita por Wolfgang Amadeus Mozart. Un alma que acompañó a Rivera desde sus
primeras obras, y voló con los hermanos Wright antes de ver nacer a Frida.
Oculis se encontró vagando y cuidando hasta que fue concebida la promesa de una grandeza que
no había visto antes, algo que la cautivo de la misma manera en que lo hicieron los grandes del arte
en su momento, pero que se sentía diferente, único.
Fue entonces cuando esta alma de 15 mil millones de años de edad decidió encarnarse y pertenecer
a la promesa más pura y brillante que jamás, en su corta edad, había visto.

Lo hizo el ducentésimo septuagésimo noveno día del año de 1995, día en que se descubre la
estrella Helvetios, en la constelación de Pegaso, por lo cual se considera una fecha en la que nace
una estrella.

Hasta la fecha, la grandeza de esta mitológica alma reside al cuidado de esta persona a quien ella
eligió al verla nacer un 6 de octubre hace 23 años. Se dice que cuando el espíritu de esa persona
deje este mundo, Oculis la llevara de la mano para seguir su aventura, y su recuerdo será eterno.

E.C.

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