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La Mente

«La Mente»

La mente más allá del cerebro


Tal y como hemos visto, tenemos una tendencia casi instintiva a creer que las
mentes están en nuestras cabezas, pilotando nuestros cuerpos como si fuesen
hombrecillos diminutos. A su vez, muchos científicos, tanto en psicología
como en neurociencias, asumen que la mente está ubicada en un lugar concreto
del cuerpo. Por ejemplo, se le suele dar mucha importancia al lóbulo frontal, ya
que esta parte del encéfalo tiene un rol muy importante en la toma de decisiones
y en la iniciación de movimientos.
Otro investigadores han hecho lo contrario, asociando la mente a localizaciones
más grandes. Más allá de teorías pseudocientíficas que hablan de mentes
cósmicas que mantienen recuerdos sobre vidas pasadas, están los defensores de
otras maneras de la idea de que la mente está más allá del sistema nervioso. Por
ejemplo, desde la teoría de la embodied cognition se considera que las
posiciones, movimientos del cuerpo, así como los estímulos que captan, forman
parte de la vida mental, ya que condicionan lo que pensamos y lo que sentimos.
Por otro lado, autores como Andy Clark, defensores de la teoría de la mente
extendida, creen que esta va más allá del cuerpo individual de las personas, y
se encuentra también en el entorno con el que interactuamos, ya que tanto esos
elementos externos como las partes de nuestro organismo son imprescindibles
para que la mente se comporta tal y como lo hace en el aquí y el ahora. Los
ordenadores, por ejemplo, son lugares en los que almacenamos información, y
nuestra manera de funcionar ya los incluye totalmente como parte de una
memoria expandida.

La pregunta fundamental: ¿existe la mente?


Hasta ahora hemos visto intentos por ubicar la mente, pero para preguntarnos
dónde está la mente es necesario, en primer lugar, asegurarnos de que hay
motivos suficientes para considerar que esta existe.
Los psicólogos conductistas se han caracterizado justamente por rechazar
la existencia de algo llamado mente... o al menos, una que pueda ser
localizada en algún lugar. Del mismo modo en el que el movimiento de un tren
o el dinero que tenemos en la cuenta no pueden ser entendidos como algo
limitado a un sitio, lo mismo ocurre con la mente.
Desde esta perspectiva, creer que la mente es algo similar a un objeto o un sujeto
es el resultado de haber caído en una trampa conceptual. La mente no es una
cosa, es un proceso; un conjunto de disposiciones que tienen sentido cuando se
dan una serie de respuestas a estímulos. De ahí surge el concepto de falacia
mereológica, la tendencia a atribuir a un lugar (en el caso que nos ocupa,
normalmente, al cerebro), algo que se caracteriza por ser un conjunto de
cambios.
Y es que si algo caracteriza a nuestras experiencias y a nuestra manera de
comportarnos es que siempre se da en circunstancias diferentes. Del mismo
modo en el que la primavera no está en un paisaje ni en un país concreto, aquello
a lo que llamamos mente debería ser entendido no como sustantivo.
Puede que la idea de que la mente no existe suene provocadora, pero no es
menos cierto que asumimos que sí existe como dogma, sin paranos a pensar si
realmente es acertado. Lo que está claro es que este es un tema que da para
debatir largo y tendido. ¿Y tú, qué opinas?