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Bienaventurado el profesor que,

aun a riesgo de no ser entendido, insiste en su tarea:

el tiempo dará su fruto.


Bienaventurado el profesor que entiende su
trabajo como una vocación:

será una fuente


inagotable.
Bienaventurado el profesor que, además de promover
la cultura, llena de valores las mentes de sus alumnos:

será forjador
de la futura sociedad.
Bienaventurado el profesor
que confía en las posibilidades de sus alumnos:

se realizará
vaciándose en ellos.
Bienaventurado el profesor que se actualiza y no se
queda desfasado:

comprobará que las materias son las


mismas pero, las formas,
es bueno ajustarlas.
Bienaventurado el profesor
que comparte lo bueno y lo malo con sus compañeros:

no se sentirá sólo
en la difícil tarea de educar.
Bienaventurado el profesor que, más allá de sus
calificaciones, mira a sus alumnos
con una sonrisa y comprensión:

la empatía será una consecuencia.


Bienaventurado el profesor
que disfruta dando lo que tiene:

será rico por lo que


supo dar y cómo lo dió.
Bienaventurado
el profesor que vive y
disfruta sembrando:

otros recogerán lo que él sembró.


otros recogerán lo que él sembró.
Bienaventurado el profesor que se vacía de sí
mismo para llenar el alma, la mente y el
corazón de sus alumnos:

su esencia permanecerá
en las futuras generaciones.
Bienaventurado el profesor
que se muestra tal y como es:

sus alumnos le recompensarán


con la misma medida.
Bienaventurado el profesor que se
involucra en su tarea con todos sus
valores y capacidades:

su compromiso será su mejor valedor.


Bienaventurado el profesor que,
además de su materia, aprende a
llevar a la pizarra los sentimientos
que afloran en el aula:

le llamarán “persona”.
Es domingo, 07 de octubre de
2018- 04:54 h