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.108 ENTREACTOS DE LUCIA.

Sc representaba por primera 'tez Ila LucIa do Lamermoor,


en esta ciudad, en la noche del 23 do Abril de 1865.
Acabado ci primer ado, y desceniendo yo del cielo de la
armonla, de donde me venian aán corpo fin eco misterioso las
dulcisimas cadencias y la suave melodia del regnava net silen-
zio y los patticos murmurios de los lesponsales do Edgardo y
do Lucia,. so me acercó un arniza•: que me trataba con .afable
familiaridad y despues do hablarm?. eon entusiasmo do Assunta,
do Enrico, ci malogrado Enrico & y 1del inmortal Donizzetti,
quiso sacarme do mi bonds preocupathon desplegaudo todo ci
lujo do su inimitable agudeza y do si galano decir.
Ese amigo, a quien ilamard Emilio, y quo es bien cono-
cido entre nosotros, caM dotado dc Is poderosa ficultad do
vibracion y posée un espiritu lnthtigable, pronto siempre a la
replica, respondiendo A cada incidento do la vida pdbllca 6 £
cada episodio do Is v4kteraria con una pAgina, mm linea 6
una palabra; porn so e$ %1e quo e1a palabra justa, la lines
picante 6 la página verdi#ra, siendo su talento tanto tub
seductor cuanto quo so anima en en Imovilidad con todos Ins
colorea do la fantasia. Decir otro rasgo mu seria senalarlo con
on nombre y apellidé.
Emilio, decia, quiso arrancarme del 4xtasis en qua me
hallaba y volverme al diapason normal con suavea y delicadas
transiciones. -
V he usado Is palabra éxtaais, do significacion elevada,
porque expresa perfectamente bien mi pensamiento.
Era Ia pi-imera vez quo yo, másico aficionadisimo, veia y
cia una ópera: esa 6peraera Lucia y Lucia so encarnaba en
Assunta Mazetti.
Desenvolerd mejor ml pensamiento.
T J&fl*C10fl8 11$ ylsTh. 369

Assunta no teria tal vez win artista consumada; pero a


MI me parecia que lo era en esa noche do inefables recuer-
dos; yo la ereia igual é. Is Malibraa a a Is Grisi, que apénas
conocia pot Is faina y que no me era dado calificar de mm
manera conveniente. A Assunta faltaria mucho seguramente pot
lo quo hace al fuego escénico; pero poscia una admirable voca-
lizacion, una voz fresca y argentina quo so desat.aba en caden-
ciosos trinos con una facilidad indescriptible.
Asisti It Ia representacion do Lucia, es decir, de in obra
maestra del más tierno é inspirado do los maestros italianos, y
por ñltimo conocia ya lo quo era ópera, Is recopilacion mu her-
moan del sentimiento musical que cia vida y movimiento, luz y
gracia y donosura a ]as más bellas creacianes del poets;
In
E Opera. do Ia cual no me bahia formado Itntes una idea cabal,
porque A. esta ciudad, escondida entre abrupta.s montafias, no
habianllega4o otras melodlas que las estruendosas do in natura-
len, oup inelopea, como la del canto gregoriano, se dasarrolla
en nos prolongadas y sonoras.
Emilio me sacudiO el brazo amistosamente y me dijo:
—Vaya! deje usted tie ser artista pot un momento, y sea
hombre: 6 mu bien, sea artists, en otto sentido, y admire ]as
bellezas quo so agrupan en toe palcos como constelaciones en el
ojelo do Is belleza ideal.
—Es verdad, IC contesié, se balla aqyf lo mu sciecto do Is
soçipdad medellinense, y el espectáculo es hermoso.
—Ahora, continuO Emilio, si usted quiere que yo Ic reflera
alguna historia. palpitante, do esas que yo invento, es decir, 4es-
cubro, en S calidad de antiguo cronista do periOdicos, no tiene
mb quo e800ger, dando una revista 4 los pakos que tenemos 4
nuestro frente.
MAs por condescencia quo pot curiosidad, record ligera-
inente Ia galerla del medlo, de on vistazo, y me detuve en ci
palco del senor don N. N. en donde se hallaba twa jOven quo me
era completamente desconocida.
Era estrella do otro cielo, lero era estrdlla do primera
magnitud.
Era tie una blancura sorprendente y quo rosaltaba del fondo
osouro do su traje, como resalta Ia nieve de los negros pedruscos
del SoratIt. Si yo hubiera sido pocta, habria comparado esa
blancura It Is piel del arminio, al plumon del cisuc., al uiármol tic
Páros, 6 al uric quo entreabre su cáliz do plata al beso matinal.
-1 Quida es aquclia jOvOn, de blaiicura mate. quo CORVCJSB
24
810 cuazos is canvxsaa
actualmente con on anciano, en el paico do don N. N. I pro..
gunté yo.
—A1IL lo aguardaba, me respondid: esa j6ven estt casada
con en anciano, yes one ave do paso viene do Bogota y aeguiré
Pam Popayan.
Rice un gesto do duda: no me parecia natural que en an-
ciano, quo podria ser atz padre, fuese sit esposo.
—Es set como so Jo digo, con ci item quo ella Jo ama entra-
nabiemento; mire usted qué dulce sunrise, Jo dingo en oath
momenta.
Esa Os una bistoria palpitate quo tengo inddita, y cuyo
caráct.er consonarmos par ahora. Pero sentSonos. quo ci en-
treacto seth largo y ya voiverL sabre las tablas Is novia escocesa
quo he robado sit atencion.
Not sentamos, y yo procure en vano rechazar dos 6 trot
motivos de Ia cavatina del primer ad to, quo mi memonia retenia
aunque con vaga incertidumbre.

Puce senor, (y la historia ira e4 compendio y sin apellidoa,


quo es como si dijdramos ci non pills ultra de Ia discrecion do
vii cronista), habia en BogotS, en ci pente do Ldsmes, uris casita
do pobro apariencia y de on interior muy tniste, en dondo resi-
dian dos jóvenes budrfanas, conocidals generaimente con ci norn-
bre do lot dot lies manas. Habianerdido a sa madre on Is
an
inlancia y a padre poco tiempo dsyues, en one de cans guer-
ma fratricidas quo ya no volveran, Bios mediante. La mayor
so ilarnaba Clara y Is otra Elvina, y era aquella la pie linda las
vecea do madre y ilevaba sabre sus hombros, como el peaq de
Atlante, is direccion y el cuidado del hogar.
Las niflas so sostenian merced 1 a una pension alimenticia
quo ci Gobierno lea suministraba y 1 Constante trabajo que 4-
gunas bucnas vccinas lea conseguianl
Elvira era do constitucion ddbil y enfermiza, pot Jo coal el
rudo trabajo recaia sabre Clara; pdo áinbas ilevaban one vida
tranquUa y serena huts donde lo pea]mitian sue escasos'/ecursoa.
Clara era por ese tiempo una jóven como in quo tenemos 4,
la vista y iii estudio, blanca y pura corno la blanca iuz do la reins
de la noche, tenia largos cabellos nilios como ci oro do isa espi-
gas, ojos azules tras do los cuales so vela el azul do an alma,
T flfl.ICIONES U WAYS. 371

mejillas tie Toss,. - - -y en fin, on espiritu se habia pulido con Ia


desgracia, como ci diamante al fuerte mce dc sn prpo polvu.
—Me supongo, le dUe sonriendo, qua usted no la conoceria,
y qua ese boceto será de puns fantasia.
—Ese boceto ei exact; me replic6, aunque queda pAlido
ante el cuadro origin'al; yo no conocia It Clara, pero 81 conozco It
cii bija, qua tenernos It la vista, y la semejanza tie las dos ha si4o
sorprendpnte; dentro de poco inc apoyard en los hechos.
ContinIio el relate. Merced It los recursos tie qua he habla-
do, Clara y Elvira podian ilevar una vida sencilla, peru Mu C-
dados, y descansaudo felices Bobre el porvenir, fiadas en la mo-
cencia tie so corazon y en la ignorancia tie los peligros tie In vida.
En ci aflo tie 1848, qua curnpiia Clara los quince aftos 7
que ya se desarrolló en todo su esplendor su bellza 'virginal,
r.ausô aMa una honda irnpresion en dos jóvenes de distinta posi-
don social y de encontrados caract4res.
Sc Ilamaba el uno Ricardo y 1 atm Alejandro; 4ste era tie
Ia alta aristocracia, de vida relajada y qua no buscaba sino el
placer, persiguindolo con ran tenacidad; aquel, era un mo-
desto teniente del ej4rcito de lines qua estaba aciartelado en
is ciudad, y era al contrario, sencillo, moderado y tie sanas cos-
tumbres; sin aficion It In carrera militar, habia entrado tie cons-
cript.o por Is provincia de Tunja .y habia adquirido sus grados Is
fuerza tie merecimientos y de mm conducts, ejemplarlsima: 8128
superiores Ia tenian un cariflo entranable, y se hacia acreedor It
'61 Is despecho tie sus gratuitos maiquerientes.
Alejandro vi6 It Clara y se encendió en di una do esas pa-
stones ardientes que queman un corazon y tiznan las reputacia-
nes mu inmaculadas; Ricardo Is viâ con frecuencia yla antó en
lo mAs callado tic so alma y sin esperanza tie retorno: conocérla
y amarla fug pal-a él Jo que un rayo tie sol pars un paisaje dor-
mjdo en las tinieblas, a quien da vida y animaclon, luz y colores
y despierta los callados ecos tie las eternas armonfas. Seria en
vano pintar las mudas adoracioties y misterios inefables que lie-
naron su corazon a ]as primeras revelaciones del amor; basta
decir que amaba por is primers, vez y con esa intensidad y abso-
luta consagracion de quo sOlo disponen los que no han entregado
on juventud It las disipaeiones miserables, escollos demasiado
frecuentes en los cuarteles, en donde Is libertad tie las nianeras
Smbia tie nombre y es Ia fuente de Is mIss desvergonzada cur--
rupcion. El amaba ardientemente, porque las naturalezas castas
sou tambien las naturalezus apasionadas; puesto que In pasion
ere cuando se Is contiene, y en fin, porque edIt on Is natura-
872 CDROS us conninn

leza humans quo todo corazon se a4 al sol de Is vida, siqüicra


sea Ufl3 sola vez, comb toda pianta reverdece 6 florcee en el mea
encautador consagrado ii la Reina de los cielos.
Clara, lo dire de una vez, no foe insensible a' amor do Ri-
cardo: en vano luchaba interiormente boo ee scntimicnto pie se
alzaba en on corazon pan rivalizar con' ci amnor a Elvira; en vane
so ocultaba aqueUa alma a 1* sombratcomo Is violets oculta su'
on dia en quo ese amor 1mm-
corola y derramasu perfume; llegó
di6 sabre an semnbiante y brotó de au corazon, coma so abre Is
azucena a los rayos del aol do Is mañana.
Y era imnposible pie no so amarAn; puesto quo mit circuns-
tancias socia1es Ins ponian en contacto b' hacian notar Is similitud
do exstencias, do caractbes y de virtüdes que habia eutte dot
Una circunstancia precipitó los hucefios y permitió quo los
dos jóvenes so entendieran sin hab]arse.
Alejandro, prevalido de su pasicion, y cansado de aguardar
el resultado do otra maquinacion que sus companeros de place-
sea Ic ayudaron I formar, se preseot6 bn Is casa de Clara cuando
so encontraba sola, encorvada bajo ell soda trabajo a que estaba
sometida su existencia, y despues d ie dirigirle algunos cumpli-
mientos quo formaban Ia moncda mezuda de so gasto, dejó caer
sobre ella uris de esas miradas quo tidcen porobjeto empaflar Is
aureola de Is inocencia y del pudor.
La sangre acudió a ]as mejillas de Clara, en refiejos do p6r-
puss, y sin poder articular pttlabm algona so deshizo en ilanto.
Ricardo entraba en ese momenta y cothprendienda lo quo pasaba,
tuvo ci valor bastante pam conten4se intirnando all Lovelaci
saliese de esa casa, pues esa jóven est4ba, si no baja Is proteccion
de Is Icy, al mdnos bajo in dgida del más puro y noble de los
amo sea.
Alejandro se rió can desprecio, saliO a buscar (t sus corn-
paneros en solicitud de mm pronta y drgica venganza.
Ricardo se atrevi6 entónces a ha ar a c lara do Ins peligros
de su situacion, y Ic ofreció con so ano toda Is sangre tie aim
cuerpo y todos Ins pensamientos de alma.
Clara aceptó ese amos y esa mai y so pensó que.ei maUi-
•monio debia celebrarse a Is mayor b vedad patible.
Alejandro, entretanto, prevalido sus relaciones personales,
obtuvo do Ia camarilla quo regia seer amente Ins destinos tie Is
Repáblica, fuera enviado Ricardo A na provincia lejana, pan
asuntos del servicio militar; y a t ipo que 41 solicitaba sus
licencias indefinidas 6 retiro de servb ), se Ic dijo pie cstaba,eu
on honor no eluijir ci encargo pie se e babia confiado; en vano
T RXLSCIOflS DR VIAJL 873
hzo conocer la causa tie an peticion; se Ic liabló del honor y del
deber, y tuvo que resignarse a partir, despedazado ci corazon.
No Ic quedé siquiera el recurso de acudir al Jefe que se
habia declarado an protector; gate habia sido reniovido de an
encargo, pot sus opiniones politicas; de manera quede rechazo
vino a sofrir Ricardo por ese suceso que hiciera tanto ruido en
la Repilbilca: todo se liga en este mundo, Ia caida de los pain-
dos arrastra consigo los nidos d.e Ins golopdrinas.

El piano de Pietro so hizo oir en esc momento y los mási-


cos corrieron a SUS puestos; volvimos cars al escenario y ci telon
se levant6. Volvimos a Lucia!

II

Cómo describir las dulces emociones y los encantadores


arrobamientos pie me produjeron las melifluis melodlas y Ins
piezas concertantes de que está lieno el segundo acto de Lucia!
Con qud lenguaje pudiera expresar dignamentelos movimientos
do alegrfa, dc pesar, de temor y do honda tristeza en quo oscila-
ha ml alma, en escalas cromáticas, y al unison de in magnifica
partitura de Donizetti!
No serd yo ciertamente quien pueda expresar un juicio acer-
tado sobre esa obra tan acabada, mas juzgándola con el corazon
no puedo Soos de ratificar las opiniones del ilustre Seudo.
"Lucia, dice, es sin disputa la obra maestra do Donizetti:
es la partitura mejor concebida y mejor escrita quo nos ha deja-
do; aquella en que hay más unidad y quo encierra las más fell-
ces inspiraàioneä de su corazon. Cada ono 48 SUB trozos es en-
cantador y perf'ectamente adecuado It Ia situación."
Todavia, a pesar del tiempo trascurrido, resuenan en ml al-
ma todos los gritos do duelo, do reconvencion, de estupor y de
locura recogidos on su quinteto admirable; aün distingo, por
encima de todas las voces armoniosas, la de .Assunta, quo se ele
nba en cadencias adorables y se destacaba como Ia luna entre
los astros de Ia nocjw, como la palmera entre los abrojos del do-
sierto; todavia ticiublo do terror cuando recuerdo el moledetto
.,ia l'inseante que Edgardo - - - - pie Rossi ejaba cner como in
máa estridente do Ins amenazas quo haya Ianzndo un amante en-
ganado, clesde Atalidc hasta Ethelvood.
a14 SflDUO$fl

Assunta, bello pIjaro del paraiso, uyo gorjeo igualaba 6 su


plumaje, sin liegar aim a is escena de i bouts, quo era su fixer-
te, desataba moths de una flexibilidad a orable y esparcia un per-
fume do gracia y juventud quo encan tha todos los corazones.
La orquesta, por an parte, repetia•en brdina los acent.os apasio-
nados de Edgardo y de Lucia y Ann Ii ronca voz del implacable
Asthan.
Vueltos al mundo tie la realidad Emilio y yo, despues do
cambiar nuestras moths do admiracion que vibrabn at, en to-
cuerdo do las inefables annonfas, c mo vibra largo tiempo Is
hoja tie cobre sacudida por el martillo, continuamos nuestra con-
versacion del primer entreaeto.

—Habiamos Ilegado al brutun elaborado por Ale-


jandro, le dije.
—Es verdad, tne contestó; esa te estad quese habia des-
cargado sobre 'Ricardo no Ic prometi Has felices, y por lo quo
hate 6 Clara, innecesario seth decir qt six corazon vino 6 sufrir
tie rechazo Is más acerba tie las pcnas
Su situaciori vino 6 ser más angi iosa y difidil quo Intes;
Elvira perdia gradualmente on salud, d arrollAndose en elk una
terrible enfermedad del corazon: In in tics rehta que ci goblet-
no los pagaba fud reducida, por Is pen is del Tesoropáblico, &
proporciones tan inaignificantes, que no podia aervirles do to-
curso alguno.
Lo que sucedió desputs, no sé iwo explicarlo; tal vet so
eonaiderará absurdo, por no poder d sarrollar largamente una
t4sis sicológica y social quo a ese des lace so refiere.
Pasaron los mesea y los abs sin us so obtuviera Is menor
noticia tie Ricardo, apesar do Is solemi promesa que hiciera do
escribir semanalmenfp porlos correoE nacionales, y do regresar
spines cumpilera debidamente su corn ;ion. Alejandro, que nsa-
niobraba secretamente, del modo quo a hemos indicado, consi-
guiô bacer desaparecer Is corresponc ucla do on rival, d Mao
coffer Ia noticia fingifla de su matrim nio con una payanesa, 7
del consiguiente olvido de sus sagrado corn prom isos.
Gastd con ella, por otra parte, Ia conducta mu Sna y mis
cumplida; Is visitaba do tierupo en ti tnpo y con )as considers-
clones mu delicadas, suministrándole de mm marten velada al-
gunos recursos, mediante ins labores q e bath ejesutarpoc lila.
r in.LaOfla Pt TMJ.. 375
Mas lIegó tin dig on quo ci mdico orden6 pars Elvira ci
cambio de dims y Is sujecion a an regimen costoso en demasfa.
Hats alli no habia ahorrado. Clara ni trabajo, ni vigilia, ni priva-
clones, ni sacrificio do sas propias joyas, recuerdos do sit santa
madre; mujer per is debiUdad. era a Is vez hermana y madre
por ci amor entranable que tenia a Elvira; pero no pudiendo
hacer mIs, as retorcia en mudas desesperaciunes y Ic parecia quo
uris VOZ secrets Ic gritaba al oido, quo en sus ficultades estaba
sali-ar i an hermana aunque ella pereciera en ci deshonor.
Pobreza, cuintos corazones has destrozado, cuintas almas
has segado en for con despiadada guadana! Diosa sombria, eres
a vecea ci stplo y Is mensajera do Ia muerte!
En fin, amante despechada y hermana ahnegada hasta ci sacri-
ficlo, liegó pars ella twa hors de dude, una horn atea, como dijera
Shakapeare, en quo doblegada bajo Is ininensa pesadumbre do su
azarosa sitüacion, cedió al. seductor Ricardo que espiaba 1 hombre
sin corazon! ese mornento cruel, y sin duda so Angel tutelar de-
bió cubrirse do dolor y pena ante ci sacrificlo do esa pobre y
desamparada mujer.
Ys ye usted quo no 13 disculpo, apenas seia10 las circuns-
tancias atenuantes, scparándome, y con mucho, do las extranas
teorfas do Sue y Dumas hijo, acerca de Is major quo cat conser-
vando is virginidad do corazon. Apnas podr6 decir con Grego-
rio, interpretando 6 Victor Hugo:
Oh! no insuIteis 6. Is mujer que cac,
No sabemos qud peso Is agobid..
* Pan mayor deegracia, ci sacrificio fué infructuoso. .Elvira
so postró mis y mis, yántes do quo fuera posible hacerla cam-
biar tie dims, rindid sit vida, dejando a Clara sumida en Is mis
atroz desgracia.
La alegrfa. ese dulce sol do is vida, desapareció de esa po-
bre casa pars siempre. Clara renunciô al amor tirano de Alejan-
dro, y ya no quiso sino monT; pero pasaron los dias y tuvo quo
resignarse a lop duros combates do Is vida, porque conoclé quo
lbs I ser inadre sin haber sido esposa.
Ligrimas, pens, sufrimiento, mudas agonies. . - - ese es ci
cortejo, quo dejan en pes do of 0808 jóvenes sin corazbn y tin
honor quo so entregan maniatados al terrible tirano do los anti-
dos yquo buscan 01 placer como Ia suprema icy de Ia existencia.
Nunca sent Is sociedad demasiado severs pars con eRos, ii
las leyes iuficient.emente previøras pars coutenerlos.
$76 CVADItO8 Di

Edo quo he referido pasaba en el aflo do 1851, eu lo mu


crudo do la ernergencia poiftica di esa 4poca azarosa.
Pan no salvar los If mites d 1 entieacto, ilegard em transi-
don al anode 1854.
Es conocida generalmente la, uerra quo ent6nces incendiaba
Ia Repáblica. Un soldado oscui ), aunque muy atrevido, quiso
hacerse superior a las leyes y en rboló Is bandera do la dicta-
dun; mae ludgo, y come pot en mnto, acudieron do todas par-
tea los defensores do Is patria y € i recios combatee pelearon Ian
batallas de la justicia. La mu sangrienta y Is mae renida de
ellas fué Is del 4 do diciembre en
No entra en los lfmites de ml larracion decir algo sobre ella;
bást.ame seguir a un capitan del e frcito del Sur que, aunque he-
rido en lo mM crudo del coinbate volaba, quo no corria hácia la
calle do Ldsmes, cuando hubo libi tránsito meted a la victoria
de laa fuerzas constitucionales.
Era Ricardo. La más cruel las maquinaciones lo hah4a
retenido en el ültimo confin do Ia niblica; peru latevolucion
babia desbaratado ci secreto poder labrara 811 deegracia. Qué
momentos aquellos! ci tiempo 86 straba perezosatnente para
dl y Ic parecieron siglos los mint quo tardaron en abrirle Ia
pucrta do la casita do las dos lien
—Clam! gritó Ricardo.
Aquella. pálidacomo la muerte, no pudo hablar y fud a
apoyarse sollozando sobre la carna le su hija; Is nifla teinblando,
echó los brazes at cuello do su madre, prodigándole este santo
nornbre. 4 tiempo quo Ricardo, codiprcndiendo Is inmensidad de
an desgracia, caia por tierra desrnayado. -. -
Ricardo perdió ci juicio; no fudu resist.ir a esa herida mo-
ral, mM honda y mM cruel quc Ila quo Ic habian causado las
halos enqmigas. Fad recogido para un hospital de locos.
Clara no murió, tenia an hija y, delia vivir pars, ella. i Amor
do inadre, dulce y abnegado amor, Ifmpido y puro carbunclo quo
brilla en Is alegrfa como en ci dolor, do noche como de dia!
Renuucio 4 pintar lo quo oturriO despucs en Is vida do
Clara. Cuando ci egoisrno do las imalas pasiones no ha petrifi-
cado ci corazon, no puede haber una tortura mae cruel quo lade
saber quo hay una criatura noble 3i abncgada 'quo suite las con-
secuenoias do una situacion quo no fud propia.
Clara debió sufrir hondamente al saber que Ricardo habia
muerto pan ci mundo do Ia nzont a consecuencia do is honda
moral quo con sue p!opias manos Ic causara. Por ceo su sol se
fud apagando en la tristeza y cii el abandono; fad ya una tierra
Y EELLCIOXES DR VIAJK. 877
sin roclo, un cielo sin estrellas, una agonfa lenta que acabó at fin
con so vida en el seno do Ia más santa resignacion.
La hurfana fué recogida pot one estimable seflora viuda,
quo habia quedado sin bijos, y que gozaba dealgunas comodida-
des. La hizo educar en miD de los mejores colegios de la capital
y acabó per adoptarla.
La nina cfeciO en belleza y virtudes y alcanzó a ser una do
las mks puras bellezas de Bogota.
En el aflo próximo pasado, siendo ya jOven y sin conocer
a fondo Ia bistoria de su madre visitaba la case de boos, en corn-
panJa do on madre adoptive.
Al visitar la celda do an boo melancélico, este fué press de
la mu extrana agitacion. Do improviso se tiende (t too pies do
la jóven, diciéndole:
-'I 'N no eres muerta, Clam, ilegas en fin 1
1' so voz era tan dulce quo parecia un suspiro de Is noche.
Era Ricardo, anciano ya, mu por el dolor pie por los aflos.
Qué pasó en dl on ese momento, nadie podrL decirlo; talvez
el enjambre confuso do recuerdos so Jevantaria de repente en an
alma cantando y batiendo alas, despertando los ecos dormidos de
]as alegrias desvanccidas del pasado.
La jóven, quo tambien so llamaba Clara, volvió a su casa
hondamente preocupada, y fud entónces que se le refiri6 con de-
tallea Iahistoria de so madre.
Al dia siguiente volvió at hospital y so repiti6 la misma
escena; entónces ya no pudo dominarse, y se dirigiô a is casa do
on eminente medico a quien refirió la hist.oria de to sucedido y
le suplicó so consagrara a la curacion del loco.
El inddico, ya par deher corno por piedad. y Para resolver
on probbema de la ciencia mddica, to ofreciO conagrarse ó. esa
curacion, y so consagró do una manera decidida.
Durante seis meses la jéven concurriO diariamente at hospi-
tal, siguiendo con puntualidail las prescripciones del doctor, y at
fin el buen resultado coron6 la empress.
Ricardo recobró la razon, porn no la dicha.
Clara que se habia acostuznbrado % ese amor del anciano,
quo no babia amado aihi y que quiso rohabilitar Ia memoria ye-
nerada do su madre, coronó so obra do abnegacion unidndosc a
Ricardo. Su amor era puro y sereno como el lago rodeado do
sauces que refleja haste la ültima hoja seca del árbol quo ac in-
clint ó sus orillas.
La madre adoptada murió hace poco tiempo y ese es el Into
quo ye usted on Clara; y tanto par distracrse coma pam fijar Ia
878 CUADROl DI

completa maimd del anciano, ban resueJto viajar pot toda Is Re-
pdblica.
Esa as Is historia do la j6ven quo tenemos S Is vista. Ya ye
usted quo tiene toda Is serenidad do jn hermoso cielo, tot Is
trasparencia do tin lago tranquilo y toda Ia virginidad do mm
rose blanca.

Poco despues, Dario Achiardi eitpuflaba on battuta-y toda


Is atencion Be dirigia a! escenario. Volvianios S Lucia.

Juaui JOSE MoLnis.

LAS FIESTAS DE

Qiterida mis:

Faitan siempre at paisaje iuz, &I Ins ondas murtnullo, S Is


noche poesfa y S ml vida encantos, cuando estoy l4jos do ti; pues
Joe ojos do mu alma son tus ojos y an lellos bebo el entusiasmo,
la inspiracion y ci placer. As1 todo cuapto veo ahora, todo cdan-
to siento, quiero revelSrtelo y enviarte mis recuerdos.
Voy S pintarte Ins FIESTAS DE PIEDRAS, quo Be ha-
con an honorIsdo SAN SEBASTIAN; aqqel guerrero rornano quo
congrado S cause de Is. Cruz, sufriô ci martirio, conquistando
asf una inmortaiidad quo despues do 16 siglos hace qua lo ene
ron an an mundo que era desconocido cuando él murió, y quo
pongan bajo su proteccion tin pobre pueblo colocado an las on-
ilas del Magdalena, y S donde jamas be ilegado el nombre del
Emperador glorioso y Ileno do podor quo ordené mu martiriq, ni
Sun el do Boma, ca Nacion qua Ilenaba el mundo con sus ar-
mas y su civilizacion.