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Lo maté envenenándolo.

Es lamentable que la sensación de asesinar a alguien se ha vuelto débil para


mí, pero no es nada más que un mero sentimiento de auto-satisfacción sin sentido.
No mato porque desee sentir algo en respuesta.

No maté a mi padre como resultado de alguna emoción como “ira” o


“resentimiento”. Y ciertamente no lo hice para hacerme sentir “regocijado”.

Simplemente me hice cargo de él.

Sí, hacerse cargo. Una expresión adecuada.

Como hacer las labores del hogar.

Hice lo que tenía que hacer. No había necesidad de emociones superfluas.

Lo que era crucial era asegurar que este acto no creara ningún problema en mi
vida. No había nada más importante para mí que la vida que iba a llevar.

“La vida que iba llevar”. Pensándolo ahora como un ser al que no le es
posible vivir como un humano, es algo atrozmente irónico… Pero a pesar de todo,
esa fue la razón por la que lo envenené.

Probablemente debido a su forma de beber, mi padre se sentía enfermo en ese


tiempo y tenía que permanecer en cama… y yo galantemente preparaba su medicina.
Atendía a todas y cada una de sus necesidades.

Solamente que reemplazaba su medicina con veneno.

Un hijo devoto, algo raro para aquél pueblo... En otras palabras, algo típico
para el hijo de esa tonta mujer… cuidando arduamente de su padre, pero a pesar de
sus esfuerzos, el padre moría debido a su enfermedad.

Era todo un escenario.

Por supuesto, no podía permitirme ningún error en cuanto a qué veneno usar.
Tenía que estar seguro de que fuera un veneno que no fuera fácilmente detectable…
Uno que no dejara evidencias.

No importaba si lo hacía gradualmente, podía tardar meses.


De esa manera sería fácil adaptarse si un escenario inesperado ocurriera… Y
por esa misma razón regulaba cuidadosamente la cantidad de veneno utilizada.
Algunas veces lo mezclaba con harina ordinaria. Tenía que tomarme mi tiempo y
matarlo gradualmente.

Tuve mucha suerte.

En una ciudad cercana, aún más oscura que aquella en la que vivía… En un
lugar llamado Ogre Street, escuché que había un hombre chino que manejaba
cuestionables medicinas orientales. Si utilizaba una medicina secreta, de un país
poco conocido para la medicina occidental, sería capaz de matar a mi padre sin dejar
evidencia alguna o la posibilidad de problemas futuros.

Cuando llegué a esa conclusión yo, Dio, me sentí aliviado.

Simplemente alcanzando ese objetivo, me sentía salvado de algún modo. Usar


esta frase, quizás es porque estoy escribiendo en esta libreta, quizás es meramente
resultado del sentimentalismo, pero…

Tuve la sensación de que “podría ir al cielo.”

"Dio, no importa lo que suceda, vive de manera noble y orgullosa. Si lo


haces, seguramente podrás ir al cielo".

Si aprendí bien las enseñanzas de mi madre, las enseñanzas que hace mucho
deseché como si fuera basura, volvieron completamente a la vida.

A la vez, sentí que el matar a mi padre, envenenarlo, era como una buena
obra para el beneficio de llegar al cielo.

Me parecía que matar a mi padre era el acto más noble y orgulloso que podría
lograr.

¿Parecía?

No, estaba convencido.

Si mataba a mi padre, sería capaz de ir al cielo.

Creía que sería feliz y mi vida sería agradable de ahora en adelante.


Estaba seguro de que sería capaz de recuperar todo lo que había perdido, todo
lo que me había sido quitado… Pensando detenidamente en ello, que equivocado
estaba.

No era nada más que el principio.

El principio del cuento elegante de mi vida… Nada más que el comienzo de


esa historia de la cual, aún ahora, no puedo ver el final.