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TEORÍA POLÍTICA MODERNA

Geraldine Navarro Díaz

110500232017

La libertad para salvaguardar las pasiones.

Hasta el momento en la teoría política moderna nos hemos encontrado con muchas ideas
expuestas por autores que se sustentan en la praxis y se contradicen unos a otros, dejando
marcada la historia, el pensamiento y generando métodos de convivencia, por los cuales se llega
a una conclusión compartida: los individuos necesitan de una dirección que acatar y por medio
de la que se reciban órdenes y derechos. La novedad de Spinoza (1632 – 3677) está relacionada
con los derechos en un punto donde expone la libertad negativa que debe ser concebida por
nuestro Estado regulador. Pero ¿cómo las pasiones mueven esta libertad y por qué los miembros
del Estado deben estar favorecidos por éstas?

Empezando, debemos de ponernos en una posición algo parecida a la que se


presenta con la naturaleza humana, donde el hombre sometido a las pasiones es cual naufrago
que se halla en alta mar, arrastrado por vientos contrarios, sin saber de dónde viene ni adónde
va” (Domínguez, 2013, pág. 20) y por ende, sus relaciones están propensas a entrar en conflictos
o percances con los demás individuos con los que se relacione. Ahora, con todo el proceso que se
vivió teórico en la política sabemos que las pasiones se controlan en una muy buena medida y
que

“de ahí para que los hombres puedan vivir en concordia y prestarse mutua ayuda, es
necesario que renuncien a su derecho natural y que se den garantías mutuas de que no
harán nada que pueda redundar en perjuicio de otro” (Atilano Domínguez, índice
analítico, Tratado político, 2013, pág. 23),

Ya que al estar supeditados por la razón será más fácil formar pactos de convivencia o tratados
entre las personas para que no se hagan daño entre ellos. En un análisis del Tratado Político que
hace Atilano Domínguez dice que es la “unión de fuerzas en una especie de cuerpo colectivo y
pacto o compromiso firme de someter el apetito a la razón significan el paso del estado natural
al estado político (2013, pág. 27) y que con éste nos volvemos conscientes de que han de surgir
más mecanismos por los cuales al hombre se le aplique la ley positiva y los derechos, desde otra
perspectiva se verá el papel de la Constitución “(…) ya que es ella la que determina hasta dónde
llega “el supremo derecho de la sociedad o de las supremas potestades” (Domínguez, 2013,
pág. 33) y la que puede otorgar al individuo lo que requiera en la necesidad.

Al hablar de necesidades tenemos clara la idea de que necesitamos un Estado que genere
obligaciones y derechos, pero, lo que Spinoza propone es que también le pedimos a esa forma de
poder político que genere algunas libertades, ¿cuáles? Las que nos ayuden a liberar nuestras
pasiones. Más explícitamente entra el papel de la libertad negativa que permite a los individuos
decir soy libre de y por ende, dejar a un lado la ley positiva para cumplir con el derecho de libre
desarrollo, pues, aplicaría como un caso excepción donde la persona necesitada o vulnerada cree
su propia alternativa para sobrellevar su vida, “(…) Spinoza está convencido de que el bienestar
público sólo se alcanza mediante un acuerdo de la multitud en torno a las leyes” (Domínguez,
2013, pág. 48), entonces, el pueblo tiene la capacidad de crear las leyes que se deben cumplir,
que estén al alcance del proceso y el esfuerzo de todos.

Finalmente, Spinoza propone en el Tratado Político dos elementos muy prácticos para
entender estos hechos: el sujeto y su potencia, de manera en la que, la potencia se describe como
un proceso que toma como recurso fundamental el esfuerzo y, ya que como el sujeto es potencia
tiene la capacidad de esforzarse para lograr lo que quiere, en el transcurso de lograr sus objetivos
se nota que el hombre es la síntesis entre la racionalidad y los instintos, los cuales hacen del
individuo un ser en movimiento que persevera por sí mismo y por su conservación. Entonces, “la
última palabra de la política spinoziana no son la pasión, el deseo y el instinto, ni tampoco la
razón, la ley y la reflexión o discusión pública, sino ambas cosas unidas” (Domínguez, 2013,
pág. 57), porque aunque seamos mente y cuerpo, el elemento pasional mueve al hombre hacia su
interés o utilidad y que la utilidad se logra en la vida social para salvaguardad a la multitud.

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