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José Darío Castrillón Orozco

PERFILES
De héroes y villanos
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José Darío Castrillón Orozco

PERFILES
Recopilación de Textos
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Castrillon O. José Darío


PERFILES, 1ª. Ed.
Medellín, Colombia
70 p.; 16x21 cm.
ISBN

Texto: José Darío Castrillón Orozco


Diseño de Cubierta:
Imagen de tapa:
Edición: Manuel Peña
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Índice

Presentación

Prólogo

PERFILES

Germán Rojas Niño, Caballero de la espada y del pincel.

Mamarle Gallo al Olvido

El color de la vida dura

¡Ay! Chavela

“Y me llamaban comandante”

Llegó el comandante y mandó a soñar.

Pablo Escobar, súper star

Ana Fabricia.

Teflón: 2,5 en ciudadanía.

El mosco en la sopa

La Caída

Tartufo

Alcalde light para Medellín.

La importancia de llamarse Valencia Cossio

Don Mario, un delincuente a la medida de las instituciones.


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Presentación

Recopilación de artículos de José Darío Castrillón Orozco


que recoge algunos perfiles de personajes de la fauna local,
nacional e internacional y escritos de opinión que reflejan en
forma aguda diferentes momentos de la realidad colombiana y
en los que se plasma una visión crítica y controversial de
diferentes acontecimientos de la última década.

Algunos hechos y opiniones conservan vigencia y


actualidad, pero cada artículo fue escrito en un momento y
contexto concreto.

José Darío es Sicólogo egresado de la Universidad


Autónoma Latinoamericana, consultor y columnista de medios
alternativos como Caja de Herramientas, Agencia de Prensa Rural,
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Prólogo
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Germán Rojas Niño, Caballero de la espada y


del pincel.

Su nombre, Germán, es un sinónimo de mansedumbre y de


bondad. Tenía ambas cualidades, pero, siendo joven y
melenudo, ante la humillación que sufrían los compatriotas
indígenas en los llanos orientales, su bondad indignada subyugó
a la mansedumbre, tomó las armas para defender a los
humillados, y asumió un nombre de guerra Raúl.

Como Raúl salió a desfacer entuertos, llegando en ello, junto con


Bateman, Fayad, Ospina, Pizarro y otros, a fundar el Movimiento
19 de Abril M 19, la guerrilla más audaz de América.

Cuando todo el M 19 cabía bajo la sombra de un arbusto, este


boyacense con ancestro antioqueño conformó el frente sur en las
selvas de Caquetá. Allí, luego en Putumayo, Tolima, Cauca, Valle,
Antioquia, sobrellevó la crudeza de la guerra que el M le declaró
al Estado colombiano, demandando justicia y democracia.

Sin embargo, pese a las asperezas de una lucha intensa, pervivía


en el guerrero un artista que aún entre combates y bombardeos
podía extasiarse ante la belleza de una flor, de un paisaje, de una
historia. De sus manos virtuosas salían dibujos, tallas, cuentos.
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Su valor, su abnegación y su ingenio, le hicieron comandante:


Temible al enemigo, amable a su tropa. Una tropa que podía
recomponer tras los reveses, pues, a diferencia de otros dirigentes
que buscaban combatientes excepcionales en sus filas, Raúl
luchaba con ciudadanos comunes y corrientes, logrando que lo
mejor de ellos aflorara. Esto lo hacía a fuerza de persuasión y de
ejemplo, pues, aun siendo comandante podía pelear en cualquier
línea, bravo como el que más; o como cuando tras una marcha
de varios días, cuando todos tenían los pies ampollados,
sangrantes, él se ofrecía de voluntario para ir por leña; o como
pese a llevar un equipo pesado, en una retirada recogía a un
compañero herido, lo cargaba sobre sus hombros, y lo llevaba al
campamento.

Era que Raúl conocía a cada uno de sus hombres, con sus más y
sus menos, en su complejidad vital, por lo que más que una tropa
él conformaba un equipo. Como Sandino llevaba un “ejército de
hombres libres”, para los que era además, maestro, consejero,
padre, hermano, amigo.

Contrario a la tradición colombiana del día a día, cultivó la


planeación al detalle. La misma que hizo durante un año para
lograr la toma de Florencia, capital de Caquetá, una ciudad que
albergaba un enemigo 15 veces superior numéricamente, que
pudo ser neutralizado merced a la meticulosa planeación que
permitió una perfecta sincronización de los comandos.
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También podía ser un genio de la improvisación, como cuando


ante la defección de unos aliados en Antioquia preguntó: “¿Cuál
es el pueblo más cercano?” A la respuesta dirigió su menguada
fuerza hacia allí, donde obtuvo una victoria al día siguiente. O
como cuando, a marchas forzadas, atravesó las selvas del
Caquetá, y la cordillera central para auxiliar a Carlos Pizarro que
estaba cercado por el ejército, en el Valle del Cauca.

Como en una lucha no todo son éxitos, Raúl era mucho más
grande en las adversidades. Tanto en la guerra como en la paz
enseñó que cuando todo está perdido no es el momento de las
lamentaciones, sino el de empezar de nuevo.

Porque este hombre que en sus inicios fue maestro de escuela en


Córdoba, nunca dejó de ser maestro. Era un educador
excepcional que podía enseñar defensa personal con pasos de
baile, o explicar economía política con chistes.

Ahora, cuando hasta los más guerreristas militantes del M 19 se


autonombran precursores de la paz, les convienen olvidar que fue
Germán Rojas Niño el verdadero arquitecto de esta. Cinco años
antes del acuerdo de paz, cuando todos deliraban por la guerra,
Raúl ya hacía llamados a dejar las armas para hacer política,
afrontando el riesgo de ser señalado traidor y cobarde.

Fue en sus campamentos donde se diseñó esta fase del M 19, y


del país. Su orientación fue: “Qué cada uno se convierta en
emisario de la paz… todo el que visite este campamento tiene que
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salir prendado de la paz”. Así se llegó a convencer tanto a gentes


de la derecha que iban a demandar la liberación de Álvaro Gómez,
como a la misma dirigencia del M 19 que subían a reclamar “¿Cuál
es el cuentico ese de la paz?”.

Señaló que en un país cruzado de violencias, el problema no es


tener las armas sino la razón, y convencer con ella.

Escuchar a Raúl era muy peligroso: se corría el altísimo riesgo de


salir convencido. Era alguien que tenía muchos argumentos, y
hablaba apasionadamente, con todo su ser y con su ejemplo.
Además sabía escuchar y comprender al otro, tanto que él
también se dejaba convencer. Algunos compañeros que tras la
dejación de armas, pretendieron regresar a ellas, y buscaron a
Raúl para que los apoyara, recibieron de él un llamado a la
sensatez. Sentenciaba: “A la guerra no se juega” “La guerra trae
mucho sufrimiento, y ese sufrimiento recae sobre el pueblo”. Su
palabra convincente evitó a más de uno el regreso al pasado.

En su vida adulta, Raúl parecía más sacado del santoral que de la


iconografía insurgente latinoamericana: bajo de estatura, calvo y
rechoncho. Era un Quijote camuflado de Sancho, cabalgando
sobre el frágil equilibrio entre el fin y los medios, sin dejar que los
unos desvirtuaran a los otros. Fue el mejor exponente de eso que
él llamó “el país utópico”.

Y sí, se podría pensar que era un santo por su forma de predicar


con el ejemplo, o cuando se veía en su aspecto apacible, con el
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resplandor marino de su mirada fija, hablando quedo, mientras


sus manos gruesas dibujaban rostros delicados; sino fuera por su
capacidad de pasar al estado de iracundia, en su mirada
centellando verdores de jungla, y de escupir insultos en ráfaga
cuando se indignaba.

Si la estatura no le alcanzó para ser santo, pese a estar cercano a


ello, sí fue un apóstol de la fraternidad, esa que fue un sello de la
militancia M 19. Por ello, cuando todo el M 19 se deshacía en una
marejada de odios, dio su última batalla por recuperar la
fraternidad. Cuando la perdió se perdió el M 19.

Germán Rojas Niño, el querido comandante Raúl, o Raulito, peleó


por su vida en muchas partes. Fue en una cama de hospital donde
la enfermedad, que le fue despojando de sus fuerzas, pero no de
su bravía, terminó por ganarle la partida. Le arrancó a los
revolucionarios del mundo un faro moral.

Gracias Comandante por tu vida llena de lucha, por tu aporte a


un mundo mejor. Gracias por ser la prefiguración del hombre
nuevo. Con los indignados del mundo, con los humillados y
ofendidos, con los irredentos de todas las lenguas y,
especialmente, con quienes hemos tenido el honor de estar
firmes ante este Caballero de la Orden de la Espada, ante este
artista, ante este pensador de la condición humana, ante este
libertario, ante este comandante de hombres dignos, te decimos:

¡Hasta siempre, Comandante!


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Mamarle gallo al olvido

“Pertenezco a la generación más lúcida y


disparatada del presente siglo. La que tuvo entre 20 y 30
años de 1960 a 1970. Tengo unos héroes concretos: Ché
Guevara, Benny Moré, Pelé, Camus. Unos amores
concretos también tengo: cinco y medio, mis hijos, la vida,
la literatura, la música, las copas con mis amigos, mis tías.
Y unos odios letales sí que tengo: a la opresión, al
argentino entredormido que yace en mi alma, al
caminadito sistemático de occidente hacia el abismo. Una
ilusión: la libertad que siempre se pierde cuando se
alcanza. Y un remordimiento: no haber hecho la
revolución.” Jaime Espinel. 1986.

Este homenaje se debe a que nuestro amigo Jaime Espinel,


como él mismo lo diría, hace cuatro años se pegó su moridita. No
por ello esta es una convocatoria a la necrofilia. No se trata de
hacerle culto a la muerte, ni más faltaba, sino de agradecer a la
vida el regalo de su presencia traviesa y dicharachera entre
nosotros. De celebrar el haber sido bendecidos con su amistad y
de agradecer que nos haya librado de su enemistad.

Hacer el recuerdo de Barquillo, divisa con la que se han


realizado varios eventos, tampoco es un ensayo de crítica literaria.
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Aunque nuestro amigo logró hacerse, a codazos e ingenio, un


lugar en las letras hispanas, desde un amor temprano por la
literatura, hasta la decisión tardía de hacerse escritor.

Hijo de esta mala madre que es Medellín, madrastra impía


que devora sus hijos, “capital mundial del delito” que nombrara
en sus cuentos, tacita de plata rebosada de sangre; más hijo es
de Manrique, el barrio de su niñez, donde rescata bellos
recuerdos entre una infancia brutal. Allí se hizo travieso, como
debe ser todo niño, sólo que Barquillo nunca dejo de ser travieso.

Como parte de una travesura se alistó en el nadaísmo, de


los primeros al lado de Gonzaloarango, donde encontró motivos
y colegas para sus travesuras. De ellas recibimos relatos
deliciosos, recreados y reinventados no para preservar, como la
mayoría de los mentirosos, el honor, sino el humor. Porque uno
de sus atributos mayores era su vocación para hacernos reír.
Decía Borges que el humor es una súbita generosidad en la
conversación, y que generosidad la de Jaime, un cántaro de risas.

De ese nadaísmo, que pretendió ser un movimiento


literario, adquirió sus devaneos retóricos, pero no se hizo escritor
por su militancia nadaísta, sino a pesar de ella. Desde ese
entonces se define como poeta, pero no un poeta maldito,
porque decía que él no era maldito sino medio hijueputa.

También como travesura emigró a las tierras del Tío Sam,


donde dio los primeros golpes a la tierra trabajando como
profesor de colegio, como lector y como traductor, pero fiel a su
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esencia llegó a hacer de Nueva York y de Manhattan una fiesta. Y


de fiesta en fiesta, en las latinas, conoció del mundillo del crimen
y del de las revoluciones. Porque tuvo su corazón bien situado a
la izquierda, latiendo por el proletariado, al son de la
internacional, himno que le arrancaba lágrimas en las liturgias del
primero de mayo, marchando al lado de los obreros.

Allá en el bajo mundo del primer mundo, encontró a su


Manrique dejado atrás. Un hilo, de sangre, unía a Manrique con
Manhattan, y ese vínculo lo trajo de vuelta, tanto a sus andanzas
picarescas como a la literatura.

Llamado por el viejito Marx a transformar las realidades, y


llamado por su esencia gocetas a la vida bohemia, se impuso esta
última desahuciando la disciplina militante, y perdió la revolución
a un seguro mártir. Al fin logró una conciliación: Jugueteó con las
realidades hasta subordinarlas al lenguaje, y desde este las
dominó. Fue subversor de las palabras, rompiendo cánones
literarios, reusó el culto al alpargate y al atraso, llevó la lengua
coloquial al sitial de poesía, pulió seres opacos hasta volverlos
héroes, y fue uno de los primeros escritores de lo urbano. Llegó
hasta cometer neologismos.

Se dice que Jaime Espinel es un escritor injustamente


desconocido en las letras nacionales. Lo cual es cierto, y los
editores tienen mucha culpa, pero el mismo Jaime y sus amigos
tenemos la parte restante. Él decía, a manera de excusa, que
escribía como Hemingway, que como este cansaba a los amigos
con las historias que relataba una y otra vez, hasta que las
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elaboraba lo suficiente para poder escribirlas. Y eso hacía Jaime,


pero no se quedaba en ello, algunos de sus cuentos los volvía a
contar como historia para enriquecer un encuentro. Aunque la
literatura de esplendor del Barquillo se impone, a veces se
recuerda el relato verbal como superior al escrito. De alguna
forma sus amigos no teníamos necesidad de leer sus textos, o
antes de leerlos ya los sabíamos y no nos esforzábamos mucho
por leerlo. Pero lo escrito escrito está, y de qué forma.

Jaime recoge estos personajes que el malandraje condena


a la tragedia, y los trata con tal ternura, la misma que le
conocimos en nuestras tenidas, hasta llevarlos a tener honor, a
mostrarlos derechos en su torcida, o a ser torcidos con derecho,
o a reivindicar el derecho de los torcidos, denunciando las
torceduras del derecho. (Evocamos a un quien amaestró el
retruécano, y con derecho torcía y retorcía frases terminando,
cuando iniciaba, en lindes con lo barroco.) A estos seres,
subproductos de un orden inicuo, los recogía en su prosa
tornándolos elegantes, les ornaba con sus buenos gustos, y
fabricaba códigos de honor para ellos, como si sus vidas, de paso
las nuestras, tuvieran sentido.

Acaso pueda mirarse su fijación por los personajes que van


a su malaventura, decididos y serenos mientras destajan y balean
prójimos, como un esfuerzo por encontrarle sentido al sin fin de
violencia que habitamos. Violencia que tanto denostó, que
arrancó de nuestro lado a muchos que queríamos, y ante la cual
él, como nosotros, vivimos la impotencia. No se pierda de vista su
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amor al pueblo, su admiración por las formas de conjurar la


desgracia que el rebusque crea, por la trama de palabras con la
que se le hace cacería a los pesos en cada calle, por ello su
literatura hace sublime el lenguaje coloquial. Otra más de las
paradojas de Barquillo.

Hasta con Pablo Escobar, un hijo del pueblo, es compasivo.


Decía: “Es tan mala la oligarquía antioqueña que corrompieron a
Pablo Escobar”, y culpa de su muerte al “maldito ángel negro de
la guarda”, negligente a la hora de cuidarlo sobre el tejado.

A mitad de camino entre el historiador y el chismoso, de


su lengua voraz, conocimos historias e historietas de esta ciudad.
También de historia patria y de su veneración por el general
Bolívar. Hasta estaba en la empresa de demostrar en una novela
el origen paisa de Pancho Villa. Sobre este proyecto le dijo
Fernando Vallejo que no era necesario, que con Pablo Escobar
tenemos.

La muerte ronda toda su obra,

“… La muerte golpea fuerte en la puerta


Y un hilo de sangre cubre todos
Nuestros años
Para que nos arda la lengua”

(Epígrafe de Esta semana me halará la mano.)

“Todo lo que vive se devuelve” llega a decir como


resumiendo al Freud de Más allá del principio del placer, la muerte
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que hala la mano, o Polo Balvuena que busca su almohada. Sólo


enumerando títulos de sus libros se encuentra esto: Esta y mis
otras muertes; Agua de luto; Cárdeno réquiem; Alba negra, que
es el efecto de la bala en la cabeza, que le abre al alma una negra
alba. Para no extendernos en los títulos de sus cuentos, que sí
que tienen alusiones mortíferas, ni de los contenidos mismos que
narran peores formas de morir. Desarrolla la enseñanza de su
maestro Sartre cuando afirma “el hombre es una pasión inútil”, y
más inútil para estos compadritos montañeros, arrojados al
vórtice de una violencia cuya lógica se escabulle, como la vida por
las venas acuchilladas.

Y su parla coloquial también está cargada de ella, porque


era orfebre que modelaba el hecho cotidiano para hacer de él
una anécdota, y de esta podía confeccionar literatura. Cuantas
veces deshizo en charlas de café sus cuentos para tornarlos de
nuevo en anécdotas para sus amigos.

Pero no es una reverencia a la muerte, es un canto a los


encantos de la vida, al amor, a las pasiones, a la persistencia, a la
belleza, a los toros, al fútbol, al valor, y hasta a la cobardía, pero
sobre todo al lenguaje. A ese con el que encantaba a los amigos,
corroía a sus enemigos, y forjaba los cuentos que le dan sitial
privilegiado en la literatura.

Su clásica expresión “se pegó su moridita” da cuenta de ser


iconoclasta hasta con la muerte. Como si morirse fuera una
opción que los humanos toman a voluntad, sin ser suicidas.
Aunque, cuando se escucha esta frase en referencia al temprano
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fallecimiento de su madre, cuando él era un niño, puede leerse


como un reclamo a la mamá por su partida. La muerte como
abandono, y el reclamo a los ausentes por su compañía que se
extraña. Lo cual es coherente en un hombre que celebró siempre
en encuentro con el otro, que hizo del ser amigo una causa, y
enalteció esa condición de amigo.

Jaime Espinel se reía de la muerte, incluso de la propia que


adivinaba próxima, y hacia la cual se encaminaba como un
personaje de sus obras, sereno, de frente, y, a diferencia de ellos,
sonriente. Porque morir es también descanso, como el personaje
Polo Balvuena, que pide su almohada, es decir, se allana a la parca
como descanso a una vida de tropelías. En el envío que hace de
la antología personal de sus cuentos, dice, luego de la dedicatoria
a su familia:

“Envío este avieso aviso de mi primera noche tranquila


¿Y el día está lejano?”

Lo escribió pocos meses antes de que se detuviera su


corazón revolucionario.

Por eso su decisión de venir a morir a su Medellín, y, como


quien cumple una cita, lo hizo dándole pelea a la pelona. A esa
hora que no se le puede mamar gallo Jaime Espinel le mamó
galló, se rió de ella desde su cuerpo desvencijado. Hoy nos
acompaña su obra, su voz afinada sobrevive al enfisema y
podemos, gracias a la tecnología, escuchar todavía a este
cantante de boleros, sones, bambucos, porros. No nos cuenta ya
sus anécdotas, pero él mismo es una gran anécdota. Ahora está
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en la eternidad, que es una antesala del olvido, y justamente para


combatir ese olvido, escribimos aquí, recordando a Barquillo.

Publicado: 17 Mayo 2017 en NA24


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El color de la vida dura

La pintura de Jorge Alonso Zapata.

El encuentro del espectador con la pintura casi siempre se


hace en una indagación por lo bello, como si lo bello fuera campo
neutro y no efecto del dictado de un discurso. De ahí surge la
expectativa por la contemplación de formas armónicas, de
arquetipos de vida, de ideales en las hechuras, hasta la demanda
de cuerpos forjados para el deseo, según nos han enseñado a
mirar. Por eso cuando el observador se asoma al universo
pictórico de Jorge Alonso Zapata, JAZ, vive cierta desazón ante la
obra, porque él no copia.

La pintura de JAZ parece estar a mitad de camino de todo:


está entre el concepto clásico de pintura y el comic, entre el
rococó y las posvanguadias, entre el retrato y la caricatura, entre
la ternura y lo fatídico… el espectador queda entre la alegría y la
angustia, porque es una obra que recrea y conmueve.

Si bien Jorge Zapata está muy lejos del hiperrealismo


pictórico por su trazo simplificado, aunque no tanto que pierda
calidad la figura humana, puede decirse que en su obra hay un
hiperrealismo social, tanto que deviene en cronista de lo que no
se quiere ver, de lo que contraría el imaginario de una sociedad
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pujante, emprendedora, competitiva, triunfadora… inflamada de


adjetivos exitosos que ceban un chovinismo provinciano ufano de
su amor al dinero y de su desapego moral; que pasa por encima
de quien sea necesario, sean sus seres queridos, o sean sus
creencias, porque todo lo tiene en venta, pero que deja tendidos
como desechos a muchos prójimos menos avezados en la rapiña,
que devienen en el reverso de la población triunfadora de los
catálogos de turismo, y ganadora de premios internacionales, a la
larga pagados, como dice una canción. El maestro Zapata hace
de estos habitantes de las márgenes, de los humillados y
ofendidos, sus protagonistas, y retrata por el forro a esta
colectividad que trata a humanos como bazofia. JAZ no edulcora
la realidad, y la pinta en sus matices más desgarrados.

Aunque los orígenes de la pintura del maestro Zapata


están en paisajes apastelados, hoy su pintura es lo contrario a lo
bucólico: no hay extensos campos sino espacios precarios de lo
urbano, tampoco hay tonos verdosos en armonía con sus
complementarios, sino una revuelta cromática de tintes chillones,
y una yuxtaposición agobiante de objetos y artilugios para cazar
dinero. Entre ellos lo más dolido de una humanidad en
hacinamiento, operando esas trampas y capturado por ellas.
Porque sus pinceles plasman al antagonista de las sociedades
modeladas según el patrón de los bellos y famosos de las revistas
de peluquería, pinta al habitante del desamparo. A personajes
molidos por la vida, descartados de la sociedad de la
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competencia, los pinta sin risa, de mirada fija, sobrellevando


estoicamente su malaventura, sin emitir quejido, pero en su obra
los gritos dimanan en colores subidos.

Por eso su producción tiene algo repulsivo. Esa otra cara


de la ciudad, la de entornos sórdidos, no sólo es la mirada
sustraída a los catálogos, también es la que el transeúnte desvía
para sopesar un instante alguna tentación y, aún si cae en ella,
pronto emprender la faena del olvido; son esos destinos humanos
que se evitan ver como si la fatalidad se contagiara con una
ojeada, y se conjurara mirando para otro lado… Esas visiones
rechazadas son las que recoge el pintor Jorge Alonso en sus
cuadros, y el visitante topa de pronto, en el lugar menos
esperado, aquello que se rehúsa no sólo a ver sino a aceptar su
existencia. En vez de la máscara Zapata Sánchez le ofrece luces,
colores y un espejo a la cara oscura de la ciudad.

Su pintura se contempla como quien observa a la víctima


de una desgracia: con repulsión por el hecho, pero aliviado de no
ser quien está tendido. Ese morbo hace aceptable mirar lo que no
se quiere ver, como crónica de página roja. Aun así la obra del
pintor Zapata es un campo de incertidumbre: Incertidumbre de
esos destinos contrariados; también de economías precarias que
gusta plasmar, donde se vive en la cuerda floja a caballo entre la
legalidad y la ilegalidad; incertidumbre de los bordes difusos
entre masculinidad y feminidad; incertidumbre del tránsito de
víctima a victimario, y viceversa… Despierta angustia porque
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deviene igual de incierto el propio destino: Es una pintura de mal


agüero: produce desconfianza del camino a la felicidad.

Aunque explore esos abismos de lo humano en lo urbano


no se puede decir que el trabajo del maestro Zapata es grotesco,
o siniestro, ni inspira esos sentimientos. Y no lo es porque cuando
da protagonismo a los marginados, que por habitar en las lindes
del lumpen pierden interés hasta para los estudiosos, y terminan
desalojados de estadísticas, de permisos, de documentos
legales... JAZ los acoge con su paleta, parece que los tomara de
sus desgracias, les enjugara las lágrimas, y con bondad los
empapa en ternura para darles un lugar en sus cuadros, es decir
el lugar en la historia que un discurso mercantilista les niega, pero
que por más que se les atropelle siempre queda un irreductible:
La dignidad humana, la que el artista recoge en su pintura. Se
trata de una obra que retorna la dignidad humana del excluido,
del pisoteado. Del que fue victimizado por excluido y luego
excluido por víctima, una y otra vez hasta que el cuero reviente.

El amor con que este creador trata a los caídos en


desventura los convierte en héroes. Es el héroe de la calle, el
anónimo, el que en medio de sus adversidades se levanta cada
día a luchar la vida en condiciones desiguales, que no se da por
vencido ni aun vencido, y con todo en contra insiste. Esta pintura
canta también a la tenacidad con la que personajes desprovistos
de alegría y cubiertos de cicatrices bregan contra la fatalidad. El
pintor Jorge Alonso Zapata logra ver en estos infortunados
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empedernidos valores que los anclan a la vida, que los hacen


dignos aun en el desamparo. Su pincel poetiza sus bregas,
bendice esa persistencia.
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¡Ay! Chavela

Sólo una noticia interrumpió en Latinoamérica la


transmisión de los juegos olímpicos de Londres: La muerte de
Chavela Vargas. Una exclamación de pesar y de sorpresa se
extendió por todo el subcontinente. Pesar por morar en el cariño
de los latinos de varias generaciones, sorpresa porque quedaba
la duda si no había muerto ya.

La Vargas fue ídolo de nuestros padres, nuestra, y de


nuestros hijos. Último vestigio de una bohemia latina, no tan
cantada como la parisina, pero tan productiva como aquella: la
mexicana. Animada por contertulios como Trotsky, Diego Rivera,
José Alfredo Jiménez, Frida Kahlo, entre otras luminarias, natales
y acogidas, en esa que también se llamó tierra de la libertad.
México, luciendo las insignias de su revolución, y con un
antiimperialismo proverbial, fue abrigo para artistas y pensadores
perseguidos en el resto del mundo. Allí encontraron amparo
exiliados de la guerra civil española y de otras guerras europeas,
fugitivos de las purgas estalinistas, y de las dictaduras
latinoamericanas. Con ellos se sentó a manteles Chavela, a su vez
exiliada por la pobreza y por la intolerancia de su Costa Rica natal,
además de las boconadas de su “lengua libre”.
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Sin más dotación que su virtuosismo para el canto, llegó al


país azteca a guerrearse la vida en un pulso contra la fatalidad.
Era el amanecer del bolero y la ranchera y, a canto herido, venció
por hacer las amarguras más amargas, contrario a lo que le canta
Sabina. Se convirtió en adoración de multitudes, pero más de la
intelectualidad que la tenía como invitada para tragos inspirados.
Los alegres camaradas fueron partiendo, muchos por la puerta
grande, al final sólo la acompañaron copas desprovistas de
inspiración y de amor. La grandeza de La Vargas se fue diluyendo
en borracheras, a la par que su dinero. A tientas en las sombras
de un pasado luminoso, tuvo tiempo de hacer cuentas: se bebió
un millón y medio de litros de tequila.

Dice Porfirio Barba Jacob en Futuro, que a él “la tierra


mexicana le dio su rebeldía, su libertad, sus ímpetus”. A Chavela
le correspondió legado semejante, pues, naufragando en ese mar
de tequila, ya vieja llegó a “sacar juventud de su pasado”. En
rebeldía con el destino de ser un despojo de la fama, resurgió de
su extravío, y con el vigor que la hizo grande, levantó de nuevo el
telón de artista. Ahora, un laberinto de arrugas le surcaba cara y
manos, su voz “de rayo de luna llena” estaba resquebrajada.
Como si esto fuese poco, el bolero y la ranchera eran ya músicas
de desclasados. Para ellos cantó, y tuvo la osadía de encarar el
escenario con sus nuevas debilidades. Como Porfirio, “un gran
dolor incognito vibraba por su acento”, otra vez hizo las
amarguras más amargas.
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Recobró la actualidad en su vejez, y fue consentida de


nuevo por las celebridades. Impactó hasta a Joaquín Sabina quien
la retrató de cuerpo y alma en Por el bulevar de los sueños rotos.

Su muerte causó extrañeza. Decía que quedaba la duda si


no había muerto ya, o si acaso era inmortal. Porque alcanzó la
senectud en contravía del recetario de la longevidad que pasa
por embutirse comida de burros, ser abstemio, no fumar, no
trasnochar…. Se burló, con su risa también de rayo de luna llena,
de los predicadores del vivir insípido para durar mucho, y vivió
como quiso. Se fue a sus 93 años bien bebida, bien fumada, bien
comida, bien trasnochada, y bien amada.

Por supuesto, también bien cantada. Tanto por lo que


interpretó como por lo que le cantaron, y por lo que le
compusieron. La canción de costura impecable que le hiciera
Sabina, es del tenor del bronce para el héroe: la sacó de la fama
y la instaló en la gloria. Después de ello podía morir en cualquier
momento, ya estaba arropada de inmortalidad con el abrazo
poético del español.

Aunque duele el desenlace, queda una sensación de


victoria en este final de una vida vivida. Un brindis por Chavela:

“una dama de poncho rojo,


pelo de plata y carne morena.
Mestiza ardiente de lengua libre,
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gata valiente de piel de tigre


con voz de rayo de luna llena”
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“Y me llamaban comandante”
A propósito del testamento de Castaño.

De Carlos Castaño pretendieron hacer un modelo para


afiche. Contó la versión contrarrevolucionaria del Ché, a falta de
carisma y méritos militares, con lustradores oficiales de imagen:
algún director de medio informativo lo presentó como avezado
analista, alguna presentadora con ínfulas de politóloga explotó su
fase de galán rosa. Ahora la revista Semana publicando escogidos
correos suyos lo lanza como moralizador. ¿Campaña para su
canonización? Ya que no dio para afiche, tal vez lo reciclen como
estampita religiosa.

Ahora se hace un énfasis en su “misión” de “desnarcotizar


el paramilitarismo”. Curiosa paradoja, si fuese cierto, de un
hombre criado en las entrañas del narcotráfico, pues, su hermano
Fidel ingresó en eso desde los años 70, una década antes de sus
lances paracos, y la mayoría de los hermanos Castaño, Carlos
incluido, se abrieron a la vida social y de negocios en el entorno
de Pablo Escobar. Evidentemente fracasó en esa misión.

Los ingresos de este tipo de contrabando fueron el aceite


de esa máquina de crimen, despojo y terror, desde siempre.
Respecto de semejante financiación afirma: “Imponer el
33

pragmatismo y la necesidad militar sobre el interés personal”.


Puede interpretarse esta frase como acumular dinero del tráfico
de sustancias prohibidas es aceptable siempre que sea para matar
gente, y no para enriquecerse personalmente. Sin embargo, su
“humilde patrimonio”, que de humilde no tiene nada, ¿de dónde
surgió? Porque la guerra no produce riqueza, la acaba. Alguno de
sus adeptos podrá argüir que se trata de fortuna obtenida
mediante otras modalidades delictivas, aunque el capital semilla
de su “empresa” provenga de la mafia. Tal caso no habla mejor
de él.

Y no lo hace por la propuesta “moral” que le adjudican los


medios de comunicación, dónde matar, descuartizar humanos
vivos, violar carnalmente, desplazar y robar tierras (ganado,
enseres y lo que se atraviese), es pecado leve; mientras que
traficar cocaína y similares sí es pecado mortal. Además, no es el
único que abomina públicamente del narcotráfico, Mancuso lo
hizo reiteradas veces: siempre enérgico dijo que no era mafioso…
sólo asesino, habría que completar. Aún en su primera audiencia
en los Estados Unidos, luego de ser extraditado por
narcotraficante, negó que lo fuera. Dos semanas de cárcel lo
llevan a admitir que sí lo es, e ingresa al cartel de los sapos.

No queda muy claro es en qué consistía la supuesta


desnarcotización planteada por Castaño, parecen más recelos con
los traquetos recién llegados a la estructura, que al cabo de poco
tiempo ostentaban rangos militares y, peor, no le obedecían.
34

Quienes lo presentan como moralizador hacen énfasis en


su posición retórica, que no práctica, contra el narcotráfico.
Descalifica desde allí a sus colegas por narcos, aunque no deja de
invitarlos a su fiesta de boda, y tomarse fotos con ellos exhibiendo
la sonrisa complacida de tan excelsa compañía.

Aunque es de reconocer que él mismo se veía así, como


un moralizador. Hablaba, de estar tranquilo, de estar “cumpliendo
con nuestro deber”, de “la defensa de los hombres honestos”, y
“no me considero un delincuente”. Seguro se consideraba un
hombre bueno, tanto que hasta publica una foto dónde está
comulgando. Además era un hombre de familia, preocupado por
la suerte de sus hijos, con los cuales es pródigo en cuidados y
consejos. En ningún momento hay un cuestionamiento al
accionar criminal de su grupo, a las atrocidades cometidas, ni al
reguero de víctimas inocentes dejado por su actuar exterminador.
Así como otro que al cañonear el Palacio de Justicia, con sus
magistrados dentro, afirmaba: “aquí defendiendo la democracia
maestro”.

Es un prototipo bastante extendido de criminales, que en


ningún momento se consideran tales porque nunca se preguntan
por sus acciones, sólo cumplen con su deber, son buenos
funcionarios, o es la historia la que los pone en ese lugar. A este
tipo de fenómeno lo llamó Hannah Arendt la banalización del
mal. Dentro de esta banalización se comprenden muchos de los
actores de la degradación del conflicto armado en Colombia, y es
35

el paramilitarismo la mayor expresión de ello. Mírese como


ejemplo que en los correos divulgados sólo hay una exclamación
de desencanto frente a la información dada por Mancuso sobre
una masacre de 200 personas, y no es por asesinar a tantos
humanos, sino porque no le obedecen, porque él no dio la orden,
ni le obedecieron otra disposición.

Cuando el cuestionamiento viene de afuera, la fórmula es


simple: eran guerrilleros vestidos de civil. La banalización del mal
actuando. Igualmente se considera un militar, aunque la mayoría
de sus víctimas fueran civiles desarmados y, por ende, sus
acciones de guerra mera cobardía. Tampoco se pregunta por eso
banalizado en su maldad. Acaso el único paramilitar que se
cuestiona sus actos, aunque sea tardíamente es Éver Velosa, alias
HH, y su acto tiene efectos de verdad en sus declaraciones a los
fiscales. Un efecto de ello es el testamento de Castaño.

Tan banalizado estaba el señor Castaño en su estrategia


de terror, que actuaba obsecuente a las órdenes de un sanedrín
oculto llamado el grupo de los seis, los verdaderos autores
intelectuales de los crímenes paramilitares. Devenía él en simple
sicario de un poder oculto y no se daba cuenta de ello, pues, se
creyó el cuento que era comandante, como el niño que montado
en el caballito de un carrusel cree que lo está conduciendo.

Ahora, la engañifa no sólo es externa, sin una alta dosis de


auto engaño la tragedia, personal y colectiva, del clan Castaño no
36

se hubiera dado. Siempre se declararon contrainsurgentes


cuando sus principales objetivos fueron campesinos amarrados, y
sus acciones se dirigían más a la usurpación de tierras y al
narcotráfico que a combatir la guerrilla, sin indagarse por ello.

Resulta esclarecedor en el testamento de Castaño la


función del paramilitarismo y su funcionamiento. En primer lugar,
no es ningún ejército estructurado, son agregaciones de
mercenarios que se yuxtaponen, sin conexión lógica ni ideológica
alguna. Aparecen y desaparecen, las comandancias no provienen
de méritos ni de reglamentación cierta, sólo de la bolsa del postor.
Pro eso pueden ser tanto mil como diez mil, o doce mil. Explica
eso cómo pueden desmovilizar a 40.000 y permanecer en armas
los mismos que al principio.

Lo único que fundamenta el paramilitarismo, tanto como


su objetivo de concentrar la propiedad, es el grupo ese que da
las órdenes. Los tristemente célebres seis. ¿Quiénes son? ¿Dónde
están? Ahora que el gobierno de Uribe pregona haber puesto fin
al paramilitarismo debería presentar a esos seis, o más, a la justicia
y los debería tener rindiendo versiones como tienen a algunos
que les hacían mandados a aquellos. A parte que no se sabe para
cuando lo va a dejar, llama la atención el silencio del gobierno al
respecto. Al menos queda claro que en la cúpula de la policía
estaba uno de los gestores de estos señores, sin ser de la banda
de los seis, el coronel Danilo González.
37

Aun así banalizado, es necesario reconocer que Carlos


Castaño era el hombre con más visión dentro de su grupo,
aunque la visión le llegó tarde, rayana en su tragedia. Supo del
plan Birmania, pero no supo sino cuando ya estaba operando, y
cuando con sus actos lo había ayudado a implementar. La toma
del establecimiento por la mafia para manipular una sociedad
mediante relaciones de complicidad es una realidad en Colombia.
Ese plan que él develó a sus allegados fue el que lo mató.

Castaño fue la fantasmagoría de un grupo oscuro de


militares, terratenientes y narcotraficantes, entre ellos su
hermano, el fraticida. Presentado como una amalgama de héroe,
intelectual y personaje de farándula, para venderle a la sociedad
colombiana un proyecto canallesco bajo la imagen de un hombre
amable. Y funcionó, tanto que la gente llegó a hacer fila para que
la mataran.

El problema de Castaño fue que él mismo se lo creyó.


Empezó por creer que trabajaba para “los colombianos honestos”,
luego a creerse comandante, siguió por creer que los paras no
son mercenarios, creyó que él no era narcotraficante y hasta llegó
a creer que su hermano Vicente le salvaba la vida. Convencido de
su propio mito estaba seguro que era amado y acatado por sus
compañeros de bandidaje. Decía Jaques Lacan “un hombre está
loco cuando se cree Napoleón, así sea el mismo Napoleón” Y
Castaño, que se creía Castaño, pensaba que el loco era sólo el
Coronel González.
38

Los correos divulgados por Semana muestran la caída a la


realidad desde ese delirio. Cómo es desacatado e ignorado: “Yo
no tengo, ni he tenido nunca mando sobre ellos ni sobre usted”;
cómo es arrinconado y sus amigos lo abandonan: “En esa lucha
me asfixiaron, me estrangularon, me aislaron, complotaron contra
mí…”. Termina sumido en la impotencia: “Ojalá pudiera hacer algo
por usted, pero ya no puedo hacerlo ni por mí.” Le dice a su
amigo, también en desgracia, alias “doble cero”. Eso aumenta su
claridad y presagia el futuro de su organización, el de sus
supuestos comandantes y el aciago desenlace de su destino.
Acaso comprende el auto engaño vivido, pues le aconseja a su
hijo: “No pretendas apresuradamente ser lo que no eres, verifica
si eres lo que crees ser”. Por eso alcanza a hacer testamento, sin
abandonar la banalización del mal que personificó.

Asesinado miserablemente, así como él hizo con miles de


conciudadanos, desaparecido como hizo desaparecer a 30.000
colombianos, aún sobrevive como proyecto de póster para
vender el terror, ya no como el pretendido galancete
perdonavidas, sino más bien como la edición del milenio del
padre Marianito. Definitivamente, una imagen vale más que
300.000 asesinados, o que cuatro millones de desplazados.
39

Llegó el comandante y mandó a soñar.

“Una revolución no es un lecho de rosas. Una revolución es una


lucha a muerte entre el futuro y el pasado”. Fidel Castro, 1959.

Desde la descalabrada que David le pegó a Goliat nadie


había derrotado un gigante, hasta cuando Fidel Castro y sus
“barbudos”, tras tomar el gobierno de Cuba, le plantaron cara al
imperio. A diferencia del grandulón de la biblia el de aquí no
murió, pero Fidel resultó mucho más igualado que David: desde
la isla empobrecida, y en el antejardín del Tío Sam, respondió de
tú a tú las amenazas norteamericanas, y se dio el lujo que no pudo
David: Humilló una y otra vez al monstruo del norte, hasta llevarlo
a la impotencia y a reconocer su derrota en 2014.

Tal gesta fue modelo para muchos que se adentraron en


las montañas a cocinar la misma lucha guerrillera que, tras 25
meses de guerra, diera el triunfo a los insurgentes del Movimiento
26 de Julio. Los “focos” guerrilleros se multiplicaron en los Andes,
y otras montañas; Se copiaron las indumentarias y las barbas, se
repitieron discursos, acciones… y, a medio camino de la aventura
y el apostolado, la mayoría de aquellos combatientes encontraron
el martirio, entre ellos el Che Guevara y el padre Camilo Torres.
Pese al cuidado con que aplicaron la culinaria revolucionaria les
faltó un ingrediente fundamental: el genio político de Fidel.
40

Genialidad que hasta sus detractores, que no son pocos,


reconocen. Porque sin esa cualidad su triunfo se tornaría derrota.
Sin ella no habría podido salir avante en el gobierno del pequeño
país, lleno de carencias y sin producción, con el enemigo
bloqueando suministros y filando los demás estados lacayos de
América contra Cuba. Fidel Castro gobernó la isla más aislada que
ha habido en la historia.

Resistió la agresión sistemática de la mayor potencia del


mundo, la que se erigió vencedora de dos guerras mundiales por
su capacidad de daño. Lo hizo invocando la tenacidad de los
cubanos que respondieron a su llamado de “Patria o Muerte” y
resistieron los embates; y con una política de alianzas audaz que
logró el protectorado de la antigua Unión de Repúblicas
Socialistas Soviéticas, URSS. En ese contexto ocurrió la crisis de los
misiles de 1962, donde la guerra nuclear casi borra las ideologías
suprimiendo a los humanos, y tenía a Cuba como sede del
apocalipsis. También fue filigrana su actividad diplomática, que se
ejercía sin eludir los conflictos y los deberes de la solidaridad
internacional: tras medio siglo de revolución y resistencia toda
América tenía relaciones con Cuba, quienes se estaban aislando
eran los gringos.

Miles de sabotajes se sucedieron contra Cuba, pese al


acuerdo que firmaron Robert Kenedy y Nikita Khrushchev, de
poner fin a “todas las operaciones de sabotaje” contra la isla. En
un sitio que ajusta 57 años Estados Unidos trató de matar al
41

pueblo cubano de hambre y de enfermedad; y al mismo Fidel de


739 formas de asesinato. Richard Nixon y Ronald Reagan
intentaron respectivamente 184 y 197 veces el magnicidio. La CIA
agotó el repertorio de venenos, traiciones, atentados. La muerte
del Comandante a los 90 años en su cama de enfermo es la última
burla que le hace.

La revolución de Fidel sobrevivió contra todos los


pronósticos, contra el millón de cubanos que se fueron (once
millones se quedaron), contra los sabotajes, contra el bloqueo,
contra los huracanes, contra las hambrunas. Una de las peores
crisis ocurrió tras la desintegración de su aliada la URSS, entonces
la revolución se reinventó y superó el trance. Tras un rosario de
escollos la República de Cuba es una potencia social: única nación
de América sin desnutrición infantil, sin problemas de drogas, ni
de pandillas juveniles, y con escolaridad total; Con salud y
educación gratuitas de la cuna a la tumba es modelo de
salubridad, de educación, de deporte, y de cultura. Hoy, con la
facultad de medicina más grande del mundo, más que ron o
azúcar Cuba exporta médicos y la esperanza de vida en Cuba es
mayor que la de EEUU.

Fidel Castro, en un siglo atiborrado de figuras carismáticas


fue carismático como el que más. Enzarzado en lucha desigual
contra el imperio encarnó la dignidad de América, dejando como
escoria a dirigentes latinoamericanos vendepatrias. Fue también
inspiración de la descolonización de buena parte del mundo, y
42

cuando todos miraban para otro lado con el apartheid, las tropas
cubanas le infligieron una definitiva derrota al régimen de
Sudáfrica en Namibia, iniciando el declive del sistema
segregacionista.

Muchos aspectos se resaltan de este líder que también se


reinventó a sí mismo una y otra vez, siendo referente de luchas
sociales, de bregas por un comercio internacional equitativo,
profeta de la crisis de la deuda en el tercer mundo, también de
responsabilidad ambiental. Y de moralidad. Hoy el Papa Francisco
pone la corrupción como signo del apocalipsis, y Fidel encarnó la
moral del dirigente político. No sólo porque castigó sin
miramientos la corrupción de la burocracia, ni por su modo de
vida con austeridad de soldado, ni por impedir que le erigieran
monumento alguno, o que bautizaran calles con su nombre, o
que con su efigie acuñaran moneda, sino porque no se dejó
sobornar por el corruptor del norte, ni cedió a sus chantajes.

Sin embargo, Fidel Alejandro Castro Ruz, según sellaron en


la pila, o la media docena de títulos de gobierno que ostentó en
Cuba, junto al de primer secretario del Partido Comunista... o
simplemente Fidel, fue aclamado en el mundo entero como
símbolo de justicia.

Porque en la resaca de la posguerra, con el planeta


repartido entre los poderosos y la ilusión desterrada por el
chantaje nuclear, cuando sólo quedaba orar contra el Armagedón
43

atómico, emerge de la Sierra Maestra este ser corpulento, de


uniforme arrugado, desenfadado e iconoclasta, para tornarse
ícono de la justicia. Inspirados por su ejemplo, y más por su estilo,
los jóvenes de ayer y hoy entre barricadas, pólvora y cantos
fraternos propugnan por construir la utopía que décadas de
conservadurismo político han eclipsado. Fidel hizo reverdecer la
esperanza.

Hace mucho dejó de ser un humano para convertirse en


símbolo. Su nombre se ha coreado millones de veces, por miles
de voces, en cientos de países, como plegaria invocando un
mundo mejor. Su imagen quijotesca alienta el día a día de los
indignados en Europa, el noche a noche de los palestinos
despojados de patria, la azarosa travesía de los refugiados, de los
campesinos desposeídos en todas las Américas, en las huelgas
obreras… es faro de las luchas adversas. La inmortalidad de Fidel
es un hecho porque se ha tornado insignia de la juventud del
mundo. Por ello cuanto más se entierra más alto brilla, estrella
que orienta a los seguidores de la utopía, que vive en los
corazones de los inconformes, es mito que alienta la esperanza
de una existencia mejor. ¡Hasta la victoria siempre, Comandante!

Publicado: 04 Febrero 2017


44

Pablo Escobar, súper star

La sombra del capo de la droga (1949-1993)

Hoy Colombia se embelesa viendo un culebrón televisivo


sobre Pablo Escobar.

De inmediato se prenden las alarmas: ¡es una apología del


delito!, ¡lo convierten en bueno! y expresiones semejantes.
Arguyen sus realizadores que se trata de lo contrario de mostrar
lo malo que era, porque sus guionistas son hijos de víctimas
suyas.
Los detractores de la serie consideran que esta enseñará que el
crimen sí paga. Olvidan que el asunto es al revés, no es la
televisión la que muestra esto: está comprobado que en la
sociedad colombiana el crimen sí paga. Con un vistazo al índice
de impunidad judicial se comprueba. O a lo emblemáticos que
resultan personajes delincuenciales para los colombianos, sin que
ello afecte su favorabilidad en las encuestas y hasta resulten
elegidos y re-elegidos en eventos electorales.

En Colombia el crimen no sólo paga: se reverencia, se le


rinde culto de múltiples formas, recuérdese como los directores
de los servicios informativos de la radio se deshacían en zalamas
cuando entrevistaban a Escobar, o la aceptación social que logró:
pocos clubes sociales le negaron el acceso y muchas madres se
sintieron orgullosas que sus hijas fueran mozas de aquel. Y no
eran de estratos famélicos, llegaron a ser capturadas jovencitas
45

hijas de prestantes empresarios mientras se prostituían con


Escobar. Los pillos imponen la moda, con su corte de pelo, su
vestimenta, su parla. Hay razón para ello: las formaciones sociales
más exitosas son las delincuenciales.
Pablo fue un hombre triunfante. En un país sin movilidad social,
donde el que nace pobre ha de morir pobre, por mucho que
estudie y trabaje, el capo de Medellín logró romper esto, abrirse
paso en el mundo de los ricos y ser venerado por estos. En los
años 80’ la revista Forbes le reseña como el séptimo millonario
del mundo. Su poder y su dinero derritieron la crema y nata de
una sociedad tradicionalmente arribista, gozó de las bellas más
deseadas porque llegó a prostituir la farándula criolla y hasta la
internacional. También prostituyó a políticos, militares, policías,
reinas de belleza, deportistas, empresarios, jueces, periodistas,
religiosos… a quien se atravesara.
Pese a la intención de los realizadores, proyectar la vida de
Escobar necesariamente es hacerle culto. Dice Fernando Savater
que los hechos y las vidas de quienes hacen trampas resultan
fascinantes porque no son monótonas como las de quienes
siguen los conductos legales. Así mientras estos son predecibles,
el delincuente necesita desplegar ingenio para salirse con la suya.
Del ingenio de Pablo no queda la menor duda: logró con su
contrabando de cocaína a los Estados Unidos hacer trizas el
sistema defensivo de esa nación, construido durante décadas en
el contexto de la guerra fría. No lo derrotó la Unión Soviética, sino
un traficante montañero.
46

Además, su estructura, llamada Cartel de Medellín,


sobrevive a su muerte. Como se ha dicho antes, éste sigue vivito
y matando. Sólo le han cambiado de nombre, Autodefensas
Unidas, Paisas, oficina de Envigado. Incluso, la pretensión de
Pablo Escobar de capturar el poder político fue lograda por sus
sucesores una década después de caer abatido en un tejado. Hoy
la cooptación mafiosa del Estado es un hecho. Esos herederos
continuaron su guerra contra los jueces y recurrieron a su fórmula
mágica para doblegar voluntades, plata o plomo, mediante el
soborno y el chantaje y enlodaron la honra de sus adversarios;
copiaron hasta su proceder de repartir plata entre la gente,
millones para los ricos y almuerzos para los pobres. La diferencia
estaba en que Pablo lo hacía con su peculio, mientras los demás
lo hacían a costa del erario. Sus métodos siguen siendo eficaces.

Más acá de burlar la inmovilidad social, Escobar se burla de


la economía. Porque en Colombia la economía es un espejismo:
la fórmula “la economía va bien, el país va mal” lo resume. Desde
la escuela se enseña que vivimos en un país muy rico, mientras
los habitantes padecen penurias. La historia cuenta de múltiples
bonanzas, desde la quina y el tabaco, pasando por las del café,
del oro, de las esmeraldas, petroleras, carboníferas, marimberas...
Cuando aparece Pablo repartiendo plata, aguardiente, canchas,
casas, hay la ilusión que al fin una bonanza ha de llegar al común:
la cocalera. La ostentación y el desborde del consumo mafioso
ponen al pueblo ante la imagen de lo que pudo haber sido y no
fue, las riquezas legendarias al alcance de la mano. Un espejismo.
47

La fórmula que emplean los realizadores para demostrar la


maldad de Pablo parte de presentarlo como un tipejo sin
modales. Poco probable que el hijo de una maestra no los tuviese
y si careciera de ellos, se trataba de un personaje que a más de
una inteligencia prodigiosa tenía mucha capacidad para
aprender. Ese recurso parece una venganza de baja estofa por
parte de víctimas, mientras se embolsican algunos millones.
Seguramente Escobar tenía mejores modales que el ex presidente
Uribe. Además, jamás se ufanó de ser un gamín.
Claro, esa oposición rabiosa a que se muestre la vida de Pablo de
Antioquia también esconde el afán de mantener esa parte de la
historia reciente en la penumbra. Y no es que se sepa mucho
sobre Escobar y el llamado Cartel de Medellín, sino porque esa
organización, con sus objetivos y sus métodos sigue vigente en la
realidad colombiana. También con sus protagonistas, activos en
la vida social, política y empresarial actual. Falta por ver si el
desarrollo de la serie muestra hasta dónde llega esa estructura.
Lo más probable es que no y que sirva para ocultar la historia en
vez de recrearla.

De todos modos, Pablo sigue vivo. No sólo porque haya


quien niegue su muerte, ni por la pervivencia comprobada de su
estructura, ni por sus objetivos cumplidos. Vive porque la
mentalidad que lo hizo posible aún existe en el colombiano y
porque la delincuencia es la vía más expedita para la movilidad
social.
48

Entre tanto, él y sus sucesores serán considerados Mesías.


Al barrio que construyó en Medellín se le llama San Pablo Escobar,
donde habitó, es lugar de romería, los pobres le rezan pidiendo
milagros y se visita su tumba con devoción porque en ella aparece
el número ganador de la lotería.
49

Ana Fabricia

"Un agente de Policía tenía un roce con mi hijo y él me lo


mató. Lo cogieron en la patrulla 301384 en Manrique Oriental Alto
La Cruz. Esto me puede valer muchos riesgos, pero vivir ocultando
el pecado es deshonra".

“A mí me van a matar, pero lo que yo quiero es justicia”.

Ana Fabricia Córdoba Cabrera, asesinada el 7 de junio de


2011, en Medellín.

-Me van a Matar. -Dijo Ana Fabricia hace un año.

Venía huyéndole a la muerte. Hace dieciséis años los


paramilitares mataron a su esposo en Urabá, Antioquia. También
mataron a dos hermanos suyos. Luego le robaron sus tierras y fue
desplazada. Así llegó a la llamada ciudad de la eterna primavera,
Medellín, en el año 2000. Como todos los desterrados, su
desarraigo se agravó con la miseria, y la escuela de la mendicidad
la graduó como vecina de la bella villa.

-Me van a matar. –Dijo Ana Fabricia. Se lo dijo al secretario


de Gobierno de Medellín Juan Felipe Palau. No le hicieron caso.
50

No hay lugar para recibir desplazados en Colombia, por


eso, esta negra, corpulenta de alma, se refugió con sus hijos en
una de las lomas más agrestes de Medellín, muy arriba, dónde no
alcanzan los servicios, ni los derechos. Allí sólo viven desplazados
y, siempre sospechosos, están bajo el control de las bandas
paramilitares urbanas. Así, mientras el Gobierno negaba el
conflicto y el Alcalde repite que la cacareada violencia en la
segunda ciudad del país es sólo mala prensa, Ana Fabricia fue
desplazada con su familia otras nueve veces, dentro de la capital
de la montaña.

-Me van a matar. –Dijo Ana Fabricia a delegados de la


Fiscalía General de la Nación y de la Procuraduría General de la
Nación.

Pidió justicia. Justicia que esclarezca y castigue los


crímenes de sus familiares, justicia que le restituya sus tierras,
justicia que le permita regresar a sus campos y su cultura. Y
cobijada por la Constitución más garantista de Suramérica, en la
democracia más antigua del subcontinente, con el marco de una
política de seguridad democrática y de cohesión social, su hijo
Carlos Mario Ospina fue asesinado. Ella, con alguna base
probatoria acusa a la Policía local del crimen. Le sobrevienen
varios allanamientos sin orden judicial a altas horas de la noche,
visitas intimidatorias de civiles armados; hasta cayó presa en uno
de los tantos casos llamados “falsos positivos judiciales”, acusada
51

de terrorismo. Cargo fraudulento: “hablar la verdad en este país


es un peligro”. Afirmó.

-Me van a matar. Dijo Ana Fabricia al Personero Municipal


de Medellín.

–“Mamá me va a matar la Policía” Le alcanzó a decir su hijo


de 19 años, Jonathan Arley Ospina Córdoba, hace casi un año, en
una llamada telefónica. Luego apareció ejecutado. Con el mismo
arrojo, con la locuacidad de su cultura chocoana, con el apellido
de los uniformados y el número de la patrulla que se llevó a su
hijo, siguió pidiendo justicia. Otros piden contratos y, como a los
Nule, los llenan de ellos y de dinero. A Fabricia la llenaron de
amenazas.

-Me van a matar. Dijo Ana Fabricia al delegado del Ministro


del Interior.

Pedía protección con el mismo estribillo, advirtiendo su


sacrificio. Denunciaba que la Policía la quería matar y, le daban
por solución que la Policía le hiciera un estudio de seguridad, que
les reportara a ellos su residencia y que dejara la vida en sus
manos. Otros, como los Nule, piden seguridad y la justicia
comparece ante ellos; chalecos y carros blindados; multiplicación
de escoltas, casa fiscal, cocinero propio. A Ana Fabricia le exigían
abandonarse al que denunciaba como verdugo.
52

-Me van a matar. -Dijo Ana Fabricia a Héctor Ulloa,


delegado de la Vicepresidencia de la República.

Le pudieron ofrecer auxilios de reubicación, la pudieron


trasladar de ciudad, o sacarla del país. Si al menos le hubiesen
proporcionado un carro... Se rehusaron a protegerla, pero sí
dejaron escapar a alias “El Rolo” ¡por tercera vez!

-Me van a matar. -Dijo Ana Fabricia al general Yesid


Vásquez, comandante de la Policía Metropolitana del Valle de
Aburrá.

-"Vamos a callarle la boca a esta negra". -Amenazó una


voz por teléfono, según denunció su hijo.

Los paramilitares pululan en los barrios de Medellín, andan


en gavilla. Ana Fabricia andaba sola, el ángel de la guarda
tampoco la atendió. Ellos tienen armamento automático de última
generación, ella estaba provista de valor y de razones. Sólo tenía
dinero para tomar un bus, en ese iba recorriendo zonas de control
absoluto de ellos, cuando un sicario, ubicado a su espalda, le
disparó usando silenciador. En esta ciudad se ha vuelto tradicional
matar madres de familia en los buses. También aniquilar mujeres,
con ella son 54 en este año, y 49 dirigentes de organizaciones de
víctimas en el país.

Faltaban tres días para que el presidente Santos


promulgara la ley de víctimas y la ley de tierras, para lo cual está
53

invitado el secretario general de la ONU Ban Ki-moon. Como es


usual en la diplomacia, se preparaba un rimbombante
recibimiento. Los matones de Medellín decidieron hacer el suyo
ultimando a Ana Fabricia. Parecen tener agenda propia, o estar
desafiando a la Presidencia de la Nación.

"Me van a matar y no han hecho nada". –Dijo Ana Fabricia


un mes antes de ser asesinada, ante todas las autoridades que
acuden a la mesa de garantías.

Mientras se desarrollaba su velatorio, en la ciudad se oían


gritos jubilosos de los hinchas de un equipo futbolero. Por los
aires estallaban en celebración toneladas de pólvora, la pólvora es
monopolio de los paras en Medellín.

El festejo sigue. Ana Fabricia ya está enterrada, los


funerales de los pobres, a diferencia de los de Estercita Forero,
duran poco. No se pronuncia aún el Alcalde, acaso preocupado
por el próximo pacto de paz entre hordas paramilitares, con
motivo del próximo mundial sub 20 de fútbol donde Medellín será
subsede, el cual se hará, como cosa de ellos, mediado por
personajes en las lindes del lumpen. Así se hizo cuando la
asamblea del BID, y los juegos olímpicos suramericanos, tuvieron
como sede esta ciudad, donde la seguridad es sólo imagen.
54

Teflón: 2,5 en ciudadanía.

Sorprende la forma en que responde la opinión ante los


escándalos que comprometen la figura presidencial, el equipo de
gobierno o la coalición uribista: sube la popularidad del
presidente. Se destapa una algarabía en torno a la corrupción
oficial, dos o tres puntos más de popularidad; otro descalabro en
la seguridad democrática, más puntos de imagen favorable; Se
denuncia que el equipo de gobierno, la familia presidencial y la
coalición mayoritaria están hasta el cogote de paramilitarismo,
aplausos a rabiar; Resultó Ralito peor que el Caguán y que en la
cárcel de Itagüí hay varias veces la “catedral”, la apoteosis de la
imagen positiva.

Variados análisis van y vienen. El primero, claro está, es el


del señor Londoño de la Cuesta, el mismo apellido del finado
ministro estrangula pobres. Este señor, incensario en mano, hace
un rosario de virtudes del presidente para explicar los buenos
resultados que, mes a mes, obtiene en la encuesta de su empresa.
Ni los áulicos de palacio le creen. Los palafreneros presidenciales
salen a argüir que es el éxito de la seguridad democrática.
Tampoco, pues la seguridad del hombre de a pie sigue igual de
asediada, las estadísticas de atracos, robo a residencias, hurto de
vehículos, extorsiones y demás siguen sin modificar y con
55

tendencia al alza. Qué seguridad si ni la policía está libre de una


emboscada del ejército.

Pizarro Eduardo, dice que el fenómeno se da porque el


presidente propone y la oposición sólo se opone, de lo que se
desprende que la oposición debe dejar de serlo para ganar
popularidad. Trae este politólogo un símil con el ex canciller
soviético Andréi Gromiko, a quien llamaron doctor no, por su
continua oposición en el consejo de seguridad de la ONU. Lo
presenta como si fuera un personaje ridículo al vaciarlo de
criterios, ignorando que escribió mucho de la historia del siglo XX.
También soslaya que la función referente de la administración y
de la política es la de decir NO.

Por ese no saber negar lo que no va con los principios


rectores de la vida republicana y la ética moderna, este gobierno
tiene a buena parte de su bancada parlamentaria en la cárcel, a
otros haciendo fila para ella y a muchas de sus figuras
cuestionadas, amén del aislamiento internacional en que se
encuentra.

Pero, también acierta el muy brillante, en otros análisis,


doctor Pizarro. La popularidad del presidente Uribe si tiene base
en que sólo dice No a los de las FARC, mientras le dice Sí a las
componendas politiqueras, a los jefes paramilitares, a los votos
para sus elecciones vengan de donde vinieren y cuesten lo que
cueste. Le dice Sí al terrorismo de Estado por medio de Noguera
56

y las chuzadas telefónicas a la oposición y a la prensa. Le dice Sí


a torcerle el cuello a la constitución del 91 mediante alianzas con
congresistas elegidos por votos coaccionados, incluso elegidos
con secuestro de adversarios. Le dice Sí a la calumnia para los
contradictores. Le dice Sí a la impunidad para delitos de lesa
humanidad. Sí… Sí…Sí.

No falta quien diga que el presidente Uribe es popular


porque la llamada opinión pública no se entera de estos sí. Si bien
es cierto que una grandiosa porción de la población no lee prensa,
y se actualiza por los medios radiales y televisivos que fungen
como altavoces de la oficina de relaciones públicas de la
presidencia, la función reposada y analítica de la prensa la hace
en cafés y parques. A toda emoción, en palabra llana y con
“entonado acento” descorre velos y descubre lo que pasa. Es más,
eso que se destapa ahora como escándalo era sabido de siempre
en mesas y corrillos. Tampoco falta quien denuncie como falsas y
manipuladas las encuestas, si bien por algo suena el río, y no se
encuesta a los opositores, no se puede desconocer que el
presidente es amado. Y no sólo por las siete familias beneficiadas
con su gobierno. Aparte de Santodomingo, Sarmiento y Ardila, el
pueblo lo ama.

Así como amó, ama aún, a Pablo Escobar. Este señor nunca
ha dejado de tener imagen favorable entre el grueso de los
colombianos, ni en los hórridos pasajes de su guerra. Semejante
pasa con Rodríguez Gacha, con Leder. De hecho a Pablo lo han
57

elevado a los altares, en un proceso más rápido que el de Teresa


de Calcuta, obviando los protocolos vaticanos. Ahí lo tienen
haciendo milagros. Hasta aparece el número de la lotería en su
tumba.

Fenómeno este, donde la imagen del mandatario se hace


más favorable en medio de escándalos que estremecen de asco
y horror al resto del mundo, que ha sido llamado el efecto teflón
del presidente, porque al parecer nada se le pega de lo
abominable de su gobierno. En sana lógica no se puede
considerar al país tan ingenuo para que suponga que tantos
hechos son ajenos al jefe de Estado y sus aliados. Por supuesto
que sí se le pega, es más, todo se le pega. O como dice Piedad
Córdoba: “Todos los caminos conducen a Uribe”. Por eso es mejor
llamar a este fenómeno por sus nombres reales. Veamos:

En ciertos círculos es llana complicidad. Como se ha


evidenciado con la coalición de gobierno haciendo quórum en las
penitenciarías. De hecho, las acusaciones que hacen, el
presidente y su equipo a la oposición, de tratos con delincuentes,
no es más que un llamado a la complicidad. Es como si dijeran a
Rodrigo Pardo, Gustavo Petro, Carlos Gaviria: “No me acusen que
ustedes también delinquen” El típico “hagámonos pasito”, “entre
bomberos no nos pisemos las mangueras”. Un llamado a la ley
del silencio, regla de oro del hampa. Curioso que el primer
mandatario en vez de ampliar la legalidad pretenda extender la
ilegalidad.
58

Por parte de la imprecisa opinión nacional, que ve con tan


cariñosos ojos las trapisondas del alto gobierno, el teflón es
complacencia con la ilegalidad. Es expresión de una cultura que
de generación en generación, hasta la degeneración, trasmite un
mandato de sacar ventaja de todo y de todos. La dialéctica de la
trampa y la engañifa, donde ser honesto es ser “bobo” y ser
pícaro es ser “vivo”. Por lo cual enaltece al malandrín y mientras
más tropelías cometa más querido ha de ser. Lo sorprendente de
esta inversión del ideal Kantiano, de esta contra ética, es que se
hace invocando la ética y la moral. Como se troncha la
constitución y la ley en defensa de la constitución y la ley. Decía
Shakespeare que hasta el diablo para sus malevos fines cita las
sagradas escrituras.

Teflón o la popularidad del presidente, que sube entre más


lacras exhibe, acaso sea un milagro de Pablo, que es tan grande
y le tienen tanto fervor en palacio. Pero parece más un síntoma
de las deficiencias en formación para la democracia. Sinónimo de
inopia en ciudadanía. La ignominia de la decencia.

El mosco en la sopa

Todos hablan de la feria según les vaya en ella, todos


menos los seguidores de Uribe, el Supremo. Y no lo hacen porque
han atribuido la infalibilidad papal al Patriarca, dado el culto a la
personalidad. Así que sobre la cumbre extraordinaria de UNASUR,
59

en Bariloche, Argentina, todos los seguidores se deshacen en


incienso y alabanzas a la gestión del infalible Señor Presidente en
dicho evento. Para el resto de los terrícolas, basta con ver la
aflicción en los rostros del Patriarca y de quien posa de canciller,
un tal Bermúdez, o saber que el patrón no quería estar en la foto
con el resto de mandatarios, para deducir cómo les fue.

Les fue mal. No a Colombia, que lleva dos siglos de mal


en peor, aunque se escuden en “la patria” para convocar una
solidaridad forzada en las consecuencias nefastas de sus tropelías.
Le fue mal al Señor Presidente en la cumbre de UNASUR, donde
esperaba hacer un gran espectáculo, para el cual pidió señal
televisiva en vivo y en directo. Y en esto radica parte de su mala
presentación, en que no fue a una cumbre presidentes que
integran sus naciones, sino a un reality, tipo consejo comunitario,
donde pretendía emular con sus colegas en insultos y
difamaciones, ante una audiencia colombiana que lo aplaudiría a
rabiar en cada injuria. Calculó mal: Los presidentes Chávez y
Correa, que toman en serio la integración suramericana, no se
dejaron provocar y lo dejaron como un patán.

No fue el Patriarca a la Unión de Naciones Suramericanas,


ni siquiera a un acto diplomático, pues, la preparación para el
evento consistió en promover una marcha mundial contra el
mandatario venezolano, por la mano paraestatal de sus
seguidores. Para nadie es un secreto que es el uribismo, usando
redes sociales en la Internet, el que organiza las marchas contra
Chávez, incluso en la misma Venezuela. Lo curioso es que
60

mientras promueve la desestabilización en el país vecino,


denuncia la intromisión chavista en los asuntos internos de
Colombia.

No fue el supremo a la cumbre de UNASUR, sino a un


evento de campaña electorera interna, ante un auditorio de
rústicos. Eso explica su discurso de entrada, en el cual promueve
su nombre como imprescindible en la historia de Colombia,
incluso, miente en el número de hectáreas de coca cultivada antes
de él, o en la supuesta coca cultivada en el Caguán, o que sus
aliados paramilitares han sido desmantelados. Lo mismo de
siempre, que las FARC son muy malas y, por eso, él tiene derecho
a ser mas malo que ellas, lo cual, hay que reconocerlo, ha logrado.

Sobre el tema central, el acuerdo militar con los Estados


Unidos que facilita siete bases en territorio colombiano poco dijo.
Sólo que hay que confiar en él, porque sí, aunque haya mentido
tanto; que no se va a atacar a nadie, aunque promueva
hostilidades contra los vecinos; que no revelará los términos del
acuerdo, no tiene permiso para hacerlo, el acuerdo es secreto. Y
es secreto hasta para los mismos colombianos.

Contrario a la actitud del patriarca, el ánimo de todos los


demás presidentes era preservar el proceso de la integración
regional. Por eso el tono ponderado observado por todos.
Colombia no fue condenada por prestar sus bases a una potencia
intervencionista y externa a la región, porque el consenso es el
método para lograr conclusiones. Pero no por ello Colombia ganó
confianza, hasta perdió la incondicionalidad de su aliado Perú.
61

Aunque hay una condena a la violencia como método, no se


declara a las guerrillas colombianas como terroristas, ni se avalan
los métodos de terror del Estado colombiano. Por eso la desazón
del Supremo y de su monaguillo en asuntos internacionales.

Sin embargo, el evento de los presidentes suramericanos


fue un éxito. Dada la amenaza que Colombia introduce para
todos, por desbordamiento del conflicto y por alianzas con el
imperio, y dados los desplantes del Patriarca a la integración
suramericana, preservar la unidad es parte de victoria. El tema de
seguridad se seguirá tratando en otros ámbitos como en el
consejo de defensa. Parece que todos han entendido que el
mejor camino para prevenir una agresión en Suramérica no está
en la interlocución con el patrón del Ubérrimo, sino en buscar
acuerdos directos con el gobierno estadounidense. La presencia
de un bloque regional de naciones es garantía de lograr respeto
en el concierto de las naciones poderosas.

Como consecuencia de esta cumbre se profundiza el


aislamiento colombiano, una pérdida para los colombianos. Este
aislamiento es inevitable, dados los rumbos divergentes entre el
conjunto suramericano y la Colombia del Supremo. Mientras los
demás países se orientan a la conformación de un bloque
regional que integre economías, sociedades, culturas y defensa,
esta nación en manos de terratenientes se inclina por retornar a
ser colonia.

En esto se equivocan quienes piensan que la dirigencia


criolla, predominantemente el lumpen empresariado, pretenden
62

convertirse en un estado asociado a los Estados Unidos, o que el


gobierno del norte los acepta en tal condición. La mayor oferta
del imperio coincide con la mayor ambición local: Colombia un
enclave colonial norteamericano y Uribe su cipayo. Tampoco es
cierto que Colombia sea el Caín de América, no porque no lo
pretenda, sino porque sólo alcanza a ser el judas del continente.

Que esto se haga en Colombia donde la constitución se


eclipsa ante lo que el patrón llama “estado de opinión”, la misma
demagogia que nombraba Aristóteles, tal vez sea de buen recibo.
Lo que no tiene presentación es que se predique, como lo hizo el
Patriarca en Bariloche, reconducir la comunidad suramericana a
la égida imperial mediante la OEA. La colonia no es la meta de
Suramérica.

Afortunadamente, nadie le hizo caso al Supremo, y


UNASUR sigue adelante, pues, los bloques regionales de naciones
se imponen como realidad en el mundo, luego de la Unión
Europea. Se actualiza más con el discurso del partido demócrata
del Japón, que acaba de ganar las elecciones, por medio de su
líder Yukio Hatoyama, que hace de la integración de la región
Asia- Pacífico su norte. Lo propio acontece en África. Y es
saludable, porque el multilateralismo sólo se puede restaurar
entre iguales, y los bloques regionales permiten hacer potencias
de la unidad de las impotencias.

Ahora que el Supremo encontró el mecanismo de


aparente legalidad para eternizarse en el poder, deben temer las
naciones vecinas, pues, la justificación de sus exacciones la hace
63

sembrando miedo en los ciudadanos, para luego ofrecer


seguridad. Su primera elección tuvo el trasfondo de los falsos
atentados que le organizaba su buen muchacho Jorge Noguera,
con muertos incluidos. Para esta nueva elección el miedo lo está
sembrando desde los países vecinos, particularmente Venezuela
y Ecuador, pero incluye al conjunto de Suramérica. Por lo cual,
habido el artificio jurídico, un referendo impulsado desde el
poder, presentado como del pueblo, y tramitado a cualquier
precio, sólo resta la legitimación. Y esta puede venir desde un
hecho de guerra con los vecinos, que acumula ya intenso trabajo
de justificación, que ha logrado el consenso del empresariado, y
que tiene a los medios de comunicación colombianos
ambientándola hasta en los programas de farándula.
Tal ha sido el último recurso de los tiranos, como el general
Leopoldo Galtieri, jefe de la junta militar que gobernó Argentina,
que inició la guerra de las Malvinas, no por nacionalismo, sino
para obtener algún respaldo popular, y desviar la atención de sus
exacciones. Y, ya se sabe, del Supremo se puede esperar cualquier
cosa.
64

La Caída
6 agosto, 2018

Mark Twain consideraba el mentir como un arte, y cada


arte requiere su técnica. Se ha indicado la necesidad de tener
buena memoria para no caer antes que un cojo, y es de reconocer
que el expresidente colombiano, Álvaro Uribe, la tiene: Es un
memorioso, aunque en gracia de su redomado arte de mentir
finja ciertos olvidos. También se debe reconocer que el patrón de
Antioquia descolla en este campo: porque si la mentira fuera
deporte olímpico, por cuenta de Uribe Colombia habría
acumulado preseas por docenas en esta disciplina; y si fuera una
ciencia habría obtenido un premio Nobel por su espíritu científico
y por perfeccionar el método del embuste. Pero no, el mentir
entró en el catálogo del arte, y si bien el castrochavismo
internacional no ha permitido que se una de las bellas artes, y no
faltará el terrorista atrevido que diga que es un arte feo, pero es
arte al fin de cuentas.

Algún envidioso pretenderá desconocer los méritos de


Don Álvaro de Antioquia, arguyendo que es el único arte que
práctica, ya que no lee, ni escribe, ni canta; no baila, ni pinta, no
esculpe… Ni a cine va. Aunque tiene sus dotes teatrales que las
pone al servicio de su única pasión artística. Acaso ahí radica el
éxito sostenido que ha tenido desde que inició su vida pública,
65

porque las mentiras, le han salido mejor que las verdades: Tal
como debe ser una buena mentira. En esto se desvela otro
componente de la técnica del embuste: La falsedad debe ser
creíble, por lo cual no sólo debe imitar la realidad sino superarla.

A Varito, como le dicen a él en los bajos fondos


antioqueños, le han quedado las mentiras como para una
exposición. Y el pueblo se lo ha reconocido, porque si bien un
tuerto tiene sus ventajas para ser rey en país de ciegos,
convertirse en zar de los embustes en tierra de falsarios es un
desafío mayor. Y Don Álvaro asumió tal desafío a puro pulso,
dejando a Pablo Escobar como un aficionado, ya que a Pablo de
Antioquia no le salían bien las mentiras, y llegó a ganar el corazón
de un pueblo que tiene por divisa no dejarse sorprender en una
verdad. La gente lo sigue y lo ama no porque le crean, todos
saben del fraude que representa, sino por su estilo al mentir, y
por la audacia de hacerlo en los medios masivos, en el Congreso
de la República, en la Presidencia,… hasta en organismos
internacionales.

Por cuenta de tal reconocimiento acumuló millones de


hectáreas en tierras, se hizo multimillonario y, tal como lo diseñó
Pablo de Antioquia, llegó a la presidencia de la república de
Colombia. Y no una vez, sino en dos ocasiones, y hasta en una
tercera mediante testaferrato, como ni Pablo Escobar lo soñó.
Todo repitiendo mentiras, aunque haya necesitado de la ayuda
de otras malas artes, pero se ha de resaltar esto de reiterar las
66

falacias porque es otra clave de su técnica: La mentira ha de ser


repetida tantas veces hasta que llegue a sustituir la realidad. Algo
que ha hecho con tanto primor que ya nadie duda en Colombia
de la existencia del “castrochavismo.

Ahora que el ganadero, caballista, y siempre nuevo rico,


tiene Presidente de la República de bolsillo, presidente del senado
de monedero, y fiscalillo para una faltriquera, no ha podido
enmochilar a la Corte Suprema de Justicia, que lo tiene bajo
sospecha, no de genocidio como lo han denunciado los
incómodos defensores de Derechos Humanos; ni por narcotráfico
como sus malas compañías, y su súbito enriquecimiento sugiere;
ni por corrupción administrativa como indica la rapidez con la que
se enriquecieron sus hijos, y su entorno más cercano encarcelado;
ni por los varios cientos de miles de asesinados por el
paramilitarismo que tanto pregona, ni por los seis millones de
desplazados, ni por la tierra robada, ni por otras linduras que lo
rondan. Lo quieren enjuiciar por fraude procesal y manipulación
de testigos. Algo así como una enfermedad profesional, en caso
de que ser mentiroso sea una profesión. Ese llamado de la Corte
Suprema no deja de ser un gaje del oficio de mentir.

Entonces, en el contexto de la feria de las flores en


Medellín, donde al lado del festival de la trova ha hecho historia
el concurso de mentirosos, Don Álvaro cita a una rueda de prensa
en un lugar cargado de sentido para los turbayistas, inolvidables
torturando presos políticos en las caballerizas del ejército, y para
67

ello reemplaza a equinos con periodistas en los establos de su


finca.

Esta vez no le salieron las cosas como acostumbraba. En la


rueda de prensa se le notaron las falsedades, no tuvo la firmeza
de ánimo con que metía mentiras hasta dentro de un hueco. Se
descompuso, y no pudo sostener su impostura ni diez minutos.
Como que se le escurrió el arte. Y no es que haya dejado de
mentir. Él y su movimiento político parecen haber hecho el
acuerdo de maldecir, y hasta multar, a quien sea sorprendido
cometiendo una verdad. Es el mismo falsario de siempre, sólo que
viene cuesta abajo, y ya no le salen bien las mentiras.

Por cuenta de ello el país aprendió a leerlo, a entresacar


las verdades interpretándolo al revés. Es así como cuando el
patrón dice que él no está eludiendo la corte, es porque sí lo está
haciendo; cuando dice que es un hombre de palabra, hay que
entender que no lo es. O como lo aprendió a leer la Corte
Suprema: cuando dice que es víctima de un montaje, es porque
él mismo es el que está haciendo el fraude procesal.

Y la decaída de su arte parece obedecer a fallos de técnica,


porque el éxito en tan reñido campo demanda talentos
adicionales a la mnemotecnia, a lo histriónico, o la repetición de
falsedades. Hay un requerimiento técnico que olvidó Don Álvaro,
tan obvio que parece secundario: No creer los propios embustes.
68

Y él se creyó el Mesías, se creyó honorable, se creyó


decente, se creyó de buena familia, se creyó intocable… Se creyó
sus propias mentiras y ahora va cuesta abajo.
69

Tartufo

La Corte Suprema de Justicia ha ternado a Alejandro


Ordoñez como su candidato a ocupar, de nuevo, la procuraduría
general de la nación. Confirma esto lo certeras que resultaron los
conceptos de columnistas como María Jimena Duzán y Cecilia
Orozco, por cuyas opiniones esta corte amenazó con
demandarlas. Ellas cometieron a juicio de los magistrados el delito
de opinar que los actuales jueces hacen un cambio jurisdiccional
en torno a las sentencias que pretendieron moralizar el país,
enjuiciando a los políticos cómplices de bandas paramilitares, y el
desmonte de las investigaciones que en esa materia se llevan, o
se llevaban, a cabo. En particular señalaba la periodista Orozco,
el sacar por la puerta de atrás al investigador estrella de la
parapolítica, el magistrado Iván Velásquez.

Con la elección de Ordoñez como su candidato se pone


de manifiesto la razón que tienen estas dos comunicadoras en sus
afirmaciones. Así, la corte que castiga a un investigador por sus
éxitos contra la peor criminalidad que ha tenido Colombia en la
historia, contra quien se fraguó la alianza del alto gobierno, que
como se ha develado recientemente estaba cooptado hasta el
cogote por la mafia, con paramilitares, para desprestigiarlo y
detener el proceso de la parapolítica. Decía que así como Castiga
a Iván Velásquez pretende entronizar en el cargo más importante
70

de control ciudadano a quien ha dado muestras, no sólo de ser


un pésimo jurista, sino de ser un prevaricador redomado.

Mediante los verbos de la pereza, copiar, cortar y pegar,


modificó un fallo del anterior procurador

Jurídica cantisflesca.

Hace parte del tinglado armado en la reforma a la justicia.

Manejo clientelista de procuraduría.

Cómplice de la carrera criminal de Santoyo.

Para quien lo injusto le es indiferente.


71

Alcalde light para Medellín.

La pretendida lucha contra la politiquería y la corrupción ha


degenerado en la banalización de la política y en mayores
mecanismos de exclusión.

En la resaca pos-electoral, tras la feria de ilusiones, se abre


el concurso de cábalas y conjeturas. Hundido el referendo, pese
a la campaña de terror y de soborno impulsada por el gobierno,
a cuyo resultado le había apostado todo; derrotado el candidato
uribevelicista al segundo puesto de la nación, la alcaldía de
Bogotá; derrotado también su gran amigo, el oscuro Rubén Darío
Quintero en la puja por la gobernación de Antioquia; similar
suerte corrió el presidente en la gobernación del Valle del Cauca.
Ante tan descalabrado panorama, parece que el Gobernante de
los colombianos, el hasta ahora invicto electoralmente Uribe
Vélez tendrá que conformarse con los premios de consolación del
gran sorteo de las elecciones: La alcaldía de Cali y la alcaldía de
Medellín. Trofeos de no poca monta.
72

Se ha mencionado en los medios que los resultados de los


comicios para alcaldía de estas dos ciudades, son una derrota más
del mandatario. Nada más alejado de la realidad. El ciego de Cali
y el greñudo de Medellín son ambos cartas del señor de las
sombras, del presidente Uribe. Incluso, ninguno de los dos lo
negaron en el debate en pos del dividendo de la popularidad
presidencial. Siendo esto materia de conocimiento público, lo que
hacen algunos analistas es evidenciar su falta de información y de
consulta a la hora de emitir conceptos, y un gran desprecio por la
capacidad de discernimiento de los receptores. También resulta
sospechoso que los medios que apoyaron a ambos pretendan
desconocer las cuerdas políticas de sus ahijados. Lo realmente
llamativo, en estos casos, resulta ser la estrategia presidencial en
estas dos ciudades. Estrategia coronada con el éxito.

En el caso de Cali, se conjuró la amenaza de un candidato


realmente independiente, Gustavo de Roux; conocido
ampliamente por sus escritos sobre participación comunitaria,
sobre medio ambiente, por sus columnas de prensa y por su
meritoria gestión en el ministerio de salud. Amenaza ocasionada
con su asistencia en el debate, desafiando a un aspirante de
extracción rancia en la oligarquía: Rodrigo Lloreda, a quien podía
arrebatarle el favor popular. Ante este reto, quienes temen mucho
las confrontaciones en igualdad de condiciones, como es el caso
del actual mandatario, sacaron un candidato que fungiera como
aspirante más popular que el realmente popular. Con una ventaja
adicional a la hora de buscar votos: este calanchín uribista es
ciego.
73

Así pues, ataviando de independiente a un manzanillo


clásico del departamento del Valle, se explota esta presentación
ante la opinión, y de su deficiencia visual se le saca un poco más
por la vía de la compasión. De esta forma se logra excluir de las
posibilidades de llegar a la conducción de la ciudad a Gustavo de
Roux y el debate se centra sobre los dos de Uribe, con el definitivo
y decisivo apoyo de los medios de comunicación, incluso de los
nacionales.

Similar proceso ocurrió en Medellín, ciudad con una


ventaja de más para los apetitos de lucro de los privatizadores,
por la posesión de las Empresas Públicas y sus descomunales
utilidades. Excluidos, parcialmente, del poder local por su falta de
control sobre EPM, los gremios privados de Antioquia, con su
famoso sindicato a la cabeza, han buscado por todos los medios
de incidir sobre el manejo de este ente público, procurando que
deje de serlo y que sus utilidades pasen a ser parte de las de sus
grupos económicos. Ya en esta administración se dio una puja
cuando el actual alcalde pretendió, soberanamente, que si las
Empresas Públicas son patrimonio de la ciudad, sean sus
ciudadanos quienes se beneficien de ellas, en primer lugar con
unas tarifas más bajas, fruto de su mejor gestión. Entonces los
mercaderes de los servicios públicos pusieron el grito en el cielo.

Reunidos, los especuladores, en la Comisión Reguladora


de Energía y Gas (CREG), para beneficiar a los prestadores
privados y para impedir que las empresas eficientes, como EPM,
puedan competir contra las privadas; estos, a grito herido,
74

anunciaron que tarifas módicas y justas serían el acabose de las


empresas de servicios antioqueña. Caso rarísimo de los intereses
privados velando por el patrimonio público. Y para seguir en esta
lógica de rarezas, los gremios empresariales de Antioquia
conformaron una veeduría a la que nombraron “cívica”, para velar
por el buen manejo de las EPM. De nuevo el lobo cuidando del
bienestar de las ovejas.

No se debe desconocer que los miembros de esta misma


“veeduría cívica” fueron los que acompañaron el intento
privatizador que se hizo en la administración del alcalde Sergio
Naranjo, quien ahora trataba de repetir elección a la alcaldía.

Así como en la ciudad de Cali, el mismo proceso se hizo


en Medellín, pero en este caso se busca algo más: hacerse con el
control de las EPM y de disponer de sus transferencias. No se
recurrió en esta ciudad al voto de conmiseración, sólo se apeló a
argumentos de corte segregacionales, racistas y clasistas como
los usados para descalificar al candidato liberal Jorge Mejía, de
extracción popular (pobre, negro y feo) y de larga data enemigo
de privatizar a las empresas del municipio. En lo demás el
mecanismo fue el mismo.

Nuestro presidente, después de dar lora durante varios


meses disfrazado de arriero, haciendo maromas con un tinto en
un caballo, echándole piropos a un marica en gran hermano,
haciendo de vedette en los programas frívolos de la televisión, de
predicador de apocalipsis y otras desgracias; fungió de
ventrílocuo en Medellín y, luego de silenciar a Mejía, cual José
75

Donoso puso sus dos muñecos en escena, el mico y el muchacho,


uno en el papel de malo consumado y el otro de bueno iniciado.
Al malo lo puso pleno en sus atributos, arduamente obtenidos en
un recorrido sin precedentes por todos las categorías del código
penal. En tanto al bueno, le despojó de sus atributos, ocultando
primero su extracción partidista, siendo el primer hijo de papi que
a los 48 años no ha tenido partido político; luego su origen de
clase mostrándolo como si fuera uno de los millones de paisas
que andan a pie y que no tienen sino bluejeans y camiseta para
ponerse, y no el hijo de uno de los mayores contratistas del
Estado, del empresario Raúl Fajardo, dueño de una de las
empresas mega constructoras de la nación y sobre todo del
municipio: Allí donde un edificio corta la vía y el paisaje, en el
centro y en el poblado, es obra de Fajardo Vélez y Cía; hasta su
edad, al menos psíquica, le quitaron, lo pusieron a lucir melena
de colegial de clase media. Por último le despojaron del uso de
razón, lo más grave, pero esto merece punto aparte.

Así, bien bañaito y mal peinado salió como un personaje


paseador a buscar votos, hasta se encontró con un ratón vecino.
De ahí en adelante todo fue una refinada función del más
acabado de los ventrílocuos. Al muñeco malo le sacaron todo lo
malo, incluso le mostraron como un candidato muy rico,
realmente lo era tanto como el otro. Y esta exhibición de maldad
y opulencia, quien lo creyera, le generó un significativo respaldo,
seguramente de quienes aspiran a obtener tan magnas virtudes.
Al muñeco bueno le dieron un destino de historieta infantil: solito
y desvalido entre el bosque de concreto, el mismo que su papá
76

construyó. Lo cual generó una alerta maternal en la ciudad, sobre


todo cuando algunas ONG’s dispararon las alarmas que
anunciaban un peligro peor para el novel candidato: había
perdido la memoria: no tenía historia política: era independiente:
se debía apoyar.

De este modo empieza el titiritero mayor a amenizar la


función, un malo muy conocido, salía de candidato, acompañado
de un gran séquito de semejantes, con maquinaria mayor y con
fortuna aún superlativa. A su encuentro salía el bueno, solo, sin
maquinaria y sin capital. Pero como el bueno tiene una parte en
la amnesia, se debe recordar que la de este es la historia del pobre
muchachito que no tenía nadie quien le acompañara, sino ONG’
s, empresarios de todos los pelambres, uribistas pululantes, la
gran prensa nacional y regional. No tenía ninguna maquinaria,
sino las mismas ONG’s, empresarios de la construcción, del
cemento, y las empresas del sindicato antioqueño. No tenía
tampoco ninguna platica con que funcionar, sino los milloncejos
de su papá, Los del Grupo Empresarial Antioqueño GEA (alias
sindicato antioqueño), los aportes de Conconcreto, de Integral,
de cementos Argos, de Arquitectura y Concreto e Ingeomega, de
Mercurius Venture (el fondo de capital de riesgo del cual es socio
Augusto López Valencia, unos de los ex hombres fuertes del
grupo Santodomingo), de Susalud, de la firma Bima, y muchos
otros tan pobres como el candidato, casi todos de la famosa
“veeduría cívica”. Tampoco disponía el pobrecito de por donde
hablar, sólo era el candidato oficial de El Colombiano, de RCN, y
de los que pudiera comprar, donde encuestas ganaba sin parar.
77

El pobre niño, ni sus acompañantes, tampoco sabían de mañas ni


de marrullas, ya que combatían a la politiquería, solo aprendieron
a birlar los controles a los topes de gastos de las campañas,
dejando de contabilizar algunos aportes, pues fueron iluminados
con el argumento que lo que se recibe en especie no cuesta
dinero. Algo así como doble contabilidad, o como lo que le pasó
en otra escala y con otras personas a un señor de apellido
Samper.

En tanto, el ventrílocuo ponía al candidato malo a figurar


tras una mole de concreto, con la insignia real de la casa
presidencial, el caballo (lo cual refiere a su honroso origen).
Anunciando en esto y con palabras las toneladas de cemento que
serían vertidas, e invertidas, en la ciudad. Mientras que al otro lo
desfiguró hasta hacer de él no un candidato sino un candidote.
Así, dejando tras bambalinas el concreto, los concreteros y los
contratistas mentores de la empresa fajardista, presentaron como
novedosísimo y fruto del más refinado ingenio de sus sabios
asesores, los “mejores” en concepto de Fajardo, el programa de
gobierno mejor elaborado de cuantos se han presentado en
muchos años: un programa que no se comprometía a nada, para
eludir cualquier posible revocatoria de mandato por
incumplimiento del mismo, pero que redundaba en palabras
encomíasticas para deslumbrar algún posible lector, y pescar
incautos anunciando la “honestidad”, “la transparencia”, “la
eficiencia”, “participación”, “equidad y justicia”, “democracia”, “
mejores”, y no podía faltar el “combatir la corrupción y la
politiquería” del estribillo presidencial.
78

Luego de esto, el animador despojó al candidato(dote) del


uso de razón. Entonces empezó la campaña más absurda que en
contienda electoral se había visto: el señor Fajardo se puso a
soltar respuestas del tipo “no puedo decir ni si ni no”, “yo no me
puedo comprometer en este tema”, “eso hay que estudiarlo para
poder tomar una decisión”, “consultaremos con los expertos”, “no
sabría decir nada al respecto”, “no podría dar una cifra”, “no
puedo prometer nada en ese tema”. Se trataba de que si el
programa no decía nada, el candidato(dote) dijera menos. A
parte de las anteriores evasivas, poseía tal campaña la consigna
de no hacer compromisos, argumentando mantener de esta
forma la independencia. Y en verdad no tenía ningún
compromiso, ni con un movimiento, ni con un partido, ni con un
ideario, ni con un programa, y por su puesto, menos con los
electores y con la ciudad.

Desde esta perspectiva se debe reconocer que el señor


Fajardo mantuvo su independencia frente a la ciudad, no tiene
ningún compromiso con ella y, que no haciendo nada cumple
cabalmente su programa y su falta de compromiso ciudadano. Lo
que no se puede afirmar es que mantenga independencia frente
a su clase social, frente al gobierno central, ante los intereses de
su familia, ante los medios de comunicación que lo impulsaron
(expresión de intereses empresariales) y, sobre todo, ante los
patrocinadores de tan costosa campaña electoral.

Por lo cual se puede entender que en esta ocasión, a la


alcaldía de Medellín llegó el gobierno más descarnado de clase,
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clase de propietarios, que haya tenido la ciudad en toda su


historia. Son los grandes grupos económicos con asiento en la
ciudad, y fuera de ella, quienes tienen ahora el control del
municipio y sobre todo de sus Empresas Públicas. Y ante la
ausencia de enunciados claros en el programa y en el decir del
entonces candidato(dote), será necesario buscar en el discurso de
quienes lo acompañan el ideario que orientará la gestión de
Sergio Fajardo en la alcaldía.

Ante todo se debe entender que esas gentes son primero


negociantes, antes que ciudadanos, y que todas sus acciones
están orientadas por la búsqueda del lucro personal y privado,
por encima o a costa del interés general. Por eso los pobres de la
ciudad, quienes somos más, no debemos esperar alivio alguno.
En materia de tarifas de servicios públicos se seguirá la directriz
del gobierno central: nivelar los costos operacionales por el rasero
de los menos eficientes, para favorecer las empresas privadas, en
su mayoría de capital foráneo, trasladando los costos a los
consumidores, o pueblo que llaman.

Se verá que tan independiente resulta cuando de definir


quien va a manejar las Empresas Públicas. Lo más probable es que
no sea nada independiente y que, casualmente, estas terminen
manejadas por agentes del sindicato antioqueño, en connivencia
con otros grupos empresariales. Si esto ocurre, que es lo más
probable, no se debe perder de vista que estos señores
delegados del gran capital, independientes en asuntos de
partidos políticos, y de temas sociales, pero promotores del
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neoliberalismo y amigos de la privatización de las empresas


oficiales más rentables del Estado, son con seguridad quienes
desean este último destino para las EPM, y estas últimas
destinadas a ellos y a sus grupos económicos.

Para lograr ello, no han de mostrar sus apetitos a la vista


de la opinión general, se presentarán los lobos empresariales
como los mejores cuidadores de ovejas públicas, inicialmente.
Luego harán una gestión de transparencia y revelarán los
alarmantes casos de corrupción y de ineficiencia en las EPM,
desprestigiándolas al máximo, harán sonar las alarmas del
desastre y ante una inminente quiebra de estas y la pérdida
lamentable de los intereses de los antioqueños se promoverá de
nuevo la “democratización” de las Empresas Públicas, o sea su
privatización, y el presidente conmovido recomendará y ordenará
esta salida. Entonces podrán aparecer los lobos agazapados en la
campaña de Fajardo, antes encubiertos en la “veeduría cívica”, y
con seguridad tras el manejo de EPM en su alcaldía, solos o
aliados con capital foráneo, y serán los salvadores, quienes
asuman encartarse con tal ente “tan difícil de manejar”, que “no
da sino problemas”. Tal es lo central del proyecto fajardista.

Como calanchín uribista que es, es necesario prever que


para Medellín se viene el mismo manejo represivo, intolerante y
paraestatal de los conflictos sociales. La excepción de impuestos
para los ricos y la tributación para los pobres. Congelación de
salarios, pérdidas de garantías laborales, empleos de baja calidad,
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y demás atrocidades. Neoliberalismo y la consiguiente


privatización de los entes rentables del municipio.

Tal cual ha sido el comportamiento del señor presidente, y


en relación de la composición del equipo fajardista, de su
camarilla oculta, se debe prever que la mayor parte de la
conformación de su equipo de gobierno será con cuotas para
representantes de los gremios empresariales, y con elementos
provenientes del núcleo de la oligarquía, adornados con sujetos
del campo de las ONG’s para dar la ilusión de democracia. Falta
ver que puede sacar el Concejo.

Así como los pobres no pueden esperar nada, los ricos han
de esperar muchas utilidades, vendrá la gran feria de los
contratos, eso sí para “los mejores”: los empresarios. Y dado que
lo más granado de su campaña son los cementeros y las firmas
de constructores, la concepción de desarrollo y de progreso, en
adelante, será directamente proporcional a las toneladas de
concreto vertidas y a los metros cúbicos construidos. La “tacita de
plata” ahora será de cemento, y todo aquel que esté distraído en
la ciudad correrá el riesgo cierto de terminar encementado.

Sin embargo ha de reconocerse que tal destino se lo ha


sabido ganar la ciudadanía de Medellín. Los verdaderamente
candidotes, cuando al pretender seguir la directiva del presidente
corrupto y politiquero, también con ropaje de independiente,
eligieron a un candidato que se presentó sin programa, sin
historia y sin discurso, que no decía sino bobadas en campaña,
todo un candidato light. Tal vez cansados de esos que se han
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resultado muy vivos y se han robado todo, ahora se dejan seducir,


o engatusar, por uno que se presenta muy bobo, que ni siquiera
discute: sólo repite estribillos y consignas, en la peor expresión de
la banalización de la política.

Por último ha de pensarse en esto la paradoja del alcalde


light, delicado y liviano, pero relleno de concreto pesado. ¿Podrá
levantar vuelo así? Y ese gobierno de los “mejores” lleva
incrustada la contradicción enunciada por Heidegguer: Lo mejor
es enemigo de lo bueno.

P. S.: Del malo de la campaña se conoció que con mirada


torva, entrecejo fruncido y asimetría en la boca, mientras se
retorcía las manos dijo: ¡Volveré!
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La importancia de llamarse Valencia Cossio

Aparte de ser el patronímico de una familia depredadora


de cargos públicos, de contratos y de canonjías, son los apellidos
del ministro del interior y de justicia, encargado de funciones
presidenciales durante el peregrinaje de Uribe Vélez por los
Estados Unidos. Cosa de por sí muy importante, y por ello la
noticia de la captura de Guillermo León Valencia Cossio, hermano
del mentado ministro en funciones de presidente le dio la vuelta
al mundo. Es la importancia de llamarse Valencia Cossio.

No era para menos. Cuando el actual gobierno ha


enfrentado repetidos y constantes escándalos por su maridaje
con el narcotráfico y el paramilitarismo, y el presidente insiste en
desestimar esos vínculos, sobre todo en la comunidad
internacional ya que a la nacional poco le importa eso, que esa
información adquiera semejante énfasis era de esperarse, no sólo
por la importancia de llamarse Valencia Cossio.

No es sorpresiva la noticia, aunque sí lo es por lo tardía.


Ese señor Valencia Cossio debió haber sido detenido hace mucho
tiempo, y no lo fue gracias a la importancia de llamarse Valencia
Cossio. También debió ser destituido con las primeras denuncias,
y con los primeros resultados de las investigaciones que lo
comprometían con el paramilitarismo, claro, no lo fue por la
importancia de su apellido. Y si se siguiera con esta línea de
pensamiento habrá de reconocerse que nunca debió ser
nombrado como coordinador de fiscalías de Medellín, menos de
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fiscal delegado ante el tribunal superior de Medellín, pero los


requisitos académicos son poca cosa ante una recomendación de
Fabio y la importancia de llamarse Valencia Cossio.

Llama la atención que un sujeto acusado de cinco delitos


graves, entre ellos el concierto para delinquir agravado, qué ha
puesto en riesgo a las instituciones del Estado con sus actuaciones
de sesgo criminal, reciba la casa por cárcel. Es decir, que sea
recluido en le lugar donde ha obrado destruyendo pruebas, como
la quema de certificados a su nombre de las prebendas recibidas
por los servicios prestados a la mafia paramilitar. Esa es la
importancia de llamarse Valencia Cossio.

Es posible que sea recluido junto a su amado sobrino Juan


Diego Valencia, no se ha dicho hijo de quién, el que le “echó
candela” a los certificados siguiendo instrucciones de su tío preso,
sin que se le inicie proceso alguno al obediente sobrino. Eso
confirma una popular sentencia antioqueña: familia que delinque
unida permanece unida. ¡Qué importante es llamarse Valencia
Cossio!

Ahora, el gran hermano Fabio, determinará el rigor con


que el Instituto Nacional de Penitenciarías, Inpec, servirá al
hermanito acusado. Tal como van las cosas los “guachimanes” del
Inpec entrarán a reforzar la servidumbre de la casa. Ya se sabe: la
importancia de llamarse Valencia Cossio.

El ministro Fabio, quien ha anunciado se mantenerse al


margen del asunto, se ha dirigido en dos ocasiones al fiscal
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general abogando por la inocencia de su hermano. Con la


primera logró eludir la destitución y obtener el traslado del
Valencia Cossio chiquito como jefe de fiscalías a Tunja. Con la
segunda, en un viaje por Cartagena, no se sabe qué logró, aunque
coincida en que la detención se haya postergado tanto. Cosas de
la importancia de llamarse Valencia Cossio.

Muchos años antes, Álvaro Uribe Vélez acusó a Fabio


Valencia Cossio de estar haciendo fraude electoral en Antioquia,
hasta le dio en la cara y el jefe del clan Valencia Cossio apareció
ante los medios de comunicación con un ojo moreteado
acusando, a su vez, a AUV de ser el autor del fraude electoral.
¿Qué pasó con estas denuncias cruzadas? Nada, por el cruce de
importancias de llamarse Valencia Cossio y AUV.

También se hizo famoso un hijo de Fabio cuando, al tratar


de adquirir una costosa acción en un club bogotano, despertó
sospechas por la forma en que, siendo tan joven había obtenido
el capital para esa compra. Las indagaciones llevaron a la
vinculación del muchacho al caso Dragacol, donde, mediante la
infalible recomendación de su padre, se posibilitó una
multimillonaria defraudación al Estado bajo la figura de una
conciliación. Hace poco se declaró preclusión en el proceso, sin
condenado alguno. Vuelve y juega la importancia de llamase
Valencia Cossio.

En el cuadrilátero macondiano donde se libran los, ya


proverbiales, enfrentamientos del gobierno Uribe contra la
justicia colombiana, se le suma un nuevo asalto: la retaliación de
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Valencia Cossio por el juzgamiento de su hermanito. El ministro


Fabio, en funciones presidenciales, determina mano dura contra
la rama judicial, en paro por sus precarias condiciones laborales.
Entonces, se autoriza a sancionar jueces y fiscales en paro y a
nombrar, previa recomendación del ministro: “jueces de
emergencia que atenderán los delitos de alto impacto social,
acciones de tutelas, hábeas corpus y la resolución de medidas
relacionadas con la libertad.” Nada raro que en manos de uno de
estos “jueces de emergencia” terminen algunos procesos de
parapolíticos, incluido el de su hermanito. No sería de extrañar
que los jueces emergentes sigan la “jurisprudencia” del vicefiscal
de absoluciones Guillermo Mendoza, y concluyan que el
concierto para delinquir no es delito cuando lo cometen los
políticos, y que hasta es un chiste cuando lo comete el
vicepresidente. Para eso es la importancia de llamarse Valencia
Cossio.

Una vez más la oposición pedirá la renuncia del ministro,


eso es arar en el mar o pedirle peras al mamoncillo. Simplemente
porque es un requerimiento que invoca la ética y la honestidad
en política, materias en las que este gobierno está en la inopia.
Además, el proyecto político del uribismo tiene como axioma
fundador que el fin justifica los medios, y los fines los justifica José
Obdulio (JOG), y ya JOG bendijo la presencia de Fabio en el
gabinete, o la importancia de llamarse Valencia Cossio.

Además, los criterios ideológicos de la coalición de


gobierno se fundamentan en un vago odio a los pobres y a la
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justicia social, de lo cual cada facción hace interpretación a su


amaño. Sin lograr un claro consenso en cómo obrar, las relaciones
predominantes en “la casa de nari” son las de la complicidad. Por
esta razón la presencia de Fabio en el gabinete está de más que
justificada, ya es un nuevo aliado en la lucha contra la rama
judicial y en la búsqueda de la impunidad para los delitos de lesa
humanidad del paramilitarismo, y realza la importancia de
llamarse Valencia Cossio.
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Don Mario, un delincuente a la medida de las


instituciones.

Capturaron a Daniel Rendón Herrera, alias Don Mario. Ríos


de tinta, y de babas, fluyen elogiando la eficacia de las
autoridades. Eficacia que no impidió la consumación de los 3.000
crímenes que se le imputan, en el curso de algo más de un año,
con la seguridad democrática en su fina. Que tampoco impidió
que se organizara, en poco tiempo, una descomunal estructura
delictiva, asentada en casi todo el territorio nacional, y, con la
particularidad muy colombiana, de tener un municipio como
capital, en este caso Necoclí en Antioquia. Estructura que se
entrega probada y funcionando para el próximo Don.

Ahora lo muestran como “capo de capos”, un Al Capone


montañés, u otra versión de Pablo Escobar, cuando Pablo de
Antioquia necesito algo más de una década para construir su
emporio, a este le bastaron cuatro años, y tuvo un reinado de un
año. Tampoco fue arrestado con la parafernalia propia de un gran
jefe, sin que operaran los mentados anillos de seguridad, sin un
disparo. Ni un escolta tenía. Tampoco tenía expresión de estar
viviendo la intensa persecución que relata la policía, no estaba
demacrado, menos desnutrido, y sólo llevaba dos días sin
afeitarse. Incluso la foto de su captura, donde posan varios
agentes de la policía en coro, con alias Don Mario sentado al
centro, parece la foto de un equipo de fútbol en torno de su
mascota.
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En verdad, este señor de muchos ejércitos no tiene el perfil


del líder vigoroso. Acaso lo tenga muy oculto, u oculte la
identidad de otro jefe poco amigo del bullicio y del oropel
farandulero que han caracterizado al paramilitarismo
colombiano.

Ciertos estilos de su accionar semejan un sainete, desde el


nombre que le dio a su grupo, “Autodefensas Gaitanistas de
Colombia”. Delirante que una agrupación de extrema derecha se
arrope bajo el nombre de Gaitán. Igualmente, resuena como si
fuese una escenificación del teatro del absurdo el paro armado
promovido por estos en la región de Urabá. No se conoce de otro
paramilitar que haya realizado un paro armado, al estilo de los
que hacen la guerrilla de las FARC. Y parte de esa teatralización
fue la pasividad de la fuerza pública. En contraste con el
tratamiento que reciben los paros armados de la guerrilla, allí se
paralizó la zona totalmente, pero no hubo muertos, ni
enfrentamientos, ni detenidos. Menos ametrallamientos y
bombardeos. El de Don Mario se tornó en una forma de día cívico
en la región, incluso hubo orquestas en Arboletes un día después.

Don Mario, a diferencia de otros delincuentes organizados,


a quienes la policía detecta y expone ante la opinión general, se
dio a conocer él mismo, con video donde se exhibía dando un
comunicado y haciendo alarde de poder, como si tuviese afán de
ser perseguido y capturado.

Suena a chiste que este gobierno que se jacta, en foros


nacionales e internacionales, de haber acabado con el
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paramilitarismo, capture a un hampón que dice tener 6.000


paramilitares a su mando. También que se declare delincuente
político, y, en el paroxismo del humor, solicite ser nombrado
gestor de paz. Claro que tales humoradas no tendrían cabida de
no ser por la lora que ha dado el gobierno de Uribe al insistir en
darle estatus de delincuentes políticos a los paramilitares, hasta
llegar a agraviar la Corte Suprema de Justicia por oponerse a ello;
y por otorgar el caricaturesco nombre de gestores de paz a
asesinos en serie. A tales instituciones tales delincuentes.

El tal Don Mario no tiene el empaque para todo lo que se


le imputa, sin embargo, aun pareciendo un villano de comedia, el
accionar criminal de su estructura no es una ficción. Los muertos
son reales, el despojo de tierras es real, reales son los
desplazados. Podría afirmarse que Don Mario existe porque
existen sus víctimas.

No sólo las víctimas de este precario reinado, sino también


las de sus andanzas como peón del clan Castaño, en Córdoba y
Urabá, de Miguel Arroyave y de los mellizos Mejía Múnera en
los llanos. Sí por asesinatos ha dejado más de 3.000 familias
dolientes, las cifras del desplazamiento, tan invisible que ni se
cuenta, pueden multiplicarse por 100 o por 1.000. Así, la erección
de los pilares de la verdad, la justicia y la reparación implica una
faena colosal para el Estado colombiano. Ni forma de nombrar la
garantía de no repetición, pues, la existencia misma de Don Mario
afirma que lo único garantizado en Colombia es la repetición de
estos actos de terror.
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Huelga decir que las víctimas tienen derechos. Retórica.


Derechos de papel sin eficacia para quien es violentado. Ahora
mismo, se evidencia un afán de presentarlo como capo del
narcotráfico, minimizando o desconociendo su cariz, y su historial,
paramilitar. Y antes de posibilitar las demandas de las víctimas se
tiene programada su extradición. Ya el embajador de los Estado
Unidos, William Brownfield, anunció esta como un hecho.

No es sólo desde la óptica de las víctimas, pues este Don


Mario, el capturado, actualiza el recuerdo de otro Don Mario, el
liberado Mario Uribe Escobar, así como del ex Director Seccional
de Fiscalías en Antioquia, Guillermo Valencia Cossio, pues, hay
testimonios que afirman que el primero hizo que sus hombres,
pistola en mano, obligaran a los ciudadanos a votar por el
segundo, mientras que el tercero está sindicado de integrar ese
andamiaje criminal. Así que el trámite de Daniel Rendón Herrera
por la justicia colombiana puede tener efectos de restauración
sobre la institucionalidad democrática de este Estado. Ya se
conoce la posición del gobierno. Todo está en manos de la Corte
Suprema de Justicia, impredecible en estos casos.