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VII solo poner en juego la inteligencia para fundamen-

Llegamos al final de nuestro discurso con el que tar la necesidad y posibilidad de esa alternativa, sino
pretendíamos responder a la cuestión de si se pue- también tensar la voluntad para responder al impe-
de ser marxista hoy. Y nuestra firme respuesta al rativo político-moral de contribuir a realizarla. JORGE LUIS BORGES
concluir, es esta: puesto que una alternativa social Por último, reitero mi más profundo agradeci-
al capitalismo —como el socialismo— es ahora más miento a la Universidad de La Habana, porque con
necesaria y deseable que nunca, también lo es, por
consiguiente, el marxismo que contribuye —teórica
la alta distinción que me otorga, me da un vigoroso
impulso para continuar, en su tramo final, la obra
Una conferencia recobrada
y prácticamente— a su realización. Lo cual quiere que ha tenido y tiene como eje teórico y vital al
decir, a su vez, que ser marxista hoy significa no marxismo. ni sobre Don Quijote

En 1968 Jorge Luis Borges pronunció, en inglés, esta conferen-


cia sobre el Quijote en la Universidad de Texas, Austin. La gra-
bación fue recobrada por Julio Ortega, quien transcribió el texto
con ayuda de Richard A. Gordon. Se dio a conocer en un núme-
ro monográfico de la revista Inti (Para no volver a la Mancha,
Providence, 45, Primavera de 1997). Traducida al español por
Mirta Rosenberg, se publicó en Poesía (Buenos Aires, 48, 1999).
Vuelta a cotejar por J. Ortega, se ofrece ahora en una versión

Revista Casa de las Am éricas No. 265 octu bre-dic ie m bre/2o11 pp. 131-137
definitiva.

uede parecer una tarea estéril e ingrata discutir una vez más el

p tema de Don Quijote, ya que se han escrito sobre él tantos


libros, tantas bibliotecas, aún más abundantes que la que fue
incendiada por el piadoso celo del sacristán y el barbero. Sin em-
bargo, siempre hay placer, siempre hay una suerte de felicidad cuan-
do se habla de un amigo. Y creo que todos podemos considerar a
Don Quijote como un amigo. Esto no ocurre con todos los perso-
najes de ficción. Supongo que Agamenón y Beowulf resultan más
bien distantes. Y me pregunto si el príncipe Hamlet no nos hubiera
menospreciado si le hubiéramos hablado como amigos, del mismo
modo en que desairó a Rosencrantz y Guildenstern. Porque hay
Jugarnos, 2011. Tinta/papel, 80 x 60 cm
ciertos personajes, y esos son, creo, los más altos de la ficción, a
los que con seguridad y humildemente podemos llamar amigos.

ami
Pienso en Huckleberry Finn, en Mr. Pickwick, palabras». Es cierto, y sin embargo, lo considera.. manees que Don Quijote leyó, y que fueron tomadas el cura pueden encontrarse con un volumen del li-
en Peer Gynt, y en no muchos más. mos una blasfemia. Porque cuando pensamos, diga- del Matiére de Bretagne, del Matiére de France y bro que estamos leyendo. En realidad eso es lo que
Pero ahora hablaremos de nuestro amigo Don mos, en Don Quijote o en Huckleberry Finn, en Mr. demás, y la monótona realidad de la vida española a pasa, tal vez lo recuerden, en ese otro espléndido
Quijote. principios del siglo xvn. Y encontramos este conflic-
Pickwick, o en Peer Gynt, o en Lord Jim, sin duda sueño de la humanidad, el libro de Las mil y una
Digamos, primero, que el libro ha tenido un ex- no pensamos en ristras de palabras. También po- to en el título mismo del libro. Creo que, tal vez, al- noches. Pues en medio de la noche Sherezada
traño destino. Pues de algún modo, apenas si po- dríamos decir que nuestros amigos están hechos de gunos traductores ingleses se han equivocado al tra- empieza a contar distraídamente una historia y esa
demos entender por qué los gramáticos y académi- cadenas de palabras y, por supuesto, de percep- ducir El ingenioso hidalgo Don Quijote de la historia es la de Sherezada. Y podríamos seguir al
cos le han tomado tanto aprecio a Don Quijote. En ciones visuales. Cuando nos encontramos con un Mancha como The Ingenious Knight Don Quixo- infinito. Por supuesto, esto se debe a un mero error
el siglo xix fue alabado y elogiado, diría yo, por las verdadero personaje en la ficción, sabemos que ese te de la Mancha, porque las palabras «Knight» y del copista que vacila ante ese hecho, si Sherezada
razones equivocadas. Por ejemplo, si considera- personaje existe más allá del mundo que lo creó. «Don» van juntas. Yo diría tal vez «the ingenious coun- contando la historia de Sherezada es tan maravillo-
mos un libro como el ejercicio de Montalvo, Capí- Sabemos que hay cientos de cosas que no conoce- try gentleman», y allí tenemos el conflicto. so como cualquier otro de los maravillosos cuentos
tulos que se le olvidaron a Cervantes, encontra- mos, y que sin embargo existen. De hecho, hay Ahora bien, durante todo el libro, especialmente de Las mil y una noches.
mos allí que Cervantes fue admirado por la gran personajes de la ficción que cobran vida en una sola en la primera parte, el conflicto es muy brutal y ob- También tenemos en Don Quijote el hecho de
cantidad de proverbios que conocía. Y el hecho es frase. Y tal vez no sepamos demasiadas cosas sobre vio. Vemos a un caballero que vaga en sus empre- que muchas historias están entrelazadas. Al principio
que, como todos sabemos, Cervantes se burló de ellos, pero, esencialmente, lo sabemos todo de ellos. sas filantrópicas a través de los polvorientos cami- podemos pensar que se debe al hecho de que Cer-
los proverbios haciendo que su rechoncho Sancho Por ejemplo, ese personaje creado por el gran con- nos de España, siempre apaleado y dolido. Además vantes puede haber pensado que sus lectores po-
abundara en ellos. Entonces, la gente consideró a temporáneo de Cervantes, Shakespeare: Yorick, el de eso, encontramos muchos indicios de la misma drían cansarse de la compañía de Don Quijote y de
Cervantes un escritor de estilo fino. Y debo decir pobre Yorick es creado, diría, en unas pocas líneas. idea. Porque, por supuesto, Cervantes era un hom- Sancho y trató de entretenerlos entrelazando otras
que a él no le interesaba para nada la escritura flo- Cobra vida. No volvemos a saber nada de él, y sin bre demasiado sabio como para no saber que, aun historias. Pero yo creo que lo hizo por otra razón. Y
rida. La escritura refinada no le agradaba demasia- embargo sentimos que lo conocemos. Y tal vez, des- cuando opusiera los sueños y la realidad, esta no esa otra razón sería que esas historias, la novela El
do, y leí en alguna parte que la famosa dedicatoria pués de leer Ulises, sabemos cientos de cosas, cien- era, digamos, la verdadera realidad, o la monótona curioso impertinente, el cuento del cautivo y de-
de su libro al Conde de Lemos fue escrita por un tos de hechos, cientos de circunstancias acerca de realidad común. Era una realidad creada por él; es más, son otras historias. Y por eso está esa relación
amigo suyo o copiada de un libro, ya que él mismo Stephen Dedalus y de Leopold Bloom. Pero no los decir, la gente que representa la realidad en Don de sueños y realidad, que es la esencia del libro. Por
no estaba especialmente interesado en escribir esa conocemos como conocemos a Don Quijote, de Quijote forma parte del sueño de Cervantes tanto ejemplo, cuando el cautivo nos cuenta su cautiverio,
clase de cosas. Cervantes fue admirado por su fino quien sabemos mucho menos. como Don Quijote y sus infladas ideas de la caballe- habla de un compañero cautivo. Y ese compañero
estilo, y por supuesto, eso significaba muchas co- Ahora voy al libro mismo. Podemos hablar de él rosidad, de defender a los inocentes y demás. Y se nos hace sentir, es finalmente nada menos que
sas. Si pensamos que de algún modo Cervantes nos como de un conflicto, un conflicto entre los sueños y a lo largo de todo el libro hay una suerte de mezcla Miguel de Cervantes Saavedra, que escribió el libro.
transmitió el personaje y el destino del ingenioso la realidad. Esta afirmación es, por supuesto, erró- de los sueños y la realidad. Así, hay un personaje que es un sueño de Cervantes
hidalgo Don Quijote de la Mancha, tenemos que nea, ya que no hay causa para que consideremos Por ejemplo, se puede señalar un hecho, y me y que, a su vez, sueña con Cervantes y lo convierte
admitir su fino estilo o, más bien, algo más que eso, que un sueño es menos real que el contenido del dia- atrevo a decir que ha sido señalado con mucha fre- en un sueño. Después, en la segunda parte del libro,
porque cuando hablamos de estilo fino pensamos rio de hoy, o de cosas registradas en el diario de hoy. cuencia, ya que se han escrito tantas cosas de Don descubrimos, para nuestro asombro, que los perso-
en algo meramente verbal. No obstante, como debemos usar palabras, debe- Quijote. Es el hecho de que, tal como la gente ha- najes han leído la primera parte y que también han
Me pregunto cómo hizo Cervantes para lograr mos hablar de sueños y realidad, porque también bla todo el tiempo del teatro de Hamlet, la gente leído la imitación del libro que ha escrito un rival. Y
ese milagro, pero de algún modo lo logró. Y recuer- podríamos pensar en Goethe y hablar de Wahrheit habla todo el tiempo de libros en Don Quijote. no escatiman juicios literarios y se ponen del lado de
do ahora una de las cosas más sorprendentes que und Dichtung, de verdad y poesía. Pero cuando Cuando el cura y el barbero revisan la biblioteca de Cervantes. Así que es como si Cervantes estuviera
he leído, algo que me produjo tristeza. Stevenson Cervantes pensó escribir este libro, supongo que Don Quijote descubrimos, para nuestro asombro, todo el tiempo entrando y saliendo fugazmente de su
dijo: «¿Qué es el personaje de un libro?». Y respon- consideró la idea del conflicto entre los sueños y la que uno de los libros ha sido escrito por Cervantes, propio libro y, por supuesto, debe haber disfrutado
dió: «Después de todo, un personaje es una ristra de realidad, entre las proezas consignadas en los ro- y sentimos que en cualquier momento el barbero y mucho de su juego.

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Por supuesto, desde entonces otros escritores Y hay otro hecho que me gustaría recordarles. cómo Alonso Quijano se volvió loco por leer de- turas no están allí por sí mismas. Coleridge comentó
han jugado ese juego (permítanme que recuerde a El hecho es que Cervantes, como él mismo dijo masiado, hubiera entrado en detalles acerca de su que cuando leemos Don Quijote nunca nos pregun-
Pirandello) y también una vez lo ha jugado uno de dos o tres veces, quería que el mundo olvidara los locura. Nos hubiera mostrado el lento oscurecimien- tamos «i,y ahora qué sigue?», sino que nos pregunta-
mis escritores favoritos, Henrik Ibsen. No sé si re- romances de caballería que él acostumbraba a leer. to de su razón. Nos hubiera mostrado cómo todo mos qué ocurrió antes, y que estamos más dispues-
cordarán que al final del tercer acto de Peer Gynt Y, sin embargo, si hoy se recuerdan nombres como empezó con una alucinación, cómo al principio jugó tos a releer un capítulo que a continuar con uno
hay un naufragio. Peer Gynt está a punto de aho- Palmerín de Inglaterra, Tirante el Blanco, Amadís con la idea de ser un caballero errante, cómo por nuevo.
garse. Está por caer el telón. Y entonces dice: «Des- de Gaula y otros, es porque Cervantes se burló de fin se lo tomó en serio, y tal vez todo eso no le ¿Cuál es la causa? La causa, supongo, es que
pués de todo, nada puede ocurrirme, porque, ¿cómo ellos. Y de algún modo esos nombres son inmorta- hubiera servido de nada a ese escritor. Pero Cer- sentimos, al menos yo siento, que las aventuras de
puedo morir al final del tercer acto?». Y encontra- les ahora. Entonces uno no debe quejarse si la gen- vantes meramente nos dice que se volvió loco. Y Don Quijote son meros adjetivos de Don Quijote.
mos una similar agudeza en uno de los prólogos de te se ríe de nosotros, porque por lo que sabemos, nosotros le creemos. Es una argucia del autor para que conozcamos pro-
Bernard Shaw. Dice que de nada le serviría a un esa gente puede inmortalizarnos con su risa. Por Ahora bien, ¿qué significa creer en Don Quijo- fundamente al personaje. Es por eso que libros
novelista escribir: «Se le llenaron los ojos de lágri- supuesto, no creo que tengamos la suerte de que se te? Supongo que significa creer en la realidad de su como La ruta de Don Quijote, de Azorín, o la
mas, pues vio que a su hijo solo le quedaban unos ría de nosotros un hombre como Cervantes. Pero personaje, de su mente. Porque una cosa es creer Vida de Don Quijote y Sancho, de Unamuno, nos
pocos capítulos de vida». Y yo diría que fue Cer- seamos optimistas y creamos que podría ocurrir. en un personaje, y otra muy diferente es creer en la parecen de algún modo innecesarios. Porque to-
vantes quien inventó este juego. Salvo que nadie Y ahora llegamos a otra cosa. Algo que es tal realidad de las cosas que le ocurrieron. En el caso man las aventuras o la geografía de las historias
inventa nada, porque siempre hay algunos malditos vez tan importante como otros hechos que ya les de Shakespeare es muy claro. Supongo que todos demasiado en serio. Mientras que nosotros real-
antecesores que han inventado muchísimas co- he recordado. Bernard Shaw dijo que un escritor creemos en el príncipe Hamlet, que todos creemos mente creemos en Don Quijote y sabemos que el
sas antes que nosotros. solo podía tener tanto tiempo como el que le diera en Macbeth. Pero no estoy seguro de que las co- autor inventó las aventuras para que nosotros pu-
Entonces, tenemos en Don Quijote un doble su convicción. Y, en el caso de Don Quijote, creo sas ocurrieron tal como Shakespeare nos cuenta diéramos conocerlo mejor.
carácter. Realidad y sueños. Pero al mismo tiempo, que todos estamos seguros de conocerlo. Creo que en la corte de Dinamarca, ni tampoco que cree- Y no sé si esto es cierto con respecto a toda la
Cervantes sabía que la realidad estaba hecha de la no hay duda posible de nuestra convicción en cuanto mos en las tres brujas de Macbeth. literatura. No sé si podemos encontrar un solo li-
misma materia que los sueños. Es lo que debe ha- a su realidad. Por supuesto, Coleridge escribió so- En el caso de Don Quijote, estoy seguro de que bro, un buen libro, del que aceptemos el argu-
ber sentido. Todos los hombres lo sienten en algún bre una voluntaria suspensión de descreimiento. creemos en su realidad. No estoy seguro —tal vez mento aunque no aceptemos los personajes. Creo
momento de su vida. Pero él se divirtió recordán- Ahora me gustaría entrar en detalles acerca de esta sea una blasfemia, pero después de todo, estamos que eso no ocurre nunca, creo que para aceptar un
donos que aquello que tomamos como pura reali- afirmación. hablando entre amigos, y no les estoy hablando a to- libro tenemos que aceptar a su personaje central. Y
dad era también un sueño. Y así todo el libro es una Creo que todos creemos en Alonso Quijano. Y, dos ustedes sino a cada uno de ustedes; es algo dife- podemos pensar que estamos interesados en las
suerte de sueño. Y al final sentimos que después de por raro que parezca, creemos en él desde el pri- rente, ¿no?, estoy hablando en confianza—, no estoy aventuras, pero en realidad estamos más interesa-
todo también nosotros podemos ser un sueño. mer momento en que nos es presentado. Es decir, del todo seguro de que creo en Sancho como creo dos en el héroe. Por ejemplo, aun en el caso de
Y hay otro hecho que me gustaría recordarles: desde la primera página del primer capítulo. Y, sin en Don Quijote. Pues a veces siento, pienso en San- otro gran amigo nuestro —y le pido disculpas a él y
cuando Cervantes habló de La Mancha, cuando embargo, cuando Cervantes lo presentó ante no- cho, como un mero contraste de Don Quijote. a ustedes por no haberlo mencionado—, Sherlock
habló de los caminos polvorientos, de las posadas sotros supongo que sabía muy poco de él. Cer- Y después están los otros personajes. Me pare- Holmes, no sé si creemos verdaderamente en El
de España a comienzos del siglo xvii, pensaba en vantes tiene que haber sabido tan poco como no- ce que creo en Sansón Carrasco, creo en el cura, sabueso de los Baskerville. No me parece, al
ellas como cosas aburridas, como cosas muy ordi- sotros. Debe haber pensado en él como héroe, o en el barbero, tal vez en el duque, pero después de menos yo no creo en esas historias. Pero creo en
narias. Algo muy semejante sentía Sinclair Lewis al como el eje de una novela de humor, pero no se todo no tengo que pensar mucho en ellos, y cuando Sherlock Holmes, creo en el Dr. Watson, creo
hablar de Main Street y demás. Y, sin embargo, ve ningún intento de entrar en lo que podríamos leo Don Quijote tengo una sensación extraña. Me en esa amistad.
ahora palabras como La Mancha tienen una signifi- llamar su sicología. Por ejemplo, si otro escritor pregunto si compartirán esta sensación conmigo. Y lo mismo ocurre con Don Quijote. Por ejem-
cación romántica porque Cervantes se burló de ellas. hubiera tomado el tema de Alonso Quijano, o de Cuando leo Don Quijote, siento que esas aven- plo, cuando cuenta las extrañas cosas que vio en la

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VII
cueva de Montesinos. Y, sin embargo, yo siento que Ahora estoy al borde de la blasfemia, pero cuan.. a pesar de los muchos infortunios de Don Quijote, algún modo Don Quijote —más allá del hecho de
él es un personaje muy real. Las historias no tienen do Hamlet está por morir, creo que tendría que ha- el libro nos da como sentimiento final la felicidad. Y que nos hayamos puesto un poco mórbidos, de que
nada especial, no se ve ninguna ansiedad especial en ber dicho algo mejor que «el resto es silencio». sé que seguirá dándoles felicidad a los hombres. todos hemos sido sentimentales respecto a él— es
la urdimbre que las une, pero son, en cierto sentido, Porque eso me impresiona como escritura florida y esencialmente una causa de dicha. Siempre pienso
y para repetir una frase trillada y famosa, pero por
como espejos, como espejos en los que podemos bastante falsa. Amo a Shakespeare, lo amo tanto que una de las cosas felices que me han ocurrido en
supuesto todas las expresiones famosas se vuelven
ver a Don Quijote. Y sin embargo, al final, cuando él que puedo decir estas cosas de él y esperar que me trilladas: «Algo hermoso es una dicha eterna». Y de la vida es haber conocido a Don Quijote.
vuelve a su pueblo natal para morir, sentimos lástima perdone. Pero también diré: Hamlet, «el resto es
de él porque tenemos que creer en esa aventura. Él silencio», no hay otro que pueda decir eso antes de Volar, 2011. Tinta/papel, 80 x 60 cm
siempre había sido un hombre valiente. Lo fue cuan- morir. Después de todo, era un dandy y le encanta-
do le dijo estas palabras al caballero enmascarado ba lucirse.
que lo derribó: «Dulcinea del Toboso es la dama más Pero en el caso de Don Quijote, Cervantes se
bella del mundo, y yo el más miserable de los caba- sintió tan sobrecogido por lo que estaba ocurrien-
lleros». Y sin embargo, al final, descubrió que toda do que escribió: «El cual entre suspiros y lágrimas
su vida había sido una ilusión, una necedad, y murió de quienes lo rodeaban», y no estoy seguro de las
de la manera más triste del mundo, sabiendo que palabras, pero dice que «dio el espíritu, quiero de-
había estado equivocado. cir que se murió». Ahora bien, supongo que cuan-
Ahora llegamos a lo que tal vez sea la escena do Cervantes releyó esa oración debe haber sentido
más grande de este libro: la verdadera muerte de que no estaba a la altura de lo que se esperaba de
Alonso Quijano. Tal vez sea una lástima que sepa- él. Después de todo, le estaba diciendo adiós a Don
mos tan poco de Alonso Quijano. Solo nos es mos- Quijote. Y sin embargo, también debe haber senti-
trado en una o dos páginas antes de que se vuelva do que un gran milagro había ocurrido. De algún
loco. Y, sin embargo, tal vez no sea una lástima, modo sentimos que Cervantes lo lamenta mucho,
porque sentimos que sus amigos lo abandonaron. que Cervantes está tan triste como nosotros. Y por
Y entonces también podemos amarlo. Y al final, eso se le puede perdonar una oración imperfecta,
cuando Alonso Quijano descubre que nunca ha sido una oración tentativa, una oración que en realidad
Don Quijote, que Don Quijote es una mera ilusión, no es imperfecta ni tentativa sino un resquicio a tra-
y que está por morirse, la tristeza nos arrasa y tam- vés del cual vemos lo que él sentía.
bién a Cervantes. Ahora, si me hacen algunas preguntas trataré de
Cualquier otro escritor hubiera cedido a la ten- responderlas. Siento que no he hecho justicia al
tación de escribir un «pasaje florido». Después de tema, pero después de todo, estoy un poco con-
esto, debemos pensar que Don Quijote había acom- movido. He vuelto a Austin después de seis años. Y
pañado a Cervantes muchos años. Y, cuando le lle- tal vez ese sentimiento ha superado lo que siento
ga el momento de morir, Cervantes debe haber sen- por Cervantes y por Don Quijote. Creo que los
tido que se estaba despidiendo de un viejo y querido hombres seguirán pensando en Don Quijote por-
amigo. Y, si hubiera sido peor escritor, o tal vez si que después de todo hay una cosa que no quere-
hubiera sentido menos pena por lo que estaba pa- mos olvidar: una cosa que nos da vida de tanto en
sando, se hubiera lanzado a una «escritura florida». tanto, y que tal vez nos la quita, y es la felicidad. Y,

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