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La Corte, habiendo llegado a la conclusión de que los argumentos presentados por el

gobierno francés son irrelevantes o que no establecen la existencia de un principio de


derecho internacional que impida a Turquía efectuar un proceso, que de hecho se efectuó,
en contra del Teniente Demons, hace ver que en el desarrollo de su labor de determinación
del contenido del derecho internacional no se ha limitado a la consideración de los
argumentos presentados, sino que incluyó en su investigación todos los precedentes,
doctrinas y hechos a los que tuvo acceso y que podrían haber revelado la existencia de uno
de los principios de derecho internacional contemplados en el acuerdo especial. El
resultado de estas investigaciones no ha sido el de dar por establecida la existencia de
ninguno de dichos principios. Por lo tanto, se debe sostener que no existe principio de
derecho internacional alguno, según los términos del Artículo 15 de la Convención de
Laussane del 24 de julio de 1923, según el cual se impida la instrucción del proceso criminal
en consideración. Consecuentemente, Turquía al instruir un proceso criminal en virtud de
la discreción que el derecho internacional deja a cada Estado soberano no ha actuado, en
ausencia de tales principios, de un modo contrario a los principios de derecho internacional
a los que se refiere el acuerdo especial.

En último lugar, la Corte observa que no es necesario considerar si el hecho de que la


acusación del Teniente Demons fuera llevada a cabo juntamente con la del capitán del
Boz-Kourt, estaba dirigido a justificar una extensión de la jurisdicción turca. Esta pregunta
sólo hubiese surgido si la Corte hubiera llegado a la conclusión de que había una regla de
derecho internacional que prohibía a Turquía enjuiciar al Teniente Demons; sólo en ese
caso hubiese sido necesario preguntarse si aquella regla podía anularse por el hecho de
la conexión entre los delitos.

Habiendo respondido en forma negativa a la primera pregunta presentada por el acuerdo


especial, la Corte no requiere considerar la segunda pregunta relativa a la indemnización
que podría haberse debido pagar al Teniente Demons.

Por estas razones, la Corte, habiendo escuchado a ambas partes, falla, por el voto decisivo
de su Presidente – estando los votos igualmente divididos- en el siguiente sentido:

(1) Que, después de la colisión ocurrida el 2 de agosto de 1926 en alta mar entre el vapor
francés Lotus y el vapor turco Boz-Kourt y, luego de la llegada del barco francés a Estambul,
y, como resultado de que los daños sufridos por el Boz-Kourt resultaron en muerte de ocho
ciudadanos turcos, Turquía, al instruir en contra del Teniente Demons, oficial de vigilancia
abordo del Lotus al momento de la colisión, un proceso criminal de acuerdo a la ley turca,
no ha actuado en oposición a los principios de derecho internacional, ni en contra del
artículo 15 de la Convención de Laussanne del 24 de julio de 1923 sobre condiciones de
residencia, negocios y jurisdicción;

(2) Que, en consecuencia, no procede decidir la cuestión de la indemnización pecuniaria


que podría haberse debido pagar por Turquía al Teniente Demons si su juzgamiento
hubiese sido contrario a los principios de derecho internacional.

[MM. Loder, anterior presidente, Weiss, vicepresidente, y Lord Finlay, MM. Nyholm y
Altamira, jueces, declararon que no concurren al fallo y pronunciaron opiniones individuales.

El juez Moore disiente del fallo de la Corte sólo sobre la base de la relación del proceso
criminal con el Artículo 6 del Código penal turco.]