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Vicios de los

actos jurídicos

Derecho
Privado I

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Vicios de los actos jurídicos
Vicios de los actos jurídicos

Definición y fundamento

La buena fe es un principio general (art. 9 del Código Civil y Comercial de la


Nación1) que veda el ejercicio abusivo de los derechos y sustenta nuestro
ordenamiento jurídico positivo. Como derivación de este principio, se
impone a los sujetos el deber de actuar de manera leal, recta, honesta, con
una actitud de cooperación y generación de confianza en las propias
declaraciones.

La buena fe es un requisito indispensable para la validez del acto jurídico y,


por ende, cuando falta (como ocurre en los casos de la simulación, del
fraude o de la lesión) concurre un vicio que lo invalida.

De este modo, los vicios de los actos jurídicos son defectos, imperfecciones
o anomalías susceptibles de provocar la ineficacia del negocio, por atentar
contra la licitud y la buena fe o por perjudicar los intereses de terceros.

Son vicios propios de los actos jurídicos la lesión, la simulación y el fraude.

Diferencia con los vicios de la voluntad

A diferencia de los vicios de los actos voluntarios (que son los que afectan
la voluntad de alguno de los otorgantes del acto y pueden presentarse
tanto en los simples actos voluntarios lícitos como en el acto jurídico), los
vicios de los actos jurídicos solo pueden presentarse, como su nombre
indica, en dichos actos. No atacan la voluntad de los sujetos, sino que
conciernen a la causa de celebración del negocio, pues este, pese a
realizarse en forma adecuada y regular, se utiliza para obtener una
finalidad ilícita, por resultar contraria al orden jurídico, al orden público o a
las buenas costumbres, o bien por carecer de causa suficiente para
justificar la tutela del derecho (Tagle, 2002).

1 Ley N.° 26994. (2014). Código Civil y Comercial de la Nación. Honorable Congreso de la Nación Argentina.

1
La lesión

Definición. Presupuestos de procedencia: subjetivos y


objetivos

El Libro Primero del Título IV del Código Civil y Comercial de la Nación


(CCCN), Capítulo 6, da tratamiento a los denominados vicios de los actos
jurídicos: lesión, simulación y fraude. Así, la sección primera desarrolla la
llamada lesión subjetiva-objetiva.

El artículo 332 dispone:

Lesión. Puede demandarse la nulidad o la modificación de


los actos jurídicos cuando una de las partes explotando la
necesidad, debilidad síquica o inexperiencia de la otra,
obtuviera por medio de ellos una ventaja patrimonial
evidentemente desproporcionada y sin justificación. Se
presume, excepto prueba en contrario, que existe tal
explotación en caso de notable desproporción de las
prestaciones.

Los cálculos deben hacerse según valores al tiempo del


acto y la desproporción debe subsistir en el momento de la
demanda.

El afectado tiene opción para demandar la nulidad o un


reajuste equitativo del convenio, pero la primera de estas
acciones se debe transformar en acción de reajuste si éste
es ofrecido por el demandado al contestar la demanda.

Sólo el lesionado o sus herederos pueden ejercer la


acción.2

El vicio de lesión queda configurado cuando una de las partes, explotando


la necesidad, debilidad síquica o inexperiencia de la otra, obtuviere por
medio de un acto jurídico una ventaja patrimonial evidentemente
desproporcionada y sin justificación.

2 Art. 332, Ley N.° 26994. (2014). Código Civil y Comercial de la Nación. Honorable Congreso de la Nación Argentina.

2
El fundamento de la norma está dado, por un lado, por la existencia de la
voluntad viciada en el sujeto pasivo y, por el otro, por el principio de buena
fe que debe primar en todo convenio. Es decir, que debe haber equidad
entre las prestaciones recíprocas, por lo que la ventaja de un contratante
sobre el otro, en razón de la explotación de la situación jurídica de
inferioridad del primero sobre el segundo, constituye una conducta
reprochable por el derecho.

Presupuestos de procedencia

Para que se configure la figura de la lesión subjetiva-objetiva, es necesario


que concurran: a) la grave desproporción en las prestaciones que debe
existir al momento de la celebración del negocio jurídico –elemento
objetivo–; b) el elemento subjetivo, que es la explotación por parte del
beneficiario de la necesidad, de la debilidad síquica o de la inexperiencia
del lesionado.

El elemento objetivo

En relación con el primer presupuesto, es decir, “la ventaja patrimonial


evidentemente desproporcionada y sin justificación”, este debe ser
concomitante a la celebración del negocio y la desarmonía entre las
prestaciones debe ser notable y evidente de la época en la que el negocio
tuvo nacimiento. Por lo tanto, no debe surgir con posterioridad por
acontecimientos ajenos a la voluntad de las partes que no eran previsibles
al tiempo de celebrarse el acto, pues, en tal caso, se podrá revisar el
negocio por aplicación de la cláusula rebus sic statibus (López Mesa, 2008).

Además, se exige que esa ventaja excesiva se obtenga sin justificación, lo


que implica efectuar una indagación acerca de la causa del fin del negocio,
pues, si quien celebró el negocio pretendió efectuar una liberalidad, dicho
acto jurídico escapará de la teoría de la lesión.

Por último, “la desproporción debe subsistir en el momento de la


demanda”, lo que resulta lógico en razón del axioma de que el interés es la
medida de la acción; por ende, si, al momento de entablarse esta, las
prestaciones por diversas circunstancias se tornaron equivalentes,
desaparece el interés jurídicamente protegido para promoverla.

El elemento subjetivo

Por otro lado, en lo atinente al elemento subjetivo, deben


coexistir dos presupuestos que incluso aparecen en sujetos

3
distintos: la necesidad, debilidad síquica o inexperiencia en
el lesionado, y el aprovechamiento de esa situación de
inferioridad por parte del lesionante o sujeto activo.

 Necesidad: esta noción se asocia a la de escasez o


privación y comprende un estado carencial que puede ser
material y también espiritual. Es decir, significa falta de las
cosas que son menester para la conservación de la vida, lo
que traduce una situación de angustia y agobio derivada de
la falta de medios elementales para subsistir, de lo
imprescindible o necesario, teniendo en cuenta las
circunstancias propias de cada persona.
 Debilidad síquica: se trata de trastornos síquicos de
conducta que, por razones ajenas a la voluntad de quien los
padece, lo colocan en una situación de inferioridad. Esta
cuestión deberá ser ponderada en cada caso, teniendo en
cuenta las concretas aptitudes del sujeto.
 Inexperiencia: importa la falta de conocimientos que
tiene el sujeto respecto del acto en el momento de su
celebración. El término resulta de difícil delimitación, por
cuanto la inexperiencia debe referirse concretamente al
acto de que se trate y del que se sigue el perjuicio por las
prestaciones inequivalentes.

Y el otro recaudo que hace al elemento subjetivo es el


aprovechamiento o explotación por parte del lesionante,
que constituye un acto de mala fe de parte de él, que
presupone la intención de obtener una ventaja
desproporcionada, ya que el estado de inferioridad no basta
por sí solo para nulificar o modificar el acto jurídico. (Leyes,
s. f., https://goo.gl/UDASeu).

Prueba. Presunción

El artículo 332 del código establece una presunción iuris tantum de la


explotación en caso de notable desproporción. Es decir, que, probado esto
en las prestaciones, se genera una presunción iuris tantum sobre la
existencia del vicio, esto es, que quedan acreditados o presumidos los dos
elementos subjetivos que figuran en el articulado, el aprovechamiento y la
situación de inferioridad de la víctima. La carga de la prueba para sostener
la ausencia de esos requisitos incumbe al que sostenga lo contrario.

4
Acciones del lesionado. Efectos

El vicio de lesión subjetiva origina dos acciones en el lesionado o en sus


herederos. Ninguna otra persona puede ejercer esta acción; ello resulta así
del artículo 332 del Código Civil y Comercial. Es decir, los sucesores
singulares no pueden accionar por un acto entre vivos, porque esta es de
carácter personalísima. La intransmisibilidad se funda en que la parte
lesionada es la única que puede saber si se dan las circunstancias subjetivas
necesarias para la configuración del vicio de lesión.

Así, los legitimados activos tendrán la posibilidad de entablar, tanto por vía
de acción como de excepción, la nulidad (nulidad relativa en los términos
de los arts. 386 y 388 del Código Civil y Comercial, que más adelante
veremos) como la modificación del acto lesivo, es decir, un reajuste
equitativo del convenio. Si el lesionado opta por esta segunda opción, el
litigio queda trabado en ese aspecto y el demandado no puede reconvenir
por nulidad.

Ahora bien, en el caso de que el lesionante demande por nulidad, el


demandado puede, al contestar, modificar dicho reclamo en acción de un
reajuste, si ofrece suprimir la desproporción de las prestaciones.

Con relación al plazo de prescripción de la acción, según lo disponen los


artículos 2562 y 2563, inciso e del Código Civil y Comercial, el plazo es de
dos años y comenzará a computarse desde la fecha en que la obligación a
cargo del lesionado debía ser cumplida.

En síntesis:

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Figura 1

Fuente: elaboración propia.

La simulación

Definición. Elementos

El vicio de simulación se encuentra definido en el artículo 333 del Código


Civil y Comercial, que dispone:

Caracterización. La simulación tiene lugar cuando se


encubre el carácter jurídico de un acto bajo la apariencia de
otro, o cuando el acto contiene cláusulas que no son
sinceras, o fechas que no son verdaderas, o cuando por él se
constituyen o transmiten derechos o personas interpuestas,
que no son aquellas para quienes en realidad se constituyen
o transmiten.3

Así, se define la simulación como el acto que, por acuerdo de partes, se


celebra exteriorizando una declaración recepticia no verdadera para
engañar a terceros, sea que ésta carezca de todo contenido, o bien, que
esconda uno verdadero diferente al declarado (López Mesa, 2008).

3 Art. 333, Ley N.° 26994. (2014). Código Civil y Comercial de la Nación. Honorable Congreso de la Nación Argentina.

6
En otras palabras, hay “simulación cuando los contratantes crean, con su
declaración, sólo la apariencia exterior de un contrato, del cual no quieren
los efectos, o crean la apariencia exterior de un contrato diverso del
querido por ellos” (Barberio, Carrillo y García Solá, 2007, p. 141).

Elementos del negocio simulado

Los elementos del negocio simulado son: a) la declaración


deliberadamente disconforme con la verdadera intención de las partes; b)
el acuerdo de partes sobre la falsa declaración; c) el propósito de engañar a
terceros.

a) El primer recaudo supone que la disconformidad entre la voluntad


interna y la declarada por las partes es intencional, por lo tanto, no
es producto del error, sino que es querida y conocida por ambas
partes. En otras palabras, en el acuerdo simulatorio, la voluntad
interna y declarada coinciden; las partes, en común acuerdo,
producen la apariencia externa de un negocio jurídico ficticio para
engañar a terceros, sin pretender dar lugar al efecto jurídico de
dicho negocio.

b) El segundo presupuesto supone la conformidad de todos los


otorgantes del acto en el negocio simulado sobre la disconformidad
entre lo querido y lo declarado; se caracteriza por el querer común
de no atribuir al acto aparente efectos vinculatorios.

c) Por último, la acción de simulación requiere el propósito de


engañar, que no necesariamente implica ocasionar un perjuicio
jurídico a terceros (porque su causa puede ser inocua, en cuyo caso
estaremos en presencia de una simulación lícita) o bien puede sí
implicarlo, es decir, puede existir el fin de defraudar a terceros –
quienes desconocen que el acto es falso– o el de ocultar una
violencia legal.

Por último, debe señalarse que la enumeración de los supuestos de


negocio simulado que realiza el artículo 333 del CCCN es meramente
ejemplificativa.

Clases de simulación

Por un lado, tenemos la simulación absoluta y la relativa.

La simulación absoluta tiene lugar cuando se celebra un acto jurídico que


nada tiene de real; el acto es completamente ficticio e irreal. Es decir, las

7
partes no quieren celebrar ningún negocio jurídico, sino que desean
modificar la apariencia de una disminución del activo o de un amento
ficticio del pasivo de una de las partes, en perjuicio de los acreedores,
aunque a veces puede ser una simulación lícita.

En la simulación relativa, las partes encubren la verdadera naturaleza del


acto, es decir, se disimula lo que verdaderamente es. Esta simulación
puede versar sobre: la naturaleza, cuando “se encubre el carácter jurídico
de un acto bajo la apariencia de otro”4, por ejemplo: una donación bajo el
ropaje jurídico de una compraventa; sobre “cláusulas que no son
sinceras”5, por ejemplo: se expresa un precio que no es el real; o bien
sobre “fechas que no son verdaderas”6.

Por otro lado, la simulación se clasifica en lícita e ilícita, que tendrá que ver
con la causa determinante que dio origen al acto.

Tal como hemos explicado, la simulación importa necesariamente un


acuerdo entre quienes celebran el negocio jurídico, consistente en el
concierto para producir una declaración de voluntad diferente de la
voluntad real, y ello obedece a una razón determinante, que se conoce
como causa simulandi.

La causa simulandi es el interés que induce a las partes a aparentar un


negocio jurídico que no existe o a presentarlo en forma distinta de lo que
verdaderamente es. La razón que tuvieron para celebrar el negocio
aparente puede ser perfectamente inocente o bien perjudicial a terceros,
lo que reviste fundamental importancia para distinguir la simulación lícita
de la ilícita.

La simulación ilícita se verifica cuando el negocio jurídico tiene como fin


perjudicar a terceros o quebrantar el ordenamiento jurídico, hipótesis, esta
última, en la que se habla de fraude a la ley. Este tipo de simulación causa
la nulidad –relativa– del acto ostensible.

Por su parte, la simulación es lícita cuando el negocio simulado no es ilegal


ni perjudica a un tercero.

Por último, la simulación puede ser total o parcial. Es total cuando abarca
íntegramente al negocio, viciándolo en su esencia; es parcial cuando solo
recae sobre una parte del acto, sin que sea necesario que destruya sus
aspectos reales.

4 Art. 333, Ley N.° 26994. (2014). Código Civil y Comercial de la Nación. Honorable Congreso de la Nación Argentina.
5 Art. 333, Ley N.° 26994. (2014). Código Civil y Comercial de la Nación. Honorable Congreso de la Nación Argentina.
6 Art. 333, Ley N.° 26994. (2014). Código Civil y Comercial de la Nación. Honorable Congreso de la Nación Argentina.

8
Acción entre partes. Principio general. Excepción

El artículo 335 del Código Civil y Comercial regula esta cuestión. Así prevé:

Acción entre las partes. Contradocumento. Los que otorgan


un acto simulado ilícito o que perjudica a terceros no
pueden ejercer acción alguna el uno contra el otro sobre la
simulación, excepto que las partes no puedan obtener
beneficio alguno de las resultas del ejercicio de la acción de
simulación.

La simulación alegada por las partes debe probarse


mediante el respectivo contradocumento. Puede
prescindirse de él, cuando la parte justifica las razones por
las cuales no existe o no puede ser presentado y median
circunstancias que hacen inequívoca la simulación.7

El principio general es que los simuladores del negocio jurídico carecen de


toda acción entre ellos.

Ello es así toda vez que las partes se pongan de acuerdo en eludir una
prohibición legal o en perjudicar a terceros, por lo que pierden, en
principio, el derecho de impugnar el acto por el vicio de simulación.

Ahora bien, sí se podrá entablar una acción de simulación cuando el


simulador se haya arrepentido de su acto y quiera recuperar el bien para
entregarlo a sus acreedores. En este supuesto, quien acciona pidiendo la
declaración de invalidez del acto simulado lo hace no para consumar el
perjuicio a los terceros o el fraude a la ley, sino porque, arrepentido, quiere
recuperar los bienes aparentemente enajenados para afrontar con ellos el
pago de sus obligaciones. En este supuesto, la acción es admisible siempre
que se tenga un propósito sincero y no interesado de volver las cosas al
estado anterior.

El contradocumento

El contradocumento es la prueba por excelencia entre las partes de la


simulación.

7 Art. 335, Ley N.° 26994. (2014). Código Civil y Comercial de la Nación. Honorable Congreso de la Nación Argentina.

9
Este consiste en la prueba inequívoca de los hechos, ya que es la
constancia escrita –ya sea mediante instrumento público o privado– en el
cual las partes manifiestan el verdadero carácter del acto que ellas han
celebrado, por lo que deviene innecesario el aporte de indicios y de
presunciones que corroboren la realidad a la que se refiere.

En el caso en que fuera realizado mediante instrumento público, debe


recurrirse a los artículos 289 a 298 del código, en tanto se prevén los
requisitos y los presupuestos de validez del instrumento y su eficacia
probatoria. Incluso el artículo 298 propone que “el contradocumento
particular que altera lo expresado en un instrumento público puede ser
invocado por las partes, pero no es oponible respecto a terceros
interesados de buena fe”8.

Para el supuesto en el que el contradocumento fuera confeccionado como


instrumento privado y particular, debe recurrirse a los artículos 313 a 319
del Código Civil y Comercial, pues allí se regula en relación con estos y su
valor probatorio.

Ahora bien, en el supuesto de que no existiera contradocumento donde las


partes hayan exteriorizado la verdadera voluntad, “siempre que haya una
prueba incontrovertible, cierta, inequívoca de la simulación, es lógico
admitir la acción”. Asimismo, deberá probarse la imposibilidad de obtener
el contradocumento, sea por su inexistencia lógica o por su desaparición
posterior, es decir, se tendrá que justificar por qué no pudo realizarse este.

Acción interpuesta por terceros. Prueba

El artículo 336 del código único establece: “Acción de terceros. Los terceros
cuyos derechos o intereses legítimos son afectados por el acto simulado
pueden demandar su nulidad. Pueden acreditar la simulación por cualquier
medio de prueba”9.

Así, los terceros titulares de un derecho subjetivo o de un interés legítimo


amenazado por un negocio simulado pueden deducir una acción de
simulación, por lo que deben demostrar la existencia de un daño sufrido
como consecuencia de la incertidumbre que el estado de las cosas provoca
en el demandante. Se exige la existencia de daño –actual o potencial–,
aunque se trate de derechos litigiosos o dudosos.

8
Art. 298, Ley N.° 26994. (2014). Código Civil y Comercial de la Nación. Honorable Congreso de la Nación Argentina.
9 Art. 336, Ley N.° 26994. (2014). Código Civil y Comercial de la Nación. Honorable Congreso de la Nación Argentina.

10
De este modo, el tercero que ejerza la acción debe demandar a ambas
partes del acto simulado; si la simulación fuese por una persona
interpósita, también realizada al prestanombre, se conforma un
litisconsorcio pasivo con todos ellos.

Hemos señalado anteriormente que la prueba por excelencia en la acción


de simulación es el contradocumento. No obstante, en esta hipótesis
carece de toda lógica la exigencia de este debido a su carácter reservado y
a la imposibilidad de su obtención, por lo que el tercero que entable la
acción podrá acreditar la apariencia del negocio jurídico mediante
cualquier medio de prueba, incluso testigos, indicios y presunciones.

Efectos de la acción de simulación

Contra quién procede la acción

En primer lugar, debe señalarse que la acción de simulación no procede


contra los acreedores adquirentes de buena fe que hubiesen ejecutado los
bienes simuladamente enajenados.

En relación con el subadquirente que obtuvo como título gratuito o de


mala fe, sí procede la acción de simulación; en cambio, la invalidez del
negocio simulado no alcanza a los terceros subadquirentes de buena fe –es
decir, quien, al momento de la transmisión, ignorase que el derecho tiene
como antecedente un acto simulado– y a título oneroso, respecto a los
cuales la sentencia resulta inoponible.

“Se entiende que son subadquirentes de mala fe aquellos que conocieron o


pudieron conocer, obrando con cuidado y previsión, la simulación” (Leyes,
s. f., https://goo.gl/UDASeu).

Efectos

Todo tercero que se ha visto perjudicado por la simulación tiene derecho a


ser resarcido del daño sufrido.

En el supuesto en el que, promovida la acción por el acreedor, el bien se


haya enajenado a un subadquirente de buena fe y a título oneroso, por lo
que no le alcanza la oponibilidad del pronunciamiento judicial, este podrá
demandar tanto a quien contrató con él como al subadquirente –ambos de
mala fe– por daños y perjuicios, quienes responderán de manera solidaria.

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Desde otra perspectiva, en caso de que el acreedor promueva una acción
en contra del subadquirente de buena fe, pero a título gratuito, este
responderá selo en la medida de su enriquecimiento.

Prescripción

Los artículos 2562 y 2563, incisos b y c del Código Civil y Comercial


disponen que el plazo de prescripción es de dos años. En la simulación
entre las partes, se computa desde que, requerida una de ellas, se negó a
dejar sin efecto el acto simulado; en la simulación ejercida por un tercero,
desde que conoció o pudo conocer el vicio del acto jurídico.

Figura 2

Fuente: elaboración propia.

El fraude

Noción

La noción de fraude implica una inmediata correspondencia con el engaño,


con el acto contrario a la verdad y al recto proceder. El fraude representa
“una conducta tendiente a eludir los efectos de una norma imperativa o de
origen convencional, utilizando otra vía negocial no reprobada por la ley”
(Santos Cifuentes, como se cita en Gandolfo, 2013, p. 29). Este se configura

12
mediante actos reales, serios y no aparentes, no simulados. No diverge la
voluntad de la realidad declarada, sino que esta, amparada en una norma
legal, elude las disposiciones de otra o perjudica a un tercero. Esta
simulación no es otra cosa que un fraude a la ley y que está contemplado
en el artículo 12 del Código Civil y Comercial.

El fraude a los acreedores

La noción de fraude a los acreedores hace referencia a los


actos otorgados por el deudor, que tienen como nota
común una afectación de su patrimonio de tal magnitud que
provoca o agrava su insolvencia, impidiendo así la
satisfacción de los créditos concedidos con anterioridad a
aquéllos y con evidente perjuicio de los mismos. (Cifuentes,
como se cita en Di Castelnuovo, s. f., p. 17).

En otras palabras, el fraude a los acreedores es la provocación o agravación


de la insolvencia del deudor mediante actos u omisiones del deudor en
perjuicio de sus acreedores, sustrayendo bienes de su patrimonio.

Esta caracterización permite señalar tres notas que se hallan presentes en


la noción de fraude a los acreedores: a) otorgamiento por el deudor de
actos o negocios jurídicos; b) provocación o agravación de la insolvencia
del deudor y c) sustracción de bienes del patrimonio del deudor en
perjuicio de los derechos de los acreedores.

La acción de inoponibilidad

En primer lugar, cabe señalar que el efecto de la acción de fraude no es la


nulidad, sino la inoponibilidad. Este efecto implica que el acto otorgado por
el deudor en un fraude a los acreedores es válido entre este y el tercero
con quien celebró el acto y solo queda privado de eficacia frente al
acreedor que acciona, es decir, que no puede hacerse valer contra él en la
medida necesaria para la satisfacción de su crédito.

Seguidamente veremos cuándo procede esta acción, esto es, contra qué
tipo de actos, cuáles son los requisitos de procedencia y quiénes pueden
solicitar la declaración de inoponibilidad

13
Titulares de la acción

El artículo 338 del Código Civil y Comercial, prevé:

Declaración de inoponibilidad. Todo acreedor puede


solicitar la declaración de inoponibilidad de los actos
celebrados por su deudor en fraude de sus derechos, y de
las renuncias al ejercicio de derechos o facultades con los
que hubiese podido mejorar o evitarlo empeorar su estado
de fortuna.10

Como se advierte, la norma legitima para la acción de fraude a todo


acreedor, es decir, cualquier acreedor (incluso los que poseen un privilegio
general, especial, condicional, a plazo, etcétera) puede incoar la acción,
pues solo deberán acreditar su calidad de acreedor y los requisitos que
prevé el artículo 339 del CCCN.

Actos revocables

En principio, todos los actos que signifiquen un perjuicio para los


acreedores son revocables, ya sea que produzcan un empobrecimiento del
deudor o que impidan su enriquecimiento.

El artículo 338 alude a que, mediante la acción de inoponibilidad, se puede


revocar una renuncia a un derecho que hubiera podido mejorar la situación
del deudor o bien un acto jurídico que empeoró su situación patrimonial.
Es decir, entre los actos revocables se incluyen los casos de renuncia a las
facultades que, por fuerza, derivan en derechos subjetivos, en cuanto, por
lo general, la renuncia configura una atribución inherente al titular del
derecho que lo ejercita.

En una palabra, se pueden revocar los actos de renuncia, pues son


susceptibles de producir o de agravar la insolvencia del deudor y, por ende,
son tan inoponibles como los actos de disposición.

En definitiva, todos los actos que causan perjuicio a los acreedores al


determinar o al incrementar su insolvencia, ya sea porque se corresponden

10Art. 338, Ley N.° 26994. (2014). Código Civil y Comercial de la Nación. Honorable Congreso de la Nación
Argentina.

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con la salida de un bien de su patrimonio o le impiden el ingreso de algún
derecho, son revocables.

Sin embargo, esta regla tiene sus excepciones. Hay consenso en la doctrina
en que no pueden atacarse, por parte de los acreedores, los actos que
implican una renuncia a los derechos personalísimos, tales como pedir la
revocación de una donación por una causa de ingratitud del donatario, una
causa de indignidad para suceder, una renuncia a ejercer acción de
resarcimiento por daño moral, etcétera.

Requisitos de procedencia

El artículo 339 del código unificado establece las condiciones generales


para la procedencia de la acción de inoponibilidad. Dispone:

Requisitos. Son requisitos de procedencia de la acción de


declaración de inoponibilidad:

a) que el crédito sea de causa anterior al acto


impugnado, excepto que el deudor haya actuado con el
propósito de defraudar a futuros acreedores;
b) que el acto haya causado o agravado la insolvencia del
deudor;
c) que quien contrató con el deudor a título oneroso
haya conocido o debido conocer que el acto provocaba o
agravaba la insolvencia.11

Tenemos, entonces, tres condiciones de procedencia de la acción de


inoponibilidad:

a. El crédito por el que se acciona debe ser anterior al acto.

El primer presupuesto es que el crédito de quien acciona sea de causa


anterior al acto impugnado, excepto que el deudor haya actuado con el
propósito de defraudar a futuros acreedores.

La razón de ser de este primer recaudo es que los acreedores de fecha


posterior al acto del deudor no podrían invocar fraude en su perjuicio,

11Art. 339, Ley N.° 26994. (2014). Código Civil y Comercial de la Nación. Honorable Congreso de la Nación
Argentina.

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pues, cuando llegaron a constituirse en acreedores, sea por contrato, sea
por disposición de la ley, los bienes habían salido del patrimonio del
deudor y, por ende, no conformaban parte de su garantía patrimonial.

Ahora bien, la norma establece una excepción y es en el caso de que el


acto impugnado, aunque sea posterior al origen del crédito, haya sido
realizado en previsión de la obligación que nacería más tarde. Es decir, si el
deudor hubiera realizado el negocio teniendo en miras perjudicar a futuros
acreedores, estos podrán incoar la acción de inoponibilidad. Ello así, en
razón de castigar la conducta dolosa del deudor.

b. Relación de causalidad entre la insolvencia y el acto del deudor.

El segundo requisito supone que entre el acto que se ataca y la insolvencia


del deudor haya una relación de causalidad. Este recaudo se explica porque
lo que caracteriza al negocio fraudulento es el perjuicio que acarrea para el
patrimonio del deudor el generar o agravar su insolvencia toda vez que se
vea imposibilitado de responder a todas sus obligaciones contraídas y, por
ende, el daño que causa al prestamista es no satisfacer su acreencia.

En otras palabras, la procedencia de la acción requiere la existencia de un


perjuicio causado al acreedor, el que proviene de la insatisfacción actual o
futura de los créditos vigentes producto de un estado de impotencia
patrimonial, provocado o agravado precisamente por los negocios
inoponibles

c. Mala fe del tercero contratante.

El último de los presupuestos “exige que el tercero que contrató con el


deudor a título oneroso haya obrado de mala fe, es decir, haya conocido o
debido conocer que dicho acto provocaba o agravaba su insolvencia”
(Leyes, s. f., https://goo.gl/UDASeu).

Distinto será el supuesto del tercero que contrató a título gratuito, en cuyo
caso no interesa la buena o mala fe del adquirente, pues se prefiere el
interés de los acreedores por sobre el de este y, por ende, solo habrá que
acreditar que el acto fue a título gratuito.

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Figura 3

Fuente: elaboración propia.

Ejercicio de la acción contra los subadquirentes

En primer lugar, debe señalarse que el fraude no puede oponerse a los


acreedores que, de buena fe, hubieran ejecutado los bienes objetos del
negocio jurídico fraudulento. Igual regla veíamos en la acción de
simulación.

Por otra parte, la acción contra el subadquirente procede en los casos en


que en el tercero haya adquirido a título gratuito o bien haya obrado de
mala fe, es decir, con conocimiento de la insolvencia del deudor, al tiempo
de celebrar el acto.

Por lo tanto,

para que proceda la acción contra el subadquirente es


necesario, ante todo, que proceda contra el primer
adquirente; [pues] si la segunda transmisión fuere a título
gratuito, bastaría con aquel requisito para que procediese la
revocación; pero si fuera a título oneroso… será necesario
[demostrar], además, que el subadquirente sea cómplice en
el fraude. (Arballo y Maraschio, 2016, p. 17).

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Resumiendo: si los dos negocios son a título gratuito, es viable la
revocatoria contra el subadquirente; si el primero fue a título oneroso con
mala fe y el segundo, a título gratuito también es viable; así como en el
caso del primero gratuito y el segundo oneroso, pero sin buena fe del
subadquirente.

Por último, señalamos que, al igual que sucede con la simulación, tanto el
tercero contratante como el subadquirente de mala fe responden
solidariamente por los daños ocasionados al acreedor, quien interpuso la
acción en los siguientes supuestos:

 cuando la cosa fue enajenada a un adquirente de buena fe y a título


oneroso contra quien –como ya se señaló– no procede la acción y, por
ende, el acreedor no puede ejecutar el bien y satisfacer su acreencia;
 cuando el bien se haya perdido o deteriorado.

Por su parte, el tercero contratante de buena fe y a título gratuito


responde en la medida de su enriquecimiento.

Efectos de la revocación. Extensión

El artículo 342 prevé sobre la extensión de la acción de inoponibilidad y, en


este sentido, señala “Extensión de la inoponibilidad. La declaración de
inoponibilidad se pronuncia exclusivamente en interés de los acreedores
que la promueven, y hasta el importe de sus respectivos créditos”12.

De acuerdo con el precepto referido, el acto realizado en fraude a los


acreedores debe dejarse sin efecto en la medida del perjuicio que se les ha
ocasionado. Así, el progreso en justicia de la acción hace efectiva la
inoponibilidad al acreedor demandante del negocio impugnado, del cual se
ha admitido que fue en fraude a sus derechos. Es decir, una vez reconocido
el fraude por sentencia, esa inoponibilidad lo coloca en la posición de
poder reclamar su crédito sobre el bien objeto del negocio, dado que, a
partir de allí, este no tiene eficacia a su respecto. Ello implica la posibilidad
de actuar en derecho como si el acto impugnado no se hubiese celebrado.

Desde esta perspectiva, el triunfo de la acción le permitirá al acreedor


ejecutar su crédito sobre los bienes que fueron objeto del negocio, hasta la
concurrencia de su crédito.

12Art. 342, Ley N.° 26994. (2014). Código Civil y Comercial de la Nación. Honorable Congreso de la Nación
Argentina.

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Dicho claramente, la acción de fraude no beneficia a todos los acreedores,
sino solo a quien transitó los carriles legales para hacer valer sus derechos
y solo procede hasta el importe de su crédito.

Como consecuencia de ello, si, después de ejecutados los bienes materia


del acto fraudulento y de satisfecho el crédito del acreedor que ejerció la
acción, quedara un remanente, como el acto jurídico es válido entre
quienes lo celebraron, aquel pertenece al tercer adquirente.

Extinción de la acción. Plazo de prescripción

Extinción

De acuerdo con el artículo 341 del Código Civil y Comercial, la acción de los
acreedores cesa si el adquirente de los bienes transmitidos por el deudor
los desinteresa o les da garantías suficientes. Es decir, el tercero adquirente
del bien transmitido por el deudor puede hacer cesar los efectos de la
acción, satisfaciendo el crédito de los que se hubiesen presentando o bien
constituyendo a su favor garantías suficientes –las que pueden ser reales o
personales– del pago íntegro de sus créditos.

Ello así, pues, si los acreedores son desinteresados, desaparece su


propósito de accionar y, sin este, no hay acción.

Prescripción

Por último, cabe referir al término de la prescripción, la cual, según los


artículos 2562, inciso f, y 2563, inciso f del código, es de dos años, contados
desde que se conoció o pudo conocer el vicio del acto.

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Referencias
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la provincia de La Pampa. Anuario de jurisprudencia 2015 (vol. 1). La
Pampa, AR: Poder Judicial de la Provincia.

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jurisprudencia procesal, civil y comercial (1.a ed.). Rosario, AR: Juris.

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nuevos fallos antiguos. Recuperado de http://www.colescba.org.ar/ics-
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http://sedici.unlp.edu.ar/bitstream/handle/10915/40259/Documento_co
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Leyes, A. M. (s. f.). Integración de ramas del derecho privado [Material de


estudio]. Recuperado de https://filadd.com/visor-documentos/PRIVADO-I-
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López Mesa, M. J. (2008). Código Civil y leyes complementarias anotados


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la Nación, comentado por especialistas. Buenos Aires, AR: La Ley.

Tagle, M. V. (2002). Derecho Privado. Parte general (Vol. 3). Córdoba, AR:
Alveroni.

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