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Ficha de lectura: Pérez, J. (2001). La sociedad española del Renacimiento.

Eduardo Cano Muñoz

En la introducción del artículo de Joshep Pérez encuentro lo que creo que el autor
señala como el esquema general de los principales cambios económicos que experimentó
Europa desde mediados del siglo XV hasta finales del siglo XVI. Estos cambios son los
que marcarán la transición de un sistema económico feudal hacia un incipiente
capitalismo. Esta es también una de las etapas del devenir de la Europa medieval hasta lo
que conocemos como la modernidad.
El autor señala que, en el caso español, los dos elementos que, al parecer, fueron
de la mano a lo largo del Renacimiento europeo de manera global, resultan ser coetáneos
pero antagónicos. Se trata, por un lado, del Renacimiento (entendido en tanto que
nacimiento del capitalismo comercial y del modelo de Estado moderno) y, por otro, de lo
que el autor llama “mentalidad burguesa”, caracterizada por la búsqueda del provecho
económico a través de la acumulación de bienes y la intención de alcanzar la rentabilidad
para un desarrollo económico siempre creciente que reinvertir y conseguir así,
efectivamente, el aumento del provecho económico buscado.
Es el auge de las actividades comerciales (simbolizadas por la figura de creciente
estima social del mercader), junto con la creciente importancia del dinero y de las nuevas
maneras de efectuar transacciones económicas, lo que causará efectos en el estilo de vida
cotidiano, tal y como señala el autor. El autor sostiene que, en la España de la época, fue
la aristocracia y no la burguesía la difusora del modelo del Renacimiento italiano. La
mentalidad aristocrática se distingue de la burguesa en que, siendo también un efecto o
más bien la expresión de este cambio de mentalidad asociado al crecimiento comercial,
la mentalidad aristocrática tiene como objetivos, entre otros, la reproducción de lujosas
modas (éticas y estéticas) extranjeras y la ostentación, más que el desarrollo económico
o la inversión.
La adopción de estas preferencias ‘aristocráticas’ tiene consecuencias en otros
ámbitos de la vida, tal y como señala Pérez: es la identificación del arte con el lujo
superior y el anhelo de la promoción social a través de la adquisición de unos nuevos
valores caballerescos menos “viles” (más influidos por las formas artísticas italianas que
por las labores del trabajo manual) lo que llevará a una creciente obsesión por el lujo y,
por lo tanto, a la adquisición de préstamos y deudas para mantener este cotizado estilo de
vida. Esta es una mentalidad, advierte el autor, contraria a la utilidad social y a la
inversión. Es una mentalidad que empuja a las clases pudientes a vivir de las rentas y a
invertir cada vez más en atención servicial y menos en la producción y en el desarrollo
agrícola. El autor señala que esto ocasionó una sobredemanda del “sector servicios” de la
época que causó la asfixia de la vida rural, donde se vivió una creciente demanda de mano
de obra que no se vio satisfecha debido a que, aparentemente, había más posibilidades de
enriquecimiento a través empleos serviles que en el campo (incluso si tampoco hubiese
muchas esperanzas de ascenso social). Esto causó que el sector servil se viese desbordado
y que aumentase la “ociosidad forzada” (el paro) entre las clases populares. El autor
señala que la demanda de mano obra en el sector agrícola no se vio compensada, ya que

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el atractivo del sector servil superaba con creces las expectativas que ofrecía un estilo de
vida rural.
Es así como vemos que Pérez identifica la razón de la ausencia de un desarrollo
industrial en España, ya que ningún otro sector podía competir con el atractivo de los
empleos relacionados con los servicios y con este estilo de vida aristocrático generalizado,
gracias al ejemplo de las clases acomodas. El autor va más allá y aventura que fue la
exigencia de salarios elevados de las clases trabajadoras lo que hizo de freno para la
satisfacción de la demanda de mano de obra agrícola y que esto fue también lo que
propició la desaparición de empleos y, en última instancia, el surgimiento de una situación
de crisis económica.
El autor escribe que los que necesitaban y querían trabajar “no querían trabajar
por un salario de miseria y tampoco querían dedicarse a cualquier tipo de trabajo”. Este
análisis del autor me parece algo pobre y simplificado (él mismo dice que es
esquemático), además de sesgado ya que, según lo he entendido, señala una cierta
‘aristocratización’ de las expectativas de futuro de las clases trabajadoras y, según creo,
esto solo lleva a la culpabilización de estas clases trabajadoras por el hecho de buscar la
mejora de sus condiciones vitales y laborales. En mi opinión, el autor desatina en su
conclusión puesto que, según su exposición de la problemática de la mentalidad
aristocrática española, lo más razonable es pensar que fue esta misma moral derrochadora
aristocrática lo que impidió el desarrollo industrial en España y no, como se señala en el
artículo, la “ociosidad” de la población trabajadora. Con todo, me parece una lectura
académica constructiva debido a la abundancia de citas y referencias históricas y literarias
de época, por lo que ayuda a ponerse en contexto y entender el gran flujo de influencias
que fue el periodo renacentista europeo.