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La Felicidad en la Historia

Son muchas las definiciones de felicidad que se han desinflado cuando una
nueva definición descubre ser más más cercana de la realidad. Así ha sido la
historia de muchos conceptos o ideas como cuando la Tierra se conceptualizaba
por las primeras culturas como un planeta con un formato plano. Varios
astrónomos y filósofos de la antigüedad como Platón y Aristóteles ya pensaban
que era redonda. Hoy se sabe que es geoide, similar a una esfera pero achatada.

Tal vez estés esperando tener un párrafo que defina la felicidad, pero la
definición de felicidad siempre ha sido una gran interrogante. Diferentes culturas,
filósofos, psicólogos, líderes espirituales, investigadores no han llegado aún a un
consenso.
Hay quien dice que la felicidad no existe, tal vez porque puede ser tan escurridiza
que a veces no logran percibirla, o la ven y la disfrutan sólo en breves momentos.
Pero sí existe, tal vez de diferentes maneras para cada quién.
En cada época, en cada cultura, e incluso para cada familia e individuo, la
felicidad se ha visto y experimentado con diferentes tintes, y éstos nos han
marcado para crear un propio concepto de felicidad.
En general, los seres humanos tienden siempre a buscar el bienestar en su
existencia. Se tiene una esperanza de una vida ideal, que todos quieren alcanzar
y a veces, al no verlo posible o cercano, o creer que no pueden conseguir lo que
necesitan, se frustran y entonces se manifiesta la infelicidad.
Algunos dicen que es una actitud, otros, un sentimiento, un estado, un
constructo, una acción, una sensación, o un estado de ánimo. Te mostraré
algunos enfoques de la felicidad a través del tiempo y el mundo.
Empecemos con la antigua China, cuando el filósofo Confucio, declaró con su
doctrina Jen, que no hay felicidad verdadera, ni individual ni colectiva, que no se
base en la sabiduría y la tranquilidad de conciencia cifrada en un sentido de
reverencia o humanidad hacia los otros (Las Analectas, Confucio). Es decir, la
felicidad es procurar el bienestar del prójimo.
En la Grecia antigua, Aristóteles (384 a. C.- 322 a. C) en su obra “Ética a
Nicómaco”, estableció que la razón humana es algo divino y por tanto, la felicidad
humana se basa en la autorrealización, adquirida mediante el ejercicio de la
virtud. Él también pensaba en la esencia de la felicidad diciendo que “Diferentes
hombres buscan la felicidad en diferentes formas y por diferentes significados
haciendo con ello diferentes modos de vida para sí mismos”.
Epicuro de Samos, filósofo ateniense (341 a. C) establece que la felicidad se
encuentra en el placer de los sentidos o hedonismo, evitando el dolor y las
aflicciones (el hambre, la tensión sexual, el aburrimiento) y tener el equilibrio
perfecto entre la mente y el cuerpo que proporcionaba la serenidad o ataraxia.
Aristóteles, por el contrario, cree que el placer causa deleite corporal por medio
de la percepción sensorial, pero el placer no es un bien perfecto del hombre si
se le compara con los bienes del alma.
El utilitarismo es otra corriente ideológica, de los siglos XVIII y XIX, representado
por John Stuart Mill y Jeremy Bentham, quienes pensaban que la felicidad se
puede encontrar en las acciones que dan bienestar a la mayor cantidad de gente
posible. Y de nuevo, en esta filosofía, se le da más importancia al bienestar de
los otros que al propio placer. De hecho, Thomas Jefferson la toma y establece
que se deben garantizar los derechos de la vida, la libertad y la búsqueda de la
felicidad.
Michael C. Graham (1914) define la felicidad como estar contento, una fuente
de satisfacción.
El Dalai Lama, representante del Budismo señala que “si quieres que otros sean
felices, debes practicar la compasión; si quieres ser feliz, practica la compasión”.
Esta filosofía reconoce un estado de pureza, paz, contento y felicidad llamado
“Nirvana”. Este estado de felicidad verdadera y perpetua, según su Santidad
Dalai Lama, puede alcanzarse mediante el entrenamiento de la mente (El arte
de la felicidad, 1999, Barcelona). Así, se ve que en general, las doctrinas
orientales se han enfocado en que la felicidad puede experimentarse cuando se
orienta a la paz y el contento que se alcanza con la compasión hacia otros.
En su famoso libro La Felicidad es una tarea interior, John Powell (1989) nos
aclara que la Felicidad es una tarea interior que consiste en entregarnos y
entregar a otros aspectos no tangibles. Hay 10 prácticas vitales que las personas
deben hacer para experimentar la verdadera felicidad: aceptarnos como somos;
aceptar la plena responsabilidad sobre nuestras vidas; satisfacer con cuidado
nuestras propias necesidades integrales (Cuerpo, Mente, Espíritu, Emotividad)
especialmente con relajación, ejercicio y buena nutrición; hacer de nuestras
vidas un acto de amor; expandirnos abandonando la seguridad de lo ya
conocido; ser buscadores del bien; intentar crecer, no ser perfectos;
comunicarnos de verdad; disfrutar las cosas buenas de la vida; hacer de la
oración parte de nuestra vida cotidiana.
Jorge Bucay (2001) lo dice muy sabiamente: “las personas son idénticamente
diferentes”. En general, todos buscamos lo mismo, pero de diferentes maneras.
Saber esto también te ayudará a comprender y a manejar mejor tus relaciones
con los demás, porque entenderás que ellos también tienen su propio concepto
de felicidad, que puede coincidir o no con el tuyo.
Actualmente, Martin Seligman (2002), uno de los fundadores de la psicología
positiva, menciona que la felicidad es como un conjunto, un constructo de
emociones y actividades positivas. Es decir, la felicidad es un estado compuesto
por un sinnúmero de factores que se combinan para producir un estado de
bienestar. Estos factores los clasifica Seligman (2002) según sus dimensiones
en el tiempo: futuro, pasado y presente. En el futuro, tales como, esperanza,
optimismo, seguridad, fe, confianza; en el pasado: satisfacción, realización
personal, orgullo y serenidad; y en el presente los placeres y las gratificaciones.
Existen aún muchas más ideas de felicidad, pero hasta aquí podemos decir que
la felicidad no es un solo concepto, es un constructo subjetivo, ya que para cada
individuo se constituye por diferentes factores dependiendo de su cultura y de su
propia historia de vida. Por esta razón, no se ha llegado a una sola definición.

Así como el concepto de felicidad puede estar marcado por etapas históricas y
por la cultura en las regiones, también puede estar marcada en la misma
sociedad, hasta en la misma familia. Aunque aparentemente estemos educados
de la misma manera puede haber factores diferentes que les den la felicidad a
cada uno, por ejemplo entre hermanos, a uno puede apasionarle andar en
bicicleta y a otro le guste mucho cocinar.
En general, la felicidad puede verse como una sensación y un estado de ánimo
positivo. Hay sensaciones, emociones y estados de ánimo, positivos o
negativos. Sonia Lyubomirsky asegura que entre los estados de ánimo positivos
están la alegría, la satisfacción, el contento, la gratitud, bienestar, que dan una
sensación de que la vida es buena, con significado y que vale la pena vivirla. Se
dice que estos estados de ánimo positivos, junto con un propósito de vida se
complementan para incrementar la felicidad.