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ASIGNATURA:

LOS ORÍGENES DE LA
HUMANIDAD

Grado en Historia
Universidad de Alcalá
Curso Académico 2018/2019
Curso 1º – 1 Cuatrimestre

MÉTODOS DE CRONOLOGÍA ABSOLUTA

Dendrocronología

La dendrocronología (dendro: árbol; cronos: tiempo) es


fundamental actualmente y necesaria para correlacionar los
resultados del C-14. Se basa en los anillos de crecimiento de los
árboles. Su conocimiento se remonta al Renacimiento ya que
Leonardo da Vinci hizo un estudio sobre ellos. Sin embargo, fue en el
siglo XVIII cuando naturalistas como Duhamel y Buffon empezaron a
realizar estudios sobre ello con árboles que habían sido cortados
simultáneamente. Así, reconocieron que anualmente el árbol
generaba un anillo más. Cuando llegaron al anillo 28 (contando desde
fuera) observaron que en todas las especies éste tenía un grosor más
pequeño que denotaba un escaso crecimiento del árbol. Cada anillo
tiene una parte más clara y otra más oscura debido a las diferencias
en el ritmo de crecimiento según las estaciones. El anillo 28
corresponde al año 1709 en el que hubo unas heladas históricas.
Fueron los primeros que relacionaron las características climáticas
con la forma de los anillos.

A principios del XX, el astrónomo norteamericano Douglas


estudió si la radiación procedente de las manchas solares quedaban
reflejadas en el crecimiento de los árboles. Para ello observó la
evolución de los anillos intentando llegar lo más lejos posible. Así,
utilizó especies de larga duración como las secuoyas o los pinos
amarillos. Tras esto, se consiguió realizar secuencias de la morfología
de los anillos de zonas geográficas concretas. Hoy en día en la mayor
parte de Europa se tiene una secuencia maestra que se remonta a
3000 años e incluso en ciertos lugares hasta los 5000. Para la
arqueología europea el material básico de construcción es la madera
debido a su riqueza forestal por lo que se posee gran cantidad de
material para estos estudios. Es el método más seguro que existe.

Hay que tener cuidado con el factor "madera antigua" en donde se


datan objetos hechos con partes interiores de un árbol (podría decirse
que el corazón del árbol) pudiendo dar fechas alteradas de varios
cientos de años.
Carbono-14

Esta técnica se fundamenta en la relación constante que


existe en los organismos vivos entre los isótopos del carbono C-12 y
C-14, la cual es la misma que la que existe en la naturaleza, debido a
que los seres vivos se encuentran en continuo proceso de formación,
y por tanto las nuevas moléculas que fijan el carbono atmosférico en
un organismo tienen la misma relación isotópica que el carbono libre
en la atmósfera. Cuando un organismo muere esta relación cambia,
pues el isótopo C-14 es inestable y se descompone radiactivamente
con el tiempo. De esta forma, como conocemos experimentalmente la
velocidad a la que se produce este proceso de descomposición
radiactiva, podemos calcular cuánto tiempo hace desde que se
produjo la muerte del organismo que estamos datando a partir de la
diferencia que existe entre la relación C-12/C-14 medida en la
muestra y la relación ambiental.

Esta técnica, por lo tanto, será de aplicación allí donde


encontremos restos de materia orgánica que o bien sean un resto
arqueológico en sí mismos, como por ejemplo los restos humanos en
un enterramiento, o bien contextualmente puedan asociarse como
contemporáneos a un resto arqueológico. Siempre hay que tener en
cuenta que lo que se data mediante esta técnica es la fecha en la que
se produjo la muerte del organismo, no la fecha en la que se produjo
el hecho histórico; es decir, se data cuándo se cortó la madera con la
que se construyó una tumba, no cuándo se realizó el enterramiento.
El límite máximo de datación por este método es de unos 80.000
años.

Potasio-argón

La datación potasio-argón o 40K/40Ar es un método de datación


radiométrica, surgido en la década de 1960, utilizado en geología y
arqueología para datar rocas o cenizas volcánicas de hasta 5 millones
de años y no menos de 100.000 años.

Se basa en el principio de la desintegración radioactiva, en el cual el


isotopo radioactivo potasio-40 (40K) presente en las rocas volcánicas
se desintegra a un ritmo conocido en el gas inerte argón-40 ( 40Ar),
que se va concentrando en la roca.

Cuando un fluido magmático se enfría, transformándose en roca, el


argón comienza a formarse y, con el paso del tiempo, aumentará su
proporción en la misma. La cantidad de argón que contiene la roca
dependerá de la concentración inicial de potasio y del tiempo
transcurrido desde la solidificación.
Estudiando éste ritmo de descomposición del 40K, y la cantidad de 40Ar
contenido en la muestra de roca, en un proceso de enfriado suficiente
como para que el argón radiogénico no se disperse fuera de los
cristales, podemos crear un cálculo de la data de formación de la roca
y una cuantificación en la espectrometría de masas. Se necesitan 10
gramos de muestra de roca volcánica para una medición fiable.

Con el método potasio-argón solo podemos datar yacimientos


sepultados por erupciones volcánicas, con lo que resulta imposible
conseguir una precisión mayor a ±10%. Generalmente, con este
margen de error, las edades obtenidas son menores que la edad
verdadera.

Por otra parte, un problema a la hora de datar el K-Ar es que si en la


muestra se presenta cierta heterogeneidad, en las partes
proporcionales con concentraciones de 40K puede haber diversos K/Ar,
y esto puede llevar otra vez a una fecha inexacta.

Finalmente otro de los inconvenientes de este método hace referencia


a la necesidad de hallar rocas volcánicas susceptibles a ser datadas,
puesto que éstas solo se encuentran en lugares determinados de la
Tierra.

Un ejemplo claro del método potasio-argón son los yacimientos de


Olduvai (Tanzania), situados en una zona volcánica con altos niveles
de cenizas. Su análisis ha permitido datar diferentes niveles de
ocupación humana a partir de los 2 millones de años. Asimismo se
han podido datar en 3,7 millones de años las pisadas de homínidos
sobre ceniza volcánica de Laetoli, situadas próximas a Olduvai.

Termoluminiscencia

Se conoce por termoluminiscencia a toda emisión de luz,


independiente de aquella provocada por la incandescencia, que emite
un sólido aislante o semiconductor cuando es calentado. Se trata de
la emisión de una energía previamente absorbida como resultado de
un estímulo térmico. Esta propiedad física, presente en muchos
minerales, es utilizada como técnica de datación.

En general, los principios que gobiernan la


termoluminiscencia son esencialmente los mismos de aquellos
responsables de todos los procesos luminiscentes y, de esta forma, la
termoluminiscencia es uno de los procesos que componen el
fenómeno de la luminiscencia.
Si bien la primera mención clara fue hecha por Alberto
Magno (1200-1280) al describir la luz emitida por un diamante
calentado, el primer trabajo reconocido científicamente en el que se
describe un proceso termoluminiscente fue realizado por Robert Boyle
en 1663 para el Register of the Royal Society de Londres, en el cual
describe la extraña emisión de luz proveniente de un diamante que
había llevado consigo a la cama. Calentándolo posteriormente
mediante otros métodos más convencionales, por fricción o llama,
observó que el fenómeno se repetía.

En el siglo XVIII se dieron distintas explicaciones más o


menos afortunadas, descubriéndose que la termoluminiscencia se
reactivaba por exposición a la luz. Se empezaba ya a pensar que el
calor estimulaba la emisión, pero no que fuera la causa. A lo largo del
siglo XIX, con el descubrimiento de los rayos X, se observó que esta
radiación generaba termoluminiscencia en ciertos minerales como las
fluoritas.

Marie Curie, en su tesis doctoral de 1904, dice: "ciertos


cuerpos, tales como la fluorita, se vuelven luminosos al ser
calentados: son termoluminiscentes. Su luminosidad desaparece
después de un tiempo, pero su capacidad de emisión, borrada por el
calor, se renueva por medio de una chispa y también por la acción de
la radiación."

La termoluminiscencia era ya un fenómeno


experimentalmente controlado, pero el fundamento teórico del
proceso no se desarrolló hasta el advenimiento de la mecánica
cuántica, la cual estableció la concepción teórica moderna.

La técnica arqueológica de fechar cuarzo se le llama datación


por termoluminiscencia. La radiación de la tierra desde el espacio (los
rayos cósmicos) produce cambios en la estructura cristalina del
cuarzo que se acumula con el tiempo. Cuando se calienta
cuidadosamente el cuarzo, la estructura cristalina vuelve a la
normalidad, pero cuando lo hace, emite luz. Cuanto más tiempo han
sido radiados, más luz emiten los granos de cuarzo. Al medir las
longitudes de onda, y compararlas con elementos previamente
datados, se puede obtener el tiempo que ha estado expuesto a la
intemperie el cuarzo, uno de los elementos más comunes de la
corteza terrestre.

Este método se aplica principalmente a las cerámicas.


Durante su fabricación, el calentamiento que sufrieron en el horno
liberó a todos los electrones de sus trampas cristalinas. Durante el
enterramiento arqueológico, la radiación ambiental provocó la
acumulación de los electrones en las trampas, de forma que el
número de ellos – y por lo tanto la intensidad de emisión durante un
calentamiento – es función del tiempo de enterramiento. Si en el
laboratorio se controla la variación de la emisión de luz en función de
la dosis recibida procedente de una fuente de emisión calibrada, y se
obtiene la radiación ambiental en la zona de enterramiento a partir
del análisis químico del terreno o mediante medidores calibrados,
podemos obtener la edad de la cerámica. Al igual que en el caso del
C14, hemos de tener en cuenta que lo que se data en este caso es el
momento en que se fabricó la cerámica, no el momento en el que se
produjo el enterramiento, aunque en general dicha diferencia
temporal no es muy alta.

Además de a las cerámicas, esta técnica también se ha aplicado con


éxito a vidrios, ladrillos y escorias de fundición, siendo también una
técnica habitual en la autentificación de piezas cerámicas
pertenecientes a colecciones de museos. El límite práctico de
utilización es de unos 200.000 años.

BIBLIOGRAFIA

RENFREW C. y P. BAHN (1993): “Arqueología. Teorías, métodos y


práctica”. Madrid, ed. Akal.

VVAA (1992): “Ciencias, metodologías y técnicas aplicadas a la


arqueología”. Fundació La Caixa, Barcelona.

VVAA (2013): “Métodos y técnicas de análisis y estudio en


Arqueología Prehistórica”. Editores: Marcos García-Diez y Lydia
Zapata. Servicio Editorial de la Universidad del País Vasco. Bilbao.