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Semasiografía y glotografía en las inscripciones de dos esculturas mexicas

Chapter · January 2009


DOI: 10.13140/2.1.3347.0406

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David Charles Wright-Carr


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ESTUDIOS ACERCA DE LAS ARTES
Análisis, técnicas y reflexión

Edición y prólogo de
Benjamín Valdivia

librosaCIELOabierto

Libro AYC 5 de abril.indd 5 19/12/2009 07:32:01 p.m.


UNIVERSIDAD DE GUANAJUATO

Arturo Lara López


Rector General

Bulmaro Valdés Pérez Gasga


Secretario General

José Manuel Cabrera Sixto


Secretario Académico

Martín Pantoja
Secretario Administrativo

CAMPUS GUANAJUATO

Luis Felipe Guerrero Agripino


Rector del Campus Guanajuato

Juan Martín Aguilera Morales


Director de la
División de Arquitectura, Arte y Diseño

Primera edición: 2009

© 2009 los autores, por cada uno de sus textos.

D. R. © 2009 por la presente edición:


Universidad de Guanajuato
Lascuráin de Retana 5
36000 Guanajuato, Gto.

D. R. © 2009 por la presente edición:


Azafrán y Cinabrio ediciones
Calzada de Guadalupe 35
36000 Guanajuato, Gto. México

En portada: Ventana a la luz, fotografía de Dafne Valdivia

Impreso y hecho en México


ISBN: 978-607-7778-06-6

Libro AYC 5 de abril.indd 6 19/12/2009 07:32:02 p.m.


SEMASIOGRAFÍA Y GLOTOGRAFÍA EN LAS
INSCRIPCIONES DE DOS ESCULTURAS MEXICAS

David Charles Wright Carr

Introducción
El presente texto se deriva de un proyecto de investigación que explora las
relaciones entre cultura, lengua y escritura entre los otomíes de la época Pre-
hispánica y el periodo Novohispano Temprano.1 Uno de los problemas que
estoy tratando de resolver es determinar la naturaleza de la escritura pictórica
del Centro de México. Este sistema de registro se encuentra justamente sobre
la borrosa frontera entre las categorías semánticas europeas de la escritura y las
artes plásticas. Los antiguos habitantes de Mesoamérica no hacían esta distinción;
ambas categorías se fundían en una sola. Esto ha causado confusión y polémica
entre los investigadores durante varios siglos.2

La clasificación de los signos gráficos


Parte resolver el problema que se plantea en la introducción, es necesario adoptar
y aplicar categorías precisas para la clasificación de los grafemas de la escritura
pictórica centromexicana. Encuentro una herramienta teórica muy útil en la
clasificación de los signos gráficos de Geoffrey Sampson, la cual se basa en la
relación que estos signos guardan con las estructuras lingüísticas o extralin-
güísticas que representan.3 En la tabla 1, presentada en la página siguiente, se
resume esta herramienta.
En dicho esquema hay dos fronteras conceptuales críticas. La primera es
entre la semasiografía –que expresa signos que se limitan a la representación de
las ideas, sin vincularse necesariamente con los sonidos de alguna lengua en
particular– y la glotografía –que expresa estructuras lingüísticas en una lengua
determinada. La segunda es entre los dos tipos de glotografía: la logografía –que
expresa palabras o morfemas, es decir, sonidos vinculados necesariamente a
ideas– y la fonografía –donde se representan sonidos, independientemente de las
ideas. Dicho de otra manera, hay grafemas que expresan ideas sin sonidos –los
1
David Charles Wright Carr. Los otomíes: cultura, lengua y escritura (tesis, 2 vols.) Doctorado
en Ciencias Sociales, El Colegio de Michoacán. Zamora, 2005.
2
Véase al respecto: id., Vol. 1, pp. 320-347.
3
Geoffrey Sampson. Writing systems, a linguistic introduction (1a. ed.) Stanford University
Press. Stanford, 1985. En el presente estudio uso el término “grafema” para referirme a
los elementos básicos de los sistemas de escritura. Un “signo gráfico” puede constar de un
grafema o, en el caso de los signos compuestos, de dos o más grafemas.
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semasiogramas–, grafemas que expresan ideas con sonidos –los logogramas– y gra-
femas que expresan sonidos sin ideas –los fonogramas. Desde luego hay también
signos gráficos compuestos que contienen grafemas que pertenecen a dos o tres
de estas categorías, como veremos en algunos de los casos que se analizan en
el presente estudio.

Categoría de signo Estructura representada


1. Semasiográficos Ideas
2. Glotográficos Expresiones orales
2.1. Logográficos Palabras/morfemas
2.2. Fonográficos Unidades fonológicas
2.2.1. Silábicos Sílabas
2.2.2. Alfabéticos Fonemas
2.2.3. De rasgos fonéticos Contrastes fonéticos
3. Mixtos (signos gráficos compuestos, Cualquier combinación de las categorías
con dos o más grafemas) anteriores
Tabla 1. Clasificación de los signos gráficos.4

Dos esculturas mexicas


Escasean los signos glotográficos en el registro arqueológico del Centro de Méxi-
co. Esto se debe, por lo menos en parte, al carácter ritual de la mayor parte de
los objetos que cuentan con signos pintados, grabados o tallados. Buena parte de
los glotogramas identificados en los manuscritos poscortesianos se encuentran
en textos históricos o económicos, siendo sobre todo signos antroponímicos y
toponimicos.5 Hay pocos registros históricos y económicos en los objetos halla-

4
Id., pp. 26-45 (véase especialmente la p. 32 [fig. 3]).
5
Véanse: Alfonso Caso y Andrade. “Mixtec writing and calendar”, pp. 948-961 de: Han-
dbook of Middle American Indians, Volume three: archaeology of southern Mesoamerica, part two
(2a. reimpresión de la 1a. ed., Gordon R. Willey, editor del vol.) University of Texas Press.
Austin, 1973, p. 951. Alfonso Caso y Andrade. Reyes y reinos de la Mixteca (1a. reimpresión
de la 1a. ed., 2 vols.), Fondo de Cultura Económica. México, 1984, pp. 27, 28, 34. Charles E.
Dibble. “Writing in central Mexico”, pp. 322-332 de: Handbook of Middle American Indians,
Volume ten: archaeology of northern Mesoamerica, part one (1a. ed., Gordon F. Ekholm e Ignacio
Bernal, editores del vol.) University of Texas Press. Austin, 1971, p. 324. Maarten E. R. G.
N. Jansen, “The art of writing in ancient Mexico: an ethno-iconological perspective”, Visible
Religion (E. J. Brill), No. 6, 1988, p. 89. Leonardo Manrique Castañeda. “Ubicación de los
documentos pictográficos de tradición náhuatl en una tipología de sistemas de registro
y de escritura”, pp. 159-170 de: Primer Coloquio de Documentos Pictográficos de Tradición Ná-
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dos en contextos arqueológicos de la última parte de la época Prehispánica. Por
fortuna contamos con un pequeño corpus de topónimos en dos obras escultóricas
donde se registran las principales conquistas de los señores mexicas: la Piedra
del ex Arzobispado (figura 1) y la Piedra de Tízoc (figura 2). Ambas pertenecen al
mismo género escultórico. Son cilindros de aproximadamente 2.5 metros de
diámetro y 80 centímetros de altura, en promedio, siendo un poco más chica
la primera y un poco más grande la segunda. Probablemente funcionaban
como cuauhxicalli, “jícaras del águila”, las cuales servían como recipientes de
sangre para el numen solar, sobre los cuales se realizaban sacrificios humanos.
Ostentan discos solares, esculpidos en relieve, en sus caras superiores. En las
superficies verticales hay frisos con múltiples representaciones convencionales
de conquistas militares, enmarcados por bandas con motivos diversos que no
serán estudiados en el presente estudio, para no distraer al lector del tema prin-
cipal, que es el análisis de los signos gráficos toponímicos. En cada escena de
conquista el señor mexica, armado y portando atributos propios de los dioses,
sujeta por el pelo a otro señor(a) o dios(a). Arriba de cada personaje cautivo
hay un signo gráfico toponímico. La Piedra del ex Arzobispado es el más antiguo
de los dos; ha sido asignado a los reinados de Moteuczoma Ilhuicamina (c
1440-1469) o Axayácatl (c 1469-1481). La Piedra de Tízoc fue esculpida durante
el reinado del señor mexica del mismo nombre (c 1481-1486), como lo indica
un signo gráfico antroponímico, con la forma de una pierna humana, junto a
una de las representaciones del señor mexica.6
huatl (1a. ed.) Instituto de Investigaciones Históricas, Universidad Nacional Autónoma de
México. México, 1989, p. 164. Henry B. Nicholson. “Phoneticism in the late pre-Hispanic
central Mexican writing system”, pp. 1-46 de: Mesoamerican Writing Systems, a Conference at
Dumbarton Oaks, October 30th and 31st, 1971 (1a. ed., Elizabeth P. Benson, editora) Dum-
barton Oaks. Washington, 1973, p. 2. Hanns Jürgen Prem. “Aztec writing considered as a
paradigm for Mesoamerican scripts”, pp. 104-118 de: Mesoamérica, homenaje al doctor Paul
Kirchhoff (Barbro Dalhgren, coordinador) Instituto Nacional de Antropología e Historia.
México, 1979, p. 107. Eduard Georg Seler. “The character of Aztec and Maya manuscripts”,
pp. 113-118 de: Collected works in Mesoamerican linguistics and archaeology, English translations
of German papers from Gesammelte abhandlungen zur amerikanischen sprach- und alterthumskunde
(2a. ed., Vol. 1, Charles P. Bowditch, supervisor de las traducciones; Frank E. Comparato, J.
Eric S. Thompson y Francis B. Richardson, editores) Labyrinthos. Lancaster, 1990, pp. 113,
114. Mary Elizabeth Smith. Picture writing from ancient southern Mexico, Mixtec place signs and
maps (1a. ed.) University of Oklahoma Press. Norman, 1973, p. 22. Mary Elizabeth Smith.
“The relationship between Mixtec manuscript painting and the Mixtec language: a study
of some personal names in Codices Muro and Sánchez Solís”, pp. 47-98 de: Mesoamerican
Writing Systems, a Conference at Dumbarton Oaks, October 30th and 31st, 1971 (1a. ed., Elizabeth
P. Benson, editora) Dumbarton Oaks. Washington, 1973, p. 47.
6
Hay varios artículos con dibujos, fotografías y estudios de estas obras escultóricas. Sobre la
Piedra del ex Arzobispado, véanse las siguientes fuentes: Bernardo García Martínez. “El altépetl
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[sic] o pueblo de indios, expresión básica del cuerpo político mesoamericano”, Arqueología
Mexicana (Editorial Raíces/Instituto Nacional de Antropología e Historia), Vol. 6, No. 32,
julio-agosto 1998, pp. 60, 61. Michel Graulich. “Respuesta del Dr. Graulich [a la carta de
Salvador Troncoso Muñoz Ledo]”, Arqueología Mexicana (Editorial Raíces/Instituto Nacional
de Antropología e Historia), Vol. 6, No. 34, noviembre-diciembre 1998, p. 3. Michel Graulich.
“El rey solar en Mesoamérica”, Arqueología Mexicana (Editorial Raíces/Instituto Nacional de
Antropología e Historia), Vol. 6, No. 32, julio-agosto 1998, p. 16. José Lameiras Olvera. “La
guerra en el México antiguo”, Arqueología Mexicana (Editorial Raíces/Instituto Nacional de
Antropología e Historia), Vol. 1, No. 4, octubre-noviembre 1993, pp. 6-15. Eduardo Matos
Moctezuma; Felipe Solís. El Calendario azteca y otros monumentos solares (1a. ed.) Instituto
Nacional de Antropología e Historia/Grupo Azabache. México, 2004, pp. 117-122; Guillermo
Pérez-Castro Lira; Pedro Francisco Sánchez Nava; María Estéfan; Judith Padilla y Yedra;
Antonio Gudiña Garfias. “El cuauhxicalli de Moctezuma I”, Arqueología (Dirección de Mo-
numentos Prehispánicos, Instituto Nacional de Antropología e Historia), No. 5, 1989, pp.
131-151. Felipe R. Solís Olguín. “Arte y política en México-Tenochitlan”, Arqueología Mexicana
(Editorial Raíces/Instituto Nacional de Antropología e Historia), Vol. 3, No. 15, septiembre-
octubre 1995, pp. 42-47. Felipe R. Solís Olguín. “Historia de la colección arqueológica del
Museo Nacional de Antropología”, Arqueología Mexicana (Editorial Raíces/Instituto Nacional
de Antropología e Historia), Vol. 4, No. 24, marzo-abril 1997, pp. 32-37. Salvador Troncoso
Muñoz Ledo. “Piedra de Axayácatl” (carta), Arqueología Mexicana (Editorial Raíces/Instituto
Nacional de Antropología e Historia), Vol. 6, No. 34, noviembre-diciembre 1998, pp. 2, 3.
Emily Umberger. “Art and imperial strategy in Tenochtitlan”, pp. 85-106 de: Aztec imperial
strategies (1a. ed.) Dumbarton Oaks, Washington, 1996, pp. 97-102.
Sobre la Piedra de Tízoc, véanse: Dibble, op. cit., pp. 326-328. Graulich, “Respuesta del Dr.
Graulich”, op. cit. Graulich, “El rey solar en Mesoamérica”, loc. cit. Nelly Gutiérrez Solana
Rickards. Objetos ceremoniales en piedra de la cultura mexica (1a. ed.) Instituto de Investi-
gaciones Estéticas, Universidad Nacional Autónoma de México. México, 1983, pp. 145-153.
Antonio de León y Gama. Descripción histórica y cronológica de las dos piedras que con ocasión
del nuevo empedrado que se está formando en la plaza principal de México se hallaron en ella el año
de 1790 (facsímil de la ed. de 1832, Carlos María de Bustamante, editor) Instituto Nacional
de Antropología e Historia. México, 1990, vol. 2, pp. 46-73. Joyce Marcus. Mesoamerican
writing systems: propaganda, myth, and history in four ancient civilizations (1a. ed.) Princeton
University Press. Princeton, 1992, pp. 55-57, 370. Matos/Solís, op. cit., pp. 110-116. Nichol-
son, op. cit., p. 5; Manuel Orozco y Berra. “El cuauhxicalli de Tizoc”, en Anales del Museo
Nacional de México, Época 1, Vol. 1, 1877, pp. 3-39, facsímil en Anales del Museo Nacional
de México, colección completa, 1877-1977 (ed. digital) Instituto Nacional de Antropología e
Historia/Fundación Mapfre Tavera/Digibis. México/Madrid, 2002. José Fernando Ramírez
Álvarez. “Antigüedades mexicanas conservadas en el Museo Nacional/Antiquités Mexicaines
conservées au Musée National”, pp. 48-57 de: México y sus alrededores (facsímil de la ed. de
1864) Inversora Bursátil/Sanborn Hermanos/Seguros de México. México, 1989, p. 52; Jesús
Sánchez. “Notas arqueológicas, I, el cuauhxicalli de Tizoc”, en Anales del Museo Nacional de
México, Época 1, Vol. 3, 1886, pp. 127-136, facsímil en Anales del Museo Nacional de México,
colección completa, 1877-1977 (ed. digital) Instituto Nacional de Antropología e Historia/Fun-
dación Mapfre Tavera/Digibis. México/Madrid, 2002. Eduard Georg Seler. “Excavations at
the site of the principal temple in Mexico”, pp. 114-193 de: Collected works in Mesoamerican
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La Piedra del ex Arzobispado tiene once representaciones de conquistas con
sendos signos toponímicos (figura 3, columna izquierda). Descubierta en 1988,7
ha servido para comprender mejor la Piedra de Tízoc, ya que los once topónimos
de aquel monumento se repiten en éste, con ligeras variantes formales, en la
misma secuencia. En la segunda pieza se agregan cuatro signos toponímicos
más, para un total de quince (figura 3, columna derecha). De esta manera se
entiende que cada una de estas esculturas conmemora las principales conquistas
mexicas en general, no las conquistas específicas de cada señor, como antes se
pensaba acerca de la Piedra de Tízoc.8

Análisis de los signos toponímicos


La determinación de la naturaleza semasiográfica, logográfica o fonográfica de
cada grafema en estos signos toponímicos depende de la identificación de los
topónimos correspondientes en náhuatl, la lengua mayoritaria de los mexicas.
En algunos casos hay un grado razonable de seguridad; en otros su lectura es
polémica, debido a la ambigüedad o a la polivalencia de algunos de los grafemas.
En la tabla 2 se resumen los principales intentos de lectura de cada uno de estos
signos gráficos toponímicos. Uso la numeración de los signos que aparece en la
figura 3, para facilitar el cotejo entre la tabla y la figura. Las letras que anteceden
los topónimos se refieren a las fuentes donde éstos aparecen.9
linguistics and archaeology, English translations of German papers from Gesammelte abhandlungen
zur amerikanischen sprach- und alterthumskunde (2a. ed., Vol. 3, Charles P. Bowditch, supervisor
de las traducciones; Frank E. Comparato, J. Eric S. Thompson y Francis B. Richardson,
editores) Labyrinthos. Lancaster, 1992, pp. 131-136. Emily Umberger. “Art and imperial
strategy in Tenochtitlan”, pp. 85-106 de: Aztec imperial strategies (1a. ed.) Dumbarton Oaks,
Washington, 1996, pp. 97-102.
Sobre las fechas de los reinados de los señores mexicas, véase: Elizabeth Hill Boone.
“The founding of Tenochtitlan and the reign dates of the Mexica rulers according to thirty-
nine central Mexican sources”, pp. 152, 153 de: The Codex Mendoza (1a. ed., Vol. 1, Frances
F. Berdan y Patricia Rieff Anawalt, editoras) University of California Press. Berkeley/Los
Ángeles/Oxford, 1992..
7
Pérez-Castro/Sánchez/Estéfan/Padilla/Gudiño, op. cit., pp. 134, 135.
8
Graulich, “Respuesta del Dr. Graulich”, op. cit.
9
Las claves de las fuentes son las siguientes, en orden cronológico, según la fecha de su
publicación inicial: (a) Orozco y Berra, op. cit., pp. 32-38 (1a. ed. 1877). (b) Seler, “Exca-
vations at the site of the principal temple in Mexico”, op. cit., pp. 133-136 (1a. ed. 1901).
(c) Dibble, loc. cit. (1971). (d) Nicholson, loc. cit. (1973). (e) Gutiérrez, op. cit., pp. 147-149
(1983; Gutiérrez se basa en la obra citada de Seler y otras dos, las cuales no he consultado,
de Antonio Peñafiel y Charles Wicke). (f) Pérez-Castro/Sánchez/Estéfan/Padilla/Gudiño,
op. cit., p. 143 (1989). (g) Marcus, op. cit., pp. 56-57, 370 (1992). (h) Lameiras, op. cit., p. 12
(1993). (i) Graulich, “Respuesta del Dr. Graulich”, op. cit. (1998). (j) Matos/Solís, op. cit.,
pp. 110-122 (2004).
230

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Piedra del ex Arzobispado Piedra de Tízoc
1. (f) Culhuacan; (h) Culhuacan; (i) 1. (a) Mixcohuatepec/Culhuacan/Coa-
Colhuacan; (j) Culhuacan. tepec; (b) Colhuacan; (c) Colhuacan; (d)
Colhuacan; e) Colhuacan; (g) Colhua-
cán; (j) Culhuacan.
2. (f) Tenayuca; (h) Tenayuca; (i) Tena- 2. (a) Tenanco; (b) Tetenanco; (c) Te-
yuca; (j) Tenayuca. tenanco; (d) Tetenanco/Tenanyocan;
(e) Tetenanco; (g) Tetenanco; (j) Tena-
yuca.

3. (f) Xochimilco; (h) Xochimilco; (i) 3. (a) Xochimilco; (b) Xochimilco; (c)
Xochimilco; (j) Xochimilco. Xochimilco; (d) Xochimilco; (e) Xochi-
milco; (g) Xochimilco; (j) Xochimilco.
4. (f) Chalco; (h) Chalco; (i) Chalco; 4. (a) Tozxiuhco; (b) Chalco; (c) Chalco;
(j) Chalco. (d) Chalco; (e) Chalco; (g) Chalco; (j)
Chalco.
5. (f) Xaltocan; (h) Xaltocan; (i) Tamazo- 5. (a) Tamazolapan; (b) Tamaçollan/Ta-
lapan/Azcapotzalco; (j) Tamazulapan. maçolapan; (c) Tamazollan; (d) —; (e)
Tamazolapan/Tamapachco/ Xaltocan;
(g) —; (j) Tamazulapan/Xaltocan.
6. (f) Acolman; (h) Acolman; (i) Acol- 6. (a) Acolman; (b) Acolhuacan; (c)
huacan; (j) Acolhuacan. Acolhuacan; (d) Acolman/Acolhuacan;
(e) Acolman/Acolhuacan; (g) Acolman/
Acolhuacán; (j) Acolman/Alcolman
[sic]/Acolhuacan.
7. (f) Tepanohuayan; (h) Tecaxic; (i) Te- 7. (a) Tecaxic; (b) Tepanouayan; (c) Tepa-
cáxic/Tenanco; (j) Tecáxic/Tepanoaya noayan; (d) —; (e) Tecaxic/Tepanouayan;
(g) —; (j) Tepanohuayan/Tepanhuayan
[sic]/Tecáxic.
8. (f) Tlatelolco (?); (h) Tlatelolco; (i) 8. (a) Yancuitlan; (b) Tlatelolco; (c) Tla-
Tlatelolco; (j) Tlatelolco (?) telolco; (d) Tlatelolco; (e) Tlatelolco; (g)
Tlatelolco; (j) Yanhuitlán [sic].
9. (f) Tonatico; (h) Tonatiuhco; (i) 9. (a) Tonallimoquetzayan; (b) Teotitlan;
Teotenanco/ Tonatiuhco/Teotitlan; (j) (c) Teotitlan; (d) —; (e) Tonatiuco/Tonal-
Tonatiuhco. tepec/Teotitlán; (g) —; (j) Tonatiuhco.

231

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Piedra del ex Arzobispado Piedra de Tízoc
10. (f) Quiahuistlan/Mixtla (?); (h) Mix- 10. (a) Ehecatepec; (b) Poctlan; (c) Poc-
tlan; (i) Mixtlan; (j) Mixtlan. tlan; (d) —; (e) Poctlan/Tecamachalco/
Mixtlan; (g) —; (j) Mixtlan.
11. (f) Cotaxtla; (h) Cuetlaxtlan; (i) 11. (a) Cuetlaxtla; (b) Cuetlaxtlan; (c)
Cuetlaxtlan; (j) Cuetlaxtlan. Cuetlaxtlan; (d) Cuetlaxtlan; (e) Cuetlax-
tlán; (g) Cuetlaxtlán; (j) Cuetlaxtlan.
12. (a) Matlatzinco; (b) Matlatzinco;
(c) Matlatzinco; (d) Matlatzinco; (e)
Matlatzinco; (g) Matlatzinco; (j) Mat-
latzinco.
13. (a) Tochtla; (b) Tochpan/Tochtlan;
(c) Tochpan; (d) Tochpan; (e) Tochtla/
Tochpan; (g) Tochpan; (j) Tochpan.
14. (a) Ahuilizapan; (b) Auilizipan;
(c) Ahuilizapan; (d) Ahuilizapan; (e)
Ahuilizapan; (f) Ahuilizapan; (j) Ahui-
tzilapan [sic].
15. (a) Axocopan; (b) Uexotla/Auexoyo-
can; (c) Huexotla; (d) —; (e) Axocopan/
Uexotla; (f); —(j) Huexotzingo [sic]
Tabla 2. Lecturas de los signos toponímicos de la Piedra del ex Arzobispado y la Piedra de
Tízoc, según diez investigadores de los siglos XIX, XX y XXI.

El hecho de que once de estos signos se presentan en la misma secuencia en


ambas esculturas nos da una pista para su interpretación. Esta pista no pudo
ser aprovechada por los primeros comentaristas de la Piedra de Tízoc, quienes no
conocían la Piedra del ex Arzobispado. Podemos suponer, con un grado razonable
de seguridad, que estos signos están ordenados según la secuencia cronológica
de las conquistas, leyendo los frisos de izquierda a derecha. También podemos
suponer que los signos de la Piedra de Tízoc, numerados de 12 a 15 en la tabla
2 y en la figura 3, corresponden a las conquistas hechas por este señor mexica.
Así se refuerzan algunas de las lecturas que han sido propuestas para estos signos,
mientras otras se debilitan. Si cotejamos estos signos con los que aparecen en las
listas de las conquistas de los señores mexicas en el Códice mendocino,10 podemos
Códice mendocino, ff. 2r-12r (Frances F. Berdan; Patricia Rieff Anawalt [editoras]. The Codex
10

Mendoza [facsímil del ms., Vol. 3] University of California Press. Berkeley/Los Ángeles/
Oxford, 1992). Véanse los comentarios de Graulich, “Respuesta del Dr. Graulich”, op. cit.
232

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observar que el primer señorío cuya conquista se registra en este manuscrito es
Colhuacan, y que el signo correspondiente aparece en las dos piedras, siendo el
probable inicio de las secuencias en ambas. Este códice es especialmente útil para
nuestros propósitos, porque los lugares se registran de dos maneras: con signos
gráficos pictóricos y con glosas alfabéticas en náhuatl. La segunda conquista
en el manuscrito es Tenayocan, y el signo gráfico pintado comparte suficientes
elementos con el segundo signo esculpido en cada piedra para justificar su iden-
tificación con este señorío. Tomando en cuenta la secuencia de las conquistas en
el Códice mendocino, obtenemos una lista de señoríos, expresados en los signos
gráficos toponímicos de la Piedra del ex Arzobispado y la Piedra de Tízoc.11
En la lista que se presenta a continuación, he agregado los significados litera-
les de cada topónimo, traducidos del náhuatl, para poder compararlos con los
signos gráficos.12 En los casos donde hay dos o más posibilidades razonables de
lectura del mismo signo, éstas se consignan, a manera de hipótesis de trabajo.

11
Algunos de los señoríos fueron conquistados más de una vez, según el Códice mendocino,
lo cual abre varias posibilidades para su inserción en la secuencia. De los cuatro señoríos
que sólo aparecen en la Piedra de Tízoc, únicamente el primero, Matlatzinco, se registra en
el folio del mencionado códice que corresponde a las conquistas de Tízoc. Véase: Códice
mendocino, f. 12r (Berdan/Anawalt [editoras], op. cit.).
12
Las traducciones son mías, aprovechando las principales fuentes lingüísticas sobre el idioma
náhuatl novohispano: Horacio Carochi. Grammar of the Mexican language with an explanation of
its adverbs (1645) (1a. ed., James Lockhart, traductor y editor) Stanford University Press/UCLA
Latin American Center Publications. Stanford/Los Ángeles, 2001. Frances Karttunen. An
analytical dictionary of Nahuatl (2a. ed.) University of Oklahoma Press. Norman, 1992. Alonso
de Molina. “Vocabulario en lengua castellana y mexicana/Vocabulario en lengua mexicana
y castellana”, facsímil de la ed. de 1571, en Obras clásicas sobre la lengua náhuatl (ed. digital,
Ascensión Hernández de León-Portilla, compiladora) Fundación Histórica Tavera/Mapfre
Mutualidad/Digibis. Madrid, 1998. Rémi Siméon. Diccionario de la lengua náhuatl o mexicana,
redactado según los documentos impresos y manuscritos más auténticos y precedido de una introducción
(15a. ed., Josefina Oliva de Coll, traductora) Siglo XXI Editores. México, 1999.
Consulté otros trabajos para resolver dudas específicas: Frances F. Berdan. “The place-name,
personal name, and title glyphs of the Codex Mendoza: translations and comments”, pp.
163-238 de: The Codex Mendoza (1a. ed., Vol. 1, Frances F. Berdan y Patricia Rieff Anawalt,
editoras) University of California Press. Berkeley/Los Ángeles/Oxford, 1992. Leonardo
Manrique Castañeda; Silvia Garza. “Significado de los topónimos que aparecen en el Códice
mendocino”, pp. 173-186 de: De toponimia… y topónimos, contribuciones al estudio de nombres de
lugar provenientes de lenguas indígenas de México (1a. ed., Ignacio Guzmán Betancourt, coor-
dinador) Instituto Nacional de Antropología e Historia. México, 1987. Antonio Peñafiel.
Nombres geográficos de México, catálogo alfabético de los nombres de lugar pertenecientes al idioma
“náhuatl”, estudio jeroglífico de la matrícula de tributos del Códice mendocino (1a. ed.) Secretaría
de Fomento. México, 1885.
Cuando las traducciones se apoyan en fuentes adicionales, éstas se indican en las notas.
233

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1. Colhuacan, “lugar torcido”, “donde se posee a los ancestros” o “lugar de los
colhuas”.13
2. Tenayocan, “lugar amurallado”.
3. Xochimilco, “en las sementeras de flores”.
4. Chalco, “en las piedras verdes” o “en la depresión”.14
5. Azcapotzalco, “en el hormiguero”; Xaltocan, “lugar de las arañas de arena”, “don-
de se siembra/entierra en la arena” o “lugar del derrame en/de la arena”.15
El método empleado en las traducciones se describe en David Charles Wright Carr. Lec-
tura del náhuatl, fundamentos para la traducción de los textos en náhuatl del periodo Novohispano
Temprano (1a. ed.) Instituto Nacional de Lenguas Indígenas. México, 2007. En el presente
trabajo sólo uso la ortografía “tradicional”, en la cual no se marcan las vocales largas ni se
registra el saltillo u oclusiva glotal, pensando en el lector no especializado.
13
Sobre la etimología de este topónimo, véanse: René Acuña (editor). Relaciones geográ-
ficas del siglo XVI: México (1a. ed., Vol. 2) Instituto de Investigaciones Antropológicas,
Universidad Nacional Autónoma de México. México, 1986, p. 32 (nota 4). Hernando
Alvarado Tezozómoc. Crónica mexicana escrita por D. Hernando Alvarado Tezozómoc hacia el
año de MDXCVIII, anotado por el Sr. Lic. D. Manuel Orozco y Berra y precedida del Códice Ra-
mírez, manuscrito del siglo XVI intitulado: Relación del origen de los indios que habitan esta Nueva
España según sus historias (facsímil de la ed. de 1878) Editorial Porrúa. México, 1980, p. 18.
John Bierhorst. A Nahuatl-English dictionary and concordance to the Cantares mexicanos, with
an analytical transcription and grammatical notes (1a. ed.) Stanford University Press. Stanford,
1985, p. 91. Diego Durán. Historia de las Indias de Nueva España e islas de tierra firme (1a. ed.,
2 vols., Ángel María Garibay Kintana, editor) Editorial Porrúa. México, 1967, vol. 2, p. 216.
Karttunen, op. cit., p. 40. Molina, op. cit., 2a. paginación, f. 24r.
14
Algunos autores sugieren una relación semántica entre Chalco y la palabra chalchihuitl, “la
piedra verde”: Berdan, op. cit., p. 176; Bierhorst, op. cit., pp. 74, 75). Garibay (en Durán, op.
cit., vol. 2, p. 585) traduce Chalco como “en el borde de la depresión”. Según el Códice Ra-
mírez (Alvarado, loc. cit.), “El segundo linaje es el de los Chalcas, que quiere decir gente de las
bocas, porque Challi significa un hueco á manera de boca, y assí lo hueco de la boca llaman
Camachalli, que se compone de camac, que quiere decir la boca, y de challi, que es lo hueco,
y de este nombre Challi, y esta partícula, ca. se compone Chalca, que significa los poseedores
de las bocas”. El significado que da el Códice Ramírez de challi (palabra que no se encuentra
en el vocabulario de Molina) refuerza la mencionada traducción de Garibay.
15
La primera traducción es transparente; supone la presencia de los morfemas xalli, “la
arena”, tocatl, “la araña” y -can, sufijo locativo (véase Berdan, op. cit., p. 223). La segunda es
apoyada por la Relación geográfica de Chiconautlan, donde dice: “Xaltocan quiere decir ‘lugar
de agua arenisca’, […] y no se pudo saber porqué se llamó ansí antiguamente, aunque los
indios que los [sic] declararon son antiguos”. En dos notas de pie, en su transcripción de este
documento, Acuña cita evidencia léxica para apoyar esta traducción, ofreciendo además otra:
“lugar donde se derrama la arena”. Ambas traducciones dependen de un morfema hipotético
toca, con el significado de “derramar”. Véase: Pedro López de Ribera; Hernando del Carpio.
“Relación de Chiconauhtlan y su partido”, pp. 225-239 de: Relaciones geográficas del siglo XVI:
México (Vol. 1, René Acuña, editor) Instituto de Investigaciones Antropológicas, Universidad
Nacional Autónoma de México. México, 1985, pp. 230-232. Las principales fuentes léxicas
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6. Acolhuacan, “donde se posee el agua torcida”,16 “donde se poseen los hom-
bros”,17 “donde se poseen los ancestros del agua”18 o “lugar de los acolhuas”;19
Acolman, “donde se extiende el agua torcida”, “donde se extienden los hom-
bros”, “donde se extienden los ancestros del agua” o “donde se extienden los
acolhuas”.
7. Tetepanco, “en la pared de piedra”; Tetenanco, “en la muralla de piedra”; Tenanco,
“en la muralla”; Tecaxic, “en la escudilla de piedra”.20
8. Tlatelolco, “en el montón redondo de tierra”.
dan otros significados para toca: “enterrar”, “sembrar” y “seguir a alguno” (Bierhorst, op.
cit., p. 360; Karttunen, op. cit., p. 242; Molina, op. cit., 2a. paginación, f. 148r).
16
Sobre el morfema col, “algo torcido”, véanse: Bierhorst, op. cit., pp. 91, 92; Karttunen, op.
cit., p. 40; Molina, op. cit., 2a. paginación, f. 24r.
17
En la Relación geográfica de Texcoco, Acolhuacan se traduce como “tierra y provincia de los
hombres hombrudos”. Véase: Juan Bautista de Pomar. “Relación de la ciudad y provincia
de Tezcoco”, pp. 21-113 de: Relaciones geográficas del siglo XVI: México (Vol. 3, René Acuña,
editor) Instituto de Investigaciones Antropológicas, Universidad Nacional Autónoma de
México. México, 1986, p. 49. La existencia de esta interpretación en una fuente del siglo XVI
no resuelve el problema, ya que no tenemos ninguna confirmación independiente. Podría
tratarse de una etimología popular o de la interpretación subjetiva del topónimo, con base
en su forma, de un informante. Si bien el signo gráfico en los monolitos mexicas que se
analizan aquí, y en algunos manuscritos novohispanos, muestra un brazo humano, en el
Mapa de Huamantla y el Códice de Huichapan el signo gráfico para Tetzcoco/Acolhuacan
representa una corriente de agua. En el primero de estos manuscritos otomíes el agua tiene
forma de gancho; en el segundo la corriente es recta y se combina con una representación
de una planta de maíz. El topónimo otomí correspondiente, según el autor del Códice de
Huichapan, es Amawädehe, “lugar de las sementeras de riego”. Esta traducción tiene más
relación semántica con la primera traducción, “donde se posee el agua torcida”. Es posible
que el grafema del brazo exprese la idea de “doblado” o “torcido”. Véanse: Berdan/Anawalt
(editoras), 1992: ff. 5v, 21v. Vicenta Cortés Alonso (editora). Pintura del gobernador, alcaldes
y regidores de México, “Códice Osuna” (1a. ed.) Dirección General de Archivos y Bibliotecas,
Ministerio de Educación y Ciencia. Madrid, 1976, f. 34r. Wright, Los otomíes, op. cit., vol.
2, p. 328.
18
Véase: Bierhorst, op. cit., pp. 25, 26.
19
Bierhorst, op. cit., p. 25; Karttunen, op. cit., p. 3.
20
He agregado dos topónimos, que no habían sido propuestos por los autores citados en las
notas a la tabla 2, con base en la semejanza del signo gráfico de la Piedra de Tízoc con otros
en el Códice mendocino, ff. 17v (sin glosa), 36r (Tetenanco), 39r (Tetenanco), 42r (Tetenanco);
27r (Tetepanco). Véase: Berdan/Anawalt [editoras], op. cit., 1992). El dibujo de este signo
que publicó Seler (“Excavations at the site of the principal temple in Mexico”, op. cit., p.
133 [fig. 12-l]) es poco preciso. Gutiérrez (op. cit., láms. 135, 138) ha publicado fotografías
excelentes del signo, donde se puede observar una hilera de grafemas que representan piedras;
detrás, con una profundidad de relieve menor, se asoman los remates curvos de otra hilera
de piedras; en la pequeña superficie horizontal entre las dos hileras hay líneas paralelas
incisas. El signo equivalente, esculpido en la Piedra del ex Arzobispado, presenta diferencias
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9. Tonatiuhco, “en el Sol”; Teotitlan, “cerca del dios”; Teotenanco, “en la muralla
divina”.
10. Mixtlan, “entre las nubes”.
11. Cuetlaxtlan, “lugar del cuero adobado”.
12. Matlatzinco, “en las pequeñas/veneradas/estimadas redes”.
13. Tochtla, “donde abundan los conejos”; Tochtlan, “lugar de conejos”; Tochpan,
“en los conejos”.
14. Ahuilizapan, “en el agua de la alegría” o “en el agua del riego”.21
15. Alhuexoyocan, “lugar caracterizado por los sauces de agua”; Axocopan, “en los
frutales de agua” o “en el agua amarga”.22

Para determinar la naturaleza de los once signos gráficos toponímicos de la


Piedra del ex Arzobispado y los quince signos de la Piedra de Tízoc, hay que cotejar-
los con la lista de posibles topónimos en náhuatl y sus significados. Al mismo
tiempo hay que aplicar ciertas reglas que he desarrollado para la clasificación
de los signos gráficos.23 La primera regla dice: Si el signo es motivado y su lectura
tiene sentido en dos o más lenguas (que no tengan una relación genética cercana), es
un semasiograma. Todos estos signos son motivados, si bien cada uno presenta
algún grado de estilización. Varios de los signos son claramente semasiográficos,
expresando los mismos conceptos que las palabras asociadas con ellos. Estos
signos pueden ser leídos en varias lenguas:
(2) El segundo topónimo de la serie, Tenayocan (“lugar amurallado”), es expre-
sado por una hilera de piedras, las cuales indican el material de construcción o
la dureza de la muralla, y encima de ellas un muro almenado.

importantes, aunque está presente el grafema “piedra” (véase: Lameiras, loc. cit. [cuadrete
con la glosa “Tecaxic”]).
21
El significado de este topónimo náhuatl es ambiguo; hay una distinción fonética entre los
morfemas ahuia, “mojar/regar” y ahuiya, “regocijarse/tomar placer” (Karttunen, op. cit., pp.
4, 8; Molina, op. cit., 1a. paginación, ff. 8r, 103r; 2a. paginación, f. 3r). En los manuscritos
novohispanos no siempre queda clara esta distinción por las convenciones ortográficas
propias de aquel tiempo.
22
Agregué Alhuexoyocan a la lista porque el signo gráfico correspondiente en la sección de
tributos del Códice mendocino, f. 26r (Berdan/Anawalt [editoras], op. cit.) es el que más se
asemeja al signo esculpido en la Piedra de Tízoc. Axocopan es menos probable porque en el
signo tallado faltan los frutos que aparecen en el códice (ff. 8r, 27r), aunque cabe la posi-
bilidad de que este elemento gráfico se hubiera agregado a la Piedra de Tízoc con pintura.
Huexotla me parece menos probable, ya que no tendría sentido el signo de agua que aparece
debajo del árbol en el signo tallado.
23
Sobre las reglas que he desarrollado para este propósito, véase: Wright, Los otomíes, vol.
1, pp. 331-347.
236

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(3) El tercer topónimo, Xochimilco (“en las sementeras de flores”), se expresa
mediante el grafema de la sementera, debajo de dos o tres flores estilizadas.
(7) El séptimo signo toponímico es el que presenta el mayor grado de diver-
gencia entre las dos esculturas. En la Piedra del ex Arzobispado tiene dos piedras
y dos elementos alargados y redondeados, de difícil identificación, en la parte
superior. El signo equivalente en la Piedra de Tízoc consta de cuatro grafemas que
representan piedras, más una serie de líneas paralelas (no visibles en la figura 3,
por ocupar un plano horizontal) y porciones de tres signos “piedra” adiciona-
les. Si las líneas paralelas se interpretasen como juntas entre sillares, este signo
compuesto podría ser una expresión semasiográfica de tres de los topónimos
propuestos arriba: Tetepanco (“en la pared de piedra”); Tetenanco (“en la muralla
de piedra”) y Tenanco (“en la muralla”). Si las líneas paralelas se interpretasen
como la superficie del agua, el mismo signo podría expresar semasiográficamente
el topónimo Tecaxic (“en la escudilla de piedra”).
(8) El topónimo Tlatelolco (“en el montón redondo de tierra”) es expresado
mediante una representación de un montículo, en cuyo interior se observan
pequeños signos en forma de “U”, similares a los que se encuentran en el gra-
fema de la sementera en el topónimo número 3 de esta serie. Los grafemas que
representan la idea “cerro” presentan diferencias formales entre las dos piezas
que estamos estudiando, y el de la Piedra del ex Arzobispado presenta tres círculos,
cada uno con dos rayitas, que son ausentes en la Piedra de Tízoc.
(9) Los topónimos Tonatiuhco (“en el Sol”), Teotitlan (“cerca del dios”) o Teo-
tenanco (“en la muralla divina”) pueden ser expresados por el signo compuesto
con un disco solar sobre un cerro. El signo solar es bivalente; aparece en varios
signos toponímicos que contienen los morfemas tonatiuh (“Sol”) o teo(tl) (“dios”).
El último topónimo, Teotenanco, es el menos probable porque el signo gráfico
no contiene grafema alguno que exprese la idea de una muralla. Sí contiene el
grafema “cerro”, pero este signo es usado para expresar la idea general de “lugar”
en muchos signos toponímicos del Códice mendocino, sin que los nombres de
estos lugares en náhuatl contengan el morfema tepe(tl), “cerro”.24

24
Véanse los signos gráficos del Códice mendocino con el signo “cerro”, que corresponden a
los siguientes topónimos, ninguno de los cuales contiene el morfema tepe(tl): Acatl Ycpac
(23r), Acayocan (29r), Atlapulco (10r), Aztaquemeca (21v), Chiconquiauhco (7v), Colhuacan
(2r), Colhuaçinco (20r), Çenpoalan (21v), Çoçolan (17v), Huaxacac (17v), Huizquilocan
(32r), Nepopoalco (25r), Nochcoc (38r), Otunpa (3v), Quahuacan (32r), Quauhquemecan
(22r), Quauhyocan (22r), Tanpatel (10v), Tecpatzinco/Tecpaçinco (8r, 24v), Teçoyucan (22r),
Tehuizco (24v), Tenayucan (2r), Tenexticpac (10v), Teocalhueyacan (5v), Teotliztacan (36r),
Tepuzcululan (43r), Tepuztlan/Tepoztlan (8r, 24v, 41r), Tezcuco (3v), Tlachinolticpac (15v),
Tlapanicytlan (49r), Tlayacac (24v), Tlayacapan (24v), Tonanytla (21v), Tulucan/Tuluca (10v,
12r, 33r), Xalatlauhco (10r), Xocotitlan (10v, 35r), Xoxoutla (23r), Yacapichtlan/Yacapichtla
237

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(10) El topónimo Mixtlan (“entre las nubes”) es expresado mediante una serie
de volutas y curvas que expresan el aspecto y el movimiento de las nubes.
(11) El topónimo Cuetlaxtlan (“lugar del cuero adobado”) se expresa mediante
un nudo o moño, el que aparece, pintado de rojo, en el Códice mendocino.25
(12) El topónimo Matlatzinco (“en las pequeñas/veneradas/estimadas redes”)
es representado en la Piedra de Tízoc por un grafema que representa una red
triangular.
(13) El grafema motivado de un conejo en la Piedra de Tízoc puede expresar
semasiográficamente cualquiera de los topónimos que han sido propuestos, todos
los cuales contienen el morfema toch(tli), “conejo”: Tochtla (“donde abundan los
conejos”); Tochtlan (“lugar de conejos”); Tochpan (“en los conejos”).
De esta manera, nueve de los quince signos toponímicos, el 60%, claramente
son semasiogramas.
Otros signos podrían ser semasiográficos o glotográficos, dependiendo del
significado del topónimo correspondiente en náhuatl. La segunda regla para
la clasificación de los signos gráficos es ésta: Si el signo presenta algún elemento
que sólo tiene sentido en una lengua específica (como en el caso del uso del principio
de la homofonía, en el cual un signo gráfico expresa una palabra, un morfema, una
sílaba o un fonema mediante la representación de una cosa asociada con un morfema
homófono o cuasihomófono), es glotográfico. Un signo glotográfico puede ser logográfico o
fonográfico, dependiendo de la estructura lingüística representada: si ésta es una palabra
o un morfema, se trata de un logograma; si es una sílaba o un fonema, es un fonogra-
ma. También debemos aplicar la tercera regla, porque tenemos varios signos
compuestos en el corpus que estamos analizando: Hay que tomar en cuenta que
los signos gráficos compuestos pueden incluir grafemas de distintos tipos; un logograma
compuesto, por ejemplo, puede contener un semasiograma y un fonograma. Así mismo,
ante la imposibilidad de conocer los significados de algunos de los topónimos,
tenemos que aplicar la cuarta regla: Si hay buenas razones para sospechar que un signo
tenga un valor glotográfico, pero no hay suficiente seguridad para afirmarlo sin reservas
(por ejemplo, cuando hay dudas en cuanto a la relación del signo con una palabra, o
acerca de la etimología o significado de la palabra), hay que dejar el signo sin clasificar.
Empecemos con el primer signo toponímico de la secuencia:
(1) Si Colhuacan significara “lugar torcido”, el signo del cerro con la punta
torcida podría clasificarse como un semasiograma; si el significado fuera “donde
se posee a los ancestros”, el torcimiento (col-) del cerro podría ser un fonograma

(8r, 24v), Yxicayan (40r), Yztac Tlalocan (13v, 15v). Véanse: Berdan, op. cit., pp. 168-231.
Berdan/Anawalt [editoras], op. cit.. He conservado aquí la ortografía de las glosas del siglo
XVI.
25
Códice mendocino, ff. 8r, 10v, 49r (Berdan/Anawalt [editoras], op. cit.).
238

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para evocar la sílaba col del morfema homófono col(li), “el abuelo/el ancestro”.26
El tercer significado, “lugar de los colhuas”, podría ser compatible con cualquie-
ra de las dos acepciones anteriores, por el hecho de que el gentilicio colhua se
relaciona con el topónimo Colhuacan.27
(4) Si Chalco significara “en las piedras verdes”, el signo de la joya (pintado
de verde en el Códice mendocino) sería un semasiograma; si la traducción fuera
“en la depresión”, sería un fonograma, en el cual la representación de la joya
(chalchihuitl)28 tendría la función de evocar la sílaba chal de la palabra chal(li),
“la depresión”, aprovechando la coincidencia fonética en las primeras sílabas
de ambos vocablos.
(5) Si el señorío expresado por este signo fuera Azcapotzalco, “en el hormigue-
ro”, el signo sería semasiográfico, ya que se representa un cerro destapado con
el animalito enfrente; si la lectura correcta fuera Xaltocan, la naturaleza del signo
dependería de cuál de las dos traducciones aceptáramos: si escogiéramos “lugar
de las arañas de arena”, el signo sería un semasiograma; si eligiéramos “donde se
siembra/entierra en la arena” o “lugar del derrame en/de la arena”, la represen-
tación del animalito tendría un papel logográfico, mediante el juego homófono
entre los morfemas toca(tl), “araña” y toca, “sembrar/enterrar/derramar”.
(14) En el signo gráfico identificado con el topónimo Ahuilizapan, el grafema
del canal o río lleno de agua es transparente, y se puede relacionar con la idea
del “agua” en ambas traducciones: “en el agua de la alegría” y “en el agua del
riego”. El hombre que se representa con la cabeza y los brazos saliendo del
agua es más opaco. Podría representar la idea de “alegría”, como han sugerido
varios estudiosos desde el siglo XVIII.29 En este caso, ambos grafemas en este
signo compuesto serían semasiogramas. Por otra parte, si aceptáramos la segun-
da traducción, “en el agua de riego”, el grafema del hombre podría tener un
papel logográfico, a través del juego cuasihomófono entre las palabras ahuia,
“mojar/regar” y ahuiya, “regocijarse/tomar placer”.30 Otra posibilidad es que
26
Karttunen, op. cit., p. 40.
27
Carochi, op. cit., pp. 220, 221.
28
Karttunen, op. cit., p. 45; Molina, op. cit., 2a. paginación, f. 19r.
29
El jesuita Francisco Javier Clavijero propuso esta interpretación, en un manuscrito inédito,
citado por Orozco y Berra (op. cit., p. 33), cuyo trabajo fue publicado por primera vez en
1877: “‘La figura sétima es la del agua, en que se vé un hombre con los brazos estendidos,
en señal de alegría, para representar la ciudad de Ahuilizapan, llamada por los españoles
Orizaba. El primero de estos nombres significa en el agua del placer, en el río alegre’ [sic
cursivas]”. Seler (“Excavations at the site of the principal temple in Mexico”, op. cit., p. 133)
acepta la traducción de Ahuilizapan como “at the water of joy”. Bierhorst (op. cit., p. 33) da
la traducción “at pleasure waters”.
30
Véanse los comentarios de Berdan (op. cit., p. 170), Dibble (loc. cit.) y Marcus (op. cit., p.
56).
239

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el papel del hombre fuera expresar la palabra ahuilana, “nadar”, de manera
logográfica, porque este verbo es cuasihomófono de las voces ahuia, “mojar”,
ahuiya, “regocijarse” y ahuilli, “el placer”.31
(15) El signo compuesto del árbol encima del agua probablemente es sema-
siográfico. Ambos conceptos se encuentran en la traducción del topónimo
Alhuexoyocan, “lugar caracterizado por los sauces de agua”, y en la de Axocopan,
“en los frutales de agua”. En el caso remoto de que este signo expresara Axocopan,
y que la traducción de este topónimo fuera “en el agua amarga”, el grafema “ár-
bol” podría ser un logograma, aprovechando el juego cuasihomófono entre las
palabras xococuahuitl, “árbol de fruta” y xococ, “cosa agria”32 (aunque la relación
semántica entre “fruta” y “cosa agria” debilita esta última hipótesis).
Así, cinco de los signos toponímicos de la Piedra de Tízoc no se pueden cla-
sificar, porque la naturaleza semasiográfica, logográfica o fonográfica de sus
grafemas depende de su identificación hipotética con ciertos topónimos en
náhuatl y de las traducciones de estos topónimos.
Uno de los signos gráficos que aparece en ambas esculturas probablemente
es glotográfico:
(6) El sexto signo, un brazo con agua que mana del hombro, contiene algún
grafema glotográfico en cada una de las lecturas y traducciones propuestas arriba.
Si el topónimo Acolhuacan expresara la idea “donde se posee el agua torcida”, el
grafema motivado con hombro (acol[li]) podría representar logográficamente la
combinación de morfemas a(tl), “agua” + col- , “torcido”: acol- , “agua torcida”.
Si Acolhuacan significara “donde se poseen los hombros”, el grafema “agua”
tendría la función de un complemento fonético, recordando al lector que acolli,
“el hombro”, empieza con la sílaba a. Si el mismo topónimo significara “donde
se poseen los ancestros del agua”, el grafema acuático sería semasiográfico y el
grafema del brazo representaría un juego homófono, sea entre acolli, “ancestro
del agua” y acolli, “hombro” (con el brazo expresando la idea del hombro), o
entre acolli, “ancestro del agua” y acolli, “agua torcida” (con el brazo doblado
expresando la idea del torcimiento). Si Acolhuacan significara “lugar de los acol-
huas”, las mismas consideraciones serían válidas, dependiendo del significado del
gentilicio acolhua. Si el signo gráfico compuesto (el brazo con agua) representara
el señorío de Acolman –cuyos posibles significados son “donde se extiende el agua
torcida”, “donde se extienden los hombros”, “donde se extienden los ancestros
del agua” y “donde se extienden los acolhuas”–, estaríamos frente a los mismos
juegos homófonos mencionados para el caso de Acolhuacan. La representación
de la mano podría interpretarse como un juego cuasihomófono adicional, entre

31
Karttunen, op. cit., p. 8.
32
Karttunen, op. cit., p. 329; Molina, op. cit., 2a. paginación, f. 160v.
240

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ma(itl), “la mano” y el sufijo locativo -man, “donde se extiende(n) sobre una
superficie”.33 Mi única duda sobre la clasificación de este signo como un gloto-
grama está en la posibilidad de que el grafema del brazo doblado expresara la
idea del torcimiento o la curvatura de una corriente de agua. En este caso una
lectura semasiográfica del signo sería factible, tomando en cuenta la hipótesis
de que Acolhuacan puede significar “donde se posee el agua torcida”. Esta posi-
bilidad me parece menos probable que las anteriores, pero no veo razones de
peso para eliminarla de la mesa de discusión.

Conclusión
Según hemos visto, la tarea de identificar los posibles glotogramas en la escritura
pictórica del Centro de México no es sencilla. La naturaleza semasiográfica o
glotográfica de un signo determinado depende del significado del signo, y de
la etimología de las palabras que pueden estar asociados con el signo pictórico.
Aun así es evidente que los mexicas del último siglo antes de la conquista em-
pleaban los glotogramas, por lo menos en algunas ocasiones, dentro del sistema
esencialmente semasiográfico de escritura que compartían con otras comunidades
lingüísticas de esta región.

Índice de ilustraciones
Figura 1. Piedra del ex Arzobispado.
Imagen digitalmente transformada a partir de la fotografía en: Eduardo Matos
Moctezuma; Felipe Solís. El Calendario azteca y otros monumentos solares (1a. ed.)
Instituto Nacional de Antropología e Historia/Grupo Azabache. México, 2004,
p. 121.

Figura 2. Piedra de Tízoc.


Imagen digitalmente transformada a partir de la fotografía en: id., p. 112.

Figura 3. Serie de signos toponímicos en la Piedra del ex Arzobispado y la Piedra


de Tízoc, formada por imágenes digitalmente transformadas a partir de detalles
de las fotografías en: id., pp. 113-119.

33
Véanse los comentarios de Berdan (op. cit., p. 169), Dibble (op. cit., pp. 327, 328), Marcus
(op. cit., p. 57) y Orozco y Berra (op. cit., p. 36). La i “débil” de maitl se pierde cuando se
quita el sufijo absolutivo tl.
241

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Figura 1. Piedra del ex Arzobispado.

Figura 2. Piedra de Tízoc.

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No. Piedra del ex Arzobispado Piedra de Tízoc

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No. Piedra del ex Arzobispado Piedra de Tízoc

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No. Piedra del ex Arzobispado Piedra de Tízoc

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No. Piedra del ex Arzobispado Piedra de Tízoc

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No. Piedra del ex Arzobispado Piedra de Tízoc

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No. Piedra del ex Arzobispado Piedra de Tízoc

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No. Piedra del ex Arzobispado Piedra de Tízoc

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ÍNDICE

Juan Hugo Barreiro Lastra


Reinas españolas y portuguesas cantadas por Rossini 11

Andreas Kurz
La difusión y relevancia de Baudelaire y la estética finisecular francesa
en las páginas de la Revista Azul 33

Eugenio Mancera
La generación de medio siglo 55

Roberto Morales Manzanares


Hacia un sistema inteligente de asistencia en la composición
e improvisación musical 64

Arturo P. Parra Moreno


Contradicción entre las pautas matemático-geométricas para situar
un asentamiento romano y el rito adivinatorio para el mismo fin 80

Juan Pascual Gay


La prosa de Alberto Quintero Álvarez 91

Manuel Sánchez Martínez


La recuperación de la zona de monumentos de Pozos, Guanajuato 131

María Isabel de Jesús Téllez García


Sugerencias de la música en el espacio escénico 141

Reynaldo Thompson López


Corpus Antopophagus. Canibalismo simbólico
en la sociedad contemporánea 157

Mónica Uribe Flores


Interpretación y reconocimiento estético 182

Benjamín Valdivia
Los objetos meta-artísticos y su elaboración en la posvanguardia 200

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Pedro del Villar
El desarrollo creativo en el proceso escultórico 214

David Charles Wright Carr


Semasiografía y glotografía en las inscripciones de dos esculturas mexicas 226

256

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Libro AYC 5 de abril.indd 257 19/12/2009 07:32:06 p.m.
Estudios acerca de las artes. Análisis, técnicas y reflexión.,
se acabó de imprimir en la ciudad de Morelia, México,
en noviembre de dos mil nueve.
El tiraje fue de quinientos ejemplares.

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