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Centroamérica. Su música: desconocida.

Sus problemas: sobreexpuestos

“Después del silencio, lo que más se acerca a


expresar lo inexpresable es la música.”
Aldous Huxley

Este ensayo pretende tratar temas actuales de nuestra región: Centroamérica.

Desde un enfoque que trata de ver las identidades y el papel que juega cada uno en la

conformación de lo que nos representa, tema muy importante para entender el porque

somos y como somos, que es base de todos los pueblos y por ende de la existencia

humana, y por eso, una idea básica de un pueblo que ha permanecido al margen,

prácticamente olvidado.

Quise tomar como base un tema positivo, que vale la pena resaltar ya que se sale

de la constante marginación y problemas con la que se nos ve, y con la que nos vemos.

Por lo que considero la música de nuestros pueblos como algo rico y digno del respeto y

apreciación no solo nuestra, sino del mundo entero.

En la música se siente, se expresa, se vive. Con cada sonido o frase que nos llega

al corazón nos identificamos de alguna manera como parte de algo. Como

centroamericanos, como costarricenses, podemos encontrar una gran riqueza de sonidos

nuestros, a los cuales normalmente no se les da la importancia y el valor debido.

Si hablamos de la música en Centroamérica sería importante tomar como punto

de partida la reflexión sobre nosotros mismos. Sobre la vulnerabilidad a la que sigue

expuesta nuestra identidad musical como centroamericanos, y la visión que de ella

tenemos.

¿Existe una música popular centroamericana? Comencemos por definir lo que se

entiende por “música popular centroamericana”. Entendámoslo como música creada en


Centroamérica, producida en Centroamérica y difundida desde Centroamérica para

Centroamérica .Luego, habría que preguntarse: ¿Hay música creada, y difundida en

Centroamérica que se escuche popularmente desde Belice Hasta Panamá? ¿Ha habido

recientemente en las listas de éxitos musicales un tema producido en cualquiera de

nuestros países que sea popular en todos los países? La respuesta general a la pregunta

es un triste no.

No se está produciendo ni mercadeando música popular centroamericana en y

para Centroamérica. Lo cual es una lástima porque hay una gran riqueza, que ni siquiera

en nuestros propios países, estamos motivados a impulsar y rescatar. Aunque hay que

tener la consideración de que a pesar de todo y de manera marginal ha sobrevivido una

gran cantidad de música tradicional con características muy propias. Un caudal de

música con una riqueza y variedad que como centroamericanos musicalmente

desconocedores de nosotros mismos nos sorprende.

Hay mucho que decir, y hay que comenzar por lo más cerno a uno mismo.

¿Quién no recuerda con emoción canciones populares como Pasión, Caña Dulce, Guaria

morada o Luna liberiana? Sin embargo, pese a que han sido parte fundamental de

nuestra identidad nacional, estas canciones aún no han recibido el estudio histórico y

musical que merecen.

El compositor José Daniel Zúñiga se manifiesta expresando lo que lo hacen

sentir estas canciones diciendo: "Son mis canciones el alma pura de mi país,

a veces cantan, a veces lloran, como el amor...

Por eso cantan con alegría o con dolor,

estas canciones mías que son las flores del corazón”.1

Y el compositor Julio Fonseca, uno de los primeros musicólogos del país, se

refería a la supuesta "pobreza" del folklore musical costarricense de esta manera: “Yo
creo firmemente en el nacionalismo, para que cada país pueda tener su marca personal

en su escuela de composición. Por eso, aquí en mi país, he puesto todo mi esfuerzo en

recopilar y difundir nuestra música popular y folklórica...”.2

Considero que lo más importante de lo que expresan estos dos compositores es

que para ellos todavía se vive nuestra música y que se siguen haciendo esfuerzos, los

cuales muchas veces ignoramos, por re-vivir nuestros sonidos originales. Y ahora bien,

cabe mencionar que ahora estos esfuerzos logran tener una mayor distribución y, para

quien tenga interés en nuestra música centroamericana tan poco difundida y apreciada,

el acceso a los sonidos y a las propuestas se ve facilitado gracias a la Internet.

La esperanza es que “La música va a volver a pertenecer a los músicos y a la

gente” así se expresó Don Manuel Obregón, músico costarricense, con respecto al tema

añadiendo además: “Antes la música era gratuita y pertenecía a la gente. A principios

del siglo XX comenzó a explotarse de otra manera y ese negocio no quedó en manos de

los músicos sino de sus intermediarios. Creo que en este momento la música puede

volver a los músicos y a la gente… ha aumentado mucho la posibilidad de que los

intérpretes sean conocidos y populares a través de estas redes y que tengan mayor

cantidad de conciertos sin depender de los antiguos mecanismos de publicidad...” 3

Hay, entonces, la esperanza de que se comience a conocer más sobre lo bueno en

Centroamérica, y así no solo concentrarse en los problemas que se viven día a día los

cuales se encuentran presentes no solo en la mente de los centroamericanos sino que es

por lo único por lo que la región se ha dado a conocer.

“La violencia engendra violencia, como se sabe;


pero también engendra ganancias para la industria de la violencia,
que la vende como espectáculo y la convierte en objeto de consumo.”
Eduardo Galeano.
En todo el mundo saben sobre las peligrosas pandillas conocidas como maras, y

mayormente integradas por centroamericanos y mexicanos en quienes se manifiestan

condiciones de marginalidad, violencia, delincuencia, consumo de drogas y

supervivencia. Ellos son conocidos por la violencia con la que actúan, dentro de la

propia mara, como en contra de las otras.

Esto ha sido inspiración para muchos documentales, película, libros e incluso

algunos gobiernos han explotado políticamente la situación, haciendo ofertas electorales

que establecen planes para luchar contra las maras, pero estos gobiernos no han logrado

nada, en cambio hay un aumento en los miembros de estas.

La investigadora Rossana Reguillo nos dice sobre el tema: “Hay una dinámica

propia de las maras, las maras empiezan siendo como pequeñas células que van

creciendo, van chocando, las conquistan, las dominan, las absorben, se van haciendo

más complejas en su organización, en su división del trabajo…” 4

Ahora bien para entender mejor porque se da este fenómeno y porque siguen

creciendo, principalmente pienso que son dos: primero hogares pobres, con violencia

intrafamiliar y sin educación, quienes recurren al instinto básico de defensa, en el que el

recurso más importante se vuelve la violencia; y segundo los beneficios que se obtiene

al pertenecer a estos grupos sobre esto cito: “Con respecto a los beneficios de haber

ingresado a la mara o pandilla, las respuestas se muestran dispersas: la mara salvatrucha

indica principalmente protección y poder, reconocimiento y fraternidad…” 5

Aunque no hay que dejar de lado lo negativo que aparece al ser parte de uno de

estos grupos: “En las dos pandillas (mara salvatrucha y pandilla 18) en los tres países

(Honduras, Guatemala y El Salvador) se muestra importante la mención de las

situaciones de violencia como la principal cosa mala que les han sucedido por

pertenecer a las maras.” 6


Ahora bien, otro tema muy importante, y al cual también se le da gran cobertura

mediática: la migración, da la cual se habla mucho, inclusive es un tema ampliamente

tocado por las autoridades que gobiernan los países, y por sus nuevos candidatos.

Siendo un tema tan en boca de todos, y principalmente tratado como algo negativo, esto

a su vez provoca otro gran problema, como lo es la xenofobia.

Para esta ocasión, me limitare a hacer mención sobre estos temas en el caso

específico entre Costa Rica y Nicaragua.

“Los costarricense nos hemos sujetado siempre a al ilusión de ser


un pueblo elegido por alguien. Conforme a esta ilusión, no habrá
motivos para preocuparnos realmente, ya que si vemos a nuestro
alrededor, hacia el norte o hacia el sur, nuestra situación es y
ha sido privilegiada”
Manuel Solís

Me parece que esta frase es muy acertada, pues aunque no hayamos sido

privilegiados, es muy común que los costarricenses tiendan a pensar esto; pero no es lo

mismo no estar tan mal como otros, que ser privilegiado. Este pensamiento surge de la

comparación constante con nuestros vecinos, quienes desafortunadamente han sufrido

de “desastres naturales, inestabilidad política y los ciclos económicos… la pobreza y

las altas tasas de desempleo y subempleo” 7 lo cual los coloca en una situación bastante

difícil de superar.

“En efecto, la Nicaragua post-bélica que se caracteriza por la carencia casi

absoluta de oportunidades para los sectores subalternos, ha empujado a cientos de


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miles de seres humanos a emprender la riesgosa aventura migratoria…”

Debido a lo mal que la pasan en su tierra es que ellos buscan nuevas opciones, y

encuentran en nuestro país una opción bastante factible por su cercanía, “la alta
demanda de trabajadores y los mayores salarios en Costa Rica que representan la

esperanza de lograr mejores condiciones de vida.” 9

En nuestro país debería existir conciencia de que: “… prescindir de la población

de nicaragüenses migrantes representaría renunciar a la posibilidad de insertarse en

una economía global en condiciones de competitividad, debido a que la ocupa como

mano de obra barata y es una comunidad numerosa, por lo tanto dispone de

suficiencia.” 10

Ahora bien ha sido tan grande el auge de nicaragüenses que “se estima que

Costa Rica ha recibido entre 400.000 y 500.000 nicaragüenses durante las dos últimas

décadas; algunas estimaciones llegan a un millón.” 11

La gran presencia de nicaragüenses ha tenido sus repercusiones negativas, y ha

sacado a relucir lo peor de los ticos, muchos quienes se jactan de que somos un pueblo

amigable y muy “pura vida” con todos; sean ticos o extranjeros. Pero en el momento en

el comienzan a verse tantos nicaragüenses ya no se es tan tolerante.

“…En Costa Rica existen diferentes manifestaciones de discriminación y

xenofobia hacia las personas nicaragüenses: explotación laboral, agresiones con

imágenes estereotipadas, rechazo en la interacción cotidiana, invisibilización de sus

aportes culturales y sociales, y la creación de chistes que ocultan la violencia y la

hostilidad detrás de una fachada humorística…” 12

Esto la verdad es una vergüenza y lo peor es que se escucha por todas partes:

“… “nica”, tal y como es empleado en Costa Rica, constituye frecuentemente un

término ofensivo en sí mismo. Incluso existe la expresión “No sea nica”, la cual se

emplea –sobre todo entre jóvenes- para reprobar una acción o una expresión

considerada “impropia” ó “pola”…” 13


“La verdad de las cosas es que se ha afirmado de que en Costa Rica existe

xenofobia especialmente contra el nicaragüense, dice el catedrático de la UCR Alberto

Cortés Ramos, director de Postgrado Centroamericano en Ciencias Políticas…” 14

Lo más triste es que no solo se ha afirmado, sino que todos hemos sido testigos

solo hay que poder hablar o oír para darse cuenta de que esto es cierto, porque lo

vivimos cada día, escuchamos chistes, nos burlamos, hacemos referencia a este

sustantivo como si fuera un calificativo de algo negativo.

Ni siquiera nos tomamos el tiempo para tratar de comprender los motivos por los

que están en nuestro país, y si están aquí en vez de tomarlos como objeto de burlas y

discriminaciones, sería una buena idea llegarlos a conocer y aprender sobre su cultura,

que tiene muchas cosas diferentes e interesantes. Y con esto no solo nos daríamos

cuenta de las diferencias que hay; sino también que tenemos muchas cosas en común.

Como hemos tratado de analizar un poco se habla mucho de lo malo, se le habla

de lo malo a pueblos en crisis, pueblos tristes, pueblos que se desconocen entre ellos y

quienes conocen los defectos de los demás, mas no su cultura, no su música, no su

poesía, no las luchas que han librado con el afán de mantener su identidad viva.

Hay que aprender más no solo sobre nosotros sino sobre como nos ven nuestros

hermanos, darnos cuenta de los errores que como naciones comentemos. Y darnos la

oportunidad de enriquecernos y valorarnos mutuamente.